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  • Ábalos intenta frenar la polémica sobre los peajes en las autovías: “Si no hay consenso, no saldrá adelante

20minutos EFE NOTICIA, 110521

José María Brunet en El País, 130521

El Tribunal Constitucional ha anulado la disposición del decreto que hace un año permitió la designación de Pablo Iglesias como miembro del órgano de control del CNI. La sentencia no es unánime. El magistrado Cándido Conde-Pumpido ha votado en contra y ha anunciado que presentará un voto particular por escrito. El recurso fue presentado por Vox, que consideró irregular que se utilizara este decreto ley para un nombramiento. La decisión judicial ha llegado con Pablo Iglesias fuera del Gobierno, del que salió para presentarse a las elecciones del 4-M, y de la política, después de su renuncia en la noche electoral tras el fracaso de la izquierda en Madrid.

La anulación de dicho precepto afecta asimismo al director del gabinete del presidente, Iván Redondo. El cambio que introdujo el decreto-ley impugnado supuso incluir entre los miembros del órgano rector de los servicios de inteligencia a quien ocupara dicho puesto. Este aspecto, sin embargo, no tendría efectos prácticos, ya que el artículo 6 de la ley del Gobierno, que regula las comisiones delegadas, establece que el presidente puede designar a cualquier alto cargo para que asista a las reuniones de la comisión, aunque no sean miembros “de iure”.

La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Pedro González-Trevijano, considera que en este caso no concurre el presupuesto inexcusable de que existiera una extraordinaria urgencia y necesidad. Este requisito habilita al Gobierno para acudir al instrumento legislativo del decreto-ley, obviando el procedimiento legislativo ordinario o de urgencia, para realizar el nombramiento.

Conde-Pumpido, en cambio, sí ha estimado que concurrían razones de urgencia y necesidad. El dato relevante para este magistrado es que en el momento de la aprobación del decreto, en pleno confinamiento, la situación del Parlamento no hacía posible resolver esta modificación a través de una nueva ley, y que tardaría demasiado tiempo en aprobarse.

La doctrina del Constitucional es que este tipo de decisiones tienen que tomarse mediante la forma y el procedimiento del decreto-ley cuando exista una causa habilitante concreta, como es la de la urgencia. Es decir, que no se trata de una vía que pueda usarse con excesiva frecuencia y manga ancha, aunque lo cierto es que así ha sucedido en numerosas ocasiones, y no se ha planteado conflicto jurídico alguno si no ha mediado un recurso al tribunal de garantías, como sí ha ocurrido en este caso.

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  • El Pleno del Tribunal Constitucional declara la inconstitucionalidad y nulidad del precepto del Decreto-ley 8/2020 que permitió la integración del entonces Vicepresidente Segundo del Gobierno en la comisión delegada para asuntos de inteligencia. Nota de prensa [pdf], 130521:

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Las anacolutas

Las anacolutas

Arcadi Espada en El Mundo, 130521

UNA SERIE de anacolutos ambulantes se han instalado en la política española. La lista es larga, pero la encabezan la portavoz del Gobierno, Montero, la vicepresidenta Calvo, la vicepresidenta Díaz y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso. De Montero pueden espigarse innumerables pruebas en sus intervenciones tras el Consejo de Ministros. Pero hace algo menos de un año ya le presté mi columna para que se viera hasta dónde era capaz de llegar. Calvo es una anacoluta veterana. Su tiempo fue el de Pajín o Aído, pero ha acabado reciclándose con éxito.

La otra mañana, para criticar el liberalismo madrileño, vino a decir que los alemanes se habían tomado muchas libertades en Auschwitz. Cuando solo era ministra de Trabajo, Díaz debutó con una delirante ignorancia sobre los Erte, entes. Otro día declaró sobre el coronavirus: «Estamos hablando de, eh, bueno, de una enfermedad que es contagiosa y, por tanto, para una democracia, este es el bien más principal».

El martes, tras el Consejo de Ministros, dijo «los y las personas» y no puedo transcribir aquí lo que siguió, pero búsquenlo, por favor. El discurso de la presidenta Ayuso hay que paladearlo reposadamente. Tampoco puedo transcribir más que el comienzo: «Buenas noches, Madrid, buenas noches, España y buenas noches a todos los rincones del mundo que hoy nos miran con tanta ilusión». Todas ellas mujeres, aunque la circunstancia no debería sorprender a nadie: una prueba más del creciente poder que están conquistando en todas las esferas de la vida.

La degeneración de la lengua política coincide con una novedad tecnológica que hace aún más asombroso el fenómeno. Es posible, aunque no probable, que John Fitzgerald Kennedy incurriera en desoladores anacolutos, tipo Ich bin ein Berliner (Willy Brandt le pedía soldados y el le regaló enfáticas vacuidades); pero la posibilidad de que pasaran inadvertidos era exponencialmente baja comparada con la de hoy. Los anacolutos de hoy viajan rápidamente comprimidos en clips y su capacidad de avergonzar es fulminante. Las anacolutas deberían temerla, pero su insistencia en segregar perlas cada vez mejor cultivadas hace dudar.

Sin descartar del todo que la capacidad cognitiva sea la que es e incorregible, es razonable la sospecha que apuntaba in illo tempore Lázaro Carreter, citado ayer en El Español por Pedro Gómez Carrizo: «Hay tonterías que gustan mucho y distraen del desconsuelo». Ahondando: no debe olvidarse que la estupidez humaniza y que al otro lado hay humanos.

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El cielo se tomaba con tijeras

El cielo se tomaba con tijeras

El cielo se tomaba con tijeras

Jorge Bustos en El Mundo, 130521

Pablo Iglesias fue un líder político de principios del siglo XXI que inició y terminó su carrera con la foto de su jeta. Mucho discutieron amigos y enemigos sobre las novedades doctrinales que incorporaba su prédica, populismo arriba, comunismo abajo, socialdemocracia exótica los de más allá, sin reparar en que toda su ideología se limitaba a su fisonomía.

Del rostro en la papeleta de las elecciones europeas al rasurado pijotero de su edad tardía, Podemos es la historia de un solo hombre y su circunstancia capilar o inmobiliaria. Y a la administración de un chalé serrano, una prole numerosa y un futuro de estrella de la tele le sienta la melena asamblearia como una tarántula a un trozo de bizcocho.

Simplifiquemos la tabarra politológica y reconozcamos que el paso de Iglesias por la política española ha consistido en un ceño, unas ojeras y una coleta. El ceño de la indignación ajena instrumentalizada para el medro propio; las ojeras de cabalgar las contradicciones entre el dogma y la vida; y la coleta como última trinchera de la adolescencia y sus romanticismos guevarianos.

En un gesto genial al tendido del ruedo ibérico, el Niño de Galapagar se corta la coleta y reingresa en la vida civil y dineraria con un sonoro resoplido de alivio. Nos gusta imaginar a un Pablo inminente dando charlas motivacionales en IESE, tomando los cielos con un par de tijeras, una matrícula privada y la buena educación que su desclasamiento burgués ya le consiente de pleno derecho.

En honor a la verdad debo confesar el buen trato que Iglesias y su esposa han tenido siempre conmigo en las distancias cortas de un plató o un pasillo en el Congreso. «Si volvemos al 36, como es su deseo, al menos a mí me echará más de pan en la checa antes del paseo, algo a lo que Arcadi no puede aspirar», fantaseaba yo cuando me cruzaba con don Pablo.

Las fantasías guerracivilistas unen mucho, de modo que en pocos años no cabe descartar que le acabe fichando de columnista si tengo que reforzar el sector de la derecha conversa, que siempre es la más peleona.

Todos nos cortamos el pelo cuando llega el buen tiempo o cuando asumimos que el buen hacer en los karaokes no nos da para estrella del rock. Pero el rasurado de Iglesias no obedece a razones climáticas o a ansiedades instagrámicas de imitador fuenlabreño de Sergio Ramos: se trata de un auténtico rito de paso, esa frontera antropológica que los muchachos normales afrontan cuando ingresan en la universidad y los cuarentones comunistas al salir de una vicepresidencia.

Si mi Emilia Landaluce anda preparando una rompedora puesta de ancho que debiera abrir La Otra Crónica, Iglesias acaba de protagonizar su puesta de corto en su sección confidencial de La Vanguardia. Pose de peluquería en ademán de lector coquetísimo, a puntito de una conversación del Sabadell, reprimiendo una risa triunfal a duras penas, feliz de ser por fin el crío completo, sin las imposturas a las que obliga la función representativa de la política adulta, con derecho a joder con la pelota de Roures todo lo que quiera y más.

Caen las caretas y descubrimos que Podemos fue el largo (eterno) rodeo que Iglesias ideó para cumplir su sueño: intentar ser Ana Rosa. Pero ojo, Pablo, que la democracia del share es bastante más jodida que unas primarias en Vistalegre, porque ahí votan todos y a diario.

Iglesias, en fin, agitó un poco las paredes del 78, pero nunca fue un Sansón. Todos estaremos de acuerdo en que Isabel Díaz Ayuso ha sido su Dalila.

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La libertad negativa
Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

 

La libertad negativa

El autor subraya que el resultado en los comicios de la Comunidad de Madrid es un claro voto de castigo a Pedro Sánchez. Pide a los socialistas que no dejen que un ‘iluminado’ descalabre al partido. Con sus mentiras, Sánchez ha puesto al lenguaje en permanente exilio de sí mismo

César Antonio Molina en El Mundo, 130521

EN La idea de Europa, George Steiner, uno de los más grandes pensadores de nuestro tiempo profesor en Stanford, además de catedrático en Cambridge, escribió lo siguiente: «Europa es, ante todo, un café repleto de gentes y palabras, ese café es inseparable de las grandes empresas culturales, artísticas y políticas de occidente».

Según esto, para nuestra vicepresidenta primera y para el director del CIS, Steiner fue un tabernario, al igual que lo fueron todos los creadores europeos (por no decir universales) durante siglos. En las tabernas, cafés, restaurantes y hospederías se debatió, se escribió, se confabuló y se conspiró.

abernarios fueron los padres fundadores de los Estados Unidos de América y los revolucionarios franceses; en el Hotel Florida de Madrid, ya desaparecido, se reunieron durante la Guerra Civil los corresponsales de guerra así como algunos de los más grandes escritores del siglo XX. Tabernarios fueron Cervantes, Shakespeare, Sartre y su compañera Simone de Beauvoir; todos ellos escribieron gran parte de su obra en los cafés de Saint Germain. Y también Bécquer, Galdós, Gómez de la Serna, Valle-Inclán y una lista infinita entre nosotros. O qué hubiera sido de Pessoa sin ellos.

La lista de escritores y artistas tabernarios es inmensa. ¿Pero a cuántos de ellos han leído nuestros ilustres políticos representados por la pareja antes mencionada? Quizá aquí se muestre esa gigantesca diferencia entre la universidad española y la norteamericana, francesa o inglesa. Pues ambos son también catedráticos, la primera de Derecho a la Imaginación, mientras el segundo de Ficción y Encuestas.

Pero no creo que sea por incultura, sino por sectarismo y fanatismo, aunque ambos van fatalmente unidos. Espero que a la vicepresidenta sus conciudadanos cordobeses, a los que también ha insultado como a los madrileños y al resto de los españoles, le expliquen que ellos no viven de los pozos petrolíferos de Medina Azahara, sino de enseñar un patrimonio cultural extraordinario.

¿Qué sería del Don Juan Tenorio sin la hospedería del Laurel, donde don Juan y don Luis acuerdan tropelías? Y no hablemos ya del cine y las demás artes. Quizá esta pareja de intelectuales, superiores a Steiner, Eco, Magris o Lledó, tampoco han visto Casablanca o El hombre tranquilo. No debieron ser muy lectores durante su infancia porque, de no ser así, no se olvidarían de que La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson comienza, precisamente, en la taberna del Almirante Benbow, donde el joven Jim Hawkins es el hijo del dueño. Tampoco leyeron La fontana de oro o nunca han pasado por el Café Gijón, albergue y acogida de toda la cultura española de un siglo. Quizá en sus paredes deberían figurar los retratos de estos dos ilustres ¡cráneos privilegiados!

Cómo con declaraciones como éstas y tantas otras insufribles y de negrura infernal no iba a perder el PSOE en Madrid o en cualquier otro lugar de España, excepto donde no apoye o sea apoyado por sus execrables socios nacionalistas, independentistas, comunistas, castristas, chavistas y demás caterva. En medio de todas estas falsedades, mentiras e insidias emanadas de la fuente de Machado-Guiomar de La Moncloa (la foto más famosa de don Antonio fue en un café), los ciudadanos de cualquier ideología normal están hartos.

La verdad, tan escasa en el Gobierno, está secuestrada y es también una responsabilidad lingüística. Lo falso, la falta de correspondencia con la situación real, deriva de enunciar lo que no era, lo impropio. En el Hipias menor, Sócrates dice que los mentirosos son sabios y hábiles en engañar, y los que tienen el poder de hacer eso. Por lo tanto, lo que está haciendo este Ejecutivo títere de Sánchez es un abuso interesado de la autoridad emanada del pueblo.

La utilización de un lenguaje cargado de mentiras lleva al desquiciamiento no solo de quienes lo usan, sino también de quienes se ven obligados a escucharlo. No extraña así que un ex ministro de Felipe González salga en defensa de Turquía frente al genocidio que este país llevó a cabo con los armenios. Y no solo los armenios. También asesinaron a miles de griegos que llevaban siglos viviendo en Asia Menor. La obra del Premio Nobel de Literatura Yorgos Seferis así lo atestigua. ¿Hay que olvidarse del genocidio ajeno y solo recordar el propio?

¿No es Erdogan un dictador y antifeminista, como demostró con nuestra representante europea Ursula von der Leyen? Es inconcebible que el discurso irracional de este Gobierno silencie y enloquezca a gentes honorables. Qué despropósito poner en entredicho al presidente de EEUU, un demócrata, frente a un dictador. Y, más, que lo haga el representante de la institución cultural más importante de nuestro país, nombrado por el Gobierno.

En este ambiente de insultos y castigos a Madrid es cuando el voto hacia la candidata vencedora significó aquello que Isaiah Berlin calificó como «libertad negativa» (being left alone). Es decir: ¡déjenos en paz, no nos siga dando la lata, presidente!; ¡no nos maree, no nos aburra, no le creemos más, hijo apostasiaco de Madrid! La capital, ante la ausencia de su presidente y la inquina de su torpe ministro de Sanidad ahora un muerto viviente en sus propios lares, votó por el rostro que dio la cara y supo crear la idea de que, aunque estábamos huérfanos del Gobierno en uno de los peores momentos de nuestra historia, una persona joven y sonriente, en la medida de sus posibilidades, nos amparaba.

Lo mismo que sucedió con el alcalde cuando Filomena nos asoló. Tampoco el presidente ni sus ministros aparecieron. Una muy querida amiga mía me decía que este voto masivo de Madrid significaba la vuelta de aquel terrible grito de «¡vivan las cadenas!». Grave error. Fernando VII no tiene nada que ver con Felipe VI, nuestra Constitución no fue abolida como la de Cádiz de 1812, no se ha perseguido a nadie por su ideología, estamos presentes en todos los organismos internacionales e incluso con nuestra economía maltrecha seguimos siendo de los mejores.

Sin restar el más mínimo mérito a Ayuso, el voto fue a su favor pero también contra Sánchez. La ideología no fue solo lo preponderante, sino la ira por tanto engaño. Y no solo ganó el centroderecha sino, lo que es mucho peor para Sánchez, la izquierda a su izquierda también le sobrepasó. Una nueva izquierda podemita pero más aseada y respetuosa. Eso quiere decir que está cercado a derecha y a izquierda.

Pero Sánchez no es él solo el PSOE. El PSOE es mucho más que él y su Rasputín sin ideología. Y el partido no debe dejar que lo descalabre un iluminado. Se ha hablado estos días, sobre todo por parte de los independentistas, de un nacionalismo madrileño, cosa absolutamente imposible precisamente por ese sentido profundamente cosmopolita que tiene la capital. Pero, de ser así, el fundador del mismo, su inspirador y culpable sería Pedro Sánchez. Se olvida en su particular memoria histórica de que Madrid sufrió los peores bombardeos aéreos de la Guerra Civil y luchó contra el franquismo hasta el final. ¿Por qué querer seguir acusándola de franquista con todo el espectáculo de la momia del dictador?

¿CÓMO, desde el mismo Gobierno, se han permitido los insultos al Rey, a la Constitución y a quienes lucharon por implantar la democracia? ¿Cómo se puede haber pactado con los asesinos de tus militantes que ni siquiera se han arrepentido de sus actos y, además, acercarlos a las prisiones más próximas e incluso liberarlos bajo subterfugios? El cúmulo de ofensas de Sánchez contra sus conciudadanos es inmenso. Su soberbia, falta de tacto y sentimientos, su espíritu autoritario y vengativo… son demasiadas piedras para poder atravesar un río sin ahogarse.

Incluso aunque ese río sea el Manzanares. Ha sido cómplice del embrutecimiento del lenguaje que colabora en el vaciamiento del pensar. Con sus mentiras ha puesto al lenguaje en permanente exilio de sí mismo. La mentira como necesidad desquicia la mente. Todos los socialdemócratas que no estamos conformes con él somos fascistas. Y tiene la osadía de purgar a los propios padres del partido. La repetición de este mensaje, permanentemente, nos descubre quiénes son los que lo emiten.

Ayuso ganó por sí misma y por el hastío que produce Sánchez. Ganó también porque dio esperanzas donde querían arrebatarlas. Ayuso se ha ganado estos versos de Louis Aragon, un comunista dogmático, pero gran poeta:

…No hay amor que no cause una herida
Y lo mismo que el tuyo el amor de la patria
No hay amor que no viva de llantos
No hay amor feliz
Pero es nuestro amor.

P.D. El amor es muy frágil y hay que cuidarlo. Yo le pido a Ayuso que le haga caso a Mónica García no comparto su ideología en cuanto a los centros de salud. Quienes los hemos tenido que utilizar estos días hemos podido comprobar su deplorable estado a pesar de que sus médicos, enfermeras y demás personal superan en mucho a los antiguos numantinos.

César Antonio Molina, ex ministro de Cultura, es escritor. Acaba de aparecer su último libro titulado ¡Qué bello será vivir sin cultura!, publicado por la editorial Destino.

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Un hombre con una cabeza de caballo en Kentucky. USA TODAY

Rompan filas

Fátima Ruiz en El Mundo, 130521

Ahora es mejor no hablar mucho. O directamente nada. Porque ahora cuando uno habla enseguida se convierte en portavoz de un colectivo. Y no puede traicionarlo ni defraudarlo siquiera. Eso acarrea mínimo antecedentes policiales de individualismo. Yo antes opinaba de las cosas con soltura. Decía esto no me gusta y esto sí. Decía odio eso y aquello me arrebata. Pero hace tiempo que mido mis palabras porque sé que cada vez que hablo lo hago por boca de cientos de miles de individuos.

Que mis opciones han dejado de ser mías y tengo que socializar mis preferencias para que reflejen el grupo en el que estoy inscrito por profesión, procedencia, grupo sanguíneo y edad… Yo soy yo y mi circunstancia y además mi colectivo. El de los hombres blancos. Miopes. Partidarios del malva y de las pajaritas. Defensores de la hípica y los cuadros. A veces querría estar solo, referirme sólo a mí, no representar siempre a tanta gente cada vez que digo algo. Probarme otros sombreros, a ver cómo me sientan. Gritarles rompan filas, a ver si pasa algo.

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Foto: Pablo Iglesias ofrece un discurso en la Puerta del Sol, en 2017. (Reuters: Juan Medina)
Pablo Iglesias ofrece un discurso en la Puerta del Sol, en 2017. (Reuters: Juan Medina

Una necrológica (política) para el ‘nuevo’ Iglesias

  • El exlíder de Podemos se ha ido porque no se soportaba ni él mismo; se ha marchado porque allí donde actuaba, destruía. Ha roto con su identidad rapándose el pelo y convirtiendo su imagen en convencional

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 130521

La estética es la ética del comportamiento, y acaso el corte de la cabellera de Pablo Iglesias implique la más radical transformación del personaje, más allá de sus decisiones políticas, que quizá su indumentaria y sus signos externos inequívocos —la coleta— suscitaban duda sobre su carácter meramente tentativo, aunque el toque de funerala en forma de obituario, premonitoriamente, se inició hace unos días y a ello quiero referirme con ocasión de ese taurino ademán que ritualiza la retirada del personaje. Su imagen es convencional; hace falta que su comportamiento resulte coherente con la interpretación del rapado.

La lectura de “Pablo”, el artículo ditirámbico del ministro de Universidades publicado el pasado 8 de mayo en ‘La Vanguardia’, es esclarecedora porque sus próximos, incluso si son tan veteranos como Manuel Castells, tratan al que fuera líder de Podemos como un caudillo. Escribe nuestro autor que “Pablo Iglesias ha transformado la política española” y que “su audacia ha reverberado allende los mares suscitando esperanzas de que otro mundo es posible”. Atribuye a su retirada “épica y política”, y adjetiva su marcha como “gesto lúcido y generoso”. Del que se deduce, según Castells, que “no es el fin de Pablo Iglesias y, mucho menos, de Unidas Podemos”, que en adelante “puede crecer, libre de viejas ataduras, porque corresponde a una necesidad de la sociedad”. Por fin se refiere al “fuego interior” de Iglesias que a él “le anima y que transmite que todo es posible si lo creemos y lo practicamos”. Y termina: “Sí, Pablo, sí se puede”. Pablo sí ha podido quitarse de en medio la coleta. No es poco, simbólicamente.

Ya no estamos acostumbrados a estos textos hagiográficos, y menos de un académico de inspiraciones anglosajonas. Disponen de evocaciones poco placenteras en la España que guarda recuerdo del periodismo subalterno e hiperbólico. Pero tiene su sentido cuando se referencia a Pablo Iglesias. Porque su liderazgo ha sido cesarista, total, acumulativo y arrollador. Y breve, muy breve: entre 2014 y 2021 solo han pasado escasamente siete años. Corto espacio de tiempo, pero muy intenso. Tanto, que se ha hecho largo para los amigos de Iglesias, y más aún para sus adversarios. Los unos y los otros esperan ahora su próximo paso después de haber dejado el Congreso, el Gobierno, el partido y la coleta. Su sugerencia de una sucesión “coral” y “feminizada” en Podemos no tiene futuro, porque tal fórmula (Belarra, Montero, Díaz) implicaría dos rarezas en la política actual: un triunvirato y una bicefalia.

Esa doble fórmula saltará por los aires. En realidad, nadie puede sustituir a Pablo Iglesias. Porque parecérsele es indeseable en la medida en que despierta —como él dijo— “los afectos más oscuros”, y diferenciarse de él implica renunciar a la rabia y la furia que son las fuerzas tractoras de una organización política desvertebrada que provoca un regusto a resentimiento. Por eso, al raparse, se ha mimetizado con el entorno.

Bertrand Russel, en ‘Viaje a la revolución’, una interesante obra en la que relata su periplo por Rusia en 1920, escribe que “el bolchevismo no es una mera doctrina política, es también una religión con dogmas elaborados y escrituras sagradas”. Russell trata de localizar en aquella fase inicial del comunismo trazas de positividad, pero no termina de localizarlas pese a su esfuerzo por empatizar con los propósitos que persigue.

Releyéndole, se llega a la misma conclusión que con Iglesias y con Podemos: él, su persona y su partido pueden ser explicados, incluso comprendidos, pero terminan provocando aversión, incluso en aquellos que dicen identificarse con sus fines, como prueban las purgas que han desertizado la organización de referencias fundadoras: Errejón, Alegre, Bescansa, Pascual…

Pablo Iglesias ha sido destruido por Pablo Iglesias. O por su circunstancia que forma parte de su yo, como dejó escrito el maestro Ortega y Gasset. Y está huyendo de sí mismo. El propio Manuel Castells reconoce en su necrológica política que “le obligaron a replegarse. No por desánimo y mucho menos por miedo.

Simplemente porque analizó que era más una rémora que un apoyo para el proyecto político de lucha en la sociedad y reforma desde el Gobierno”. Es curioso cómo un texto que se entrega a la elegía —y así lo hace el del ministro de Universidades— puede contener al mismo tiempo contradicciones que son más certeras que las afirmaciones inconcusas. Efectivamente: era una “rémora”.

Para obviar este obituario tan duro, su entorno —que ha respirado aliviado— se ha embarcado en una jeremíaca queja sobre la brutalidad con la que Pablo Iglesias habría sido tratado tanto por sus enemigos como por determinados medios de comunicación. La realidad es que si se siembran vientos, se recogen tempestades.

El derecho al insulto y el “jarabe democrático” lo reivindicó Pablo Iglesias para materializar el juego atroz de amigo/enemigo en el que alimentó la epopeya que nos narra el ministro de Universidades en su texto periodístico.

El que fuera líder de Podemos no reclama una descripción de trazo grueso, aunque sí inequívoco, con afanes puramente ideológicos. Es lo que es: un bolchevique del siglo pasado, pero no un ser perverso, sino equivocado y de otra época. Se ha dado cuenta al desprenderse de sus pinturas (pelos) de guerra.

Como los comanches cuando se entregan a la paz y olvidan la guerra. En ocasiones anteriores sostuve —y lo sigo haciendo— que a determinados políticos hay que escudriñarlos mucho más desde la psicología que desde las ciencias puramente políticas. Es el caso de Pablo Iglesias. Lo constataremos con el tiempo porque, una vez transcurra, se verá que no ha dejado más rastro que el de un recuerdo frustrado repleto de excentricidades. Releamos a Russell

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Andrés Trapiello en una imagen de archivo

Trapiello, los fondos europeos y el Gobierno Frankenstein 2

  • Lo que la fatua polémica suscitada alrededor de la medalla a Trapiello viene a ratificar, por si quedaba alguna duda, es hasta qué punto el PSOE le ha comprado el relato al enemigo

Agustín Valladolid-Vozpópuli, 130521

1.- Lo de Trapiello

El episodio que en estos días atrás situaba a Andrés Trapiello en el centro de uno de esos debates parvularios a los que desgraciadamente nos tiene acostumbrados determinada clase política, explica mejor que ningún análisis lo que le ha pasado al PSOE en Madrid. Incluso, abriendo el campo de visión, por qué le pasa al PSOE lo que le pasa.

Criticar la concesión de la medalla de oro del Ayuntamiento de la capital al escritor por “el revisionismo de la historia que él representa”, que dijo la responsable socialista de Cultura (sic) en el consistorio -justificación luego confirmada por su portavoz, Pepu Hernández-, es una actitud incoherente e infantil inspirada en un argumento falaz y que pone de manifiesto altas dosis de penuria y de retorcido sesgo intelectual. Pero por encima de esto, la virtualidad de la estupidez es que ilustra con absoluta claridad uno de los motivos principales de la decadencia de este PSOE.

Lo que la fatua polémica suscitada alrededor de la medalla a Trapiello viene a ratificar, por si quedaba alguna duda, es hasta qué punto el PSOE le ha comprado el relato al enemigo, a los herederos de aquellos que decían defender la República cuando la verdad es que la República, para los más feroces adversarios de aquel PSOE, leninistas, troskistas y anarquistas, fue solo un pretexto.

Les molesta Trapiello porque cuenta eso en el prólogo de Celia en la revolución, de Elena Fortún: “Miles de republicanos empuñaron en un primer momento las armas no tanto para defender a la República y los principios de la Ilustración que ella representaba, sino para hacer la revolución a la que encomendaban el trabajo de acabar precisamente con ellos (…). Era la primera vez en la historia, como muy bien vio Bolloten, en que tenían lugar al mismo tiempo dos revoluciones de signo contrario, la fascista y la comunista en sus diversas acepciones”.

La novela de Elena Fortún (Editorial Renacimiento), ha sido durante mucho tiempo un texto proscrito. Por unos y por otros. Narra en su parte más extensa lo vivido por una adolescente, que mira a su alrededor primero con incredulidad y después con creciente angustia, en el Madrid sitiado. Escrito en 1943, se publicó por primera vez en España cuarenta y cuatro años después.

“No hay en ella lugar para la distorsión ni la idealización de lo vivido”, aclaran los editores, y Trapiello, en su prólogo a la edición de 2020, entiende que es esa, la falta de alineamiento con ninguna de las partes, la causa de su proscripción y singularidad: “Apenas publicado [en 1987], desapareció de las librerías y únicamente en el mercado de viejo ha ido apareciendo desde entonces, con cuentagotas, algún que otro ejemplar, siempre a precios fabulosos, lo que habla de su carácter excepcional”.

Exilada primero en Argentina, adonde acompañó a su padre, militar republicano, y luego en Nueva York, Elena Fortún, seudónimo de Encarnación Aragoneses, regresó a Madrid en 1952 para morir. Tenía 65 años. El franquismo prohibió sus obras. La izquierda las ignoró.

Cuando cargos electos del PSOE llaman revisionista a un Trapiello que reivindica a Indalecio Prieto, pero no a Largo Caballero, se alinean con esa izquierda autoritaria que niega cualquier versión de la historia que no sea la que, como hizo el franquismo, pretende imponer; la que durante la campaña del 4-M minusvaloró la inteligencia de los madrileños con ese guerracivilismo artificioso y primario y arrastró en su caída a gabilondos y demás incautos.

La misma izquierda con la que el largocaballerista Pedro Sánchez se dispone a resistir porque lo que de ningún modo se le pasa por la cabeza es ceder una porción del poder, y mucho menos compartir un proyecto de emergencia nacional con la Oposición.

2.- Frankenstein 2

No, no hay proyecto de país ni el Gobierno tiene “plan B” tras la seria advertencia recibida en Madrid. El medio plazo no existe, y en esta vorágine de permanente improvisación y contienda electoral en la que estamos atrapados, lo que ahora toca es esperar a ver qué ocurre en Cataluña. La estabilidad de la nación entera en manos de Junqueras y Colau. Y, visto lo visto, si por fin el fugado Puigdemont deja de ser un obstáculo para recobrar cierta normalidad, encima hasta habrá que dar las gracias.

Eso es lo que hay y esa parece ser ahora la apuesta. Acuerdo en Barcelona y renovación del pacto en Madrid. “Momento histórico”, lo llama Gabriel Rufián. Además, la lectura que hace el comité electoral permanente de Presidencia es que a Pablo Casado, subido en el patín de Ayuso, ya no le interesa acercarse a Sánchez; que después del 4 de mayo, para el líder del PP cualquier referencia a un pacto PSOE-PP en los temas esenciales que se eche el país a la espalda y transmita fiabilidad a nuestros socios, deudores y mercados será pura retórica. Que le han entrado las prisas y quiere llegar cuanto antes a Moncloa.

Pierdan toda esperanza aquellos que en estos días han vuelto a reclamar añorados consensos en tiempos de crisis: no habrá pacto de Estado, sino la confirmación de un Frankenstein sin coleta que cifrará su resistencia al éxito de la campaña de vacunación (en esto tiene razón Sánchez: el personal, salvo catástrofe improbable, ya ha pasado la penúltima página del virus) y a la llegada de las primeras remesas de fondos europeos. Problema número 1: una vez aprobado el plan en Bruselas, únicamente se librará el 13% de los recursos hasta conocer qué hay detrás de tanta farfolla resiliente e inconcreta.

Hasta saber si hay proyectos con la entidad suficiente para soportar el resto de los recursos que la Unión Europea prevé desembolsar. Por ahora (problema número 2), la escasa información que manejan los pocos privilegiados que tienen acceso a la gestión del Plan advierte de seguros reparos por parte de la Comisión Europea ante la escasa concreción de los proyectos, las dudas crecientes sobre la capacidad para llevarlos a cabo y la opacidad del proceso de selección de los mismos.

De los tres principales centros de gestión del Plan, únicamente los proyectos que coordina Carme Artigas desde la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, dependiente de Nadia Calviño, parecen acreditar un notable nivel de calidad.

Sobre lo que están haciendo los otros dos órganos decisorios (problema número 3), Presidencia (Sánchez) y Transportes (Ábalos), se ha extendido una consigna de silencio que despierta la desconfianza de nuestros socios y causa seria preocupación en España, empezando por la AIREF, que ve un “riesgo importantísimo” en la incertidumbre que rodea el Plan de Recuperación y Resiliencia, y siguiendo por los grandes empresarios, que en su mayor parte opinan que Sánchez va a intentar diferir hasta después de las próximas elecciones generales las reformas que reclama la UE y necesita la economía española para remontar.

Pedro Sánchez no tiene la menor posibilidad de hacer compatibles las expectativas de la Comisión Europea con las exigencias de sus socios de gobierno. Menos aun cuando, coincidiendo con las elecciones de otoño en Alemania, se requiera al conjunto de países de la Unión Europea condiciones más rígidas de cumplimiento del déficit y disminución de la deuda.

No habrá entonces margen para esconderse, para seguir manteniendo la ilusión de una recuperación robusta que esté apoyada en la ficción y no en el reparto ortodoxo, durante los próximos seis años, de los fondos europeos. No habrá ya margen para un Frankenstein 2.

La postdata: primeras víctimas del ‘caso Plus Ultra’

La titular del Juzgado de Instrucción nº 15 de Madrid ha decidido investigar a todo el Consejo de Administración de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) por un presunto delito de malversación de caudales públicos. La decisión de la jueza está relacionada con la concesión de un préstamo de 53 millones de euros a la aerolínea Plus Ultra, y exime a la presidenta, Belén Gualda, quien fue nombrada con posterioridad al acuerdo del Consejo.

Se da por hecho que en esta primera fase del procedimiento la jueza reducirá la cifra de investigados de dieciséis a los seis componentes del Consejo Gestor, que es el órgano que tiene la última palabra sobre el montante de las ayudas del fondo de apoyo a las empresas solventes en dificultades, y cuyos miembros fueron los que estamparon su firma en la sorprendente ayuda concedida a Plus Ultra.

La investigación judicial ya se ha cobrado la primera víctima: la secretaria de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Ana de la Cueva, una alta funcionaria que inteligentemente ha optado por apartarse del foco político para defenderse con mayor margen de libertad.

La segunda víctima es un intangible: el Consejo de SEPI ha paralizado el estudio de las peticiones de ayuda hasta que se aclare si sus titulares cuentan con el preceptivo seguro de responsabilidad civil, al parecer no prorrogado justo antes de que se tomara la decisión que favoreció a Plus Ultra.

Es este un asunto sobre el que planea además la sospecha de que solo las presiones políticas  hicieron posible que el expediente Plus Ultra acabara pasando todos los filtros. La jueza Esperanza Collazos pretende aclarar tal extremo durante la instrucción del caso.

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