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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 200621, en torno a la obra “Leónidas en las Termópilas” [1814], de , por Jacques-Louis David [Francia, 1748-1825].

Termópilo en el Liceo

  • De lo que es, realmente, la sociedad civil se sabe poco. Se sabe que forman parte de ella vividores, tipo Sánchez Llibre o Javier Faus, o que solo acoge a nacionalistas
  • Malcolm fue la primera que tomó nota de que ya no era posible contar la verdad en los periódicos sin que el autor expusiera los caminos que le habían llevado a la verdad
  • Eugenia Carballedo, que dirige la Asamblea de Madrid, invitó el viernes a la diputada Rocío Monasterio a que dejara de llamar por su nombre al diputado Mbayé

Tolerancia) Mañana, en el Liceo, el presidente del Gobierno presentará su programa de indultos y ha invitado a 300 miembros de la sociedad civil a que lo escuchen y avalen. No es la primera vez, ni será la última, que las autoridades del Estado piden verse con el animalito cuando están en Cataluña. Mañana lo hará el presidente, como tantas otras veces lo han hecho el Rey y su padre.

De lo que es, realmente, la sociedad civil se sabe poco. Se sabe que forman parte de ella vividores, tipo Sánchez Llibre o Javier Faus, o que solo acoge a nacionalistas o que los socialistas catalanes tomaron el nombre para crear su marca blanca, ésa que por afortunada casualidad se topó en la calle con una manifestación crucial, el 8 de octubre de 2017.

Como en tantos otros ejemplos también en éste se sabe lo que son las cosas por lo que no son. De la sociedad civil catalana no forma parte, desde luego, la Asociación por la Tolerancia. El año próximo la Asociación cumplirá 30. Resulta inabordable, incluso para mí, imaginar la cantidad de eventos a los que ha sido convocada la sociedad civil en esas tres décadas.

Y lo que se sabe con seguridad es que la Asociación jamás ha sido convocada. Por supuesto se trata de una minoría, como es norma en Cataluña con la gente decente. Pero el concepto sociedad civil, rectamente entendido, es alérgico al propósito de las mayorías y las minorías. Es un concepto capilar, y una de las redes de la vida civil catalana pasa por lo que la Tolerancia exhibe y defiende.

La Asociación jamás ha existido para las autoridades españolas. De las catalanas no cabe hablar, porque el concepto de autoridad se ha debilitado allí hasta la extinción. En realidad solo existe para la guerrilla. Este año, por ejemplo, ha sido nominada para los célebres premios Traidor del Año, que otorga Arran, un colectivo nacionalista puramente burroko y como tal perteneciente a la sociedad civil catalana.

Aunque mi querida Ana Nuño me pide que no solo atienda a la obvia característica asnal del movimiento, sino a su flexión verbal cántabra. Arranarse, en efecto, es caer abriéndose de piernas, que es lo que la muchachada hace antes de que los fertilicen briosamente la subvención y el agasajo del dinero nacionalista, ahora en manos del antiguo empleado de la Caixa Jaume Giró.

Pero parte de la culpa de que no la inviten a los salones está en la Tolerancia misma, desde luego. Y arranca del propio nombre que eligieron. Ha escrito tan bien Ferlosio sobre este asunto… Lo mejor está en estas dos líneas: «¡Qué peste de tolerancia, que se te acerca suavemente con sus zapatillas cargadas de razón!».

Aunque no debo dejar de ampliarlas pedagógicamente: «La tolerancia es un pacto perverso en el que cada parte renuncia a la pasión pública de sus razones y las convierte en estólidas e impenetrables convicciones, o sea, en verdades encerradas en un gueto, a cambio de una paz que no es concordia sino claudicante empecinamiento y ensimismada cerrazón». Y el pacto fue aún más perverso porque solo incumbió a una parte, que es, en efecto, la que quedó encerrada en el gueto.

Hace dos años me convocaron de jurado al premio que la Asociación da a los tolerantes y que insólitamente me dieron a mí en 2005. Cuando me tocó proponer mi candidato dije: «El Rey de España». La razón principal para premiarle era su discurso del 3 de octubre, naturalmente. Pero no la única. Mi intención era que el Rey tuviera un encuentro con la sociedad civil negada, a partir de la aplicación del principio mahometano.

Es verdad que si iba a recoger su premio se exponía al terrible menú que sin cambios apreciables se sirve año tras año en la cena. Pero, en fin, tampoco es peor que el que sirven en el Círculo del Liceo o en el Club de Polo, que tal vez sean los lugares de la ciudad donde peor se come, y a los que el Rey ha ido múltiples veces a intoxicarse de cóctel de gambas y sociedad civil.

Otra consecuencia interesante de darle el premio habría sido que no fuera a recogerlo. Es decir, que su Casa se plegara a la inconveniencia política arguyendo que el Rey tampoco viaja cuando lo nombran Oliva del Año en Calaceite. Es decir y digo: quería ponerlo en un compromiso. Pero mis amigos no se atrevieron. De pronto se vieron pequeños. Como siempre que se me contraría, me irrité visiblemente y pensé que tenían muy merecido el ostracismo.

Y ahí siguen, sin levantar cabeza. Baste decir que su presidente, Eduardo López-Dóriga, acaba de confirmarme lo inexorable, no por esperado menos doloroso: sanchez no los ha invitado el lunes al Liceo. La pre-clara Calvo anunció hace una semana de qué fuste iba a estar hecha la audiencia: «Determinación y amplitud de miras, aunque suponga un paso de las Termópilas». Ya estaba anunciando el alistamiento de los 300 espartanos y al frente Sánchez Llibre ofreciendo su podrido riñón a la primera flecha.

(Malcolm) La persona con la que más he hablado en el mundo sin que ella tuviera noticia es Janet Malcolm. Su muerte no me impedirá seguir haciéndolo, aunque ella no podrá ya renovar los argumentos de la conversación. El primero que mencionó en España a Malcolm fue el fundador de este diario, Pedro J. Ramírez, y conviene que se recuerde.

Luego, el que más la ha nombrado he sido yo, con fenomenales enredos a propósito del caso McGinnis. Siempre me pareció bien que el periodista Joe McGinnis se ganara la confianza de su asesino —diciéndole que creía en su inocencia— para demostrar que lo era, así como moralmente melodramáticas me parecieron las objeciones que Malcolm enumera en su libro clave El periodista y el asesino.

Otra cosa distinta es que el asesino, Jeffrey MacDonald, que aún cumple condena, sea inocente, como cree Errol Morris. (Hay una reciente vuelta de tuerca al asunto en la serie A Wilderness of Error, de Marc Smerling, que me gustaría ver pronto en Filmin).

Las huellas de mi conversación con Malcolm me agobian. Casi nunca me daba la razón. Pero su importancia en el periodismo, y en mi trabajo concreto, es profunda. Ella fue la primera persona que tomó nota de que ya no era posible contar la verdad en los periódicos y en los libros sin que el autor expusiera ante el lector los caminos que le habían llevado a la verdad, y se interrogara sobre ellos.

Esta meditación sobre sus mecanismos epistemológicos y narrativos se la había planteado la novela mucho antes y —más que cualquier barata aportación estilística y ya no digamos trileramente moral— es su crucial aportación al periodismo. Malcolm hizo de la meditación ética y técnica el eje de su trabajo, y es un trabajo inolvidable. Como no hay alimento con garantías que no lleve su trazabilidad, tampoco hay periodismo digno de tal nombre que no la incluya. El resto es periodismo de buzoneo. Y toda su trazabilidad, criminalmente villareja.

(El diputado M-) Adhiriéndose a la práctica automática de las presidentas parlamentarias, inaugurada por Meritxell Batet, la señora Eugenia Carballedo, que dirige la Asamblea de Madrid, invitó el viernes a la diputada Rocío Monasterio a que dejara de llamar por su nombre al diputado Mbayé.

(Ganado el 19 de junio, a las 14:22, 69 lpm, 35,2º, vacunado con vector ChAdOx1 [Oxford/AstraZeneca], lote ABV8139, primera dosis).

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El termopilo y el tolerrancio

Leonard Giovannini en el blog de Arcadi Espada, 200621

Hoy plagiamos el Leónidas en las Termópilas de Jacques-Louis David. Ya se escucha el coro trágico clamando por la ausencia de un hombre escribiendo en esta pintura. Pero lo hay. Se trata de Simónides de Ceos, patrón de los directores ejecutivos, y está grabando en la roca un dístico elegíaco.

Es obvio que Simónides no pudo grabar la elegía antes de la batalla. Pero David también pintó a Platón anciano asistiendo al envenenamiento de Sócrates: se comprende que las distorsiones temporales nunca arredraron al francés.

El diarista se ha encarnado en Simónides, y ahora es él quien escribe en la roca una de esas frases trescientas. Graba las letras con el mango de su espada (¡ah, el célebre mango de espada!): un mensaje que condena irremisiblemente a los lacedemoñas de abajo.

(Tole rancio) sanchez ya es conocido como el termopilo, término que le calza como guante. Una termopila genera energía eléctrica a partir del calor, en ínfima cantidad pero suficiente para servir como interruptor para desencadenar un proceso mucho más energético. Así el blando sanchez: nunca tan poca valía generó tanta catástrofe. Ahora viene a ser recibido por el tole de unos rancios que se creen espartanos conteniendo a los bárbaros (lo único que tienen de griegos es su querencia por condenar al ostracismo).

Y algunos todavía apelan a la tolerancia frente al tole rancio. No tiene sentido. Es mucho más práctico recurrir a una vara de avellano.

(Espada) La trazabilidad de los maestros del diarista. Un momento, ustedes se preguntan por ese Malevich que aparece en el horizonte, tras los trescientos y su tole rancio. Bonita composición, se dirán, arriba el suprematismo y abajo el supremacismo. Pero no es un Malevich, es un Malcolm. Que también era pintora. ¡Así no se puede competir!

(M-word) ¿Ilegal se puede decir?

(P.D.: Nótese que algunos tolerrancios reconocen el poderío del enemigo y lanzan coronas de flores al mango.)

••SequeirosIlustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada

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1-O: una gracia real que mueve a la desgracia
Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

1-0: una gracia real que mueve a la desgracia

  • En este aquelarre fáustico, una gran sorpresa ha resultado el destape del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, al darle, con lengua de madera, su bienvenida a los indultos para solaz y disfrute del Gobierno
  • Esta sanción real personifica un trágala para quien aquel octubre supo estar en su sitio

Fco. Rosell en El Mundo, 200621

Desde la asunción del poder por Pedro Sánchez teniendo como valedores a los separatistas catalanes que perpetraron el golpe de Estado contra la legalidad constitucional y la integridad territorial españolas, era cuestión de tiempo que el procés, tras su legitimación tácita y su legalización expresa mediante una amnistía encubierta por el inquilino de La Moncloa, derivara en un proceso español que comprometiera su Estado de derecho y sus instituciones del Rey abajo todas.

Empero, por encima del semiplante a Felipe VI del president Aragonès y de la alcaldesa Colau en la Barcelona que fue «archivo de cortesía» al paso de don Quijote, no se esperaba que contrajera los caracteres de ópera bufa del cónclave de su Círculo de Economía. Cual retablo de las maravillas montado para normalizar una decisión abiertamente ilegal y repudiada por una ciudadanía a la que Sánchez retira la mascarilla de la boca este jueves para plantársela en los ojos a fin de que, cual acémilas de noria, le pierdan la vista al temerario acto prevaricador que pretende consumar.

No cabe calificarlo de otro modo. Luego de que estos hacendados apremiaran en 2017 la diligencia del Estado para sofocar el fuego que habían avivado atizando las brasas de Artur Mas hasta arder sus negocios con la proclamación de independencia de Puigdemont y Junqueras, ahora arropan unos indultos que saben de hecho, no lo ocultan que no frenará los propósitos soberanistas, sino que los acelerará al sentirse impunes los condenados por sedición por el Tribunal Supremo al haber logrado, a la postre, doblar el brazo al Estado de derecho.

i el tribunal sentenciador se opone a tal medida de gracia, por entender que se trata de un «autoindulto» que premia a Sánchez y a quienes le sustentan, otro tanto cabe interpretar con relación a un establishment catalán hecho a comer a dos bocas del erario a base de manifestar en Barcelona una cosa y en Madrid su contraria, despachando a la vez el veneno y su antídoto. Como ese gran impostor que es el conseller de Economía, Jaume Giró, que, viviendo toda su vida tan ricamente de los españoles, se dolía este viernes en este foro de haber sido víctima del Estado opresor.

¡Qué desencaminado andaba el gran Albert Camus cuando proclamaba con vigor ético que el patriotismo no es una profesión! Más que una profesión, puede ser un lucrativo negocio para un pícaro de corbata y traje caro como el ínclito Giró. A éste no se le apreciaba muy sojuzgado cuando recorría España publicitando la bienaventuranza de la absorción de empresas locales por catalanas con sonrisa de truhán como para engañar a Rinconete y Cortadillo en el mismísimo Patio de Monipodio.

Atendiendo a la historia, cierto empresariado catalán ha hecho tradición de ello. Pero esta reunión del Círculo de Economía, consagrada a la confirmación del compromiso de Sánchez con el soberanismo y a propiciar un clima de opinión que edulcore el trágala de un indulto con visos de ilegalidad, ha tenido tintes fáusticos.

No se trata de un juego de palabra aprovechando el apellido del presidente del Círculo, Javier Faus, quien reivindicó de principio a fin de las jornadas el indulto al servicio de Sánchez y Aragonès, sin importarle comprometer al Rey presente en la cena de apertura de la convención, sino por cómo parte del empresariado ha vendido su alma al diablo como el Fausto de Goethe. No por casualidad, ya en 1902, el gran poeta Joan Maragall, en un artículo que tituló Por el alma de Cataluña, aludía al «Fausto catalán» y en cómo lleva, como una maldición, a Mefistófeles dentro de sí.

En este aquelarre fáustico, una gran sorpresa ha resultado el destape del presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, al darle, con lengua de madera, su bienvenida a los indultos para solaz y disfrute del Gobierno que la víspera le confería una alta distinción al mérito militar y el trato de excelencia.

Poniendo en almoneda unos principios bien acreditados hasta ahora y saltándose a la directiva de la CEOE, como Sánchez con el PSOE, su Excelencia Garamendi tiene bien merecido tal reconocimiento de un Consejo de Ministros que ata en corto a organizaciones dependientes del erario en el que abrevan con pase de privilegio y que aprestan a pastar en las verdes praderas de los fondos europeos destinados a la era post Covid. A cambio de fructuosas prebendas,

una subvencionada sociedad civil patrocina el discurso oficial bajo los auspicios de una supuesta independencia que no es tal al ser, en la práctica, una extensión del Ejecutivo y, por ende, un instrumento de control social.

Lo indudable es que, tras desplomarse el tinglado de la farsa por el golpe de 2017, Sánchez repone, con tal concurso, el entremés cervantino de El Retablo de las Maravillas en el que los sablistas Chanfalla, Chirinos y Rabelín hacen como que interpretan lo nunca visto bajo la artimaña de que quien no sea cristiano viejo e hijo legítimo no se percatara del portento.

Como nadie quiere sentirse señalado y granjearse la animadversión de una comunidad de crédulos, todos tragan con lo que aquellos randas tienen por pertinente. Como en aquel teatrillo del sabio Tontonelo, los verdaderos títeres no son los que aparecen en la representación, sino los espectadores a la función, cuyos cordeles maneja a conveniencia la trinca de rufianes.

En ese estupefaciente estado de cosas, cuando el presidente del PP, Pablo Casado, llegó a Barcelona, como el furriel del sainete que arriba al pueblo para apalabrar el alojo de la soldadesca y hace notar que el retablo no alberga prodigio alguno, y se negó a comulgar con las ruedas de molino de indultos por ilegales e inútiles, cosechó una reprimenda de sus anfitriones pareja a la del despensero del regidor de las milagrerías:

«¡De ellos [judío o bastardo] es, pues no ve nada!». Tal rudeza contra el jefe de la oposición sólo se compadecía porque todos ellos acallan su comezón como el edil de monterilla mascullando: «Habré de decir que lo veo por la negra honrilla».

Como admitió en la presentación de Casado uno de sus apuñaladores en la celada barcelonesa, Jordi Gual, a la sazón presidente de CaixaBank en las fechas en las que la primera entidad de ahorro de España hubo de sacar de Cataluña su sede social por seguridad jurídica a causa del 1-O, saben que esta merced no atajará nuevas tentativas.

De hecho, así figura prístinamente en el pacto de investidura de ERC, JuntsxCat y CUP, y revalidaron el viernes en Waterloo el president Aragonès y el prófugo Puigdemont, a la par que despreciaron unos indultos no pedidos refrendando su apuesta por un nuevo embate por la amnistía y la autodeterminación. En lugar de obrar en coherencia, Sánchez trata de velar, como deudor de sus votos, la realidad y armará mañana un montaje estelar del Retablo de las Maravillas en el Teatro del Liceo, donde la corrupción y el golpismo hallan asiento.

A este respecto, Cataluña consigna menos variaciones que un espectáculo de music hall, como bromeaba Bernard Shaw. Para ejemplificarlo, relataba que una noche, aburrido de un prestidigitador ejercitándose con unas bolitas, se marchó y, al regresar al cabo de 10 años, se topó con el mismo artista manoseando aquel número y aquellas bolas.

En Cataluña, los ilusionistas fluctúan, pero el plan no. Lo más dramático es que, habiendo quedado a las puertas del infierno en 2017, ahora el secesionismo se precipita a franquearlas arrastrando a toda España al averno.

Como no se le escapa ni a un lerdo, estos indultos no traslucen el fin de nada, sino el inicio de un nuevo ensayo. Las medidas de gracia sirven para cerrar procesos, pero aquí lo reabrirá como, en Venezuela, el indulto al golpista Chávez sumió al país en la dictadura y en el desastre. Esto no dejan de verlo ni los ciegos.

Significa autoengañarse como la rana que le diera una segunda oportunidad al escorpión que mató con su letal aguijón a su congénere en la creencia de que el mortal alacrán puede mudar su naturaleza. «¡Démosle ocasión de redimirse al escorpión, hermanas ranas!», proclaman enmascarados con buenos propósitos los que, en verdad, ansían el sesteo de los batracios españoles introduciéndoles en un cazo con agua fría para ponerlos a calentar a fuego lento de forma que su cuerpo se vaya aclimatando hasta que, dormidos, finiquiten cocidos sus horas.

Hágase así, a diferencia de 2017, que, al ser arrojados los ciudadanos catalanes de golpe al liquido hirviente, muchos reaccionaron poniéndose a salvo de brioso brinco.

Para que el sopor facilite la devastación de la nación española, el Gobierno busca dar aire de normalidad cuasi rutinario y oficinesco al hecho capital de la firma de Felipe VI a los indultos de la ignominia.

En tal menester, tan innegable es el deber constitucional de la Corona de sancionar las leyes que se promulguen, al margen de su estima sobre ellas, a modo de fedatario gubernamental, como que, en casos límite para un jefe de Estado que es cabeza de la Nación, como verificó el padre el 23-F de 1980 y el hijo el 3-O de 2017 en sendas asonadas, una militar y otra civil, esa obligación adquiere hoy características agravantes de imposición e, incluso, de humillación con un «autoindulto» que Sánchez se dispone a cristalizar contraviniendo al Tribunal Supremo que juzga una clara desviación de poder para eternizarse en La Moncloa.

En un Estado de derecho, el uso que se hace de la ley es tan importante como la ley misma para respetar el espíritu de éstas y preservar su genuino sentido, como prueba un Reino Unido que carece de Constitución escrita.

A nadie se le oculta menos a un presidente sin escrúpulos que esta sanción real personifica un trágala para quien aquel turbulento octubre supo estar en su sitio y al que hogaño se le pena a debatirse hamletianamente entre la incomprensión de parte de la Nación y el jolgorio de quienes se vengan por mano de Sánchez de su histórica apelación a restaurar el orden constitucional gravemente quebrantado en Cataluña por los golpistas alzados desde el Gobierno autonómico, así como su compromiso de no abandonar a los catalanes traicionados por aquellos rebeldes con nómina oficial.

Aunque La Zarzuela se atenga al «Yo no soy el rey de Bélgica» de don Juan Carlos cuando una periodista italiana de la agencia oficial Ansa le inquirió en 1990 sobre la renuncia al trono de Balduino de Bélgica durante 36 horas para no respaldar la despenalización del aborto por objetar de la misma merced a un ardid constitucional, nadie ignora el brete en el que Sánchez sitúa a don Felipe.

Con su acto de lesa traición por no apearse del burro independentista, éste se hace merecedor del enrabietado dicterio del gran economista canadiense John K. Galbraith contra el primer ministro británico Chamberlain. A medida que Hitler se tragaba Europa, aparecía con «una perfecta sonrisa de imbécil, una definitiva beatitud de tonto consentido, de tonto dichoso que sonríe más cuanto más irreparable es el desastre que está provocando con su sonrisa».

Sin duda, no cabe peor remedio de los males que ignorarlos, ni vía más recta a la autodestrucción que disculpar actos criminales que, en consecuencia, serán reiterados e imitados.

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La madre que asesinó a su hija, al padre: “Aquí tienes lo que te mereces… Decide si la entierras o la incineras”

El crimen de Yaiza, el caso eclipsado de ‘violencia vicaria’. “Quiero que pague por el sufrimiento que yo he pasado”, dejó escrito a su abuela

Ángeles Escrivá en Crónica de El Mundo, 200621

Yo la parí”

Cristina Rivas colocó cuidadosamente la pequeña caja blanca sobre la cómoda de la habitación de sus padres que había venido ocupando en los últimos meses. «Dinero para mi madre», había apuntado en la tapa. En su interior, un colgante y una tarjeta Visa con un post it en el que ponía: «Saca el dinero que queda. Pin XXXX». Junto a la caja, con igual meticulosidad, fue dejando tres sobres verdes y uno blanco. En el primero, también destinado a su madre, escribió: «Espero que puedas perdonarme.

Te queremos». En otro: «Para mi abuela, que la quiero mucho. Lo siento yaya». En otro: «Para Sergio, el culpable de todo esto. Gracias». En el último, en el blanco, metió la documentación de su coche con los papeles que demostraban que ahora era propiedad de su padre y que acababa de pasar la ITV. Tras el ceremonial, se sentó primero en un lateral de la cama y se tomó un puñado de pastillas. Después, se acostó junto al cuerpecito inerte de su hija Yaiza, de cuatro años, a la que había asfixiado varias horas antes, y esperó la muerte.

Todavía nadie sabe qué pensó Cristina Rivas mientras aguardaba a que la química hiciese su efecto. Quizás recordó su infancia feliz, quizás el momento en el que sus padres se separaron, quizás se preocupó de haber calculado bien la dosis de fármacos, quizás sintió una tristeza fugaz al imaginar la desesperación en la que sumiría a su familia, quizás se regodeó con la cara que pondría su ex al saber la noticia, al verse golpeado de forma brutal por ese te vas a enterar cruelísimo que le había preparado.

En la carta en la que venía su nombre con ese sarcástico «gracias» en el sobre, había escrito: «Aquí tienes lo que te mereces. Porque has hecho que me quite la vida, pero vas a llorar la muerte de tu hija. La última palabra la tienes tú. Decide si la entierras o la incineras». En la que dejó para su abuela —su intento de explicar la monstruosidad que iba a cometer—, el odio que rezumaba, la rabia, no dejaban lugar para nada más: «Quiero que pague por ello. Por todo el sufrimiento que yo he pasado, no se la voy a dejar».

De todo lo que planeó, en lo único que no logró salirse con la suya Rivas —con un nivel de frustración ante la realidad bajo mínimos, según sus conocidos— fue en el asunto de su propia muerte, y hoy se puede permitir el nefasto lujo de ser la privilegiada testigo de su obra desde la cárcel mientras la Fiscalía calibra si pide para ella prisión permanente revisable.

Cristina Rivas asesinó a Yaiza el lunes 31 de mayo, en Sant Joan Despí, un mes después de que Tomás Gimeno desapareciese con sus hijas Anna y Olivia, de 1 y 6 años, cuya búsqueda ha recibido, como es natural, todo tipo de atenciones mediáticas, sociales e institucionales. Incomprensiblemente, la muerte de Yaiza, que iba a cumplir cinco años el próximo 31 de julio, pasó prácticamente inadvertida entonces. La Generalitat tardó ocho días en ponerse en contacto, en privado, con Sergio, el padre, y sólo la presidenta del Parlament, Laura Borrás, escribió un tuit público de respaldo y condolencia.

La declaración de Rivas ante el juez, el 11 de junio, se produjo un día después de que el cuerpo de Olivia fuese hallado a 1000 metros de profundidad en las aguas del Atlántico. Ese día, hasta la Reina, lógicamente conmovida, expresó el dolor por Anna y Olivia y por Rocío Caíz, una chavala de 17 años que había sido asesinada por su novio en Sevilla, mientras el presidente Sánchez, ponía en circulación popular el término «violencia vicaria», destinado a definir los actos violentos infligidos sobre los hijos para causar dolor a la madre; según la jueza que instruye el asesinato de las dos pequeñas canarias, un dolor que «jamás pudo imaginar». «Habrá quien niegue su existencia», retó el presidente. Y de nuevo, nadie se acordó de Yaiza, ni de su familia, ni de Sergio.

REPULSA A TODOS LOS FEMINICIDIOS

O sólo se acordaron de rebote, mostrando una incomodidad funambulista: el ayuntamiento de Sant Joan Despí, la localidad en la que ocurrió la tragedia, convocó una concentración, como las miles que tuvieron lugar en el resto de España por Anna y Olivia, «de repulsa a todos los feminicidios, para dar respaldo a todas las mujeres y las familias que padecen esta barbarie». Con ese lema quiso incluirse a Yaiza. La familia de Sergio no se quejó. Está demasiado devastada para reprochar nada. Pero sí reclamó atención: «Una niña muerta merece una condena»

La historia de Cristina Rivas y Sergio comenzó en el instituto, cuando los dos tenían 18 años. Fue entonces cuando empezaron a salir con el resto de su pandilla. Poco antes de cumplir treinta años, Sergio anunció en casa que se iban a vivir juntos. Ella, tras acabar un módulo de Farmacia, llevaba ya años trabajando en la Clínica Platón de Barcelona. Él estaba empleado en una compañía de instalación de alarmas. Ella era, al decir de sus compañeros de trabajo, «algo reservada». Y se enfurruñaba con facilidad «cuando no se hacía lo que quería en cosas de lo más cotidianas». Pero al margen de ese pronto, nadie había detectado nunca ni un ápice de violencia.

No pasaron más que algunos meses cuando el ambiente en la pareja fue enrareciéndose. Las llamadas furtivas atendidas por Cristina, las preguntas de él respondidas con un desairado «déjame en paz, hablo con quién me da la gana». Hasta que ella rompió la relación y reconoció tener una doble vida con otra persona. Se arrepintió y regresó junto a Sergio, que reflexionó mucho antes de decidir que su prioridad era tener una familia y que podía olvidar determinadas cosas.

Tuvieron a Yaiza pero de nuevo ella encontró a otra persona y los dos decidieron separar sus caminos. Primero acordaron de modo amistoso tener a la niña un par de días cada uno pero, al final, la lucha por la custodia se convirtió en un infierno.

Ella le pedía volver insistentemente y, ante la negativa de Sergio, quiso quedarse con la niña. A él, le abordaba por la calle y le pedía a empujones que firmara los papeles, lo cosía a mensajes de WhatsApp, y empezó a utilizar una coletilla que ahora pone los pelos de punta, por lo que de concepto de propiedad implica: «Irá al colegio donde yo fui porque yo la parí». «Se empadronará donde yo diga porque yo la parí». «Yo la parí» comenzó a ser su argumento de guerra.

A pesar de que ni siquiera le había buscado colegio a Yaiza y de que, cuando su padre eligió centro, empezó a no llevar a la niña, «porque no encontraba donde aparcar», según relata la familia paterna en conversación con Crónica. «He llegado a pensar, ahora, que ella nunca quiso a Yaiza», nos dirá la abuela, «porque era su padre quien le cortaba el pelo ante su desidia o la apuntaba a las extraescolares».

Una juez cortó la intención de Cristina Rivas de quedarse por entero con Yaiza y su contrariedad aumentó. Y lo hizo todavía más cuando se enteró de que Sergio había conocido a alguien. Una compañera de trabajo ha relatado que un día Cristina le soltó: «Yo no voy a permitir que, en el futuro, el padre de Yaiza me haga lo mismo que le hizo a Rociíto su ex y vuelva a mi hija contra mí. No voy a permitir que le tenga más cariño a la pareja del padre que a mí».

Lo último que hizo Cristina Rivas antes de ejecutar su macabro procedimiento fue chantajear emocionalmente a Sergio. El viernes 28, Sergio tuvo un arrebato y pidió ver a su hija para darle un beso de buenas noches. Cristina Rivas se la bajó al portal y cuando ya se iban le dijo: «Tengo una enfermedad y si no vuelves conmigo, no me la voy a tratar». No quiso explicar cuál. Y a partir de ese momento puso en marcha el plan al grito de «Yo la he parido, ¿quieres que esté con su familia o con otra?»

—¿Desde cuándo pensaba en matar a su hija?, le preguntó el juez 11 días después.

—Desde hace dos o tres meses, respondió ella desde el hospital.

—¿Por algo relacionado con su ex pareja?

—Si.

—¿Alguna vez recibió tratamiento psiquiátrico?

—Nunca, aseguró, olvidando que en su historial consta una prescripción médica por depresión.

Los lunes a Yaiza le tocaba cambiar de progenitor. Pasaba una semana con su madre y otra con su padre. Cristina Rivas pensó que ese era el día adecuado. Ha contado que dio a su hija un Lorazepam la noche del domingo y que, por la mañana, como seguía dormida, la asfixió colocándole una bolsa en la cabeza.

Su madre, la abuela de la niña, con quien vivían, había marchado al trabajo. Después llamó a la Clínica para decir que no iría, al colegio de la niña para decir que estaba enferma —la notaron más seria de lo habitual pero serena— y al propietario de la plaza de parking en la que tenía el coche para avisar de que zanjaba el contrato. Y paseó al perro. Finalmente, se tomó su parte pretendidamente mortal de fármacos.

Cuando Sergio no vio a Yaiza salir de su clase de teatro a las 17.30 pensó que su ex pareja se la había llevado a pasar el día y llamó a la abuela en un intento por saber donde estaban las dos. Fue ella quien se las encontró en la habitación principal mientras el padre esperaba llorando sin que le dejaran pasar. La policía y los sanitarios quedaron con ellas y hubo un momento, cuando le dijeron que una estaba viva, al que Sergio se aferró desesperado. Poco después sabría que era en vano.

El jueves, Sergio tuvo la clase que no han tenido otros. Encabezó la carta conmovedora, tristísima, dirigida su niña, con los nombres de Olivia y Anna, ofreció ayuda a Beatriz Zimmerman, su madre, y cargó contra el machismo, una «lacra» estructural que «utiliza a las personas más inocentes que existen para hacer daño a las madres». Y habló de los «monstruos». El monstruo Tomás Gimeno y el monstruo Cristina Rivas.

Los dos cegados por los celos, uno violento explícitamente —agredió a Beatriz y le soltó: «No vas a volver a ver a tus hijas»— y la otra más tortuosa; los dos planificando con frialdad al minuto los asesinatos, realizando gestiones como el cierre de cuentas, la entrega del dinero sobrante y el cambio de propiedad de una lancha o de un coche, asegurando el bienestar de su perro y, sobre todo, tratando a los niños como objetos. «Su madre no mostró ningún respeto por la vida de Yaiza y se la llevó con el único objetivo de hacerme daño. Y me lo ha hecho, sin duda. Nunca había sentido tanto dolor. No creo que deje de sentirlo… Me pregunto cómo no pude verlo… Perdóname cariño», escribía Sergio.

MI VIDA POR UN PUZZLE

Sin embargo, nadie ha hablado para referirse a él de violencia vicaria. Sonia Baccaro, la psicóloga feminista que acuñó el término (que impugna el ya existente de síndrome de Medea cuyo mero enunciado estigmatizaba a la mujer), se muestra temerosa a preguntas de Crónica, de que el concepto en el que trabaja desde hace nueve años, sea «manipulado».

«Se trata de un tipo de violencia sólo contra la mujer que empieza, no cuando el hombre asesina a los hijos, sino mucho antes. Ángela Carreño, por ejemplo, puso 40 denuncias antes de que su marido matase a su hijo. Su delimitación ha logrado que las afectadas sean consideradas legalmente víctimas. El caso de Rivas es otra cosa, es como el del hombre que mordió al perro, es noticia por excepcional; no es lo habitual».

Según datos del CGPJ, desde 2013, año desde el que datan los casos de niños asesinados por los padres por causa de violencia de género, se han producido 41 asesinatos. Dado que la contabilidad se realiza basándose en las sentencias, no hay registros para los niños muertos por sus madres. Esto complica su análisis. El caso de Yaiza será incluido en las estadísticas del ministerio del Interior en el apartado general de menores asesinados.

Ángeles Álvarez, socialista, recuerda que Cristina Rivas va a recibir en todo caso la misma condena que un hombre y explica la diferencia de repercusión social entre ambos casos por la rápida reacción pública de la madre de Anna y Olivia, porque los cuerpos estuvieron semanas desaparecidos, y porque Tomás Gimeno quiso prolongar la incertidumbre enterrándolos en el mar, lo cual «genera una expectativa agónica» en la opinión pública. Mientras que en el caso de Yaiza, tanto la agresora como la niña fueron halladas de inmediato.

Pero nada de esto explica que las instituciones, los políticos, hayan reaccionado del modo como lo han hecho con el caso de Yaiza. Con falta de atención en el mejor de los casos o con una incomodidad algo mezquina en el peor de ellos, que les impediría detectar comportamientos preocupantes que se salgan de sus prejuicios o cálculos políticos. «Desde el presidente Sánchez al líder de la oposición Pablo Casado o a la Generalitat», recordaba un portavoz de la familia —lo dijo antes del viernes, día en el que el presidente llamó al padre— quien insistía en que condenarán cualquier politización del caso y que lo único importante son los niños que se merecen que nadie baje la guardia. «Recuerden que la víctima es ella. Se llamaba Yaiza y tenía cuatro años», reclamó su padre el jueves.

El juez decretó prisión para el «monstruo» Cristina Rivas el día 11 tras escuchar su relato. Desde entonces ha tenido fuertes episodios de insuficiencias cardiacas y renales por las pastillas que tomó y que calculó erróneamente que iban a llevarla a la tumba. Quería tener la última palabra. Y va a tener tiempo para sufrirla mientras el padre se gana el cielo. «Yaiza, mi vida por hacer un puzzle contigo», ha escrito.

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Un libro-denuncia de la gestión del Covid en  España

  • ‘Cualquiera que tenga un mínimo nivel intelectual entiende que ponerse la mascarilla en la playa no sirve para nada’’
  • ”El triunfalismo llevó a la tumba a mucha gente durante el verano por la segunda ola y en enero por los descuidos en navidades”
  • en  España
    • ‘‘Cualquiera que tenga un mínimo nivel intelectual entiende que ponerse la mascarilla en la playa no sirve para nada’’
    • ”El triunfalismo llevó a la tumba a mucha gente durante el verano por la segunda ola y en enero por los descuidos en navidades”

    Miguel Ángel Martínez-González, Catedrático de salud pública en la Universidad de navarra y catedrático visitante en Harvard  y Julio Martínez-González, Doctor en Medicina Interna por la Universidad de Málaga; en El Mundo, 200621

    La pandemia ha puesto en jaque al sistema sanitario español, que se ha incendiado, como describe el libro La sanidad en llamas (Ed. Planeta). Publicado el 9 de junio, está escrito por Miguel Ángel Martínez-González (catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y catedrático visitante en Harvard con más de 800 artículos científicos internacionales sobre nutrición, salud pública y epidemiología) y Julio Martínez González (doctor en Medicina Interna por la Universidad de Málaga, ejerce en el Hospital Regional Universitario de esa ciudad, donde se ha implicado en las Urgencias por la Covid).

    Uno desde la docencia y la investigación y el otro desde la medicina de primera línea, estos profesionales (y hermanos) repasan lo vivido en 2020, denunciando los errores de gestión, aportando datos científicos y mezclando una parte novelada.

    P. Tras año y tres meses hablando de la pandemia, los datos, los problemas que han surgido… ¿qué le aporta el libro al ciudadano medio o qué le cuenta que no sepa tras todo este tiempo?

    R. Julio Martínez-González (JMG). Desde mi punto de vista hay una cosa muy importante: los españoles tienen muy poca memoria. Recoger una serie de hechos bastante objetivos ocurridos en un periodo muy crítico y dejarlos reflejados no solo sirve para ese episodio, es para mostrar la seguridad absoluta de que al margen del coronavirus vendrá otra epidemia. Esta es la séptima epidemia, pero vendrá la octava y entonces no nos puede pillar igual.

    P. Entonces es más una lección a futuro, algo así como ‘aprended porque no va a ser la última vez que nos pase’…

    R. JMG. Sí, vendrán y peores.

    Miguel Ángel Martínez-González (MAMG). El libro denuncia, es necesario desde una óptica que no tenga nada que ver con la política. Está escrito para que lo entienda todo el mundo y está pensado para que no se olvide la realidad de lo que pasó, creo que eso es realmente necesario ahora mismo y que se denuncien los errores que se han cometido porque si hay más de 100.000 muertos por el coronavirus en España y se suman todos los que están enfermos, rara es la familia a la que no le ha afectado.

En muchos rankings ahora no salimos tan mal y la gente puede decir ‘estamos muy bien y estamos vacunando’, de nuevo el triunfalismo. Pues el triunfalismo llevó a la tumba a mucha gente durante el verano porque hubo una segunda ola y en enero porque en Navidades se descuidaron muchas cosas.

No estábamos preparados, hubo mucha prepotencia y vino lo que vino. Un artículo de Nature Medicine de diciembre del año pasado dice que el país del mundo donde más disparidad hay entre los muertos oficiales y los muertos reales es España.

Pero es que lo dicen las propias agencias del Gobierno, como el Instituto de Salud Carlos III o el INE. Esto requiere que alguien lo denuncie desde la independencia porque a veces afecta al Gobierno central y, a veces, a los Gobiernos autonómicos, y ahí hay muchos colores políticos. Insistimos mucho en que damos la visión científica y que lo peor que ha pasado es politizar esto.

P. Afirman que España ha sido el peor país del mundo en gestión, se centran en las dos primeras olas, que es lo que narra el libro, pero otros países empezaron muy bien y tropezaron después. ¿Siguen pensando a estas alturas que España ha tenido la peor gestión de todo el mundo o una de las peores gestiones?

R. MAMG. Yo creo que en España también se han hecho cosas bien hechas, lo decimos en el libro. Por ejemplo, hablamos muy bien de la epidemióloga Marina Pollán y del estudio ENE-Covid, eso ha sido un regalo que España le ha hecho al mundo, el tener una encuesta serológica con muestra representativa nacional de gran tamaño.

También se hizo muy bien lo de convertir en 24 horas Ifema en un hospital de campaña y luego construir el Isabel Zendal. No lo decimos solo nosotros, lo ha alabado la OMS y cualquiera que sepa de Salud Pública va a alabarlo.

JMG. ¿Más cosas buenas? En España tenemos un sistema nacional de salud que es muy fuerte y la población no lo valora en absoluto, confunden que no pagan con que es gratuito y no, cuesta mucho dinero. Y de aquí están saliendo especialistas vía MIR envidiados en toda Europa.

MAMG. En España dentro de la especialización de Medicina Preventiva hay auténticos líderes en temas de Epidemiología, ¿dónde han estado esas personas? Algunos de ellos son los que escriben la carta en Lancet pidiendo una auditoría independiente del Gobierno y que se levante la alfombra y se vea todo lo que ha habido debajo. Somos de las grandes potencias intelectuales médicas, ¿por qué cuando llega un tema de epidemiología se desbarra tanto? En 2019 Bloomberg puso a España como el país más saludable del mundo y parece irónico que pasan 13-14 meses y en los rankings, solo contando las muertes oficiales, España tenía la peor tasa de mortalidad por millón de habitantes, junto a Bélgica.

P. En el libro también critican a la OMS, el ECDC europeo… No sé si han pesado las críticas que recibieron por otras crisis, como en la gripe A. ¿Es posible que por esos precedentes los organismos internacionales hayan sido más bien tibios?

R. MAMG. La OMS ha estado lenta. Incluso el British Medical Journal sacó una serie de artículos donde decía que toda esa exagerada reacción de la OMS en 2009 ante la pandemia de gripe estaba motivada por un comité interno donde había infiltrados de la industria farmacéutica que querían vender tamiflu y vacunas. Todo eso puede haber sido ahora motivo de prudencia y de retraso de declaración de pandemia.

Creo que tendrían que haber sido menos tibios para denunciar con fuerza una mentira muy grande de China que es que no hay transmisión de persona a persona. No lo reconocen hasta el 21 o 22 de enero y ellos evidentemente lo sabían de antes, podrían haberlo dicho en diciembre.

¿Y por qué se ha tardado tanto en reconocer que se transmite por aerosoles? Es el motivo por el que los sitios cerrados son los más peligrosos. Para mí los peores sitios de contagio son un coro en una iglesia cerrada y todo el mundo cantando al lado uno de otro, o una discoteca. 

Lo siguiente es una manifestación de cientos de miles de personas pegadas y gritando durante horas, pero ahí por lo menos hay viento. De los peores errores que se han cometido en el mundo en el control de la pandemia fueron el autorizar la manifestación del 8M, mítines de VOX o partidos de fútbol, todo eso, no afecta solo al Gobierno de nuestro país.

Lo que no se ha dicho tanto, y por eso le ponemos tanto énfasis en el libro, es cómo se dispersa luego eso, el error tan grave que fue cerrar las universidades sin cortar y controlar los viajes y poner las mascarillas en los trenes, aviones, autobuses, etc. que salían de Madrid a partir del día 13 de marzo.

P. En cuanto a inmunización no estamos como Israel, Estados Unidos o Reino Unido, pero estamos en una estrategia común que permite que todos los países europeos estén más igualados. ¿Cómo ven la vacunación?

R. JMG. No, el ritmo de vacunación que llevamos es malo, vamos vacunando lento porque para finales del mes que viene tiene que estar más del 70% de la población vacunada. Al principio fue muy lento, después ya cogieron ritmo, pero ha habido cosas que se podían perfeccionar.

MAMG. Debería haberse ido a un ritmo mucho más rápido, especialmente en enero, febrero y primera mitad de marzo, y hubo muchos problemas logísticos y de coordinación. En los últimos meses se ha recuperado algo, pero va a ser difícil cumplir los objetivos, nos quedaremos un poco por debajo.

P. ¿Y cómo ven el verano? Ha vuelto la ‘guerra de las mascarillas’, la disparidad entre CCAA y con el Gobierno sobre las restricciones…

R. JMG. Cualquiera que tenga un mínimo nivel intelectual entiende que ponerse la mascarilla en la playa no sirve absolutamente para nada.

Algunos ayuntamientos estaban fumigando playas contra el coronavirus, creo que es la forma más graciosa que he visto de tirar el dinero público. Hay posturas que son absurdas. ¿Las personas que van montando en bicicleta por el campo deben llevarla? Pues no, pero en general para la vida normal del trabajo, de la calle sí, lo que llamamos uso universal.

Igual que han difundido y repetido mucho lo del gel hidroalcóholico, y la gente lo cumple a rajatabla, tendrían que haber hecho con la reclusión de las personas de riesgo en su domicilio y con las mascarillas, repetir y repetir, que es como se educa a la población y como se transmite, las cosas no las puedes estar cambiando día sí día no. Podremos tener un verano normal e incluso recibir turismo y movernos dentro de España si llegamos a un cierto nivel de vacunados.

Un libro-denuncia de la gestión en España

La pandemia de coronavirus ha arrasado con todo el planeta, pero se ha cebado más con algunos países, entre otras causas, por una mala gestión y una politización del problema. Lo describen sin paños calientes en la obra recién publicada

‘La sanidad en llamas’ el epidemiólogo Miguel Ángel Martínez-González y el internista Julio Martínez-González. “Contamos lo que ha pasado en el 2020 para que jamás vuelva a pasar”, aseguran estos profesionales. Los además hermanos remarcan que también es un homenaje a todos los sanitarios y a las familias que no han podido despedirse de sus seres queridos antes de fallecer. ROCÍO R. GARCÍA-ABADILLO.

La pandemia ha puesto en jaque al sistema sanitario español, que se ha incendiado, como describe el libro La sanidad en llamas (Ed. Planeta). Publicado el 9 de junio, está escrito por Miguel Ángel Martínez-González (catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y catedrático visitante en Harvard con más de 800 artículos científicos internacionales sobre nutrición, salud pública y epidemiología) y Julio Martínez González (doctor en Medicina Interna por la Universidad de Málaga, ejerce en el Hospital Regional Universitario de esa ciudad, donde se ha implicado en las Urgencias por la Covid).

Uno desde la docencia y la investigación y el otro desde la medicina de primera línea, estos profesionales (y hermanos) repasan lo vivido en 2020, denunciando los errores de gestión, aportando datos científicos y mezclando una parte novelada.

P. Tras año y tres meses hablando de la pandemia, los datos, los problemas que han surgido… ¿qué le aporta el libro al ciudadano medio o qué le cuenta que no sepa tras todo este tiempo?

R. Julio Martínez-González (JMG). Desde mi punto de vista hay una cosa muy importante: los españoles tienen muy poca memoria. Recoger una serie de hechos bastante objetivos ocurridos en un periodo muy crítico y dejarlos reflejados no solo sirve para ese episodio, es para mostrar la seguridad absoluta de que al margen del coronavirus vendrá otra epidemia. Esta es la séptima epidemia, pero vendrá la octava y entonces no nos puede pillar igual.

P. Entonces es más una lección a futuro, algo así como ‘aprended porque no va a ser la última vez que nos pase’…

R. JMG. Sí, vendrán y peores.

Miguel Ángel Martínez-González (MAMG). El libro denuncia, es necesario desde una óptica que no tenga nada que ver con la política. Está escrito para que lo entienda todo el mundo y está pensado para que no se olvide la realidad de lo que pasó, creo que eso es realmente necesario ahora mismo y que se denuncien los errores que se han cometido porque si hay más de 100.000 muertos por el coronavirus en España y se suman todos los que están enfermos, rara es la familia a la que no le ha afectado.

En muchos rankings ahora no salimos tan mal y la gente puede decir ‘estamos muy bien y estamos vacunando’, de nuevo el triunfalismo. Pues el triunfalismo llevó a la tumba a mucha gente durante el verano porque hubo una segunda ola y en enero porque en Navidades se descuidaron muchas cosas.

No estábamos preparados, hubo mucha prepotencia y vino lo que vino. Un artículo de Nature Medicine de diciembre del año pasado dice que el país del mundo donde más disparidad hay entre los muertos oficiales y los muertos reales es España.

Pero es que lo dicen las propias agencias del Gobierno, como el Instituto de Salud Carlos III o el INE. Esto requiere que alguien lo denuncie desde la independencia porque a veces afecta al Gobierno central y, a veces, a los Gobiernos autonómicos, y ahí hay muchos colores políticos. Insistimos mucho en que damos la visión científica y que lo peor que ha pasado es politizar esto.

P. Afirman que España ha sido el peor país del mundo en gestión, se centran en las dos primeras olas, que es lo que narra el libro, pero otros países empezaron muy bien y tropezaron después. ¿Siguen pensando a estas alturas que España ha tenido la peor gestión de todo el mundo o una de las peores gestiones?

R. MAMG. Yo creo que en España también se han hecho cosas bien hechas, lo decimos en el libro. Por ejemplo, hablamos muy bien de la epidemióloga Marina Pollán y del estudio ENE-Covid, eso ha sido un regalo que España le ha hecho al mundo, el tener una encuesta serológica con muestra representativa nacional de gran tamaño. T

ambién se hizo muy bien lo de convertir en 24 horas Ifema en un hospital de campaña y luego construir el Isabel Zendal. No lo decimos solo nosotros, lo ha alabado la OMS y cualquiera que sepa de Salud Pública va a alabarlo.

JMG. ¿Más cosas buenas? En España tenemos un sistema nacional de salud que es muy fuerte y la población no lo valora en absoluto, confunden que no pagan con que es gratuito y no, cuesta mucho dinero. Y de aquí están saliendo especialistas vía MIR envidiados en toda Europa.

MAMG. En España dentro de la especialización de Medicina Preventiva hay auténticos líderes en temas de Epidemiología, ¿dónde han estado esas personas? Algunos de ellos son los que escriben la carta en Lancet pidiendo una auditoría independiente del Gobierno y que se levante la alfombra y se vea todo lo que ha habido debajo.

Somos de las grandes potencias intelectuales médicas, ¿por qué cuando llega un tema de epidemiología se desbarra tanto? En 2019 Bloomberg puso a España como el país más saludable del mundo y parece irónico que pasan 13-14 meses y en los rankings, solo contando las muertes oficiales, España tenía la peor tasa de mortalidad por millón de habitantes, junto a Bélgica.

P. En el libro también critican a la OMS, el ECDC europeo… No sé si han pesado las críticas que recibieron por otras crisis, como en la gripe A. ¿Es posible que por esos precedentes los organismos internacionales hayan sido más bien tibios?

R. MAMG. La OMS ha estado lenta. Incluso el British Medical Journal sacó una serie de artículos donde decía que toda esa exagerada reacción de la OMS en 2009 ante la pandemia de gripe estaba motivada por un comité interno donde había infiltrados de la industria farmacéutica que querían vender tamiflu y vacunas. Todo eso puede haber sido ahora motivo de prudencia y de retraso de declaración de pandemia.

Creo que tendrían que haber sido menos tibios para denunciar con fuerza una mentira muy grande de China que es que no hay transmisión de persona a persona. No lo reconocen hasta el 21 o 22 de enero y ellos evidentemente lo sabían de antes, podrían haberlo dicho en diciembre. ¿Y por qué se ha tardado tanto en reconocer que se transmite por aerosoles? Es el motivo por el que los sitios cerrados son los más peligrosos. Para mí los peores sitios de contagio son un coro en una iglesia cerrada y todo el mundo cantando al lado uno de otro, o una discoteca. 

Lo siguiente es una manifestación de cientos de miles de personas pegadas y gritando durante horas, pero ahí por lo menos hay viento. De los peores errores que se han cometido en el mundo en el control de la pandemia fueron el autorizar la manifestación del 8M, mítines de VOX o partidos de fútbol, todo eso, no afecta solo al Gobierno de nuestro país.

Lo que no se ha dicho tanto, y por eso le ponemos tanto énfasis en el libro, es cómo se dispersa luego eso, el error tan grave que fue cerrar las universidades sin cortar y controlar los viajes y poner las mascarillas en los trenes, aviones, autobuses, etc. que salían de Madrid a partir del día 13 de marzo.

P. En cuanto a inmunización no estamos como Israel, Estados Unidos o Reino Unido, pero estamos en una estrategia común que permite que todos los países europeos estén más igualados. ¿Cómo ven la vacunación?

R. JMG. No, el ritmo de vacunación que llevamos es malo, vamos vacunando lento porque para finales del mes que viene tiene que estar más del 70% de la población vacunada. Al principio fue muy lento, después ya cogieron ritmo, pero ha habido cosas que se podían perfeccionar.

MAMG. Debería haberse ido a un ritmo mucho más rápido, especialmente en enero, febrero y primera mitad de marzo, y hubo muchos problemas logísticos y de coordinación. En los últimos meses se ha recuperado algo, pero va a ser difícil cumplir los objetivos, nos quedaremos un poco por debajo.

P. ¿Y cómo ven el verano? Ha vuelto la ‘guerra de las mascarillas’, la disparidad entre CCAA y con el Gobierno sobre las restricciones…

R. JMG. Cualquiera que tenga un mínimo nivel intelectual entiende que ponerse la mascarilla en la playa no sirve absolutamente para nada. Algunos ayuntamientos estaban fumigando playas contra el coronavirus, creo que es la forma más graciosa que he visto de tirar el dinero público. Hay posturas que son absurdas.

¿Las personas que van montando en bicicleta por el campo deben llevarla? Pues no, pero en general para la vida normal del trabajo, de la calle sí, lo que llamamos uso universal.

Igual que han difundido y repetido mucho lo del gel hidroalcóholico, y la gente lo cumple a rajatabla, tendrían que haber hecho con la reclusión de las personas de riesgo en su domicilio y con las mascarillas, repetir y repetir, que es como se educa a la población y como se transmite, las cosas no las puedes estar cambiando día sí día no. Podremos tener un verano normal e incluso recibir turismo y movernos dentro de España si llegamos a un cierto nivel de vacunados.

UN LIBRO-DENUNCIA DE LA GESTIÓN EN ESPAÑA

La pandemia de coronavirus ha arrasado con todo el planeta, pero se ha cebado más con algunos países, entre otras causas, por una mala gestión y una politización del problema. Lo describen sin paños calientes en la obra recién publicada ‘La sanidad en llamas’ el epidemiólogo Miguel Ángel Martínez-González y el internista Julio Martínez-González. “Contamos lo que ha pasado en el 2020 para que jamás vuelva a pasar”, aseguran estos profesionales. Los además hermanos remarcan que también es un homenaje a todos los sanitarios y a las familias que no han podido despedirse de sus seres queridos antes de fallecer. ROCÍO R. GARCÍA-ABADILLO

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Las universidades catalanas solo tienen un 10% de exámenes de Selectividad en castellano

Los jóvenes y la “paz cojonuda” de Sánchez

Jesús Cacho-Vozpópul, 200621

Las bicicletas son para el verano. En la obra del gran Fernando Fernán-Gómez, la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos Manolita y Luisito comparte el día a día de la guerra civil en su piso de Madrid con la criada, los vecinos y el estraperlo. Luisito, que ha suspendido Física, lleva tiempo pidiendo a su padre una bicicleta, regalo que la guerra obliga a postergar.

En el Acto IX, y con Madrid rodeado por los sublevados y el Gobierno republicano huido a Valencia, a casa de don Luis llega el primo Anselmo, ferviente miliciano, ataviado con los colores de la CNT. Trae buenas noticias. Doña Dolores le pregunta cuándo cree que acabará “esto”, y el aludido responde eufórico que “en seguida. ¿No ves cómo les hemos sacudido en la Universitaria, en la Casa de Campo, en todo el frente. Hemos ganado la batalla.

Les hemos parado. ¿Lo habéis visto? ¡No han pasado! Y la repercusión internacional que ha tenido, porque los fascistas lo han jugado todo a tomar Madrid. Y no lo han tomado. Además, Francia va a abrir la frontera y entonces entrarán armas, víveres, lo que sea. Cuestión de días, ya os digo (…) Y todo va a ser distinto y mucho mejor que antes. Vendrá la paz, pero una paz cojonuda y para mucho tiempo.

Se terminó lo de explotadores y explotados (…) A disfrutar de la riqueza. Que trabajen las máquinas. La jornada de trabajo, cada vez más corta; y la gente, al campo, al cine o a donde sea, a divertirse con los críos o con las gachís. Pero sin hostias de matrimonio, ni de familia, ni documentos, ni juez, ni cura… Amor libre, señor, libertad en todo: en el trabajo, en el amor, en vivir donde te salga de los cojones…” Anselmo, exultante a la hora de describir la Arcadia feliz que prepara el Frente Popular, se para en seco un momento y dirigiéndose a Luisito le conmina:

-Pero tú estudia, eh? Estudia la Física esa y no hagas rabiar a tu madre.

No te fíes, Luisito, y estudia. Como Anselmo el anarquista, la izquierda lleva décadas prometiendo a los Luisitos hispanos un mundo feliz, una vida plagada de derechos y ayuna de obligaciones, donde el Estado benefactor se encargará de llevarles de la mano por la vida desde la cuna a la tumba, rodeados de privilegios que ese Estado del Bienestar con recursos inagotables se encargará de garantizar. Una “paz cojonuda” y que trabajen las máquinas.

A estas alturas del siglo XXI, cuando buena parte de nuestros jóvenes se han caído del caballo de tamaña engañifa, esa misma izquierda (con la derecha consentidora) que ha arruinado la educación de los jóvenes con la promesa del aprobado general y el título universitario para todos, esa izquierda que ha podrido sus conciencias de hombres libres dueños de su destino, esa misma izquierda, digo, pretende endosar las culpas del fracaso del modelo a la generación que ahora se está yendo, la generación heroica que nació en la posguerra y que ha sido la gran responsable del milagro económico español.

Una joven escritora, invitada días atrás a participar en un acto convocado por Moncloa a mayor gloria de Su Sanchidad, ha conseguido remover la ciénaga patria con la afirmación de que sus padres vivieron mejor que ella. “Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad”. Por lo que parece, sus progenitores nacieron a finales de los sesenta/primeros de los setenta, una época donde una notable clase media disfrutaba ya de las ventajas del desarrollismo franquista.

Peor sin duda lo pasaron sus abuelos, aquel Luisito que en plena Guerra Civil reclamaba una bicicleta para el verano y que tuvo que enfrentarse a una posguerra de ruina y miseria. Él y quienes nacieron una vez acabada la contienda. “A mi casa nunca vinieron los Reyes Magos, de modo que si quería un juguete tenía que hacérmelo yo. Nunca faltó comida y eso suponía una bendición en una España rural donde, antes de la primera ola migratoria de los sesenta, se pasaba verdadera hambre a partir de enero.

Mi padre trabajaba en el campo de sol a sol y mi madre le acompañaba en el esfuerzo criando hijos, preparando comidas, remendando calcetines y yendo a lavar la ropa al río con un banco de madera con el que, en pleno invierno, primero tenía que romper el hielo. No había festejos, ni agasajos, ni regalos. Cada uno cumplía su parte en ese implícito “contrato social” de la austeridad a rajatabla. No había engaños. Todo el mundo sabía que la vida era dura y que había que abrirse camino a dentelladas. Con el bíblico sudor de la frente.

No había premios, pero había esperanza. La confianza en una serie de valores universales inculcados desde que a uno le salían los dientes. El trabajo bien hecho, el esfuerzo continuado, el valor de la palabra dada. Y la alegría, sí, la alegría de vivir con lo puesto. La belleza limpia en una infancia muy feliz, sin consolas, sin ropa cara, sin zapatillas de marca, una alegría que ya de jóvenes, cuando tocaba levantar el vuelo, te hacia llorar al abandonar la casa de tus padres para ir a buscarte la vida en la gran ciudad. La añoranza de un tiempo perdido que no volverá”.

“Noche oscura en Barcelona. Primeros de septiembre. Un joven tan resuelto como lleno de miedo llega a la estación de Francia dispuesto a tomar un tren camino del país vecino. Lleva por todo equipaje una pequeña mochila con cuatro prendas de ropa. Con el alma en vilo, consigue colarse en un departamento donde viaja un matrimonio andaluz con un hijo de edad similar al recién llegado.

A media mañana, el tren se detiene en Narbona donde casi queda vacío. Es un convoy de vendimiadores españoles que, como esclavos en los andenes de la versión europea de la africana isla de Goree, Senegal, esperan ser contratados por viticultores franceses en época de vendimia.

Recuerdo circular sentado en un remolque, viaje al final de la noche, junto a la familia andaluza que me había adoptado como a un hijo más. Con ellos dormía en un almacén destartalado sobre un jergón de hojas de maíz. Trabajo duro, de sol a sol, extenuante, durante varias semanas. Y la alegría del esfuerzo recompensado de volver a Barcelona con un buen puñado de francos en el bolsillo que me permitió vivir y seguir mis estudios en la universidad sin pedir prestado a mi padre durante medio curso”.

No había otra que el esfuerzo. No había más salida que el trabajo. Esta es la generación que ha hecho grande a España. La que ha convertido aquel país que se comía los mocos (“Tino, como gato que hoy es San Martín”, frase con la que un vecino de mis padres animaba a su hijo cada 11 de noviembre, fiesta mayor del pueblo) en una de las economías más pujantes del planeta, con una de las mayores esperanzas de vida, con sanidad universal y educación garantizada para todos, con infraestructuras de primer nivel, con práctica erradicación de la pobreza extrema, con millones de familias dueñas de su destino, su piso, su coche, y sus vacaciones de verano.

“Porque a mi edad”, dice la joven escritora ante el asombrado auditorio de Moncloa, “mis padres tenían, claro, una hipoteca, también tenían un coche e incluso tenían una Thermomix que mi madre compró con lo que ahorró dejando de fumar, pero sobre todo tenían la certeza de que podrían mantener sus trabajos, a sus hijos y pagar la hipoteca”. Tenían, sobre todo, la ilusión de luchar por un futuro mejor para su descendencia, idea edificada sobre la piedra labrada de unos valores compartidos que los jóvenes de hoy, no sé si la escritora de marras, rechazan, porque en la vida muelle de la que han disfrutado son una antigualla de la que no puede derivarse ningún beneficio inmediato.

La generación que hizo grande a España, la que mayor y más gravoso peaje ha pagado por la incompetencia de este Gobierno en la lucha contra la covid, una generación que se está yendo en silencio, naturalmente reclama el pago de sus pensiones porque se lo han ganado a pulso, faltaría más, han pagado con creces lo que ahora reciben y, lógicamente, no quieren renunciar a ellas. Y hay un movimiento de opinión que empieza a cuestionar ese pago debido a los mayores “porque son recursos que se están hurtando a las jóvenes generaciones”.

Generaciones de jóvenes alienados que reclaman que el Estado les proporcione un empleo, les facilite casa y coche, les pague sus vacaciones y hasta les encuentre un amante. “El problema consiste en que hemos abandonado a los jóvenes”, escribía hace un par de semanas en El País uno de sus mejores periodistas. Falso. Al margen de lo inaceptable de las culpas colectivas (“¿Son igual de responsables los que defendían relajar los estándares de exigencia universitaria que los que hubieran querido mantenerlos o incluso elevarlos?”, se preguntaba aquí Benito Arruñada hace escasas fechas) no es que les “hayamos” abandonado, es que les “hemos” maleducado.

Jóvenes crecidos en la socialdemocracia rampante –de derechas o de izquierdas- que gobierna Europa desde la II Guerra Mundial. “Hemos criado a una juventud en la abundancia que piensa que solo tienen derechos y ninguna obligación, alimentada por la expectativa de que se puede vivir sin esforzarse mucho o directamente sin dar palo al agua, y cuando esas expectativas se frustran, porque la realidad no admite réplica, se genera en ellos el resentimiento del que se siente engañado”. No les “hemos” engañado, más bien “hemos” criado pequeños monstruos hedonistas, proclives al aprobado general, reñidos con la cultura del esfuerzo y convencidos de que la sociedad les debe un empleo fijo al salir de la Universidad. Es el becario que en su primer día de prácticas pregunta por sus vacaciones.

Les “hemos” hablado de un mundo que ya no existe, un mercado laboral que ha dejado de existir y un futuro que, en lugar de la Arcadia feliz que prometía el anarquista Anselmo, se presenta brutalmente competitivo, un perro mundo que reclama un colmillo afilado del que los jóvenes de la generación de la opulencia carecen. El Luisito que creció sin bicicleta hizo grande a este país, crio hijos que disfrutaron de “la repentina riqueza de los pobres de Kombach”, y después, como abuelo, constató la llegada de unos nietos perfectamente inadaptados, convencidos de haber nacido en el país de la abundancia, donde todo les seria dado como por arte de magia.

Una generación víctima de unas leyes educativas (todas salidas de la factoría PSOE) que le condenan al empleo precario. Una de las peores educaciones secundarias de Europa. La elección de titulaciones entre el estudiantado español sigue las pautas medias del resto de países de la UE, con la mayoría inclinándose por las ciencias sociales y jurídicas, pero el problema de España es la baja calidad de una enseñanza que camina del brazo del bajo nivel de exigencia. Dramático.

“El nivel de desempleo comparativamente mayor que el de sus homólogos del área del euro podría obedecer, entre otros factores, a una menor calidad de la educación superior”, asegura un informe del Banco de España (“La situación laboral de los licenciados universitarios en España: comparación con el área del euro”), que sostiene que la tasa de paro de los universitarios españoles con edades comprendidas entre los 30 y los 34 años dobló en 2018 la de sus colegas europeos. En términos comparativos, este es el país con mayor número de titulados y con peor calidad. La ausencia de un capital humano bien formado en aquellas especialidades que reclaman las empresas se traduce en un sector privado incapaz de absorber esa masa de titulados con ofertas de empleo adecuadas.

Es un problema que ha creado la izquierda (después de haber menospreciado la formación profesional) y su obsesión por “democratizar” la enseñanza, por hacer accesible la educación secundaria a todo el mundo sobre la base de devaluarla, casi de regalar los títulos. Leído ayer mismo en el Diario de León: “Un total de 1.813 estudiantes de los 2.005 matriculados en León y Ponferrada superaron las pruebas de Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (Ebau) correspondientes a la convocatoria de junio de 2021, lo que equivale al 98,11% de los presentados (frente al 93,72% del año 2020), y con notas de hasta 13,793 puntos”. Una universidad que se regala.

La consecuencia es que el ascensor social ha dejado de funcionar: todo el mundo tiene un título, pero ninguno, o casi, vale un pimiento, una realidad cuyas secuelas sufren las familias con menos renta, gente que no tiene acceso a los colegios privados y cuyos hijos están obligados a estudiar en universidades públicas. El chico talentoso de familia humilde que en el franquismo era capaz de estudiar con beca toda la carrera y romper con su solo esfuerzo las barreras sociales escapando del lugar en la jerarquía al que parecía condenado, ha pasado a mejor vida.

Hoy manda el dinero de las familias con recursos, de modo que, efectivamente, hay un porcentaje de jóvenes que son los mejor preparados de la historia porque sus padres, en general familias estructuradas en torno a una serie de valores “tradicionales”, se han gastado buena parte de sus ahorros enviando a sus hijos a los mejores colegios para darles la mejor educación posible, y un porcentaje muy alto de titulados en universidades públicas, con estudios de baja calidad que no reclama el mercado, y que solo son empleables a salarios muy bajos, razón que explica que las disparidades de renta no dejen de crecer.

Una universidad en estado de coma. “El futuro de la Universidad está en manos de pedagogos y burócratas; como yo no pertenezco a ninguno de esos dos clanes, me voy de ella”, escribía esta semana Miguel Ángel Quintana Paz. Ahora ha llegado la ministra del ramo, Isabel Celaá, para darle la puntilla a la educación en general y a la enseñanza secundaria en particular. Según el nuevo real decreto con los criterios de promoción y titulación para 2021/22, los alumnos podrán pasar de curso en Primaria y Secundaria sin límite de suspensos.

La Ley Celaá también permitirá presentarse a la Selectividad sin haber aprobado todas las asignaturas. Los exámenes dejarán de tener importancia, porque, según esta siniestra señora, la evaluación de los alumnos en España “suele penalizar los errores”. Igualmente se evitará a toda costa que el alumno repita curso, decisión que quedará en manos del cuerpo docente de forma colegiada, es decir, de esos profesores amenazados por los padres cuando suspenden a sus hijos.

La doña está dispuesta a llenar la universidad de gente incapaz de poner una tilde escribiendo en castellano o cometiendo todo tipo de faltas de ortografía. Un caso extremo de enaltecimiento de la ignorancia. “Para renunciar a suspender hay que renunciar a enseñar. La Ley Celaá, cuna de ignorantes y fábrica de necios, renuncia a la cultura en general y al esfuerzo en particular, a que los profesores enseñen y los alumnos aprendan. Todos, como la cabaña asnal de Sánchez, lograrán el título de doctores cum fraude” escribía esta semana Federico J. Losantos.

Que nadie dude de que la señora Celaá y la cúpula socialista seguirán llevando a sus hijos, como han hecho siempre, a los mejores colegios privados, lejos de una enseñanza pública estabulada y conscientemente devaluada que condena a los jóvenes a la precariedad y al paro. Se trata de seguir engañándoles con el collar de abalorios del cambio climático, la ideología de género, el feminismo rampante y otros adminículos de similar porte que componen la realidad virtual que el socialismo pretende implantar en este país.

La realidad evanescente de esa “paz cojonuda”, que diría Anselmo el anarquista, que quiere regalarnos el truhán (“chocarrero burlón, hombre sin vergüença, sin honra y sin respeto”, Sebastián de Cobarruvias) que nos gobierna, la píldora de la España federal y sus 17 estaditos que pretende hacernos tragar con la ayuda de los grandes grupos de comunicación y el aplauso entusiasta de BotinesPalletes y Galanes, dispuestos todos a reírle las gracias y pasar la gorra, una realidad virtual que ciertamente desaparecería del mapa en cuanto el BCE dejara de comprar deuda española.

La situación de la juventud (“nos dedicamos a sobrevivir” titulada el diario gubernamental hace un par de domingos) afecta al crecimiento y la creación de riqueza, porque sin ese capital humano de calidad salido de la universidad el crecimiento de la economía se ralentiza para concretarse en un PIB incapaz de seguir la senda de los países más ricos. “Llevamos décadas estafando a una parte de la sociedad. Con alevosía, hasta ahora”, remataba el periodista arriba mencionado del mismo diario, “y no nos extrañemos el día que los estafados decidan defenderse”.

Sería genial, sin embargo, que decidieran defenderse trabajando duro para labrarse un futuro por sí mismos, lejos del paraguas del Estado leviatán dispuesto a disolver la responsabilidad individual en la masa de los resignados al subsidio colectivo. “La raíz de la historia es el ser humano que trabaja, que crea, que modifica y supera las circunstancias dadas. Si llega a captarse a sí y si llega a fundamentar lo suyo, sin enajenación ni alienación, en una democracia real, surgirá en el mundo algo que ha brillado ante los ojos de todos en la infancia, pero donde nadie ha estado todavía: patria”, escribe Ernst Bloch en el párrafo final de su obra más notable, “El principio esperanza”.

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El diputado letón Boris Cilevics, con miembros de la ANC en Barcelona.
El diputado letón Boris Cilevics, con miembros de la ANC en Barcelona.EL MUNDO

Los jueces piden al Gobierno que evite que el Consejo de Europa respalde un informe que cuestiona a la Justicia española por el ‘procés’

“Poner en cuestión la calidad de la democracia en España y la labor de los Tribunales constituye una falacia que debe ser reparada”, afirman tres asociaciones judiciales

Manuel  Marraco en El Mundo, 190621

Tres asociaciones judiciales han pedido de forma conjunta al Gobierno que «impida» la aprobación el próximo lunes por parte de la Asamblea del Consejo de Europa de un informe que cuestiona la actuación de la Justicia española en el procés.

«Poner en cuestión la calidad de la democracia en España y la labor de los Tribunales y su defensa de los derechos fundamentales, insinuando una complicidad en la persecución ideológica de sus ciudadanos, constituye una falacia que debe ser reparada, evitando que se consoliden declaraciones sin fundamento que perjudican la imagen de la Justicia y de la propia percepción de España, como Estado de plenas garantías», afirma el documento suscrito por la Asociación Profesional de la Magistratura, la Asociación Judicial Francisco de Vitoria y el Foro Judicial Independiente. No ha firmado la progresista y tercera en representación Juezas y Jueces para la Democracia.

El informe ha sido elaborado por el diputado del Parlamento letón Boris Cilevics, que según las asociaciones judiciales se ha alineado con las tesis de los condenados en el juicio del 1-O. «Se realizan afirmaciones que ponen en entredicho la objetividad y transparencia del Poder Judicial en España y su compromiso de garantizar la libertad y los derechos fundamentales de todos los ciudadanos».

Las asociaciones instan al Gobierno a que «despliegue los instrumentos diplomáticos en su mano para impedir la aprobación del proyecto de declaración». Además de que apenas hay margen porque la votación es el lunes, lo cierto es que algunas afirmaciones del informe respaldan los planes del Gobierno de indultar a los condenados y de reformar el Código Penal para rebajar las penas del delito de sedición.

La principal queja de los jueces es que se considere que las condenas se han producido por meras «discrepancias políticas». El comunicado recuerda la excelente calificación que se le da a España en los ránkings más relevantes sobre calidad democrática y que el propio organismo anticorrupción del Consejo de Europa resalta la independencia de los jueces españoles.

El documento se dirige también a los partidos con representación en la Asamblea del Consejo de Europa, a los que pide que en el debate «expongan con claridad que la declaración se aparta radicalmente de la realidad del funcionamiento de los órganos judiciales en España».

Asimismo, pide al Consejo General del Poder Judicial que se pronuncie «oficialmente» sobre el informe y denuncie públicamente «las falsedades e inexactitudes» que contiene para «evitar» una declaración que «lesiona el prestigio del Poder Judicial y la necesaria confianza en su recto funcionamiento cara a los ciudadanos».

Por otra parte, ayer se conoció un comunicado de un centenar de juristas contrarios al indulto de los presos del 1-O «por razones de oportunidad política». «Consideramos que la concesión de indultos a los políticos condenados por la sentencia del procés presenta graves riesgos para la defensa del Estado de Derecho y la separación de poderes», dicen los juristas, entre los que hay 18 catedráticos.

Su concesión, añaden, «ahonda en la convicción de muchos ciudadanos de que el Estado de Derecho no rige para todo el mundo por igual y de que los políticos gozan de un estatuto diferente y privilegiado frente a las leyes vigentes».

Piden al Gobierno que impida aprobar el documento que respalda las tesis de los condenados del ‘procés’

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Raúl Arias
Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

 

¿Por qué regresar a Venus?

Sí, ha llegado el momento de volver la mirada a nuestro entrañable Venus, el más brillante de los astros del cielo nocturno.

Rafael Bachiller, en El Mundo, 190621.

ACE unos días se anunciaba el lanzamiento de tres naves espaciales que explorarán Venus en el horizonte de 2030. Al anuncio de la agencia espacial estadounidense, NASA, dando luz verde a dos nuevas misiones denominadas DAVINICI+ y VERITAS, siguió otro de la agencia europea, ESA, confirmando el lanzamiento de EnVision.

La selección de las dos misiones de NASA ha obligado a descartar por el momento otras dos que iban dirigidas al estudio de Io, una de las lunas más interesantes de Júpiter, y de Tritón, la gran y misteriosa luna de Neptuno. Con agua abundante, algunas de las lunas de los planetas gigantes son auténticos mundos-océano, muy prometedores a la hora de buscar vida extraterrestre.

Afortunadamente, las misiones JUICE de la ESA y Europa Clipper de NASA explorarán algunas de estas lunas, un trabajo que se llevará en paralelo con la construcción de las nuevas naves que visitarán Venus.

Muchos estamos de acuerdo en que nuestro planeta gemelo y vecino más cercano había sido descuidado por las agencias espaciales durante demasiado tiempo. En efecto, la última misión de NASA a Venus (Magallanes) databa de 1990. Afortunadamente, la agencia europea lanzó Venus Express en 2005 y la japonesa (JAXA), la Akatsuki en 2010, pero esta última resultó exitosa solo parcialmente.

Hay que ser conscientes de que, en el momento en que las nuevas misiones alcancen Venus (allá por 2030), habrá pasado mucho tiempo desde las últimas visitas y todos habremos estado concentrados mayoritariamente en Marte durante décadas. Por todo ello, la elección de Venus como próximo objetivo estratégico de NASA y ESA ha sido celebrada por un amplio sector de la comunidad de astrónomos. Sí, ha llegado el momento de volver la mirada a nuestro entrañable Venus, el más brillante de los astros del cielo nocturno.

Venus había saltado a la actualidad en septiembre pasado, cuando se anunció la detección de fosfeno (o fosfina) en su atmósfera, una sustancia química que podría ser producida por microbios. Sin embargo, estudios posteriores pusieron inmediatamente en duda el supuesto descubrimiento. En mi opinión, tras las últimas comprobaciones, no hay evidencia científica de que el fosfeno esté presente en Venus; creo que las primeras conclusiones se anunciaron demasiado eufórica y rápidamente.

Pero también considero que este es un ejemplo muy ilustrativo de cómo funciona el método científico: observar, experimentar, medir, concluir y verificar, verificar hasta la extenuación, con todas las técnicas que sean oportunas, aunque ello lleve a los científicos a desdecirse, iterando y corrigiendo hasta acercarse a la realidad tanto como sea posible.

Lo cierto es que, con o sin fosfeno, Venus es suficientemente interesante por sí mismo. Resulta sorprendente que dos mundos gemelos, Venus y la Tierra, hayan seguido trayectorias evolutivas tan diferentes que hicieron de la Tierra un paraíso y de Venus un infierno. Aunque, en la actualidad, nuestro planeta hermano tiene una temperatura superficial de casi 500 grados Celsius, no parece imposible que haya sido habitable en un pasado lejano, quizás con agua líquida sobre su superficie hace unos cientos de millones de años.

Debido a su atmósfera tan espesa, se sabe muy poco de la superficie de Venus, de sus cráteres y de su actividad volcánica. Desde el espacio es imposible ver la superficie, y solo el radar ha permitido, hasta ahora, estudiar su rica orografía y llegar a dibujar un mapa global, pero que no tiene el detalle que sería indispensable para estudiar la actividad y estructura geológica del planeta. Las naves VERITAS y EnVision, proyectadas ahora, orbitarán en torno a Venus a una altitud de unos 250 kilómetros para, entre muchos otros objetivos, obtener nuevos mapas de radar que permitirán apreciar detalles en la superficie de tan solo 2,5 metros de tamaño.

También debido a su peculiar atmósfera, Venus nos ofrece un caso extremo de efecto invernadero donde algunos efectos atmosféricos pueden ser más evidentes (por estar más exagerados) que en la atmósfera terrestre actual. Quizá algunos de estos efectos podrían llegar a hacerse importantes en la Tierra si el efecto invernadero siguiese progresando en nuestro planeta.

Al penetrar en la atmósfera de Venus, y descender por ella, la sonda DAVINCI+ tomará datos de las nubes y los vientos, de la presión y la temperatura. Además, analizará la composición química con alto grado de detalle. Y tomará imágenes de la superficie según se aproxima a ella.

VERITAS y DAVINCI+ son dos pequeñas naves del llamado programa Discovery, el de menor coste de los de NASA, mientras que EnVision es una misión de tipo medio de ESA. El presupuesto ronda los 500 millones de dólares para cada una de estas misiones. Es decir, la suma de todas ellas queda muy debajo de los 3.000 millones de dólares que cuesta una misión del programa Flagship de NASA. Sin embargo, gracias a su gran complementariedad, los objetivos combinados de estas tres misiones a Venus no son mucho menores que los de una típica Flagship.

No voy a insistir aquí en los innumerables beneficios que reporta la investigación espacial, sobre su impacto tecnológico y, por tanto, económico. Se calcula que cada dólar invertido en el programa espacial Apollo de la NASA generó 20 dólares de beneficio. Se estima que, actualmente, la inversión espacial multiplica su impacto económico por un factor que puede llegar a 60.

El teflón, el kevlar, las telas ignífugas, el velcro, los códigos de barras, varios sistemas de purificación de agua y de desinfección, los audífonos digitales, las bombas cardíacas miniaturizadas… son algunos de los avances que han sido alcanzados gracias a la aplicación de tecnologías desarrolladas en el ámbito espacial.

Además de participar en la misión europea, varias agencias espaciales nacionales de Europa (la francesa CNES, la alemana DLR y la italiana ASI) ya han anunciado su colaboración con NASA en sus misiones a Venus. En España, tenemos un sector espacial muy pujante. Gracias sobre todo a nuestra participación en ESA, se ha creado un tejido empresarial y académico que aúna esfuerzos por mantener una fuerte actividad internacional muy competitiva.

Por ello es especialmente adecuado el reciente anuncio del Gobierno de la creación de una Agencia Espacial Española, algo que venía siendo demandado por todo nuestro sector espacial durante muchos años. La creación de esta agencia optimizará recursos, propiciará la colaboración bilateral con agencias de otros países, como NASA, la japonesa JAXA o la china CNSA, y nos facilitará jugar un papel importante en estos programas de Venus.

PASANDO a pensar en un plano diferente, podríamos especular sobre el interés de la creación de una agencia espacial de alcance mundial, al menos una gran federación que aúne los esfuerzos de todas las agencias existentes. Y es que, en mi opinión, además de los numerosos beneficios prácticos que reporta, la exploración espacial es la expresión más actual de la curiosidad y del espíritu aventurero que son inherentes al ser humano. Los proyectos espaciales actuales son ya demasiado ambiciosos como para ser llevados a cabo de manera individual por una nación, o por un grupo de naciones, como es el caso de Europa.

Un programa espacial de alcance planetario promovería la cooperación, en lugar de la competición, permitiendo así abordar objetivos mucho más ambiciosos que los que pueda considerar cualquier programa regional. El estudio de Venus brindaba una ocasión muy propicia para haber diseñado una única misión desde el principio. Contando con la coordinación de esfuerzos entre las diferentes agencias del mundo se habría podido diseñar una única misión más coherente y mucho más ambiciosa que lo ofrecido por la suma de estas tres naves.

Además, un programa espacial mundial tendría un alcance político y social sin precedentes, pues fomentaría una perspectiva global de los asuntos humanos. Muchos de los retos que tenemos hoy planeados son de alcance planetario. La pandemia que estamos atravesando es un buen ejemplo. Una agencia espacial mundial podría servir de ejemplo de cómo construir una estructura federativa mundial que tenga objetivos muy específicos. Creo que tales estructuras serán necesarias para resolver problemas de escala global, como el cambio climático, y que potenciarán la creación de una conciencia y de un patriotismo a nivel planetario.

Son ideas que ya he expresado en otros lugares y que convergen con las de pensadores como el venerable Edgar Morin (autor de Tierra patria) o de la ya desaparecida Barbara Ward (autora de Tierra nave espacial).

Recordemos cómo las primeras imágenes de la Tierra tomadas desde el espacio tuvieron un impacto emocional tan potente que condujeron a una concienciación sin precedentes sobre la fragilidad de nuestro mundo y al desarrollo de movimientos ecologistas. La perspectiva espacial nos hace sentirnos, a todos nosotros, terrícolas, ciudadanos de un mismo mundo, patriotas de una única, bella y frágil patria azul.

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Moreno Bonilla o la otra manera de ganar al PSOE

Moreno Bonilla o la otra manera de ganar al PSOE

Pedro J. Ramírez en El Español, 200621

l jueves por la mañana, casi a la vez que Isabel Díaz Ayuso aprovechaba su discurso de investidura para arremeter una vez más, con brillante contundencia, contra un gobernante que “amenaza a Madrid”, “vive de la mentira” y “negocia en la oscuridad” -adivinen a quién se referiría-, tenía lugar en la Moncloa un importante encuentro. Su repercusión quedó opacada también por el chirrido del simultáneo patinazo de Garamendi, apoyando los indultos sin haberlo consensuado en la CEOE.

Como si su destino fuera ir avanzando siempre entre el estruendo ajeno, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, mantuvo esa mañana una fructífera conversación de dos horas con Pedro Sánchez. No porque alcanzaran acuerdos concretos de especial calado, sino porque sirvió para reactivar una relación personal que se remonta a los tiempos en que como diputados rasos competían, a modo de teloneros, en los debates nocturnos de los canales de baja audiencia.

Y porque esa buena sintonía sentó las bases de un calendario que puede permitir a Andalucía beneficiarse de una ejecución coordinada de los fondos europeos y de una postura compartida en el inminente cierre de la reforma de la Política Agraria Común.

El encuentro dejó patente que Moreno Bonilla y Sánchez coinciden en querer agotar la legislatura andaluza que concluye en diciembre de 2022. El uno porque quiere recoger los frutos de su eficiente gestión durante la pandemia, en forma de un crecimiento mayor que el de la media nacional; el otro porque necesita tiempo para que su pupilo, el vencedor de las primarias Juan Espadas, se asiente en el partido que aun controla Susana Díaz y se dé a conocer como candidato fuera de su feudo sevillano.

Moreno Bonilla desoirá pues los cantos de sirena de la extrema derecha y no emulará el adelanto electoral madrileño -entre otras cosas porque Juan Marín, el cabal vicepresidente de Ciudadanos, no es Aguado- “salvo que me encuentre acorralado en el Parlamento”. Esta coletilla, en su comparecencia en la Moncloa, se refería obviamente a la tentación del PSOE andaluz de hacerle la pinza con Vox para bloquear leyes esenciales.

A menos que esa anomalía se agudice, estaremos pues ante el primer año y medio sin contiendas electorales desde 2015. Una ventana de oportunidad en la que, si el separatismo catalán da al menos una tregua mientras engulle los indultos, todos los esfuerzos pueden concentrarse en la recuperación económica. Y, en el caso de Andalucía, una ocasión única para que, creciendo por encima del 7%, como prevé la Junta, se reanude el cierre de su secular brecha con el resto de España en renta per cápita, interrumpido durante las cuatro décadas de hegemonía socialista.

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Moreno Bonilla y su equipo son conscientes de que, con esa reunión tan prolongada y un trato tan deferente, Sánchez les ha utilizado de pantalla para comportarse de forma aun más obsequiosa con alguien que, como Pere Aragonés, ha sido investido con un programa incompatible con el orden constitucional. Por algo la cita se ha consumado precisamente ahora, dos años y medio después de que el nuevo presidente andaluz la solicitara.

Pero también él ha aprovechado la coyuntura para colar en el debate -lo hizo en la inauguración de nuestro Foro Económico Español en Sevilla– la bilateralidad con el Gobierno central. Si va a haber Mesa con Cataluña, que la haya también con Andalucía, la comunidad más poblada de España. Pero “no para tratar asuntos de deslealtad institucional sino de interés general”.

Y tanto el propio Sánchez como, de manera explícita, el ministro Iceta, en la clausura de ese simposio, no tuvieron más remedio que recoger el guante, a través del formato de la Comisión Bilateral, prevista en el Estatuto andaluz, que se comprometieron a convocar. Iceta lo hizo, además, en una bien trabada intervención, en la que rindió homenaje al recién fallecido Manuel Clavero Arévalo, enlazando sus ideas con “esa nueva palabra, la cogobernanza, a la que yo siempre he llamado federalismo”.

Fue una referencia clave, más allá de la cortesía necrológica, en un momento en el que el PP ha logrado consolidar la figura contemporánea y constitucional de Clavero como “padre de la autonomía andaluza”, frente al mito derrotista de Blas Infante alentado por la izquierda. Y es que el tantas veces caricaturizado impulsor del “café para todos” fue quien realmente sentó las bases de ese desarrollo federalizante del Estado autonómico, reivindicado ahora como la España de los “ciudadanos libres e iguales”.

Digo “federalizante”, y ese es el matiz de mi discrepancia con el ministro, porque la esencia del federalismo, tan asociado a parte del liberalismo español del XIX, está en el reconocimiento de diversas fuentes de soberanía y eso sólo lo hizo la malhadada Primera República que terminó en el “¡Viva Cartagena!”. España se formó en el siglo XV como nación de naciones, o más exactamente como reino de reinos, pero tanto la Constitución de la Segunda República, con su “Estado integral”, como la del 78, con su “Estado autonómico”, no reconocen otro sujeto constituyente ni otra fuente de soberanía que la del pueblo español en su conjunto.

Lo relevante es en todo caso la habilidad con que Moreno Bonilla ha logrado meterse en el debate territorial. Su posición contraria a los indultos quedó claramente expresada el jueves en Moncloa, a pesar del esfuerzo que Sánchez dedicó a tratar de influirle. El también haría suya la tesis de Garamendi, si el perdón “acabara definitivamente con la inestabilidad y la confrontación”. Pero -añadió con los pies en el suelo- “sabemos positivamente que eso no va a ser así”.

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El presidente andaluz no estuvo en la plaza de Colón ni secunda ninguna de las iniciativas que forman parte de la dinámica de confrontación de Vox, a pesar de que depende de su apoyo parlamentario. El tiene claro que la sociología electoral andaluza es muy diferente a la de Madrid y está convencido de que la táctica política de Ayuso no le daría a él buen resultado. Por eso se aferra a su proverbial templanza, al “cambio de las cosas sencillas” y a una afabilidad a prueba de bomba.

“Andalucía tiene una tradición muy acusada de centro izquierda, con un sector del electorado muy identificado con la socialdemocracia”, asegura uno de sus más estrechos colaboradores. “Por eso es tan importante que Ciudadanos no desaparezca y cubra ese flanco”.

Pero, más allá de esa táctica, la sintonía entre el programa que viene aplicando Moreno Bonilla y el que acaba de anunciar Ayuso difícilmente podría ser mayor. Al menos en tres de sus cuatro pilares: bajada de impuestos, reducción de trabas administrativas y refuerzo de los servicios públicos.

Según los datos que facilitó el consejero de Presidencia, Elías Bendodo, número dos de facto y gran muñidor de la Junta, la reducción tributaria en Andalucía supuso sólo el primer año más de 600 millones de ingresos adicionales, mediante la aportación de 118.000 contribuyentes más. Si a ello se le une la supresión de múltiples trámites burocráticos y la creación de la Unidad Aceleradora de Proyectos de la Junta, se entiende que el PIB y el empleo cayeran en 2020 menos que en el conjunto de España y se estén recuperando en 2021 más deprisa. Y que al mismo tiempo se haya podido incrementar en tres mil millones la inversión pública en Sanidad y Educación.

Quién iba a decir que Andalucía se iba a convertir, en paralelo, rompiendo todos los tópicos, en la comunidad con mayor número de autónomos dados de alta en la Seguridad Social. Por encima, sí, de Cataluña o Madrid.

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Una euforia contenida se está abriendo camino en el gobierno de la Junta, a medida que su vacunación record va doblegando la pandemia. “Hemos pinchado ya más de seis millones de dosis en el deltoide de los andaluces”, dice el popular consejero de Salud Jesús Aguirre. “Vacuna que llega, vacuna que ponemos”.

La incidencia acumulada aun duplica la media nacional, por los contagios entre jóvenes en reuniones familiares –“Comuniones, bodas… todo eso que teníamos atrancado”, según Aguirre- pero la tasa de hospitalizados ha caído exponencialmente y ya se vacuna a los treintañeros.

El vicepresidente y consejero de Turismo, Juan Marín, subraya que las reservas hoteleras para el verano y otoño rondan ya el 85% de la planta y que los hechos demostrarán que si alguien merece el piropo de “resiliente” es el sector turístico andaluz, en el que la Junta ha volcado sus ayudas de emergencia.

Con turismo y sin Covid, los Fondos Europeos pueden ser el maná que haga germinar Andalucía, regando también sectores tan potentes como el agroalimentario, el aeronáutico o el de las energías renovables. “Si nos preguntasen por una parte de España con futuro, potencial y oportunidades es probable que pensemos en primer lugar en Andalucía”, asegura el presidente de EY, el gaditano Federico Linares, en su recentísimo informe “Perspectiva Andalucía”.

Moreno Bonilla quiere hacer de su comunidad la “plataforma tecnológica del sur de Europa” y Bendodo acaba de presentar un proyecto para dotar al litoral andaluz de infraestructuras de amarre de cables submarinos para las grandes operadoras tecnológicas. Otros consejeros comparan Andalucía con California o Florida e incluso el elocuente titular de Hacienda, Juan Bravo -uno de los liberales con mayor proyección en el PP- la percibe, como “el golfo Pérsico de España”, gracias al auge de las renovables.

Todo ello, impulsando “una revolución verde” -en esto también coinciden con el programa de Ayuso- que tendrá como pieza clave la Ley de Economía Circular que la consejera de Agricultura Carmen Crespo presentará en septiembre. Será una norma “pionera en España” con más de 300 aportaciones, enfocadas a la reutilización de los recursos, según las reglas de la sostenibilidad. Como si el alpeorujo de cada almazara sirviera para volver a fertilizar el olivar del que procede.

Como dijo Moreno Bonilla el lunes, “Andalucía tiene un plan” y, a juzgar por los últimos sondeos, los andaluces se lo creen. Si ahora hubiera elecciones -que no las habrá- ocurriría algo parecido a lo de Madrid: el PP pasaría de ser la segunda fuerza, siete puntos por debajo del PSOE, a acercarse, junto a un Ciudadanos muy menguante, a la mayoría absoluta para poder seguir gobernando sin Vox.

La única diferencia con el caso de una Ayuso siempre en orden de combate es el énfasis que Moreno Bonilla y su equipo ponen en el cuarto pilar de su proyecto: el “diálogo con todos los partidos”. De hecho, el presidente de la Junta llegó a Moncloa con una plataforma de reivindicaciones consensuadas, tras una ronda de contactos con las demás fuerzas.

¿Y qué hizo el hábil estratega que es Elías Bendodo durante las dos horas que duró el encuentro de Moreno Bonilla con Sánchez? Pues mantener una reunión paralela de sherpas con Iván Redondo y Paco Salazar. Su intercambio de teléfonos puede ser a la vez el comienzo de una amistad y el primer movimiento de una partida de ajedrez con mucho futuro en liza. Recurran a Platón para decidir quien juega con las negras.

Pedro J. Ramírez, director de El Español.

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La literatura latinoamericana da un giro hacia el futuro
Federico Rios Escobar para The New York Times

La literatura latinoamericana da un giro hacia el futuro

“No entienden muy bien quién es abuelo, quién tío, quién bisabuelo; las viejas etiquetas les deben parecer espesas e imprecisas”, afirma el narrador de Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet. El hombre —que resucita en el cuerpo de una mujer tras flotar durante setenta años en el mundo virtual donde habitan millones de conciencias— dice en otro momento sobre los jóvenes: “Son la última generación; en adelante no habrá generaciones sino multiplicaciones”.

A través de la ficción especulativa —y por momentos absurda— el escritor interviene en la discusión actual sobre la identidad, la memoria o la tecnología. Estrategias parecidas encontramos en libros de Marcelo Cohen, Samanta Schweblin, Edmundo Paz Soldán, Fernanda Trías, Rita Indiana, Alberto Chimal, Gabriela Alemán, Juan Cárdenas, J. P. Zooey o Liliana Colanzi. Han proliferado los relatos y novelas de autores latinoamericanos que fabulan realidades alternativas o futuras, casi siempre con intención irónica, política y queer.

La ciencia ficción más heterodoxa se ha vuelto medular en la literatura de América Latina. Especialmente castigada por la pandemia, con la migración siempre en el horizonte y víctima de una polarización política que cada día se vuelve más extrema, la región está encontrando en su literatura los futuros que sus políticos son incapaces de imaginar. Las nuevas mitologías, que los lectores sin duda necesitan, son construidas por los escritores mediante la hibridación de las cosmovisiones indígenas con las maestras del feminismo, de la tecnología con el humor, del ensayo con la ciencia ficción.

Tras un canon que —desde Juan Rulfo o Gabriel García Márquez hasta Roberto Bolaño o Elena Poniatowska— exploró sobre todo el pasado o el presente, han llegado nuevas generaciones que incluyen en sus intereses también el porvenir. Si los autores del Boom latinoamericano tradujeron al español los hallazgos técnicos de William Faulkner o Ernest Hemingway, los escritores nacidos en las últimas cuatro décadas del siglo pasado versionan las ideas y las propuestas de Ursula K. Le Guin o Donna Haraway.

Encuentran otros modelos inesperados en las artes conceptuales y las narrativas digitales. Los une la voluntad de sacudir los géneros, sexuales y textuales: quienes no se sitúan directamente en una posición feminista, se mueven en el ámbito de lo queer; y todos remezclan imaginarios muy diversos.

En muchos de ellos la migración aparece como una pregunta clave y dolorosa. En el relato “Hermano ciervo”—del libro Tierra fresca de su tumba, de Giovanna Rivero—, por ejemplo, la protagonista estudia el género fantástico y su novio, la clonación de los camélidos. Ambos sienten que sus familiares, en un país lejano, se han convertido en otras personas, al tiempo que ellos mismos también sufrían una mutación.

Para sobrevivir en Estados Unidos, él se somete a experimentos médicos que lo convierten en “sujeto prospectivo”, con abundantes extracciones sanguíneas. Cuando llega a la fase X, la última, con “ese tipo de registro que usaban los de la serie Expediente X”, a ella le obligan a ponerse un traje antibacterial para su despedida.

La lectura política es obvia: a cambio de ayudarles a progresar intelectualmente, el imperio les chupa la sangre. Pero no lo es tanto la interpretación en términos genéricos. Mientras su novio dona su cuerpo, en vida y por entregas, a la ciencia ficción, la narradora estudia la carta astral de su hermano muerto o asiste a la muerte de un animal salvaje. Dos fuerzas chocan en ese relato: el poder de lo antiguo y el de lo contemporáneo. De su síntesis, parece decirnos, depende la suerte de lo que vendrá.

“Lo que hay aquí, en esta antología, es un intento por contribuir, desde la incomodidad con el presente, con algunos hilos que puedan entrelazarse y tejerse para hacer otros mundos”, escribe la artista y escritora mexicana Verónica Gerber Bicecci en el prólogo a En una orilla brumosa. Se trata de un volumen colectivo de relatos y ensayos que se apropian de ciertos recursos de la ciencia ficción para imaginar un catálogo de futuros que no se parecen a los del cine y la televisión, que no persiguen el espectáculo sino la especulación. El lenguaje sigue siendo la mejor herramienta para diseñar escenarios alternativos.

Aunque todo escritor está por naturaleza interesado en la tradición y en la memoria, este inicio de siglo señala una progresiva atención de la literatura latinoamericana hacia lo porvenir. Ese giro importante del foco de interés, del pasado y el presente hacia la proyección de futuros, puede deberse a motivos históricos.

Los autores del Boom, contemporáneos del Che Guevara o de Salvador Allende, vivieron las revoluciones de Latinoamérica. Los de hoy han sufrido las consecuencias de que fueran neutralizadas por las dictaduras o condenadas por sus propios líderes a una lenta autodestrucción. La literatura ocupa ese lugar vacío —el de los proyectos colectivos del mañana— y lo convierte en un poderoso generador estético y filosófico.

Aunque predomine en estos momentos la distopía (sanitaria y política en Allá afuera hay monstruos, de Paz Soldán, o Mugre rosa, de Trías; tecnológica en Kentukis, de Schweblin; ecológica en El ojo de Bambi, de Gerber Bicecci), muchos de los autores de las nuevas generaciones, después de décadas de desilusión, han sido testigos en los últimos años de algunos mensajes de esperanza. Desde las movilizaciones masivas, de norte a sur, a favor de la despenalización del aborto o del matrimonio igualitario, hasta el cambio constitucional en Chile. Podríamos estar en un punto de inflexión entre las ruinas y el optimismo.

¿Será la tercera década del siglo XXI la década de la tensión entre los últimos estertores de los relatos distópicos y nuevas formas literarias de la utopía? Para poder responder a esa pregunta, seguiremos leyendo. Con la conciencia de que el futuro no está escrito. Y que todo un continente permanece abierto a la historia y a la imaginación.

Jorge Carrión (@jorgecarrion21) es escritor y director del máster en Creación Literaria de la UPF-BSM. Sus últimos libros publicados son Contra Amazon y Lo viral. Es el autor del pódcast Solaris, ensayos sonoros.

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La estatua del general Charles de Gaulle en París.
La estatua del general Charles de Gaulle en París.

A Voltaire no se le encarcela

Fue De Gaulle y no Sartre quien salió engrandecido del lance y de la historia entera.

Difícil superar a Jean-Paul Sartre. Y especialmente su prefacio a Los condenados de la tierra, el panfleto del psicoanalista y filósofo anticolonialista Frantz Fanon, esencial para entender las violentas guerras de liberación nacional de los países del Tercer Mundo.

Bastan dos frases de este texto famoso. “Leed a Fanon: sabréis que en tiempos de impotencia, la locura asesina es el inconsciente colectivo de los colonizados”. “Al principio de la revuelta hay que asesinar: abatir a un europeo es matar dos pájaros de un tiro, suprimir a la vez a un opresor y a un oprimido: quedan un hombre muerto y un hombre libre; el superviviente siente por primera vez bajo sus pies el suelo de la nación”.

Ahora nos revuelven el estómago, pero en 1961, en la época de su publicación, en el momento álgido de los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo, suscitaban otro tipo de reacciones. El presidente de la República, Charles de Gaulle, se lo dijo bien a las claras al ministro del Interior, que tenía ya preparada la orden de detención: “No se encarcela a Voltaire”.

El anciano general se las sabía todas. Tenía perfecta conciencia de la impunidad del gran intelectual, que podía exhibir e incluso defender con argumentos crueles y obscenos su colaboración con el terrorismo argelino. Pero sabía que era un símbolo internacional de Francia, como Edith Piaf, Brigitte Bardot o el Citroën dos caballos. Gracias a la protección que le otorgó, Sartre pudo seguir años más tarde con sus apologías de la violencia en La Cause du Peuple, el órgano de la maoísta Gauche Prolétarienne que le nombro director de la publicación.

Las peleas que aquí nos ocupan en torno a los indultos y a los castigos penales y administrativos por malversaciones y delitos vinculados al proceso independentista nada tienen que ver con la sangrienta historia de la guerra de Argelia y el fundador de la Quinta República. Pero aquí también se juega el prestigio y la imagen internacional del país —de sus instituciones, la justicia o los organismos de supervisión contable. Y su capacidad para incluir a todas las posiciones políticas pacíficas y civilizadas e incluso enorgullecerse de quienes son sus emblemas académicos e intelectuales más destacados.

Si nadie fuera de Francia podía entender que se encarcelara a Sartre, fuera de España se hace también difícil de entender que se condene a la ruina a Andreu Mas-Colell, uno de nuestros economistas más brillantes. Fue De Gaulle y no Sartre quien salió engrandecido del lance y de la historia entera.

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Vídeos 

Alfonso Guerra, contra la ilegalidad del indulto. 280521.

.Mario Vargas Llosa debate con Axel Kaiser.. 180518.

. Santiago Abascal [Vox], Hermann Tertsch [Vox], Giorgia Meloni [Fratelli]y María Corina Machado [Vente Venezuela]clausuran el ECREurolat, un histórico Foro en defensa de la libertad. 180621.

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Humor

El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 200621

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