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Ley 39/1988, de 28 de diciembre, reguladora de las Haciendas Locales [BOE, 301288].

art. 93: Estarán exentos del impuesto [municipal de circulación]:

d) Los coches de inválidos o los adaptados para su conducción por disminuidos físicos, siempre que no superen los 12 caballos fiscales y pertenezcan a personas inválidas o disminuidas físicamente.

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El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

Revista de Prensa

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La lengua en libertad
lustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto

La lengua en libertad

El Gobierno de Madrid se ha propuesto hacer de la comunidad la capital europea del español

Isabel Díaz Ayuso en El Mundo, 200921

El gramático Andrés Bello, que participaba de la triple nacionalidad chilena, venezolana y española, se refería a nuestra lengua como «un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes».

Hoy, casi 600 millones de personas, repartidas a ambos lados del Atlántico, hablamos español; otros veintidós millones de personas lo estudian; los hablantes de español han aumentado un 30 % en la última década.

El español, además, nos regala ocho siglos de arte, política, pensamiento, folclore y literatura hechos en español. Ninguna otra lengua viva de occidente cuenta con esos dos logros: ser universal y permitirnos la amistad con los hombres, mujeres y niños de los últimos ocho siglos, poder recibir su herencia viva.

La cultura hecha en español hace de nosotros una potencia cultural de primer orden, con lo que supone de influencia política y de riqueza, que se traduce en varios puntos del Producto Interior Bruto; más aún si se asocia al turismo que llamamos «de calidad».

Además, la música de más éxito popular en el mundo entero en los últimos años se está haciendo en español.

Pero esa música no se hace en España, sino en una industria musical que tiene su centro en lugares como Miami, en Estados Unidos; algo que también ocurre con las mayores productoras de series o películas, o con las de videojuegos. El español aún no ocupa el lugar que merece en los contenidos digitales.

Cada vez menos personas leen o estudian esos textos maravillosos de ocho siglos, y la lengua inglesa monopoliza los estudios superiores en el mundo entero.

Esto nos hace darnos cuenta de que algunas cosas fallan: no estamos aprovechando como debiéramos esta riqueza del español.

De esa constatación nace nuestro proyecto: mi Gobierno se ha propuesto hacer de Madrid la capital europea del español, un empeño personal desde que fui elegida presidenta.

Ahora este propósito se materializa en la puesta en marcha de esta Oficina del Español, y al primer Festival de la Hispanidad.

No disputamos ningún título histórico, antes al contrario, pretendemos servir de altavoz para que haya más personas que conozcan y visiten todos los centros del español de España.

¿Y qué es la propia España comparada con toda Hispanoamérica sino una pequeña parte de los hablantes del español? Nuestro proyecto no nace de la soberbia sino de sabernos una pequeña parte de algo grande, y del afán de ser útiles. Si competimos con alguien, es con las otras grandes capitales europeas.

Se trata de atraer a numerosos estudiantes de todo el mundo que busquen excelencia académica en español, de conectarlo con el turismo de calidad, y disputarle a EEUU el centro de la producción musical en español, de eventos relacionados con la industria cultural en español, y hacer también de la Comunidad de Madrid un gran estudio de producción audiovisual.

Hay quien ha temido que dupliquemos funciones con la RAE o con el Instituto Cervantes. Pero el Cervantes se ocupa de la acción exterior de la lengua; la RAE, de mantener la unidad del idioma en colaboración con las demás Academias de la lengua del mundo hispánico.

Nosotros pretendemos potenciar el valor de la lengua española en el ámbito autonómico, en lo que concierne a nuestras consejerías de Educación (escolar y universitaria), Cultura, Turismo, Economía, Hacienda e Industria, en el ejercicio de nuestras competencias.

Por eso no solo no duplicamos funciones ni invadimos competencias de la RAE ni del Cervantes; sino que firmaremos convenios con ellas.

¿Y por qué Madrid? Conviene que reparemos en lo que esta Comunidad significa. Madrid es uno de los centros del Siglo de Oro, corte de la Monarquía Hispánica, cuna de la Edad de Plata, de la Escuela de Filosofía de Madrid, es El Prado, los Reales Sitios, Alcalá de Henares, El Escorial, son las vanguardias y también la admirable obra política de la Transición española; Madrid es Las Ventas y son sus equipos de fútbol.

Somos además un centro de comunicaciones y logístico, conocido por sus servicios de calidad, bajos impuestos, seguridad jurídica y ciudadana; además de ser un gran centro universitario.

La Comunidad de Madrid es el mejor ejemplo de la diversidad y riqueza de los acentos españoles, tanto de las distintas regiones de España como de toda Hispanoamérica, y así lo hemos resaltado en la presentación de nuestro plan.

Todos estos acentos, estas músicas, danzas y voces se escucharán y se verán en el Festival de la Hispanidad 2021, que tendrá lugar entre el 28 de septiembre y el 12 de octubre, y que llega llamado a convertirse en la gran fiesta anual, preludio del Día de la Hispanidad.

Como también se escuchará desde la Oficina del Español a todos los que tengan algo que aportar, hasta llegar así a ser el punto de encuentro de toda la actividad artística, docente, comercial, turística y académica en torno al español, en la Comunidad de Madrid.

Toni Cantó será su cara visible, y quien ponga en comunicación a empresas, instituciones, artistas, y al público, quien ofrezca la ayuda de la Comunidad de Madrid a través de las distintas consejerías implicadas y quien presente este proyecto en España y en otros países.

La RAE se ha pronunciado admirablemente a favor del uso razonable del idioma cuando se lo ha intentado hacer «inclusivo» de forma artificiosa y politizada. Pero hay gobiernos y movimientos populistas (nacionalistas, indigenistas, identitarios…) que niegan a sus ciudadanos su legado cultural, al tiempo que violan su derecho constitucional a conocer y usar el español.

Ante esta ofensiva, la Comunidad de Madrid apuesta por el español, construyendo Hispanidad, prosperidad y concordia, con alegría y en libertad. Para que cada vez más jóvenes mexicanos, catalanes, peruanos, andaluces, colombianos o vascos se sientan orgullos de esta lengua que une a 600 millones de almas y está tan de moda como lo estuvo en el Siglo de Oro.

El reto no puede ser más apasionante.

Isabel Díaz Ayuso es presidenta de la Comunidad de Madrid.

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Joe Biden y Boris Johnson anuncian la iniciativa estratégica conjunta con Australia, este miércoles.
Joe Biden y Boris Johnson anuncian la iniciativa estratégica conjunta con Australia, este miércoles.Oliver Contreras / POOL / EFE

Puestos contra las cuerdas por los anglosajones

Los europeos hemos malinterpretado a Biden y nos hemos equivocado al juzgar a Johnson. Una mala combinación

Wolfgang Münchau El País, 200921

La llamada a consultas de un embajador representa el intento de reaccionar a un cambio estratégico del siglo XXI con la diplomacia del siglo XIX. Resoplando no se consigue nada. Pero Francia tiene razón en una cosa: la alianza nuclear submarina Aukus entre Estados Unidos, Australia y Reino Unido tendrá consecuencias a largo plazo para la OTAN.

La Organización no se disolverá, pero desempeñará un papel más periférico en el futuro. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la pasada década, la política exterior y de seguridad de Estados Unidos estuvo centrada en Europa y Oriente Próximo. Con los presidentes Donald Trump y Joe Biden se desplazó al Indo-Pacífico.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿por qué Reino Unido forma parte de este cambio, y Francia no? Estados Unidos considera que Francia y la Unión Europea no son de fiar en lo que respecta a China debido a sus relaciones especiales. Alemania y Francia habían impulsado un acuerdo global sobre inversión entre la UE y el país asiático justo antes de la toma de posesión de Biden. Alemania tiene enormes excedentes de exportación con China que quiere proteger.

Tanto Armin Laschet como Olaf Scholz están a favor de ampliar la relación bilateral. Europa también ha dejado una puerta abierta a Huawei para su red 5G. Reino Unido fue el único que cortó realmente los lazos. El embajador chino en el país reaccionó con furia desenfrenada. Sus homólogos en París y Berlín, por el contrario, guardaron silencio. Supongo que habrán recibido garantías a través de canales no oficiales.

Reino Unido es claramente el socio menor de Aukus, pero es el único país europeo en el que Estados Unidos puede confiar para llevar adelante sus intereses estratégicos en el Indo-Pacífico. Para los franceses, Reino Unido no es la cuestión central, pero su participación es como añadir sal a la herida. Los han puesto contra las cuerdas, como dicen en Inglaterra.

Si Reino Unido todavía fuera miembro de la Unión Europea, esto podría haber ocurrido en teoría, pero no en la práctica. Desde la perspectiva del país anglosajón, el Brexit permite opciones estratégicas que hasta ahora eran impensables. Reino Unido también forma parte del grupo internacional de escucha e información Cinco Ojos, integrado asimismo por Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

La realineación estratégica de Reino Unido no era inevitable. En gran medida es consecuencia de la manera en que la UE llevó a cabo las conversaciones del Brexit. Los líderes de la Unión nunca dejaron pasar la ocasión de criticar la salida de Reino Unido.

Donald Tusk, expresidente del Consejo Europeo, manifestó su simpatía por la campaña a favor del segundo referéndum. La Unión Europea podría haber apoyado a los diputados del país saliente que querían llegar a un acuerdo, como Kenneth Clarke o Stephen Kinnock, pero no lo hizo.

El segundo error, peor aún que el primero, fue la intención de imponer a Reino Unido el sistema normativo de la UE como precio para un acuerdo de libre comercio. En ningún momento la Unión llegó siquiera a plantearse qué clase de relación estratégica quería con Reino Unido después del Brexit, sino que permitió que el enfado por su salida se interpusiera en la toma de decisiones racionales.

El enorme coste de esta estupidez se está volviendo evidente poco a poco. Reino Unido no va a inundar la Unión Europea con productos baratos, como se temía Francia. Su estrategia es más sutil: irá desvinculándose paulatinamente de la política de seguridad europea.

También se desvinculará del Reglamento General de Protección de Datos y de la regulación financiera. Reino Unido ha invertido más en inteligencia artificial que cualquiera de los Estados miembros de la UE, y forma parte del Consejo de Seguridad de la ONU y el G-7. ¿En qué demonios estaba pensando la Unión Europea?

Y no, Biden no va a intervenir en nombre de la UE en el actual enfrentamiento sobre la cuestión de Irlanda del Norte. Los líderes de la Unión siempre han subestimado a Boris Johnson. Y siempre han tenido en excesiva estima a Joe Biden. Una mala combinación.

La diplomacia de la Unión Europea se rige por la emoción y por un conocimiento superficial de la política estadounidense, y ya puestos, también de la de Reino Unido. ¿Por qué la Unión Europea depositó tantas esperanzas, tan abiertamente, en el cambio de régimen en Washington el año pasado?

Donald Trump era vociferante y grosero, pero lo máximo que le hizo a la Unión Europea, aparte de insultarla, fue imponer aranceles. Europa nunca fue objeto de acciones tan hostiles como la retirada de Biden de Afganistán o el acuerdo Aukus. Sin embargo, todo esto era perfectamente previsible.

El siguiente accidente previsible con Washington será consecuencia del reparto nuclear. Los Verdes y La Izquierda, posibles miembros de la próxima coalición alemana, quieren salir del paraguas nuclear estadounidense. El SPD sigue apoyando a la OTAN de boquilla, pero se opone al objetivo de la Alianza del 2% de gasto en defensa.

Creo que, con el tiempo, la OTAN perderá vigor y el vínculo transatlántico se debilitará. La Unión Europea habla de autonomía estratégica, pero subestima la magnitud y, lo que es más importante, la naturaleza de la tarea. Para ello sería necesaria una unión política federal con una política exterior federal y una fuerza de defensa europea, ambas independientes de los Estados miembros.

Para financiarlas, esa unión federal necesitaría poderes para recaudar impuestos y emitir deuda. La inevitable realineación estratégica de Reino Unido está dificultando la tarea aún más debido a que el país anglosajón desempeñaba un papel fundamental en la seguridad europea, un papel que Alemania no va a suplir.

La versión adulta de la autonomía estratégica es una empresa muy seria para la que la Unión Europea no está equipada. La incapacidad colectiva para entender la política exterior de Biden y la necesidad de una alianza con Reino Unido nos dicen que no hay esperanza alguna de éxito.

Wolfgang Münchau es director de www.eurointelligence.com. Traducción de News Clips.

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Intelectuales, cabezas de chorlito

Estamos no solo al final de un ciclo sino al comienzo de una nueva civilización. El desapego de miles y miles de jóvenes hacia la política vigente es consecuencia de la falta de empatía del poder con el sentir de la calle. Necesitamos por eso más que nunca la voz de la disidencia cívica

La socialdemocracia española, o lo que quede de ella, debería preguntarse por qué no supo aprovechar el regreso a España de Manuel Valls, primer ministro de Francia durante el mandato del presidente Hollande, para aprender de su experiencia a la hora de rearmarse intelectual y estratégicamente en los momentos de desconcierto y fragmentación que la izquierda padece.
En recientes declaraciones realizadas a una universidad chilena, Valls, que ha renunciado a influir en la vida política española pero sigue desempeñando un papel en la del vecino país, comentaba que una de las cosas que más le sorprendió cuando volvió a su tierra natal fue que calificaran de “fascista” a alguien como él, histórico militante en el partido socialista francés.
No entendía entonces, aunque ya lo habrá hecho, que la mediocridad del liderazgo público que padecemos se ha ensañado hasta extremos irrisorios no solo con el precio de la luz, sino con el diccionario y la gramática también. Digámoslo a las claras, con el conocimiento. Hoy ya tildan de fascista a casi cualquiera que no piense como los habitantes del páramo intelectual en el que ha decidido instalarse el discurso del poder.
Hemos escuchado llamárselo a Fernando Savater, Andrés Trapiello y Rosa Díez por organizar una manifestación en defensa del Estado en la plaza de Colón, a quien por supuesto también se le acusa de fascista avant la lettre.
Félix Ovejero, Félix de Azúa, Antonio Elorza, Arcadi Espada, César Antonio Molina, Jon Juaristi, Vargas Llosa, Albert Boadella, Javier Marías y tantos otros son igualmente vilipendiados por escritores (y escritoras) del pesebre, en una tradición muy querida para la izquierda viejuna desde que Dolores Ibárruri llamara cabezas de chorlito a Jorge Semprún, Fernando Claudín y Javier Pradera, al tiempo de expulsarles del Partido Comunista de España.
Un chorlito es un pájaro que vive en la suciedad del barro y a eso debía referirse Pasionaria pues la disidencia frente al poder emponzoña la pretendida brillantez del mismo.

Algunos pontifican al asegurar que los discrepantes de lo políticamente correcto son gente enfurruñada y caduca, mayoritariamente miembros de lo que llaman la generación de la Transición, aunque en realidad fue protagonizada por varias de ellas. No faltan desde luego motivos para el cabreo pero a mi ver quienes lo padecen hasta el desvarío son los portavoces en Cortes que, a derecha e izquierda, lanzan insultos e indultos a la cabeza del contrario, en un ejercicio oratorio tan ruidoso como vacío.

La brutalidad del lenguaje político se ha contagiado además al periodístico, de lo que dan fe apasionadas controversias, gritos y desmayos de unos cuantos colegas míos pluriempleados por diferentes televisiones públicas y privadas, cuyo sectarismo supera en no pocas ocasiones al de los señores diputados.

Paradójicamente dicha zafiedad lingüística convive con la corrección política que el poder emplea para desvirtuar la realidad inconveniente a los ojos de los ciudadanos. Hasta el punto que la vulneración de los derechos de los menores marroquíes que vagan por Ceuta y su arbitraria expulsión fue definida oficialmente como un retorno asistido.

Desterrado casi por completo el debate político de los medios de masas, sustituida la fuerza del argumento por la sonoridad de los epítetos de un lado, y la cursilería gramatical del otro, satisface toparse de vez en cuando con artículos como el que firmara Daniel Innerarity en estas mismas páginas hace algunos días.

Afirmaba textualmente que “las democracias tienen dificultades prácticas para la gestión de las crisis […] porque están diseñadas para un mundo que en buena parte ya no existe”. Aunque por supuesto defendía la permanencia de elementos fundamentales de la cultura liberal, planteaba abiertamente el contraste hoy evidente entre eficiencia en la gestión pública y legitimidad democrática.

Se trata de conceptos que pueden entrar seriamente en conflicto si se contempla la evolución social y económica de China y los tigres asiáticos. Y es que crisis como la sanitaria, la medioambiental o la poblacional, son consecuencia del nacimiento de una nueva civilización, identificada y promovida por la sociedad digital, cuyo comportamiento ni comprendemos ni mucho menos dominamos.

Gran parte de los males de los que adolece la convivencia española son parejos a las enfermedades que aquejan a otras sociedades. Afrontamos un crecimiento de la desigualdad, un aumento de la violencia, un deterioro de la seguridad y una inestabilidad en la gobernanza de nuestros países.

Ningún pánico, porque la democracia no elimina necesariamente los conflictos, antes bien los reconoce y permite que se expresen. El único consenso inexcusable es el que se refiere al cumplimiento de las reglas que permiten el funcionamiento del sistema, de modo que los ciudadanos sientan respetados sus derechos y puedan no solo ni principalmente elegir a sus gobernantes, sino sobre todo echarlos cuando así lo decidan.

De ahí la importancia del imperio de la ley, garantizado por tribunales independientes y establecido en la Constitución. El incumplimiento de esta por la mayoría de los partidos del arco parlamentario comienza a ser abracadabrante. No solo en el caso de las formaciones independentistas, cuya traición ha sido juzgada y condenada y lo volverá a ser su reincidencia.

Me refiero sobre todo a la conducta incivil del Partido Popular y del PSOE, incapaces de acordar la renovación de los órganos judiciales; o al incumplimiento flagrante por parte del gobierno de los requisitos constitucionales a la hora de suspender las libertades individuales con motivo de la lucha contra la pandemia. Para no hablar del espectáculo de un presidente sentado a discutir en la mesa de diálogo con la Generalitat, sin transparencia ni rendición de cuentas, nada menos que sobre un conflicto de soberanía. Habrá que recordarle que esta reside en el pueblo y su representación en el Parlamento, no en el palacio de la Moncloa.

La debilidad de las democracias amenaza con convertirse en fenómeno generalizado para asombro de sus regidores; pero el peligro es mayor en los países donde se implantaron mediante pactos entre dictaduras agonizantes y revoluciones frustradas.

Chile o España son dos ejemplos en donde sectores de las nuevas generaciones no se reconocen en los textos constitucionales que paradójicamente amparan su disidencia. No habrá paz estable ni libertad duradera allí donde la ley no esté respaldada por la sociedad en que se impone. Los mandamases prefieren las ruedas de prensa, los viajes de relaciones públicas y las promesas de dádivas al ejercicio del debate parlamentario riguroso y la reflexión intelectual.

Sin embargo no hay Constitución que perdure si no se reforma. ¿Cuantos años tendremos que esperar más para que se abra un proceso que aborde los cambios necesarios que garanticen el futuro de la nuestra?

Se trata de modificaciones puntuales pero severas. Entre ellas, el reconocimiento del carácter federal del sistema de las autonomías; la elaboración de un Estatuto de la Corona que defina los derechos y deberes del titular y su familia e incorpore la igualdad sexual al tracto sucesorio; o la modificación del sistema electoral, ya que la representación popular ha sido definitivamente ahogada por los excesos y el sectarismo de las cúpulas de los partidos.

Sobre eso es sobre lo que escriben, demandan y discuten muchos de los enfurruñados cabezas de chorlito de la Transición, sorprendidos como están de que a la hora de rescatar la Memoria Democrática no se reivindique el éxito del proceso iniciado en 1978.

Estamos no solo al final de un ciclo sino al comienzo de una nueva civilización. El desapego de miles y miles de jóvenes hacia la política vigente es consecuencia de la falta de empatía del poder con el sentir de la calle.

Necesitamos por eso más que nunca a los cabezas de chorlito, la narración de su experiencia y la expresión de su disidencia cívica. Por mucho que pese a los adoradores del oficialismo y se pavoneen como poseedores de una superioridad moral que nadie reconoce y a nadie interesa.

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Cada uno en su casa y por sí mismo | FREEADS WORLD NOTICIAS

Cada uno en su casa y por sí mismo

Guy Sorman en ABC, 200921

La historia se escribe en lugares inesperados, a menudo periféricos: Sarajevo, Yalta, Kabul. Es muy probable que el abandono de Afganistán por parte del Ejército estadounidense sea un punto de inflexión histórico en la historia occidental. Porque, más allá de la salida un tanto caótica de Kabul, adivinamos fácilmente un regreso a las fuentes mismas de la fundación de Estados Unidos: la creación de una nación que, desde luego, no está libre de conflictos internos, pero que quería ante todo, según sus fundadores, mantenerse alejada de los conflictos políticos y religiosos del viejo continente y más allá.

Una cita fundamental de John Quincy Adams en 1821, cuando era secretario de Estado, define esta mentalidad: «Los estadounidenses no están destinados a aventurarse al mundo exterior en busca de monstruos para destruir». Esta proposición fue más o menos respetada a lo largo del siglo XIX, hasta la guerra contra España para ‘descolonizar’ la vecina Cuba y luego Filipinas.

Pero esta reticencia al aventurerismo exterior siempre ha sido y sigue siendo constitutiva de su alma y su política exterior, hasta las dos guerras mundiales: para que conste, Estados Unidos se unió tarde, más por obligación que por voluntad propia. Asimismo, la ineptitud de Naciones Unidas y el deseo de conquista mundial de la Unión Soviética transformaron a Estados Unidos en un policía del mundo sin que realmente sintiera el deseo o la vocación de serlo.

Se me objetará que desde 1945 el Ejército estadounidense ha dejado de buscar fuera dragones que derrotar sin que la necesidad sea siempre evidente o el resultado concluyente; pensamos en Vietnam y las incursiones en Centroamérica. Pero estas epopeyas militares se desarrollaron por sí mismas, por una dinámica interna que el presidente Dwight Eisenhower había denunciado en un famoso discurso de despedida en el año 1959: en Estados Unidos se formó ‘un complejo militar-industrial’ que perseguía sus propios intereses económicos y persuadió a los líderes políticos para que siguieran sus órdenes. Este fue claramente el caso de Vietnam, Irak y Afganistán.

El primer presidente que resistió, aunque débilmente, a este aventurerismo militar-industrial fue Bill Clinton, luego Barack Obama, Donald Trump y finalmente, de forma concreta y ostensible, Joe Biden, heredero en línea directa de John Quincy Adams. Su resolución fue aprobada masivamente por el pueblo estadounidense, con excepción de unos pocos conservadores en la Cámara y de los tradicionales grupos de presión armamentistas.

Si se cierra el paraguas estadounidense, ¿qué será de la periferia oriental de Europa? ¿Qué será de Ucrania, expuesta al revanchismo ruso? ¿Cuál será el destino de Israel, Taiwán, Corea del Sur y el Sahel, donde hasta ahora, el Ejército francés y los comandos estadounidenses contienen a la guerrilla islamista? Estados Unidos, anuncia Biden, ahora solo defenderá sus intereses directos, una noción que se cuida mucho de definir, pero que parece aplicarse únicamente a China.

Muchos son también los conservadores, al estilo de John Quincy Adams, que consideran que el área de intervención natural de Estados Unidos debe limitarse a América del Norte, un área natural que, en Estados Unidos, incluye a México y Canadá; en realidad, no existen fronteras reales entre estos tres países interdependientes.

Resulta que, en Europa, África y Asia, ahora todos están invitados a recurrir a sus propias fuerzas; sin embargo, hoy nadie puede hacerlo sin el apoyo de Estados Unidos. Por lo tanto, el esfuerzo humano y económico que deben realizar las naciones amenazadas será considerable. Otra parte de la americanización del mundo se ha derrumbado en Kabul: la exportación de la democracia y los Derechos Humanos. Lo que algunos llaman burlonamente ‘Derecho del humanismo’, que legitimaba la americanización del mundo, ha quedado olvidado.

¿Quién irá ahora a luchar por la libertad de expresión en China, los derechos de las mujeres en Afganistán, la dignidad de los rohinyás en Birmania, la salvación de los uigures y los tibetanos? Nadie. El ‘Derecho del humanismo’ se ha vivido como un principio de política exterior; subsiste solo en las asociaciones humanitarias y los foros de unos pocos intelectuales. La Realpolitik tan querida por Henry Kissinger ha prevalecido frente al ‘deber de injerencia’, noción formulada en la década de los setenta por Bernard Kouchner, fundador francés de la ONG Médicos sin fronteras.

Ninguna democracia liberal del mundo tomará el relevo de las contundentes intervenciones de Estados Unidos; los líderes europeos, al igual que los de Estados Unidos, seguirán proclamando la universalidad de los Derechos Humanos, pero sin más acción práctica que ponerse como ejemplo.

Si persiste alguna causa globalizada, a partir de ahora no será tanto la democracia liberal como la crisis climática o la cerrada defensa de la biodiversidad. El cambio climático sucede al ‘Derecho del humanismo’, la defensa del hombre es reemplazada por la de la naturaleza, las ballenas antes que los uigures. ¿Es esto progreso? No estoy seguro, pero no esperemos un cambio para la próxima generación, porque el aislamiento está en el ADN de Estados Unidos y Europa está cansada. Los dragones retozarán libremente.

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Mujere en Kabul protestando por sus derechos, el pasado mes de agosto.
Mujeres en Kabul protestando por sus derechos, el pasado mes de agosto.E. M.

Afganistán: el día de la marmota

Jorge Sobredo Galanes en El Mundo, 200921

EN MIS REMOTOS comienzos como joven diplomático en el vetusto Palacio de Santa Cruz, una de las obligaciones profesionales de mi modesto puesto en el grandioso geográficamente departamento de Asuntos de Norteamérica y Asia era recibir a un diplomático de la Embajada soviética encargado de presentar periódicamente ante Exteriores el argumentario favorable a la presencia soviética en Afganistán, cara a los países como España y otros muchos que habían votado en 1980 la Resolución condenatoria de Naciones Unidas sobre la invasión de ese país por la URSS.

La parte del argumento del soviético que llamaba poderosamente mi atención era que el apoyo militar ruso al régimen procomunista en Kabul garantizaba a los sufridos afganos, y sobre todo afganas, escapar del terrible oscurantismo que querían imponerles los barbudos e islamistas señores feudales que batallaban contra las tropas soviéticas.

Mi papel naturalmente era rebatir al funcionario ruso alegando la naturaleza impuesta del régimen en Kabul por la presencia de tropas extranjeras, etcétera. Al cabo de pocos años cambiaron las tornas y eran los Estados Unidos que, tras su rápida y contundente operación militar afgana de 2001, acabaron por subrayar argumentos parecidos a los de mi amigo ruso pues finalmente congeniaríamos al embarcase, tirando de sus aliados, en la hercúlea labor de crear un Afganistán a su imagen y semejanza, tras haber amamantado paradójicamente a aquellos barbudos en su lucha contra el Ejército Rojo.

Y como quizá en efecto veinte años no sean nada, se viven ahora en Afganistán las muy amargas consecuencias del total abandono de esos nobles objetivos por el agotamiento norteamericano en la sisifeana tarea de transformación socio-política afgana, que se emprendió con tanto ímpetu tras aquel sartenazo de Bush junior a las bases en ese país de Al Qaeda por los atentados de 11 de septiembre 2001. Las catástrofes que hasta hace unos días se registraron en el aeropuerto de Kabul son prueba de ello y de la enorme dificultad de los Estados Unidos y sus aliados de extraerse de una situación de inestabilidad interna que en todo esos años parece que no ha hecho más que agravarse.

Hay quien lamenta que se haya desistido de una tarea que se define como «estratégica» para Occidente recientemente lo ha sostenido un protagonista importante de entonces, Tony Blair por equiparar la lucha contra el radicalismo islámico al enfrentamiento con el comunismo de la Guerra Fría. Al fin y al cabo en esa a la postre victoriosa guerra se mantuvo de forma sostenida en el tiempo, ya finalizada la segunda gran contienda mundial, una presencia militar norteamericana muy importante en Europa (Alemania) y Asia de Este (Corea y Japón), con unas bases que siguen muy nutridas en la actualidad al tenor de los correspondientes reajustes y justificaciones estratégicas.

Y hay quien considera que en todos estos años se han desperdiciado muchas ocasiones propicias como por ejemplo cuando cayó Bin Laden en Pakistán para poner fin a una empresa tildada de impracticable. Tanto por las propias e intrincadas condiciones del país un fragmentado narco-Estado cuya modernización se fiaba a ingentes gastos en ayuda y presencia militar americanas, como por sus poco alentadores antecedentes históricos: el indomable pueblo afgano, verdugo de imperios.

Pero en contraste con la posterior intervención estadounidense en Irak, la afgana fue considerada originariamente como una respuesta adecuada a una insólita acción terrorista sobre el solar patrio, el homeland americano y, por ende, apoyada mayoritariamente por su opinión pública. Su inmediata consideración como acto bélico justificaba una veloz represalia de tipo militar por una potencia que como diría un diplomático británico estaba acostumbrada a tener un martillo a mano y en todos los problemas no veía más que clavos.

Tras el aplastante y vertiginoso éxito militar sobre el Emirato talibán parecía acción consecuente apostar por construir un Estado de Derecho moderno sobre sus ruinas para evitar se volviese a las andadas terroristas y antiamericanas. Pero la defensa del nuevo Estado tras los contundentes martillazos yanquis había de desenvolverse en el contexto de un complejo tablero regional de entrecruzados intereses vecinales, respaldados además por armas nucleares. Y con un especial protagonismo de Pakistán que en un delicado equilibrio tanto por concomitancias intertribales internas con el vecino afgano, como por rivalidades imperecederas externas con el indio, siguió facilitando la retaguardia de los derrotados talibán como antes hiciera con los muyahidín que combatieron a los invasores soviéticos.

LO CIERTO ES que a lo largo del doble mandato de Obama las fluctuaciones en el esfuerzo militar americano ya delataban el evidente anhelo de una reducción de fuerzas, previa a la eventual retirada total, cuya fecha idónea se desvanecía a cada nueva dificultad sobre el terreno. Después Trump, con sus acuerdos con los talibán en Qatar, y Biden dándoles efectiva ejecución, han roto con la vacilación al asumir que quizá no habría buena forma ni fecha de salir del laberinto indemnes.

Ambos sintonizaban con una opinión pública norteamericana cada vez más opuesta a aventuras exteriores y menos en los países tan complejos cultural y socialmente del mundo arábigo e islámico. Una opinión pública que desea que la caridad empiece en casa, como promete el fabuloso plan de infraestructuras propuesto por la actual Administración, que una pandemia persistente hace aún más perentorio. ¿Debilita la política exterior de un país, incluso hegemónico, su correspondencia con su política interior, o es al revés? En todo caso, las consciencias del nuevo alineamiento americano habrán de sufrirlas desgraciadamente esos afganos sinceros que creyeron quizá ingenuos en las bondades de una construcción nacional a cargo de terceros.

No encontrando ya mejor ocasión para tocar a rebato pese al desastre humanitario y las amenazas terroristas, insistió Biden en la fecha inamovible del 31 de agosto negándose a arriesgar más a sus tropas por algo que los propios interesados no muestran voluntad de defender, pese a los años invertidos y a los cuantiosos medios que se pusieron a su disposición. Hoy los talibán ya han heredado el poder y se ha consumado la retirada.

Viendo las espeluznantes escenas de evacuación del aeropuerto de Kabul en la televisión rusa, mi amigo ex soviético me comentaba por email: «Nosotros pese a los grandes riesgos e incógnitas tras la caída del muro, nos quedamos en el país para encarar el enorme caos y disrupción resultantes del hundimiento del comunismo. Pero se ve que allí pocos están dispuestos a hacer algo por el estilo».

Jorge Sobredo Galanes es diplomático (jubilado).

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Y la luz se hizo (pero más cara)

Y la luz se hizo (pero más cara)

Jesús Cacho en Vozpópuli, 200921

Hay que leer la pieza que hoy escribe aquí Jorge Sáinz, relatando los sofocos vividos en la oficina del presidente del Gobierno este pasado lunes. Parece que una vez el borrador de Decreto que preparaba la ministra Ribera (de Transición Ecológica lo llaman) llegó a manos de Sánchez, nuestro preclaro doctor en Economía reclamó la presencia de un experto para que diera el nihil obstat.

«Dime si con estas medidas podré cumplir mi promesa de que a final de año los consumidores paguen la misma factura de luz que en 2018«. Pedro tenía que ir por la noche a su televisión favorita dispuesto a lucirse, como es habitual en él, ante Franganillo, anunciando la nueva del cerco al intolerable comportamiento del recibo. El experto hizo unos cálculos apresurados y dictó sentencia: «No».

Y entonces el bello Pedro montó en cólera y rápidamente urgió a la ministra a incluir de rondón en el texto las exigencias de Podemos al asunto. Había que meterle un hachazo a los «beneficios extraordinarios» de las eléctricas. Los morados, cuenta Sáinz, no se lo podían creer. Estaban ya con la escopeta lista para poner a escurrir a su socio, Sánchez no cumple, la PSOE otra vez al lado del capital, solo nosotros estamos con los pobres, quina vergonya

Asombrados más que sorprendidos, las tropas de doña Yolanda tuvieron que guardarse sus críticas y celebrar la inesperada victoria. Punto en boca. Sánchez no quiere perder un voto más, y en aras de tan sublime objetivo personal está dispuesto a meter la mano en la caja de unas empresas que cotizan en Bolsa. Lo que haga falta.

El sucedido revela la condición populista de este Gobierno dispuesto a imitar las peores prácticas del chavismo o del kirchnerismo cuando de resolver un problema se trata, con desprecio a los principios de respeto a la ley y a la seguridad jurídica que deben primar en todo Estado de derecho.

Viene ello a cuento de la publicación en el BOE del ‘Real Decreto-ley 17/2021, de 14 de septiembre, de medidas urgentes para mitigar el impacto de la escalada de precios del gas natural en los mercados minoristas de gas y electricidad‘. Unos precios que han pasado del entorno de los 60 euros/MHh que, pese a Filomena, regían en enero, a los 198 euros/MHh a los que llegaron este jueves. Una barbaridad que no tiene visos de mitigarse en el corto plazo.

El sistema de fijación de precios de la energía en el mercado mayorista está regulado por Bruselas y a él se unió España en 1997 para cumplir con la directiva europea sobre normas comunes para el mercado interior de la electricidad. Aunque es de sobra conocido, quizá merezca la pena relatar sucintamente el funcionamiento del llamado pool energético, que en esencia consiste en ir casando oferta y demanda desde las energías más baratas (renovables, nuclear, hidroeléctrica) a las más caras (las que utilizan gas y carbón).

Así, el último cruce es el que marca precio que, por pura lógica, suele coincidir con los de las más caras cuando, en los picos de demanda, es necesario tirar de ellas porque la oferta de las baratas es insuficiente.

El problema en el caso español es que disponemos de muy poca producción de energías baratas y todavía bastante de las caras. Ni hablar de construir nuevos pantanos porque quien tal osara sería de inmediato tachado de franquista; de las nucleares qué les voy a contar. Pecado mortal. Nadie osa aludir a lo bien que nos vendría contar con alguna más de las que, a trancas y barrancas, siguen funcionando.

Chernóbil y Fukushima, sí, y el eterno problema de los residuos, pero aquí no parece preocuparnos gran cosa los 56 reactores que están en funcionamiento en la otra cara de los Pirineos. El petróleo también está maldito, porque es caro y contamina. Y el carbón todavía mucho más. Para añadir nuevos ingredientes al guiso, la eólica no funciona cuando no hay viento y otro tanto ocurre con la solar cuando está nublado.

Además, no podemos almacenar la eólica y solar sobrante cuando sopla el viento y luce el sol en demasía. En nuestro loable empeño por acabar con los combustibles fósiles para entregarnos en brazos de las energías renovables, seguimos dependiendo de las centrales de ciclo combinado para atender los picos de demanda.

Es decir, somos un país que dependemos en gran medida de los mercados internacionales para producir energía y por tanto estamos sujetos a los vaivenes de los precios del gas y del coste de las emisiones de CO2 (los permisos que necesitan los ciclos combinados para quemar gas), que han escalado a la misma velocidad.

Esta es la madre del cordero. Además de pagar uno de los cánones más altos de Europa por emitir CO2, tenemos que comprar un gas cuyos precios se han disparado en los últimos meses y no parece que la cosa se vaya a arreglar a corto plazo, sino al contrario. «La escasez de suministros comenzó con un invierno largo y frío que agotó las reservas de gas natural», contaba Financial Times este miércoles.

«Normalmente, esto se repone durante el verano cuando se apagan las calefacciones. Pero la recuperación de los stocks no se ha producido al ritmo que la industria hubiera deseado. Rusia ha estado enviando menos gas a Europa por razones poco claras, que van desde la necesidad de completar sus propios stocks de cara al invierno, hasta la sospecha de que Moscú está tratando de presionar a los gobiernos europeos, particularmente a Alemania, para que aprueben la puesta en marcha del polémico gasoducto Nord Stream 2″. La presión compradora de China, unida, en el caso español, al conflicto entre Argelia y Marruecos, ha hecho el resto.

Tanto o más preocupante que los precios del gas es el coste de los derechos de emisión de CO2. Fieles creyentes de esa prodigiosa doctrina llamada cambio climático, la UE, responsable apenas del 9,7% de las emisiones globales de gases contaminantes, con su Comisión a la cabeza, se ha propuesto conducir al continente por la senda de la nueva religión a cualquier precio.

Su vicepresidente, el señor Timmermans, es partidario de encarecer aún más esos derechos «para cumplir los compromisos de clima», venta por la que España recaudará 2.300 millones y más de 20.000 la propia UE. «No hay escasez global de gas, sino derechos de compra de emisiones de CO2 mucho más caros impuestos por las autoridades comunitarias», aseguraba esta semana Bernaldo de Quirós.

El resultado es que hace una década España contaba con 14 centrales térmicas de carbón de las que ahora sólo queda una a pleno rendimiento. El resto están siendo desmanteladas a un alto coste en términos de dinero y empleo. «España va camino de convertirse en uno de los países que más rápido se van a desenganchar del carbón», resumía con orgullo El País en junio del año pasado.

Mientras tanto, los alemanes siguen quemando carbón como legionarios y no hablemos de los chinos, porque lo de Pekin es de sonrojo. Más de 50 centrales térmicas están ahora mismo en construcción (Global Energy Monitor 2021) en un país que nos exporta su tecnología de renovables mientras se dedica a quemar carbón con fruición. ¿Corolario? Europa parece empeñada en primar la competitividad de la economía china en detrimento de la suya propia.

Es del todo evidente que Pedro Sánchez no es responsable de la escalada de los precios del gas ni de la situación de los derechos de emisión, y mucho menos de la estructura de generación eléctrica de nuestro país, un mercado sobre el que se ha ido acumulando tanta legislación sobrevenida que ya ni los propios expertos lo entienden.

En la memoria de todos está la política de primas a las renovables establecida por Zapatero y el agujero (el famoso déficit de tarifa) que provocó, así como la irrupción en escena de Álvaro y Alberto Nadal, los no menos famosos hermanos Dalton, con sus contundentes medidas para arreglar el desaguisado.

Pretender acabar con los combustibles fósiles dada la actual estructura de nuestro mix energético nos condena a una situación de penuria para mucho tiempo y, desde luego, a la dependencia exterior en materia de aprovisionamiento de gas. Esto no tiene fácil solución.

Abordar de una forma integral el problema exigiría crear un pool distinto, acometer una profunda transformación del sistema de generación, apostando por energías que nos permitan depender de nosotros mismos y no de factores externos, esto es, apostar por hidráulica, nuclear y renovables.

Para los expertos William Nordhaus y Michael Shellenberger «no existe ningún camino creíble para la reducción de las emisiones globales de carbono sin una expansión enorme de la energía nuclear», mientras que el analista Robert Bryce, citado por Steven Pinker (En Defensa de la Ilustración), señala que «para satisfacer las necesidades mundiales de energías renovables en 2050 haría falta instalar molinos de viento y paneles solares en un área del tamaño de EEUU (con Alaska), la parte habitada de Canadá, México y Centroamérica».

Quien haya llegado hasta aquí se habrá dado cuenta de que las compañías eléctricas —tan vituperadas ellas, a menudo con razón—, tienen poco que ver con la vertiginosa escalada de los precios del MWh o con la cotización de los derechos de emisión de CO2 y su ominosa traslación al recibo de la luz que pagan tantos hogares humildes acogidos a la tarifa regulada (clientes residenciales con potencia contratada menor de 10 Kw, poco más de un tercio de los mismos, representando un 10% del consumo total).

Son estos clientes de tarifa regulada los que sufren las oscilaciones del mercado horario en el pool, sujeto a la volatilidad de los precios del gas y al mal diseño regulatorio del que son responsables los sucesivos Gobiernos, algo que no soportan los clientes del mercado liberalizado (tarifa no regulada), que representan el 90% del consumo total en España.

Ambos modelos comparten, sin embargo, una estructura de tarifa enloquecida, donde el coste de la energía consumida apenas representa el 27,7% del total, por el 20,5% los peajes, y hasta un 50% de cargos e impuestos.

De lo que sí es plenamente responsable este Gobierno es del nuevo ejercicio de demagogia, populismo e ineptitud plasmado en el Real Decreto-ley 17/2021, de 14 de septiembre, que no va a solucionar los problemas del recibo de la luz de los hogares acogidos a la tarifa regulada, en tanto en cuanto siguen ligados a los precios del gas y a la volatilidad del mercado. Pegarle un tajo a los supuestos «beneficios extraordinarios» de las empresas es un

nuevo ejercicio de demagogia con el que este Gobierno de cenizos piensa recuperar imagen entre su clientela electoral, algo que además de dañar a las compañías perjudicará a España como potencial receptor de inversión extranjera. Las pérdidas de las eléctricas en bolsa (en torno a los 15.000 millones) no se deben tanto a las ventas del pequeño accionista como a la salida de los grandes fondos que huyen de la inseguridad jurídica y el incremento del riesgo país que supone el Decreto.

Nos encaminamos hacia un nuevo conflicto de largo aliento («utilities have a strong case to challenge the decisión«, Citi), en los tribunales de justicia internacionales. Trabajo extra para los mejores bufetes del mundo. Y la constatación renovada de que al sujeto de la Moncloa lo que le ocurra mañana a este país le importa un collón. Se trata de saber «si con estas medidas podré cumplir mi promesa de que a final de año mis votantes paguen la misma factura de luz que en 2018».

Un país en manos de inepto bandolero.

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Vídeos

Por una nueva Ilustración. Conversación con Cayetana A. de Toledo en el Instituto Juan de Mariana. 17/9/2021.

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Musica


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«Rock Boppin’ Baby» [2013].The Devil’s Daughters: Guitar, Piano, Producer, Mixed By – Danny B. Harvey / Bass –Paul Vezelis y Pierre Pelegrin / Drums – Charlie Jones / Guitar, Piano, Producer, Mixed By – Danny B. Harvey / Vocals –Annie Marie Lewis  y  Mysti Moon.

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«My Generation» [1965] es una canción por la banda británica the Who, la cuál se convirtió en un éxito y una de sus canciones más reconocidas. La canción fue nombrada #11 por la revista Rolling Stone en su lista de Las 500 mejores canciones de todos los tiempos según Rolling Stone. También es parte de las J500 Canciones que Formaron el Rock and Roll en el Salón de la Fama del Rock y está incluido en el Salón de la Fama Grammy por su valor «histórico, artístico y significativo»Subtitulada en español.

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Humor

Gallego & Rey
Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 210921

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