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El Gobierno crea un consejo asesor de menores entre 8 y 17 años «con voz y voto»

Gonzaga Durán en ok diario, 270921

El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, dirigido por la líder de Podemos, Ione Belarra, ha creado el Consejo Estatal de Participación de la Infancia y la Adolescencia. Estará formado por niños con edades comprendidas entre 8 y 17 años y tendrá como finalidad formular «propuestas sobre cuestiones que les afectan de ámbito estatal».

Así consta en el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicado este lunes. «Las niñas, niños y adolescentes miembros del Consejo de Participación lo harán a título voluntario, y en representación del colectivo o colectivos que le han propuesto y elegido, y formando parte de pleno derecho, con voz y voto, de la asamblea», recoge el documento.

Su mandato será renovado cada dos años y «la mayoría de edad sería una de las causas por las que se pierde la condición de miembro del Consejo».»Es un órgano permanente y estable de consulta, representación y de participación de las niñas, niños y adolescentes», apostilla el BOE.

La elección de los miembros de este consejo será propuesta «por otros niños y adolescentes pertenecientes tanto a estructuras participativas municipales y autonómicas, así como procedentes de organizaciones, asociaciones, entidades, colectivos o plataformas de ámbito estatal que tienen como misión defender, garantizar y promover los derechos de la infancia y contemplan canales de participación infantil en sus procesos de toma de decisiones».

Las funciones del Consejo Estatal de Participación de la Infancia y la Adolescencia serán las siguientes: «Favorecer la construcción de la ciudadanía activa de las niñas, niños y adolescentes como parte de una sociedad democrática a través de un foro de participación en el que expresen libremente sus ideas y propongan medidas, defiendan el reconocimiento social de sus derechos, formulen propuestas sobre cuestiones que les afectan de ámbito estatal y se erija en portavoz e interlocutor de las niñas, niños y adolescentes ante las instituciones públicas».

El organismo basará su funcionamiento en «sus propias normas de funcionamiento mediante el desarrollo de un reglamento interno a partir de las prescripciones aquí establecidas, elaborado por las niñas, niños y adolescentes miembros de la Asamblea, que delegará la redacción inicial del documento a debatir y aprobar en el Grupo Motor».

Este «Grupo Motor» es «el órgano que desarrolla el plan de trabajo aprobado por la Asamblea, que coordina las acciones y proyectos, representa al Consejo de Participación, y se reúne de forma ordinaria, al menos cada dos meses».

Existen varias causas por las cuales los miembros de este consejo podrían ser cesados: «a) Dejar de concurrir los requisitos que determinaron su designación. b) Haber cesado como miembro de la estructura, organización, asociación, entidad o colectivo al que representa. c) Por incumplimiento grave de sus obligaciones, a propuesta del Pleno del Consejo, aprobada por mayoría cualificada de dos tercios».

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El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

Revista de Prensa

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Hombres de negro

Hombres de negro

Sea cual sea la coalición que gobierne en Alemania, vendrá a poner firme a Pedro Sánchez

Emilia Landaluce en El Mundo, 290921

LE PREGUNTABAN a Engracia Hidalgo si de verdad habían existido los hombres de negro y ella, muy involucrada en aquella España que se levantaba cada día con la prima de riesgo, dijo que por supuesto. Entonces Merkel no era la lideresa ejemplar (humanitaria, ecologista, periquita) de ahora sino la que nos había obligado a los mayores recortes de nuestra historia, nos había impuesto la reforma laboral y, además, nos había obligado a comprar un montón de telefilmes bávaros para la sobremesa. (Esto, claro, era mentira).

La coalición Jamaica, la gran coalición o lo que salga ahora en Alemania nos seguirá apretando las tuercas a los españoles. Lo normal. Seguro que en el CDU muchos piensan que Merkel ha sido demasiado laxa con los países del sur, esos que como España pensaban dedicar 50 millones de euros para que Errejón estudiara la implantación de la semana laboral de cuatro días.

Claro, como contó Francisco Pascual, tuvo que llegar un alemán para cantar las cuarenta a la pobre Susana Sumelzo, que se vio obligada a improvisar una retirada del chiringuito a los cuarteles de invierno.

Una vez pruebas los hombres de negro ya no quieres otra cosa. Lo sabía bien Merkel, que en plena salida hizo que se hicieran numerosas consultas sobre la capacidad del Gobierno español de distribuir el llamado dinero de Europa que sufragan con su jubilación los votantes de los llamados países frugales. Y ese control protestante no cambiará sea cual sea el color de la coalición que gobierne finalmente Alemania.

Fuera de cualquier cálculo ha quedado la AfD, la llamada ultraderecha, que ya ni siquiera es antisistema (una etiqueta del sistema) sino un partido con el que nadie se plantea siquiera iniciar una negociación, pese a que así podría gobernar la derecha con los liberales (tampoco la izquierda se plantea hacerlo con los poscomunistas). ¿Por qué? Porque aunque no debería ser así, parece muy delgada la línea que separa lo marginal de la alternativa racional al rodillo cultural.

En este punto, es interesante que la formación se haya posicionado con los antivacunas que como en Francia son un porcentaje no desdeñable de la población. Eso no pasa en España porque somos de otra forma. No tiene nada que ver pero recordemos que aquí votamos masivamente a favor de la Constitución europea que meses después rechazaron Francia y Holanda por motivos muy diferentes.

Willkomen hombres de negro.

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La ministra de Educación, Pilar Alegría.
La ministra de Educación, Pilar Alegría.ANTONIO HEREDIAMUNDO

Un suspenso es un éxito

Dice Alegría, y me da pena y rabia leerlo, que «un suspenso es un fracaso colectivo». Qué majadería. Antes se presumía de ser de la educación pública porque era más exigente que la privada; no era educación de caridad sino de calidad

Federico Jiménez Losantos en El Mundo, 290921

EN LA escalofriante entrevista que anteayer le hizo Olga R. Sanmartín a Pilar Alegría, ministra de Educación, hay una frase que resume muy bien el barranco educativo en el que una recua de pedagogos zurdos ha despeñado la educación pública, más indefensa que la concertada y la privada, aunque fatalmente éstas seguirán el mismo camino de burricie que la que, para ayudar a los más pobres, debe ser la más exigente.

Lo fue en el franquismo, cuando los niños de la hoy llamada España vacía podíamos estudiar con beca un bachillerato de siete años, con examen de ingreso, dos reválidas, en cuarto y sexto, y, tras aprobar el Preu, el examen de entrada en la facultad. Ya lo he contado, pero lo repito, porque hoy parece increíble: los que tras aprobar el examen de beca a los 10 años bajábamos de los pueblos más remotos de Teruel a estudiar internos en la capital, presumíamos de ser del instituto, porque la enseñanza pública era más exigente que la privada.

No era enseñanza de caridad sino de calidad. Era igualdad de oportunidades para alcanzar nuestras metas, con esfuerzo y talento. Cientos de miles de alumnos pobres tuvimos esa oportunidad y vaya si la aprovechamos. Los títulos de las carreras equivalían a empleos. Y a nadie se le ocurría pensar si nos divertíamos en clase. Para eso estaban el recreo y las vacaciones.

Un suspenso en un examen o un trimestre era el aviso de que íbamos camino de suspender y perder la beca. Nos habíamos dejado llevar, o lo que fuera, así que había que trabajar más y remontar en el siguiente examen. Al terminar el curso y mantener la beca, para orgullo de nuestras familias, nadie preguntaba si nos habíamos divertido. Yo lo pasé muy, muy bien, pero ni yo ni nadie perdíamos de vista que estábamos allí para estudiar.

Dice Alegría, y me da pena y rabia leerlo, que «un suspenso es un fracaso colectivo». Qué majadería. Qué criminal error. Un suspenso prueba, hoy más que antes, que hay un nivel de exigencia sin el que no se pasa la asignatura y el curso. El aprobado o la nota alta son valiosos precisamente por esa exigencia.

Y el título de la carrera valdrá más cuanto más difícil sea conseguirlo. El éxito será personal y, entonces sí, colectivo, porque el sistema de educación y selección funciona para beneficio de la sociedad que lo paga. Si se regala el aprobado, se está robando la nota y la carrera.

Ladronazos.

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¡Abajo el sistema métrico!
Ilustración de Javier Olivares [España, 1964] para el texto

¡Abajo el sistema métrico!

Félix Ovejero en El Mundo, 290921.

CUANDO hace meses Castells dijo que las notas son clasistas no me sorprendió. Cada año, en revisión de exámenes, algún estudiante se queja de que su nota es injusta. El ministro no hacía más que generalizar: todas las notas son injustas. Si acaso, lo de Castells es más grave porque cuando el estudiante aduce que su nota es injusta, implícitamente, da por hecho que hay notas justas. El ministro es más radical: las notas, por definición, son injustas. Por valorar. El problema, para él, radica en asignar un número a un estudiante.

No quiero pensar que el ministro entiende mal los conceptos métricos. Una confusión muy extendida, cierto es. De vez en cuando, aquí y allá, nos encontramos con descalificaciones de los números, casi siempre acompañadas de apasionadas defensas de los métodos cualitativos. Por lo general, no van más allá de aquellas majaderías romántico-historicistas del joven Marx, que con los años le avergonzarían:

«¿Qué demuestran esas medias? Que cada vez se hace abstracción más de los hombres, que cada vez se prescinde más de la vida real para atender al movimiento abstracto de la propiedad material, inhumana. Los promedios son insultos en toda regla, injurias contra los individuos reales, singulares». Por resumir: antes los adjetivos que los números.

Quienes sostienen estos disparates no parecen comprender en qué consiste medir ni, me temo, calificar. En más de un sentido los números son adjetivos refinados. Saber que una mesa es grande, pequeña o mediana, algo nos informa. Pero nos informa mucho más saber que mide 150 centímetros.

Por lo mismo, consideramos más interesante la predicción «el PIB crecerá un 3%» que la predicción «el PIB crecerá». La primera es más informativa, es menos probablemente verdad y, por tanto, más fácilmente refutable. Excluye más mundos posibles, para decirlo con léxico de la teoría de la ciencia.

Los números funcionan como adjetivos infinitos o, mejor, como adjetivos infinitamente matizados. Todo reproche a lo cuantitativo, inevitablemente, a fortiori, es un reproche a lo cualitativo. Y es que, lógicamente, cualquier medición requiere una clasificación previa: a todos los que pesan lo mismo esto es, que entran en la misma categoría, o taxón se les asigna el mismo número.

Solo después de (poder) clasificar, estamos en condiciones de introducir mediciones: a cada uno de los miembros de cada casilla les corresponde el mismo número. Entonces, si se cumplen ciertos requisitos, formales y empíricos, dispondremos de una función continua que asigna un número a cada uno de los objetos respecto a cierta propiedad: este saco de patatas pesa 80,3 kilos; aquella botella tiene un volumen de medio litro.

A partir de ahí podemos, por ejemplo, determinar cuánto pesan dos sacos de patatas, su suma; una operación (la de sumar) que conceptualmente es menos simple de lo que parece: por eso cuando juntamos el contenido de dos botellas de igual volumen, a distintas temperaturas, una a 30 ºC y otra a 15 ºC, no nos queda una a 45 ºC. En ningún momento en ese proceso aparece ninguna consideración ética o política. Nadie califica de gordófoba a su balanza de baño o a su termómetro como opresor.

Las calificaciones académicas se limitan a calibrar la competencia de los estudiantes. Un asunto distinto es que lo hagan peor o mejor. Pero la imprecisión en la medición no oculta ninguna intención moral o política como no la ocultaba la tosca datación mediante métodos estratigráficos, más tarde sustituidos por la más refinada datación radiométrica (el carbono 14).

Otra cosa, esa sí, política, moral, es que al contratar a un bombero se conceda prioridad a una persona que pesa 75 kilos antes que a otra que pesa 150. Algo, por lo demás, razonable. Como lo es conceder una plaza para docente a quien tiene una nota más alta. Lo que no impide que en España se dé prioridad a un docente que conoce una lengua de escaso uso social y nulo científico, a otro con un doctorado en la materia que ha de impartir.

Estas cosas daría vergüenza contarlas si no fuera porque las necedades prosperan –y vaya si prosperan y se extienden. Las alientan los malos vientos de la historia. El guion compartido consiste en confundir las cosas con sus nombres y creer que porque se manipulan las palabras (o las categorías) se modifican las realidades que designan.

En ocasiones ese proceder responde a simples deshonestidades político-intelectuales. Sucede con los estudiantes repetidores, ahora recalificados como tales según los planes del ministerio: eliminada la posibilidad de repetir, se disuelve nuestro elevado porcentaje de repetidores. A mayor escala, Tezanos, en sus encuestas, no ha hecho otra cosa desde que llegó al CIS.

Desde una perspectiva más amplia, la operación ha servido a los más cerriles para negar el indiscutible progreso moral de nuestras sociedades: puesto que patologías morales como el racismo o el acoso sexual se vuelven menos frecuentes, se opta por reajustar sus definiciones, creando la ilusión de que nuestra situación empeora.

De esa manera se consigue que Estados Unidos aparezca como el décimo país más peligroso del mundo para las mujeres o el tercer peor país del mundo por violencia sexual, por delante de Sudán del Sur, donde los matrimonios forzados son comunes y las madres enseñan a sus hijas cómo sobrevivir a una violación; Afganistán, donde las víctimas de violación a menudo son castigadas en lugar de sus violadores; o Sudáfrica, donde las lesbianas son violadas, para reconvertirlas, y las vírgenes, violadas, para curar al violador con VIH (una epidemia en el país) (G. Bhogal, How Progress Blinds People to ProgressRabbit Hole Magazine).

Lo malo, con serlo, no son esas trapacerías propias de la peor política que, por lo demás, no son nuevas. Resulta mucho peor cuando esas triquiñuelas encuentran justificación doctrinal, que es lo que ha sucedido con la –creciente izquierda anticientífica y su trato supersticiosamente epistémico con el mundo, ese que lleva a creer que se alivia el racismo del mundo porque al negro se le deje de llamar negro.

Las palabras como conjuros. Naturalmente, el mundo se mantiene indiferente a los cambios de rotulación. O peor, como se ha mostrado con el feminismo: vaciado el concepto mujer de todo sentido preciso, que es lo que sucede cuando mujer se equipara a sentirse mujer, se desmantelan las reivindicaciones históricas del movimiento feminista, inseparables de la identificación de un conjunto –objetivamente categorizable de personas víctimas de diversas injusticias, las mujeres.

EL RESULTADO no puede ser más deprimente para cualquiera preocupado por cambiar las cosas. Para empezar, no hay manera de conocer las injusticias del mundo, bien reales. Si basta sentirse negro o mujer para ser negro o mujer y, por ende, resulta imposible precisar las condiciones necesarias y suficientes para aplicar los taxones (los conceptos clasificatorios) negro y mujer, se acabó la posibilidad de conocer la situación de los negros y las mujeres realmente existentes.

Por ese camino, se impone la palabrería, autorreferencial, cuando no simplemente empalagosa, tan omnipresente en los últimos tiempos. Y tan imprecisa: hasta exigir definiciones se juzga una provocación. Parafraseando al de más arriba en su célebre Tesis sobre Feuerbach: se cambia la interpretación para no cambiar el mundo.

Naturalmente, con el cambio en su decoración, el mundo no mejora. A diferencia de la vida de los palabreros, cuyos trastornos campean por los campus, sin que a nadie le importe el desprestigio de la teoría social, no solo de la que lo merece, sino la buena, que también existe.

Algo que no parece preocupar a los cultivadores del género que, de momento, gestionan buena parte del relato académico en todas las disciplinas, ante colegas que apenas se atreven a levantar el brazo para recordar que el rey está desnudo: es conocido el coraje del gremio.

Pero cuidado, que ya se empiezan a escuchar voces que animan a cerrar o a recalificar las facultades de humanidades y ciencias sociales. Y, la verdad, tal y como está el patio, cuesta encontrar razones para defenderlas.

Félix Ovejero es profesor de la Universidad de Barcelona. Su libro más reciente es Secesionismo y democracia (Página Indómita).

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La ministra de Igualdad, Irene Montero.
La ministra de Igualdad, Irene Montero.JAVI MARTÍNEZ

Daños irreversibles y ‘ley LGTBI’

. La autora critica el anteproyecto de ley impulsado por el Ministerio de Igualdad que permitiría a los menores iniciar tratamientos de cambio de sexo en contra de la opinión de asociaciones civiles y pediátricas. Da la impresión de que la obsesión del Ministerio de Igualdad no son las mujeres sino sacar a todo correr su ‘ley LGTBI’

Lucía Etxebarrian El Mundo, 290921.

DECENAS de miles de personas se congregan en macrobotellones en Madrid y Barcelona. Se reportaron numerosas agresiones sexuales a mujeres. La ministra Montero ni lo comenta.

Sorprendentemente, cuando un chico había presentado una denuncia por agresión homófoba, que resultó ser falsa, inmediatamente la ministra de Igualdad y el presidente se hicieron eco, sin respetar siquiera la instrucción.

En los macrobotellones ha habido robos, agresiones sexuales, intoxicaciones etílicas, destrozos e infracciones viales; nadie habló mucho de ello. Sin embargo, cuando 18 personas (18 en una ciudad de casi siete millones) entonan consignas homófobas, inmediatamente es motivo de alerta nacional.

A diario se presentan cinco denuncias por violación en España. Las agresiones sexuales en manada se han multiplicado por cuatro en tres años, pero nos da la impresión de que la única obsesión del Ministerio de Igualdad no son las mujeres, como cabría esperar, sino sacar adelante y a todo correr su ley LGTBI y hacernos creer, de paso, que una ola de odio homófobo asola las calles de Madrid.

Precisamente cuando Madrid aparece como la ciudad más gay friendly del mundo en la encuesta Nestpick, y España el sexto de toda Europa (muy por encima de Alemania, Francia o Reino Unido) en la encuesta Rainbow, elaborada por ILGA, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, y la Unión Europea.

Sin embargo, no se habla tanto de Barcelona, la ciudad más insegura de España 86 infracciones por cada 1.000 ciudadanos, donde se han llegado a denunciar seis agresiones homófobas en 24 horas.

Ahora que Suecia ha prohibido los tratamientos off label de cambio de género en menores, y poco después de que el Reino Unido los haya prohibido también; ahora que en Escocia hay manifestaciones masivas para que una ley similar no salga adelante; ahora que la justicia británica ha fallado a favor de Keira Bell, que demandó a la Sanidad británica porque le bloquearon la pubertad a los 15 años, y a Sonia Appleby, que advirtió a la clínica Tavistock (del sistema nacional de salud británico) del carácter irreversible de los tratamientos, y fue despedida por ello.

Ahora, precisamente, una podría entrar en teorías conspiranoicas sobre la necesidad de presentar a Madrid como una ciudad insegura, pero parece que la cosa va por otros derroteros: la necesidad imperiosa de promulgar la ley LGTBI, antes de que la ciudadanía se entere de qué incluye.

Tanto los borradores de la ley Trans (art. 27 y 6. 4) como la ley LGTBI (art. 66) coinciden en dos puntos: primero, a los menores de edad se les permitirá iniciar un tratamiento cruzado de bloqueadores de la pubertad y hormonación. Y segundo, si los padres se niegan a ello pueden perder la custodia de su hijo.

Henar Padin, de la Plataforma Radfem de Galicia, explica: «Hemos avisado a todas las Ampas gallegas, para informar de los protocolos de identidad de género que existen en todas las escuelas de Galicia». Le pregunto si sería exagerado afirmar que un docente estaría obligado a informar si ve a una niña con pantalones y pelo corto jugando al fútbol todos los días en el patio. «No es exagerado responde; es exactamente así».

Araceli Muñoz, de la Plataforma de Docentes Feministas por la Educación, confirma que estos protocolos se están aplicando en toda España, pero que no se informa a los padres: «Les advertimos de que pueden perder la custodia de sus hijos y el vínculo afectivo que mantienen si, ingenuamente, les siguen en su confusión».

Para bloquear la pubertad se utiliza la leuprolida (Lupron). Este medicamento se utilizaba para la terapia hormonal del cáncer de próstata, el de mama o la endometriosis, entre otros usos.

Sus efectos secundarios son, entre otros: sangrado vaginal, osteoporosis, diabetes, hipertensión, migrañas, obesidad, acné, insomnio, atrofia del útero (que suele acabar en histerectomía), atrofia genital (que en niñas significa problemas para miccionar y para mantener relaciones sexuales y en niños significa quedarse con un micropene para el resto de la vida), depresión, confusión e ideas suicidas (pues actúa directamente sobre el hipotálamo), etc.

Lo confirma la Asociación Española de Pediatría (AEP) y lo corrobora José López Guzmán, doctor en Farmacia, Premio de la Real Academia de Medicina, que añade: «La administración de bloqueadores de pubertad se realiza off label, es decir, que medicamentos que están autorizados para un tratamiento concreto se emplean para otras patologías diferentes». En cristiano: habla de uso experimental.

Cuando un menor firma el consentimiento para iniciar ese tratamiento, firma también que nunca podrá demandar a la clínica o al fabricante del medicamento en caso de que haya efectos secundarios adversos. Y esto pese a que, según Carmen López Suárez, doctora en Educación y pedagogía, «hasta bien pasada la veintena, un adolescente carece de la suficiente capacidad cognitiva para tomar decisiones relevantes e irreversibles. Porque su corteza prefrontal es inmadura y está en proceso de construcción».

Sobre el carácter irreversible del tratamiento, la AEP afirma: «La falta de evidencia científica acerca de cuál es el mejor interés del menor obliga a retrasar al máximo los tratamientos que tengan consecuencias irreversibles».

El borrador de la ley Trans de Irene Montero afirma textualmente en su artículo 26, apartado 2: «Se prohíbe el uso de terapias aversivas y de cualquier otro procedimiento que suponga un intento de conversión, anulación o supresión de la identidad de género, o que estén basados en la suposición de que cualquier identidad de género es consecuencia de enfermedad o trastorno». Prácticamente lo mismo dice la ley LGTBI en su artículo 16.

El Ministerio de Igualdad se posiciona por tanto en contra de las recomendaciones de la AEP, que cree que «el acceso a cualquier tratamiento médico o quirúrgico requerirá, en todos los casos, la verificación de la condición de transexualidad y un despistaje de posibles enfermedades. Es necesario autentificar que el relato de la persona no está condicionado por posibles enfermedades y para, en caso de detectarlas, tratarlas».

Que la demanda de estos tratamientos se haya multiplicado por seis entre 2017 y 2019, como publica El País, querría decir que, como bien prueba Abigail Shrier en su libro Daño Irreversible, la demanda de cambio de sexo podría responder, en la mayoría de casos, a un contagio social y no siempre a una identidad innata.

Shrier constata que en EEUU, más del 70% de quienes se someten a esos tratamientos irreversibles y experimentales son niñas. Pero tengo la impresión de que, como digo al principio, a la ministra Montero las mujeres y las niñas le importamos poco, y poco le importa el futuro de estas niñas-cobaya.

Lucía Etxebarria es escritora.

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Vista de los surtidores de una gasolinera BP fuera de servicio en Londres.
Vista de los surtidores de una gasolinera BP fuera de servicio en Londres.FACUNDO ARRIZABALAGAEFE

Ni el Brexit fue buena idea ni salía gratis

Editorial de El Mundo, 290921

LOS expertos alertaron antes y después del referéndum del Brexit de que, además de muy perjudicial en lo político por la merma de peso para ambas partes en un escenario cada vez más globalizado, iba a ser un pésimo negocio. Para los Veintisiete pero, sobre todo, para un Reino Unido al que desgajarse del mercado común de 500 millones de habitantes y de todas sus ventajas acabaría pasándole una importante factura.

Con todo, los populismos británicos consiguieron que en el debate público se impusieran las sinrazones identitarias sobre los argumentos y datos racionales. Y hoy, después de años en un laberinto que parecía no tener salida, el Brexit es una realidad. Y tiene consecuencias tan perniciosas y evidentes como la grave crisis de suministro de combustible que desde la semana pasada sufre Gran Bretaña.

Las imágenes de colas kilométricas de británicos desesperados ante las gasolineras que encuentran abiertas para poder llenar los depósitos de sus vehículos se repiten. Y al mismo tiempo crecen episodios preocupantes de violencia, así como escenas de vandalismo.

El Gobierno de Johnson ha tenido que recurrir al ejército, aunque sus integrantes no están preparados para manejar los camiones cisterna que abastecen de combustible, lo que da una idea de la situación tan calamitosa que se está viviendo.

Y esa escasez en las gasolineras se produce después de varios meses en los que los ciudadanos del Reino Unido ya han sufrido el desabastecimiento de otros muchos productos básicos, incluida la dificultad para adquirir determinados fármacos.

Se calcula que ahora mismo faltan unos 100.000 camioneros en el país. Muchos de los trabajadores del sector del transporte buena parte procedían de países de Europa del este tuvieron que abandonar el Reino Unido tras la entrada en vigor del acuerdo suscrito entre el Gobierno de Johnson y las autoridades comunitarias por el que se materializaba el Brexit, debido a la complejidad del proceso para obtener visados.

Además, en el último año, el sector logístico británico se ha visto seriamente afectado por el hecho de que hoy muchos camioneros que recorren Europa ya no incluyan en sus rutas Gran Bretaña, pues ello comporta enormes problemas burocráticos.

Además, las restricciones de toda índole y problemas derivados de la pandemia del covid no han hecho más que agravar las cosas. Mientras Downing Street busca soluciones de emergencia, lo que resulta un dislate es que ni el Gobierno ni la oposición británica admitan que sufren las consecuencias del Brexit; de nuevo, en este asunto, parece que se opta por no decir la verdad al ciudadano.

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De izquierda a derecha, La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, la de Política Territorial y portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, y el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá este martes en Moncloa
De izquierda a derecha, La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, la de Política Territorial y portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, y el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá este martes en MoncloaJ.J. GuillénEFE

Tres fracasos del Gobierno en una mañana: ni Presupuestos, ni pensiones, ni ampliación de El Prat

Carlos Segovia en El Mundo, 290921

La situación no podía ser más embarazosa. Yolanda Díaz a un extremo de la mesa de la rueda de prensa, la ministra Portavoz, Isabel Rodríguez, en el medio (menos mal) y al otro José Luis Escrivá. Ni Díaz ni Escrivá ocultaron sus discrepancias y este último terminó dejando claro que la vicepresidenta segunda le había criticado por sus declaraciones sobre las pensiones «sin conocer exactamente lo que yo había dicho.

Es evidente». Rodríguez cortó inmediatamente la rueda de prensa en ese momento. Fue una comparecencia ilustrativa de la debilidad del Gobierno y su enorme dificultad para aprobar reformas. Se aprobó la subida del SMI -para cuatro meses y sin acuerdo de CEOE- y lógicamente, la imprescindible prórroga de los ERTE, pero se oficializaron tres preocupantes fracasos en una mañana.

El primero es que este martes habría sido el Consejo de Ministros habitual para lanzar el proyecto de Presupuestos para 2022 y asegurar su aprobación «en tiempo y forma», pero la propia Díaz dijo que «es evidente que no hay acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos» . Frente al ímpetu de Rodríguez apuntando a un inminente pacto,

Díaz pidió «paciencia» y «fuego lento». Termina pues septiembre sin acuerdo sobre los Presupuestos ni siquiera en el interior del Gobierno y asentados, encima, sobre previsiones macroeconómicas irreales.

El segundo fracaso importante es cómo dar sostenibilidad a las pensiones. Díaz y Escrivá se mostraron de acuerdo en la revalorización con el IPC, pero eso genera, según el Ministerio, un sobrecoste potencial del 2,7% del PIB -más de 30.000 millones anuales- que hay que compensar por otro lado.

Y mientras que Díaz instó a Escrivá a ser «cauto» con sus llamamientos a que trabajen más las personas de entre 55 y 75 años, el ministro se revolvió allí mismo llamando a pelear por lo contrario y que esa generación trabaje más tiempo: «Más que cautelosos, tenemos que ser beligerantes». Otro forma de contener el gasto es sustituir el llamado factor de sostenibilidad del PP por otro similar que Escrivá llama «mecanismo de equidad intergeneracional», pero Díaz sólo defendió su derogación.

Por si fuera poco, el Consejo de Ministros acordó no incluir el proyecto de inversión de 1.700 millones en el aeropuerto de El Prat para el período 2022-2026. Se esfuma así sine die un proyecto que iba a crear 85.000 empleos y que teóricamente defendía la ministra de Transportes, Raquel Sánchez -se ha visto que sin verdadero entusiasmo- y rechazaba claramente la ministra de Trabajo por razones medioambientales.

Fue impresionante cómo la misma ministra Portavoz que había anunciado dos meses atrás con entusiasmo -tras una mesa de diálogo con la Generalitat- la inversión en El Prat, despachó en tono oficinista el nuevo plan de Aena y sin mencionar siquiera que ya no se va a hacer nada en Barcelona.

La Generalitat de Cataluña tampoco lo lamentó y eso que en la víspera, el conseller de Economía, Jaume Giró, cifró «el déficit fiscal en 18.000 millones». En el trepidante Govern cabe quejarse de expolio y, a la vez, abortar junto a Díaz un plan de 1.700 millones. Sánchez sostenía por cierto que era necesario no sólo para Cataluña, sino para España, pero si no puede ni ampliar El Prat, cerrar unos Presupuestos eficaces a tiempo y una reforma sostenible de pensiones parece utópico.

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Pas de deux

No hay dos sin tres

Santiago González en El Mundo, 290921

La convención del PP no solo responde a la segunda acepción que de esta voz proporciona el DRAE; también a la primera: “Norma o práctica admitida tácitamente, que responde a precedentes o a la costumbre”. Ayer, en la segunda jornada convenida que se celebró en Valladolid, el candidato popular a la Presidencia del Gobierno sea cuando sea, Pablo Casado, apareció flanqueado por correligionarios de postín: el ex presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani y el ex presidente del Consejo Europeo y ex primer ministro de Polonia, Donald Tusk.

Casado aprovechó las recientes elecciones en Alemania para hacer de la necesidad virtud. Un poco venido arriba, en mi opinión, se postuló como heredero de Angela Merkel: “si no consigue la CDU formar Gobierno, nos quedaremos como el primer partido en representación institucional de todo el centroderecha europeo”. En el caso de llegar a gobernar, claro. Se conoce que el hombre se animó por la compañía de dos dirigentes del Partido Popular Europeo tan relevantes como los citados.

El problema es que no son Tajani y Tusk los que tienen que darle su apoyo para formar Gobierno. No parece que ambos lo vayan a llevar a La Moncloa a la sillita de la Reina. Todas las encuestas, absolutamente todas, coinciden en que Pablo Casado solo llegará a la Presidencia del Gobierno a lomos de Santiago Abascal. Lamentablemente para él no hay en su partido un pervertido demoscópico modelo Tezanos que le augure una mayoría para gobernar. Ni uno solo, en ninguna ocasión.

La víspera tuvo el apoyo del último presidente del Gobierno que tuvo su partido en Santiago de Compostela  y Mariano Rajoy Brey tiró de experiencia propia para hacer recomendaciones al candidato popular: la primera fue la de volcarse en la Economía; la segunda, alejarse de Vox. “Es la Economía, estúpido”, dijo el asesor de Bill Clinton, James Carville, en la campaña presidencial de 1992 contra Bush padre.

Rajoy hizo suya la consigna, pero por lo visto no era muy adecuada para España. Porque bajo su presidencia, la política económica se gobernó con mano prudente y se arreglaron algunos de los despropósitos del zapaterismo, como antes había hecho Aznar tras el felipismo, pero no parece que eso le importara a nadie cuando el psicópata Sánchez pactó con el populismo, con los separatistas vascos y catalanes y con los herederos políticos de la banda terrorista ETA y le madrugaron la presidencia en aquella infame moción de censura que les sirvió en bandeja el juez José Ricardo de Prada con una sentencia chunga, desautorizada por la Audiencia Nacional.

Rajoy asumió la tarea de arreglar los destrozos de los socialistas que les tocaron a Aznar a finales de los 90 y a él mismo a partir de 2012. “No hay dos sin tres” le advirtió a Casado. ¿A qué se refería?  ¿Quizá derrotas? Seguramente oportunidades. La primera fue la destitución de la mejor portavoz que ha tenido nunca el PP, Cayetana Álvarez de Toledo, en el verano de 2020.

La segunda, el encarnizado ataque que dedicó a Abascal, su apoyo necesario, en la moción de censura de Vox contra Sánchez y la tercera la inquina que el par director, Pablo y Teodoro, profesa a Isabel Díaz Ayuso, el valor institucional más alto que tiene el PP en existencias. Ella, que nos había librado de Pablo Iglesias. Puede que no haya dos sin tres, pero Pablo Casado ya se ha gastado las tres oportunidades que tenía.

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Vídeos

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Fernando Sánchez Dragó | SALUD MENTAL: la locura que gobierna el mundo: Ser hombre y blanco.. 220921.

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Musica

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«Fear of the Dark» [1993] es un sencillo del álbum homónimo y relanzado en directo para el álbum A Real Live Dead One [1993] de la banda de heavy metal Iron Maiden;  la canción fue escrita por Steve Harris. Vía Diana Lobos, 290921.

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Humor

Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 290921

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