The South Sea Bubble


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  • El PSOE presionará a Podemos con una ley que castigue a los clientes de las prostitutas

Impulsará una ley abolicionista en esta legislatura para ganar a sus socios esta batalla feminista. El partido avala la ‘ley trans’ y consuma la derrota de las feministas históricas del partido

Marisol Hernández en El Periódico, 171021

Unidas Podemos ganó a los socialistas la carrera por liderar el nuevo feminismo y el PSOE les ha vencido ahora con el impulso de la abolición de la prostitución. La lucha perenne entre ambos partidos por liderar el avance en derechos sociales de la izquierda ha quedado este fin de semana en tablas.

El congreso del PSOE finalizará este domingo con la promesa de intentar aprobar durante esta legislatura una ley abolicionista, que planteará por primera vez el castigo de los clientes. La ponencia ha incluido este asunto en su redacción final, a raíz de una enmienda de la federación socialista valenciana, que ya planteaba la persecución de los también llamados «prostituidores«.

El texto final asume esta reclamación y señala que es «imprescindible un marco legal que ponga el foco en quienes acuden a la prostitución y en quienes se lucran de ella». De esto modo apuestan por «sancionar la demanda», por «perseguir todas las formas de proxenetismo» y por «la recuperación de la tipificación penal de la tercería locativa», para prohibir que un tercero, un particular o el dueño de un local, se lucre de la explotación sexual de una mujer. «Este es el camino para acabar con la mayor expresión de los derechos humanos de las mujeres y las niñas en el mundo».

Según han explicado fuentes del partido, el Gobierno «hará un esfuerzo» para que esta ley abolicionista esté aprobada esta legislatura. Desde muchos ámbitos se anhelaba una promesa temporal más completa, pero no ha sido posible porque esta futura norma debe pactarse en el Gobierno con Unidas Podemos.

El partido morado no tiene una postura común en este tema. Hay partidarios de trabajar por la erradicación de la prostitución, otros que consideran que como es imposible terminar con ella es más útil una regulación que mejore las condiciones de trabajo de las mujeres e incluso quienes piensan que ellas tienen la libertad de hacer con su cuerpo lo que quieran.

Este vacío en la posición de Unidas Podemos lo ha aprovechado el PSOE. Después de años en los que han defendido teóricamente la abolición, ahora finalmente se comprometen a sacarlo adelante. La ley abolicionista contaba con suficiente respaldo en el partido con grandes defensores como el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que el sábado lo citó en su discurso, y la exvicepresidenta, Carmen Calvo. «Se dice que es el oficio más viejo del mundo como una forma exculpatoria, claro, igual que la discriminación de la mujer es la más vieja del mundo y las más insoportable», dijo Zapatero.

Pero este avance en las posturas del feminismo socialista ha tenido como contrapartida una derrota en sus intentos de corregir la llamada ley trans. Esta batalla la ganó Podemos en el Gobierno. El proyecto del Ministerio de Igualdad, que dirige Irene Montero, contemplaba el cambio de género sin más requisitos que acudir al Registro Civil.

Carmen Calvo, que fue quien lideró la oposición a esta norma, sólo consiguió corregirla para que el proceso incluyera una primera solicitud, que debe confirmarse tres meses después, y la obligación de que para revertir el cambio civil de sexo se deba acudir a los tribunales.

Aunque el denominado feminismo histórico del PSOE había presentado enmiendas para ampliar los requisitos en la autodeterminación de género y contra la ley trans, que denominan «de Podemos», el partido no se ha hecho eco de sus reclamaciones y ha dado todo su aval a la legislación aprobada por el Gobierno.

Este debate, que se mantenía latente, ha muerto definitivamente en este congreso. Desde el PSOE, indica el texto final de la ponencia, «hacemos nuestras las reivindicaciones del colectivo trans con esta nueva legislación».

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El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

Revista de Prensa

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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 171021, en torno a la obra ‘Marcel PROUST” [], de origen anónimo.

El pasado es ciego

Lo peor en sanchez es la incompetencia moral. Cada vez que abriera la boca para referirse a la pandemia, solo debería pedir perdón a los españoles

Arcadi Espada en El Mundo, 171021

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(Remoto)

Escribía el jueves David Jiménez Torres que es imposible mirar el pasado con los ojos del presente: «Una mirada completamente presentista y honesta probablemente nos destruiría, como si fuéramos aquellos supervivientes del Holocausto que, abrumados por lo que habían visto, acabaron quitándose la vida».

Dejo de lado el asunto del Holocausto y el suicidio de unos pocos de sus supervivientes, y aquella tórrida fábula literata de que se sentían culpables por haber sobrevivido. ¿Pero qué es eso de no poder mirar el pasado con los ojos del presente? Comprendo las intenciones de Jiménez, que son buenas. Él se resiste a la estúpida exigencia de tener que pedir perdón. Pero, a mi juicio, no con las razones adecuadas.

Para empezar, el pasado no puede mirarse con otros ojos que los del presente. Esta obviedad, tan maltratada por el tópico, se confirma al pensar que hay una inmensidad de pasados que no han llegado a nuestro presente; y a los que, en consecuencia, no se puede mirar. Cada presente depura secciones particulares de la Historia.

Pero más allá de la obviedad, ¿cuáles serían, exactamente, los ojos del pasado? ¿Acaso hay un solo par de ojos? Sin apartarnos del nazismo: unos ojos alemanes de los años 30 conducen a una situación difícil. ¡Hay que ponerse en el lugar de Hitler: todos los alemanes eran nazis! Sería inexacto.

El escritor alemán Joachim Fest, por canónico ejemplo, dijo no. Y como él cientos de miles que jamás votaron a Hitler ¿No tienen derecho los Fest a que sus ojos cuenten? Y del mismo modo: ¿ningún romano perdonó la vida a un galo?, ¿ningún azteca se conmovió llevando un bebé a la pira? Mucha mayor seguridad tenemos con el presente. Debe de haber partidarios de la esclavitud en el siglo XXI.

Incluso desahuciados creyentes en las virtudes del sacrificio a los dioses. Pero los ojos del presente son terminantes: esclavizar a los hombres es abominable. Incluso en el simpático Egipto de las Pirámides de Astérix. No hay ninguna posibilidad técnica ni moral de observar la esclavitud con otros ojos. Y lo más importante para esta discusión: no hay necesidad alguna de observar los grilletes con los ojos de los esclavistas.

El pasado está mal. La aceptación, poco extendida, de esta evidencia es el problema que impide el consenso sobre algunos asuntos del presente. Una misteriosa ilusión cognitiva, aún no enteramente desvelada ni por la neurociencia ni por su precursora, la literatura, ha dado origen al mito de los buenos viejos tiempos. La ilusión melancólica, puramente individual, se traslada con facilidad a lo colectivo.

Y araña la evidencia moral. El pasado debe condenarse. No hay que ponerse en el lugar de los padres ni mucho menos en el de los abuelos. Y más allá se trata de extraterrestres que, efectivamente, existieron y son ellos. Matar indios, negros y judíos no estuvo bien, francamente. Y fusilar a Lluís Companys, tampoco.

Una vez se admite todo esto, la escena queda de pronto mejor iluminada. La escena del perdón, por ejemplo. ¿Yo, que censuro el comportamiento de mis antepasados, voy a pedir perdón? Yo, ¿por qué? ¿Acaso el hijo de un asesino tiene que pedir perdón a la familia de la víctima? Ya he dicho mil veces que ni siquiera un padre tiene que pedir perdón por lo que hace su hijo.

Figuraos entonces el absurdo de ir cuesta arriba de la edad. La exigencia de perdón persigue el banal, aunque maligno, objetivo político de extender una culpa útil sobre algunos contemporáneos. Y algunas de las reacciones a esta exigencia apenas disimulan otro rasgo con el que debe contarse: hay contemporáneos que consideran moralmente aceptables determinados crímenes de los padres. Pero si alguna vez se deciden a pedir perdón será por sí mismos y no por sus padres.

Si se excava se descubre algo más. Es la brutalidad del pasado lo que nos permite ser mejores. Sobre las cósmicas montañas de cadáveres los contemporáneos se afanan en llevar una vida distinta. Y, en gran parte, lo consiguen. Esta es la principal y consabida función de la Historia. Son esos muertos los que reducen los nuestros.

De ahí que sea un crimen, un crimen de leso presente, intentar que el pasado pase por el cedazo del bien. Este ejercicio de derribar estatuas, arruinar placas, lápidas, borrar libros, discursos, imágenes pertenecientes a la memoria condenada. Sin la detallada experiencia del mal no hay bien posible. El pasado es un país extranjero: allí todo se hace peor. La razón principal es que tienen algo menos de error y muerte en los que fijarse.

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(Presente)

Una de las razones del triunfo de las mentiras es su cara dura y el cansancio que su impertérrita faz deposita en los espíritus sensibles. Pero no he de callarme por más. Hace una semana traía aquí la superstición de la señorita Darias que obligaba a llevar mascarilla hasta la primavera, porque así se protegía a los lerdos españoles de pillar virus respiratorios.

Evidentemente, si los virus respiratorios no habían prosperado no era por la mascarilla —si tal fuera su eficacia nos habría librado del Covid— sino por la presencia despótica del monstruo. Asediado el monstruo, los virus vuelven a proliferar y bastará con decir que ya me he resfriado. Pero el yo nunca debe ser noticia, dicen ellos.

Por suerte el periódico, ciertamente impertérrito, abría ayer una página diciendo: «Vuelven los virus de siempre. Más faringitis, estornudos, toses. La vacunación arrincona al coronavirus y deja paso de nuevo a los patógenos estacionales. Ahora vemos la competencia que hay entre los diferentes microorganismos para llegar al huésped». ¡Ahora! Y lo peor. Nadie llama a la señorita Darias, mascarilla.

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(Sin pase)

Este fin de semana lo volverá a proclamar en el Congreso socialista y lo hará con su habitual falta de vergüenza. Me he enfrentado y yo solo a la peor crisis de los últimos 100 años en este país. Mentirá sin rebozo, porque esa gesta le correspondió a Francisco Franco y doblemente: por contribuir decisivamente a provocarla con la Guerra y por encararse sostenidamente a ella en la posGuerra.

Pero lo peor en sanchez es la incompetencia moral. Cada vez que abriera la boca para referirse a la pandemia, solo debería pedir perdón a los españoles. La estadísticas europeas sobre la muerte anticipada en los años 2020 y 2021 confirman en este final de pandemia que España es el Estado que la ha sufrido más. Y las estadísticas europeas sobre el crecimiento económico confirman que España cayó más que nadie y saldrá de la crisis más tarde y peor que nadie.

Ese perdón, sanchez. En nombre de los vivos y a los supervivientes.

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(Pesados)

Ya había descartado que Proust me diera tanta felicidad como la de aquel invierno en que, casi siempre de noche junto a un fuego de madera de roble, leí la Recherche. Quia. La editorial Elba acaba de traducir un librito del que lo ignoraba todo: Cartas a su vecina

. Se llamaba Marie Williams y vivía en el piso de arriba. Proust le escribió, al menos, 23 cartas. Tienen un tema: el ruido. La corrección de aquel lema sobre el que Sartre se equivocó, como con todo: «El infierno es el vecino». Paladead: «Siempre he pensado que el ruido sería soportable si fuese continuo.

Dado que de noche arreglan el boulevard Haussmann, de día rehacen su apartamento y en los intervalos se dedican a demoler la tienda del 98 bis, es probable que cuando esta cuadrilla filarmónica se haya dispersado, el silencio suene en mis oídos tan antinatural que, lamentando la desaparición de los electricistas y la marcha del tapicero, añoraré mi canción de cuna. Tenga a bien, señora, aceptar mis respetuosos saludos»

Siempre sospeché que yo era Proust. Así que compré tres ejemplares y ayer los dejé en sendos buzones.

(Ganado el 16 de octubre, a las 13:08, 68 lpm, 35,5º, vacunado con vector ChAdOx1 [Oxford/AstraZeneca], lote 210092, segunda dosis).

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El futuro nos mira

Leonard Giovannini en el blog de Arcadi Espada, 171021

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Hoy plagiamos a Edward Matthew Ward. En nuestra versión, el delegado del Gobierno lee para la multitud las nuevas ordenanzas. Las palabras del delegado obran como un conjuro: a medida que las pronuncia el fetiche de la prevención absoluta se va materializando entre él y la multitud.

El Pueblo asiste al espectáculo de la encarnación de sus deseos en una carnosísima dominátrix. La gigante ofrece la salvación a cambio de sumisión y el Pueblo todo, profilacta imaginario, responde bañándola en miradas lúbricas. Incluso los niños y que dios me perdone. El diarista toma nota y se acaricia la garganta con desconfianza.

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(Antifazismo, parafilia)

Hemos comprobado que todo español anhela salir a la calle disfrazado al tiempo que se somete a un gobierno fuerte y a unas normas morales estrictas; como el Guerrero del Antifaz.

(Pesimismo racional) Si la eficacia de la mascarilla es nula, ¡si encima no te la pones, imagina! Si las redes sociales no son nocivas, ¡cuánto mejor estaríamos si además hubiera una mascarilla para Facebook! Haidt está a un paso de exigir un filtro para Instagram, ¡pero de eso ya hay!(Ctrl+Alt+zheimer) Contra lo acostumbrado, los nacionalistas olvidan sus derrotas. Hay esperanza.

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•••El pasado es ciego
I
lustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada

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¡El PSOE ha muerto! ¡Viva Sánchez!
Ilustración de Ulises Culebro ‘ULISES‘ [México, 1963] para el texto

¡EL PSOE HA MUERTO! ¡VIVA SÁNCHEZ!

Aunque los socialistas se sientan confortados con este congreso de unanimidades, las armas las carga el diablo. Más cuando va a costar mantener seca la pólvora electoral bajo unas inclemencias económicas. El ‘directismo’ ha dimanado en fuente de caudillismos que acallan el debate interno

Fco. Rosell en El Mundo, 171021

Hace veinte años, con Zapatero como sorpresivo secretario general del PSOE tras resbalar Bono, como luego la hoy proscrita Susana Díaz con Sánchez, Alfonso Guerra tiraba de ironía al contemplar la milagrosa conversión de los detractores del nuevo líder socialista en una conferencia política del PSOE convocada para cerrar filas y trasladar una imagen de unidad tras una azarosa temporada de porfías y cuchilladas.

«Aquí estamos para soplar velas de cumpleaños», deslizó el antaño vicetodo mientras Chaves peroraba como paladín zapaterista tras jugar fuerte en favor de Bono y en contra de aquel chico leonés que lo escuchaba sonriente procurando afirmar su victoria de sólo nueve votos sobre un favorito compuesto y sin Secretaría General. Como apreció André Malraux, quien compaginó la literatura con la política como ministro de Cultura con el general De Gaulle, «miré a mi alrededor y descubrí la condición humana».

Al cabo de dos décadas de aquella conferencia, en el congreso de exaltación de este fin de semana en Valencia, el PSOE escenifica otra celebración a mayor gloria de Sánchez y a la que se ha sumado el confitero Tezanos, jefe del obrador del CIS, suministrando la tarta de regalo en forma de encuesta del agrado de quien le puso al frente del instituto demoscópico y al que el espejito mágico del cuento de Blancanieves le dice lo que quiere oír.

Aunque esta vez una de las encuestadas ha sido, casualmente, la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, el sesgo de parcialidad del CIS, contraviniendo a los demás institutos de sondeos, ya es marca de la casa de la repostería de Tezanos, cuya manipulación sostenida con fondos públicos bordea la prevaricación por la que tendrá que declarar ante el juez.

Este 40º Congreso Federal del PSOE es una muestra de enaltecimiento de Sánchez, así como de consagración temporal del sanchismo, pues casi todos los personalismos periclitan con su tiempo de poder, como ayer atestiguaron con su presencia González y Zapatero.

No obstante, si bien el proyecto socialdemócrata del primero ha quedado en desuso en el PSOE como el traje de pana del que hacía uniforme de campaña electoral, mientras la semilla que sembró el segundo se desarrolla frondosa con el sanchismo y con sus aliados Frankenstein. Podemos no deja de ser un hijo natural suyo hasta contribuir a la podemización socialista.

Este cónclave acredita ese «¡Viva quien vence!» que don Quijote juzgaba de villanos, como le reprocha a su fiel escudero Sancho, por ser cosa propia de quienes se arriman al ganador para asegurarse sobrevivencia y sinecuras, en vez de sostener con hidalguía lo correcto a riesgo de arrostrar las secuelas de la derrota. Nada nuevo bajo el sol.

De esta guisa, quienes descalificaron a Sánchez se han ido deslizando, de manera más suave o abrupta, según circunstancias, hacia el vencedor conscientes de que su sino pende de la santa voluntad de quien, al verlo entrar este domingo en loor de militantes, algún socarrón compromisario podría exclamar: «¡Aquí viene mi elector!». Como no rige otra ley que la suya, Sánchez puede emular a Ricardo III en la obra homónima de Shakespeare: «Hoy no estoy de humor para dar».

De hecho, así ha sido con algunos costaleros que lo auparon a la Secretaría General y a La Moncloa, quienes hoy sufren la discrecionalidad de quien puede otorgar o denegar a capricho en base de «hoy sí; mañana, no; a ti, sí; a aquél, no». Las amargas lágrimas de Carmen Calvo del viernes no se sabe bien si eran llanto por el entreguismo a lo que denominó el trilerismo de Podemos, como aseveró con voz entrecortada, o lloraba por ella tras ser expulsada del paraíso sanchista.

Como su colega de Gobierno y de desgracia, José Luis Ábalos, quien digería su entripado refugiado en el calor de establo de los que aún no se cruzan de acera cuando lo ven venir. O Iván Redondo, al que la luz de los focos televisivos diluye en la nada tras aparentar ser el gran valido de Sánchez, como si fuera el mismísimo conde-duque de Olivares con Felipe IV.

Sentada esta premisa, se constata que nunca como ahora ha habido tan poco debate ni dirección alguna ha dispuesto de tanto poder como para cambiar de arriba abajo el PSOE. Ni siquiera el dios González pudo renunciar al marxismo sin verse forzado a dimitir, aunque se repusiera del revés y redoblara su poder, pero sin librarse de contender con minorías que incordiaban como tábanos.

Ahora se impone la unanimidad de bocas que callan para seguir comiendo del presupuesto y que contribuyen, salvo alguna queja de reglamento, a hacer del PSOE una organización monolítica, aunque la historia enseñe que nunca nada está atado y bien atado.

Después de que los partidos atuvieran su devenir a la ley de hierro de las oligarquías enunciada por el sociólogo alemán Robert Michels y su inevitable inclinación a concentrar todo el poder en pocas manos, el sistema de primarias ha agudizado el problema cuando llegaba para remediarlo. Como tantas novedades de la farmacopea política.

Ese directismo ha dimanado, por contra, en fuente de caudillismos absolutistas que acallan el debate interno y socavan la democracia representativa franqueando la puerta a un populismo que gana furtivamente terreno.

No sólo porque ofrece una solución simplista y fácil de aprehender por los simples, sino también porque no encuentra oposición al haberse hecho populistas todos los partidos, parafraseando la dedicatoria del liberal Hayek «a los socialistas de todos los partidos» de su obra Camino de servidumbre. A este respecto, las cúpulas de antaño se han convertido en minaretes desde la que el muecín dicta la oración y el resto obedece.

En este artificioso clima de éxtasis a la luna de Valencia, es altamente improbable que los asistentes a este concilio de aparente unidad y de inexcusable aclamación de Sánchez perciban las causas latentes de la decadencia y la corrupción que, como en el adagio romano, originen post festum, pestum.

Si Sánchez manda en el PSOE y en La Moncloa fue por la confluencia tanto del ardor con el que desafió el statu quo, así como porque le favorecieron unos vientos alisios como los que facultaron el descubrimiento de un Nuevo Continente por Cristóbal Colón. A este respecto, Churchill bromeaba catalogando al gran almirante de ser el primer laborista de la historia: se subió a un barco sin saber a dónde iba, llegó a un lugar que no sabía cuál era y todo lo hizo con el dinero de otros.

Aunque los socialistas se sientan confortados con este congreso de unanimidades y piensen que el PSOE es más fuerte que nunca, como hace un par de semanas el PP en la misma plaza, las armas las carga el diablo. Mucho más cuando va a costar mantener seca la pólvora electoral bajo unas inclemencias económicas que presagian el «invierno de nuestro descontento», en analogía con los versos shakesperianos y con la crisis que dio paso a la era Thatcher en el Reino Unido.

Sánchez no ignora lo que se le viene encima, aunque trate de disfrazárselo a los españoles, cuando no mintiéndoles como con el Covid-19 y vuelve a hacer ahora con la factura de la luz y el gas disparada estratosféricamente y sin control. Para este envite, precisa un partido unido porque una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse, si bien no parece que lo vaya a poner al servicio de una rectificación de su política y de sus alianzas, sino para proseguir por la estrategia del dictum latino del divide et impera (divide y vencerás).

Desde los tiempos de Guerra como jefe de tan poderosa maquinaria electoral, la estrategia socialista se corresponde con una adaptación de la máxima latina por parte del tantos años vicetodo: «Divide al electorado todo lo que puedas y procura quedarte con la mejor parte».

Aun así, éste no llevó su propósito a la desmesura era consciente de que el modelo constitucional sólo podía desarrollarse sobre las ruedas de las dos grandes fuerzas nacionales de Zapatero, primero, con su intento de exclusión democrática del PP con el Pacto del Tinell origen del tripartito que gobernó ocho años Cataluña ni con sus componendas con fuerzas independentistas incluido el brazo político de ETA de Sánchez.

En este sentido, su repentino acercamiento al PP para renovar los órganos constitucionales puede obedecer a satisfacer un peaje que le pertreche del dominio de los mismos, al igual que su aproximación a González tras no hablarse con él ni con Rubalcaba, no le apartará de sus socios de correrías. Si el refundador del partido, en declaraciones al diario argentino Clarín, prometió en septiembre de 2020:

«Con lo que me quede de fuerzas en el futuro, combatiré esa republiqueta plurinacional con derecho de autodeterminación que defiende Pablo Iglesias», ayer se ratificó en ello, así como en su lealtad con un proyecto político que «encabecé durante 23 años como secretario general del PSOE y durante 13 años como presidente del Gobierno, y que ahora encabezas tú». Se lo aclaró «con estilito y agrado», que diría el cantaor y filósofo de la vida Beni de Cádiz, o sea, juntos pero no revueltos.

En Bosquejo de Europa, el diplomático y escritor Salvador de Madariaga anota que el español ha sido siempre rebelde a la unanimidad. Lo ejemplifica en un republicano exiliado en México tras la Guerra Civil que acabó siendo concejal del municipio de acogida. En una sesión consistorial, propuso la ubicación de una farola en una calle de las afueras.

Tras analizarse la propuesta, toda la corporación votó afirmativamente salvo el español que, al llegar su turno, votó contra su propuesta para sorpresa de los reunidos. Al inquirirle al respecto el alcalde, contestó impasible: «No soporto la unanimidad». Es poco verosímil que lo imite quien hoy será reelegido al vítor de «¡El PSOE ha muerto! ¡Viva Sánchez!».

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Los PGE y Los Porsupuestos Particulares de Sánchez
El presidente, Pedro Sánchez; la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño; y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. EUROPA PRESS

Los PGE y Los Porsupuestos Particulares de Sánchez

Jesús Cacho en Vozpópuli , 171021

A los Presupuestos Generales del Estado para 2022 (PGE2022) que María Jesús Montero presentó el miércoles en el Congreso habría que llamarlos, en puridad, los Porsupuestos Particulares de Sánchez (PPS) o el dinero que, Por Supuesto, el Gobierno de PSOE y Podemos va a seguir entregando a separatistas, bildutarras y nacionalistas del PNV a cambio del respaldo personal a Pedro Sánchez en el Parlamento.

Desde un punto de vista técnico, el libro amarillo de Marisú Montero es un rompecabezas de casi 500 páginas del que ni el más esclarecido premio Nobel sería capaz de extraer un análisis coherente y lógico, comparativo, porque todo parece hecho precisamente para que quien lo intente se estampille contra la ausente lógica de un discurso trufado de eslóganes políticos (“la transversalidad de los impuestos con las políticas de género”, “el Gobierno que más invierte en la historia de España en los jóvenes”, “el objetivo puesto en lograr una democracia justa”), de olvidos tan intencionados como ominosos y de groseras contradicciones que convierten el conjunto en un brindis al sol, el sueño imposible de un presidente al que le importa un pimiento el rigor presupuestario y que consiente que la tropa podemita, en particular esa Yolanda de diseño que nos quieren vender como esclarecida heroína, meta su zarpa en las cuentas del Reino, porque él ya se da por satisfecho con poder pagar las letras que sus socios le presentan a cobro a cambio de mantenerlo en el poder.

Desde un punto de vista técnico, los Por Supuestos Particulares de Sánchez hacen agua por los cuatro costados, porque están construidos sobre un cuadro macro irreal que estima un crecimiento del PIB para el año próximo del 7%, un guarismo que el FMI acaba de reducir al 6,4% y que el consenso de los analistas (media de Funcas) sitúa en casi un punto menos, el 6,1% para ser exactos.

Y si se crece menos, el edificio de los ingresos fiscales, asunto clave para poder gastar (lo único que interesa al señorito) se desmorona con estrépito convirtiendo el resto de estimaciones en papel mojado.

Difícil de comprender resulta que los autores del mamotreto estimen un precio del petróleo en los 60,4 dólares barril cuando el mercado está fijando su suelo en torno a los 70 dólares, cifra que algunos elevan, para nuestra desgracia, hasta los 80 dólares. Y es de sobra sabido que un aumento de 10 dólares en el precio del crudo se traduce en un recorte de 1 punto de PIB. Y otro tanto ocurre con el comportamiento estimado de los tipos de interés, en un momento en que todas las expectativas apuntan a su alza.

-En realidad, parece que Marisú y su equipo han elaborado unos PGE a la medida del jefe de la banda por el método de hacer las cuentas al revés, partiendo de la pregunta fundamental para todo Gobierno de izquierda populista que se precie: ¿Cuánto quiero gastar…? 

Pues bien, si quiero que el gasto público sea “z”, la economía me tiene que crecer “y” para que los ingresos fiscales lleguen a “x”, de forma que el déficit público me queda más o menos presentable, que no sea un escándalo por el que me puedan llamar al orden en Bruselas.

Ese parece ser el truco que se esconde tras la estimación de un crecimiento del PIB del 7%, a todas luces exagerado. Se sobreestiman los ingresos y se subestiman los gastos, y de este modo nos salen unas cuentas la mar de chulas, que andando el año se darán de bruces con la realidad, pero eso a nuestro Pedrito, experto en solventar el problema de hoy y mañana Dios dirá, le importa poco.

Como no podría ser de otro modo con este Ejecutivo, el gasto estructural se dispara: suben pensiones, salarios de funcionarios (el señorito cobrará el año que viene más de 86.000 euros), la oferta pública de empleo (aumentar la nómina de gente que nos deba los garbanzos), la dependencia…

Y todo ello en una economía con un déficit estructural del 5% del PIB, una deuda que no deja de crecer y un Gobierno hostil a la actividad empresarial (subida del impuesto de Sociedades, hachazo a los planes de pensiones y fiscalidad creciente para unas clases medias trabajadoras cada día más depauperadas: más de 100.000 millones espera recaudar Marisú en 2022 por IRPF).

Naturalmente, para atender un gasto público de récord (nada menos que 196.142 millones, gasto no financiero), la señora Montero incorpora una partida de hasta 27.633 millones de los fondos europeos Next Generation que el Gobierno da por seguro que va a recibir sí o sí, a pesar de que sigue sin dar respuesta a las exigencias de la Comisión en temas tan vitales como la reforma de las pensiones o la laboral, y no me refiero a esa clase de reformas que quiere la eternamente Yolanda, sino las que se supone que apadrina un club a quien se le sigue imaginando defensor de la libre empresa y la economía de mercado.

Unos PGE cuyo voluntarismo es tan claro, su provisionalidad tan obvia, su lógica política tan evidente, que solo se entienden en clave de convocatoria electoral más o menos inmediata. En todo caso no estamos ante unos PGE expansivos, que desde luego que sí, sino ante unos cálculos voluntaristas elaborados sobre bases político-ideológicas reñidas con cualquier ortodoxia presupuestaria y cuyo primer mandamiento es dar satisfacción a las reclamaciones de los socios que sostienen a Sánchez por la peana del poder.

¿Cuál es la función de los socios de Sánchez? “Porsupuesto” sostener a Sánchez. Y Sánchez a cambio, les da satisfacción quitando el dinero a unos y dándoselo a otros, mayormente a los citados. ¿Un presidente del Gobierno que prevarica? Si no lo hace, se le parece mucho.

Resta inversiones a Madrid (también a Andalucía) porque Madrid ha demostrado que le quiere poco, y en injusta recompensa Su Sanchidad le castiga a la hora del reparto de los dineros públicos (la inversión destinada a Cataluña supone el 18,5% del total, por solo el 8,9% a Madrid a pesar de que aporta el 19% del PIB nacional) y se lo entrega a Cataluña, bueno, aclaremos, no se lo entrega a Cataluña, no, porque si ese dinero fuera para los catalanes en su conjunto la cosa podría ser incluso aceptable: se lo entrega a la tropa separatista (1.452.103 votos en las últimas autonómicas, o el 25,8% del censo electoral y el 18,7% de la población catalana -7.780.479 personas según el último censo-), para que pueda seguir viviendo a cuerpo de rey con cargo al dinero del contribuyente y gobernando de espaldas a la mayoría de los catalanes, para que puedan seguir manteniendo medios de comunicación como TV3, seguir abriendo embajadas en las que colocar conmilitones, seguir persiguiendo al español, seguir ampliando la nómina de funcionarios a quienes se supone fieles a la hora de emitir su voto y así sucesivamente.

Para consolidar al frente de la Generalidad, en suma, a una elite reaccionaria y xenófoba que se ha hecho con el poder en lo más parecido a una mafia que existe en toda la Unión Europea.

Solo con cerrar el grifo del dinero del que los profesionales del separatismo disponen para vivir a nuestra costa sería suficiente para reducir el fenómeno a las dimensiones naturales de esa “conllevanza” de que hablaba Ortega. No haría falta ningún 155.

 El tiempo ha demostrado hasta la saciedad que “esto” no se arregla dándoles más dinero, sino aplicando la ley y quitándoselo, de modo que la condición de separatista, el derecho a ser separatista, una opción perfectamente legal en democracia, supusiera un sacrificio para sus oficiantes, les costara un dinero, fuese una prueba de virtud y confianza en la suprema causa.

Separatistas, sí, pero con su dinero. Es una estrategia que no se ha ensayado nunca en Madrid, donde siguen tratando de aplicar paños calientes a quien va sobrado de calorías. De donde se infiere que primar a los socios de la banda de Sánchez es seguir echando leña al incendio nacionalista. Y es, además, dinero tirado a la basura, que únicamente sirve para apalancar en el poder y sus sinecuras a la elite citada y a la interminable saga de familia, amigos y conocidos, porque la Cataluña real sigue empobreciéndose a marchas forzadas, como estos días ha vuelto a quedar de manifiesto.

El separatismo catalán, dividido y debilitado en extremo sigue, sin embargo, jugando un partido sin equipo contrario en frente, porque el Gobierno central no ha hecho acto de presencia sobre el terreno de juego. P

eor aún, porque el supuesto delantero centro de ese equipo ha decidido enfundarse la camiseta separata. Sánchez juega el mismo partido que ERC, y no resulta aventurado afirmar que al final de la legislatura del Estado no quedará en Cataluña ni las raspas. Ambas partes están condenadas a entenderse. Y a sostenerse.

La debilidad del presidente es tan obvia que cuando Aitor Esteban le conmina en el Congreso a hacer algo para contener los precios de la energía, lo hace recordándole que “está en juego el futuro de la economía pero también el futuro de su propio Gobierno”.

La posición del titular de Moncloa es tan débil que cualquiera se atreve a amenazarle y a recordarle su triste condición de prisionero de la peor España. Tan frágil, que necesita apuntalar su deteriorado ego con un Congreso de fieles sumisos prestos al aplauso, al que ayer Felipe González puso imprescindible contrapunto:

“El deber del PSOE es proteger los cimientos que sostienen la convivencia y esos cimientos son el cumplimiento de la legalidad y la Constitución”. Lo que equivale a decir que este PSOE no está en el cumplimiento de la legalidad y en la Constitución.

Son estos, pues, los Presupuestos de Sánchez para apuntalar a Sánchez con el dinero del contribuyente. Unas cuentas que no servirán para propiciar un crecimiento de la economía sólido y sostenido tras la superación de la pandemia. Seguimos viviendo de la caridad del BCE, en un horizonte global mucho más complicado y amenazante.

“La piedra angular de los PGE es el gasto de los hogares”, escribía aquí Juan Delgado este jueves, pero las familias guardan sus ahorros y frenan el gasto, temerosas de un futuro que se presenta lleno de incógnitas. Amenazas económicas (precios de la energía e inflación) y grave incertidumbre política.

La crisis del petróleo del 73/74 se llevó por delante no pocas certidumbres, pero alumbró personajes de la dimensión de Reagan o de Thatcher, gente que, con sus errores a cuestas, logró recuperar el pulso de Occidente y acabar con la Unión Soviética y la Guerra Fría.

La crisis energética actual, que no tiene visos de ser coyuntural, nos pilla exangües por la resaca de la financiera de 2008 y la devastación de la epidemia del Covid. Lo peor, con todo, apunta a esa enorme orfandad de ideas y proyectos, en todo Occidente y particularmente en Europa, que se palpa en derredor y que nos impide intuir siquiera un porvenir aceptable. ¡Estamos como para gastar!

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Foto: Teo Uriarte. (Cedida)

Teo Uriarte: “La narrativa después de ETA la está imponiendo ETA”

  • Uriarte, ahora al frente de la Fundación para la Libertad, es un referente cívico en el País Vasco, un constitucionalista convencido y un analista bien informado de la política vasca

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 171021

El 20 de octubre de 2011 tres etarras encapuchados —David Pla, Izaskun Lesaka e Iratxe Sorozabal— comunicaron que la banda cesaba definitivamente su actividad terrorista. Diez años después, El Confidencial ha conversado con Eduardo Uriarte Romero —más conocido como Teo Uriarte— que fue miembro de ETA desde 1964, condenado a la pena capital en el Consejo de Guerra celebrado en Burgos en 1970, conmutado su fusilamiento por prisión, amnistiado en 1977, cofundador de Euskadiko Ezkerra, militante del PSE, partido con el que fue elegido concejal por Bilbao y teniente de alcalde de la ciudad. Uriarte, ahora al frente de la Fundación para la Libertad, es un referente cívico en el País Vasco, un constitucionalista convencido y un analista bien informado de la política vasca. Es autor de ‘Tiempo de canallas’ y ‘La insurrección de los vascos’. En esta entrevista, se muestra crítico con el discurrir del País Vasco durante esta década tras la desaparición de las acciones terroristas de ETA.

PREGUNTATras diez años desde que ETA anunciase el fin de su actividad terrorista, ¿qué queda de la banda en el País Vasco?

RESPUESTA. Queda su discurso y su creciente presencia política. Un discurso más libre que nunca en su exposición ante la opinión pública. Expuesto con toda contundencia por sus representantes políticos, EH Bildu, la segunda fuerza en el País Vasco, legitimada, además, públicamente en toda España por su alianza con el actual Gobierno social populista. Hay que destacar que constituye el discurso cultural dominante. Otras formaciones políticas como Podemos, PNV, incluso el actual PSE, asumen parcialmente el discurso nacionalista radical que ETA ha producido a lo largo de su existencia. Esta es la situación actual.

P. ¿Comparte la tesis de que ETA nació contra España más que contra el franquismo? Este criterio es mantenido por muchos académicos vascos y se apoya en el número de atentados antes y después de la muerte de Franco.

R. Aunque ETA surgiera y recibiera su inicial bagaje legitimador durante el franquismo —historiadores como Gurutz Jaúregui, Javier Corcuera, y otros muchos así lo aprecian—, ETA desde su inicio rechazó ser un movimiento antifranquista intentando evitar entre sus militantes cualquier confusión. Se declaraba radicalmente nacionalista, ajena del sistema político que existiera en el resto de España.

Es más, se puede apreciar en su literatura inicial su preocupación ante la posibilidad de que el alma nacionalista se diluyese —en evidente prolongación del pensamiento de Sabino Arana— ante el cambio democrático que fuera a producirse tras la muerte de Franco, incluida una III República. Es, por el contrario, en gran medida la angustia ante la libertad que en España fuera a producirse la causa de su creación, no tanto la larga y pesada dictadura que se padecía.

“El de Bildu constituye el discurso cultural dominante en Euskadi”

P. ¿La Ley de Amnistía y la memoria histórica en Euskadi, cómo se combinan? ¿no se está olvidando la Ley de Amnistía para una revisión que da un salto de pértiga sobre los asesinatos, secuestros y chantajes de ETA?

R. Personalmente creo que el discurso de Marcelino Camacho en el Congreso ante la aprobación de la Ley de Amnistía es una de las páginas más honrosas de nuestra historia erigiendo el hito del enterramiento del franquismo y la fraternidad democrática. El populismo hoy, los identitarismos, es decir, la cainita emotividad e irracionalidad hoy dominante, arrasan la formulación del encuentro democrático del 78, y con ello la convivencia entonces conquistada.

El fin de la memoria histórica es resucitar al franquismo, no dignificar a sus víctimas, para que unos nuevos protagonistas, mediante el sectarismo y el necesario enfrentamiento, nos lleven a un nuevo sistema basado en la hegemonía del izquierdismo. La memoria histórica en gran medida constituye una revisión condenatoria de lo que supuso la Transición y la Amnistía, poniendo, por el contrario, en valor, como hiciera Iglesias en una ‘herriko taberna’, la coherencia de ETA al haber rechazado incluso en solitario esta falsa democracia continuadora del franquismo. Mediante este criterio no solo se rompe con la democracia real existente, se pone en valor a ETA, a la que no se le olvida sino se la dignifica.

P. ¿Considera que ETA y las complicidades de determinados sectores han propiciado una auténtica diáspora de vascos por el resto de España?

R. Es evidente que sí. Para cualquier vasco, incluidos nacionalistas, en el resto de España, excepto Cataluña, se vive más libre, mejor, con menos precaución y miramiento. No hay más que pasear por Madrid, y no digamos por Marbella, para verlo.

El terrorismo expulsó a mucha gente, también el euskera en la Administración y la docencia, y el no disponer de determinado carné de partido, también. Y aunque el nivel de bienestar y servicios de nuestras localidades sean muy buenos, el ambiente prosigue enrarecido, el silencio es la defensa del disidente, la discreción es la costumbre para el que no desea pertenecer al redil nacionalista y seguir viviendo aquí… Los expulsados por el terrorismo ya no volverán, solo de visita.

“ETA rechazó ser un movimiento antifranquista. Era radicalmente nacionalista”

P. Se ha debatido mucho sobre qué factor determinó el cese de la actividad terrorista de ETA: para unos la acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, para otros la “negociación” protagonizada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y no faltan quienes atribuyen a una debilidad endógena de la organización terrorista su propio final. ¿Cuál es su opinión?

R. Es la derrota policial, especialmente la protagonizada por la Guardia Civil, el elemento determinante que lleva a ETA a la declaración de su disolución. Hay que incluir, también, la Ley de Partidos, que minaba seriamente el futuro del brazo político de ETA.

Es, por el contrario, la negociación duradera y pertinaz que Zapatero potencia, cuando ETA está agónica, la que facilita la superación de la hecatombe que para el nacionalismo hubiera supuesto su derrota, facilitando por todos los medios —contradiciendo al Tribunal Constitucional y al Tribunal Supremo— la legalización del brazo político de ETA.

Mientras la policía actuaba con destacada eficacia, la negociación daba árnica al cadáver de ETA, excusando su artificial existencia en una mesa de negociación la necesidad de ofrecer una salida política al brazo político de ETA. Este comportamiento excesivo en la negociación con ETA-HB lo que estaba pergeñando era la creación de una alianza, un nuevo bloque político, al socaire de las admiradas, por sectores del PSOE, experiencias latinoamericanas. Es decir, el bloque que hoy forma el sostén parlamentario de Sánchez.

Tal fue el exceso socialista en sus ofrecimientos, que en las conversaciones de Loiola el representante del PNV, Imaz, atisbó con cierta preocupación las posibles consecuencias que este acercamiento podría depararle al propio PNV.

P. Estamos ahora en la llamada “batalla del relato”: si, como sostiene el abertzalismo radical, fue un “conflicto” o, como es general en las fuerzas políticas democráticas, ETA fue un fenómeno delincuencial, ¿quién está imponiendo la narrativa después de ETA?

R. La narrativa después de ETA la está imponiendo ETA, o lo que es lo mismo, sus sucesores. Cuando se legaliza a HB no hay elemento simbólico alguno que suponga crítica, no ya condena, del pasado terrorista. No existe elemento alguno de condena o catarsis respecto a la aberración política que fue ETA. Es más, hoy la comunidad nacionalista asume que Euskadi es lo que es, con todos sus privilegios, gracias al sacrificio de sus ‘gudaris’.

Pero, como todavía Euskadi sufre bajo la opresión, el euskera está en peligro, la libertad no es auténtica libertad (cosa que comparte el nacionalismo con la izquierda), y la independencia sigue siendo la meta (aunque tengamos un Concierto Económico de privilegio), aquel sacrificio es el referente para continuar la lucha. Lucha matizada tras la experiencia bolivariana que demuestra que es más fácil vencer mediante el ‘entrismo’ y la manipulación de la legalidad desde el poder que mediante el pasado procedimiento del terrorismo, tan vulnerable ante la acción policial y rechazado por la opinión pública.

No hay más que escuchar al presidente del Gobierno hablar del conflicto catalán para darse cuenta del triunfo del concepto acuñado por ETA.

“La memoria histórica en gran medida constituye una revisión condenatoria de la transición y la amnistía”

P. ¿Son reales los arrepentimientos que se producen entre exterroristas de ETA? ¿Por qué no colaboran para descubrir la autoría de al menos tres centenares de atentados todavía no resueltos policial y judicialmente?

R. Salvo algunos casos, miembros de la saboteada vía Nanclares entre ellos, no existe arrepentimiento. Lo hecho bien hecho está. Porque a ver quién se arrepiente ante las realidades: son la segunda fuerza en el Parlamento vasco, sostén parlamentario del Gobierno de España, el discurso dominante es el de ellos, la calle, también, nadie les levantará —salvo alguna esforzada víctima del terrorismo— la voz. Y el delatar está socialmente mal visto en una sociedad tribal.

P. ¿Cuál es su opinión sobre la película ‘Maixabel’?, ¿debe leerse en clave de reconciliación entre nacionalistas o es un ejemplo de ética del perdón más allá de cualquier pulsión ideológica, tribal o identitaria?

R. Los de ETA también sufren. Esta fue mi impresión tras ver la película (si lo sabré yo tras ocho años de presidio franquista). Evidente esfuerzo de lavar la cara a ese mundo, aunque el caso tomado, el de un miembro de la vía Nanclares no sea atractivo para el núcleo radical del nacionalismo vasco. Es por eso una visión del nacionalismo moderado que busca el reencuentro mediante el generoso y admirable perdón con los “muchachos” equivocados de ETA. Así, pues, la película debe verse inscrita en un mensaje identitario: entre vascos, a pasar de todo, podemos entendernos y lamentarnos en comunión a los sones finales de una triste canción de recuerdo en euskera.

Admirable lo que se refleja sobre la actitud personal de Maixabel Lasa con el perdón que otorga a su victimario. Pero los católicos tenemos el vicio de apartar la ley por el perdón —nos gusta ser Dios, como explicaba el jurista y sacerdote Antonio Beristaín—, cuando la ley, y su aplicación, es la base de todo republicanismo coherente.

“Los expulsados por el terrorismo no volverán aquí. Vendrán solo de visita”

P. En el País Vasco se está produciendo un resurgir electoral de EH Bildu que es la segunda fuerza en el Parlamento vasco y tiene en el Congreso cinco escaños, uno de ellos por la Comunidad Foral de Navarra. ¿A qué se debe esta fortaleza de EH Bildu?, ¿hay desmemoria de la tragedia terrorista?, ¿conocen las generaciones jóvenes lo que significó ETA y el daño que causó?

R. Debiera quedar claro que, aunque ETA militarmente fuera derrotada, final que se negaba a aceptar, políticamente ETA salió vencedora tras un proceso de negociación con el Gobierno y entidades internacionales que acabó otorgando la legalización a sus sucesores. Y su final lo agradeció efusivamente la sociedad vasca en general porque declaró que dejaba de matarnos.

En Euskadi no existe conciencia ni memoria de lo que ETA ha supuesto como tragedia. Existe, en todo caso, lo contrario, una meritoria visión y enaltecimiento público —los más exultantes los ‘ongi etorris’— sobre lo que ETA ha supuesto, y supone. Y, aunque un amplio porcentaje de la juventud no tenga conocimiento de ella, una influyente minoría en su seno, y el hecho de que esté de moda la rebeldía del botellón, le lleva a votarle mayoritariamente.

P. ¿Cómo está respondiendo el PNV a esta nueva etapa en la comunidad autónoma?, ¿favorece una revisión ética o persiste en su tradicional ambigüedad?, ¿no se observan actitudes más decididas entre los dirigentes peneuvistas en un partido diferente, quizás, tras la larga época de Xavier Arzalluz?

R. El PNV agotó su etapa de colaboración con la democracia española con la desaparición de su generación que conoció la guerra civil. A partir de ese momento, se inicia un proceso de radicalización que culmina en el soberanismo expuesto por Ibarretxe, experiencia de la que salió mal parado. Hoy, se reconduce hacia una etapa de mayor prudencia, defensiva, con descubiertas agresivas como fue su participación en la moción de censura a Rajoy.

El PNV va a lo suyo. Proseguirá la fructífera etapa de prudente ambigüedad y de equilibrio buscando la centralidad política. Pacta el Gobierno en Euskadi con un PSOE en franca decadencia, y mantiene un discurso ideológico cercano al radicalismo con demostraciones fácticas como la inmersión del euskera en todo el sistema educativo, la negativa a prohibir los ‘ongi etorris’, incapacidad de limitar en el ámbito universitario las coacciones que se producen sobre los no nacionalistas, y una deliberada timidez a la hora de mantener el orden público ante botellones y concentraciones juveniles. Hoy el PNV no es un partido diferente al de Arzalluz, es un partido que aparenta moderación tras el fracaso del Plan Ibarretxe, pero en disposición cuando considere oportuno volver al espacio agresivo que ha caracterizado su comportamiento pendular.

“El elemento determinante que lleva a ETA a su disolución es la derrota policial, especialmente por la Guardia Civil”

P. ¿Cómo juzga la gestión de Arnaldo Otegi?, ¿qué papel tienen él y Sortu en los mal llamados ‘ongi etorris’?

R. Arnaldo tiene como misión no dejar morir a ETA, recordar su importancia en el presente de Euskal Herria. De no ser así, sería como un Onaindia que dirigió una Euskadidko Ezkerra traidora porque enterraba a ETA al asumir sinceramente la democracia del 78.

Pero no deja de ser cínico el papel de Otegi, tras ochocientos muertos más, por entrar en el juego de la política española, aunque con unas facilidades desde el poder —desde el social-populismo, desde el PSOE y el PNV—, que no las tuvo Euskadiko Ezkerra. Evidentemente las circunstancias políticas eran diferentes, el PNV ya había pactado con ETA en Estella y el PSOE está en franca deriva izquierdista.

No habrá desmemoria respecto de ETA, personajes como Otegi se encargarán de enaltecerla, consejeros de interior del Gobierno vasco permitirán los homenajes a los presos, y socialistas seguirán yendo de cenas con ellos, sea o no en navidad.

P. Existe una competición entre el PNV y EH Bildu, ¿cómo quedará la carrera entre ambos partidos?

R. Existe competición, ambos quieren ser los portadores de la llama que insuflara Sabino Arana. Sin embargo, el paulatino acercamiento entre ambos, aunque procedan de estamentos sociales muy diferentes, permite observar una futura convergencia si el tablero de las fuerzas políticas lo fuerza. De momento al PNV le conviene la existencia de Bildu, le otorga centralidad política.

“No hay más que escuchar al presidente del Gobierno hablar del conflicto catalán para darse cuenta del concepto acuñado por ETA”

P. ¿Cómo observa el nacionalismo y el independentismo vascos el proceso soberanista en Cataluña?

R. El PNV sigue bajo el síndrome del fracaso del Plan Ibarretxe, su actitud es prudente y le preocupa un final por agotamiento de un proceso que iniciado como tragedia finalice como opereta, pues sería contraproducente para el nacionalismo vasco.

La actitud de Bildu es diferente, más radical, proclive a la ruptura, muy cercano políticamente a ERC, pero también con cierto tacto político tras el fracaso de su opción armada y su recogida experiencia latinoamericana —tras su colaboración con todos los movimientos revolucionarios de aquellas latitudes— de conseguir paulatinamente y antes las contradicciones de un Estado español débil la secesión incluso con la colaboración de ese Estado. Experiencia negociadora con él le sobra.

P. ¿Ha hecho —y en su caso, necesita hacerla— una catarsis moral la sociedad vasca tras la tragedia de ETA?, ¿qué nuevo rol está jugando la iglesia vasca tan determinante en décadas pasadas tanto respecto de ETA como del nacionalismo?

R. Salvo ocasiones muy puntuales, la sociedad vasca ha sido indiferente e insensible ante los horrores provocados por ETA. No hay más que recordar las ventanas cerradas en los pueblos cuando unas pocas personas osaban promover un homenaje a una víctima. Y eso sigue ocurriendo hoy.

La iglesia vasca es nacionalista, no es cuestión de citar todos los sacerdotes que han contribuido de forma sustancial al ideario identitario vasco, desde Larramendi a Barandiarán. La posición de la Iglesia, que evitará cualquier catarsis, y mucho menos cualquier sentimiento de culpa, va a ser la del nacionalismo moderado: “Todos hemos sido responsables”. Desde ese punto de partida no existe capacidad, ni siquiera, para reflexionar sobre lo ocurrido, quizás porque no se quiera que deje de ocurrir del todo.

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Jon Juaristi: Pollitos

Pollitos

  • El futuro laboral de Iván Redondo empieza a preocupar a los españoles de bien

Jon Juaristi en ABC, 171021

En su número de octubre, ‘Revista de Occidente’ publica un excelente artículo de su director, José Varela Ortega, acerca de la destrucción de la democracia liberal en la época de los populismos (el autor aborda también los precedentes lejanos de este síndrome en la Grecia antigua, cuando se denominaba demagogia a lo que hoy llamamos populismo).

Según Varela insinúa desde el título mismo de su ensayo, estaríamos «gobernados por psicópatas» y «embaucados por publicistas» al servicio de aquellos. Tomando prestados sendos marbetes a Adolfo Tobeña y Andrés Trapiello, tacha a los que nos embaucan de «manipuladores» y «componedores de cabezas», respectivamente.

En efecto, resultaría exagerado caracterizarlos como «ingenieros de almas», expresión con la que Stalin se refería a los artistas oficiales del régimen comunista y a los reclutadores de intelectuales de Occidente para la Komintern.

Los Maiakovski o Münzenberg, que terminaron cayendo en desgracia y muriendo a manos de los verdugos estalinistas o suicidándose antes de que les disparasen en la nuca, tenían, en general, convicciones e incluso discursos más o menos coherentes.

Sería absurdo compararlos con los Iván Redondo de nuestros días. El defenestrado jefe de gabinete de Sánchez Castejón carece incluso de convicciones, como todos sabíamos y, por si alguien albergaba alguna duda, ha quedado confirmado en sus recientes apariciones televisivas ‘postmortem’.

Lo de la carencia de convicciones no es en sí mismo censurable. Iván Redondo sirve a quien le paga. Todos lo hacemos, salvo los más dialécticos (los multimillonarios). Evita que acabes suicidándote como Maiakovski cuando te despiden.

Iván Redondo, dispuesto a tirarse al barranco por Sánchez cuando este le pagaba, ha comenzado a despellejarlo mientras hace la rosca a la vicepresidenta segunda con vistas a un futuro empleo para cuando caigan los mencheviques y la clase obrera o su vanguardia con blahniks tome el poder.

Lo que me preocupa es lo que vaya a hacer hasta entonces Redondo Bakaikoa. Temo que, si no se pone a buscar pronto un apañito en lo que sea, fuera de la alta política (como profe de ikastola por ejemplo), termine en la mendicidad. Y eso, en determinadas ciudades vascas, es peligroso. Como reza la copla, «dale limosna, Marichu,/que yo le daré una h….a,/ por venirnos a ensusiar/la bellesa de Donostia».

Si en su entrevista con Évole se le notaba ya demasiado a Redondo lo menesteroso, el miércoles, con Susana Griso, se metamorfoseó en el pollito negro Calimero, aquel dibu italiano de los setenta, que, apenas salido del huevo y todavía con media cáscara en la cabeza, expulsado del corral a causa de su color por sus padres, la gallina Cesira y el gallo Gallettoni, se pasaba todo el día gimoteando «no es justo», «nadie me quiere», «Carmen Calvo me miente» (por cierto, ¿era Carmen Calvo o Priscilla?). En fin, pobre Calimero, nunca llegó a nada.

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Marcha de la Diada de Cataluña convocada por las entidades independentistas. Efe

¿Es posible una nación catalana?

La persistencia en un fin tan dañino como irrealizable únicamente prolongará una tensión inútil y mermará gradualmente la riqueza y el nivel de vida de los catalanes

Alejo Vidal-Quadras en Vozpópuli, 171021

Las naciones no son entidades naturales, eternas y esenciales, como algunos románticos herederos de las teorías de Herder y de Fichte pretenden. Las naciones son, como describió en un libro magistral Benedict Anderson, comunidades imaginadas y como tales pueden ser construidas y destruidas.

La reciente y traumática experiencia de Afganistán demuestra que la nation-building impuesta desde fuera a punta de fusil o de helicóptero artillado es prácticamente imposible. Las guerras que alumbran naciones suelen ser guerras civiles, como la americana de Secesión, que hizo nacer a los actuales Estados Unidos, la democracia más poderosa del planeta.

Una nación es un objeto social, económico, político, cultural e histórico más complejo que el sugestivo proyecto de vida en común orteguiano o que el plebiscito de todos los días de Renan, es el decantado lento o rápido de una esfera moral colectiva y de unos vínculos de solidaridad e identidad comunes encarnados en símbolos en los que un grupo humano se siente representado.

La noción de un “nosotros” frente a un “ellos” es tan antigua como nuestra especie y en las extensas sabanas o en los lujuriantes bosques de la prehistoria, los seres humanos primitivos, cazadores-recolectores guiados por el mero instinto de supervivencia y por la irresistible pulsión reproductiva, sabían perfectamente si el individuo que aparecía tras un desmonte o un árbol era enemigo o amigo, si requería acciones defensivas o generaba confianza.

Esta capacidad de reconocimiento del integrante de la colectividad propia se aprendía desde la infancia gracias a las indicaciones de los mayores y la experiencia cotidiana. Por consiguiente, la necesidad de formar parte de un espacio de apoyo mutuo y de asociación automática está empotrada en los estratos más profundos de nuestra psique y es sobre esta base primigenia que se ha construido el moderno concepto de nación.

Los intentos de erigir una nación pueden tener éxito o fracasar y no hay una fórmula general que garantice el resultado. Contextos tan diversos étnica, cultural y socialmente como la India o Brasil han cristalizado en estados con un fuerte sentimiento nacional, lo que prueba que no es condición necesaria para devenir una nación la homogeneidad que caracteriza a Portugal, Suecia o Japón.

La clave estriba en la creación de una autopercepción como pueblo dotado de instituciones comunes y de lazos civiles que benefician al conjunto y que minimizan los agravios mutuos o las diferencias ofensivas. Curiosamente, pueden sentirse miembros de una misma comunidad nacional millones de personas pertenecientes a razas, religiones o niveles de renta muy dispares, sin que esta heterogeneidad, fuente muchas veces de reivindicaciones airadas, mermen la convicción de pertenecer a un espacio compartido de derechos, libertades y sentimientos fraternales.

Los separatistas catalanes están empeñados desde hace más de un siglo en articular una nación desgajada de la común matriz española y han dedicado a este propósito divisivo ingentes sumas de dinero -proporcionadas paradójicamente por el Estado del que quieren salir-, incansables esfuerzos por poseer una lengua propia cuyo uso público y privado excluya al español de la enseñanza, la administración y la vida civil, desaprensivas maniobras de reinvención de la historia para fabricar un pasado fantasioso en el que no aparezca el hecho incontestable de que Cataluña es parte indisociable de España y el despliegue de una variopinta panoplia de símbolos, bandera, himno nacional, fiesta patria, baile autóctono, montaña sagrada y club de fútbol mítico.

Armados de tan formidable utillaje, los dirigentes secesionistas se ven ya en posición de culminar el sueño tan largamente acariciado, un estado catalán soberano reconocido internacionalmente y liberado por fin de las supuestamente opresivas cadenas de Madrid.

Dejando a un lado la evidencia de que tal objetivo es constitucional, económica, política e internacionalmente imposible y que sólo consigue aportar frustración, empobrecimiento, desprestigio y violencia, no se dan las condiciones a las que antes aludía para que el plan de los nacionalistas catalanes sea viable.

En efecto, no se puede conformar una identidad nacional sobre el sometimiento contra su voluntad de la mitad de la población que desea seguir siendo española, sobre instituciones que el cincuenta por ciento de los ciudadanos no admite como suyas ni sobre una lengua y una cultura que uno como mínimo de cada dos censados en el Principado ven como ajenas. Esta operación requeriría tales dosis de coacción que degeneraría sin duda en una ruptura traumática de la sociedad catalana con probables secuelas de enfrentamiento incontrolable.

La persistencia en un fin tan dañino como irrealizable únicamente prolongará una tensión inútil y mermará gradualmente la riqueza y el nivel de vida de los catalanes debido a la fuga de capitales y de talento que provoca la inseguridad jurídica y la incomodidad de una situación absurda y en ocasiones ridícula.

Lo más aconsejable es que los golpistas hoy amnistiados despierten de la ensoñación a la que se refirió el Tribunal Supremo en su benévola sentencia, vuelvan a la realidad, cesen de incordiar con sus obsesiones oníricas y permitan de una vez que los catalanes vuelvan como señaló en su día Ferrater Mora a aquello en lo que siempre han destacado y les hace felices: la continuidad, el seny, la mesura, la ironía y, añado yo, la butifarra con judías.

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Inauguración cuantitativa

El PSOE y las prisas

Santiago González en su blog, 161021

Concha Andreu, la presidenta del PSOE riojano es un símbolo del socialismo sanchista. Más que la cabra de la Legión para los asistentes a la Fiesta Nacional, que diría Alfonso Guerra cuyo comentario sobre el reparto de los calores socialistas entre un presidente (¿quién le habrá dicho que Sánchez es un presidente del Gobierno?) fue interpretado como un apoyo al doctor Sánchez.

En realidad no era tal. Para interpretarlo habría que ir a una entrevista con Évole hace dos años y medio, en la que se mostraba más explícito: “En el PSOE, presentamos de candidato a una cabra y gana la cabra”. Tal como están las cosas allí dentro la única crítica posible es el piropo.

Digo lo de Concha Andreu por las prisas. “Esto empieza bien” escribió en su móvil sobre una foto que recogía el velocímetro de su coche marcando 156 kmh, hacia el Congreso de Valencia. Ya hace algún tiempo que los congresos socialistas habían empezado a realizarse con el protocolo del cocido maragato.

En primer lugar, la ingesta proteica (las carnes y el relleno), después los garbanzos y el repollo y finalmente la sopa, orden que se les antojaba más práctico por si les atacaban inopinadamente los franceses. Normal, las prisas.

Ayer congregó Sánchez a sus barones y ministros para componer una vistosa foto de familia ante el Congreso que se cerrará mañana, reforzando la presencia de los delegados con una convocatoria a lo que pomposamente llaman la militancia, o sea, lo que en tiempos más respetuosos con el diccionario de llamaba ‘los simpatizantes’.

Quiere que este congreso sirva para rearmar el partido, aunque debería empezar por admitir que él fue el artífice que lo desarmó. Piensa reducir la Ejecutiva a la mitad y reforzarla políticamente con ministros. ¿Políticamente con esa tropa? Naturalmente ya sabemos,-Carmen Calvo también-, que va a incumplir la promesa que la hizo de ungirla presidenta del partido. Tan fiel a sí mismo. Pero estarán junto a él los tres secretarios generales que aún viven: Felipe, Almunia y Zapatero.

¿Y qué ha devuelto a Felipe González a la cercanía del sanchismo, si puede saberse? Pues según contaba eldiario.es en información no desmentida, el interés que tiene el ex presidente “por el potencial energético de los excedentes de biomasa forestal tras los incendios”.

Es impresionante que estas cosas le unan más a Sánchez de lo que debió separarle un pacto de Gobierno con el tipo que dijo el 2 de marzo de 2016 en el Congreso: “Felipe González tiene el pasado manchado de cal viva”.

Es verdad que bajo la Presidencia de González dirigentes socialistas y algunos funcionarios organizaron una trama terrorista, el GAL, materia del denuesto de Iglesias que sabe, o debería saber, lo que es el terrorismo en su árbol genealógico.

Felipe acudió a despedir a dos condenados, el ministro Barrionuevo y Rafael Vera, a las puertas de la cárcel de Guadalajara y allí dieron un mitin ante miles de congregados socialistas. No estuvo bien, pero tampoco es cosa de que se encoja de hombros ante el pacto de Sánchez con Iglesias y con los herederos directos del terrorismo etarra.

Lo decía el gran poeta navarro Ramón Irigoyen: “Entre Sodoma y Pamplona hay un justo término medio que es París”.

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Votar “bien” y votar “mal”

Votar “bien” y votar “mal”

El voto útil presupone sociedades bien constituidas y convencidas de que la democracia, con sus riesgos y peligros, es la mejor de todas las asociaciones posibles, de la que resultarán el progreso y la justicia

Los votos se inventaron en las elecciones libres, para defender la democracia; los dictadores no necesitan elecciones, ya que las fabrican a su gusto. De una declaración sobre el “bien” votar, un comentarista de la televisión dedujo que yo me refería a la elección que perdí en 1990: los que votaron “bien” votaron por mí, y los que no, “mal”. No había pensado en ello, pero, por esa y otras críticas —muchas, en verdad—, deduje que me había equivocado. Tenía que explicarlo mejor, no para evitar las críticas sino para darles fundamento, si lo tenían.

La cosa me parece más bien simple: votar “bien” es votar por la democracia; votar “mal” es votar contra ella. ¿Siempre resulta tan claro y evidente? No, por supuesto. A veces, saberlo no es fácil al principio; sólo con el paso del tiempo resulta claro si se vota bien o mal. Por ejemplo, los ingleses —un pueblo que rara vez se equivoca en este asunto— ahora van descubriendo que votar a favor del Brexit, en contra de la Unión Europea, fue un error y que la democracia más antigua del mundo acaso pagará caro por ello.

Yo pensaba, cuando lo dije, sobre todo en el caso de Venezuela. Todavía estaba vivo el comandante Chávez. Yo iba con frecuencia a Caracas, donde tenía muchos amigos. Me quedé asombrado de que hubiera tantos —entre ellos, varios empresarios— que, entusiasmados, se preparaban a votar por él. Éste los sobornaba con sus promesas de no tocar nada del sistema imperante en el país y más bien mejorar las relaciones del Estado con los empresarios. Estos parecían creerle.

“Había mucha corrupción con Carlos Andrés Pérez”, les oí decir. “Pero con el comandante Chávez habrá 10 veces más corrupción, la prensa estará censurada y nadie podrá decirlo. Además, sólo habrá elecciones amañadas”. “Ya se verá”. Y se vio, pues fue esta la última vez que los venezolanos tuvieron elecciones libres.

otar “mal” es cerrar las puertas a la democracia, como se ha hecho en el Perú en las últimas elecciones, si es que, en verdad, éstas fueron limpias, lo que muchos ponemos en duda. Entre tanto, el dólar sube y la gente que puede saca sus ahorros o inversiones y se los lleva al extranjero; las arcas fiscales se ven cada día más huérfanas de recursos.

Tal vez no se llegue a lo que el Partido Perú Libre quisiera (que presentó a Castillo como candidato a la Presidencia, pues su líder, Vladimir Cerrón, estaba condenado por el Poder Judicial por razones de robo al Estado), que el Perú forme parte del grupo que reúne a Venezuela, Cuba y Nicaragua, pero, en todo caso, la situación del país es crítica y podría ocurrir un golpe de Estado en el que la dictadura militar se quedaría en el poder 10 o 20 años, como ha ocurrido otras veces.

¿No es eso votar “mal”, contra la libertad y el progreso? ¿No hubiera sido mejor que los alemanes no se entregaran en cuerpo y alma a Hitler, ganando las elecciones en 1932, con los millones de muertos de la II Guerra Mundial que derivó del convencimiento que tenía el líder nazi de derrotar a la URSS, dominar Europa y firmar un tratado de paz con Inglaterra? Los italianos que lo hacían por Mussolini, y los españoles por Franco en España, ¿votaban “bien”?

El resultado de unas elecciones puede ser trágico para un país si los ciudadanos que votan no prevén las consecuencias que podría tener el resultado electoral. Esto no descalifica las elecciones ni el voto popular, que suelen ser, sobre todo en los países occidentales, responsables y democráticos, pero no lo es en el mundo subdesarrollado donde cada día vemos casos como el de Nicaragua, donde el comandante Ortega y su esposa Rosario Murillo meten en la cárcel a todos los candidatos que podrían hacer sombra a sus intenciones reeleccionistas. ¿Qué valor se puede prestar a semejantes elecciones donde la victoria de los actuales gobernantes está garantizada de antemano y con porcentajes precisos?

En Cuba, en China, en la URSS y en los antiguos países satélites se celebraban elecciones puntuales, en las que nadie creía, pues sólo servían a los gobernantes para enterarse secretamente del estado de cosas en el propio país. Las elecciones tienen sentido sólo en las democracias, mientras el largo abanico de los partidos de centro y de derecha —que van desde los socialistas hasta los conservadores, pasando por los demócratas cristianos y los verdes— expresan sus cercanías y sus diferencias, para establecer alianzas más o menos sólidas que les permiten formar un gobierno.

Esas elecciones son útiles, por supuesto, y nadie querría suprimirlas. ¿Pero las elecciones en países donde acaba de ocurrir un golpe de Estado, como ahora en Guinea, donde la arrolladora mayoría que está detrás de los golpistas se apresura a celebrarlo manifestándole su adhesión, tienen un sentido democrático? Tengo dudas al respecto y me parece, luego de lo sucedido en el Perú en las últimas elecciones, que habría que tomar semejante entusiasmo con aprensión.

Se me alegará que las Naciones Unidas, OEA y sus organismos representativos están obligados a vigilar el desarrollo de aquellas elecciones antes de legitimarlas. Creo que lo ocurrido en el Perú y en otros países de América Latina arroja demasiadas dudas sobre la validez de aquellas misiones de vigilancia electoral, que, a menudo, sólo sirven para echar una capa de supuesta validez a unas elecciones de naturaleza sospechosa.

Nada de esto significa que las elecciones sean inútiles. Aquí sí tiene sentido hablar de votar “bien” o “mal”, me parece: no tiene que ver con los candidatos sino con los votantes; porque son estos últimos los que legitiman unas elecciones o las convierten en un circo, si votan, como hacían los votantes del PRI en México por cerca de 80 años, en una farsa que servía a los gobernantes beneficiados con los resultados electorales para acceder al poder y aprovecharse de él.

La única manera de asumir una responsabilidad electoral digna de ese nombre es creando una sociedad democrática. La solución parece cosa de locos y acaso lo sea. ¿Cómo puede haber una sociedad democrática si las elecciones no son verdaderamente representativas y no nos dicen nada sobre la seriedad y conciencia de los votantes?

El voto útil presupone sociedades bien constituidas y convencidas de que la democracia, con sus riesgos y peligros, es la mejor de todas las asociaciones posibles, de la que resultarán el progreso y la justicia para la inmensa mayoría de la población. Y ni siquiera el voto en estas circunstancias es siempre válido y legítimo.

En otras sociedades, donde esta opción no está decidida, o lo está sólo a medias, el voto puede ser extremadamente precario, una manera de poner en cuestión e incluso atentar contra las bases de la sociedad, a la que se pretende cambiar radicalmente de sistema. Esto es lo que suele ocurrir cuando se vota “mal”, para destruir las bases democráticas sobre las que se sostiene una misma sociedad, trastornándola y subvirtiéndola, a fin de que cambie o se modifique esencialmente.

Votar “mal” o votar “bien” no es casual; es una manera de decidir si se ha optado por una forma de sociedad —la democrática— o no está claro o, más bien, como ocurre todavía en América Latina o en África, ya no en el Asia, por ejemplo, donde todavía todo parecía en veremos hasta hace poco tiempo. El voto bienintencionado o malintencionado no es anterior a la elección; es, más bien, una confirmación de los pasos previos a la asunción de la validez segura o escasa de la razón electoral.

Los países que no están convencidos de la razón de ser “democrática” de su sociedad suelen votar “mal”. Sólo los que están convencidos y a favor de la democracia votan “bien”. Pero no en todos los casos y siempre quedarán flotando dudas al respecto. Que sólo se resolverán cuando sea demasiado tarde y ya no haya nada que hacer.

© Mario Vargas Llosa, 2021. Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2021.

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Vídeos

. Del IPC real y otras mentiras sanchistas. El Teatro de WiLL, 171021.

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Musica.

.«Otherside» [2000] es el tercer sencillo del álbum Californication [1999] de los Red Hot Chili Peppers. Vía Diana Lobos, 171021.

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Humor

El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] en El País, 171021

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