Tezanos y el sectarismo sociológico

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Investigación: de ciencia a cocina

José Félix Tezanos Tortajada (Santander, 1946) es un político y sociólogo. Actualmente es Presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo público que ahora depende del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad y cuyo fin es el estudio científico de la sociedad española, normalmente a través de las realización de encuestas periódicas.

Tezanos, afiliado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde 1973,  ha sido:

  • Secretario de Formación del PSOE en las Comisiones Ejecutivas de Felipe González derivadas de los trigésimo primer [1988] y segundo [1990] Congresos Federales del PSOE.
  • Miembro del Comité Federal del PSOE [1994-1997] y del Comité Regional del PSOE de Madrid [1980-1984].
  • Secretario de Estudios y Programas de la Comisión Ejecutiva Federal de Pedro Sánchez, con motivo del trigésimo noveno Congreso del PSOE [2017].

El 29 de Junio de 2018 fue nombrado por el doctor ZPedro Presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y ante la escandalera que supuso su intento de compatibilizar dicho cargo con sus responsabilidades políticas socialistas en la Comisión Ejecutiva Federal del propio Sánchez, no tuvo más remedio que pedir la ‘suspensión‘ de tales funciones políticas al mes siguiente.

No obstante lo cual, sigue siendo:

Traten de encontrar en las democracias europeas un caso similar de desvergüenza política consistente en el Presidente del Gobierno nombre a un alto miembro de la organización de su partido, que, además, sigue en activo en las tres entidades socialistas ya reseñadas, para ocupar la Presidencia de un organismo público apartidista que se dedica al estudio científico de la sociedad española, a través, sobre todo, de encuestas que informen al pueblo español por dónde va la intención política de su voto, en relación con los partidos que se presentan a las disitintas elecciones españolas.

Sin palabras: de ahí que el descrédito del CIS, una institución que contaba con un prestigio ganado a pulso, no deje de aumentar con cada nueva encuesta que su Presidente pone en nuestras manos. El escándalo ha derivado en carcajada general, sobre todo a partir del último proceso electoral andaluz.

Y la cosa ha llegado a tal extremo que ayer mismo, horas después de su última encuesta [macrosondeo] sobre las próximas elecciones generales, en el que vaticina una devastadora victoria del PSOE,  le confesó a Pepa Bueno en la SER que

No acabo de ver que el PP haya caído tanto y tengo la impresión que Vox puede sacar más de lo que dice, puede tener un voto oculto“. Ya que “hay un 41% que te dice que no han decidido a quién va a votar“.

Con perdón: acojonante.

La consiguiente indignación de los partidos, con la lógica excepción del PSOE, y las risas generalizadas de los medios y las redes sociales han caído en el saco roto de un doctor que ha demostrado a los españoles de lo que es capaz con tal de seguir de Presidente.

La espectación por saber de qué somos capaces los españoles para que un sujeto así ‘no pase’, tendrá que esperar hasta el próximo 28 de abril.

EQM

pd Días antes, esta joya de la objetividad científica al servicio del Gobierno y no del Estado, comparaba la división del centro-derecha español con las pugnas internas del partido nazi:

«Ellos (en referencia a PP, Ciudadanos y Vox) están en una competencia interna. Eso pasó también en el partido nacional socialista alemán: estuvo fragmentado en varias alas hasta que la famosa noche de los cuchillos largos una de las alas exterminó a los demás. Son tres caras de una derecha que está sesgada hacia las posiciones más extremas»

  • Ante todo, mucha calma. Resulta interesante repasar el éxito de Tezanos en las andaluzas. Luis Ventoso en ABC, 100419
  • La realidad inducida. El pronóstico del CIS es verosímil, pero busca un efecto de arrastre para inducir el desenlace que sueña Sánchez. Ignacio Camacho en ABC, 1004119
  • La magia de Tezanos, vitaminas para Vox. Ignacio Varela en El Confidencial, 100419
  • Uno, dos, tres. Mire fijamente el CIS y, cuando cuente a tres, sólo verá a Sánchez luchando contra espantosos zombis en Cuelgamuros. David Gistau en El Mundo, 110419

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Los arúspices. Facultad de Medicina de París

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Tenemos CIS-titis

Santiago González en El Mundo y en su blog, 111019

El CIS de Tezanos nos ha permitido descubrir propiedades insospechadas en el alma de los españoles, una memoria desestructurada y una coherencia errática en su manera de responder a las encuestas. Un suponer, en el CIS de enero, preguntados los entrevistados por la opinión que les merecía la gestión del Gobierno Sánchez, respondían en un 41,3% que ‘mala o muy mala’, y solo el 13,4% opinaba que ‘buena o muy buena’.

A la cuestión de qué opinión les merecía la situación política de España, el 72,7% decían que mala o muy mala y con ese juicio por delante consideraban a Pedro Sánchez el líder mejor valorado y manifestaban intención de votar a su partido como un solo hombre. Su recuerdo de voto estaba también alterado. Recordaban haber votado socialista  más ciudadanos de los que realmente lo hicieron.

Dos meses después, el PSOE sigue en cabeza con tres décimas más que hace dos meses; le sigue en segundo lugar el PP, con el 17,2%. En el CIS de finales de enero tenía 3,3 puntos menos y era el cuarto partido en intención de voto. Unidas-Podemos baja un punto y medio, C’s sube 4,1 puntos y Vox 5,4.

Es preciso reconocer que el muñidor Tezanos ha moderado sus impulsos. No se trata ya de destrozar al PP como de retratar a un PSOE libre para pactar. Bien a su izquierda, con Podemos y alguna otra excrecencia, bien a su derecha con Ciudadanos, pese a la insistencia de Rivera en que no hay caso.

La cocina, ya saben. Sorprende mucho el interés que los medios manifiestan por el CIS de Tezanos, pero es que los medios vienen también con mucha cocina. Más los más amigos, como es natural. El Periódico Global, sin ir más lejos, convirtió en piedra angular de su comentario editorial una frase del candidato del PP pronunciada la víspera, cuando acusó a Pedro Sánchez de preferir  “manos manchadas de sangre a manos pintadas de blanco”. Casado es para el autor  un candidato electoral que se pierde “el respeto a sí mismo perdiéndoselo al adversario”.

El editorialista de El País, al igual que José Luis Ábalos y Patxi López, se equivoca al creer que Casado acusa a Sánchez de tener las manos manchadas de sangre. Solo le acusa de preferencias pervertidas en sus alianzas; las manos manchadas de sangre son las de los batasunos, a los que este presidente del Gobierno ha pedido encarecidamente su apoyo (decisivo) para convalidar los  decretos de los viernes milagro. La portavoz Celaá, destacó al día siguiente de los votos que EH Bildu “tiene pendiente la tarea de pedir perdón por los crímenes de ETA”.

Eso es preferir las manos manchadas de sangre, una metáfora, pero razonable, para describir las inclinaciones del doctor Fraude. La manos pintadas de blanco fueron la reacción de los estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid tras el asesinato de Francisco Tomás y Valiente el 14 de febrero de 1996.

Casi año y medio después el fenómeno se repetía en aquel julio de la pasión y muerte de Miguel Ángel Blanco. Diez días antes del secuestro del concejal de Ermua, la Guardia Civil liberaba a José A. Ortega Lara del zulo en el que ETA lo encerró 532 días.

¿A quién prefiere Sánchez como aliado, a Ortega Lara o a Otegi? ¡Ojo, que Ortega es de Vox!

Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956], para El Mundo, 100419

Tenazas electorales

Federico J. Losantos en El Mundo, 111019

El sociata Tezanos, alias Tenazas, el mismo que llamó nazis la semana pasada a los tres partidos que defienden a la nación española y su Constitución, anunció ayer en una de sus encuestas fantásticas que la Banda de los Cinco -PSOE, Podemos, Esquerra, Bildu y PNV- ahora en el Poder, ya solo necesitará dos para gobernar: el partido del propio Tezanos y el de su socio Iglesias, que ahora se ha pedido el Ministerio del Interior para depurar las cloacas del Estado, es decir, que quiere su Sebin venezolano en la mansión de Galapagar y meter a Inda en la checa de Villa Tinaja.

No sé, pues, por qué se alteran los amigos de Maduro, del Golpe y de la ETA: ya tienen mayoría absoluta socialistas y comunistas para echar a Felipe VI y balcanizar España. Pero deben contar con que todos los que nos oponemos a la liquidación de España a manos y pezuñas de sus enemigos, el peor de ellos Sánchez, iremos a votar en masa para botarlos del Poder que ya disfrutan: el BOE y las televisiones.

Si toda la Izquierda se moviliza contra Vox, también la derecha, el centro y la izquierda nacional que quede se movilizará contra este PSOE aliado de Podemos, Otegi y Torra. Como creo que los nuevos votantes son más de Vox que de Podemos, a ver quién queda quinto, pierde el tercer o cuarto escaño de las provincias pequeñas y deja a Tezanos como en Andalucía: en ridículo y al borde de la imputación por prevaricación y malversación de fondos públicos, entre otros delitos.

Pero las tenazas de la omnipresencia televisiva de la izquierda o el dopaje demoscópico son menos graves que la tenaza de la rutina electoral. Casado y Rivera han perdido dos semanas en centrar el debate político en el cambio de régimen que buscan el PSOE, Podemos, Bildu, PNV y ERC. Falta insistir en la otra gran razón para echar a Sánchez: la recesión económica que provoca o agrava su política. Todos los indicadores, ayer el FMI, no es que rebajen nuestras expectativas de crecimiento: las entierran.

PP, Cs y también Vox -contra el estatalismo de lepenes y salvinis- tienen programas económicos liberales muy parecidos contra la ruina económica que acarrea toda gran crisis política, véase Cataluña. Pero ahí andan, perdiendo la voz en plazas de tercera y dejando la Maestranza vacía. De la formidable tarea de desescombro de la Junta de Andalucía, ni palabra.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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De suicidios, supremacías y desinformación

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Primera causa de muerte

El suicidio constituye la primera causa de muerte violenta en España, una verdadera lacra en este país, a razón de más de 10 al día [2017: 3.679; 2718 hombres y 961 mujeres]. El INE no facilita datos desagregados sobre las causas del suicidio.

Los medios ocultan esta desgracia -al parecer por razones preventivas antimiméticas- al tiempo que resaltan diariamente, por razones preventivas ‘antimachistas’, la de las muertes de mujeres a manos de hombres, que en el mismo año 2017 ascendió a un total de 48, es decir, una de las cifras más bajas de Europa en relación con la población.

Tal diferencia en las cifras y en el trato mediático es causa de abundantes debates, sobre todo si tenemos en cuenta de que sobre la causa de los suicidios nadie parece tener mucho interés de informar -o siquiera investigar- mientras que las muertes de mujeres a manos de hombres se suele atribuir genéricamente a machistas asesinos absolutamente cuerdos y sólo muy excepcionalmente a irresponsables penalmente por su enajenación.

Supremacías nacionalistas

El verdadero problema político vasco-catalán, habitualmente  ocultado por medios y políticos, es que la significativa mayoría de sus ciudadanos -de todas las ideologías y, obviamente, en distinto grado- siente la supremacía como propia y, lo que es peor, respetable, fundada y defendible, frente al resto de los españoles. Un reciente ejemplo de tal inconsciente colectivo sería el del sepulcral silencio social en relación al escandaloso tercer grado concedido por la Generalitat a Oriol Pujol Ferrusola.

Las causas son mútiples, tantas como la aceptación de la misma por tantos españoles que no tienen mayor inconveniente en situarse en un plano de inferioridad. Véase el abrumador silencio de las CCAA de 2ª como respuesta a contínuas muestras de desprecio/deprecio procedentes del poder catalán y, fundamentalmente, desde el siglo XIX.

Huelga decir que combatir tal naturaleza supremacista es muy complejo, sobre todo cuando, como sucede en la actualidad, no hay practicamente nadie en el Parlamento español verdaderamente dispuesto a ello. Al menos hasta ahora.

Ocurre lo mismo en el caso vasco. Vean vds cuan poco ha tardado Casado en abrazar al supremacista PNV con el argumento de que no se saltan la ley. O la charlotada que le montaron, de despedida, al economista Mariano155…

Como también es conocido por todos que en las elecciones generales, catalanes y vascos suelen optar por aquellos partidos que considera les aportarán más prebrendas procedentes de Madrit.

Por todo ello, España, derrotado el falso bálsamo asimétrico del Título VIII de la Constitución Española, va a tener muchas dificultades para liquidar tal supremacía sino abandona su complejo de inferioridad y se pone manos a la obra cumpliendo y haciendo cumplir la ley y negando cualquier desgracia, regalía, asimétrica.

De ahí que la tercerista solución federalista, tan aireada en los últimos tiempos en aras de conseguir el restablecimiento de la igualdad, por sí sola sea una auténtica broma, porque para enarbolar tal principio de igualdad lo primero es creer en ella y lo segundo luchar por ella con la fuerza de un Estado convencido. Sobre todo si partes de la innegable base de que el nacionalismo jamás aceptará tal igualdad.

Así que insisto en un pronóstico poco optimista y en un tratamiento que el gran Ortega ya bautizó como el de la ‘conllevanza’. Es decir, del adiós a la igualdad entre españoles mientras desde el Parlamento una mayoría suficiente no se decida a llamar a las cosas por su nombre.

EQM

pd Que determinados responsables de determinados medios públicos radiotelevisivos -también de TV3- hayan sido procesados por los indicios racionales en torno a su comportamiento alrededor del procés, es una buena noticia.

Como lo es cualquier cuestionamiento fundado respecto a cualquier actitud mediática que pueda chocar con los principios constitucionales.

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Ilustración del Alberto Morales ‘AJUBEL’ [Cuba, 1956] para el texto

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Cómo se erosionan las democracias

La autora denuncia algunas de las prácticas políticas más perniciosas para nuestro sistema y confía en que, tras el 28-A, se recuperará el pragmatismo y serán posibles los imprescindibles pactos transversales

Elisa De la Nuez en El Mundo, 090419

Mientras estamos entretenidos con nuestro maratón electoral y distraídos con unos políticos que intentan atraer la atención de los ciudadanos durante unos pocos minutos (que en el mundo de la comunicación actual ya es una hazaña), se nos escamotean como por arte de magia las cuestiones realmente importantes del debate electoral.

O incluso cuando sí que están en la agenda por simple imperativo de la ley electoral (como ocurre con la despoblación de amplias zonas de España donde se juegan tantos y tantos escaños) se sigue echando en falta un mínimo de solvencia y rigor en la forma de abordarlas.

Parece que desde la elección de un showman como Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos o el desastre de la gestión del Brexit por los antaño admirados partidos británicos los debates políticos tienen más de teatro que de intercambio mínimamente racional de argumentos e ideas. Eso sí, como espectáculo pueden competir ventajosamente con cualquier entretenimiento televisivo. De hecho, las intervenciones de sus protagonistas cada vez se asemejan más a las de los tertulianos que proliferan en nuestros medios, incluidas las redes sociales.

Sabemos que los movimientos populistas apelan más a los sentimientos que a la razón y que esta forma de actuar les funciona estupendamente dado que los seres humanos adoptamos nuestras decisiones de forma emocional y luego las justificamos de forma racional. Así que en época electoral no debemos sorprendernos de que todos los partidos sean más o menos populistas. Sabemos también que cuando se pide el voto la distinción entre las mentiras, las medias verdades y las verdades (o los hechos) es bastante difusa.

En política siempre se ha mentido mucho -ya decía Maquiavelo que la simulación de la verdad aprovecha, mientras que la misma virtud de la verdad estorba- pero quizá la novedad es que ahora se miente con total descaro y con total impunidad. Además la mentira se difunde a gran velocidad y a millones de personas a la vez lo que lleva a relativizar el propio concepto de la verdad: por eso se dice que vivimos en el mundo de la posverdad. Y por desgracia la dialéctica amigo/enemigo, tan querida para los pensadores totalitarios y los enemigos declarados de la democracia liberal se ha vuelto a poner de moda.

Podemos consolarnos pensando que pasada la campaña electoral nuestros políticos recuperarán el pragmatismo y las cosas serán distintas. Al fin y al cabo, los números obligarán a alcanzar pactos transversales que son los únicos posibles para resolver los urgentes problemas que tenemos pendientes como sociedad empezando por el territorial y terminando por el de la sostenibilidad del Estado del bienestar. Son problemas que por su complejidad y su relevancia no pueden ser resueltos sin grandes debates y sin grandes acuerdos.

Y sin embargo quizá no deberíamos ser tan complacientes. Como bien explican Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su libro Cómo mueren las democracias, la erosión de las democracias desde el final de la Guerra Fría no se ha producido tanto por la destrucción de las reglas formales -como ocurre cuando se intenta dar un golpe de Estado- como por la erosión de las reglas informales, que pasa más inadvertida. Entre otros motivos porque se suele desarrollar a lo largo de un periodo de tiempo más o menos largo, lo que permite normalizar actitudes o comportamientos que se habrían considerado peligrosos o inadmisibles con anterioridad.

Entre la erosión de esas reglas informales podemos mencionar la autolimitación de los gobernantes a la hora de ejercer el poder (dado que por definición en una democracia el ejercicio del poder es transitorio), la consideración del oponente como un adversario legítimo y no como un enemigo ilegítimo o el respeto por los hechos o, si se prefiere, por la verdad.

En España -como en otras democracias de nuestro entorno- hace tiempo que esta erosión se está produciendo. Como ejemplos de la falta de contención en el ejercicio del poder por parte del Ejecutivo en España tenemos el abuso sistemático del uso de los decretos-leyes por Gobiernos de uno y otro signo o la ocupación sistemática de las instituciones por los partidos, con la consiguiente politización y pérdida de legitimidad. El último escándalo de las cloacas del Ministerio del Interior pone de manifiesto el riesgo que entraña la utilización partidista de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Pero, además, el Gobierno de Sánchez no es ya que haya abusado del decreto-ley (como ciertamente hizo también el de Mariano Rajoy), es que prácticamente sólo ha legislado por decreto-ley, que no es exactamente lo mismo. Como es sabido, nuestra Constitución permite excepcionalmente acudir a este instrumento en casos de “extraordinaria y urgente necesidad” y el Tribunal Constitucional ha interpretado que el Gobierno tiene un amplio margen para decidir cuándo se da este supuesto.

Pero lo que es difícil es interpretar que la extraordinaria y urgente necesidad tiene carácter permanente, por así decirlo, o que está relacionada con disponer de un apoyo parlamentario muy exiguo o con la necesidad de hacer méritos de cara a las elecciones. Claro que formalmente se justificará la concurrencia de la extraordinaria y urgente necesidad; ese no es el problema. El problema reside en que por primera vez en democracia un Gobierno al constatar la dificultad de legislar con normalidad ha decidido prescindir del Parlamento sistemáticamente y, además, lo ha basado en la imposibilidad de gobernar de otra manera.

Cierto es que el incentivo para aprobar normas con valor de ley al margen del Parlamento (y más en una democracia como la nuestra, que tiende a confundir gobernar con promulgar leyes) siempre ha sido enorme. Pero también es enorme la amenaza que supone para las reglas informales de juego propias de una democracia liberal. Porque aunque es necesario que el Congreso en un plazo de 30 días convalide o derogue el Decreto-ley si decide convalidarlo lo que no puede hacer es enmendarlo, es decir, modificar el texto del Gobierno.

De esta forma se esquiva al Parlamento que es el que debe legislar sencillamente porque representa a todos los ciudadanos y no solo a los que votaron al Gobierno. El que esta situación haya suscitado tan poca preocupación más allá de los círculos de los expertos responde a que nos hemos ido acostumbrado a considerar normal la utilización abusiva de esta figura por todos los Gobiernos. Si, además, su contenido es social, ¿quién va a atreverse a oponerse? ¿O a explicar que quizá sería mejor oír al resto de los partidos representados en el Parlamento? Por no hablar de la posibilidad de contar con las opiniones y los dictámenes de expertos en la materia.

Otro tanto cabe decir de la politización de las instituciones y de su ocupación sistemática por los partidos, tantas veces denunciada y nunca resuelta. Nos hemos acostumbrado a considerar normal lo que en otras democracias sería impensable, que es la colocación de los afines en puestos muy relevantes del sector público para los que se carece de la competencia o la independencia necesarias y más frecuentemente de las dos cosas a la vez, dado que un buen profesional o experto por definición tiene independencia de criterio.

Las consecuencias a veces son surrealistas y ciertamente siempre lesivas para los intereses generales en forma de falta de planificación, ocurrencias, mala gestión, despilfarro, clientelismo o pura y simple corrupción, como demuestra el caso de las cloacas del Ministerio del Interior. El que ya no sorprenda ni prácticamente se cuestionen nombramientos como el de un miembro de la Ejecutiva del PSOE como presidente del CIS o del antiguo jefe de Gabinete de Pedro Sánchez en el PSOE como presidente de Correos responde, de nuevo, a la tradición de los dos grandes partidos de convertir las instituciones en su cortijo particular.

Pensar que todo esto no tiene consecuencias graves no sólo en términos de eficacia y eficiencia sino también de legitimidad ante la ciudadanía y, en definitiva, en términos de calidad democrática, es sencillamente ilusorio: ahí tenemos el caso extremo de las instituciones catalanas.

En definitiva, todos los que pensamos que la democracia liberal sigue siendo no el mejor sino el único sistema posible para afrontar los complejos problemas que tenemos pendientes las sociedades avanzadas debemos de dar la voz de alerta ante este tipo de derivas que no auguran nada bueno. Al fin y al cabo, no es tan difícil transformar una democracia liberal en una iliberal: se hace desde las instituciones y muchas veces con el consentimiento de los gobernados.

Elisa de la Nuez es abogada del Estado, coeditora de ¿Hay derecho? y miembro del consejo editorial de EL MUNDO.

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Notas.-

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VOX comienza a ser invitado por el duopolio televisivo de la corrección política

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Entrevista de Susana Griso a Santiago Abascal [Presidente de VOX] en Espejo Público, ayer 080419, en Antena 3

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Tan sencillo como eso

Es hora de que aquello que piensan más de un 30% de los españoles, en materia de unidad de España, patria, separatismo, supremacía, inmigración, cultura , tradiciones, cristiandad, islamismo, ‘género’, legítima defensa, Europa, presunción de culpabilidad y de machismo, eutanasia, homosexualidad, Estado de las Autonomías, denuncias falsas, etc., deje de carecer de representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados y pase a contar con un sólido grupo parlamentario que defienda sus ideas.

Y lo que es más importante: esa necesidad de representación parlamentaria para la parte silenciada de la sociedad española es contemplada como vital también por muchos enttre quienes habitualmente votan izquierda pero que comparten con aquellos lo que consideran valores unitarios y, en consecuencia, acabarán votando a Vox por ‘extrema necesidad’.

Llevamos ya demasiado tiempo tragando un sectarismo y prohibicionismo basado en unos desvertebradores movimiento identitarios que además de contar con el apoyo incondicionado de los poderes públicos, incluido el mediático, pretenden no sólo ser intocables sino que siquiera se puedan cuestionar, es decir, traten de llevarnos al convencimiento de que son temas tabú a los que el ciudadano no pueda oponerse.

Afortunadamente, como no hay mal que por bien no venga, acontecimientos como el golpe catalanista, el Brexit o la burocracia de la economía global de la Europa de las Regiones, están abriendo los ojos a los europeos y éstos ya empiezan a movilizarse para evitar que les dirijan, conduzcan, como borregos.

Vox nace de ese hartazgo y por eso es capaz de atraer no sólo a conservadores votantes defraudados por el tecnócrata Mariano155 sino incluso a votantes procedentes del mundo obrero, de los movilizados por el frustrado 15M o de la abstencionista juventud.

Los medios, repitiendo el error Trump y copiando el odio transmitido por los partidos en el poder, han tratado de demonizar el proyecto descalificándolo gravemente y a diario con toda clase de falsas atribuciones, hasta que se han dado cuenta que tal actitud antidemocrática sólo contribuye a incrementar las expectativas electorales del nuevo movimiento.

Está en juego nada menos que la supervivencia de España como Estado-Nación y su modelo de futuro, fijando una estructura territorial y un modelo normativo acorde con nuestras posibilidades y preferencias.

De modo que ahora, más que nunca, es preciso reflexionar personalmente muy a fondo y, tomada la decisión, no quedarse en casa sino ir a votar el próximo 28A y en las elecciones de mayo.

Y, mientras tanto, escuchar a todos y cada uno de los candidatos no sólo en lo que dicen sino en cómo lo dicen y en su lenguaje gestual, ese que tantas veces nos descubre la verdadera intención del orador.

Los medios abrazados a la sectaria y destructiva corrección política ya saben que una creciente ciudadanía está indignada con la manipulación establecida y, temerosos de que sus empresas enriquecidas por un poder en cuestión paguen cara su complicidad, comienzan a solicitar desesperadamente que aquellos a quienes han vejado en sus principales telediarios y debates acuda, por favor, a manifestar, libremente y en directo, sin ediciones cocinadas, su verdadero proyecto.

Toda una buena señal de que esto promete para todos los que queremos, repito, un grupo parlamentario en el Congreso que diga los que piensan más de ese 30% de españoles.

Faltaría más.

EQM

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Abascal en la habitación de Morante

Antes de la corrida en Guadalajara. Su cuarto en el hotel AC de Guadalajara está tomado por una bullanga considerable mientras el torero, acompañado por el líder de Vox, saluda a todos los que entran 

David Gistau en El Mundo, 080419

La víspera de las elecciones en Andalucía, Santiago Abascal estaba en Sevilla y recibió una llamada de su compadre Morante de la Puebla, que le pidió que lo acompañara a visitar a un amigo “que no puede venir él porque no se puede levantar”. El torero llevó al político al cementerio de San Fernando, donde ambos se recogieron delante de la tumba de Joselito ‘El gallo’, la que Morante siempre visitaba para pedir auxilio en las épocas en que las tardes no se le daban.

Al día siguiente, en las urnas, explotó el fenómeno Vox, ligado en parte a la vindicación de la tauromaquia, por la que Abascal comenzó a interesarse cuando, en la juventud, la Fiesta era una de las pocas representaciones culturales de España a la que podía asirse en el Norte. Frecuentaba la plaza de Amurrio donde los aficionados abertzales le gritaban: “¡Abascal carcelero!”.

Desde entonces, sin la sensación al principio de estar palpando un filón electoral, Abascal se dejó orientar por Morante en la inmersión taurina. Visitaron peñas y dehesas. Cabalgaron juntos en el campo charro. Ahondaron una amistad a la cual Abascal rinde homenaje cuando dice que, para él, Morante es un hombre hecho en el mismo molde que John Wayne, “de los que hablan poco y sólo dicen cosas necesarias”. Abascal iguala las verdades esenciales de Morante con las que quiere proporcionar al discurso de Vox: “No engañar nunca a nadie”.

Uno creía que, antes de la corrida, los toreros se encerraban en una soledad y en un silencio trascendentales. Con Morante no ocurre así. Su habitación en el hotel AC de Guadalajara está tomada por una bullanga considerable mientras el torero, aún sin vestir, con el torso desnudo y una toalla anudada en la cintura, saluda a todos los que entran: “Yo no quiero soledad ni silencio. A mí antes de torear me gusta esto, estar rodeado de alegría”. Estar rodeado de alegría tal vez para no ser envenenado por ciertos pensamientos en la inminencia del toro. Estar rodeado de gente que comparte whiskies mientras de fondo suena música flamenca y el torero lo mismo hace estiramientos que se entretiene con charlas livianas que nada tienen que ver con la corrida.

Como cuando, aficionado al boxeo, visitó en México el gimnasio del ‘Canelo’ Álvarez, pequeño y destartalado de tan auténtico: “Canelo no quiso guantear conmigo -guasea Morante-, tuve que hacerlo con otro. El boxeador y el torero se parecen en el miedo. Aunque el torero al menos no tiene que enfrentarse a otra inteligencia humana”. Abascal, que dice que la soledad de antes de salir a dar un mitin también angustia lo suyo, hace notar que Morante es un torero tan distinto que ni siquiera tiene estampitas en la habitación: “Pero alguien habrá rezando por mí, digo yo”.

Llegada la hora de terminar de vestirse, el torero queda a solas con su mozo de estoques, la habitación es desalojada. En el pasillo del hotel, largo y oscuro, destellan los trajes de los miembros de la cuadrilla que ya bajan hacia la furgoneta. En el vestíbulo, Abascal se reúne con sus dos hijos mayores, que viven en Vitoria y blasonan de morantistas. Lleva consigo algo que Morante le dio justo antes de salir, una caja de puros Edmundo de Montecristo que tiene las vitolas personalizadas para Morante y que el torero le ha dedicado de su puño y letra. En el coche, rumbo a la plaza, surgen en la conversación los recuerdos de infancia que el olor de los puros puede avivar en aquellos a los que trae la nostalgia de alguien. Abascal dice que, con su padre, eso le ocurre con el sabor del Benedictine. ¿La magdalena de Proust?: “A mí me gusta más el Jünger de Tempestades de acero“.

Amenaza lluvia. Al llegar a la plaza, después de aparcar el conductor cerca de la entrada del tendido 8, Abascal agarra un paraguas cuya empuñadura imita la de la espada de un torero. Es entonces cuando empieza a ser reconocido y apenas puede caminar por las fotografías que le piden. Se arma un tumulto a su alrededor. Un hombre le palmea la espalda con tanta fuerza que Abascal hace un chiste al respecto: el hombre promete regresar otra veinte veces para seguir saludando. Vuelan gritos de “Santiago y cierra España”, de “Presidente”, de “Puto amo”.

Un visitante italiano perteneciente a la Lega de Salvini lo fotografía todo como si quisiera a la vuelta dar testimonio de lo que ocurre en España. Ya instalado en su localidad, Abascal sigue dejándose fotografiar junto a aficionados que suben y bajan las filas del tendido pese a las apreturas. Involuntariamente, Abascal profana con su presencia el silencio reverencial que debería haber acompañado a su amigo Morante justo antes de encarar la muerte de su primero. Porque es entonces cuando en la plaza estalla el grito de Abascal presidente. Queda la duda de si el próximo 27 de abril Abascal visitará la tumba de El gallo.

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Notas.-

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Casado, Rivera y Abascal, con Bertín, en Telecinco, arrasan

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Ganan los constitucionalistas

Bertín Osborne arrasó como líder de la audiencia el viernes por la noche, con un 15,1% de seguimiento con el especial de ‘Mi casa es la tuya‘ , de Tele 5, en el que recibió como invitados a los líderes del PP, Ciudadanos y Vox: Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal.

Estamos hablando de casi dos millones y medio de telespectadores -es decir, casi el doble del ‘Juego de Tronos‘ en Antena 3- con el minuto de oro en tres millones.

Zpedro y Pablemos, ese frente popular acompañado por nacionalistas, separatistas, golpistas y filoetarras, decidieron declinar la invitación, inmenso error, seguramente porque así podrían, acto seguido, criticar a la trilliza derechona.

Casado transmitió un muy buena imagen de bonhomía, preparación técnica, sentido común, frescura y de convicción desinteresada. En definitiva: por fin, la vuelta política del PP a sus orígenes aznarianos, después de la terrible etapa sufrida por el partido a y en manos de sendos tecnócratas desideologizados como Mariano155 y la abanicada Soraya. Sabe que, lamentablemente y por culpa de ellos, al partido se le ha escapado gran parte de la derecha de su electorado, que ha huido hacia Vox pero da buena muestra de su reacción ante el error recuperando la ideología perdida y ofreciéndose a pactar con Abascal la defensa constitucional.

Rivera, dio una lección de estrategia esceneográfica, con un perfil de elática bisagra dispuesta a facilitar que, desde un centro liberal,  el poder abandone la ruina que supone ZPedro. Pero denotando que eso le está suponiendo muchos vaivenes ideológicos y que tales bamboleos, sobre todo en materia de ‘género’, educativa e inmigratoria, le han borrado la sonrisa convincente que antes tenía. Su intencionado y enmudecido alejamiento del Vox, le perjudica gravemente, ya que la gente sabe que, por el contrario,  sí ha sido capaz de pactar con el indeseable socialismo actual y pocos descartan que lo vuelva a hacer. Tampoco la solución andaluza de alejarse oficialmente de la ayuda de Vox le beneficia en absoluto.

Abascal, fue, sin duda, el rotundo triunfador del programa, por dos razones muy sólidas: poca gente le conocía en ese clima intimista y se ganó a la audiencia por su convicción, defensa de la patria, del hombre y del Estado, liquidando, de paso, todas las falsedades y barbaridades que le atribuye el sanchismo y el chavismo populistas. Dio una imagen sólida, emotiva, esperanzada, sincera, fiable y consciente de unas limitaciones que comparte con los demás candidatos constitucionalistas pero que sólo él reconoce y que dice superará con competentes equipos.

En fin, otro gran éxito de Bertín, que sabe entrevistar sin molestar y, en consecuencia, saca de los entrevistados esa imagen relajada e intimista que el denominado periodismo profesional hace años que ha perdido, intencionadamente. A mí, en su tono y medida de la distancia, me recuerda al gran Soler Serrano, salvando las distancias y con mucha menor preparación cultural, desde luego, pero con muchas más ‘tablas’ y experiencia vital, esa gran academia de la vida.

En un gran programa para la mass media, quedó meridianamente subrayada la importancia de tratar de evitar, votando a cualquiera de los tres candidatos, que los otros, los quintillizos [sanchistas, podemitas, nacionalistas, golpistas y filoetarras] abandonen el poder en España.

Es justo y necesario: de extrema necesidad.

Así que no lo duden y arrimen el hombro, sobre todo en favor de las nuevas generaciones, nuestro descendientes.

EQM

Ana Pastor: más de lo mismo contra los mismos

pd Ayer volví a ver a Ana Pastor, la colega del Ferreras, en la Sexta, a entrevistar a un partido constitucionalista, Ciudadanos, como si fuera un enemigo para España -con contínuas fotos de fondo de pantalla, a la contra; con separatistas con lazo amarillo y con defensores de TV3 como público inquisidor contra el Estado de Derecho; con preguntas y repreguntas propias de una fiscalía política- y, por el contrario, tratando a ZPedro y sus socios como si representaran el patriotismo más fiable…

Y, de paso, insultando y vejando a VOX, al tergiversar, falsear, sus planteamientos, cosa que, lamentablemente, también ha hecho Rivera.

Cada vez me asquea más la contemplación de entrevistadores que ejercen su trabajo a la contra, sectariamente, si el entrevistado no goza de sus preferencias.

Revista de prensa

Ilustración de Ulises Culebro ‘ULISES‘ [México, 1963], para El Mundo/Crónica, 070419

Las tres derechas pasan el test de Bertín

Casado, Rivera y Abascal hablaron de su vida personal y perfilaron sus propuestas en Mi casa es la tuya

Hughes en ABC, 060419

Los tres líderes hablaron de sus hijos, pero Abascal añadió algo distinto: “Que sean de izquierdas, que sean lo que quieran, pero yo no les perdonaría que fueran traidores a la patria. Sería como una traición a sus padres, a sus abuelos”. La patria explicada en prime time en Telecinco. Algo inaudito.

El programa se lo llevó Abascal contando también una infancia que no es común. La presión etarra a su familia en Amurrio le curtió desde niño. Un día fue al colegio con el traje de la selección y le insultaron por ello. Al día siguiente volvió vestido igual.

Su abuelo se negó a pagar el impuesto revolucionario a ETA, su padre sufrió varios intentos de asesinato y él se compró un arma para defenderle. Eso no lo podían igualar Rivera y Casado. Y no solo fue eso, ni la naturaleza de sus propuestas: en ocasiones su tono refresca el discurso político habitual. Mientras Casado afirmaba, por ejemplo, que en el PP no hay corrupción, Abascal la daba por segura en Vox.

Las tres derechas pasaron por Bertín Osborne, test conservador y de masculinidad de la televisión actual (llegó a preguntar por “el chavaleo”). Casado llegó con carne de ávila, Rivera con una empanada y Abascal con unos pimientos “españoles y ecológicos” hechos por su mujer.

Casado, nieto feliz del consenso, habló de su abuelo represaliado por el franquismo y prometió un reformismo express en los primeros cien días tomando como modelo a Rajoy y Aznar (“dos estadistas”); su tono conciliador se abrió a Cs y a Vox, siempre que corrijan algunas cosas relativas a la LIVG. En Casado brilló quizás lo técnico. “Podríamos montar 15 gobiernos”.

“Madrid acoge, pero echo de menos el mar de Barcelona”, con frases de Pantomima Full se presentó Rivera. Su vida es conocida: deporte, derecho, cuatro años en La Caixa. Se considera “liberal, constitucionalista y español”. Reivindica en España y Europa un “espacio de centro” y un liberalismo económico y moral al que no dejó de referirse. Una idea política que relaciona con su biografía. Cuando Osborne le preguntó por Malú desvió la cuestión con una sonrisa y una frase medio reivindicativa sobre España como “país en el que uno tiene el derecho a rehacer su vida”.

A la pregunta de si le había llegado el momento respondió: “Le ha llegado el momento a España más que a mí”. Malú no lo aclaró, pero España ya está madura para Rivera.

Abascal es otra cosa. Enterizo, sobrio. No mueve constantemente las manos, no gesticula y tiene un mensaje que se sale de los márgenes de lo manufacturado en los medios. Contra ellos arremetió varias veces hablando de “propaganda”.

El programa de Bertín Osborne era la oportunidad y el lugar elegido para romper el cerco mediático. Pudo explicar su postura sobre la Ley de Violencia de Género y los homosexuales. Sobre lo primero se reafirmó en recuperar la presunción de inocencia y abandonar la idea de género que considera un constructo ideologico de la izquierda. Afirmó que en VOX hay homosexuales y que la única vez que en su vida estudiantil perdió la compostura fue como reacción a unos comentarios homófobos. “Unión civil, no matrimonio”, concluyó.

Abascal reafirma la unidad de España de modos desconcertantes: “¿Cuál es la bandera de los gays? La tuya y la mía: la de España”.

Cataluña es algo mucho más importante que una nación, es una región de España”.

Se parecieron los tres en la aplicación del 155 en Cataluña y en la bajada de impuestos. Un 155 indeterminado y con la extensión que haga falta, según Rivera. Abascal no olvida, además, el Código Penal.

Matiza la unanimidad también en relación con la Monarquía. Su apoyo a la Institución está sujeto a la lealtad a la unidad de España sin aventuras confederales. Aseguro, eso sí, que Felipe VI no deja dudas y está “en vanguardia”.

Abascal explicó que rompió con el PP por la “traición de Rajoy a María San Gil” y “la excarcelación de etarras en 2013”. La actitud ante el marianismo divide claramente a la derecha actual.

Viñeta de Idígoras & Pachi en El Mundo, 0480419.

Bertín Osborne, Santiago Abascal y la comunión de la derecha

Tonto sería el que a punto de unas elecciones generales no se sentara en la cocina de Bertín a disfrutar de un anfitrión como Dios manda, no como otros. A qué político no le gusta un buen lavado de cara.

Esther Mucientes en El Mundo, 060419

Con pimientos y quinoa, con chuletón de Ávila y con empanada gallega fueron a casa de Bertín Osborne lo que Pablo Iglesias llamó, tras la foto de Colón, el ‘trifachito’, dícese Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera (el orden coincide con las viandas).

Fueron a la mansión del presentador, a Mi casa es la tuya, porque Bertín Osborne tenía un objetivo: conocer a la persona por encima del político, lo que viene siendo, hablando en plata, una entrevista cómoda, sin sobresaltos, sin latigazos, todo sonrisas, felicidad, recuerdos de la infancia, de la adolescencia, de la familia… Tonto sería el que a punto de unas elecciones generales no se sentara en la cocina de Bertín a disfrutar de un anfitrión como Dios manda, no como otros (ironía). Nada que ver con otros lugares donde más que entrevistar se busca ‘maltratar’ al político de turno (por favor, entiéndase la ironía).

Pues todavía hay tontos que rechazan la invitación del cantante. Sí, hablo del otro lado, de los que no estuvieron en la foto de Colón, de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias, y no lo entiendo. Que Bertín es un hombre de principios muy voxianos lo sabe él y lo sabemos todos. No lo oculta ni hace por parecer que no. Y aun así estoy convencida de que si Sánchez e Iglesias hubieran ido el enjabonamiento hubiera sido el mismo.

Ninguno de los dos aceptaron y han metido la pata, porque si algo tiene Mi casa es la tuya es que todo el que va sale beneficiado, porque Bertín lo pone muy fácil, lo hace muy fácil, hasta lo difícil. Han perdido una oportunidad gloriosa, la oportunidad de mostrar su lado más dulce, de hablar de lo que les diera la gana, de responder lo que les diera la gana, pero sobre todo de hacer una entrevista que ni su gabinete de comunicación.

Si no de que iba a haberse sentado Santiago Abascal, que no quiere ver un plató de televisión ni en pintura y mucho menos en un formato de entretenimiento. “No necesitamos a los medios de comunicación, que nos han ninguneado. Podemos llegar a la sociedad a través de las redes sociales”, le soltó Abascal al artista. “Yo no soy periodista, preguntaré de cosas que interesan a la gente”, respondió Bertín, y vaya si preguntó, hasta por Malú. ¡Oh my God!

Lo que viene siendo blanquear la ropa -entiéndase su acepción positiva-, lo que vienen siendo lavar y tender al sol de primavera las sábanas, toallas y camisas (para blanca la camisa de Santiago Abascal en el programa). El programa de Bertín es eso, pero no porque estos tres sean políticos, ni porque Bertín sea más de su lado que del de los otros, sino porque el programa es un paseo por las nubes se siente quien se siente.

Si alguien esperaba que Bertín se transformara en una Ana Pastor, en un Pablo Motos (sólo con Iglesias), en un Ferreras, lo mejor es que no hubieran sintonizado ni Telecinco. Desde el principio lo advirtió Bertín, que él no estaba ahí para ponérselo difícil, ni para darles hostias como panes. Él les había invitado para que la gente les conociera -pero si les tenemos más vistos que el TBO-. ¿Quién no iba a aceptar que le dieran un masajito en la espalda? Pues Sánchez e Iglesias.

Y así fue. Bertín preguntó de todo en el modo que tiene Bertín de preguntas y que nunca deja de sorprenderme, como si no viviera en este mundo. Me deja fascinada que hablando con Albert Rivera sobre sus padres, sobre la tienda de su madre, sobre su trabajo, le pregunté sorprendido si su madre ha tenido alguna vez algún problema en la tienda. Vamos a ver, que todo el mundo sabe que la tienda de la madre del líder de Cs es pintada y atacada día sí y día también por los independentistas. Pero Bertín lo pregunta como si fuera a desvelar una gran exclusiva. Me fascina este teatrillo televisivo para que parezca que nada está preparado ni medido.

La primera parte del programa fue un intento por mostrar el lado más íntimo y privado de Casado, Rivera y Abascal. Y digo un intento porque al final no contaron nada que no se supiera ya, ni que no esté escrito en cualquier biografía de los tres. Pero si se hace en una cocina, en casa de Bertín, con una copa de vino (o dos, o tres) con un buen chuletón, una buena empanada y unos buenos pimientos, parece que el espectador está descubriendo lo que nadie quiere mostrar de un político.

Pero sólo la primera parte. Pablo Casado habló de su infancia, de sus padres, de sus estudios, de cómo llegó a la política y de su hijo, Pablito. “Mi hijo nació con 25 semanas y estuvo en coma (…) Las pasamos canutas“, contó Casado. Probablemente, el lado más humano del líder de los ‘populares’ en toda la entrevista. Y es que a Casado y a Bertín les une el nacimiento de un hijo prematuro, y, sin duda, eso une mucho.

De hecho, fue el propio Casado el que le aseguró al cantante de rancheras que cuando nació su hijo seguían el blog de Bertín y Fabiola en el que cuentan y dan consejos para el cuidado de los niños prematuros. He de decir que me pareció un padrazo, punto.

Albert Rivera, por su parte, contó (y lo repitió muchas veces) que proviene de una familia de trabajadores, muy trabajadores, tan trabajadores que “mi madre y mi padre se conocieron trabajando”. Y repitió lo mismo que ya dijo en el programa de Ana Rosa con la entrevista de los niños, que sus padres le decían que si no sacaba buenas notas acabaría en la tienda familiar trabajando, y, entonces, se ponía las pilas. “Yo es que estaba a mis cosas”, dijo sobre los estudios.

Contó que siempre, gracias a las películas, quiso ser abogado, pero que tuvo una fase en la que se planteó estudiar para ser entrenador o dedicarse profesionalmente al deporte (ocho años de natación y ocho años de waterpolo), pero que fue su padre el que le dijo que se lo pensara, que ahora quería dedicarse al deporte, pero que eso iba a pasársele y que no iba a renunciar a lo que siempre había querido ser. “Cuando deje la política me gustaría ejercer de abogado, tener un bufete…”, reveló el líder de Cs.

Pero la pregunta, la gran pregunta, con la que desde hace semanas sueña la prensa del corazón, con la que las revistas del cuore abrirían sus portadas, sólo la pudo hacer Bertín: “¿Y Malú?”. Rivera soltó una risa nerviosa, varias diría yo, y respondió como sólo sabe hacer un político: “Yo quiero un país libre donde todo el mundo pueda hacer con su vida lo que quiera, se pueda acostar con quien quiera, casarse o no, tener hijos o no… Y lo que yo pido para mi país también lo quiero para mí“.

Y esto es todo lo que Rivera quiso decir. Ni sí ni no, lo que viene siendo no decir nada, aunque parezca que sí ha dicho algo. Nos vamos sin saber todavía qué pasa con Malú. Si Bertín no lo ha conseguido, ya no lo consigue nadie.

Y Santiago Abascal, el más esperado, relató su infancia, el miedo que tuvo siempre a que ETA matara a su padre y el peor momento de su vida, cuando la banda terrorista mató a su mejor amigo. Relató cómo de pequeño iba al cole vestido con el equipo de la Selección Española de Fútbol y quisieron prohibírselo y fueron sus padres los que fueron al cole y dijeron que su hijo iba a ir vestido como le diera la gana, y siguió yendo con la equipación porque “mis padres nunca me han inculcado el miedo”.

Contó que se ha casado dos veces, la primera por lo civil con quien tuvo dos hijos y, una segunda por la iglesia, hace un año, con Lidia, con la que ya tenía dos hijos. “Todo un lío”, le aseguró el líder de Vox a Bertín cuando éste no se enteraba de que pudiera tener cuatro hijos, y se pudiera haber casado dos veces, una por lo civil y otra por la iglesia. Bertín es especialista en hacerse el despistado cuando le interesa. Parece que no se entera, pero es su estrategia para intentar rascar todo lo que se pueda sin incomodar a nadie, porque si hay algo que Bertín no hará nunca será incomodar a su invitado.

“¿Les gusta la política?”, le preguntó Bertín sobre sus hijos. “Sí”, respondió Abascal. “¿Y si te salen de izquierdas?”, volvió a preguntar. “Pueden ser de izquierdas, pueden dedicarse a lo que quieran y hacer lo que quieran, pero lo que nunca les perdonaría es que traicionaran a España (…) La lealtad por la patria es fundamental y un valor básico para cualquier español”.

En ese instante faltó que sonará el himno de España, hubiera sido todo un golpe de efecto.

Y entonces llegó la parte de la entrevista donde la persona se ocultó de nuevo detrás del político. De nuevo, los tres candidatos sacaron a pasear su ideario, su programa y lo que harían si llegara alguno a ser presidente del Gobierno. Los tres lo tienen claro, aplicarían de nuevo el 155 sin límite, no un 155 de palo, “como hizo Rajoy” -palabra de Abascal-. De hecho, lo primero que haría Santiago Abascal si fuera presidente sería “recuperar el orden y la legalidad en Cataluña”. Que si bajada de impuestos, que si acuerdos entre ellos, que si yo me llevo bien con Albert y con Santi, y viceversa, que si, que si… Y Bertín se encargó de que Abascal explicara todas sus polémicas y lo hiciera sin aspavientos y quedando como un santo varón.

Las armas: Según explicó Abascal, la prensa manipuló sus palabras -siempre hay que buscar un culpable- sobre los permisos de armas y su uso. Al parecer, lo que quiso decir es que hay personas que “tienen que tener el

derecho de defenderse en sus casas” ya sea con “un arma, un cuchillo o un cenicero”. Es decir, que si entra alguien en tu casa puedas defenderte y no te persiga la Justicia. “Nadie tiene que padecer ningún infierno judicial por ello”.

Pero sólo en casa, nada de usarlas en la calle ni convertir España en el lejano oeste. La primera sábana ya se puede colgar en el tendedero.

Las palabras de la polémica sobre las armas surgieron de una entrevista del líder de Voz en Armas.es, en la que aseguró que “hace falta un cambio radical urgente en la ley, no solo para que los españoles sin antecedentes y en pleno uso de sus facultades mentales puedan disponer de un arma en su casa, sino para que puedan usarla en situaciones de amenaza real para su vida sin tener que enfrentarse a un infierno judicial”. Anoche su respuesta fue mucho más laxa.

Como también lo fue con respecto a la homofobia. “¿Hay homofobia en tu partido?”, preguntó Bertín, así a lo general. “Hay muchos homosexuales en Vox (…) Hay muchos gays que no piensan como el lobby gay. Su bandera es la española“, afirmó Abascal, el cual contó además que la única vez que se ha revelado en clase fue por un comentario homófobo que hizo a un amigo suyo otro compañero: “Fue tan horrible que le di una patada a su silla y se cayó”. Eso sí, del matrimonio homosexual ni hablamos, “tienen que tener una unión, pero el matrimonio sólo es un hombre y una mujer, algo que muchos gays están de acuerdo con ello”. Y las toallas al sol.

Y sólo quedaba el feminismo, la ley de violencia de género y la polémica postura de su partido. Mientras Casado respondió que sí es feminista si se entiende el feminismo por la igualdad entre los hombres y las mujeres, y Rivera no dudó en posicionarse más seguro también en el sí, Abascal quiso otra vez suavizar sus palabras con respecto a lo dicho en otro momento. Es lo que tiene cuando vas a la tele una sola vez, o lo haces todo de golpe para qué se va entonces.

No soy ni feminista, ni machista, ni hembrista. Yo soy un hombre, casado con una mujer y creo que ella tiene los mismos derechos que yo (…) Convertir a todos los varones en sospechosos es inaceptable”, afirmó el líder de Vox. Pero el tema no iba a quedar ahí, cuando te enrocas, te enrocas. Fue ya en el jardín, al final de la entrevista, con un sol de primavera hermosísimo, la piscina de fondo, los muebles de jardín y las flores cuando Abascal volvió a insistir para rematar la faena: “Me molesta que digan que justificamos el maltrato a las mujeres y que amparamos a los maltratadores”.

Y punto.

Casado se fue con un “el consejo que me ha dado mi madre es el mismo que el de mi mujer: que haga lo crea que es mejor para España”, y Rivera con un “lo que más me ha dolido es cuando me han difamado, insinuando que yo consumía droga. Ese tipo de política es lo que hay que eliminar de este país”.

Y la comunión de la derecha la consiguió Bertín…

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

Alberto Cortez [Argentina, 1940-2019], cantante y compositor

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Castillos en el aire‘ [1980]. Interpretada y compuesta por Alberto Cortez. En directo, Auditorio Nacional, México.

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No soy de aquí‘ [1971]. Interpretada por Alberto Cortez. Compuesta por Facundo Cabral. En directo, Quito [Ecuador].

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Palmeras‘ [1960]. Interpretada por Alberto Cortez. Compuesta por Gilberto Rojas.

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Cuando un amigo se va” [1969]. Interpretada y compuesta por Alberto Cortez. En TVE.

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‘En un rincón del alma’ [1967]. Interpretada y compuesta por Alberto Cortez. En TVE.

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Distancia‘ [1970]. Interpretada y compuesta por Alberto Cortez. En TVE.

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Nanas de la cebolla‘ [1939 y 1972]. Interpretada por Alberto Cortez. Letra de Miguel Hernández [1939] y música del propio Cortez [1972].

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El abuelo‘ [1973]. Compuesta e interpretada por Alberto Cortez. en directo, 1988.

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Te llegará una rosa‘ [1974]. Compuesta e interpretada por Alberto Cortez. en directo.

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Entrevista a Alberto Cortez, en TVE, Casa de América, 2016.

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Rosa Maria Lobo (Maya) entrevista a Alberto Cortez, en tv.

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Muere Alberto Cortez, el poeta de las cosas sencillas

Julio Bravo en ABC, 050419

«Cuando un amigo se va / queda un espacio vacío, / que no lo puede llenar / la llegada de otro amigo». Alberto Cortez cantó cientos, miles de veces esta canción, que compuso en 1969 para recordar a su padre. Ayer miles de gargantas la murmuraron al conocer el fallecimiento del cantautor argentino, aunque radicado desde hace décadas en Madrid. «Amo Madrid como si hubiese nacido en su seno -escribió-. Tanto como si por arte de magia fuera yo un sobreviviente, héroe del dos de mayo, es decir, gato gato, o fuera yo el Pichi o el Felipe de mi vida». En esta ciudad ha muerto a los 79 años; llevaba unos días ingresado en el Hospital Universitario HM Puerta del Sur de Móstoles debido a las complicaciones de unas úlceras gástricas.

Basta citar un puñado de sus canciones para certificar la importancia de Alberto Cortez en la música iberoamericana: además de ese «Cuando un amigo se va», escribió temas universales, de esos que pareciera que no tienen autor porque siempre estuvieron ahí, como «En un rincón del alma» o la sorprendente «Me lo dijo Pérez», a los que habría que sumar canciones como «Castillos en el aire», «A partir de mañana», «Como el primer día», «No soy de aquí», «Yo voy soñando caminos» o «El abuelo»; y también sus canciones sobre poemas de Machado, Neruda o Miguel Hernández (con Joan Manuel Serrat firmó unas hermosísimas «Nanas de la cebolla»). Y así hasta doscientas treinta y dos canciones que recoge su catálogo.

«Cantar, qué cosa tan sencilla, ¿verdad? -escribió Cortez en una ocasión- Cualquiera puede hacerlo, en cualquier momento y en cualquier lugar. Es verdad, cualquiera puede cantar, pero no cualquiera puede cantar bien». Y es que cantar -y escribir- fue lo que Alberto Cortez hizo durante toda su vida. «Canto porque no tengo otro remedio», dijo en una entrevista hace cinco años. Lo hacía desde que, con seis años, su madre le llevara al conservatorio de su localidad natal, Rancul, en la provincia argentina de La Pampa. Allí nació el 11 de marzo de 1940, a las ocho de la mañana, José Alberto García Gallo, su nombre real. Tenía doce años cuando empezó a escribir canciones. Una de las primeras, recordaba, fue «Un cigarrillo, la lluvia y tú».

Llegó a Madrid en 1961. Ya entonces había abandonado sus estudios universitarios de Derecho para dedicarse a la música, y había dado varios tumbos en orquestas y espectáculos, no solo en su Argentina natal sino también en Italia, Bélgica -donde conoció a la que sería su mujer, Renée Govaerts-, Canadá, Francia o Estados Unidos, donde alguien tuvo la idea de convertirle en el nuevo «latin lover» de Hollywood. «El precio que le exigen tiene que ver con la moral y rechaza la oferta», se asegura en la biografía de su página web.

El 22 de abril de 1967 ofreció un recital en el Teatro de la Zarzuela, en el que dejó atrás a un Alberto Cortez más ligero y nació el cantautor que hoy conocemos: de hondos sentimientos, preocupado por cuestiones sociales pero; fundamentalmente, el poeta de las cosas sencillas . Repitió unos meses despés, el 19 de diciembre de ese año en el mismo escenario, en un concierto dirigido musicalmente por Waldo de los Ríos, y que resulto polémico. «Me he atrevido -decía Alberto Cortez en un anunció de página entera publicado en ABC unos días antes- a poner música a poemas de Antonio Machado, de Lope de Vega, de Quevedo, de Góngora,. del marqués de Santillana, y voy a cantar esas canciones junto a otras de Atahualpa Yupanqui».

En 1969, su disco «El compositor, el cantante» terminaría de lanzar la carrera de Alberto Cortez no solo en España sino en toda Iberoamérica, especialmente en México. Volvió a Argentina en 1970 tras diez años de ausencia, pero el fracaso le hizo prometerse que no volvería a cantar allí. No cumplió la promesa, naturalmente, y desde 1978 volvería a su país natal en varias ocasiones para cantar en escenarios como el Luna Park o el Teatro Colón (que se abrió con él a la música popular).

Las décadas de los ochenta, noventa y los primeros años del nuevo siglo son tiempos de éxito internacional, especialmente, y como es lógico, en Iberoamérica, con giras constantes y actuaciones y grabaciones junto a artistas como Facundo Cabral, María Dolores Pradera, Estela Raval o Pablo Milanés; todo ello a pesar de un derrame cerebral sufrido a principios de 1996. En los últimos años, aunque espaciadas sus actuaciones fundamentalmente por su salud, estas siguieron. De hecho, su hospitalización motivó la suspensión de dos conciertos en Santo Domingo.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

La caída del imperio americano [Canadá, 2018], de Denys Arcand

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Amarilli mia bella‘ [1601]. Madrigal solista escrito para voz y acompañamiento. Compuesta por Giulio Caccini, con letra de Francesca Caccini. Interpretada por Cecilia Bartoli y György Fischer. Incorporada a la banda sonora del film. Cartel del film, vía IMPawars.

La chute de l’empire américain

AÑO
2018
DURACIÓN
128 min Trailers/imágenes
PAÍS
  Canadá
DIRECTOR Denys Arcand
GUIÓN Denys Arcand
MÚSICA Mathieu Lussier, Louis Dufort
FOTOGRAFIA Van Royko
REPARTO Alexandre Landry, Maripier Morin, Rémy Girard, Louis Morissette, Maxim Roy, Pierre Curzi, Vincent Leclerc, Yan England, Claude Legault, Florence Longpré, Paul Doucet, James Hyndman, Benoît Brière, Gaston Lepage, Geneviève Schmidt, Mathieu Lorain-Dignard, Denis Bouchard +
PRODUCCIÓN Cinémaginaire Inc.
Varios:

2018: Festival de Valladolid – Seminci: Premio FIPRESCI

SINOPSIS

Pierre-Paul, de 36 años, un intelectual y doctor en filosofía se ve obligado a trabajar como repartidor para tener un salario decente. Un día, mientras entrega un paquete, se topa con la escena de un robo a mano armada que ha salido mal con un resultado de dos muertos. Se encuentra con dos bolsas de deporte repletas de billetes. Pierre-Paul se enfrenta a un dilema: largarse con las manos vacías o coger el dinero y huir… Sucesora temática de las películas de Denys Arcand ‘El declive del imperio americano’ y ‘Las invasiones bárbaras’. Filmaffinity

CRITICAS [profesionales]:

  • “Un ataque, tan certero como cruel, a una sociedad movida por el afán de lucro, la conveniencia y las pulsiones descontroladas (…) abunda en toques casi surrealistas y siembra en el sarcasmo sus mejores aciertos. (…) Puntuación ★★★½ (sobre 5)”. Miguel Ángel Palomo: FilmAffinity
  • “Es el golpe de sabiduría de un anciano [Arcand] que se las sabe todas. (…) Solo por la secuencia que ejerce de prólogo (…) merece un reverencial respeto. (…) una fábula sociopolítica de extrema acidez”. Javier Ocaña: Diario El País
  • “Arcand combina con precisión thriller y comedia para conseguir dos horas trepidantes y muy divertidas, repletas de sorpresas (…) entretenimiento puro y duro (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”. Alberto Luchini: Diario El Mundo
  • “No tiene el calado intelectual de otras películas de Arcand, pero es muy vistosa y estimulante. (…) Puntuación: ★★★ (sobre 5)”. Oti Rodríguez Marchante: Diario ABC
  • “Comedia supuestamente desalmada que es reanimada a golpes de simpática inverosimilitud (…) Arcand regresa para hacernos bailar sobre las ruinas de la civilización. (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”. Carlos Marañón: Cinemanía
  • “Divertida, vicarialmente excitante y punzante en la observación de los comportamientos sociales, es segura recomendación para públicos inteligentes. (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”. Mirito Torreiro: Fotogramas
  • “Aunque es entretenida y con ciertas tendencias izquierdistas, en el fondo no es la obra artística que uno podía esperar, sobre todo teniendo en cuenta su director”. John DeFore: The Hollywood Reporter

De la banda sonora

  • ‘Free the gang’. Compuesta por Marc Ruffsound Vincent. Con letra e interpretación de Izzy-S. YouTube.
  • ‘The wind of the chang Jiang River’. Compuesta por Wang J. Izutsu music
  • ‘D.L.B’. Compuesta e interpretada por Izzy-S. YouTube.’
  • ‘Amazing Grace’. Andrée-Anne Doane. Interpretada por el Oratoire Saint-Joseph du Mont-Royal. YouTube
  • ‘La La La’. Compuesta por Richard Lord. Con letra de Muguette y Manon Berthelet
  • Amarilli mia bella‘ [1601]. Madrigal solista escrito para voz y acompañamiento. Compuesta por Giulio Caccini, con letra de Francesca Caccini. Interpretada por Cecilia Bartoli y György Fischer.
  • Alamy. Daniel Simon
  • Groupe TVA inc. Isabelle Beauregard el alt.
  • Chorale Le Parcous. “Guide me, oh thou great Jehovan2. Compuesta por Williams Williams

Trailer en español

MI OPINIÓN:

Prefiero la tele

Me acerqué a ver esta película por los recuerdos que me dejó su interesante ‘El declive del imperio americano‘ [1986], aunque me extrañó sobremanera que para la actual su realizador eligiera, prácticamente, el mismo título; lo que me pareció incluso un intencionado intento de no darle a este largometraje la importancia que merece una obra principal.

Y, en efecto, así es.

Se trata de la típica película que cualquier televisión privada te puede proponer un domingo cualquiera a la hora de la siesta: fría, levemente irónica, televisiva, alemana, de encargo y, sobre todo, intrascendente

Muy propia, también, de un cine quebequés que no suele alumbrarse con lo mejor del cine francés, y, en consecuencia, no derrocha alma ni profundidad sino simple corrección.

Por tanto, una realización profesional, una fotografía muy plana, una interpretación cumplidora, una puesta en escena al uso, una banda sonora minimalista y un montaje casi de compromiso.

Como suele ocurrir cuando el director se hace cargo del guión, éste se hace un lio queriendo abarcar tanto a la vez: progresismo, anticapitalismo, anticorrupción, antiimperialismo, antisistema, buenismo…, recordando aquel cine de culto que nada cultiva realmente, porque nada transmite durante sus dos largas y tediosas horas de duración.

Con el agravante de que la historia del trío de personajes resulta tan inverosímil como teatralmente gélido, hasta el punto de que la impactante belleza de la protagonista, Maripier Morin, mal interpreta y no aporta el menor atisbo de sensualidad, limitándose a exhibirse como modelo predominantemente televisivo que es.

En fin, un producto de Denys Arcand, muy influenciado siempre por sus orígenes de documentalista, esta vez sin saber cómo filmar su mensaje de siempre de modo que mantenga el interés del espectador.

Las notas altas de la crítica me resultan ya tan poco creíbles como las encuestas políticas.

Pretencioso y fallido film de un realizador agotado en su fondo y formas [3 sobre 10]

  • Mi crítica en IMDb [EQM] / Pendiente
  • Mi crítica en Filmaffinity / Pendiente

Fuentes:

Filmaffinity [críticas de espectadores], IMDb, Wikipedia y elaboración propia [EQM].

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NOTA.-
Los enlaces no propios de textos de terceros son aportados por EQM, salvo que se indique expresamente lo contrario.
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De la supremacía nacionalista y de la noluntad ciudadana

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¿Inferiores?: Elecciones existenciales

El otro día, Felipe González, harto ya de tanto caos acertó a sugerir, mientras agradecía no haber sido invitado por ZPedro a la campaña electoral porque ‘no tengo edad…’, que la única solución a la crónica rebeldía de un tercio de la población catalana pasaba por ‘federalizar’.

Y como el ex lider socialista no da puntada sin hilo, queda muy claro lo que, en mi opinión, quiso decir: la única manera de truncar la hoja de ruta emprendida desde 1978 por el nacionalismo regional, fundamentalmente en Cataluña y País Vasco, de la mano del falso historicismo del Título VIII de la Constitución Española, es recuperar el discurso simétrico e igualitario a través de una constitucional reforma auténticamente federal que frene en seco la voluntad confederal e independentista de vascos y catalanes, basada en un totalitario, racista e injustificado supremacismo.

A buenas horas mangas verdes… Dolor de conciencia constitucional le llamo yo a eso. Seguro que ahora no volvería a apostar por un modelo territorial como el inventado, tab caracterizado por su atipicidad como endeble frente al federalismo tradicional. Todo por puro temor al nacionalismo, que les ha pagado con la más alta traición.

El problema es que si grave es la convicción hegémonica de los nacionalistas, engendrada en el s. XIX, mucho peor está siendo la entrega colectiva del resto de los españoles -incluídos los no nacionalistas residentes en Cataluña y País Vasco- en esa suerte de nihilismo del Estado -y, ahora, tambien de las CCAA que forman parte del mismo- aceptando como bueno lo que hasta el más lerdo sabe calificar de ruina moral, social y económica y que, desde el inicio de la actual etapa democrática, nos está conduciendo al suicidio del Sistema y de la propia colectividad.

Y no será porque no lluevan ejemplos todas las semanas, con una Cataluña que sigue siendo administrada por los mismos nacionalistas que han intentado un golpe de Estado y con un País Vasco gobernado por nacionalistas que no paran de incrementar su autogobierno y de percibir nuevas transferencias económicas de Madrit, tratando de encontrase en la mejor disposición ante cualquier posibilidad de alcanzar la independencia, tomando buena nota exclusivamente de lo bueno del itinerario ensayado por el catalanismo.

¿Que hace Madrit al respecto?

Desde el constitucionalismo, entreguismo total. Desde el principio, 1978. Tomando al pie de la letra el inventado amparo y respeto de ‘los derechos históricos de los territorios forales’ [Disposición Adicional Primera de la Constitución Española], a través de un bipartidismo feliz de alternarse en el poder gobernando gracias a los escaños nacionalistas a cambio de ir colmando de regalías supremacistas a vascos y catalanes.

Pero sobre todo desde el 11M, estratégicamente ubicado con el fin de volar la presumible tercera legislatura del Partido Popular. Con un arruinador ZP, Presidente por accidente, dispuesto a destrozar también el espíritu de la transición española y a acabar con su estructura moral, social, territorial y económica, pactando con el nacionalismo cordones sanitarios contra la mitad conservadora del país -lo mismo que está haciendo ese nacionalismo en ‘sus’ territorios- e iniciando una nueva división social basada en enfrentamientos de corte identitario.

Finalizada tal trayectoria, alcanzó el poder un Partido Popular en manos del tecnócrata Mariano Rajoy, maricomplejines, sólo ocupado por la crisis económica y tan respetuoso con el zapaterismo que siquiera con mayoría absoluta fue sido capaz de cambiar el rumbo aunque sólo fuera para impedir el intento de Golpe de Estado.

Tal cúmulo de insensatos despropósitos ha tenido la lógica consecuencia de que el Gobierno de España acabara cayendo en manos de un personaje tan preocupante como ZPedro, un sujeto que se ha hecho con el poder absoluto en su partido y sobradamente capacitado para alcanzar el poder al precio de pactar no solo con nacionalistas sino también con chavistas y filoetarras, a cambio de proseguir en la entrega de privilegios y de garantizarles un ‘diálogo’ facilitador del ‘derecho a decidir’ -según su plenipotenciario Iceta en Cataluña- en 10 o 15 años…

¿Que hacen las Comundades Autónomas de 2ª, mientras tanto?

Nada de nada. A verlas venir. Ni una palabra más alta que otra. Ni una reunión en el Senado [Cámara ‘territorial’] alzando una queja colectiva sobre la desigualdad y la discriminación de trato entre regiones. Sumisión total a Madrit -que, como es bien sabido no es París- sea cual fuere el partido de que se trate.

Elecciones existenciales

Por todo ello, vuelvo al comienzo del texto insistiendo en la gravedad que supone ese absoluto silencio ciudadano, nihilista y complaciente, sin reproche alguno hacia el surrealista personaje que se hospeda en la Moncloa; más bien al contrario, encantado con sus ‘viernes electorales’, esto es, subvenciones plagadas de una plata que nadie sabe de dónde saldrá y a nadie parece importarle.

Ya en 1915, en un artículo -‘La noluntad nacional‘ [ver ut infra]- publicado en la revista ‘España’, Miguel de Unamuno fundamentaba tal dejadez en que

 “En todo, tomados colectivamente, en todo lo que puede valer con valor universal, nos reconocemos inferiores.”

Y cuyo texto comenzaba así:

“Bueno, ¿y qué queremos? ¿Lo sabemos acaso nosotros mismos? Yo creo que no. Sólo sé una cosa y es que queremos querer, que acaso soñamos querer. Pero voluntad, no ya nacional, siquiera colectiva, de unos pocos escogidos, ¿dónde la hay? Cada uno quiere, es cierto, su cosa; mas ¿dónde está aquella sola y misma que todos, o por lo menos muchos, queramos?”

Espero y deseo que el próximo 28 de abril muchos españoles muestren su hartazgo y manifiesten su voluntad de querer aquella cosa, sola y misma, que suponga la recuperación del sentido común y de la conciencia nacional.

EQM

  • 04/04/2019 – El Pleno del TC por unanimidad declara inconstitucional y nula la Ley del Parlamento de Cataluña 2/2018, de 8 de mayo, que permitía la investidura no presencial del Presidente de la Generalitat y la celebración de las sesiones del Gobierno catalán por vía telemática. Nota Informativa [pdf]. Sentencia.
  • 02/04/19 – El Tribunal Supremo pide al Gobierno el último acuerdo de exhumación de Franco antes de decidir sobre suspensión cautelar. Nota informativa

El debate de Barcelona, 030419

La Vanguardia convocó en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) a los cabezas de lista por la circunscripción de Barcelona para debatir sobre los retos de la próxima legislatura.

Los participantes son: En Comú Podem, Jaume Asens. Esquerra, Gabriel Rufián, en representación de Oriol Junqueras. JxCat, Laura Borràs, en representación de Jordi Sànchez. PSC, Meritxell Batet. PP, Cayetana Álvarez de Toledo. Ciudadanos, Inés Arrimadas.

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969], para el texto

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De los pobres y los pijos   

Félix Ovejero en El Mundo, 040419 

La cartografía política en España tiene algo de espejo distorsionado. Dos variables impiden cualquier paralelismo urgente con los siempre invocados “países de nuestro entorno”: ETA y el secesionismo catalán. Dos variables relacionadas como ha confirmado Otegi al anunciar que va de la mano con ERC.

La singularidad se amplifica cuando se combina con nuestra avería más singular: partidos autocalificados de izquierdas encuentran razonable la compañía de partidos que apelan a la identidad para justificar desigualdades, esto es, doblemente reaccionarios. Una anomalía moral y un enigma político difícil de justificar incluso para los más desquiciados departamentos de Ciencia Política.

Explicar este último trastorno no resulta sencillo. Una parte cabe atribuirla al general desbarajuste de la izquierda. Desatiende los resultados de la ciencia, se escandaliza ante las críticas a religiones de vocación inequívocamente totalitaria y considera la identidad como un principio normativo por encima de la igualdad.

En pocas palabras, desconfía de la razón y se entusiasma con la tradición. Dos desórdenes también relacionados: el encapsulamiento en las identidades (religión, sexo, cultura) convive mal con el universalismo de la razón y con una defensa de la igualdad que, si se quiere inteligible, asume a los individuos como unidades de valoración.

El retrato anterior se ajusta a todas las izquierdas del mundo, con especial pulcritud a la norteamericana, atrincherada en muchas facultades de humanidades. Nuestro consuelo de tontos. Otra cosa es el apuntado hecho diferencial, la buena disposición hacia los nacionalismos, que merece alguna meditación.

A la espera de la investigación detallada, aquí va mi conjetura: una élite político-intelectual de la izquierda catalana secuestró el relato republicano del franquismo para regurgitarlo en clave nacionalista y estibárselo a una izquierda española fascinada por la excelencia catalana. A partir de entonces, franquismo y España se entenderán como equivalentes. La dictadura vendría a ser una suerte de puesta al día de un programa gestado en 1714 y la guerra civil, un decreto de Nueva Planta 2.0.

El cuento, obviamente, es una fábula. En Cataluña y el País Vasco hubo mucha menos represión que en ninguna otra parte de España. Con diferencia. Un resultado, por lo demás, previsible: la riqueza acostumbra a tener buenas aldabas. Ciertamente a Cataluña no le fue mal con el franquismo. En realidad, disfrutó de una ventaja diferencial compatible con mi conjetura, con la reputación de los catalanes: Barcelona se convirtió en -o se presentó como- lo más europeo que podíamos pasear.

En lo que atañe a los negocios, caben pocas dudas. No hay demostración más elocuente que el “voto con los pies” de millones de españoles abandonando regiones hundidas en la miseria para ganarse la vida. Por si acaso, el franquismo facilitó el camino.

En Cataluña se instaló el grueso de las autopistas y recalaron las mayores inversiones en red ferroviaria. Y en la cultura, pues también. La superioridad, unas veces real y otras autoproclamada, se puede rastrear en muchos lugares. Por ejemplo, en la importancia de la Universidad de Barcelona, vanguardia de tantas cosas en España durante la dictadura. Por cierto, si quieren entender la internacionalización del relato independentista, sigan ustedes la pista a los economistas catalanes.

La superioridad se mostraba en la Universidad, pero no solo. Por hablar como entonces, se trataba de una hegemonía exhaustiva, ubicua, que es como debe ser la verdadera hegemonía. Alcanzará incluso al extravagante mundo de los poetas. Basta con ver cómo se escribió la historia, la procedencia del escalafón: la rusticidad de los de la berza contrastaba con la exquisitez de la escuela de Barcelona o de los novísimos, en particular de algunos novísimos.

La hegemonía se prolongó hasta bastante después de la muerte del dictador. Con la democracia, Europa y sus dineros y alguna otra cosa más, el cuadro comenzó a cambiar. Entre las otras cosas, muy destacadamente, el Titanic barcelonés, entregado al nacionalismo, que espantó a muchos. De pronto, en muchas partes de España aparecían españoles que podían mostrar sus talentos sin pasar por una Barcelona cada día más antipática.

Cierto día los catalanes descubrimos que, por defecto, ya no éramos los mejores. No desatiendan esa circunstancia cuando quieran entender tantas conversiones al independentismo de intelectuales de izquierdas. La cabeza de ratón, ya saben. En versión más clásica: lo de la infraestructura y la superestructura. Una caída del caballo con importantes consecuencias.

El cuadro completo requiere volver la mirada a la mayor singularidad intelectual de nuestros nacionalismos: invoca una realidad que no existe, que no cuadra con la trama doctrinal clásica del nacionalismo. No estamos ante una minoría (en España) mayoritaria concentrada territorialmente (en Cataluña o en el País Vasco). Los movimientos de población que siguieron a los planes de desarrollo franquistas recompusieron apellidos y lenguas de uso.

La realidad catalana es fundamentalmente española. No es la de la República. El verdadero milagro es cómo, con ese ecosistema, la ficción de la nación cultural se ha podido sostener. Mi conjetura última es que, también ahora, la culpa es de Franco: arrebató a los españoles la conciencia ciudadana y el nacionalismo se aprovechó de ello.

Los “otros catalanes” llegaban como llegan hoy tantos sin papeles, inseguros de sus derechos y derrotados. Incluso asumían la calificación -en su propio país- de “emigrantes”, esto es, de extranjeros. Algo que no sucedía en otros destinos españoles: nadie emigra desde Zaragoza a Madrid. Los nativos se encargaron de recordarles que no eran verdaderos catalanes, que, si acaso, tenían la obligación moral de “integrarse”, que no eran ciudadanos plenos. Se crearon pseudoproblemas (qué es ser catalán) y se dignificaron entelequias metafísicas (“el catalanismo”).

Y ellos, que con Franco nunca había sido ciudadanos, acabaron por creérselos. La anomalía no había muerto con Franco. Votaron en consecuencia. En las generales, al PSOE y en las autonómicas, ni siquiera: aquello no iba con ellos. La Generalitat, que solo se expresaba en catalán, era de los catalanes fetén. No se habían sentido ciudadanos con Franco y seguían sin sentirse con el nacionalismo. El nacionalismo, otra vez, rentabilizando al franquismo. Una minoría privilegiada monopolizó la voz de los más.

Los más radicales perdedores se encontraron sin portavoces políticos. Sus partidos naturales estaban por otras cosas, por traficar con la mercancía nacionalista, facturando una pésima producción en torno a “la cuestión nacional” que no debía dividir a los trabajadores. La rueda de molino. Nadie dijo nada y al que lo decía, pues “lerrouxista”, ese pauloviano reflejo que tanto recuerda, a efectos pragmáticos, a las descalificaciones (¡islamofobia!, etc.) de la izquierda reaccionaria cuando decide vetar los debates. Andando el tiempo, quienes facturaban el producto, de acuerdo con su procedencia, acabarían por nutrir todas las variantes del nacionalismo; esto es, toda la política catalana.

Está todo en Últimas tardes con Teresa la profética novela de Juan Marsé. En 1964 Santiago Carrillo (à la Vázquez Montalbán) puso en circulación una de sus fantasías conceptuales a la espera de que otros le dieran lustre: la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura. Aunque los funcionarios del partido se entregaron a la labor, la ocurrencia recibió la cera de Manuel Sacristán y Gustavo Bueno, marxistas con lecturas bien digeridas.

El único sitio en donde la fórmula pareció cuajar fue en Cataluña, eso sí, de la peor manera: una clase trabajadora excluida y desnortada y una élite intelectual entregada al relato nacionalista. Los pobres y los pijos. Con un responsable último: un franquismo que privó a unos de conciencia ciudadana y estableció las condiciones para que los otros pudieran lucir porte exquisito. Franco, con renglones torcidos, dinamitó el ya de por sí endeble relato republicano de la izquierda española.

Por supuesto, no se trata de más que de una conjetura. En el mejor de los casos, de una explicación parcial. A la espera de la investigación de detalle yo comenzaría por explorar los destinos de los integrantes de Bandera Roja, aquella escisión circunstancialmente maoísta del PSUC. Hagan la lista de los nombres y miren por dónde andan. Entenderán muchas cosas. La tesis doctoral está a la espera.

Félix Ovejero es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona. Su último libro es La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita).

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La noluntad nacional

Miguel de Unamuno en España. Semanario de la vida nacional, 19 de marzo de 1915

[Vía filosofia.org, la web de la Fundación Gustavo Bueno]

Bueno, ¿y qué queremos? ¿Lo sabemos acaso nosotros mismos? Yo creo que no. Sólo sé una cosa y es que queremos querer, que acaso soñamos querer. Pero voluntad, no ya nacional, siquiera colectiva, de unos pocos escogidos, ¿dónde la hay? Cada uno quiere, es cierto, su cosa; mas ¿dónde está aquella sola y misma que todos, o por lo menos muchos, queramos?

Que no hay conciencia nacional decimos. Ni siquiera voluntad nacional. Si la hubiera, del querer brotaría el pensar. Pero los españoles, como tales, sólo parecen querer que se les deje morir en paz. Morir, no vivir. España no quiere nada fuera de sí misma, es decir, no quiere nada. No quiere dominio territorial; no quiere dominio espiritual tampoco. Ni quiere soñar ensueños que dar a los demás. Duerme sin soñar.

Mi voluntad ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer.
Mi ideal es tenderme sin ilusión alguna…
Así cantó Manuel Machado. Y así España. Tal es también su ideal.

«¿Qué quiere España?» –me preguntaba un amigo extranjero. Y le contesté: –«España no quiere nada, sino que la dejen». Y así hasta Dios la deja de su mano.

Apenas hay hoy nación histórica de algún bulto que no pretenda tener en algo la primacía. Menos nosotros. En todo, tomados colectivamente, en todo lo que puede valer con valor universal, nos reconocemos inferiores. Y en esta falta, no ya de orgullo, de dignidad colectiva, el orgullo individual de los pocos españoles que por gracia de Dios le tengan, aparece más monstruoso, ¡Enorgullecerse de ser español en España!

Que no haya deseo alguno de expansión territorial o espiritual se comprende, aunque haya que lamentarlo; pero es que no hay deseo de nada. Unos cuantos se quejan, dicen que a nombre de los demás; pero los demás no se quejan. Viene un azote cualquiera, una plaga del campo, y los perjudicados mismos parecen no conmoverse. La insensibilidad, hasta para con los propios males, pone espanto. Y no se diga que es resignación, no. ¡Es callosidad!

Oigo decir que el país despierta, pero lo que yo veo es que a nadie le importa nada de nada. Con dejarle a cada cual echar su partidita o lo que sea y engullir su puchero, que no le den quebraderos de cabeza «¡Déjeme usted en paz, hombre!» Y en paz estamos. ¡Y tan en paz! A pesar de las apariencias en contrario.

Y tú, lector, que lees esto, tú eres casi de seguro, uno de tantos, esto es, un neutro. ¿Y sabes lo que es un neutro? Pues uno que no es ni masculino ni femenino, uno que es cosa y no hombre. Porque si pareciendo hombre en cuanto al cuerpo fueses mujer de instinto –y mujer en cuerpo de hombre es cosa muy triste; más triste que hombre en cuerpo de mujer– serías algo aún. Pero ni eso. Porque no sólo no obras, pero sí sufres. Dejas que ruede el mundo porque dices que no lo has de arreglar tú.

«¡Y qué voy a hacer yo?» –me dirás–. ¡Qué sé yo…! Es decir, sí lo sé. Revolverte, agitarte, querer algo. ¿Qué? ¡Lo mismo da! ¡Querer, querer, querer! Y ya la voluntad encontrará su objeto y se creará su fin.

No se quiere sino lo que se conoce de antemano –dijeron los escolásticos–. Pero yo te digo que no se conoce sino lo que de antemano se quiere. El mamoncillo busca y encuentra la teta de su madre sin haberla conocido antes. Pero aquí ni ese instinto, como a nación, como a colectividad, nos queda.

Acaso estés alistado, lector, en algún partido político, bajo un jefe más que bajo un programa. Pero eso entre nosotros no tiene nada que ver, de ordinario, con la voluntad nacional. Los que forman el comité de un partido político no quieren nada para la nación. A lo sumo para sí mismos. Mas de ordinario no quieren sino matar el tiempo. Y si eres diputado provincial, por ejemplo, peor que peor, porque eso es ya el acabóse de la inanidad política.

Te pones a hacer elecciones con el mismo espíritu –¿espíritu? ¡no! ¡bueno, lo que sea!– con que te pones a jugar al chamelo. Y a lo mejor se te ocurre decir que está ya comprometido tu amor propio. ¿Amor propio? ¡no! Eso que llamas tú amor propio no es sino tontería. Tontería, sí, así como suena, tontería. Lo único que tú quieres es que te dejen en paz.

¿Sabes, lector de un rincón de provincia, lo que hace ese tedio que, como una llovizna helada, cae sobre nuestras almas, y las cala hasta el tuétano, y nos arrece, y nos envejece antes de tiempo? Pues es que no queremos nada como pueblo, como nación. Alguna vez, esa tu aldea, villa o ciudad, se quejará diciendo que la tienen abandonada, que es una Cenicienta –este tópico de la Cenicienta se emplea mucho en nuestras soñolientas ciudades provincianas–; pero repara en que esa tu aldea, villa o ciudad, no quieres nada, absolutamente nada para España.

Y si perteneces a algún Instituto, mira bien cómo ese Instituto a que perteneces tampoco quiere nada, absolutamente nada, sino que le dejen en paz. Y dejar él en paz a los demás, es decir, no hacer nada. A lo sumo, cada uno de los que lo componéis deseáis que os suban el sueldo y os disminuyan el quehacer. Medro de jornal y mengua de jornada. ¡Y a vivir! Lo que quiere decir: ¡a morir!

¡Haragán, haragán, haragán! No eres nada mas que un haragán. Y eso aunque cumplas estrictamente con lo que llamas tu obligación. Y a las veces ese estricto, esto es, rutinero cumplimiento de tu obligación es la más exquisita forma de haraganería. No conozco haraganes mayores que esos celosos funcionarios a quienes les salen canas en la cabeza y callo en el trasero después de cuarenta años de servicios en su oficina. Ellos no se metieron nunca con nadie.

«¿Y qué podemos hacer?» –me preguntarás–. Pues mira, podemos hacer una cosa y os sugerirnos una inquietud, por vaga que sea, y empezar a dar vueltas y a chillar, aunque sea inarticuladamente. Y tú puedes empezar a querer llevar el nombre de tu patria, sobre el tuyo o sin él, fuera de ella. Todos, cada uno según sus fuerzas y su voz, podemos gritar algo de la frontera allá.

Y para ello enterarnos de qué es lo que embarga los ánimos a los otros hombres y dar nuestro parecer, nuestra palabra. ¿Que no nos lo piden? ¡Y qué importa! Si todos los españoles nos pusiésemos a gritar algo a los que no lo son, acabarían por oírnos y por preguntar: «¿Y qué dicen esos?» Y entonces llegaríamos  a tener voluntad nacional.

Sí, hay quienes creen que acaso preocupándonos de lo que pasa fuera, de las preocupaciones de los otros, acabaremos por tener propias preocupaciones.

No hay voluntad nacional, no hay conciencia nacional, porque no hay voluntad internacional, no hay conciencia internacional entre nosotros. Y estoy convencido de que hasta la resolución del más ínfimo problema de índole local depende de que nos sintamos nación frente a las demás naciones y junto a ellas. El régimen de administración local depende de la posición internacional.

Es perder el tiempo, verbigracia, hablar de los males de la emigración y buscarles remedio mientras no pongamos en claro qué es lo que quiere España, como nación, para con las naciones americanas que surgieron de sus colonias de antaño y adonde van esos emigrantes. Es perder el tiempo discurrir sobre derechos de importación, tratados de comercio, zonas francas, etc., mientras no se quiera que España sea algo más que un mercado de compraventa para con las demás naciones de cuya concurrencia industrial y mercantil queremos defender a nuestros industriales y mercaderes.

Para vivir como nación hay que vivir con las demás naciones, y para vivir con las demás naciones hay que pensar y hay que querer como nación algo más que vivir. «¡Que nos dejen en paz…!» No; harán bien en no dejarnos en paz, en la paz mortífera de esta voluntad nacional.

Y luego dirán algunos pobres diablos que se nos desprecia y se nos desdeña. Hacen muy bien; porque para los más de nosotros el horizonte del mundo termina en las fronteras de la patria.

Y esto os dice un español que lleva años trabajando con su pluma desde España, pero fuera de España y para ella, y buscando –si no lo encuentra no es su culpa– un anhelo que sea el anhelo de su patria. Pero es más cómodo apuntarnos, a lo sumo, en un partido político y echar la partida de chamelo o de tute por las tardes. Y no pensar ni querer nada.

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Notas.-

Noluntad.- 1. f. Fil. Acto de no querer. Del lat. tardío noluntas, -ātis, y este der. del lat. nolo ‘no quiero’, creado por analogía con voluntas, -ātis ‘voluntad’, der. de volo ‘quiero’.

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La pasada de ZPedro [en blanco y negro]

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Haz que no vuelva a pasar, por Dios !!!

El otro día explicaba la socialista Martu Garrote, en una televisión, que el surrealista Alcalde de Jun [Granada] –José A. Rodríguez Salas, aquel buen señor que decía llenar cajas con firmas de militantes socialistas en favor ZPedro como candidato y triunfador de las últimas elecciones primarias que se celebraron en el PSOE, a fin de facilitar que Pedro Sánchez se adueñara del partido- se acercó a unas jornadas universitarias y observó la existencia de un lema que le pareció que ni pintado para su señorito:

‘Haz que pase’

Dicho y hecho. Me imagino la seguida José A., actual Asesor político de la Presidencia del Gobierno de España : lo copió y salió echando leches caminito de la Moncloa para ofrecerle a Iván Redondo el trofeo conseguido.

Así que ya lo saben. Esta es la historia de este lamentable cartel en el ‘viejo blanco y negro’, con diseño de presidio, que él tanto decía detestar por anticuado, decorado con el corazón ❤ que sustituye al histórico logo del PSOE y recuerda a la ceja de ZP, abogando por una España que dice que tú quieres.

Espero que prefieras cualquier otra pasada.

EQM

pd. Es alcalde contribuyó decisivamente en convencer a la militancia socialista de que ZPedro iba a ser el primer Secretario General del PSOE que, prescindiendo de los mandos intermedios de la organización, los ‘barones’,  otorgaría todo el poder al militante de base, de modo y manera que toda decisión importante se tomaría por ellos, previa consulta vía internet.

Huelga decir que cumplió con el primer compromiso, la liquidación de los barones, pero no con el segundo: no hay decisión importante -de las decenas que ha tomado en el tiempo que lleva de Secretario General y de Presidente del Gobierno- que haya consultado con la militancia. Al menos, que se sepa…

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Vía Arcu, 030419

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Un espejo deformante

Santiago González en El Mundo y en su blog, 030419

Las elecciones generales van a ser un espejo deformante que nos devolverá una imagen grotesca de nosotros la noche del 28-A. Como en 2004, como en 2008, el PSOE siempre devuelve España al antiguo Callejón del Gato. Ayer conocimos el lema socialista para las elecciones del día 28, que suena un poco a jaculatoria de parturienta: “Haz que pase”, dice un cartel que reproduce la cara de Pedro Sánchez en blanco y negro.

Haz que pase pronto, o que sea un ratito corto, buenos deseos para aliviar el trance del parto. Seguramente querían decir: “Haz que suceda”, pero no son estas gentes muy versadas en el significado unívoco de las palabras y la polisemia tiende a jugar malas pasadas.

Para arreglarlo estaba la ministra portavoz, que mostró un entusiasmo arrebatado sin demasiada justificación: “Haz que pase. Es de Titanic, es precioso”, dijo, y se rebotó contra la razonable observación de que es una historia que acaba mal. En realidad había empezado mal. El trasatlántico tenía algún problema de diseño, lo que le llevó a hundirse en su viaje inaugural después de chocar con el iceberg.

Es verdad que el personaje de Leonardo di Caprio dice al de Kate Winslet: “Make it count”, pero quizá una traducción más adecuada sería. “Haz que valga la pena”. Cualquier observador desapasionado diría que este lema es para que se lo dirijan los electores a Pedro I el Fraude, aunque mucho me tomo que su materialización está lejos de las posibilidades de nuestro héroe. Por otra parte, aunque Celaá se refería a la historia de amor, no es un ejemplo para nadie. El novio palma al hundirse con el barco.

Ya he dicho que el retrato de Pedro es en blanco y negro, un flagrante renuncio para un tío que se hartó de decir y de hacer decir a los suyos que la España de Colón es “la España en blanco y negro que pretende volver atrás, frente a la España en positivo que representamos los socialistas”. A ver, Pedro, lo contrario del blanco y negro es el color y el positivo que quieres representar deberías oponerlo al ‘negativo’ de tus adversarios.

Una tontería como esta no te la habría dejado pasar Sánchez Ferlosio, que era intransigente con las tonterías y con las faltas de respeto a la sintaxis. No tengo para olvidar el viaje que le dio a Zapatero en ABC, cuando este dijo en 2005 que “las lenguas están hechas para entenderse”. Sus respectivos hablantes entre sí, no una lengua con otra, le vino a aclarar en resumidas cuentas el entonces flamante premio Cervantes.

El lema no es muy eficaz, porque el PP, que no suele estar sobrado de ocurrencias ha tenido una adecuada, al completar el lema socialista ‘Haz que pase’ con ‘y no vuelva’.

Ayer supimos que EH Bildu, por boca de Arnaldo Otegi y la que fue tremenda alcaldesa batasuna de Hernani, Marian Betialarrangoitia, anunciaron su intención de votar los decretos sanchistas, “pequeños pasos en la buena dirección”. Debería bastar este anuncio para que Sánchez hiciese suya una frase del juez Marchena: “No empezamos bien”, pero lo completó su diputada en el Congreso al recordar que ella es la diputada número 33 en la Diputación Permanente, compuesta por 65 miembros. Ella será la que incline la balanza hacia el PSOE.

¿Qué quieren que les diga? Las elecciones son un espejo plano. Lo que es grotesco es el modelo que en ellas se refleja.

 

Gallego & Rey en El Mundo, 030419

ZPedro e Iván Redondo

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Iván no es infalible

Tener que explicar un lema de campaña prueba que el incipiente dogma de la infalibilidad de Iván Redondo es infundado

Federico J. Losantos en El Mundo, 030419

La mejor prueba de que el lema de campaña de Sánchez no es bueno y que, por tanto, Iván Redondo no es infalible, es el comentario de Celaá, con vocecita de fan de Leonardo di Caprio: “¡Es precioso! ¡Es de Titanic!”. Y el gabinete monclovita de bulos y trolas añadió que es la continuación de “La España que quieres”.

Lo de España ya no debe parecerle precioso a Celaá, que también ocultó en su declaración de bienes un velero y que se verá salvándose como Kate Winslet mientras Pedro Di Caprio se ahoga con Celine Dion al fondo.

Pero si Azaña criticaba que Ortega y otros muchos intelectuales que respaldaron el golpe de Primo de Rivera por acabar con la vieja política, en realidad estaban rindiendo culto al “incipiente dogma de la infalibilidad del sable”, tener que explicar un lema de campaña prueba que el incipiente dogma de la infalibilidad de Iván es infundado. Si logra finalmente formar Gobierno, será por otras razones. Y hay muchas.

Una sería Villa Tinaja, el iceberg inmobiliario que el Titanic sociata lleva en la nevera. Es difícil imaginar -y votar- como ministres de Igualdad y Vivienda a Irene y Pablo. Y más viéndole a ÉL hacer pucheritos en un cementerio cuando ve que la cámara le está grabando, camino de una fosa común donde podrían estar los huesos de un tío abuelo, que ya son ganas de huesos, teniendo tan cerca Paracuellos.

Otra, es el Icetaberg, que oculta nueve partes separatistas bajo el agua y enseña una constitucional para engañar a los barcos de pabellón español y que se estrellen. Por más que se esmere Ábalos en mostrar el pedrismo con rostro hispano, ves al oblongo saltimbanqui con Falconetti, y no te lo crees. Y otra, el juicio a los golpistas del 1-O que deben investirlo Presidente si no quiere pasar como dice, sin querer, el cartel del Gran Hermano Pedro.

Eso bastaría para hundir a cualquier gobierno o político de derechas. No digamos si la asesora contra el maltrato infantil de Casado, Rivera o Abascal fuera María Sevilla, detenida tras secuestrar a un hijo y ocultarse de la Justicia con dos criaturas sin escolarizar ni tratamiento médico, y que era asesora de Podemos en el Parlamento.

Es otro caso Juana Rivas, a la que respaldaron la Izquierda, Rajoy y Rivera. Pero las teles pixelan la cara de la secuestradora, por si el Titanic. A Iván siempre le quedará Ferreras.

Alipori

“El lema de campaña del PSOE es el epítome de todas las frivolidades de la modernidad y de ninguna de sus virtudes. De vivir Sánchez Ferlosio, le habría provocado un eructo. Haz que pase: barbarismo y tipografía a modo de tatuaje maorí (rito de paso, rango, posición y prestigio) sobre el blanquinegro rostro de un Pero Sánchez Grullo (“quitándome una d en el nombre me hacéis el santo fruta”, Quevedo), y que se presta a todo tipo de choteos. Provendría, según la portavoza Celaá, de la frase Carpe diem de Jack Dawson/Leonardo DiCaprio en Titanic: “Me doy cuenta de que la vida es una dádiva y no pienso malgastarla. No sabes las cartas que te va a tocar jugar. Tomas las cosas según te van llegando… haciendo que cada día cuente”. La cursilería del corazoncito adosado es ya pleonasmo. Lo que sea: que no ocurra.”

Tadeu en El Mundo, 030419

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Notas.-

Alipori.- m. coloq. vergüenza ajena.

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¿A quién asusta VOX?

 

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De la entrevista de Santiago Abascal, Presidente de VOX, en es.radio, el pasado lunes, 010419

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La egolatría y el enemigo

Estamos ante una campaña publicitaria más que ante una política campaña electoral.

Ya no se ofrecen proyectos concretos sobre concretos asuntos de interés general porque una sociedad mayoritaria e intencionadamente analafabetizada ha sido conquistada por el puto presente y, abandonada la preocupación por unos hijos a los que ya ni se les espera, centra sus aspiraciones en el bienestar consumista del día a día.

El ‘haz que pase’ como lema del socialismo raptado por ZPedro, lo indica claramente: con ÉL lograrás que pase lo que tú quieres que pase. Y el corazón ❤ como logo, en sustitución del logo del partido: te daré todo el amor [bienestar] que tú necesitas.

A eso, súmenle el egocéntrico sálvese el que pueda, esto es, si los que mejor se lo montan son los supremacistas catalanes y vascos, me vendría muy bien que el colectivo identitario al que yo pertenezco resultara especialmente protegido, sin importarme lo más mínimo que caiga cualquier otro.

De ahí los alocados y famosos ‘viernes electorales’ del socialismo de ZPedro, esa suerte de repetidos planes E de ZP, que reparten privilegios y regalías sin preocuparse siquiera -ni perceptores ni repartidores- de dónde sacan o detraen el dinero necesario.

Este es el panorama que se nos plantea, sobre todo por el partido que más expectativas dice tener.

El resto de los que partidos nacionales que ostentan representación parlamentaria vive su particular contencioso:

El PP pugna por enarbolar el sentido común que abandonó el tecnócrata Mariano155, tratando de recuperar votos por sus dos extremos. Ciudadanos intenta vender un sensatez europeista, patrocinada por Macron, sin renunciar al federalismo asimétrico que subyace bajo la Europa de las Regiones. Podemos lucha desesperadamente por aminorar la magnitud de el descomunal desastre electoral que supone la huida masiva de más de la mitad de sus votantes, camino de la abstención, ZPedro y el mismísimo partido de Abascal.

Ante esta situación, huelga subrayar que el enemigo común de todos ellos es el partido de nueva aparición y que les dejó helados en Andalucía: VOX.

¿Por qué? Porque se presenta inmaculado como nuevo, de trinca, harto de que el PP y el PSOE hayan abandonado en la última década el concepto y modelo de la Transición Española y porque, en efecto:

  • Plantea las sensateces que abandonaron PP y PSOE.
  • No quiere regiones ni habitantes de 1ª y de 2ª.
  • Es patriota y defensor del Estado.
  • Considera sagrada la unidad de España.
  • Está radicalmente en contra de los partidos totalitarios o antidemócratas.
  • Protege nuestra cultura y tradiciones.
  • Coloca a los españoles primero.
  • Está en contra de la inmigración ilegal y de indefensión de los ciudadanos ante los okupas y allanadores.
  • Ataca la criminalización del hombre en pareja, con su presunción de culpabilidad y la masiva proliferación de denuncias archivadas o sobreseídas [+ del 80%]
  • Combate a los movimientos identitarios que destrozan la familia, enfrentan a la mujer contra el hombre y enarbolan supremacistas banderas animalistas, gays, feministas, ecologistas, etc.

¿Como tratan de combatir a ese enemigo? Tachándolo de facha, fascista, xenófobo, machista, anticonstitucionalista y demás. Contando con la complicidad de la mayoría de los medios. Tergiversando la realidad, es decir, mintiendo. O sea, las mismas tácticas que los demócratas estadounidenses han empleado contra Trump.

Y cualquier excusa es buena. Vean, por ejemplo, el texto de César Antonio Molina el lunes en El Mundo -que les adjunto más abajo- que, siendo globalmente interesante, no prescinde de la tentación, nada casual proviniendo de un Ministro de ZP, de comparar a Vox con Le Pen o de calificarle de extrema derecha y inconstitucional.

Craso error: cada ataque contra VOX le suponen nuevos votos y la consolidación de los logrados.

La respuesta ante ese ataque colectivo es la que se está produciendo: no entrar al trapo pero sí contestar a las falsedades; aparecer únicamente en los medios no contrarios; insistir en la trascendencia social e histórica de su proyecto; confirmar la miseria de las nuevas corrientes; y transmitir la emoción colectiva que produce la lucha por unas ideas frente a quienes sólo cuentan con vender consumismo y acabar los días en la más absoluta soledad del individualismo más atroz.

De modo que lo que nos espera a los ciudadanos en las próximas citas electorales es de órdago. Muchos factores van a influir en el resultado final.

Dios quiera que, ante la caótica situación a la que el bipartidismo nos ha conducido estos 40 aúltimos años, una mayoría logre suficientes escaños como para que los obtenidos por PP+Ciudadanos+Vox puedan acordar un Gobierno salvador.

EQM

pd. Vox cuenta con una ventaja añadida: no sale a ganar porque ello, en estas circunstancias, es impensable. Y su votante, lo sabe. Pero cuenta con que lo que verdaderamente le importa es lograr un grupo parlamentario propio lo suficientemente fuerte como para frenar en seco la ruinosa deriva, condicionando las políticas de PP, Ciudadanos y, el día que echen a ZPedro, el mismísimo PSOE.

  • 020419 – El Pleno del TC por unanimidad declara que los acuerdos del Pleno y la Mesa del Parlament que tramitaron la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república de 2017 vulneran el derecho de participación política de Ciudadanos. Nota informativa [pdf]. Texto de la sentencia [pdf].
  • 020419 – El Pleno del TC declara por unanimidad que los acuerdos del Pleno y la Mesa del Parlament que tramitaron la Ley del referéndum de autodeterminación de 2017 vulneran el derecho de participación política de Ciudadanos. Nota informativa [pdf]. Texto de la sentencia [pdf].

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España vertebrada

F. Sánchez Dragó en El Mundo, 3103019

El próximo martes saldrá mi nuevo libro. Se llama así, ahondando en el surco que trazase Ortega. El protagonista es Santiago Abascal; su coprotagonista, o acaso antagonista, porque no hay en él hagiografía, sino toma y daca de coincidencias y discrepancias, amistosas siempre, pero nunca reverenciales, soy yo. La editorial hizo pública una nota hace diez días y de inmediato, con las prisas de costumbre, los medios de información se lanzaron a hacer cábalas concernientes a lo que hasta ese instante se había mantenido en riguroso secreto.

Tenía yo prohibido responder a periodistas antes de que el libro llegase a sus manos. Lo hizo el viernes y se levantó la veda informativa, al fin con conocimiento de causa. Decenas de titulares propagaron lo que Abascal me había dicho a cuento de su propuesta de alzar un muro en las fronteras de Ceuta y Melilla. Poca cosa, la verdad, aunque cierta, para un libro de casi trescientas páginas en las que repican otros muchos asuntos y dos meses de durísimo trajín.

Lo malo de las cábalas es que nueve veces de cada diez se convierten en fake news. Antes las llamábamos bulos. Estoy lejos de Madrid y fuera del alcance de los móviles, aunque no de los correos. Hasta el martes no hablaré con ningún periodista, pero me siento obligado a puntualizar lo que algunas de esas cábalas aventuran. No he escrito una biografía del fundador de Vox. Tampoco, stricto sensu, lo he entrevistado ni, por supuesto, interrogado. Una conversación no es una entrevista, y un diálogo, menos aún.

Discípulo soy de Platón. Mi propósito ha sido el de trazar un retrato existencial, confesional, ideológico, filosófico, psicológico y anecdótico de la persona que ha puesto del revés todos los parámetros de la política. Estuve en el ya legendario mitin de Vistalegre, bajé luego a huronear en la recta postrera de las elecciones andaluzas, llegué a la conclusión de que algo estaba a punto de pasar en la calle de Mairena y propuse a Santi que nos encerráramos un fin de semana en mi caverna platónica de Castilfrío para analizar los grandes temas de nuestro tiempo (más Ortega).

El libro resultante es una escenificación, una dramatización, una narración y también una traslación literaria y, por ello, no literal, de lo que allí dijimos. Las cartas boca arriba. No hay trato ni truco. El ideario de Santi Abascal está servido. Su imaginario también. Juzguen y decidan ahora los lectores y los electores.

Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España, 1957], para el texto

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A falta de alternativas políticas.

El autor apunta que cada vez más los partidos políticos carecen de ideología y que quienes mandan son los asesores de imagen o prensa de unos líderes educados pero mimados y ajenos a horrores pasados

César Antonio Molina en El Mundo, 010419

“El fantasma que recorre Europa es el de la ausencia de alternativas”, le comenta Bauman a Leonidas Donskis en el último libro de ambos, casi póstumo, Maldad líquida. Las alternativas coinciden con el peligro del conformismo en nuestro mundo fatalista, determinista y pesimista, donde no se cree a aquellos optimistas que ofrecen alternativas y soluciones, sin ni siquiera comprobar luego los posibles resultados. Un ser pesimista no es un ser con más prestigio o más respeto que un optimista.

El optimismo fue una construcción cristiana, basada en la fe, de que el bien puede derrotar al mal. Pero el mal puede reducirse aunque, difícilmente, puede ser extirpado. Está integrado en nuestra manera de ser. Nuestro tiempo, con toda razón, es pesimista en lo económico, en lo político, en lo ecológico, en la cultura, en las tecnologías, en la privacidad. Es decir, en la libertad. Estamos invadidos de negatividad, malas noticias, noticias falsas. Timothy Snyder, en Sobre la tiranía, califica a la posverdad como prefascismo.

La verdad efectiva, la verita effettuale de Maquiavelo, es una acción práctica que produce aquella persona que genera una actividad y obtiene resultados. La verdad requiere eficacia, éxito. El político capaz de crear una práctica duradera, de transformar una idea en una acción y de institucionalizar esa idea, es quien tiene a la verdad de su parte. La verdad no fracasa. “La verdad es éxito y, a la inversa, el éxito es verdad”, comenta Bauman. Las noticias falsas (mentiras, invenciones, la amnesia emanada de las sociedades de consumo y producción masiva, la manipulación) son la muestra más evidente del analfabetismo cultural y el fomento de la ignorancia.

Para Orwell la amenaza más grave era la imposición del miedo que va contra el individuo y su capacidad de asociarse. El miedo expresado a través de un léxico que se separa del concepto y cae en el sinsentido. La actual política sin política equivale, según el citado filósofo polaco, a una ética sin moral. Orwell nos adelantó que en el futuro, es decir, en nuestro presente, las nuevas formas del mal se presentarían bajo el disfraz de la bondad y el amor.

Yo estaba convencido que el doble pensar de alguna de nuestras políticas (la vicepresidenta, sin ir más lejos) era una invención propia; lo cual aminoraba mis reproches, pero ni siquiera esto es así. Según parece, ya existía en los habitantes de Oceanía, a quienes se les permitía que profesaran, a la vez, dos verdades mutuamente contradictorias e incluso excluyentes.

En una situación así, las gentes adquirían tal habilidad para vivir oprimidas, que eran capaces de cambiar instantáneamente de una verdad a otra. ¿Cómo podían conciliarse dos hechos inconciliables? Tanto aquellos aborígenes , como nuestros actuales políticos locales, lo han conseguido. El doble pensar es, como el otro día, en una de las manifestaciones feministas, una veinteañera que habló del poliamor: tener uno o dos novios fijos, así como otros muchos temporales, según las necesidades sociales o sexuales.

Cada vez más los partidos políticos carecen de ideología. La ideología, hace tiempo, se convirtió en un sucedáneo. Ahora, quienes mandan, son los asesores de prensa e imagen contratados por los políticos. El tal Iván que gobierna hoy La Moncloa, como un Rasputín de nuestros días, es un buen ejemplo. Sirvió a la derecha y ahora lo hace con la izquierda, sin inmutarse. Se trata de vendedores de productos, no de ideologías. El PSOE lleva años desideologizado. Ningún dirigente o militante pasaría una prueba sobre teoría política o la propia historia del partido.

Estos asesores son los que ayudan a los lavados de cerebros a través de la publicidad agresiva y el control de los algoritmos. Vigilancia e intromisión en nombre de la seguridad de los vigilados. Putin, como el tal Iván, carece de ideología, su ideología es orweliana. Rusia ya tiene a sus ciudadanos pescados en las redes de los manipuladores. Y así, a más corto nivel, funciona Moncloa actualmente. ¿Vivimos en la sociedad de Huxley o en la de Orwell? Quizás se están utilizando métodos huxleyanos, mientras que los efectos son orwellianos.

¿A quiénes les hemos entregado nuestra libertad? Seguramente a cínicos y esbirros que, quizás en otro momento, podrían asesorar tranquilamente a Vox o a Marine Le Pen. Muchos escritores, en la primera mitad del siglo pasado, tuvieron la mala conciencia de no haber podido evitar los conflictos bélicos que asolaron a Europa. Hoy en día, su complicidad y complacencia, sobre todo en nuestro país, al sentirse ajenos a lo que está pasando, los hará cómplices de los desmanes que puedan acontecernos.

Orwell fue un inconformista y disidente. Siendo de izquierdas, fue ferozmente atacado por los suyos. El escritor le dio buenas razones a la izquierda británica cuando escribió que el socialismo en las islas era “la tumba de la libertad individual, de la libertad política y de la dignidad humana”. Orwell odiaba al nacionalismo y así lo dejó escrito en su ensayo Notas sobre el nacionalismo (1945). Él distinguía entre el patriotismo (unas formas de vida que se relacionan con las del resto de la humanidad); y el nacionalismo ( la creencia de que el colectivo propio es superior al resto).

Así, unos serían las abejas y otros las hormigas. Para Orwell el patriotismo era callado y defensivo; mientras que el nacionalismo era ofensivo y agresivo. El territorio, en pleno siglo XXI, no es motivo ni problema, simplemente una disculpa para la desestabilización política, la intimidación y el miedo, así como la desconfianza, en la percepción que las personas tienen de la realidad. Las multinacionales, en el fondo, son cómplices de los nacionalismos porque favorecen el microestado o los sin estados más fáciles de manipular.

Que Europa está en riesgo, todo el mundo lo sabe o lo presiente. Curiosamente la novela 1984 iba a titularse El último europeo. Para Bauman la transición de lo kafkiano a lo orwelliano marca el paso entre el mal sólido y el líquido. En el mundo de Kafka no comprendíamos por qué habían pasado cosas tan terribles, pero siempre había alguna salida. En el mundo de Orwell, en el cual llevamos instalados ya una larga temporada, sabemos el por qué y el cómo, pero también que no hay ninguna alternativa. Estamos decepcionados por la venta a plazos de nuestros ideales; estamos decepcionados porque el futuro físico de este mundo tiene límites. Ser libres, por ahora, es un esfuerzo titánico. Y no lo seremos del todo nosotros sino ayudamos a los demás a que lo sean.

“El fantasma que recorre Europa es el de la ausencia de alternativas”. Sí, vivimos en un mundo sin alternativas. Y lo vamos a comprobar muy pronto, en las próximas elecciones generales. De ganar un solo partido por mayoría absoluta, esa sería una alternativa; pero de tener que pactar con la extrema derecha, con la extrema izquierda o el independentismo, volveríamos al pesimismo y al fatalismo. Lo mejor sería -y lo repito un artículo tras otro- un pacto de Estado entre los tres partidos políticos constitucionalistas para, durante esta legislatura, debatir y acordar asuntos esenciales de nuestro país.

El más importante y urgente: Cataluña. Una legislatura de reflexión y de toma de decisiones consensuadas para afrontar otras décadas de paz y desarrollo. El momento ha llegado. Nuestra política está en manos de jóvenes que frisan los cuarenta años. Son los hijos de la Democracia: cuidados, mimados, educados, ajenos ya a la dictadura y a pasados horrores. Ellos tienen que demostrarnos que el esfuerzo que hicimos todos los ciudadanos por sacarlos adelante no fue vano.

Busquen ellos también a otros nuevos padres constitucionales que revisen la Constitución del 78, que la rejuvenezcan, la pongan al día y consigan el mismo consenso. Pónganse los partidos políticos constitucionalistas, en esta nueva legislatura, a trabajar por el bien común y no por el de cada uno. Todavía hay tiempo, no mucho. Sean hombres de estado, no mediocres. Sean políticos de carrera y no chusqueros. La política española, de cualquier signo, está repleta de gente sin preparación alguna.

Jaspers en El problema de la culpa (1947), estableció cuatro categorías de culpa: la penal, la política, la moral y la metafísica. La primera era la de los delitos. La segunda era por incumplir las promesas (las promesas electorales incumplidas, deberían estar penalizadas y juzgadas ante los tribunales). La tercera se producía cuando se engaña la confianza de los representados.

Y la última, cuando se pone en riesgo la propia vida de los ciudadanos. Los partidos constitucionalistas, y se les supone mucha más responsabilidad y cordura que a los demás, deben de atender esta propuesta de millones de personas; las que sumen todos sus votantes. Los partidos constitucionalistas tienen todo tipo de responsabilidades, incluso, hasta quién sabe, si también penales.

César Antonio Molina es escritor. Ex director del Insituto Cervantes y ex ministro de Cultura. Su último libro es Las democracias suicidas (Fórcola).

Nota: lo resaltado en granate es de EQM

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

Jorge [Bergoglio] y Jordi [Évole], se hacen un ‘Salvados’

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De los muros del Estado Vaticano

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Teleprédica

El argentino Papa Bergoglio se ha empeñado en administrar su papado, desde el primer día, al modo bipolar de nuestro Presidente español ZPedro, es decir, diciendo como Jorge Mario Bergoglio aquello que jamás se le ocurriría decir como Papa.

Tal elástico uso identitario le permite incluso brindar la hospitalidad vaticana -imagino que en calidad de Jorge Begoglio– a todo un tocayo como Jordi Évole, es decir, a un periodista follonero, capaz de entrevistar a un terrorista como si de un colega se tratara.

Y no sólo eso. Acepta que le visite vestido de campo y playa y que introduzca en su palacio toda una arma blanca disfrazada de concertina, para acabar llorando mientras la acaricia. Lo cual quiere decir, además, que la entrevista estaba deliciosamente precocinada.

Les dejo el vídeo al completo y dos textos, como fuente de sobrada información al respecto. De modo que ustedes, queridos lectores se abastezcan, si les place, de toda esa sarta de populismos y de teatralidad de la que es habitual usuario, sobre todo cuando se sube al avión.

Sólo me entretendré con su alusión al muro de Trump -que como todo el mundo debería saber, hasta ahora, el muro con México es obra y gracia de Bill Clinton, en 1994- y sobre esas alambradas que conforman las fronteras habituales: observen cómo Bergoglio se las gasta con los muros de su Estado, donde él reina como de soberano en el Estado de la Ciudad del Vaticanoobispo de Roma, cabeza visible de la Iglesia católica y del Colegio Episcopal. Sin quitar un ladrillo.

En fin eso sí son muros de todo un “santo padre, sumo pontífice, romano pontífice, pontífice máximo, vicario de Cristo, sucesor de Pedro y siervo de los siervos de Dios“.

Y cómo se mete con España por no facilitar la ‘solidaria’ abolición de sus fronteras, mientras calla el cierre a cal y canto de los puertos de Italia, ese otro Estado que le da cobijo.

Algún día sabremos cómo se gestó esta entrevista y qué beneficios esperaba sacar de ella Bergoglio. No quiero ni imaginar que pensarán los miles de periodistas católicos que durante años han tratado, en vano, de conseguir un privilegio de tal envergadura, con infinitos más merecimientos que el Jordi.

No soy el único que opina que este Papa es todo un Papa-peligro para la cristiandad católica. Fue elegido para frenar el protestantismo en Latinoamérica y, a este paso, liquidará lo poco que a la Iglesia le va quedando en Europa.

Desde el respeto a la Iglesia tengo esa opinión sobre Jorge Mario Bergoglio.

EQM

pd. El otro día, valga la redundancia, la progresía política y mediática española presionó a Santiago Abascal a fin de que Fernando Paz dimitiera como candidato de Vox a las próximas elecciones generales, porque había manifestado que si tuviera un hijo homosexual le llevaría a un especialista.

O sea, exactamente lo mismo que aconseja Bergoglio en la entrevista sin que esa misma gente que pidió la cabeza de Paz haga la guerra contra el Papa argentino.

Sobre los muros:

Sobre las concertinas:

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La empanada argentina de Bergoglio

Jordi Évole hace historia al colarse en el Vaticano y el Pontífice tira de aforismos y refranes en los asuntos sobre los que se sabe una autoridad moral

Sergio del Molino en El País, 010419

Jordi Évole ha hecho historia al colarse en el Vaticano. Es uno de esos hitos que cualquier periodista del mundo querría firmar, pero la historia no siempre tiene el pulso trepidante de los desembarcos de Normandía, ni sus protagonistas, la locuacidad de Winston Churchill. La historia, a veces, no es más que el gesto y la constatación de estar allí.

Como en los peores colegios, las lecciones más importantes pueden ser también las más aburridas, y a fe que los 71 minutos de este Salvados pasaron lentísimos. Después de este programa, no creo que el Papa vaya a ir nunca a divertirse a El hormiguero. Tampoco protagonizará una versión de The Young Pope, de Sorrentino.

Tal vez influyó que la entrevista se filmara a la hora de la siesta en una habitación que parecía la sala de espera de un notario. Dijo Francisco que vive en un museo, por eso tiene mérito que escogiera un escenario tan anodino, que iba tan a tono con su prédica de Chiesa povera, pero no hacía justicia al éxtasis barroco de Bernini.

Évole convenció a Bergoglio de que se sentara con él prometiéndole una entrevista sobre los refugiados, que es la gran preocupación pública del Papa. Por eso empezó por ahí y parecía que se iba a quedar ahí, pero las preguntas sobre este asunto ocuparon solo 11 minutos del metraje. Los 60 restantes (descontando un corto en blanco y negro recreando un episodio de la vida de san Francisco de Asís alla maniera de Pasolini, que sirvió para introducir y vestir un poco el programa) los dedicó a preguntar lo que le dio la gana, siempre con sonrisa y aludiendo, viniera o no a cuento, a los inmigrantes.

Aunque el entrevistado protestó dos o tres veces (“¿ya hemos dejado de hablar de los emigrantes?”), el entrevistador fue colando todos los temas que había que colar, aunque los más espinosos, como los abusos de la Iglesia, la homosexualidad o el aborto, entraron casi en la prórroga.

Bergoglio tiró de aforismos y refranes en los asuntos sobre los que se sabe una autoridad moral. Sermoneó a placer sobre el capitalismo, las guerras, los muros de Trump (“si vos levantás ese muro, terminás prisionero de ese muro que levantaste”) y los de Europa (“La madre Europa se volvió abuela”). La elocuencia le abandonó, sin embargo, cuando llegó el tema de los abusos (“hay que entender la hermenéutica de cada época”), el aborto o los homosexuales, con los que intentó matizar unas declaraciones recientes en las que recomendaba que fueran al psiquiatra.

Se lió tanto en las frases, que acabó por mandarlos otra vez al psiquiatra. “No le pillo muy bien”, confesó Évole ante la empanada argentina que armó el Pontífice para no decir lo que quería decir diciendo lo contrario pero no y no obstante tal vez sí.

La madre de Jordi, muy seguidora de Francisco y citada en la emisión, seguro que quedó encantada con el programa. Los que no estamos acostumbrados a ir a misa apagamos la tele un poco menos entusiasmados.

Salvados: El Papa, Jordi Évole y una entrevista brutal

De acuerdo o no, más cerca o más lejos, que la cabeza visible de la Iglesia Católica hable, es razón más que suficiente para que la entrevista de anoche se guarde bien en la memoria

Esther Mucientes en El Mundo, 010419

Sólo una palabra: brutal. La entrevista de anoche en Salvados al Papa Francisco abarca todo el significado de esa palabra por todo lo que supone, por todo lo que dijo, por todo lo que calló y por todo lo que se mojó y lo que no. De acuerdo o no, más cerca o más lejos, que la cabeza visible de la Iglesia Católica, del cristianismo, hable y lo haga con menos pelos en la lengua de lo previsible, es razón más que suficiente para que la entrevista de anoche se guarde bien en la memoria. Se van a ver pocas como ésta.

Porque el simple hecho de entrevistar a un Papa ya es histórico. Cara a cara, la cámara, Jordi Évole y el Papa Francisco, punto. Meses de trabajo, de contactos, de intentos, de acuerdos, de diálogo, de “persuasión”, una de las palabras que anoche el Pontífice recalcó como necesaria, lo hicieron posible. Derrochó elocuencia en lo que él quiso derrocharla y cuando llegó las preguntas más peliagudas tiró por la tangente. Es muy difícil pillar al Papa en un renuncio, pero casi.

Fueron muchas las palabras que salieron por la boca del Papa y que sorprendieron. Otras, no tanto, pero aun así hasta sus silencios (no demasiados) dejaban ojiplático a quién le estuviera viendo. Sí, el Papa; sí, simplemente Francisco. Un hombre que aun siendo Papa, aun representando lo que representa, aun significando lo que significa no dudó en criticar a quien piensa se debe criticar, no dudó en reprender, no dudó en aleccionar, no dudó en no callar y también pensó mucho sus silencios. Tengo la sensación de que si no fuera Papa, si fuera todavía un simple sacerdote muchos de sus silencios, muchas de sus tangentes, hubieran sido muy diferentes.

“Usted es hijo de inmigrantes ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando ve que 35.000 personas han perdido la vida en el Mediterráneo con la intención de llegar a Europa?“, arrancó Évole la entrevista, una entrevista que iba a ser para hablar de refugiados y terminó hablando de lo divino y de lo humano, sobre todo de lo humano.

“Por la cabeza, nada. No entiendo. Por el corazón, mucho dolor. No entiendo… No entiendo la insensibilidad o no entiendo la injusticia que hace que una persona migre buscando cosas mejores y la injusticia de quien le cierra la puerta (…) La actitud fundamental es el corazón abierto, la actitud de la Biblia: ‘recibirás y tratarás bien al migrante, porque tú también fuiste migrante’. El primer paso es recibir, el segundo, recibir, el tercero, promover y el cuarto, integrar”. Y el que quiera que lo oiga, que lo escuche, que lo aplique.

La madre Europa se volvió demasiado abuela, se envejeció de golpe. Ése es el conflicto de Europa. El problema de Europa es que se olvidó cuando después de las guerras sus hijos iban a golpear las puertas de América. Se olvidó. Y junto a eso es que no crece. Estamos viviendo un invierno demográfico. ¿Qué hacemos? Simplificando, el problema de Europa es que no tienen hijos, no recibimos inmigrantes… Europa está hecha de inmigrantes”. Quien olvida su historia está condenado a repetirla.

Porque al Papa le duelen muchas cosas, pero la entrevista de anoche era para dejar bien claro, para que se viera como se debía ver que la inmigración, que la crisis de refugiados, que la mirada hacia otro lado de Europa y otros tantos países, le duele demasiado. Habló de Open Armas, habló de las concertinas, habló del dolor… “¿Qué le parece que los Gobiernos, como el español o el italiano, impidan a las ONG no hacer su trabajo?”, preguntó Évole, y Francisco podría haber dado un rodeo (dio algunos anoche), pero prefirió ir por el camino más directo, sin miedo, sin diplomacia, sin pausa: “Me parece mal. El caso de Open Arms me parece una injusticia muy grande, porque ¿para qué se hace?, ¿para que se ahoguen? ¿Para qué vienen? Porque viven una desesperación, unida a una ilusión tan grande, que se lanzan y no miden las consecuencias. Y nosotros no medimos el dolor de esa gente“.

  • “¿Y qué le parece las propuestas que hacen algunos presidentes como Donald Trump de levantar un muro?”
  • “El que levanta un muro termina prisionero del muro que levantó. Y eso es ley universal”.

Fue su pausa previa a la respuesta, su resoplido, su cruce de manos, su mirada hacia abajo mucho más significativa que la propia respuesta, y mira que la respuesta ya era más que suficiente. Pero fue entrevista de palabras, pero también de gestos, de miradas, de silencios…

Pausado, calmado, marcando los tiempos, el Papa aceptó la entrevista para hablar de la inmigración, y habló, por supuesto, a ver quién es el valiente que saca el pie fuera del tiesto, pero, además de la tragedia de la inmigración, el Papa se enfrentó a preguntas que, aunque al espectador le pudieran parecer, digamos, ‘lights’, le pusieron en más de un brete.

No debe ser fácil para el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica (ahí queda eso) hablar de la pobreza, de las personas sin hogar que duermen bajo la Columnata de Bernini, de abusos sexuales, de capitalismo, de periodismo, de riquezas, de homosexualidad, de feminismo, de la Curia Romana, del aborto, de prostitutas, de Memoria Histórica, de armas, de chismorreos… Y el Papa lo hizo.

La exposición del Papa Francisco

Se puede estar más o menos de acuerdo con todo lo que dijo (fue mucho), se le puede criticar, se le puede alabar o se le puede recriminar, pero de lo que no hay duda es que el Papa Francisco se ha expuesto sabiendo que cualquier cosa que fuera a decir, por muy poco que fuera, iba a ser analizado con lupa. Y el Papa lo hizo.

Lo hizo porque quiso, porque quería hablar de inmigración, pero se enfrentó a todo lo demás, a su modo, siendo Papa. Fue una entrevista brutal, primero porque es el Papa (y con eso ya debería ser suficiente), segundo, porque respondió a todo (menos a la exhumación de Franco) y, tercero, porque pese a que faltó alguna que otra contra pregunta -especialmente en lo referente al papel de la mujer en la Iglesia- nada se quedó en el tintero, o tal vez, se quedó demasiado.

Fue brutal en todos los aspectos. Desde el arranque del programa -la primera vez que Salvados se decantaba por la ficción- hasta el final. Dos sillas, una mesa, Évole, el Papa y una pregunta detrás de otra. No era necesario nada más porque todo lo demás lo ponía Francisco. Que el Papa Francisco no es un Papa al uso se sabe desde el minuto uno en que la curia se decantó por él. Ni zapatos rojos -“no, por el lujo sino porque no van conmigo”-, ni anillo del Pescador en oro -solicitó que fuese en plata dorada-, ni ostentaciones, ni nada de lo que había antes, o al menos esa era su intención, luego ha llegado hasta donde ha podido, hasta donde le han dejado.

Tuvo para todos y para todo. Para Europa, para EEUU, para España -“pienso que cada persona que tiene que cruzar esa valla (concertina), cada uno de los que hace eso es mi hijo, mi madre, mi hermano”-, para los sacerdotes que no empatizan con sus fieles y, sí, también para los católicos. La Iglesia Católica necesita a sus fieles, pero el Papa Francisco, con un trozo de concertina en la mano, lo tiene claro: el católico que rechaza la inmigración “que lea el Evangelio, que sean coherentes”.

Impresiona, ¿o no? A mí, mucho. Impresiona su exposición, impresionan sus palabras, pero especialmente, me impresiona como el mayor representante del cristianismo pudo aunar a tantos no creyentes, a tantos ateos, a tantos agnósticos, a tanto anti, digamos, Iglesia Católica.

Lo hizo él con sentencias como la anterior o como cuando reconoció a Évole que “en el Vaticano hay mercaderes”. “Somos hombres y tenemos los mismos límites y caemos, a veces, en las mismas cosas. Hay que ir limpiando”. Habrá quien diga que lo dijo con la boca chica, basta con que lo dijo, porque lo dijo el Papa, porque se refirió a su curia, porque reconoció que “sí, hay problemas en el Vaticano”.

Problemas de muchos tipos que Évole intentó concentrar en una entrevista que podría haber durado horas. Problemas como los abusos sexuales, a los que Francisco respondió. Sí, a su manera; sí, buscando una justificación; sí, menos claro que en las preguntas anteriores, pero respondió.

  • “En su ideario como papa, habla de que la Iglesia debe atender a los desfavorecidos y a los más débiles. ¿Cree que en el caso de los abusos dentro de la Iglesia se ha operado así?”.
  • “Una época hay que interpretarla con la hermenéutica de la época. En una época era costumbre tapar todo. No solo los abusos en la Iglesia, los abusos en las familias (…) La inmensa mayoría de las estadísticas de Naciones Unidas hacen temblar porque yo no sabía que era tanto”.
  • “Si alguien nos está viendo ahora que ha sufrido abusos en el seno de la Iglesia, ¿usted le recomendaría que denunciase, incluso a la Policía?”
  • “Por supuesto. Uno busca a veces resultados que sean hechos concretos en el momento. Si yo hubiera ahorcado 100 curas abusadores en la Plaza San Pedro, ¡qué bien! Hubiera ocupado espacio, pero mi interés no es ocupar espacios, es iniciar procesos sanadores, pero eso lleva su tiempo. Pero comprendo que la gente haya quedado insatisfecha”.

Sí, muchos pueden criticar que fue una respuesta suave, demasiado suave para todo el sufrimiento que conlleva, pero hay que pensar en qué Papa hubiera hecho lo mismo que él, que Papa hubiera respondido, que Papa hubiera aceptado a que le preguntaran sobre ello. La respuesta es fácil: ninguno. Porque si algo ha demostrado el Papa Francisco con la entrevista de anoche es que aun estando todavía muy lejos, él sigue con los pies en la tierra y quiere que la Iglesia Católica también los tenga. ¿Que si lo consigue? Igual no, pero lo intenta.

Y lo intenta respondiendo a todo, aunque no guste, aunque la mayoría no esté de acuerdo, aunuqe en lo que no le interesa responder se vaya por las ramas, aunque no encaje con la sociedad del siglo XXI, pero responde. Responde sobre la homosexualidad y se mantiene en su postura. Intenta corregir lo dicho, rectificar, suavizar palabras anteriores y termina diciendo lo mismo. Que no le olvide a nadie a quién representa, cuál es su papel y a qué está sujeto y quiere sujetarse.

El Papa y la homosexualidad

Hace no tanto Francisco recomendó a los padres de hijos homosexuales que fueran al psiquiatra. Aquella sentencia levantó mucha polvareda, hizo daño y fue duramente criticada. Del otro lado, también lo fue que dijera que él no es quién para juzgar a los homosexuales porque “las tendencias no son pecado”. Anoche lo volvió a decir e intento corregir lo otro, y se le acabó la elocuencia. El Papa Francisco se enredó con sus palabras y acabó diciendo otra vez lo mismo: “Si ven cosas raras, consulten, vayan a un profesional, pero nunca se echa a un hijo del hogar, aunque provoque dolor”.

“Cosas raras”, “dolor”, “caso de homosexualidad”… Palabras que rechinan, rechinan mucho porque la sociedad ha cambiado, porque todo ha cambiado, pero la Iglesia hay posturas que no mueve, por mucho que el Papa sea Francisco. “No le pillo”, le espetó Évole tras su liosa argumentación sobre los homosexuales. Porque el Papa se lio, se lio mucho; se enredó y salió del embrollo en el que él solito se había metido como pudo.

Lo mismo que con el aborto: “¿Es justo alquilar un sicario para resolver un problema?”. Lo mismo que con la prostitución: “Una cosa es quien ejerce porque le gusta y otra cosa son las esclavas”. Lo mismo que con el papel de la mujer en la Iglesia: “Todo feminismo tiene riesgo de transformarse en un machismo con falda”. Sí, intentó corregir la frase de “el feminismo es un machismo con faldas”, y no supo salir. Sigue siendo el Papa.

El Papa, sobre Franco: “No tengo opinión”

Un Papa que no se mojó con Franco y España, ni con su exhumación -“no tengo opinión”-, ni con la charla del Gobierno de España con la Santa Sede al respecto… Prefirió sentenciar los cadáveres en cunetas, la memoria histórica, lo que no se arregla. “Siempre he defendido el derecho a encontrar los cadáveres, a una sepultura digna… Es un derecho de la sociedad. Una sociedad no puede sonreír al futuro teniendo sus muertos escondidos. Los muertos son para ser enterrados, pero no para ser escondidos. Nunca vas a tener paz con un muerto escondido”.

Siguió con España, porque es lo que nos toca de cerca, y siguió siendo todo lo claro que podía ser, incluso, en algún momento tan claro que sus palabras debieron recorrer como un espasmo la columna vertebral de más de uno. “¿Cree que la Iglesia debería pagar esos impuestos?”, le preguntó Évole sobre el Impuesto de Bienes Inmuebles, que la Iglesia española no paga, pero la italiana sí. Francisco no escondió nada: “La Iglesia es un ente, una sociedad, y los hombres de Iglesia son ciudadanos y tienen que cumplir con todos sus derechos de ciudadanos. Sí, tienen que pagar sus impuestos“.

Habló de periodismo, y también dio donde más duele; habló de guerras y reconoció que “estamos en una tercera guerra mundial a pedacitos”, de que “Hitler dejó muchos cadáveres así”; habló de mujer y servidumbre -“la Iglesia no puede ser Iglesia sin la mujer”-, y el sacerdocio pa’cuando; habló de “chismorreos” en el Vaticano, “lo peor”, “de terror vivir juzgando a los demás”; habló de armas, de España y la venta de éstas a Arabia Saudí, y “no tienen derecho a hablar de la paz”; …y habló de Messi, sí de Messi:

  • “Usted que conoce a los dos, ¿es un sacrilegio decir que Messi es Dios?”
  • “En teoría es una sacrilegio, no se puede decir. Y no lo creo, ¿vos lo crees?”

La clave es esa: lo que crees…

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Notas.-

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