Lágrimas de revolucionario cocodrilo con moño

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Escaños y votos en Madrid 4 de mayo de 2021

Fuente: El País, 050521

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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, celebran los resultados electorales, el martes por la noche en la sede del partido.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, celebran los resultados electorales, el martes por la noche en la sede del partido.DAVID MUDARRA / EFE

Ayuso desata un seísmo político

El pésimo resultado del PSOE y la salida de Iglesias son un mensaje para el Gobierno

Editorial de El País, 050521

El resultado de las elecciones autonómicas en Madrid constituye un auténtico seísmo político lleno de consecuencias, inmediatas —sobre la Comunidad— pero también indirectas, sobre el conjunto de la política nacional. La ciudadanía madrileña ha otorgado un potente respaldo al proyecto que encabeza la representante del PP Isabel Díaz Ayuso, su modelo de gestión de la pandemia, su planteamiento económico ultraliberal, su actitud política polarizadora y con fuertes tintes demagógicos.

Su propuesta ha logrado fagocitar a Ciudadanos —quizá irreversiblemente condenado a la irrelevancia— y contener el auge de Vox, el partido ultraderechista, dando un renovado vigor al PP tras años de sufrimiento. En el flanco izquierdo, se registra una derrota catastrófica del PSOE, un mensaje de rechazo que llega hasta La Moncloa y que requerirá una profunda reflexión. Los decepcionantes resultados de la izquierda se completan además con la dimisión de Pablo Iglesias, que anunció anoche su intención de abandonar la política.

Gana el proyecto de profundización del modelo socioeconómico del PP madrileño, que entre acción propia y circunstancias estructurales ha presidido un periodo de notable crecimiento económico, aunque mal repartido. Este modelo se agudizará, con las prometidas bajadas de impuestos —en contra de un creciente consenso internacional— y los consiguientes deterioros de los servicios públicos e incremento de la desigualdad.

Gana un planteamiento de gestión de la pandemia. Gana además una actitud de confrontación y de cierta trivialización del discurso político. La victoria no llega a la mayoría absoluta, pero es suficientemente amplia como para limitar la peligrosa influencia de Vox, formación oscurantista, retrógrada y con derivas que desbordan el marco de los valores democráticos.

La victoria arrolladora de Ayuso trasciende, sin embargo, las fronteras de la Comunidad. Los resultados impulsan una reconfiguración del cuadro político nacional. En el centroderecha, sancionan el rumbo a la insignificancia de Ciudadanos. El PP cobra fuerza gracias a ese desplome e inicia la anhelada reagrupación de ese espacio político. Otros dirigentes regionales —especialmente en Andalucía— podrían sentir la tentación de repetir la táctica de Ayuso.

El éxito de los planteamientos ultraliberales y demagógicos de Ayuso, la resistencia de Vox y el rumbo a la desaparición de Cs plasman un indudable desplazamiento a la derecha del centro de gravedad del bloque conservador. Pero la cúpula del PP haría bien en considerar que si Madrid influye en España, España no es Madrid. Ojalá la estrategia nacional no siga el rumbo madrileño y se mantenga en la senda de los más nobles referentes de la familia democristiana europea.

Las elecciones madrileñas desatan, por otra parte, un auténtico seísmo en el sector progresista. El PSOE cosecha un fracaso sin paliativos, fruto de errores pasados y presentes. El resultado certifica la incapacidad desde hace lustros de reconstruir una propuesta atractiva en la región capitalina, una campaña errática con una apuesta hacia el centro y un posterior incómodo seguidismo del marco y la retórica antifascista planteado por Podemos y también una fuerte señal para La Moncloa.

El voto iba de otra cosa, pero sería ingenuo subestimar el componente de rechazo a la política del Gobierno de Pedro Sánchez como factor movilizador de la arrolladora victoria de Ayuso. El mediocre resultado de Unidas Podemos y el brillante éxito de Más Madrid, que supera al PSOE, configuran un escenario de evolución en este bloque. Una lección de peso para el espacio a la izquierda del PSOE, pero también un aviso a los propios socialistas de que, bajo nuevos liderazgos, ese espacio puede crecer en su detrimento.

En definitiva, el voto impulsa un desplazamiento a la derecha del centro de gravedad conservador y una nueva energía para el choque de polos que sacude España. Un desarrollo poco alentador para los partidarios de una política pragmática y dialogante.

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La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata por el PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, con el líder del partido, Pablo Casado, el martes en la sede de la formación en la capital. En vídeo, reacciones a los resultados.BERNAT ARMANGUE (AP) / VÍDEO: QUALITY

Ayuso arrasa en Madrid

El PP logra más escaños que toda la izquierda junta. Iglesias deja la política. Ciudadanos desaparece devorado por los populares. El PSOE se desploma en el peor resultado de su historia y Más Madrid supera a los socialistas

Carlos E. Cué en El País, 050521

Isabel Díaz Ayuso, una absoluta desconocida sin gran recorrido hace solo dos años, se consolida como un auténtico fenómeno político. La presidenta madrileña y candidata del PP es la gran vencedora de las elecciones en la Comunidad de Madrid, donde ha arrasado hasta el punto de lograr más escaños que los tres partidos de izquierda juntos, lo que le permitirá gobernar con comodidad y sin necesitar a Vox para cada ley.

El bloque de la derecha se refuerza con claridad y saca 78 escaños (65 del PP y 13 de Vox) frente a los 58 de la izquierda (24 de Más Madrid, 24 del PSOE y 10 de Podemos). Hace solo dos años, la diferencia entre ambos bloques era de cuatro parlamentarios. Ahora pasa a 20. Madrid gira así claramente aún más a la derecha, pero gracias al espectacular aumento del PP, porque Vox se queda con un resultado muy similar al de hace dos años.

El golpe durísimo para la izquierda tiene una consecuencia inmediata: Pablo Iglesias deja todos sus cargos en Podemos y no se quedará en la Asamblea regional: “No voy a ser un tapón para un nuevo liderazgo. Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui”, señaló como despedida citando a Silvio Rodríguez tras apuntar a Yolanda Díaz como su sucesora.

Una participación histórica, 11 puntos más alta que la de 2019, no solo no ha aupado a la izquierda, sino que la ha hundido mucho más, sobre todo por el desplome del PSOE, que viene de ganar las elecciones en Cataluña, pero se ha pegado un batacazo en Madrid con una caída de más de 10 puntos que le llevan a tener el peor resultado de su historia, y a empatar en escaños con una formación sin apenas medios como Más Madrid, que en el último momento del recuento lograba un histórico primer puesto en la izquierda por algo más de 4.000 votos.

Díaz Ayuso no ha conseguido la mayoría absoluta —se queda a cuatro escaños—, pero le bastaría con la abstención de Vox para ser investida. Ahora queda por saber si este grupo querrá o no entrar en el Ejecutivo madrileño, aunque los resultados alejan esa posibilidad.

La izquierda fracasa en su intento de buscar un vuelco con la movilización del voto del sur. La clave de este fiasco es el pinchazo del PSOE, que se deja en menos de dos años buena parte de sus apoyos, pese a tener el mismo candidato que en 2019 ganó ampliamente las elecciones en la comunidad, Ángel Gabilondo, aunque no pudo gobernar porque el bloque de derechas tuvo más escaños que el de la izquierda.

Grave desgaste del PSOE

El resultado implica un grave desgaste del partido del Gobierno central que contrasta con el reciente éxito en Cataluña. Más Madrid sube, pero menos de lo esperado (dos puntos), aunque eso le vale para alcanzar al PSOE, mientras Podemos, con su líder al frente, sube poco menos de dos puntos. Entre los dos no compensan ni de lejos la caída del PSOE, por lo que el bloque de la derecha avanza en Madrid a pesar del desplome de Ciudadanos, que como estaba previsto se queda lejos del 5% –3,51%– y pierde sus 26 parlamentarios, que van en su totalidad al PP. Ayuso, que dobla ampliamente sus escaños, ha logrado arrebatar diputados también al PSOE, algo totalmente imprevisto.

La gran duda que queda ahora es qué consecuencias tendrá este resultado espectacular del PP en Madrid para la política nacional. Pablo Casado, el líder de los populares, fue el primero en hablar en el famoso balcón de Génova, una sede que ahora está buscando un nuevo ocupante, para marcar claramente la imagen de que la derecha empieza su recuperación en Madrid. “Hoy Madrid ha hecho una moción de censura al sanchismo”, aseguró Casado. “Las urnas han otorgado a Ayuso un gran resultado y, sobre todo, una gran responsabilidad. Enhorabuena”, señaló Sánchez en Twitter.

El PSOE ha mostrado un desgaste mucho mayor de lo esperado en una comunidad clave, pero los socialistas insisten en encapsular este fracaso como si Madrid fuera una isla política. Fuentes del partido insisten en que “Madrid vota distinto que el resto de España” y recuerdan los pésimos resultados del PP en Cataluña o en el País Vasco.

“Esta es una comunidad muy importante, pero no representa al conjunto de España, como acabamos de ver en el resultado del PP en Cataluña”, sentenció José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, con una cara que reflejaba el demoledor resultado. “Tenemos dos años por delante para construir la alternativa progresista que Madrid necesita. Nos ponemos a ello”, dijo Ábalos dejando claro que Gabilondo es ya pasado para el partido.

Lo cierto es que este brusco movimiento del tablero político empezó con una decisión del PSOE y Ciudadanos de hacer una moción de censura en Murcia, que resultó fallida, y que, con una especie de efecto mariposa rapidísimo, ha terminado con una victoria aplastante en Madrid que refuerza claramente al PP, que absorbe por completo a Ciudadanos, e inyecta moral a los votantes conservadores, que ahora creerán que es posible volver a La Moncloa. “Uniendo a todo el centroderecha se puede ganar a Sánchez. Hay partido. Hay futuro”, clamó Casado. “La libertad ha triunfado nuevamente”, remató Ayuso entre gritos de “libertad, libertad”.

Madrid se convertirá así en el ariete de los populares de forma rotunda. La comunidad madrileña ha sido el epicentro de la oposición del PP cuando no está en La Moncloa desde la época de Esperanza Aguirre, que competía con Mariano Rajoy y constantemente le afeaba que no fuera lo suficientemente duro con José Luis Rodríguez Zapatero.

Ahora hay que ver también qué consecuencias internas tiene esta victoria en el PP. Aguirre, con importantes apoyos en algunos medios conservadores, como le sucede a Ayuso, fue la gran pesadilla de Rajoy, hasta el punto de que el entonces líder de la oposición se movió rápido después de su segunda derrota electoral en 2008 y buscó el respaldo de dos regiones clave, la Comunidad Valenciana, controlada por Francisco Camps, y Andalucía, en manos entonces de Javier Arenas, para cerrar el paso a un posible movimiento de Aguirre para disputarle el liderazgo del partido. Rajoy logró tantos apoyos territoriales empujado por ese pacto con Arenas y Camps y tantos avales que Aguirre finalmente desistió y no le planteó batalla en un congreso que, no por casualidad, se hizo en Valencia y no en Madrid, el territorio que siempre fue hostil a Rajoy.

Fue en esos días cuando el líder del PP, lanzado contra Aguirre, pronunció una frase que años después algunos dirigentes veteranos han recordado ante la división de la derecha: “Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya”, dijo en un golpe directo a la entonces presidenta madrileña, que siempre presumió de liberal. Rajoy se vanagloriaba entonces de que él se presentaba a ese congreso porque lo pedían sus compañeros, y no “ningún periódico ni ninguna radio”.

La presidenta tiene todo el poder

Las cosas han cambiado mucho en el PP actual, pero el esquema se repite de alguna manera. Ayuso arrasa y tiene todo el poder en Madrid, la comunidad más rica y la que más peso político y mediático acumula, al ser la capital política y financiera y la sede de los principales medios de comunicación del país. Mientras, Pablo Casado sufre en la oposición, sin opciones claras de volver al Gobierno, con un peso muy reducido en el Congreso, a pesar de que con la repetición de las elecciones en 2019 pasó de 66 a 89 escaños, y con un profundo cuestionamiento interno similar al que sufría Rajoy en 2008. Casado ha perdido dos veces, pero en el mismo año, y todo indica que tiene fuerza interna suficiente como para llegar a las próximas elecciones, donde sí tendrá su prueba de fuego.

La gran diferencia con Rajoy es que Casado puso a Díaz Ayuso en esa candidatura, ella le debe su puesto, mientras Aguirre venía de la época de José María Aznar y nunca se consideró deudora de Rajoy, más bien rival política. En el PP muchos temen que Ayuso y su mano derecha, Miguel Ángel Rodríguez, envalentonados por esta victoria, romperán amarras con Casado e incluso pensarán en sustituirle en algún momento si no cuaja su liderazgo.

Esto es, que Ayuso se convertirá en una nueva Aguirre a todos los efectos. Pero tanto en el entorno de Casado como en el de Ayuso insisten en que el que diga eso no conoce la verdadera relación política y personal entre ambos y, sobre todo, insisten en que Ayuso solo ha logrado apoyo político para dos años y ahora tiene que prepararse en una especie de campaña permanente —que es lo que ha dominado su mandato— para pensar en consolidar este poder en las elecciones de 2023 y no perderlo frente a la izquierda y también cerrarle el paso a Vox.

Ayuso es un fenómeno político muy particular, porque fue elegida por Casado sobre todo porque era muy amiga suya y una persona que consideraba fiel y a prueba de todo. Cuando la eligió, Casado sufría un momento de gran debilidad interna y usó su poder para colocar a personas de confianza en lugares estratégicos. El de Madrid era fundamental. Sin embargo, Ayuso rápidamente empezó a volar sola, y mucho más desde que Rodríguez se convirtió en su jefe de Gabinete.

Ahora vendrá una gran prueba de fuego para comprobar cómo se hace ese equilibrio de poder interno entre Ayuso y Casado. Si el líder del PP permite a la presidenta madrileña que se haga con el control del partido en Madrid, algo que Rajoy le permitió a Aguirre aunque después se arrepintió, esto indicará que ha optado por dar vía libre al ayusismo y ella marcará claramente su impronta en la dinámica del PP. Si por el contrario decide hacer una especie de contrapoder y dar la batalla para que el PP de Madrid esté en manos de alguien como Ana Camins, querrá decir que Casado quiere tratar de controlar a Ayuso y no caer en los errores de Rajoy con Aguirre.

Esa será la batalla interna del PP. Pero en la fotografía de larga distancia, la que ve los equilibrios de la política nacional, el golpe que acaba de dar el PP es muy fuerte y el PSOE demuestra un desgaste brutal que hará reflexionar a La Moncloa y a la sede de los socialistas, en la calle Ferraz, sobre los motivos de este golpe.

De ese análisis y la capacidad de darle la vuelta depende también la estabilidad del Gobierno para los próximos meses, en los que no es descartable que el PP aproveche este momento de debilidad de los socialistas para adelantar las elecciones en Andalucía, donde también podría reforzarse claramente frente a una izquierda que vive un momento de debilidad con guerras internas tanto en el PSOE como en Unidas Podemos.

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Teodoro García Egea, Almeida, Ayuso y Pablo Casado.
Teodoro García Egea, Almeida, Ayuso y Pablo Casado.MariscalEFE

Y no nos dejaban votar

La izquierda pierde a su representante más siniestro, no al más peligroso, que es Sánchez. Pensaban que la derecha social es como la derecha política, incapaz de defenderse.

F. Jiménez Losantos en El Mundo, 050521

 

SE JUGABAN muchas cosas ayer en Madrid, pero la primera era el hecho mismo de votar, al que se opusieron socialistas, comunistas y centristas, que aspiraban a reeditar la moción de censura en Murcia, en Castilla y León y, por supuesto, en Madrid. Por apenas media hora se adelantó Isabel Díaz Ayuso a la traición de Inés, Aguado y otros héroes de la ética centrista, ahora yertos.

Y no sólo presentaron a la desesperada sus mociones de censura socialistas y comunistas y fueron admitidas por los conjurados de Ciudadanos, sino que denunciaron legalmente la convocatoria electoral y, emperrados en la ignominia, dedicaron media campaña a atacar a Ayuso por convocar unas elecciones que, según Arrimadas, Edmundo Bal y la escolanía de la moderación correspondían al capricho absurdo de una mujer irresponsable.

Lo decían después de votar con el PSOE y Podemos para quitarle Murcia al PP al que, por supuesto, aseguraba fidelidad. No sólo han quedado como traidores sino como idiotas. Pensaban que la derecha social es como la derecha política, incapaz de defenderse y de acordarse de las puñaladas. Y no.

Aunque Casado tratase de vampirizar el éxito rigurosamente personal de Díaz Ayuso, que recogió un partido que salió de Cataluña cadáver y que esta mujer sola, abandonada por un politburó genovés que ni siquiera le dejó ostentar la presidencia del partido que siempre tuvieron todos los presidentes autonómicos del PP, incluso usando a Almeida para oscurecer el brío de la mujer más insultada de la España contemporánea, el último ejemplar de esa condición política porcina ha sido el siniestro Tezanos, ha conseguido resucitar, a pesar de todas las interferencias de la dirección, incapaz de humildad y de talento, a un partido desahuciado.

Pero si frente a una candidata excepcional en una situación excepcional Vox ha mantenido y hasta mejorado sus resultados, es evidente que el líder del PP debe reconsiderar su ruptura con el otro partido de derecha, con el que deberá contar para construir una alternativa a una izquierda que pierde a su representante más siniestro, no al más peligroso, que es Sánchez, ni al más radical, que es Más Podemos. Errejón, Tania Sánchez, Mónica García y demás son exactamente lo mismo que Iglesias.

Y sustituyen ventajosamente a Podemos en el proyecto sanchista. Madrid lo paró ayer. Pero el peligro sigue. Por eso no nos dejaban votar.

 

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Simpatizantes de Ayuso celebran su victoria en Génova.
Simpatizantes de Ayuso celebran su victoria en Génova.ALBERTO DI LOLLI

Cien mil confusiones respecto de Ayuso

Rafa Latorre en El Mundo, 050521

Habría que remontarse muy lejos, desde luego más allá de donde alcanza mi memoria, para encontrar a alguien que haya enfurecido tanto al izquierdista random como Isabel Díaz Ayuso. Lo que al principio fue desprecio y rechifla fue mutando y la carcajada se trastocó en bruxismo.

La explicación más perezosa acudiría a una explicación de manual posmoderno: joven y mujer. Demasiado fácil. Lo cierto es el desconcierto y el acierto. Aliteración. Ayuso asombra a un tipo muy peculiar de concienciado, poco acostumbrado a toparse con alguien que no cede el paso a su pesado convoy de certezas.

El empecinamiento de la presidenta, encima, le ha procurado demasiadas victorias políticas sobre el sanchismo, que en su desconcierto ha inventado cien mil analogías, forzosamente contradictorias, para explicar el extraño fenómeno de que alguien que describen como subnormal goce de semejante favor popular.

Ayuso ya ha sido trumpista, turboliberal, nacionalista, más voxista que Vox, marioneta de un perverso estratega, retorcida sociópata, negacionista, psicópata incluso, mater dolorosa, lunática, maléfica, chabacana, elitista, manipuladora e idiota. Ayuso se alza sobre la tabernidad, sugirió en un artículo catatónico José Félix Tezanos, el hombre que perfeccionó la demoscopia militante.

A Díaz Ayuso yo ya le he escuchado tres veces empezar una frase con un preludio muy prometedor: «Yo ya sé que no soy Churchill». Éste es un buen punto de partida sobre el que construir, el mejor, de hecho, en el país de los vacuos solemnes. La comparación con Donald Trump es tan evidentemente estúpida que uno de los rasgos característicos de Díaz Ayuso es su apariencia de vulnerabilidad.

El otro día Javier Redondo recordó algunas de las veces en que la presidenta pronunció un inaudito «no lo sé» o un «no lo había pensado» para pasmo de la audiencia. Se trata, claro, de una vulnerabilidad engañosa porque la pandemia la expuso, con un rigor y hasta una crueldad que no ha conocido otro dirigente en España, a la prueba definitiva de liderazgo, que es la prueba de resistencia.

A la vuelta del verano estuvo sola. Estrictamente. Con todo el aparato gubernamental lanzando de forma encubierta la candidatura a la Generalitat del ministro de Sanidad, Salvador Illa, mediante una cruzada contra Madrid, en su partido ya le andaban buscando sustituto. Corría la especie de que no había soportado la presión y se había quebrado psicológicamente. Era un diagnóstico amigo.

Los barones populares tampoco fueron solidarios ni misericordes cuando la presidenta madrileña se empeñó en mantener viva la actividad económica. El haber asumido tal desgaste le ha convertido en una especie de heroína civil para quienes conforman el tupido tejido comercial de la ciudad, no sólo los hosteleros o lo que Tezanos llama con mariantonieto desdén «la tabernidad».

Ella siempre apoyó sus decisiones en la opinión de científicos y en su Consejería de Sanidad mandan médicos como Enrique Ruiz Escudero Antonio Zapatero. En España opera una extraña superstición según la cual «los expertos» son un ente homogéneo y opaco que trabajan en la sombra para el Gobierno central.

Lo cierto es que los expertos de la Comunidad de Madrid demostraron una intuición mucho más afinada para la gestión de la pandemia que la anónima congregación monclovita y por eso varios de sus desafíos al consenso interterritorial se hicieron de aplicación general. Siempre después de lo que podríamos denominar como la moratoria Illa: primero eran delirios, luego fueron norma.

La solitaria contumacia de Ayuso inspiró, más que adhesión, devoción en una ciudadanía que se demostró poco sensible a los que ora decían que «Madrid es la hostia» ora aseguraban que los 26 años de PP fueron infernales. También contribuyó su fe intuitiva en un liberalismo de mínimos que se condensa en ese principio sobre el que asienta la libertad de los modernos que es que te dejen en paz.

¿Ayuso es una nacionalista madrileña? Bueno, que el autor de esta desopilante teoría sea el editorialista único de la Cataluña preprocés ahora demudado en intelectual orgánico del sanchismo parece haber despertado sospechas en un Madrid tan reactivo a la identidad como celoso de sus libertades.

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Isabel Díaz Ayuso: un fenómeno de masas forjado en dos años
Ilustración de Jorge Arévalo [España, 1968] epara el texto

De periodista desconocida a fenómeno de masas en 2 años

Marta Bellver en El Mundo, 050521

En la primavera de 2019, Isabel Díaz Ayuso se recorría la Comunidad de Madrid de norte a sur sin que nadie la parara para hacerse fotos con ella. Aquella periodista desconocida y sin apenas experiencia en la gestión aspiraba con escasas opciones de éxito a ser la presidenta de la región en la que había nacido como candidata de un PP lastrado por los casos de corrupción del pasado y bajo la amenaza del sorpasso del por entonces pujante Ciudadanos.

Sólo dos años después, la política que forjó su carrera profesional en la sala de máquinas de la sede de Génova 13 ha logrado trascender por completo las siglas de su partido. Es una marca en sí misma. Tiene su propio club de fans los ayusers y una surtida gama de merchandising, desde camisetas hasta tazas, bolsas y chapas que llevan estampada su imagen o alguno de sus ya proverbiales mantras sobre la libertad que defiende en contraposición al comunismo. Hasta le han dedicado una cerveza, La Caña de España. Aupada por el entusiasmo colectivo que ha despertado en la calle, ha logrado el refrendo de las urnas para poder seguir al frente de la Puerta del Sol.

Detrás del meteórico fenómeno Ayuso hay dos claves. Una es el nombramiento a finales de enero de 2020 de Miguel Ángel Rodríguez como jefe de gabinete de la presidenta madrileña. El ex secretario de Estado de Comunicación de José María Aznar se fijó como objetivo hacer de ella un referente a escala nacional, pero necesitaba el trampolín para poder impulsarla. Apenas un mes después estallaba la crisis del Covid-19, que le dio el escaparate propicio y la pieza del engranaje que faltaba.

Desde el inicio de la pandemia, la baronesa popular ha sido el azote de Pedro Sánchez por su gestión de la misma. Lo acusó de no tomar medidas para frenar la propagación del virus hasta que Madrid cerró los colegios, de la falta de material de protección para los sanitarios, de penalizar a su región en el pase de fases de la desescalada apoyándose en un comité de expertos «inexistente» y del «coladero» de Barajas por la ineficacia de controles.

Moncloa y el PSOE, a su vez, entraron en el cuerpo a cuerpo para recriminarle a ella que hubiera anunciado una bajada de impuestos y después pasara «el cepillo» para hacer frente a sus obligaciones, en alusión a la campaña de captación de donaciones para hacer frente a la crisis que puso en marcha el Gobierno autonómico. Ferraz también instó a los suyos a «retorcer» políticamente el drama de las residencias madrileñas, donde fallecieron casi 6.000 ancianos en la primera ola bajo la sombra de la polémica instrucción que restringía las derivaciones a los hospitales.

Lejos de bajar de intensidad el cruce de reproches, se ha cronificado hasta el punto de que Ayuso ha llegado a encarnar por momentos el papel de lideresa oficiosa de la oposición eclipsando al presidente de su propio partido, Pablo Casado. Su último pulso con el Ejecutivo central ha sido mantener los bares abiertos pese a los sucesivos embates del coronavirus con el argumento de que en otras comunidades donde los han cerrado ha habido más contagios que en Madrid, lo que le ha granjeado el apoyo unánime del sector hostelero y explica en parte su contundente triunfo en estas elecciones anticipadas.

A la convocatoria de una cita fuera del calendario habitual se llega desde el otro frente de batalla que la dirigente autonómica ha librado en sus primeros 20 meses en el cargo: la perpetua desconfianza con su socio de coalición. La fallida moción de censura en la Región de Murcia para desalojar al PP gestada al más alto nivel entre PSOE y Cs le puso en bandeja la excusa que necesitaba para desprenderse de la mitad naranja de su equipo y someterse al veredicto de las urnas en un momento en el que el pronóstico de las encuestas internas le era muy favorable, pero no exento de riesgo de que la suma de los partidos de la izquierda pudiera superar a la suya con Vox.

Sin embargo, la campaña ha desbordado con creces hasta las previsiones de los más optimistas de su entorno. No se recordaba nada equiparable al fervor callejero que la candidata popular ha vivido estos días desde los tiempos de máximo apogeo de Esperanza Aguirre, que en sus tres mandatos con mayorías absolutas consecutivas inauguró 12 hospitales, aplicó la libre elección de médico, abrió 80 nuevas estaciones de Metro e implantó el bilingüismo en la educación pública.

La «versión 3.0» de la antaño todopoderosa lideresa como se ha llegado a apodar a Ayuso tampoco puede dar ahora muchos pasos sin que la rodeen señoras para abrazarla a pesar de los protocolos antiCovid en vigor, pero también jóvenes móvil en mano que quieren hacerse un selfie con ella y subirlo a las redes al minuto siguiente. No hay pueblo al que haya ido del que no se haya vuelto con un ramo de flores, galletas con la palabra libertad o una muñeca con su cara a pesar de que su balance de gestión es escaso: la construcción de un hospital especializado en pandemias el Isabel Zendal y su intento por conjugar salud y economía con la aplicación de las medidas restrictivas más laxas de toda España.

«Es como ir con Madonna», ha llegado a resumir gráficamente Toni Cantó, ex dirigente de Ciudadanos y el símbolo más elocuente de la reunificación del voto del centroderecha en torno a las siglas del PP que ha logrado la presidenta madrileña en estas nuevas elecciones. En 2019, Casado apostó personalmente por su amiga de la juventud, que empezó a darse a conocer por sus meteduras de pata (como lamentar la desaparición de los atascos en la capital por ser su «seña de identidad»), y que en sólo dos años ha logrado una popularidad en Madrid y un aplomo sin complejos como el que tenía Aguirre cuando trató de disputarle el liderazgo del partido a Mariano Rajoy.

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Ilustración de Jorge Arévalo [España, 1968] epara el texto

El audaz importador del populismo que llegó a Moncloa

El líder de Podemos, antaño icono de la ‘nueva política’, se retira reconociendo su descrédito: “No contribuyo a sumar para la izquierda”

Uis Fernando López en El Mundo, 050521

ablo Iglesias fue el logo de la papeleta de Podemos en las Europeas de 2014. El partido no tenía icono, era el rostro de Iglesias, el Coletas que triunfaba en las tertulias de televisión. Ayer, en las elecciones madrileñas que suponen su retirada, Unidas Podemos distribuyó dos carteles electorales: en uno, aparece Iglesias junto a otros ocho candidatos, sin destacar entre ellos; en el otro, sólo se lee el lema electoral: «Que hable la mayoría».

Tal vez no haya mayor penitencia para un político que negarse. «No contribuyo a sumar», reconoció, constató, en la noche de su fatal 4-M. Un epitafio que había ido asumiendo desde la precampaña, incapaz de remontar a Más Madrid.

Tal vez el mayor agitador de la política española desde la Transición, el rostro de la nueva política nacida de la crisis de 2009 y del 15-M, el importador del populismo latinoamericano, el líder que llevó la polarización a niveles sin precedentes, se ha consumido en siete años.

Ha vivido a esa velocidad la posibilidad real de sustituir al PSOE, cuatro elecciones generales siempre en caída, una moción de censura en su nombre y otra empujando a Sánchez, el acceso a Moncloa también la frustración de su incapacidad y el portazo en Madrid, erosionado en varios frentes judiciales, por la financiación del partido o cuestiones personales (Dina). Pudo ser el líder de un partido de masas, amplio, de raíz progresista, y acaba legando, como mayor contribución, un buen botín al espacio poscomunista (IU-PCE y muchas gentes de Podemos con pasado comunista). Una paradoja para quien vino a sepultar esa tradición.

«Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar», decía antes de las elecciones de 2015, puñalada a una IU que luchaba por sobrevivir y donde él militó, desde las Juventudes Comunistas en los 90.

Ayer, al partir, quiso vivir de sus orígenes. Sus últimas palabras son versos de Silvio Rodríguez, cantautor de la revolución cubana. «Yo no sé lo que es el destino / caminando fui lo que fui», citó, pero esa canción tiene jugo previo: «Para cederme lugar en su parnaso / Para darme un rinconcito en sus altares / Me vienen a convidar a arrepentirme / Me vienen a convidar a que no pierda / Me vienen a convidar a indefinirme / Me vienen a convidar a tanta mierda». De ahí, al «Caminando fui lo que fui», con remate alto: «Yo me muero como viví».

No ocultó su «fracaso», pero rescata la pureza, al incorruptible, como justificación de una quiebra a la que han contribuido otros factores. En su deterioro juegan posiciones políticas, sobre todo, esa complicidad con los secesionistas catalanes. En lo programático, entre otros radicalismos, pasó de regalar series de televisión a Felipe VI y esconder la tricolor a convertir la Monarquía en enemigo.

Y en lo interno, su partido fue una fuga constante, a izquierda Anticapitalistas y derecha, el errejonismo, que acompaña a Iglesias en su retirada, para redoblar el escarnio. Mónica García sí ha sorpassado al PSOE. Un logró irrelevante en poder real, pero simbólico. Ciertamente, lo logra Mónica García y no Íñigo Errejón la misma cuna populista y ahora caminando al centroizquierda, a diferencia de su ex amigo.

Mónica García recibió mucho cariño de Iglesias ayer «gran éxito» y mucho respeto en campaña, pese al recibimiento que le concedió ella, con acusaciones de machismo. La mayor desgracia para Iglesias es que cualquier maldad sobre él se hizo verosímil, aunque hubiese entregado Unidas Podemos a Yolanda Díaz y otras dos mujeres de esa coalición sean ministras. En su descrédito dio consistencia no solo a las críticas, sino desvaríos, alguno tan excesivo que una de sus últimas bazas fue apelar al victimismo, para captar simpatías casi póstumas. «Soy un chivo expiatorio que atraigo lo peor de la democracia», insistía ayer.

En su punto final se descubre alguna luz. Parece evidente que, sin él, Unidas Podemos habría desaparecido en Madrid. Ha salvado al partido, ¿pero sobrevivirá? Ciudadanos no ha aguantado sin Albert Rivera y si Unidas Podemos ofrece mejor perspectiva es porque acoge a IU-PCE, con una estructura incluso más sólida que Podemos, que para repuntar se fía a Yolanda Díaz, otra Mónica, con notable aprobación pública. Tampoco tiene por qué ser un seguro, sólo hay que mirar a Inés Arrimadas.

Sin Iglesias, tal vez sea abordable una reunificación con Errejón, cuyo estirón en Madrid está sometido a una gran limitación, pues carece de representación-estructura fuera.

En su camino final de perdición, Iglesias ha dado pasos para salvar su figura y acercarse a ese «yo me muero como viví». Las balas amenazantes le llevaron a la lejana adolescencia, cuando en la facultad de Derecho de la Complutense (1998) fue víctima de un grupo ultraderechista. Entre los agresores, un asesor hoy de Santiago Abascal. Toda su campaña fue una apelación al antifascismo, el caldo que mamó, con una foto en su habitación de sus padres asistiendo al entierro por los abogados de Atocha, asesinados en 1977. Arrastró al PSOE en esa dinámica, pero no a Más País, muy favorecido.

Tan consciente era de sus últimos pasos que parecen un intento de sanar su leyenda. Ni se aferró al Gobierno, ni ungió a su propia pareja, ni se encastilla en un cargo, aunque no dejarán de recordarle el chalé y un desclasamiento que le restó popularidad y convicción en todos esos barrios obreros que intentaba activar contra Ayuso y contra Vox. El ocaso.

Hace 7 años, a la hora de la comida, una pareja hablaba de un tal Pablo Iglesias que iba a las Europeas. Hablaba ella y él, del todo perdido, en un flechazo de memoria, saltó: «¿No será un chaval con coleta?». «Sí», le respondió su pareja. «Llevaba toda la vida esperándole», cerró él. Cualquiera que le conociese de joven sabía que en ese chaval había un político de altos vuelos. La caída no ha sido menos vertiginosa.

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La supresión de la ventaja de la declaración conjunta que figura en el llamado Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia enviado a la Unión Europea dispararía la factura fiscal de, entre otros, pensionistas y contribuyentes con personas a cargo sin rentas altas.

Según simulaciones de casos reales a las que ha tenido acceso este diario, entre los perjudicados por la medida figuran personas que difícilmente pueden encuadrarse en la categoría de ricos en los que centra teóricamente la futura reforma fiscal el Gobierno de coalición. La eliminación «paulatina» de la reducción por tributación conjunta continúa en el documento oficial remitido a Bruselas y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, siguió sin descartarla ayer, pese a toda la polémica suscitada.

El argumento para eliminar esta ventaja es que estimularía a las mujeres a ser más activas en el mercado laboral, pero, tal y como está redactado en el plan, no excluye a los jubilados, con lo que resultarían perjudicados sin que sirviera como incentivo para que la mujer pudiera intentar la búsqueda de empleo.

Un caso real consultado es el de un matrimonio con más de 75 años en el que el marido recibe una pensión de 18.000 euros y su esposa nunca trabajó. Con la declaración conjunta tendrían que pagar a Hacienda 378 euros al beneficiarse de la reducción de 3.400 euros y de un mínimo vital cada uno de ellos de 10.650 euros.

Con declaración individual, ella no pagaría nada, pero él pasaría a abonar 1.678,50 euros. Es decir, un incremento meteórico de la factura fiscal equivalente a 140 euros mensuales más para este pensionista con cónyuge a cargo.

En otro caso real de un matrimonio jubilado con la misma pensión de 18.000 euros pero de menos de 75 años y por tanto, con menos reducción por mínimo familiar el impacto sería de 1.000 euros al pasar de pagar 910 euros por la conjunta a 1.944 por la nueva individual. El incremento sería del 109% equivalente a unos 83 euros mensuales para este jubilado con cónyuge a cargo.

Hay otros casos para los que la supresión del incentivo provocaría un perjuicio sin que sirviera como estímulo de mayor desembarco de mujeres en el mercado laboral. Se trata del de una profesora viuda de 50 años que tiene un hijo discapacitado a cargo de más de 26 años. Ella ya trabaja con un sueldo de 30.000 euros y le practican retenciones, pero le sale a devolver 1.415 euros. Para ello se beneficia de una reducción por tributación conjunta de 2.150 euros que quedaría anulada en la reforma fiscal.

Ella sí mantendría el mínimo personal y el concedido por tener un descendiente a cargo que, además, es discapacitado. Pero el resultado sería que le subiría el tipo de IRPF aplicable y le saldría a devolver, practicadas las retenciones correspondientes, 770 euros. Es decir, se le devolvería la mitad que ahora al desaparecer la posibilidad de tributación conjunta con su hijo discapacitado.

Esta profesora es una de las 310.000 declarantes que, según el estudio de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) del pasado año se acogen a la tributación conjunta siendo monoparental. El coste total para las arcas públicas de este colectivo concreto es de 178 millones de euros anuales. En total, estimó 4,1 millones de personas en tributación conjunta con un impacto para el erario de 2.393 millones de euros, equivalente al 3,3% de la recaudación total del IRPF.

El estudio de la AIReF corroboró también la presencia de pensionistas. «Los beneficiarios se concentran en mayor medida entre los contribuyentes de mediana y avanzada edad. En particular, los mayores de 55 suponen un 48% del total de beneficiarios y absorben el 51% del coste total», afirmaba este estudio. «Esto se debe a que, en estos hogares, la participación laboral femenina es más baja, por lo que tributar conjuntamente resulta más beneficioso», añade el documento.

El consejero de Hacienda de la Junta de Andalucía, Juan Bravo, defendió ayer en Canal Sur Radio que el hecho de que haya pensionistas quita sentido al argumento de promover la igualdad de género con esta subida del IRPF. «¿También quieren que trabaje una mujer de 70 años? porque la tributación conjunta también es para los pensionistas», afirmó.

Por su parte, la Diputación de Guipúzcoa, descartó ayer suprimir esta ventaja de la declaración conjunta aunque lo haga el Gobierno.

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La vicepresidenta Carmen Calvo y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, este martes en Moncloa
La vicepresidenta Carmen Calvo y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, este martes en MoncloaAlberto Di Lolli / POOLMUNDO

Los ‘ricos’ de la tributación conjunta

El golpe fiscal dispararía el IRPF de un matrimonio jubilado con sólo una pensión

Carlos Segovia en El Mundo, 050521

La supresión de la ventaja de la declaración conjunta que figura en el llamado Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia enviado a la Unión Europea dispararía la factura fiscal de, entre otros, pensionistas y contribuyentes con personas a cargo sin rentas altas.

Según simulaciones de casos reales a las que ha tenido acceso este diario, entre los perjudicados por la medida figuran personas que difícilmente pueden encuadrarse en la categoría de ricos en los que centra teóricamente la futura reforma fiscal el Gobierno de coalición. La eliminación «paulatina» de la reducción por tributación conjunta continúa en el documento oficial remitido a Bruselas y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, siguió sin descartarla ayer, pese a toda la polémica suscitada.

El argumento para eliminar esta ventaja es que estimularía a las mujeres a ser más activas en el mercado laboral, pero, tal y como está redactado en el plan, no excluye a los jubilados, con lo que resultarían perjudicados sin que sirviera como incentivo para que la mujer pudiera intentar la búsqueda de empleo.

Un caso real consultado es el de un matrimonio con más de 75 años en el que el marido recibe una pensión de 18.000 euros y su esposa nunca trabajó. Con la declaración conjunta tendrían que pagar a Hacienda 378 euros al beneficiarse de la reducción de 3.400 euros y de un mínimo vital cada uno de ellos de 10.650 euros.

Con declaración individual, ella no pagaría nada, pero él pasaría a abonar 1.678,50 euros. Es decir, un incremento meteórico de la factura fiscal equivalente a 140 euros mensuales más para este pensionista con cónyuge a cargo.

En otro caso real de un matrimonio jubilado con la misma pensión de 18.000 euros pero de menos de 75 años y por tanto, con menos reducción por mínimo familiar el impacto sería de 1.000 euros al pasar de pagar 910 euros por la conjunta a 1.944 por la nueva individual. El incremento sería del 109% equivalente a unos 83 euros mensuales para este jubilado con cónyuge a cargo.

Hay otros casos para los que la supresión del incentivo provocaría un perjuicio sin que sirviera como estímulo de mayor desembarco de mujeres en el mercado laboral. Se trata del de una profesora viuda de 50 años que tiene un hijo discapacitado a cargo de más de 26 años. Ella ya trabaja con un sueldo de 30.000 euros y le practican retenciones, pero le sale a devolver 1.415 euros. Para ello se beneficia de una reducción por tributación conjunta de 2.150 euros que quedaría anulada en la reforma fiscal.

Ella sí mantendría el mínimo personal y el concedido por tener un descendiente a cargo que, además, es discapacitado. Pero el resultado sería que le subiría el tipo de IRPF aplicable y le saldría a devolver, practicadas las retenciones correspondientes, 770 euros. Es decir, se le devolvería la mitad que ahora al desaparecer la posibilidad de tributación conjunta con su hijo discapacitado.

Esta profesora es una de las 310.000 declarantes que, según el estudio de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) del pasado año se acogen a la tributación conjunta siendo monoparental. El coste total para las arcas públicas de este colectivo concreto es de 178 millones de euros anuales. En total, estimó 4,1 millones de personas en tributación conjunta con un impacto para el erario de 2.393 millones de euros, equivalente al 3,3% de la recaudación total del IRPF.

El estudio de la AIReF corroboró también la presencia de pensionistas. «Los beneficiarios se concentran en mayor medida entre los contribuyentes de mediana y avanzada edad. En particular, los mayores de 55 suponen un 48% del total de beneficiarios y absorben el 51% del coste total», afirmaba este estudio. «Esto se debe a que, en estos hogares, la participación laboral femenina es más baja, por lo que tributar conjuntamente resulta más beneficioso», añade el documento.

El consejero de Hacienda de la Junta de Andalucía, Juan Bravo, defendió ayer en Canal Sur Radio que el hecho de que haya pensionistas quita sentido al argumento de promover la igualdad de género con esta subida del IRPF. «¿También quieren que trabaje una mujer de 70 años? porque la tributación conjunta también es para los pensionistas», afirmó.

Por su parte, la Diputación de Guipúzcoa, descartó ayer suprimir esta ventaja de la declaración conjunta aunque lo haga el Gobierno.

Jubilados con más de 75 años:

Viuda con hijo discapacitado:

 

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Federico analiza con Luis Herrero y Vara las claves de la gran victoria de Ayuso en Madrid y la marcha de Iglesias de la política.050521.
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. Carlos Herrera: “Madrid ha dejado el cadáver político de Iglesias y a Sánchez herido en el hospital”.050521.

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Humor

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Ricardo
ilustración de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo, 050521

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Ayuso ya hace historia, Sánchez el rudículo y Moñocon, por fin, se estrella

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Pablo Iglesias se despide

Pablo Iglesias se despide

Los españoles éramos mejores antes de conocerle

Jorge Bustos en El Mundo, 010521

 

Es difícil compadecer a Pablo Iglesias, por más que en esta campaña solo le falte llevarse un cachorro a la nariz y constatar que huele a leche antes de comérselo en directo. Atrapado sentimentalmente en la batalla de Brunete desde su más tierna infancia, el miliciano más convincente que hayan dado nuestros platós siempre quiso inspirar más miedo que lástima, pero nada envejece tan rápido como la guapa de bisturí o la retórica de comunista.

Iglesias se soñó personaje de Novecento y acabará de superviviente en Mediaset, traficando con la tragedia sin haber abandonado la farsa. Últimamente incursiona en Getafe disfrazado de obrero, se calza su mejor jersey de pelotillas, promete la revolución y torna silencioso a su berlina de lunas tintadas con la conciencia del deber cumplido.

Pablo Iglesias está despidiéndose de todos nosotros como un Semprún sin estilo ni autocrítica. Fue animal escénico de la nueva política, pero ha pasado del rock de la cárcel ajena al rap del chalé propio. Y no suena igual, claro. La gira de Madrid pone un broche circular a su carrera.

Aún se sube al escenario, micro en mano, y exprime los últimos bises de queroseno verbal sobre los rescoldos del guerracivilismo. Y viéndole y oyéndole ya solo sentimos pena. No por él, que tiene la vida resuelta con los dividendos mediáticos del odio, sino por nosotros. Porque sin ser buenos, éramos mejores antes de conocerle.

En el envilecimiento de España ha jugado un papel protagónico este demagogo terminal que lo puso todo perdido de su resentimiento. Tiznó la política española de nostalgias fanáticas, de sectarismos urgentes, de brujas cazadas en ruedas de prensa y de espectros del 36 rehabilitados en prime time.

Los periodistas imbéciles se enamoraron, los votantes ingenuos se engañaron, los jueces a duras penas aguantaron y los reformistas definitivamente se deprimieron. Todo partidario de la Transición fue puesto bajo sospecha y todo enemigo de la convivencia fue enaltecido.

Cada español fue minuciosamente clasificado, etiquetado y dividido. Sin Iglesias es inconcebible este Congreso degradado. Sin Iglesias los separatistas habrían carecido de cooperador necesario para decidirse a romper. Sin Iglesias el PSOE no se habría entregado a un cínico sin cultura ni vergüenza.

Sin Iglesias nadie habría sentido necesidad de Vox. Sin Iglesias, quizá, la concordia habría vuelto a ser posible. Todo ha ido a peor desde que fue fundado Podemos. Todo salvo una familia residente en Galapagar.

«El mundo comedia es, / y los que ciñen laureles / hacen primeros papeles / y a veces el entremés», avisó Moratín. El entremés morado oscuro casi negro va tocando a su fin tras siete años de tóxica función. Cae el telón, el actor huye a su camerino y al público ya no le quedan fuerzas ni para abuchear.

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Irene Lozano

Tonnntos de jornadas (de reflexión y electoral)

Santiago González en El Mundo, 040521

Irene Lozano, la biógrafa, era entrevistada humanamente en ABC. Era una buena entrevista, a mí me gustó, aunque eché a faltar el novio con el que yo la conocí, cuando los dos, con David Gistau participamos en la inauguración de una campaña electoral de Rosa Díez.

Era un tipo fantástico, ingenioso y divertido como pocos. A juzgar por sus palabras ya no es el mismo. Y ella lo explica con gracia: “Me duran más los perros que los hombres”. Monsieur de Sans Foy le apuntaba una razón: “claro, eso es porque los atas”.

Jorge Bustos publicó el sábado una gran columna en la Última de El Mundo sobre Pablo Iglesias. Háganse un favor y búsquenla si no la han leído. De ella saco estas frases: “Viéndole (a Iglesias) y oyéndole ya solo sentimos pena. No por él, que tiene la vida resuelta con los dividendos mediáticos del odio, sino por nosotros. Porque sin ser buenos, éramos mejores antes de conocerlo”.

Pablo Iglesias era entrevistado en Corriere della Sera y allí dejaba el macho alfalfa testimonio de ser dueño de un ego que, a los hechos y a sus parejas me remito, no le cabe en la bragueta. El hombre se comparaba, nada más y nada menos, que con Enrico Berlinguer, del que dijo que “ni siquiera consiguió llegar adonde he llegado yo”. Ya puestos podía haber añadido, Rossanna Rosanda, “mucho Manifesto y lo que quieras, pero no llegó a ministra como mi churri”. Pedro, no nos queda vida para agradecerte estos regalos.

Otra cita del monstruo que nos acerca El Mundo: “Desde un punto de vista histórico, mirar lo que he logrado me marea”.

Pablo Iglesias: “Que esto [lo de sus matones] salga precisamente hoy revela la preocupación que tienen algunos. Yo auguro que de aquí al martes no es descartable que se publique alguna noticia que me relacione con el asesinato de John Fitzgerald Kennedy”. Es imposible, memo. A ver si te crees que todos estamos tan dotados como tú por el don de la ucronía. Faltaban 15 años para que nacieses.

Marcos Guerrero Concepción: Kleenex sube su cotización en bolsa en previsión del batacazo de Iglesias el 4-M.

Ayer, la vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo se manifestó con motivo del Primero de Mayo, junto a sus colegas, Carmen Calvo,  Irene Montero, Ione Belarra, José Luis Ábalos y Rodríguez Uribes. No se había visto nada igual desde las legendarias demostraciones sindicales que presidían Franco y sus ministros en el Bernabeu para celebrar la festividad de San José Artesano.

Sobre la manifestación  escribía en mi blog un gran Parmenio: “La imagen de los sindicatos caniche celebrando con el gobierno los seis millones de parados reales sería graciosa si no fuera cierta”.

Er tío cascarrabias, también en mi blog: Ministros del gobierno, sindicatos y empleados de seguridad de los partidos en el gobierno se han manifestado hoy contra la oposición.

(La policía ha salido indemne)

Los Meconios: Parte de la izquierda riéndose de que Nacho Cano, uno de los artistas  y músicos más influyentes de la historia de España, haya alabado la gestión de Ayuso. Ellos son más de Jorge Javier Vázquez. Y de Cristina Pedroche, habría que añadir.

Y para terminar, un ovillejo del gran Gulliver:

¿Vicio en que Pablo hace podio?/ Odio!
¿Tiene otra tara peor?/ ¡Rencor!
¿No ves en Pablo nobleza?/    Vileza!
Les confieso con franqueza
que sólo aprecio virtud
en Pablo por su pereza;
lo demás es acritud
odio, rencor y vileza.

En jornada electoral

Antonio Maestre es uno de los grandes, lo ha sido siempre, pero ayer se superó a sí mismo, al explicarnos la esencia del nazismo. Hoy lo traigo aquí por aclamación, tras recibir decenas de peticiones para que lo incluyera en nuestra República.

Él había escrito: “En Vallecas hubo otro ejemplo. Abascal estuvo repitiendo de manera sistemática que había tenido que dar 18 pasos hasta los antifas. 18 no es casualidad, es otro ejemplo de criptomensaje neonazi. 1 y 8 son las letras del abecedario A y H que se usan para referirse a Adolf Hitler”. Los tuiteros lo embromaron a cuenta de su fecha de nacimiento: Un 18 (de junio).

El Capitán decía: “Todo el mundo sabe que lo de 18 pasos es en referencia al 18 de julio, un homenaje a Franco. Del año 36 que si lo dividimos entre dos ¿qué da? Exacto, 18. El 36 era el año que invocaba su prima, Pitita Maestre, cuando entraba despechada, en sentido literal, en la capilla de la Complutense, gritando: “Arderéis como en el 36”. También gritaba: “El Papa no nos deja comernos las almejas”, pero a esto ya no le encuentro el criptomensaje cabalístico.

Avezados tuiteros aventuraban que era un fraude, que una estupidez tan pura no podía ser auténtica, pero basta echar un vistazo a su cuenta de Twitter para darse cuenta de que sí. Y él insistía: “El subinspector de Policía David Docal tiene un estudio de la simbología y acrónimos usados entre neonazis para reconocerse. Sobre el número 18.

La ignorancia tiene muchos adeptos. Pero para eso los estudiamos, para exponerlos y que no puedan esconderse.

Mejillón Libertario jamás rechazaría una tentación que  tuviera números: Mira, si sumamos todos los números de la Agenda 2030: 2+0+3+0=5. Al estribillo, no digo nada y lo digo todo.

Nicolás Bolivariano añadía su propio criptomensaje: Ojo a esto: – A, de Antonio, es la letra 1 del abecedario. – MAESTRE tiene 7 letras. 1+7=8. 1 y 8. ¡Ajá! ¡Tú también eres fascista Antoñito!

Hoy toda la prensa da noticia de que Rubén Castro, el primer hombre embarazado de España, ha dado a luz, suponemos que un niñe. La cosa se explica porque en realidad es una mujer con los órganos sexuales y el aparato reproductor de una hembra.

¿Te acuerdas de aquel diálogo fantástico del FPJ en el circo de Jerusalén, “no es que te oprima, Stan, es que no puedes parir porque no tienes matriz. ¿Dónde vas a gestar el feto, en un baúl?” Bueno pues Rubén Castro puede parir porque sí tiene matriz.

Serigne Mbayé, el senegalés portavoz del sindicato de manteros, ha denunciado que en Madrid la sanidad es de mala calidad, no hay escuelas decentes y en transporte está anticuado”. Mi amiga Yolanda Couceiro le preguntaba si no sería mejor que volviese a casa si tan mal está aquí, pero es que esta mujer exagera. ¡Mira que comparar Madrid con Dakar!

belisario colgó en mi blog un titular  de Pravda, que era el nombre que se le daba en mi blog a El País. El País, o sea, Pravda era el periódico del partido, pero a Zapatero no le parecía suficientemente afín. “Con la SER bien, decía, pero con El País no hay manera”. Y Roures  le montó un periódico para él, que fue Público. Por eso se le llamó Izvestia, que era en la antigua URSS el periódico del Presidium. Y El País traía este hermoso titular:

“Podemos cierra la campaña más tensa con una defensa de la democracia frente al fascismo”. Esto después de que conociéramos la motorizada de Pablo Iglesias.

El ingenio anónimo se ha desatado en Tuitter con un cartel que reza: “Madrid va a tener dos efemérides en mayo; La explulsión de los mamelucos (2 de mayo) y la expulsión de los mamarrachos (4 de mayo).

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Popper sin pensar en Popper
Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el texto

Popper sin pensar en Popper

El autor analiza la estrategia con la que la presidenta de la Comunidad de Madrid, a través de su gestión de la pandemia, ha impuesto el marco dominante antes de las elecciones que se celebran este 4-M

Redondo Rodelas El Mundo, 040521

En abril de 2019, Isabel Díaz Ayuso era una prometedora y dicharachera aunque arriesgada apuesta personal de un Casado cogido con alfileres, paradójicamente, porque el partido no es ducho en primarias. Quedaba más de un mes para las elecciones autonómicas y poco más de dos semanas para las generales.

La candidata del PP se descolgó con una medida progresista –y transversal, no identitaria–, pero la Inquisición de nuestro tiempo la etiquetó como reaccionaria –lo que prueba el desnorte de la izquierda posmoderna–. Ayuso propuso que las ayudas a familias numerosas incluyeran a las que esperaban un hijo. Se le preguntó qué pasaría si el bebé no llegara a nacer. «No lo he pensado», respondió. Podía ser prueba de inmadurez, espontaneidad o seguridad en su criterio.

La charanga se aferró a la anécdota de la que hizo chanza para solaz de la claque. Lo que muestra que cuando la cuestión de fondo socava los dogmas de la izquierda, el asedio y el meme sustituyen a la razón. Al poco compareció en los micrófonos de Onda Cero. Lucas le inquirió y ella no se detuvo en lo incidental, concretó y resolvió con otra pregunta: «¿Usted cree que la Comunidad de Madrid le va a pedir a una familia que ha perdido un hijo que devuelva un dinero que ya ha recibido?».

A mediados de marzo de 2021, pocos días después de convocar elecciones, Abc entrevistó a Ayuso. «¿Y si no pudieras gobernar?», preguntó el periodista. «No lo he pensado», contestó ella. Otra vez la intuición y el convencimiento; la anticipación, audacia o temeridad. Disolvió la Asamblea para que no le ocurriera lo que a Rajoy.

En la arena electoral, la disputa estaba abierta y las opciones intactas; en actitud contemplativa, el PP terminaría entregando el Gobierno de Madrid a Cs, PSOE y Más Madrid. Ella sabía desde septiembre que la moción dependía de lo que sucediera en Cataluña con Cs. Durante casi un año, el vicepresidente Aguado ejercía de portavoz de la oposición en el Gobierno de Madrid. Monasterio aseguró en privado al comienzo de la legislatura: «Quiere ser presidente». Arrimadas lo ha retirado de la circulación.

Una encuesta de Gad3 situó a Ayuso en mayo de 2020 a 10 escaños de la mayoría absoluta. Era un mazazo para Arrimadas. También para Sánchez, cuya hendidura es que se toma la discrepancia política como algo personal. Fue el inicio oficial de las hostilidades. Ayuso había roto varias veces la narrativa de Sánchez durante la víspera del estado de alarma y primeras semanas de encierro.

Primero, porque desde el 25 de febrero solicitó a Moncloa medidas extraordinarias y el 9 de marzo cerró colegios y centros de mayores en la Comunidad. El Gobierno de Sánchez siempre sostuvo que no hubo imprevisión. Después, porque Ayuso hizo bandera de la colaboración público-privada, exhibió su duelo y reivindicó el luto y reconocimiento inmediato y a su tiempo de las víctimas.

El Gobierno de Sánchez prefirió las coreografías en televisión, lemas de coaching y el «ya habrá tiempo para rendir tributo…» y «cuentas». Por último, porque la presidenta de la Comunidad propuso un modelo de gestión alternativa y tomó decisiones por iniciativa propia, como el reparto de mascarillas FFP2 cuando Moncloa las desaconsejó, mientras no pudo encontrarlas en el mercado. Ese mayo de 2020, el Gobierno autonómico anunció la construcción del hospital Zendal; dos meses más tarde, Sánchez animó a los españoles a disfrutar de la «nueva normalidad recuperada» (sic).

Sánchez confundió unidad y lealtad con servidumbre, acatamiento y mansedumbre. Entonces lanzó a Illa –y sin miramientos, a todo su arsenal mediático– contra Ayuso. La estrategia de Moncloa pasaba por conquistar Madrid en 2023, Aguado mediante y sin urnas de por medio hasta esa fecha, con tiempo para organizarse el poder convenientemente y con Cs volatilizado.

Por eso creyó que con el tiro de Illa mataba dos pájaros: se marcaba su entretenida rumba catalana y erosionaba el Gobierno de Sol. No contaba con unas engorrosas elecciones en Madrid, a las que el PSOE concurría con dos quebrantos y baldones: Gabilondo, candidato a la fuerza y tutelado por Moncloa, y la madrileñofobia de trazo grueso difundida por publicistas, pancistas y meritorios.

No es la primera vez que las elecciones en Madrid adquieren dimensión nacional. Ha ocurrido antes: sobre todo, en 1995, 2007 y 2011. Las tres arrojan altos datos de participación –Madrid oscila entre el 60 y 70%–, coinciden en algo y muestran algún rasgo propio. Se parecen en que el PP –en la oposición en las Cortes– arrasó en cada una de las convocatorias.

La derecha madrileña se hipermovilizó contra el Gobierno socialista. En 1995 y 2011 las autonómicas anticiparon el triunfo popular en España. En 2007, según ha explicado recientemente aquí el profesor Quintanilla, Madrid no provocó un efecto arrastre, expansivo o mimético.

En el plano formal, los comicios de hoy son atípicos porque se celebran en día laborable –no es habitual– y separadamente del resto de autonomías –ocurrió sólo en octubre de 2003–. En lo sustantivo, su trascendencia nacional radica en que los madrileños van a evaluar dos modelos opuestos de gestión de la pandemia; y lo harán incluyendo indicadores económicos –«Queremos una Ayuso», entonaron comerciantes y hosteleros en Albacete o Barcelona–.

Ayuso ha sorteado la división derecha-izquierda y la ha sustituido por el eje abierto-cerrado. Decidió que Madrid tenía que «convivir» con el virus, dado que teníamos para largo, y que la economía carece de interruptor. Pese al contumaz intento de trucar los ábacos, entre olas y venidas, illas y simones, a Madrid le ha ido como al resto de España en cuanto a contagios pero mucho mejor con la Encuesta de Población Activa. Según los datos de la Universidad John Hopkins, España es el noveno país del mundo con más casos detectados de Covid-19.

Si quitamos los casi 700.000 infectados de Madrid, el noveno sería Alemania y el décimo Argentina. España, el 11, les seguiría igualado con Colombia [todos los países que van delante, incluida Italia, tienen bastante más población que España]. Madrid no es el problema.

Así que la campaña sobraba, como suelen porque los marcos se establecen y afianzan con anterioridad. Por Onda Madrid han desfilado todos los candidatos; en horario de mañana, con Colmenarejo, ni Mónica García, ni Gabilondo ni la condenada Isabel Serra ni después Iglesias se atrevieron a decir que aplicarían medidas más restrictivas a hosteleros y adelantarían los horarios de cierre de los comercios –tampoco que clausurarían el Zendal–.

Entre balbuceos, solicitud de ayudas directas o evasivas se plegaron al pensamiento instalado en Madrid, representativo de la mayoría silenciosa. He aquí el quid de los derroteros que tomó la campaña en su segunda semana, coincidiendo con los datos de seguimiento de los sondeos más favorables para Ayuso. Iglesias, empeñado en trasladar a Madrid el clima y anomalía catalana, con sus CDR locales en construcción, capitaneó la carga y la función.

Tras el tanteo y amago de Sánchez de comparecer, la campaña de la izquierda giró bruscamente hacia el control de daños: primero, rehízo y vigorizó su entente; luego se afanó en reavivar el voto de Vox –la disputa se ha concentrado en los «barrios del sur», síntoma de lo que sucede bajo la superficie– para menguar la victoria de Ayuso y mantener viva la alegoría de la foto de Colón –aunque ya sea con apenas una derecha y media–; por último, con una rocambolesca cabriola, las terminales mediáticas de Moncloa, ministros y cliqueadores en concurso de méritos han considerado circunspectos y decaídos que la polarización, consignas, eslóganes y palabrería han desviado la campaña y soslayado y enterrado las cuestiones que verdaderamente importan.

No es cierto, la gestión de la pandemia –crisis sanitaria, económica y emocional– constituye la almendra de las cosas que importan. Se puede simplificar y reducir a los bares, pero sólo como representación icónica e interesada, pues entre tanto barullo, acusaciones previas de dumping fiscal, ocultamientos, señalizaciones de desvío y alerta antifascista, este 4-M va precisamente de lo concreto y de las cosas de comer; del pan que uno gana y no del que a uno fían.

A propósito o inopinadamente, Ayuso se ha hecho con Popper y reproducido castizamente La sociedad abierta y sus enemigos, combatiendo el determinismo, conformismo y resignación instauradas por quienes creen en la inexorabilidad de la Historia.

Quizás no lo haya elaborado ni pensado así, pero lo intuye, sabe y anticipa. Por eso, independientemente del efecto arrastre, Ayuso ha generado un efecto –y narrativa– alternativa, requisito natural de existencia de toda oposición, también al Gobierno y gestión de Sánchez e Iglesias.

Javier Redondo es profesor de Política y Gobierno de la Universidad Francisco de Vitoria y coautor, junto con Manuel Álvarez Tardío de Podemos. Cuando lo nuevo se hace viejo (Tecnos, 2019).

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Franklin D. Roosevelt, promotor del New Deal, transformó considerablemente la economía estadounidense para salir de la Gran Depresión.

A New New Deal

José María Carrascal en ABC, 040521

Nada más lejos de la personalidad de Joe Biden que la de un revolucionario. El nuevo presidente norteamericano, con sus 78 años a cuestas, una salud frágil y un eterno inicio de sonrisa en sus labios, que las ranuras de sus ojos no dejan traslucir, semeja más bien el amable jubilado norteamericano dispuesto a ayudar a todo el mundo y no meterse en ningún tipo de jaleos.

Pero resulta que en el equipaje que llevó a la Casa Blanca había planes de sobra para cambiar su país, no voy a decir de arriba abajo, pero sí lo bastante para reformar su sociedad tanto o más que lo hiciera Franklin Delano Roosevelt en los años 30 del pasado siglo, cuando lo cogió devastado por la gran crisis de 1928, que cerró miles de empresas, envió al paro a millones de norteamericanos y arruinó a buena parte de su burguesía. El ‘New Deal’ de Roosevelt, cuya traducción libre, aunque exacta, sería ‘Nuevo Contrato Social’, consistió en sacar el capitalismo salvaje norteamericano en que se hallaba y poner las bases de las normas sociales ensayadas en Europa, aumentando la inversión estatal en infraestructuras, autovías especialmente, para facilitar las comunicaciones al tiempo que se creaban miles de puestos de trabajo.

Hay quien dice que el ‘New Deal’ no convirtió a Estados Unidos en la primera potencia industrial y económica del mundo, sino que fue la Segunda Guerra Mundial, llamando a filas a millones de norteamericanos y botando cada día un nuevo navío de guerra o transporte, los famosos Liberty, la que le dio el empujón definitivo.

En cualquier caso, se pusieron las bases de un Estado, no diré de bienestar, pero sí asistencial para los más desfavorecidos. Lyndon Johnson lo completó en los años sesenta con su programa ‘Great Society’, introduciendo planes de salud y jubilaciones, rudimentarios comparados con los europeos, pero de enorme utilidad, aunque deben completarse privadamente.

Mucho apunta a que Joe Biden viene dispuesto a pasar a la historia como el creador de un auténtico Estado de Bienestar en su país. Pero, antes de entrar en ello, déjenme exponer su filosofía de gobierno. Visto el desorden, contradicciones, personalismos y desvaríos que su predecesor había practicado, da la impresión de que Biden se ha limitado a hacer lo contrario de Trump: salir de los acuerdos sobre el cambio climático, distanciamiento de los aliados europeos, aproximación a los eternos rivales, Rusia, China e incluso Corea del Norte, cierre de fronteras con los vecinos del Sur y apenas prestar atención al Covid-19, lo que condujo a su país a estar entre los más afectados por la pandemia, algo que sin duda influyó en su derrota.

No es que lo hiciera todo mal. Que bajara impuestos y eliminase regulaciones trajo un mini-boom económico durante su mandato. Pero su errático proceder y tendencia a la bronca con unos y otros terminaron por hacerle insoportable. Los norteamericanos no querían vivir con el alma en un hilo por el humor de su presidente.

Hay muchas teorías al respecto, desde el narcisismo a la ignorancia, temiendo encontrarse cada mañana en guerra con un país que no sabrían situar en el mapa. Para mí, Trump padece un complejo de inferioridad, al no haber sido aceptado por la alta sociedad neoyorquina, la que vive en la Quinta Avenida frente a Central Park, que intentó superar con la presidencia, mujeres espectaculares y golpes de efecto, como el saludo marcial, aunque no hizo el servicio militar. Aunque admito que puedo equivocarme.

El que no se ha equivocado es su sucesor. El viejo Joe ha ido desmontando uno a uno todos sus planes de gobierno, dando más importancia al virus y al cambio climático, preocupándose por la inmigración, por los aliados de siempre y plantando cara a los rivales tradicionales, Moscú y Pekín.

Pero, sobre todo, con una política social mucho más de acuerdo con los tiempos que corren. Una de las primeras cosas que hizo al llegar a la Casa Blanca fue pedir 1,9 billones, con be, o sea millones de millones de dólares, para combatir la pandemia. Se los concedieron, sólo con el apoyo de su partido.

Pero cuando volvió a pedir al Congreso 2,3 billones para ‘infraestructuras’ se encontró con el rechazo total republicano y no todos los demócratas dispuestos a apoyarle. Unos dicen que no todo va a ir a autovías y puentes. Otros, que es introducir el socialismo en Estados Unidos, algo tabú en ese país.

Los más, que se necesitará subir los impuestos, que no agrada a nadie. Biden dice que no tocará a los que ganen menos de 400.000 dólares al año, o sea la inmensa mayoría. A cambio de ello, se fomentarán actividades, como la educación, que terminarán produciendo beneficios a todos en forma de mejores salarios, es decir, más contribuyentes. Y pone el ejemplo de los primeros estímulos, los citados 1,9 billones, que están produciendo ya beneficios a la economía norteamericana.

¿Cómo acabará? Difícil decirlo. Biden, consciente de que necesita convencer no sólo a todos los legisladores de su partido, sino también a parte de la oposición para que el plan no embarranque nada más aprobarse, va a seguir la táctica opuesta a los gritos, insultos y amenazas de Trump.

Hablará bajo, escuchará mucho, asentirá con la cabeza y, sobre todo, no lo presentará como un triunfo personal, sino del país, que beneficiará a todos. Encuentra dos grandes escollos que son las dos caras de una misma moneda: los norteamericanos creen que el Estado es un manirroto, por lo que donde mejor está el dinero es en el bolsillo de los ciudadanos. Reagan llegó a decir que «el problema no es la economía, el problema es el Estado», queriendo decir el Gobierno, con asentimiento general.

Biden sostiene que las dos grandes crisis que nos azotan, la económica y la sanitaria, no pueden ser resueltas por los individuos, sino que tienen que ser abordadas por la sociedad en su conjunto, e incluso por los estados en general, ya que hay problemas, como el de la pandemia, el terrorismo y la inmigración irregular que resultan demasiado grandes para un solo país. Es su mensaje a los líderes republicanos que le escuchan con atención, pero ha convencido a pocos.

Algunos de ellos, tras oírle, lo más que dicen es que la música suena bien, pero la letra sigue siendo la de la vieja utopía liberal de la sociedad perfecta, donde cada uno desarrolla su labor, gana lo que corresponde a su trabajo, vive en paz con sus vecinos y el Estado se encarga de la ley y el orden acordado. Pero el mundo no es así, como todos sabemos. Es más: en esos paraísos es donde se dan las mayores diferencias e iniquidades. En lo que tienen bastante razón.

Joe Biden lo sabe. Pero sabe también que la humanidad viene cambiando desde que bajó de los árboles para afrontar los desafíos que le esperaban abajo, creando sociedades cada vez más justas, más cómodas, más libres.

Su país es la mejor prueba, ya que en poco más de doscientos años se ha convertido en el más rico, fuerte, avanzado del planeta, gracias a las pautas marcadas por sus fundadores y a la disposición de gentes llegadas de todas partes en busca de lo que ha dado en llamarse ‘the american dream’, el sueño americano, que tampoco es nada del otro mundo: una casita, un pollo en la cazuela, un coche en el garaje, un empleo y educación para los hijos.

Hasta ahora, la mayoría lo ha conseguido. Y dejo para el final el mayor desafío para Biden, el más viejo: la cuestión racial. Pero ni siquiera abordado por él de entrada, sería pretencioso por mi parte plantearlo. Aunque las dos luchadoras por la liberación femenina al frente de ambas Cámaras y de la Vicepresidencia anima a pensar que lo intentarán si él no lo consigue. Pues el progreso existe, sólo que más lento de lo que nos gustaría ni por sólo llamarse progresista.

José María Carrascal es periodista.

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Acaba la campaña electoral del 4M: así serán los actos finales de cada partido

Balance final de la campaña electoral

Guillermo Gortázar El Español, 040521

Desconozco, a la hora de escribir este Cedazo, el resultado electoral de Madrid. Me propongo comentar algunos aspectos de la campaña electoral que me parecen relevantes y que quizás han tenido un cierto efecto en el cómputo final de participación y votos.

Un rasgo común de todas las candidaturas ha sido el mensaje emotivo más que el reflexivo. La ausencia de debates y el exceso de homilías mitineras han favorecido la simplicidad y el sentimentalismo al gusto de todas las candidaturas.

En la izquierda, las absurdas apelaciones al peligro del fascismo forman parte del imaginario podemita. Imaginario que, incluso, ha arrastrado al candidato del PSOE y a ministros implicados en la campaña.

En la derecha se ha producido una adhesión personal a la candidata del PP por cuanto, sin duda, la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha gestionado la crisis de Covid-19 de un modo mucho más razonable que el Gobierno de la Nación y el resto de gobiernos regionales.

La izquierda lleva 30 años fuera del gobierno de Madrid porque es una región del siglo XXI mientras ellos están anclados en mitad del siglo XX. No tienen remedio, salvo que se actualicen.

A su vez, la derecha desperdicia la oportunidad de ser un referente reformista para el conjunto de la Nación.

Voy a poner un ejemplo.

Madrid reúne una Asamblea regional de 136 diputados (que ganan unos salarios casi similares a los de los diputados del Congreso) para una población de seis millones y medio de habitantes y una extensión de 8.000 km2.

El estado de Texas mide casi 700.000 km2 (un tercio más que España) y tiene 150 representantes (que no viven de la política) elegidos por distritos. Esos representantes ganan 7.000 dólares al año, más unas reducidas dietas por sesión del pleno del Congreso del Estado. Las cifras comparativas de Texas con la provincia de Madrid asustan, tanto en diputados como en sueldos, extensión y número de habitantes.

Está pendiente un proyecto reformista que recupere el protagonismo de la sociedad civil (como lo vivimos y propuso el PP durante los años 90 del pasado siglo) y la consecuente disminución del peso del Estado.

El partido Podemos, abducido por el PCE, ha entrado en barrena. No les funciona la casta, el IBEX ha desaparecido y se han inventado lo del fascismo por la ausencia de cualquier referente. Todo ello agravado por el delirio de género de la señora Montero con lo de niño, niña, niñe

Más Madrid se beneficia del descenso de Podemos, aunque su candidata es una médico muy rara cuyo proyecto es derribar un hospital nuevo en plena pandemia.

El candidato del PSOE ha dado numerosos bandazos. Comenzó negando la subida de impuestos mientras sus compañeros socialistas del Gobierno no paran de diseñar nuevos tributos y exacciones. Ángel Gabilondo renegó de la alianza con “este Iglesias” para, a los pocos días, pasar a pedir su apoyo: “Pablo, nos quedan doce días”. Es evidente que su director de campaña es un desastre.

Ciudadanos lucha desde el declive, que es una posición harto difícil. Los errores de Albert Rivera y la operación Murcia de Inés Arrimadas han dejado al partido al borde del precipicio. Por lo demás, Ciudadanos carece de propuestas reformistas, más allá de su reivindicación del centro geográfico.

Al PP le ha bastado con continuar en la cresta de la ola. Acertó al eliminar la palabra comunismo o socialismo de su cartel electoral, pero tampoco enumera media docena de medidas de cambio sobre lo que padecemos. La costosa carta de petición domiciliaria del voto para el PP es sólo una foto de Ayuso. Parece un recordatorio, casi una estampa. Deberían leer un poco sobre posibles reformas para que el PP sea algo más que un voto refugio frente al intervencionismo y la voracidad de impuestos de la izquierda.

Vox ha hecho, fundamentalmente, una campaña reactiva, salvo por su propuesta de reducción a la mitad de miembros de la Asamblea de Madrid. Vox propone evitar que el PP haga seguidismo de las políticas de la izquierda, lo cual es muy loable, e insiste en señalar los peligros de la inmigración ilegal y la inseguridad.

En resumen. Salvo por el creciente peso de las redes sociales, el parecido de esta campaña electoral con las anteriores sugiere que los defectos de la gestión pública van a continuar salvo que, de una vez, los principales partidos aborden una agenda reformista.

De momento, no emerge nada parecido.

Guillermo Gortázar. Historiador. Su último libro es Romanones: La transición fallida a la democracia.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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. Algo que en España, jamás ocurriría: Ex-Policia Americano desarma a la BBC con verdades como puños: Floyd, BLM, “Racismo Sistémico”. 240421.

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Humor

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Gallego & Rey
Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 040521

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Sexual Libro de Familia

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Adiós al libro de familia un siglo después: desde hoy es sustituido por un registro electrónico individual

Emilio Sánchez Hidalgo en El País, 300421

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El economista australiano Steve Keen.
El economista australiano Steve Keen

Steve Keen: “España debe cambiar su sistema financiero antes de pensar en tener una economía vibrante”

Diego Larrouy en el diario, 020521

El economista australiano Steve Keen (Sidney, 1953) ha quedado como uno de los pocos expertos que advirtieron de la pasada crisis financiera antes de que llegara. Aunque sus advertencias no fueron escuchadas y el sistema financiero colapsó. Ahora llega a España su último trabajo, en el que se pregunta ‘¿Podemos evitar una nueva crisis financiera?’ (Capitán Swing).

Keen, que responde a elDiario.es en una videollamada desde Bangkok, defiende que son las burbujas de deuda privada las que provocan las crisis financieras, mientras que la normativa se centra en la deuda y el gasto público, especialmente en la Unión Europea, con la que es muy crítico, además de con el euro. Definido como keynesiano-marxista, es un firme defensor de la participación del Estado en la economía, sin renunciar a la economía de mercado. Se opone cada vez que tiene oportunidad al pensamiento de los economistas ortodoxos, cuyas recetas siguen marcando la agenda del debate, pese a que erraron en la pasada crisis económica.

Su último libro se llama ‘¿Podemos evitar una nueva crisis financiera?’ y, sin querer hacer un spoiler, sus conclusiones no son muy optimistas

De alguna manera, la respuesta a esa pregunta era que en los países que tuvieron una crisis en 2007 y 2010, y eso incluye a España, no van a tener otra. Si hay una crisis financiera es porque hay un excesivo nivel de crédito, demasiada concesión de préstamos. La subida te da un boom, pero luego llega la depresión y eso es lo que provoca una crisis. En el caso de España el crecimiento de los préstamos antes incluso de que la crisis comenzara fue gigantesco.

En el pico de la curva, se estaba prestando el 40% del PIB en un solo año. Ahora, en las secuelas de la crisis, no hay posibilidad de que España vaya a prestar esa cantidad masiva. La probabilidad de una caída más pronunciada de la demanda es menor. Lo que realmente se tendría no es una repetición del salto al precipicio, sino el efecto continuo de haberlo hecho en el pasado. Así que, no espero que haya una crisis para España como la de 2008, pero sí espero un estancamiento continuo.

¿Se puede construir crecimiento económico sin apoyarlo en el endeudamiento privado? ¿Cuál es la alternativa?

Sí. La alternativa fundamentalmente es que hay que aceptar que el crecimiento de una economía requiere del crecimiento de la cantidad de dinero en circulación. Se podría obtener crecimiento en la economía con una constante cantidad de dinero si los precios caen. Pero en el mundo real, esto no ocurre. Los precios tienen tendencia a estar constantes o crecer. Así, para tener una economía en crecimiento necesitas aumentar la cantidad de dinero.

Y hay dos maneras de hacerlo: los bancos pueden hacerlo prestando más dinero de lo que obtienen por los reembolsos y los gobiernos gastando más de lo que obtienen por los impuestos. Tenemos una obsesión, especialmente en Europa, sobre el balance de los gobiernos, así que solo tenemos una manera de crear dinero, que es a través de los bancos privados. El problema es que ellos generan deuda sobre quien pide el préstamo. Cuando con el paso del tiempo tienes más crecimiento del crédito que de la economía puede llegar una crisis como la de 2007.

Si tuviéramos más creación del dinero por parte de los gobiernos, tendríamos que confiar menos en la deuda privada. De este modo, si el gobierno maneja el déficit para crear dinero que llega al sector privado y se usa para el gasto o para financiar el desarrollo industrial, se puede construir una economía en crecimiento sin elevar la deuda privada.

Usted acuña un término en el libro para las economías occidentales que es el de ‘zombies de deuda’ por el elevado nivel de deuda privada que arrastran, ¿cómo se puede salir de esa situación?

Un colega estadounidense estudió 60 crisis financieras en el último siglo y medio en todo el mundo. Su conclusión fue que solo hay uno o dos casos en los que las economías crecieron sin un excesivo nivel de deuda privada y estaban vinculados a países exportadores de petróleo con los precios del crudo en ascenso, con lo que destinaron ese dinero para reducir su deuda.

Sin excepción. Los países que tuvieron demasiada deuda y cancelaron parte lo hicieron o bien mediante el impago como en el caso de Argentina o la cancelación de deuda interna. Cuando se tiene una crisis financiera, no es solo algo individual, se convierte en sistémico. Así que la única salida real es reducir de forma sistemática la deuda del pasado. Y es por eso que hablo del moderno jubileo de deuda, que puede ser una manera de eliminar la deuda privada sin favorecer a la gente que usa el dinero para especular en anteriores crisis.

En el libro es muy crítico con los economistas ortodoxos y sus errores del pasado ¿Por qué considera que siguen controlando buena parte del debate económico incluso cuando erraron en el análisis de la anterior crisis?

Principalmente es porque nos cuesta mucho cambiar nuestra opinión colectivamente, nos apegamos a nuestras creencias. Incluso aunque pensemos que esa creencia ha sido contrastada por la experiencia. Estos economistas han dominado la forma en cómo pensamos durante los últimos 150 años.

Ya eran el grupo dominante antes de la Gran Depresión. Salimos de ella con las ideas de Keynes, pero consiguieron asimilarlo y convertirlo en una versión de ellos mismos con el tiempo. Y nos quedamos atrapados de nuevo con sus ideas cuando llegó la crisis financiera. Es simplemente parte de la naturaleza humana que no cambiemos de pensamiento aunque la experiencia nos contradiga. La única manera de salir es teniendo un modo de pensar fundamentalmente diferente que pruebe dónde se equivocaron los anteriores.

Por poner una analogía, todos los físicos y astrónomos que estuvieron durante un milenio y medio defendiendo que el sol, la luna y las estrellas giraban sobre la tierra. Hasta que llegaron las observaciones de Galileo, Copérnico o Kepler y dijeron ‘no’. Nadie irá hacia atrás al pensamiento de que somos el centro del universo. Pero eso es mucho más complicado de conseguir en economía. Es increíblemente complicado cambiar el pensamiento económico. Creo que van a seguir equivocados sobre la naturaleza del capitalismo hasta que el capitalismo deje de existir.

Hablemos de la crisis del coronavirus. Ha habido un cambio de discurso tanto en la Unión Europea como en EEUU con la llegada de Biden respecto a los impuestos y el papel del Estado en la economía. ¿Es un cambio real de discurso o es algo coyuntural a esta crisis?

Es algo de este momento, pero que podría servir para el largo plazo. Antes de esta crisis, la pregunta siempre era ‘¿de dónde va a sacar el dinero el Gobierno?’. Ahora miras el nivel de gasto del gobierno en EEUU durante esta crisis y es una enorme cantidad de dinero, literalmente el 30% de su PIB. Entonces, ¿de dónde viene el dinero? El dinero ha sido creado por el Gobierno a través del déficit. Es lo mismo que ocurrió con la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo combatimos a Hitler?

No fue por el préstamo del dinero del sector privado. Fue el Gobierno usando el déficit para financiar el gasto de la guerra y ese déficit creó dinero por sí mismo. Esa sabiduría se pierde así que volvimos a la forma de pensar anterior. Solo se necesita un poco de realismo para mostrar que hay una forma totalmente diferente de pensar sobre la economía, mientras que la que tiene la corriente principal es falsa.

El Gobierno no pide prestado cuando crea déficit, crea dinero. He hecho trabajos al respecto en este libro pero hare más de cara al próximo libro, que acabo de terminar y saldrá el siguiente año y se llamará ‘La nueva economía’. Es una lucha hasta que la gente se dé cuenta de ello, y luego habrá que aplicarlo y podremos deshacernos de esas viejas ideas. Pero desafortunadamente, durante mucho, mucho tiempo, los economistas viven con la visión del libro de texto y ese libro es como aprender astronomía con los pensadores previos a Galileo.

¿Qué espera usted de la Unión Europea, ahora que se van a poner en funcionamiento los fondos Next Generation?

Me preocupa la situación de Europa. Una de las razones por las que está en mal estado es porque no puedes tener tus propias monedas. Por tanto, España no puede crear euros adicionales, ni Alemania. Solo en el Banco Central Europeo. Y esa es una restricción enorme. Además, uno de los objetivos del Tratado de Maastrich era mantener la deuda del Estado por debajo del 60% del PIB y el déficit por debajo del 3%. Es un conjunto de objetivos que se han incumplido tanto que debería ser obvio que es estúpido desde un principio.

Pero para que eso se asuma hay que preguntarse “¿qué hacemos, dejamos a cada gobierno usar el déficit que necesite en su propia divisa?” Es un problema increíble. Hay dos únicas soluciones. O vas a una tesorería continental en un banco central continental, pero no puedo imaginar que eso pase políticamente. O vuelves al punto en el que cada uno produce sus propias divisas, y esto también tiene una oposición política importante. Europa está atrapada entre la espada y la pared.

Usted es un firme defensor de la participación del Estado en la economía pero cuando eso se plantea eso en el debate actual es habitual que se enarbolen mensajes sobre los riesgos del comunismo o los ataques al libre mercado ¿Aboga por un capitalismo más regulado?

Lo que necesitamos es más realismo sobre lo que de verdad es el capitalismo. Y nunca ha sido un sistema de pura libertad de mercado. La idea de un mercado puramente libre es tan loca como la de un sistema totalmente centralizado. Lo que tienes es una simbiosis entre el sector privado y el público. Ninguno es perfecto. Ninguno puede sobrevivir sin el otro. Y necesitas hacer un balance entre los dos, una especie de punto medio entre el libre mercado y la planificación central. Y

si miras lo que hemos tenido en los últimos dos siglos, probablemente el periodo más funcional para la economía estadounidense fue entre 1950 y 1970. En ese periodo, existía un Gobierno con un déficit sustancial, pero reduciendo el nivel de deuda sobre el PIB al mismo tiempo. Un alto nivel de creación de dinero por parte del Estado significa montones de dinero para que gaste la gente en la economía real, sin tener que pedir prestado para financiar ese gasto.

Y aquella era una forma vibrante de capitalismo, y por eso necesitamos ese balance de nuevo. Pero el equilibro pasa por tener un nivel relativamente bajo de endeudamiento privado, entre el 20% y el 70% del PIB. En España, por ejemplo, como comento en el prólogo del libro, el nivel de deuda privada fue del 240% del PIB durante el punto álgido de la crisis, eso es mucha deuda privada. Así que, para volver al punto en el que existía ese equilibrio hay que aceptar que el sector público tiene un papel y el sector privado también en una relación simbiótica.

Existe un profundo debate en España y en otros países que rescataron bancos con dinero público durante la pasada crisis sobre el papel que debe de tener el Estado en el sistema bancario. ¿Es usted favorable a la banca pública?

Sí. De nuevo, necesitas la simbiosis, en lugar de un extremo y otro. A mí me gustaría ver a uno o dos bancos públicos en cualquier sistema. No porque necesariamente hagan mejor las cosas que el sector privado, sino porque si funcionan como una institución pública y no como una privada, habrá más preocupación por hacer las cosas de manera adecuada. Mientras, los bancos privados están más preocupados por hacer cosas rentables para ellos.

La combinación puede limitar lo malo que puede llegar a ser el comportamiento del sector privado, porque no existe la tentación de crear enormes cantidades de dinero. Recomiendo el trabajo de Richard Vague. En su libro más reciente (‘Una breve historia de la destrucción. Doscientos años de crisis financieras’), hablando desde el punto de vista de un banquero, decía que la presión para prestar grandes cantidades de dinero es enorme porque cuando lo haces, te pagan un porcentaje de la creación de deuda. Por lo tanto, son muy propensos a prestar demasiado dinero, a formar burbujas.

Es por ello que necesitas un sistema público que limite esto de alguna manera. Hay que asumir que los banqueros se van a comportar mal porque la capacidad de crear dinero no es como la capacidad de crear vehículos. Si quieres crear más coches eléctricos, tienes que ser realmente buen ingeniero. Diseñar una fábrica eficiente. Competir con los motores de combustión.

Eso es muy difícil, pero cuando consigues una licencia bancaria, crear dinero es muy fácil. Simplemente hay que persuadir de que van a subir los precios de las casas, esto hace que los precios de los préstamos suban y el banquero gana entre un 2% y un 5% de la deuda que ha ayudado a crear. Y te conviertes en millonario. Y eso es lo que vimos, particularmente en España, donde la enorme burbuja inmobiliaria que había antes era financiada por préstamos bancarios y las subidas de precios en las que se basaron colapsaron como lo hicieron y, con ello, la economía.

Precisamente sobre el comportamiento de la banca, quería preguntarle por el reciente caso del fondo Archegos, cuyo colapso ha arrastrado a varios bancos internacionales y ha recordado los riesgos de la banca en la sombra, cuyo crecimiento se ha disparado desde la pasada crisis financiera. ¿Debería la regulación centrarse más en ello?

Estoy muy a favor de limitar lo que los bancos pueden hacer, porque si no lo limitas, ellos básicamente se robarán a si mismos. Hay un fabuloso académico americano llamado William K. Black, que era el regulador durante la crisis de ahorros y préstamos en América [en EEUU colapsaron cientos de sociedades financieras entre los ochenta y noventa por operaciones fraudulentas de inversión]. Puso entre trescientas y quinientas personas tras las rejas durante esa crisis.

Sin embargo, durante la última crisis [la de 2008], prácticamente nadie fue a la cárcel. La única persona que fue a la cárcel fue Bernie Madoff. Black escribió un libro que se llamaba ‘La mejor manera de robar un banco es teniendo uno’. Una vez tienes una licencia de banca, es posible crear una burbuja y hacer girar ese dinero tu mismo. Por eso hay que limitarlo para que no pueda prestar para crear una burbuja de activos.

En el libro planteo algunas ideas como, por ejemplo, limitar el dinero que se puede dar para comprar una casa o una propiedad comercial a algunos múltiplos sobre el ingreso por alquiler que tendría esa propiedad. Con ese tipo de límites no se crearían las burbujas que se tienen en los precios de la vivienda ahora.

También en el caso del crédito a las empresas. Hay una variedad de formas de hacer posible que los bancos otorguen préstamos para financiar el sector industrial sin que obtengan dinero de las burbujas de activos. Si lo haces, la banca privada puede ser útil. Pero lo que tenemos ahora es un sistema parásito, nada útil. Haberles dejado ir a una etapa en la que todo lo que financian es burbujas de activos es desastroso para el capitalismo.

Usted ha firmado recientemente un manifiesto junto con otros economistas y cargos públicos [en España Cristina Narbona o Nacho Álvarez] solicitando que se condone la deuda con el Banco Central Europeo ¿Qué cambiaría eso?

Como he dicho, el dinero se crea de dos maneras, o porque los bancos prestan más de lo que reciben o cuando el Estado gasta más de lo que ingresa. Ahora tenemos demasiado de nuestro dinero respaldado con deuda privada y muy poco con deuda pública.

Entonces, no quiero mantener la misma cantidad de dinero en la economía, sino cambiar lo que lo respalda. Propongo por tanto lo que se llama moderno jubileo de deuda y supone que el Gobierno utilice toda su capacidad para crear dinero y dé a cada uno en la economía, a todos los adultos, la misma cantidad de dinero, tengan deudas o no, y que aquellos que tengan deudas las puedan pagar. De este modo se reduciría el nivel de deuda privada. Aquellos sin deuda, recibirían dinero y lo podrían gastar o comprar acciones de empresas, que a su vez reduce deuda corporativa.

Con esto, consigues reducir la deuda privada con una operación como esta sin cambiar la cantidad de dinero en la economía. Y eso, para mí, eliminaría realmente lo que está causando crisis financieras. Esa es la solución a nuestro problema, pero se necesita aceptar el hecho de que el Gobierno pueda hacerlo y todavía hay una fuerte resistencia a ello.

¿Por qué considera que España sufrió más que el resto durante la pasada crisis y cree que lo hará en esta?

En España tuvisteis la mayor burbuja inmobiliaria, salvo quizá en Irlanda, y fue financiada con deuda privada. Esta burbuja de deuda privada provocó el boom. A más deuda privada acumulada, la crisis es mayor. Se permitió demasiado crecimiento en hipotecas para propiedades inmobiliarias.

Todo el mundo pensó que eran unos genios mientras los precios subieron. Pero cuando el precio se desplomó, hubo terribles secuelas. Lo que debe hacer España es cambiar el sector financiero antes de que se pueda considerar tener una economía vibrante de nuevo.

Pongamos que usted fuera asesor del Gobierno, ¿qué política económica propondría partiendo de que España no controla la política monetaria?

Creo que estáis atascados. Quiero decir, hay muy poco que podáis hacer cuando habéis dado el control del sistema monetario a Bruselas y solo podéis tener deuda privada, que no está restringida. Realmente no hay ninguna solución simple. Debéis encontrar el nivel de reducir el nivel de la deuda privada.

Hay esquemas como el que intentó Yanis Varoufakis antes de que Grecia fuera aplastada por la Unión Europea, usando créditos fiscales para crear una moneda paralela que podría ser utilizada para reducir la barrera de la deuda privada. Pero me temo que todo vuelve a la Unión Europea, y realmente no veo mucho que se pueda hacer sin salir de la Unión Europea y traer de vuelta tu propia moneda.

Europa ha relajado durante la crisis del coronavirus las normas de deuda y déficit, ¿considera que volverán cuando esta situación pase?

Me temo que sí, todavía hay muchos economistas que, como los astrónomos ptolemaicos siguen pensando que la tierra está en el centro del universo. Y están haciendo todo basado en esa idea para manejar la economía. Por supuesto, están equivocados. Pero cuando tienes ese sistema de pensamiento, solo se puede salir cambiando tus creencias. SI no, volverán a estar obsesionados en el nivel de deuda del Gobierno, ignorando la deuda privada.

Y como digo, esta es la vía completamente equivocada. El nivel de dinero creado por el Gobierno será libre de deuda para su propio pueblo, mientras que el nivel de deuda privada constriñe al sector privado por sus obligaciones con el sector financiero. El nivel de deuda privada importa mucho más que la deuda pública. Pero sin esa visión, la gente considera que la deuda del Gobierno importa más y se obsesionan con pagar la deuda pública. Y haciendo esto, se está reduciendo la escala de la economía.

Para terminar, la gran pregunta: ¿Existe una alternativa al capitalismo?

Tenemos que ver el capitalismo como una mezcla de sector privado y público. Así que no veo alternativa. Si miras lo que ocurre en una economía socialista como Cuba, que visité hace no mucho, tienes un sector industrial muy estancado. Necesitas la combinación de un sector público y privado juntos. Opino que cuando tienes una seria crisis, y ahora vamos hacia una seria crisis medioambiental, el Gobierno se convierte en dominante.

La Segunda Guerra Mundial no fue afrontada por corporaciones privadas, sino por el Gobierno. Ahora el cambio climático va provocar lo mismo, tendremos mucho más Estado cuando nos demos cuenta de lo grave que es la crisis y que los economistas han jugado un papel, engañándonos.

De nuevo será su culpa, como sucedió con la crisis financiera en 2007. Cuando lo asumamos, el Estado tendrá un papel mucho más fuerte para salvarnos del colapso total. La crisis financiera fue causada por el poder que tuvo el sector privado. Lo mismo se aplica al cambio climático, que es un serio desafío para nosotros.

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Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Sánchez, tres hipótesis pésimas y nuevas elecciones

Si el PP se sitúa mañana en Madrid en el 40% de los votos, sus opciones nacionales se incrementarían y el tiempo empezaría a correr en contra de Sánchez y del PSOE

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 030521

1) Una derrota severa del PSOE en Madrid conlleva la imperiosa necesidad de que los socialistas hagan un diagnóstico sobre el porqué de su recidiva en el fracaso en esta comunidad. Más les valdría que no acudieran a lugares comunes ni a excusas de mal pagador.

Si mañana se produce un revolcón como el que auguran las encuestas, se deberá, sin duda, a la debilidad crónica del partido en la capital y en la región, pero también a la peor de las compañías (Pablo Iglesias) para Gabilondo y al progresivo deterioro del Gobierno de coalición.

El auge previsto de Más Madrid acredita dos tesis: que el radicalismo de UP —dócilmente seguido por el PSOE— es letal para el socialismo, como ya intuyó el propio Sánchez, y que, como ocurre en Alemania, es imaginable una izquierda alternativa. Errejón y García han circunvalado razonablemente el intolerable discurso de Iglesias y no se han entregado a esa estúpida fascinación del nuevo bolchevismo del (ex) líder de Podemos, muy a diferencia de las instrucciones gregarias de los estrategas de la campaña del candidato del PSOE. Como ha escrito Jorge Bustos con un especial acierto, todos “éramos mejor antes de conocerle” (a Iglesias). Y el PSOE también lo era.

2) A partir del día 9 y si Pedro Sánchez no cambia de criterio —lo que tampoco sería sorprendente—, decaerá el estado de alarma y se instalará en España lo que el profesor de Derecho Constitucional Javier Tajadura ha definido con propiedad como un “Estado judicial”, porque las autonomías —y la propia Administración general— deberán validar todas las medidas restrictivas de los derechos fundamentales —desde el toque de queda hasta los cierres de pueblos, ciudades y zonas sanitarias— en los tribunales, lo que conllevará un pandemonio de contradicciones.

Además, serán todas medidas insuficientes cuando la incidencia acumulada de contagios se sitúa muy por encima de 220 de media y algunos territorios —Guipúzcoa, por ejemplo— se han convertido en la zona cero de la pandemia en Europa. Además, ¿se puede obviar lo que está ocurriendo en la India? En este punto, Sánchez deberá tener muy en cuenta que el PNV registra una seria crisis de credibilidad en su capacidad gestora y está elaborando una ley autonómica de pandemias que el Gobierno se verá en la obligación de impugnar ante el Constitucional. Los nacionalistas vascos son imprescindibles en la sostenibilidad parlamentaria de la coalición gobernante.

3) El día 26, si antes el Parlamento catalán no inviste a un presidente del Gobierno de la Generalitat, se disolverá la Cámara y habrá nuevas elecciones. No es probable, porque, mal que bien, se constituirá un Ejecutivo entre ERC y JxCAT con el apoyo de la CUP. Si así fuere, los republicanos quedarían atrapados por la extrema derecha independentista y la extrema izquierda libertaria —con la que ya han pactado—, lo que evitará que el grupo parlamentario de Rufián ofrezca margen alguno de maniobra en el Congreso al Gabinete de Sánchez. Y sin Iglesias en el hemiciclo, la llamada ‘mayoría de investidura’ quedará dispersa y sin operatividad.

Estas hipótesis verosímiles reclamarán a Sánchez decisiones arriesgadas y una sobre todas: abortar en unos meses la legislatura 

Estas hipótesis verosímiles y las enormes dificultades que está registrando el Gobierno para presentar ante Bruselas el paquete de reformas (normativa laboral y pensiones) que acompañarán las transferencias del fondo de reconstrucción —enmarcado todo ello en un empeoramiento de las cifras macroeconómicas y planteando ya un incremento fiscal fortísimo con la supresión de la tributación conjunta— reclamarán a Sánchez decisiones arriesgadas y una sobre todas: abortar en unos meses la legislatura.

Con más motivo si el PP gana holgadamente en Madrid, gobierna la comunidad y se produce el efecto general que este domingo auguraba Carles Castro en ‘La Vanguardia’: “La evolución histórica sugiere que un 40% del voto del PP en Madrid supone entre el 25% y el 30% en toda España”, lo que implicaría entre cinco y 10 puntos más de voto del que obtuvieron los populares en noviembre de 2019.

O en otros términos: si el PP alcanza mañana ese porcentaje electoral, el tiempo comenzaría a correr contra Sánchez y el PSOE y quizá la progresión conservadora —ya con dos fuerzas en la derecha por la liquidación de Ciudadanos— solo podría detenerse con unas nuevas y adelantadas elecciones. Se está mascullando que Moncloa no tiene ya más conejos en la chistera.

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Sanchismo o patriotismo constitucional | Opinión
Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto

Principio del fin del sanchismo

  • Jamás imaginaron que Ayuso iba a convertirse en la principal amenaza para los planes de larga hegemonía sanchista

Juan Carlos Girauta-ABC

Fue Sánchez quien quiso una interpretación en clave nacional de las elecciones madrileñas. Por eso el entero aparato de agitación y propaganda del régimen, que aquí incluye hasta al BOE, se puso a pleno rendimiento. Pero el Gobierno que hace un año largo dispuso el aprovechamiento político de una pandemia global encontró en Ayuso una adversaria de inesperada dureza con la que no funcionaba el repertorio de calumnias.

Tomaron a la roca por molesto guijarro. La infravaloraron, error mayúsculo, porque estaban bajo los efectos de la ‘hybris’. Al punto de afrontar la inconveniencia con un tratamiento que se revelaría fatídico para los intereses del entramado socialista, posmarxista y separatista, que estaba en planes ambiciosos: atar al Monarca, controlar a la judicatura, anestesiar a la Fiscalía, componer un rebaño con los medios de comunicación.

El proyecto sanchista también exigía la demonización de Vox. Procedieron a un despliegue sistemático del abecé del ilusionismo: dirigir la mirada del público hacia un lugar distinto a aquel en el que se realiza cada truco. Así esperaban anclar la nave española en el puerto de Sánchez. O más exactamente, dejarla encallada, pues la derecha no podría o no querría sumar en muchos años una mayoría alternativa.

Ciudadanos se avino consciente e inconscientemente (según el dirigente) a tales planes. Primero marcando distancias con sus socios autonómicos en el discurso. Luego con la estúpida y desleal operación de las mociones. En Madrid la deslealtad había sido la tónica, así que no es extraño que Ayuso se curara en salud tras lo de Murcia. Se movió tan deprisa que descolocó a todos los extraños y a una parte de los propios. Visto y no visto.

Jamás imaginaron que Ayuso iba a convertirse en la principal amenaza para los planes de larga hegemonía sanchista. No han dejado de chocar contra la roca, que hacía añicos cada campaña de maledicencias, cada linchamiento personal entre risas amargas, tan propias de este régimen de humoristas tristes y políticos risibles.

Han ido de tropiezo en tropiezo, han librado una competición de perdedores consistente en liarse a patadas, cada vez más desesperadas, con ese fenómeno que les hizo perder el equilibrio sin ir a buscarlos, quedándose simplemente en su sitio, no moviéndose de su papel institucional y esgrimiendo razones que sobrepasaban a las ramas locales de la izquierda nacional.

Con las patadas se han hecho mucho daño al no obtener más que la fuerza opuesta a la que ellos mismos aplicaban. Ayuso ha velado por las necesidades más perentorias de los madrileños en materia de salud, trabajo, actividad, futuro y libertades.

Su modelo ha admirado a muchos, dentro y fuera de España. Mañana puede acabar, sin moverse de su sitio, con la carrera de Iglesias. Y mucho más, pues fue Sánchez quien quiso una interpretación en clave nacional de las elecciones madrileñas.

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Marlasca los ha encubierto

La motorizada de Pablo

Santiago González en El Mundo, 030521

Había enumerado en mi última columna la colección de delincuentes condenados y en estado de presunción que se esconden en la guarida de Iglesias, vale decir en las filas de Podemos. Desde entonces su propia novia ha pasado a ser judicialmente investigada por administración desleal a cuenta de la niñera y nos hemos enterado de que dos miembros del partido, Daniel Jiménez y Alberto Robles, estuvieron en la instigación, organización y materialización del ataque al mitin de Vox en la Plaza de la Constitución de Vallecas el pasado 7 de abril.

La motorizada de Pablo. Se llamaba motorizada a la guardia personal de Indalecio  Prieto, que en sus horas libres secuestraba y asesinaba a Calvo Sotelo, jefe de la oposición parlamentaria.

Unos días más tarde, el 15, nos enteramos de que habían sido detenidos ocho presuntos autores del ataque, entre ellos los dos citados. Una semana después, el día 22, aparecían los sobres con las balas enviados al pequeño Marlasca, a la directora de la Guardia Civil y mitinera del PSOE y al secretario general de Podemos.

Qué razón tenía Rocío Monasterio al expresar su incredulidad. Nótese que el sobre para Iglesias iba dirigido a la Secretaría de Estado para la Seguridad, en el número 7 de la calle Amador de los Ríos. ¿Cómo explicar que a este tipo se le den cosas que no le corresponden, sea la tarjeta de Dina o una amenaza que el Ministerio debió entregar al juez? Sin embargo, tuvimos noticia de ello por un mitin de Adriana Lastra ¡Virgen Santa! en un mitin en Getafe.

Diez días después de tener a los dos podemitas bajo su custodia y ocultarlo, el ministro más infame que ha tenido la democracia española dice en un mitin que el PP es una organización de delincuentes. Solo si fuera delictiva su propuesta de nombrar a Marlasca miembro del CGPJ.

Los dos activistas, uno en nómina y otro voluntario, quisieron complacer al jefe, sabedores de la emoción que le producía ver como pateaban a policías, según confesó en La Tuerka. Y todavía hay quien compara a los líderes de Podemos y Vox. ¿Dónde habrán visto a la motorizada de Abascal?

La competencia atribuye a Iglesias el blanqueo de sus matones, pero debieron decir Marlasca que es el verdadero cómplice, el encubridor. ¡Diez días! Marlasca es un error total. Sánchez lo eligió por su transversalidad y él se empeñó en demostrar que merecía la confianza del mando, que era un socialista fetén, sin darse cuenta de que de ese material el doctor tenía de sobra: Lastra, Ábalos, más socialistas, más sectarios y también más lerdos.

Como sociata, el ministro del Interior era perfectamente prescindible. Como ministro aún más. Es el peor de los ministros que hemos tenido en democracia, y no solo del Interior. No hay trapacería del doctor Sánchez que no haya contado con su complicidad y encubrimiento. Ahora también es secuaz del Moños.

Cuando piense en el sintagma ‘organización criminal’ le basta con mirar a su alrededor en el Consejo cualquier martes. Y poner un espejo frente a sí para no perder detalle. Los resultados electorales de mañana permitirán hacer el censo de los miserables de Madrid. No están todos los que son, pero sí son todos los que están.

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Ilustración de Eva Vázquez [España, 1970] para el texto

 

Por si acaso

La campaña de las autonómicas en Madrid ha demostrado que el sistema de representación de las democracias se ve amenazado en gran medida por el comportamiento de los políticos que aspiran a protagonizarlo

Juan Luis Cebrián en El País, 030521

“La obsesión por el poder es un síntoma de debilidad”. Esta máxima se la debemos a la pluma de Ángel Gabilondo, y fue publicada en un admirable libro cuyo título he plagiado para encabezar este artículo. Ojalá no acabe él como víctima de su propia reflexión, empujado como ha sido a una aventura ajena a su voluntad e incluso a la de quienes le dieron el empellón.

La campaña electoral madrileña ha servido para demostrar que el sistema de representación de las democracias se ve amenazado en gran medida por el comportamiento de los políticos que aspiran a protagonizarlo.

Un pueblo fatigado por la pandemia, sorprendido por la confrontación que se alienta desde el poder, bombardeado con eslóganes y promesas que nunca se cumplen, abrumado por las ínfulas de tertulianos que todo lo saben, se ve encima convocado a pronunciarse sobre valores universales como la democracia o la libertad, convertidos hoy en propiedad particular de unos y otros, hasta con derecho de admisión.

Si queremos que la democracia y la libertad persistan y fructifiquen no es posible que nuestra clase política se comporte como una tropa de facciosos cuya obsesión por el poder no hace sino debilitarlo.

En la tormenta de demagogias descargada sobre nuestras cabezas destacan las palabras del ministro del Interior, que calificó al primer partido de la oposición de organización criminal, y el despreciable mensaje de Vox contra los menores inmigrantes.

Estos ejemplos marcan no la excepción, sino la regla que rige nuestro deteriorado debate político. A propósito de la inmigración, la inclusión de un mantero de color en la lista de Podemos o la de una profesora de padre libanés en la socialista no bastan para borrar uno de los grandes borrones de las democracias occidentales. De los casi siete millones de habitantes de la Comunidad de Madrid, más de un millón son residentes extranjeros y la mayoría no tienen derechos civiles. No pueden votar, salvo en elecciones municipales y solo los nacionales de países de la UE y algunos pocos más.

Constituyen cerca del 20% de la fuerza laboral, muchas veces en condiciones abusivas, cotizan a la seguridad social y pagan sus impuestos, que financian entre otras cosas a los partidos políticos. La máxima de la revolución americana, no taxation without representation (no hay tributación sin representación) es inexistente en nuestras democracias. Pero sin los inmigrantes, hoy víctimas de un nuevo colonialismo europeo, las sociedades occidentales del bienestar no resultarán sostenibles.

Estos días se ha oído hablar poco de los considerables problemas que afectan a la comunidad y mucho de unas cartas amenazantes sobre cuyo origen apenas tenemos información. La explotación de dichas misivas en la propaganda, el manoseo de las pruebas, la victimista rueda de prensa de la ministra de Industria, la inicial negación de algunos a condenar las amenazas, los matices al respecto, son nuevas balas añadidas a nuestra acosada democracia, más mortíferas que las enviadas por correspondencia.

Quienes vivimos la Transición podemos dar testimonio de la violencia y el terrorismo político de la época. Protagonista indiscutible fue la organización criminal ETA, aunque su partido heredero no merezca la calificación dada por el ministro Marlaska a la oposición conservadora. Hubo también una violencia fascista, que ni debe ni puede olvidarse. Las matanzas de Atocha y Roquetas de Mar, los muertos a tiros en manifestaciones pacíficas, asesinatos como el de Yolanda González y otros crímenes similares sirvieron de caldo de cultivo para el golpe del 23-F.

También los periódicos fueron víctimas, incluido este en el que escribo, y de manera especial cuando en 1978 recibimos una bomba enviada por correo que hizo explosión matando a un joven auxiliar, e hiriendo gravísimamente a otras dos personas. Así pues, hace más de 40 años que los responsables de Correos tienen constancia de la utilización de sus servicios para prácticas criminales, entre las que no hay que olvidar las cartas bomba de ETA.

De modo que el presidente de la compañía debería disculparse por los errores de ahora en vez de echar la culpa a los trabajadores. La culpa es de quienes mandaron las cartas, pero la empresa que las distribuyó también ha incurrido en responsabilidad.

La frustración y fragmentación social provocada por tantas crisis como nos vienen acosando desde hace una década debería merecer un esfuerzo del liderazgo político por promover la unidad y buscar el consenso. Lejos de ello, gobiernos y oposiciones se han dedicado a alimentar la división, transmitiendo al cuerpo electoral sus propias obsesiones ideológicas, quizás como forma de ocultar su impericia.

Así lo pone de relieve la desesperación del partido socialista ante la eventualidad de una abultada derrota en un concurso en el que han hecho participar al propio presidente del Gobierno. Pese a ello, sus dirigentes solo tienen oídos sordos para las muchas advertencias de representantes del mejor socialismo histórico, artífice principal de la normalización democrática y la modernización de nuestro país.

Que digan lo que quieran, “ahora nos toca a nosotros”, fue la arrogante declaración de la portavoz del PSOE en el Congreso. Tengan cuidado los más jóvenes del partido, no vaya a ser que acaben haciendo un pan como unas hostias.

Por lo demás, el acoso de la extrema derecha contra la democracia es una amenaza cierta en todos los países en donde existe. Estados Unidos, Alemania, Francia, incluso Dinamarca o Suecia, adolecen de enfermedades semejantes a la nuestra. No es fascismo en sentido estricto y en nuestro caso Vox representa sobre todo a lo que podríamos llamar el franquismo sociológico.

No lo componen solo las clases acomodadas y responde fundamentalmente al atractivo eslogan de la ley y el orden, tan popular entre las masas conservadoras. Sus promotores suelen olvidar que ley y orden en democracia solo funcionan si hay respeto a la Constitución y voluntad de fortalecer las instituciones, a lo que ni el PSOE de ahora ni el PP de siempre han dedicado mucho esfuerzo.

En un ambiente así resultaría lógico poner un cordón sanitario a los extremismos de cualquier signo, pero socialistas y populares se han dedicado a alimentarlos en función de sus ambiciones y contra el interés general de los españoles. Un desastre global como la pandemia y el destrozo económico que se deriva de ella merecerían una respuesta alejada de la miseria moral que parece haberse adueñado del poder.

Aunque no soy muy partidario de la señora Ayuso, a la que alisté, no sé hoy si con acierto, en un recuento de políticos aspirantes a idiotas, su propuesta para tender un cordón sanitario frente a Vox tiene sentido: si las encuestas responden a la realidad, bastaría la abstención del PSOE para que la lista más votada de los populares gobernara Madrid durante los dos próximos años sin la influencia del ya mentado franquismo sociológico.

A cambio, el PP debería apearse de su propia desesperación y garantizar, también mediante la abstención y el ejercicio de una oposición leal que hasta ahora no ha hecho, la estabilidad del Gobierno Sánchez durante esos mismos dos años. En medio de la crisis, eso permitiría al presidente gobernar sin doblar la rodilla ante los delincuentes y prófugos que insisten en dictar las decisiones de la Generalitat de Cataluña.

Aunque me gustaría equivocarme en la predicción, nada de esto va suceder. De modo que ya han obligado a Gabilondo, un intelectual valioso y digno de más respeto del que sus colegas le exhiben, a levantarse de los debates y fotografiarse junto al rey de la televisión basura.

Queda desmentido así su diagnóstico de que “cada cual hace su propio e insustituible ridículo”. Cualquiera que sea el resultado final, el ridículo en esta campaña no ha sido suyo, sino el de un partido centenario que ha decidido sacrificar la honra por los barcos. Si las encuestas no mienten, en Madrid acabará huérfano de ambas cosas.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Ex-Policia Americano desarma a la BBC con verdades como puños: El caso Floyd, BLM, “Racismo Sistémico”. En inglés, subtitulado al español. 240421.

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Humor

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Gallego & Rey
ñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 030521

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Moñafascista

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  • Rescate sin Iglesias

La crisis económica emerge y el Gobierno de Sánchez deja la solución en manos de la Unión Europea

Juan Pablo Colmenarejo en vozpópuli, 261121

  • Bruselas avisa a Pedro Sánchez: “No habrá dinero si Pablo Iglesias se rebela contra las condiciones que pongamos”

La UE va a imponer medidas a cambio de las ayudas a España y no tolerará obstáculos por parte del líder de Podemos

J.A.F. en vozpópuli, 90321

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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 0205, en torno a las obras ‘ Claudio nos rochedos‘ [1912] de  Antonio Carneiro [Portugal, 1872-1930], con otra futbolista, esta vez castaña, [1926]de Ángel Zárraga [méxico, 1886-1946]

Un schotis con la muerte

Arcadi Espada en su blog, 2020521

(Por algo te hizo dios) 

Pablo Iglesias es de Madrid. El dato bastaría para acabar con el alegre debate identitario. Entre todas las palabras claves con que se pretende representar la identidad madrileña la única que puede reivindicar Iglesias es transoceánico. El aire sudaca de Madrid es perfectamente su aire. Y no hay más. Y por supuesto, y a pesar de las apariencias, no puede reivindicar la chulería: Iglesias es quejumbroso y esquinado. Y un trepa: hay que ver cómo usó la política para llegar al periodismo.

Aunque solo estuviera él ya no podría decirse Madrid es. Pero es que no está solo, por desgracia. El negativo de lo que ha venido a llamarse libertad es ligeramente mayoritario. No es una sorpresa. Es tradición que Madrid está lleno de funcionarios y los funcionarios de hoy son de izquierdas. Por si fuera poco abundan los carcas identitarios, que defienden el derecho de autodeterminación —incluido el de España— y el sísísí.

Y que alertan con doble mascarilla sobre la ola de hedonismo que nos invade. ¿Eh…? Yo no invento nada: «Isabel Díaz Ayuso insistió ayer en mensajes sobre el hecho diferencial madrileño, marcado por el hedonismo» escribía uno de estos días La Paisa. Ya oigo cantar al zapatero remendón de Viva mi Dueño, la segunda novela de la enloquecida y tristemente ininteligible trilogía isabelina de Valle.

«—¡Tanto cura, tanto cura!
¡Tanto relajado fraile!
¡Tanta monja sin convento!
¡Tanto chiquillo sin padre!»

Viva mi Dueño está también en los versos del himno de Madrid, de Agustín García Calvo:

«¡Viva mi dueño,
que, sólo por ser algo,
soy madrileño!»

Los versos son un trasunto de aquello que se atribuye a Cánovas, cuando en los trámites de la Constitución de 1876 confesó en privado a Manuel Alonso Martínez que es español el que no puede ser otra cosa.

La frase se ha entendido siempre en modo despectivo, pero con ella hay que ir con cuidado: tan altísima especie de humanos ser españoles solo podrían, hipérbaton. Los versos acaban batiendo los espigones. ¿Quién dijo que en Madrid no hay playa? No fue don Antonio Machado, desde luego:

«¡Madrid, Madrid!, ¡qué bien tu nombre suena
rompeolas de todas las Españas!»

Este rompeolas es la principal tramoya identitaria. Falsa, como todas. La mitad de los habitantes de la ciudad de Madrid es de fuera. Desde luego. Como la mitad de los habitantes de la ciudad de Barcelona es de fuera. Las olas rompen sobre todas las ciudades. Eso de que en Madrid no hay un madrileño puede aplicarse a Barcelona con la misma objetividad numérica.

Algo distinto es que en Barcelona hagan sentir al forastero su condición. Contra lo que parece, la extranjería es un rasgo subjetivo. Nadie lo estableció con más precisión que Jordi Pujol cuando corrigió su antiguo lema: «Catalán es el que vive y trabaja en Cataluña…   y quiere serlo». Al establecer el carácter optativo de la nacionalidad, Pujol dejó ver su sesgo ideológico; y de paso construyó un sólido y hermoso puente de plata para que gente como yo se quitara.

Ahora en Madrid han establecido que los muermos, serios, sosos y formales que no van al bar, son extranjeros. Y qué decir de los comunistas: ¡cómo va a ser madrileño el que grita libertad para qué! Las señas de identidad del madrileñismo son más divertidas y razonables que las de cualquier otro lugar. Ir de bares y ser anticomunista está entre las principales obligaciones de toda persona civilizada. Pero no por ello son más tolerables.

Hace veinte años Pasqual Maragall, entonces alcalde de Barcelona, publicó un artículo de mucho eco, en el diario El País, que tituló Madrid se va. Y dos años después otro: Madrid se ha ido. Este último, de julio de 2003, incluía esta frase, hoy tan dolorosa, sobre el segundo gran salto adelante que iba a dar Barcelona, «gracias a los empresarios, medios de comunicación y ciudadanos individuales y asociados que construyen con ambición, y con una creciente seguridad en sí mismos, los proyectos de la ciudad del siglo XXI».

Pobre Maragall y pobres de los que lo han visto: la ciudad colacau. Pero el artículo bueno era el primero. Así empezaba: «Se tiene desde la periferia la sensación de que Madrid se va de España. Que juega otra liga, la liga mundial de ciudades. Una especie de síndrome Figo, muy acusado, cómo no, en Barcelona. (¿Cómo dejamos escapar a este tipo?: esa es otra). Tenemos la impresión de que Madrid se mide con Miami, con Buenos Aires, con São Paulo. Que ya no le interesamos. Que España, para Madrid, es ahora tan sólo el lugar donde ir a buscar pequeñas y medianas empresas en venta para mejorar posiciones, sector por sector, antes de dar el salto al otro lado del charco».

Maragall estaba preocupado. Se advierte desde la primera línea. Al fin parecía comprender lo que tantos catalanes comprendieron demasiado tarde: la emergencia de Madrid como capital global era la novedad geopolítica más profunda de la democracia. Cada año de estos últimos veinte años Madrid se ha hecho más ciudad y el resto de España más aldea. Por si no fuera suficiente con su propio empuje, el Proceso situó las diferencias económicas y morales entre Madrid y Barcelona en una dimensión estratosférica. Siguen creciendo y no se vislumbra que dejen de hacerlo.

En sus primeros años aquel gran alcalde había propiciado la idea de que Barcelona participara en la aventura global. Distinta, pero también con su poder: menos distrito federal y más ciudad. La bicapitalidad. Pero la primera condición era que Barcelona quisiera ser una capital española y no la capital de Cataluña, una aspiración bastante ridícula en términos que no fueran simbólicos, porque Cataluña, como entendieron los novecentistas, es poco más que una ciudad con un  agradable patio trasero. En aquel artículo Maragall vislumbraba la dificultad inexorable de la bicapitalidad: Madrid se iba.

Él mismo acabaría despidiéndola solemnemente cuando, ya como presidente de la Generalidad, propició el gobierno con el independentismo, la reforma del Estatuto, el consiguiente inicio del Proceso y el encajonamiento definitivo de Barcelona entre dos montañas y el mar.  En el artículo incluía también una irrisoria y petulante amenaza: «Si Madrid se va solo por ahí, puede ser que un día se encuentre que los demás vamos todos juntos por otro lado». En efecto: todos los demás empezaron a ir por otro lado. Pero como el lado era el del nacionalismo nunca pudieron ir juntos. Ir juntos —los distintos— solo puede ser el gran plan español.

Así pues el vaticinio de Maragall fue correcto. Los demás —de Galicia a Andalucía— fueron por el lado del nacionalismo y Madrid se convirtió en la drástica excepción de la política española. En cualquier otro lugar español el nacionalismo empastaba poco o mucho la discusión. Madrid era el único lugar donde la contienda regional aún se libraba en los clásicos y fieros términos de la izquierda y la derecha. Las dos Españas existen, pero solo viven en Madrid. No puede desdeñarse el eco histórico.

Una ciudad, de acuerdo, pero sobre todo un frente. Madrid, qué bien resistes. Al fin y al cabo Barcelona cayó sin lucha —se abrió mejor sería decir—, un hecho que puede interpretarse de muchas maneras, y una de ellas es que los catalanes que quedaban se habían entregado al franquismo. La radical novedad de la campaña de Isabel Ayuso es que a la fractura ideológica ha venido a sumarse el carácter ¡integrador! del nacionalismo. Muy graciosamente viene a decir que el que no es de derechas no es madrileño. Una encantadora estupidez, y más encantadora todavía, porque es exactamente lo que merece la izquierda, nacionalista en todas las Españas menos en Madrid.

La frívola conversación política sobre el madrileñismo se ha producido sobre la peor crisis que ha vivido Europa desde la posguerra. Ayuso ha bailado un schotis con la muerte. Y sigue viva. Estos días hablé largamente con Enrique Ruiz Escudero, consejero de la Comunidad, y con Antonio Zapatero, viceconsejero.

Ellos dos, con Elena Andradas, la responsable de Salud Pública, han llevado la gestión de la pandemia. Al final de mi conversación con el consejero, y conviniendo los dos en que la gestión pandémica madrileña ha resultado un acierto, le pregunté por un misterio:

—Nadie ha hecho en España lo que ha hecho Madrid. ¿Por qué?
—No sé decírselo. Es verdad, pero no sé por qué.
—¿No se han interesado por su modelo? ¿Ni los de su partido?
—La verdad es que no. Realmente nadie. Ninguno de mis colegas autonómicos me ha preguntado cómo lo hemos hecho. Quizá la única ha sido la consejera catalana, Alba Vergés, con la que sí hemos comentado alguna cosa sobre hospitales y áreas de salud.
—¿Y de bares hablaron?
—No, de eso nunca.

Madrid se ha ido. Y no ha sido al infierno que preveía Maragall. El primer impacto de la pandemia fue devastador en la ciudad, y especialmente en sus residencias de ancianos. Es preciso recordar lo que pasó entonces en España, y lo que pasó fue más extremo que en ningún otro lugar de Occidente. La mayor cifra de muerte anticipada. El Gobierno encerró rigurosamente a la gente en sus casas —con sus niños— y prohibió pisar la calle salvo la extrema necesidad de pasear al puto perro.

Del 14 de marzo hasta el 3 de mayo. Un encierro sin mascarillas, que solo fueron obligatorias a partir del 21 de mayo. En el primer impacto del virus Madrid tuvo la cifra más alta de contagios de España y la segunda cifra más alta de muerte anticipada. A las cifras contribuirían el volumen de tránsito de su aeropuerto y la densidad. Madrid es la comunidad española más densa (840), al margen de las ciudades de Ceuta y Melilla: tres veces y media más densa que Cataluña (238).

A partir de finales de junio, una vez cumplidas las fases de la desescalada hacia lo que debió llamarse La Nueva Subnormalidad, las comunidades autónomas empezaron a ocuparse directamente de la gestión de la pandemia. Madrid puso entonces en marcha una serie de medidas que acaso conformen lo que se llama un modelo. El primero de sus rasgos es la conciencia inexorable de que hay que convivir con el virus, ante la imposibilidad de ser neozelandesa y erradicarlo.

El segundo es la discriminación: el virus no mata por igual y tampoco se extiende por igual. De ahí surgen las medidas concretas: rastreo mediante test de antígenos, análisis de aguas residuales, restricciones selectivas de la movilidad y mantenimiento de la actividad pública. A día de hoy ya puede escribirse: Madrid ha gestionado la pandemia con menos daños que cualquier otro lugar comparable. No solo de España.

Desde hace un año, Madrid ha sido el mejor lugar de Europa para vivir bajo el calvario pandémico. Mejor que Barcelona, Valencia o Sevilla. Pero mejor también que Milán, París, Londres o Berlín. No solo porque su comercio y su cultura, aunque con restricciones, han seguido funcionando. Es que sus cifras de mortalidad han sido menores. Desde el verano la cifra de muerte anticipada en Madrid ha sido menor que la de Cataluña hasta el punto de que en el global pandémico las dos comunidades ya registran una cifra similar.

Puede argumentarse que esto no es más que el típico efecto de regresión a la media. Pero la primera objeción es que ese efecto no se ha producido en todas partes: Italia es el ejemplo más lacerante. Pero aunque se trate de la regresión a la media lo sustancial es que se ha producido con una sociedad abierta a niveles que solo han estado por debajo de Suecia, un país que desde el primer día mantuvo la actividad y cuyas cifras de muertos, aunque mucho mayores que las danesas o las noruegas, son mejores que las de Gran Bretaña, Francia, Portugal, Italia o España.

En la decisión de Madrid hubo Ciencia, desde luego. Una Ciencia humilde, modesta, discreta, que no estuvo basada en la aplicación de otro modelo que el de la observación, y que anduvo en la oscuridad y en la zozobra del conocimiento características de la pandemia, atando cabos a partir del empirismo y el acreditado método del ensayo/error. Pero hubo también política. Quizá hubo, sobre todo, política.

La política es, siempre, lo más importante. El Gobierno de Madrid actuó así porque lo impulsó en origen un ademán liberal. No creo que pueda precisarse su protagonista. Si Ayuso, si el equipo de Ruiz Escudero, si la bibliografía de Lasquetty… La decisión debió de gestarse en la clásica dinámica difusa de un grupo ideológicamente afín, angustiosamente presionado por una realidad sin pautas.

Quizá su mayor mérito haya sido el de no aplicar medidas inútiles para contener el virus y ruinosas para la economía y el aliento colectivos. Optaron por el riesgo de la libertad  mientras el resto de España y casi toda Europa privilegiaron la protección. El cuidado, como ahora insoportablemente lo llaman los cursis paliativos.

«Cosas, Celalba mía, he visto extrañas;
cascarse nubes, desbocarse vientos,
altas torres besar sus fundamentos,
y vomitar la tierra sus entrañas;
duras puentes romper, cual tiernas cañas,
(…)
Y nada temí más que mis cuidados».

Pero no he visto citar a Góngora en la campaña electoral de Madrid. Raro, porque es un habitual de las campañas. A cambio ha habido carteles mostrando cómo los negros afanan la pensión a las abuelitas, una selección de la correspondencia particular con las autoridades de todos los chiflados de España y la actividad escuadrista, mantenida decorosamente en secreto por el Gobierno, de los matones de la podemia.

Es meditable que teniendo a mano un ejemplo de éxito del difícil valor de la libertad, Ayuso haya hecho del madrileñismo la enfermedad infantil del nacionalismo. Eléctricos repeluznos me atraviesan al imaginar lo que habría hecho la fachendería catalanista con un factor diferencial de esta grandeza.

Y no digamos la pedantería socialdemócrata. Si no fuera porque el contrahecho fáctico de Pablo Iglesias todo lo joroba diría que la manera con que el Gobierno de Isabel Ayuso ha hecho valer su brillante gestión pandémica es esta fetén forma madrileña —¡quita, quita!—, de darse la máxima importancia.

(Ganado el 1 de mayo, a las 16:00, 59 lpm, 35,3º, vacunado con vector ChAdOx1 [Oxford/AstraZeneca], lote ABV8139, primera dosis).

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Mandrileñismo

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 020521

Hoy plagiamos Claudio nos rochedos de Antonio Carneiro, ¡una vez más! ¡Y contra nuestra voluntad! (Hemos añadido, claro, algunos detalles de otra futbolista de Azcárraga.) Pero, ¿qué podíamos hacer si el diarista repite el tema, aunque el fútbol ya no venga a cuento? Pues repetir. Además ustedes sufren de pulsión coleccionista y ahora ya tienen dos cromos para el álbum de la liga.

(Vacuna del requiebro y el schotis) El diarista sigue anotando sus reflexiones en la lejanía mientras Ayuso posa mostrando sus poderes. Pisa el cuello al dragón coronavírico como una Santa Jorgina (sí, también Sant Jordi ha sido fagocitado; Madrit no le está dejando a Barcelona ni el modito de andar) vistiendo camiseta de la comunidad.

Ahora bien, el coronavirus derrotado queda abajo, confundido con el color del césped, poco vistoso. Es la camiseta abanderada la que destaca, y la presidente hincha el pecho chulapo por si fuera poco destacamento. En su afán por llamar la atención del populus ha estilado la bandera, ¡la ha estelado! ¡Ha añadido el triángulo azul vicime, infame pantone! La bandera de la comunidad está adquiriendo un tinte decididamente blaugrana. Pero Madrid es más que un club, ¿por qué esta regresión al mono que somos? Todos los nacionalismos son mandrileñismos. ¿Vamos a caer en un mandrileñismo madrileñista?

En fin. De nuevo el maestro Giovannini ha regalado el mar a Madrid. Nadie se fijó la primera vez así que subimos el nivel, calentamiento.

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Un schotis con la muerte
Ilustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada

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Balas sobre Broadway

Santiago González en su blog, 010521

Comedia esperpéntica. Observen la mejora del casting

Gulliver trajo a este blog un diálogo apócrifo con Pablo:

G. -¿Para quién esto escribí?
P. – “¡Para mí!”
G.- ¿Con mis versos te incomodo?
P. “¡Todo!”
G. ¿Por qué, si es puro lirismo?
P. “¡Es fascismo!”

En tu falaz comunismo
ves paja en el credo ajeno
y no la viga en ti mismo
cuando gritas de odio lleno
“¡Para mí todo es fascismo!”

kepaminondas dijo: Me acaba de llegar una amenaza grave: la lista electoral de Podemos. Y Correos tan tranquilo, colaborando.

Pedro Sánchez ha protestado contra estas amenazas a Zapatero y a Ayuso, como lo había hecho antes contra las sufridas por Marlasca, María Gámez, Pablo Iglesias y Reyes Maroto. ¿Y nadie se va a ocupar de las amenazas a mi persona? ha comentado a sus íntimos.Y por si fuera poco, Ayuso, dos balas. Y a mí, nada.

Ok diario cuenta que Iglesias dijo al juez que las protestas ante el casoplón afectaban a su «rendimiento laboral»«Es indubitable cuando tienes la cabeza en otra cosa. Yo entiendo que me va en el salario que haya protestas en mi lugar de trabajo, en el Ministerio. Pero cuando llegas a casa, que es un espacio familiar, si te encuentras con una situación así mentalmente estás en otras cosas. Es mucho más difícil cumplir con tus tareas y tus responsabilidades en la medida en que el espacio se ve afectado y esto crea estrés, al tener que evitar que los niños sufran. Fíjate lo bien que le habría venido ir a visitar las residencias para combatir el estrés.

 El ministro del Interior del Sanchismo, Fernando Grande -es un decir-, Marlasca, hizo algo que no habría hecho nunca otro ministro del Interior: dar pábulo a las presuntas amenazas de las balas. El motivo es que los psicópatas se copian y estos son comportamientos que se plagian unos a otros, como Sánchez con la tesis, mal comparao. Hasta Iglesias pensaba eso hace dos años, . El resultado es que el expresidente, José Luis Rodríguez Zapatero, ha recibido un sobre con dos balas y una nota en la que figuraba el insulto «alimaña» y lindezas como «ojalá le revienten las meninges por las cejas». El sobre no tenía remite. Pablo Iglesias ha recibido otras dos balas.

Luis Gestoso colgaba un cartel con los retratos de 205 guardias civiles asesinados por ETA. Y un eslogan esclarecedor: “Todos estos recibieron balas. Pero no fue en sobres”.

Jose Mª de Pablo volvía sobre la grosera manipulación del BOE: “De este desdichado preámbulo me llama la atención que se aluda a un proceso de desmantelamiento de libertades con la llegada del PP al Gobierno en 2011… para justificar la derogación de un artículo que aprobó un Gobierno del PSOE en 1995. El Código Penal de Alberto Belloch. Él podría haber dicho algo, no sé, reivindicarlo.

ABC publicaba un entrevista con el hijo rapero de Edmundo Bal. Titular: “Soy abstencionista, no voy a votar el 4-M”. Miguel Angel Quintana Paz comentaba en su cuenta de Twiiter: “Cuando salgan los resultados electorales no digáis aquello de ‘A Edmundo Bal solo le ha votado su familia’. Sería una exageración”.

Y claro, lo de Irene Ceaucescu: “Los niños, niñas, niñes, pueden tener miedo de decir que están sufriendo violencia en sus clases por las cosas que dice Ayuso del lenguaje inclusivo”. De esto de niños, niñas, niñes, vamos.

 

e Ayuso del lenguaje inclusivo”. De esto de niños, niñas, niñes, vamos.

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El lobo Sánchez y el 2 de mayo de Ayuso
Ilustración de Ulises Culebro ‘ULISES‘ [México, 1963]

 

El lobo Sánchez y el 2 de mayo de Ayuso

Sánchez usa todos los medios del Estado a su alcance para remover a Ayuso del cargo o, de fracasar, maquillar la eventual derrota a la que habrá conducido una desquiciada estrategia a su candidato

Fco. Rosell en El Mundo, 010521

En los estertores de la campaña madrileña de este 4-M, en la que Pedro Sánchez se implicó con ardor guerrero para ir haciendo mutis por el foro a medida que las encuestas hundían las expectativas del PSOE abatiendo su suelo de dos años atrás, parece cobrar realidad uno de los postulados del economista italiano Carlo María Cipolla en su ensayo sobre Las leyes fundamentales de la estupidez. En concreto, el de que la estupidez daña al enemigo de todas las formas imaginables, incluidas las que infieren mayor perjuicio al promotor que al destinatario.

Así, en la obcecación de Sánchez con Isabel Díaz Ayuso, se dan la mano la maldad y la estupidez, aunque Cipolla aclare que el estúpido entraña mayor peligro que el malvado. Contra la resistencia de quienes se niegan a admitir este axioma, el historiador arguye que el estúpido halla precisamente en ello un acicate en su poder destructor. Ya Alejandro Dumas, hijo, había anticipado que él prefería los malvados a los imbéciles porque aquellos descansan al contrario que éstos últimos.

Al aguardo de la apertura de los colegios electorales y de que se sepa hasta donde haya podido alcanzar la riada desatada por esa mezcla de maldad y estupidez, Sánchez no repara en su desatentada ofensiva contra la presidenta madrileña. A este propósito, usa todos los medios del Estado a su alcance para removerla del cargo o, de fracasar, maquillar la eventual derrota a la que habrá conducido una desquiciada estrategia impuesta a su candidato Gabilondo, tras dar giros a diestra y siniestra sin renunciar a ser un líder centrado, pero no de centro, según el guion de La Moncloa.

La fama a la que Gabilondo sacó lustre presentándose como «serio y formal», cual joven casadero de los sesenta, ha acabado chamuscada al echarse en brazos de uno de los teleñecos más reconocibles de la pantalla basura. Si ya se encomendó a él un ignoto Sánchez para salir del anonimato como nuevo líder del PSOE, ahora el metafísico Gabilondo emplea igual tabla de salvación ¡Jorgejá, te necesito!, a la par que certifica su decencia con el aval de dos condenados por el fraude milmillonario de los ERE como Manuel Chaves y Magdalena Álvarez. De perdidos, al río (Manzanares), pensará quien debe sentirse víctima de una conjura de necios instigada por un Sánchez al que no le quedó otra que mantenerle en el cartel.

Al no reconocerse a sí mismo ni saberse en verdad quien es, Gabilondo evoca al protagonista de Otros días vendrán, del cineasta barcelonés Eduard Cortés, que interpretaba el ya fallecido Fernando Guillén. Un enfermo de Alzheimer que trata de orientarse, en su senilidad desvalida, por la casa de su hija siguiendo los carteles que ésta fija con el nombre de las cosas y que al náufrago del tiempo le ayudan en su extravío.

Una mañana descubre, con los ojos puestos en el espejo empañado del cuarto de baño, la identidad de quien le mira no sin turbación desde el cristal con la faz embadurnada de espuma de afeitar. En un destello de lucidez, identifica al ser misterioso que le escudriña con la mirada. Venciendo el discurrir incierto de su tembloroso pulso, acentuado por la edad, pero sobre todo por el pasmo que le causa la imagen reflejada de quien creía otro, esta víctima del mal de la amnesia garrapatea sobre el húmedo vidrio: «¡Yo!».

Lo hace con inquietud de que, al desaparecer su reflejo, retorne a precipitarse en el hondo pozo de la desmemoria. Cuando la cámara enfoca su cara, el lagrimal recupera un cauce tantos años seco y la gota llorosa resbala surcando la aridez de la mejilla.

Por eso, como en los comicios gallegos en los que suspendió su asistencia al cierre de campaña por una supuesta avería del avión uno de esos percances de los que su jefe de gabinete, Iván Redondo, echa mano cuando las cosas van mal rodadas, Sánchez ha ido soltando lastre con un candidato de cuyo nombre empieza a no acordarse. No importa que su cuartel electoral radique en La Moncloa con Redondo comandando las operaciones en una inadmisible confusión entre partido y Estado no vista en 45 años de democracia.

Esta anomalía, ya registrada en Cataluña, donde el candidato Illa felicitó a Redondo por su contribución esencial a su amarga victoria, se agrava en Madrid, como sucede con cada exceso y extralimitación que emprende Sánchez. Si el 14-F catalán el bombardero del CIS experimentó con el dron de encuestas flash en campaña, este 4-M madrileño reincide y lo convierte además en agente electoral hasta el día de votación para inclinar a los indecisos con el ardid de un interés académico. ¡Cómo si ése fuera el móvil de un Tezanos que debe la bicoca a su militancia y a su servilismo provisto de millonaria soldada!

Teniendo en cuenta cómo, para una elección de segundo rango como ésta a la Comunidad de Madrid, La Moncloa contraviene de forma flagrante y desaforada la legalidad hasta el mismo 4-M, instrumentalizando el CIS e hipotéticamente la sala de prensa, dados los hábitos de la ministra-portavoz y ser martes de Consejo de Ministros, ¿qué no hará Sánchez cuando se juegue la Presidencia dado lo que ya urdió para obtenerla? Tramará lo que no está en los escritos (democráticos, claro). El cañón Berta el mítico obús de asedio alemán en la Gran Guerra que José Luis Gutiérrez puso en boga en sus columnas para describir las razias felipistas se quedará en un juguete de niños.

Si hace un año (el 19 de abril de 2020, para ser exactos) el Ejecutivo encomendó a la Guardia Civil, sin importarle arrostrar su prestigio, velar por el buen nombre el Ejecutivo, como admitió su jefe de Estado Mayor, el general Santiago, después de que el CIS deslizara que la libertad de prensa debía supeditarse a los intereses del Ejecutivo al introducir de matute en un sondeo una sibilina pregunta que inducía a estimar por pertinente la censura de los medios, ahora hace igual para destruir al adversario. Sin pararse en barras, ha tratado de endosarle una violencia que banaliza en espectáculo cuarenta años de terrorismo y más mil muertes con balas sin sobre, perpetrados por quienes legitima y blanquea al ser sus sostenes parlamentarios.

En vez de investigar las cartas amenazantes con cartuchos o navajas, el indigno ministro del Interior y su secuaz directora de la Guardia Civil los blanden en un mitin socialista. Frente a todos sus antecesores que recibieron sin excepción avisos de muerte segura evitando que trascendieran, aunque estuvieran en la conciencia de los españoles de ahí, su popularidad, Marlaska, por aquello de agitar la campaña socialista contra PP y Vox, así como tender un cordón sanitario en derredor, ha hecho gala de frivolidad pinturera. Sin aclarar cómo pudo llegar a su antedespacho un remitido con balas sin detectarlo la Guardia Civil que custodia el búnker ministerial.

Es más, cuando la ministra Maroto se retrató ante las Cortes con una fotocopia de la navaja ensobrada por un enfermo de esquizofrenia que puso su domicilio en el remite, la máxima autoridad de la Seguridad del Estado se dirigió a una televisión para hacer ruido y furia con ese amor arrebatado suyo por el espectáculo que no disimula. Un figurón lisonjero hoy con el PSOE y ayer con el PP al que, tras hacerlo Rajoy consejero del Poder Judicial, tilda, siendo ministro y juez, de «organización criminal», lo que inquieta como ministro en ejercicio y alerta a futuro, con el antecedente del expulsado Garzón, como magistrado excedente.

Tras el revolcón judicial de la destitución del coronel Pérez de los Cobos al mando de la Comandancia de la Guardia Civil en Madrid, Marlaska acumula méritos con Sánchez a costa de desprestigiar el cargo. Agigantando su historial de fechorías desde que es ministro, a Marlaska sólo le faltaba ser actor principal de la adaptación española de Un hombre llamado jueves. Como era previsible, los buenos vecinos de Vallecas que secundaron el boicot de Pablo Iglesias («¡Comunista, qué cojones!») contra el mitin de Vox no fueran otros que reconocidos matones de la seguridad de Unidas Podemos, según las pesquisas y detenciones policiales que Marlaska ha ocultado dos semanas hasta conocerse ayer por una filtración periodística mientras sembraba las sospechas sobre sus víctimas.

No es extraño que el verdadero factótum de su ministerio sea un policía jubilado apodado Lenin. El humor británico de Chesterton trasplantado a Vallecas adquiere aires tragicómicos que desvelan la impostura de Iglesias. Pero primordialmente de un Pedro Sánchez que, gritando que viene el lobo, se ha destapado como el auténtico lobuno ya despojado de la piel de cordero. Cuando Albert Rivera se refirió a la banda con la que Sánchez negociaba su investidura en una habitación a oscuras, pocos imaginaron que no era una metáfora, sino la realidad misma.

En esa tesitura, y teniendo en cuenta el acoso sostenido del Gobierno en este año y medio de pandemia, se entiende que Ayuso haya planteado este 4-M como la que libra un 2 de mayo. No ha mostrado la irresolución que Tito Livio advertía en sus compatriotas ante el expansionismo de Filipo V. «Vosotros pensáis les exhortó que lo que se trata es si ha de hacerse la guerra o no; y no es así; lo que se trata es si esperáis al enemigo en Italia, o si iréis a combatirlo a Macedonia porque Filipo no os permitirá escoger la paz».

En todo caso, Sánchez afronta el envite con la seguridad, lo cual es mucho deducir, de que será Gabilondo quien se lleve la bofetada como aquel ministril castellano. «Señor le dijo a su corregidor, cuando un alguacil lleva una orden de Vuesa Merced, ¿no representa vuestra misma persona y vuestra misma cara?». «Muy cierto es», le admitió. «Pues sabed le explicó que, en la cara de vuestro alguacil, Perico Sarmiento, que es la misma cara de Vuesa Merced, han estampado una bofetada». Calmoso, como Sánchez hará con Gabilondo, el corregidor contestó: «Pues ahí me las den todas».

Buen conocedor del paño por haberle mentido, Felipe González lo retrata de cuerpo entero en un podcast: «Cuando todo está mal, aparece ahí un tío (Sánchez) y dice que todo está bien y que el futuro es cojonudo». Entretanto, la economía se desploma y él desampara legalmente a las autonomías contra el Covid como si la cosa no fuera con quien se acarrea un dictum como el de Cromwell y que los Comunes retomaron contra Chamberlain

«Habéis estado demasiado tiempo entre nosotros para el bien que podáis hacer. Marchad, os digo, y terminemos de una vez. En nombre de Dios, dejadnos». A veces, llega por su propio pie cuando el porcentaje de estúpidos en la gobernación de un país es tan alto como para proclamar unilateralmente esa república de los peores que el politólogo turinés Michelangelo Bovero denomina «kakistocracia».

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¿Qué opciones legales hay ante el fin del estado de alarma para contener la pandemia?
Shutterstock / Axel Alvarez

¿Qué opciones legales hay ante el fin del estado de alarma para contener la pandemia?

Antonio Arroyo Gil, Ignacio Álvarez Rodríguez, Ignacio Villaverde, Josefa Cantero Martínez, Naiara Arriola Echaniz, Octavio Salazar Benítez, Ricardo Rivero Ortega, Roberto Blanco Valdés, Teresa Martínez Díaz, Victoria Rodríguez-Blanco en The Conversation,020521

El próximo 9 de mayo termina el estado de alarma y el Gobierno de España ya ha anunciado que no va a prorrogar el decreto que lo regula, aprobado el 25 de octubre de 2020. La norma permite que se apliquen medidas como el toque de queda nocturno y los cierres perimetrales. Si durante estos meses hay quien ha puesto en duda la necesidad y efectividad de estas restricciones, su previsible desaparición plantea ahora nuevos interrogantes. Dentro de unos días, el marco jurídico cambiará, pero la covid-19 seguirá entre nosotros.

Hemos consultado a distintos expertos en derecho para preguntarles si existen otros instrumentos legales tan efectivos para contener la pandemia y si podrán seguir aplicándose limitaciones.

“Otras democracias han intervenido sin activar estados de excepción”

Ricardo Rivero Ortega, Rector de la Universidad de Salamanca. Catedrático de Derecho Administrativo, Universidad de Salamanca.

Recurrir al estado de alarma cada vez que se produzca una circunstancia como la vivida a lo largo del último año no es, en mi opinión, la mejor de las opciones legales, salvo en aquellos casos en los que esté totalmente justificada una limitación general de derechos fundamentales. Otras democracias desarrolladas han intervenido con títulos previstos en su legislación sanitaria, sin activar estados de excepción.

Sobre el debate en torno al marco legal más adecuado tras el fin del estado de alarma, algunas modificaciones en la legislación básica de salud pública (en su versión de ley orgánica y de ley ordinaria) dotarían de mayores capacidades a las autoridades sanitarias para acotar intervenciones puntuales.

“Habría resultado conveniente que se hubiera reformado la legislación sanitaria actual o aprobado una nueva”

Teresa Martínez Díaz, Profesora de Constitución española, Universidad Nebrija.

El estado de alarma, con el debido control parlamentario, es el mejor instrumento legal para hacer frente a la pandemia. La ley orgánica que lo regula menciona como presupuesto las crisis sanitarias producidas por epidemias, y permite acordar medidas restrictivas de la circulación en horas y lugares determinados. Pero no debemos olvidar que se trata de una medida excepcional y que tanto las medidas a adoptar como la duración del mismo serán “las estrictamente indispensables”.

Habría resultado conveniente que, a lo largo de este tiempo, el Parlamento hubiera reformado la legislación sanitaria actual o aprobado una nueva capaz de dar respuesta a la situación que vivimos.

Sin estado de alarma, y sin haberse realizado esta adaptación legislativa, contamos en nuestro ordenamiento con la Ley Orgánica 3/1986 de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública. Esta norma permite a las autoridades sanitarias adoptar medidas de control y prevención cuando lo exijan razones sanitarias de urgencia o necesidad, pero delimitadas a un radio de acción inmediato al foco de transmisión.

Por tanto, la legislación ordinaria podría resultar insuficiente en caso de que la evolución de la pandemia, a partir del 9 de mayo, no mejore sustancialmente y sigan siendo necesarios los toques de queda y confinamientos perimetrales.

“El aparato legislativo no está preparado para afrontar la gestión de una situación como la que vivimos”

Ignacio Villaverde, Catedrático de Derecho Constitucional y rector de la Universidad de Oviedo.

La pandemia ha puesto de manifiesto la relativa ineficiencia de algunas herramientas jurídicas, en buena medida porque se habían diseñado en la convicción de que nunca se iban a usar. Es el caso de los estados de crisis del artículo 116 CE, y en lo que ahora nos ocupa, el estado de alarma. La herramienta ha sido útil, el problema está en que el aparato legislativo no está preparado para afrontar la gestión ordinaria de una situación como la que vivimos.

El estado de alarma, como los restantes estados de crisis, sirven para lo que sirven. Son una respuesta inmediata, ágil y temporal (muy temporal) a una circunstancia extraordinaria, imprevista y extremadamente grave, como la covid-19. Sin embargo, el tiempo que se ganó con las sucesivas declaraciones del estado de alarma no se aprovechó para acometer las necesarias reformas legislativas que dotasen a nuestro sistema sanitario de instrumentos de reacción y acción ante episodios como el que estamos viviendo.

Tampoco es, a mi juicio, necesario introducir grandes cambios, porque el sistema prevé respuestas a situaciones de emergencia sanitaria. Pero no son suficientes, como ha demostrado el discurrir de la pandemia. Bien estaría aprovechar la experiencia precisamente para aprender de ella e introducir esas modificaciones que diesen al sistema sanitario instrumentos ágiles para que no vuelva a ocurrir lo impensable.

“Las comunidades autónomas tienen legislación suficiente para aplicar medidas restrictivas puntuales”

Victoria Rodríguez Blanco, Profesora de Ciencia Política de la Universidad Miguel Hernández.

Lo primero que habría que preguntarse es si con el proceso de vacunación general contra la covid-19, tiene sentido seguir planteando restricciones de derechos fundamentales. En un Estado democrático de derecho deben estar completamente justificadas, aplicadas de forma puntual y ajustadas al criterio de la proporcionalidad entre el bien que se persigue y la medida que se aplica.

En cualquier caso, el marco jurídico apropiado legalmente para implementar medidas restrictivas es el estado de alarma, decretado por el Gobierno al amparo del artículo 116 de la Constitución española. Este puede aplicarlo de modo territorial, para una comunidad autónoma, por ejemplo, si hubiera una situación sanitaria urgente que lo precisara.

Las comunidades autónomas, al amparo de la crisis de covid-19, tienen legislación suficiente para aplicar ciertas medidas restrictivas siempre y cuando sean puntuales, se justifique la proporcionalidad y sean ratificadas por los tribunales de justicia.

Adoptar medidas limitativas de derechos fundamentales a la ligera, sin informes justificativos y con duración indeterminada es vaciar de contenido el Estado constitucional.

“Parece aconsejable acordar nuevas prórrogas del estado de alarma de 15 días en 15 días”

Antonio Arroyo Gil, Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid.

Pese al progreso del proceso de vacunación, parece que aún quedan por delante varias semanas o, incluso, meses para que podamos controlar la pandemia de covid-19. Es posible, por eso, que las medidas de confinamiento perimetral y el toque de queda continúen siendo necesarias.

Ante la limitación de derechos fundamentales que suponen, solo pueden ser adoptadas si tienen cobertura constitucional y legal suficientes. Por tanto, es dudoso que fuera del estado de alarma las comunidades autónomas puedan adoptarlas de manera generalizada. En todo caso, de aceptarse tal posibilidad, las susodichas medidas adoptadas por las autoridades autonómicas habrían de ser ratificadas por decisión judicial (del Tribunal Superior de Justicia correspondiente).

En virtud de todas estas razones, y dada la situación en que previsiblemente nos encontraremos aún el 10 de mayo, parece aconsejable acordar una nueva prórroga del estado de alarma (de 15 días en 15 días, como se deduce de la Constitución).

En el futuro, debería reformarse la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, para concretar el contenido y alcance de las medidas limitativas de derechos fundamentales que puedan adoptar las comunidades autónomas. Solo así podrán cumplir con los principios de seguridad jurídica y de legalidad. Argumento este, por cierto, que también podríamos predicar de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio, ya que, en lo que se refiere al estado de alarma, se muestra igualmente poco precisa.

“La eficacia de cualquier medida que se adopte quedará supeditada a su autorización judicial”

Josefa Cantero Martínez, Profesora de Derecho Administrativo de la Universidad de Castilla-La Mancha.

En mi opinión, a falta de una nueva regulación sobre la materia, el mejor instrumento para contener la pandemia es el estado de alarma. Permite a las autoridades sanitarias adoptar de forma inmediata –y con cierta dosis de seguridad jurídica– todas o algunas de las medidas limitativas de derechos fundamentales que ahora contiene el Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre, por el que se declara el estado de alarma para contener la propagación de infecciones causadas por el SARS-CoV-2.

El hecho de que decaiga el estado de alarma no significa que quedemos desamparados ni que nuestros poderes públicos no puedan adoptar medidas para luchar contra la pandemia. Ahora bien, el marco jurídico se vuelve mucho más complejo e inseguro porque desaparece esta caja de herramientas o instrumentos de intervención para las comunidades y porque la eficacia de cualquier medida que se adopte queda supeditada a la previa autorización o ratificación judicial.

Las comunidades autónomas disponen de varias herramientas que pueden ser usadas para contener una pandemia, pero no permiten limitar derechos fundamentales. Para adoptar medidas tan estrictas, las autoridades sanitarias de las Comunidades Autónomas deberán aplicar el marco jurídico establecido en la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, que es muy vago e impreciso.

A mi juicio, habría que repensar con calma toda esta materia e introducir mayores dosis de seguridad jurídica. Una posible solución pasaría por reformar mediante una ley orgánica el estado de alarma y la Ley de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública para regular en esta última las situaciones de emergencia sanitaria, desgajando las pandemias del estado de alarma.

“Sin estado de alarma las autoridades sanitarias pueden adoptar medidas para luchar contra la pandemia”

Ignacio Álvarez Rodríguez, Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid.

No es erróneo afirmar que el estado de alarma podría prorrogarse. El artículo 116 de la Constitución no establece ningún tipo de prohibición al respecto. Atendiendo a la evolución del plan de vacunación y cómo progresa en la población, veremos si sigue siendo necesario. En cualquier caso, debe cumplir con los requisitos constitucionales pertinentes. El Gobierno no puede declararlo más allá de quince días y debe comunicárselo y obtener autorización expresa del Congreso de los Diputados, que podría negarse.

No obstante, recordemos que el estado de alarma es un instrumento en la caja de herramientas constitucional, y no es cualquier herramienta. Ni el Gobierno nacional ni los Gobiernos autonómicos pueden limitar los derechos fundamentales, ni el de libertad de movimiento ni ningún otro, salvo situaciones muy excepcionales. Que hayamos tenido que sufrir restricciones para luchar contra la pandemia no significa que vayan a quedarse para siempre entre nosotros.

El informe del Consejo de Estado de 22 de marzo de 2021 estipula que el hecho de que no haya estado de alarma en vigor no es sinónimo de que las autoridades sanitarias dejen de acordar y adoptar las medidas que estimen oportunas para luchar contra la pandemia, al amparo de la legislación sanitaria vigente.

“No tenemos otro instrumento jurídico que prevea la limitación o suspensión de derechos fundamentales”

Octavio Salazar Benítez, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba.

El estado de alarma es uno de los estados excepcionales que contempla la Constitución como mecanismo para, ante situaciones de anormalidad como puede ser una pandemia, y con los debidos controles democráticos, puedan, entre otras medidas, limitarse derechos fundamentales. Su regulación de mínimos ha permitido ir articulándolo en función de las circunstancias de cada momento y dejando un margen de actuación a los distintos territorios.

Fuera de los estados excepcionales previstos por la Constitución en su art. 55, regulados a su vez por la Ley Orgánica 4/1981 de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio, no tenemos otro instrumento jurídico que prevea la limitación o suspensión de derechos fundamentales, como lo es la libertad de movimientos.

Podría haberse previsto algún tipo de limitación en una reforma de la ley de salud pública, cosa que lamentablemente no se ha hecho en estos meses. Ahora, si se deja en manos de cada Administración territorial, es previsible que se acaben judicializando todos los conflictos que puedan generar medidas limitadoras de derechos fundamentales sin un soporte legal suficiente y, por lo tanto, de dudosa constitucionalidad.

“El legislador tendría que haber previsto una reforma que aportase mayor seguridad jurídica a esta situación”

Naiara Arriola, Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Deusto.

El estado de alarma constituye una figura de excepcionalidad en nuestro ordenamiento jurídico y, por tanto, no ha sido formulado para mantenerse indeterminadamente en el tiempo. La limitación de derechos fundamentales y libertades públicas tiene que reducirse en ámbito y espacio de explicación a lo estrictamente necesario (criterios epidemiológicos, en este caso).

Aunque sea más tedioso para la clase política, se deben justificar e individualizar las limitaciones de derechos lo más posible para aplicar quizás ya no el estado de alarma, sino la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública.

Por último, el legislador tendría que haber previsto una reforma tanto de la Ley de los Estados de alarma, Excepción y Sitio como de la Ley de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública que aportase mayor seguridad jurídica a esta situación.

“Es un caos jurídico y político que podría y debería haberse evitado”

Roberto Blanco Valdés, Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago de Compostela.

La modificación de la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública o la redacción de una nueva ley para hacer frente a la pandemia podrían haber permitido adoptar muchas medidas limitadoras de los derechos sin necesidad de recurrir a la declaración durante períodos larguísimos del estado de alarma.

La decisión de no prorrogar el estado de alarma significará la desaparición de la base jurídica que hasta ahora ha permitido la suspensión de derechos como el de libre circulación. Las comunidades autónomas, auténticas gestoras de la lucha contra la covid-19, quedan abocadas a adoptar medidas limitadoras o suspensivas de los derechos, en caso de que las estimen necesarias, sin cobertura legal y por tanto sujetas en última instancia a la autorización judicial.

En suma, un caos jurídico y político que podría y debería haberse evitado por medio de la acción legislativa de las Cortes Generales, que el Gobierno prometió impulsar en junio pasado y por la que todavía estamos esperando.

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Herederos del terror
Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

Herederos del terror

Joaquín Pérez Azaústre en El Mundo, 010521

EL 24 de enero Pablo Iglesias publicó este tuit: «Hace 44 años, pistoleros de la ultraderecha dispararon a los #AbogadosDeAtocha. Como ellos, millares fueron asesinados, torturados y encarcelados por enfrentarse a una dictadura terrorista y defender la justicia social. Frente a los herederos del terror: memoria y orgullo». Nada que objetar a la casi totalidad del mensaje, excepto el final. ¿A quiénes se refería Iglesias con eso de los herederos del terror? Justo al día siguiente, este reciente 25 de enero, se cumplía el vigesimosexto aniversario del asesinato de Gregorio Ordóñez.

Me pasé el día esperando un segundo tuit del entonces vicepresidente del Gobierno recordando al teniente de alcalde del Partido Popular en el Ayuntamiento de San Sebastián. Porque los pistoleros de ETA que mataron a Gregorio Ordóñez sí eran los herederos de los que asesinaron a los abogados de Atocha. Herederos morales, si se quiere. Continuadores en el fuego más totalitario de la historia: el que consiste en cerrar bocas y corazones a balazos. Desde luego, no creo que cuando Pablo Iglesias escribiera el tuit del día 24 estuviera pensando en los pistoleros de ETA.

«Frente a los herederos del terror»: los únicos herederos del terror que generaron en el despacho de Atocha José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada, con otras complicidades que después quedaron demostradas en el juicio, han sido los terroristas de ETA, que han estado asesinando gente del PP y del PSOE por creer en ideas distintas a las suyas. Es decir: por ejercer la democracia y el Estado de Derecho. Con variaciones ideológicas, sí; pero, en suma, por defender un pacto común de convivencia.

No escribí sobre ese primer tuit y «los herederos del terror» por respeto al legado de aquellos jóvenes abogados laboralistas y la ocasión siempre dolorosa del aniversario. Creí que era mejor dejarlo, pese a que el vicepresidente sí aprovechó el homenaje de ese tuit para apuntar sin nombrar. Pues bien, ésa es la diferencia principal entre enero de 2021 y esta primavera cada vez más turbia: que ahora apunta nombrando.

Con independencia de lo que pueda unirle y lo que lo diferencie de ellos, Pablo Iglesias puede sentirse representado por el recuerdo de los abogados de Atocha. Tanto como los populares con Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco y otros, o los socialistas con Francisco Tomás y Valiente o Fernando Múgica, también asesinados por ETA. Pero los ciudadanos que todavía mantengan una mirada limpia también tienen derecho a sentir que todos ellos, que absolutamente todos esos muertos, más allá de sus preferencias ideológicas, también les pertenecen.

Yo creo que la tercera España, además del recuerdo de Chaves Nogales y la Transición, es justamente esto: la recuperación moral de un cierto civismo. Tú puedes estar de acuerdo con el discurso de Ernest Lluch o con el de Alberto Jiménez-Becerril, puedes conocer o no qué trabajo se hacía en el despacho de Atocha. Pero hablamos de ética. De una conciencia para no creer que los únicos muertos que me importan, que recuerdo o lloro son los míos. Y desde este nivel de percepción, que sería una obviedad si el titular no se hubiera vuelto guerracivilista, ya sólo hay dos discursos: los que condenan la violencia sólo cuando va contra ellos, y quienes lo hacemos siempre.

Alguien podrá decir que hace poco, tras saberse que a Isabel Díaz Ayuso también le habían enviado un sobre con balas, Iglesias publicó otro tuit: «Frente a la violencia no hay peros ni excusas, ni balones fuera. Nuestra más absoluta condena». Bien por él. Resulta esperanzador y oportuno el matiz de las excusas y los balones fuera: se ve que es necesario para entender el mensaje, porque entre sus seguidores quizá sí haya una masa a la que sí parezca que son válidas, precisamente, las excusas y los balones fuera. Porque si no lo fuese, no habría sido precisa una aclaración semejante. A partir de este tuit estamos de enhorabuena: parece que vamos entendiendo en qué consiste la democracia.

Pero hasta que Isabel Díaz Ayuso no ha sido destinataria del sobre cargado hemos vivido algo diferente: la equidistancia, o incluso el blanqueamiento, cuando la violencia no iba con ellos. Ese «algo habrán hecho», esa mirada gris hacia otro lado, ese encogimiento de hombros mantenido que conocen tan cruelmente en el País Vasco. Esa no condena. Esa no firma de ninguna repulsa. Y es llamativo que quienes tanto han practicado la equidistancia y el blanqueamiento de la violencia cuando no iba con ellos, acusen de equidistantes y blanqueadores a quienes no aceptan sus pautas de rebaño.

Voy a decirlo claro: el cartel de Vox sobre menores no acompañados, esos hijos sin padres en una tierra extraña que llegan desde la desesperación, enfrentando su imagen deliberadamente delictiva con la de una abuelita venerable, es abyecto. Sin embargo, la campaña electoral no se rompió ahí, ni en el debate de la Ser en el que Pablo Iglesias ya llegaba con el muelle presto para saltar del sillón antes de empezar a hablar, sin esperar quizá una cooperación tan entusiasta de Rocío Monasterio: se rompió cuando en Vallecas apedrearon a Santiago Abascal. Y Pablo Echenique e Iglesias no es que miraran a otro lado, se encogieran de hombros o dijeran «algo habrán hecho», sino que acusaron a Vox directamente de haber ido hasta allí a provocar el ataque. Más o menos que se lo merecían.

No es nada nuevo. Cada vez que alguien ajeno a su espectro ideológico es recibido a pedradas, escupitajos, insultos o empujones y se revienta un acto, cada vez que se arrojan meados sobre alguien sólo por ir a un sitio donde según algunos no debieran ser bien recibidos, es que han ido allí a provocar. Cayetana Álvarez de Toledo en la Universidad Autónoma de Barcelona o varias mujeres de Ciudadanos en el Orgullo Gay son ejemplos nada edificantes en los que el feminismo patrio permaneció mudo.

La razón es la misma: no eran de las suyas. La sangre de Rocío de Meer era kétchup para Echenique y el pobre Víctor Láinez tuvo la mala fortuna de ponerse unos tirantes con la bandera española antes de cruzarse en el camino de Rodrigo Lanza, pero ese encuentro le costó la vida. Y cuando Pablo Hasél ingresó en prisión no sólo por injurias contra la Corona, sino por haber deseado en sus canciones, por ejemplo, que explotara el coche de Patxi López, por reincidir en su apología del terrorismo, y algunas calles españolas se incendiaron durante varios días, el mensaje de Echenique fue justificarlo, porque estaban luchando por la libertad de expresión.

Y con lo que se ha montado desde sus equipos electorales cuando los sobres con balas de Cetme consiguieran llegar, extrañamente, a su destino, habría que ver lo que habrían organizado, qué llanto general habrían montado si alguien empezara a dar conciertos deseando la muerte a cualquiera de ellos. Entonces ya no se trataría de libertad de expresión, sino de apología del asesinato. Y tendrían razón. El problema es que no lo piensan siempre, sino únicamente cuando les toca más de cerca.

Durante la campaña, sin ninguna prueba, se ha acusado a un partido de ser el urdidor de las cartas amenazantes. Se ha marcado un cordón contra Vox y se le ha exigido a los demás partidos. Reyes Maroto se fotografiaba con una ampliación tan grande de la navaja enviada que parecía la de Curro Jiménez; pero tras saberse que se la había enviado un enfermo mental, se reafirmó en su acusaciones. Se ha seguido señalando a periodistas como Ana Rosa Quintana, Carlos Herrera o Vicente Vallés. Un poco lo de siempre: los fascistas son otros, mientras no se condenaba, sino que se alentaba, la agresión vallecana.

Como no soy un sectario, aspiro a una democracia real en que mis agredidos y mis muertos sean todos. Porque lo contrario será la dialéctica del 36, que no me interesa nada, porque ya nos llevó por esos lodos. La Transición sería algo imperfecta, pero no su espíritu. No se trata de negar al adversario, sino de escucharlo y debatir para seguir viviendo.

Joaquín Pérez Azaústre es escritor. Su última novela es Atocha 55 (Almuzara, 020).

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Federico Santaella: “España pactó en secreto la entrega de Cuba con una parodia de guerra en 1898”. 060421.

. El cantante Nacho Cano le devuelve, en pleno acto, su Gran Medalla del 2 de Mayo a Ayuso; 020521.

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Humor

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 020521

 

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‘La madre del blues’ [2020], de George C. Wolfe /película /Netflix

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Ma Rainey's Black Bottom Movie PosterEl español Sergio López-Rivera gana el Oscar a mejor maquillaje por ‘La madre del blues’

Ma Rainey’s Black Bottom” [1982] originario de la época del flapper, se trata de una adaptación al film de una composición con semejanzas al charlestón, derivada de “Black Bottom“, que hizo famosa  revista musical llamada The ‘George White scandal of 1926‘, interpretada y compuesta por Ma Rainey [EEUU, 1886-1939], con arreglos de Branford Marsali.  En YouTube. Cartel diseñado porn GRAVILLIS [IMPawards].

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trailers/imágenes
AÑO/TÍTULO
2020/La madre del blues / Ma Rainey’s Black Bottom [el negro culo de Ma Rainey]

DURACIÓN
94 min.
PAÍS
EEUU
GUIÓN
Ruben Santiago-Hudson. Obraa homónims: August Wilson [1984]
Música Branford Marsalis
Fotografía Tobias A. Schliessler
REPARTO
PRODUCCIÓN
Netflix
Honores:

2020: Premios Oscar: Mejor vestuario y maquillaje y peluquería. 5 nominaciones / Globo de Oro: Mejor actor drama (Boseman) / Premios BAFTA: Mejor vestuario y maq. y peluquería / American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año/ Critics Choice Awards: Mejor actor (Boseman), vestuario y maquillaje / Premios Independent Spirit: 5 nominaciones incluyendo mejor película
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Varios:

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Sinopsis.

Corre el año de 1927 y Ma Rainey se encuentra grabando una nueva producción discográfica en un estudio de Chicago, Estados Unidos. La situación se empieza a poner tensa por las diferencias entre la llamada Reina del Blues, su agente y el productor. El control de su música es el motivo del enfrentamiento. Entre ellos, se encuentra el trompetista Levee, quien desea tener mayor protagonismo en la escena musical a través de un toque más contemporáneo en las canciones. [Filmaffinity]

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Críticas internacionales:

  • “Una película que si merece la pena es por su emocionante interpretación [la de Boseman] (…) adaptación (…) convencional y con pocos destellos”. Elsa Fernández-Santos: Diario El País
  • “La despedida poderosa y perfecta de Chadwick Boseman. (…) Puntuación: ★★★ (sobre 5)”. Irene Crespo: Cinemanía
  • “Viola Davis y Chadwick Boseman asombran en este estudio, más oportuno que nunca, de la influencia de la cultura negra en la música popular americana”. Peter Debruge: Variety
  • “Una ópera feroz de pasión y dolor (…) Es la última interpretación en pantalla de Boseman, ¡y qué gloriosa interpretación para marcharse! (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”. Peter Bradshaw: The Guardian
  • “Un reflejo único y poderoso de la lucha por la dignidad de los negros americanos (…) Ver a actores de este calibre perderse en personajes de tal dolorosa humanidad, es una gran recompensa”. David Rooney: The Hollywood Reporter
  • “Boseman y Davis ofrecen soberbias interpretaciones en esta reflexión atemporal (…) Otra estupenda adaptación de la obra de August Wilson (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”. Amon Warmann: Empire
  • “Ver a Boseman, que murió de cáncer con 43 años, arrebatarse en el papel de Levee (…) en esta impresionante adaptación, es suficiente para hacerte llorar. Y regocijarte”. Michael Phillips: Chicago Tribune

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Banda sonora editada

1. Deep Moaning Blues (4:52)
2. El Train (1:12)
3. Lazy Mama (2:34)
4. Chicago Sun (0:46)
5. Those Dogs of Mine (0:45)
6. Hear Me Talking to You (Instrumental) (4:29)
7. The Story of Memphis Green (4:19)
8. Jump Song (3:22)
9. Leftovers (4:08)
10. Shoe Shopping (1:04)
11. Deep Henderson (3:25)
12. Reverend Gates (2:02)
13. Ma Rainey’s Black Bottom (2:14)
14. Levee’s Song (2:39)
15. Sweet Lil’ Baby of Mine (2:12)
16. In the Shadow of Joe Oliver (2:02)
17. Hear Me Talking to You (0:52)
18. Levee and Dussie (4:46)
19. Levee Confronts God (2:13)
20. Sandman (1:38)
21. Baby, Let Me Have It All (2:03)
22. Toledo’s Song (2:17)
23. Chicago at Sunset (1:19)
24. Skip, Skat, Doodle-do (2:05)

Fuentes: discogs / / wikipedia // tunefind / // YouTube / ringostrack / banda-sonora.com / IMdb / filmmusicreporter /

Tráiler

. Trailer en inglés, con subtítulos en español.

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Mi Opinión:

El negro culo de Ma Rainey” traducción literal] 

La sobrevalorada película de referencia es, esta vez, muy simple a la hora de confeccionar la crítica, porque, en la práctica, no se trata de cine sino de teatro filmado, algo que deberían advertir al espectador dado que una sorpresa de tal naturaleza puede concluir como el rosario de la aurora.

De corta duración, 94 minutos, icho esto, hay que subrayar que el guion teatral es profundo y bien pertrechado, pero fílmicamente insoportables por su densidad filosófica y radical marco racial [perteneciente una serie de 10 obras teatrales denominada “The Pittsburgh Cycle” sobre los aspectos cómicos y trágicos de la comunidad afroamericana en el siglo XX, en plena época flapper y Black Lives Matter.], que está basado en la obra homónima  de 1982 escrita por August Wilson , sobre la historia de la popular cantante de blues Ma Rainey y su banda durante una tensa sesión de grabación, de 1927, a modo de la pionera Mamie Smith.

Y que la  interpretación es coralmente reseñable, con una magistral actuación de Chadwick Boseman, también como trompetista, muy bien acompañado por  Viola Davis. La música, alma de la obra, es destacable, con una banda sonora de la época a cargo de Branford Marsalis. 

La realización es teatral, simple, cansina desmotivada  y falta de ritmo, pero, en cambio, la fotografía de Tobias A. Schliessler resulta muy acertada.

A destacar que, recientemente, el español Sergio López-Rivera ha ganado por esta película el Oscar a mejor maquillaje y peluquería.

Sólo para los muy teatreros, como puro teatro filmado. Chadwick Boseman, que realiza una colosal interpretación, falleció ese año (1976-2020). Ni rastro de cine [6 sobre 10]

EQM

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  • Mi crítica en IMDb [EEUU/EQM Spain].
  • Mi crítica en Filmaffinity [España/elquicio]. Pendiente de publicación

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Fuentes:

Filmaffinity [críticas de espectadores], IMDb, Wikipedia y elaboración propia [EQM].

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Navajeo político

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  • La familia del esquizofrénico que envió la navaja «fascista» a Maroto: «Nuestro hermano ha votado a Podemos»

Alfonso Egea en okdiario, 300421

Uno de los hermanos del hombre identificado como autor de la carta con una navaja dirigida a Reyes Maroto asegura que éste, de nombre Íñigo, le dijo haber votado a Podemos en algunas elecciones. Lo quiere hacer público frente a los que han pretendido vincular “el acto de un hombre enfermo” con algún partido político concreto. De hecho OKDIARIO ha podido confirmar que esa conversación se mantuvo por escrito y existe constancia de la misma.

Las conclusiones que se sacaron tras la llegada de una carta con una navaja al despacho de la ministra de Reyes Maroto parece que fueron tan precipitadas como equivocadas. Donde la ministra vio una seria amenaza contra su vida que la hizo comparecer foto en mano ante la prensa para tranquilizar a su familia, la Policía y el juez no ha encontrado por el momento indicio de delito alguno.

Desde determinados sectores inmediatamente se asignó carácter político al acto de un enfermo mental: la navaja para Maroto era un mensaje «fascista». La primera en expresarse en esos términos sin tener más información fue la portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra.

“Ahora mismo lo que existe es una carta, con unos papeles con frases inconexas y una navaja manchada. Ni siquiera se le puede dar categoría de amenaza”, explica el entorno de Íñigo que sigue pendiente que de un momento a otro se archiven las diligencias en las que está inmiscuido.

La familia del autor del envío de la navaja a la ministra Maroto se ha manifestado y lo ha hecho a través de un mensaje enviado a determinadas instituciones y personalidades para agradecer su trato público hacia la vulnerabilidad de Íñigo. OKDIARIO ha tenido acceso a ese mensaje y ha podido verificar su veracidad y sorprenden los datos que acompañan al escrito.

“El motivo del presente escrito es agradecer su defensa de los enfermos de esquizofrenia, como es el caso de mi hermano Íñigo, tristemente presunto autor del envío de una carta con amenazas a la Sra. ministra Reyes Maroto”, explica el primer párrafo de la carta escrita por uno de los hermanos del hombre.

“Quien no se dé cuenta a estas alturas de que Íñigo es una persona enferma e inofensiva o no lo conoce o pretende mantener un relato que no se sostiene”. Su entorno abunda en esa idea y además revela un dato inquietante: puede que haya enviado más cartas escritas y no hayan sido detectadas.

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«¿Vox? Con quien no tengo nada que ver es con el ‘sanchismo’»

JOAQUÍN MANSO / JAIME RODRÍGUEZ MARTA BELVER MADRID en El Mundo, 390421

Isabel Díaz Ayuso considera que los partidos de la izquierda están tratando de «embarrar» el terreno electoral para «hablar de otras cosas» y «deslegitimar una victoria» que según todas las encuestas obtendrá holgadamente su partido, el PP, en los comicios del próximo 4 de mayo.

No obstante, la presidenta de la Comunidad de Madrid y aspirante a la reelección precisaría del apoyo de Vox para poder seguir al frente de la Puerta del Sol, lo que, asegura «no es el fin del mundo» porque ya recibió sus votos en 2019 para poder gobernar en coalición con Ciudadanos.

«Al final somos partidos distintos, pero nos hemos entendido en cuestiones fundamentales y así seguirá siendo. Con quien no tengo absolutamente nada que ver es con el sanchismo y de ahí hacia la izquierda extrema»,

afirmó ayer la dirigente regional en una entrevista en la redacción de EL MUNDO.

Ayuso reiteró que aspira a tener su «propio proyecto»

porque «cuando la cabeza, la boca y el corazón están en la misma dirección todo se ejecuta mucho mejor»,

además de reivindicar que tiene «a los mejores gestores», aunque añadió que «no se acaba la democracia por esto», en alusión a la posibilidad de que tenga que volver a depender de Vox. No obstante, marcó distancias con el partido de Santiago Abascal en cuestiones como las armas, el cierre de las autonomías y la salida de la Unión Europea y censuró que se incluya la inmigración y la seguridad en los debates de la campaña «cuando no son competencia autonómica».

«Para quienes las encuestas nos van bien lo que queremos es que esto acabe con el mismo tono de alegría con el que empezamos. Los malos perdedores están haciendo dos cosas: intentado embarrar esto para hablar de las cosas que no pasan y silenciar las que sí que están sucediendo y, sobre todo, para intentar deslegitimar después una victoria», dijo la presidenta madrileña sobre los partidos de izquierda, a los que acusó de ir diciendo que ella va a «gobernar con la ultraderecha» y de estar a «la farándula y las balas».

En contraposición con esta estrategia, Ayuso señaló que su lema ahora es «libertad» a secas, pero precisó que en la precampaña sí quiso «comparar dos modelos de sociedad» para evidenciar lo que «se puede cambiar en Madrid» si después del 4 de mayo no gobierna el centroderecha: «Yo defiendo el de la baja fiscalidad, en el que las familias eligen la educación que quieren para sus hijos, el sistema sanitario y dónde comprar y a qué hora y donde además se respete la cultura del esfuerzo, del mérito, la propiedad privada y la colaboración público-privada».

«¿Comunismo? No hay que irse a Venezuela, ya vienen los venezolanos solos a recordarnos cada día que ellos ya han perdido un país y que no quieren perder otro y que las políticas que se están poniendo en marcha desde la Moncloa y en aquellos sitios donde Podemos tiene la oportunidad de gobernar dividen, empobrecen, atacan la propiedad, fomentan la okupación y los ciudadanos sólo tienen como último recurso huir», apostilló.

Al ser preguntada por si comparte los calificativos que el presidente de su partido, Pablo Casado, dedicó a Vox para justificar el rechazo a la moción de censura de Abascal a Pedro Sánchez, partido al que calificó como «cainita» y «oportunista demagógico», Ayuso argumentó que ella tiene su «propio perfil». A lo que apostilló:

«Sería por mi parte profundamente desleal atacar de esa manera a un partido que me ha dado un gobierno junto con Ciudadanos, hemos gobernado los tres».

Según la baronesa popular, después en el Congreso se han producido esos «desencuentros», pero defendió que a ella le corresponde hablar de los proyectos que quiere para Madrid. «No sé por qué al final de esta campaña, cuando todo indica que voy a poder formar un gobierno, por qué no se me pregunta qué voy a hacer con la sanidad o la educación y todas las preguntas giren sobre qué voy a hacer con Vox si ni siquiera a lo mejor hace falta que miremos juntos hacia adelante», añadió apuntando a la posibilidad de lograr una mayoría absoluta que, sin embargo, no le pronostica ninguna encuesta.

Ayuso incidió en que «si hay algo extremo en este país ahora mismo es todo lo que representan aquellos partidos que cerrarían el [hospital] Zendal y que lo boicotean, que acabarían con la propiedad privada, que expulsan a las empresas y que hacen del terror una forma de mover la política». Y, en alusión directa a Podemos, agregó que

«en los territorios extremos hay otros muchos que son peores y que desde que están en las instituciones nada ha ido a mejor».

Otras comunidades gobernadas por el PP están reduciendo la presión fiscal, como usted ha prometido que hará si sigue gobernando en Madrid. ¿Se está exportando el modelo Ayuso?

A mí lo que me gustaría es que el resto de las comunidades autónomas siguieran bajando impuestos porque se ha demostrado que con los impuestos más bajos, que tienen que ser justos y progresivos (…), se recauda más y se mueve el empleo. Yo soy una delegada del Estado que quiere que le vaya bien a toda España.

En cambio, la candidata del PP se mostró en contra de «cronificar la cultura de la subvención» porque cree que «es una forma también de acabar con la libertad» y acaba con «el periodismo libre, el voto libre y el empleo libre». No obstante, justificó que las administraciones deben «garantizar los niveles de bienestar».

«Cuando no hay ley y no hay burocracia y no hay impuestos, hay ley de la selva. Cuando hay un exceso de leyes y de burocracia, hay una muerte al incentivo y, por eso, creo que las administraciones debemos tener un papel intermedio donde sin dirigir, sin tutelar, acompañemos y estemos precisamente para todos y especialmente para quienes más lo necesitan», afirmó Ayuso en EL MUNDO.

Además, según la presidenta madrileña, «nadie quiere toques de queda ni estados de alarma» el actualmente en vigor acaba el próximo 9 de mayo y reclama «una ley sensata que no restrinja derechos fundamentales». A su juicio, el Gobierno central está esperando a tomar «decisiones que considera impopulares» a que pasen las elecciones de Madrid porque «sólo trabaja con el poder de La Moncloa a través del CIS y del BOE».

«Una vez que esto pase nos van a obligar a tomar un camino, que probablemente sea el de aceptar otra vez un estado de alarma y volver a vendernos con su maquinaria activista que si no coges esto de esta manera es porque eres un peligro y un insensato. Si no hacen nada, yo me voy a ver en la siguiente situación: los ciudadanos van a poder hacer fiestas y reuniones en casa 20, 30, 100 personas y, sin embargo, la hostelería no voy a dejarla cerrada a las 11», expuso.

Por ello, aseguró que ella prefiere que si los ciudadanos se tienen que juntar lo hagan «al aire libre con las medidas sanitarias» y no en lugares donde no se le va a poder «recomendar a la gente que se cuide». Asimismo, respecto a la posibilidad de que entre público en los partidos de fútbol, apuntó que es la propia Liga la que ha decidido que «no es rentable abrir los estadios» con aforos reducidos.

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección aspira a gobernar en solitario, pero asegura que «no es el fin del mundo» que, como apuntan las encuestas, tenga que seguir dependiendo de Vox. Considera que la izquierda está «embarrando» la campaña para poder «deslegitimar» su victoria

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Uno de los sobres con balas, en la imagen del escáner.

Vox cuestiona el voto por correo

Correos ha retirado ya a 155 vigilantes por fallos, en la detección de elementos sospechosos.  «A cada vigilante le sale la hora de escáner por unos céntimos», denuncian los sindicatos

Esteban Urreiztieta en El Mundo, 300421

El jefe del Área de Seguridad de Correos, Javier Pumares, desveló a los representantes sindicales en la reunión mantenida el pasado miércoles que han actuado ya contra al menos 155 vigilantes por no detectar correctamente elementos sospechosos en los escáneres.

EL MUNDO ha tenido acceso en exclusiva al audio del encuentro, en el que este directivo del Servicio Postal admite a los delegados de UGT y CCOO, entre otros, que durante los últimos tiempos han tenido que «suspender temporalmente a más de 130 vigilantes» por no haber pasado las pruebas de seguridad que de manera aleatoria establece Correos en sus servicios, consistentes en introducir elementos sospechosos de manera aleatoria para comprobar la fiabilidad de los vigilantes.

Asimismo, precisó que han llegado incluso a «retirar a más de 25 vigilantes por no considerarlos aptos» al no prestar suficiente atención a las pantallas y no haber detectado elementos que debían haber sido interceptados para evitar que fueran canalizados a través de la red de Correos.

De esta manera, Pumares subrayó ante los representantes sindicales la «preocupación» del Servicio Postal en materia de seguridad, aunque reconoció que «la seguridad absoluta no existe».

Eso sí, admitió que se produjo un fallo humano al no detectar las cartas con balas de fusil enviadas a la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y al líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

«Esto no es una ciencia exacta», explicó. «Si el operador está despistado, de nada sirve el escáner», abundó. «Siempre digo que esto es como una radiografía, si no se tienen los conocimientos necesarios, no se sabe interpretarlo. El aparato da la información que da y nada nos garantiza que en un momento de despiste algo se nos pueda escapar».

En cuanto al caso concreto del vigilante que no detectó los últimos envíos con munición dirigidos a personalidades públicas, indicó que se han dirigido a la empresa de Seguridad que tienen subcontratada para pedir que «lo retiren del servicio» y que, a partir de ahí, adopten contra él las medidas que consideren oportunas. 

«Tampoco somos los más malos del mundo», se defendió Pumares, que pidió tener en cuenta que revisan «22 millones de envíos diarios». «Si nos ponemos exquisitos en el plano teórico, las rutas no salen y si las rutas no salen, Correos no cumple con su función. Y si Correos no cumple con su función, hacemos un flaco favor a esta casa», enfatizó.

De esta manera intentó «arrojar luz» sobre lo que ha ocurrido, a lo que los sindicatos le recriminaron que hubieran descargado toda la responsabilidad sobre el vigilante apartado porque, a su juicio, trabajan en condiciones precarias.

«A cada vigilante le sale la hora de escáner por unos céntimos», destacaron los sindicatos, que se quejan además de la falta de inversión en la logística postal.

Ante lo cual, Pumares incidió en que han puesto la contratación de los vigilantes en una empresa que cuenta con la autorización del Ministerio del Interior y que «más no han podido hacer».

Por su parte, CCOO y UGT han puesto de relieve que se han relajado los mecanismos de seguridad desde que en España no existe la amenaza de la banda terrorista ETA. En esta línea apuntan que, por ejemplo, los sobres de menos de 100 gramos ni siquiera se escanean, y que, en total, sólo se revisan el 4% de los envíos.

Pumares aludió a la existencia de una «guerra mediática» estos días y que, aunque estos episodios han dañado la imagen de Correos, no le inquietan desde el punto de vista de la seguridad. «A mí no me preocupa el envío de una bala porque no hay riesgo de que explote. Me preocupa más un aerosol en la bodega de un avión», apostilló.

El jefe de Seguridad lo reconoció a los sindicatos en una reunión

Acude a la Junta Electoral. Las recientes denuncias en redes sociales por presuntas irregularidades que afectarían al voto por correo para el 4-M han llevado a Vox a acudir a la Junta Electoral para reclamar que se esclarezcan y se garanticen los principios electorales.

Irregularidades. Tras la difusión de una irregularidad en la atribución del voto por correo a personas que no han ejercido tal derecho, Vox señala que «no parece que invocar un mero error informático» en dicha incidencia «pueda ser una justificación admisible».

Pide la intervención. Ante lo ocurrido, el partido de Abascal requiere a la Junta Electoral que intervenga y solicite la declaración del responsable director del Servicio de Correos.

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Hacia la refundación del vínculo atlántico
Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el texto

 

Hacia la refundación del vínculo atlántico

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, a juicio del autor, ofrece una oportunidad para dar un renovado impulso al vínculo atlántico y fortalecer los lazos que siguen uniendo a EEUU y la UE.

José María Aznar en El Mundo, 300421

EXISTE un vínculo inquebrantable entre Europa y Estados Unidos fundamentado en la historia y los valores y principios compartidos. Un vínculo que constituye los cimientos del orden internacional, basado en normas y en valores como la libertad, la democracia, el Estado de derecho, las sociedades abiertas y la cooperación, y que durante décadas ha procurado cotas de seguridad, prosperidad y éxito sin precedentes a ambos lados del Atlántico. 

La realidad europea de hoy, nacida de la derrota de los totalitarismos que destruyeron Europa en el siglo XX, solo se entiende en la construcción política y cultural que representa el ámbito atlántico. La reconstrucción económica, social y política de Europa tras la Segunda Guerra Mundial fue posible al amparo del paraguas de seguridad proporcionado por Estados Unidos, que fue el principal impulsor y valedor del proceso de integración comunitaria tras la segunda posguerra.

Hoy, Estados Unidos y Europa constituyen el mayor espacio democrático, de paz, de libertad y de prosperidad del mundo. Son la columna vertebral de la globalización y los principales impulsores de sus reglas, y mantienen las relaciones económicas más intensas del planeta. A nivel global, su poder económico es incontestable: juntas, ambas regiones representan el 50% del PIB mundial y el 30% del comercio global.

Las relaciones transatlánticas han estado marcadas por el distanciamiento y la desconfianza durante los últimos años, y la alianza económica y geopolítica forjada durante décadas entre Estados Unidos y Europa se ha deteriorado. La Administración Trump renunció a completar el gran tratado económico y comercial de Europa y Estados Unidos (TTIP) e hizo llegar la guerra comercial a la UE. Y, como colofón, la salida de Reino Unido de la Unión Europea supuso la pérdida de un baluarte de valores atlánticos de enorme valor.

Por su parte, antes, el carismático Barack Obama tampoco fue un presidente que sintiera ni preocupación ni interés por las relaciones con Europa. Dos presidencias consecutivas en Washington han descuidado las grietas que estaban abiertas en la relación transatlántica. Es hora de actuar. Cada día Estados Unidos y Europa tienen nuevos motivos para rehacer su alianza, unir esfuerzos y fortalecer su amistad. Europa tiene que ser proactiva.

Ni podemos seguir lamentándonos del desdén de Trump, ni Europa puede limitarse a comprobar cómo vienen los vientos de la Casa Blanca. Europa debe proponer, liderar y actuar ante una Administración como la del presidente Biden y un gran país como Estados Unidos, que debe recuperar su posición insustituible en la escena internacional. El debilitamiento del vínculo atlántico no se puede disociar de la creciente presión sobre el orden liberal internacional basado en reglas multilaterales, ni es ajena a los cambios en los equilibrios geopolíticos globales.

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca ofrece una oportunidad para dar un nuevo y renovado impulso al vínculo atlántico, y fortalecer los lazos que durante tanto tiempo nos han unido y nos siguen uniendo. Es el momento de establecer un nuevo diálogo estratégico sólido que dote a las relaciones atlánticas de nuevos propósitos y objetivos comunes.

Estados Unidos y la Unión Europea tienen la responsabilidad de conformar una nueva agenda común, fundamentada en valores y principios comunes, y en intereses compartidos. Una agenda en la que elementos como la tecnología y el hecho digital deben ser parte indispensable. La digitalización es una de las grandes contingencias del siglo XXI y la mayor revolución tecnológica de la historia de la humanidad.

Se trata de un proceso de cambio acelerado y sin precedentes que está imprimiendo profundas transformaciones en todas las esferas de nuestra vida social y económica. La forma en que nos comunicamos y nos relacionamos, el modo en que trabajamos y disfrutamos de nuestro tiempo ocioso están transformándose a marchas aceleradas, como también lo están haciendo los modelos de negocio y los equilibrios de mercado tradicionales. La crisis pandémica que nos afecta desde hace más de un año está acelerando aún más este proceso de cambio.

Cada vez más, el crecimiento y el potencial económico de los países está fuertemente vinculado a su capacidad de uso y aprovechamiento de las tecnologías digitales, y la dinámica real del mundo es que las regiones que controlan la tecnología eliminan a las demás del tablero de juego.

Bajo estas condiciones, la competición geopolítica por el desarrollo y el control de la tecnología se ha convertido en una realidad incontestable. El mundo se está configurando en bloques que se disputan el dominio tecnológico mundial como fuente de crecimiento económico y seguridad. A la guerra comercial en la que se enzarzaron China y Estados Unidos en el año 2008 subyace, en realidad, esta pugna por el dominio tecnológico mundial. Las consecuencias estratégicas de esta confrontación entre grandes potencias son de tal magnitud que ningún país del mundo escapa a ellas.

En la rivalidad, hay espacio para la cooperación. Estados Unidos y la Unión Europea se enfrentan a retos comunes en el frente tecnológico que tienen que ver con el desarrollo de las infraestructuras digitales de quinta generación o 5G, con la seguridad y la defensa nacional de los Estados y, sobre todo, con una China que goza de una posición cada vez más dominante en la fabricación y el uso de infraestructuras digitales y tecnologías punta como la Inteligencia Artificial.

Ambos lados del Atlántico deben ser capaces de superar sus diferencias en materias clave como la privacidad, la gobernanza de los datos y la fiscalidad de las grandes empresas digitales, y fijar una agenda tecnológica transatlántica que permita instrumentar respuestas conjuntas frente a desafíos comunes. Éstos van más allá de los intereses económicos y se adentran en el terreno de la seguridad nacional y de las prioridades estratégicas: la desinformación, la injerencia en los procesos democráticos y la protección de infraestructuras críticas frente a ciberataques son ámbitos de cooperación urgente y prioritaria.

LA COMISIÓN Europea propuso recientemente crear un Consejo de Comercio y Tecnología UE-Estados Unidos, que puede constituir la base de esa agenda común y de una alianza renovada. El mundo no volverá a ser como antes, y, más allá del plano tecnológico, la realidad pospandémica impondrá a Estados Unidos y la Unión Europea el deber y la responsabilidad de velar por la salud mundial, la preservación del entorno medioambiental y un comercio mundial abierto. Todo ello, sobre la base de un nuevo orden multilateral sólido, basado en normas y valores fuertes, y acorde a la realidad del siglo XXI.

Juntos, la Unión Europea y Estados Unidos son más fuertes, más seguros y más prósperos. Y hoy más que nunca tienen la responsabilidad de trabajar para resucitar una alianza atlántica que se constituye en la mejor garantía para la defensa de las sociedades democráticas, libres y abiertas frente a las amenazas autoritarias y desestabilizadoras que llegan de una China cada vez más potente económica y tecnológicamente. Perder de vista la importancia del vínculo atlántico sería un grave error que traería consigo consecuencias de alcance inimaginable.

José María Aznar es ex presidente del Gobierno.

Hacia la refundación del vínculo atlántico

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Cartel electoral de Díaz Ayuso.

Despepitadas, despepitados

Para los «infernales» la dignidad solo reside en su minoría. ¿De dónde sacarán esa superioridad moral de señoritos de izquierda?

Andrés Trapiello en El Mundo, 300421

LLEVA por título Ahora sí pero se recordará como el manifiesto de «los 26 infernales años», acaso uno de los más locos que hayan circulado por la capital desde Fernando VII (y mira que los ha habido). Lo han secundado «más de 2.000 escritores, actores, periodistas y sindicalistas» que piden el voto en las próximas elecciones autonómicas.

Como a algunos de los «infernales» los tengo por personas prudentes (quiero decir que, aun estando «totalmente de acuerdo», se negaron a firmar el manifiesto de Libres e Iguales que les pasé hace cuatro o cinco años en defensa de las libertades en Cataluña y contra el nacionalismo xenófobo, aduciendo estar hartos de firmar manifiestos que no sirven para nada), dada, digo, la calidad de esas personas, he leído con la mayor atención este que les ha sacado del escepticismo.

Empieza y termina muy bien, mintiendo, que es como desde André Breton han de empezar y cerrarse los manifiestos surrealistas. Lo hace con sendas frases, «y digo sendas» porque son inapelables, rotundas: «Las libertades están en juego» y «Nos jugamos la democracia y la libertad». ¿En serio?

Nadie lo diría viendo en Madrid estos días las terrazas llenas de gentes, incluidos en ellas los dos mil abajofirmantes (a menos que por solidaridad con la pandemia sean negacionistas, quiero decir que se nieguen a ir de bares, aunque una de las firmantes ha escrito que en los que entra y ve la foto de Isabel Díaz Ayuso junto a la pizarra de las tapas, se le cierra el estómago; la entiendo, me sucede a mí también con algunos artículos).

Como el tiempo pasa deprisa y la memoria es caprichosa, conviene fijar algunas frases. En la era de la posverdad las primeras palabras que se lleva el viento no son las que se dicen, sino las que dejamos escritas: «Esta vez sí es posible conseguir que la derecha, y la ultraderecha, salgan del poder en la Comunidad de Madrid después de 26 infernales años de atentados contra los derechos y la dignidad de la mayoría ciudadana».

¿Por donde empezamos? Por lo más divertido siempre, por el infierno, que diría Bergamín. Bastaron diez años de absolutismo fernandino para pasar a la historia como «la década ominosa», quiero decir que los «infernales» han echado la casa por la ventana con los adjetivos. Pero un cuarto de siglo es mucho tiempo, en él ha sucedido de todo. Por ejemplo, a alguno de esos firmantes la Comunidad de Madrid les concedió en su día sus premios más codiciados.

Es posible que cuando los recibieran no fueran conscientes, como Rimbaud, de vivir en el infierno. Todos cambiamos. Yo mismo voté durante 25 años al Psoe, y en ciertos aspectos aquel tiempo, de plomo, me parece el dorado paraíso comparado con este. Es legítimo, pues, cambiar, y no me cabe ninguna duda de que los aludidos, conscientes ahora de los hechos, devolverán las preseas que obtuvieron de una «organización criminal a la que sólo ha movido la corrupción, la chapuza y el odio» (así ve el ministro Marlaska al Pp).

Sí, como personas prudentes, razonables, sé que las devolverán un día de estos. Siquiera como brindis al sol, tal y como suele hacer el Vaticano flagelándose delante de Galileo, de Giordano Bruno o de cualquiera de los que quemó vivos mandándolos, a esos sí, directos al infierno, el único, el que está sólo entre nosotros.

Con todo, lo importante no son nuestras derivas o derrotas personales. Ni siquiera la retórica, la tentación de ponerse estupendos a lo Max Estrella. Quien esté libre de haber firmado un mal manifiesto o haber dejado de firmar otro bueno, que mande su primera esquizofrénica navaja por correo.

Lo que a uno le deja atónito es lo que sigue, lo de los 26 infernales años… «de atentados contra los derechos y la dignidad de la mayoría ciudadana».

No sé si odio, pero cuánto desprecio en esta frase. La derecha ha gobernado estos años, cierto, porque así lo quiso la mayoría ciudadana. Y no una vez, muchas, todas cuantas hemos sido convocados a las urnas. Democráticamente. Pero para los «infernales» la dignidad solo reside en su minoría. ¿De dónde sacarán esa superioridad moral de señoritos de izquierda?

Lo más chistoso de todo es que esos 26 años empezaron cuando terminaron los de Joaquín Leguina. Fue presidente de la Comunidad de Madrid, sigue siendo socialista y ha pedido el voto para el Pp de Ayuso. ¿Qué pensarán de eso las almas bellas? Produce escalofrío imaginar cómo habrían redactado el manifiesto si entonces ya hubieran salido a escena las desquiciadas balas.

Para serenar los ánimos, les ha brindado Leguina a los y las despepitadas la sencilla cuadratura del huevo (de Colón): si se trata de que la ultraderecha no gobierne en Madrid, bastará con votar a Ayuso. Este 4 de mayo. O después. Así de sencillo. Libertad y democracia. No están en juego y además se mejoran juntas. Que los del comunismo y el fascismo se los repartan como quieran. Y, amigos, amigas, lo dicho: una mala firma la echa cualquiera y un cambio a tiempo sienta bien.

Para los «infernales» la dignidad solo reside en su minoría. ¿De dónde sacarán esa superioridad moral de señoritos de izquierda?

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Pablo Iglesias, durante un mitin.

Cuando Iglesias toma la iniciativa

Mientras sea Iglesias quien lidere el debate político, los socialistas no podrán presentar un proyecto político autónomo y mayoritario

Nicolás Redondo Terreros en El Mundo, 300421

SIEMPRE he cumplido mis compromisos. Sigo siendo afiliado al PSOE y mientras lo sea haré honor a ese contrato moral, sin pedir vacaciones en mi afiliación, como pidió en su día un dirigente muy importante del socialismo español a Ramón Rubial para no votar a una candidata que (im)puso la FSM en la Comunidad de Madrid.

Tal vez porque no les importe a los dirigentes de mi partido, porque mis críticas no mellen la coraza sentimental de grupo o porque respeten la pluralidad, he venido expresando sin grandes contratiempos mis posiciones políticas. La política sana impone la condición de ciudadano sobre la de afiliado. Los españoles, sin embargo, hemos solido confundir ciudadanía y militancia, nación y tribu, partido y patria, intereses generales y objetivos partidarios; así hemos terminado viendo en el adversario un enemigo.

Así seguiré, a pesar de malentendidos y maledicencias. Las amenazas, en forma de bala enviada por correo al candidato de Podemos y a varios miembros del Gobierno, merecen toda mi repulsa, sin esperar a la investigación posterior. Tal vez influido por mi experiencia personal en el País Vasco la reacción es instintiva, más poderosa si la persona que recibe la amenaza es un adversario. Ahora bien, una vez establecidas la condena y la solidaridad, nos encontramos ante la disyuntiva de cómo enfrentar la amenaza, con más urgencia cuando ésta aparece en campaña electoral, periodo de estrés social y de emociones fuertes.

Después de la publicación de la amenaza y el altercado en la cadena Ser, el discurso desde la izquierda extrema se ha basado en una gran mentira: estamos ante una escalada fascista que el pueblo de Madrid debe parar. Nos hace recordar el no pasarán de otras épocas, de connotaciones épicas para nostálgicos, pero también representativa de nuestra más lamentable historia.

Esa estrategia condena, por lo menos, a la mitad de Madrid, al fascismo. Una amenaza personal la convierten en colectiva, destruyen los puentes entre diferentes y dinamitan la concordia mínima que necesitan todas democracias fuertes. Nos devuelven al guerracivilismo político, con el objetivo de remover las peores pasiones, las más inciviles, creando una realidad inexistente.

Buscan que olvidemos la falta de legitimidad ética de Iglesias con todo lo que tiene que ver con la limitación de la libertad de expresión y con el terrorismo. Iglesias nunca condenó inequívocamente el terrorismo de ETA.

Mientras quemaban Casas del Pueblo y los concejales del PP tenían que llevar escoltas, él mitineaba en los locales desde los que organizaban los atentados a los socialistas y las amenazas a los concejales del PP. Desde luego, hoy tiene mi solidaridad por suerte, ni mis abuelos se parecían a los suyos, ni mi padre a su progenitor, ni yo a él, pero no creeré nunca, mientras no demuestre lo contrario, en sus proclamas contra las limitaciones a la libertad de expresión. Solo le conmueven las que le afectan personalmente.

Me opondré a su cínica demagogia porque busca nuestra ruina, la de los socialistas y la del sistema del 78, por ese orden. Mientras sea Iglesias quien lidere el debate político, los socialistas no podrán presentar un proyecto político autónomo y mayoritario. Y lo que es más grave, la democracia del 78 estará amenazada por la entente de Podemos con partidos como Bildu y ERC.

Estoy en contra de todas las políticas extremas. Todas me parecen amenazantes y no distingo entre los que me quieren sepultar en la tumba del Cid y los que me quieren encuadrar en milicias antifascistas. A mí me repugnan los matones de taberna, lleven coleta o un yelmo. Algunos proponen un pacto para boicotear a Vox, yo propongo un acuerdo entre PSOE y PP para evitar la nociva influencia de los extremos.

Más en España, dominada siempre por fuertes sentimientos de exclusión. Para el recuerdo quedan las palabras de De Gaulle cuando se negó a visitar el Alcázar: «Las guerras civiles son las peores porque la paz no nace cuando terminan».

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Ángel Gabilondo, candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid.

«Criatura ministerial»

El autor es crítico con el candidato del PSOE a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Expone que la imagen de seriedad de Ángel Gabilondo resulta ser una pose bajo la que esconde un bidón de gasolina

Rogelio Alonso en El Mundo, 300421

«LA TELEVISIÓN pública», repite Xabier Fortes en La Noche en 24 horas de TVE. El periodista utiliza el sintagma televisión pública para blindarse de la manipulación a la que tanto recurre. Obligada es la crítica al hacerlo en la televisión que debe estar al servicio del ciudadano y no del Gobierno. Recientemente oponía «apoyos y detractores» de Ayuso con una valoración negativa de los primeros y positiva de los segundos:

«Entre los primeros, los históricos socialistas Joaquín Leguina y Nicolás Redondo, pero que ya hace tiempo que han evolucionado a posiciones más conservadoras»

. La adversativa encuadraba peyorativamente a dos respetados socialistas tras recibir estos a la presidenta de la Comunidad de Madrid en la Fundación de la que Redondo es presidente y Leguina patrono. Después, cien curas que rechazaban el voto al PP y Vox recibían una exagerada representatividad y el aprecio de Fortes.

Antonio Papell complementó el ejercicio de periodismo servil, que sirve al Gobierno pero además descalifica al disidente. No solo identificó los valores cristianos con una única ideología, «la izquierda». Añadió: «En cuanto a Leguina y Redondo, no merece la pena comentar, es gente que ha perdido el norte. Me irrita escucharles. Tienen un profundo resentimiento personal».

El periodista se mostraba como un excelente modelo negativo de quienes en una democracia deben exponerse a distintos puntos de vista para evitar el sectarismo. La conversión del adversario político en enemigo, el desprecio que linda con el odio, es precisamente consecuencia de actitudes como las que Papell exhibía con orgullo propio de ignorantes. Esther Palomera intentó desacreditar personalmente a los dos socialistas críticos con Pedro Sánchez.

Eludió los motivos objetivos de fundadas críticas como las de Redondo al denunciar que las «nobles y veteranas siglas del PSOE» firmen pactos «con partidos que hace bien poco dieron un golpe de estado o no han denunciado el terrorismo etarra». Redondo también ha criticado que el PSOE sea «rehén» de partidos de izquierda radical y que «así no se puede gobernar un país».

Redondo y Leguina representan una moderación que Ángel Gabilondo reivindica pero a la que ha renunciado. Las coherentes críticas de Redondo y Leguina al PSOE exponen la cobardía de Gabilondo, inmerecidamente ensalzado por muchos comentaristas como víctima de Sánchez mientras rehúye denunciar la alarmante degradación de su partido y de su jefe. De ahí la denigración ad hominem de Redondo y Leguina para así ignorar los sólidos argumentos con los que desnudan el extremismo del candidato socialista.

Gabilondo estira la icónica «foto de Colón» para etiquetar a sus tres adversarios como ultraderecha sin matiz alguno. Lo hace ignorando que fue el propio Felipe González quien denunció la «degradación institucional» de la mesa de partidos al margen del Parlamento de Cataluña propuesta por Sánchez y que fue la que motivó la legítima protesta de Colón. Schopenhauer describía como «criaturas ministeriales» a los profesores más dedicados a justificar al Gobierno que a la honradez intelectual.

La honradez intelectual la encarnan socialistas como Nicolás Redondo o José María Múgica, que abandonó el PSOE asqueado por la complicidad del partido de su padre, asesinado por ETA, con los asesinos a los que Sánchez ha legitimado políticamente. El acuerdo firmado por PSOE y Bildu en defensa de los derechos humanos es solo una muestra. La honradez intelectual la personifica Fernando Savater, que en un artículo titulado Convencido ha escrito en El País: «Nunca he votado al PP y me cuesta, pero esta vez será Díaz Ayuso».

Gabilondo, suave en las formas, burdo en los contenidos, se afana en «la manipulación masiva de los hechos y las opiniones» que denunció Arendt. Agita el miedo, excita emociones e inventa un enemigo: «El fascismo». Así construye la «exclusión moral» sobre la que advierte Opotow de quienes defienden una ideología diferente a la suya. Desde una radicalidad antagónica con esa seriedad y formalidad que reivindica, lidera la peligrosa exigencia de un «cordón sanitario» para Vox.

Son perniciosas las implicaciones de esa insultante exclusión de un partido radical pero democrático. Gabilondo carece además de legitimidad para escenificar esa aparente superioridad mientras ignora desde hace tiempo la justificación implícita y explícita de la violencia por parte de los socios del PSOE: Podemos, Bildu y el independentismo catalán. La polarizadora estrategia de Gabilondo es perversa y nociva.

No solo victimiza y rehabilita a quienes desde la izquierda justifican y rentabilizan la violencia política. También alimenta el victimismo de Vox permitiéndole amortizar el coste de la manipulación y la agitación a las que constantemente recurre este partido, tan útiles para cohesionar a la izquierda radical. Algunos ejemplos: el estigmatizador y maniqueo cartel de los menas, sus frecuentes falsedades sobre inmigración, o la demanda contra una asociación de víctimas del terrorismo por citar a Vox en un artículo sobre extrema derecha europea que lógicamente fue sobreseída por la juez.

La manipulación y el victimismo son los ejes con los que tanto Gabilondo como Vox intentan movilizar al electorado. Ambos manipulan nobles valores y sentimientos como la democracia y el patriotismo confundiéndolos deliberadamente con su interés partidista. A diferencia de ciudadanos de izquierdas como Savater, Redondo, Múgica y Leguina, el candidato del PSOE antepone la lealtad a la tribu a la lealtad a la democracia.

Esta última, parafraseando a Schmitt, exige definir como «amigo», no como «enemigo», a un partido plenamente democrático como el PP en lugar de confeccionarle injustas máscaras de extrema derecha. Por ello la imagen de seriedad de Gabilondo resulta ser una pose bajo la que esconde un bidón de gasolina.

Rogelio Alonso es catedrático de Ciencia Política. Su último libro es La derrota del vencedor (Alianza).

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. Entrevista de Fausto ClimentFortfast WTF‘ a Pablo Iglesias, 070421.

No comparen, no jodan

Santiago González en su blog, 300421

Mar Espinar es concejal socialista en el Ayuntamiento de Madrid. Sostiene la idea de que Bildu es mejor que Vox. ¿La razón? La exponía en un pleno municipal: “Es importante que tengan claro que Bildu hace el recorrido contrario (al de Vox). Vienen del terror pero han entendido que hay que aceptar las reglas del juego. Vox, con los que (el alcalde) ve más legítimo pactar, va en dirección contraria, rechaza las reglas del juego y ofrece terror”.

Esta pobre chica, ¿repetiría su miserable argumento a los hijos de Fernando Múgica, a la madre y los hermanos de Joseba Pagaza, a los hijos de Froilán Elespe, a los familiares de Buesa o a las hijas de Isaías Carrasco? Ninguno de estos asesinatos fue condenado, criticado o rechazado por esos que “han entendido que hay que aceptar las reglas del juego”. Ninguno. Podría haber comparado el camino seguido por Carrillo desde su responsabilidad en los asesinatos de Paracuellos del Jarama hasta su entrega a la transición, con los de sus epígonos de ahora mismo, que al atacar el mitin de Vox en Vallecas gritaban: “¡a por ellos, como en Paracuellos!”

El alcalde Martínez Almeida no estaba de acuerdo: “Vox me parece muchísimo mejor que Bildu. Soy alcalde con un programa de Gobierno con Vox, y no ha pasado nada. Esto no es fascismo o democracia, sino ‘sanchismo’ o libertad”. Aquí se ve que el alcalde de Madrid debería observar la regla de prudencia que acuñó Mark Twain: “nunca discutas con un idiota. (O con una idiota, por supuesto). Te arrastrará a su terreno y ahí te ganará por experiencia.

Traten de leer este par de frases del alcalde a pelo, sin el pretexto de la Espinar. Podría parecer un memo él mismo, solo por la comparanza. Y sin embargo, esa comparación entre lo que presumiblemente son los dos extremos de nuestro abanico ideológico es una actitud recurrente en la que cada vez están empeñados un número mayor de nuestros conciudadanos.

He leído en personas a las que quiero y aprecio intelectualmente un dejarse deslizar  por la pendiente de los lugares comunes en una equiparación a mi modo de ver inadecuada entre los dos extremos, que “se necesitan y se alimentan mutuamente”, para preguntarse en algún caso “cual de los extremos es el mal menor”. También he leído que “la sociedad no se divide entre buenos y malos”. Sin haber incurrido nunca en el maniqueísmo, siempre me pareció una falacia el “in medio virtus”, creo que de Aristóteles.

Entre los humanos el bien puro no se da, pero el mal sí. Los hay que mienten a veces y quienes mienten siempre. Por eso es una duda improcedente la de preguntarse quién encarna el mal menor, si Vox o Podemos o si ambos se necesitan y se alimentan mutuamente. La equidistancia es falsa. La izquierda política y un número cada vez mayor de periodistas llaman a Vox “la extrema derecha” sin que ninguno de ellos tilde a Podemos de “la extrema izquierda”. Es preciso señalar, por otra parte, que la extrema derecha es una ubicación mudable. Durante el zapaterismo se le adjudicó al PP, sin que el PP entonces, ni Vox ahora, en el sanchismo, se hayan colocado nunca extramuros del sistema.

Hay quien compara a dos matones de taberna, uno con morrión y otro con coleta. Vox es un partido constitucional que jamás ha rechazado la Constitución en bloque como Pablo Iglesias (el candado del 78). Yo conocí a Santiago Abascal cuando iba a sus clases de Sociología en la Universidad de Deusto acompañado por dos escoltas. A Iglesias más tarde, cuando manifestaba simpatías por quienes lo querían matar.

No se puede equiparar a José Antonio Ortega Lara, 532 días secuestrado por la banda con su secuestrador, Josu Uribeetxebarria Bolinaga, que también fue el asesino de los guardias Mario Leal Vaquero, Pedro Galnares y Antonio López. Podemos no equidista, reconoce a Bolinaga como uno de los suyos a la hora de su muerte: “Lamentamos el fallecimiento de Jesús Mª (Uribeetxebarria) Bolinaga, luchador incansable por la liberación del pueblo vasco. Agur, gudari”.

Poco más hay que decir, pero son muchos los colegas que creen restablecer la justicia colocándose en el justo término medio entre Ortega y su secuestrador, entre el partido del primero y la banda del segundo, entre el asesino y su víctima, la bala y la nuca. ¿Cómo extrañarse de que alguien como Iglesias, que nunca condenó a los terroristas, monte un pollo considerable por las balas en un sobre y sea tan indiferente a las que fueron disparadas contra cualquiera de las más de 800 víctimas del terrorismo etarra?¿cómo iba a hacerlo si tenía a un terrorista, variedad FRAP, en el árbol genealógico y se sentía orgulloso de la herencia?

Aunque es justo reconocer que su indignación era falsa, como casi todo en él. “¿A ti te han amenazado?” le preguntaba su entrevistador a Pablo Iglesias hace dos años. “Sí, pero no me gusta hablar de eso por dos razones: si hablas de las amenazas que recibes estás engrandeciendo al que amenaza.

El que amenaza normalmente es un mierda al que no hay que dar importancia. Y luego está el toque victimista de ‘ay, me han amenazado’. Mira, hay gente a la que han amenazado y lo ha pasado muy mal. Yo voy con escolta […] no tengo derecho a quejarme ni a lloriquear: ¡ay, cuantas amenazas recibo!”.

No es lo mismo Vox que Podemos y los periodistas decentes harían bien en no comprar la mercancía intelectualmente averiada de Pablo Iglesias: él miente casi siempre. Desde el famoso debate electoral he discutido con mi querida Rebeca Argudo sobre la conveniencia del varapalo que le propinó Rocío Monasterio.

En un principio yo albergué dudas, pero según pasan los días cada vez parece más claro que fue para él una derrota en toda regla. Y si todavía hay mucha gente que cree que Pablo y Rocío son los dos del mismo material (con que se hacen los sueños, dijo Shakespeare) les conviene seguir el consejo de Mark Twain, principio y fin de este artículo: “Cada vez que te encuentras del lado de la mayoría es hora de hacer una pausa y reflexionar”.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Entrevista de F.J. Losantos a Isabel Ayuso. 300421.

. Entrevista de Juan Ángel Soto [Fundación Civismo] a Cayetana Álvarez de Toledo. 270421.

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Humor

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Ilustración de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para
El Mundo, 300421

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De la nueva moralina europeísta

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La ministra Reyes Maroto muestra una fotografía de la navaja ensangrentada que ha recibido dentro de un sobre.
La ministra Reyes Maroto muestra una fotografía de la navaja ensangrentada que ha recibido dentro de un sobre.Luca PiergiovanniEFE

Una sana violencia

La sorpresa ante el estado de ‘Pedro Navaja’ está vinculada con otra severa patología de la política, que es el prestigio de la violencia

Arcadi Espada en El Mundo, 290421

LA REACCIÓN de sorpresa general ante la noticia de que un enfermo de esquizofrenia había enviado una navaja ensangrentada a la ministra Reyes Maroto ha sido en verdad sorprendente. Al parecer se presume que las personas que usan de este modo el servicio de Correos son personas sanas, aliñadas con una pizca de odio. Entre los presumidos debe de estar la propia Maroto.

Cualquier interesado puede echar un vistazo a la intervención de esta mujer cuando convocó a los medios para denunciar el envío: no hay un testimonio más veraz, dramático y hasta digno de lástima de la psicopatología de la vida cotidiana española.

Y del carácter de fake que ha adquirido aquí la representación política. Son también llamativas las reacciones en cadena del periodismo: el retrasado que trazó el árbol genealógico del esquizofrénico para tratar de equilibrar con su poquito de nurture el dictado de nature solo es la convulsión más violenta de la epilepsia del oficio.

Si la política necesita con insoportable urgencia un manual de estilo solo es porque el periodismo ha dejado de saber lo que es una noticia. Como noticia ya es «cualquier cosa que un político quiere publicar», lo adecuado es que las noticias las escriban los políticos, y de la manera más instruida posible.

La sorpresa general ante el estado clínico de Pedro Navaja así, odontológicamente, ocultaremos su personalidad está vinculada con otra severa patología de la política, que es el prestigio de la violencia. En España, por muchos y desgraciados años, los terroristas fueron la crema de la intelectualidad. Garrulos siniestros y el rastro lleva hasta Otegi, aquel que aconsejaba a los niños pisar boñigas de vaca en vez de navegar por internet pasaban por estrategas de leyenda en boca del mainstream tercerista.

Nunca olvidaré las aparatosas elaboraciones con que trataban de explicar el asesinato de Ernest Lluch: hasta que un miserable borrego etarra declaró que lo eligieron ¡por ser ministro cuando el GAL!

La asociación de la enfermedad mental a determinadas conductas políticas suele despreciarse porque debilita el prestigio de los relatos ideológicos. No solo los verdugos, sino también las víctimas, desprecian esta asociación, porque creen que exculpa a los verdugos y contribuye a su impunidad.

Aunque los estudios sobre la patología de la violencia política van abriéndose paso lentamente (vidTerrorism, Violent Radicalisation and Mental Health, Oxford University Press, 2021), uno de los principales obstáculos prácticos con que se encuentran es el desinterés de asesinos y víctimas.

Unos quieren asegurarse de que mataron por algo y otros de que murieron por algo. Es humanísimo que con matar y morir ni unos ni otros tengan suficiente.

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La ministra Reyes Maroto recibe un sobre con una navaja ensangrentada

Las fuerzas de la naturaleza

La fuerza arrolladora del activismo de izquierdas es el fenómeno, verdaderamente fascinante, de este tiempo y este país.

Rafa Latorre en El Mundo, 290421

 

EN UNA playa aparentemente tranquila la marea se retira de súbito y alguien que está en la orilla se queda absorto mirando unas conchitas que han quedado en la arena a sus pies. No ve que en el horizonte se está levantando el enorme talud de un tsunami.

Un ciudadano aquejado de problemas mentales lleva 25 años enviando cartas amenazadoras y perfectamente ignoradas hasta que un día, a una semana de que los madrileños acudan a la urnas, se transforma en la encarnación de un nazismo endémico que amenaza a la democracia.

Seguimos absortos, preguntándonos cómo una navaja emparedada en unos CD puede burlar dos escáneres y el fenómeno, verdaderamente fascinante, es otro. Si alzas la vista puedes apreciar cómo se levanta el descomunal talud de voces disciplinadas que, en unas horas, arrasa la conversación pública y crea una atmósfera de emergencia civil en un país que atravesó con discreción monacal décadas de violencia política.

Esa fuerza arrolladora del activismo de izquierdas es el fenómeno, verdaderamente fascinante, de este tiempo y este país. La operación ha fracasado, ¿pero acaso no fue una demostración de poderío? Y aun falta el prodigio final. En un alarde de virtuosismo, cuando el desquiciado grafómano es identificado y se revela que la tragedia es farsa, el tema de la conversación vira a la estigmatización de la enfermedad mental.

Bien, concede el activista, no jaleará usted a los nazis pero demuestra muy poca sensibilidad con quienes sufren un trastorno psiquiátrico. Aquellos medios que eran tachados de colaboracionistas por no fingirse en la República de Weimar pasan a ser difamadores de la perífrasis es obligatoria las personas que padecen una enfermedad mental.

El griterio se interrumpe de forma abrupta en cuanto los Mossos d’Esquadra interceptan una misiva en la que van dos balas para Isabel Díaz Ayuso, que digo yo que qué manía tan paradójica tienen estos amenazantes de enviar munición al amenazado. El mar como un plato.

No se habla más de los discursos de odio ni del germen del magnicidio, cesa la diagnosis psiquiátrica y el suceso se enmarca en el spleen de los días. Sigamos con lo que estábamos, que la vida no se detiene a esperarnos. Atrás quedarán las balas y las pesquisas para encontrar a los malhechores.

No es la primera vez que se levanta, de inmediato y en el instante preciso, una ola imponente como esta y vamos a reconocer que es tan fascinante que hipnotiza.

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El debate sobre el lenguaje inclusivo llegó a la UBA | by UBA Noticias | Medium

“Impuestos e impuestas”, el sonoro patinazo de Yolanda Díaz por usar el lenguaje inclusivo en ‘Al Rojo Vivo’

Santiago González en El Mundo, 290421

Mamen Mendizábal, musa de La Sexta: Ni con balas, ni con cuchillos ensangrentados os vais a cargar la democracia. Somos muchos más en el lado de las ideas. En el lado de las ideas, dice. ¡Virgen Santa!

Xavier Pericay se hacía eco de unas declaraciones de Reyes Maroto, ábaco portentoso que contabiliza 500 millones de hogares en Madrid en riesgo de exclusión:

“Hoy todos los demócratas estamos amenazados de muerte si no paramos a Vox en las urnas. Esto significa que van en serio, que nadie se está inventando nada”.

Pericay dice que ya puestos habría que preguntarse por la capacidad de juicio de la ministra. Yo apuntaba en mi columna que entre el esquizo remitente y la ministra de la navajita pintada podría haber cierta afinidad intelectual.

Un anónimo exponía en Twitter:

“Esto de las amenazas es inaceptable, acaban de mandar a Adriana Lastra un libro de bachillerato. No sé dónde acabará esto”.

El Capitán Bitcoin colgaba un video de Yolanda Díaz, en el que dice:

“ 23.000 millones de euros que han recibido de los impuestos y las impuestas de todos y de todas…”

Por. favor, qué gente más analfabeta y ridícula. Yo quiero pensar que no nos merecemos esto”. Pues no sé qué decirle amigo Bitcoin.

John Bohórquez reproducía una cita escéptica de Darwin:

“La progresiva degeneración de la especie humana se percibe claramente en que cada vez nos engañan personas con menos talento”

… y al vino, vino contó en mi blog:

No sé qué es más meritorio, si la labor de investigación y de buscar en la basura ajena del plumilla de Público, o el arte de titular de LIBERTAD DIGITAL:

“Público denuncia que un tío del esquizofrénico está casado con una prima del padre de Iván Espinosa de los Monteros”.

Parmenio en el mismo medio:

Las normas de enfrentamiento establecen que las amenazas deben ser condenadas con firmeza y de manera individualizada, continua e inequívoca. Las agresiones reales no. Las agresiones, por ser de Padrón, unas se condenan y otras non.

Ayer se difundió una frase de Mónica López, también llamada la Isóbara, en la que decía: “Sigo sin entender por qué los madrileños siguen votando a Ayuso”. Según demostró Kantarepe en mi blog esa frase está descontextualizada, o sea manipulada.

Lo demostró con un video de cuatro minutos en el que se ve la secuencia entera. En ella, la entrevistadora recoge afirmaciones previas de la entrevistada contra Ayuso. Y el sentido de su intervención es: (si las cosas son como usted dice) sigo sin entender que los madrileños sigan votando a Ayuso y que vaya a doblar su representación parlamentaria).

Daniel Lacalle reproduce un video en el que preguntan a Pablo Iglesias: ¿Comunismo o libertad? Se lo preguntaba en la SER Quique Peinado, el figura que perreaba con Mónica García, que es médica y madre, no sé si sabías.

Pablo vacila un poco, el periodista le emplaza y él responde: “Comunismo, ¡qué cojones!”

David Mejía hacía una observación más que razonable en Twitter: “Me hace gracia la expresión ‘parar el fascismo en las urnas’. Si pierde y respeta el resultado, entonces no era fascismo”.

La campaña de atentados por correo ha adquirido velocidad de crucero. No son lasbalas contra Ayuso. Lo anunciaba el Capitán: Iván Redondo acaba de recibir un sobre con un peine.

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RAÚL ARIAS
Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

 

Colón, Sol, Moncloa

Arrasar en unas elecciones autonómicas no necesariamente pone al PP en el camino de ganar unas generales.

Miguel Ángel Quintanilla en El Mundo, 290421

EL 10 DE marzo de 2007 se celebró en la Plaza de Colón de Madrid una manifestación memorable. Convocadas por el Partido Popular bajo un lema cuya primera frase era Por la libertad, cientos de miles de personas inundaron las calles en una concentración que decía un claro ¡basta ya! a las negociaciones del Gobierno de Zapatero con ETA. Muchos de quienes estuvimos aquel día en Colón lo sentimos como un acontecimiento político emocionante, también como un acto de gran capacidad movilizadora, un cambio de paso en una legislatura nacional a dos meses de que se celebraran las elecciones municipales y autonómicas.

A aquella foto de Colón de marzo de 2007 siguió en mayo el mejor resultado que el PP ha tenido en la Comunidad de Madrid hasta hoy: más del 53% del voto, 20 puntos de diferencia sobre el PSOE, una clara mayoría absoluta para seguir en Sol por la que los medios dijeron unánimemente que el PP había arrasado en Madrid. Y no fue solo Madrid, también Valencia, por ejemplo, y la victoria en las municipales. Sin duda, una gran noche electoral para el PP, que parecía encarar con ventaja las elecciones generales previstas para el año siguiente.

Sin embargo, en mayo hubo también resultados inquietantes: en Navarra, en Baleares, o en Cataluña, por ejemplo, y de inmediato las encuestas nacionales empezaron a mostrar novedades. Precisamente desde la primavera de 2007, desde aquel Colón, el PSOE volvió a superar al PP en intención de voto y recuperó una ventaja de un par de puntos que había perdido claramente unos meses antes.

Exactamente un año después de la gran manifestación de Colón, la madrugada del 10 de marzo de 2008, Zapatero celebraba una nueva victoria nacional para seguir en La Moncloa, impulsado especialmente por un resultado extraordinario en Cataluña, aunque no solo allí: 25 escaños, 17 de ventaja del PSC sobre el PPC, uno más que la diferencia general. En Madrid, el PP alcanzaba casi el 50% del voto; en Valencia, el 51,5; en Murcia, el 61… pero insuficiente para compensar el resto.

El vaciamiento de lo nacional operado por Zapatero iba mucho más allá de la negociación con ETA, había cambiado la política española. Esa negociación expresaba un cambio profundo en la concepción de España y en el catálogo de votos y alianzas que el nuevo PSOE estaba dispuesto a alentar, legitimar y solicitar.

Y, para sorpresa de muchos, una buena parte de la sociedad española pareció digerir todo eso, agenda moral incluida, con gran naturalidad. La política española cambió, se podía ganar sin discurso nacional, incluso con un discurso explícito de deslegitimación del sistema y de sospecha sobre la Nación; y es en ese escenario disolvente, centrífugo y entrópico donde vivimos desde entonces.

Señalar que lo que Zapatero hacía era un escándalo, que lo era, no fue suficiente en la suma final frente al empuje del desafío político que entonces se puso en marcha en ausencia de una propuesta concreta que trascendiera la defensa fuerte del statu quo. No es verdad que lo que el socialismo denominó estrategia de la crispación fuera percibida como tal por el votante moderado, pero tampoco hubo una abrumadora ola electoral dispuesta a defender sin matices el sistema, claramente desafiado.

Tampoco la ha habido después en momentos críticos para la Nación. La persuasión del radicalismo existe como tarea y como resultado, y no se pudo, ni se puede, contrarrestar sin persuasión por parte del moderantismo. No fue, ni es, una mera cuestión de movilización del constitucionalismo, hay también un problema de fatiga del constitucionalismo, en parte natural y en parte inducida, en mucho consecuencia de la falta de atención, evidente en Cataluña y en el País Vasco, pero también en otros lugares.

El problema para el PP en 2008 no fue lo que hizo, sino que la forma de hacer lo que hizo era muy útil para movilizar a los ya convencidos pero carecía de capacidad de persuasión suficiente entre el resto. Y el fondo de lo que hizo después de esas elecciones en el Congreso de Valencia concedió a la izquierda una ventaja estratégica perdurable de la que sigue gozando hoy: una base electoral de centroderecha rota y un socialismo débil pero capaz de obtener o bien los votos o bien los escaños de todo lo que antes de Zapatero era marginal o irrelevante.

En las elecciones de 2008, el PP supo volver a unir todo lo que estaba a la derecha de la izquierda a pulmón, sin crisis económica, pero Zapatero supo unir casi todo lo que estaba a la izquierda de la derecha precisamente contra ese PP. Sánchez lo hizo de nuevo en la moción de censura y lo hizo en su investidura. Y pudo hacerlo como lo hizo porque la derecha ha dejado de querer estar unida y de esforzarse para estarlo, quizás una variante más de la fatiga del constitucionalismo, que es renuncia, sacrificio y consenso.

La ruptura voluntaria del espacio electoral incoada en el Congreso de Valencia y en latencia por la crisis hasta 2012, ha permitido al socialismo sobrevivir de manera precaria pero con un rendimiento suficiente aunque con altísimo coste para España. El PSOE se ha especializado en completar mayorías con otros cuyo móvil más visible es lograr que no las forme el PP, y por eso cultivar el conflicto frontal con el PP le es necesario y lo agradece cuando este se lo facilita.

Arrasar en unas elecciones autonómicas, especialmente aisladas, no necesariamente pone al PP en el camino de ganar unas generales: en 2007 arrasó no en uno sino en muchos sitios, y en 2008 perdió. Probablemente, la enseñanza es que desde 2007, desde que jugamos al juego que impuso Zapatero, el camino del PP hasta La Moncloa no puede trazarse a partir de proyectos autonómicos o locales por fuertes que estos sean, porque son demasiado distintos en contenidos, actitudes, perfiles y estilos políticos como para poder evitar la amenaza constante de la incoherencia, de la sumisión de lo nacional a lo autonómico, o simplemente del rechazo en otros territorios.

Se necesita el desarrollo nítido y propio por parte de la dirección nacional de un perfil claro y específico que sea no tanto reflejo como proyecto de España, deseable por la mayoría de los electores en la mayoría de los sitios. Y en esa tarea, que es específica e indeclinablemente la suya, esa dirección necesita respeto, comprensión y respaldo. Quien promueve un modelo autonómico, el que sea, como camino del PP hacia La Moncloa, no comprende la complejidad de España.

ESPAÑA incluye a todas las Comunidades pero no puede identificarse con ninguna, ni siquiera con la suma de todas ellas; es más que eso y está por encima de eso, y carece de sentido juzgar un liderazgo nacional por comparación con el de quienes en ningún caso son comparables.

La idea nacional del PP debe mantener símbolos y retóricas, pero necesita también de urgente complemento y renovación, especialmente desde que el clima político ha impuesto sobre ella un tono más arcaico y menos cívico, más nostálgico y menos proyectivo.

Seguramente hay que hablar más de España como patria de los hijos, de reformas, cuentas públicas pendientes de ordenar, compromiso, sacrificio, empresa de exigencia y responsabilidad, cuidado mutuo, concreciones de la libertad y realidades de la igualdad. De una España europea, por supuesto. España no es ni esclavitud ni obligación, sino oportunidad y tarea común proyectada hacia el futuro en un mundo que no se vota sino que está ahí: la realidad no se vota, se vota a quien debe instalarnos con éxito dentro de ella.

Y, por supuesto, tenemos historia, igual que tenemos esqueleto, pero lo que figura en nuestro DNI es nuestra foto reciente, no nuestra radiografía de cráneo, que, sin embargo, está ahí aunque no se vea. Convertir la historia en el exoesqueleto de la vida social como pretende el populismo, como hace el nacionalismo, no es una buena idea para ganar en capacidad de persuasión dentro de la sociedad española que realmente existe hoy, que como todas se orienta hacia el futuro, y que acudirá a las urnas, entera, quizá en un año o quizá algo después.

Miguel Ángel Quintanilla es politólogo.

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Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)

El caso Marlaska

La gestión por Interior de las amenazas durante la campaña, las presencias, las ausencias, las palabras y los errores de su titular le perfilan con la radicalidad propia de los conversos

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 290421

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha sido otra víctima de la pésima campaña del PSOE pilotada desde la Moncloa. Su aparición en un mitin de Ángel Gabilondo afirmando el carácter de “organización criminal” del PP —atribución delictiva que según él habría sido malinterpretada— le enmienda a la totalidad como miembro del Gobierno, pero más aún como magistrado en situación administrativa de servicios especiales.

No es, sin embargo, este desliz verbal la peor de las equivocaciones del responsable de Interior. Otras dos son mucho más graves y de mayor alcance. Por una parte, permitir —¿alentar?— la participación en la campaña de la directora general de la Guardia Civil, María Gámez. Por otra, no imponer un criterio elemental de discreción en relación con la precipitada publicidad de las amenazas recibidas contra la propia Gámez, Iglesias, Maroto, Ayuso y Zapatero.

La dirección general de la Guardia Civil es un cargo de Estado que debe proveerse por el Consejo de Ministros a propuesta de los titulares de Interior y de Defensa. La directora general es la responsable política de un Instituto Armado con 78.000 efectivos que forma parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y que, como tal, asume funciones también de policía judicial. Es tal la entidad política, institucional y operativa de la Guardia Civil que sus responsables —profesionales e institucionales— deben observar una discreción absoluta en las batallas electorales.

Es perfectamente legítimo que la dirección general la ocupe una persona que milite en el grupo político del partido en el Gobierno, como es el caso, pero resulta exigible que en tanto en cuanto desempeñe ese cargo su militancia entre en hibernación. La solidaridad con ella por las amenazas recibidas puede y debe expresarse de modo transversal e institucional, pero la condena contra la amenaza a su integridad no requiere el auditorio de un mitin.

María Gámez y el propio Marlaska han cometido gruesos errores en la dirección de la Guardia Civil. La destitución, revocada judicialmente, del coronel Diego Pérez de los Cobos ha sido un episodio de penosa incompetencia y probable animosidad personal hacia el que fuera responsable de la comandancia de la Guardia Civil en Madrid. La destitución de este militar le costó a Marlaska —además del revolcón judicial— un serio enfrentamiento con otros mandos del cuerpo y una tensa relación con la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Durante el primer estado de alarma, el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil (abril de 2020) declaró sin rebozo alguno que los agentes tenían como “línea de trabajo minimizar ese clima contrario a la gestión de la crisis [de la pandemia] por parte del Gobierno”. Tanto Robles como Marlaska atribuyeron esas palabras a un “lapsus”. No lo fue, sin embargo, que Interior sancionase —y siga— las infracciones a las medidas gubernamentales contenidas en el decreto del estado de alarma conforme a la ley orgánica de protección de seguridad ciudadana de 2015 —’ley mordaza’— que los socialistas prometieron derogar. No lo han hecho.

Esta forma de instrumentalizar la imagen de la Guardia Civil a través de su directora general es un grave error de juicio político que ha consentido Marlaska, al que debe atribuirse también la indiscreción en la publicidad de las amenazas durante la campaña. Es criterio constante de las distintas policías que este tipo de coacciones deben ser tratadas con la máxima discreción para favorecer, por una parte, una mejor investigación y, por otra, para evitar el efecto contagio que, de forma inevitable, suele producirse. Ocurre algo similar con la información sobre los suicidios.

Es norma deontológica del buen periodismo evitar dar esa causa a decesos para evitar el llamado ‘efecto llamada’. Este asunto se le ha descontrolado al ministro del Interior, si acaso tuvo la intención de manejarlo con criterios técnicos y profesionales, lo que podría dudarse al observar que él mismo, sin contención, se ha lanzado a participar en este festival de despropósitos verbales y gestuales en que se ha convertido la campaña del 4-M.

Dos gravísimas omisiones del ministro componen, además, el que se conoce ya como ‘caso Marlaska’. Ha tenido que ser el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña el que haya impuesto mediante un auto la vacunación allí de los preteridos policías nacionales y guardias civiles sin que desde Interior se haya oído una queja o una reivindicación del derecho de estos funcionarios, claramente discriminados respecto de los efectivos de la policía autonómica.

Y Marlaska ha mantenido un ominoso silencio ante las declaraciones de Pablo Iglesias a ‘La Vanguardia’ (27 de abril) según las cuales “es evidente que la ultraderecha trata de infiltrarse en la policía”. Ahí deja el desquiciado candidato de UP la sospecha sin que desde Interior nadie rebata semejante insidia, de la que no hay prueba ni indicio alguno.

Por lo demás, causa rubor que el ministro del Interior califique de “26 años de chapuzas” los que ha gobernado el PP la Comunidad de Madrid. Durante ese cuarto de siglo, Marlaska se distinguió por el ejercicio de la actividad jurisdiccional en plena libertad, por un sesgo no precisamente progresista y por una constante escalada profesional que, de la mano del PP, le llevó a una vocalía del Consejo General del Poder Judicial.

Vaya con las ‘chapuzas’. La fe del converso suele ser radical. Por eso, Manuel de Irujo, el único miembro insigne del PNV que fue ministro de Justicia durante la II República, aconsejó con muy buen criterio lo siguiente: “Los conversos, ¡a la cola!”. Aquí, conversos y, además, ministros.

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'El bolchevique', de Boris Kustodiev (1920).
‘El bolchevique’, de Boris Kustodiev (1920).

La izquierda desilustrada

Jorge Vilches en El Español, 290421

Uno de los tópicos más falsos que corre por la cultura es que la izquierda es heredera de la Ilustración. Lo dicen sin saber qué fue la Ilustración y, lo que es peor, sin reconocer qué es hoy la izquierda.

Los socialistas y sus variantes son herederos del despotismo, definido por el engolamiento de estar en posesión del modelo social más adecuado para el progreso, y la obligación de asumirlo por parte del resto de la sociedad. En esa obsesión idealista por transformar lo existente (aunque la gente no quiera) conviven dos ejes: la moral y la idea de progreso.

Lo estamos viendo en la campaña electoral en Madrid. Ha fracasado su estrategia de animar el voto a través de la esperanza en un gobierno de izquierdas. Esto es, con un mensaje positivo y racional.

El motivo es que los socialismos no dan más de sí. Tienen un mensaje gastado que sólo sirve para las emociones, pero que no da de comer, ni genera empleo, ni mantiene empresas, ni atrae inversiones, ni da libertad, ni garantiza los derechos, ni sirve para controlar el poder o asegurar la independencia de la prensa. Todo lo contrario.

Ante el fracaso, han echado mano de sus dos motores: el miedo y el odio. No hay ilustración ni ciencia en eso, sino emoción. Esta es una constante de la izquierda, en la que todo es cuestión de voluntad (“sí se puede”) y de percepción de la realidad. Con este planteamiento en el que todo es cultural y social, la ciencia y la naturaleza no existen.

Para esta izquierda desilustrada, todo es interpretable. Y, por tanto, político. Si es político, es conflictivo. Y, en consecuencia, relativo. Este caos filosófico de la izquierda tiene como resultado un conjunto de eslóganes emocionales vacíos como programa. Y la gente ya se ha dado cuenta.

Decía al comienzo que la izquierda define sus intenciones a través de la moral y la idea de progreso. Pero no sabe definir ninguna de las dos. No puede decir qué es moral porque a su entender todo es interpretable y relativo, por lo que su moral es no tenerla.

En el momento en el que se quieren fijar las políticas públicas por la moral (por ejemplo, más justicia social) hay que definir por qué, a quiénes, cuánto y para qué de una forma coherente y duradera. No es moral lo que es efímero. La moral es permanente. De no ser así, la política basada en ella se convertirá con el tiempo en inmoral.

Quizá esto no se entienda entre la mayoría. Pero lo que le queda al español común es que Pablo Iglesias defiende el reparto de la riqueza y quitar a los ricos para dárselo a los pobres, pero ha aumentado su patrimonio por seis en seis años, y vive en una mansión con servicio doméstico. No se puede predicar la justicia social como moral obligatoria, pero llevar una vida inmoral, según esa misma idea.

Hablaba al principio de la idea de progreso. Es el principio más importante desde la Ilustración, considerado por algunos filósofos como la religión secular contemporánea.

Es el destino de la Humanidad al que se debe sacrificar todo, empezando por la libertad, como señalaban los roussonianos, los jacobinos y los comunistas desde 1789. La culminación de ese propósito necesita una buena dosis de ingeniería social, que consiste en un aluvión de legislación y coacción para amoldar el orden social al proyecto político.

La izquierda entiende por progreso avanzar a toda costa hacia la consumación de su proyecto. En ese plan sobran las personas, las instituciones, las costumbres, las culturas, las religiones, los partidos o la filosofía que se opongan a su idea de progreso. De ahí que afirme en mi libro La tentación totalitaria, con toda rotundidad, que la izquierda es enemiga de la libertad y que tiene un alma totalitaria.

Ni es moral ni es progreso. Y eso por no hablar de su apoyo a los nacionalpopulismos ibéricos, como el catalán y el vasco, o del blanqueamiento del mundo etarra para satisfacer la ambición de Pedro Sánchez. La izquierda es una contradicción emocional, dirigida, como siempre, por burgueses y millonarios, como los que encabezan las listas de PSOE, Unidas Podemos y Más Madrid.

En la izquierda sólo hay una estrategia para llegar al poder, y ahora se encuentra colapsada. La apelación emocional funciona cuando el emisor es coherente con la virtud que predica. Y no es el caso. La socialdemocracia sensata, aquella que razonaba y tenía respeto por el sistema, fue un grupúsculo del siglo XX que hoy no pinta nada. El sanchismo ha ocupado su lugar, haciendo evidente que no hay superioridad moral, ni intelectual, ni cultural sobre la derecha.

No cuela el que la democracia sea que gane la izquierda. Tampoco la libertad es cosa suya, sino todo lo contrario. La realidad escapa a su marco mental. La gente ha percibido que la libertad es el motor del progreso, no la ingeniería social, el puritanismo, la corrección política, el conflicto entre sexos, el expolio fiscal, el ecologismo cuqui o el cansino desborde emocional que practica la izquierda.

La izquierda desilustrada puede ser incendiaria. No sería la primera vez. Es capaz de arrasar con todo con tal de tener protagonismo, como ha hecho Pablo Iglesias metiendo a la Casa Real en la campaña electoral. La resistencia de la realidad a las aspiraciones políticas de los socialistas y compañía empuja al incendio verbal, a imitaciones de Largo Caballero que enlodan la democracia y lo llenan todo de rencor.

Pierda o gane las elecciones autonómicas de Madrid, sería conveniente que la izquierda iniciara una reflexión que la devuelva a la cordura, a constituir una opción útil para el bien general del país.

Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento en la Universidad Complutense y autor del libro ‘La tentación totalitaria’.

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El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. El Quilombo de Luis Balcarce – Navajitas, fraude por correo… ¿qué será lo siguiente? – 28-04-21.

. La Antorcha, con Carlos Cuesta, Nadia Álvarez, Candidata PP a la asamblea de Madrid e Isaac Parejo InfoVlogger- 28-04-21.

. ¿Está perpetrando el Gobierno un ‘pucherazo’ con Correos?; Eurico Campano, 280421

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Humor

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 290421

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290421

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  • Una presentadora de tve se quita la careta en directo: “no entiendo por qué los madrileños votan a ayuso”

Gonzaga Durán en okdiario, 270421

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Foto: Pablo Iglesias y Rocío Monasterio. (EFE)

La frivolidad perversa de Monasterio e Iglesias

La ciudadanía está lejos, creo yo, de secundar la hipérbole que se quiere generar por un episodio que trata de rehabilitar las posibilidades electorales de las opciones más extremas en los comicios madrileños

José Antonio Zarzalejos-El Confidencial, 270421

En un opúsculo de Julián Marías que he releído por consejo de mi buen amigo Jordi Sevilla —lo recordaba vagamente, porque estaba incluido en su ‘España inteligible’—, el filósofo vallisoletano y discípulo de Ortega y Gasset escribe (‘La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?’, Editorial Fórcola) que la contienda “fue consecuencia de una ingente frivolidad”. Y añade: “Esta me parece la palabra decisiva. Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban intelectuales (y desde luego los periodistas), la mayoría de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios, grandes propietarios), los dirigentes de sindicatos, se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de la responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían”. Este párrafo podría datarse hoy mismo, en este abril abrupto, aunque Marías lo escribió en la Semana Santa de 1980.

El diagnóstico sobre la frivolidad que esgrime Marías para explicar en parte la Guerra Civil española y que evoca la banalidad de mal de Hanna Arendt como concepto que normaliza lo perverso, lo reitera 40 años después Sergio del Molino en la edición anticipada de su nuevo ensayo, titulado ‘Contra la España vacía’ (Alfaguara), que he tenido la suerte de leer este fin de semana. Afirma el ensayista que “uno de los peores rasgos del populismo es la frivolidad” (página 120), aunque la refiere a los independentistas catalanes en un capítulo antológico que el escritor titula con gran acierto metafórico “Banderas desteñidas” y que es un alegato contra la falsedad del franquismo rampante que determinados sectores persisten en asegurar domina nuestra vida política y social (“el franquismo es un comodín argumental que resuelve cualquier disputa”), entre otras reflexiones que constituyen lo mejor de este libro tan interesante.

Vox en un extremo y Podemos en otro —Monasterio e Iglesias— son dos personajes frívolos y, por lo tanto, irresponsables. No les importa que el narcisismo de sus hallazgos semánticos y de sus gestos teatralizados electrice el ambiente, provoque una colisión alentada por los que desempolvan el concepto de ‘frente’ para describir lo que ha provocado el choque entre la candidata de Vox y el de Unidas Podemos en las elecciones del 4-M en Madrid. A diferencia de lo que ocurría en los años treinta del siglo pasado —que es a la época a la que nos retrotraen los discursos de la una y del otro—, la ciudadanía está lejos, creo yo, de secundar la hipérbole que se quiere generar por un episodio que trata de rehabilitar las posibilidades electorales de las opciones más extremas en los comicios madrileños.

Todo este horrísono espectáculo al que asistimos tiene que ver con la necesidad de que Vox supere el 5% excitando los sentimientos más viscerales contra Pablo Iglesias, y la no menor del secretario general de Podemos de conseguir dos propósitos: materializar el efecto de su candidatura en un incremento de los pocos diputados que tuvo UP en 2019 en la Asamblea de Vallecas y lograr alzarse con la jefatura del bloque de la izquierda que hasta el debate en la SER le había arrebatado Mónica García, de Más Madrid, y que nunca tuvo Ángel Gabilondo.

Si Monasterio consiguió previsiblemente sus objetivos, y es seguro que habrá dado razones a un sector determinado para no votar a Ayuso y hacerlo a Vox, conjurando el peligro de quedar por debajo del umbral de representación parlamentaria, Iglesias también ha obtenido sus propósitos: Gabilondo y García le siguieron en su plante y han asumido el nuevo sesgo de campaña que sustituye al anterior de la izquierda. Bien, ya tiene Iglesias lo que quería a un coste brutal para la convivencia. Tan enorme es el precio a pagar que vuelve a ocurrir lo que es tradicional en nuestro país: quien no se inclina por uno o por otro, quien no se enrola en una de las dos banderías, es un equidistante, un cobarde, un encogido, un fascista que no ha salido del armario o un progresista sin convicciones suficientes.

El grave problema del funcionamiento de nuestra democracia es que los dos grandes partidos —PSOE y PP— dependen de lo que representan Pablo Iglesias y Rocío Monasterio. El secretario general de Podemos está imbuido de la misión destructiva de deslegitimar la democracia española y quiere —y a veces lo consigue— acumular fuerzas con las organizaciones políticas que tratan de tumbar el sistema constitucional: se entiende con el independentismo de los CDR, se entiende con el ‘abertzalismo’ radical de Otegi, que no solo no condena amenazas sino asesinatos a cuyos autores recibe con ‘ongi etorris’ festivos, y se entiende con los modelos políticos de los Estados iliberales de izquierda. Carece por completo de autoridad moral para reivindicar la democracia representativa que no hace sino atacar. Ni para reclamar a otros lo que él no proporciona: sentido ético a la política.

De la otra parte, se practica un extremismo demoledor: el regreso de las dos Españas, la oscura reacción decimonónica, la xenofobia y la impiedad en forma de un nacionalismo anacrónico con esa pulsión totalitaria que conllevan los movimientos reactivos de los sistemas iliberales, cuyas palabras llevaron al hondón la democracia americana con el asalto al Capitolio el pasado mes de enero. Por eso, unos y otros intentarán destrozar el modelo de convivencia, no solo por su radicalidad insana sino también por el cálculo de conveniencias que cogitan los grandes partidos de Estado, que parecen haber abdicado de sus responsabilidades, asimismo con despreocupada frivolidad. Debieran ser sus direcciones las que decidieran en un pacto histórico juntar esfuerzos, dar gobernanza al país y marginar los extremos.

 No es verdad, como escribió Louis-Ferdinand Céline, un gran autor y un despreciable antisemita, colaboracionista con los nazis, que el “pueblo no tiene ideales, solo necesidades”. Las dictaduras proveen estas, pero solo la libertad de la democracia y la tolerancia y el respeto en la convivencia colman aquellos. Y el ideal de millones de españoles es, hoy por hoy, superar esta fase traumática del sistema constitucional de 1978. Es preciso para eso orillar de la vida pública a aquellos hombres y mujeres que Laín Entralgo (‘España como problema’) calificó de hereticales para sustituirlos por los pontificales. Aquellos quiebran; estos unen.

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Ayuso y Monasterio en una imagen de 2019, en la Asamblea de Madrid.

Valle del cilicio

El argumento movilizador de la izquierda es que Rocío Monasterio no llegue a ser consejera de Educación para prohibir a los niños ser gay y trans

Emilia Landaluce en El Mundo, 280421

VOY A hacer un chiste homófobo (mejor decirlo antes de que me lo reprochen): la pluma es más poderosa que las balas, como bien debe de saber el ministro Fernando Grande-Marlaska, que esperemos llegue al final de este asunto y descubra el origen de las misivas amenazantes que recibieron él mismo y Pablo Iglesias. La violencia ha de perseguirse en todos los casos y es importante que se sepa quién ha sido el responsable.

La declinación de balas es casi irrisoria. Bala, balón, balín, balar, que es lo que supongo que Pablo Iglesias pretende que hagamos todos. Balar «fascismo o democracia» y beee beee beee en relación a la caja del PP y Bárcenas, que es el único argumento que vocifera la izquierda. Pero aún no somos esas ovejas, esos pobres con Netflix como dice Ana Iris Simón, que han pasado de ser ciudadanos/propietarios a usuarios.

Dicen las encuestas que Isabel Díaz Ayuso necesitará a Rocío Monasterio, líder de Vox, para ser la presidenta de Madrid. También que doblará los escaños que logró en 2019, pero que se queda lejos de la mayoría absoluta que el PP necesita para gobernar en solitario. Ni más ni menas. Precisamente ese es el argumento movilizador que tiene la izquierda. Que Rocío Monasterio no llegue a ser consejera de Educación para prohibir a los niños ser gay y trans. Y que tampoco imponga una suerte de formación del espíritu nacional que incluya cilicios, flagelos y esperar al marido con la mesa puesta.

Cuando en 2015 resultó que Carmena podría ser alcaldesa de Madrid, el que vienen los comunistas sirvió para alimentar todo tipo de rumorología. Por ejemplo, que se iba a convertir el golf del Club de Campo en gallineros y huertos sociales. Entonces, Esperanza Aguirre, candidata popular, ofreció sus escaños a Carmona o Villacís para evitar el desembarco en la alcaldía de Madrid de Podemos, al que, ya sin Carmena, nadie le puede negar la etiqueta de chavista. A Carmona no le dejaron.

La conclusión es evidente. Si la izquierda teme tanto a Monasterio y el martes que viene se cumplen las encuestas, para el PSOE sería fácil ceder sus escaños a Ayuso si finalmente ésta no logra la mayoría absoluta y necesita a Vox. De esta manera, los cilicios no sustituirán a los ligueros. (Aunque con esta izquierda no se sabe.)

Otra cosa es que a la izquierda ni se le pase por la cabeza.

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Legalización de los piquetes
Ilustración de Javier Olivares [España, 1964] para el texto

 

Legalización de los piquetes

El autor analiza el caso de la ley orgánica recientemente publicada en el BOE que incluye una crítica directa al Partido Popular, algo que representa un escándalo y una grave anomalía democrática.

Jorge de Esteban en El Mundo, 280421

NO CREO que haya en la historia del Estado de derecho, según los diferentes países que lo han adoptado, un caso tan aberrante como el que se puede presenciar hoy en España. En efecto, asistimos a un Gobierno apoyado por los siguientes partidos, la mayoría de los cuales no acepta la Constitución: PSOE, Unidas Podemos, ERC, EH Bildu, Junts per Catalunya, PDeCAT, CUP, Más País-Equo, BNG, Compromís, Teruel existe y Nueva Canarias.

Por el contrario, los partidos que están al otro lado de la Cámara, es decir, los que respetan la Constitución, son el PP, Vox, Ciudadanos y Foro Asturias; es decir, 189 a favor y 151 diputados en contra.

El objeto sometido a votación del que hablaré aquí radica en la derogación de la Ley Orgánica 5/2021 de 22 de abril, de derogación del artículo 315 apartado 3 del Código Penal, que recoge penas de prisión o multas a quienes actuando en grupo o individualmente coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga.

Consiste en un preámbulo y un artículo único. Alude a una serie de materias en un batiburrillo en el que se mezcla el culo con las témporas, manteniendo afirmaciones que son nulas de pleno derecho. Señalo algunas de ellas.

En el inicio se afirma que «las Cortes Generales han aprobado», lo cual es una falsedad, puesto que son dos las Cámaras y solamente lo ha aprobado una.

La derogación del apartado 3 del artículo 315 del Código Penal, siendo de una gran importancia, no ha suscitado ninguna publicidad.

Es la primera vez que se utiliza, que yo sepa, el BOE para insultar gravemente al Partido Popular, afirmándose que «los Gobiernos del PP han desmantelado las libertades».

Habría que contratar a un intérprete de lenguas para poder entender muchos párrafos del documento. Y muchas de las actuaciones que se citan no se ajustan a las previsiones de nuestro sistema constitucional.

A continuación copio literalmente el artículo único de la ley orgánica.

«Artículo único. Modificación de la Ley orgánica 10/1995 de 23 de noviembre del Código Penal

Se suprime el apartado 3 del artículo 315 del Código Penal de la Ley Orgánica 10/1995 de 23 de noviembre del Código Penal.

Disposición transitoria única. Revisión de sentencias

Los jueces o tribunales procederán a revisar las sentencias firmes dictadas de conformidad con la legislación que se deroga

Disposición final única. Entrada en vigor.

La presente Ley Orgánica entrará en vigor el día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial del Estado

Por tanto

Mando a todos los españoles particulares y autoridades, que guarden y hagan guardar esta ley orgánica.

Madrid, 22 de abril de 2021.

Felipe R.

El presidente del Gobierno

Pedro Sánchez Pérez-Castejón»

Por supuesto, este proyecto de ley debe pasar al Senado, lo que no se ha hecho, y ha sido publicado en el BOE indebidamente, porque tenía que haberse debatido en la Cámara Alta, donde se supone que la mayoría que apoya al Gobierno no es tan abrumadora como en el Congreso.

Un diputado de EH Bildu, Oskar Matute, defendió en la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados que «nadie hace huelga por capricho, sino por necesidad y para autodefenderse».

Evidentemente, con la derogación del párrafo 3 del artículo 315 del Código Penal se puede convertir al artículo 7 de la Constitución en un cascarón vacío sin ningún derecho fundamental, puesto que si hay una huelga en contra del Gobierno pueden actuar impunemente los piquetes. ¡Viva la democracia!

Ciertamente, la importancia de la derogación del artículo citado del Código Penal es enorme, por lo que no me extraña que algún comentarista o político de pacotilla diga que «es gravísimo utilizar al Rey para ratificar una ley que ataca a la oposición».

Como el asunto es importante creo que merece la pena que aclare algunos puntos. En primer lugar, todas las leyes deben ser sancionadas y promulgadas por el Rey, pues éste no tiene ninguna responsabilidad, ya que se trata de un acto debido y para eso está la figura del refrendo que regula el artículo 64 de la Constitución, que viene a aclarar que de los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden.

Esto es así en todas las monarquías parlamentarias aunque, como siempre ocurre, se puede considerar alguna excepción. La regla general consiste en que, como ocurre en España, el Rey sanciona y promulga las leyes, pero la responsabilidad de esos actos se traspasa, mediante el refrendo, a quienes los hayan firmado, junto a la rúbrica del Rey.

Por lo demás, es conocida la excepción que se vivió en Bélgica que, cuando menos, podría considerarse un fraude de Constitución. Los hechos fueron así: los entonces reyes Balduino y Fabiola eran extraordinariamente católicos y se les planteó un problema que no sabían cómo resolver democráticamente en un primer momento.

Se trataba de que el Parlamento belga había aprobado, como ya había ocurrido en otros países, un proyecto de ley para legalizar el aborto. El Gobierno trató de que el rey sancionase dicho proyecto. P

ero tanto el monarca como la reina Fabiola no estaban dispuestos a que la legalización de algo que no podían aceptar se legitimase con la firma de Balduino, porque sus creencias religiosas no se lo permitían. Tras varios intentos por parte del gobierno para convencerle se barajó incluso la abdicación del rey para que no tuviera que actuar contra sus creencias religiosas.

Por fin, el gobierno de Wilfried Martens encontró una solución ante ese callejón sin salida. Y el artículo 82 de la Constitución belga se aplicó a este caso, aunque no fuera por la motivación por la que los constituyentes del país habían incorporado este precepto a su Carta Magna.

Dice así:

«Si el rey se encontrase en la imposibilidad de reinar, los ministros, después de haber hecho que se comprobase esta imposibilidad, convocarán inmediatamente a las Cámaras. Éstas proveerán en sesión conjunta a la tutela y a la regencia».

Los constituyentes no pensaron en una situación como la que se presentó; habría que hablar, como he dicho, de un eventual fraude legal, porque en 1831 incluyeron este precepto pensando en una imposibilidad física del monarca para reinar.

VOLVIENDO al caso que nos ocupa, sobre la situación de una Constitución escrita debemos señalar que su carácter constituyente no es suficiente para que funcione por sí misma. La Carta Magna es la primera norma del país si los gobernantes y los gobernados la respetan y la hacen respetar. Como señala González Casanova, para que la Constitución sea viva no basta con que sea válida jurídicamente, sino que tiene que respetarse lealmente por todos los ciudadanos y, sobre todo, por los gobernantes democráticos.

Es en este sentido, es enormemente preocupante que la Constitución de 1978 se cumpla cada vez menos. No voy a cansar al lector con citas y párrafos de los textos constitucionales, sino simplemente a advertir que un Gobierno en el que hay personas que no admiten la Constitución es una democracia tambaleante.

Y si a eso le añadimos que los jueces o tribunales pueden revisar las sentencias firmes para anular las penas que se hayan impuesto años antes, nos encontramos ante una situación en la que la seguridad jurídica, uno de los principios básicos de todo Estado de derecho, va dejar su puesto al rey de bastos.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional.

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Why The New York Times Is Retiring the Term ‘Op-Ed’
Ben Wiseman

Adiós al ‘Op-Ed’: por qué el New York Times decidió retirar el término

Kathleen Kingsbury The New York Times, 280421

La primera página de Op-Ed de The New York Times apareció el 21 de septiembre de 1970. Se llamó Opposite-Editorial porque esa página estaba físicamente contrapuesta a la del editorial del diario y no porque (como muchos creen todavía) solo ofrecería opiniones contrarias a las del periódico.

Inevitablemente, también haría eso: sus fundadores le daban la bienvenida a ideas y argumentos de muchos lados del espectro político, social y cultural de afuera de los muros del Times para estimular el pensamiento y provocar la discusión de problemas públicos.

Esa misión crucial sigue siendo la misma. Pero es hora de cambiar el nombre. La razón es simple: en el mundo digital, en el que millones de suscriptores del Times leen el periodismo del diario, no existen coordenadas que ubiquen al “Op-Ed”, como tampoco las hay para una página de “Editoriales” a las cuales contraponer los “Op-Ed”. Se trata de una reliquia de una época pasada y del antiguo diseño del periódico impreso.

Así que ahora, a 50 años de su estreno, esa designación dejará de usarse. Los editoriales seguirán llamándose editoriales, pero los artículos escritos por autores externos al periódico se conocerán como “Ensayo invitado”, una etiqueta que aparecerá de forma prominente arriba del titular.

La página del Op-Ed tuvo una gran trayectoria. Se convirtió en un estándar para el resto de nuestra industria y fue muy popular tanto entre los lectores como con los colaboradores. Ahora es difícil recordar que, al inicio, los editores estaban bastante nerviosos y preocupados de que las personas se sintieran animadas a colaborar.

Pero, como se lee en un ensayo que celebraba los 20 años de la página, “fue como si la Dama Gris [Gray Lady, en inglés, ha sido un sobrenombre con el que se conoce al Times] hubiera llegado a la pista de baile”. Las colaboraciones llegaron a raudales y, para cuando se cumplieron 40 años de su aniversario, se habían impreso casi 15.000 páginas de opinión.

Los elementos que hicieron que el Op-Ed fuera exitoso desde el inicio seguirán presentes. Uno es el atractivo de opiniones diversas bien expresadas. Como dijo una vez Herbert Bayard Swope, editor del periódico New York World en la década de 1920 y pionero del concepto del Op-Ed:

“No hay nada más interesante que una opinión cuando la opinión es interesante”.

O en palabras de John B. Oakes, un antiguo predecesor mío que impulsó la creación del Op-Ed:

“La diversidad de opiniones es el elemento vital de la democracia. […] En el momento en que comenzamos a insistir en que todos piensen de la misma manera que nosotros, nuestra vida democrática está en peligro”.

Eso sigue siendo cierto hoy, en un momento crítico en el que se cuestiona la orientación de la esfera pública. En muchos sentidos, esa esfera es más representativa. Todos tenemos un medio social, desde Facebook hasta Substack y Twitter. Esto se debe celebrar, incluso si la cantidad de voces a veces resulta abrumadora.

Lo que está desapareciendo, sin embargo, son espacios donde las voces pueden ser respetadas y escuchadas, donde las ideas no se desvanezcan tan rápidamente, se les pondere con seriedad, se les interrogue para luego florecer o perecer.

Para defender una discusión reflexiva, la sección de Opinión del Times insiste en un conjunto de reglas. Hacemos cumplir las reglas de gramática y estilo. Exigimos ciertos estándares de argumentación convincente, pensamiento lógico y retórica persuasiva. Requerimos transparencia sobre la identidad de un escritor y sus motivos para escribir un texto.

Al mismo tiempo, no somos una fábrica que ensambla partes de manera irreflexiva ni somos árbitros desinteresados: no solo queremos que los ensayos individuales tengan una intención, sino que el reporte general de opinión tenga en sí mismo una intención.

Nos gusta que las personas a las que invitamos a escribir ensayos para nuestras páginas a veces se sorprendan con la propuesta de colaborar. Nos gusta experimentar la misma sorpresa cuando leemos voces que son nuevas para nosotros, sobre temas que quizás aún no comprendamos. E inclinamos nuestra balanza a favor del progreso, la equidad y la humanidad.

También trabajamos arduamente para mantener a nuestros lectores interesados. La escritura de opinión en 2021 es un proyecto colaborativo, dinámico y nunca estático.

De ahí el nuevo rótulo de Ensayo invitado. Los lectores entendieron de inmediato este término durante las sesiones de investigación y comprendieron intuitivamente lo que decía sobre la relación entre el escritor y el Times. Refleja nuestra misión de invitar y convocar a una amplia gama de voces y puntos de vista en nuestras páginas.

Puede parecer extraño vincular los cambios en nuestro diseño a la calidad de la conversación que estamos teniendo hoy. Términos como Op-Ed son, por su naturaleza, jerga periodística de un grupo pequeño; nos esforzamos por ser mucho más inclusivos al explicar cómo y por qué hacemos nuestro trabajo.

En una era de desconfianza en los medios y confusión sobre lo que es el periodismo, me parece que las instituciones, incluso aquellas con muchas tradiciones queridas, sirven mejor a sus audiencias con un lenguaje directo y claro. No nos gusta la jerga en nuestros artículos; tampoco la queremos en sus rótulos o nomenclaturas.

Hace medio siglo, los editores del Times apostaron a que los lectores apreciarían una gama más amplia de opiniones en nuestras páginas. Estamos haciendo la misma apuesta, pero en un momento en que la balanza del periodismo de opinión puede parecer cada vez más inclinada contra lo libre y lo justo, lo sensato y lo honesto. Trabajamos todos los días para corregir ese desbalance.

Kathleen Kingsbury es la editora de opinión de The New York Times y supervisa el Consejo Editorial y la sección de Opinión. Anteriormente fue editora adjunta de la página de editoriales. Se unió al Times en 2017 después de estar en The Boston Globe, donde se desempeñó como editora gerente de digital. Recibió el Premio Pulitzer en 2015 por escribir de manera distinguida editoriales.

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Nuevo fallo de Iván

Julián Quirós-ABC , 280421

La encuesta de ABC nos explica la razón del montaje de la izquierda a cuenta de las amenazas postales. El PSOE se está desmoronando y no consigue remontar. El PP madrileño entró en la campaña en una posición muy sólida y ha sabido mantenerse, y Vox, afectado de partida por el efecto Ayuso, ha ido mejorando.

El partido socialista, en cambio, cuenta con un candidato ‘sonado’; tras ser intervenido, tutelado, baqueteado y confundido por Pedro Sánchez y su equipo de guionistas. Gabilondo pasó de «con este Iglesias no» a «Pablo, tenemos que hablar», pasó de quedarse sentado en el debate de la Ser a reaccionar una hora después e irse. A Gabilondo le han vuelto loco las instrucciones cambiantes de

Iván Redondo. Hasta el punto de acabar convertido en subsidiario de un debilitado Pablo Iglesias, al que han otorgado el liderazgo de la campaña de señalamiento a la derecha a cuenta de las amenazas. Bien, el truco tampoco ha funcionado. Eso es lo que se desprende de la encuesta que nos ha hecho GAD3

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Todo es fascismo

Santiago González El Mundo, 280421

La palabra fascismo le gusta mucho a Pablo Iglesias. Tanto que en la entrevista masaje de Ángels Barceló en la SER la usó 15 veces en menos de 20 minutos. Urge que recuperemos el valor del lenguaje y el significado de las palabras. Por eso no me acaba de convencer la descalificación de Ana Rosa Quintana: “usted es un fascista”.

Comprendo sus razones y hasta comparto el ánimus iniuriandi, pero Iglesias no es un fascista sino algo que se le parece mucho en el afán totalitario: un comunista. Lo reclamaba con énfasis en ‘El Gato al Agua’: “¡Yo soy comunista!”. Preguntado por Ferreras dijo que era por Gª Serrano, una ocurrencia para escandalizar caperucitas.

Lo que pasa es que no fue una sola vez. “Yo no he dejado de autoproclamarme comunista nunca”, dijo a los chicos de la UJCE en Zaragoza (1/3/2012). “Las ideas del comunismo, tan malversadas hoy, siguen siendo esencialmente justas y permanecen porque su noble utopía está por encima de las equivocaciones de los hombres”, (31/1/2020) en el homenaje a Marcos Ana, asesino precoz y poeta mediocre.

Así pues, fascistas y comunistas son totalitarios, cada cual con sus crímenes, que son más los comunistas, pero ya que la precisión conceptual y terminológica no es el fuerte de esta chusma no debemos dejarnos arrastrar y pasar de odiar el fascismo a llamar ‘fascismo’ a todo lo que odiamos.

En el futuro, en La Moncloa debería trazarse una línea roja con la indicación “hasta aquí llegó un botarate al que Sánchez nombró vicepresidente en enero de 2020”. Este tipo que no para de repetir lo de la ultraderecha y el odio, había acuñado una expresión sinónima (7/10/2016: “Hay que politizar el dolor y convertirlo en propuestas para transformar la realidad”.

O sea, transformarlo en odio. El odio estaba en las consignas de Pitita Maestre y sus descamisadas: “Arderéis como en el 36” y en los asaltantes del mitin de Vox en Vallecas: “A por ellos como en Paracuellos”.

Así que Iglesias expone su disyuntiva: democracia o fascismo, aunque la democracia sea para él una añagaza táctica: “La palabra ‘democracia’ mola, por lo tanto habrá que disputársela al enemigo. La palabra ‘dictadura’ no mola, aunque sea dictadura del proletariado”. Es una cuestión de conveniencia, a él le da igual ocho que ochenta y Juana que su hermana. En su entrevista del lunes con Ángels Barceló, qué par contra el fascismo: “A los fascistas hay que callarles la boca en las tertulias”, catequizaba a la periodista. ¿Qué más le da una tertulia que un debate electoral?

Los presuntos simbólicos de las balas transparentes al escáner, rematados por el esperpento de esa pobre ministra de Industria que denuncia en Madrid un déficit de ¡quinientos mil hogares! y que muestra una foto de una navajita de diez centímetros de hoja ampliada hasta parecer el machete de un mambí, enviada por un esquizo que escribe en el sobre su remite.

Es probable que el autor eligiese a la víctima por afinidad intelectual. Pablo se ofrece como víctima de una violación en manada: “Yo sí te creo, Pablo”, aunque seguramente quien no le crea sea su novia en los asuntos que les atañen como pareja. Rocío Monasterio lo echó del debate. El día que ella le repita la despedida que Iglesias le hizo a su marido en el Congreso, “cierre la puerta al salir”, la democracia española habrá dado un paso adelante. Faltaría hacerle la misma invitación a Sánchez, pero de momento el doctor Fraude habría perdido su coraza.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Alfonso Rojo: “A la pareja PSOE-Podemos le ha salido el tiro por la culata”. 280421.

. Una hora con Juan Manuel de Prada: “La demonización que está sufriendo VOX es muy inquietante”[sólo audio]. 280421.

 

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Humor

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Gallego & Rey
iñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 280421

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Marlaska no se entera

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  • La Policía no encuentra huellas ni ADN en las cartas con balas a Iglesias y Marlaska

Luis Rendueles en El Periódico, 270421

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Alguien voló sobre el nido de Sánchez

Es jodido creerte el Che Guevara cuando tu revolución de pared acolchada te la madruga López Ibor

Jorge Bustos en El Mundo, 270421

RECUERDO el hostión que encajó Rajoy en diciembre de 2015 durante la campaña electoral. Fue un crochet de izquierdas lanzado por alguien a quien el periodismo de progreso se apresuró a tildar de «típico chaval conflictivo». El propio Rajoy, preguntado por los periodistas, quitó hierro a un incidente que, de haberlo sufrido un Sánchez o un Iglesias, habría escalado en décimas de segundo a la categoría de atentado:

«No hay que darle más importancia de la que tiene. Somos un pueblo civilizado, tranquilo y moderado, y de vez en cuando hay una excepción. No hay consecuencias políticas».

Así hablaba en España un político adulto, presanchista, hace miles de años.

La policía ha identificado al desquiciado que envió una navaja ensangrentada a Reyes Maroto, ministra que en la memoria de los madrileños pasará ya a la posteridad como la de la navaja ensangrentada. El tipo ha resultado un esquizofrénico que puso su nombre y su dirección en el remite, pero para entonces la izquierda en bloque desde los ministerios hasta los platós, desde las redes hasta las redacciones había puesto el grito de la dignidad democrática en el cielo nostálgico de su no pasarán.

Una causa antifascista que no exige chalecos antibalas sino camisas de fuerza no sirve para inspirar a los cantautores. Es jodido creerte el Che Guevara cuando tu revolución de pared acolchada te la madruga López Ibor.

Vivimos en un país donde una banda marxista-leninista estuvo asesinando españoles hasta 2011. Donde un vicepresidente llamó jarabe democrático a los escraches hasta que los padeció él. Donde Rajoy Brey era llamado ultraderechista. Donde defender la Constitución en Cataluña suponía que dos militantes de ERC te enviaran balas al buzón o pintaran dianas en la tienda de tus padres.

Donde el ministro del Interior justificó que rociaran con meados a las mujeres de Ciudadanos y después fabricó un informe falso para negar los hechos. Donde los cachorros de los socios parlamentarios de Moncloa incendian Barcelona durante una semana porque no les gusta una sentencia.

Donde el tercer partido del Congreso no puede mitinear en Vallecas sin que un puñado de policías acabe en el hospital a manos de la oligofrenia bukanera. Y pese a todo esto, pese a que la violencia política aquí parte sistemáticamente de la orilla izquierda, un PSOE derrotado en las ideas y superado en la gestión huye desesperadamente a 1936 y pone al pobre Gabilondo a hacer de miliciano de parque temático como una Lastra cualquiera.

Pero cómo vamos a creer en la posibilidad de una izquierda europea en España

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La épica de Madrid
Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el texto

 

La épica de Madrid

El autor subraya que Madrid decidió que su ‘hecho diferencial’ era no ser diferente y su orgullo de pertenencia era el de pertenecer a todos los que a ella se acercaran, una de las razones de la pujanza de esta región.

José Ignacio Wert en El Mundo, 270421

MADRID tiene su épica, faltaría más, pero gracias a Dios y también a Joaquín Leguina es una épica inofensiva, integradora, apoyada en una historia que une y no en una que separa. Diríamos que es una épica modesta, funcional e incluyente, con la que muchos madrileños nos sentimos cómodos.

Joaquín Leguina representa el mejor perfil del socialista ilustrado veterotestamentario: político dialogante, escritor inspirado (en ficción y ensayo) y persona de buen carácter y fino sentido del humor. Todas estas cualidades creo que influyeron en una concepción política, la del minimalismo identitario aplicada a la Comunidad de Madrid, de la que fue presidente durante los 12 primeros años de su existencia, que los madrileños le tenemos que agradecer.

Como tenemos que agradecer a sus sucesores, muy particularmente a Alberto Ruiz-Gallardón y a Esperanza Aguirre, que mantuvieran ese minimalismo y al mismo tiempo diseñaran y pusieran en práctica políticas económicas, fiscales y sociales pragmáticas y eficaces que han hecho de esta Comunidad Autónoma una de las más prósperas, dinámicas y atractivas de España.

Llamo minimalismo identitario a una concepción política a contracorriente de la marea que empujó a buena parte de las Comunidades Autónomas nacidas al amparo del Título VIII de la Constitución a buscar desesperadamente elementos de identidad hechos diferenciales en la parla de la época que perfilaran su singularidad y le otorgaran –supuestamente- cohesión interna y fortaleza externa frente a las demás.

Madrid decidió que su hecho diferencial era no ser diferente y su orgullo de pertenencia era el de pertenecer a todos los que a ella se acercaran. Ello se refleja claramente en las decisiones sobre los símbolos. Así, se estableció una bandera inventada a la que nos hemos acostumbrado, pero que no está llamada a emocionarnos ni a enardecernos. Pero donde se llevó esa voluntad de hacer de la indiferencia la diferencia fue en el himno regional.

Agustín García Calvo (letra) y Pablo Solozábal Serrano (música) optaron por una clave decididamente transgresora, repleta de humor, en la que es el «ente autónomo» (sic) quien se canta a sí mismo en primera persona, con ánimo autoparódico tan explícito como el que reflejan estos versos: «Yo soy el ente autónomo último, el puro y sincero. ¡Viva mi dueño, que sólo por ser algo soy madrileño!». Es una pena que, casi 40 años más tarde, los madrileños desconozcamos en nuestra inmensa mayoría este himno. Pena por el talento ignorado, pero al mismo tiempo muestra muy expresiva de que los madrileños no reclamamos emociones identitarias, ni fuertes ni débiles.

En realidad, el único gesto con una cierta carga histórica que se incorporó a la simbología regional fue marcar el 2 de mayo como Día de la Comunidad. Ese día de 1808 los alcaldes de Móstoles Andrés Torrejón y Simón Hernández firmaron el bando que ha sido llamado de la independencia.

En él se insta a la resistencia frente al solapado invasor en estos términos: «Somos españoles y es necesario que muramos por el rey y por la patria». «Somos españoles», he ahí la seña de identidad en que los alcaldes basaban su llamamiento, como anticipándose a esa condición de crisol o de rompeolas que con el tiempo se convertiría en su principal seña de identidad.

A Madrid se viene en abundancia (nuestra población registra, tras la de Baleares, el mayor crecimiento relativo debido a su saldo migratorio en los últimos 30 años) y se viene de todas partes: poco más de la mitad (56%) de quienes estamos censados nacimos aquí; el resto se divide casi por igual entre nacidos en otras Comunidades (24%) y en el extranjero (20%).

¿Por qué vienen? Vienen porque saben o les han contado que aquí se cuestiona mucho menos que en otros sitios el que vengan, que este es un entorno no sólo no hostil, sino decididamente acogedor para el que llega. ¿A qué vienen? Vienen a buscar una vida mejor, un trabajo que les permita conseguirla y un futuro para sus hijos.

Dicho de otra forma, quienes vienen a vivir con y entre nosotros quiero creer que lo hacen porque aquí el nosotros está garantizado de entrada. En Madrid no hay maketos ni xarnegos. Por no haber, casi no hay forasteros, aunque haya muchos. Un ejemplo: desde la restauración de la democracia municipal (1979) hasta la llegada al Ayuntamiento de Alberto Ruiz-Gallardón en 2003 ninguno de los cuatro alcaldes precedentes (Tierno, Barranco, Rodríguez-Sahagún y Álvarez del Manzano) había nacido aquí. 

Tampoco lo habían hecho los mencionados autores del himno ni los diseñadores de la bandera (Santiago Amón y José María Cruz Novillo). Ni, ya puestos, el propio Joaquín Leguina. Todos los consideramos con tantos títulos de madrileñismo como el que más. Y si hablamos de quienes vienen del extranjero, quienes hemos vivido en metrópolis de otros países sabemos bien que en ellas se ven con mucha mayor frecuencia que en la nuestra ejemplos de xenofobia, de racismo o de ambos.

Y luego tenemos la leyenda del dumping fiscal. Madrid tiene impuestos bajos en términos comparativos con otras Comunidades cuyos ciudadanos están sujetos a una mayor carga fiscal, porque dentro de su ámbito de decisión fiscal así lo han decidido sus gobiernos regionales. En un Estado compuesto como el nuestro cada Comunidad puede decidir dentro de unos límites sobre la carga fiscal que impone en impuestos cedidos total o parcialmente.

Así, en Madrid se soporta un peso fiscal autonómico algo más bajo en IRPF porque los tipos son más bajos y un peso mucho más bajo (inexistente en el caso del Impuesto de Patrimonio) en impuestos en los que la Comunidad Autónoma puede desgravar y bonificar (además de Patrimonio, Sucesiones y Actos Jurídicos Documentados). Esa es una opción política perfectamente legítima, tan legítima como sería que un Gobierno regional de otro signo decidiera subir los tipos autonómicos y/o reducir o eliminar desgravaciones y bonificaciones.

Lo que es completamente ilegítimo, tramposo e inmoral es lo que –de forma sibilina está planeando el Ejecutivo central: cambiar la legislación fiscal para poner límites («armonizar» lo llaman) a la capacidad de las CC.AA. de acomodar los impuestos cedidos a sus necesidades o a sus opciones fiscales. En román paladino: imponer a Madrid mayor carga fiscal a través del establecimiento de límites a sus tipos impositivos, a sus bonificaciones y a sus desgravaciones.

Y CREO que es inmoral por una doble razón. La primera y más obvia, porque crea una especie de derecho fiscal de enemigo mediante el cual se utiliza ad hoc la iniciativa normativa para castigar al adversario político. Pero la segunda, menos obvia y no menos grave, es que se hace aún más profunda la asimetría entre responsabilidad y rendición de cuentas. Si a una Comunidad Autónoma se le niega el derecho a modular la carga fiscal, a sus ciudadanos se les priva del derecho a decidir a juzgar por sí mismos la eficiencia de cada opción de política fiscal.

Por todo ello, cuando asistimos a una campaña en que las tres izquierdas se empeñan en presentar un retrato de la Comunidad según el cual el sostenido predominio electoral del centroderecha ha creado un Madrid donde se concitan todos los horrores: nacionalismo y supremacismo excluyentes, xenofobia, homofobia, intransigencia, insolidaridad fiscal y lo que quieran, algunos –tomando prestada la neolengua de la ministra Celaá nos preguntamos: «¿De qué lejos vienen ustedes?».

Todo es opinable, pero un poco de respeto a los hechos incluso en campaña electoral parece que no estaría de más. Y ese respeto a los hechos casa mal con el relato manipulado de la Comunidad de los horrores o las trampas dialécticas sobre los impuestos. En su último –y a mi juicio no muy logrado ensayo, Anne Appelbaum incluye sin embargo, una píldora genial: «La gente siempre ha tenido opiniones distintas. Ahora tiene hechos distintos». Veremos qué hechos prevalecen el 4 de mayo.

José Ignacio Wert fue ministro de Educación, Cultura y Deporte. Su último libro es Los años de Rajoy. La política de la crisis y la crisis de la política (Almuzara, 2020).

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Las cifras de la primera vuelta al mundo que demuestran la magnitud de la gesta española

Magallanes y Elcano

Martes, 27/Abr/2021 José Calvo Poyato en ABC, 270421

Hoy hace quinientos años del fallecimiento de Fernando de Magallanes. El navegante portugués al servicio de Carlos I moría, en 1521, en un combate contra los nativos en la isla de Mactán, al sur de las actuales Filipinas, cuando la flota que el monarca español había puesto bajo su mando navegaba rumbo a las islas de las Especias.

La principal fuente acerca de su muerte es la que nos dejó Antonio Pigafetta en el ‘Diario’ que el italiano escribió acerca de lo acaecido en aquel viaje. Ese ‘Diario’ sigue siendo la principal fuente de información de lo ocurrido a lo largo de los tres años que duró aquella expedición, que culminaría con la primera vuelta al mundo, por obra de Juan Sebastián Elcano. Pigafetta dejó narrada la muerte de Magallanes con tintes épicos, que respondían a la devoción que el italiano sentía por el marino portugués:

«Conociendo al capitán [se refiere a los nativos], tanto se concentró su ataque en él, que por dos veces le destocaron el yelmo. Pero, como buen caballero que era, sostúvose con gallardía. Con algunos otros, más de una hora combatimos así, y rehuyendo retirarse, un indio le alcanzó con una lanza de caña el rostro.

Él, instantáneamente, mató al agresor con la suya, dejándosela recta en el cuerpo; metió mano, pero no consiguió desenvainar sino media tizona, por otro lanzazo que cerca del codo le dieran. Viendo lo cual vinieron todos a por él, y uno, con gran terciado, que es como una cimitarra, pero mayor, medio le rebañó la pierna izquierda, derrumbándose él boca abajo. Llovieron sobre él, al punto las lanzas de hierro y de caña, los terciarazos también, hasta que nuestro espejo, nuestra luz, nuestro reconforto y nuestro guía inimitable cayó muerto».

«Mientras le herían, volvióse algunas veces aún, para ver si alcanzábamos las lanchas todos… A no haber sido por este pobre capitán, ninguno de nosotros se hubiese salvado en las lanchas; porque, gracias a su ardor en el combate, fue como las pudimos alcanzar».

Es la muerte de un héroe que, más allá de los epítetos que le dedica -«nuestro espejo, nuestra luz, nuestro reconforto y nuestro guía inimitable»-, es quien combate con ardor y con su entrega y sacrificio logra salvar a los demás. Sin embargo, lo que nos cuenta en su declaración en un proceso judicial que se conserva en el Archivo General de Indias, Nicolás de Nauplia, uno de los supervivientes de la expedición y que llegaría a Sevilla con Elcano a bordo de la Victoria, es que Magallanes falleció de una lanzada que le dieron en la garganta.

Sin mayores elogios. Dice ante el juez que lo sabía porque él estaba a su lado. La muerte de Magallanes fue consecuencia de entrometerse en los litigios que enfrentaban a los reyezuelos de aquellas islas, contraviniendo las órdenes del Carlos I. El hecho ocurrió antes de llegar a las islas de las Especias e hizo que Juan Sebastián Elcano cobrase un protagonismo que hasta entonces no había tenido.

La devoción que Pigafetta sentía por Magallanes era paralela al rechazo que le provocaba Elcano, a quien no menciona una sola vez en su ‘Diario’, pese a que fue testigo de la hazaña de Elcano, al ser uno de los supervivientes que llegaron a Sevilla en 1522, a bordo de la Victoria, cuyo mando había sido encomendado a Elcano.

Ese silencio señala que no debían de llevarse bien el cronista italiano y el marino español y, además lo constata otro hecho. Carlos I ordenó a Elcano, respondiendo a la carta que éste le había escrito desde Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, dando cuenta al Monarca de la gesta que habían protagonizado, que acudiera, sin pérdida de tiempo, a Valladolid para explicarle lo acaecido y lo hiciera acompañado de dos de sus hombres, los que juzgase como más juiciosos. A Elcano lo acompañaron el piloto Francisco Albo, que dejó escrito un derrotero de la expedición, y el cirujano barbero Hernando de Bustamante. Ignoró a Pigaffeta.

También colaboró de forma notable a distorsionar el papel de quien realmente dio la primera vuelta al mundo, por la importante difusión de su obra, Stefan Sweig, quien escribió una biografía -tiene todos los ingredientes de una hagiografía- sobre Magallanes. En ella el ensalzamiento que realiza del navegante portugués corre paralelo a la mala imagen que ofrece de Elcano. Señala el escritor austríaco, refiriéndose a la muerte de Magallanes:

«De este modo insensato acaba, en el momento más alto y magnífico de sus realizaciones, el navegante más grande de la historia, en una miserable escaramuza contra una horda de isleños desnudos. ¡Un genio que, cual Próspero, ha dominado a los elementos, venciendo todas las tempestades y sometiendo a los hombres es vencido por un ridículo insecto humano llamado Silapulapu! Pero tan torpe desdicha solo puede quitarle la vida, no la victoria; porque, estando ya coronada su empresa, después de un logro tan por encima de los demás, su destino individual es casi indiferente».

La muerte de Magallanes hace afirmar a Sweig que a una «flota tan mermada le falta el verdadero guía, el probado almirante Magallanes, se verá pronto en el indeciso curso que siguen los barcos. Como ciegos, como deslumbrados, andan a tientas por el archipiélago de las Sonda». A Elcano, a quien apenas dedica unos comentarios, lo presenta como un aprovechado de la gesta magallánica, al tiempo que lo tilda con calificativos muy negativos; entre otros lo presenta como un delincuente huido de la justicia, sin mayores explicaciones.

Apenas dedica unas páginas a contar lo que fue la llegada a las islas de las Especias, una vez que Juan Sebastián Elcano y el burgalés Gonzalo Gómez de Espinosa, tras la matanza de Cebú, se hicieron cargo de lo que quedaba de la escuadra. Ni a los nueve meses de travesía, desde que en febrero de 1522 la Victoria partió de Tidore hasta que arribó, primero a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre y dos días más tarde a Sevilla.

Poco se ha reivindicado la figura de Elcano, que será quien tomó la decisión de regresar con la Victoria, cargada de clavo, por la ruta del océano Índico. Algo que Carlos I había prohibido expresamente porque significaba entrar en las aguas del hemisferio portugués, según lo acordado en Tordesillas. Esa decisión fue lo que hizo que aquella expedición terminara dando la primera vuelta al mundo y que, con notoria injusticia histórica, hay quien adjudica a Magallanes, que había muerto más de dieciséis meses antes de que el marino de Guetaria llegase a la Sevilla que los había visto partir hacía algo más de tres años.

Sólo en un país como España suele ocurrir que un héroe como Juan Sebastián Elcano, al que cierto es que la Armada siempre mantuvo vivo su recuerdo -el buque escuela tiene su nombre-, quede relegado a poco menos que al ostracismo o que incluso se admita desde instancias gubernamentales que la primera vuelta al mundo fue una empresa lusitana e incluso multicultural, porque en los barcos de Carlos I iban gentes de muy diferentes naciones, sin tener en cuenta que la iniciativa la impulsaba el Rey de España y el predominio de los españoles era abrumador.

Elcano, que apenas aparece en los manuales de historia tras haber dado la primera vuelta al mundo, merece mucho más reconocimiento y valoración de lo que sólo él culminó, después de arrostrar toda clase de penalidades para poner en el haber de nuestra historia una gesta extraordinaria.

José Calvo Poyato es doctor en historia y escritor.

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8 metodologías que todo profesor del siglo XXI debería conocer | Realinfluencers

Sin autoridad académica ni didáctica

Martes, 27/Abr/2021 Julián Ruiz-Bravo Peña en ABC, 270421

No sabe imponerse… no pone orden… no se gana la confianza del alumno… no motiva… no acompaña en el aprendizaje… no guía… no imparte valores… en resumen, no tiene autoridad». Acusaciones rotundas como estas hemos recibido todos los profesores a lo largo de nuestra carrera docente, más frecuentemente en los últimos tiempos, y cuando las recibimos se apodera de nosotros una inquietud que raya, en algunos espíritus sensibles, en angustia, como la que puede sentir un incompetente general derrotado, a cuyo paso los soldados ya no se cuadran y ante los cuales ha perdido el poder y la estatura moral.

Es frecuente en el ámbito educativo indagar sobre el fundamento de la autoridad del profesor, reduciendo el debate a si la autoridad depende de una posición jerárquica sancionada externamente por la ley o se construye internamente, desde dentro, por el profesor, con su ejemplo, convicciones y cualidades morales.

La primera opción entiende la autoridad como poder y la segunda, como condición moral. En el debate unos desean rescatar la capacidad normativa y sancionadora para mantener el orden y la disciplina, necesarios en el aprendizaje, y otros solo atienden al concepto laborioso de la estatura moral, que es un constructo del profesor que se erige laboriosamente con autenticidad y bondad natural.

El que este artículo escribe sostiene que estos dos conceptos de autoridad son irrelevantes en el ámbito educativo, puesto que, de la misma manera que la autoridad-poder y la autoridad moral de un general, de un arquitecto o de un ingeniero dependen de su indiscutible y superior conocimiento profesional, la autoridad-poder y la autoridad moral de un profesor no se sostienen por sí mismas ni dependen una de otra, sino que son emanaciones de la única competencia relevante, la autoridad de su superior formación académica y didáctica.

Sin autoridad académica ni didáctica, el profesor pierde el respeto del alumno, que, por muy torpe que sea en su aprendizaje, considerará un fraude obedecer o seguir los consejos del señor mayor que está al frente de la clase. Ese señor mayor será ignorado cuando intente poner orden en un determinado conflicto o sancione una conducta y se convertirá en un ser ridículo cuando sermonee sobre igualdad, justicia, antirracismo y ecologismo.

Aunque parezca fabuloso, lo cierto es que esta obviedad, casi podríamos llamar axioma educativo, ha dejado de ser la piedra angular de la enseñanza, de tal forma que los centros escolares no son ya templos del saber, siendo los responsables de esta demolición los neopedagogos, que desde sus torres de marfil de las facultades universitarias, ajenas a la realidad del aula, desprecian el conocimiento, los políticos, que han trasladado a la legislación los dictámenes de los neopedagogos, y los propios profesores, que con actitud acomodaticia hemos renunciado a rendir cuentas de nuestra competencia profesional.

Cinco son los pilares, y por este orden, de la autoridad académica y didáctica del profesor: a) saber de algo al más alto nivel posible, b) saber transmitir lo que se sabe, c) exigir el aprendizaje de lo enseñado, d) comprobar y evaluar que se ha aprendido lo enseñado, e) rendir cuentas de la labor académica y didáctica. Vean a continuación cómo y con qué eficacia y frialdad se han derribado los cinco pilares de la autoridad académica, derribo iniciado principalmente por la LOGSE y culminado por la actual ley Celaá, convertida en forense de la defunción de la enseñanza.

El profesor que más sabe. Muy lejos quedan aquellas durísimas oposiciones en que los aspirantes debían exponer por escrito y oralmente sus conocimientos al más alto nivel posible y que debían superar, también al más alto nivel, tres o cuatro pruebas prácticas de aplicación de conocimientos a comentarios de textos y a problemas prácticos.

Las actuales oposiciones a maestro y profesor de secundaria no seleccionan ya, ni lo pretenden, a los aspirantes con más conocimientos, de tal forma que aspirantes cualificadísimos, con gran conocimiento de la materia, con excelentes expedientes universitarios, con doctorados cumplidos o participantes en proyectos serios de investigación, quedan por lo general desplazados por aspirantes que, recién terminado el grado, cursan un endeble máster de educación, se limitan a apuntarse a las bolsas de interinos, esperan a que llegue la primera sustitución, se dejan proteger por sindicatos y, finalmente, copiando una programación didáctica, se presentan a unas oposiciones en las que se exige exponer algo al nivel… de un alumno de primaria o de secundaria.

El profesor que mejor transmite lo que sabe. No existe actualmente la posibilidad de que el profesor pueda adquirir las habilidades didácticas necesarias para transmitir lo sabido. La única cualificación de las aptitudes pedagógicas que se exige es previa al proceso de selección y consiste en un fraudulento máster en educación, convertido en fabuloso negocio, que lejos de enseñar las habilidades didácticas necesarias para transmitir con eficacia los conocimientos matemáticos, físicos, literarios, etc., consiste en el adoctrinamiento en ciertos principios y métodos pedagógicos, orientados más a salvar el mundo de todas las injusticias que a mejorar la transmisión del conocimiento científico o humanístico.

El profesor que exige aprendizaje. Viene de muy atrás la apuesta de las sucesivas leyes educativas por la enseñanza amontonamiento, que, además de consagrar una educación comprehensiva e igual hasta a los 16 años, favorece, sin prudentes cautelas, aulas excesivamente heterogéneas. El amontonamiento y heterogeneidad excesivas, incompatibles con la excelencia, llevan consigo la rebaja de exigencia, siendo los principales perjudicados los alumnos brillantes y los alumnos con más dificultades.

Este amontonamiento ha llegado al virtuosismo con la ley Celaá, que incorpora fervorosamente el principio de inclusión en su acepción más integrista y fanática, esa que consiste en afirmar que la enseñanza de calidad consiste en el todosjuntosatodashorasenelmismositiodurantemuchosaños. Sin embargo, la realidad es que la inclusión amontonamiento es enemiga de la calidad, de prácticas tan didácticamente beneficiosas, por ajustarse a las diferencias académicas de los alumnos, como los desdobles, los grupos flexibles, los centros de educación especial, las aulas específicas de educación especial, la atención en grupos reducidos de alumnos aventajados en ciertas materias y la atención específica a los desfavorecidos.

El fracaso académico es inherente al amontonamiento inclusivo, al que solo interesa el experimento social, no el beneficio académico, promoviendo situaciones incompatibles con la exigencia y la excelencia, y que serán pronto realidad en las aulas, como juntar en un mismo grupo, por ejemplo, a un alumno autista, un Down, un hiperactivo, uno con dificultades de aprendizaje, uno con dificultades de lectoescritura, uno con altas capacidades, un superdotado, un recién incorporado sin conocimiento del idioma, tres o cuatro sin ningún deseo de estudiar, cinco o seis con interés y dos o tres de los llamados gamberros.

El profesor que evalúa lo aprendido. Como consecuencia de la alta exigencia del profesor, a su vez altamente cualificado en conocimientos y didáctica, tiene este la obligación de valorar el rendimiento del alumno, sea en forma de calificación numérica, estimativa o descriptiva, y de certificar si ha cumplido los objetivos marcados o no. Esta, la capacidad de aprobar o suspender, que es la manifestación más externa de la autoridad académica del profesor y que hasta hace unas décadas no era discutida por alumnos ni por padres, desde la LOGSE ha ido poco a poco desmoronándose.

El remate final ha llegado con la ley Celaá, que retira definitivamente al profesor la independencia evaluadora, al dictar con claridad meridiana que la promoción de curso y la titulación no deben estar ligadas al número de materias suspendidas y que la repetición de curso es en todo caso excepcional. Asistir a la obligada promoción general de alumnos, con cero u ocho materias suspendidas, es una de las experiencias más dolorosas y humillantes de la profesión docente.

El profesor que rinde cuentas de su ejercicio profesional. Lamentablemente, este fundamental pilar de la autoridad académica fue el primero en desaparecer, con la LGE de Franco: las evaluaciones externas finales de etapa, llamadas reválidas, que, existentes en la mayor parte de los países europeos, tienen la función de comprobar si el rendimiento académico de los alumnos de un centro corresponde al rendimiento exigido por la normativa.

Casi cincuenta años después, tras una brevísima y abortada resurrección con la LOMCE, parecen definitivamente enterradas, colaborando de forma entusiasta a su entierro todos los miembros de la comunidad educativa: los profesores, que ven, y con razón, que las evaluaciones externas no evalúan tanto a los alumnos como su labor docente; los alumnos, naturalmente felices por no tener que enfrentarse a una dura prueba; los padres, más preocupados de que sus hijos pasen de curso que de que aprendan; y la administración, que prefiere siempre el oscurantismo y la ocultación de datos.

En conclusión, la autoridad académica y didáctica del profesor ha sido arrancada de raíz, de forma concienzuda, planificada por pedagogos y ejecutada por la administración, con la abúlica aceptación del profesorado.

El interés de la educación actual ya no es la formación científica y humanística, lo que habitualmente llamamos enseñanza o instrucción, ya no es convertir los centros escolares en templos del saber, ya no es disponer de los mejores profesionales, ya no es formar excelentes estudiantes, sino otras cosas, educar socialmente, convertir los centros en plataformas de experimentación social, disponer de misioneros salvamundos, formar ciudadanos.

Y todo será en vano, no se conseguirá ni enseñanza ni educación, porque el alumno, que no es tonto, ha visto el fraude y se niega a respetar a quienes, habiendo perdido la autoridad académica y didáctica, ejercen de mediadores de conflictos o de sermoneadores de valores transversales.

Julián Ruiz-Bravo Peña

 

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Análisis de ‘El Sevilla‘ sobre Sánchez, los políticos catalanes y la derecha española. 190341.

Humor

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Gallego & Rey
Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 2760421 

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Fascistas moños insomnes

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  • Un hombre con problemas mentales envió el sobre con la navaja ensangrentada a Reyes Maroto, según la Policía

Luis Ángel Sanz en El Mundo, 260421

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  • Iglesias también quiere amordazar a Ana Rosa y la presentadora le responde: «¡Usted es un fascista!»

okdiario, 40421

Pablo Iglesias vuelve a atacar a la prensa desde un medio de comunicación. Esta vez, su intento de censura ha estado dirigido a Eduardo Inda y Ana Rosa Quintana. El líder de Podemos no quiere que los periodistas ejerzan libremente su trabajo y carga contra ellos bajo el pretexto de dar voz a Vox.

El líder podemita señala públicamente a los dos periodistas azuzando el odio hacia ellos mientras él se queja de que es atacado en redes sociales y centra la campaña para las elecciones en la Comunidad de Madrid del 4 de mayo en las amenazas que ha recibido en una carta.

Iglesias ha hecho esta grave acusación sobre Ana Rosa en la Cadena SER: «Ayuso difunde un bulo y Ana Rosa Quintana lo repite en un programa de máxima audiencia. Tenemos a un portavoz mediático de la ultraderecha difundiendo mentiras como si eso fuera normal en democracia».

La presentadora no se ha dejado amilanar y ha contestado al candidato de Podemos: «Fascista es el que señala al que piensa distinto, eso no es democrático… ¡señor Iglesias usted es un fascista! Los demás somos comunicadores, tenemos información y contamos lo que ocurra».

Ana Rosa no se ha mordido la lengua. «Yo vivo en Madrid, en una casa normal con mis hijos, voy al mercado, al parque, voy al centro de salud y yo no tengo ningún guardaespaldas. Usted me está señalando y esto es fascismo puro», ha dicho ante las cámaras de Tele 5.

«Ahora reparte democracia Pablo Iglesias, él decide quién es demócrata, quién debe votar y quién no, él es muy democrático», ha terminado diciendo Ana Rosa tras los ataques del político.

Ana Rosa Quintana es insultada como fascista por Pablo Iglesias y ella le replica que el fascista es él.

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Control de la Guardia Civil en el límite entre Navarra y La Rioja.
Control de la Guardia Civil en el límite entre Navarra y La Rioja.

Sánchez expulsa de Navarra a la Guardia Civil

LA EXPULSIÓN de la Guardia Civl de las carreteras de Navarra no puede coger a ningún estamento político o social desprevenido. Son demasiados años ya en los que, vencido el terrorismo a costa de muchas vidas, se ha permitido que desde las instituciones y las calles se fomente, se enquiste y se practique una política de odio contra quienes estaban en primera línea para defendernos de los asesinos.

Ahí está el tradicional Ospa Eguna, ese infame acto que se celebra sin mayores inconvenientes en el que se exige la retirada de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como si se tratase de un ejército invasor en periodo de entreguerras. Una ignominiosa exaltación del terrorismo y una humillación a las víctimas de ETA que encuentra ahora, en la decisión del Gobierno, una nueva concesión. Infame.

El flamantísimo ministro de Política Territorial, Miquel Iceta, ha acordado con la presidenta navarra Chivite que la Guardia Civil salga de las carreteras autonómicas el 14 de mayo. La fecha elegida, por cierto, no es baladí: piensa el Ejecutivo que por ejecutar los planes disolventes de los socialistas navarros y la izquierda abertzale diez días después de las elecciones ello no va a tener un impacto en las urnas madrileñas.

Y por supuesto que lo va a tener porque son muchos españoles los que observan con los ojos muy abiertos el conchabeo del PSOE con quienes quieren destruir nuestro país.

Como se explica hoy en nuestras páginas, 180 agentes de tráfico que serán relevados de sus cargos han luchado durante muchos años contra el terrorismo y ahora solo esperaban un final digno. Para más inri, se sienten traicionados por Marlaska porque fue el propio ministro del Interior quien en una visita, y estrechándoles las manos, les aseguró en septiembre de 2019 que no habría transferencias de este tipo de competencias al Gobierno Foral.

Una vez más, se confirma el valor que el equipo de Sánchez da a la palabra. No tiene ni empacho en traicionar a quienes todavía padecen el odio de unos grupúsculos y partidos que distorsionan la realidad en el País Vasco y Navarra. Es un paso más en el blanqueamiento de los que mataban con balas, en la nuca.

Las concesiones de Sánchez en los últimos tiempos han sido obscenas: utilizar a la Guardia Civil y el acercamiento de sanguinarios presos etarras sin arrepentir y con asesinatos sin esclarecer para garantizar respaldos parlamentarios, haría levantarse de su tumba a los socialdemócratas que murieron por la libertad y sí sabían dónde estaban las líneas rojas.

Los de hoy, se arrodillan y contribuyen al juego de aquellos que pretenden disolver España y todas las instituciones que representan nuestra unidad y convivencia, como la Guardia Civil. Porque no se puede obviar que el único objetivo de hacer desaparecer a la sección de tráfico de la Guardia Civil de Navarra tiene la intencionalidad política de hacerlos desaparecer de su sociedad. ETA y su entorno social y político llevan imponiendo su proyecto totalitario en las sociedades vasca y navarra desde hace décadas. Y ahora cuentan con la venia del Gobierno.

Es un paso más en el proyecto de quienes quieren disolver España

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Magrear el B.O.E.

Santiago González en El Mundo, 260421

El viernes se producía en la democracia española un hecho sin precedentes, en España y en cualquier otro sistema democrático. La cuadrilla gobernante había decidido reformar el artículo 315.3 del Código Penal para despenalizar la actividad de los piquetes coactivos en las huelgas. Su reforma debía hacerse mediante Ley Orgánica, y hete aquí que el pasado viernes, el Boletín Oficial del Estado incluía la sanción real de dicha Ley, en cuyo preámbulo se puede leer este tercer párrafo contra el partido de la oposición:

 “Con la crisis como oportunidad, desde la llegada al Gobierno del Partido Popular en diciembre de 2011, se inició un proceso constante y sistemático de desmantelamiento de las libertades y especialmente de aquellas que afectan a la manifestación pública del desacuerdo con las políticas económicas del Gobierno”. Por si no había quedado suficientemente claro se añadía más adelante que la reforma laboral y el citado 315.3 “habían servido para desplegar una serie de leyes que  asfixian la capacidad de reacción, protesta o resistencia de la ciudadanía y de las organizaciones sindicales, hacia las políticas del Gobierno”.

Nunca se había visto nada igual: un Boletín Oficial magreado por el Gobierno para agredir a la oposición. Los lectores, si los hubiere, comprenderán el sentido de mi eslogan sobre esta tropa que nos desgobierna: Pedro Sánchez emputece todo lo que toca. Igual, no, parecido, sí: los dos párrafos espurios que el sanchista José Ricardo de Prada introdujo en su sentencia sobre la Gürtel y que constituyeron el argumento ilegítimo para que el doctor Fraude cimentara su moción de censura.

Mueve a perplejidad que el Rey sancione una ley con dicterios contra una Administración anterior. No sé si la Casa del Rey desprecia preámbulos para centrarse solo en lo mollar: sacudir a  la oposición. En fin, ya tienen experiencia para saber que a esta tropa hay que leerle hasta el pensamiento.

La Asociación de Fiscales denuncia que se utilicen las normas para hacer política partidista en el B.O.E. En realidad, todo estaba pregonado desde hace años. Recordarán aquel 22 de enero de 2016, cuando Pablo Iglesias convocó a la prensa al terminar su entrevista con el Rey. Mientras Felipe VI recibía al candidato Sánchez, Iglesias, rodeado por sus fieles, tres de los cuales (Domenech, Errejón y Bescansa) han causado baja, se anunció como vicepresidente de un Gobierno de coalición, con el control de las secretarías de Estado y de los organismos que le correspondan, a saber: el C.I.S., el C.N.I. y el B.O.E. (Doc. ‘Un país para la gente’, 15 de febrero de 2016).

Uno pensó que hacía falta ser algo lerdo para creer que se podía hacer literatura creativa con el boletín. El lerdo era yo. Aquí tienen un B.O.E. cuya dirección parece encomendada a Dina Bousselham, el C.I.S. de Tezanos y a saber lo que ha hecho del C.N.I.

Es preciso señalar que a la hora de su publicación en el B.O.E., Iglesias era un don nadie, bueno, como lo ha sido toda su vida, quiero decir que ni siquiera era vicepresidente. El problema, una vez más, es Pedro Sánchez.

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La mujer de César
Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto

 

La mujer de César

El autor hace ver que si el Constitucional se mostrase como un órgano de magistrados que son recusados o se abstienen en función de sus fobias y filias es algo que causaría un profundo desasosiego

Javier Gómez de Liaño en El Mundo, 260421

ESTA TRIBUNA viene a cuento de la reciente decisión del magistrado del Tribunal Constitucional (TC) Cándido Conde-Pumpido de aceptar la recusación formulada contra él por varios líderes independentistas catalanes condenados a penas de hasta 13 años de prisión por los delitos de sedición y malversación. Meses antes, el 16 de febrero, el magistrado Antonio Narváez había hecho lo mismo en incidentes procesales semejantes. Ambas abstenciones han sido admitidas por el pleno del TC.

Según el escrito de recusación, los motivos esgrimidos por los recusantes eran:

primero, la intervención, en noviembre de 2017, en un coloquio donde, en relación a la Ley 19/2017, del Referéndum de autodeterminación de Cataluña, confesó la «preocupación» que le producía «la pretensión de subvertir el Estado social y democrático de derecho, utilizando fraudulentamente la propia bandera de la democracia»; segundo, haber sido fiscal general del Estado y tener amistad con uno de los fiscales que participaron en el juicio del procés; tercero, su supuesta intercesión, en 2018, para que el Estado asumiera los gastos que el magistrado instructor de aquella causa especial tendría que afrontar por defenderse de la demanda presentada contra él, en Bélgica, por quienes planteaban la recusación; y, por último, su anterior condición de magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.

A estas cuatro causas, el «recusado» respondió, para rechazarlas, con sólidos argumentos. Desde que en el encuentro celebrado en el Congreso de los Diputados jamás pretendió anticipar un juicio de culpabilidad penal sobre las decisiones del parlamento de Cataluña, hasta que el hecho de haber formado parte del Tribunal Supremo no podía generar una duda legítima de ausencia de imparcialidad.

No obstante, al final, el magistrado Conde-Pumpido optó por abstenerse para, según manifiesta, «reforzar la apariencia y confianza en la imparcialidad del Tribunal Constitucional en el ejercicio de las funciones que tiene atribuidas en defensa de la Constitución y de los valores que proclama».

A partir de estos antecedentes, cabe decir que esa abstención es una buena noticia, al igual que lo fue la del señor Narváez. Los jueces no son ángeles y estoy seguro de que los dos magistrados son los primeros en reconocer que de santidad, la mitad de la mitad.

La mujer de César debe estar por encima de la sospecha, nos dice Plutarco en sus Vidas paralelas, a lo que yo añadiría que a veces no es suficiente con parecer imparcial sino que también hay que serlo por muy espinoso que resulte.

Es cierto que el juez justo, pese a ser amigo o enemigo, tener interés directo o indirecto, logre hacer justicia, pero no lo es menos que puede que esto no ocurra. El ciudadano, lo mismo que el juez, es un ser de carne y hueso que tiene todo el derecho a que la ley proteja sus recelos.

De ahí las dos clases de imparcialidad: la «objetiva» por la que se asegura que el juez se acercará al thema decidendi sin haber tomado postura previa en relación a él, y la «subjetiva» que garantiza que el juez no ha mantenido relaciones indebidas con las partes.

La obligación de ser ajeno al litigio, de no jugarse nada en él, de no ser juez y parte de la propia causa, se resume en dos reglas. Una, que el juez no ha de asumir, procesalmente, funciones distintas a las judiciales; otra, que no le está permitido mantener con los litigantes relaciones jurídicas o conexiones de hecho que pueden poner de manifiesto o exteriorizar una previa toma de posición anímica a favor o en contra de alguno de ellos (Sentencias del TEDH, de 22 de junio de 1989, caso Langborger; de 25 de noviembre de 1993, caso Holm, de 20 de mayo de 1998, caso Gautrin y otros; y de 1 de diciembre de 2015, caso Blesa Rodríguez contra España).

Se trata de principios plenamente trasladables al trabajo de los magistrados constitucionales y en este sentido el artículo 22 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional (LOTC) subraya que ejercerán su función de acuerdo con los principios de imparcialidad y dignidad inherentes a la misma.

Ahora bien, cosa distinta sería que los dos magistrados se hubieran retirado de la circulación, que no lo creo, por la amenaza de los independentistas y, al respecto, recuérdense las palabras de Puigdemont a raíz de la abstención de Conde-Pumpido, cuando dijo que «esto acaba de empezar».

En tal supuesto, que insisto, me cuesta admitir, la noticia dejaría de ser buena para pasar a ser mala, pues abriría el portón a una cadena de recusaciones con el objetivo de dejar al TC fuera de servicio –los dos tercios requeridos por el artículo 14 de la LOTC es un riesgo–, lo que sería algo peor que una pesada broma. 

El hecho de que el Cons- titucional quedase ante los ojos de la gente como un órgano compuesto por magistrados que son recusados o se abstienen de intervenir en los asuntos porque van a pronunciarse en función de fobias y filias, es algo que a cualquier persona sensata causaría un profundo desasosiego.

De ahí, la necesidad de atajar el peligro y, de ahí, también, que para evitarlo haya que poner en marcha el mecanismo que permita rechazar de plano las recusaciones espurias y que bien podría ser el previsto en el artículo 11.2 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) al disponer que «los juzgados y tribunales rechazarán las peticiones, incidentes y excepciones que se formulen con manifiesto abuso de derecho o entrañen fraude de ley o procesal».

Tengo para mí que las pretensiones de los recusantes no descansan en razones estrictamente jurídicas, ni en temores fundados y sí en caprichosas intuiciones o, si se prefiere, en vulgares conjeturas. Ninguno de los magistrados del TC recusados han dado muestras de falta de rectitud. Los dos, lo mismo que sus compañeros, están donde están para hacer justicia, no para prestar servicios ni dejar que sus espíritus sean invadidos por ideas preconcebidas.

La imparcialidad como manifestación de la independencia es noción que, por pertenecer al patrimonio moral del juez, no admite imposiciones, ni barreras. Nada como la conciencia del juez para distinguir la linde de lo que se debe hacer.

Téngase presente que, con arreglo a la doctrina del propio TC sentencia, entre otras, 69/2001, de 17 de marzo, para que un juez pueda ser apartado del conocimiento de un proceso, es necesario que las dudas se apoyen en datos que permitan temer «fundadamente» que el magistrado no va a utilizar como criterio de juicio el previsto en la ley, sino otras consideraciones ajenas al ordenamiento jurídico.

No basta, pues, con que las prevenciones o dudas sobre la imparcialidad del juez surjan en la mente de quien recusa, sino que es preciso determinar si las mismas alcanzan una consistencia tal que autoricen afirmar que se hayan legítimamente justificadas. La neutralidad de quienes integran los órganos jurisdiccionales constituye una exigencia básica del proceso debido y se halla dirigida a garantizar que la razonabilidad de las pretensiones sobre las que han de pronunciarse sea decidida, conforme a la ley, por un tercero ajeno a los intereses en litigio y, por tanto, a sus titulares y a las funciones que desempeñan en el proceso.

EN FIN. Balzac escribió que desconfiar de la justicia era un principio de convulsión social. De vivir, hoy habría actualizado aquel pensamiento y diría que afirmar sin razón que un juez es parcial significa renunciar a la democracia. Lo importante es el esfuerzo de objetividad. Sólo entendiendo la imparcialidad de este modo se evita caer en tentaciones y consideraciones inadecuadas a un Estado democrático de Derecho.

Lo peor es que si las cosas terminan yendo como algunos irresponsables quieren que vayan, juzgar será un auténtico sufrimiento, un verdadero calvario protagonizado por trileros que juegan con las cartas marcadas convencidos de que, pase lo que pase, nunca perderán.

Javier Gómez de Liaño es abogado. Fue vocal del Consejo General del Poder Judicial y magistrado.

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Blanquear al comunismo

Se habla mucho de blanquear al fascismo, pero no hay nadie que hable de hacer lo mismo con el comunismo. ¿Por qué?

Miquel Giménez en Vozpópuli, 260421

Ambas ideologías, nefastas y totalitarias, han sido condenadas por la Unión Europea, aunque tal parezca que lo licito es tan solo enarbolar la bandera antifascista. En cambio, a poco que uno declare su profunda aversión por esa monstruosidad que ha supuesto el comunismo para el ser humano, se expone a que lo tilden de nazi.

No exagero. Una ministra del gobierno, Ione Belarra, ha definido este domingo a Ayuso y a Vox como “Nazis a cara descubierta”. Nadie la ha llamado al orden. El mismo Sánchez habla de frenar la amenaza de ultraderecha, de que no sería normal que Ayuso ganase y se apoyara e Vox para formar gobierno, que se trata de salvar a nuestra democracia.

Sánchez, habituado a negociar con Bildu, herederos de la tristemente célebre ETA, calla que su socio de gobierno, Podemos, ha justificado por boca de Pablo Iglesias a la banda terrorista, llegando a decir que podía entenderse su actuación por razones políticas.

Tampoco dice nada acerca de Esquerra, que acude a homenajes a etarras con sonrisas en los labios. No opina de la violencia cupaire ni de que el secretario del PCE, por cierto, sustituto de Belarra en el cargo que dejó vacante, haya dicho que está a favor de Otegui o que sueña con asesinar a los reyes.

Esto viene de lejos. Se dio por bueno que legalizar al PCE era la prueba del algodón de la democracia y nunca se les pidieron cuentas por su conducta en la República ni en la guerra civil. Hablar de memoria histórica es estupendo, siempre que se sepulte la matanza de Paracuellos, las checas, el odioso SIM o los asesinatos, incluso de personalidades de izquierdas como Andreu Nin. Aquí parece que solo mataban y cometían atrocidades unos, mientras los otros eran seres de luz.

Eso se debe a que el comunismo ha gozado de patente de corso a lo largo de estos cuarenta años. Al PSOE le parecía de perlas disponer de un altavoz que dijera lo que ellos, a fuer de social demócratas financiados por el dinero de la Fundación Friedrich Ebert, tenían que callar. Ahora que ese comunismo se muestra a cara descubierta ya es tarde para dar marcha atrás.

No es extraño que personas como Fernando Savater digan que, a pesar de ser de izquierdas, votaría a Ayuso. O que reputados chefs como Jordi Cruz, más cerca del independentismo que otra cosa, se manifieste en el mismo sentido. De ahí que urge de manera perentoria, si estamos interesados en preservar una democracia cada día más erosionada por la campaña de desgaste que está desarrollando la izquierda, decir que de blanquear al fascismo, nada, pero al comunismo, tampoco.

Ya está bien que artistas, intelectuales, periodistas o personajes populares vayan glosando un comunismo del que saldrían pies en polvorosa si realmente acabase imponiéndose en la nación sin que nadie les cante las cuarenta. Ya está bien de tanta consigna intoxicadora. Porque ni Vox es fascista ni mucho menos Ayuso.

Esta situación sería totalmente intolerable en cualquier país europeo, en el que un gobierno que albergase a personajes que soñaran con asesinar al jefe del estado, simplemente, no tendrían cabida en la vida pública.

De todo lo que ha dicho Iglesias a lo largo de estos años, pagado por oscuras faltriqueras, excuso hacer el inventario, Alguien así también sería impensable que hubiese llegado a la vicepresidencia del gobierno.

No hay que blanquear más al comunismo. Hay que decir lo que son, lo que representan a lo largo de su historia, y empezar a explicar quién fue Stalin, Lenin o Beria, Mao, Pol Pot, el Che, Castro, Maduro. Que eran los Gulags, las purgas, el Holomodor, los campos de los Khmers Rojos, la Revolución Cultural maoísta.

Y, sobre todo, quienes fueron la Pasionaria, El Campesino, Líster, Negrín o Carrillo. El debate político es imposible ganarlo si antes no vence en el debate cultural. Por eso Iglesias se marcha de los debates. Lo suyo es el discurso á là soviètique.

Decía Sócrates que la injusticia es un vicio del alma y eso es precisamente lo que supone dialogar con una ideología tan abrumadoramente inhumana como el comunismo. Un error que no podemos cometer quienes amamos la libertad. No contemporicen más. Vencerlos en las urnas, esa es la única manera de conjurarlos.

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. Jóvenes madrileños opinan sobre Isabel Díaz Ayuso. 110321.

. Un irónico José Luis Martínez-Almeida fulmina al ministro Marlaska: “Le pido disculpas por haberle nombrado una organización criminal”. 260421.

. ¿Es un montaje el sobre con bala de Iglesias y Marlaska? Con Cristina Seguí. 260421.

 

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Idígoras y Pachi
Viñeta de Idígoras & Pachi en El Mundo, 260421.

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