Mentiras, moralidad y primates

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¿?Cómo echar al trilero?

DZPedro es un mentiroso compulsivo, sin vergüenza alguna. Todo un trilero sin siquiera la habilidad propia del mismo. Teniendo por bandera toda una serie de mentiras con las agravantes penales de la premeditación y la alevosía. Y donde la consiguiente e ineludible pregunta consiste en saber con qué armas legales cuenta el partido, Parlamento y la sociedad  y Justicia para quitar de en medio a tamaño Presidente del Gobierno.

Queda claro que el PSOE se encuentra en la ruina moral y política por su comprobada incapacidad para reexpulsar del partido a un Presiente que se vanagloria de la falsedad sin descanso. Lo intentó una vez y no supo rematar. Ahora, los remozados estatutos a la carta, lo hacen ya imposible.

El Parlamento, es decir, sus miembros, demuestran una sorprendente catadura capaz de vender hasta el rosario de su madre, con tal, digo yo, de mantenerse en el escaño , asegurando su nómina. La historia hablará e ellos como del grupo parlamentario de menor nivel político, intelectual, moral y cívico que ha conocido la democracia. En consecuencia, huelga decir que jamás de los jamases optarán por representar al ciudadano mientras puedan seguir obedeciendo al Presidente trilero.

La sociedad, el pueblo, se ha decantado por la misma actitud cagueta. medroso y melífluo que ya ejerció ante los asesinatos de ETA: el silencio de los corderos lechales. Así que por ese lado, tampoco nada que rascar: ni moción de censura ni cuestión de confianza.

Queda, pues, la Justicia, que, como es bien sabido, se encuentra tan lejos de la democrática división de poderes…

“La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo” pero “si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo[art102 CE]”. De modo que estamos de vuelta con los diputados.

Por otra parte, ahora comprenderán, o no, por qué a Torra se le pueden juzgar sus fechorías con mucha más facilidad que al trilero, aunque, también y por supuesto, sin consecuencia alguna. Como a padre Pujol y otros tantos de la cárcel bananera de Lledoners…

En fin, ¿Tan difícil resulta poner a disposición de la soberanía nacional poner a su disposición un impeachment, proceso de destitución, a la española? O…¿qué más tiene que hacer –o dejar de hacer el trilero para ponerle de patitas en la calle?

Aparte de dignidad, claro.

EQM

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Hospitales al límite: 1.100 muertos por coronavirus en Madrid no fueron ingresados en la UCI

Luz Sela en okdiat¡rio, 280320

La saturación que se vive en los hospitales, y especialmente en las unidades de cuidados intensivos, lleva días siendo una realidad por el imparable avance de la epidemia de coronavirus. La situación especialmente grave en Madrid tiene su reflejo en UCI colapsadas, a la espera aún del pico de la pandemia, que no se corresponderá aún con el pico de estas unidades. Se estima que el peor escenario en cuidados críticos se produzca aún una vez finalizado el estado de alarma. De las cifras actualizadas que cada día ofrece el Ministerio de Sanidad destaca un dato: en la Comunidad de Madrid, hasta 1.100 fallecidos no pasaron por las UCI.

En los hospitales madrileños se temía el umbral del millar de pacientes con necesidad de cuidados intensivos, los más graves, por desarrollar neumonía, y que precisan de una atención constante y respiración. Esa cifra se alcanzó ya este martes, con 1.050 ingresados en estas unidades. Los centros se han visto obligados a ampliar la capacidad a contrarreloj, pero han surgido muchas necesidades: algunas tan primarias como la falta de personal suficientemente cualificado para vigilar a pacientes muy delicados. O la propia falta de respiradores. Los puntos críticos de la pandemia que ha puesto a prueba la resistencia de nuestro sistema sanitario.

Durante esta semana, el número de pacientes en estado muy grave se ha incrementado por la evolución lógica de la propia enfermedad. Según los cálculos de Sanidad, el periodo que transcurre entre que el paciente nota los primeros síntomas y se confirma su diagnóstico es de entre 7 y 10 días. A ello hay que sumar los 5 días de media que ocupa la incubación. Y a esto, los días que pasan desde que se confirma ese positivo hasta que la enfermedad se agrava. Ello supone que la tensión para las unidades de críticos se vea reflejada aún dentro de unas semanas, aún cuando se haya alcanzado el ansiado pico de contagios y la curva vaya en descenso.

El propio Fernando Simón, portavoz de Sanidad para el coronavirus, admitió que lo preocupante ahora no es tanto la curva de contagios, que podría empezar a suavizarse en los próximos días, como la hospitalización y, especialmente, la saturación de las UCI. Y también, por lógica, el número de fallecimientos.

Según el último dato disponible al cierre de esta información, sólo en la Comunidad de Madrid se contabilizaban 2.412 fallecidos, pero el dato de quienes habían ingresado en intensivos era de 1.312.

Un dia antes, el jueves, eran 2.090 las defunciones por coronavirus. Sin embargo, el número de casos con UCI era de 1.221. En toda España, el número de muertes asciende a 4.089, y el de intensivos a 3.679.

«Esperanza de vida»

Hace días, y en previsión del colapso, los profesionales de cuidados intensivos ya emitieron un protocolo en el que se indicaba que, ante dos pacientes similares, se debería «priorizar la mayor esperanza de vida con calidad».

El plan fue elaborado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) con el título ‘Recomendaciones éticas para la toma de decisiones en la situación excepcional de crisis por pandemia Covid-19 en las unidades de cuidados intensivos’. Y en él se dan las pautas para discriminar la admisión en unidades de críticos, para lo que «se debe tener en cuenta la supervivencia libre de discapacidad por encima de la supervivencia aislada».

«Ante pacientes críticos con otras patologías críticas que no puedan estar en otras áreas asistenciales, como reanimación o semicríticos, diferentes a la infección respiratoria por COVID-19, se debe valorar ingresar prioritariamente a quien más se beneficie o tenga mayor expectativa de vida, en el momento del ingreso», se indica. Añaden que hay que «priorizar la mayor esperanza de vida con calidad». «En personas mayores se debe tener en cuenta la supervivencia libre de discapacidad por encima de la supervivencia aislada», recomiendan.

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Al Ministerio ecológico sólo le preocupaba la «salud de los chimpancés» cuando ya había 3.434 españoles muertos

ok diario, 270420

Al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, liderado por la socialista Teresa Ribera, le preocupa el daño que pueda causar el coronavirus a los gorilas, chimpancés y orangutanes. Así lo demuestra un mensaje que colgó el perfil oficial en Twitter del Ministerio el pasado miércoles. Ese día fue cuando España registró 3.434 fallecidos por el COVID-19, superando los muertos en China, lugar donde se originó la pandemia mundial.

«El COVID-19 supone una grave amenaza para los grandes simios. El virus podría acabar con poblaciones de gorilas, chimpancés y orangutanes. Los primates, nuestros parientes más cercanos, son susceptibles de contagiarse con enfermedades humanas», señaló el tuit colgado por el Ministerio de Teresa Ribera hace dos días. Se adjuntaba un artículo publicado en el diario británico ‘The Guardian’ que explicaba la letalidad de este virus entre los simios.

«El coronavirus representa una amenaza letal para los grandes simios, advierten los expertos», fue el titular escogido por Damian Carrington, editor de medio ambiente en el periódico, para el artículo. «Muchos de nuestros parientes vivos más cercanos ya están en riesgo de extinción y son susceptibles a las enfermedades humanas, advierten los científicos», denunció Carrington.

«La pandemia de coronavirus podría acabar con las poblaciones de chimpancés, gorilas y orangutanes, advirtieron los principales científicos. Se sabe que nuestros parientes vivos más cercanos, que comparten aproximadamente el 98% del ADN humano, son susceptibles a contraer enfermedades respiratorias de las personas», se lee en el artículo del diario británico.

Hasta el momento, el coronavirus ha provocado en España más de 4.900 muertos y más de 64.000 contagiados. Las cifras mundiales de la pandemia sitúan el número de muertos en más de 25.000 personas y los casos positivos en más de 566.000.

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Engañados como a chinos

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Origen de la expresión “te han engañado como a un chino“
Los excrementos de las aves marinas acabaron con los Rapa Nui
 Simplicissimus en Notin, 260217

Más de cien depósitos de guano fueron reclamados como estadounidenses bajo esta ley. Hoy en día, varias de estas islas todavía siguen bajo dominio estadounidense. La respuesta de Perú e Inglaterra fue aumentar la producción de las islas Chincha e intentar acaparar el mercado. Para ello necesitaban contratar más mano de obra… y barata. Se enviaron barcos a China donde prometían a los humildes campesinos trabajos bien remunerados en las minas de oro. Cuando llegaban a Perú, eran enviados a las islas para trabajar en las minas de guano en condiciones de semiesclavitud. En 1875 había más de cien mil chinos en Perú.

A causa de la alta mortandad de los trabajadores chinos (suicidios, enfermedades, accidentes…) y la disminución de nuevas remesas (comenzaron a llegar a China las noticias de las falsas ofertas de trabajo, origen de la expresión “te han engañado como a un chino“) tuvieron que buscar nuevas fuentes de mano de obra. Para desgracia de los pascuenses, el nuevo objetivo fue la isla de Pascua.

A finales de 1862, ocho barcos zarparon de Perú y tras recorrer más de tres mil kilómetros llegaron a la isla de Pascua. Tras un intercambio de baratijas y regalos, los marineros rodearon a los pascuenses y los capturaron. Algunos fueron abatidos en la huida, otros se despeñaron por los acantilados… un tercio de la población (casi todos los hombres adultos) fueron hechos prisioneros y llevados a trabajar a las minas de guano. Al final, Inglaterra y Estados Unidos entendieron que Perú se había excedido y obligaron a liberar a los prisioneros pascuenses.

–Cuando se repatriaron a los supervivientes de los trabajos forzados, sólo quedaban cien hombres con vida. En el trayecto de vuelta a casa, la viruela mató a ochenta y cinco. Solo quince volvieron a pisar la isla de Pascua y no todos en perfectas condiciones. Fue la puntilla de los Rapa Nui, la cultura que construyó los enigmáticos moais.   Fuente: [Historiasdelahistoria.com]

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Revista de prensa

Han llegado los respiradores, ¡conéctenlos!
Jueves, 26/Mar/2020 Francisco Pérez de los Cobos Orihuel, Joaquín Maudos en El País

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Virus por correspondencia

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Declaración del estado de alarma y sus efectos laborales: analizamos las medidas que pueden llevar a cabo las empresas
Ruben Zamora en Notin, 260217

Dada la compleja situación que estamos viviendo con la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 y los efectos tan importantes que va a tener en las relaciones laborales y a la espera de que se acuerden medidas concretas de tipo económico que alivien, dentro de lo posible, los efectos laborales más negativos, es conveniente comentar brevemente que caminos nos da la legislación laboral vigente para superar estas situaciones, caminos que son insuficientes de por si y que necesitan decisiones rápidas por parte del Gobierno.

EMPRESAS QUE VAN A CERRAR SU ACTIVIDAD AL PÚBLICO

El Real Decreto aprobado que declara el estado de alarma contiene una relación de equipamientos y actividades cuya apertura al público queda suspendida, es decir, lo que conlleva que muchos de sus empleados vaya a dejar de prestar servicios en esas empresas. Solo de forma excepcional, pueden trabajar en esas empresas algunos trabajadores (personal de seguridad y mantenimiento). En los casos en que las Comunidades Autónomas amplíen el cierre al público de otros centros añadidos a los contemplados en el Real Decreto, el tratamiento jurídico debe ser igual al que indicamos a continuación.

Desde un punto de vista contractual, este hecho se debe realizar a través de una suspensión del contrato de trabajo conforme a la regulación prevista en el Estatuto de los Trabajadores (art. 47 ET) y en su Reglamento de desarrollo (RD 1483/2012, de 29 de octubre). El efecto de la misma es que se deja de prestar servicios y de recibir salario, con derecho a la prestación por desempleo si se tiene cubierto el período mínimo para ello.

Dicha suspensión requiere que la autoridad laboral verifique la situación de fuerza mayor (art. 51.7 ET), de modo que hasta tanto no se dicte el correspondiente acto administrativo el empresario mantiene la obligación de retribuir al trabajador (art. 30 ET).

Algo muy conveniente sería que una de las medidas que se adoptasen sea el eximir de ese control administrativo a la relación de actividades previstas en el Real Decreto. Y, sobre todo, que se agilicen los procedimientos de percepción de la prestación por desempleo y, por supuesto, que no compute el período de la prestación como consumido por si se produce una posterior extinción del contrato de trabajo.

EMPRESAS QUE SE VEN OBLIGADAS A REDUCIR SUS ACTIVIDADES

La norma también acuerda una reducción importante de los servicios de transportes de viajeros, lo que va a conllevar un importante excedente de este tipo de personal para estas empresas (art. 14). Este hecho también es constituye un supuesto de fuerza mayor que, a criterio organizativo de la empresa, se puede materializar en la suspensión del contrato de trabajo o bien una reducción de jornada del correspondiente porcentaje de la plantilla de la empresa, incluida la doble medida acumulada, en ambos casos por motivos de fuerza mayor. A estos casos se les aplicará el régimen indicado en el apartado anterior.

EMPRESAS OBLIGADAS A CERRAR O REDUCIR SUS ACTIVIDADES POR FALTA DE CLIENTELA O SUMINISTROS PARA DESARROLLAR SU ACTIVIDAD

También vamos a tener empresas que no van a estar en los dos supuestos anteriores pero por hechos externos fortuitos a la propia empresa no puedan seguir desarrollando su actividad, en cuyo caso podrán suspender la relación laboral o reducir empleo, ahora por causas productivas, conforme a la normativa prevista. Los pasos son idénticos a los citados, salvo que en estos casos no es precisa la constatación de la autoridad laboral, pero sí el correspondiente período de consulta de los representantes de los trabajadores.

Aquí sería muy deseable que se adoptase la medida de que la citada suspensión tenga un efecto inmediato, sin perjuicio de que inicie inmediatamente a continuación el referido período de consultas.

Sería conveniente, además, que las medidas contemplasen que en ningún caso se podrán suspender las actividades de aquellas empresas que presten servicios de primera necesidad o que afecten a servicios esenciales de la comunidad, debiendo en consecuencia las Administraciones públicas facilitarles cuantos medios sean precisos para que sigan funcionando.

¿PARA EL RESTO, EXISTE LA OBLIGACIÓN DE TRABAJAR?

Para el resto de los trabajadores, salvo acuerdo con la empresa, salvo razones de fuerza mayor o de excedencia por motivos familiares, analizada la norma se entiende que deben seguir prestando servicios. Entre las razones de fuerza mayor se encontrarían los impedimentos para acudir al centro de trabajo derivados del cierre por decisión del Ministro del Interior a la circulación de carreteras o tramos de ellas por razones de salud pública, seguridad o fluidez del tráfico (art. 7.4).

¿Y QUE SUCEDE CON EL TELETRABAJO?

En este ámbito, si que es cierto que el borrador del Real Decreto contemplaba inicialmente la obligación de las empresas de organizar la actividad en régimen de teletrabajo, salvo que ello no resultase posible. Es muy curioso que dicha previsión haya desaparecido en el texto publicado finalmente en el Boletín Oficial del Estado, suponemos que porque ello conllevaba la modificación del Estatuto de los Trabajadores (art. 13 ET), de modo que exigía que se hiciese por medio de un Real Decreto Ley.

Por lo que sería muy conveniente que una medida inminente a adoptar sea la obligación de implementar el teletrabajo tanto para las empresas como para los trabajadores. Caso de que la empresa sólo lo pueda ofrecer para un número limitado de trabajadores, sería oportuno contemplar la preferencia para acogerse al teletrabajo para aquellos empleados que tuviesen responsabilidades de carácter familiar: atención a menores de 12 años, mayores, dependientes y discapacitados.

No obstante, hemos de comentar que, en todo caso, el teletrabajo puede introducirse en cualquier momento por acuerdo entre las partes (art. 13.2 ET), lo que es muy aconsejable. En este caso, corresponde a la empresa establecer los medios necesarios para poder realizar dicha actividad a distancia. Además, el trabajador ostenta el derecho a solicitar realizar su actividad en régimen de teletrabajo para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral en los términos previstos en los convenios colectivos; de no contemplar nada el convenio colectivo deberá ser objeto de pacto entre trabajador y empleador, de modo que si el empleador manifiesta su negativa a ello deberá indicar las razones objetivas en las que se sustenta su decisión (art. 34.8 ET).

Para acabar, en el ámbito educativo se establece la suspensión de la docencia presencial, si bien durante el período de suspensión se deben mantener las actividades educativas a través de las modalidades a distancia o ‘on line’ (art. 9). Esto significa que las empresas tienen que ofrecer a sus trabajadores la posibilidad de realizar su actividad docente a distancia en régimen de teletrabajo, poniendo a su disposición los medios necesarios para ello. Sólo de no ser posible lo anterior, el personal docente deberá acudir al centro de trabajo para realizar su actividad docente en estos términos por el tiempo indispensable.

¿QUE VA A PASAR CON LOS TRABAJADORES QUE TENGAN DIFICULTAD O IMPOSIBILIDAD DE PRESTAR SU TRABAJO A CAUSA DE CONCILIACIÓN?

Hasta no ver que medidas se van a tomar a este respecto, podemos indicar las medidas que si contempla nuestra legislación:

– Derecho a ausentarse del trabajo con derecho a retribución en los siguientes supuestos: dos días por el fallecimiento, accidente o enfermedad graves, hospitalización o intervención quirúrgica sin hospitalización que precise reposo domiciliario, de parientes hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad. Cuando con tal motivo la persona trabajadora necesite hacer un desplazamiento al efecto, el plazo será de cuatro días (art. 37.3 ET).

– Quien por razones de guarda legal tenga a su cuidado directo algún menor de doce años o una persona con discapacidad que no desempeñe una actividad retribuida tendrá derecho a una reducción de la jornada de trabajo diaria, con la disminución proporcional del salario entre, al menos, un octavo y un máximo de la mitad de la duración de aquélla. Tendrá el mismo derecho quien precise encargarse del cuidado directo de un familiar, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que por razones de edad, accidente o enfermedad no pueda valerse por sí mismo, y que no desempeñe actividad retribuida. El progenitor, adoptante, guardador con fines de adopción o acogedor permanente tendrá derecho a una reducción de la jornada de trabajo, con la disminución proporcional del salario de, al menos, la mitad de la duración de aquélla, para el cuidado, durante la hospitalización y tratamiento continuado, del menor a su cargo afectado por enfermedad grave, que implique un ingreso hospitalario de larga duración y requiera la necesidad de su cuidado directo, continuo y permanente, acreditado por el informe del servicio público de salud u órgano administrativo sanitario de la comunidad autónoma correspondiente y, como máximo, hasta que el menor cumpla los dieciocho años. Por convenio colectivo, se podrán establecer las condiciones y supuestos en los que esta reducción de jornada se podrá acumular en jornadas completas (art. 37.6 ET).

– Los trabajadores tienen derecho a solicitar las adaptaciones de la duración y distribución de la jornada de trabajo, en la ordenación del tiempo de trabajo y en la forma de prestación, incluida la prestación de su trabajo a distancia, para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral. Dichas adaptaciones deberán ser razonables y proporcionadas en relación con las necesidades de la persona trabajadora y con las necesidades organizativas o productivas de la empresa. En el caso de que tengan hijos o hijas, las personas trabajadoras tienen derecho a efectuar dicha solicitud hasta que los hijos o hijas cumplan doce años. En la negociación colectiva se pactarán los términos de su ejercicio, que se acomodarán a criterios y sistemas que garanticen la ausencia de discriminación, tanto directa como indirecta, entre personas trabajadoras de uno y otro sexo. En su ausencia, la empresa, ante la solicitud de adaptación de jornada, abrirá un proceso de negociación con la persona trabajadora durante un periodo máximo de treinta días. Finalizado el mismo, la empresa, por escrito, comunicará la aceptación de la petición, planteará una propuesta alternativa que posibilite las necesidades de conciliación de la persona trabajadora o bien manifestará la negativa a su ejercicio. En este último caso, se indicarán las razones objetivas en las que se sustenta la decisión. La persona trabajadora tendrá derecho a solicitar el regreso a su jornada o modalidad contractual anterior una vez concluido el periodo acordado o cuando el cambio de las circunstancias así lo justifique, aun cuando no hubiese transcurrido el periodo previsto (art. 34.8 ET).

EXCEPCIONES A LA NORMATIVA SOBRE TIEMPO DE TRABAJO

Sin necesidad de respetar la normativa sobre jornada de trabajo prevista en la legislación laboral (arts. 34 y ss. ET), todas las autoridades civiles sanitarias de las Administraciones Públicas del territorio nacional, así como los demás funcionarios y trabajadores al servicio de las mismas, quedarán bajo las órdenes directas del Ministro de Sanidad en cuanto sea necesario para la protección de personas, bienes y lugares, pudiendo imponerles servicios extraordinarios por su duración o por su naturaleza (art. 12 Real Decreto).

De manera implícita, ello también podría acordarse para la efectividad de las garantías establecidas en materia abastecimiento alimentario (art. 15 Real Decreto), de suministro de energía eléctrica, productos derivados del petróleo y gas natural (art. 17 Real Decreto). El tiempo extraordinario realizado al efecto se debe considerar como horas extraordinarias por fuerza mayor (para prevenir o reparar siniestros y otros daños extraordinarios y urgentes), que tendrán el carácter de forzosas, sin computar a efectos del límite máximo de 80 horas extraordinarias anuales y sin perjuicio de su compensación como horas extraordinarias (art. 35.3 ET).

Para finalizar, a cualquier ciudadano, al margen de sus obligaciones derivadas de la condición de trabajador sometido a contrato de trabajo o relación funcionarial (art. 1.3 b ET), se le podrá imponer el deber de realizar las prestaciones personales obligatorias imprescindibles para la consecución de los fines del Real Decreto (art. 8.2), especialmente acordado por el Ministro de Sanidad cuando sea necesario para la adecuada protección de la salud pública (art. 13 c).

HEMOS VISTO LAS MEDIDAS RESPECTO DEL ANÁLISIS DE LA NUEVA NORMA PERO ¿QUE PUEDEN PROPONER LOS EMPRESARIOS EN ESTA SITUACIÓN TANTO DE FORMA LEGAL COMO ILEGAL?

Vista la experiencia de muchos años, me gustaría dar en ese apartado una información clara de las medidas que probablemente van a aplicar los empresarios y veremos si son legales o no.

1) La empresa obliga a tomar vacaciones: Como creo que todos sabemos, no tenemos como trabajadores la obligación de firmar una solicitud de unas vacaciones no deseadas. Si la empresa nos manda de vacaciones digamos obligadas, podemos demandar en el plazo de 20 días si se hubiese realizado sin que el trabajador las hubiese conocido con 2 meses de antelación.

2) La empresa finaliza un contrato temporal: algo totalmente ilegal, se trataría de un despido y procedería demandar en el plazo de 20 días.

3) Un caso que aunque parezca increíble va a pasar, la empresa manda a casa al trabajador, deja de abonarle su salario y le da de baja en la seguridad social “por un tiempo”: estaríamos nuevamente ante un despido y el juez lo calificara así aunque no exista carta de despido. Si la empresa lo negase y el juez creyese su versión, el empresario habrá de abonar los salarios y las cotizaciones de todo ese tiempo y sino lo hace, despido con derecho a indemnización o salarios de tramitación.

4) La empresa pretende que el trabajador solicite la baja médica: obviamente estando de baja se cobra menos y las bajas solamente las da un médico, pero aunque la dieran, el Ministerio ya ha aclarado que solo procedería una baja “especial” por el coronavirus sin estar enfermo si a tí te aislaran.

5) La empresa cambia al trabajador de centro de trabajo de manera temporal: es posible siempre que se abonen los gastos de viaje y las dietas, según la distancia a la que estuviera ese nuevo centro de trabajo y del convenio que fuera de aplicación.

6) La empresa proceder a tramitar un ERE temporal con despidos y/o reducciones de jornada y/o suspensiones de contrato por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción: Pues bien, como citamos antes, esta medida legal está para casos como este. Pero en cualquiera de esos casos se tendría derecho al desempleo y además, menos en caso de despido, la empresa tendría que seguir cotizando al 100%. Esto seguramente sea lo que hagan las grandes empresas.

7) La empresa decide despedir, suspender el contrato o reducir la jornada por fuerza mayor: Igual que el supuesto anterior salvo que la empresa no es quién para decidir que exista la fuera mayor, ni siquiera por acuerdo con sindicatos. La existencia de esa fuerza mayor deberá ser constatada por la autoridad laboral tras solicitud de la empresa.

8) La empresa no hace un ERE temporal, manda a los trabajadores a su domicilio y no les da de baja en la seguridad social: aquí el trabajador tiene derecho a seguir percibiendo su salario completo dado que no estamos ante un despido (al seguir dado de alta) al no existir una manifestación de voluntad de extinguir la relación laboral.

9) La empresa despide a los trabajadores: pues habría que ver la causa del despido y la forma en la que se ha realizado para ver si es procedente, improcedente o nulo. En todo caso, se tiene derecho a cobrar el finiquito y el paro. Nunca podrá hacerse un despido disciplinario alegando como causa los problemas derivados del coronavirus, siendo impugnable en este caso.

¿QUÉ CONSECUENCIAS PARA EL EMPLEO PUEDE TENER TODO ESTO?

En mi modesta opinión, las consecuencias no van a ser buenas. Se van a producir irremediablemente cartas de despido, vacaciones, finalizaciones de contrato o los famosos eres temporales. Por ello, el desempleo, aunque sea temporalmente, va a subir en gran número.

Sobre todo va a ser mucho más duro para los trabajadores de sectores más precarios dado que muchos de ellos no van tener derecho a desempleo al no cumplir con los requisitos legales.

Afortunadamente, es importante resaltar que la norma ha suspendido los plazos de demanda y el SEPE también ha suspendido sus plazos para pedir el paro o el subisidio, dando un importante respiro dado que si nos aplican una medida ilegal no nos correría el plazo para impugnarla. Por ejemplo, si nos llegase a termino un contrato temporal y este estuviera en fraude, la demanda sería de impugnación de despido en el plazo de 20 días, pero no empezarían a correr mientras siguiera vigente el estado de alarma.

Algo que va a ser lógico también es que el SEPE se va a saturar de trabajo, habiendo retrasos en la concesión de las prestaciones y en comenzar a cobrarlas.

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El rey Felipe y una TVE en estado de alarma
Jesús Cacho en -Vozpópuli, 250320

Tenemos a TVE, la televisión que pagamos todos, alineada contra el orden constitucional y la Monarquía como clave del arco del mismo

Sucedió en Archy, el famoso local de la madrileña calle Marqués del Riscal. Corría el mes de febrero de 1999, y aquella tarde hacía frío, un frío que fue aumentando con la llegada de la noche. Tan gélido estaba el ambiente que, pasadas las 22.30 horas, el encargado del local mandó al personal recoger enseres y proceder a una discreta retirada. Pero hete aquí que, de pronto, un grupo de buenos mozos, con el entonces príncipe Felipe a la cabeza, hizo su entrada en el local en medio de gran jolgorio. Sorpresa, quietos parados, y urgentes órdenes de ¡todo el mundo a sus puestos!, reapertura de las cocinas y sonrisas de oreja a oreja para servir a visita de tan altos vuelos.

La comitiva tomó apetitivos, cenó, bebió a gusto y disfrutó de la música casi en la intimidad. Hasta que, sobre las dos de la madrugada, el grupo se fue desintegrando paulatinamente sin que nadie se dirigiera al encargado para pedir la cuenta y abonar lo consumido. Los últimos en hacerlo fueron precisamente el Príncipe y un amigo, y a ellos, armándose de valor, se dirigió el responsable del local.

-Señor, perdóneme, pero… ¿quién se hace cargo de “esto”?

Felipe puso cara de chino recién aterrizado en Triana, evidenciando que las cuestiones de intendencia no eran precisamente su ‘métier’. Momento de desconcierto roto por un joven pintón que, tras observar el gesto sorprendido del Príncipe desde la calle, entró raudo al quite:

-¿Mi señor, le están molestando? (sic)

El encargado (“Nunca se me olvidará esa frase”) recuerda perfectamente cómo el currutaco, uno de los mejores amigos del Borbón, le entregó con aire displicente una tarjeta de visita, al tiempo que musitaba un “parece mentira”, frase que salpimentó con un contundente “tendrá noticias nuestras”. Y, en efecto, las tuvo, porque a la mañana siguiente uno de los socios de Archy llamó, manos a la cabeza, al encargado para afearle la iniciativa, parece mentira, Fulano, que hayas tenido el poco tacto de cobrar al príncipe Felipe y bla, bla, bla…

Desde aquel mes de febrero de 1999 ha pasado mucha agua bajo los puentes y han sido muchas las vivencias que han trasformado el estilo de vida de un príncipe convertido en junio de 2014 en Rey de España. Su discurso del 3 de octubre de 2017 quedará en la memoria colectiva como un ejemplo del liderazgo moral que necesitaba un país acosado por la jauría separatista, en las antípodas de la atroz cobardía de Mariano Rajoy. El comportamiento de su padre, el exrey Juan Carlos I, ahora Emérito, un asunto del que todo el establishment madrileño estaba al cabo de la calle desde los ochenta, ha terminado estos días por ser pasto del pueblo llano a resultas de las revelaciones de Corinna Larsen, la examante real, y de la existencia de dos cuentas bancarias en el exterior que apuntan a Felipe VI como heredero.

La corrupción juancarlista ha colocado a la Corona en una posición muy delicada, hasta el punto de que, de pronto, la única institución que parecía aguantar con solidez los embates de unos tiempos tan líquidos como los actuales ha empezado a dar síntomas alarmantes de debilidad. Nada casual. Todo a tono con el Gobierno social comunista instalado en Moncloa, cuyo objetivo último parece fijado en la demolición de la España constitucional, de la que el rey Felipe es garante como jefe del Estado.

A la labor de desescombro se ha apuntado TVE, la televisión pública cuyos déficit sufragamos religiosamente los españoles a través de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). El sábado 21, poco después del Telediario de las nueve de la noche, la primera cadena emitió un ‘Informe Semanal’ sobre la Corona cuyo solo título era ya indicativo de por dónde iban a ir los tiros: “Monarquía en estado de alarma”. De sesgo claramente antimonárquico, una voz en off fue relatando la serie de desgracias que se han cernido sobre la institución hasta colocar a Felipe VI poco menos que en el disparadero. Sin la menor concesión a la obligada neutralidad de un medio de comunicación público. Todo de un izquierdismo rampante. “Un duro golpe para la Corona” (…) “Una crisis que puede demoler su imagen y poner en peligro la propia institución” (…) “Muchos vieron en la abdicación un cortafuegos” (…) “Anoche se escucharon caceroladas contra el Rey” (…) “Estamos ante la mayor crisis reputacional de la historia de la monarquía” (…) “El rey Felipe necesita un cordón sanitario para no contaminar la institución…” Y así muchas más, con el añadido de la puesta en solfa (“Siempre según la Casa Real”) de las explicaciones dadas por Zarzuela.

Cinco invitados en pantalla y solo uno, Javier Cremades, dispuesto a denunciar “los ataques a la arquitectura institucional”. El resto, un profesor de la Universidad de Barcelona que ha defendido las tesis de los condenados por el procés, un “politólogo” que en La Sexta trasiega diariamente opiniones de todo tipo con general insolvencia, un periodista que vivió tiempos gloriosos en El Mundo y otro que dirige un digital de izquierda radical y que igualmente predica a diario desde La Sexta al lado de García Ferreras. “Que Cerdán y Escolar sean los periodistas de referencia para tratar un tema tan sensible como el que nos ocupa da idea del desmadre que reina en RTVE”, asegura un ex alto cargo del Ente. Un Ente dirigido por una tonta de libro a quien utiliza un engreído. La tonta es Rosa María Mateo, colocada en el puesto por un Iván Redondo dispuesto a manejarla a su antojo. Y el engreído es Enric Hernández, exdirector de El Periódico, un tipo de ambición desmedida que coqueteó con el independentismo y a quien Pedro Sánchez colocó personalmente al frente de los Informativos sin pasar por el filtro de Redondo.

Una televisión pública de partido

Unos jugando la carta de Sánchez y otros la de Pablo Iglesias, en el caldo de cultivo de una redacción tan numerosa como costosa, gente que se cree la dueña del Ente hasta el punto de considerar que a los ciudadanos no les queda más papel que pagar la cuenta y callar. Con unos sindicatos convertidos en “sumos sacerdotes” a quien nadie se atreve a desafiar, y con el “pontífice” Fran Llorente y su claque, un tipo convencido de que ningún Gobierno puede darle instrucciones y mucho menos “un rey que no ha sido elegido por los ciudadanos”.

De modo que ya tenemos a TVE, la televisión que pagamos todos, alineada contra el orden constitucional y la Monarquía como clave del arco del mismo. Lo cual supone un salto cualitativo de extraordinaria gravedad, porque es pasar de las musas al teatro de lo concreto: este Gobierno quiere acabar con el régimen del 78 que consagra nuestra Constitución, y para hacerlo ha decidido martillear las defensas de la torre que habita Felipe VI, aprovechando para ello la artillería de escándalos dejados por Juan Carlos I en su retirada por la puerta falsa de la Historia. El Rey que se corrompió y, de paso, decidió corromper con él a todo un país. Acabar con el régimen del 78, naturalmente, siempre que los españoles de bien se dejen, siempre que las clases medias, de centro derecha y de centro izquierda, que componen la columna vertebral de nuestro país, lo consientan. Razón de más para volver a enfatizar que los demócratas españoles deberán estar listos para salir a la calle a defender sus libertades, si no quieren regresar de nuevo a otro de los periodos negros de nuestra a menudo triste historia.

La sensación de soledad que hoy transmite Felipe VI es abrumadora. Con el Gobierno claramente al ataque y la oposición desaparecida sin haber entrado en combate. Y con el CNI infiltrado por Iglesias. Ni una reacción (excepto un editorial de El Mundo) en los medios contra la desvergüenza de ese ‘Informe Semanal’ convertido en auténtico misil contra la Corona. Y a todo esto, ¿qué hace Felipe VI? Nadie lo sabe estos días. Teóricamente conducido de la mano por Jaime Alfonsín, jefe de la Casa, y por el secretario general, Domingo Martínez Palomo, teniente general de la Guardia Civil, todo apunta a que, en contra de la máxima ignaciana, el Rey está obligado a hacer mudanza en estos tiempos de tribulación, porque ya no valen, no le valen, los cortesanos que en 1999 preguntaban aquello de “¿Mi señor, le están molestando?”, y es urgente que sepa rodearse de talento nuevo con la mayor celeridad. Mucho talento. Talento joven, muy en contacto con la empresa y con la calle, rociado por el viento de los nuevos tiempos. Le va en ello la Corona y a nosotros seguramente la paz y prosperidad de que hemos disfrutado en estos últimos 45 años.

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Caos en las regiones coronavíricas

–La mera hipótesis sustitutoria de que Pablemos acabe de Presidente del Ggierno a costa de las desgracias de ZPedro y Carmen Calva, me causa escalofríos, como también el presumible silencio social si ello se produjera.., que Dios no lo quiera…

¿Qué está pasando aquí para que la esquizofrenia política más absoluta nos deje totalmente impasibles?¿dónde ha quedado la cordura reactiva, propia de la legítima defensa social?¿de qué beligerancia precisamos para recuperar el sentido común?
Si jugándote tu vida y la de tu familia todo te parece soportable, ¿qué tiene que ocurrir para que el pueblo se sienta indignado y pueda/sepa reaccionar?

¡’En qué circunstancias será capaz el torpe robot principal, de dimitir? y ¿qué coño es eso de los poderes fácticos?¿ y de los agentes económicos ¿y de los sindicatos?¿? y de la vertebración social?¿y de la Jefatura del Estado? ¿y de quienes tienen “como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional?

En fin,, parece que me explico… con sólo escuchar a nuestros prebostes en sus alucinantes ruedas de prensa coronavíricas…

EQM

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El rey Felipe y una TVE en estado de alarma
Jesús Cacho EN -Vozpópuli, 250320

Tenemos a TVE, la televisión que pagamos todos, alineada contra el orden constitucional y la Monarquía como clave del arco del mismo

Sucedió en Archy, el famoso local de la madrileña calle Marqués del Riscal. Corría el mes de febrero de 1999, y aquella tarde hacía frío, un frío que fue aumentando con la llegada de la noche. Tan gélido estaba el ambiente que, pasadas las 22.30 horas, el encargado del local mandó al personal recoger enseres y proceder a una discreta retirada. Pero hete aquí que, de pronto, un grupo de buenos mozos, con el entonces príncipe Felipe a la cabeza, hizo su entrada en el local en medio de gran jolgorio. Sorpresa, quietos parados, y urgentes órdenes de ¡todo el mundo a sus puestos!, reapertura de las cocinas y sonrisas de oreja a oreja para servir a visita de tan altos vuelos.

La comitiva tomó apetitivos, cenó, bebió a gusto y disfrutó de la música casi en la intimidad. Hasta que, sobre las dos de la madrugada, el grupo se fue desintegrando paulatinamente sin que nadie se dirigiera al encargado para pedir la cuenta y abonar lo consumido. Los últimos en hacerlo fueron precisamente el Príncipe y un amigo, y a ellos, armándose de valor, se dirigió el responsable del local.

-Señor, perdóneme, pero… ¿quién se hace cargo de “esto”?

Felipe puso cara de chino recién aterrizado en Triana, evidenciando que las cuestiones de intendencia no eran precisamente su ‘métier’. Momento de desconcierto roto por un joven pintón que, tras observar el gesto sorprendido del Príncipe desde la calle, entró raudo al quite:

-¿Mi señor, le están molestando? (sic)

El encargado (“Nunca se me olvidará esa frase”) recuerda perfectamente cómo el currutaco, uno de los mejores amigos del Borbón, le entregó con aire displicente una tarjeta de visita, al tiempo que musitaba un “parece mentira”, frase que salpimentó con un contundente “tendrá noticias nuestras”. Y, en efecto, las tuvo, porque a la mañana siguiente uno de los socios de Archy llamó, manos a la cabeza, al encargado para afearle la iniciativa, parece mentira, Fulano, que hayas tenido el poco tacto de cobrar al príncipe Felipe y bla, bla, bla…

Desde aquel mes de febrero de 1999 ha pasado mucha agua bajo los puentes y han sido muchas las vivencias que han trasformado el estilo de vida de un príncipe convertido en junio de 2014 en Rey de España. Su discurso del 3 de octubre de 2017 quedará en la memoria colectiva como un ejemplo del liderazgo moral que necesitaba un país acosado por la jauría separatista, en las antípodas de la atroz cobardía de Mariano Rajoy. El comportamiento de su padre, el exrey Juan Carlos I, ahora Emérito, un asunto del que todo el establishment madrileño estaba al cabo de la calle desde los ochenta, ha terminado estos días por ser pasto del pueblo llano a resultas de las revelaciones de Corinna Larsen, la examante real, y de la existencia de dos cuentas bancarias en el exterior que apuntan a Felipe VI como heredero.

La corrupción juancarlista ha colocado a la Corona en una posición muy delicada, hasta el punto de que, de pronto, la única institución que parecía aguantar con solidez los embates de unos tiempos tan líquidos como los actuales ha empezado a dar síntomas alarmantes de debilidad. Nada casual. Todo a tono con el Gobierno social comunista instalado en Moncloa, cuyo objetivo último parece fijado en la demolición de la España constitucional, de la que el rey Felipe es garante como jefe del Estado.

A la labor de desescombro se ha apuntado TVE, la televisión pública cuyos déficit sufragamos religiosamente los españoles a través de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). El sábado 21, poco después del Telediario de las nueve de la noche, la primera cadena emitió un ‘Informe Semanal’ sobre la Corona cuyo solo título era ya indicativo de por dónde iban a ir los tiros: “Monarquía en estado de alarma”. De sesgo claramente antimonárquico, una voz en off fue relatando la serie de desgracias que se han cernido sobre la institución hasta colocar a Felipe VI poco menos que en el disparadero. Sin la menor concesión a la obligada neutralidad de un medio de comunicación público. Todo de un izquierdismo rampante. “Un duro golpe para la Corona” (…) “Una crisis que puede demoler su imagen y poner en peligro la propia institución” (…) “Muchos vieron en la abdicación un cortafuegos” (…) “Anoche se escucharon caceroladas contra el Rey” (…) “Estamos ante la mayor crisis reputacional de la historia de la monarquía” (…) “El rey Felipe necesita un cordón sanitario para no contaminar la institución…” Y así muchas más, con el añadido de la puesta en solfa (“Siempre según la Casa Real”) de las explicaciones dadas por Zarzuela.

Cinco invitados en pantalla y solo uno, Javier Cremades, dispuesto a denunciar “los ataques a la arquitectura institucional”. El resto, un profesor de la Universidad de Barcelona que ha defendido las tesis de los condenados por el procés, un “politólogo” que en La Sexta trasiega diariamente opiniones de todo tipo con general insolvencia, un periodista que vivió tiempos gloriosos en El Mundo y otro que dirige un digital de izquierda radical y que igualmente predica a diario desde La Sexta al lado de García Ferreras. “Que Cerdán y Escolar sean los periodistas de referencia para tratar un tema tan sensible como el que nos ocupa da idea del desmadre que reina en RTVE”, asegura un ex alto cargo del Ente. Un Ente dirigido por una tonta de libro a quien utiliza un engreído. La tonta es Rosa María Mateo, colocada en el puesto por un Iván Redondo dispuesto a manejarla a su antojo. Y el engreído es Enric Hernández, exdirector de El Periódico, un tipo de ambición desmedida que coqueteó con el independentismo y a quien Pedro Sánchez colocó personalmente al frente de los Informativos sin pasar por el filtro de Redondo.

Una televisión pública de partido

Unos jugando la carta de Sánchez y otros la de Pablo Iglesias, en el caldo de cultivo de una redacción tan numerosa como costosa, gente que se cree la dueña del Ente hasta el punto de considerar que a los ciudadanos no les queda más papel que pagar la cuenta y callar. Con unos sindicatos convertidos en “sumos sacerdotes” a quien nadie se atreve a desafiar, y con el “pontífice” Fran Llorente y su claque, un tipo convencido de que ningún Gobierno puede darle instrucciones y mucho menos “un rey que no ha sido elegido por los ciudadanos”.

De modo que ya tenemos a TVE, la televisión que pagamos todos, alineada contra el orden constitucional y la Monarquía como clave del arco del mismo. Lo cual supone un salto cualitativo de extraordinaria gravedad, porque es pasar de las musas al teatro de lo concreto: este Gobierno quiere acabar con el régimen del 78 que consagra nuestra Constitución, y para hacerlo ha decidido martillear las defensas de la torre que habita Felipe VI, aprovechando para ello la artillería de escándalos dejados por Juan Carlos I en su retirada por la puerta falsa de la Historia. El Rey que se corrompió y, de paso, decidió corromper con él a todo un país. Acabar con el régimen del 78, naturalmente, siempre que los españoles de bien se dejen, siempre que las clases medias, de centro derecha y de centro izquierda, que componen la columna vertebral de nuestro país, lo consientan. Razón de más para volver a enfatizar que los demócratas españoles deberán estar listos para salir a la calle a defender sus libertades, si no quieren regresar de nuevo a otro de los periodos negros de nuestra a menudo triste historia.

La sensación de soledad que hoy transmite Felipe VI es abrumadora. Con el Gobierno claramente al ataque y la oposición desaparecida sin haber entrado en combate. Y con el CNI infiltrado por Iglesias. Ni una reacción (excepto un editorial de El Mundo) en los medios contra la desvergüenza de ese ‘Informe Semanal’ convertido en auténtico misil contra la Corona. Y a todo esto, ¿qué hace Felipe VI? Nadie lo sabe estos días. Teóricamente conducido de la mano por Jaime Alfonsín, jefe de la Casa, y por el secretario general, Domingo Martínez Palomo, teniente general de la Guardia Civil, todo apunta a que, en contra de la máxima ignaciana, el Rey está obligado a hacer mudanza en estos tiempos de tribulación, porque ya no valen, no le valen, los cortesanos que en 1999 preguntaban aquello de “¿Mi señor, le están molestando?”, y es urgente que sepa rodearse de talento nuevo con la mayor celeridad. Mucho talento. Talento joven, muy en contacto con la empresa y con la calle, rociado por el viento de los nuevos tiempos. Le va en ello la Corona y a nosotros seguramente la paz y prosperidad de que hemos disfrutado en estos últimos 45 años.

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Tarde pero bien
Francesc de Carreras en El País, 250320

uando el Gobierno se tomó en serio la situación, el personal sanitario respondió con una responsabilidad admirable, los ciudadanos empezaron a comportarse de manera ejemplar y así hasta ahora

No sé de quien salió el dicho “tarde y mal”. Era una doble crítica: los remedios a una situación determinada se habían adoptado tarde y, además, la solución era inadecuada. Por tanto, inoportunidad e inconveniencia. Un error desde todos los puntos de vista.

Pues bien, en el caso de la pandemia de coronavirus que nos asola, pienso que la actuación del Gobierno ha sido tardía, una irresponsabilidad grave, pero que en cuanto se ha puesto en acción, el 9 de marzo, el Ejecutivo lo está haciendo razonablemente bien. Dicho esto con una prevención necesaria que los lectores imagino pueden suponer: ni soy experto en la materia, ni conozco con exactitud como están gestionando las diversas Administraciones públicas las instrucciones que el Gobierno le da en virtud de las facultades otorgadas por el decreto de estado de alarma. Escribo como simple ciudadano que contempla, estupefacto, este panorama devastado.

Llegó tarde el Gobierno, de eso ya no caben dudas. Los ciudadanos ignorábamos la magnitud de la tragedia, pero no los responsables políticos: ya habían recibido suficientes informes y recomendaciones de organismos científicos europeos e internacionales como para tomar las medidas pertinentes y no lo hicieron, exactamente no tomaron ninguna. Ni se prohibieron manifestaciones, ni partidos de fútbol, ni corridas de toros o asambleas de partidos, es decir, aquellos acontecimientos en los que la aglomeración de personas facilitaba el contacto personal y, por tanto, el contagio. Eran las medidas mínimas que había que adoptar y nada se hizo.

Aún recuerdo que en la semana que finalizaba el domingo 8 de marzo el debate político estuvo centrado en aprobar el proyecto de ley de libertad sexual —la “prohibición del piropo”, como la han denominado algunos con sorna— que no corría prisa alguna excepto para mostrarlo como trofeo en la manifestación del Día de la Mujer. Aún recuerdo las imágenes de una Irene Montero, ministra de Igualdad —por cierto un curioso Ministerio— paseándose triunfante para ser felicitada por sus compañeras. Un modo de hacer política pueril y amateur, pura propaganda partidista e ideológica, nada que ver con un Estado serio y que pasará a la historia como una vergüenza.

Pero a partir de aquel día las cosas cambiaron. El lunes se anunciaron medidas para el Consejo de Ministros del martes y allí comenzó todo. El Gobierno se tomó en serio la situación, el personal sanitario respondió con una responsabilidad admirable, los ciudadanos empezaron a comportarse de manera ejemplar y así hasta ahora. ¿Estábamos preparados? No. ¿En estos días se ha hecho lo que se ha podido? Sí. ¿La actividad del Gobierno va en la buena dirección? También. ¿Cuál es esta buena dirección? Primero, contener la epidemia y, segundo, adoptar las medidas necesarias para que la España del día después no sea un país destruido y arruinado. Bien pero tarde.

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Muerte y voluntad

No lee periódicos
Arcadi Espada en su blog, 240320

Los discursos a la nación de sánchez revelan muchas cosas. La primera y más obvia lo mal que se maneja con la verdad. Es verdad que acaba de conocerla y necesita un entrenamiento. Pero de momento ese que sale tiene el aspecto y el crédito de un avatar. Sus apariciones revelan también algo que me precio de tener estudiado: sánchez no lee periódicos. Es más: creo que no ha leído un periódico en su vida.

Hay una generación que cuando ya pudo comprar por sí misma un periódico —rito de paso tan penetrante como el amor— no tuvo necesidad porque se lo daban gratis. Aunque en realidad lo que le daban gratis es la especie de ersatz llamada webs noticiosas. La carencia de periódico se le nota a sánchez en el hilvanado de sus discursos, que reproducen el flujo arbitrario del whatsapp o twitter.

Y que, en consecuencia le llevan a un cansino ir y venir entre la pandemia, el cambio climático y la fibra óptica, solo dictado por que un ítem logre llamar su atención y no por la relación que tenga con la musculatura de su discurso que, como es de imaginar, es fofa.

De modo que soy algo escéptico ante la posibilidad de que sánchez escuche la petición de Antonio Fernández-Galiano, que es el presidente de la empresa editora de este diario y también de la Asociación de Medios de Información, para que el Gobierno adopte un plan específico de ayudas a la prensa ante la brutal caída de ingresos publicitarios por el coma inducido a la economía.

Esta es una crisis que revalida, por si fuera necesario, el lugar del periódico en la información. Me refiero al periódico como artefacto intelectual, se lea en papel o en pdf. Es decir, a un guion del mundo finito, cribado y ordenado, que renuncia a la última hora (¡ultima necat!) en beneficio de las 23 restantes.

Cada tres segundos nace estos días en la conversación digital un experto epidemiólogo capaz de predecir el aplanamiento de la curva de contagios o los efectos de la exposición del virus al sol. Un Sálvame nunca mejor dicho, verdaderamente deluxe, entretenido, pero que da una falsa ilusión de conocimiento. La conversación digital debe ser escuchada por los periodistas y tratada como una fuente más.

Pero que toda ella caiga como lava ardiendo sobre los ciudadanos acaba produciendo esa infodemia entre cuyas víctimas —y encima se creerá asintomático— está el presidente del Gobierno. Yo le animo a que ayude seriamente a la prensa. Ahora que empieza a descubrir la verdad, le será muy útil garantizarse un lugar donde seguir mintiendo. Porque en la conversación digital incluso mentir ha perdido ya su sentido.

Sánchez, logorrea. Simón, docilidad
José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 240320

l presidente incurrió en una locuacidad incontenida en sus dos últimas intervenciones y Simón acumuló errores en los primeros días de marzo para no contrariar al Gobierno

La comunicación de crisis consiste en la transmisión pública de noticias negativas que contrarían, alarman o desagradan. Es muy delicada y requiere de expertos. Nada debe dejarse al azar. Nada en absoluto: ni los gestos, ni las miradas, ni los énfasis ni los signos externos como la imagen y la indumentaria. Es esencial que los mensajes sean claros, concisos, taxativos y empáticos. No deberían faltar palabras, pero tampoco sobrar. Hay que ajustar las expresiones emocionales (blandas) con las que transmitan seguridad (duras), exigir sin contemplaciones y persuadir en todo caso. Y como objetivo esencial: transmitir confianza.

Las dos intervenciones del presidente del Gobierno —sábado y domingo pasados— no han sido afortunadas. El máximo responsable de la crisis no puede emplear 70 y 62 minutos, respectivamente, en comparecer en la televisión. Incurrió en una locuacidad logorréica. Fueron tan dilatados sus discursos y las contestaciones a las preguntas de los medios que no se llegaba a saber qué de lo que dijo era lo esencial y qué lo accesorio. Sus palabras resultaron en muchos casos redundantes.

Por otra parte, bajó a un detalle que no le corresponde. Los datos operativos son competencia de un segundo o tercer nivel de responsabilidad (ministros, Guardia Civil, Policía, expertos). El presidente del Gobierno debe comunicar las grandes novedades, las decisiones trascendentes, no ejercer de ‘comentarista’, como bien apuntaba este lunes en estas páginas Antonio Casado. No justifican esta sobreexposición de Sánchez ni razones políticas de oportunidad, si es que las hubiere. Por lo demás, el Ejecutivo dispone de una competente portavoz, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que podría —o debería— apoyarse en la Secretaría de Estado de Comunicación. No es bueno que en este asunto el presidente se confunda o le confundan. Le quedan muchas comparecencias trascendentes como para que abuse de las que no lo son.

Determinados acontecimientos aconsejarían una moratoria a Fernando Simón, director del Centro de Emergencias y Alertas Sanitarias del Ministerio de Sanidad, y portavoz técnico en esta y otras crisis anteriores. Es un acreditado epidemiólogo. Pero, reconociendo todos sus esfuerzos, está lastrado por la docilidad mostrada al Gobierno: ha cometido errores complacientes que merman su credibilidad.

Según distintas fuentes, el 2 de marzo, Simón disponía a través de la OMS de información que desaconsejaba concentraciones de personas. El 7 se autorizó el partido entre el Atlético de Madrid y el Sevilla (60.000 personas), el día 8, la manifestación feminista (120.000 personas en Madrid), ante la que Simón se limitó a comentar que cada cual hiciera lo que quisiera (incluyendo a su hijo), cuando el consejo debió ser totalmente disuasorio; ese mismo día, 9.000 personas se reunían en Vistalegre, en el mitin de Vox, que debió ser prohibido. Y por fin, el propio Simón, el pasado día 20, justificó que Pablo Iglesias quebrase la cuarentena (“una excepción razonable”) sin explicar qué hacía asumible el comportamiento del secretario general de Podemos.

Sin otro ánimo que el de tratar de que la comunicación de la crisis disponga de una plena credibilidad, Fernando Simón quizá deba estar en el ‘backstage’ de la información de la pandemia, reseteándose, dejando que otra persona con tantos conocimientos como los que él, sin duda, acumula no se preste a descalificaciones de docilidad gubernamental. Por lo demás, si los ministros, los mandos policiales y otras autoridades se ajustan a una imagen en consonancia con la gravedad de la información que transmiten, Fernando Simón tendría que prestarse a guardar una apariencia homogénea.

Hay que revisar todo el protocolo de comparecencias. El número de las personas; la hora del día; la imagen (de pie, sentados, con atril…), la indumentaria, los tiempos de intervención, la complementariedad de los mensajes; evitar portavoces controvertidos o polémicos, ajustar los tiempos y emplear términos accesibles y claros. Más allá de la crítica, se trata de que, como quiera que queda mucha crisis por delante, las cosas no empeoren con una transmisión de novedades mal gestionada.

Por fin, debe tenerse muy en cuenta que el consumo de información sobre la pandemia es enorme y, seguramente, hasta excesivo. Pero la única con carácter referencial es la oficial, la que ofrecen los portavoces autorizados. Su impecabilidad como tales resulta crítica. Este domingo, Salvador Illa, ministro de Sanidad, dio, otra vez, un ejemplo de buen hacer. Lo mismo que Nadia Calviño.

Sánchez, fin de fiesta
Jorge Vilchesen Vozpópuli, 240320

A Sánchez le han ganado el pulso populista. Ahora es un mero actor secundario

Pedro Sánchez usó con tanta convicción el populismo para recuperar votos y absorber a Unidas Podemos, instalándose en la mentira como costumbre, que cuando intenta ahora tomar una pose institucional queda en ridículo. Por eso se le ve en sus aburridas homilías televisivas tartamudear nervioso, sobreactuar, alargar la perorata para tratar de crearse una imagen de estadista que hoy es imposible. No lo consigue ni censurando las preguntas de los periodistas.

El Presidente se sabe sobrepasado. Le ha derrotado la realidad, como a todo populista. Una crisis de esta envergadura hubiera necesitado un líder, y Sánchez no lo es. Se trata de un predicador populachero, acomodaticio, serpenteante, oportunista y mentiroso; uno de esos políticos buenos para las telenovelas, pero que no aguantan un asalto con la realidad.

La crisis hubiera precisado de un líder capaz de actuar al primer anuncio, cuando avisó la OMS; es decir, mucho antes del 8-M. La pandemia requería un jefe de Gobierno que no hubiera claudicado a partidos a los que no les interesa España sino el poder, como Unidas Podemos y los independentistas. Porque Iglesias se toma la crisis como una oportunidad para cambiar el régimen por la puerta de atrás, y Torra, su socio preferente, para ahondar en la estupidez con su “España nos contagia”.

 

Un estadista hubiera cogido las piezas de nuestro Estado de las Autonomías y las habría puesto a funcionar, permitiendo que los gobiernos regionales actuaran con celeridad y contundencia. Pero no, intentó centralizar la acción en un ministerio de Sanidad que ya no tiene estructura ni costumbre, incapaz de gestionar nada, y retrasó la adopción de medidas y la compra de material sanitario y medicamentos. No fue hasta el viernes 20 de marzo que, reculando, el Gobierno permitió a las autonomías iniciar sus compras.

Hasta más allá del 8-M este Presidente solo tenía pensadas cuatro cosas: la emergencia climática, la emergencia machista, la mesa bilateral con los golpistas y anular a la derecha dando un giro autoritario al régimen. Es decir: guerra de propaganda, cesión a los independentistas para aprobar sus “presupuestos progresistas” (que nos hubieran machado a impuestos y luego hundido), y moldear las instituciones a su semejanza para perpetuarse en el poder.

Negligencia y personalismo

Sánchez es un Erdogan de pacotilla. No ha sabido, por fortuna, convertir una democracia en una autocracia de adoración al líder. El Presidente creía que era capaz de trasladar a la población española el culto que él mismo tiene a su persona. Y no se trataba de eso, sino de gestionar, liderar y resolver. Todo lo ha hecho mal. Luego dirá, si es que sobrevive políticamente a su negligencia, que el maldito “bichito” ha impedido su maravilloso programa progresista.

Un fantasma se va extendiendo por Moncloa y no es el coronavirus. Un fantasma que se apropia de los engranajes del poder, de la agenda, del timming, y de la imagen, que hace la propaganda más destructora. Sí; ese fantasma es Pablo Iglesias. La pesadilla se ha hecho realidad. El comunista sabe manejarse mejor que nadie en crisis de este tipo. Adora el río revuelto y el ruido populista porque sabe que ese es justo su campo de juego. Es el lugar donde puede sacar el mayor rédito, y estando en el poder el orgasmo leninista está casi asegurado.

El atribulado Sánchez no sale adelante ahora ni con un vídeo corriendo con su perrita, ni con gafas de sol en un helicóptero sobrevolando los pueblos infectados, ni luciendo palmito en mítines con coreografía norcoreana. A Sánchez le han ganado el pulso populista. Ahora es un actor secundario. Sánchez está sobrepasado por el guion que en su día no quiso recitar, porque las noticias por el coronavirus las tuvo en enero, como dijo Pedro Duque, y las sabía Fernando Simón, que pertenece al consejo asesor del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades.

Incluso la OMS le dijo al cariacontecido Sánchez que mejor no celebrara la performance del 8-M, pero él tuvo que mandar a Carmen Calvo, ahora infectada e ingresada en la sanidad privada; sí, privada. Claro que Pedro Sánchez podrá decir aquello de Felipe II: “Yo las mandé a luchar contra hombres y no contra los elementos”.

Revista de prensa

¿Es lo que hay?

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Cinco errores que pagaremos muy caro
Alvaro Nieto en Vozpópuli, 230320

La crisis del coronavirus es global, pero lamentablemente en España está teniendo una incidencia mayor que en otros países. ¿Por qué? En gran medida, por las negligencias cometidas

Se ha levantado este fin de semana un movimiento, sobre todo a través de las redes sociales, según el cual en tiempos de crisis hay que cerrar filas con el Gobierno para salir cuanto antes del atolladero. Para los defensores de esa teoría, los medios de comunicación deberíamos limitarnos a aplaudir cada nueva intervención de Pedro Sánchez y a subrayar lo bien que España entera, incluido por supuesto el personal sanitario, se enfrenta al coronavirus.

Quizás eso pueda valer para sociedades como la china o la cubana, pero en las democracias occidentales la prensa cumple un papel muy importante como fiscalizador de la acción política, y en ningún sitio está escrito que en mitad de un estado de alarma haya que prescindir de esa función. Es más, quizás sea más necesaria que nunca para evitar que se cometan atropellos aprovechando que las circunstancias son excepcionales.

Si queremos medios sumisos con el poder, planteemos abiertamente volver a la España de los años 50. De lo contrario, tendremos que admitir que, aún en circunstancias duras como las de ahora, los periódicos están para señalar lo que se está haciendo mal, porque así ayudamos a que los políticos se pongan las pilas y no se duerman en los laureles.

Fe de errores

De hecho, hay que comenzar reconociendo que los medios españoles, y ‘Vozpópuli’ el primero, hemos fracasado por completo a la hora de calibrar la importancia del asunto. No supimos ver la gravedad de este virus… y ese error fue determinante para que nuestros políticos siguieran a lo suyo durante los meses de enero y febrero. Si hubiéramos dado la voz de alarma, seguramente alguien habría actuado antes.

España es un gran país, y quererlo no es incompatible con decir que en esta crisis se han cometido errores graves que se pagarán muy caro. Veamos cinco de ellos:

1.- Falta de previsión. Los políticos, estatales pero también autonómicos, porque la sanidad está transferida a las regiones, fueron incapaces de prepararnos para lo que se avecinaba. El coronavirus fue detectado en Wuhan el 31 de diciembre y apareció en Europa a mediados de febrero. Desde entonces, se ha perdido mucho tiempo: para informarse, para comprar los equipos sanitarios pertinentes, para preparar nuestros hospitales… Cuando el caso era sólo chino, nos sonaba muy lejano. Cuando se desbordó en Italia, pensábamos que todo era culpa del tradicional caos de los italianos y que a nosotros nunca nos pasaría eso.

De hecho, Fernando Simón, ese experto al que Sánchez dice hacerle caso en todo, nos dijo varias veces durante el mes de febrero que esto no tendría ninguna incidencia en España. “No hay razón para alarmarse con el coronavirus […] es una enfermedad con muy bajo nivel de transmisión”, aseguró en una entrevista que no tiene desperdicio publicada en el Heraldo de Aragón el 9 de febrero. “España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado”, llegó a decir en una de sus comparecencias más comentadas. Obviamente, Simón se ha equivocado, como muchos en esta historia. No conviene hacer sangre con él, porque a él no le hemos votado, pero tampoco es tolerable convertirle en nuestro gurú de cabecera cuando es evidente que ha patinado como el que más.

Los auténticos responsables son los políticos, de uno u otro signo, y empezando por los de la Unión Europea, que no supieron reaccionar ni a tiempo ni conjuntamente para evitar la catástrofe. “Ahora sabemos que el virus es mucho más dañino”, ha asegurado Sánchez este fin de semana. Pues muy mal: su obligación era estar informado, prever, anticipar, evitar… “Necesitamos ganar tiempo para preparar nuestro sistema sanitario”, ha añadido este sábado el presidente en un clarísimo reconocimiento de que hemos perdido dos meses.

2.-Un fin de semana para olvidar. España tardó mucho en ser consciente del problema, pero a comienzos de marzo, con Italia ya ardiendo por los cuatro costados, con medidas excepcionales y muchos muertos encima de la mesa, nuestros políticos ya sabían perfectamente de la gravedad del brote, pero no quisieron actuar. Justo antes del 8-M, en España ya había 300 casos detectados y varios muertos, pero se celebraron 72 manifestaciones, un congreso de Vox, decenas de partidos de fútbol, las fiestas de las prefallas… Todo siguió como si nada, pero casi todos teníamos la sospecha de que el lunes cambiaría la historia. Y así fue. El Gobierno alteró bruscamente su discurso y fuimos conscientes de la magnitud del problema. ¿Por qué no lo hizo antes? Nunca sabremos la verdad, pero lo único cierto es que aquel fin de semana nos ha traído de regalo la peor curva del coronavirus de todo el planeta. Nuestra evolución es incluso peor que la de Italia.

3.-No cerrar Madrid a tiempo. El lunes 9 de marzo el gran foco de infectados estaba en la Comunidad de Madrid, y por eso la presidenta de la región, Isabel Díaz Ayuso, anunció esa misma noche el cierre de guarderías, colegios, institutos y universidades durante 15 días. La decisión unilateral de Ayuso tuvo una primera consecuencia: todos los universitarios que estudian en la capital que son originarios de otros lugares cogieron sus petates y se marcharon a sus pueblos para disfrutar de esas ‘vacaciones’. Si ya tenían el virus, lo expandieron por toda España. Para colmo, tras esa decisión estuvo circulando el bulo de que el Gobierno tenía previsto cerrar a cal y canto Madrid, lo que provocó más salidas de madrileños. Aún hoy, Sánchez sigue diciendo que Madrid es la comunidad más afectada, pero sigue sin cerrarla… lo que la ha dejado completamente vacía, como si fuera un mes de agosto. Si teníamos el foco localizado, hemos hecho justo todo lo contrario de lo que debíamos: esparcirlo.

4.-Estado de alarma: tarde y mal. El sábado 14 el Gobierno decretó el estado de alarma en todo el país, con supresión de los colegios y limitación de la circulación de personas. El problema, aparte de que llegó con varios días de retraso, fue que se anunciaron las medidas un viernes pero no se aprobaron hasta el sábado por la tarde, por lo que dio tiempo de nuevo a que todos los españoles que quisieran, y particularmente los madrileños, cogieran sus vehículos y se fueran a sus segundas residencias. Puestos a pasar dos semanas encerrados, mejor en una casa con jardín o frente a la playa, pensaron. La consecuencia: atascos en la M-30 y más expansión del virus por toda la Península.

5.- Cierre total. Y así llegamos a este último fin de semana, donde Sánchez nos ha anunciado nuevas medidas, todas ellas muy interesantes, pero ninguna tan extraordinaria como para que no se hubiera podido aprobar dos meses antes: la creación de un comité científico para asesorar al Gobierno, la compra de mascarillas, la creación de una reserva estratégica de material sanitario… Eso era justo todo lo que había que haber hecho en enero y en febrero. Ahora resulta que nos falta de todo, que estamos desbordados y el virus descontrolado. Varios presidentes autonómicos y algunos científicos están pidiendo al Gobierno que cierre todo el país, es decir, que prohíba la realización de cualquier trabajo que no sea esencial, como se ha hecho en Italia. De momento Sánchez se resiste a ello, pero da la impresión de que estamos ante el mismo escenario que con el estado de alarma… acabará tomando la decisión, pero más adelante. Ese retraso será su último gran error antes de que la cifra de muertos se dispare.

¿Quién tiene la culpa?

¿Es Sánchez el responsable de todas las muertes que se produzcan? Evidentemente, no. Pero sus errores, unidos a los de sus homólogos europeos y autonómicos, nos han generado un problema mayor. Sus actuaciones han sido claramente negligentes, como también lo fueron las de aquellos que en el pasado no cuidaron debidamente nuestro sistema sanitario para que estuviera preparado para estos casos.

Se preguntaba este fin de semana mucha gente por qué Alemania y España, teniendo casi el mismo número de afectados, presentan cifras tan dispares en el número de muertos. Le hicieron la pregunta al gurú de Sánchez, el amigo Simón, y no supo contestarla. En los periódicos también se han visto explicaciones para todos los gustos e incluso sesudos amantes de las estadísticas han elaborado varias hipótesis al respecto.

Sin embargo, la cosa podría tener una explicación mucho más sencilla. Si miramos por ejemplo el número de camas de hospital por cada mil habitantes en todo el mundo (véase aquí el CIA World Factbook), descubriremos que Japón y Corea del Sur, dos de los países señalados como ejemplo frente al coronavirus, ocupan los puestos dos y cuatro del ránking. Alemania está en el octavo lugar. Italia, sin embargo, se encuentra en el 67 y España, en el 73. Es decir, que se podría concluir que las posibilidades de supervivencia mejoran si te atienden correctamente en una cama. Lo cual es obvio, por otra parte.

El mito de la sanidad

Como muestran las imágenes que estamos viendo estos días, es evidente que la sanidad española, por mucho que siempre digamos que es muy buena, tiene sus carencias, y una de ellas es la falta de camas. De lo contrario, no veríamos gente durmiendo en el suelo o sentada en los pasillos de los hospitales.

Tenemos un sistema sanitario estupendo, sobre todo porque es universal y ‘gratuito’, y seguramente con un personal de primer nivel, pero, con las cifras en la mano, no parece que esté justificado seguir extendiendo ese mantra de que nuestra sanidad es la mejor del mundo, porque parece que no es así.

En un curioso alarde de patriotismo, Sánchez ha recalcado varias veces este fin de semana que “España está a la vanguardia en la lucha contra el coronavirus”. Viendo las diferentes curvas de incidencia de la enfermedad, lo único evidente es que España está en la vanguardia, sí, pero lamentablemente por número de infectados y de muertos, y más que lo va a estar por ese cúmulo de despropósitos antes mencionados. Y criticarlos y denunciarlos no te hace ser peor ciudadano que Sánchez.

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Proteger la salud, defender la libertad
Jesús Cacho en Vozpópuli, 230320

Calles desiertas, cielo nublado y el canto de un mirlo en el que antes no habíamos reparado. Como en un mal sueño, es el regreso a un pasado que nunca existió, el exilio en la torre de un castillo amenazado por un ejército tan imaginario como temible, dispuesto a asaltar los muros de nuestra salud y a poner en peligro nuestra vida. Silencio. Nos hemos olvidado ya de que esto era “una simple gripe”. Hace tiempo que dejamos de tomárnoslo a broma y optamos por arpillar nuestra casa para impedir la entrada en ella del mortal invasor. Encerrados, de grado o por fuerza. Nos comportamos en grupo, nos defendemos en grupo, nos aislamos en grupo. El rebelde que algunos llevamos dentro ha quedado colgado de una percha en el armario del miedo. Obligados a acatar órdenes, admitir consignas, asumir compromisos que juzgamos buenos para el colectivo, “bueno para todos”, el individualismo ha sido la primera víctima de esta guerra, el primer muerto en el combate contra ese asesino imaginario que no vemos pero intuimos. El triunfo de lo colectivo. La victoria será así o no será.

Una prueba de resistencia para la que esta sociedad muelle, confiada, reacia al sacrificio, no estaba preparada. Sociedad cuarteada por el virus del sectarismo que ha vuelto a dividir a los españoles en dos grandes bloques, como en los viejos tiempos, el garrote vil y la navaja barbera, las pinturas negras de Goya, la media España enfrentada a garrotazos con la otra media. El rencor alimentado por la desconfianza, el resentimiento y la inquina. Tirios y troyanos, rojos y azules, se han refugiado tras la empalizada de sus casas porque ante ellos ha aparecido un enemigo que no repara en ideologías. Se trata de una epidemia cuyo control exige el parón de la actividad, la muerte de la Economía. Para una gran mayoría, este maratón de aislamiento será una durísima prueba de la que pocos saben cómo saldrán, cómo saldremos. ¿Cuatro semanas entre cuatro paredes?  Nadie conoce lo que hay detrás de la alcazaba del miedo, pero todo el mundo intuye que el futuro, si tal existe, será distinto a lo que hemos conocido, porque el horizonte de algodón que entre sueños consumistas habíamos avizorado a lo largo de nuestra vida ha dejado de existir. Algo que marcará nuestra existencia para siempre.

Una prueba que tensará a fondo nuestro tejido social. Mal que bien, hemos sido capaces de festejar los grandes triunfos deportivos y unirnos con ocasión de catástrofes colectivas o atentados terroristas, pero, ¿cómo reaccionaremos ante tamaña prueba? ¿Cómo saldremos de este atolladero? ¿Qué clase de cohesión seremos capaces de mantener con esos millones de trabajadores enviados de repente al paro? ¿Qué consuelo dispensaremos a las familias que han perdido, que van a perder, a algún ser querido, esos mayores abandonados a su suerte en una cama en planta, sedados, hasta que el cuerpo aguante, porque las UCIs de nuestros hospitales están colapsadas? Eutanasia pasiva o el derecho a vivir de los más fuertes. Darwinismo puro. Más que nunca, el país hubiera agradecido la existencia de un liderazgo político claro, sincero y honesto, de una reconocible dimensión moral. Alguien en quien confiar. “En tiempos de crisis, la figura del presidente de la República sigue siendo un punto de referencia esencial para la continuidad de la nación. Ahora también ha cristalizado esa unidad en torno al Jefe de Estado”, escribía este miércoles el editorialista de Le Figaro. Nada de eso ocurre en España.

Coyuntura tan dramática como la actual pone en evidencia la desgracia que para este país supone la existencia de un Gobierno como el de Pedro & Pablo. La comparecencia del primero el miércoles, en un Congreso casi vacío, fue todo un monumento a la soplapollez, un canto a la zafiedad intelectual y humana más pavorosa. “Vamos a reconstruir juntos la dimensión de lo público y la naturaleza del debate político de un debate de destrucción a uno de reconstrucción” (…) “Mi objetivo es la reconstrucción del Estado del Bienestar, el sistema público y la protección de la sociedad y la economía” (…) “Vamos a presentar unos Presupuestos de reconstrucción social y económica cuando termine la crisis; unos Presupuestos extrasociales” (…) “Sí existe la sociedad, está ahí, la tenemos ahí fuera, recluida, reclamando la fortaleza de lo público”, y así hasta cien ejemplos de la diarrea de un personaje que, cabeza gacha farfullando lo que no entiende, enhebra una tras otra frases ampulosas carentes de sentido (a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing de Macbeth) sentencias que orzan la idiocia, sapos que sus escribas le hacen vomitar en público y que él trasiega sin el menor empacho mientras el país tiembla de espanto.

La gravedad de la pandemia

Naturalmente tuvo buen cuidado en apuntar a la oposición por haber desmantelado ese Estado del Bienestar que él quiere “reconstruir”, como si Zapatero y el PSOE no hubieran tenido nada que ver en la crisis de 2008. También de disculpar su imprevisión (“la pandemia del coronavirus ha desbordado las previsiones de todo el mundo”), sus errores de gestión y la criminal responsabilidad de haber permitido y alentado iniciativas como la marcha feminista del “chocho de marzo”, un episodio por el que en el futuro debería sentarse en el banquillo de los acusados. Sánchez Castejón (“La presidencia más oscura y más opaca de la democracia”, en palabras de Javier Marías) desenterró a Franco y ahora está enterrando a los cientos de españoles infectados por culpa de un aquelarre que el sectarismo social comunista quiso desempolvar por las calles de Madrid, casi 40 días después, finales de enero, de que el Ministerio de Sanidad y el propio Gobierno tuvieran constancia de la gravedad de la pandemia que se cernía sobre España. Este sábado mismo volvió a intentar lavar su imagen. Sin ningún escrúpulo. Aló presidente.

itin fue también el que Iglesias protagonizó en Moncloa al día siguiente, jueves 19, tras saltarse la obligada cuarentena. El capo de Podemos repartía soluciones económicas, maestro Ciruela, para afrontar el momento: “España ha decidido dejar atrás los dogmas de la austeridad fiscal que ya fracasaron en la anterior crisis y, por eso, debemos emprender un camino diferente”. El camino del gasto público. Ignora el penene de Políticas que la caída de la demanda no tiene un componente económico, en tanto en cuanto los consumidores no salen a la calle a comprar por miedo a contraer la enfermedad, de donde se colige que las medidas monetarias expansivas y el aumento del gasto no tienen efectividad alguna, incapaces como son en estas circunstancias de estimular consumo e inversión. El BCE debería limitarse a actuar como prestamista de última instancia para evitar el colapso del crédito, mientras que la política presupuestaria debería concentrar sus esfuerzos en los programas sanitarios destinados a combatir la pandemia. Primero la salud, señor Sánchez, primero ese avituallamiento de urgencia que necesitan nuestros hospitales y que usted no ha previsto, las camas UCI perfectamente equipadas, razón por la que está muriendo tanta pobre gente abandonada a su suerte. Más de 1.400 españoles a última hora de este sábado.

Primero la salud, después la economía. Frenar la mortandad para, de inmediato, tratar de salvar el tejido empresarial del desastre, cosa que no va a lograr su comunista vicepresidente tirando del gasto público como pendón verbenero en club de alterne. Cualquier medida eficaz deberá concentrarse por el lado de la oferta, lo que equivale a decir que se trata de reducir las cargas regulatorias, sociales y fiscales que soportan las empresas para permitirles ajustar plantilla sin coste a la mayor celeridad posible y proteger su tesorería, porque, evitando la desaparición de una gran parte de nuestra urdimbre empresarial, sentaremos las bases para una rápida vuelta al crecimiento y a la recuperación de los puestos de trabajo.

iempre la libertad

Primero la salud, después la economía y siempre la libertad. Mientras el presidente pedía unidad (“Una unidad que nos apela a todos, al margen de siglas”), su vicepresidente convocaba una cacerolada fallida contra el rey Felipe VI. Sabemos que el objetivo de los socios de Sánchez, lo sabemos bien desde que el gañán se unció al yugo de comunistas y separatistas en la moción de censura, no es otro que acabar con la España constitucional y el régimen del 78. Erosionar la figura del Rey hasta lograr descabalgarlo, aprovechando el rastro de corrupción dejado por su padre, y provocar un cambio de régimen. Que nadie dude de que a poco que las circunstancias acompañen, y el horizonte ahora mismo no puede ser más sombrío -ciudadanos recluidos, miedo generalizado, oposición anestesiada-, comunistas y separatistas intentarán aprovechar la oportunidad para dar la vuelta como a un calcetín a la España que hemos conocido en los últimos 45 años, lograr la independencia, unos, y hacer realidad, otros, la España bolivariana a la que aspiran nuestros Ceaucescu, un proyecto al que Sánchez no haría ascos siempre y cuando le garantizaran la primogenitura.

El cierre del Congreso urdido de manera torticera por la presidenta Batet apunta en esa dirección. Como las prisas por otorgar el indulto a los golpistas en plena pandemia. Cuidar la salud, proteger la economía y oponerse a las pulsiones autoritarias de una izquierda enemiga de la democracia liberal (“La libertad rara vez vuelve a la marca de agua de que disfrutaba antes de cualquier gran crisis”, Tom Harwood en The Telegraph este jueves). Tal es la triple tarea a la que los demócratas españoles están convocados. Y a fe que habrá que salir a la calle a defenderla, flor exquisita para la que no existe seguro en el mundo, si no queremos volver a vivir algunas de las páginas más negras de nuestra historia. De modo que la tragedia del coronavirus, que al final del túnel debería servir para poner a prueba nuestra capacidad de resistencia como pueblo y sacar a relucir nuestra mejor reserva de solidaridad (“todos somos responsables de todos”, escribió Saint-Exupéry), se va a convertir al final en una prueba del amor de los españoles por esa libertad tantas veces negada. Movilizarse por la libertad, como en los peores tiempos del franquismo.

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Cebrián anima a presentar una querella contra el gobierno por negligencia en la crisis del coronavirus
Pilar Díez en Libertad digital, 230320

El Mundo

“Sánchez extiende la alarma entre críticas a su gestión”. Y tanto. Yo soy Sánchez y me largo a Groenlandia en el Falcon. Rosell le echa un broncazo de campeonato por sus comparecencias de autobombo. “Lo que hizo Sánchez el sábado con una intervención que parecía un lavado de imagen por las críticas recibidas en los últimos días por tantos desaciertos del Gobierno, sobre todo por su inacción hasta las irresponsables manifestaciones del 8-M, y que fue un ejercicio de engorde de culto al líder. Teniendo en cuanta que el presidente tenia intención de ofrecer ayer una rueda de prensa” para alargar el estado de alarma “no se entiende a qué vino la larguísima intervención televisada del sábado por la noche en la que no anunció absolutamente nada y se dedicó a vanagloriarse de algunas de sus decisiones, a repasar un sinfín de datos conocidos por todos de sobra y a reiterar mensajes que incluso pierden fuerza cuando suenan demasiado manidos en boca de un dirigente político”. “Sánchez debe dirigirse a la nación cuando toca, no aprovecharse del cargo para dedicarse a sí mismo espacios de más de 70 minutos sin contenido alguno disfrazando de liderazgo lo que es autobombo”. Mucho nos tememos que no sabe hacer otra cosa.

Federico Jiménez Losantos dice que “da igual que Sánchez declare mañana la prórroga del estado de alarma, que lo llame de excepción o de guerra, porque sólo ha demostrado que no sabe qué hacer con él. “Si algún día se sienta en el banquillo este gobierno por dejar en función de sus obsesiones ideológicas colectivistas o sus intereses políticos que la crisis haya alcanzado el nivel más letal del mundo, sus expertos y siervos mediáticos deberían sentase al lado“. Tenemos un presidente que “además de criminalmente negligente es un completo inútil”. “Mientras tanto, el gobierno y sus teletubbies atacan a la comunidad y a la alcaldía de Madrid por tomar la iniciativa ante la parálisis de Sánchez”. No esperábamos otra cosa de esa gentuza, pero no va a colar, esta vez no.

El País

“El gobierno pide prolongar el estado de alarma 15 días”. Como novedad, el artículo de Cebrián que va más allá de la crítica al gobierno. “Las principales instituciones mundiales denunciaron hace meses que un brote de enfermedad a gran escala era una perspectiva tan alarmante como realista y alertaron de que ningún gobierno estaba preparado”. Y empieza a repartir. “Los llantos de cocodrilo de tantos gobernantes, en el sentido de que nadie podía haber imaginado una cosa así, no tienen ningún sentido. No solo hubo quienes lo imaginaron: lo previeron y advirtieron seriamente al respecto. Ha habido negligencia por parte de nuestros gobernantes“, dice, y importante, “en Francia ya hay querellas contra el gobierno”.

“Se ha reaccionado tarde y mal. Faltan camas hospitalarias, falta personal médico, faltan respiradores, y falta también transparencia en la información oficial. En nuestro caso los periodistas tienen incluso que soportar que sus preguntas al poder sean filtradas por el secretario de Comunicación de la Moncloa“, enemigo declarado de la crítica al gobierno, tócate. Y que esto lo denuncie Cebrián en el periódico del régimen tiene su mérito.

“El 24 de febrero la OMS declaró oficialmente pandemia. En nuestro caso se alentó la asistencia a gigantescas manifestaciones, se minimizó la amenaza por parte de las autoridades, e incluso el funcionario todavía hoy al frente de las recomendaciones científicas osó decir entre sonrisas que no había un riesgo poblacional”, en referencia a Fernando Simón.

Y anima a poner denuncias penales a la ciudadanía. “Es lícito suponer que, además de las responsabilidades políticas los ciudadanos tendrán derecho a demandar la reparación legal si hay negligencia culpable“. “La impresión dominante es que el gobierno es prisionero en sus decisiones de los pactos con sus socios de Podemos y los independentistas catalanes y vascos. En una palabra, la conveniencia política prima, incluso en ocasiones tan graves como ésta, sobre la protección ciudadana”. Chúpate esa. Y esto lo dice Cebrián nada sospechoso de ser un ultraderechista peligroso.

ABC

“Atrincherados ante la semana más trágica”. Lleva una encuesta que dice que “los españoles ven insuficiente la acción de Sánchez“. Negligente, más bien. Le llueven tortas en el editorial por su Aló presidente del sábado, “interminable monólogo para simular que está al frente de la crisis. Sánchez sobreactúa. Sánchez está en el momento más delicado de su vida política, y aun así trata de sacarle partido, pero tanto tacticismo resulta incomprensible, y por eso sus explicaciones son insuficientes”. Y por cierto que seguimos esperando que pida perdón por el 8-M, cuando “echó a España a la calle para rentabilizar su obra de ingeniería ideológica. Si España está en guerra, la inmensa desgracia es que su gobierno, nuestro gobierno, se haya enterado tan tarde”.

Ignacio Camacho también critica la “sobredosis de verborrea”. “Ahora los españoles soportamos una doble condena: la de resistir enclaustrados y la de esta cháchara inmisericorde y hueca con que el presidente pone a prueba nuestra paciencia tratando de convencernos de que gobierna”. #YoApagoLaTeleCuandoSalgaSánchez. Pásalo.

Isabel San Sebastián se niega a aceptar “la consigna oficial que nos insta a permanecer silentes ante la inepcia culposa que está demostrando el gobierno en la gestión de esta pandemia” y hace una lista de acusaciones tan larga que no puedo reproducir aquí. “Cuando todo esto pase, habrá que pedir cuentas donde corresponda. De momento, callar sería otorgar y yo me niego a comportarme como si lo que estamos sufriendo fuera una plaga divina y no el fruto de la soberbia aliada con la incapacidad”. Te van a detener, Isabel, estamos a un paso de convertirnos en un país comunista.

La Razón

“Sánchez rechaza el cierre total pese al repunte del virus”. “España se queda sin 50.000 test por el bloqueo del Gobierno”. Marhuenda centra sus criticas en el Ministerio de Sanidad. “Cabe preguntarse si realmente las autoridades sanitarias al frente de esta crisis están haciendo todo lo que está en sus manos. Los hechos están corroborando que el gobierno va por detrás de los acontecimientos“. Dice que “no es el momento de dirimir las responsabilidades en la gestión, pero es necesario reforzar los equipos que están al frente en el Ministerio de Sanidad aunque supongan ceses”. “Puede que Sánchez no quiera salir dañado de esta crisis pero eso es algo que parece imposible porque el desperfecto va a ser colectivo”. Ya lo es. “Hay que exigir a Sánchez mucho más. No es el momento, pero está claro que este gobierno, salvando excepciones, no tiene capacidad operativa y es un puro apaño para sostenerse en la Moncloa”. Pues para no ser el momento le están cayendo palos a diestra y siniestra. Un consejo, Sánchez, quítate de encima a Iglesias. Siendo optimista, es lo único que puede salvarte.

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Revista de prensa

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Virus, Corona y tiempo

 

EQM

Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 220220, en torno a la obra Historia social de Indiana‘[1933], de Thomas Hart Benton [EEUU, 1879-1975]

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Encerrados en el siglo XX

Arcadi Espada en El Mundo, 220220

Por las mañanas, al levantarme, tengo un momento de vacilación. Cada vez más leve, pero aún me dura. No puede ser cierto lo que me está pasando. Lo que me pasa a mí no es mucho, en apariencia. Una vez en suelo firme, y constatada la vigencia del reinado del virus, empieza una vida que en sus días corrientes es similar a la que hacía. Hace años que trabajo en casa, en soledad, y con los mismos recursos. En cuanto al ocio, y descontados los viajes ahora difíciles, echo a faltar muchísimo el gozoso premio de cruzar la puerta de un restaurante después de alguna larga jornada de escritura. También los paseos en libertad. Salgo a la calle en cumplimiento del sagrado deber de informar, pero no es lo mismo. Debo fijarme demasiado en lo que pasa fuera y a mí me gusta andar para fijarme en lo que pasa por dentro.

Lo que pasa en las calles es muy extraño. Como suele ocurrir en el diezmado 15 de agosto o en el emponzoñado Viernes Santo doblan la esquina modelos de la famosa serie de Géricault, él mismo incluido. Adónde van es lo de menos. Van. Las preguntas fuertes son de dónde salieron y la razón de su libertad. Las calles están vacías como en las vacaciones, pero hay una diferencia angustiosa: todas las ventanas están ocupadas. Un inmenso animal respira, contenido a la fuerza. Aún no he coincidido con un coro de niños llamando la atención o quejándose. Quizá también estén atónitos. Pero sí he oído más de una vez algún solista desgarrado, gritando tontamente como si se acabara el mundo cuando ya se ha acabado. Se trata, pues, de caminatas inducidas, como la del que va al trabajo. Pero luce el sol y ya huelen los lilás.

La vida en el edificio ha mejorado. El ascensor se mueve menos y los vecinos han bajado el tono de voz y el de sus aparatos. Hay duelo por los muertos y por el futuro. La alegría se ha vuelto obscena. Solo a las ocho el duelo se rompe cada día puntual y furiosamente en homenaje a médicos, enfermeras (sanitarios se llaman a los ingenios del váter) y supervivientes que aplauden.

La pereza analógica dice que esto es una guerra. ¡Cómo es posible! En la guerra matas y mueres. Es más, en la guerra envías a tus hijos a morir por la libertad, la patria o cualquier otro altar irrenunciable. En la pandemia solo se trata de vivir. Nadie debería comparar los jóvenes tronchados en la primera playa de Normandía con los médicos que mueren por contactos repetidos y extremos con el virus. Los primeros debían morir. Era inevitable e imprescindible que murieran. No hay necesidad alguna de que mueran los médicos. Los médicos mueren porque el sistema no puede protegerlos. Evito oír a los políticos todo lo que puedo. Pero a veces no puedo. Habla el ministro Marlaska. En el minuto 39 de su rueda de prensa afirma que las fuerzas del orden están dotadas de todos los medios de protección. Cuando acaba me escribe una funcionaria de prisiones: «Es mentira. Estamos trabajando sin protección ninguna. Tenemos gel desinfectante. Nada más. He terminado mi servicio de noche con la Guardia Civil y personal de seguridad. Todos sin protección. Los días anteriores estuve en el interior de los módulos. Todos sin protección. Quiero pensar que las mascarillas y otro material hacen más falta en los hospitales. Pero que salga este tipo y no cuente nunca la verdad a los medios es humillante».

Humillación es una palabra correcta. La palabra correcta. El diario de un hombre humillado con más motivos de los que tuvo el hombre de Azúa. Una humillación que tiene en la gestión política española solamente una mísera estación de partida. El encierro me humilla. Aunque a estas alturas ya no hay más opción que la del encierro y el parón nuclear. Cuando algún ingresado en un hospital pasa más de 30 horas sentado en una silla solo cabe esperar que la devastación frene la devastación. Pero conviene asumir y delimitar la magnitud del fracaso. El pensamiento jeremíaco ya difunde sus lavativas sobre la arrogancia del hombre y la enseñanza que la especie ha de extraer de la crisis, que es el rezo. Pero el arrepentíos pecadores ha de encararse, sí, con una victoriosa arrogancia. Es la de Asia. Y es la victoriosa arrogancia de la juventud. La juventud del mundo. Hablo de Asia, que no de China. China es una dictadura hacinada. Nada es fiable. Hablo de Corea del Sur: una democracia joven con cincuenta millones de  habitantes. Test masivos, big data, aislamientos selectivos. 8.652 casos, 102 muertos, 1540 curados. Una tasa de mortandad (muertos por la peste/número de habitantes) de 2 muertos por millón de habitantes. La de España es de 28. La de Italia de 67.

La peste se ceba en los viejos, es sabido. No es una gran novedad. Pero ésta es la peste de los lugares viejos no solo por los muertos, sino también por los vivos. En nuestros lugares aún hay tipos como Pablo Iglesias, que asegura que el virus distingue entre clases sociales, sin que el siniestro demagogo aclare cuál es la suya. Su indecencia siglo XX. Tipos como Esmit, que manda a sus anticuerpos españoles a luchar contra el virus chino. Su indecencia siglo XX. Tipos como El Valido, que quiere que nos encerremos con su aliento en esta urna funeraria que es Cataluña, fatua tierra del Vic Data. Su indecencia siglo XX. Los tres, y los millones que arrastran como insectos pegados a una tira adhesiva no son los responsables del virus, pero sí del humillante encierro. El tiempo y el esfuerzo malgastados en desmontar sus sofismas, en ridiculizar sus mentiras, en protegernos de sus mecanismos, rudimentarios pero malignos, es tiempo y esfuerzo robado al talento, al estudio, a la alegría y a la buena fe. El empleo del tiempo es la suma cero más implacable. Ante la pandemia solo hemos sabido atrancar la puerta: se parece bastante al rezo.

Mueren viejos. Inocentes, por supuesto, como cualquier muerto. Alguno de ellos muere antes de tiempo. Los mata la estadística, disciplina letal. La relación entre el tiempo y los viejos la entendí con inolvidable dureza el día en que el médico me comentó que si aplicábamos a mi madre enferma un nuevo tratamiento podríamos alargar su vida tres meses. Debí de hacer un lastimoso gesto estadístico que él cortó en seco: «Si le parece, vamos a preguntarle a ella». Mueren los viejos. Lástima de empujoncito. Una semana más, aunque fuera, y habrían gozado de los primeros lilás: Pauvre amour, tiens bon la barre / Le temps va passer par là / Et le temps est un barbare / Dans le genre d’Attila. Mueren los viejos y es también por la vejez añadida de los indecentes.

(Ganado el 21 de marzo de 2020, 16:34, 77 Lpm, 35,6º)

Ilustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971] para el texto de Arcadi Espada.

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Progressus, regressus, nogressus

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 220320

Hoy plagiamos a Thomas Hart Benton. En nuestra versión, un esforzado journalist mecanografía sus reflexiones del día. Al fondo, tres personajes que son puro lastre irradian ondas paralizantes. El tiempo discurre cada vez más despacio. Estamos en un siglo veintiuno vigentesimesco.

La escena no deja de ser dinámica, incluso alegre. Las prensas ronroneando, los bomberos sofocando incendios, la doctora atendiendo a los enfermos, los agricultores transplantando, la equilibrista equilibrando, el propio journalist ganándose el journal. Pero sospechamos que todo podría ser mejor. Aviones a reacción, retroexcavadoras, laboratorios de diagnóstico, un iPad para el escribidor. Diversión. Ciclotrones. Fusión fría.

Es posible que la visión de las calles vacías esté afectando al jornalista, pero en estos días lo único que parece progresar es la enfermedad. Los tres lastres, comando aliterante, han logrado instalarnos en un humillante estancamiento. En el Cielo cada día es Navidad y en España siempre es siglo veinte. No avanzar era el secreto ideal, ¡el ideal del nogreso!

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Proteger la salud, defender la libertad
Jesús Cacho en vozpópuli, 220320

Calles desiertas, cielo nublado y el canto de un mirlo en el que antes no habíamos reparado. Como en un mal sueño, es el regreso a un pasado que nunca existió, el exilio en la torre de un castillo amenazado por un ejército tan imaginario como temible, dispuesto a asaltar los muros de nuestra salud y a poner en peligro nuestra vida. Silencio. Nos hemos olvidado ya de que esto era “una simple gripe”. Hace tiempo que dejamos de tomárnoslo a broma y optamos por arpillar nuestra casa para impedir la entrada en ella del mortal invasor. Encerrados, de grado o por fuerza. Nos comportamos en grupo, nos defendemos en grupo, nos aislamos en grupo. El rebelde que algunos llevamos dentro ha quedado colgado de una percha en el armario del miedo. Obligados a acatar órdenes, admitir consignas, asumir compromisos que juzgamos buenos para el colectivo, “bueno para todos”, el individualismo ha sido la primera víctima de esta guerra, el primer muerto en el combate contra ese asesino imaginario que no vemos pero intuimos. El triunfo de lo colectivo. La victoria será así o no será.

Una prueba de resistencia para la que esta sociedad muelle, confiada, reacia al sacrificio, no estaba preparada. Sociedad cuarteada por el virus del sectarismo que ha vuelto a dividir a los españoles en dos grandes bloques, como en los viejos tiempos, el garrote vil y la navaja barbera, las pinturas negras de Goya, la media España enfrentada a garrotazos con la otra media. El rencor alimentado por la desconfianza, el resentimiento y la inquina. Tirios y troyanos, rojos y azules, se han refugiado tras la empalizada de sus casas porque ante ellos ha aparecido un enemigo que no repara en ideologías. Se trata de una epidemia cuyo control exige el parón de la actividad, la muerte de la Economía. Para una gran mayoría, este maratón de aislamiento será una durísima prueba de la que pocos saben cómo saldrán, cómo saldremos. ¿Cuatro semanas entre cuatro paredes?  Nadie conoce lo que hay detrás de la alcazaba del miedo, pero todo el mundo intuye que el futuro, si tal existe, será distinto a lo que hemos conocido, porque el horizonte de algodón que entre sueños consumistas habíamos avizorado a lo largo de nuestra vida ha dejado de existir. Algo que marcará nuestra existencia para siempre.

Una prueba que tensará a fondo nuestro tejido social. Mal que bien, hemos sido capaces de festejar los grandes triunfos deportivos y unirnos con ocasión de catástrofes colectivas o atentados terroristas, pero, ¿cómo reaccionaremos ante tamaña prueba? ¿Cómo saldremos de este atolladero? ¿Qué clase de cohesión seremos capaces de mantener con esos millones de trabajadores enviados de repente al paro? ¿Qué consuelo dispensaremos a las familias que han perdido, que van a perder, a algún ser querido, esos mayores abandonados a su suerte en una cama en planta, sedados, hasta que el cuerpo aguante, porque las UCIs de nuestros hospitales están colapsadas? Eutanasia pasiva o el derecho a vivir de los más fuertes. Darwinismo puro. Más que nunca, el país hubiera agradecido la existencia de un liderazgo político claro, sincero y honesto, de una reconocible dimensión moral. Alguien en quien confiar. “En tiempos de crisis, la figura del presidente de la República sigue siendo un punto de referencia esencial para la continuidad de la nación. Ahora también ha cristalizado esa unidad en torno al Jefe de Estado”, escribía este miércoles el editorialista de Le Figaro. Nada de eso ocurre en España.

Coyuntura tan dramática como la actual pone en evidencia la desgracia que para este país supone la existencia de un Gobierno como el de Pedro & Pablo. La comparecencia del primero el miércoles, en un Congreso casi vacío, fue todo un monumento a la soplapollez, un canto a la zafiedad intelectual y humana más pavorosa. “Vamos a reconstruir juntos la dimensión de lo público y la naturaleza del debate político de un debate de destrucción a uno de reconstrucción” (…) “Mi objetivo es la reconstrucción del Estado del Bienestar, el sistema público y la protección de la sociedad y la economía” (…) “Vamos a presentar unos Presupuestos de reconstrucción social y económica cuando termine la crisis; unos Presupuestos extrasociales” (…) “Sí existe la sociedad, está ahí, la tenemos ahí fuera, recluida, reclamando la fortaleza de lo público”, y así hasta cien ejemplos de la diarrea de un personaje que, cabeza gacha farfullando lo que no entiende, enhebra una tras otra frases ampulosas carentes de sentido (a tale told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing de Macbeth) sentencias que orzan la idiocia, sapos que sus escribas le hacen vomitar en público y que él trasiega sin el menor empacho mientras el país tiembla de espanto.

La gravedad de la pandemia

Naturalmente tuvo buen cuidado en apuntar a la oposición por haber desmantelado ese Estado del Bienestar que él quiere “reconstruir”, como si Zapatero y el PSOE no hubieran tenido nada que ver en la crisis de 2008. También de disculpar su imprevisión (“la pandemia del coronavirus ha desbordado las previsiones de todo el mundo”), sus errores de gestión y la criminal responsabilidad de haber permitido y alentado iniciativas como la marcha feminista del “chocho de marzo”, un episodio por el que en el futuro debería sentarse en el banquillo de los acusados. Sánchez Castejón (“La presidencia más oscura y más opaca de la democracia”, en palabras de Javier Marías) desenterró a Franco y ahora está enterrando a los cientos de españoles infectados por culpa de un aquelarre que el sectarismo social comunista quiso desempolvar por las calles de Madrid, casi 40 días después, finales de enero, de que el Ministerio de Sanidad y el propio Gobierno tuvieran constancia de la gravedad de la pandemia que se cernía sobre España. Este sábado mismo volvió a intentar lavar su imagen. Sin ningún escrúpulo. Aló presidente.

Mitin fue también el que Iglesias protagonizó en Moncloa al día siguiente, jueves 19, tras saltarse la obligada cuarentena. El capo de Podemos repartía soluciones económicas, maestro Ciruela, para afrontar el momento: “España ha decidido dejar atrás los dogmas de la austeridad fiscal que ya fracasaron en la anterior crisis y, por eso, debemos emprender un camino diferente”. El camino del gasto público. Ignora el penene de Políticas que la caída de la demanda no tiene un componente económico, en tanto en cuanto los consumidores no salen a la calle a comprar por miedo a contraer la enfermedad, de donde se colige que las medidas monetarias expansivas y el aumento del gasto no tienen efectividad alguna, incapaces como son en estas circunstancias de estimular consumo e inversión. El BCE debería limitarse a actuar como prestamista de última instancia para evitar el colapso del crédito, mientras que la política presupuestaria debería concentrar sus esfuerzos en los programas sanitarios destinados a combatir la pandemia. Primero la salud, señor Sánchez, primero ese avituallamiento de urgencia que necesitan nuestros hospitales y que usted no ha previsto, las camas UCI perfectamente equipadas, razón por la que está muriendo tanta pobre gente abandonada a su suerte. Más de 1.400 españoles a última hora de este sábado.

Primero la salud, después la economía. Frenar la mortandad para, de inmediato, tratar de salvar el tejido empresarial del desastre, cosa que no va a lograr su comunista vicepresidente tirando del gasto público como pendón verbenero en club de alterne. Cualquier medida eficaz deberá concentrarse por el lado de la oferta, lo que equivale a decir que se trata de reducir las cargas regulatorias, sociales y fiscales que soportan las empresas para permitirles ajustar plantilla sin coste a la mayor celeridad posible y proteger su tesorería, porque, evitando la desaparición de una gran parte de nuestra urdimbre empresarial, sentaremos las bases para una rápida vuelta al crecimiento y a la recuperación de los puestos de trabajo.

Siempre la libertad

Primero la salud, después la economía y siempre la libertad. Mientras el presidente pedía unidad (“Una unidad que nos apela a todos, al margen de siglas”), su vicepresidente convocaba una cacerolada fallida contra el rey Felipe VI. Sabemos que el objetivo de los socios de Sánchez, lo sabemos bien desde que el gañán se unció al yugo de comunistas y separatistas en la moción de censura, no es otro que acabar con la España constitucional y el régimen del 78. Erosionar la figura del Rey hasta lograr descabalgarlo, aprovechando el rastro de corrupción dejado por su padre, y provocar un cambio de régimen. Que nadie dude de que a poco que las circunstancias acompañen, y el horizonte ahora mismo no puede ser más sombrío -ciudadanos recluidos, miedo generalizado, oposición anestesiada-, comunistas y separatistas intentarán aprovechar la oportunidad para dar la vuelta como a un calcetín a la España que hemos conocido en los últimos 45 años, lograr la independencia, unos, y hacer realidad, otros, la España bolivariana a la que aspiran nuestros Ceaucescu, un proyecto al que Sánchez no haría ascos siempre y cuando le garantizaran la primogenitura.

El cierre del Congreso urdido de manera torticera por la presidenta Batet apunta en esa dirección. Como las prisas por otorgar el indulto a los golpistas en plena pandemia. Cuidar la salud, proteger la economía y oponerse a las pulsiones autoritarias de una izquierda enemiga de la democracia liberal (“La libertad rara vez vuelve a la marca de agua de que disfrutaba antes de cualquier gran crisis”, Tom Harwood en The Telegraph este jueves). Tal es la triple tarea a la que los demócratas españoles están convocados. Y a fe que habrá que salir a la calle a defenderla, flor exquisita para la que no existe seguro en el mundo, si no queremos volver a vivir algunas de las páginas más negras de nuestra historia. De modo que la tragedia del coronavirus, que al final del túnel debería servir para poner a prueba nuestra capacidad de resistencia como pueblo y sacar a relucir nuestra mejor reserva de solidaridad (“todos somos responsables de todos”, escribió Saint-Exupéry), se va a convertir al final en una prueba del amor de los españoles por esa libertad tantas veces negada. Movilizarse por la libertad, como en los peores tiempos del franquismo.

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Revista de prensa

Daniel Estulin: “España no puede salir viva de esta crisis”
El analista de inteligencia ruso Daniel Estulin asegura que “estamos viviendo el fin del capitalismo, una crisis sistémica planetaria
Goyo G. Maestro en La Razón, 220320

 

Sagrados confinamientos

Del triaje y la ética

antos años debatiendo sobre la ética de la eutanasia y ahora estamos, sin pega alguna, en el amoral triaje de los hospitales madrileños: a éste le intentamos salvar y a aquel, no. Lo que hace ya tiempo ocurría con los neonatos y las incubadoras, se ha generalizado ahora con los viejos y las Ucis, a manos de los podemitas y sanchistas, sus actuales compradores de recursos. Supervivencia comunista y discriminación pensionista.

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Cuando se es responsable directo de la matanza que se está produciendo en este país por negligencia, hay que dimitir en pleno. El gobierno en pleno total, sin excusas que valgan. Y, claro, si ni están ni se les espera, faltaría más. Esa disposición de ánimo para no dar la cara, ese “talante” criminal para esconder la expresión cobarde bajo la mascarilla de la desvergüenza malhechora;, incluso ese regodeo en la mentira de algunos, es amoral y obedece a una falta de responsabilidad para con la sociedad que deben defender, y raya con el “talante” de los verdugos.
Ni una sombra de humildad, de reconocimiento, de contrición… ¿Y éstos eran los que iban a revolucionar nuestra sociedad del bienestar? ¿Los que iban a defender a nuestros/as disminuidos/as, enfermos/as y viejos/as? Hoy, en España, por falta de medios que cuestan cuatro duros, se mueren los más débiles, esa es la puta realidad.
Y están poniendo en peligro real a todo el personal sanitario completo, a todas las fuerzas de seguridad nacional (incluido el ejército), vamos, a los españoles y españolas. Y, como todo llega, ahora se implanta como normal, protocolos que son el equivalente a abortos de 70 kilos de ser humano.
Sí, a abortos reales y duros -interrupciones de los procesos sanitarios antes de que finalicen-, sobre personas que chillan en las dependencias, que desean seguir viviendo con toda la intensidad y que confiaron en ellos.

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¿Se imaginan a los acojonados viejos en sus casas…, gritando. ¡ antes muerto que de camino al hospital!
En ningún caso considero que el triaje de los que van a morir por falta salvable de medios, sea un ‘triste acierto’.
Se trata de una actuación con responsabilidad criminal que, esperemos sea reclamada por sus familiares, tenga sus consecuencias y, sin duda, alcance al Gobierno y a los autores de los protocolos.

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No acabo de entender por qué ante tan dramático dilema no se opta, por ejemplo, por una medida de fuerza contra el infame Gobierno al estilo de ‘sin recursos, no intervenimos’; dando a por sentado, evidentemente, que sin recursos ni se puede ni se debe intervenir. Ya verían como les faltaría el tiempo para suministrarlos.
¿Existe otra fuerza de mayor calado cuando está en juego la vida un viejo, de una persona?
Los amenazados entenderían mucho mejor el cierre de hospitales por falta de recursos que el triaje eligiendo las preferencias para ser seleccionado como superviviente.
A mí y mi familia nos aterra la mera posibilidad de que la famosa atención sanitaria española se haya convertido en esa ruleta de la fortuna en la que siempre palman los viejos sea en el rojo o en el negro…

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¿Un contagioso voluntario, d más e 80 años y arrastrando, como es natural, diversas patologías concomitantes…, al morir, se suicida legítimamente? ¿qué normativa existe sobre cualquier tipo de triaje? ¿se ha debatido parlamentariamente o se trata de meros ‘protocolos’ de régimen interior ¿es que el asunto no merece mayor consideración?
qué sólos se quedan los viejos, sobre todo cuando la cultura de la muerte ya desapareció hace tanto…

Es la primera vez que me siento angustiado por la mera noticia de de verme obligado, con mis circunstancias, a dirigirme a un hospital donde alguien, quizás sucesivamente, cola tras cola, decida sobre mis posibilidades de supervivencia y, en consecuencia, sobre mi vida o muerte. y me parece totalmente cuestionable y con abundantes semejanzas con la eutanasia pero con una diferencia fundamental: en este caso el paciente no tiene la menor oportunidad de influir en la decisión y, lo que es peor, en su ejecución.

Sí, ya sé que el concepto de triaje sanitario tiene un origen napoleónico y bélico, pero ello no me consuela en absoluto, entre otras razones porque también, en estos momentos, coexisten miles de graves paciente cónicos y en espera de cirugía, que tampoco pueden seguir con el tratamiento porque primero está el virus…O sea, que no sólo habrá que elegir entre atender a dos personas cel virus, sino también entre los que lleguen con problemas distintos a la pandemia.

y, como se trata de falta, fundamentalmente, de recursos materiales [Ucis, respiradores etc] nada insuperables para los países desarrollados o que tienen la mejor sanidad pública de Europa’.. ¿para qué están los correspondientes Gobiernos?.

Dilema ético y catástrofe política, en fin.

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A propósito del estado actual  de  la epidemiología regional, he tenido, recientemente, un caso familiar de tuberculosis – enfermedad oficialmente erradicada- y no le cuento cómo me ha ido… Ni puta idea resultaría todo un elogio..

El ‘hay que organizarse’ ya no solo es un asunto económico, sino de mera supervivencia y previa organización…

– í, es verdad, se intentan alternativas, que las hay [por ejemplo una alarma social que multiplique las Ucis en un plisplas]. y, por otra parte, en esta vida hay que elegir, desde luego. Como entre el bien y el mal Lo cual no significa que optar por el mal no soporte el Código Penal…Otra cosa son los atenuantes…

EQM

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A quién salvar y a quién no: el dilema ético que el coronavirus plantea a los hospitales españoles
ESTHER MIGUEL TRULA en magnet, 170320

Va a afectar casi en exclusiva a los ancianos”, “no es tan grave, es gente de más de 80 años”. La sensibilidad de la opinión pública ya no es la misma, pero hace apenas un par de semanas podía escucharse este planteamiento que de la boca de millones de ciudadanos. Aunque lo hemos ido matizando, el progresivo colapso en la atención sanitaria nos está llevando a que se dé de facto una situación en la que tengamos que decidir sobre la vida de nuestros mayores. Es lo que está pasando en Italia.

Christian Salaroli, reanimador del hospital Juan XIII de Bérgamo, dio la semana pasada una entrevista para el Corriere Della Sera. Trabaja en uno de los focos más estresados de esta crisis, con cientos de muertos. La versión oficial hasta antes de esta entrevista era que, pese a las dificultades, la asistencia en el norte de Italia seguía garantizada para todos, pero según Salaroli “todos los días estamos decidiendo a quién salvar. Es la realidad. No estamos en condiciones de hacer milagros”. Cuenta Clarín que ya hay médicos hablando de una “masacre de viejos”.

El propio alcalde de Bérgamo Giorgio Gori, para trasladarle la información a su ciudadanía, escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter: “los datos de la UCI son engañosos. Ahora mismo a los pacientes a los que no se les puede tratar se les deja morir”. La respuesta de los usuarios no se ha hecho esperar: “Disculpe pero, ¿es esto el alcalde de una ciudad diciendo en Twitter que a los pacientes “se les deja morir”? ¿Te das cuenta de lo que has escrito?”, sólo un comentario en una cascada de críticas.

Este vídeo compara los obituarios registrados en L’eco di Bergamo, el periódico local, lo que nos ayuda a ver la situación actual de la ciudad transalpina. Para el pasado 9 de febrero ocupaban una página y media. Cuatro días más tarde las páginas ascendían a diez. La mayoría de rostros son de ancianos.

No es lo mismo tener un catarro que necesitar un trasplante de vida o muerte. El triaje es el filtro por el que pasamos todos al llegar a Urgencias, un método usado de forma habitual para evaluar y atender a los pacientes según su gravedad.

En unos sistemas sanitarios consolidados este triaje permite casi siempre, y salvo algunos momentos puntuales, atender a todos los que lo necesitan. Esto cambia cuando los recursos son insuficientes, algo a lo que los ciudadanos de países desarrollados en el siglo XXI ya no estamos acostumbrados pero que ha sido habitual en la historia de la medicina, muy especialmente en las guerras. Ahora mismo existe al menos un foco en Italia, el hospital de Bérgamo antes citado, en el que sus trabajadores afirman estar adoptando protocolos de “triaje de emergencia máxima”.

La semana pasada el Colegio italiano de Anestesia, Analgesia, Resucitación y Cuidados Intensivos (SIAARTT) publicó una guía específica en tiempos de coronavirus para ayudar a sus profesionales en la dura decisión de decidir quién vive y quién muere. Hay que tener en cuenta que lo que se está produciendo es un conflicto sanitario extra que se añade a todos los que se dan habitualmente en el día a día para acceder a cuidados intensivos. La gente no deja de tener infartos o roturas de cadera.

Eso quiere decir que no sólo habrá que elegir entre atender a dos personas con coronavirus, sino también los que lleguen con problemas distintos a la pandemia. Esta tuitera contaba cómo su hospital, ya en fase de desmantelamiento de lo que no es extremadamente urgente, había dejado de atender a su abuela, una anciana de 93 años con tumor, insuficiencia pulmonar y otras patologías.

Ya hay quien, como este cirujano de 82 años, ya ha dejado un mensaje en redes sociales para hacer ver que, aunque disfruta de una vida sana y activa, con multitud de ilusiones diarias, cede su puesto en el hospital en caso de ser necesario y no haber para todos.

El plan del SIAARTT afirma que han de seguir “el criterio más compartido en justicia distributiva y la asignación adecuada de recursos sanitarios limitados”. Este criterio consiste en maximizar los beneficios para el mayor número de personas, esto es, “garantizar que los pacientes con más posibilidades de éxito terapéutico son los que se han de tratar en primer lugar”.

En un potencial primer nivel de saturación, los profesionales sanitarios tendrían que seguir una serie de pautas entre las que se encuentra “establecer un límite de edad para acceder a los cuidados intensivos”, ya que, “en el caso de una saturación total de recursos, mantener el criterio de atender primero al primero que llega implicaría excluir de los cuidados intensivos a aquellos pacientes que simplemente se diagnostiquen más tarde”. En segunda instancia podrían tener que analizar las comorbilidades de los pacientes: a un cuadro de dolencias más severo, que da pista de una recuperación más improbable, menos urgencia en su atención.

El documento del SIAARTT no da horquillas de edad, pero un informe interno difundido ayer del departamento de protección civil de la región del Piamonte, una de las más afectadas, sí: cuando no haya recursos suficientes, una situación que anticipan, el acceso a la terapia intensiva en casos de emergencia “deben ser personas con una edad inferior a 80 años o una puntuación en el índice de comorbilidad de Charlson de menos de 5″.

Es decir, que habrá hombres y mujeres de más de 80 con coronavirus o con otras patologías que podrán no ser atendidos y morirán. El criterio de edad y de posibilidades de supervivencia es el estándar de esta práctica. De hecho son decisiones que ya se dan habitualmente en medicina de trasplante, donde las listas de esperas para los órganos tampoco se rigen por el orden de llegada, sino también por el de aquellos que tienen la mayor probabilidad de sobrevivir con ese trasplante.

A día de hoy en España todavía no hay unas guías unificadas y estándar para esta toma de decisiones. Algunas voces anticipan que, como mínimo, deberían estar ya realizándose para Madrid. Unos protocolos también permitirían el descargo moral y psicológico que puede fatigar a los médicos que tengan que hacer estas elecciones.

Otro de los puntos a señalar es que ya se está avisando que el colapso de los recursos podría no venir tanto por el lado de la falta de unidades de cuidado intensivo como por la falta de personal y equipo (los respiradores van a ser escasos). Cuenta The Telegraph que a fecha de ayer domingo 15 de marzo en Italia, con más de 15.000 infectados, el país aún tenía más de 5.000 camas en la UCI, suficientes aún para la carga asistencial que se maneja en este momento (aunque la saturación difiere mucho según hospitales y especialidades), pero no así el personal sanitario, que el Gobierno está intentando contratar de urgencia.

Como comentábamos la semana pasada, España tiene 4.738 camas de UCI en el territorio español, pero estas se presentan con una distribución muy desigual dependiendo de la Comunidad Autómona. Esta diferencia de disponibilidad, así como que las duraciones de ingresos y otros factores difieren mucho entre pacientes, hace que sea imposible saber cuándo y qué comunidades podrán saturarse. Por ver lo que podría pasar, un estudio italiano publicado el pasado 13 de marzo en The Lancet estimaba que el país necesitará otras 4.000 camas a las 5.000 ya disponibles para atender con éxito a todos los pacientes durante el próximo mes, incluidos los afectados por el conoravirus.

En la lejana fecha del miércoles pasado El País publicaba que en ciertos centros madrileños los profesionales ya estaban dando sus primeras muestras de agotamiento. Si a eso le sumamos que cada vez son más los trabajadores que dan positivo y deben aislarse, se entiende por qué la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (Amyts) anuncia que hacen falta más contrataciones y que además deberán ser seductoras, ya que en una profesión sin paro la gente está eligiendo no exponerse a sí misma ni a sus familiares por contratos mal pagados.

Según Ángela Hernández, la vicesecretaria de Amyts: “cuando Madrid decidió reforzar las unidades móviles para tomar muestras a domicilio a posibles casos (con cuatro unidades más compuestas de médico, enfermero y conductor) ‘sólo se presentó uno’”.

Está por ver cómo será el colapso sanitario en la sociedad británica. Si el plan de escasa contención que baraja Reino Unido según el reciente anuncio de Johnson, el país no impondrá las durísimas restricciones que se han vivido en China, Italia o España. Es decir, que el 80% de la población general la contraerá en esta estación, permitirán a la famosa curva crecer y crecer.

Aunque el escenario más oscuro habla de medio millón de muertes por coronavirus, según el Gobierno británico la “estimación” final se sitúa en 100.000 víctimas mortales, muy superior a las 17.000 muertes anuales que ha provocado de media la gripe estacional en los últimos cinco años.

El peso ético de esta decisión

Desde un punto de vista utilitarista es de lo más comprensible que el primer criterio de segregación sea el de la edad. Los ancianos han tenido más tiempo, los jóvenes no. Los ancianos son menos productivos, los jóvenes aún tienen personas a las que cuidar y años que cotizar. El problema, como refleja la psicóloga Jennifer Delgado en su web, es la relativización de la importancia de las vidas. Cambiar el marco mental de que toda vida cuenta a que unas lo hacen más que otras, combustible para otros tipos de discriminación que se producen en sociedades deshumanizadas. Se trata de un daño moral tan grave e importante que es el argumento base de ficciones moralizantes.

“Esta lucha es de todos. Y no es una lucha por la supervivencia individual sino por la supervivencia colectiva. Por la supervivencia de los grupos más vulnerables. Y por la supervivencia de lo que queda de humanos en cada uno de nosotros“, dice Delgado. Una afirmación que habrá que tener muy presente en nuestro interior durante las próximas semanas

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Eduardo Uriarte en Funsación para la libertad, 210320

Tanto esperar que amaneciese (que no era poco), conformándonos servilmente con las limitaciones y disparates de este Gobierno, que al final llegó el día en el que en vez de aparecer el sol nos invadió por oriente un virus que vino a sumarse a los domésticos que ya padecíamos. Porque, de no tener un gobierno paralizado en sus contradicciones, un Gobierno con querencia a deconstruir su propio Estado, la respuesta hubiera sido más rápida y eficaz. Hubiéramos tenido un liderazgo fiable, y no un Ejecutivo de decisiones a plazos tras múltiples y larguísimos consejos de ministros. Decisiones que otras autoridades de jerarquía inferior, conculcando posiblemente la legalidad constitucional, ya habían tomado.

Creíamos que no íbamos a tener un Gobierno más lento que el de Rajoy pero nos equivocamos. La presidenta de Madrid ante el vacío gubernamental hacía tiempo que estaba ejerciendo de alcalde de Móstoles el Dos de Mayo. Sintomática la pasividad del Gobierno español, el portugués en cuanto a decisión y eficacia resulta todo un ejemplo, y es tan de izquierdas como el nuestro, pero es nacional.

Es cierto que este Gobierno no es el más adecuado para hacer frente a retos reales, menos si son calamitosos. Lo suyo era la fabulación ideológica, sacar todos los cadáveres de nuestra historia para volver a abrir el foso social que la Transición superó, y crear un frente antisistema, rememorando el frente popular, para garantizar el poder vitalicio de todos sus componentes. Pero el sábado pasado el presidente del Gobierno se dirigió a sus “compatriotas”, citó la palabra “España” varias veces y alguna a la mismísima Constitución. A la fuerza ahorca, y ante esta crisis propia de los idus de marzo (el 8 M y el 11M) tuvo que apelar a la legalidad y al discurso institucional. Casi me sedujo y enterneció su intervención, la mejor que ha tenido, de no recordar que estaba ante un mentiroso compulsivo que cambia el discurso cada dos meses.

La realidad le sienta mal a este Gobierno, había conseguido arrastrar a amplios sectores de la ciudadanía a la ficción, a su ficción, y cuando la gente supere el actual shock tras la pandemia se va a sentir engañada. Lo mismo va a padecer ese mago de la independencia virtual que es el secesionismo catalán.

Es evidente que desde ZP, y no solo desde Rajoy, la generación actual de nuestros dirigentes no ve lo que no desea ver y crea, por el contrario, fabulaciones. A ZP le cesó la crisis económica que se negó a reconocer, la pasividad ante el proces y la Gürtel le expulsó a Rajoy del Gobierno, y a Sánchez izquierdismo y oportunismo le llevó a formar el Gobierno de la realidad virtual, de trincheras en la Ciudad Universitaria, incapaz de vislumbrar lo real, es decir, un Gobierno que en sí mismo supone la crisis del Estado. Y con un Estado cojo y ciego, por esencia negado a la contundencia frente a una crisis, y con mala imagen ante los poderes económicos, no hay país que salga de esta pandemia y de la recesión económica que le acompaña.

Las tardías medidas que ha adoptado son insuficientes y carecen de la decisión y eficacia requerida por la gravedad de la situación. Por mucha rueda de prensa que den los ministros delegados, incluso con medidas sensatas, el problema no se resuelve, se ahonda, porque siguen creyendo en la magia de la propaganda mediática y en el BOE, incapaces de llevarlas a cabo a continuación. El primer día laborable del estado de alarma el caos es importante en algunos transportes en Madrid y Barcelona. El Ejército, ni su versión amable de la UME, despreciado en Euskadi y Cataluña y retirado a instalaciones del Gobierno central. Los hospitales están clamorosamente necesitados de medios, mientras no se deja de emitir por la propaganda oficial alabanzas a nuestro excelente sistema sanitario. Algún miembro del propio Gobierno ni siquiera guarda la cuarentena. Este Gabinete se había constituido para otra cosa, ganar la guerra civil mediante la acción política, de ahí su falta de prudencia en no suspender el 8M. Es que está en guerra con la derecha y hay que ganarle la batalla del feminismo.

Pero la llegado el día en que la realidad dolorosamente se ha impuesto. Agradezco que el presidente Sánchez se nos dirigiera en su discurso para justificar el estado de alarma llamándonos compatriotas. El alcalde de Móstoles, mucho antes, le bastó con llamarnos españoles.

Madrid, Euskadi, Cataluña, los virus domésticos.

Que tuviera que salir el alcalde de Móstoles, ante el vacío de poder, a declarar la guerra al francés, tuvo también sus consecuencias negativas. El país se hizo muy cainita, empezó un enfrentamiento civil que aún perdura, la nación se desarticuló y cada cual hizo la guerra por su lado inaugurando la secular costumbre de tirarse al monte. También, sobre todo, en un país desarticulado y ganado por el voluntarismo romántico, empezaron a abundar dirigentes que eran mala gente (en esto coincidían Cánovas y Azaña). El espontáneismo, la llamada al pueblo, la inexistencia de Estado (que es lo que ocurre en Euskadi y Cataluña, y empezaba a colaborar en ello este Gobierno) nos sume en el caos. “Prefiero un mal Estado a la inexistencia de Estado”, declamaba Ignatieff viendo sobre el terreno cómo se mataban serbios y croatas otrora compadres de taberna.

Hace pocos días lo denunciaba Ruiz Soroa en parecido sentido, “¿Existe todavía el Estado español?”, y Javier Tajadura nos explicaba las posibles conculcaciones legales que las autonomías, y hasta municipios, estaban aplicando sobre derechos básicos constitucionales de la ciudadanía. El Gobierno no hacía nada, en los vuelos procedentes de zonas de riesgo no existía ninguna medida de control, los niños concentrados en los colegios podían convertirse en los grandes transmisores de la enfermedad, los ancianos seguíamos asistiendo a la tertulia del bar, mientras nos embargaba el temor de lo que ocurría en China y las medidas que se adoptaban aquí el Gobierno nos transmitía cierto nivel de tranquilidad.

En ese contexto de pasividad gubernamental la Comunidad de Madrid tomó la primera gran iniciativa, discutible en su legalidad, de cerrar los centros docentes. No hubo en ello trasfondo secesionista (como si lo hubo en Euskadi y Cataluña), posiblemente existiera un aprovechamiento político de la irresponsable pasividad del Gobierno, pero creo que una autonomía no tiene competencia para limitar un derecho fundamental como es el de la educación. La Autonomía gestiona la educación, pero la garantiza el Gobierno central y éste si es competente en su limitación mediante la legislación de emergencia y bajo el control de las Cortes. Nos habíamos introducido, quizás por buena voluntad y posible oportunismo, en la deriva inconstitucional.

Más grave fueron las medidas en Euskadi y Cataluña en el control de la movilidad y confinamiento de la ciudadanía, pues atentaban contra derechos fundamentales que una autonomía no puede limitar salvo en caso de aislamiento. Esta sustitución en el ejercicio del papel institucional de cada organismo, este caos, con el alcalde de Móstoles por un lado, Zumalacárregui y Cabrera por los otros, es lo que hizo preguntar a Ruíz Soroa si existía el Estado. Hasta que Sánchez no salió el sábado pasado con el último instrumento que le quedaba, el decreto ley de alarma, para enjuagar las atribuciones que unilateralmente se habían hecho suyas las autonomías, el Estado no existía. Nuestro virus doméstico en este país, que algunos llaman plurinacionalidad, y los federalistas de la Gloriosa cantonalismo, había vuelto a surgir a pesar de que la gravedad de la situación exigiera un mando único, que éste fuera contundente, y que exigiera a las instituciones su jerarquización, y, sobre todo, dejaran de ser utilizadas al socaire de la grave epidemia por el partidismo o el sectarismo nacionalista. Tras el caos institucional uno se hace la pregunta de si un Gobierno no sabe gobernar cómo va a hacer frente a la pandemia, porque un Estado desarticulado es incapaz.

Si la izquierda española fuera tal, y no un movimiento reaccionario, si realmente fuera republicana y no anarquista, el caos que hemos observado no se hubiera producido.

Este Gobierno carece de capacidad ante la epidemia y la recesión económica.

En el fantasmal pleno del Congreso en el que el presidente fue a presentar el estado de alarma se volvieron a observar, a pesar de la dramática situación, las taras que padece su Gobierno precisamente de mano de su socio y sus aliados. En pleno despliegue del Ejército, más propagandístico que eficaz por el bajo número de efectivos dispuestos, el señor Rufíán solicitaba la reducción del presupuesto militar en un cuarenta por ciento. En un momento que se requiere el esfuerzo de la sanidad privada el portavoz de Podemos arremetió contra ella y los recortes sanitarios del PP, como si en las comunidades de otros partidos, incluido del propio PSOE, no los hubieran hecho, argumento al que se apuntó el propio presidente. Acabado el pleno su socio de Gobierno convocó, tras la estela de las caceroladas de homenaje a los que combaten la enfermedad, otra contra la Monarquía. Y horas después en rueda de prensa el vicepresidente Iglesias vuelve a arremeter contra la medicina privada y aprueba la manifestación contra el rey. Siguen haciendo desde el Gobierno lo único que verdaderamente saben hacer.

El disparate se acentúa cuando es desde la oposición, especialmente del PP, de donde recibe Sánchez un apoyo más rotundo. Pero éste, ni en palabra, gesto, ni mirada parece agradecerlo, recordando el desdén con que en el pasado Patxi López obsequió al PP vasco tras investirlo lehendakari. Actitud responsable y que honra a la oposición, pero que debiera en su apoyo recordar pasados desdenes, pasados agravios, y recientes mentiras. Y sin embargo tal apoyo es necesario y muestra responsabilidad.

El que tiene que mostrar responsabilidad en disponer de un Ejecutivo con capacidad para hacer frente a la doble crisis que padecemos, o es mentira que se haya enterado de su dimensión a pesar de leer los papeles que le redacta Iván Redondo, tendría que ser el propio presidente, necesitado de librarse de la imagen subversiva, irresponsable e ineficacia que su Gobierno tiene. Con este Gobierno difícilmente va a recibir facilidades por parte de los mercados, salvo mediante una prima de riesgo preocupante, que posibilite el gasto sanitario y la recuperación económica, además de carecer de eficacia en la gestión de sus decisiones.

Si no un Gobierno de concertación ante la crisis, es necesario, por lo menos, un acuerdo parlamentario al más alto nivel, con las medidas concretas, incluidos los Presupuestos, entre el Gobierno y la oposición. Mejoraría la gobernabilidad, liberaría al Ejecutivo de las acechanzas de su socio y aliados, obtendría una autoridad mayor en el interior y una mejor imagen externa. Gobierno de concentración o al menos concertación en el Congreso, o no salimos de esta crisis, pues este Gobierno y sus revoltosos socios son incapaces de aportar esfuerzo alguno en esta crisis, crearán problemas y erigirán todo tipo de obstáculos y así se llegará tarde a tomar cualquier decisión. Unos con cargarse la Monarquía y otros con cantar de Madrid al cielo creen tener su misión histórica alcanzada. Sánchez, por su parte, tendría que desmovilizar toda su fobia ideológica izquierdista para poder superar entre todos, de verdad, este reto.

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Monarquía española: regeneración o caída
Sábado, 21/Mar/2020 David Jiménez en The New York Times, 210320

El monarca que reinó España durante casi cuatro décadas recibió cien millones de dólares de Arabia Saudí, los ocultó en paraísos fiscales y entregó una parte a su amante, según la justicia suiza. Pero el cuento con final infeliz de Juan Carlos I, con su mezcla de traiciones amorosas, espionaje y supuestas comisiones, no quedaría completo sin el drama familiar: su hijo y actual rey, Felipe VI, lo ha repudiado públicamente al renunciar a una herencia manchada por la sospecha.

El rey reconoce en el comunicado que difundió el domingo que conocía la existencia de esa fortuna desde hacía un año. Las preguntas son inevitables: ¿Por qué no lo puso en conocimiento de las autoridades y la Fiscalía Anticorrupción? ¿Sabe de otras actividades de su padre u otros miembros de la familia real que pudieran ser ilícitas? ¿Qué reformas propone para evitar comportamientos similares?

La estrategia de la Casa Real, que busca proteger al hijo sacrificando al patriarca de los Borbón, está condenada al fracaso. Parte de la falsa premisa de que la crisis monárquica se reduce al comportamiento de un rey descarriado, cuando los problemas de la institución van mucho más lejos. El paciente requiere una profunda regeneración para, una vez concluido el proceso, permitir a los españoles decidir su futuro en un referéndum.

Miles de españoles organizaron el miércoles una cacerolada desde sus balcones a la misma hora que Felipe VI daba un discurso de ánimo a una nación confinada en sus casas por la pandemia de coronavirus. La protesta, organizada a través de las redes sociales, incluía la petición de que los cien millones de Juan Carlos I sean donados a un sistema sanitario desbordado por la crisis sanitaria. El rey pudo haber aprovechado su alocución para confrontar el escándalo real, pero optó por refugiarse en la opacidad que tanto merma la credibilidad de la institución.

Juan Carlos I actuó durante su reinado con total impunidad gracias a una mezcla de falta de transparencia, leyes obsoletas que impiden la persecución de delitos cometidos por los monarcas españoles y una cultura de pleitesía que llevó a partidos políticos, instituciones y sociedad en general a mirar a otro lado. El primer paso debería consistir en levantar el manto de protección en torno al Palacio de la Zarzuela, la residencia real.

La reacción tras conocerse el escándalo de la fortuna de Juan Carlos I muestra lo difícil que será romper viejas costumbres. Los principales diarios nacionales olvidaron mencionar la información en sus portadas, el congreso rechazó investigarla y el establishment económico y político, predominantemente cortesano, hizo piña alrededor de Felipe VI, atribuyendo motivaciones heroicas a su decisión de romper con su padre. “La dura ejemplaridad del Rey”, titulaba su editorial el periódico ABC, de larga tradición monárquica.

No hay en la investigación suiza, ni en las informaciones de la prensa británica, ningún dato que indique que Felipe VI haya cobrado dinero ilícito. Y, sin embargo, la renuncia a cualquier cantidad que no esté “en consonancia con la legalidad” solo se dio a conocer después de una exclusiva del diario británico The Telegraph identificándolo como beneficiario de los fondos de su padre.

El monarca debe colaborar con la justicia activamente para desentrañar la presunta red de corrupción que tejió su padre y que implica a familiares que pudieron actuar como testaferros. Las instituciones del Estado sospechosas de encubrimiento tienen que ser investigadas ante los indicios de que los servicios secretos fueron utilizados para proteger la reputación de Juan Carlos I, en lugar de investigar sus irregularidades.

La consorte del rey emérito, la aristócrata alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, ha anunciado acciones legales en Londres contra su expareja, acusándolo de utilizar al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para amenazarla en un intento de silenciarla. La empresaria aseguró en una conversación grabada en Londres en 2015 que actuó como testaferro de Juan Carlos I durante años y ha revelado que tiene cajas llenas de documentos que comprometen a la monarquía.

El goteo constante de informaciones comprometedoras no puede seguir siendo desdeñado por la justicia, minimizado por la prensa e ignorado por el parlamento, enviando el mensaje de que la prioridad es ocultar la verdad.

La monarquía cumplió un papel estabilizador después de la dictadura, durante la Transición española, y tiene el apoyo de los partidos con mayor representación parlamentaria del país. La institución no es, como demuestran los casos de Holanda, Noruega o Dinamarca, incompatible con una democracia liberal. Pero para que lo sea tiene que estar sujeta al escrutinio y la exigencia de responsabilidades.

Felipe VI llegó al trono en 2014 prometiendo adaptar la Casa Real a los tiempos, pero el ímpetu renovador de los inicios se diluyó tras un primer año de cambios que incluyeron mayor transparencia sobre las cuentas reales, la publicación de los sueldos de sus miembros y un control sobre los regalos que recibe la familia, que hoy se consideran parte del Patrimonio Nacional. No es suficiente.

Los cambios, para ser significativos, requieren de una reforma de la constitución para regular las incompatibilidades del rey en su vida privada —por ejemplo, sus negocios—, la obligación de que los miembros de la realeza declaren su patrimonio y el fin del estatus de inviolabilidad que en la práctica sitúa al rey por encima de la ley. La reforma, una vez completada, obligaría a la disolución de las Cortes Generales, la convocatoria de elecciones y un posterior referéndum para su aprobación, momento en el que los españoles podrían decidir el modelo de Estado.

Nada de esto será posible mientras Felipe VI no tome la iniciativa y promueva él mismo los cambios. Su padre, cuando aún disfrutaba de una popularidad envidiada por cualquier político, se dirigió a la nación en 2011 y fijó las bases de una monarquía honrada, responsable y sostenida bajo el principio de que “la justicia es igual para todos”. Hoy sabemos que se burlaba de todos los españoles. Si su hijo cumple esa promesa pendiente, habrá hecho más por preservar el trono que todos los cortesanos que estos días desean ruidosamente “larga vida al rey”.

David Jiménez es escritor y periodista. Su libro más reciente es El director.

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De supervivencia extrema

Audio sobre la discriminación sanitaria en Madrid, con motivo la atención personalizada de los mayores de 65 años [190320].

 

Mane qui mane, visca el Gobern!!!

En mi opinión,  España siempre ha sido un país tan creativo y sectorialmente reactivo e ingenioso como socialmente manso y aunque  sí proclive  a la autoridad competente, siempre que la respete; en consecuencia, se trata e un pueblo remiso a cualquier tipo de control, activo o pasivo, y más si proviene del incapaz,  del el poder trilero;, y tradicionalmente reacio a todo lo que suponga estudios de prevención o prospectiva, es decir, aquello que ahora se denomina, a la page,  ‘planes de contingencia’.

Quiero decir, que el proceso cognitivo pensar, reflexionar y, finalmente, decidir, organizar, ejecutar y valorar lo hecho [otra vez el control] no es, precisamente, su fuerte. Por eso somos invencibles en el ‘siempre se ha hecho así’ la acepción más servil de una burocracia incapaz de regeneración alguna del gato incontrolado: por eso, el arrasamiento de la instrucción ha contribuido decisivamente, al debilitamiento de nuestras ideas, repito, nuestro mayor tesoro.

De modo que no me sorprende en absoluto que tampoco los vascos teman verdaderamente a las multas [ ¿alguien sabe de la media ponderada de sanciones por territorio?], como para cumplir los deberes del Decreto de Alarma durante el playero fin de semana…

De seguir así la evidente ruina del Estado de las Autonomías llegará a liquidar al propio Estado. Su supremacía, asumida territorial y socialmente sin rechistar, da para eso y para mucho más, como, desgraciadamente acabaremos por ver.

Ah…, y ojalá me equivoque radicalmente.

Pero por el momento y como decían los valencianos no hace menos de un siglo, “mane qui mane, visca el Gobern!!!” [“mande quien mande, viva el Gobierno!!!”] .

EQM

pd.- Como ocurrió con la tuberculosis, a los imfectados toda la atención especializada que se precise, pero siempre y cuando la atención primaria siga prestada como antaño y sin discriminación alguna, ni por edad ni por otras patologías concomitantes. Porque la vida sigue siendo más importante que todo lo demás.

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Los hospitales planifican ya cómo limitar el acceso a respiradores a los más mayores
Los hospitales ya preparan protocolos para restringir el uso de respiradores en las UCI a los pacientes más ancianos para evitar el colapso de las unidades de intensivos
RAFAEL MÉNDEZen El Confidencial, 200320

Los hospitales ya están empezando a planificar cómo restringir el uso de respiradores en las UCI a los pacientes más ancianos para evitar el colapso de las unidades de intensivos, según fuentes médicas. En algunos hospitales valoran la edad y el estado general del paciente, y en otros, como el Vall d’Hebron de Barcelona, el más importante de Cataluña, ultiman un protocolo. Según un borrador, los mayores de 80 años, los que padezcan demencia o los que tengan entre 70 y 80 pero tengan patologías previas recibirían oxígeno en mascarillas pero no respiradores. En Italia, los médicos han tenido que crear protocolos para priorizar el uso de las UCI ante la saturación y la sociedad de Medicina de Urgencias reclamó estos protocolos.

l gran problema del Covid-19 es la cantidad de largas estancias de UCI que ocasiona, generalmente en pacientes mayores. Madrid tenía unas 400 camas de UCI antes de la crisis y lo primero que hicieron los hospitales fue reconvertir las salas de reanimación en UCI y demandar respiradores, fundamentales para estos casos pero sometidos a la alta demanda mundial. Madrid anunció que quería crear 1.000 camas de UCI. Los pacientes en esta situación se multiplican. El lunes había 400 infectados en cuidados intensivos y el miércoles ese número ascendió a 590. España tenía 4.400 camas de UCI y el miércoles por la noche había 939 ingresados por Covid-19 en estas unidades.

La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) ha creado un documento guía en previsión del colapso, ya que “el 15% de los pacientes con infección por el nuevo coronavirus Covid-19 presentan cuadros graves que deben ser atendidos en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI)”. El informe aconseja que durante la saturación se suspenda “toda la actividad electiva (cirugía, pruebas diagnósticas, consultas) en el hospital”, algo que ya se está haciendo. Pero también contempla “un criterio de ingreso en UCI estricto, guiado por escalas objetivas y aplicando, si es necesario, los protocolos de limitación del tratamiento de soporte vital con el soporte del Comité de Ética asistencial”.

La misma sociedad establece en otro documento sobre ética que hay que planificar cómo van a evolucionar los ingresos y “tener en cuenta que admitir un ingreso puede implicar denegar otro ingreso a otra persona que puede beneficiarse más. Evitar el criterio ‘primero en llegar, primero en ingresar”.

Uno de los primeros hospitales en empezar a preparar ese protocolo interno es el Vall d’Hebron, cuyo jefe de UCI es Ricard Ferrer, presidente a su vez de la SEMICYUC. Un borrador del protocolo ‘Indicaciones de apoyo de soporte respiratorio en pacientes con infección por Covid-19’ establece que “todo paciente afecto de insuficiencia respiratoria aguda (IRA) tiene derecho a recibir asistencia sanitaria y se determinará la intensidad terapéutica según criterios objetivos de idoneidad y expectativas de resolución del proceso con buena calidad de vida y funcionalidad”. Un portavoz del hospital insistió en que el documento está en elaboración y que esa no tiene por qué ser la versión definitiva.

El fin es tener criterios objetivos que determinen la entrada en la UCI y el uso de los respiradores en previsión de que llegue el colapso. Los médicos prefieren no tener llenas las UCI ahora y que luego llegue gente de mediana edad con buen pronóstico y no tener camas. La mayoría de los hospitales valoran caso a caso, pero algunos, siguiendo el criterio de la sociedad, empiezan a planificar protocolos.

El borrador del Vall d’Hebron, un centro de 1.100 camas de referencia en Barcelona, por ejemplo, considera que los mayores de 80 años y los pacientes con demencia sean tratados con ventilación no invasiva igual que los mayores de 70 si tienen patologías previas como problemas cardíacos, EPOC, cirrosis, insuficiencia renal. El borrador no es rígido y deja margen a excepciones, pero siempre que lo decida un comité, no un solo médico, y viene a preparar a los médicos para momentos duros. Avisa que las decisiones deben consensuarse con la familia, pero “en esta situación excepcional puede ser difícil tomar decisiones por vía telefónica”, porque los allegados no pueden visitar a los pacientes en la UCI con coronavirus.

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Sanidad intenta aplacar a las comunidades tras requisarles material sanitario básico
Comunidades, ayuntamientos y proveedores denuncian la inseguridad creada por el ministerio: “Hay material, pero cuando empiecen a comprar Brasil, EEUU o Nigeria, ya no habrá”
ALBERTO PÉREZ GIMÉNEZ en El Confidencial, 200320

Nuestros proveedores nos cuentan que les incautan el material en aduanas y, desde el decreto de alarma, nos llega a cuentagotas. Anoche [por el miércoles] nos llegaron 52.000 mascarillas quirúrgicas cuando la presidenta ha pedido casi 14 millonesSolo en La Paz se utilizan 30.000 en un día“. Fuentes de la Comunidad de Madrid denuncian la confusión y el miedo que las incautaciones de material ordenadas por el Ministerio de Sanidad han creado en los proveedores y distribuidores. Hasta el punto de que el ministro tuvo que emitir el pasado martes un ‘Criterio interpretativo’ por escrito, al que ha tenido acceso este medio, para intentar dar seguridad a los distribuidores y que el material sanitario llegue a los hospitales de toda España.

Un distribuidor de este equipamiento sanitario confirma que en el mercado internacional hay ahora mismo material, pero que la orden de Sanidad del fin de semana amenaza la importación: “Una empresa de Israel me ofrecía un millón de mascarillas con válvula y otro millón sin válvula, y luego podía producir 500.000 diarias. Tenía en ‘stock’ 10.000 termómetros por infrarrojos, 100.000 monos y ofrecía 20 millones de guantes de nitrilo en 15 días. Ahora mismo hay material en el mercado, pero Sanidad se tiene que poner las pilas para comprar. En unos días lo van a reclamar en otros países y cuando empiecen a comprar EEUU, Brasil, Nigeria o Colombia, no habrá”. Este mismo distribuidor alerta ya de que la especulación se ha disparado: los guantes de nitrilo han pasado de 3,8 euros la caja a 11 euros, por ejemplo.

Por ello, y ante las quejas insistentes de las comunidades autónomas —principalmente Andalucía, que fue la primera el martes en exigir por carta que se devolvieran las 150.000 mascarillas incautadas por la Guardia Civil a uno de sus distribuidores en Jaén y que, según la Junta, dejaban sin un suministro comprometido a sus hospitales, y Madrid, cuya presidenta detalló las necesidades de material en la reunión del domingo con Pedro Sánchez y se lo ha vuelto a recordar en una carta este mismo jueves—, el Ministerio de Sanidad tuvo que emitir el documento supuestamente aclarativo para intentar calmar al sector.

La carta “interpretativa” de Illa

En el documento, el ministro Salvador Illa asegura que no se ha “previsto actividad de incautación, confiscación o requisa alguna”, sino que la orden dada era que los proveedores españoles dieran “conocimiento a este ministro del ‘stock’ existente” de los productos para abastecer a los hospitales. Con respecto a las mascarillas, el documento pretendía aclarar que el ministerio, tras el decreto del estado de alarma, solo pretendía “prohibir comercializarlas fuera del territorio nacional” y su “obligación de destinarlas al abastecimiento de centros y servicios sanitarios, con carácter prioritario, no exclusivo“, lo que abriría el abanico a, por ejemplo, ayuntamientos y Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado o policías autonómicas.

Por ejemplo, esa inseguridad ha afectado a ayuntamientos como Colmenar Viejo (50.000 habitantes) en el norte de Madrid. Su alcalde, Jorge García, del PP, explica: “Estábamos comprando mascarillas con normalidad para la policía local y protección civil y el viernes pedimos 5.000 unidades más que venían de Israel, donde nos dijeron que fabrican medio millón al día. Pero el lunes, tras el estado de alarma, el proveedor nos dijo que no podía porque se las iban a requisar en la frontera. Desde entonces, llamamos a la comunidad y al ministerio y nadie nos proporciona mascarillas. No lo entiendo”.

La poca claridad de la orden del fin de semana ha afectado hasta a las residencias de ancianos, que viven situaciones dramáticas. Como denuncia la adjunta a la dirección de la residencia Madre Maravillas, Lidia Álvarez, “hemos solicitado material de protección a los proveedores habituales. Algunos de ellos están desabastecidos, pero otros nos han comentado que cuando estaban ya en reparto del material a los centros de mayores, los Cuerpos de Seguridad se los han requisado para entregarlos a los hospitales”.

Por último, el documento también pretendía aclarar que el ministerio quedaba “habilitado para adquirir y distribuir productos necesarios para la salud sin perjuicio de las facultades que otras entidades pudieran tener al respecto”. Es decir, especificaba a los proveedores y distribuidores que el ministerio no tiene la exclusiva de esos productos y que podían venderlos a las CCAA.

Illa intenta calmar: no hay incautaciones

Todos esos argumentos eran repetidos por el ministro Illa en una rueda de prensa en la que el problema de las incautaciones y cómo han podido desabastecer el mercado fue uno de los protagonistas. Illa intentó tranquilizar a los distribuidores y dijo que, pese a las incautaciones que la Guardia Civil y la Policía Nacional han publicitado y que han frenado las importaciones, el Gobierno no quiere quedarse con material de los distribuidores: “Queremos comprar tanto como podamos en cualquier mercado. Esto no excluye que otros actores del sistema sanitario y fuera del sistema sanitario puedan seguir comprando productos”.

Illa negó lo que todos los actores del mercado denuncian, las incautaciones, que siguieron ayer mismo: “No hay requisación ni hay impedimento en aduanas”, y afirmó que las fuerzas de seguridad solo actúan cuando detectan tráfico ilícito.

En la misma mañana de ayer, la Policía Nacional intervino 19.600 mascarillas, 12.880 botellas de soluciones hidroalcohólicas, 1.280 gafas protectoras, 498.000 guantes de nitrilo, 468 botellas de alcohol y 150 batas desechables. Agentes de la Comisaría General de Policía Judicial —los servicios centrales del instituto armado— hicieron esta intervención en el polígono industrial Cobo Calleja de la localidad madrileña de Fuenlabrada y en el distrito de Usera, dentro de la capital de España. En la primera localidad, según explican a El Confidencial fuentes del Ministerio del Interior, la Policía intervino el material en un hangar cuando este iba a ser vendido a particulares.

La Policía aclaraba en su nota que seguía la orden del Ministerio de Sanidad, que establece que “todas las empresas privadas y particulares” que dispongan de productos necesarios para la protección de la salud deben “comunicar” al Gobierno “sus existencias y localización”. “Estaban haciendo acopio de una gran cantidad de material sanitario y no lo habían comunicado a Sanidad”, defiende el comunicado de la Dirección General, que critica que los que poseían los equipos “no facilitaron información sobre el destino que se iba a dar a los artículos”.

“O nos llegan ya…”

El documento y la rueda de prensa del ministro, sin embargo, no han servido para ‘liberar’ el mercado. Fuentes oficiales de la Comunidad de Madrid insistían anoche en que “o nos llegan ya o se nos acaban las pocas existencias”. La presidenta Ayuso, en la carta que ha enviado a Moncloa, estima que la Comunidad de Madrid necesita, para afrontar el “pico de nuevos casos en 20 días”, 14 millones de mascarillas254.000 batas desechables64.000 monos impermeables60.000 gafas de protección7.000 cajas de guantes2.000 trajes 3-B65.000 calzas altas, 586 respiradores315 monitores 223 camas, además de solicitar “70.000 kits de detección” del Covid-19.

En la misiva, Ayuso agradece “la colaboración estrecha que estamos manteniendo entre el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España y la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid”, pero le recuerda que “solo podremos superar esta situación cooperando y manteniendo una visión global de la situación. Espero que podamos seguir trabajando juntos en esto”. El ministro Illa se negó a valorar la crítica en la carta de Ayuso: “No voy a entrar en ningún tipo de discusión pública con ningún responsable político”.

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“No se podía saber”
Cristian Campos El Español, 20 marzo, 200320

No se podía saber” dicen hoy los que hasta hace apenas diez días sabían con total seguridad que el Covid-19 era “sólo una gripe” y que no habría “más allá de unos pocos contagios”. Visto lo visto, preferiría ser un esclavo romano que un periodista de la brunete mediática socialista. Como dice Nassim Nicholas Taleb, al menos los primeros no estaban obligados a alabar a su amo.

“Infantiles” llamó Iñaki Gabilondo a los ciudadanos preocupados por la posibilidad de que el caos italiano, del que llegaba puntual información diaria a nuestro país, se repitiera en España.

Ahora, Gabilondo alaba con retórica de hagiografía por encargo los discursos parlamentarios de Pedro Sánchez: “Ante un Parlamento fantasmal, Sánchez no se limitó a explicar sus actuaciones en los últimos días. Hizo algo más: trazó el rumbo de navegación para el tiempo venidero“.

Risto Mejide se reía en televisión de “la histeria” por el Covid-19. Sus colaboradores, y entre ellos Marta Flich, llamaban “la gripe nueva” al coronavirus y voceaban “vamos a morir todos jajajajaja” mientras en el plató sonaban bocinazos circenses de alarma.

Ahora, Mejide llama “miserables” a quienes se lo recuerdan en las redes sociales.

Carmen Calvo llamó a las mujeres a manifestarse el 8-M “porque les va la vida en ello” mientras el Gobierno del que forma parte ocultaba las cifras de contagios de ese fin de semana.

Nadie sabe por dónde para ahora Carmen Calvo, caída en desgracia por órdenes de Pablo Iglesias tras haber osado disputarle el trono de hembra alfa del feminismo a su pareja Irene Montero. Vistas las consecuencias letales de las manifestaciones del pasado 8-M, es probable que ese trono no sea, a día de hoy, tan atractivo como hace apenas diez días.

“Listillos retrospectivos” llaman las televisiones del PSOE, que son todas, a quienes hace dos semanas hicieron una simple resta para la que no hace falta, desde luego, una licenciatura en el CEU San Pablo o haber pasado por el máster de periodismo de El País.

Pandemia mundial – Gobierno de PSOE y de Unidas politicemos el dolor Podemos = Caos, irresponsabilidad y epidemia descontrolada.

La suma es sencilla, pero resulta imposible resolverla con éxito si allí donde el sentido común recomienda escribir el signo de la resta tu sectarismo ideológico te impulsa a escribir el signo de la suma.

Pandemia mundial + Gobierno de PSOE y de Unidas Venezuela es el camino Podemos = Unidad, sentido de Estado, “no se podía saber”, ratoncito Pérez, cacerolas.

Un ciudadano español es un tipo que sólo está esperando una excusa, por insignificante que sea, para volver a votar al PSOE, y un periodista de la caverna es un tipo que sólo está esperando una excusa, por leve que sea, para sacar a relucir su sentido de Estado y apoyar al Gobierno en trances como el actual.

A diferencia del primer caso, para el que la propaganda siempre es capaz de diseñar una nueva excusa, el periodista de la caverna se ve una y otra vez chocando con el muro de hielo de los hechos. Ayer, el Gobierno –porque Unidas Podemos es Gobierno– llamó a una protesta contra el jefe del Estado mientras se conocía que los muertos superaban ya los seiscientos.

Hoy, en el momento de escribir este texto, los muertos son ya 767 y la sospecha es que la cifra es en realidad mucho mayor.

Periodistas catalanes describen cómo se amenaza a los ciudadanos catalanes con no permitirles velar a sus familiares fallecidos –por teórico riesgo de contagio– si insisten en realizarles la prueba del Covid-19 y esta da positivo. El resultado es la renuncia a la prueba y la contabilización de esa muerte como un fallecimiento convencional por neumonía. Es decir, cifras de fallecidos falseadas.

Mientras tanto, el diputado del PNV Aitor Esteban, con dos trabajadores sepultados desde hace cuarenta días bajo la basura tóxica del vertedero de Zaldibar, con el foco de Álava descontrolado, con los hospitales de la región al borde del colapso, con sus sanitarios reclamando a gritos material de protección contra el Covid-19, dedicaba su tiempo a pedir comisiones de investigación contra el Rey.

Y esa era toda la urgencia del PNV ayer.

“No se podía saber”, dicen. “Unidad y sentido de Estado”, claman los que no tuvieron reparos en romperla, literalmente, por un perro. Los que se aprovecharon de los muertos del 11-M para acceder al poder. Los que siguen sin ofrecer al PP un Gobierno de concentración que margine a Podemos y nacionalistas y los relegue al lugar que merecen, el del pintoresquismo político marginal.

Sentido de Estado y unidad de la Nación española, piden ahora los que no creen ni en el Estado ni en la Nación española ni tienen el más mínimo sentido de la unidad. Me pregunto qué es lo que fingen creer que están salvando. Sus cargos, sí. Pero… ¿algo más?

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Balcones sonoros

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El discurso del Rey

Su exposición fue como una gota de agua idéntica a la de ZPedro. Diría yo que hasta el autor del texto fue el mismo.

Aunque adornado por la misma y cada vez más compleja sensatez de siempre, resuló decepcionante. falto de empatía, emotividad, coraje, intimidad, cercanía, fuste, transmisión, tristeza, decepción. e incluso melancolía;. .y, por si algo faltara, los mismos gestos, movimientos, propios de una marioneta, que cultiva el fraudulento Sánchez.

Lo cual me ha llevado a la conclusión de que desconocemos la verdadera personalidad del rey Felipe y mucho me temo que su robótica frialdad pueda resultar tan útil, tan alemán, tan culto e intelectual, como incompatible con el carácter español, por su total ausencia del más mínimo liderazgo, a excepción de su ejemplar reacción frente al golpismo catalán.

Espero que los balcones no le sentencien… y que el socialmente cuestionable varapalo al padre -que, sabiendo lo sabido, sigue siendo históricamente  muy apreciado por el pueblo español -recuerden la popular canción de Sabina al Dioni- no le suponga el desapego familiar del resto de España.

También diré que al monarca sbrado de honestidad y franquezau, parece carecerde la suficiente estrategia y prospectiva, es decir,de un grupo de especialistas que defiendan, con conocimiento de causa, las convenientes alternativas en pro del objetivo, esto es, la cosolidación popular de la Corona.

Con agún añadido: ya quisieran muchas monarquías tener un Jefe del Estado como el nuestro. Y… ¿se imaginan a ZPedro o a Pablo Iglesias como Presidentes de la República?

EQM



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Justicia y oportunidad

DDobre la absolución cuasi final del alarmante caso ‘Arandina’, he de decir que en el movimiento femiprogresista de género, la presunción de culpabilidad del hombre, hoy ya macho [como antaño, pero peyorativamente] ha contribuido decisivamente disgregar a una sociedad que hace ya generaciones que no recibe instrucción alguna digna de tal nombre. De ahí que -por ‘antiguo’- a nadie le importe ya un pito qué fue eso de ‘la Arandina’ y, sin embargo, whatssapp esté invadido de un humor negro sobre el coronavirus…, que, coherentemente, carece de sentido crítico sobre el grave fondo político de la cuestión

Basta con preguntar por la calle qué es eso del sentido común y todo lo demás, para pasar de la perplejidad al brutal e insensato cambio de escenario.

Y cada vez, desgraciadamente, quedan menos de entre los viejos magistrados de la antigua escuela.

EQM



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La tristeza del Rey y de España
Ignacio Varela en -El Confidencial, 190320

Hoy, España es un país entristecido, y todo en el discurso del jefe del Estado —su tono, su mirada, su gestualidad y sus palabras— transmitía esa profunda tristeza que nos invade

Una de las principales cualidades de Felipe VI siempre ha sido captar el estado de ánimo del país y sintonizar con él. Los españoles lo hemos visto alegrarse y disfrutar como el que más cuando hemos tenido algo que celebrar colectivamente. Se le vio indignado y preocupado cuando hechos como los del otoño del 17 en Cataluña nos abrumaron y, a la vez, nos soliviantaron por lo que tenían de injusta amenaza a nuestra libertad. Hoy, España es un país entristecido, y todo en el discurso del jefe del Estado —su tono, su mirada, su gestualidad y sus palabras— transmitía esa profunda tristeza que nos invade. Muchos lo llamarán empatía, yo prefiero verlo como honestidad. Felipe VI calla mucho, pero jamás finge ni engaña.

Le sobran motivos a este Rey para sentirse triste. Desde su proclamación en 2014, le ha correspondido reinar durante los seis peores años para la democracia española y para su propia familia. La lista de calamidades es casi interminable: para empezar, tuvo que acceder al trono prematuramente porque los devaneos de su padre comenzaban a poner en serio riesgo la institución —además de destruir la cohesión de su familia—. Llegó a la jefatura del Estado en plena crisis económica, con millones de ciudadanos en el paro y otros muchos millones instalados —quizá para siempre— en la precariedad vital.

Nada más llegar, saltó por los aires el bipartidismo que había dado estabilidad política al país durante las tres décadas anteriores. El sistema político se fragmentó fatalmente. Floreció de nuevo el veneno de los nacionalismos disgregadores y los populismos destituyentes. Desde entonces, España ha vivido en permanente inestabilidad: cuatro elecciones generales, varias investiduras fallidas, periodos larguísimos con gobiernos en funciones o ultraminoritarios, el sectarismo rampante como el pan de cada día, el surgimiento de la extrema derecha. Felipe VI ha tenido —aún tiene— que convivir con la camada de dirigentes más tóxica de nuestra historia democrática, para terminar cohabitando con un Gobierno frentista plagado de enemigos jurados de la monarquía.

En un momento crítico para la unidad nacional, tuvo que tomar partido y salir a sostener al Estado ante el desmoronamiento del Gobierno, lo que le valió el reconocimiento de muchos pero también el rencor eterno de otros. Mientras todo eso sucedía, ha tenido que lidiar con la ominosa situación de ver a su hermana en el banquillo y a su cuñado encarcelado, para terminar, en el peor momento posible, teniendo que degollar públicamente, en defensa propia, al máximo símbolo de la democracia española, que, además, resulta ser su propio padre —que aún ostenta el título de Rey, aunque sea emérito—.

Decenas de millones de españoles escucharon al Rey sabiendo que en esta ocasión no podían esperar de él una solución, ni siquiera un consuelo

Anoche, decenas de millones de españoles, sometidos a arresto domiciliario por la amenaza insidiosa de un virus maléfico que pone en peligro vidas y haciendas, y asustados por la sombra de otra recesión, escucharon al Rey sabiendo que en esta ocasión no podían esperar de él una solución, ni siquiera un consuelo efectivo. Obtuvieron lo único que Felipe VI les podía ofrecer: compañía, tristeza compartida y un puñado de palabras razonables dentro de una pieza oratoria construida, como siempre, con decoro, claridad y sin florituras de mercachifle.

Siempre he considerado que Felipe de Borbón es, con diferencia, el político más maduro y capacitado de su generación. Ha demostrado muchas veces instinto para interpretar las situaciones y sensatez para hacer frente a las dificultades sin rebasar jamás su papel constitucional. Es muy difícil pasar por todo lo que él ha pasado, rodeado de enemigos, sin cometer ningún error de bulto. Ayer solo tenía un camino transitable: asumir íntegramente la posición y el discurso del Gobierno y reproducirlo tal cual. Cualquier mínimo matiz o desviación habría sido fatal, sobre todo tras la sesión de la mañana en el Congreso.

En realidad, el discurso del Rey fue una versión abreviada, más sobria y digerible, del que Pedro Sánchez pronunció unas horas antes en el Parlamento. Por serlo, hizo suya su parte más cuestionable: la tesis de que estamos ante una crisis grave pero transitoria, un mal momento que durará unas cuantas semanas, pasado el cual todo volverá a la feliz normalidad anterior.

Transcribo: “Esta es una crisis temporal. Un paréntesis en nuestras vidas. Volveremos a la normalidad. Y lo haremos más temprano que tarde. Recuperaremos la normalidad de nuestra convivencia, la vida en nuestras calles, en nuestros pueblos y ciudades; la economía, los puestos de trabajo, nuestras empresas, nuestros comercios, nuestros talleres… España recuperará su pulso, su vitalidad, su fuerza”.

Se comprende la necesidad de trasmitir algo de esperanza a una sociedad desolada. Pero es peligroso seguir mostrando próximo un horizonte de prosperidad recobrada cuando se conoce positivamente que no será cierto. Los ciudadanos tienen memoria, y esas palabras se recordarán cuando el Rey haga su discurso de Navidad y la economía esté patas arriba. Personalmente, prefiero la brutal sinceridad de Merkel, que ayer dijo claramente a los alemanes que esta es la situación más grave que ha conocido Alemania desde la II Guerra Mundial.

Pero quizá lo más preocupante del discurso del Rey resulta la ausencia clamorosa de cualquier mención a la Unión Europea. No es su culpa ni responde a un olvido, sino a la desoladora realidad de que las instituciones europeas están fracasando de nuevo, con estrépito, en su papel básico de marco obligado para la gestión de una crisis que afecta a todos sus miembros. La UE defraudó en la crisis financiera —es más, contribuyó a agravarla—, volvió a fracasar en la crisis de los refugiados y está dimitiendo escandalosamente de sus obligaciones en la del coronavirus. Cada país, abandonado a su suerte y al mayor o menor acierto de sus gobiernos, está afrontando esta crisis a su manera, en clave estrictamente nacional. Por eso son estrictamente nacionales los discursos de Sánchez y del Rey.

En cuanto a la cacerolada con que en ciertas ciudades se acompañó el discurso del Rey, lo único preocupante, además de su radical impertinencia en este momento de máximo estrés emocional, es que todos los que la alentaron forman parte de la mayoría parlamentaria que sostiene al actual Gobierno de Su Majestad. España, siempre insólita.

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No hacía falta, Señor
Miquel Giménez enVozpópuli, 190320

España vive uno de los momentos más graves, si no el que más, en toda la historia de su democracia. Mucho más que el 23-F, mucho más que el desafío separatista o que la anterior crisis económica. Lo que tenemos ante nosotros es una doble amenaza que no padecen otros países, más estables que el nuestro. Por un lado, una gravísima pandemia de la que apenas sabemos nada, gestionada por personas que no sabrían llevar ni las cuentas de un quiosco de pipas que van al día, qué al día, al minuto, al segundo, incapaces de prever nada porque los sacas de la política tipo Sálvame y van más perdidos que un pulpo en un garaje.

Eso, por un lado. Por el otro, y he ahí el problema que no tendrán otros, la Corona vive el ataque más duro recibido hasta ahora a través de la persona de Don Juan Carlos y su presunto cobro de comisiones. Dije hace tiempo que, tras el desafío separatista, vendría la cuestión de la forma de estado y ahí lo tienen. No han tardado ni un minuto para, aprovechando esta situación de enorme inestabilidad, sacar los trapos sucios de la Casa Real. Qué casualidad. Las dos cosas, sumadas, son un cóctel explosivo que podría hacer saltar por los aires el orden constitucional.

No se trata de disculpar lo que pueda haber hecho el emérito, que de eso ya se encargarán los tribunales a los que deseamos sean más rápidos y eficaces que, por ejemplo, con la investigación que mantienen hace años con la familia Pujol, a la que el fiscal califica de banda organizada de delincuentes. Sospecho, miren por dónde, que con el padre del Rey se van a dar más prisa. Más allá de eso, que ciertamente es un asunto que huele a diablos, el problema es otro. Se trata de saber si la Corona, como símbolo que debe situarse más allá del ir y venir cotidiano de políticos y politiqueos, sirve para lo que está destinada. De ahí que todo el mundo reclamase la voz de Don Felipe, en tanto que jefe del estado. Su ruptura – y, en el fondo, la confesión de que su padre había actuado mal – con Don Juan Carlos, su pasividad ante los días que llevamos sufriendo el parte diario de fallecidos y afectados, su obligación de ejercer un cargo que, si no sirve para momentos como este, ya me dirán para qué carajo sirve, le obligaban a salir a la palestra y hablar. Pues bien, finalmente, el Rey habló. Pero no dijo nada.

Uno sabe que al monarca le escribe los discursos el Gobierno de turno, pero también conoce perfectamente que el Rey puede añadir cosas de su propia cosecha e incluso suprimir aquellas que considere poco oportunas. Y Don Felipe se limitó a reproducir el spot de Coca Cola que le dictó Sánchez. Todo es perfecto, esto va a ser duro, unidos ganaremos y unos cuantos mimitos para estos y aquellos. Punto. Tras escucharlo, con respeto, uno se pregunta ¿tanto esperar al Rey para esto? ¿Es todo lo que puede y debe decirnos el capitán general de los ejércitos, el jefe del estado, el Rey de España? ¿Nada más, Señor? Personalmente, me sentí defraudado. Algunos quizá digan que no podía ir más allá ni decir nada aparte de lo que dijo. Si es así, mal andamos.

Recuerdo, y es fácil comprobar esto que diré porque se emitió por televisión en directo en su día, que al conocer el escándalo de Botsuana y el lío con la tal Corina, servidor exigió al por entonces rey Juan Carlos que abdicase por el bien de la Corona. Que una cosa son los Reyes y otra la institución. Los primeros son humanos, falibles y reemplazables; lo segundo, no. A Felipe VI no puedo ni quiero pedirle su renuncia, porque eso sería suicida en la actual coyuntura y, además, no quiero ni imaginarme una regencia hasta que la Infanta cumpliera la mayoría de edad.

Al paso que vamos, no creo que tenga que pedírsela. Porque, si las cosas no cambian, a la monarquía cada vez le quedará cada vez menos tiempo de juego. Y si esto lo dice uno que la considera imprescindible para la convivencia de nuestro país, no quiero ni pensar lo que deben opinar quienes la odian. Si se me permite, lo único que le diría al Rey como militar es, Señor, búsquese la vida, que estamos en la Legión.

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La conexión emocional
Ignacio Camacho en ABC, 190320

Al Rey le faltó un punto de épica del sacrificio; su exhortación a la unidad antepuso la esperanza al dramatismo

No cabe un retrato más nítido que el de ayer sobre el absurdo político de esta legislatura. Por un lado, el Estado constitucional, representado por el Rey, el jefe del Gobierno y la oposición de centro derecha, unidos todos en la batalla contra el virus. Por otro, Podemos y los separatistas a cacerolazo limpio contra el Monarca que exhortaba a la nación a afrontar con entereza el desafío. La irracionalidad, la incoherencia, el desatino, proviene del hecho de que los partidos que alentaban la protesta contra el símbolo del sistema son los socios del Ejecutivo. Esta es la gran anomalía que el mandato de Sánchez arrastra desde el principio y que este paréntesis de responsabilidad no va a solucionar si

el presidente no acepta que la envergadura de la crisis requiere lealtades más consecuentes y serias que las de esos aliados de pega, sectarios a jornada completa siempre dispuestos a echar gasolina en el fuego de cualquier problema.

Por eso no les interesaba el discurso de Felipe VI, que representó, como era de esperar, una llamada al acuerdo, al denostado consenso civil como único instrumento eficaz para combatir una emergencia que está zarandeando la estructura del país por sus mismos cimientos. El Rey es consciente de que su legitimidad de origen ha quedado en el alero de una desgraciada secuencia de errores previos -y ajenos- que han destruido parte de la conexión emocional entre la Corona y el pueblo, y de que tiene que revalidar su liderazgo en una continua demostración de compromiso con su juramento. No le están faltando oportunidades de hacerlo; su reinado es desde el comienzo una diabólica sucesión de aprietos que arrostra con plena conciencia del crédito que pone en juego. El de anoche era de los más serios: una epidemia con miles de enfermos y cientos de muertos, una crisis de empleo y una alerta de seguridad que mantiene a los ciudadanos en régimen de confinamiento. Una situación excepcional en un tiempo en que las excepciones se han convertido casi en una rutina del puesto.

El mensaje fue de resistencia y de esperanza. Le faltó un punto de épica del sacrificio, quizá por temor a que pareciese sobreactuada; en su lugar apeló a la unidad, al optimismo y a la confianza en el músculo moral de esa España de las ventanas que cada tarde se asoma a aplaudir a la profesión sanitaria. Perdían el tiempo quienes esperaban alguna alusión al antipático conflicto de la herencia de Don Juan Carlos, pretexto de la cacerolada; «tocaba lo que tocaba», decían en La Zarzuela, y era el rearme anímico de la gente encerrada en sus casas, que necesita una inyección de fe ya que certezas nadie puede honestamente darlas. Saldremos de ésta, vino a decir, que dificultades similares hemos pasado. Si lo sabrá él, que hace 39 años era un niño que vivió de guardia, junto a su padre ahora tan cuestionado, una larga noche de zozobra en ese mismo palacio.

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Revista de prensa