Creencias educativas

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  • Adoctrinamiento ‘de género’. 271119:

. Adoctrinamiento ‘de género’. 271119

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Ciudad de Menlo Park, una de las que compone Silicon Valley, referente de la vanguardia en la investigación tecnológica.
Ciudad de Menlo Park, una de las que compone Silicon Valley, referente de la vanguardia en la investigación tecnológica.Getty Image

Diagnóstico urgente de la innovación en España

Mara Balestrini en El País, 150421

Ahora o nunca. Esa debería ser la frase que sonara como un mantra este año en las universidades, los centros de investigación, los departamentos de innovación de las empresas y las start-ups españolas. En juego están los fondos Horizonte Europa de la Comisión Europea, el programa transnacional de investigación e innovación más grande del mundo con un presupuesto de 95.500 millones de euros.

Si a eso le sumamos una parte importante de los fondos del plan de recuperación Next Generation EU destinados a I+D+I en el presupuesto español, la cantidad sería histórica y podría dar al país el impulso que necesita para estar en la vanguardia.

Pero no todo es cuestión de dinero. Con el anterior programa, Horizonte 2020, España ya fue con 4.762 millones el cuarto país más beneficiado por detrás de Alemania, Reino Unido y Francia. Y sin embargo eso no se tradujo en una efervescencia tecnológica. ¿Dónde están todos los productos innovadores made in Spain que deberían haber resultado de la inversión de esos fondos?

La respuesta a esa pregunta parece remitir a un antiguo problema que España no acaba de resolver: la baja transferencia tecnológica y de conocimiento. Es decir, que el proceso de transmitir los resultados de la investigación científica al mercado y a la sociedad en general no acaba de alcanzar un nivel alto.

En la jerga del mundo de la innovación suele hablarse de “la paradoja europea” para explicar la distancia que hay entre la alta producción científica y su escasa materialización en nuevos productos y servicios. Es decir, según esa paradoja, los países europeos, —quizá excluyendo a Alemania y Francia—, son muy buenos en la primera de esas tres letras, en la I de investigación, y no tanto en las dos últimas, en la D de desarrollo y la I de innovación.

España, según distintos ránkings internacionales, ocupa el puesto 11 o 12 a nivel mundial en volumen de producción científica, pero eso no se traduce en una gran industria innovadora. De hecho, a pesar de haber mejorado en muchos ámbitos, en el Cuadro de indicadores de la innovación de la Comisión Europea del 2020 España quedó en el puesto 15 entre 27 en la franja de los “innovadores moderados”, con un rendimiento de I+D por debajo de la media. Resulta claro que para que este conocimiento que se produce en el país pueda ahora transformar la economía antes habrá que revisar las reglas del juego.

Primero hay que desburocratizar la innovación para atraer talento y facilitar el acceso a los fondos de I+D+I por parte de actores más diversos. España tiene el potencial para atraer a investigadores de talento que buscan conjugar trabajo y calidad de vida. Sin embargo, la precariedad de los contratos, la complejidad de los requisitos para los solicitantes y las pocas perspectivas de crecimiento en el ámbito académico desalientan tanto a los investigadores locales como a los extranjeros.

Además, es fundamental modernizar los instrumentos para acceder a fondos para la investigación: la cantidad de publicaciones en revistas indexadas no puede ser el principal indicador para juzgar el valor de un investigador. Por ejemplo, hay disciplinas tecnológicas donde se prioriza la publicación de conferencias, ya que los tiempos de la publicación en revistas son más lentos que el propio avance de la tecnología.

Finalmente, es necesario flexibilizar unos sistemas de solicitud de becas y subvenciones que siguen encasillados en clasificaciones antiguas que dejan fuera trabajos interdisciplinarios, precisamente de donde suele surgir la innovación. En ciertos campos tecnológicos, como la inteligencia artificial y la ciencia de datos, las universidades se enfrentan a una fuga de cerebros si no colaboran proactivamente con la industria.

La inversión pública es vital para desarrollar innovación disruptiva en el largo plazo. Pero no basta con financiar a investigadores. La innovación y, sobre todo, la transferencia tecnológica requieren en segundo lugar de un ecosistema. Suele pensarse que la innovación es siempre fruto de una genialidad, pero lo cierto es que tiene más que ver con el intercambio continuo de conocimiento y la capacidad para preservarlo, compartirlo y fomentarlo.

Quizá Silicon Valley sea el ejemplo más conocido —aunque no exento de problemas—, donde las universidades, los agentes de inversión (desde los llamados business angels hasta los grandes fondos de inversión), las incubadoras, las aceleradoras, las personas con experiencia que ejercen de mentores y hasta los medios especializados y los influencers —y esto incluye un amplio abanico que abarca incluso la revista Wired o las conferencias TED— contribuyen a que la investigación acabe en manos de la gente en forma de productos que se consumen en todo el mundo.

Las spin-offs españolas o incubadoras especializadas, por ejemplo el Collider de Barcelona, por más que se esfuercen, necesitan del resto de los actores, de un ecosistema de innovación para alcanzar transferencia de impacto.

Por último, y lo más importante: la innovación solo es viable en una cultura que mira sin aversión al riesgo y al fracaso. No tiene sentido exigir innovación y al mismo tiempo penalizar siempre que no se haya logrado el éxito. Eso solo lleva a la parálisis.

Las políticas para catapultar la innovación tienen que contar con el acuerdo de los partidos políticos, porque el progreso de un país debería ser un objetivo común y a largo plazo. No hay peor enemigo para impulsar la innovación que un país polarizado.

Mara Balestrini es doctora en Ciencias de la Computación por University College London.

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Un aula vacía en una escuela rural.

La pasividad de América Latina ante la catástrofe educativa

Si el cierre de colegios continúa, la pobreza educativa seguirá creciendo y las oportunidades se concentrarán en unos pocos privilegiados

Alejandro Gaviria EN El País, 150421

El cambio social casi siempre es incremental. Toma tiempo. Décadas incluso. Ocurre con frecuencia de manera invisible, por fuera de los escenarios públicos, los grandes debates y los titulares de la prensa. Así ocurrió en América Latina durante buena parte de este siglo, entre los años 2005 y 2019 aproximadamente. Antes de la llegada de la pandemia.

En el período en cuestión, la desigualdad disminuyó en la mayoría de los países de la región. En los grandes y en los pequeños. En los gobernados por la izquierda y por la derecha. Este hecho ha sido documentado de manera minuciosa por decenas de investigadores sociales. La magnitud del descenso fue notable.

En un país de alta desigualdad como Brasil o Colombia, el ingreso percibido por el 10% más rico pasó de ser 60 veces el ingreso correspondiente al 10% más pobre a ser 40 veces. América Latina siguió siendo la región con más desigualdad del mundo. Pero el progreso distributivo fue el mayor de la accidentada historia económica de la región.

Las causas de los fenómenos sociales siempre son difíciles de desentrañar. Suelen superponerse y confundirse. Pero una de las causas preponderantes de la disminución de la desigualdad fue el avance educativo. Más jóvenes pudieron acceder a la universidad, completar su educación secundaria o recibir algún tipo de educación técnica. La educación contrarrestó en parte los efectos regresivos de la transformación tecnológica y la apertura financiera.

El avance educativo disminuyó los retornos a la educación superior, esto es, diluyó parcialmente los privilegios de los más educados, redujo las brechas salariales que en América Latina parecen más un abismo. El progreso distributivo fue parcial, incompleto, pero mostró al menos una senda hacia unas sociedades más justas. Puso de presente la importancia de la educación.

La pandemia podría borrarlo todo. Buena parte de las escuelas y colegios de la región llevan un año cerrados. Según el Banco Mundial, la pobreza educativa, que mide el porcentaje de niños que no cumplen un requisito mínimo de lectura a los diez años, podría pasar de 51% a 62% en América Latina.

En parte como consecuencia de la deserción escolar, en parte como consecuencia de la falta de aprendizaje. Si el cierre de colegios continúa, la pobreza educativa seguirá creciendo. Las oportunidades se concentrarán en unos pocos privilegiados. La pandemia y las medidas adoptadas estarían decidiendo por adelantado la vida de millones de personas.

Un estudio reciente de la OCDE revela un dato inquietante. Los países con peores resultados en las pruebas PISA, que miden el aprendizaje en lenguaje, matemáticas y ciencia de jóvenes de 15 años, son los mismos que han mantenido los colegios cerrados por más tiempo. Los países de América Latina son paradigmáticos.

Muestran peores resultados históricos y mayores cierres pandémicos. Es como si existiera una especie de resignación, de pasividad inexplicable sobre el cierre parcial de la educación, en particular de la educación pública y sobre todo de la educación rural.

Incluso buena parte de los políticos llamados progresistas se muestran indiferentes. Hay una suerte de apatía parlamentaria. Las voces de protesta son pocas y aisladas. En Colombia, al menos, las agremiaciones de maestros parecen ocupadas en denigrar la educación pública y obstaculizar cualquier intento de apertura.

La sociedad civil ha levantado su voz, ha señalado con algo de timidez las consecuencias de corto plazo, los problemas de salud mental, nutrición, violencia intrafamiliar y desempleo femenino. Pero los cierres probablemente continuarán por meses. Políticamente parece existir un equilibrio paralizante. América Latina decidió en buena medida darle la espalda a la educación.

La pandemia tendrá consecuencias políticas, económicas y sociales de larga duración. Resulta difícil anticipar su magnitud. Pero la desigualdad probablemente volverá aumentar. Los cambios incrementales del pasado desaparecerán rápidamente. La educación ya no contrarrestará las fuerzas regresivas del cambio técnico y la competencia global.

Por el contrario, las amplificará. Millones quedarán por fuera de las oportunidades y de cualquier forma de esperanza. No se necesita ningún poder de clarividencia para anticipar este resultado. La pasividad de la región ante la catástrofe educativa se traducirá en sociedades más desiguales, más polarizadas y menos justas.

Alejandro Gaviria es exministro de Salud y Protección Social de Colombia y rector de la Universidad de los Andes.

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Hace 15 días se nos ha muerto un mito de la infancia. Lo decía Fausto Fernández en Twitter. Lee Aaker, a quien todos recordamos como el cabo Rusty, el de Tin-tin-tin.

Tonnntos del 15, jueves

Santiago González en su blog, 180421

Irene Montero hacía profesión de fe republicana con un tuit en el que decía: “No hay dos sin tres. Porque fueron, somos; porque somos, serán”. Ya han sido tres. Twitter colgaba la foto del macho alfalfa de Galapagar, acompañado por: 1) Dina 4, 2)Tania y 3) la propia Irene. No sabemos si habrá una cuarta, aunque todo podría ser.

La gran Ignacia de Pano proponía lo que ella llama ‘una encuesta artística horizontal’: ¿De qué orden será la columna tras la que se va a mandar en breve a Irene Montero? De momento parece que va ganando el corintio, con el 45%, seguido por la de orden jónico, con el 29% y el dórico, con el 26.

Ayer fue el día de la 2ª República, el nonagésimo o noventavo para Irene y teniendo en cuenta su desenlace no se entiende muy bien que tenga quien la añore, como para que el ignaro Sánchez se refiera a ella como “vínculo luminoso con nuestro mejor pasado”. Pero tampoco es grave la cosa. También era el día del bocadillo de calamares y El Mundo proporcionaba las mejores 9 pistas en Madrid.

Y hoy, día 15, el indigno ministro del Interior, el único que de verdad está a la altura de su jefe, sigue sin dimitir, pese a la somanta dialéctica que le propinó una Macarena Olona incontenible, desbordada, impresionante. Busquen los ocho minutos de su intervención en Youtube. El pequeño Marlasca caerá. Y caerá por sus subordinados, como le repitió la portavoz de Vox.

Shepherdcillo retomaba una alusión que hacíamos ayer a la pistolera y su desdichado invento de la pobreza menstrual: “Tras la pobreza energética y la pobreza menstrual, a saber qué nuevas pobrezas nos esperan: pobreza de movilidad,(no tengo para gasolina o el autobús) pobreza digital (no me llega para pagar internet y el móvil) pobreza recreativa (no me llega para el cine).

Francisco anotó en mi blog:

Lo importante es la pobreza menstrual, pero si se puede tener pobreza menstrual, ¿es posible la pobreza prostática o la estenosis de epidídimo? Estoy desolado

Oveja churra dijo:Sánchez ha prometido la creación de 800.000 puestos de trabajo. Como Felipe González en 1982. La obsesión de este tío por el plagio no tiene remedio

Chigorin se mostraba posibilista:Bueno, pero mientras sigue presentando el mismo plan no hace más daño.

Yo es que con este personaje tengo las expectativas por los suelos, ya pueden perdonar.

luigi dijo:Las mentiras del barbero; Ivan Redondo, un vendedor de crecepelo que usa peluquín.

El Capitán dijo:«El plan económico más ambicioso y trascendental de la reciente historia de España. La mayor oportunidad desde su entrada en la Unión Europea hace 37 años».

Las matemáticas tampoco es lo suyo. Si entramos en 1986 y estamos en 2021 a mí me sale 35.

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Toni Cantó, junto a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.
Toni Cantó, junto a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.J.C.H.EFE

Polémica decisión del Constitucional sobre Toni Cantó

El TC optó por la interpretación menos favorable al ejercicio de la participación política de Toni Cantó y Agustín Conde

Editorial de El Mundo, 160421

CUANDO faltan tres días para que dé comienzo la campaña electoral, la batalla por Madrid se ha cobrado ya las primeras víctimas políticas. Es cierto que la exclusión de Toni Cantó y Agustín Conde de las listas del PP para los comicios del próximo 4 de mayo ha sido decisión final del Tribunal Constitucional, pero el inequívoco posicionamiento de la Fiscalía sobre la que Sánchez dice mandar a favor de los intereses del PSOE alimentan la sospecha de una posible politización del caso.

La Fiscalía solicitó al TC que aceptara los argumentos del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 5 de Madrid, que había revocado tras una impugnación de Ángel Gabilondo el visto bueno de la Junta Electoral Provincial a la candidatura de ambos políticos, al considerar, siguiendo la ley electoral de la Comunidad de Madrid, que solo puede ser candidato quien esté incluido «en el censo electoral vigente».

Es decir, el de 1 de enero de 2021, cuando ni Cantó ni Conde estaban censados. En su recurso de amparo ante el TC, el PP esgrimía sin embargo que, al tratarse de un derecho fundamental, no se debía adoptar el criterio más restrictivo sino el más favorable al ejercicio del derecho al sufragio pasivo de cualquier ciudadano, que se recoge en la Constitución. Y que los requisitos para ser candidato deberían reunirse no el día en el que se presentó la candidatura, sino el día de cierre del censo electoral aplicable.

En una polémica decisión, un TC fuertemente dividido (con tres magistrados a favor y otros tres en contra) decidió optar por la interpretación menos favorable al ejercicio de la participación política de Toni Cantó y Agustín Conde. Tuvo que ser el voto de calidad del presidente, Juan José González Rivas, el que inclinase la balanza a favor de la desestimación del recurso de amparo presentado por el PP.

Resulta paradójico que los tribunales europeos permitiesen que Carles Puigdemont, un prófugo de la Justicia española huido y asentado en Waterloo, pudiese presentarse a las elecciones al Parlamento europeo y que nuestro tribunal de garantías haya decidido anteponer el criterio técnico que fija una ley electoral autonómica al derecho de dos ciudadanos a poder presentarse libremente a unas elecciones. No cabe duda de que se trata de dos situaciones distintas, pero es cierto que una parte importante de la doctrina jurídica es partidaria de favorecer siempre el ejercicio y el desarrollo de los derechos fundamentales.

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Alterar o curar, el dilema

Federico de Montalvo Jääskeläinen en

La noticia acerca de la generación de quimeras de células madre humanas inyectadas en embriones de mono no supone en sí mismo una gran novedad, en la medida que la creación de híbridos citoplasmáticos o entidades afines en la investigación es algo que viene ya desarrollándose desde hace varios años.

Incluso, se trata de un fenómeno no extraño en nuestro entorno, en el que, por obra de la propia naturaleza o de la mano humana, los seres híbridos no son tan irreales (las mulas son ejemplo paradigmático), aunque tampoco tan comunes. La novedad, ahora, estaría en que se ha hecho por un tiempo superior a los 20 días de evolución del embrión, aunque anterior al desarrollo del sistema nervioso central, como exige el consenso internacional.

Obviamente, el objetivo de esta concreta investigación no es avanzar hacia la creación de un mundo rodeados no solo de especies animales, sino también de seres híbridos, humanos-animales, sino, nada más lejos de ello, para entender mejor nuestra evolución celular. Es decir, el fin es plausible, porque se muestra como una promesa en el avance de la lucha contra la enfermedad.

Tal logro científico vuelve a poner en el centro del debate cuáles son los límites éticos de la investigación. Los propios autores del hallazgo afirman que la Ética debe ser indispensablemente atendida a la hora de avanzar en ámbitos como éste de la creación de estas quimeras.

Y ello, nos plantea la pregunta no tanto de qué podemos hacer, sino de qué debemos hacer. Una visión puramente utilitaria que solo atendiera a los fines nos informaría contundentemente a favor de seguir avanzando y de no poner excesivos obstáculos éticos. Pero la Ética no se pregunta tanto por los fines, sino fundamentalmente por los medios para lograrlos y aquí es donde comienzan los problemas.

En términos metafóricos, jugar a ser dioses es extremadamente atractivo para los seres humanos, o al menos para algunos, siendo todos nosotros, disruptivos por naturaleza. Ya decía Camus que el ser humano es la única criatura que rechaza ser lo que es o, como escribiera Fletcher, somos fabricantes, diseñadores y seleccionadores, y cuanto más racional y artificialmente es algo, más humano es.

Y Santo Tomás afirmaba que, siendo la ciencia la perfección del hombre en cuanto hombre, la ciencia es el bien del hombre. Pero el gran filósofo Jurgen Habermas también nos recuerda con acierto que la gran pregunta es si queremos intervenir en el ser humano como un incremento de la libertad necesitado de regulación normativa o como una autoinvestidura de poderes para llevar a cabo unas transformaciones que dependan de las preferencias y no necesiten de ninguna autolimitación.

Y obviamente, el logro del que esta semana se nos da cuenta no parece buscar la alteración de la naturaleza humana. Sin embargo, el problema radica, como nos expresa el dilema del dual use, doble uso en nuestra lengua, que lo importante que debe plantearse el científico hoy en día no es para qué pretende que se usen sus logros e invenciones, sino para qué pueden ser usados.

En el desarrollo de la Ciencia debe atenderse no solo a los fines principales a los que se pretende destinar, sino también a la posibilidad de utilizarse para dañar al ser humano. El dilema surge para el investigador debido a las acciones potenciales de otros, no a las suyas propias.

Y todo lo dicho enlaza con una cuestión más y no menos relevante que nos sugiere este nuevo logro: ¿Por qué estos experimentos se hacen lejos de Europa, y, en muchas ocasiones, en países que no disponen de robustos sistemas éticos y legales?

¿es por razones estrictamente económicas, científicas..? Que cada uno responda como considere oportuno, porque en estos cambiantes tiempos creemos que lo importante no radica en las respuestas, sino en tratar de encontrar las preguntas adecuadas.

Federico de Montalvo Jääskeläinen, presidente del Comité de Bioética de España 

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Francisco Largo Caballero, en 1927.
rancisco Largo Caballero, en 1927. Bibliothèque nationale de France

Ni largo ni caballero

Buena parte de la izquierda tiende a creer que haber perdido la guerra y haber sufrido el consiguiente exilio exime a los suyos de las responsabilidades políticas, personales o penales en las que hubieran podido incurrir

Andrés Trapiello en El Mundo, 160421

ANTEAYER se celebró el nonagésimo aniversario de la proclamación de la Segunda República y este periódico publicó un excelente reportaje de Lucía Núñez y Carlos Salas. Dieron estos a conocer una entrevista extraviada de Largo Caballero en La Prensa de Nueva York, febrero de 1936.

El dirigente socialista anuncia en ella la «Unión de Repúblicas Soviéticas de la Península Ibérica, abarcando toda España y posiblemente Portugal también». La parte enternecedora de aquel propósito es la lírica, ese posiblemente.

Claro que la lírica posiblemente no hubiera bastado y habrían tenido que recurrir a la épica: en Portugal gobernada Oliveira Salazar, un dictador y futuro aliado de Franco. Por lo demás, en esa entrevista nada que no supiéramos:

Franco dio su golpe de Estado el 18 de julio porque Largo Caballero no pudo darlo el 17. Al News Chronicle de Londres había declarado días antes: «La solución para España, un baño de sangre», y «habrá Soviet en España en cuanto caiga Azaña», le había dicho a Edward Knoblaugh, corresponsal de la Associated Press que pasó la entrevista a La Prensa.

Como es natural, Núñez y Salas recaban la opinión de algunos historiadores. De derechas, de centro y de izquierda. En estos asuntos, por querencia y por afición, suele uno empezar con los de izquierda. Paul Preston. Siempre hay que leer a Paul Preston. Es una garantía.

Casi nunca defrauda: si puede y le conviene, escamoteará la verdad o la manipulará. Cuántas veces le habremos sorprendido haciendo con los hechos lo que los trileros con la bolita de pan y los tres naipes. ¿Qué dice, qué hace Preston en esta ocasión? Matar al mensajero: «Knoblaugh era de derechas y siempre le interesaba la noticia sensacional más que la verdad exacta.

O sea, como mínimo, era bastante frívolo, por no decir descaradamente deshonesto». A continuación, es verdad (volveremos sobre ello), declara Preston que no tiene de «la inteligencia política de Largo Caballero una opinión muy positiva». Es lo que me pasa a mí con Preston. ¿Y qué? ¿Qué tiene que ver la inteligencia con los hechos?

Como tal vez recuerden, hace unos meses el Ayuntamiento de Madrid, de derechas, acordó desmontar el monumento de Largo Caballero. Lo hizo, para más inri, aplicando una ley de Memoria Histórica aprobada por un gobierno de izquierdas. Gran revuelo (duró unos días). 250 historiadores («¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?», se preguntaba Jardiel Poncela; ¿hay 250 historiadores?, se preguntará cualquiera) protestaron enérgicamente.

Al frente se puso, cómo no, al adalid Paul Preston. Sus declaraciones fueron no ya líricas, no ya épicas; son… dramáticas: «A Largo Caballero se le podría acusar de ser un político incompetente, pero no de ser un asesino». Bien, y si es un político incompetente, ¿por qué se le hizo un monumento (por cierto, tremendo, pavoroso)? ¿Basta con no ser un asesino para tener en Madrid calle o estatua? Es posible, sólo hay que repasar un plano de esta ciudad.

Hace dos o tres años participó uno en un acto sobre la Memoria Histórica con Paco Vázquez, ex alcalde socialista de La Coruña. Contó entonces lo que Tierno Galván, alcalde de Madrid, explicó a los compañeros que exigían desmontar la estatua de Franco tras el 23-F: era una temeridad, pero les resarciría con una de Largo Caballero. Se apaciguaron. A los pocos años desapareció la de Franco, pero la de Largo Caballero, el orondo «Lenin español», siguió en su sitio.

Buena parte de la izquierda, políticos o historiadores, tiende a creer que haber perdido la guerra y haber sufrido el consiguiente exilio exime a los suyos de las responsabilidades políticas, personales o penales en las que hubieran podido incurrir. Y, sí, Largo Caballero fue un incompetente… Por suerte la revolución bolchevique que intentó de todas las maneras no le salió. El baño de sangre le salió mejor, eso sí. De eso, Paul Preston, es de lo que hemos de tratar. No de si el periodista era o no de derechas, no de la inteligencia de Largo Caballero.

A propósito: La Prensa. Núñez y Salas no lo cuentan, quizá no conozcan el dato. Sí lo conocerán los amigos de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. El hermano de esta, amigo personal de Roosevelt, era el propietario de ese influyente medio en la comunidad hispana neoyorquina. Un periódico que defendió la legalidad republicana.

A través de él organizaron el matrimonio Jiménez las colectas pro-niños republicanos. Después se fueron a Puerto Rico. Acabaron en la universidad a las órdenes de Serrano Poncela, implicado en las matanzas de Paracuellos. JRJ. se negó a rendirle pleitesía: «No he llegado hasta aquí para darle la mano a un asesino».

Y, créame, Paul Preston, es poco probable que se la hubiera dado a Largo Caballero, «un cretino en traje bananero» (Chaves Nogales) y presidente de gobierno cuando los Jiménez, Chaves o Clara Campoamor tuvieron que huir de la República y de España para salvar sus vidas.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

¿Por qué el domingo seremos más libresen estado de Alarma? Con Negre, Balcarce, Santos y https://youtu.be/.160421.

Ambiente en Moratalaz en el mitin de Javier Ortega Smith. 160421.

Humor

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Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 1160421

 

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De libertades

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  • Podemos: los periodistas ya ha habado demasiado. Hablan Ana Roa y Pablo Iglesias, 120421

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Guillermo Lasso, al centro, partidario de las políticas de libre mercado, derrotó a Andrés Arauz, el candidato escogido por el expresidente Rafael Correa, por la presidencia de Ecuador el 11 de abril. Credit Rodrigo Buendia/Agence France-Presse — Getty Images
Guillermo Lasso, al centro, partidario de las políticas de libre mercado, derrotó a Andrés Arauz, el candidato escogido por el expresidente Rafael Correa, por la presidencia de Ecuador el 11 de abril. Credit Rodrigo Buendia/Agence France-Presse — Getty Images

Los expresidentes de América Latina tienen demasiado poder

Javier Corrales The New York Times, 150421

El domingo, los votantes de Ecuador eligieron a Guillermo Lasso, un exbanquero que está a favor de las políticas de libre mercado, como presidente. Votaron por él en lugar de por Andrés Arauz, un populista de izquierda. Algunos analistas lamentan el fin del progresismo, pero lo que realmente vimos fue un bienvenido golpe a una extraña forma de política del hombre fuerte: el fenómeno de expresidentes que buscan extender su control e influencia eligiendo y respaldando a sus “delfines” en elecciones nacionales.

Arauz fue designado personalmente por el expresidente Rafael Correa, un economista semiautoritario que gobernó Ecuador de 2007 a 2017. La elección no fue solo un referendo sobre el papel del Estado en la economía, sino de manera más fundamental sobre la siguiente pregunta: ¿Qué papel deben desempeñar los expresidentes en la política, si es que acaso deben desempeñar alguno?

En América Latina se ha vuelto normal que exmandatarios impulsen a candidatos sustitutos. Se trata de una forma extraña de caudillismo, o política del hombre fuerte, combinada con continuismo, o continuidad de linaje, pensada para mantener a los rivales al margen.

Los expresidentes son los nuevos caudillos: pretenden extender su mandato a través de los herederos que escogen, algo llamado delfinismo, de “delfín”, el título dado al príncipe heredero al trono de Francia entre los siglos XIV y XIX.

En la última década, al menos siete presidentes elegidos democráticamente en Latinoamérica fueron escogidos por su predecesor. El más reciente, Luis Arce, llegó al poder en Bolivia en 2020, patrocinado por el exmandatario Evo Morales. Estos candidatos sustitutos le deben mucho de su victoria a la bendición de su jefe, la cual tiene un precio: se espera que el nuevo presidente se mantenga leal a los deseos de su patrocinador.

Esta práctica ata con esposas de oro a aquellos recién electos y socava la democracia en el proceso. Más que pasar la estafeta, los expresidentes emiten una especie de contrato de no competencia. En Argentina, una expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, contendió como compañera de fórmula de su candidato presidencial escogido, Alberto Fernández.

Después de ser la primera dama de Argentina y luego convertirse en presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, a la derecha, se convirtió en vicepresidenta de su candidato elegido, Alberto Fernández, a la izquierda. Credit Foto de consorcio de Natacha Pisarenko
Después de ser la primera dama de Argentina y luego de convertirse en presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, a la derecha, se convirtió en vicepresidenta de su candidato elegido, Alberto Fernández, a la izquierda. Credit Foto de consorcio de Natacha Pisarenko

Este estilo actual de política caudillista es la actualización de una actualización. En la versión clásica de la política del hombre fuerte —que dominó la política latinoamericana tras las guerras de independencia del siglo XIX y hasta la década de los setenta— muchos caudillos buscaban mantener su poder al prohibir o amañar las elecciones una vez que llegaban a la presidencia, una maniobra que usó famosamente el dictador mexicano Porfirio Díaz, o simulando golpes de Estado si no podían ganar, una estrategia empleada por el dictador cubano Fulgencio Batista en 1952.

Este modelo clásico de continuismo era traumático. En México y en Cuba, incitó ni más ni menos que dos revoluciones históricas que resonaron en el mundo entero.

Latinoamérica actualizó este modelo de caudillismo. Los golpes de Estado y las prohibiciones de elecciones se volvieron obsoletos en la década de 1980 y, en lugar de abolir la democracia, se volvió usual que los líderes comenzaran a reescribir las constituciones y a manipular las instituciones para permitir la reelección. Comenzó el auge de las reelecciones. Desde Joaquín Balaguer en la República Dominicana en 1986 hasta Sebastián Piñera en Chile en 2017, Latinoamérica tuvo a 15 expresidentes que volvieron a la presidencia.

No obstante, el modelo del continuismo a través de la reelección ha enfrentado obstáculos de manera reciente debido a que varios expresidentes se han visto envueltos en problemas legales.

Tan solo en Centroamérica, 21 de 42 expresidentes han tenido problemas legales. En Perú, seis expresidentes de los últimos 30 años han enfrentado cargos de corrupción. En Ecuador, Correa fue sentenciado por recibir financiamiento para su campaña a cambio de contratos estatales. Él afirma que es una víctima de persecución política. Su respuesta fue usar la campaña de Arauz como boleto para recuperar su influencia. En cierto momento de la campaña, el candidato promovió la idea de que un voto por él era un voto por Correa.

Durante la campaña presidencial de Ecuador, el candidato Andrés Arauz promovió la idea de que un voto por él era un voto por el expresidente Rafael Correa. Credit Dolores Ochoa/Associated Press
Durante la campaña presidencial de Ecuador, el candidato Andrés Arauz promovió la idea de que un voto por él era un voto por el expresidente Rafaelv Correa. Credit Dolores Ochoa/Associated Press

Estas complicaciones legales alientan a los expresidentes a tratar de respaldar a sustitutos que, como mínimo, podrían darles un indulto si resultan electos.

Los expresidentes parecen pensar que la versión más reciente del caudillismo libera al país del trauma. El presidente Alberto Fernández aseguró que cuando su jefa, la expresidenta Fernández de Kirchner, lo eligió como su candidato porque, argumentó, el país no necesitaba a alguien como ella, “que divido”, sino a alguien como él, “que suma”. A su vez, Fernández de Kirchner fue elegida heredera por su difunto esposo, el expresidente Néstor Kirchner.

No obstante, esta subrogación política difícilmente resuelve el trauma asociado con su continuismo inherente. De hecho, lo hace más tóxico. Con excepción de los simpatizantes del expresidente, el país ve el truco como lo que es: una tentativa evidente de restauración.

Los problemas del delfinismo van más allá de intensificar la polarización al exacerbar el fanatismo político y puede conducir a consecuencias aún más graves. En el México de antes del año 2000, en el que los presidentes prácticamente escogían personalmente a sus sucesores, los exmandatarios solían seguir la norma de retirarse de la política, por lo que concedían suficiente autonomía al sucesor.

Sin embargo, en la versión más reciente del delfinismo, los sucesores no son tan afortunados. Los expresidentes que los patrocinaron siguen entrometiéndose. Esta interferencia produce tensiones para gobernar. El mandatario en funciones pierde su relevancia de manera prematura, con todos los ojos puestos en las opiniones del presidente anterior, o en algún momento busca romper con su jefe. La separación puede detonar guerras civiles terribles.

Estas rupturas a menudo son inevitables. Los delfines electos enfrentan nuevas realidades con las que sus impulsores nunca lidiaron. Además, con frecuencia tienen que arreglar el desastre que dejaron sus jefes.

Lenín Moreno, el actual presidente de Ecuador, quien fue seleccionado por Correa, tuvo desacuerdos con él respecto a una serie de políticas autoritarias de izquierda impulsadas por revelaciones de corrupción. El resultado fue una lucha de poderes que dividió a la coalición gobernante y entorpeció la capacidad del gobierno de lidiar con la crisis económica y luego con la pandemia de la COVID-19.

Una lucha similar ocurrió en Colombia cuando el entonces presidente Juan Manuel Santos, escogido por Álvaro Uribe, decidió llegar a un acuerdo de paz con las guerrillas, con lo que desafío la postura de Uribe. El resultado fue una especie de guerra civil entre ambos hombres que rivalizó en intensidad con la guerra contra las guerrillas a la que el gobierno intentaba poner fin.

No hay una solución sencilla a este tipo de continuismo. Los partidos deben dejar de poner a sus expresidentes en un pedestal. Necesitan reformar las precandidaturas para asegurarse de que otros líderes, no solo los exmandatarios, tengan los medios para competir de manera interna. Los países latinoamericanos han hecho mucho para garantizar que haya una fuerte competencia entre partidos, pero mucho menos para garantizar la competencia dentro de los partidos.

Nada huele más a oligarquía y corrupción que un expresidente que intenta mantenerse vigente a través de candidatos sustitutos. Y Ecuador ha demostrado que esta manipulación política puede acabar por empoderar precisamente a las mismas ideologías políticas que los expresidentes pretendían contener.

Javier Corrales es escritor y profesor de Ciencias Políticas en Amherst College. Su obra más reciente es Fixing Democracy: Why Constitutional Change Often Fails to Enhance Democracy in Latin America.

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Los jueces recurren a la UE

Guillermo Gortázar El Español, 150421

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Hechos y mitos de la Segunda República

Hoy, 14, la II República de los tonnntos

Santiago González en su blog, 150421

Hoy, nonagésimo aniversario de la República. (Noventavo dirían Albertito Garzón y la ninistra Montero). También cumple años el hundimiento del Titanic. 109. Con esos precedentes, Tal día como hoy hace diez años, Zapatero, el lerdo, demostró sus portentosas dotes para la metáfora: “España es un poderoso trasatlántico. Estad tranquilos”.

Te asombrabas justamente de que Sánchez volviera a repetir ayer su itinerario vacuno y su cronificación en el tiempo que dirían en lo de Rociito, 33 millones de vacunados para finales de agosto y que Miguel Angel Oliver no acertara a soplarle que no iba a llegar la vacuna Janssen. Tuvo que ser la periodista de la SER, Inma Carretero, cuarta y última pregunta autorizada, la que se lo aclaró. Adiós, Calendario. Bueno, antes anunció que estábamos vacunando a medio millón de personas al día. Pero si esto era así, los 33 millones de vacunados se deberían alcanzar en 66 días, o sea, el 19 de juniuo, no a finales de agosto.

Edmundo Bal tiene un nuevo motivo para camiseta de campaña. Don Hilarión parafraseaba una película de Stanley Kramer: Edmundo está loco, loco, loco”. Al ha incluido un montaje fotográfico en el que se ve al portavoz de Ciudadanos como un muñeco que empuña un timón amorosamente tutelado por Pedro Sánchez con un título de Raoul Walsh: “Edmundo en sus manos”.

Angel Gabilondo, candidato socialista: “El riesgo de fallecer por Covid en Madrid hoy, es un 54% mayor que el riesgo medio en España”. A qué extremos está llegando el hombre que ya lo han desautorizado Newtral, el invento de Ana Pastor, que lo ha desmentido expresamente y Fernando Simón, que ha dicho que la letalidad en Madrid es similar a la de otras Comunidades Autónomas.

M Gaussage: Gabilondo tiene toda la pinta de quedarse encerrado en una cabina y que no le importe a nadie”.

Parmenio explicaba en mi blog: El hermano de Iñaki basa su campaña en tres líneas argumentarles: no pactará con Podemos, no subirá los impuestos y denunciar que los madrileños tienen un riesgo de morir por COVID un 54% mayor que el resto de españoles. No está mal, tres ideas, tres trolas. Y este es el respetable.

Es una pena que los conservadores estén ocupados tirándose del pelo porque si se organizan un poco e ignoraran a los indigentes intelectuales de Más Madrid y Podemos y se centran en el mentiroso este, en el debate electoral lo revientan.

Irene, nuestra Irene Ceaucescu de Galapagar, tuiteó: “Estamos trabajando para romper con la brecha retributiva. Este 14 de abril entra en vigor el registro retributivo para que las empresas puedan detectar desigualdades por motivos de género. Avanzamos para que  en España mujeres y hombres cobren los mismo por trabajos de igual valor.

Alvaro Bernad le seguía la corriente en Twitter: “Es verdad, Irene, los hombres y las mujeres ganan distinto por trabajos iguales. Un hombre parado y tú hacéis lo mismo: nada. Sin embargo, él no cobra y tú te embolsas 6.238 euros mensuales”.

Esta pobre no sabe que la igualdad de salario por igual trabajo fue establecida hace 41 años, un mes y cuatro días en el Estatuto de los Trabajadores, artículo 28. En la práctica no tiene sentido: ¿Qué empresario contrataría a ningún varón si su trabajo lo puede desarrollar una mujer que cobra menos?

También hace podio la candidata de Errejón, Mónica García, en singular cruzada contra ‘la pobreza menstrual’. Pero hombre mujer, si una mujer carece de recursos para comprar artículos de higiene, a eso se le llama pobreza a secas. Al mismo tiempo se ha grabado un video perreando en la Cadena SER, que es mujer ecléctica y lo cortés no quita lo caliente.

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Pedro Sánchez, durante su intervención en el Pleno.

El sancheo es un pez globo

Rafa Latorre en El Mundo, 150421

El verbo cantinflear va a cumplir treinta años en el diccionario. Es probable que la vanidad le haya susurrado a Sánchez que él, como Mario Moreno, también puede aspirar a la gloria de la posteridad idiomática. El sancheo es un discurso inflado como un pez globo. Aprecien este bellísimo ejemplar: el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Una forma de revestir la nada de exuberancia es colgarle tres adjetivos a cada sustantivo como en este sintagma feroz del documento que Sánchez presentó para demorar una explicación: «Crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo». El texto se hincha como un fugu, dentro solo tiene aire o agua pero ocupa mucho espacio y, leído, mucho tiempo.

Que nadie sepa en qué consiste un plan que ha sido presentado nueve veces con gran aparato y discursos de no menos de 40 minutos es una proeza del lenguaje y aun de la zoología. Es también un hito del packaging comparable al que coronó Piero Manzoni, con la diferencia de que la merda d’artista es algo, una buena mierda, pero es algo, y el sancheo contiene un vacío intergaláctico que, como es sabido, es mucho más vacío que el interestelar.

Las escamas del pez globo de la recuperación y la resiliencia son palabras con una raíz irrelevante completada, esto es vaciada, por el sufijo -ción. En una reunión cualquiera de una empresa cualquiera es fácil identificar al charlatán por ese fraseo gutural del on, on, on, una especie de canto difónico mongol en el que se suceden significantes que han perdido su significado, como modernización, dinamización, activación, revitalización, adaptación, concienciación, interacción.

El verbo transmite acción a la frase, es el monarca de la oración, un sustantivo terminado en -ción es un verbo castrado, una palabra sin atributos, un bochorno.

La dinamización o la revitalización serán en todo caso las consecuencias de las reformas, sólo faltaría que una inversión milmillonaria ansiara como retorno la ralentización y la necrosis. Si no hay un cómo, una cortesía elemental obligaría a que el discurso fuera breve pero el sancheo es un prodigio de la oratoria que se basa en el desprecio del que escucha.

Con todo lo descrito, cualquiera pensaría que la genialidad del sancheo radica en su vacía voluptuosidad. No. Lo sublime del sancheo es de fondo y no de forma, pues lo que encubre esta empalagosa mole triunfal de palabras es un rescate. No una conquista o una recompensa por la audacia de unas políticas sino el paliativo de una catástrofe horrible y deprimente.

Y, como es lógico, sujeto a unas condiciones estrictas que el presidente no tiene el coraje de revelar. Cuánto más decorosa era aquella perífrasis mariana de «un préstamo en condiciones ventajosas». Y cuánto nos reímos de aquello.

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Eichmann, durante su juici en Israel.
Eichmann, durante su juici en Israel.

El sesenta aniversario del ‘juicio del siglo’

La autora destaca la importancia del proceso contra el oficial nazi Adolf Eichmann, principal organizador de la deportación de judíos a los campos de exterminio, que estableció principios de Derecho plenamente vigentes hoy

Beatriz Escudero García-Calderón en El Mundo, 150421

HACE EXACTAMENTE 60 años, el mundo entero comenzó a seguir con horrorizada expectación el juicio contra el oficial nazi Adolf Eichmann, principal organizador de la deportación en masa de los judíos a los campos de exterminio. Israel procesaba penalmente por vez primera a uno de los mayores impulsores de lo que en los tenebrosos tiempos del Tercer Reich se denominó la solución final de la cuestión judía (Endlösung der Judenfrage).

El caso Eichmann supondría un antes y un después para el Derecho penal internacional. Y su retransmisión simultánea por las televisiones de 37 países sacudió la conciencia planetaria sobre el Holocausto, la mayor barbarie de la historia de la Humanidad. El 11 de abril de 1961 arrancaba en Jerusalén el entonces llamado juicio del siglo.

Desde el punto de vista jurídico, el interés del caso Eichmann resulta capital. La retransmisión del juicio supuso otorgar publicidad a un proceso penal como no se había hecho hasta entonces, convirtiéndose los televidentes de medio mundo en auténticos fiscalizadores de la función jurisdiccional, en verdaderos observadores imparciales.

Un juicio que pretende ser justo ha se ser, y así se acababa de plasmar en la Declaración de Derechos de la ONU, un juicio público. Además, al otorgarse publicidad al proceso que llevó a Adolf Eichmann a la horca, se buscó, por un lado, generar en los ciudadanos espectadores el más absoluto repudio hacia el Holocausto y, por otro, que se sintieran intimidados a través una sentencia ejemplarizante.

Junto a estas cuestiones, en sí mismas de enorme interés, surge otra como destacada y principal: el caso Eichmann supuso el punto de partida para la elaboración de un nuevo tipo de responsabilidad penal. Surgían nuevas modalidades de organización criminal que involucraban a diversos sujetos en relaciones muy complejas, y la estructura del Derecho penal de entonces, construida pensando única y exclusivamente en el autor individual, resultaba inadecuada e insuficiente.

El Tribunal de Israel se mostró favorable a admitir una responsabilidad colectiva cuya aceptación se acabaría imponiendo en Derecho penal internacional. El desarrollo teórico de semejante responsabilidad llegaría de la mano del insigne penalista alemán, entonces joven profesor, Claus Roxin.

Al igual que en todos los juicios de los nazis, en el caso Eichmann resultó decisivo el concepto de obediencia debida. Los acusados alegaban, para eximirse de responsabilidad, haber actuado cumpliendo órdenes de sus superiores (Befehl ist Befehl; una orden es una orden). P

or esa razón, el concepto de obediencia debida, aceptado hasta entonces por la mayor parte de los países europeos, resultó entonces fuertemente cuestionado, hasta el punto de que en los llamados Principios de Núremberg se estableció expresamente que para los crímenes de guerra el hecho de actuar bajo las órdenes del propio Gobierno o de un superior no exime a una persona de su responsabilidad, siempre que esa persona hubiera tenido la posibilidad de actuar de otra forma (Principio IV).

Así, tampoco en este caso se aceptó la eximente de la obediencia debida, pues el Tribunal de Israel consideró que Eichmann sí pudo actuar de otra manera, al no existir, a juicio del Tribunal, un peligro inminente para su vida. Más bien al contrario: Eichmann incluso se había excedido en sus funciones, mostrando, a la par, entusiasmo y ambición.

La condena de Adolf Eichmann no está, sin embargo, exenta de reproches desde un punto de vista jurídico, pues no podemos olvidar que, como en general sucedió con todos los juicios de nazis, para aplicar una suerte de justicia material a la mayor barbarie de la historia de la Humanidad hubo que sacrificar unas cuantas reglas y violar otros tantos principios penales.

En este sentido, Eichmann alegó al igual que habían hecho previamente los nazis de los juicios de Núremberg la prescripción de los delitos que le eran imputados y la irretroactividad de la ley penal. Además, de acuerdo con el principio de territorialidad, Eichmann debía ser juzgado en Alemania y no en Israel, al ser aquél el lugar de la comisión de los delitos.

Ni que decir tiene la condena que merece el hecho de que Eichmann llegara al juicio tras ser secuestrado y torturado por los servicios del Mossad en Argentina, donde vivía con su familia bajo una identidad falsa.

Todo esto se obvió, y el Tribunal de Jerusalén, tras adherirse a la peculiar reinterpretación del principio de legalidad como principio general de equidad realizada por Tribunal Militar Internacional de Núremberg, consideró «justo» el enjuiciamiento de los crímenes, rechazando todas y cada una de las alegaciones de la defensa de Eichmann. Finalmente, la condena sería a la pena de muerte, a pesar de que ni siquiera existía tal pena en Israel. La noche del 31 de mayo de 1962 Eichmann murió ahorcado en la ciudad de Ramla.

Sea como fuere, todas estas cuestiones, aun 60 años después, siguen teniendo plena actualidad: los siempre cuestionados fines de la pena, la repercusión mediática de los juicios, la necesidad de avanzar en las reglas de la extradición para evitar los paraísos de delincuentes, la todavía vigente discusión en torno a la fundamentación de la responsabilidad penal en determinados ámbitos organizativos, el cumplimiento de las órdenes antijurídicas, las relaciones entre el Derecho y la moral, etcétera.

También sigue viva como el día en que se formuló la famosa reflexión acerca de la banalidad del mal que la filósofa Hannah Arendt elaboró a propósito del caso Eichmann y que serviría de subtítulo a su libro Eichmann en Jerusalén. La corresponsal de la revista The New Yorker, además de recoger las sesiones del juicio, dedicó unas páginas a reflexionar acerca de la personalidad de Eichmann, para concluir que no se trataba de un ser malvado, carente de toda ética, como trataban de dibujar los medios de comunicación, sino de una persona corriente.

«Lo más grave», escribió Arendt sembrando la polémica, «era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales».

Beatriz Escudero García-Calderón es profesora de Derecho penal en CUNEF Universidad.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. La verdadera biografía de Xi Jinping: entre el mito y la propaganda. 150421.

. Entrevista a Inés Arrimadas en la SER. 150421.
https://youtu.be/

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Humor

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El Roto
iñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 150421

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Gabilondo, ¿más soso que tonto?

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  • Gabilondo ya no tiene credibilidad fiscal

Editorial de El Mundo, 140421

EL CABEZA de lista socialista a las elecciones madrileñas se ha quedado sin credibilidad fiscal. Su promesa de no subir impuestos ha sido refutada tanto por Sánchez como por María Jesús Montero, que han desvelado el hachazo fiscal que preparan, entre otros, contra Madrid.

Mientras el candidato se compromete a no incrementar la tributación, la ministra desmonta su principal lema de campaña de Gabilondo abriéndose a subir los impuestos esta legislatura hasta en 90.000 millones.

El falso argumento de que busca corregir el diferencial de España en recaudación respecto a la media europea se desmorona si atendemos al diferencial en sueldos, paro estructural y economía sumergida.

Pero Sánchez se escudó en las recomendaciones de la UE para justificar una subida que incluye Sociedades, Patrimonio y Sucesiones. El esfuerzo en España recaerá sobre las clases medias y asalariadas empobrecidas por la pandemia que cargarán con el gasto en mayor medida que sus homólogas europeas.

Sánchez se amolda a las mentiras nacionalistas que acusan a Madrid de dumping. Pero bajo el subterfugio de una «armonización», el hachazo fiscal lastrará la recuperación. La entrada en campaña de Sánchez erosiona aún más la posición de Gabilondo.

Nadie puede tomarse en serio al PSOE cuando promete que no tocará el modelo liberal que ha construido la prosperidad de Madrid.

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

Jacobinismo excluyente

El autor sostiene que el proyecto de la II República, de cuya proclamación se cumple hoy el 90 aniversario, fracasó por la intolerancia y por el defecto original de copiar las posiciones radicales del jacobinismo

Plácido Fernández-Viagas Bartolomé en El Mundo, 140421

EN EL argumentario de Pedro Sánchez, que desde luego no es un teórico doctrinal sería ridículo compararlo con Manuel Azaña, ni siquiera con Felipe González, una frase se repite insistentemente en todos sus mítines y declaraciones: los enemigos del Gobierno forman parte «de la derecha aliada con la ultraderecha».

Ahí engloba desde Ciudadanos hasta Vox, incluyendo a los meros opositores intelectuales y de prensa. Todos los que disienten serían poco menos que fascistas. ¿Cree que somos tontos? No, simplemente es consciente de que la actividad política se ha convertido en un terreno abandonado a la simpleza de la mayoría, a su mediocridad, es decir, a la demagogia.

Más grave resulta, según leo en recientes informes de prensa, que nuestro prestigioso ministro de Universidades, y catedrático, se haya atrevido a afirmar literalmente lo siguiente: «Si este Gobierno colapsara, que no lo hará, España se desintegraría». ¿No es consciente de que una idea de este género estuvo en el origen del fracaso de la II República?

Se ha señalado en más de una ocasión que uno de los defectos originales de los republicanos de 1931 derivó de su adscripción ideológica, también temperamental, a los postulados del jacobinismo. Todos sus oponentes serían unos fanáticos, partidarios de la más negra reacción. Nadie ha sabido describirlo con mayor perfección que Hugh Thomas al referirse al estilo personal de los miembros del Gobierno del Frente Popular:

«En junio de 1936 un inquieto grupo de liberales de clase media y de edad madura ocupaba el banco azul, frente al hemiciclo de la Cámara de Diputados […] Los hombres de este Gobierno tenían un fanatismo propio no muy típico de los países de mentalidad práctica que ellos deseaban reproducir en España».

Y añadía:

«En los primeros años de la República, en 1931 y 1932, los ojos de Casares Quiroga [presidente del Gobierno con el Frente Popular] relucían brillantes en su pequeño rostro, ante amigos y enemigos, como los de Saint Just».

De hecho, las referencias y los guiños a la Revolución francesa, sobre todo a su vertiente jacobina, fueron constantes en el republicanismo español. Y no hay mejor expresión de ese pensamiento que la idea expresada por Robespierre en su discurso Sobre el Gobierno representativo, de 10 de mayo de 1793:

«El dominio del pueblo es de un día mientras que el de los tiranos dura siglos».

Para evitar el triunfo de la reacción, sería preciso establecer que «no puede haber libertad para los enemigos de la libertad». Hasta los girondinos, entonces, se convertían en sospechosos destinados a la guillotina.

Desde un punto de vista sociológico resulta de una enorme expresividad la descripción que Pierre Bessand-Massenet realiza de los jacobinos:

«Su comportamiento reflejaría un germen de intolerancia, propio de la naturaleza de ciertos individuos, una voluntad de dominación y de inquisición moral tanto como política, una suerte de inflexibilidad humana elevada al rango de virtud…».

Efectivamente, el jacobinismo se presenta como una dictadura de la Virtud, por tanto, se convence de que está destinado a cumplir una misión nacional-patriótica: restaurar la racionalidad, la justicia, incluso la estética, en el mundo.

Sería imposible colaborar en forma alguna con los partidarios del ancien régime, habría que borrarlos de la historia. Los republicanos españoles no dudaron en imitarlos. Así, una personalidad de tanto relieve como la de D. Manuel Azaña, en el Coliseo Pardiñas de Madrid, en 1934, excluyó de la posibilidad de gobierno a todos los que no hubieran participado en la proclamación de la II República, los consideraba fuera del sistema. Veamos:

«Una cosa es ingresar en la República y otra cosa es gobernar la República. Para gobernar la República hace falta tener en el Parlamento, puesto que en régimen parlamentario estamos, un número suficiente de diputados que pueda mantener un Gobierno; pero esos diputados tienen que haber salido de las urnas con un signo republicano, con un programa republicano y una bandera republicana, diciendo que son republicanos. Presentarse ante los electores con un programa que no es republicano, disimular las convicciones, por lo menos, salir así electos y, luego, para entrar en el poder, reconocer el régimen, yo digo que es la más sucia operación política que se puede pensar [Aplausos]. No es jugar limpio, ni es para eso para lo que están instituidos la Constitución y el régimen parlamentario. No; no están para eso, porque la Constitución y el Parlamento no están para entregar el régimen a sus propios enemigos de anteayer. Ni eso es la Constitución, ni eso es el Parlamento».

Esas palabras iban dirigidas contra la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). En el ánimo de sus fundadores, se trataba de crear en España un partido demócrata-cristiano, lo que así realizaron en 1933 mediante la unificación de distintos grupúsculos de carácter católico. P

ara Hugh Thomas, «el carácter anticlerical de la Constitución» significaba que los miembros de la CEDA rechazaban los principios fundacionales del sistema. Lo cierto es, sin embargo, que Gil Robles sostuvo la nota «accidental» de las estructuras políticas, defendiendo la posibilidad de actuar dentro del régimen.

De hecho, a la hora del Alzamiento, prestigiosos dirigentes cedistas como Luis Lucía rechazaron el golpe militar. Y personalidades tan claramente demócratas como Giménez Fernández se contaron en sus filas.

No se trataba de un partido marginal. Todo lo contrario. Agrupaba a muy importantes sectores de la clase media española. Así, en las elecciones de 1933 ganadas por la derecha, la CEDA obtuvo 117 escaños y se convirtió en el partido mayoritario en las Cortes. En un régimen parlamentario normalizado, la formación del Gobierno se debería haber encargado a José María Gil Robles. No lo hizo así Alcalá Zamora. Se hubiera considerado una traición inaceptable a la Republica.

De hecho,Azaña advirtió en discurso del 11 de febrero de 1934 que «los elementos de CEDA y los agrarios no tienen títulos políticos para ocupar el poder, aunque tengan números en el Parlamento para sostenerse. Esto no se había dicho aún. ¡Pues ya es hora de decirlo!»

Para los partidos republicanos de izquierda, firmantes del Frente Popular, la derecha monárquica, los agrarios y la CEDA eran auténticos enemigos del régimen. Y contra ellos, al igual que contra los «tiranos», todo era lícito. Lo que explica el rechazo que sufrió la formación de Gobierno en octubre de 1934 por el simple hecho de la entrada de tres miembros de la CEDA, plenamente legitimados para ello.

Todas las organizaciones fieles al régimen la consideraron ilícita. Juristas, funcionarios y personalidades independientes mostraron también su escándalo, llegando a dimitir en más de un caso. Lo hicieron, por ejemplo, Álvaro de Albornoz, presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales, y Luis de Zulueta, embajador en Berlín.

Para Izquierda Republicana, el partido de Azaña, «el hecho monstruoso de entregar el Gobierno de la República a sus enemigos era una traición y el partido rompía toda solidaridad con las instituciones del régimen y afirmaba su decisión de acudir a todos los medios para defender la República». La Revolución de Asturias, un auténtico golpe subversivo, fue la consecuencia de este ambiente.

EN PROBLEMA es que los fundadores del régimen no aceptaron la convivencia con la derecha conservadora, ya se tratase de la CEDA, Renovación española o los agrarios. El mismo Alcalá Zamora desconfió permanentemente de los dirigentes democristianos, sin darse cuenta de que ningún gobierno, por progresista que se considere, puede despreciar sistemáticamente a la mayoría.

Tenía razón Gil Robles, que nunca pudo ser calificado de fascista, cuando (en sesión de Cortes) señalaba: «Desengañaos, Sres. Diputados; una masa considerable de la opinión española que, por lo menos, es la mitad de la Nación, no se resigna implacablemente a desaparecer; yo os lo aseguro».

Un proyecto tan modernizador y atractivo como el republicano fracasó por la intolerancia. Esperemos que los miembros de nuestro actual Gobierno no lleguen al mismo nivel de irresponsabilidad. Lo malo es que al fanatismo de entonces se une una enorme mediocridad. Les manca finezza, como diría Giulio Andreotti.

Plácido Fernández-Viagas Bartolomé es doctor en Ciencias Políticas. Es autor de Palabras de guerra, sobre los debates parlamentarios en la II República, y ha sido coordinador de la obra Los parlamentarios andaluces en la II República.

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Los mayores primero, por eficacia

El autor recuerda que el coronavirus afecta más y de manera más grave a las personas mayores, por lo que defiende la necesidad de articular medidas orientadas a proteger de manera especial a esta franja de edad

Julio Carabaña en El Mundo, 140421

LO QUE CON más certeza se sabe del Covid-19 desde su llegada es que se agrava con la edad y, muy especialmente, en las edades más avanzadas. Mientras la mayor parte de los niños y jóvenes infectados no desarrollan síntomas, o solo leves, los mayores desarrollan muchos y graves.

Consideremos lo ocurrido en España desde el 10 de mayo de 2020, fecha en la que comenzó el actual sistema de recuento; y el 17 de marzo, fecha del último informe oficial (Renave). Si se trata de jóvenes, de cada 100.000 contagiados han llegado al hospital 99; a la UCI, 5; y a la muerte, uno.

Si se trata de adultos entre los 40 y los 49 años, de cada 100.000 contagiados ha habido 270 ingresos hospitalarios, 24 estancias en UCIs y cinco fallecidos. Si se trata de mayores entre los 60 y los 79 años, de cada 100.000 han llegado al hospital 883; a la UCI, 128; y a la muerte 143. Entre los mayores 80 años, por último, cada 100.000 casos confirmados dieron lugar a 2.179 ingresos en hospitales, 39 en UCIs y 981 en los registros de defunción.

No caben orientaciones más claras ni más urgentes para las intervenciones políticas y para las medidas privadas. Si realmente se trata de salvar vidas o de proteger los hospitales, tienen que ir por riguroso orden de edad.

En el caso de que, por cualquier razón, se diera prioridad a que las UCI no se saturasen cabría insistir más en proteger del Covid-19 a la franja de edad entre los 60 y los 79 años.

Evitar contagios entre los mayores habría sido 22 veces más eficaz que evitarlos entre los jóvenes en términos de ingresos hospitalarios; en términos de muertes, evitar contagios entre los mayores habría sido mil veces más eficaz.

Parece evidente que las medidas de prevención adoptadas han quedado lejos de responder adecuadamente a estas enormes diferencias de gravedad. Tras el confinamiento total de la primera ola y la abigarrada variedad de cierres perimetrales, toques de queda, distancias y ventilación en lugares públicos, las tasas de infección por edades siguen evolucionando de modo casi tan paralelo que cuando no se habían tomado medidas.

No parece sino la conciencia de las diferencias en gravedad y en riesgo de muerte no hubieran influido ni en las medidas del Gobierno ni en las de los propios interesados. Es verdad que puede que haya habido alguna mejora. Con datos de la encuesta del Instituto Carlos III, en mayo de 2020 había desarrollado anticuerpos el 5,2% de la población entre 30 y 49 años, y en torno al 5,8% de los mayores de 60 años.

A fines de noviembre, en la ronda cuatro de esta encuesta la seroprevalencia se había acercado al 10% en todos los mayores de 20 años. En concreto, la tasa de seroconversión (personas con antígenos en noviembre, pero no en mayo) había sido del 3,6 entre las personas de 34 a 49 años y del 3,2% entre las de más de 65 años.

Cabe, pues, estimar que las medidas de prevención, públicas y privadas conjuntamente, afectaron más a los mayores, que de estar un 12% sobre los adultos jóvenes pasaron a estar un 12% por debajo. Pero ahí se acabó el cambio, según confirman las cifras de casos confirmados notificados a Renave.

Entre mayo y noviembre de 2020 los casos confirmados fueron el 3,2% entre los adultos de 30 a 49 años y del 2,5% entre los mayores de 60 años. A finales de febrero, tras la ola del invierno de 2021, habían llegado al 6,4% entre los adultos de 30 a 39 años y al 5,4% entre los mayores de 60. No puede, pues, negarse que la prevención no haya tenido un efecto específico entre los mayores, quizá un 20%. Muy lejos, en todo caso, de las diferencias de gravedad de 1.000 a uno.

Cabría cuestionar que las medidas de seguridad deban ser proporcionales a la gravedad. Si la diferencia fuera solo de muertes, podríamos decir que estamos ante un reflejo del valor que la gente da a su propia vida, pues, al cabo, los principales responsable de la prevención son, incluso a estas edades, los propios interesados.

Podríamos incluso razonar que una relación de 1.000 a uno entre la vida de una persona de 85 y una de 25 es una estimación bastante objetiva de su valor real.

Conviene observar, sin embargo, que los gobernantes, incluso compartiendo este criterio utilitarista exagerado, deberían haber tomado medidas especiales para reducir los contagios entre las edades que saturan las UCI y los hospitales, evitando de este modo que los ancianos coparan los medios de salvar a enfermos más jóvenes de vidas más valiosas.

Es decir, aún si los ancianos estuvieran dispuestos a hacer muy poco por salvarse a sí mismos, el Gobierno debería haberlos obligado en nombre de los demás.

Pareció que las cosas iban a cambiar con la llegada de las vacunas. Se anunció que se tomaría la edad como primer criterio, con otros factores de riesgo como complemento. Con el paso del tiempo, sin embargo, los criterios secundarios parecen estar dominando al principal.

Era razonable que fueran primero los ancianos en residencias y quienes los atienden, así como el personal sanitario de primera línea, por su elevado riesgo de contagiarse y también de contagiar. Pero los ancianos están quedando detrás no solo del resto de profesionales de la salud, sino de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los bomberos y los profesores de primaria y secundaria.

¿Por qué? Son, se dice, sectores esenciales. Pero, ¿qué significa eso, si no se infectan más? ¿Y qué hay de los otros muchos trabajadores esenciales a los que no se ha dado preferencia? Lo de que las vacunas de AstraZeneca son ineficaces en los mayores de 55 años sonaba como el pretexto de los que se vacuna sin tocarles porque pasaban por allí cuando sobraban unas dosis.

Incluso así, también esta vacuna se debería haberse aplicado por orden de edad, comenzando por los de 55 años.

Es, pues, buena noticia, no exenta incluso de justicia poética, que ahora la vacuna de AstraZeneca se vaya a aplicar a los mayores de 60 años, aunque sea en el orden inverso a la gravedad.

Cuando la brigada de AstraZeneca se encuentre con la de las otras marcas y toda la población de más de 60 años haya quedado vacunada, los mismos contagios darán la mitad de trabajo que hasta ahora ha dado a los hospitales, y producirán solo el 7% de los muertos que han producido hasta ahora.

Cuando las muertes caigan tanto y los hospitales se acerquen a su ritmo de trabajo normal, nos inquietarán mucho menos las alzas y las bajas de casos confirmados. Más todavía: la población mayor de 60 años es el 25% de la total; sumándole los de menos edad inmunizados por haber pasado la enfermedad (al menos un 10%) o por haber sido vacunados, nos pondremos en torno a un 40% de inmunizados.

Con este porcentaje de población inmunizada, es muy probable que antes del verano basten las precauciones básicas ya habituales (mascarillas, distancia, higiene) para que los contagios bajen y no vuelvan a subir. Este cálculo u otro muy parecido es el que debe de hacerse el Gobierno para renunciar a la prórroga del estado de alarma. ¡Ojalá esta vez acierte!

Julio Carabaña es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

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Dieciséis veces os he convocado para no dar explicaciones. ¡Cómo no voy a estar contento!

Un conjunto vacío

Santiago González en su blog, 140421

Sánchez ha vuelto a hacerlo. Un ‘Aló’ más en que se nos aparece en la tele como un orador de baratillo, con logorrea de vendebragas que no pierde ocasión de hacer su propaganda, tal como pregonaba su socio principal antes de que lo ungiera vicepresidente, “entre educación y propaganda, propaganda, sin duda”. Teniendo en cuenta que la Educación es asunto que mangonean entre Isabel Celaá y el catatónico Castells comprenderán que viene a ser lo mismo.

Recordarán la minuciosidad impresionante con que había descrito los plazos de vacunación. Esta semana volvió a repetir cifras y plazos. Por resumir: para finales de agosto estarán vacunados 33 millones de personas. Pero a él no le exijan concordancia.

Ayer, al tiempo que tal decía se jactó de que estamos vacunando a medio millón de personas al día. Vamos a ver corazón, que a ti la tesis en Economía parece que te la plagiaron por letras. Vacunar a 33 millones a ese ritmo lleva 66 días. O sea, que para el 19 de junio estaríamos vacunados los 33 millones (y millonas, claro).

Estuvo inmenso al recordar que hemos recibido dos golpes extraordinarios: la peor recesión económica en 80 años y la peor pandemia del siglo. No hay que apurarse, él tiene un plan, el plan más ambicioso y más trascendental de la reciente historia económica de España, que es al mismo tiempo su mayor oportunidad desde la entrada en la UE.

Impresionante. Llevamos 140.000 fallecidos por la pandemia y la crisis se ha llevado por delante 207.000 empresas y 323.000 autónomos y este inútil considera que estamos en un momento grandioso para labrar nuestro futuro.

Porque el doctor Fraude mostró su entusiasmo por el factor que nos iba a permitir transformar la pandemia en oportunidad de progreso, el gran Plan Marshall que nos iba a permitir acceder al país que queremos para las próximas décadas.

Gracias, naturalmente, a los 140.000 millones que esperamos de Europa como el pueblo elegido esperaba el maná del cielo en su travesía del desierto. No dice el cuándo ni el cómo y ambos serían detalles interesantes habida cuenta de la renuencia de este tío a la concreción. ¿Cuándo?

La respuesta está entre las seis primeras respuestas del lobo a las preguntas que se le hacían en la revista ‘Hermano Lobo’: “UUUUUUUUU” y la última: “el año que viene, si Dios quiere”.

Baste recordar que no se han cumplido aún once meses desde el día que prometió 200.000 millones de euros. Ya entonces hizo dos aseveraciones que repitió ayer: que se trataba  de “la mayor movilización de recursos de la historia de nuestra democracia” y que “no vamos a dejar a nadie atrás”.

Para llegar a este conjunto vacío, los periodistas tuvieron que pasar el filtro de Oliver: Solo acceden a La Moncloa los 15 primeros en hacer la petición, pero el secretario de Estado abre el plazo cinco minutos antes para los que quiere acreditar.

Ayer solo permitió cuatro preguntas y nadie quiso saber por qué Don Simón le desautorizó sobre el falseamiento de los datos que él mismo había atribuido a la Comunidad de Madrid y desmintió las cifras de muertos que había dado Gabilondo.

Sin embargo, los hechos volvieron a pillarlo a contrapié. La última en preguntar puso en cuestión su lío de las vacunas, al recordarle que no íbamos a tener vacunas Janssen por decisión de EEUU. Confesó que no sabía.

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Ella sobrevivió el Holocausto y nos ayuda a ver lo que jamás debemos olvidar
Pintura de Buba Weisz Sajovits [1906]

Ella sobrevivió el Holocausto y nos ayuda a ver lo que jamás debemos olvidar

Bret L. Stephens The New York Times, 140421

Cuando Buba Weisz Sajovits y su hermana, Icu, llegaron a Veracruz en 1946, su hermana mayor, Bella, las estaba esperando junto al muelle. Bella, quien había vivido en México con su esposo desde la década de 1930, les insistió que no hablaran sobre lo que les pasó en la guerra. La vida debía vivirse con miras al futuro, no al pasado.

Así que Buba —su nombre de pila es Miriam, pero siempre la han llamado por su apodo— vivió viendo hacia adelante. Se casó con otro emigrado sobreviviente de un campamento de concentración, Luis Stillmann, cuya historia relaté en un artículo el año pasado. Tuvieron dos hijas, luego cuatro nietos, luego cinco bisnietos. Ella abrió un salón de belleza, el cual tuvo mucho éxito. Se convirtieron en pilares de la comunidad judía en Ciudad de México. Prosperaron en su camino a la vejez.

Solo había un recordatorio del pasado que Buba no podía borrar, ya que estaba grabado en tinta permanente en la parte interna de su antebrazo izquierdo: A-11147. Ese código alfanumérico se quedó tatuado en su memoria, una frase que luego usaría como título de sus memorias, “Tattooed in My Memory”. Décadas después, cuando ya tenía más de 60 años, decidió dedicarse a la pintura y pronto las imágenes de su pasado cobraron más fuerza.

¿Cómo podemos comprender de verdad un evento como el Holocausto o un lugar como Auschwitz? Yo tengo un estante de libros dedicado a esta pregunta, desde La tradición oculta de Hannah Arendt hasta La noche de Elie Wiesel. También he visitado Auschwitz, he caminado por las infames vías del tren, he recorrido el crematorio, he visto las enormes pilas de zapatos y los repulsivos montones de cabello humano.

Sin embargo, siempre hay una brecha entre lo que sabemos y lo que comprendemos, una brecha que se ensancha cuando no hay manera de salvar la distancia por medio de la experiencia personal. Sabemos que 1,3 millones de personas, de quienes una abrumadora mayoría eran judías, fueron esclavizadas por los nazis en Auschwitz y 1,1 millones de ellas fueron asesinadas, casi todas en cámaras de gas. Tenemos miles de testimonios de sobrevivientes y liberadores del campo de concentración, cantidades inmensas de pruebas documentales y fotográficas, la autobiografía y la declaración jurada firmada de su comandante.

Pero a medida que los detalles se acumulan, informan y a la vez adormecen. La información se vuelve estadística; las estadísticas se vuelven conceptos abstractos. Las memorias personales, como Si esto es un hombre de Primo Levi, rescatan la dimensión humana, pero siempre hay un área de incertidumbre entre la palabra escrita y la imaginación del lector. Las películas como La lista de Schindler también realzan el elemento humano, pero corren el riesgo de caer en la semificcionalización. Pueden hacer que Auschwitz parezca menos, no más, real.*

Cuando Buba comenzó a pintar, “no podía trazar un círculo”, recordó su hija Mónica. “Pero todo lo que hacía en la vida, lo llevaba al límite y lo hacía bien”.

En su ciudad natal de Cluj-Napoca —o Kolozsvár, para sus residentes hablantes de húngaro— en Transilvania, ella fue una velocista campeona en su escuela. El 31 de mayo de 1944, ella, junto con Icu (que se pronuncia Itzu), sus padres, Bernard y Lotte, así como el resto de la población judía fueron deportados a Auschwitz en vagones de ganado, un viaje de humillación y hambre que duró cinco días. Buba, quien tenía 18 años en ese momento, vio a sus padres por última vez en la noche que llegaron al campo, cuando su padre se salió de la fila para entregarles a sus hijas sus diplomas de bachillerato.

A Buba se le asignó un trabajo de fábrica. Este le daba acceso a raciones adicionales de comida, que compartía con sus compañeras de catre. Un día, la llamaron al cubículo de la anciana del pabellón, una prisionera que estaba a cargo de la disciplina en las barracas. La anciana le quitó la ropa a Buba con brusquedad y la empujó a los brazos de un hombre que la estaba esperando.

“Reuní toda la fuerza que tenía y corrí”, narró.

¿Cómo podemos comprender lo que es ser una mujer judía, hambrienta y desnuda que debe correr por su vida para escapar de un violador de Auschwitz? No podemos. Yo no puedo. Pero en 2002, Buba pintó la escena y a través de su pintura pude entrever un destello de lo que significa ser la persona más vulnerable del mundo.

“Sobra decir que perdí mi trabajo y mi ración”, añadió con indiferencia.

A los 14 años, Buba se unió a una protesta escolar contra el decreto alemán que ordenaba que Rumanía le entregara Transilvania a Hungría. Un compañero de clase la apartó de un empujón. “¿Qué haces aquí, judía sucia? Ni siquiera eres rumana”. A la postre, los obligaron a portar estrellas amarillas, les prohibieron la entrada a lugares públicos, los encerraron en sus casas y los llevaron al gueto de Cluj. La deshumanización era tanto el prerrequisito para Auschwitz como su consecuencia directa.

Parece apropiado que uno de los primeros oficiales alemanes que Buba recuerda haber visto en el campo fuera Josef Mengele. “Con una postura más a tono para una ópera”, recuerda; tarareaba la melodía de El Danubio azul mientras les señalaba a los prisioneros en qué fila formarse.

A Icu la formaron en la misma fila que su madre, pero ella la envió de vuelta a la fila de Buba. Es casi una certeza que Lotte Sajovits no lo supo, pero la última decisión deliberada que tomó en su vida salvaría a su hija de la cámara de gas.

En una entrevista que Buba dio en 2017 al Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto, relató su otro encuentro con el infame doctor: “Teníamos que ir —no sé si era un consultorio o un hospital— donde trabajaba Mengele. Era cruel, como no tienes idea. Nos acostaron y no tengo idea de qué ocurrió. Es posible que nos hayan dormido… No puedo saber lo que él hizo después”.

Buba también pintó esto y eligió, en sus propias palabras, “colores fríos”. Pese a su gran escala, la mayor maldad de Auschwitz a fin de cuentas radicaba en el hecho de que el asesinato y la tortura eran clínicos, algo que yo no comprendía del todo hasta que vi la pintura de Buba. Si notan los animales de la escena llevan puestas batas blancas.

Nueve días antes de que el Ejército Rojo liberara a los cautivos de Auschwitz, Buba y su hermana estuvieron entre los 56.000 prisioneros que fueron obligados a marchar 56 kilómetros en pleno invierno. Al menos 15.000 de los que emprendieron el trayecto desde Auschwitz murieron. El resto, junto con Buba e Icu, fue puesto a bordo de trenes hacia Alemania.

Aun cuando prácticamente habían perdido la guerra, la determinación de los nazis por matar judíos no cesaba.

“Las Schutzstaffel nos hicieron formar una sola fila”, narró Buba sobre la marcha. “Eliminaban a una de cada diez mujeres. Yo corrí al lado de Icu para que nos tocara el mismo destino”.

No fue así. Icu y ella fueron liberadas del campo de Bergen-Belsen, el 15 de abril por el ejército británico. Ninguna pintura de Buba me persigue más que en la que aparece ella sola, con la cabeza entre sus brazos escuálidos, el alambre de púas aún frente a ella, la chimenea, aún ardiendo detrás de ella, no muy lejos.

“Me pregunté qué debía hacer con la libertad que acababan de otorgarme”, pensó Buba. “Mi mundo había sido hecho trizas”. ¿Qué mejor que esta imagen para ayudarme a entender lo poco que podría significar la vida para alguien que había perdido tanto?

Buba dejó de pintar hace unos años. Ahora tiene 95 años, una de solo alrededor de 2000 sobrevivientes de Auschwitz que siguen con vida. Su esposo, Luis, quien sobrevivió al campo de Mauthausen, tiene 99. Para mí, ambos personifican lo que significa ser judío: miembro de una religión que valora tanto la vida como la memoria y cree que vivimos mejor, y comprendemos mejor, cuando recordamos bien.

En este mes de conmemoración del Holocausto, vale la pena hacer una pausa y considerar cómo la memoria, y el arte, de una valiente mujer nos ayudan a ver lo que jamás debemos olvidar.

Bret L. Stephens ha sido columnista de opinión del Times desde abril de 2017. Ganó un Premio Pulitzer por sus comentarios en The Wall Street Journal en 2013 y anteriormente fue editor en jefe de The Jerusalem Post.

Ella sobrevivió el Holocausto y nos ayuda a ver lo que jamás debemos olvidar
Pintura de Buba Weisz Sajovits [1906]

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Ni Gabilondo es Illa ni Madrid es Cataluña

José García Domínguez, 140421

No, ni Gabilondo es Illa ni tampoco Madrid resulta ser una Cataluña sin contenedores de basura incendiados. Obviedades, ambas dos, en las que no parecieron reparar los estrategas de la campaña del PSOE.

Porque orientar el hilo conductor de los mensajes electorales a que en la CAM se reprodujese un movimiento similar al que llevó a que el grueso de los antiguos votantes de Ciudadanos se inclinara por el PSC, competir de modo preferente y casi exclusivo en el caladero de los huérfanos mesetarios del centro, implica no entender Madrid. Pero, sobre todo, supone no entender tampoco lo que fue –procede hablar ya siempre en pasado– Ciudadanos.

Porque Ciudadanos nunca fue un partido, sino dos. Por un lado, la organización catalana; por el otro, la del resto del país. Unas únicas siglas, sí, pero bajo ellas dos universos sociológicos que tenían muy poco que ver entre sí. De ahí que en Cataluña todos los votantes de Ciudadanos hayan vuelto ahora al PSC, su partido de toda la vida hasta que a los hermanos Maragall les dio por embarcarse en el viaje a Ítaca con escala en ninguna parte que estaban organizando sus antiguos compañeros de clase en el colegio Virtèlia. Y entiéndase la voz clase en todos los sentidos de su rica polisemia.

Pero el electorado madrileño era otra cosa. Allí, a Ciudadanos le votaban los hijos algo rebeldes, pero solo un poquito, cuyos padres eran del PP de toda la vida. Dos mundos.

La izquierda no nacionalista catalana, por un lado, y la derecha peninsular que se quería más moderna y sofisticada, por el otro. En el fondo, agua y aceite. Por eso a Illa le votaron todos y a Gabilondo no le va a votar nadie. Parece de cajón.

Pero, siendo de cajón, diríase que a Iván Redondo no se le había ocurrido. Al menos, hasta ayer. Porque el anuncio por parte de Montero, una profesional de la política que sabe lo que dice y cuándo decirlo, de la inminente subida de dos tributos tan caros a la izquierda pata negra como Patrimonio y Sucesiones esconde un giro de 180 grados en la campaña madrileña.

Es evidente, han renunciado –por imposible– al centro. Ahora, de aquí al 4-M, su pieza a batir será Más Madrid. Que se vaya preparando Errejón.

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Pedro Sánchez y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, firman el acuerdo de investidura.
Pedro Sánchez y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, firman el acuerdo de investidura.

¿Está virando el PNV hacia el PP?

Pedro José Chacón Delgado-El Español, 140421

Podremos estar en desacuerdo con la y con lo que representa el PNV en la política nacional. Pero faltaríamos a la verdad si no reconociéramos que este partido es, hoy por hoy, el mejor engrasado del panorama político español.

Y eso se evidencia en el hecho de que el PNV está en el meollo de todo lo que pasa en la política española. Y qué decir de la vasca.

Esto ha sido así desde el inicio de la Transición. Pero, más específicamente, y para lo que ahora nos interesa, desde la víspera del 1 de junio de 2018. Cuando de la reunión del órgano directivo del partido (el Euskadi Buru Batzar, formado por una serie de personas perfectamente desconocidas para la inmensa mayoría de los españoles) salió la decisión de tumbar el Gobierno de Mariano Rajoy.

Tampoco se puede decir que el PNV haya gozado siempre de ese orden interno (y de esa influencia nacional) que tiene ahora. Por su dirección han pasado personalidades tan turbulentas como GaraikoetxeaArzalluz e Ibarretxe, que han hecho crujir las cuadernas del partido.

Pero sí lo han conseguido con los dos personajes (tan aparentemente pedestres y grises) que lo encabezan ahora. Andoni Ortuzar desde el partido e Iñigo Urkullu desde el Gobierno vasco. Sin olvidarnos de la influencia en la sombra de Itziar Atutxa, la todopoderosa jefa del partido en Vizcaya, casada con Aitor Esteban, delegado en Madrid.

Existe también un simbolismo ideológico eficaz, y fácil de mantener, que se basa en conmemoraciones sucesivas a lo largo del año alrededor de la figura mítica de Sabino Arana. Personaje nefasto para la convivencia en el País Vasco, pero insustituible para mantener la cohesión del partido. Un personaje sin florituras teóricas y con efectividad sobre la militancia.

Esta tranquilidad interior le otorga al PNV una capacidad para mirar a medio y largo plazo que los demás no tienen, sumidos como andan en turbulencias internas.

¿Se puede dar estabilidad a la política nacional cuando tu objetivo político confeso es dinamitar desde dentro la unidad del Estado?

Si cuanto peor en España mejor para el PNV, ¿por qué Ortuzar se queja, como hizo hace poco, de lo negativos que han sido los nuevos partidos, Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox? Partidos a los que acusa de bajar el nivel de la política nacional. ¿Qué le puede importar a él eso, si las pocas transferencias pendientes van viento en popa?

Todos en España entendieron que la decisión del PNV de tumbar a Mariano Rajoy en 2018 fue la clave de este episodio clave de nuestra historia política reciente.

Pero créanme si les digo que, dentro del País Vasco, la opinión general era otra entonces y que se buscaban mil excusas para argumentarla. Hasta tal punto está el votante nacionalista convencido de que lo del PNV sólo consiste en barrer para casa. Nadie en el País Vasco, en fin, entiende o admite que el PNV es un factor de estabilidad para la política nacional. Aunque, efectivamente, sea así del Ebro para abajo.

La posición preeminente del PNV en el ámbito vasco, incluso cuando no disfruta de una mayoría absoluta, se basa en algo que se ignora de forma sistemática en el resto de España. Si los partidos de ámbito estatal atacaran por ahí al PNV, este lo pasaría muy mal. Pero no saben hacerlo.

Me refiero a su manejo magistral del arte del puenteo de los políticos locales.

Son múltiples y legendarios los ejemplos de esto. El último, con motivo de la reciente visita de la flamante vicepresidenta del Gobierno Yolanda Díaz, que vino a engrasar el llamado bloque de investidura y que visitó al PNV en su sede central de Bilbao, la Sabin Etxea.

¿Qué le hubiera impedido a Yolanda Díaz hacerse acompañar por la secretaria general de Unidas Podemos en Euskadi, Miren Gorrotxategi?

La misma Miren Gorrotxategi que puso como eje de su última campaña electoral para las autonómicas una alianza de izquierdas entre PSE, EH Bildu y Unidas Podemos. Su objetivo era arrebatarle al PNV su posición de privilegio pasando por encima de los lazos históricos que ensamblan las políticas del Partido Nacionalista Vasco y el PSE. Para ello contaba con el apoyo entusiasta de EH Bildu.

Ni a Yolanda Díaz ni a ningún otro político de ningún otro partido de ámbito nacional se le suele ocurrir en estos casos convocar a su representante local a este tipo de reuniones. Nada molestaría más al PNV que así lo hicieran.

Pero nadie lo hace. Y así es como el PNV presume de negociar sólo con los primeros espadas y no con los políticos que los partidos nacionales ponen aquí.

El movimiento clave en la actuación política reciente del PNV se produjo antes de la salida de Pablo Iglesias del Gobierno. Las tiranteces entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus ministros respectivos eran continuas. El PNV se quejó de que esto no podía seguir así. En ese momento, y con las transferencias pendientes ya en vías de negociación, se produce el acercamiento al PP de Pablo Casado y se retoman unas relaciones congeladas desde el verano de 2018.

El PNV dice que así se ayuda al PP a centrarse y se le ponen las cosas más difíciles a Vox. ¿Pero hay que creerles? Lo cierto es que a la única representante de Vox en el Parlamento vasco se le han puesto todas las dificultades posibles con el objetivo de disminuir su capacidad parlamentaria. No la pueden ni ver. Y lo mismo ocurre con el partido madre de Santiago Abascal. Vox es la única formación con la que jamás negociaría el PNV, que tiene tragaderas para todo lo demás.

Como segunda clave está su rivalidad de siempre con EH Bildu. Cuando, por mediación de Pablo Iglesias, se creó una red de complicidades entre Unidas Podemos, ERC y EH Bildu para apoyar al gobierno de coalición de Pedro Sánchez (la causa de que todas las semanas haya acercamientos de militantes de ETA a prisiones próximas al País Vasco) el PNV empezó a sentirse particularmente incómodo.

Su rival de siempre en el País Vasco, la izquierda abertzale, potenciada electoralmente desde el fin del terrorismo de ETA, empezaba a tener influencia en Madrid. Algo insólito en un partido que sueña con dar el sorpaso al PNV algún día.

El papel actual de EH Bildu como aliado de Pedro Sánchez escuece particularmente en Sabin Etxea. Eso nunca le pasaría al PNV con el PP. Pero, claro, el PP está lejos de gobernar.

Y si lo hace con Vox, peor todavía.

*** Pedro José Chacón Delgado es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU.

 

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Carlos García Adanero [Diputado por Navarra] a la ministra Yolanda Díaz: “Póngase a trabajar”. 14042.

. Santiago Abascal en el pleno del Congreso. 140421

. Pablo Casado interviene en el pleno del Congreso en el pleno del Congreso. 140421.

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Humor

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Ilustración de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo, 140421

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Francesc de Vinatea y el feminismo analfabeto

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  • ¿Por qué Francesc de Vinatea tiene una estatua en la plaza del Ayuntamiento?

Las Provincias, 040615

Francesc de Vinatea tiene una estatua en el Ayuntamiento de Valencia. ¿Merece tal distinción? ¿Qué hizo para recibir tal honor? Se trata de un caballero (Morella, 1273 – Valencia, 1333) que llegó a ser jurat de la capital del Reino y en cumplimiento de su cargo se distinguió en defensa de los fueros

Ser nombrado jurado le llevó a protagonizar un enfrentamiento directo con el monarca, algo que en aquellos tiempos podía ser equiparado con alta traición, un delito que acarreba la pena de muerte.

Fue durante el reinado Alfonso IV de Aragón (y II de Valencia), conocido como el Benigno. El monarca había casado en segundas nupcias con la Infanta Leonor, hermana del monarca castellano Alfonso XI. El rey quería tanto a su mujer que decidió otorgar un valioso regalo al infante Alfonso, hijo del primer matrimonio de Leonor.

No se le ocurrió mejor idea que otorgarle las principales villas del Reino de Valencia que estaban bajo la jurisdicción real (y no en poder de un noble). Entre ellas se encontraban Burriana, Morella, Xàtiva, Alzira, Sagunto, Alicante y Castellón. Una decisión que entraba en conflicto con los fueros valencianos en un claro contrafuero.

La decisión real no cayó muy bien en estas villas. Pasar a depender de un noble suponía no estar representadas en las Cortes y con ello la defensa de sus intereses quedaba mermada.

Representantes de estas ciudades acudieron al cap i casal para que se hicieran valer sus derechos y con ellos los fueros del Reino de Valencia. Además de ser un contrafuero, la decisión real atentaba directamente al gobierno pactista que caracterizaba a la Corona de Aragón. El sistema impedía una monarquía autoritaria, ya que el rey, junto a otras muchas facultades, necesitaba la autorización de las Cortes para tomar decisiones tan sensibles e importantes como aumentar los impuestos.

Vinatea fue el encargado de defender las leyes del Reino de Valencia ante el rey, una cuestión algo delicada en la época, ya que el monarca poseía prácticamente derecho de vida y muerte sobre sus súbditos. Afortunadamente el asunto no fue a mayores y el monarca revocó su decisión y los fueros se mantuvieron intactos.

Francesc de Vinatea es conocido, además, por la tajante solución que dio al adulterio de su primera mujer. Tras sorprenderla con su amante, Vinatea recurrió a los usos de la época y los mató. Posteriormente fue absuelto por el rey Jaime II.

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el último Consejo de Ministros que contó con la presencia del líder de Podemos.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el último Consejo de Ministros que contó con la presencia del líder de Podemos.EFEPOOL

Más de 2.500 jueces se dirigen a la Comisión Europea para alertar del “riesgo grave de violación del Estado de Derecho” en España

La Asociación Profesional de la Magistratura, la Asociación Francisco de Vitoria y Foro Judicial Independiente denuncian la reforma del CGPJ ante Europa

Ángela Martialay en El Mundo, 130421

Las asociaciones judiciales Asociación Profesional de la Magistratura (APM), Asociación Francisco de Vitoria (AJFV) y Foro Judicial Independiente (FJI), que representan a más de 2.500 jueces de este país, han decidido poner en conocimiento de las autoridades europeas lo que consideran un asalto al Poder Judicial llevado a cabo por el PSOE y Podemos que pone en peligro la separación de poderes en nuestro país.

Denuncian que las reformas que afectan al tercer poder del Estado se están llevando a cabo en la dirección contraria exigida por Bruselas.

Los citados colectivos remitieron ayer una carta a la vicepresidenta de la Unión Europea para Valores y Transparencia Vera Jourová y al comisario Europeo de Justicia Didier Reynders donde exponen la «situación de riesgo claro de violación grave del Estado de derecho en España».

En un hecho con escasos precedentes en democracia, las asociaciones judiciales comienzan explicando que representan a la inmensa mayoría de jueces asociados y que, «con enorme pesar», se ven obligados a recurrir a la Comisión Europea

«para poner en su conocimiento nuestra inquietud ante el actual panorama que se cierne sobre la independencia judicial en España, aun sabiendo que sólo en contadas ocasiones la Unión Europea se pronuncia sobre asuntos de organización interna».

En la misiva, los miembros de la Carrera Judicial sostienen que «a pesar de que la Comisión ha expresado ya su preocupación por la posible limitación de garantías a la independencia judicial en España, se siguen ignorando las recomendaciones que se han ido proponiendo y, desafortunadamente, se continúa en la línea de ir horadando paulatinamente la independencia judicial».

«Nos dirigimos a la Comisión Europea -subrayan- para poner de manifiesto el riesgo a que se ve sometido el Estado de derecho en España a causa de la deriva legislativa por reformas de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) en trámite. La primera reforma, ya en vigor, prevé un apagón del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), al dejarle sin funciones de designación de cargos judiciales en la situación actual y hasta que sean renovados sus componentes.

La segunda reforma prevista implica una rebaja de las mayorías exigidas en las Cámaras Legislativas para la designación de los vocales judiciales, de manera que los partidos de Gobierno por sí solos puedan decidir la íntegra composición del CGPJ». 

Estas asociaciones de jueces explican que consideran que

«está en juego la separación de poderes y la independencia judicial, que es el apoyo del Estado de Derecho, como garantía de respeto de los derechos humanos, inseparable de los valores de dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, que son fundamentos de nuestra Unión Europea; y como parte de nuestro patrimonio espiritual y moral de la Unión Europea, fundada sobre dichos valores indivisibles y basada en los principios de la democracia y del Estado de Derecho»,

en referencia a la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea.

La APM, AJFV y FJI piden a la Comisión Europea que tome conocimiento de «las reformas legislativas sobre el apagón y desapoderamiento del CGPJ y su colonización por los partidos políticos, que comprometen los nombramientos de altos cargos judiciales, así como toda la actividad gubernativa sobre jueces (disciplinaria, promoción, formación,…), y con ello su independencia e imparcialidad».

«Esta actuación pone en riesgo el Estado de derecho, lo que constituye un riesgo claro de violación grave por parte de España de los valores contemplados en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y por lo tanto, del propio Derecho de la Unión», aseguran.

Además, sostienen que desde el ámbito de competencia de la Comisión se inste al Gobierno de España a abordar las reformas legislativas que resulten compatibles con las garantías que exige el derecho comunitario.

Los jueces españoles recuerdan que la Comisión Europea, junto con otras instituciones del gigante europeo y sus estados miembros, es «responsable de garantizar el respeto del Estado de derecho como valor fundamental de nuestra Unión y de velar por que se observen la legislación, los valores y los principios de la Unión Europea».

Los togados proponen que, si los partidos políticos no abordan las reformas legislativas necesarias, se valore la procedencia de la aplicación del Reglamento 2020/ 2092 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de diciembre de 2020, sobre la posible condicionalidad de acceso a las ayudas de la Unión al respeto previo a la separación de poderes de los estados miembros.

Por último, los colectivos judiciales piden a Europa que «de no subsanarse la situación denunciada» se inicie el procedimiento previsto en el Tratado de la Unión Europea ante la constatación de «riesgo claro de violación grave por parte del Reino de España, como estado miembro, de los valores contemplados en el artículo 2 y del Estado de derecho».

Tres asociaciones alertan a la Comisión Europea de que está en riesgo el Estado de derecho.

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Que por qué la polarización

Que por qué la polarización

Los españoles tienen motivos para entregarse bien a la cólera o bien al nihilismo

Jorge Bustos en El Mundo, 130421

MADRE mía, la polarización. Aquí no hay quien viva. Ah, los españoles, pueblo atávico, cainismo incurable. Me abochorna este espectáculo. No se puede caer más bajo. Dadme una columna más alta para encaramar a ella mi fino culo de estilita y compadecer desde lo alto al infeliz hormiguero humano afanado en su mutua destrucción. Qué letanía infumable es esta, damas y caballeros.

Qué facilona perspectiva para el opinador, qué pésima literatura se hace con su fariseísmo y cuánta cobardía esconde.

No se trata de gozar en el fango goyesco hasta la cintura, comunismo va, fascismo viene. Pero se diría que no lleva ya tres años gobernando (o lo que sea) España un señor que plagió una tesis, intentó un pucherazo en la ejecutiva de su partido, obtuvo y retuvo el poder gracias a Iglesias, Puigdemont, Junqueras y Otegi y sacó el cadáver podrido de Franco en helicóptero en unas generales.

A quién escandaliza que acuse a Ayuso de falsear datos de contagio o que se ponga a asustar viejas glosando las extenuantes colas que les ha preparado el sadismo del PP. A quién sorprende que Vox no tuviera un solo escaño hasta Sánchez y hoy sea tercera fuerza si hay un edificio entero en Moncloa produciendo chatarra tóxica bajo el rótulo «Fábrica de Polarización: reformistas abstenerse». El mohín unamuniano de sentir dolor de España y pedir las sales no solo es ridículo: es que llega tarde.

La degradación de la esfera pública, notoria, tiene causas materiales muy previas a la posibilidad de que la derecha arrase en Madrid. Todos tienen motivos para entregarse bien a la cólera o bien al nihilismo. Los mayores rezan aguardando el pinchazo después de haber servido de carne de cañón al paso exterminador de la pandemia.

Los jóvenes se debaten entre engrosar el 40% de paro o trabajar por un 50% menos de salario que sus padres. Y sus padres cargan con un peso fiscal creciente y lidian con la presión darwinista de un mercado laboral en reconversión mientras una clase política devorada por el cinismo blinda sus nóminas y declara abolida la rendición de cuentas.

Marlaska, Ábalos o Celaá deshonran el cargo que todos pagamos mientras en el desván de la memoria cogen polvo las dimisiones de Bermejo, que se fue por cazar sin la licencia en regla; de Asunción, a quien se le escapó Roldán; de Corcuera o Gallardón, que unieron su destino al de sus reformas fallidas; de Mato o Soria, que se tomaron a pecho eso de que no solo hay que ser inocente sino parecerlo. Por no hablar de Màxim Huerta o Montón, protomártires de la desvergüenza sanchista.

Y luego que por qué tanta polarización.

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Preservar las palabras

Son unas elecciones a una comunidad autónoma, donde no se deciden los tipos de interés, la política penitenciaria o la forma de Estado

Félix Ovejero en El Mundo, 130421

EN MI comunidad de vecinos hay un trastornado. Entre podemita y cupero, no estoy seguro. Como es el más rico, seguro que una cosa u otra. Este año le toca presidir. Hace unos días una vecina anciana me llamó para contarme su preocupación por lo que pudiera pasar. Le recordé que aquello no era la OTAN.

Pues algo parecido pienso de la desaforada palabrería de las elecciones madrileñas y sus encendidos dilemas: «Fascismo o democracia»; «Comunismo o libertad». Se trata de unas elecciones a una comunidad autónoma, una administración territorial donde no se deciden los tipos de interés, la política penitenciaria o la forma de Estado, aunque por la trascendencia de las consignas pareciera que se dilucidan los destinos del universo.

La misma imaginería que la Europa de los años veinte con sus consejos obreros, sus escuadrones callejeros y su pistolerismo social. Preocupado por si otra vez andaba en estado lisérgico he echado una ojeada a lo que se va proponiendo y no he visto democracias orgánicas, leyes mordaza, privatización de servicios públicos, consejos obreros o expropiaciones de bancos.

Me he acordado de la historia reciente de nuestro país, de aquellos tiempos que tantos recuerdan como propicios a la concordia y al entendimiento, con una derecha entrañada en franquistas y residuos clericales y una izquierda defensora de la planificación económica y de las nacionalizaciones. Sí, entonces sí se sustanciaban asuntos importantes. Ahora cuesta encontrar a un partidario de subir los impuestos.

Inevitablemente he recordado la extendida tesis del desdibujamiento del trazo izquierda-derecha. Una tesis que niega lo que afirma: para poder hablar de desdibujamiento ha de estar clara la distinción de lo que se desdibuja, ha de tener sentido la conceptualización entre izquierda y derecha.

Por eso creo que es pertinente afirmar que la buena gestora Ayuso, con su ingeniería social y su extraordinario hospital público, ha tramitado política de izquierda. Por eso creo que hoy nuestra izquierda con su inquietante deriva autoritaria, su cultivo de las identidades, su reclamación del derecho civil anterior a la Revolución francesa o su fervor para desmontar el Estado se corresponde con la derecha más clásica, la del diecinueve. ¿Y en economía?

Pues en economía el BCE y lo que dijo el más antikeynesiano de los Premios Nobel, Robert E. Lucas: «En la hora de las trincheras todos somos keynesianos».

Cansado de especular he vuelto a mi triste certidumbre: las palabras, descarriadas, han perdido su sentido. En Sánchez, se entiende: a quien ha convertido su vida en una patraña (¡ay, esa tesis!) nada le importa. Compondrá muecas de niño inclusero pero, no les quepa duda, desde bambalinas tirará de los hilos de la crispación.

Lo de Zapatero, para que me entiendan. Pero ¿y los otros? ¿Por qué se dejan vencer por las palabras? No deberíamos olvidar la enseñanza más importante, y están siendo muchas, de la infamia catalana: las palabras hacen cosas. Hay cosas que existen porque muchos creen y dicen que existen, como sucede cuando coincidimos en que «este papel es dinero». Un Estado viene al mundo cuando muchos (países) dicen que ha venido al mundo.

Confío en que nos salvaremos de este tiempo. El primer paso consiste en preservar el sentido de las palabras de la tribu. Wittgenstein, hombre sentencioso, en sus apuntes publicados bajo el título de Cultura y valor nos recomendaba retirar de vez en cuando algunas palabras de circulación y «mandarlas a limpiar» antes de volver a usarlas.

Quizá sea esta la ocasión. Quizá todavía estamos a tiempo de preservarlas por si llega la hora, cada vez más improbable, de recuperar su recto sentido para las causas justas.

Entretanto no deberíamos olvidar que periódicamente el lenguaje incendiario provoca incendios.

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Un programa de televisión sobre la crisis del coronavirus.
Un programa de televisión sobre la crisis del coronavirus. EM

 

El papel de los expertos mediáticos

Los autores consideran que, a lo largo de la gestión del coronavirus, ha faltado más y mejor ciencia biológica, psicoconductual y médica, y más pedagogía. En cambio, ha sobrado trazo grueso y moralina.

Alberto Puig Higuera  y Sergio A. Fernández Moreno en El Mundo, 130421

SIN GÉNERO de dudas, la ciencia ha estado muy presente desde el inicio de la pandemia. Hace un año nuestra vida cambió por culpa de una entidad biológica, a priori, sumamente peligrosa y transmisible. Las preguntas nos urgían, las respuestas nos acuciaban. 

Como un remedo de la pasada crisis, donde especialistas y catedráticos en Economía satisfacían dudas y recetaban soluciones, en este último año decenas de expertos, científicos y sanitarios, más o menos vinculados a la microbiología y la epidemiología, aparecieron en nuestras pantallas, en telediarios y en tertulias, dados en hacer lo propio frente esta tremenda crisis.

Pero al igual que lo ocurrido con los expertos económicos, tampoco ahora se han identificado claras voces científicas reconociendo errores propios en la anticipación del embate de esta sorprendente crisis biosanitaria que pocos especialistas científicos preveían que ocurriera.

Esa falta de autocrítica del colectivo, lejos de animar a la prudencia tan característica y propia de la ciencia, espoleó por el contrario múltiples comparecencias de expertos en los medios y redes las más de las veces para bendecir las medidas restrictivas impuestas por las autoridades sanitarias estatales y autonómicas.

La llegada de la vacuna, un éxito innegable de la ciencia aplicada a la industria biotecnológica y cuyos verdaderos protagonistas sí han estado alejados de focos y tertulias, establece un contrapeso positivo extraordinario ante el presunto saldo ligeramente negativo cosechado por la ciencia nacional en su corresponsabilidad alícuota de un dato innegable: el exceso de contagios y el exceso de muertes en nuestro país hasta la llegada de la vacuna.

Citamos algunos presuntos errores no corregidos o no matizados por aquellos expertos más presentes.

Sobre la ventilación. Los datos estadísticos de los primeros meses, más el conocimiento clásico y acumulado hasta esa fecha sobre distintos virus respiratorios, apuntaban con claridad a que la transmisión del Covid-19 era respiratoria-aérea y en espacios concurridos cerrados. Las residencias de mayores y centros hospitalarios probaban la potencia de ese vínculo.

Incomprensiblemente, apenas hubo, durante meses, voces científicas mediáticas animando a la ventilación o aireación de esos espacios cerrados. Algunos profesionales sí empezamos a informar hace un año que esa medida preventiva e intuitiva era fundamental. La reciente reacción de la ciencia mediática viene por fin a corregir ese error que duraba demasiado.

Sobre la transmisión por superficies o fómites. La ciencia no acertó a restar atención a este vínculo epidemiológico que, tan solo probado en condiciones artificiales, no parecía tener la fuerza que se le suponía.

Conceptos biológicos como tegumentos y mucosas no respiratorios, actuando como barreras fisiológicas o partículas virales viables al exterior, no se esgrimieron. Ello aumentó la obsesión por la desinfección de todo tipo de superficies.

Sobre los contagios desde asintomáticos. Esta extendida e incontrovertible creencia dogmática exigía más literatura científica que la avalara definitivamente. Es un error no de apreciación pues hay asintomáticos que pueden contagiar, sino error de magnitud. La probabilidad de contagio probado desde asintomáticos, según la OMS (informes 9 julio y 2 diciembre), no sería alta.

Esta equivocación ha focalizado la gestión centrándola casi por entero en los individuos y en su comportamiento cotidiano combatiéndolo con baterías de medidas restrictivas en sociabilidad y en movilidad.

Todo ello ha provocado el agridulce resultado de un menor freno de contagios y muertes de lo esperado, y un impacto altísimo en salud emocional, afectiva y salud económica familiar. La mayoría de los expertos mediáticos parecen haberse sumado a la corriente general simplificando la multifactorialidad y complejidad de los fenómenos biológicos de transmisión y de nuestra sociabilidad ancestral, sosteniendo que el virus y sus cepas se transmitía rápida y fácilmente desde cualquier persona y a la mínima oportunidad aunque, un año después, el 88% de la población siga sin estar contagiada, generando una alta percepción del riesgo que era, por un lado, necesaria (mantener distancias, evitar aglomeraciones, mascarillas lugares cerrados…) pero, por otro, sobreactuada (mascarillas aire libre, parques cerrados, prohibición abrazos, toques de queda…) y parcial. Aparejando como déficit una percepción del riesgo tristemente baja ante el tándem espacios físicos cerrados y personas con factores de riesgo.

Valga como prueba: los mecanismos preventivos no funcionaban o se diluían en el interior de residencias de mayores y, sobre todo, dentro de domicilios (convivientes, mujeres cuidadoras, ancianos,…) donde los datos de seroconversión (encuesta nacional de seroprevalencia-Ministerio de Sanidad) reflejan que se han dado el mayor porcentaje de contagios.

En definitiva, ha faltado, con los metaestudios en la mano, más y mejor ciencia biológica, psicoconductual y médica, más pedagogía; y ha sobrado trazo grueso y moralina.

Los científicos y expertos mediáticos, salvo contadas excepciones, han perdido la ocasión de profundizar, afinar y ampliar los esclerotizados enfoques preventivos institucionales, y dirigirlos en mayor medida a los espacios físicos de relación cotidianos bien ventilados (domicilios, residencias, aulas, despachos, vehículos, salas espera…) y a la protección de personas con factores de riesgo, lo que a buen seguro hubiera salvado muchas vidas.

Alberto Puig Higuera es biólogo experto en salud ambiental y Sergio A. Fernández Moreno es biólogo experto en prevención de riesgos y bioseguridad.

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Hoy voy a cambiar: es posible transformarte en la persona que quieres ser
Julia Noni/Trunk Archive

Hoy voy a cambiar: es posible transformarte en la persona que quieres ser

Cuando comenzaron los cierres de emergencia por la pandemia, Catherine Steffel, médica y autora de textos científicos en Madison, Wisconsin, se percató de que su rutina diaria no había cambiado mucho. Le inquietó que su vida normal fuera tan parecida a una cuarentena.

Luego, en enero, su marido de 29 años murió de la nada a causa de un agresivo tipo de cáncer. A su esposo le encantaba navegar y volar aviones, pero Steffel siempre había sido más precavida y orientada al trabajo. En honor a su memoria, Steffel decidió acoger el entusiasmo por la vida que tenía su esposo.

“Debe haber algo más”, pensó. “¿Por qué no lo estoy haciendo?”.

Creó una lista de nuevas actividades para probar cuando fuera seguro hacerlas. Después de que termine por fin la pandemia, planea subirse a un trineo impulsado por perros, soplar vidrio y visitar una granja de alpacas.

Para darles seguimiento a estos planes, Steffel necesitará hacer cambios en su personalidad. Le agota la interacción social, así que tendrá que volverse más extrovertida: algunos de los objetivos de su lista requerirán tomar clases llenas de extraños. También necesitará ser más abierta a las experiencias, otro rasgo que precisará al probar las nuevas actividades.

Steffel ha pasado más tiempo escribiendo en un diario y haciendo yoga para mitigar su ansiedad. También empezó a ver a un terapeuta, de quien espera que le ayude a “identificar a dónde quiero ir y quién quiero ser en el futuro”. En efecto, Steffel terminará la cuarentena como una mujer nueva.

on la muerte de su marido, la vida de Steffel iba a cambiar a pesar de la pandemia. Sin embargo, otras personas también han reevaluado sus futuros en este año brutal. Hay algo en la extrañeza y tensión de la pandemia que parece haber provocado una sacudida en las vidas de algunas personas.

Después de todo, la persona que eras cuando inició la cuarentena no tiene por qué ser la misma de cuando termine. Según los científicos, la gente puede cambiar su personalidad bien entrada la adultez. Además, ¿qué mejor momento de transformación que ahora, cuando nadie te ha visto durante un año y podrían haberse olvidado cómo eras al principio?

Durante mucho tiempo se pensó que la gente tan solo es de cierta manera y que permanecerá así para siempre. El médico griego Hipócrates creía que las personalidades de las personas eran gobernadas por la cantidad de flemas, sangre, bilis negra y bilis amarilla que fluía por sus cuerpos.

Claro está, desde hace tiempo la ciencia moderna ha descartado las nociones de bilis y humores. Y ahora, parece que la idea de que nuestras personalidades son inmutables tampoco es tan verdadera. L

os investigadores han encontrado que, en tan solo unos pocos meses, los adultos pueden cambiar los cinco rasgos que constituyen la personalidad: extroversión, apertura a nuevas experiencias, estabilidad emocional, amabilidad y responsabilidad. De modo muy similar al caso de Steffel, los rasgos están conectados, así que el cambio en uno podría producir un cambio en otro.

Cambiar un rasgo requiere actuar de ciertas maneras que personifiquen ese rasgo, en vez de simplemente pensar en ello. Como dijo Richard Wiseman, profesor de Psicología en la Universidad de Hertfordshire, en The As If Principle: te puedes comportar “como si” fueras la persona que quieres ser. En poco tiempo, tal vez te des cuenta de que eres tú.

Wiseman escribe que George Kelly, un psicólogo reconocido de la década de 1950, fue tan lejos que les pidió a sus clientes que actuaran “papeles” que representaban los rasgos de la personalidad que querían adoptar. Una persona que quería ser más extrovertida tal vez debía apuntarse a hablar en público o ir a bares y hablar con extraños. Después de algunas semanas, muchas personas comenzaron a pensar que los papeles eran ellas mismas.

“Muchos de los clientes de Kelly mencionaron que el nuevo papel parecía como si siempre hubiera sido su verdadero ser y que tan solo hasta ese momento se habían percatado de ello por completo”.

De manera similar, Geraldine Downey, profesora de Psicología en la Universidad de Columbia que estudia el rechazo social, ha encontrado que a la gente excluida socialmente que quiere ser parte de un grupo le va mejor si supone que les va a caer bien a las otras personas. Deben comportarse como si fueran el chico popular. Empezar interacciones sociales esperando lo peor, como lo hace mucha gente con ansiedad social, suele ser una profecía autocumplida.

Esta ciencia detrás del cambio de personalidad se ha concretado por medio de investigaciones de reciente publicación. Por ejemplo, en un estudio, al poner más esfuerzo en sus tareas, los estudiantes se volvieron más responsables: una revocación de la noción popular según la cual los alumnos responsables ponen más esfuerzo en sus tareas. En otro, la gente pudo volverse más extrovertida o responsable en cuatro meses con solo hacer una lista de lo que querían cambiar y qué medidas debían tomar para lograrlo.

Así que, alguien que quiera volverse más extrovertido podría escribir: “Llama a Andrew y dile que almuercen el martes”. Después de suficientes almuerzos con Andrew (y presuntamente también con más gente), las personas se vuelven las extrovertidas que esperaban ser.

La terapia puede servir en este proceso. Consideremos el neuroticismo, un rasgo responsable de la ansiedad y la rumia. El neuroticismo suele disminuir de modo natural con la edad. Sin embargo, una revisión de estudios reveló que un mes de terapia —cualquier tipo de terapia— reducía el neuroticismo casi la mitad de la cantidad que se podría esperar en un declive natural durante el curso de toda una vida. Las personalidades de los individuos permanecieron distintas durante al menos un año después de la terapia.

Después del neuroticismo, la introversión fue el rasgo de la personalidad más modificable, de acuerdo con esta investigación. Como suele suceder, el neuroticismo y la introversión son los dos factores que tienen mayor influencia en la ansiedad social. Si cambias esos dos elementos de tu personalidad, puedes extinguir una gran parte de tu inseguridad personal.

Brent Roberts, un psicólogo de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, y el autor principal de esa revisión de estudios, quedó sorprendido de que una ráfaga tan breve de terapia pudiera tener efectos tan considerables.

Roberts cree que la razón de este éxito pudo ser que, cuando una persona alcanza su punto más bajo y se percata de que quiere cambiar, hay algo benéfico en contar con una presencia cálida y reconfortante disponible que brinde apoyo. El terapeuta “te envía un mensaje ambiguo de que eres una persona valiosa”, me dijo. Sirve tener gente en tu esquina, aunque sea porque le pagues por hora.

Para quienes no pueden costear la terapia, pronto podría haber herramientas digitales disponibles. En un estudio reciente de 1500 participantes, Mirjam Stieger, una investigadora posdoctoral de la Universidad Brandeis, encontró que las metas más populares para los cambios de personalidad eran la disminución del neuroticismo, así como el aumento de la responsabilidad o de la extroversión.

Stieger y sus colegas desarrollaron una aplicación que le recuerda a la gente que debe realizar tareas pequeñas para modificar sus personalidades, como “hablar con un extraño cuando vayas al supermercado”. Entonces, la aplicación les pregunta si de verdad tuvieron ese comportamiento.

Stieger encontró que las personalidades de los participantes en el estudio, de hecho, cambiaron, en comparación con un grupo de control que no usó la aplicación. Además, en un seguimiento después de tres meses, los cambios habían permanecido.

Un cambio de disposición pospandémico podría lucir como esto: alguien que llegaba tarde crónicamente antes de la pandemia podría trabajar en ser más responsable o puntual. Una manera de demostrarles a tus amigos qué tanto los extrañaste es comenzar a respetar su tiempo.

O si eres alguien que solía reaccionar con sospecha y enojo cuando un conocido cancelaba planes, podrías probar con ser más afable o perdonar los desprecios sociales menores. Incluso hacer esos planes en primer lugar podría servirte para ser más extrovertido o abierto a las nuevas experiencias.

Además, para los manojos de nervios neuróticos como yo, Stieger sugirió relajarnos durante, digamos, diez minutos todas las noches. Suena como una locura, pero se supone que podría funcionar.

A pesar de la connotación alegre, la amabilidad involucra una mayor empatía y preocupación por los demás. La pandemia ha revelado la desigualdad aterradora de la vida estadounidense y ha provocado que algunas personas —como los padres solteros y los trabajadores esenciales— carguen un peso devastador.

Al ser más amables, podemos intentar recordar la singularidad de la experiencia de cada una de las personas y ser más gentiles el uno con el otro. Aunque la pandemia terminará, sus cicatrices podrían tardar algún tiempo en sanar. Tratar a la gente con paciencia y, sí, amabilidad, ayudará en esa sanación.

Por medio de un aislamiento doloroso, el año que acaba de pasar ha revelado, contra toda lógica, el valor de las amistades y los vínculos sociales. Para quienes quieren conexiones renovadas que se han atrofiado, solidificar amistades que han migrado a Zoom o simplemente vivir de manera distinta, es muy posible lograrlo. Recuerda que tu personalidad es más como una duna de arena que como una piedra.

Olga Khazan es periodista de The Atlantic y autora de Weird, de donde se adaptó este ensayo.

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Un hombre consulta una enciclopedia.
Un hombre consulta una enciclopedia.PACO PUENTES

Qué se debe?

Nos inclinamos a creer que las calumnias políticas y las ‘fake news’ son cosa actual, un invento reciente. Lo cierto es que fue una práctica constante a partir del siglo XVIII

FÉLIX DE AZÚA en El País, 130421

Nos inclinamos a creer que las calumnias políticas y las fake news son cosa actual, un invento reciente. Lo cierto es que fue una práctica constante a partir del siglo XVIII a medida que se adensaba la nueva clase burguesa, centro y diana de todo engaño. Si ahora parece algo nuevo es tan sólo porque ha aparecido un nuevo tipo de ciudadano atontado que se cree las majaderías de internet. No es una práctica nueva, es una clase nueva.

Una de las más hermosas fake news que se pueda estudiar es la que promovió la Encyclopédie Méthodique, enorme producto de colosal influencia en todo Europa. En 1782 publicó un volumen de geografía donde apareció la maldita pregunta:

“¿Qué se debe a España? Desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace seis, ¿qué ha hecho por Europa?”. Como es lógico, el texto era un amasijo de calumnias, informes tergiversados, juicios hipócritas y sobre todo falsedades. El problema es que donde más gente lo tomó al pie de la letra fue, naturalmente, en España.

A partir de ese momento comienzan las dos greñas, la de los que la odian y la de quienes se creen obligados a defenderla. Así como las damas madrileñas se vistieron de Carmen (la de Mérimée) con perfecta candidez, así también aparecieron los “rancios” (defensores de España) y los “felones” (traidores afrancesados).

Los dos bandos iniciaban la divisoria entre ilustrados y castizos, liberales y carlistones, las dos Españas en pugna que se dan de bastonazos hasta el día de hoy con Podemitas y Voxistas. Una plaga.

La historia entera y la aparición del primer diario insumiso español, El Censor, así como la figura sulfúrica de Forner, está en ¿Qué se debe a España?, de Francisco Uzcanga. Se lee mejor que una novela porque el autor es un literato de raza.

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Foto: José Ortega y Gasset.
José Ortega y Gasset.

A 90 años de la precoz autodestrucción de la II República

En siete meses, Ortega y Gasset pasó de maldecir la monarquía a pedir la rectificación de la República porque desde el principio no se condujo como un proyecto nacional 

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 130421

Mañana hará 90 años que se proclamó en España la II República. No fue un acontecimiento revolucionario, como determinada izquierda pretende que se crea y como secunda un sector de la derecha.

El régimen de la Restauración de la monarquía alfonsina (Alfonso XII y XIII) cayó por su propio peso después de unas elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931 en las que las candidaturas republicanas se impusieron en las capitales de provincia aunque, en conjunto, ganasen las monárquicas. Pero la clase dirigente interpretó —con acierto, todo hay que decirlo— que esos comicios reclamaban un cambio de régimen.

Por eso, Álvaro de Figueroa (*), conde de Romanones, a instancias del rey Alfonso XIII, se dirigió la mañana del 14 de abril de 1931 al domicilio de Gregorio Marañón para, en terreno neutral, parlamentar con Niceto Alcalá Zamora y sellar el armisticio.

El que fuera primer presidente de la II República —no precisamente un izquierdista y con una biografía de amplia colaboración con la monarquía— exigió que el Rey saliese ese mismo día de España “antes de ponerse el sol”. Como Romanones se resistiera —de forma leve y sin convicción—, Alcalá Zamora descargó su argumento definitivo: había recibido una llamada del general Sanjurjo, responsable máximo de la Guardia Civil, adhiriéndose a la causa republicana.

Ahí acabó todo: pocas horas después, Alfonso XIII viajaba a Cartagena rumbo a Marsella después de constatar que había perdido “el amor de su pueblo” y con el propósito de que no se “vertiera una gota de sangre” por su causa. Al día siguiente, 15 de abril, la Reina consorte y sus hijos salieron desde el Escorial hacia el exilio. La II República ya había sido proclamada.

Los sucesos de aquel 14 de abril en Madrid los relató Josep Pla (*) de manera magistral: “Todo el entusiasmo popular tuvo casi siempre un aire de verbena; a veces en la Puerta del Sol, llegó a adquirir una densidad emotiva profunda e inolvidable. La gente estuvo correctísima y la propiedad fue absolutamente respetada.

Alguna anécdota de carácter anticlerical se produjo en los suburbios, pero no puede decirse que aquello acabara dando tono al espectáculo”. Más adelante, el escritor catalán se refería a la caída del régimen en unos términos agónicos, sin presentar resistencia alguna, subrayando que “el Rey (…) ha estado dominado estas últimas horas por una suerte de serenidad terrible e impávida”.

No hubo, pues, ni revolución ni asalto al Palacio Real —pese a que la noche del 14 de abril allí estuvieron instalados hasta la mañana siguiente la Reina, el heredero y los infantes e infantas—, y solo se produjo una explosión de “pulmones rotos y garganta ronca”, en expresión de un Pla que aportó en sus crónicas sobre la II Republica española claves de interpretación de gran valor.

La Restauración fracasó por la suspensión constitucional de 1923 con ocasión del golpe de Miguel Primo de Rivera

La Restauración fracasó por múltiples circunstancias, pero, en particular, por la suspensión constitucional de 1923 con ocasión del golpe de Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, que, con la aquiescencia del Rey, formó un Directorio Militar que duró hasta 1925 —seguido de un Directorio Civil (1925-1930)—.

Durante esos años, la monarquía constitucional dejó de serlo y el Rey se entregó a una pulsión autoritaria al calor de la que surgió la utopía republicana alimentada por la izquierda, sí, pero también por una intelectualidad laica, liberal y abierta sin cuyo concurso el cambio de régimen seguramente no se hubiese producido.

Ortega y Gasset (*) quintaesenció el impulso republicano mediante una larga labor de años en los que disertó y escribió sobre las taras del régimen de la Restauración hasta llegar a 1930 y lanzar aquella consigna irreversible: “Delenda est monarchia”. El filósofo madrileño constituyó en 1931 la Agrupación al Servicio de la República con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, cuyo primer objetivo fundacional consistió en “movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española”.

Ortega creía en una nación de auténticos republicanos, apostaba por un cambio de régimen pacífico y por una República nacional y sin radicalismo. Por eso, el mismo intelectual —el más grande de todos los españoles en el siglo XX— pronto avisó del “no es esto, no esto” en un artículo titulado “El aldabonazo”, publicado el 9 de septiembre de 1931 y cuyo párrafo final decía:

“Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ‘¡No es esto, no es esto!’. La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo”.

La II República acabó malográndose desde sus mismos principios porque resultó atrapada por el sectarismo y la radicalidad

Pero tres meses después, el 6 de diciembre de 1931, Ortega y Gasset pide abiertamente la “rectificación de la República” en una conferencia pronunciada en el Cinema de la Ópera de Madrid. El texto de la disertación es denso y matizado, pero contiene el diagnóstico que, pocos años después, frustraría el nuevo régimen.

Denunció el filósofo la “chabacanería” que inundaba España, la “flojedad” de mentes y la falta de “disciplina” que observaba. El orador advirtió de que la República no estaba sumando sino restando, por lo que era “preciso rectificar” su perfil.

Denunciaba que a los siete meses de su proclamación, “nos han hecho una República triste y agria” y añadió que en ese tiempo había “caído la temperatura del entusiasmo republicano y trota España, entristecida, por ruta a la deriva. Y esto es lo que hay que rectificar” porque “apenas sobrevenido su triunfo comienza ya a falsearse”.

Con sutileza y cautela, Ortega y Gasset desmenuza el anticlericalismo estéril —él que se proclamó laico y “no católico” y criticó con una dureza extrema a la Iglesia—, la exigencia de “pureza de sangre republicana”, la preferencia por el Comité revolucionario en vez de por un Gobierno y, en fin, el radicalismo que se estaba instalando.

Ortega creía en una nación de republicanos, apostaba por un cambio de régimen pacífico y por una República nacional y sin radicalismo

La II República no puede falsearse: se frustró sola y así lo denunciaron muy pronto las cabezas más relevantes que reclutaron a la intelectualidad para traerla “en unas elecciones, no en una barricada”, como bien recordó el autor de ‘FF’.

Y a ese autor habría que remitirse en este 90 aniversario de la proclamación de la II Republica para entender cómo su “natividad” (sic de Ortega) fue con intención de tránsito nacional y no de vencimiento de “los unos sobre los otros”.

En otros términos, la II República —que pudo haber sido una experiencia de éxito— acabó malográndose desde sus mismos principios temporales porque resultó atrapada por el sectarismo y la radicalidad.

Y al conmemorar la efemérides, habrá que centrarse en lo nuclear de la historia de nuestro país: el disenso, la incapacidad de mantener en el tiempo, con correcciones reformistas y no revolucionarias, nuestro sistema de convivencia.

Serviría pues este abril de 2021 para en esta España democrática —con una Constitución de vigencia constante durante ya casi 43 años— perseverar en los valores de la conciliación, la tolerancia, el respeto y la contribución a la construcción de un proyecto común en el que se combine lo que une y diferencia como un caleidoscopio de nuestra pluralidad. Lo que no consiguió, ni en sus primeros pasos, la II República.

(*) ‘Romanones. La transición fallida a la democracia’. Guillermo Gortazar. Editorial Espasa.

(*) ‘La Segunda República española. Una crónica 1931-1936.’. Josep Pla. Prólogo de Valentí Puig y edición de Xavier Pericay. Editorial Destino.

(*) ‘Obras completas’. José Ortega y Gasset. Tomo IV. 1926-1931. Editorial Taurus.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Mitin de Rocío Monasterio y Santiago Abascal. 130421.

. Entrevista a Eduardo Inda: ¿Le asusta la demanda de Pablo Iglesias?, con Javier Negre. 130421

 

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Humor

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Gallego & Rey
Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 130421

 

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Burrocracia europea

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  • Científicos vuelven a criticar en ‘The Lancet’ el caos con los datos de Covid en España

20Minutos, 101020

La revista científica The Lancet ha vuelto a convertirse en la plataforma elegida por los expertos para exponer públicamente su opinión sobre la gestión de la pandemia de coronavirus en España. Si el pasado mes de agosto una veintena de especialistas pedían una auditoría nacional para examinar cómo se había gestionado la crisis sanitaria, otro grupo de científicos ha exigido ahora por carta una información más precisa sobre los datos de Covid-19 en España, ya que las cifras aportadas hasta la fecha son “insuficientes”.

La misiva, titulada ‘La necesidad de datos detallados de COVID-19 en España’publicada este viernes en The Lancet, la firman Sergi Trias-Llimós, Ainhoa Alustiza, Clara Prats, Aurelio Tobias y Tim Riffe. En ella, los investigadores apuntan que desde el pasado 19 de mayo “no se han proporcionado datos desglosados en las actualizaciones diarias” que realiza el Ministerio de Sanidad. Si bien reconocen que el Centro Nacional de Epidemiología ha mejorado los datos sobre los recuentos totales por región, que “se actualizan y revisan a diario”, los datos específicos por edad “se proporcionan solo en publicaciones semanales, sin detalles geográficos ni correcciones retrospectivas, y con recuentos acumulativos tabulados solo desde mediados de mayo en adelante”.

Asimismo, los cinco expertos reconocen que los datos de Covid-19 que el Ministerio de Sanidad facilita “dependen de las 17 comunidades autónomas de España”. Cinco de estas comunidades, prosiguen, “ofrecen de forma independiente métricas Covid-19 seleccionadas, desglosadas por edad y sexo, pero los datos proporcionados no siempre son comparables en estas pocas regiones”, lamentan.

En este sentido, los firmantes de la carta han recordado cómo otros países del mundo —y citan expresamente a Países Bajos, Alemania, Filipinas y México— han publicado abiertamente “actualizaciones diarias coherentes y exhaustivas de casos y muertes detallados de Covid-19, incluidas las desagregaciones por grupo de edad, sexo y área geográfica”. Para los investigadores, “los datos precisos y detallados son esenciales para comprender la pandemia y orientar las políticas”, aseguran.

Además, desde su punto de vista es “fundamental” examinar las diferencias entre países para “medir el impacto de las diferentes políticas de salud preventiva y para diseñar mejores políticas que reduzcan los riesgos para la salud asociados con la Covid-19″.

Para estos investigadores, los datos que publica España a nivel nacional y por comunidades “son insuficientes para comprender la dinámica de la Covid-19 y tomar medidas“.

Por este motivo, prosiguen, instan a las autoridades sanitarias a que “publiquen actualizaciones diarias consistentes de datos abiertos sobre pruebas, casos, hospitalizaciones, ingresos a unidades de cuidados intensivos, recuperaciones y muertes, incluidas las correcciones de series retrospectivas en curso. Cada una de estas variables debe desglosarse por edad, sexo y detalle geográfico, para monitorear mejor los impactos demográficos de la pandemia y para informar mejor una respuesta de salud pública”, concluyen.

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Pablo, camino del WC para darse un agua y esperar a su presa

Higiene sexual

Santiago González en El Mundo, 120421

España empieza a ser un país fallido por la derogación de la palabra en que se empeñan las clases dirigentes, pongamos que hablo de sanchistas y podemitas, de Pedro y Pablo, su mejor sostén, el segundo mentiroso de España, según Álvarez de Toledo.

La última fue ayer: “que (José Bono) haya dicho de Julio Anguita que era pobre intelectualmente me parece indecente. Esa indecencia engrandece más el ejemplo, político e intelectual, de Julio”. Por qué la indecencia de Bono puede engrandecer a Anguita es gran misterio de la epistemología moderna, teniendo en cuenta lo que este mismo tipo decía del mismo Julio Anguita el 1 de marzo de 2013 en Zaragoza para entretener a la UJCE: “Hay mucha gente que quiere resucitar a Anguita.

Es como el cadáver del Cid. Muchas gracias por los servicios prestados, pero tiene que tomar ejemplo de Joseph Ratzinger: coger un helicóptero, irse a Castelgandolfo, a la mierda o adonde quiera…”

Por aquel entonces era su compañero inseparable Juan Carlos Monedero, ‘Juanqui’ en la intimidad, que el pasado 15 de marzo declaraba ante el juez Escalonilla por una factura que parecía ful: “Seguramente pese a ser doctor en Ciencias Políticas no voy a poder dar clases de cómo se hace bien una factura”.

“Hijo mío, le decía un labrador de mi pueblo a su hijo seminarista; “llevas diez años en el seminario y no has aprendido a aparejar la burra”. No saber hacer una factura y diseñar un sistema financiero, hay que ver.

Monedero le acompañaba en el magreo de sus alumnas, según le contaba una de ellas, Fernanda Freire, a Leyre Iglesias. Juanqui es un sobón sin distinción de credos, no es que lo diga ella; todos hemos visto fotos suyas sobando  a Soraya y a Yolanda.

A la joven Fernanda le tocó la cintura como la hiedra toca altura, agapimú. Pablo Iglesias, el de las miradas lujuriosas de Rita, la partisana, le entró con invitación obscena: “Voy al baño a refrescarme; te espero ahí”. Ella lo cuenta sin dramatismos metoo. Entiende que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Cuando él se fue al lugar de la emboscada, pagó su cerveza y se marchó.

Iglesias revela ser un guarro según un relato que tiene el aroma inconfundible de la verdad. Ruby Tuesday, que amén de un título magistral de los Stones es una avezada tuitera, daba ayer un consejo prudente para chicas: “Si te dice ‘voy al baño a refrescarme’, es que ha salido de casa sin ducharse. No te lo folles”.

Deberían tener en cuenta además que este tipo tiene los hábitos de la mantis religiosa: devorar a sus parejas durante la cópula. O en la cúpula, que viene a ser lo mismo. Dirán que en el caso de mantis es la hembra la que se come al macho, pero él es una cosa y su contraria: es el macho alfa o el más femenino de los hombres, según convenga.

Ahora ha dicho que no se postulará para dirigir más el partido, mientras pide la pensión de exvicepresidente, señal de que no piensa ejercer de parlamentario autonómico. ¿Qué pensará de todo esto Irene Montero?¿Yo sí te creo, Fernanda?¿Y de la higiene de su galán? No la tengo por inteligente, pero limpia sí parece.

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No, no, no
Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto

 

No, no, no

El ‘show’ televisivo de Telecinco en torno a la figura de Rocío Carrasco permite a la autora reflexionar en torno a la responsabilidad de las élites mediáticas y a la deriva populista e identitaria de los líderes de la izquierda

Cayetana Álvarez De Toledo en El Mundo, 120421

«LA audiencia de Ya es mediodía decide que, a viernes 19 de marzo, apoya a Antonio David Flores en su conflicto con Rocío Carrasco».

Lo de audiencia en minúsculas tuvo que ser una errata. Debieron escribir Audiencia y añadir Nacional. El programa, dirigido nada menos que por una periodista curtida en los tribunales, había animado a la gente a votar la inocencia o culpabilidad de un hombre. Cuatro días más tarde, tras el exitazo dominical, sus productores volvían a colocar otro rótulo en pantalla:

«Vota. Tras ver el primer programa de Rocío Carrasco, ¿a favor de quién estás: de Antonio David o de Rocío?»

No sé si conmovidos por el testimonio de Rociíto los espectadores de Telecinco cambiaron de opinión ni me interesa. Lo relevante es que una cadena de televisión se erija en tribunal. Bueno, en tribunal. Eso exigiría guardar cierto respeto por los procedimientos y las garantías procesales, empezando por el principio de contradicción. Y aquí nadie se ha tomado el trabajo de examinar no ya la versión del presunto inocente sino la de los jueces: los hechos probados.

Ni siquiera para refutarlos. «¡Que somos tertulianos, oiga, no peritos!» Se nota. Aquí lo único que ha valido, sobre todo en la primera acepción del verbo, son las lágrimas de la presunta víctima. El poder del corazón y el corazón al poder. Abajo los sesos. Aquí el principal condenado es el Estado de derecho. Es decir, usted y yo.

SupervivientesSálvameSalvados… Más que nombres de programas, parecen alusiones a la tesitura del ciudadano en la selva populista. «La culpa es del pueblo», te dicen, «le encanta el circo». Quizá. Aunque habría que liberalizar la oferta mediática y ver qué pasa. Y, en todo caso, la responsabilidad del ciudadano no exime a la élite.

El poder obliga. Y el poder es inmenso. Hace un año, en una entrevista en Onda Cero, dije que había medios en España que hacían negocio con la erosión de la democracia. Cuando Carlos Alsina me preguntó a quién me refería contesté que a La Sexta. Fui prudente. También lo hace Mediaset, el grupo que junto con Atresmedia ostenta el oligopolio de la televisión en España. Y hasta la Televisión Española de Cintora y los impúdicos émulos de TV3, más que vertebradora, invertebrada.

En una democracia, ¿se puede criticar a los medios? Sí, y al Rey y a un gay. Siempre y cuando la crítica esté sometida a la razón. Señalamientos para amedrentar, no. Vídeos contra periodistas para asomar la cabeza en campaña, ahórrenselos. Y, sobre todo, ¿se puede discutir una resolución judicial? Por supuesto. Yo discrepo de la sentencia del 1 de Octubre porque reduce los hechos de Puigdemont y Junqueras a una ensoñación de Puigdemont y Junqueras. Y qué habría sido de tantos inocentes y tantos culpables sin la mirada incisiva, exigente, rigurosa de un periodista durante un proceso judicial o incluso después. J’accuse…! 

Pero ni Rociíto es Dreyfus ni Jorge Javier, Zola. En nuestra atrofiada ágora no se están discutiendo racionalmente los hechos de un caso con el ánimo y la esperanza de llegar a la verdad. Se está instaurando una verdad paralela subjetiva, sentimental, cochambrosa, puramente populista, que enmienda la verdad judicial y la invalida. Es decir, se está liquidando la propia idea de la verdad y, con ella, cualquier posibilidad de mantener una conversación no ya civilizada y constructiva, sino pacífica.

Tu verdad contra la mía y lo resolvemos a gritos. En el mejor de los casos… Es lo que vino a decir el socialista Montilla con esta frase nuclear del proceso separatista catalán: «Los tribunales no pueden juzgar sentimientos». La relación no es casual. No hay caldo de cultivo más favorable a un nuevo despotismo de post-juicio que la identidad.

Medio siglo después de Mayo del 68 y, sobre todo, diez años después de Tony Judt, algunos jóvenes progresistas ilustrados por fin empiezan a asumir que la identidad ha sustituido a la igualdad como el gran tótem de la izquierda y que esto supone una regresión. Ovejero ya no está solo; bienvenido Soto Ivars.

La identidad es el neo-Dios al que la hueca moral dominante nos obliga a rendir pleitesía. Una nueva forma de religión y, como todo separatismo, incompatible con la democracia. Lo dijo Macron en referencia al islamismo: es separatista porque crea una legitimidad paralela a la republicana, que socava la comunidad de los libres e iguales.

Su reflexión es igualmente válida para cualquier expresión identitaria, desde el nacionalismo, centrífugo o centrípeto, hasta el feminismo de tercera ola que tan perfectamente representa nuestra insólita ministra de Igualdad.

«El testimonio de Rocío Carrasco es el de una víctima de violencia de género. #RocíoYoSíTeCreo». No sé si Irene Montero se paró medio segundo a reflexionar antes de dictar su sentencia-tuit. Prefiero pensar que no.

Tampoco lo habrá hecho la portavoz socialista, Adriana Lastra, antes de condenar a un hombre en prime time: «Rocío Carrasco es una mujer valiente, una superviviente. [¡Supervivientes!]. Su testimonio tiene un gran valor para visibilizar la violencia de género. No pararemos hasta que la vida sea segura y libre para todas las mujeres. #RocíoVerdad1».

No se pararon ni pararán, bien. Pero, ¿y si la cabecita que rodara por el plató fuera la del padre, hermano o pareja de alguna de las dos? La del propio Pablo Iglesias, por qué no. Hay que pararse, sí. Concreta y enérgicamente ante estas cinco palabras:

«Yo sí te creo, hermana».

La frase, consigna del nuevo separatismo, lo tiene todo. El «yo» afirma la primacía de lo subjetivo sobre lo objetivo. El «te creo» antepone la opinión, una fe cuasi-mística, al hecho probado. El «hermana» reivindica la identidad colectiva. En este caso, un feminismo que se ha vuelto puritano y pendenciero. Juntos, estos tres elementos impugnan el Estado de derecho y estimulan el conflicto social.

Porque, si las opiniones se convierten en hechos y los hechos en opiniones, cualquier persona implicada en un litigio podría preguntarse: «¿Y por qué sus percepciones valen más que las mías?» Y, con toda la legitimidad de un mundo sin legalidad, lanzarse a la caza de seguidores para afirmar su verdad. Y entonces, ¿quién será inocente? ¿El que movilice más audiencia o consiga más likes?

¿El que llore más fuerte? El que no llora no mama y el que no mama es un gil, cambalache. ¿Y quién será culpable? ¿Lo decidirán en votación, clic, clic, los espectadores del oligopolio? ¿O directamente Irene y Pablo desde la piscina de Galapagar? Y aun decía el sábado El País, por boca de una magistrada, que convendría trasladar el modelo Rociíto a la Justicia ordinaria: testimonio televisado, sin cortes ni apenas injerencias, si acaso unas pocas preguntas planteadas por un psicólogo, para que la mujer pueda «contar libre su verdad». Y el hombre penar en la cárcel sin las garantías de un proceso justo.

QUIZÁ SEA ESTO lo que nos distinga de Francia: aquí el ataque populista al demos se produce desde las propias instituciones del Estado. Por eso, además de una reflexión sobre la responsabilidad de las élites mediáticas, el caso Carrasco exige una lectura política. Otra frase que me trajo problemas: «¿De verdad van ustedes diciendo:

‘Sí, sí, sí, hasta el final?’»

En directo, la futura ministra de Igualdad me acusó de legitimar la violación. Dos años después, el Consejo General del Poder Judicial, por unanimidad todas las ideologías, todos los géneros, emitió contra su proyecto del solo sí es sí un dictamen devastador. Montero contestó: «Será Ley». Debió decir: «Seré Ley».

Pablo Iglesias es un político fracasado. Por eso trabaja para el fracaso de la política. Es decir, para el triunfo del populismo y la demolición de la democracia. Sólo le queda un camino, una vuelta de Tuerka. Lo ha demostrado en Vallecas. Ni él ni sus ministros y portavoces han condenado la violencia contra un adversario político, en este caso Vox.

Al revés. Han jaleado a la turba y justificado sus pedradas. Iglesias aspira a ser un híbrido entre Otegi, Ortuzar y Puigdemont: mis escuadrones en la calle, mis peones en las instituciones y mi poder en las televisiones. Su figura sería marginal y hasta patética si no fuera por la complicidad de Pedro Sánchez y la degradación de las élites.

Pocas veces había sido tan necesario un periodismo de calidad, inmune al cinismo, inasequible a la demagogia, combativo con la ignorancia y comprometido con los hechos. Porque la verdad no es una opinión. Y porque en su fariseísmo y su frivolidad los agitadores mediáticos y políticos del show de Rociíto no juegan con la reputación de un zascandil, sino con la libertad de todos.

Cayetana Álvarez de Toledo es diputada nacional del Partido Popular por Barcelona.

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El asunto Foucault

 

El asunto Foucault

Guy Sorman en ABC, 120421

De todos los defectos de carácter, la hipocresía me parece el más perverso. Acabo de experimentarlo personalmente al desencadenar una bomba mediática llamada Michel Foucault. Foucault, filósofo francés fallecido de sida en 1985, es uno de los santos de la izquierda universitaria, sin duda el último después de Jean-Paul Sartre.

Michel Foucault es particularmente actual, porque los movimientos transgénero antirracistas y anticoloniales, tanto en Europa como en Estados Unidos, están de su parte. Básicamente, su obra consiste en denunciar los abusos de poder, políticos y sexuales, que se esconden detrás de normas y leyes. Cuestionó, con influencia, los manicomios, porque le parecía que los locos no estaban realmente locos desde el momento en que se redefinió la noción misma de normalidad.

oucault también defendió el derecho al placer sexual de los niños y en 1977 abogó por la legalización de la pedofilia. Nunca se planteó la cuestión del consentimiento, ni de los trastornos psicológicos que la pedofilia puede provocar a sus víctimas. ¿Era Foucault, más allá de sus posiciones teóricas, un pedófilo?

Cuando lo conocí en Túnez, donde estaba enseñando, en 1969, le vi comprar favores a muchachos que debían de tener 10 o 12 años. Lo que más me sorprendió en aquella época, aún más que su pedofilia, fue su colonialismo. En Francia no habría osado comportarse así abiertamente, pero en Túnez, sí. ¿Porque era una antigua colonia?

¿Porque esos niños eran exóticos? Para que conste, medio siglo antes, André Gide había elegido la Argelia colonizada como coto de caza para su pedofilia. Pero Gide confesó y mencionó en sus ‘Memorias’ su incapacidad para controlar su cuerpo, en dolorosa contradicción con su educación cristiana. Foucault, un homosexual declarado, nunca dio explicaciones sobre su pedofilia; nunca se aplicó a sí mismo su método de detectar el abuso de poder. Nos habría gustado leer a Foucault haciendo de Foucault sobre Foucault; nunca sucedió.

Así que lo he hecho yo por él en un capítulo del nuevo libro que acabo de publicar en París, ‘Mon Dictionnaire du Bullshit’ [Mi diccionario de tonterías]. Al revelar la pedofilia activa de Foucault, no esperaba una explosión mediática, porque, en el fondo, no estaba revelando una gran novedad. Sin embargo, ha habido reacciones violentas en todos los países donde Foucault es un gurú: Francia, Alemania, Estados Unidos,

Gran Bretaña, Chile, Argentina… Podemos dividir estas reacciones en dos categorías igualmente simplistas. La derecha, para simplificar, se alegra de que este tótem de la izquierda se derrumbe bajo el peso de su hipocresía; el pseudoliberador era un imperialista pedófilo. La izquierda me ataca a mí, acusándome de haber inventado esta vileza para desestabilizar a Foucault y sus seguidores.

En realidad, mi propósito es completamente diferente. Me limito a constatar que los intelectuales franceses han disfrutado durante mucho tiempo de privilegios de tipo aristocrático. Esto se remonta a Voltaire, teórico de la doble moralidad; creía que la religión y las normas cristianas debían aplicarse al pueblo, pero no a las élites ilustradas. Estos privilegios de la aristocracia del espíritu, y del dinero, por supuesto, han durado desde Voltaire hasta Foucault.

Este último no consideraba que se le pudieran aplicar las leyes, y cuando le parecía que vulneraban su libertad, pedía que las anularan, como las leyes contra la pedofilia, por ejemplo.

Esa era de doble moralidad ha terminado, principalmente bajo la influencia de las redes sociales; la revolución técnica ha precedido a la revolución moral. Un reciente ministro de Cultura francés, Franck Riester, resumió bien la nueva situación.

«El talento -dijo- ya no excusará el crimen». La caída simbólica de Foucault es, por tanto, una nueva manifestación de esta revolución, de la que el #MeToo es otro aspecto: fin de la doble moral, exigencia del consentimiento, derecho a hablar para las víctimas, en primer lugar para las víctimas.

Como cualquier revolución, esta también puede tener consecuencias nefastas: se culpa a personas inocentes, sin pruebas. En esta negación a priori de la inocencia reconocemos cualquier revolución. La revolución también provoca violencia y resistencia; sufro ataques violentos (verbales o escritos, por lo tanto, soportables) por haberme atrevido a atacar a Foucault, aunque en realidad no estoy atacando a Foucault, sino a la hipocresía de la doble moral.

¿Temerán los que protestan perder sus privilegios aristocráticos? Desde luego que sí. Y cualquier revolución suscita una contrarrevolución; recordarán que Catherine Deneuve, el símbolo sexual del cine francés, firmó una petición acusando al #MeToo de querer imponer el ‘puritanismo’ estadounidense frente a la seducción a la francesa. También se me acusa de querer ‘anular’ a Foucault, importar a nuestra Europa tolerante la ‘cultura de la anulación’ en boga en Estados Unidos. También en este caso, mi posición es diferente: animo a leer a Foucault, pero sabiendo quién era, y a interrogarse sobre la relación entre una obra y su creador, eterna pregunta sin respuesta.

La pregunta vale también para André Gide, Paul Gauguin, Miguel Ángel o Marcel Proust. Conocer sus costumbres no impide apreciar su trabajo, sino hacerlo con una mirada informada. Además, no es imprescindible ser un pervertido para convertirse en artista o filósofo; Matisse y Cézanne llevaban vidas burguesas, Romain Rolland y Camus también.

Guy Sorman

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Что делать, если ребёнок плохо ест - Лайфхакер

Niño malo

Algo en Sánchez sabe, o más bien intuye, que el noble pueblo es menor de edad, y que los niños niños son

Juan Carlos Girauta en ABC, 120421

Como regla general, lo que diga Sánchez no importa. Si a esto le añadimos la conveniencia de abandonar el periodismo de declaraciones -y no digamos el columnismo de declaraciones- no parece quedar hueco para las últimas tochuras del presidente. Pero es que, encima, el hombre las ha vertido en un acto electoral, maniquí ante maniquíes.

Qué soledad tan sola, que diría aquel. No siendo la arenga de campaña el mejor género para un orador fino y cultivado, pues todo lo circundante aplasta su discurso y lo mantiene pegado al suelo, ¿qué no cabrá esperar de quien se mantiene intelectualmente virgen y, según cuentan las malas lenguas, se resiste a abrir su propia tesis?

Pues bien, con todo y con eso alguna enseñanza obtendremos venciendo tan fundados reparos. ¿Y cómo es eso? Por razón de un rasgo extraordinario que adorna al traje vacío de Moncloa; un atributo -si así puede llamársele- escasísimo; una exacerbación del vicio más feo de los niños más incorregibles de los parvularios más salvajes.

Hablo de la proyección freudiana en su variante paupérrima. Tan lastimosamente despojada de gracia que la propia invocación del escritor de ficción austríaco puede sentar como una bofetada a sus seguidores.

Pedrito rompe el cristal de la ventana, vierte el contenido de la papelera sobre Isabelita y hace caca, impertérrito, sobre el mural de Santiaguín. Cuando la señorita regresa al infantil pandemonio, Pedrito corre a contarle con la respiración entrecortada, la cara encendida, los brazos agitados, que Isabelita le ha volcado encima la papelera, con la cual ha roto a continuación el cristal de la ventana de un golpetazo, para terminar celebrando un incomprensible espectáculo escatológico junto a Santiaguín.

Algo en Sánchez -un sentido poco estudiado por los especialistas, un reflejo evolutivo raro- sabe, o más bien intuye, que el noble pueblo es menor de edad, y que los niños niños son. Que la clase reaccionará como cabe esperar. Prevé que la mayoría sufrirá una inmediata disonancia cognitiva, pero… Pero lo emocional siempre puede más, y Pedrito está ciertamente indignado. Fíjate, si me siento cargado de razón.

En las almas infantiles que han presenciado los hechos ciertos y la denuncia falsa, los límites se difuminarán pronto y, antes de dos minutos, lo realmente percibido habrá quedado sepultado bajo la convincente rabieta del gamberro y mentiroso patológico. El resto lo harán los gritos con que la señorita -notaria de oídas de la realidad- va a amonestar a Isabelita.

Que serán de aúpa, no una regañina cualquiera, no, sino amenazas de expulsión. Porque los hechos son demasiado graves, se dice Pedrito, presa ya de su propia red de mentiras como todo buen farsante. ¡Aquí hay destrozos, aquí hay barbarie! Pedrito se ha subido a un pupitre antes de exclamar lo anterior con los ojos húmedos.

¡Y la clase apesta, caramba! ¡Ayuso no deja de enredar con la vacunación!

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Foto: El presidente del Gobierno Eduardo Dato fotografiado por Kaulak
El presidente del Gobierno Eduardo Dato fotografiado por Kaulak

La memoria democrática: a propósito de Eduardo Dato

Los aniversarios sirven para honrar a quienes han contribuido con su grano de arena, de la dimensión que sea, a construir nuestro país

Francesc de Carreras en El Confidencial, 120421

Hace un mes se cumplió el centenario del atentado terrorista que costó la vida aEduardo Dato. Dada la creciente ignorancia de la historia, debida a la cada vez más escasa atención que se le presta en los planes de estudio de las enseñanzas primaria y secundaria, muchos se preguntarán de quién se trata, qué hizo para que le recordemos y cuál es su importancia y significación en la historia de la España contemporánea.

Los aniversarios sirven para honrar a quienes han contribuido con su grano de arena, de la dimensión que sea, a construir nuestro país. En este caso, la repercusión de esta figura histórica ha estado casi ausente de los medios de comunicación. Resulta meritorio, por tanto, que sea el Gobierno quien se haya preocupado en honrarle.

Más o menos, un español de cultura media, tiene una vaga idea de quienes son Cánovas del Castillo y Sagasta, Maura y Canalejas, para citar personajes políticos de la Restauración de la monarquía, este período de la historia de España que abarca desde 1874 a 1923. Pero no va más allá.

Quizás el conde de Romanones, por ser un personaje popular, o Francisco Cambó por ser el principal líder catalanista de ámbito nacional. Pero difícilmente sabrá ubicar, con un cierto conocimiento, a Francisco Silvela, Manuel Alonso Martínez o Raimundo Fernández Villaverde, a pesar de ser recordados en calles y plazas de Madrid y de otras ciudades, o en dar nombre a estaciones de metro de la capital. Así también Eduardo Dato.

Sin embargo, lo significativo es que en el aniversario de su trágica muerte ha sido recordado dentro del ámbito de lo que se denomina memoria histórica, hoy memoria democrática, competencia de la vicepresidencia primera del Gobierno.

Y este es un punto importante a destacar porque este discutible y discutido término, el de memoria histórica, ha sido utilizado en los últimos años más para dividir a los españoles en buenos y malos, según se alineen a izquierda o derecha, que en recordar los hechos históricos con la mayor objetividad posible. Saber historia es, a mi parecer, la base fundamental para entender la política.

Pues bien, quizás con este aniversario las cosas estén clarificándose. En efecto, el Gobierno decidió conmemorar la muerte de Dato en dos sesiones de estudio de su figura celebradas en la Real Academia de Ciencia Morales y Políticas, que actualmente preside don Miguel Herrero de Miñón y que fueron inauguradas por la vicepresidenta primera doña Carmen Calvo, la cual pronunció un breve, pero sustancioso e innovador discurso. Tanto este como las intervenciones íntegras de los ponentes pueden verse en la web de dicha Academia.

“El presente no te sorprende cuando se conoce la historia de España”, fue la frase con la que inició su intervención Carmen Calvo

Contrariamente a lo que se ha entendido hasta ahora por parte de muchos intrigantes de la historia, la vicepresidenta precisó lo que debe entenderse por memoria democrática.

No debe circunscribirse, dijo, al recuerdo de un episodio tan trágico como es la Guerra Civil sino a la larga lucha por la democracia desde la Constitución de Cádiz hasta hoy. Es una memoria, dijo, “para reencontrarnos entre todos, conscientes del gran país que somos y de la historia que tenemos (…), con la que nos podemos identificar más y con la que nos podemos identificar menos” pero en todo caso debe abarcar “el conjunto de esta historia (…) para conocer nuestras fortalezas y debilidades”.

Además, de su reflexión se desprende implícitamente que la memoria no es algo distinto a la historia: “Todos tenemos que estudiar historia”. Y añadió, especialmente los niños y los jóvenes, quizás como una advertencia crítica a los actuales planes de estudio. “El presente no te sorprende cuando se conoce la historia de España”, fue la frase con la que inició su intervención y resume bien su objetivo.

Y como ejemplo de que estas palabras no son vanas, no se las llevará el viento, tenemos como ejemplo esta iniciativa de la vicepresidencia primera de conmemorar la vida y obra de Eduardo Dato, un político del partido conservador que en su dilatada ejecutoria – ministro en diversas ocasiones, tres veces presidente del Gobierno, presidente del Congreso y alcalde de Madrid – fue persona de talante conciliador, para nada extremista, que pese a sus firmes convicciones en línea con la manera de pensar de su partido fue persona que se preocupó por las cuestiones sociales, propuso iniciativas parlamentarias para aprobar leyes sobre accidentes de trabajo, regular las condiciones laborales de mujeres y niños, crear el Instituto Nacional de Previsión y más tarde el primer Ministerio de Trabajo.

Además, continuando la labor iniciada por Canalejas – este del partido liberal, también asesinado por grupos anarquistas – creó la Mancomunidad de Cataluña – ¿le ha rendido homenaje la Generalitat? – y evitó que España participase en la guerra europea. En su debe, quizás, está la equivocada manera de afrontar la grave crisis militar, social y parlamentaria de 1917, así como su derivada, el inicio de la violencia en Cataluña que dio lugar finalmente al golpe de Estado de Primo de Rivera.

Sin embargo, en conclusión, tal como sostuvo Miguel Herrero en la inauguración de estas sesiones académicas, Dato contribuyó al progreso de la democracia porque vio claro que esta no consistía únicamente en la suma de votos, sino que su finalidad era la integración política y este recuerdo de Eduardo Dato era un homenaje a la voluntad de los españoles de vivir juntos, sin importar las distintas ideologías y procedencias.

Si entendemos así la memoria, como historia de la democracia sin discriminación de ideas sino como una larga marcha hacia la libertad y la igualdad entre ciudadanos, habremos contribuido a la concordia entre los españoles.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Entrevista completa a Yolanda Díaz, vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo.090421.

. Entrevista de Eurico Campano a Roberto Centeno. 110421.

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Humor

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Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 120421

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AstraZeneca, anticonceptivos, temor y riesgo

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  • Pastillas anticonceptivas y ETV

Ángeles Blanco, internista del Hospital Universitario Reina Sofía en trombo.info, ?

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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 110421, en torno a la obra ‘Los recaudadores de impuestos‘ [?] de Quinten Massys [Bélgica, 1466-1530]

DESNUDOS

Arcadi Espada en El Mundo, 110421

(Con un 6 y un 4)

Los herederos de Juan Marsé han decidido publicar unas llamadas Notas para unas memorias que nunca escribiré (Lumen), un libro que recoge las anotaciones diarias del escritor en 2004 y las que incluyó de otros años en tres cuadernos. Marsé firmó el contrato de este libro, cobró un buen anticipo por él, pero murió antes de que se publicara. Ahora los deudos han decidido respetar su voluntad anticipada.

No habrá sido una decisión fácil. El libro presenta un retrato descarnado y tóxico de Marsé. Por razones que no acaban de aclararse y que es dudoso que alcancen el refinamiento de la cita de Gide que abre el prólogo de Ignacio Echevarría: “¿Qué interés puede tener anotar estas cosas? Pero me obligo a ello, esperando encontrar en el propio aburrimiento que siento en repasar estos días tan monótonos algún arma contra mí mismo”,

Marsé se forzó a poner por escrito sus opiniones sobre el mundo y los pequeños incidentes consuetudinarios de un abuelo, amo de un perro. La narración de los incidentes, casi todos ellos repetidos, provoca el habitual efecto hipnótico, tan extrañamente agradable, de los diarios.

Es verdad que la hipnosis de follarse a Le Fléau, ocupación principal de Paul Léautaud en un largo rato de su vida, no es exactamente la misma de que viene el Guille. Pero vaya: un diario debe tener un ritmo básico, repetido, monocorde, que suene por detrás, donde destaque el arañazo de las escalas; y este lo tiene con las visitas del nieto, las brazadas en las piscinas y los fenómenos atmosféricos.

Aparte, Marsé pone por escrito sus opiniones culturales y políticas, sus teorías sobre la literatura y los juicios que le merecen sus contemporáneos. En este retrato general, de ideas y hombres, el único de interés que surge es el del autor. Porque demuestra, una vez más, que ser un gran narrador de historias es perfectamente compatible con la trivialidad y la cazurrería más asombrosas.

No sorprende que cada semana el autor incluya una advertencia diciéndose y diciendo que su verdadero yo está en sus novelas. El libro tiene más de 400 páginas —aunque incluye el exuberante aparato documental, propio de un libro que se toma en serio— y reto a cualquiera a que encuentre una —una— cavilación original, útil o profunda.

La simpleza de sus opiniones políticas, donde aparecen en perfecta formación todos los tópicos del taxista, es un defecto menor ante sus irritadas incursiones en la teoría de su oficio, allí donde sobresalen este tipo de pompas de jabón: «La verdad, en la buena literatura, siempre encuentra su lugar. Pero no se trata de la verdad convencional, esa que gastamos (poco) en la vida real. Es una verdad conmovedora o no es tal verdad, y es más poderosa que la vida».

Los juicios sobre personas, casi siempre reducidos a un insulto convencional, son el eje de las notas. Es muy gracioso el comentario del prologuista Echevarría cuando explica que la edición no consta de índice onomástico para evitar «la consulta descontextualizada». Es loable su intento de apartar a los lectores del vicio, pero el contexto al que se refiere son frases del tipo: «Lluvia y frío».

Sin negar la importancia de los meteoros en el meteorismo de Marsé, el insulto despliega una gran autonomía. Y muchísimas veces vuela solo, como atestigua la memorable anotación del 22 de marzo de 2014: «No hay en estos momentos en este país un periodista más abyecto y miserable que Juan Manuel de Prada —salvo tal vez Arcadi Espada».

Por suerte, y como es frecuente, solo el amor, el verdadero amor para morir al lado, que fue el de Marsé por Jaime Gil de Biedma, redime como el paso de un sol fugaz este centón hastiado de mediocridad.

(Revictimizar) 

Esta semana, en Sabadell, un fiscal interrogó a una supuesta víctima de violación y poco después presentó su informe en el que afirmaba, tajante, que el relato de la mujer era creíble. En la vista actuaba como observadora una Pilar Martín, fiscal delegada para los casos de la llamada violencia de género, a la que le pareció por completo inadecuado el interrogatorio.

La razón eran algunas preguntas —tipo: ¿el agresor eyaculó?— que revelaban, a su juicio, “falta de psicología” y conducían a eso que tan grosera e intolerablemente se llama “la revictimización de las mujeres”. Las palabras pasan a tal velocidad y en un caudal tan inaudito que se imprimen en el uso común sin atender más que al significante.

¿Cómo es posible si no que el interrogatorio de un fiscal o de un juez pueda ser equiparado al propio acto, de real e insufrible violencia, que uno y otro tratan de esclarecer y castigar? Y aún más insólitamente: ¿cómo es posible que jueces y fiscales no paren en seco este atropello semántico y ético?

He escuchado el interrogatorio del fiscal en su parte supuestamente revictimizadora. Las preguntas fueron formuladas con neutralidad y ninguna cabeza, salvo perversamente enferma, puede apreciar humillación o inconveniencia. Como es obvio, las agresiones sexuales suceden casi siempre sin testigos y las pruebas del delito son con frecuencia inencontrables.

De modo que en ellas cobra una importancia decisiva el relato del agresor y de la víctima, y el natural principio de contradicción, que establece el derecho de acusados y víctimas no solo a ser oídos, sino también escuchados, y que es recurso ineludible en cualquier empeño por establecer la verdad. El ejercicio de este principio no es un buen momento en la vida de nadie. No solo en el de las violadas.

También en la del hijo que vio cómo asesinaban a su padre y está obligado a revivir en el juicio los detalles. Las genéricas objetarían en este punto que las violaciones añaden al horror la vergüenza, pero explorando a fondo este argumento se percibe que son ellas, sorprendentemente, las que incorporan la vergüenza al asunto. Por más que implique al sexo, una violación es solo un acto de violencia en el que incluir la vergüenza de la víctima es un acto de repulsivo machismo.

En la exigencia de psicología se adivinaría que las genéricas prefieren esta ciencia recreativa a la verdad. Y es así, desde luego. Pero solo porque la verdad la dan por supuesta. No solo ellas. También algún ordenamiento jurídico, como el español, que ha hecho de la inocencia del hombre una intolerable y arrogante presunción.

(Oh, dioses) 

He tenido vaga noticia de que algún curilla entró en la exposición Pasiones mitológicas que presenta el Museo del Prado y tuvo que ser atendido a causa de una lipotimia causada por la atiborrada presencia de mujeres desnudas. Según testigos presenciales, el curilla, antes de caer, iba frenético de un cuadro a otro cruzando los dos índices y besándolos, pero el sortilegio, por lo que a él respecta no llegó a tiempo.

Sin tanto drama, viví allí el otro día una experiencia semejante. No por las mujeres desnudas, cuya exhibición hay que celebrarla en casi cualquier formato. No por la pasión, sino por el mito, que en altas dosis me empapuza inexorablemente.

Sin embargo, una casualidad o un hecho deliberado, ha hecho que esta exposición coincida en el tiempo con la dedicada a Marinus. De modo que al ahíto de mitos le recomiendo que cruce raudo hasta la sala D de los Jerónimos y ante las variaciones de El cambista y su mujer celebre mientras oye el tintineo de las monedas la irrupción de la vida civil, con sus leyes y hasta su legítima avaricia. Ese tránsito que suple a dios con el hombre, en la medida de todas las cosas, y cuyo instrumento, de una perfección implacable, es el dinero.

(Lapidarium) 

Los Adrià cierran y yo me alegro por la ciudad de Barcelona que gana otro ilustre cadáver.

(Ganado el 10 de abril, a las 14:36, 62 lpm, 35,1º, vacunado con vector ChAdOx1 [Oxford/AstraZeneca], lote ABV8139, primera dosis).

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Desnudos apocalípticos e integrales

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 110421

Hoy plagiamos Los recaudadores de impuestos de Quentin Massys y no los de Marinus van Reymerswaele, aunque siempre es mejor plagiar al plagiario y no al original, para confundir el rastro. En su versión, Reymerswale consigna el nombre de Massys, mostrando su deuda con él. ¡Como si revelar las fuentes excusase al plagiario! ¡Como si confesar el pecado mientras se comete redimiese al pecador! El diarista, atrapado en su cuadro impositivo, parece escrutar la sala contigua, la de los desnudos. Ignoramos la identidad del acompañante pero podría ser Juan Manuel de Prada. O más probablemente el mismísimo maestro Giovannini, reconocido estudioso de la obra de Milton (Berth Milton Sr), en cuya lectura aparece enfrascado.

(Estriptis pitagórico) Uno esperaría encontrar una transformada de Fourier, por lo menos, y se encuentra un seis y un cuatro. Que no es que esté mal. El cuatro y el seis son los dos primeros números compuestos; el cuatro es el tercer cuadrado perfecto y el seis es el primer número par en cuya descomposición factorial encontramos un número diferente a dos. Pero vamos, un seis y un cuatro.

Desvelado el misterio vacío, solo una duda queda: ¿por qué se mete con Juan Manuel de Prada?

(La vergüencización) Ahora si te violan te tiene que dar vergüenza, cuando la vergüenza debería tenerla quien viola. Y también, toda proporción guardada, quien quiere que te avergüences.

(Lujuria, codicia) La lluvia de oro, ese cuadro que podría estar en las dos salas.

(Cementerio condal) Un cadáver a la postre.

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DesnudosIlustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada.

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lustración de Ulises Culebro ‘ULISES‘ [México, 1963]

 

Qué puede salir mal con el doctor Sánchez?

Bastó que bajara la marea de la propaganda para que se viera a Sánchez nadando desnudo. Ello le impulsó a redoblar sus descalificaciones contra Ayuso sin importarle hallarse en gira de Estado por África

Fco. Rosell en El Mundo, 110421

Hay veces que, creyendo poner la bala donde se pone el ojo, surte un extraño rebote que hiere al pistolero. Así, al modo del cazador cazado, fue acusar Pedro Sánchez el domingo último a la presidenta madrileña, en su cerval desquicie contra Isabel Díaz Ayuso, de provocar «un desmadre» con el covid y pasar él a encarnar ese «desmadre» en horas 72.

Tras ponerla a escurrir, cual digan dueñas, con vestimenta de mitin como candidato virtual socialista, con Ángel Gabilondo como aspirante «formal», amén de «soso» y «serio», Sánchez se embutió el martes en traje caro y luminotecnia de estrella para montar una nueva farsa cuyo tinglado se vino abajo sin dejar siquiera secar la tinta de los titulares. Al primer tapón, zurrapa.

Luego de pregonar por enésima vez el «principio del fin de la epidemia» y de expresar su cínica contrariedad porque se politice la pandemia cuando él lo hace sin rubor ni pudor, el jefe del Ejecutivo proclamó la aceleración de la vacunación.

Con aparente precisión de relojero, marcó los hitos de un plan que, en puridad, dilataba un trimestre su compromiso previo de inmunizar al 70% de los españoles antes del verano y lo demoraba a fines del estío echando por tierra la campaña turística. Aun así, su nuevo plan antiguo quedó también en agua de borrajas en un abrir y cerrar los ojos por evanescente e insostenible.

De hecho, como esos carteles del «hoy no se fía, mañana sí» de vieja tienda de ultramarinos, su anuncio fue una raya escrita en el agua. En un plis plas, se precipitó el caos al avivarse la desconfianza en torno a la vacuna de AstraZeneca por algunos casos de trombosis y suspenderse para menores de 60 años. B

Bastó que bajara la marea de la propaganda para que se viera a Sánchez nadando desnudo. Ello le impulsó a redoblar sus descalificaciones contra Ayuso sin importarle hallarse en gira de Estado por África, lo que ratifica como se sirve de La Moncloa como cuartel electoral.

Contraviniendo los usos democráticos y la separación de funciones entre Gobierno y partido, pese a estar apercibido, esa impudicia ya había rebasado los límites cuando, la noche de la «amarga victoria» del PSC en Cataluña, el ex ministro y candidato Illa invitó al jefe de gabinete de Sánchez, Iván Redondo, a que saliera a saludar a los medios por contribuir al éxito desde su despacho monclovita.

Como el torero que invita a su meritorio subalterno a desmonterarse y recibir el aplauso del respetable tras plantar un buen par de rehiletes.

En medio del desbarajuste, con una ministra de Sanidad dando inverosímiles explicaciones a sus veleidosos cambios de criterio, Carolina Darias fungía el día siguiente de la aparición rutilante de Sánchez del médico falso que Mateo Alemán recrea en su Guzmán de Alfarache.

Llevando consigo gran cantidad de recetas cuando visitaba a un enfermo metía la mano en la alforja y sacaba lo primero que encontraba musitando: «¡Dios te la depare buena!».

Con claro desapego a la realidad y apego a la mentira, el doctor Sánchez, ¿supongo? culpa a Ayuso nada menos que de «cruzarse de brazos ante la pandemia» tras medicalizar hoteles, habilitar un hospital en la institución ferial capitalina y erigir otro de nuevo cuño en cuatro meses, además de acarrear aviones con material sanitario y de anticiparse a las medidas que luego han adoptado arrastrando los pies el negacionista ministro Illa y su vocero Simón, el Embustero.

Sin parar en barras, le endosa como si fuera un mirón de obra, en vez de estar al mando como autoridad única con dotes plenipotenciarias generar «un récord en descontrol y desmadre» retorciendo los datos para trasladar la falsa idea de que Madrid ha encabezado los contagios «en todas las olas en la pandemia».

Al tiempo, en un suma y sigue inabarcable, le echa en cara promocionar un turismo extranjero de borrachera cuando las competencias aeroportuarias y de orden público le competen a él.

Esa demonización ha tenido otros bochornos como el estúpido intento de desprestigiar el Hospital Isabel Zendal, especializado en covid, con un coste de 100 millones, esto es, dos Plus Ultras, esa medida de cuenta del derroche de fondos públicos que el Gobierno ha destinado a una empresa zombi de vaga propiedad española, inviable y sin valor estratégico al ser dueña de un solo avión, pero bien conectada con la satrapía venezolana.

En su berrinche, la ministra Darias torpedeó que el comisario europeo Margaritis Schinás visitara este centro llevándoselo a otro de Toledo a medio abrir y que no atiende enfermos covid. En su viaje de inspección, Schinás se prestó a la adaptación manchega de las aldeas Potemkin de cartón que alzaba el valido de Catalina la Grande a orillas del río Dniéper para escamotear la realidad de Ucrania a la emperatriz.

Al hablar de «desmadre», al apocalíptico Sánchez le ha acaecido lo que a Zapatero hace 11 años en Singapur cuando no tuvo mejor ocurrencia que declarar el día que se cumplían 99 años del naufragio del Titanic que España «va a seguir navegando con fortaleza porque es un poderoso transatlántico».

Nada más pronunciar «transatlántico» (o sea, Titanic) la publicitada inversión china en las cajas españolas fue desmentida por los gestores de fondos y el directorio francoalemán, con EEUU y China, imponía un ajuste que, cual misil en la línea de flotación, liquidaba su errática singladura de siete años.

Dicha la palabra «desmadre», en efecto, el sustantivo se ha hecho carne en un Sánchez desentendido de la pandemia. Únicamente ha visto en esa situación de emergencia una oportunidad para reforzar sus atribuciones de manera que, siendo el presidente con menos escaños propios desde la restauración democrática, le permita mandar como si dispusiera de una abultada mayoría.

Así, se desentendió de la irrupción del covid propagando su letalidad al supeditar la adopción de cualquier medida a las marchas del 8-M por priorizar la agenda del Gobierno de cohabitación socialcomunista para luego determinar el confinamiento más extenso de Europa con un estado de alarma en puridad, de excepción en el que se arrogó potestades cesáreas.

Al cabo de cien días, decretó el acabose de la pandemia e invitó a consumir en una desescalada que, valiéndose de las vacaciones estivales, aprovechó para escurrir el bulto y allá se las aviaran las autonomías.

Para ello, dictó lo que, en neolenguaje orwelliano, denominó «nueva fase de la cogobernanza» y que se ha sustanciado en la desgobernanza de un Gobierno que no está (ni se le espera) pasando de repetir la letanía de la primera ola de que el virus no entendía de territorios a obrar en contrario, según su santa voluntad y capricho.

Sánchez se borró del covid para no vincularse con una mortandad que ya sobrepasa los 140.000 fallecidos más allá de aquel gélido homenaje al muerto desconocido que promovió en la Plaza de la Armería del Palacio Real.

Entretanto, la suerte de la auditoría brindada hace un año a un grupo de destacados científicos que le habían interpelado al respecto desde la revista médica británica The Lancet engrosa, junto a otras muchas cuestiones, una versión actualizada de la popular sección de la revista satírica Hermano Lobo en la que, en pleno tardofranquismo, se hacían semanalmente las Siete preguntas al lobo para responderse éste con un aullido y un recurrente: «El año que viene, si Dios quiere».

Con ese expediente x a cuestas, a Sánchez le saca de quicio que, tras denostar por sistema la estrategia de Madrid de conciliar salud y economía, haya tenido que asumirla negándola. Echando la vista atrás, se certifica como Ayuso le ha ido marcando el camino de rectificación desde antes de que La Moncloa se diera por enterado de la pandemia decretando el estado de alarma el 14-M de 2020.

El último estrambote ha sido que, después de montar otra trifulca por tantear la vacuna rusa Sputnik, Sánchez se abría a ello el viernes al emprender Merkel esa vía después de que Baviera cerrara un contrato de precompra supeditado al nihil obstat de la Agencia Europea del Medicamento.

Es verdad que, como sintetizó Goebbels al servicio del nazismo y corrobora el aparato de propaganda de La Moncloa, «a fuerza de repetición y con un buen conocimiento del psiquismo de las personas, debería ser completamente posible probar que un cuadrado es, de hecho, un círculo. (…)

Meras palabras y las palabras pueden modelarse hasta volver irreconocibles las ideas que transmiten». Pero ello no puede ser consentido por quienes no debieran dejarse arrebatar su condición primigenia de ciudadanos.

Como político de poder al que le trae al pairo la gobernación, despejando su mesa de todo lo que haga al covid, Sánchez ha desperdiciado seis meses seis de estado de alarma sin articular instrumentos alternativos. Como le ha reprochado un Consejo de Estado que, ante su abierto ninguneo, se ha servido de un dictamen sobre la constitucionalidad de la Ley de Salud de Galicia.

A un mes vista de que prescriba el imperante estado de alarma (9 de mayo), el supremo órgano asesor ha afeado al Ejecutivo que no haya modificado la ley orgánica 3/1986 de Medidas Especiales de Salud Pública para que las comunidades autónomas restrinjan, en caso de emergencia, derechos y libertades sin acudir al estado alarma. Desoyendo la petición de la oposición para no prorrogar una situación dudosamente constitucional, Sánchez no ha movido un dedo.

En la desatención de su deber, Sánchez cuenta con el silencio cómplice de un Tribunal Constitucional que ronca el sueño de los justos sin pronunciarse sobre los recursos de inconstitucionalidad al primer estado de alarma y al vigente, lo que habla del deterioro que esa excepcionalidad legal ha infundido en el menoscabo de instituciones claves.

Si el Consejo de Estado ha aprovechado este resquicio de la ley gallega recurrida por el Ejecutivo, el TC se hace el dormido, a diferencia de sus colegas alemanes que ya andan resolviendo sobre el fondo europeo anticovid.

Entretenidos en sus cabildeos para no perjudicar futuros destinos cuando periclite su mandato, sus integrantes se resisten a emitir sentencia. Hace ya un año que el magistrado emérito de tan Alto Tribunal, Manuel Aragón Reyes, alertaba sobre una «exorbitante utilización del estado de alarma» que no «autoriza la derogación completa de las garantías constitucionales».

A la par, ponía los puntos sobre las íes reparando en cómo el presidencialismo que se arrogaba Sánchez «es incompatible con nuestra monarquía parlamentaria».

Sin ignorar que «la cobardía es la madre de la crueldad», como decía Montaigne y encarna quien no quiere perder la batalla en Madrid, el candidato Sánchez aguarda a que transcurra el 4 de mayo para retomar sus apaños con sus socios de la coalición Frankenstein y extender a los golpistas del independentismo catalán del 1-O de 2017 las medidas de gracia que Marlaska ya dispensa cada viernes de dolores a los criminales de ETA. Ante tales desvaríos, habrá quien se pregunte irónicamente, como antes con Zapatero: ¿qué puede salir mal con el doctor Sánchez, ¿supongo? en La Moncloa?

Es suficiente con apartarse del televisor y mirar alrededor para evidenciar como hay políticos que se agigantan ante los contratiempos del destino y otros que, por el contrario, sacan lo peor de ellos.

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Asistentes al acto de "Desinfección antifascista" este jueves después de los disturbios registrados el miércoles en el acto de precampaña de Vox en Vallecas.
Asistentes al acto de “Desinfección antifascista” este jueves después de los disturbios registrados el miércoles en el acto de precampaña de Vox en Vallecas.Fernando AlvaradoEFE

Turbas

Las escenas de Vallecas, incluido el fregado del suelo, recuerdan al fascismo. Los nazis también eran muy aficionados al cloro

Maite Rico en El Mundo, 110421

A PABLO Iglesias no le gusta trabajar, algo propio de cretinos. Como vicepresidente no ha dado un palo al agua, pero nada más dejar el cargo se ha apresurado a reclamar una indemnización de 5.316 euracos al mes. Lo cual viola el Código Ético de Podemos, que prohíbe percibir remuneraciones tras dejar los cargos.

Lo adelantaba ayer Luca Costantini. Claro que también Iglesias y su señora han acumulado en tiempo récord un patrimonio difícilmente compatible con las limitaciones salariales que fija el partido. La pareja se ríe en la cara de «los inscritos y las inscritas».

Pero a lo que iba: en su papel de intelectual orgánico, Iglesias no trabaja, sino que decide por los trabajadores qué tienen que pensar y votar. Y si algunos van por libre y acuden con sus familias, por ejemplo, a un mitin de Vox, serán apedreados por unas turbas de descerebrados que Iglesias y sus corifeos alaban como valerosos antifascistas.

En realidad las escenas del jueves en Vallecas, incluido el fregado del suelo con lejía, recuerdan mucho al fascismo. Los nazis también eran muy aficionados al cloro.

Al señor del moño le gusta la violencia y alardea de ello, pero le falta valor. Por eso siempre va protegido: antes por militantes, ahora por escoltas. Y desde su chalé de Galapagar, cual tirano bananero, esboza la campaña electoral madrileña apelando al choque social. Como si Madrid fuera Caracas.

Esa narrativa de «barrio de Salamanca contra barrio de Vallecas» tiene un fallo, y es que los dirigentes de Podemos están más cerca del primero que del segundo. En ese foco apestoso de plutocracia viven Echenique o los Verstrynge.

Y es ahí donde el padre de Iglesias compró un piso que, si no ha vendido, heredará el hijo. Que también tiene raíces en Vallecas. Sobre todo bienes raíces. Dos pisos, una plaza de garaje y un local atesoró su madre.

Por eso es tan grotesco ese discurso de resentido social y el seguidismo del PSOE, que se prestó a adueñarse de Vallecas en un comunicado firmado junto a Podemos y Más Madrid (al que, por cierto, Vox duplicó en voto en 2019. En ese barrio, sí).

Algunos critican que Isabel Díaz Ayuso se «apropie» de la palabra libertad para su campaña, pero ahora ese eslogan cobra todo su sentido. Ya no se trata solo de poder elegir colegio o médico, o de que los comercios abran los domingos. Ahora se trata de algo tan básico como poder estar en la calle sin miedo. Madrid es una ciudad abierta y la izquierda quiere cerrarla. A Ayuso se lo han puesto a huevo.

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La UE desmiente a Sánchez y dice que no sabe cuántas vacunas habrá en el tercer trimestre

Sánchez y la gestión del odio

Jesús Cacho en Vozpópuli, 110421

Su Persona está nervioso. Está tan nervioso que ha decidido implicarse de lleno en la campaña de las elecciones autonómicas madrileñas del 4 de mayo. Su Persona no tiene nada mejor que hacer. Todo le va a pedir de boca. Todo, de maravilla.

Gobierna un país que está de dulce: la crisis sanitaria ya se ha olvidado; el PIB ha vuelto a crecer a tasas comparables a los tiempos de la burbuja; el paro –gracias a la sabiduría económica que Su Persona atesora- ha vuelto a situarse por debajo del 10%, Cataluña vuelve a ser –gracias también a su reconocido talento de estadista- el pacífico estanque dorado que siempre fue; su Gobierno goza de una cómoda mayoría en el Congreso que le permite aprobar todo tipo de leyes sin necesidad de negociarlas con el resto de grupos, y la vida, en fin, le sonríe por las cuatro esquinas de ese triste palacete de Moncloa que Su Persona pretende convertir en nido para los próximos 15 o 20 años, si no más.

De modo que para distraerse ha decidido echar el resto en la campaña madrileña, y todo porque en la Puerta del Sol habita una señora que ha osado desafiar su poder.

Lo decía el viernes en el diario gubernamental uno de los lamebotas del presidente, uno de esos periodistas que ha hecho de la adulación al poder una forma de vida. “Pedro Sánchez se muestra, en público y en privado, más tranquilo que nunca”, escribía el sujeto a bordo del avión que ha llevado a Su Persona de gira por Angola y Senegal porque, ya digo, en España lo tiene todo hecho y se aburre. “El presidente está convencido de que la coalición resistirá sin problemas” (…)

“Asegura que mantiene una relación muy buena con el líder de Podemos” (…) “Insiste en que no tiene ningún sentido ir a elecciones cuando hay apoyo político, el Gobierno es estable, están aprobados los Presupuestos y aún hay que trabajar (¡!) para lograr la recuperación económica” (…) “El horizonte que plantea el presidente es pues de estabilidad absoluta” (…)

“La coalición con Podemos tiene un largo periodo de vida por delante”. Seis afirmaciones y siete mentiras, porque Su Persona no dice una verdad ni harto de vino. El idílico marco de paz y felicidad que describe el diario de Prisa choca, sin embargo, con la contundente afirmación de que “el presidente se volcará en la campaña madrileña”.

La pura verdad es que el fracaso de la ‘operación Murcia‘, mediante la cual el sátrapa que nos gobierna pretendió dar el golpe de gracia a la oposición privando al PP de las autonomías que controla en alianza con Ciudadanos, cobra cada día que pasa mayor importancia hasta el punto de amagar con convertirse en una fecha para la historia de la política española. Todo lo tenía a favor. El horizonte político, despejado al menos hasta las elecciones andaluzas de diciembre del 22.

Y todo, de repente, se le ha vuelto en contra por culpa de la chapuza de esa ‘operación Murcia’ tan torpemente urdida por sus Redondos monclovitas. La legislatura ha dado un vuelco tan espectacular que el bergante se ve obligado a bajar a la arena, forzado a “volcarse en la campaña madrileña” para evitar una prematura muerte política. Porque es él quien se juega su futuro el 4 de mayo. Él, quien ha cometido la torpeza de lanzar un salvavidas a una oposición agonizante.

Él, quien adelanta dos años el proceso de concentración de una derecha ahora dividida. Él, quien, sin pretenderlo, otorga a los madrileños la oportunidad de rebelarse en las urnas contra un Gobierno que, por la vía de la confrontación y la división en bloques, pretende acabar con los mejores años de paz y prosperidad que ha conocido este país en siglos. “No les gusta el 78 y quieren volver al 36”, escribía alguien esta semana en Twitter.

Su Persona está nervioso. Una derrota en Madrid, escaparate español, marcaría el principio del fin de un descuidero de la política que en ningún país serio, en ninguna democracia consolidada, hubiera superado nunca el escalón de una concejalía en Ayuntamiento de capital de provincias, pero que ha hecho fortuna en la degradación acelerada en que vive instalado el régimen del 78 desde 2004 (atentados de Madrid), hasta encaramarse a la presidencia del Gobierno con la ayuda de los enemigos de “la nación de ciudadanos libres e iguales”.

Una derrota en Madrid arruinaría esa imagen de “intratable triunfador” que el aparato de propaganda (todo en él es propaganda, todo retórica vacía, todo alfalfa para consumo animal) de Moncloa y la flota mediática que lo acompaña en su asalto a las instituciones del Estado llevan intentando consolidar desde la moción de censura de mayo de 2018. Porque la soberbia del personaje apenas esconde su asombrosa debilidad.

Gobernar con una oposición muy reforzada tras su eventual victoria en Madrid; gobernar con un Iglesias fuera del Gobierno pero sabiendo lo que se cuece en el Ejecutivo y dispuesto a agitar la calle contra ese Gobierno; gobernar sin el apoyo, cada día más complicado, de una ERC anclada en el conflicto catalán; gobernar con una situación económica cada día más compleja, porque las sucesivas olas de la pandemia han retrasado la recuperación y el impacto de las ayudas europeas en el ejercicio 2021 va a ser cero o próximo a cero; gobernar con las luces largas puestas en unos Fondos de Recuperación sometidos al albur del Constitucional alemán y a la creciente fiscalización de una Comisión Europea que no se fía del “Gobierno Plus Ultra”, un Gobierno que parece haber llegado con hambre atrasada y dispuesto a llevárselo crudo a la menor oportunidad; gobernar en estas circunstancias, en fin, se presenta tarea ardua para un personaje que cuenta con 120 diputados y cuya debilidad se palpa en el Congreso rascando apenas en la superficie, porque todo lo tiene parado, el grupo socialista no es capaz de mover un papel por falta de apoyo parlamentario.

Su Persona está nervioso y tiene motivos de sobra: su decisión de bajar a la arena en la campaña madrileña convierte las autonómicas en un cuerpo a cuerpo con Isabel Díaz Ayuso. Y en esa pelea todo vale para quien no cuenta con ningún prejuicio de orden moral en la lucha descarnada por el poder.

Vale, desde luego, la algarada. Incluso la violencia. Lo han demostrado esta semana los socios de Gobierno de Sánchez en Vallecas. Asistimos a la definitiva “batasunización” de la política española, algo que alguna gente llevaba tiempo advirtiendo pero que la mayoría creyó fenómeno inimaginable en el resto de España a menos que nuestra izquierda se volviera loca y/o se convirtiera en compañera de viaje de ese nacionalismo comunista, además de terrorista, que en el País Vasco asesinó a cientos y forzó al exilio de cientos de miles, y que después ha arruinado también la convivencia democrática en Cataluña.

Esa “batasunización” ya la tenemos aquí con la ayuda de la izquierda comunista de Podemos y de la izquierda consentidora del PSOE de Sánchez, con los que gobierna en coalición. Con la complicidad de un Sánchez convertido en experto gestor del odio entre españoles.

La apelación a los años treinta del siglo pasado no es casual. Es la degradación de las instituciones. Es la patada en la puerta sin mandamiento judicial. Es el recorte de libertades con la excusa de la pandemia.

Es la actitud de un Ejecutivo que gobierna para el 50% de los españoles y que consiente las tropelías de los suyos porque en el fondo las comparte. Son los Portela Valladares de este Gobierno y su cínica condena a la “violencia venga de donde venga” cuando siempre viene del mismo lado. Es la constatación de que el jefe de la banda (¡qué ojo, Albert!) necesita a los violentos, necesita a “los chicos de la gasolina” que decía Arzalluz, como mano de obra en su tarea de desmontaje de las instituciones democráticas.

Por fortuna no estamos en los años treinta del siglo pasado. Aquí ya no hay Casas Viejas de miseria, ni Seis Dedos dispuestos a morir frente a la Guardia Civil para acabar con la esclavitud de unos terratenientes (el 74% de las tierras de la provincia de Cádiz estaba en 1930 en manos de 15 personas).

Este país es más rico y está más alfabetizado, pero sobre todo es mucho más cobarde, porque hasta el más tonto del lugar tiene hoy algo que perder, aunque solo sea el móvil que le ata a la cultura basura en boga.

Es difícil, por eso, que volvamos a los tiros, pero sí vamos a vivir escenarios de gran violencia, regresar a esa especie de “guerra civil fría” que andan buscando quienes pretenden reescribir la historia a contracorriente de la historia. Quedan tres semanas para la gran cita del 4 de mayo y crece la sensación de que en el envite madrileño los demócratas nos jugamos mucho.

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500 millones de afectados por la brecha de datos de Facebook: ¿y ahora qué?
Shutterstock / TY Lim

500 millones de afectados por la brecha de datos de Facebook: ¿y ahora qué?

Marta Beltrán en The Conversation, 110421

La expresión brecha de datos se ve casi todos los días en los medios de comunicación. Se refiere a situaciones en las que los datos que le hemos proporcionado a un proveedor de servicios acaban estando disponibles para un tercero que, en principio, no debería haber tenido acceso a ellos.

Cuando estos datos son personales, la brecha tiene una importancia mayor, ya que cualquier situación en la que información relativa a una persona física viva identificada o identificable acabe en manos de una persona o grupo de personas no autorizadas puede implicar amenazas para su privacidad.

Dentro de los datos personales unos son más sensibles o críticos que otros. No es lo mismo nuestro nombre, apellidos o dirección, por ejemplo, que nuestro número de teléfono, número de la Seguridad Social, número de cuenta bancaria o genoma, si nos vamos al extremo.

La última brecha de Facebook

Estos días se habla mucho de una brecha en la que se han filtrado datos personales de más de 500 millones de usuarios de Facebook, de los cuales alrededor de unos once millones son usuarios españoles. Los datos que se han publicado incluyen nombre y apellidos, dirección, fecha de nacimiento, ID en Facebook, número de teléfono y en algunos casos, dirección de correo electrónico. Es decir, se trata de datos personales.

Estos datos fueron filtrados de la compañía en el año 2019 por culpa de una vulnerabilidad de seguridad que aseguran que fue remediada en cuanto se descubrió. Parece ser que esta base de datos con los datos extraídos se ha ido vendiendo en el mercado negro de datos desde entonces, hasta que este fin de semana se ha publicado en un foro de manera gratuita.

Hay que tener en cuenta que los datos ya tienen dos años, pero que en muchos casos seguirán siendo válidos ya que no cambiamos tan a menudo de número de teléfono o de dirección de correo electrónico.

Otro aspecto importante es que parece que ni en 2019 ni ahora Facebook se ha molestado en notificar a los usuarios afectados esta brecha ni en proporcionarles ningún tipo de detalle acerca de la misma.

¿Son frecuentes las brechas de datos?

Por desgracia, si las brechas de datos están a la orden del día en los medios de comunicación es porque prácticamente no hay día en el que no conozcamos una nueva. Los casos recientes de Facebook, Twitter, Microsoft, CapitalOne, Marriott, Equifax, Zoom, Spotify o Nintendo han sido muy sonados.

Pero ningún tamaño de compañía (grandes, medianas o pequeñas) ni sector (tecnológicas, hostelería, aviación, banca, administración) se libra. Solo en 2020 se notificaron cerca de 4 000 brechas de datos en las que se fugaron 37 billones de registros de datos, un 141 % más que en 2019.

Que se conozca cuándo se producen las brechas es positivo: todos los usuarios afectados deben saberlo lo antes posible para poder tomar las medidas oportunas.

De hecho, casi todas las regulaciones en privacidad y protección de datos inciden en este punto: si los proveedores que almacenan nuestros datos personales sufren una brecha, están obligados a notificarlo, tanto a los usuarios afectados como a las autoridades de control oportunas.

Por ejemplo, en el caso de España, deben avisar a la Agencia Española de Protección de Datos. Y deben hacerlo proporcionando toda la información (nada de comunicados vagos y genéricos en los que no se entiende nada) y en un plazo corto de tiempo (como mucho 72 horas).

No es serio que la notificación llegue 6 meses después, cuando un medio de comunicación publica alguna noticia sobre la brecha y no queda más remedio.

El negocio de los datos

Lo que no es tan positivo es que se produzcan tan a menudo. ¿Por qué las brechas de datos se han convertido en una de las amenazas a la seguridad más graves hoy en día? ¿Por qué son cada vez más frecuentes y afectan cada vez a un número mayor de usuarios? Porque los datos personales son la base de muchos modelos de negocio en la actualidad, tanto lícitos como ilícitos.

En los últimos años se ha extendido mucho el concepto de economía de la vigilancia para referirse a la situación actual en la que los datos personales de los usuarios son una mercancía más sujeta a la compra y a la venta.

En el momento en el que este tipo de información se mercantiliza y tiene un valor, diferentes agentes, como proveedores de servicios o de aplicaciones o propietarios de diferentes tipos de recursos, tienen interés en vigilarnos de diferentes maneras para obtener todos los datos posibles sobre nosotros y nuestros hábitos, gustos, rutinas, etc.

La recopilación y el tratamiento de estos datos puede tener ventajas para los usuarios, ya que los servicios que consumen se pueden personalizar según sus necesidades. Pero obviamente, también tiene sus riesgos, sobre todo para la privacidad. Los usos legales que los proveedores hacen de estos datos pueden tener beneficiosos para ellos (comerciales), pero no para los usuarios.

Además, estos datos se tienen que almacenar en algún sitio y no siempre están lo suficientemente protegidos. Si un tercero, por culpa de una vulnerabilidad de seguridad, termina accediendo a ellos, se abren las puertas a todo tipo de usos ilícitos o ilegales.

Los datos robados en estas brechas suelen ser la base para ataques de ingeniería social, campañas de phishing o de smishing personalizadas, por ejemplo. También para ataques a cuentas bancarias o a tarjetas de crédito. O para ataques de suplantación, de manera que alguien pueda hacerse pasar por el usuario legítimo (la víctima), gracias a los datos robados en la brecha, en cualquier servicio o aplicación.

¿Cómo afecta esto a los usuarios?

En el caso concreto de Facebook, lo primero que podemos hacer es comprobar si somos una de las víctimas, ya que la compañía no se ha encargado de realizar las notificaciones oportunas. Los datos involucrados en la brecha se pueden consultar en diferentes sitios públicos en internet.

Muchos usuarios han suspirado aliviados al comprobar que se han visto afectados pero que en esta brecha no se han visto involucradas las contraseñas de sus cuentas. Pero el hecho de que las claves no se hayan visto involucradas no significa que la brecha no sea grave.

Como comentábamos antes, los datos personales pueden utilizarse como base para muchos ataques diferentes. Así que no está de más modificar la contraseña de la cuenta de Facebook, revisar el resto de contraseñas (que no se basen en datos personales, que no se reutilicen), no confiar en correos electrónicos o en SMS que parezcan personalizados y legítimos (porque se menciona nuestro nombre, apellidos, dirección o fecha de nacimiento) y no utilizar el SMS como un segundo factor de autenticación en servicios que sean críticos para nosotros (porque con el número de teléfono y su asociación al resto de nuestros datos personales, es más fácil realizar ataques de suplantación).

En general, si nos vemos involucrados en cualquier otra brecha de datos, las recomendaciones serían las mismas. Primero, enterarnos de si somos una de las víctimas (lo ideal es que nos lo notifique el proveedor, claro). Y a continuación, tomar todas estas medidas y, obviamente, si en la brecha de datos se ha comprometido nuestra contraseña, modificarla en la plataforma en cuestión y en cualquier otra donde usásemos la misma o una variación.

Marta Beltrán, Profesora y coordinadora del Grado en Ingeniería de la Ciberseguridad, Universidad Rey Juan Carlos.

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La feria del CGPJ

La feria del CGPJ

Javier Gómez de Liaño en ABC , 110421

Estas tres palabras, más el acrónimo, con las que titulo el presente comentario y que viene a cuento del estancamiento del proceso de renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), muy bien pudieran haber sido otras. Por ejemplo, ‘Lo que el CGPJ esconde’ e incluso ‘Manos sucias sobre el CGPJ’, que quizá fueran rótulos más ciertos y precisos. Encabezar con ‘En la muerte del CGPJ’ hubiera sido excesivo, pues a pesar de los males que le acechan, la institución sigue viva.

Vaya por delante que no es cuestión de poner en duda la capacidad ni la honradez profesional de quienes componen la baraja de nombres a negociar, ni, por tanto, de convertir al vocal escogido por el dedo del político en la encarnación de la perversión del sistema, sino de poner en evidencia las incoherencias de un modelo de CGPJ contrario a la Constitución y de sumarme a quienes asisten atónitos al espectáculo de los dos principales partidos políticos, el PP y el PSOE, luchando a brazo partido por el reparto de las veinte vocalías de la institución e incluso el nombre del presidente o presidenta que, al propio tiempo, lo es del Tribunal Supremo.

No es que las previsiones del artículo 122 CE y 567 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) de que el Congreso y el Senado elijan a la totalidad de los miembros cada uno por una mayoría reforzada de tres quintos sea errónea, que quizá sí lo sea, como lo sería si la propuesta de reducir ese quórum a los dos tercios de las dos Cámaras termina saliendo adelante. El fallo está en quienes hacen las propuestas.

La negociación lo que hace es introducir al CGPJ en un estado de sospecha permanente y a que la idea dominante en la opinión pública sea que la institución es un títere de feria al servicio del poder político, cuyos intereses priman sobre la Ley y el Derecho.

Tengo para mí que lo que está sucediendo con el órgano de gobierno del Poder Judicial es, una vez más, la secuela irreversible de la expresión ‘Estado de partidos’ -sobre todo si se la compara con el concepto de ‘Estado de derecho’, cosa que Manuel García Pelayo, presidente que fue del Tribunal Constitucional, denunció a raíz de la sentencia 108/1986, de 29 de julio, cuando hablaba del grave peligro de que la designación parlamentaria de todos sus vocales fuese hecha en razón del peso de los grupos parlamentarios, lo que no respondía a la configuración deseada para el CGPJ como garante de la independencia judicial.

Y es que, a decir verdad, desde sus comienzos hasta nuestros días, los siete consejos generales del poder judicial no han pasado de la más grotesca de las representaciones y los mandamases políticos de turno han querido mover a sus vocales como marionetas. Sí, ya sé que todos no, y unos menos que otros, pero, en conjunto, el CGPJ ha sido y seguirá siendo una trampa para confiados, pues quien lo controla sabe que domina el poder judicial por la vía de los nombramientos discrecionales.

Así lleva el CGPJ cuarenta años; tantos como grados de confianza perdidos. Lo malo es que a estas alturas algunos sigan sin convencerse de que el edificio del número 8 de la calle Marqués de la Ensenada, de Madrid, no puede ser sucursal de los partidos políticos.

Sin claudicar de la sinceridad y con la dosis justa de autocrítica por haber pertenecido al CGPJ en el periodo 1990-1996, creo que el método de diez para mí y otros diez para ti -lo mismo diría si en el reparto de la tarta participasen otros partidos- no es la mejor manera de sacar a un órgano constitucional del atolladero del desprestigio en el que lleva metido hace años por el empeño de los políticos de que sus miembros responderán a la confianza depositada en ellos.

Si con la justicia se buscan rentabilidades políticas, entonces sobran los tribunales y basta la intriga. Son demasiadas las ediciones del CGPJ presididas por el cambalache y el juego de trileros. Hacer política con la justicia es menester de traficantes de la justicia que alteran su pureza. Que la justicia funcione a golpe de batuta política es inadmisible y a nadie le puede extrañar que los jueces duden de que el CGPJ les represente y, lo que es peor, que defienda la independencia judicial.

Nunca fui partidario de entender la Justicia como forma de poder. Por eso siempre he patrocinado un CGPJ compuesto de gente independiente en el sentido gramatical del término. El individualismo resulta coartado por la fuerza, conocida de antemano, de unas instituciones políticas que ya sabemos lo que son y cómo son. En estas circunstancias comportarse con absoluta libertad es muy difícil, aunque no imposible y ejemplos no faltan.

De ahí que insista en lo que decía al principio. Me consta que en las listas de candidatos a vocales que los periódicos han publicado a lo largo de estos meses, los hay que merecen la consideración de juristas de reconocida competencia. E

s más. Conozco de primera mano a algunos de los magistrados nominados en quienes concurren las virtudes del buen juez que describe Azorín. Por eso, al leer sus nombres me viene a la memoria la anécdota de aquel banderillero de Juan Belmonte que llegó a gobernador civil y que cuando le preguntaban cómo había podido ser, se limitaba a contestar: «¡Ya ve, degenerando!».

Hace diez años se estrenó en Madrid ‘La fiesta de los jueces’, obra de teatro escrita y dirigida por Ernesto Caballero y que tenía como protagonistas a varios miembros del CGPJ que al final del acto solemne de Apertura del Año Judicial deciden representar, en versión libre, ‘El cántaro roto’, una farsa costumbrista del dramaturgo alemán Heinrich von Kleist.

En un escenario cubierto de procedimientos judiciales previamente pasados por una trituradora de papel y con un gran espejo en el que los actores se reflejaban, los propios jueces, mediante la técnica del teatro dentro del teatro, se juzgaban a sí mismos, en un original juicio popular.

Pues bien, el día que asistí a la representación despedí la función y a sus actores con aplausos. Lo hice por varios motivos. El primero, porque la obra se adentraba en la misma esencia judicial y describía, uno por uno, los síntomas más dolorosos de la Administración de Justicia. Después, porque estaba dedicada a los ciudadanos y a los jueces, víctimas del desgobierno de nuestra Justicia.

Gemidos como ‘¡Justicia emprende tu camino!’ o ‘¡Qué engaño!’, con la estampa final de la mujer de la limpieza metiendo la balanza de la Justicia en el cubo de la basura fueron de una emoción estremecedora.

León Felipe, aquel gran poeta maldito, payaso de múltiples bofetadas y fervoroso defensor de la justicia, decía con su garganta rota y en estribillo de matraca, pero «¿Qué es la justicia? ¿Un truco de pista? ¿Un número de circo?

¿Un pimpampum de feria? ¿Un vocablo gracioso para distraer a los hombres y los dioses? Respondedme. Que me conteste alguien… Silencio… Silencio».

Javier Gómez de Liaño es abogado. Fue magistrado y vocal del Consejo General del Poder Judicial.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Gustavo Bueno – España como nación. 14042005.

. Santiago Abascal charla con los trabajadores del centro de Madrid. 090421.

 

Humor

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 110421

 

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‘Ratched’ [2020] de Ryan Murphy (Creador)/serie/Netflix

Ratched Movie Poster

«Danse Macabre, Op 40» [1874], compuesta en 1874 por Camille Saint-Saëns, inspirándose en un poema de Henri Cazalis recreando la antigua superstición de la Danza de la Muerte. En versión, en la banda sonora, de la New York Philharmonic Orchestra, dirigida por  David Nadien. Incorporada a la banda sonora original. Cartel no oficial de el film, diseñado por by LA  y fotografiado por  Jason Bel. En YouTube.

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trailers/imágenes
AÑO/TÍTULO
2020 / Ratched (TV Series) 
DURACIÓN
[1 temporadas. 177 episodios de 45 min]
PAÍS
EEUU
DIRECTOR
Ryan Murphy (Creador)
GUIÓN
FOTOGRAFÍA Simon Dennis, Nelson Cragg y lake McClure
REPARTO
PRODUCCIÓN
Color Force, Scott & Larry Productions, Ryan Murphy Productions, FX Productions, Fox 21 Television Studios, Cinema Vehicle Services (Emitida por: FX Network)

Honores

2020: Globos de Oro: Nominada a mejor serie drama, actriz (Paulson) y sec. (Nixon)

 

Sinopsis.

Serie de TV (2020-Actualidad). 8 episodios. Una enfermera de una institución mental se vuelve hastiada, irascible y un verdadero monstruo para sus pacientes. En los años 40, Mildred Ratched se traslada al norte de California para conseguir un trabajo en un hospital psiquiátrico pionero en la aplicación de nuevos e inquietantes experimentos con la mente humana. Mildred se presenta como la imagen perfecta de lo que debería ser una enfermera pero, a medida que empieza a trabajar en el sistema de salud mental y con aquellos que están dentro de él, se descubrirá que su elegante exterior oculta una oscuridad que va creciendo en su interior y que lleva ardiendo durante mucho tiempo, revelando que los verdaderos monstruos se hacen, no nacen.

[Filmaffinity]

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Críticas internacionales:

  • “Todo es impecable, empezando por el diseño de producción (…) En resumen: impactante y excelente.” Ángel S. Harguindey: Diario El País
  • “Como si ‘American Horror Story’ y Hitchcock tuviesen un hijo (…) Es entretenida, ostentosa, bella, atractiva y, como es marca de la casa, está bien rodada y bien interpretada. Y sí, nos deja con ganas de otra temporada.”. Álvaro Onieva: Fuera de Series
  • “Una exploración atenta y emotiva de las repercusiones del trauma y una defensa de la homosexualidad y la feminidad en un género y un material que suele tratarlas con desprecio (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”. Alexandra Pollard: The Independent
  • “Brilla gracias a su amor estilizado por el gore. Como la temporada de ‘Asylum’ de ‘American Horror Story’, pero con más presupuesto, cada escena es una colección soberbia de elementos de terror”. Kayla Cobb: Decider
  • “El todo es menos que la suma de sus partes. ¡Pero qué partes! El diseño de producción de Judy Becker y el vestuario de Lou Eyrich y Rebecca Guzzi (…) se aseguran de que siempre haya algo admirable en pantalla”. Inkoo Kang: The Hollywood Reporter
  • “Una serie macabra que es absolutamente deliciosa y en la que cada plano es una obra de arte (…) Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)”. Daniel Kurland: Bloody Disgusting
  • “Viéndolo como lo que es –un thriller de terror chispeante, impactante, elegante y febril– ‘Ratched’ funciona maravillosamente. Todos los actores están totalmente comprometidos”. Drew Taylor: Collider

Más críticas

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Banda sonora

  1. Cy Coleman – Sweet Charity: Big Spender
  2. Camille Saint-Saëns – Danse Macabre, Op. 40
  3. Peter Sivo Band – This Is Ours
  4. Andrea Litkei – What Have You Done To My Heart
  5. Giacomo Puccini – Puccini: Turandot, Act 1: «Signore ascolta!» (Liù)
  6. Glenn Miller – Moonlight Serenade
  7. Ivie Anderson – Play Me the Blues
  8. Fletcher Henderson – Shangai Shuffle
  9. Artie Shaw – Begin the Beguine
  10. Bob Wilson & His Varsity Rhythm Boys – Charleston
  11. Johnny Hodges – After Hours on Dream Street
  12. Philip Glass – November 25: Morning
  13. Isham Jones – I’ll See You In My Dreams
  14. Bing Crosby – Don’t Fence Me In

Fuentes: discogs / / wikipedia // tunefind / masdecibelios // YouTube / hipertextual /

Tráiler

. Tráiler subtitulado en español.

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MI OPINIÓN:

De la imagen a la historia

Ratched‘ [2016 ]es una película difícil de evaluar en su globalidad, dado que en uno de sus aspectos resulta impactante mientras que, en el otro, la perplejidad es indescriptible.

Comencemos, pues, por lo bueno.  Basada en la novela de 1962 One Flew Over the Cuckoo’s Nest de Ken Kesey, que se estrenó en el 18 de septiembre de 2020, como serie de Netflix fue creada por Evan Romansky y está protagonizada por la gran  Sarah Paulson como la enfermera Ratched. Destacando, por encima de todo, una cromática y fantástica fotografía, abundante en sus enormes primeros planos o en la belleza del discurrir de sus largos pasillos; una dirección artística, ambientación, vestuario [Lou Eyrich y Rebecca Guzzi], y peluquería absolutamente inolvidable [Michelle Ceglia y Alyssa Bailey-Broom]; y un diseño de producción [Judy Becker] tan minucioso y singular que salta la vista el presupuesto resultante.

Y, en fin una contínua elegancia que recuerda lo mejor del Hollywood de los 50’, con un correcto montaje, edición, realización y con una banda sonora que cumple a la perfección su función integradora y que incorpora una histórica curiosidad: el tema principal de ‘Ratched’ es «Danse Macabre, Op 40» [1874] , de Camille Saint-Saëns [Francia, 1831-1921], quien compuso la primera banda sonora original en la historia cinemtográfica y, por tanto,fue el primer compositor de música para el cine.

Continuemos con la preciosa gama de colores saturados, algo vintage; las alfombras texturizadas, los exagerados estampados, toman un rol tan importante en el film, que el espectador se entrega a una trama no tan convincente, de la que después hablaremos,  por el simple deleite de ver una serie que se centra más bien en la forma que en el contenido, en la composición artística más que en el argumento. Y eso se agradece, también  en lo que vale. La serie Ratched se detiene en las espectaculares formas, en la belleza, en la composición de la imagen, lo cual, en sí mismo, supone un pleno reconocimiento de su excelsa singularidad, que recuerda, en muchas secuencias, su sabor a Hitchcock.

Por el contrario, lo demás, el contenido, su fondo, la historia o el guion [Evan Romansky (Creador) y Ryan Murphy], componen un alambicado despropósito que no conduce a ninguna parte. Los personajes indefinidos y estereotipados hasta la excentricidad más surrealista, convirtiendo a todas las actrices en las respectivas muñecas  Barbie; los excesos de un color que, como una suerte del antiguo Tecnicolor, con repetitiva gradación de rebuscadas gamas de tonalidades. Con una amalgama de multitud de estériles tramas, cruzadas y tediosas líneas argumentales donde todo es, irremediablemente. tan posible como previsible. Aborda, por otra parte, cuestiones como la homosexualidad y el feminismo, con la vaciedad de un innecesario e indefinido añadido a la nefasta moda de nuestro tiempo, y con un estilo gore que tampoco aporta nada a la causa.

Dicho cual, tampoco hay que ocultar una buena interpretación coral con profesionales de la talla de Sarah Paulson (Mildred Ratched), maravillosa aunque algo desorientada por el inconsistente papel del personaje protagonista, Ratched; la versátil Judy Davis como Betsy Bucket, la Jefa de enfermeras;Jon Jon Briones , en el papel de Dr. Richard Hanover, director médico de la residencia; Alice Englert, como  Nurse Dolly, enfermera; y, también, Cynthia Nixon (Gwendolyn Briggs) e incluso Sharon Stone, en estrafalario papel de Lenore Osgood, correctamente ejecutado con su incuestionada y atractiva personalidad. Por cierto, nada que ver con ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ [1975], de Milos Forman, por mucha propaganda que lo asegure y divulgue, a años luz de la profundidad psicológica y méritos de aquella.

Pocas veces tan mal guión ensució tanto talento estético [6 sobre 10]

EQM

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  • Mi crítica en IMDb [EEUU/EQM Spain]. Pendiente de publicación
  • Mi crítica en Filmaffinity [España/elquicio]. Pendiente de publicación

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Fuentes:

Filmaffinity [críticas de espectadores], IMDb, Wikipedia y elaboración propia [EQM].

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Presunción de inocencia futbolera, por el momento…


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La Liga no encuentra pruebas contra Cala: «Mierda», «déjame en paz» y «perdona, no te cabrees»

OKDIARIO, 090421

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Toni Cantó, número 5 de Isabel Díaz Ayuso en la lista electoral del 4-M.

Toni Cantó y la decadencia de TVE

David Mejía en El Español, 090421

La 1 ha cerrado el peor mes de marzo de su historia con una cuota de pantalla del 8,7%. La cifra supone, no obstante, una mejora de una décima respecto al mes de febrero, donde la cadena pública se había reencontrado con el mínimo histórico (8,6%) que alcanzó en julio de 2019 y 2020.

Las cifras más alarmantes son las de sus Telediarios. Tanto en la edición de mediodía (10,9%) como en la nocturna (10,1%) los informativos de la cadena pública quedan muy lejos del liderazgo que ostenta Antena 3 con un 20,6% y un 21,4% de cuota, respectivamente.

¿Cómo se explican estos datos? Toni Cantó ha denunciado (en la propia TVE) que el marcado sesgo gubernamental en las informaciones está expulsando a parte de la audiencia. La dirección no ha querido disimular su parcialidad, como demuestra la contratación de periodistas muy significados y la exhibición de titulares, rótulos, gráficos e infografías que provocarían sonrojo en Tirano Banderas.

Huelga decir que la manipulación en TVE no es un invento de este Gobierno, ¡qué grandes momentos nos dio Alfredo Urdaci! Pero es cierto que este Gobierno ha elevado los vicios de la política a un nivel de descaro desconocido hasta ahora.

La sospecha se ha extendido sobre muchos de los trabajadores del ente, muchos de ellos funcionarios. Es decir, servidores públicos. Los famosos viernes negros, que surgieron para denunciar las manipulaciones del marianismo, se apagaron poco después de su salida del Gobierno.

Es verdad que volvieron fugazmente en septiembre de 2019 para denunciar los nombramientos de David Valcarce y Enric Hernández como director y jefe de servicios informativos de la cadena pública. Pero algunos hemos extrañado su purismo periodístico en los últimos tiempos.

Cuando uno critica a TVE siempre aparece algún iluminado reivindicando la importancia de la televisión pública. Rara vez se percata de que ningún argumento a favor de la televisión pública sirve hoy para defender TVE.

Al contrario. No se puede defender la existencia de la televisión pública sin reprobar nuestro actual modelo.

El beneficio de una televisión pública es proporcional a la confianza que genera en los ciudadanos. PBS, la red de televisión pública de Estados Unidos, anuncia (y justifica) sus servicios argumentando que es la fuente de noticias y asuntos públicos de la que más se fían los americanos.

Además de en la información, PBS está volcada en la educación, y destina muchos recursos a ofrecer una programación formativa para niños y jóvenes de todas las edades. En otras palabras, se justifica a sí misma como un servicio público, al alcance de todos.

La misión de un medio público es contribuir a que las sociedades estén bien informadas, políticamente comprometidas y socialmente cohesionadas. Disculpen la obviedad, pero el único sentido de que una institución sea pública es que esta sirva al interés público, no a los intereses del gobierno de turno.

La BBC nació en 1922 como un consorcio de empresas privadas. Su titularidad pasó a ser pública en 1926, tras la recomendación de un comité parlamentario que argumentó que “emitir conlleva un poder propagandístico tan grande que no puede confiarse a ninguna persona u organismo que no sea una corporación pública”.

En otras palabras, la nacionalización del consorcio se hizo para evitar la propaganda política, dar acceso a la cultura a los más desfavorecidos y restablecer esa fe en las instituciones que la I Guerra Mundial había erosionado.

Habrá quien considere que la televisión pública está hoy menos justificada que nunca. Internet ha democratizado la información y extendido la programación a la carta.

Pero las empresas que reinan en ese ecosistema (Google, Facebook, Netflix, Apple) no tienen compromiso alguno con la protección del interés público, por más que adopten ademanes de moralismo de nuevo cuño. Además, el streaming es el epítome de uno de los males de nuestro tiempo: el fin del mediador.

A diferencia de otros espacios, la televisión pública debería estar caracterizada por el ejercicio de una mediación equilibrada y comprometida con la verdad, la cultura y la concordia constitucional. Estamos más lejos que nunca de ese modelo ideal. Y sin llegar a los extremos de algunas televisiones autonómicas, nuestra TVE comienza (como demuestran las cifras) a perder la confianza de los españoles.

No, no hay que cerrarla, como no habría que cerrar el Museo del Prado aunque las exposiciones las comisariara Iván Redondo para mayor gloria de Pedro Sánchez.

Pero al riesgo de la falta de confianza se añade el de la tentación de la venganza. Ante los precedentes que sienta este Gobierno, ¿qué televisión pública nos espera el día de mañana, en una España gobernada por PP y Vox?

Quizá esa distopía sirva para hacer reaccionar a una ciudadanía complaciente, que celebra que la televisión pública le repita sus prejuicios o que se conforma con cambiar de canal.

Y piénsenlo también los excelentes profesionales que trabajan en esa casa. Un viernes negro a tiempo les puede ahorrarles muchos malos lunes.

David Mejía es Teaching Fellow en la Universidad de Columbia, profesor asociado en la IE University y columnista de EL ESPAÑOL.

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¡A la cola!

¡A la cola!

Pedro Schwartz EN ABC, 090421

No pretendo elevar una anécdota a categoría, pero me atrevo a relatar mi propia experiencia. Intenté por dos veces que me vacunaran en un centro público de salud sin conseguirlo. No critico a las personas que me atendieron, amables en todo momento, sino destaco que es el sistema el que es gravemente defectuoso.

La primera vez que me presenté me dijeron que, como yo pertenecía a la Mutualidad de Funcionarios y había elegido cuidarme en una clínica privada, no podía ser vacunado por el Sistema Nacional de Salud. La segunda vez que me presenté, ya inscrito en la Seguridad Social, objetaron que no tenía la edad suficiente, porque aún estaban concentrados en tratar a los muy mayores. Por fin, a la tercera he conseguido que me vacunen.

Era una anomalía que los funcionarios en servicio o jubilados que hubiesen elegido un centro privado no pudieran vacunarse por el sistema público. Doña Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno, que enfermó gravemente del Covid, fue atendida y curada gratuitamente en una clínica privada, a lo que tenía pleno derecho como funcionaria.

No sé si la dejarán vacunarse, aunque por fin parece que la Mutualidad ha entregado al Ministerio de Salud una lista de afiliados inscritos en clínicas privadas. Con ello esperan haber alcanzado el próximo julio al 77 por ciento de ese colectivo. ¡Emocionadamente agradecidos!

La excusa para prohibir la venta privada de vacunas en España es la equidad -el falso argumento de quienes buscan reducir nuestras libertades-. Los socialistas de todos los partidos, que decía Hayek, consideran injusto permitir que se compren y vendan en el mercado esos medicamentos. Alegan que supondría favorecer a los ricos frente a los pobres. El argumento contra la discriminación plutocrática sería más convincente si los individuos tuvieran que gastar por vacunarse los casi cien euros que cobran cada vez que nos obligan a hacernos una PCR.

Pero ¿saben mis lectores cuál es el coste de las vacunas ahora ofrecidas por las compañías farmacéuticas? El precio oficial de la vacuna de Oxford/AstraZeneca es de tres euros por dosis. La de Johnson & Johnson cuesta ocho euros y basta una sola dosis. Los precios suben más en el caso de otras vacunas. Por ejemplo, el precio internacional de cada dosis de Pfizer, que es la que me ha aplicado el Estado español, es de diecisiete euros. La oferta de nuevas versiones es cada vez más abundante y barata.

Los enemigos de la economía libre también alegan que, con la libertad de compraventa, los laboratorios tendrían sin duda la desfachatez de aumentar sus beneficios.

No saben ver que la competencia conjura el peligro de precios abusivos para compradores particulares, pues la gratuita ofrecida por el Estado español a quienes estén dispuestos a esperar pone techo a los precios que pudieran cargarse a los privados. El gasto que podría suponer para una persona sin grandes recursos el comprarse una dosis de vacuna contra el Covid-19 por menos de veinte euros no debería preocupar ni siquiera a los igualitarios.

Es mucho lo que no sabemos todavía sobre las vacunas: quizás haya que repetir la inoculación cada año, como es el caso de la vacuna contra la gripe; o falta aún la suficiente garantía de que los vacunados no son infecciosos para los no-vacunados. Al menos sí que sabemos que los vacunados pueden volver al trabajo.

Las grandes empresas que tanto se preocupan por el medio ambiente y que reclaman al Estado que vacune con presteza a su personal más necesario, ¿por qué no compran la más barata para todos sus empleados? Contestan: es que está prohibido por el Gobierno,

Dos son los argumentos aducidos para prohibir la libre venta e inoculación de vacunas contra el Covid-19 en paralelo con la pública: que se necesita información estadística sobre la evolución de la enfermedad; y que hay una obligación moral de respetar el orden de prelación fijado por las autoridades.

Las personas poco familiarizadas con los métodos estadísticos creen que la sola manera de compilar información fiable es centralizando la recogida de datos. No recuerdan que puede ser suficiente la información por muestreo. Los propios vacunados tendrán interés en que se los certifique.

La otra queja es que quienes se vacunen individualmente están ‘saltándose la cola’. ¿Qué cola? ¿Quién la ha creado? La incapacidad de las autoridades sanitarias españolas ha traído una escasez temporal que la oferta internacional de vacunas pronto remediará. Quienes se saltan la cola yendo al extranjero a vacunarse no aumentan la escasez en España, sino que la disminuyen y contribuyen de su bolsillo a la salud de nuestro país.

Dados los retrasos del monopolio público, debería permitírseles acudir a la competencia privada sin necesidad de viajar. Sería para muchos un ejercicio de prudencia. Y al huir, sin daño para nadie, de la manía reguladora de quienes nos gobiernan, también defienden nuestras libertades.

Pedro Schwartz es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

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Vallecas, piedras y votos: la violencia sale rentable
Agresiones a la policía en Vallecas

Vallecas, piedras y votos: la violencia sale rentable

Diego S. Garrocho Salcedo en El Español, 090421

No lo duden nunca: la violencia, al igual que el fraude fiscal, existe porque es rentable. Es algo tan obvio que los romanos, cuando querían resolver la autoría de un crimen, comenzaban haciéndose una pregunta sumamente sencilla. ¿A quién beneficia? ¿Quién podría estar interesado en que algo así haya acontecido?

Tan astutos eran que todavía hoy cualquier instrucción judicial se orienta a partir de ese mismo principio. Cui prodestcui bono.

Basta el testimonio de cualquiera de los muchos tiranos que en la historia han sido para confirmar que la administración del terror y la fuerza es un instrumento sumamente eficaz para dominar voluntades. En las Termópilas, en Hernani o en el patio del colegio, la posibilidad de exterminar al enemigo es siempre un seductor incentivo. Precisamente, por su extremada ejecutividad.

Hace dos días, Vallecas fue testigo de un acontecimiento algo insólito en Madrid, aunque tristemente habitual en otras partes de nuestro territorio. Vox, un partido político que representa legítimamente la voluntad de miles de personas también en ese barrio, organizó un acto para exponer las consignas de una ideología que, por lo demás, encuentro esencialmente disparatada e incompatible con muchos de mis valores.

Pero eso poco importa, naturalmente.

Lo mollar del suceso lo conocen. Una colección de energúmenos, invocando incluso el espíritu de Paracuellos, agredió a las personas allí congregadas bajo la coartada emocional del antifascismo.

En un país en el que el adjetivo fascista se ha predicado de Joan Manuel Serrat o hasta de Pepe Sacristán, a la palabra parece haberle pasado lo que decía Nietzsche que le ocurría a las monedas: que a fuerza de usarlas se les ha borrado la efigie hasta hacerse irreconocibles.

El mismo pretexto antifa ha servido para lanzar un mini con orín a los diputados de Ciudadanos en el Orgullo o para amenazar a los jueces de Euskadi.

Si el populismo de izquierdas buscaba un significante vacío aquí tienen un extraordinario candidato. Aunque, cuidado, porque el insulto puede acabar siendo un inconsciente agregador de mayorías.

Cervantes, listo como pocos, nos enseñó que no hay nada que le guste más a un español que una batalla imaginaria. Y un miércoles de abril en Madrid, en estos días de pandemia, cualquier ciudadano tiene dos opciones.

Consumirse en el letargo mediocre de su existencia o agarrar la lanza y el yelmo para sumarse a una algarada heroica. Entre aburrirse en casa viendo la tele o alinearse en un rapto delirante con Hemingway, Miguel Hernández o Bergamín, algunos cobardes torerillos de salón optaron por lo segundo.

Sobre la contradicción explícita que supone defender la democracia a pedradas no hará falta decir mucho. De hecho, no todo fue malo durante esa jornada, ya que entre las muchas y sofisticadas estrategias de legitimación de la violencia, por una vez, y es muy de agradecer, el absurdo pictoline de Popper no llegó a ser trending topic.

Algo hemos progresado si nos hemos ahorrado la matraca desviada de que no hay que tolerar al intolerante.

No soy tan ingenuo como para apelar a la bondad de nuestros políticos en nombre de la no violencia. En un contexto en el que se amenazan sin rubor la presunción de inocencia, la inviolabilidad del domicilio, la libertad de prensa o la separación de poderes, se me haría un tanto patético imponerme el disfraz de telepredicador para anunciar el poder de la virtud y del abrazo.

A quienes han intentado blanquear una agresión injustificable no les pediré que se hagan demócratas de repente. Ni tan siquiera que ejerciten su lucidez hasta ganar una decencia que les es del todo ajena.

Pero lo que sí les ruego, como poco, es que su estrategia les eleve allí donde no alcanza su ética. Aunque no les guíe su brújula moral, que les asista, al menos, la calculadora de votos.

Hace unos días atacaron la sede de Podemos en Cartagena y estoy seguro de que algún responsable político celebraría tal barbarie. Pero tuvo al menos la inteligencia de saber callarlo. Alguien debería grabar en piedra, si no lo han hecho ya, esta máxima política: quien no pueda ser virtuoso, que al menos disimule.

Cualquiera que conozca al electorado madrileño sabrá prever su reacción ante unas imágenes en las que unos cérvidos valentones (siempre hombres) dicen defender la democracia a golpe de pedrada.

No puede costar tanto. Si personajes tan siniestros como Arnaldo Otegi supieron renunciar a la violencia, no por convicción sino por estrategia, creo que todos los que hoy jalean a la turba antifa deberían aprender la lección.

A fin de cuentas, es más que probable que la violencia rente. Pero nunca en campaña.

En el fondo, mi lamento es tan nostálgico como inane. Sólo busco retomar las viejas costumbres. Me bastaría con que los políticos volvieran a engañarme en campaña para hacerme creer que son mejores de lo que realmente son.

Y si pierden el honor y la reputación que sea, al menos, por un puñado de votos.

Diego S. Garrocho Salcedo es profesor de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Una familia viendo la televisión en el salón de su casa.
Una familia viendo la televisión en el salón de su casa.SANTI BURGOS

 

La enésima ola

José Balsa Barreiro, Manuel Cebrián EN El País, 090421

La buena gestión durante la primera ola del coronavirus convirtió a Alemania en la referencia del mundo occidental, presentando unos índices de mortalidad muy inferiores a la mayor parte de sus vecinos europeos. Alemania tenía los mejores indicadores de gestión sanitaria y sus expertos en virología, las principales cabezas visibles de su gestión, se convirtieron rápidamente en figuras de relevancia pública.

En verano, se podían ver reportajes y entrevistas en todos los medios, conferencias televisadas y hasta conciertos para homenajearlos con fans que vestían camisetas customizadas con sus caras. Unas semanas después, Alemania sucumbió a la segunda ola demostrando lo que realmente es una pandemia: vivir siempre en la incertidumbre ante la nueva ola que vendrá.

La buena gestión alemana durante la primera ola elevó a científicos, gestores sanitarios y expertos a los altares de la atención mediática. De la noche a la mañana, ellos concentraban toda nuestra atención con el objetivo de mantenernos informados y concienciados como sociedad. Pero, ¿realmente se puede concienciar a alguien repitiendo un mismo discurso una y otra vez? (Spoiler: ¡No!).

sta tensión entre capturar la atención de los ciudadanos para concienciarnos y, a la vez, reclamar continuamente nuestra atención, ha puesto a todo el conjunto de la sociedad (y la comunidad científica en particular) en una tesitura muy delicada. Más aún cuando la pandemia converge con ciertos movimientos y tendencias propias de las sociedades actuales.

La primera ola de la pandemia estuvo dominada por el bombardeo continuado de noticias contradictorias por parte de los medios de comunicación, lo que nos llevó a una situación de confusión generalizada. Los ciudadanos se convirtieron en simples rehenes indefensos ante las constantes incoherencias y los sentimientos encontrados que todas estas incoherencias generaban en sus vidas.

De alguna forma, la primera ola estuvo marcada por la metamodernidad que e ya venía permeando nuestra realidad desde hacía unos años. Según esta teoría, vivimos una época de fuertes oscilaciones en la que nuestra existencia no deja de balancearse continuamente entre situaciones extremas.

Lo que en el mundo real viene a decir que lo que hoy es verdad, mañana ya no lo es. O lo que, en un contexto de un nuevo virus de origen desconocido, hoy sólo es una gripe, pero mañana es un virus letal que acabará con la civilización humana. O viceversa.

Pero el paradigma de la pandemia ha cambiado a partir de la primera ola. Las olas sucesivas han pasado a estar dominadas por la hipermodernidad. John David Ebert detalla las claves de este movimiento, dentro del que emerge toda una sociedad de hiperindividuos muy activos digitalmente, aunque totalmente exentos de conexión real con la historia, con su comunidad o con cualquier objetivo colectivo.

Es la sociedad de internet, las redes sociales y la atención continuada centrada en individuos. En un contexto de pandemia como la actual, y ante un problema para el que no existen soluciones mágicas a corto plazo, todo el mundo reclama atención. De alguna forma, cada individuo pretende erigirse como héroe, y esto aunque no haya nada nuevo que decir o lo que se afirme sea algo incoherente o simplemente contraproducente.

Si en la primera ola el experto prometió que podía resolver el problema, cuando llega la segunda, la única opción que queda es presentar predicciones pesimistas y dibujar escenarios más sombríos de lo que podríamos imaginar.

Pero la atención es un recurso limitado en sí. La incertidumbre ante el dramatismo de la situación llevó a que de repente obviáramos todo lo que no era covid-19. En Europa, ya poco importa el acuerdo final del Brexit, las elecciones en Cataluña, o el cambio climático.

En un mundo pre-pandemia, Greta Thunberg y Elon Musk se habían convertido en dos de los grandes iconos de la sociedad de nuestro tiempo. Lo eran por los grandes desafíos que enfrentaban, pero también por la propia idiosincrasia de sus personajes. De alguna forma, ellos eran la ola dominante. Pero lo fueron solo hasta el momento en que vino una ola más grande en forma de pandemia.

Como si de simple aritmética se tratase, la atención que reciben los expertos en covid-19 ahora es justo la atención que deja de recibir Greta y Elon. Y esto a pesar de los esfuerzos de cada uno de ellos por recuperar una parte de la atención a través de numerosas interacciones y campañas que, a pesar de su urgencia, habían perdido totalmente el interés para una parte muy importante de la sociedad.

La pandemia ha devaluado la atención que dedicamos a las viejas estrellas. En el mundo pre-pandemia, influencers, chefs, celebrities y deportistas de alto nivel acaparaban nuestra atención. Formaban parte de un ecosistema sostenible de acuerdo a la sociedad de su momento, que se mantenía vivo a costa de nuestra atención.

Pero un mundo que trabaja remotamente desde casa, y que apenas sale a la calle, no puede capitalizar de ninguna manera su estatus social. Miles de reuniones virtuales en las que difícilmente se mantiene la jerarquía laboral, medios que publican fotos de famosos en los que tienen que aclarar quién es la celebrity en cuestión porque apenas se distingue su cara con la mascarilla, conciertos en Youtube que no interesan a prácticamente nadie, o eventos en streaming como la Semana de la Moda de París, los Globos de Oro o el Foro de Davos, entre otros, han pasado por nosotros sin pena ni gloria.

Lo que llevado a realidades más próximas, son restaurantes de alta cocina que echan el cierre y cuyos chefs tienen que reinventarse como simples cocineros de otro tiempo preparando menús a precios populares, influencers que no dejan de hacer o decir cosas descalabradas, o un gran elenco de famosos o exdeportistas que no dejan de abrirse perfiles en OnlyFans, entre otros ejemplos.

La pandemia no va a durar para siempre… o sí. Esto dependerá de nosotros y de la forma que administremos nuestra atención dentro del ecosistema del espectáculo en el que estamos inmersos. Los medios de comunicación siempre encontrarán nuevos casos de reinfectados, nuevas cepas, mutaciones del virus o efectos adversos de la vacuna en algún lugar. Por supuesto, se plantearán extensos debates sobre ciertos efectos secundarios derivados de las vacunas convirtiendo a algunos virólogos en acérrimos antivacunas. Y lo mismo sucederá con la aparición de nuevos virus mucho más letales en algún lugar remoto del planeta.

Cuando los captadores de atención vean que el filón se acaba, simplemente se inventarán una nueva narrativa, cada vez más desgarradora, que permita alargar su ola y extender su condición de héroe. Así, una vez que se anclan a un espectáculo concreto, simplemente no lo pueden dejar ir. Lo que, en consecuencia, demuestra que estamos inmersos en una batalla por la perpetuación del problema.

Pero hay algo que subyace más allá de toda esta heroicidad colectiva. Y es que detrás de cada héroe siempre debe haber una amenaza y un villano aún más terrible. O lo que es lo mismo, a estas alturas de la pandemia, todos los héroes son Cassandras a las que solo queda anunciar la enésima ola, por ser ese su único ticket a la fama en un nuevo mundo dominado por el terror.

Manuel Cebrián es jefe de investigación en el Max Planck Institute for Human Development en Berlín y José Balsa-Barreiro es investigador posdoctoral del MIT Media Lab (EE UU).

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Baudelaire y la modernidad
itziar Barrios [España, 1988]

 

Baudelaire y la modernidad

Piedad Bonnett EN El País, 090421

El primer poema de Charles Baudelaire que leí, siendo apenas una adolescente que ya quería ser poeta, fue Una carroña, ese texto que empieza describiendo en versos descarnados el cadáver de un animal en proceso de descomposición, y termina con la voz del poeta advirtiéndole a la amada que un día también ella —“Oh estrella de mis ojos, oh sol de mi llanura”, según tradujo Andrés Holguín— será eso: restos putrefactos.

Para mí, que venía de leer a los poetas románticos, aquello fue una revelación: descubrí que en el arte —para decirlo como las brujas de Macbeth— lo bello puede ser feo y lo feo puede ser bello.

El camino que debió transitar Baudelaire para crear una nueva estética, de la que hace parte esa búsqueda de la belleza en lo sórdido y lo horrible, es tan apasionante como complejo.

En su origen está, sin duda, la rebeldía, que le sirvió, como a muchos artistas, de impulso creativo, y que empezó a gestarse en los distintos internados que recorrió, donde padeció el autoritarismo de sus maestros, muchas veces violentos, y la dureza del castigo y la estrechez de miras de una educación religiosa centrada en la amenaza del pecado y la culpa.

También a esa rebeldía contribuyó la rigidez de su padrastro, empeñado en hacer de él un hombre de bien, con una carrera convencional y una vida ordenada.

Pero Baudelaire, con tenacidad desafiante, rechazó muy pronto el orden burgués y por tanto la idea convencional de moralidad, familia y trabajo. Sus contemporáneos lo describen como un dandy, un personaje al que el mismo Baudelaire definía como un rebelde, aristócrata de espíritu y cultivador de lo bello.

“Un dandy no puede ser jamás un hombre vulgar”, escribió. Refinado, pues, en sus gustos, excéntrico, despilfarrador y bohemio, frecuentador de prostíbulos y tabernas, Baudelaire fue un hombre de excesos y contradicciones, que supo expresar en sus versos la violenta tensión entre su afán de trascendencia —que lo hacía soñar con mundos ideales— y la fría conciencia de ser un “desterrado en la tierra”, y de pertenecer a una sociedad deslumbrada por el progreso,

“esta idea grotesca, que ha florecido en el suelo de la fatuidad moderna”,

donde el artista empezaba a convertirse ya en un ser marginal, sin lugar ni reconocimiento. Esta irrelevancia del artista, la pérdida de su aureola —que describió en El spleen de París— paradójicamente es lo que le da su libertad. La que él usó para señalar desde sus versos la mezquindad de una sociedad que desprecia lo sagrado.

A pesar de su ataque a “la fatuidad moderna”, que para él no era otra cosa que la forma frívola en que el ciudadano común —y no pocos artistas— parecían entender el término modernidad, reduciéndolo a inventos deslumbrantes como la electricidad o la fotografía, Baudelaire es considerado el poeta que abre la puerta a la experiencia de la modernidad en el arte.

Es verdad que pervive en él algo del espíritu romántico, que lo llevó a desarrollar en poemas como La invitación al viaje o El vino de los amantes “el tema romántico de la rebelión y la evasión hasta el último grado de la tragedia”, según acertado análisis de Marcel Raymond. Y también que en Correspondencias, ese célebre poema suyo, se anticipó a la estética simbolista, que iba a buscar en la musicalidad la esencia de la poesía y a recurrir a la sinestesia para mostrar el mundo como “una tenebrosa y profunda unidad”.

Pero él va más allá gracias a su aguda mirada, que le permite descubrir una noción de modernidad distinta, más honda y reveladora.

Es en El pintor de la vida moderna, una serie de ensayos críticos publicados por entregas entre noviembre y diciembre de 1863 —cuatro años antes de su muerte— en el periódico Le Fígaro, donde Baudelaire va a desarrollar sus ideas más interesantes. Bajo títulos diversos y sugestivos como Lo bello, la moda y la felicidad, El dandy, o Elogio del maquillaje, aborda distintas aristas de la modernidad, a la que define como “lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable”.

Si suprimimos de la representación artística lo actual, nos dice, lo particular de una época —la moda, por ejemplo, con todo lo que hay en ella de efímero y cambiante— “caemos forzosamente en el vacío de una belleza abstracta e indefinible”. Baudelaire plantea así que el arte tiene el imperativo de volver imperecedera “la belleza pasajera, fugaz, de la vida de hoy”.

Durante la década de 1860 el poeta, en la plenitud de su producción y de su juventud, fue testigo de la transformación de París, su ciudad amada, bajo el liderazgo del barón Haussmann, su prefecto, que arrasó con cientos de viviendas insalubres, pero muy vitales para dar paso a largas avenidas y extraordinarios bulevares, con los que se quería, en última instancia, demostrar el poderío del Estado bonapartista. Aparece, pues, una ciudad moderna y deslumbrante, que, paradójicamente, junta y divide a pobres y ricos.

En esa ciudad bullente Baudelaire va a encontrar, con fascinación y curiosidad, esa mezcla de lo sofisticado, lo miserable, lo diverso, lo misterioso, propio de lo urbano, y también lo móvil que tanto le interesaba; ahora bien: no es lo meramente externo de esa ciudad lo que le interesa, sino las profundas resonancias de lo colectivo en el individuo, cuya soledad se profundiza en medio de la masa.

“Esa multitud, de la cual Baudelaire no olvida jamás la existencia”, nos dice Walter Benjamin en su célebre ensayo sobre el poeta, “no le sirvió de modelo para ninguna de sus obras. Pero está inscrita en su creación como una figura secreta”.

En Los siete ancianos, Las viejecitas o Los ciegos, Baudelaire se sirve del verso para mostrar estos personajes, que “avanzan como autómatas, vagamente risibles”, mientras “ebria hasta la locura/ ríes ciudad, y cantas en un largo mugido”. Pero en El Spleen de París, el verso da paso al que él consideró el vehículo perfecto para hablar de la modernidad urbana: la prosa.

En dedicatoria a Arséne Houssaye, publicada por primera vez en 1862, a manera de prólogo de 20 poemas que llevaban el título de Pequeños poemas en prosa, presenta una especie de arte poética: “¿Quién de nosotros no ha soñado con el milagro de una prosa poética musical, más sin ritmo y sin rima, lo bastante flexible y con los contrastes suficientes para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones de la fantasía y a los sobresaltos de la conciencia?”. Confiesa, también, que es de frecuentar la ciudad de donde nacen estos poemas.

El 31 de agosto de 1867 Baudelaire murió en París, y fue enterrado en Montparnasse. Sus últimos meses, algunos de los cuales transcurrieron en Bélgica, muy enfermo, fueron bastante penosos.

Sufría una afasia cruel y repentinos ataques de cólera, que aterraban a sus acompañantes, y que hicieron que corriera la especie de que estaba loco. Según los médicos murió de “reblandecimiento cerebral” y hemiplejía, enfermedades a las que contribuyeron, también según ellos, su sífilis y su consumo de alcohol y opio.

Tenía 46 años y la ilusión, que no pudo alcanzar, de publicar una edición definitiva de Las flores del mal,que incluiría nuevos poemas.

Piedad Bonnett es poeta, novelista y dramaturga, autora, entre otros libros, de Lo que no tiene nombre (Alfaguara).

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Sentido del orden PÚBLICO del doctor Vacuno, el Chepas y el insignificante Marlasca. Resultado: detenidos-2, heridos 34, veinte de ellos policías. En la foto una de esas imágenes que excitan y emocionan al Moños: manifestantes agrediendo a un policía.

 

Tonnntos y malvados

Santiago González en su blog, 080421

Julen Madariaga Aguirre, fundador de ETA junto a Alvarez Enparanza, Benito del Valle y José Manuel Aguirre, murió ayer en San Sebastián a los 88 años. Arnaldo Otegi hizo se pequeña necrológica en Twitter: “Ha fallecido Julen Madariaga, fundador de ETA y militante de HB y de Aralar.

Abertzale y comprometido con la libertad de nuestro pueblo. Mis condolencias a familiares y amigos. Irabazi arte! Que quiere decir: ‘hasta la victoria!’ Jesús Laínz reproducía el lamento de Otegi y le adjuntaba  un titular: “Bildu se queja a Batet y avisa de que no aceptará que en el Congreso se les defina como “los herederos de ETA”.

Pastrana enviaba un mensajito al doctor Fraude:  “Dale el pésame como te gusta hacer con esta escoria, @sanchezcastejon.

Pablo Casado pide el voto a los simpatizantes de Vox para que Ayuso gobierne sola: “El multipartidismo es un desastre”. Yo creo que este hombre para hacer los cálculos se inspira en el CIS y se ha construido un ábaco con los huesos de aceituna que le regala Teodoro.

Él, ya tenemos dicho algunas veces, se enemistó gratuitamente y sin necesidad con Santiago Abascal a su partido. ¿Y ahora les pide el voto para pasar de ellos? Hay además, otra cuestión: si su petición tuviese un éxito rotundo, probablemente no tendría Ayuso la posibilidad de alcanzar la mayoría absoluta con los escaños de Vox. Es triste, pero es así la vida, primos.

L’inspecteur se pone a conjugar verbos: Sánchez prevé, España incumple. El primero es un titular de El País: Sánchez prevé que 33 millones de españoles estén vacunados a finales de agosto. En contraposición, Otro titular, también de El País, de hace una semana: “España incumple el objetivo de vacunar al 80% de los mayores de 80 años en marzo”.

Fray Josepho, poeta malagueño. “Ls partidos de izquierda se lamentan de que en los barrios obreros no los voten más, pese a sus esfuerzos por proporcionarles chochocharlas, talleres de género y semáforos con falditas.”

El Manifiesto, periódico política y socialmente incorrecto, daba ayer una noticia espectacular: En Oxford quieren abolir la música clásica por racista. Unos energúmenos, miembros del cuerpo profesoral de la universidad de Oxford, han reclamado que, en los estudios musicales, se retire o se reduzca considerablemente la presencia de la música clásica, acusada de «complicidad con la supremacía blanca.

Jachuspa escribía un mensaje escéptico en mi blog: “A estas alturas de mi vida me conformo con políticos cuyo cociente intelectual sea algo superior al 35% y cuya aportación intelectual vaya un poquito más allá de no confundir la pomada antihemorroidal con el Biomanán”.

LO de Sánchez ayer fue un recital. Entre toda la cantidad de  tonnnterías la mano de mi llanto escoge una. No es la única, ni siquiera la más gorda, pero sí es una de las más significativas: “No me cansaré de reivindicar que es la primera vez en la historia que tenemos cuatro vicepresidentas, dos de ellas gallegas, por cierto: Yolanda Díaz y Nadia Calviño”. T

ambién es la 1ª vez que con una  crisis enorme tenemos un Consejo de Ministros con 24 miembros y casi mil asesores. Y nunca antes en la historia había accedido nadie al cargo de ministro (o de ministra) con menos estudios (o estudias). De trabajas ya ni hablamos.

Tonnntos amontonados

La estupidez se acompaña con la bellaquería. Procedamos con gradación: Pablo Iglesias está que no para desde que se ha bajado del moño a la coleta, para decir cosas como é2sta: “Ser vicepresidente es mucha responsabilidad y sólo un cretino se sentiría bien con tanto trabajo”. Toni Cantó se asombraba un poco:

“Una media de tres actos oficiales al mes. Una leyó aprobada y dos decretos. Su coordinación de los servicios sociales en el Estado de Alarma, nefasta. Cretino, no sé. Vago, un rato”. Fernando Giner reproducía la frase gloriosa y se la firmaba: “Pablo Iglesias, servidor público por vocación, pero no mucha”.

El tipo que se confinaba para ver series tumbado en el sofá.

Luego dijo que  Yolanda Díaz es alguien que “genera tremendas esperanzas en la izquierda” y que “cada vez es más obvio que puede ser la primera presidenta de España”. A ver, tuercebotas, ¿obvio para quién?

Tenemos una ministra de Trabajo que no sabía lo que era un Erte (véase el video de Youtube) ni que la igualdad salarial sin distinción de sexo  había sido institucionalizada por el ministro Calvo Ortega en el Estatuto de los Trabajadores de hace 41 años.

Se queja de que al sindicalista mantero Mbayé lo quieren deportar por negro y que aquí nadie dice nada: “El que sí lo comenta es Losantos que desde su radio financiada por la caja B del PP dice que habrá que instalar una alarma en la Asamblea de Madrid porque ya se sabe que los negros roban. Y no pasa absolutamente nada”.

Ya metido en gastos ha acusado a Carlos Herrera de incitar al cóctel molotov lanzado contra su sede en Cartagena, con estas palabras: “Hoy Carlos Herrera desde la radio de los obispos ha dicho que los de Unidas Podemos somos escoria”. Hombre, parece un juicio razonable y no se acaba de ver la relación causal entre la presunta condición de escoria de los podemitas y el artefacto incendiario lanzado por algún majadero como ellos.

Pablo Iglesias, ¿recuerdas cuando manifestaba que se había emocionado al ver a unos manifestantes de los suyos pateándole la cabeza a un policía caído en el suelo, lo mismo que hizo el diputado Rodríguez que ha sido imputado por el Supremo por el mismo delito. La número dos de Iglesias,

Isa Serra, fue condenada a 19 meses por agredir a una policía, a la que llamó “cocainómana, hija de puta, que te follas a todos los policías, tu hijo debería darte un tiro en la cabeza”. O la número 4, la Alejandra Jacinto que escrachó a Begoña Villacís cuando estaba a punto de parto. O el príncipe de los manteros, ese inmigrante ilegal llamado Serigne Mbayé que te interpelaba por escrito (es un decir) y al que respondías ayer a las 8 de la mañana.

Hay muchos más casos, claro. Escribía muy atinadamente  Rebeca Argudo en El Español que la hemeroteca es la kryptonita de Podemos. Julio Valdeón lo contaba desde Nueva York en su columna. Provocar: la minifalda del mitin.También la audioteca.

Ayer, en el bochinche que esta escoria organizó para boicotear el mitin de Vox en Vallecas, se pudo oír la consigna “A por ellos, como en Paracuellos”. Se vieron imágenes de un joven sangrando  de una herida abierta en la cabeza.

Ketchup, diría esa excrecencia humana que es Echeminga Dominga, que ayer volvía a dejar testimonio de su miseria con este tuit: “Hoy unos pijos han ido a Vallecas a intentar provocar a los vecinos con bravuconadas. Estos les han recordado pacíficamente el poco amor por el trabajo que tiene su jefe y él se ha ido a por ellos para provocar una carga. Mañana las teles te mentirán y dirán que fue al revés.

En la misma línea de la provocación, Iglesias, su novia o exnovia y Ione Belarra. El ministro del Interior no creyó que todo esto fuera competencia suya y no ordenó un dispositivo policial disuasorio. Más del 50% de heridos son policías

Él también es escoria, como lo es el presidente que tiene en Marlasca toda su confianza, “toda su confianza” como dijo y repitió en su último ‘Aló, mister Vacuno’.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Toni Cantó silencia a Mónica López [RTVE] por su falta de NEUTRALIDAD en TVE.090421.

. Conferencia pronunciada por Gustavo Bueno en Oviedo, el 14 de abril de 1998, en la reunión de la Asociación de Hispanismo Filosófico.

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Humor

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Ricardo
Ricardo Antonino Martínez Ortega ‘Ricardo’, 2016 [Chile, 1956] en El Mundo, 090421

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Blanco de mierda!

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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 040421, en torno a la obra ‘Shirley Goldfarb and Gregory Masurovsky‘ [1974] de  David Hockney [R. Unido, 1937].

                                                                          Para Juanjo Gambrina

La pasión de Ismael

Arcadi Espada en El Mundo, 040421

No vine a Ponferrada a demostrar que Ismael Álvarez era inocente sino a explicar la manera en que lo declararon tres veces culpable.

—¿Ha visto esa basura de Netflix? —le dije al sentarnos.
—Sí.
—Querría que la viéramos juntos.
—Uf, uf.

(Lo consiguió) La concejal del Ayuntamiento de Ponferrada Nevenka Fernández García había jurado su cargo el 23 de julio de 1999, con 24 años, y dimitía el 26 de marzo de 2001. Juró, realmente bella, con un vestido liviano y veraniego, y se fue demacrada, entre sollozos y envuelta en una rebeca estilo remordimiento.

Al explicar las razones de su dimisión empezó diciendo: «Muy pronto el alcalde quiso ir más allá. Tras varios meses de sutil insistencia lo consiguió». Hace casi veinte años, leyendo Hay algo que no es como me dicen, la escatología originaria de Juan José Millás, ya me sorprendió el uso del verbo conseguir.

Es un verbo desahuciadamente macho, que implica que las mujeres guardan un tesoro y ellos lo consiguen mediante engaños, halagos y zalemas. «Conseguí follármela», dice con orgullo el legendario macho bebedor. Aceptar que consiguió follárseme es, en justa correspondencia, algo humillante, aunque tampoco niego que pueda tener su truquito erótico.

Ismael echa el cuerpo hacia la pantalla, con la respiración acelerada. Tiene 70 años y la edad ha amortiguado benéficamente sus rasgos. Habla lenta y contenidamente, cordial y educado en extremo.

—No lo he dicho nunca en público y ahora tengo que hacer un esfuerzo para decirlo. Pero respecto a conseguir… debo decir que nos acostamos por primera vez cuándo, cómo y dónde ella quiso.

Fue una noche de noviembre —1999–, y acabando de tomar unas copas en El Cocodrilo, cuando ella le dijo vamos a tu casa. No era en la que Ismael vivía, sino otra de su propiedad, deshabitada. Allí amanecieron. Hacía tres meses que su mujer había muerto y al entrar en la casa se puso nervioso porque le venía a oleadas su recuerdo. Y porque Nevenka le sacaba en contra 24 años.

Se tomaron un mes para llegar a la cama. Solían llamarse al anochecer. Baja y no estés solo, le decía ella con frecuencia. Un mes de copas. En El Cocodrilo y en Angie, muchas veces. Y de besos y abrazos en coches y esquinas, aprovechando siempre la clandestinidad de la madrugada, porque era Ponferrada, él era el alcalde y ella la joven concejal. Nevenka diría que Ismael jugó la carta de la pena y la intemperie del viudo. Nunca aclaró si no usó su misma carta para conseguirle.

(En ningún momento existió acoso de ningún tipo)

—¿Quién era el que dice eso?

—Como dice Nevenka, yo era un señor de Ponferrada. Un cuarentón que había triunfado. Hasta los 20 años había vivido en una choza. Ahora ganaba bastante dinero con una discoteca y era alcalde y tenía posibilidades de prosperar en política. No descarto que pasara por algún momento gilipollas. Aunque no es tan malo de llevar como el fracaso, el éxito es peligroso: pierdes la cabeza.

Van pasando voces por la pantalla. Se oye a algún sinvergüenza diciendo que el alcalde era un depredador de mujeres y de otras sustancias. El depredador trabajaba en un Banco, estudiaba la carrera de Derecho a distancia y se ocupaba por las noches de la discoteca. Luego se añadió la política. Mira con tal desconcierto la pantalla que hace pensar en alguien que viera pasar su vida en un universo paralelo donde Ismael Álvarez es un hijo de puta.

Los de Netflix (ese comando llamado Newtral que dirige la locutora Ana Pastor) llamaron al abogado para saber si su cliente querría participar en la serie. No quiso. Cumplimentado el trámite, los caníbales se dedicaron a complacer su naturaleza. Y al final del programa colgaron un cartel informando de la decisión de Ismael. Sería costoso que comprendieran que la ausencia del coprotagonista de una historia debe aumentar el respeto por sus argumentos. El rechazo de Ismael es comprensible. Porque cuando uno decide hablar tiene que rebajarse a desvelar cosas como esta:

—No he tomado drogas. Estuve casado 26 años y durante 15 fui absolutamente fiel a mi mujer. Después tuve algún tonteo, sin importancia. Esta es toda la adicción y todas las mujeres. Y toda la canallada.

(Unos viajes de amor) Un coche potente y seguro va doblando las curvas de una umbría carretera rural. Es un momento delicado para los guionistas, que querrían una Nevenka intacta y violada. Hasta ahora han conseguido preservar su castidad, pero constan viajes. Bastantes viajes, por más que los reduzcan a un par de fines de semana desganados, mera burocracia sentimental.

Viajes a Oporto, a Matosinhos, a Madrid, a La Coruña, y sobre todo a La Bañeza, donde pasaron cinco o seis fines de semana en un hotelito rural. Ismael lo recuerda con ecuanimidad. Sin hacerse ilusiones sobre el pasado.

—Fueron los viajes propios de una pareja que acaba de conocerse. Agradables, claro. Pero Nevenka era inestable y dudaba con todo en la vida.

—¿Y usted?

—Yo no. De hecho, a veces pensaba en cosas serias con ella. Sabía que la diferencia de edad era un problema y me preocupaba cómo iban a verlo mis hijos. Pero mentiría si no dijese que me pasó por la cabeza la posibilidad de que fuera mi segunda esposa.

—¿Y este asunto puramente físico ante la joven, meter la barriga y todo eso?

—Me daba nervios, ya le dije. Pero con la costumbre, pasan, ¿no es cierto? Una vez su padre dijo algo… Bueno, para qué.

—¿Qué dijo?

—Que yo había aprovechado para echar cuatro polvos. Me ofendió. No porque sea delito, sino porque no era cierto.

Escucho a Ismael con aprovechamiento, pero reconozco mi inferioridad en esta cuestión de padres consuegros. Aquí la autoridad es Millás, que consiguió ir al fondo abisal del asunto y se trajo unos peces. Como suele suceder con el clásico, la cita ha acumulado verdad con el paso del tiempo:

«¿Más simetrías? ¿Más asociaciones? ¿Más casualidades? Hay más, desde luego, pero entre todas ellas destaca, por terrible, la de que Nevenka se entregara a un hombre de la edad de su padre (y un trasunto de él, evidentemente) por el que más tarde sería acosada.

Desde mi punto de vista, una vez que Ismael Álvarez propuso a Nevenka Fernández ir la número tres de su candidatura en las elecciones municipales, pero, sobre todo, una vez que, ganadas las elecciones, le ofreció la Concejalía de Hacienda y Comercio, que ella aceptó, no había ninguna posibilidad (y subrayo, ninguna) de que este hombre no acabara en la cama con Nevenka Fernández.

No había ninguna posibilidad, insisto, de que ese hombre no acabara con ella en la cama. Eso lo sé yo, lo sabe usted, lector, y lo sabe cualquiera con dos dedos de frente. ¿Cómo es posible entonces que no lo supiera el padre de Nevenka? Y si lo sabía, ¿por qué no alejó a su hija de Ponferrada tan lejos como le hubiera sido posible cuando se enteró de lo que Ismael Álvarez le había ofrecido. (…)

El alcalde, en efecto, representaba todos los atributos del padre y Nevenka, siempre en mi opinión, se entregó a él como una forma de dar satisfacción a ese padre esquivo (“yo he gustado a todos los hombres menos a mi padre”). (…) No me resisto a señalar la coincidencia de que Lucas, su novio, padece soriasis, igual que el padre de Nevenka. Las coincidencias, cuanto más casuales parecen, más significado tienen. Y más conmovedoras resultan».

El problema para Ismael no fue, sin embargo, la mentecatez literaria que llega a la verdad por la psoriasis, sino la jurídica. Es extraño, sin embargo, que tratándose de picores Millás dejara de lado los del novio. La confianza no es un asunto banal entre los amantes. Y en especial entre los amantes que están a punto de serlo. La biografía de Ismael y Nevenka tiene un punto culminante en octubre de 1999.

Aún no se habían dado un beso. Y a él lo operaron de hemorroides. No es la mejor operación para los preámbulos amorosos. Pero ella lo llevó bien. Gestionaba con una autoridad sorprendente las visitas y hablaba con gran naturalidad con médicos y enfermeros. Hasta se atrevió, sin complejos, con un tierno regalo: un hinchable para que el peso del Ismael sentado se repartiera por todo su culito. Acabo de verlos en Amazon: no son caros y los llaman donuts.

(Más hijo de puta voy a ser yo) El día de San Valentín acabó todo. Es decir que ni llegaron felices a los cuatro meses. Habían pasado el fin de semana en La Coruña, donde Nevenka estuvo rara y esquiva. Algo la animó el reloj que Ismael puso en su muñeca. Pero a diferencia del donut el regalo no encajaba esta vez en su tiempo.

Ismael tardó unos días en verlo. Tales tardanzas son un momento peligroso de la vida. Corre uno el riesgo de convertirse en un pelmazo, que es la peor vocación del hombre. Nevenka está diciendo en la pantalla que un mes después él le gritó desde el otro lado del teléfono: «Tú eres una hija de puta, pero yo voy a ser más hijo de puta todavía».

—¿Y bien?

—No es mi manera de hablar. No recuerdo lo que le dije. Pero algo le grité, seguro. Estaba cabreado y preocupado.

La noche del 12 de marzo celebraron el triunfo de José María Aznar. Nevenka estaba en la fiesta hasta que desapareció sin avisar, camino de León y de un medio novio con el que vacilaba. Cuando al cabo de las horas logró hablar con ella, Ismael le dio unas voces. En el documental —nunca una palabra fue tan repugnantemente inexacta respecto a su objeto— no le dan importancia a que él la llamara hija de puta, sino a la confesión implícita de hasta qué punto Ismael iba a ser un hijo de puta.

Pero los hechos son inflexibles. Mientras estuvo en el Ayuntamiento, Nevenka no sufrió ningún perjuicio profesional: ni lo demostró en el juicio ni puede demostrarlo ahora. Otra cosa es que los que habían sufrido el subidón de la niña bonita se aprovecharan luego de su caída y el trato pasara de adulador a displicente.

—Es que ni siquiera, le aseguro. A nosotros nos preocupaba mucho que dimitiera y que la oposición hiciera uso, como hizo, de su historia conmigo, que ya empezaba a ser conocida. Tratarla mal habría sido inmoral, pero también peligroso políticamente.

—¿Hubo más voces entre ustedes?

—No. Poco a poco fui comprendiendo…

—Sale también un culo, por ahí. Aquella frase suya: «Yo te toco el culo porque me sale de los cojones».

—¡Y yo qué sé! Las cosas que se dicen entre los hombres y las mujeres, compréndame. Pero si dije eso o cosas parecidas fue en el amor. Y pasar eso del amor al acoso no tiene nombre. Usted me decía antes si no fui un pelmazo, insistiendo y dale que dale…

—Se lo dije más bien en su defensa. La pelmacería no está en el Código Penal. ¡Aunque debería!

—Me complicó mucho la vida que ella nunca me dijera: «Ismael, esto se ha acabado». Y que hasta que se fue de Ponferrada siguiera mandando señales contradictorias. Si lo hubiera dicho, todo habría acabado al punto: ni más llamadas ni más cafés ni más nada. Punto.

Hasta aquí todo es de una transparente banalidad. No es raro que el literato acudiera a la psoriasis. A ver cómo iba a mover, si no, semejante dramita. Pero en junio y julio hay dos viajes clave en el relato de Nevenka. El del 28 de junio es a Valladolid. Los antiguos amantes —seguían trabajando juntos, pero de su relación sentimental sólo quedaban rescoldos— viajaron por separado. El alcalde acudió a un pleno de las Cortes y ella a unas reuniones con la administración autonómica.

Ismael no supo que ella estaba en Valladolid hasta que apareció por las Cortes. Nevenka le dijo que al final haría noche en la ciudad y él se ofreció a reservarle una habitación en su hotel. Lo hizo su secretaria. Cuando acabaron el trabajo se fueron a cenar con otras funcionarias de la Junta de Castilla y León. Una de ellas cumplía años y la fiesta se prolongó. Amaneciendo, volvieron  al hotel y subieron a sus habitaciones.

(¡Sorpresa!) «Yo me fui a mi habitación y de repente abrió la puerta de en medio y dijo: « ¡Sorpresa! (…) Fue horroroso, como una película de miedo».

He visto esta escena algunas veces y debo ser un miserable porque me echo a reír cada vez. Ismael en cambio atiende con cara seria.

—Nunca pasó. Es falso. Nunca entré en su habitación. Una fabulación.

Esto me da problemas. Vine a Ponferrada a dar una vuelta por la zona gris, a completar los hechos con la voz del apestado. Pero no contaba con que los negara. Nada había de la mórbida ambigüedad que imaginaba. O Ismael Álvarez entró en la habitación o no lo hizo. En rural vernáculo dicen: caixa o faixa.

—No entró usted en la habitación.

—No. Le repito. No.

—¿Estaban comunicadas?

—Parece que sí. Pero yo lo supe luego, durante los trámites judiciales. Dormí en mi habitación, solo, lo que quedaba de la noche y un poco por la mañana.

La Justicia y el periodismo penetran con dificultad en una habitación. Solo pueden acarrear pacientemente detalles hasta la puerta. Una particularidad obligatoria de las habitaciones comunicadas es que están cerradas a cada uno de los dos lados y no basta el deseo de uno, sin el consentimiento hasta la última vuelta de llave del otro. Ni en la vileza Newtral, ni en la sentencia, ni siquiera en el honrado voto particular que discrepó de ella, hay la menor mención al consentimiento comunicado.

(Lo olía todo, pero no podía ver nada) Nevenka pasó una mala noche en Valladolid. Paralizada hasta el amanecer, según habría leído —vía su gracioso psicoanalista— en los libritos de la Hirigoyen, ante la presencia de su acosador. Ni se levantó ni llamó a la recepción del hotel ni a la Policía. Por no llamar ni llamó a Charo Velasco, la muy solícita jefa del Psoe en Ponferrada. Paralizada. Lo llamativo es cuánto duró la parálisis.

Nueve días después de Valladolid, el 6 de julio, viajó a Estella, a la boda del hijo de un concejal. Viajó en el coche del alcalde. Y no solo hizo eso: días antes había reservado una habitación doble en Logroño para dos noches. La sentencia del juicio contra Ismael Álvarez declara que ella hizo la reserva y que el alcalde pasó personalmente a pagarla.

La inquietante pregunta de cómo una mujer, gravemente acosada nueve días antes por un hombre que invade su habitación, se presta a pasar un fin de semana con él y se encarga de todos los trámites con la excepción del pago, es una pregunta que la literatura responde de muchos modos. Pero que la Justicia, antes de arruinar a un hombre, no llegó a plantearse nunca.

Ismael y Nevenka cenaron en Logroño. No dispongo de ningún razonamiento coherente para explicar qué hacía allí Nevenka. Ismael da el suyo:

—Nuestra relación sentimental había acabado. Pero que ella organizara ese viaje quizá me diera ciertas expectativas. Seguía siendo una mujer muy atractiva y yo le seguía teniendo cariño. Yendo de vinos por Logroño nos encontramos con otra gente que iba a la boda y nos unimos. Bebimos, bailamos, lo pasamos bien. Pero ella no me dio ninguna señal positiva. Volvimos al amanecer al hotel. Subimos a la habitación. Sin tensión. Yo estaba muy cansado. Me acosté y me dormí enseguida.

En la pantalla se escucha aquella Nevenka entre lágrimas. «Y yo no me movía. Y él por otra parte se masturbaba. Lo olía todo, pero no podía ver nada. Y no me podía mover». El olor es extraño, habiendo acabado ya la temporada del espárrago blanco. Ismael quiere decir algo. Pero no. Voy a acabar yo. Tampoco esta vez Nevenka se marchó de la habitación. Amaneció en ella. La crónica del juicio y de Netflix echan el telón con el olor y el jadeo del alcalde masturbándose. Pero es un falso telón.

Después de otra noche de psicoterror —suya es la palabra—, Nevenka y el alcalde fueron a la boda del hijo del concejal. La boda fue larga. Cuando por fin acabó, la psicoaterrorizada regresó a la habitación del hotel con el alcalde. Esta segunda y más inaudita noche de Logroño ha desaparecido de los autos. Y solo queda la anodina crónica del alcalde. Del depredador en serie de Netflix.

—Dormimos de nuevo cada uno en su cama, como la noche anterior, sin el menor incidente. Despertamos. Volvimos al coche. Amigablemente. Incluso paramos a comer en el camino y dio la casualidad de que coincidiéramos allí con los padres del novio.

Entre ese julio y el 26 de marzo, primero de vacaciones y luego de baja en el Ayuntamiento, Nevenka reelaboró su vida. Se trata de los meses cruciales de su historia, que nunca fueron los de los hechos. Ella verá qué hace con ellos. Mi incumbencia es Ismael.

El 30 de mayo de 2002 dimitió, proclamando cien veces su inocencia, porque no quería perjudicar al partido. Los jueces, en el recto uso de la prevaricación consentida que dicta que con las mujeres basta creer sin saber, lo condenaron (2-1) por un delito de acoso.

Cuando se apagó la pantalla Ismael me miró cómo tratando de saber si después de cuatro horas le creía.

—Si fuera usted mujer, no tendría más remedio. Pero lamentablemente…

Como tantas otras veces, la clave solo se comprende escribiendo. Si a lo largo de 20 años los jueces, Juan José Millás y Ana Pastor no escucharon a Ismael Álvarez fue porque era el único modo de declararlo culpable.

(Ganado el 3 de abril, a las 17:56, 68 lpm, 35,6º)

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Ilustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada.

Passio Ismael Secundum Diaristam Arcadium

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 040421

Hoy plagiamos Shirley Goldfarb and Gregory Masurovsky de David Hockney. El pequeño estudio de la pareja no daba para tomar perspectiva, así que Hockney «retiró» una pared y situó las dos pequeñas piezas en una especie de patio. El agobiante estudio parisino se convirtió en casita californiana (¡hay que ver cómo oxigena Hockney!). Nosotros la hemos puesto a hombros de costaleros y ahora es un paso procesional, el de la pasión de Álvarez. Ahora bien, como un cireneo el diarista se ha colado en el camino al Gólgota y queda en el cuartito levantando acta. ¡Polizón en un paso!

(Cinéma vérité) Donde se muestran las consecuencias de conseguir.

(Docudrama) Hubo todo tipo de acoso. A un tipo.

(Road movie) Infalible Millás, apunta a Ponferrada y se va camino Psoria. Camino del Gólgota, nunca. El cireneo selectivo.

(Cine negro) Un San Valentín Chicago Style.

(Fantaterror) La reinvención del cine de destape de miedo.

(Technicolor, sensurround, odorama)  Falta documentación en el documental. Primero habría que aclarar si Fernández posee el polimorfismo adecuado en el gen OR2M7 o si sufre alguna anosmia específica; luego, si Álvarez metaboliza el espárrago produciendo determinados compuestos volátiles sulfurosos.

Álvarez tiene una historia que podría ser verdad pero nadie hará un documental. Aunque este Jornal ya es el guión.

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Netflix ignora al movimiento feminista en su documental sobre el caso Nevenka

Las feministas estuvimos hace veinte años apoyando a la víctima y denunciando al acosador, señalando la hipocresía del Partido Popular y colaborando en la superación del miedo que ejercía Ismael Álvarez.

Rocío Mielgo en okdiario, 070421

Quiero recordar el caso de Nevenka Fernández, la concejala de Ponferrada (León) que denunció al alcalde Ismael Álvarez por acoso sexual. Los hechos han vuelto a generar titulares de prensa por la presentación de la serie Nevenka —producido por el medio de la periodista de La Sexta Ana Pastor, Newtral— y que se emite en Netflix sobre el que fue el primer caso denunciado y condenado por acoso sexual de un cargo público.

El acoso sexual se tipificó como delito en el año 1999, cuando se modifica el Código Penal con la revisión de los delitos de acoso sexual y el tráfico de personas con el propósito de su explotación sexual. Queda desde entonces definido en el Artículo 184 como el delito que comete quien solicitara “favores de naturaleza sexual, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios”.

De la emisión de esta serie se han hecho eco múltiples medios de comunicación, recordando los hechos ocurridos hace 20 años, en 2001, año en el que Nevenka Fernández denunció Ismael Álvarez.

Lo han hecho desde un prisma sesgado e intencionado, ocultando interesadamente la presencia del movimiento feminista y el papel esencial que jugó en todo el proceso, lo que supone un desprecio a la sociedad y a las clases populares, además de tener como consecuencia el no situar la responsabilidad en actores esenciales para el desarrollo de los hechos —el apoyo y campaña del PP y medios de comunicación de la época—.

Se pone de esta manera el foco en una solución individual, mandando el mensaje de que de la violencia machista se sale sola, sin necesidad de apoyo de colectivos y movimiento feminista.

La serie, a mi parecer, hay que verla bajo cuatro ejes: el sufrimiento de Nevenka, el desprecio a las clases populares, la invisibilización del movimiento feminista y el enfoque individualista.

Sobre el primer aspecto, hay que decir que no hay duda —ni ahora, ni hace 20 años— de que Nevenka sufrió un infierno antes y después de la denuncia, algo de los que se ocupa el documental. La serie expresa de forma muy dramática el sufrimiento y el proceso de deterioro psicológico y físico que sufre una persona que está sometida de forma crónica a un proceso de acoso sexual.

Pero, para entender cómo sucedieron los hechos hace 20 años, hay que ir más allá. Cabe recordar que los hechos se produjeron en una sociedad que estaba inmersa en el proceso de lucha por el reconocimiento de la violencia machista contra las mujeres, cuando la presencia de mujeres en listas electorales era testimonial, en un entorno que venía de vivir de la minería y se abría a nuevas formas económicas.

En ese contexto, el entonces alcalde de Ponferrada emprendió una política de obras públicas faraónicas que inauguraba con gran fanfarria. Era el tiempo del “España va bien” de Aznar y del boom del ladrillo. La ciudad tuvo un campus universitario propio pagado con fondos Miner —ayudas destinadas a la reconversión de comarcas mineras—.

Otro ejemplo es el macrocomplejo de ocio que se construyó a las afueras, también con el apoyo del alcalde, llamado La Gran Manzana. Ismael Álvarez en esa época puso en marcha además dos hoteles y un restaurante.

Álvarez privatizó todos los servicios públicos mediante concesiones a empresarios de su órbita, como José Luis Ulibarri —condenado por la trama Gürtel— y José Martínez Núñez que eran, a la vez, propietarios de los principales medios de comunicación.

Ponferrada es la base desde la que se expandió el Grupo Begar, el conglomerado que dirige Ulibarri con intereses en la construcción, servicios de limpieza y medios de comunicación con el apoyo del alcalde Ismael Álvarez; un ejemplo es el macroproyecto urbanístico de La Rosaleda, en pleno centro, que tuvo a Ulibarri como principal beneficiario. Hasta ocho sentencias del Tribunal Superior de Castilla y León implican al Ayuntamiento Popular de Ponferrada a través de su empresa gestora del suelo público (Pongesur) en actuaciones irregulares que están vinculadas al Grupo Begar.

Muchos veían en Ismael Álvarez un cambio, dinero, una esperanza de trabajo; muchos de su entorno y de los que le defendieron lo hicieron porque tenía poder. Para manifestarse en su contra había que vencer el miedo que inspiraba ese poder.

Ese miedo era palpable en las calles de Ponferrada y, de hecho, cuando acudimos a pegar carteles con las compañeras de la ciudad así nos lo expresaron, agradeciendo nuestra actitud como un estímulo para vencer ese miedo ambiental. Por su parte, el alcalde Álvarez hizo un buzoneo a 64.000 vecinos de la capital berciana explicando su versión de los hechos y con dinero público.

El papel de los medios de comunicación —a la cabeza el programa “Protagonistas” de Onda Cero que dirigía Luis del Olmo, natural de Ponferrada—, fue la principal plataforma de apoyo a Ismael Álvarez. Allí los tertulianos defendieron con vehemencia la inocencia del alcalde durante todo el proceso e insistieron en que Nevenka había provocado la situación.

Desde Onda Cero, Alfonso Ussía, periodista de ABC y La Razón, hizo famosa su frase: “El mismo hecho de acosar sexualmente a una mujer con la que se ha cumplido holgadamente el sexo se me antoja una contradicción”.

El PP apoyó al acosador, con un partido que cerró filas en torno al alcalde. Ana Botella, a la cabeza de ese apoyo, pidió “respeto total al alcalde de Ponferrada, que ha tenido una actitud impecable”. La condena por acoso sexual no restó apoyos a Ismael Álvarez dentro del PP. No solo Ana Botella elogió al exalcalde de Ponferrada por renunciar a su cargo. También el coordinador de organización del PP, Pío García Escudedo, le agradeció su “valor político”. A día de hoy, el PP no ha pedido perdón por su actuación en el caso Nevenka.

resente en la calle, invisible en la serie

En el documental, el movimiento feminista no aparece por ningún lado en la narración de aquel proceso. No aparecen las movilizaciones que se hicieron, ni otras intervenciones en forma de declaraciones, comunicados, etcétera, del movimiento feminista de la época. Pero el movimiento feminista estuvo muy presente en aquellos hechos a pesar de las dificultades.

Somos feministas y desde ese feminismo estuvimos apoyando a Nevenka. Hace veinte años estuvimos en Ponferrada apoyando a la víctima, denunciando al acosador, señalando la hipocresía del Partido Popular, colaborando en la superación del miedo que ejercía Ismael Álvarez.

Estuvimos en las calles de Ponferrada, en las de Valladolid y en las de Burgos. Desarrollamos la campaña “ningún agresor en cargos públicos” y estuvimos, también, en el juicio denunciando al fiscal que sometió a la víctima a otro infierno con interrogatorios marcadamente machistas:

“¡Usted no es la empleada de Hipercor a la que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos!”, llegó a decir el fiscal, y conseguimos que fuera apartado del caso. La sentencia llegó en mayo de 2002: la primera condenatoria a un cargo político por acoso sexual.

Como prueba de lo que decimos está la hemeroteca, la cobertura que la prensa hizo de algunas de las manifestaciones que realizamos. En verano de 2001, desde la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos decidimos iniciar la campaña

“Ningún agresor en cargos públicos, ninguna agresión sin respuesta”, y para ello iniciamos una serie de contactos con diferentes colectivos de Ponferrada.

Se creó la Plataforma “Ponferrada Contra la Violencia hacia las Mujeres”, que fue presentada públicamente el martes 3 de julio de 2001, como recoge el periódico ABC del 4 de Julio de 2001, anunciando su primera actuación: la manifestación de apoyo a Nevenka convocada el 7 de Julio. En Valladolid se sumó a la campaña la Coordinadora de Mujeres.

El 26 de junio de 2001, se llevó a cabo una concentración ante el tribunal Superior de Justicia por la declaración de Ismael Álvarez, una convocatoria de la Coordinadora de Mujeres a la que se sumaron colectivos de León (Adavas y Flora Tristán) y de Burgos (Mujeres Castellanas).

Además, se elaboró un manifiesto que se presentó en las Cortes de Castilla y León en el que se exigía la dimisión del alcalde y que recogía la firma de grupos políticos de las Cortes. PSOE, IU y Tierra Comunera, firmaron el manifiesto, a la espera de la contestación de PP y UPL, como recoge el Norte de Castilla el 26 de junio de 2001.

El 27 de junio de 2001 nos concentramos ante las Cortes de Castilla y León, a las puertas del castillo de Fuensaldaña, donde se encontraba Ismael Álvarez como procurador de las mismas, con la pancarta “Ningún agresor en cargos públicos, Ismael dimisión”, convocada por la Coordinadora de Mujeres de Valladolid.

El 3 de julio de 2001 nos concentramos ante el Tribunal Superior de Justicia, coincidiendo con la declaración de ratificación de la denuncia de Nevenka, con el lema “Cuando digo no, es no”, como recogieron algunos medios.

El 7 de julio de 2001 tuvo lugar una Manifestación en Ponferrada convocada por la recién constituida Plataforma “Ponferrada Contra la Violencia hacia las Mujeres” y por la Coordinadora de Mujeres, con una asistencia de más de mil personas. Desde Valladolid una significativa representación del movimiento feminista estuvo en esa manifestación.

Al año siguiente, el 29 de abril de 2002, estuvimos en el comienzo del juicio, a las puertas del juzgado, de donde fuimos expulsadas por la Policía, como recogió Diario de Valladolid al día siguiente, convocadas por la Coordinadora de Mujeres. También lo reflejó el Norte de Castilla.

El 5 de mayo de 2002, grupos de mujeres se concentraron ante la Sede del Tribunal Superior de Justicia para pedir la retirada del fiscal García Ancos del caso Nevenka. El 14 de mayo de 2002, grupos de mujeres se concentraron ante la sede del Tribunal de Justicia de Castilla y León y el 30 de mayo de 2002 se hicieron varias declaraciones públicas ante la sentencia que recogían el mensaje de las feministas de que acosar salía muy barato.

El 12 de junio de 2002 tuvo lugar una concentración ante Caja España de Valladolid para exigir que Ismael Álvarez abandonase el cargo de consejero de la entidad, convocada por la Coordinadora de Mujeres de Valladolid.

Pese a todo ello, el documental de Netflix asume que no hubo asociaciones feministas que se hicieran eco del caso o que le ofrecieran su ayuda, lo que es un intento de silenciar la importancia que tiene la lucha feminista y su apoyo a las víctimas.

Se transmite así un mensaje a las víctimas: que la ayuda y respaldo que diariamente les venimos prestando pudiera depender de si pertenecen a un partido, a otro o a ninguno, lanzando un mensaje individualista como fórmula de afrontar la violencia de género. En nuestro ADN está inscrito que a las víctimas se las cree; y esto es así porque sabemos de sobra que ese es, precisamente, uno de los problemas más graves con que se encuentran: el silenciamiento de su verdad.

Por esa razón creamos hace 26 años la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos de Valladolid (ADAVASYMT). Llevamos todos estos años prestando asistencia jurídica, psicológica y social gratuita a todas las mujeres víctimas de agresiones que nos lo solicitan. Y, sí, somos feministas.

Señalar y criminalizar al feminismo con total impunidad, censurar esta parte de nuestra historia supone una completa falta de respeto y un robo a todas nosotras. Esta censura de la participación del movimiento feminista hace 20 años ocurre en un momento en el que asistimos a numerosos intentos por silenciar y estigmatizar el discurso feminista.

Pero las feministas no vamos a callarnos por más que intenten silenciarnos. Muy al contrario, denunciaremos todas las veces en las que se intente silenciar el discurso feminista, de las que están y de las que estuvieron antes que nosotras; el conocimiento de la historia feminista y el legado de quienes nos precedieron son parte fundamental del activismo feminista.

El acoso sexual sigue siendo una realidad hoy, que no ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Según la última macroencuesta sobre violencia machista elaborada por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, solo un 8% de las mujeres que sufre violencia sexual la denuncia.

Detrás de la decisión de no hacerlo se esconde muchas veces el miedo a represalias y a ser despedidas, ante la posibilidad de que, como hace 20 años, en lugar de tomar medidas contra el acosador, es la víctima quien recibe las represalias: despidos, cambio de puesto, traslados y aislamiento.

Es un fenómeno extendido que se denuncia poco, pero que se juzga todavía menos. Los jueces siguen dictaminando sentencias en las que culpan a la víctima por “llevar faldas muy cortas, escotes o no resistirse”. En el periodo entre 2008 y 2015 solo 49 sentencias condenaron al agresor. A ello hay que añadir que las penas por acoso sexual son muy bajas; como en el caso de Nevenka, sale muy barato agredir a las mujeres.

Quiero hacer un homenaje muy especial a las mujeres de Ponferrada, que a pesar de la brutal presión mediática e institucional en contra de la movilización por la dimisión de Ismael Álvarez salieron en reiteradas ocasiones a la calle con esa finalidad, y fueron elemento clave en el resultado del juicio y, por tanto, en la salida de Ismael Álvarez de la alcaldía de la ciudad.

Ignorar o minusvalorar esa presencia real es participar objetivamente en la línea del borrado histórico del movimiento feminista y de la lucha de las mujeres.

Ningún agresor en cargos públicos.

Ninguna agresión sin respuesta.

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Ciencia y viejas costumbres

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Vox en Madrid

Vox en Madrid

Dicen que Vox se centrará en la inmigración como argumento electoral en Madrid. En Cataluña, al parecer, no les funcionó

BL LO RESUMÍA muy bien: «Las ciudades son mercados de trabajo y fomentar las bicicletas no ayuda a que los pobres (que viven lejos) puedan encontrar un buen trabajo. Luego se sorprenden de que el pobre vote mal». Tezanos y Teo van camino de fulminar a Vox. Ayuso, dicen, se quedará en 67 escaños y, por lo tanto, el centroderecha perdería Madrid. Por ello, suben las consultas para irse a Portugal y han aumentado las donaciones. [A saber lo que habrá que pagar por el piso de los padres si Pablo Iglesias entra en el Gobierno de Madrid. Los comprarán los amigos de Delcy Rodríguez]. Todo eso importa poco a los pueblos y barrios que antes denominaban cinturón rojo, después morado y pronto…

Abascal y Monasterio lo tienen a huevo para desbaratar los cálculos de Sánchez, Errejón e Iglesias. Entre otras cosas porque la casta es ahora Pablo Iglesias y no Isabel Díaz Ayuso (entiéndase el «casta» en sentido podémico). Da igual la camiseta que se ponga, que llegue caminando o que se desmelene el moño. Nadie se quita de la mente la imagen de la tinaja como vestuario de la piscina de su chalet de Galapagar. Ni tampoco los escoltas y chóferes esperando a que Irene y él terminaran de hacer la compra o la cantidad de series que ha visto mientras tantos ciudadanos seguían en Erte porque las empresas en las que trabajaban podían quebrar.

Iglesias no tiene complejos y no sé si sigue llevando su pin de la agenda 2030 que, en muchos casos, finiquitará el bienestar que se ha logrado desde la II Guerra Mundial y que, de cumplirse, privará a muchos madrileños de, por ejemplo, poder ir en su cochecito a la playa… O del bocadillo de chopped del niño, que tendrá que comerse el fiambre que decida fabricar Bill Gates (de momento, es carísimo).

Dicen que ahora Vox se centrará en la inmigración como argumento electoral en Madrid. En Cataluña, al parecer, no les funcionó. Es lo normal en una comunidad en la que el racismo (hacia el español) está institucionalizado. Por otro lado, los Cayetanos no son antiinmigración porque solo lo son quienes tienen cerca el «fenómeno». ¿Por qué creen que Le Pen se cargó antes a comunistas y socialistas que a la derecha? Y según las encuestas, Macron puede ser la siguiente víctima.

Luego está el asunto de la hostelería que también beneficiaría a la derecha. Si España es un país de camareros [o eso dice con desdén la izquierda de las becas black], ¿acaso no es normal que voten a quien les garantice el sustento? Hay que votar o resignarse a gala-Pagar.

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