Espasticidad,sexos, coronas, economía y Calviño

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Estudio de la cabeza de un anciano, óleo sobre tabla
(1610-1615) de Peter Paul Rubens (1577-1640).

Viejos

Jon Juaristi en ABC120720

  • Por fin, el Culpable de Todo ha adquirido un rostro. Nunca es tarde si el problema se resuelve

Los viejos van convirtiéndose, en todas partes, no sólo en las víctimas preferentes de la pandemia, sino en los chivos expiatorios idóneos para la desastrosa gestión gubernamental de la misma. El Viejo Rey les ha venido estupendamente al Gobierno sanchista, a sus aliados separatistas y a la chusma linchadora de las redes de izquierda para concentrar en su figura toda posible responsabilidad criminal de las múltiples desgracias derivadas de la conjunción astral de pestilencia y despotismo arbitrario.

Ahora bien, aunque se demostrara que el Viejo Rey hubiera cometido graves delitos por cobro de comisiones, evasión de capitales y blanqueo, y aunque su conducta privada haya resultado públicamente escandalosa y nos haya granjeado ante el mundo una pésima fama de chiringuito bananero, nada de ello tiene que ver con los muertos del Covid-19 ni con el confinamiento y el cierre de fronteras, ni con la consiguiente ruina económica del país.

Dejando a un lado el hecho de que los socialistas quieran hacer del caso del Viejo Rey un pretexto para doblegar a Felipe VI implicándolo en sus chalaneos y los comunistas intenten convertirlo en el arma decisiva para destruir la Constitución, lo que parece innegable es que ya se ha conseguido poner rostro al estereotipo del Viejo como síntesis de todos los males de la patria. Al igual el Viejo Rey, los viejos españoles, en general, serían parasitarios (cuestan un congo al erario público), estúpidos (enferman con pasmosa facilidad, no saben cuidar de sí mismos y causan continuos disgustos a propios y ajenos), se vuelven sexualmente disolutos, además de persistir ellos y ellas en un machismo irredimible, y cada día están más feos, sucios y desagradables.

Esto, que ha sido siempre y en toda sociedad la convicción más o menos inconfesable de los jóvenes, y que durante la etapa más mortífera de la pandemia empezó a expresarse sin pudor alguno (para qué van a ocupar estos carcamales las camas de hospital que necesitan los ciudadanos verdaderamente útiles y benéficos), ha conseguido finalmente su icono. La víctima preferente puede volverse ya sin problemas víctima propiciatoria. Si durante la fase cero y la primera y segunda fases del estado de alarma era aún legítimo deplorar el exterminio de la generación que hizo posible la transición a la democracia, ahora, en la desescalada interminable, los muertos por el coronavirus son sólo fachas o rojos traidores que se plegaron a un rey franquista y felón. Es justo que mueran, y por eso Sánchez Pérez-Castejón no va a sus funerales.

Mi querido Félix de Azúa escribió alguna vez que en los jubilados está nuestra única esperanza. Pero es más verosímil, aunque poco más, aquello de Heidegger, lo de que sólo un Dios puede salvarnos. Según Bartolomé Aragón, único testigo de la muerte de Unamuno en la tarde del 31 de diciembre de 1936, las últimas palabras de don Miguel fueron: «¡Dios no puede volver la espalda a España! ¡España se salvará porque tiene que salvarse!». La esperanza en Dios es el grito de la criatura angustiada ante la conciencia de su finitud, pero las naciones también son mortales.

A Unamuno consagró en 1953 otro de mis viejos maestros un artículo titulado «Nuestros viejos». En él recogía una frase de don Miguel que se quería profética: «Cuando me creáis más muerto, retemblaré en vuestras manos». Lo que hoy retiembla entre las mías es el libro de don Julián Marías que contiene dicho artículo, pero mi mayor esperanza está en un muchacho de cincuenta y un años con quien hace veinte recorrí Europa inaugurando Centros Cervantes y que hoy defiende con honor la maltratada dignidad de España. Por tanto, ¡viva el Rey!

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El rey emérito, Juan Carlos I, en una imagen de archivo.

Juan Carlos I y los frutos del árbol podrido

Jesús Cacho en Vozpópuli, 120720

A finales de la década de los 70, Manolo Prado y Colón de Carvajal, intendente y guardián de todos los secretos de Juan Carlos de Borbón, se dedicó a remitir una serie de misivas a diversos monarcas reinantes, particularmente del mundo árabe, para pedirles dinero en nombre del Rey de España. Lo que Prado planteaba era una especie de derrama entre los riquísimos reyes del petróleo, demanda a la que la monarquía saudí respondió favorablemente con la concesión de un crédito por importe de 100 millones de dólares (unos 10.000 millones de pesetas de la época) a pagar en 10 años y sin intereses, presente que haría exclamar a Juan de Borbón, conde de Barcelona, ante testigos:

“A mí esto que vais a hacer no me gusta nada” (página 392 de El Negocio de la Libertad, editorial Foca, 1998). Estaba claro que la familia real saudí le estaba haciendo al joven Rey de España un regalo no inferior al principal de ese crédito, puesto que, con los tipos de interés de la época, bastaba con depositar esos 100 millones en un banco para doblar esa cifra al cabo de los años pactados.

Pero, en lugar de administrar prudentemente esa suma que por sí sola hubiera convertido a Juan Carlos en una persona muy rica, Prado, un desastre como gestor, decidió invertirla en negocios ruinosos (tal que el proyecto urbanístico Castillo de los Garciagos, en Jerez), de lo que resultó que transcurrido el plazo estipulado la Casa del Rey se vio en la tesitura de tener que devolver 100 millones de dólares que no tenía.

En contra de lo que Prado hubiera podido imaginar, los saudíes estaban decididos a recuperar su dinero, tarea encomendada a un hermano del rey Fahd con espléndida mansión en la Costa del Sol, quien en el verano del 90 se encargó de volar a Palma para almorzar con los reyes en Marivent, intento que devino en fiasco porque Prado y el príncipe Chokotoua acudieron a esperarlo al aeropuerto militar de Palma cuando el invitado aterrizó con su jet en el civil, para reemprender el regreso a Marbella al no encontrar recibimiento.

El enfado del monarca al enterarse de lo ocurrido se resolvió días después con una buena noticia: el rey Fahd concedía cinco años más de plazo para devolver el dinero. Parece que el quinquenio transcurrió sin que Prado lograra el milagro, de modo que en el verano del 96, testigos a pares, el eco de la llegada a Palma del saudí reclamando el dinero se escuchaba hasta en las cocinas de Marivent: “¡Que viene el ‘moro cabreado’ (sic) y quiere cobrar!”.

Parece que al hoy rey emérito le han gustado siempre las cifras redondas. Los 100 millones de dólares, por ejemplo, le encantan. Cien millones fue lo que recibió Prado y Colón de Carvajal del grupo KIO, reconocido por el afectado en sede judicial, con ocasión de la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam Hussein.

Los pagos se justificaron en el emirato por la necesidad de que, durante la llamada operación “Tormenta del Desierto” destinada a reponer a la familia Al Sabah en el trono, la aviación norteamericana pudiera utilizar sin cortapisas las bases aéreas españolas de Rota y Torrejón. Testigo privilegiado, Sabino Fernández Campo, entonces jefe de la Casa del Rey, a quien un día el propio Juan Carlos encomendó la tarea de acercarse a la lujosa residencia en Madrid del financiero Javier de la Rosa, el pagador de la coima, con un escueto mensaje: -Vas a ir a ver a De la Rosa al número 47 del Paseo de la Castellana y le vas a decir que, de parte del Rey, todo está arreglado y que muchas gracias.

Para Manolo Prado, the servant, el valido por antonomasia, pedir dinero llegó a convertirse en algo habitual durante los primeros años de la Transición. Pedía para “mon patron”, “mon ami le patrón”, “sa majesté”, pero también para “salvar la democracia”, para ayudar a financiar las campañas de la UCD (nominado por Adolfo Suárez, puesto que el abulense no hablaba inglés), para usar las bases aéreas… Y lo hacía siempre con el Gobierno de España por ariete, y naturalmente con la propia institución monárquica, sin reparar en eventuales daños para el prestigio de ambas instituciones.

En el imaginario colectivo late la idea de que Juan Carlos, que de niño vivió las estrecheces con las que su padre, Don Juan de Borbón, mantuvo en el exilio de Estoril su pequeña corte no afecta al franquismo, a menudo necesitado del socorro de una serie de familias de la antigua nobleza, se juramentó para no volver a pasar penuria alguna en reedición del “¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!” pronunciado por la heroína de Lo que el viento se llevó, hasta el punto de convertir la acumulación de dinero en una enfermedad, una obsesión rozando lo enfermizo, una patología absurda puesto que el monarca constitucional de un país desarrollado como España tenía mil formas, al margen de la confortable asignación que le otorgan los PGE, de labrarse un “buen pasar” sin necesidad de corromperse, sin necesidad arrastrar por el barro el buen nombre de la Monarquía y el de España, a la que como jefe del Estado representa. Sin necesidad de ofender al noble pueblo español que siempre confió en él.

Echar las culpas de lo ocurrido al emérito en exclusiva es caer en el cinismo de la equidistancia y faltar a la verdad

Aquel monarca “pobre” que en 1975 se hizo cargo de la Corona de España y tres años después juró la Constitución es hoy un hombre muy rico, con una fortuna que el norteamericano NYT estimó en su día en más de 2.000 millones de dólares. Naturalmente que en esa tarea no ha estado solo. Echar las culpas de lo ocurrido al emérito en exclusiva es caer en el cinismo de la equidistancia y faltar a la verdad. Aquí ha habido muchos culpables.

Para hacerse millonario, el monarca ha contado con la colaboración activa de todo un país, o por lo menos de sus elites políticas y económicas, y naturalmente también de unos medios que han participado activamente en la ocultación de lo que estaba ocurriendo. No se trata sólo de Prado, de Ruiz Mateos, de Mario Conde, de Javier de la Rosa, de Josep Cusí y de tantos otros. Se trata de los banqueros, de Alfonso Escámez a Emilio Ybarra, que una mañana sí y otra también descolgaban el teléfono para atender el correspondiente pedido que él personalmente, o su valido, se encargaban de transmitir. Se trata de los grandes empresarios del Ibex, cuyas cuitas en el exterior se encargaba de resolver la mayor parte de las veces a cambio de una comisión, como en el caso de la construcción de la línea de alta velocidad entre Medina y La Meca, asunto de actualidad.

Multitud de negocios oscuros que han pasado desapercibidos para la opinión pública y en los que se hizo presente la larga mano de Juan Carlos I. La compra en 2003 del Banco Zaragozano, mayoritariamente controlado (40%) por Alberto Cortina y Alberto Alcocer, por parte de Barclays Bank, filial española del grupo británico Barclays, en una operación de 1.400 millones. Ocurrió que una vez alcanzado el acuerdo y tras el correspondiente due diligence, los británicos descubrieron todo tipo de gatuperios en las tripas de la entidad, motivo por el cual decidieron romper el trato.

De hacerles volver al redil se encargó el propio rey de España, que a cambio de su mediación recibió una comisión de 50 millones ingresada en la cuenta suiza de su primo Álvaro de Orleans-Borbón. Cinco años después, febrero de 2008, el Tribunal Constitucional falló a favor de susodichos Albertos en el “caso Urbanor”, al anular, por supuesta prescripción de los delitos, la condena que les había impuesto el Tribunal Supremo, evitando de esta manera su ingreso en prisión.

Un secreto a voces

La larga mano del monarca había penetrado en la sala de togas del TC. Como ocurriera con Isabel II y con el propio Alfonso XIII, la corrupción real ha llegado a interferir en el normal funcionamiento de las instituciones del Estado. Para entonces, Alcocer se había convertido en el mejor amigo del monarca, al punto de haber pasado a ocupar como intendente real el espacio vacío dejado en la agenda del monarca por la retirada de Prado. Todo esto, y mucho más, se sabía. Las “fazañas” perpetradas durante 40 años de Juan Carlos de Borbón las sabía todo el que debía saberlas.

Eran un secreto a voces en el “establishment” patrio. Es el caso de los sucesivos presidentes del Gobierno, que consintieron, y sus equipos, todos perfectamente al corriente de los esfuerzos, y el dinero, empleado por el CESID, ahora CNI, en ocultar los negocios del monarca y proteger con un manto de silencio –el general Sanz Roldán, jefe de los servicios de inteligencia, y su cobarde silencio, juicio extensible a los Manglano que le precedieron-, su escandalosa vida privada, la incontinencia sexual de un hombre convertido en perfecto epígono de Isabel II, aquella mujer toda lascivia que se pasó por la piedra a la mitad del cuerpo de guardia de palacio.

El rey se ha movido en un entorno insano, rodeado de aduladores cortesanos, de millonarios arquetipos del “capitalismo de amiguetes” madrileño dispuestos a rifárselo en las monterías

El rey se ha movido en un entorno insano, rodeado de aduladores cortesanos, de millonarios arquetipos del “capitalismo de amiguetes” madrileño dispuestos a rifárselo en las monterías que organizaban en sus lujosas fincas de los Montes de Toledo, escenario del que cabe salvar a un hombre de honor como José Joaquín Puig de la Bellacasa, ex secretario general de la Casa, quien decidió poner pies en polvorosa tras comprobar, verano del 91, los horrores de la corte palmesana entonces dominada por Marta Gayá, la primera de las famosas “novias” del monarca.

Tras la retirada de Sabino, AzasAlmansas y Spottornos fueron incapaces de poner orden en Zarzuela. En el Guinness de la impudicia figurará para siempre el hecho de haber mantenido durante años a la última de sus queridas, Corinna Larsen, instalada en un lujoso chalé situado dentro del recinto palaciego, a escasos metros de donde la legítima, Sofía de Grecia, entretenía su soledad ojeando la revista ¡Hola! en torno a una mesa camilla junto a su hermana Irene.

Produce sonrojo, por eso, el asombro impostado exhibido por algún cretino cuando asegura que lo publicado estos días “cambiará para siempre la percepción que los españoles tienen de quien ha sido Jefe del Estado durante cuatro décadas”. Lo sabía la elite financiara, colaboradora necesaria, y lo sabía también la política, sin cuya connivencia no hubiera sido posible el saqueo. Lo sabían los dueños de los grupos de comunicación, con Jesús Polanco y el entorno de PRISA a la cabeza, naturalmente Juan Luis Cebrián, un grupo sin el cual no sería posible entender la Transición. Lo sabían, en suma, todos los que hicieron de la libertad un negocio, responsables de haber frustrado, maldito parné, las ansias de libertad y democracia de los españoles tras 40 años de dictadura. A

sediado por la recalada del asunto de los GAL en los tribunales, Felipe González amagó con destapar los escándalos reales ante el riesgo de ir a dar con sus huesos en la cárcel. Los mensajes de un Felipe acorralado causaron gran conmoción en Zarzuela, dónde en algún momento se temió que llegara a tirar de la manta -¿estaba el rey al tanto del montaje de los GAL?- poniendo en peligro todo el edificio constitucional. Al final, Felipe se limitó a acompañar a Barrionuevo y Vera a las puertas de la cárcel y a fumarse un puro. Sus críticas a Juan Carlos (“es que está cometiendo errores garrafales”; “es que Aznar le tiene muy suelto” –a partir de 1996-) se tornaron en un cínico mirar hacia otro lado: -que haga lo que quiera, a mí qué me importa. ¡A ver si voy a hacer yo ahora de niñera! –frase dicha a cuenta de la iniciativa de un grupo de empresarios mallorquines de regalar al monarca un nuevo Fortuna.

La maldición de la Transición. El mal fario de un sistema montado en torno a una derecha moderada y un socialismo de corte socialdemócrata, más la inevitable inserción de los nacionalismos catalán y vasco, herederos todos de las nueces del franquismo. Y un legalizado PCE, pieza imprescindible para lograr el nihil obstat democrático. Con el Rey en la cúspide, cual guinda coronando el pastel.

El PSOE se reconfiguró en torno a la figura de Felipe, con la ayuda de la socialdemocracia alemana y el Departamento de Estado yanqui. Felipe hizo el PSOE y Felipe lo deshizo, dejándolo en los huesos a su retirada, al punto de que el PSOE de Sánchez no tiene nada que ver con el que conocimos. José María Aznar fue capaz de agrupar bajo una misma bandera a las tribus dispersas de la derecha para llevarlas a gobernar por mayoría absoluta, pero dejó el PP en manos de un incompetente que arruinó el partido y sirvió el poder en bandeja a su mayor enemigo. Aznar hizo el PP y Aznar lo deshizo. De la Convergencia de Jordi Pujol no quedan ni las raspas, consumida en la hoguera de las vanidades del dinero, con el propio patriarca salvado por la campana de los secretos que guarda con celo exquisito. Y el PCE ha desaparecido del mapa. Solo resiste el PNV, siempre las siglas por delante de las personas, convertido en un régimen de partido único en el País Vasco.

Orgía de sexo y dinero

El rey emérito se ha puesto a la cabeza del cortejo fúnebre, tras quebrar el brillante inicio de su reinado. Su voluntad, en efecto, resultó determinante para impulsar la restauración de una monarquía parlamentaria capaz de reinar sin gobernar, olvidando las pulsiones absolutistas tan queridas por la dinastía a lo largo de siglos. Por primera vez en la historia de España, un Borbón no solo no había sido un “obstáculo tradicional” para la liberalización y democratización del país, sino su primer acicate.

Por desgracia, esa hoja de servicios iniciática se perdió pronto en la orgía de sexo y dinero que ha presidido la mayor parte de su reinado. Él devolvió la vida a una dinastía agostada, y él la deja malherida, casi muerta. Él la hizo y él la deshizo, al punto de que, a pesar de la ausencia hoy en España de cualquier tipo de republicanismo liberal y democrático, será muy difícil que Felipe VI consiga sortear los bajíos de esta crisis y conducir la nave de nuevo a mar abierto. Los escándalos del juancarlismo son, en realidad, el mascarón de proa del fracaso de todo un régimen, la evidencia de una clase política que ha puesto en almoneda la democracia parlamentaria, y la irresponsabilidad de unos partidos incapaces de haber abordado la regeneración del sistema desde dentro. Juan Carlos y los frutos del árbol podrido.

Desde que a finales de los ochenta empecé a conocer lo que ocurría en la Zarzuela y su entorno, siempre temí el día en que las andanzas del monarca llegaran al dominio público. Ese día ha llegado, y en el peor momento posible. En el punto más bajo de una España sin rumbo. Con un Gobierno poco amigo de la Constitución del 78, cuya clave del arco descansa precisamente sobre la institución monárquica, razón que explica los ataques que sufre por parte de Podemos, tolerados, si no compartidos, por un presidente del Gobierno cuyos perfiles ideológicos se confunden hoy con los de Pablo Iglesias. L

a filtración desde el ministerio de Justicia de las declaraciones suizas de Larsen y Dante Canonica apuntan a una nueva maniobra del Gobierno de Pedro & Pablo para ocultar el “caso Dina Bousselham”, tan desestabilizador tanto para Pablo como para Pedro. Todo a costa de socavar los cimientos de la institución monárquica. Las presiones del Ejecutivo sobre Felipe VI y su entorno son notables estos días, al punto de que el heredero tendrá que optar por separarse definitivamente de su padre, un hombre que después de haber tenido todo un país a sus pies, de haber robado mucho y haber fornicado más, parece condenado a terminar sus días en el exilio, como su abuelo Alfonso XIII y como su tatarabuela Isabel II. Los ecos del pasado iluminando el presente.

Si esta monarquía sobrevive será cosa de milagro. Pero Felipe VI es hoy bastante más que un rey constitucional: es el rompeolas que protege la libertad y la convivencia entre españoles, y también la garantía de su prosperidad, condición unida a la unidad de la nación. Más allá de discusiones doctrinales y del natural rechazo que pueda provocar una institución que tiene en la herencia su pilar fundacional, los españoles se enfrentan a la disyuntiva de optar entre una presidencia de la III República ocupada por un González o un Aznar (otras opciones a mano son inimaginables) y una monarquía representada por Felipe VI, el mejor de los Borbones conocidos.

A pesar de las deficiencias de esta democracia por regenerar, los españoles han vivido los mejores 50 años de su larga historia. España no se parece en nada al país de analfabetismo y miseria que era en 1936 e incluso en 1975. Porque las sociedades libres son capaces de progresar imparables por encima de los errores de sus clases dirigentes. Eso es lo que está en juego. Con toda humildad, siempre he pensado que la obligación moral de los españoles de buena voluntad consiste hoy más que nunca en preservar lo conseguido y continuar en la tarea de crear nuevos espacios de libertad y progreso, para transmitir a las generaciones futuras el mejor país posible. Y que sean ellas quienes se encarguen de dilucidar el viejo dilema entre monarquía y república.

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APCER - Sostenibilidad y economía circular

Economía circular: una oportunidad para la recuperación sostenible

Domingo, 12/Jul/2020 Javier Carrillo Hermosilla The Conversation

La economía actual, una economía lineal, de usar y tirar, genera una cantidad de residuos asombrosa. Esto implica una pérdida de valor igualmente disparatada. En Europa solo el 12 % de los recursos materiales utilizados provienen del reciclaje y de la recuperación. El 88 % restante se pierde.

Gobiernos y empresas han empezado a darse cuenta de que este sistema lineal aumenta su exposición a grandes riesgos, por la volatilidad de los precios de los recursos y las posibles interrupciones del suministro. Estos peligros han quedado patentes con la crisis de COVID-19.

Muestras de esta preocupación política son, por ejemplo, el Plan para la Economía Circular europeo, vigente desde 2015, y la recientemente aprobada Estrategia Española de Economía Circular.

Más allá del deterioro, a veces irreversible, del medioambiente, las consecuencias del modelo lineal son un desafío fundamental para la creación de riqueza global a largo plazo.

Es momento de desbloquear la economía lineal

Nos encontramos bloqueados en un sistema económico que arrastra una poderosa inercia equivocada desde la Revolución Industrial. Entonces se sentaron las bases del modelo lineal, sin por supuesto prever su incompatibilidad con las actuales dinámicas ambientales y demográficas.

Dentro de su gravedad, el actual frenazo en la economía mundial también puede leerse como una oportunidad para arrancarla de nuevo con una orientación más sostenible. Arreglar una bicicleta en marcha es imposible, pero parece que estaremos en la cuneta durante algún tiempo.

Debemos aprovechar esta oportunidad para dar un paso atrás y plantearnos soluciones alternativas a nuestros problemas y necesidades, para ecoinnovar y rediseñar nuestro modelo equivocado de creación de valor económico, que está demostrando ser insostenible.

No se trata de hacer menos malo lo que ya hacemos mal, poniendo filtros en nuestros desagües y chimeneas, enterrando nuestros residuos o reciclándolos parcialmente en productos de menor valor. Se trata de hacer las cosas de un modo diferente, que permita compatibilizar la sostenibilidad del crecimiento socioeconómico con la del sistema natural: se trata de transitar con urgencia hacia una economía circular.

La teoría: principios de la economía circular

En pocas palabras, la economía circular se basa en tres principios muy simples:

  • El desperdicio no existe. Los productos deben ser diseñados y optimizados para un continuo ciclo de desensamblado y reutilización al final de su vida útil.
  • La cuidadosa gestión del flujo de materiales. De acuerdo con esta perspectiva, son de dos tipos: por una parte, nutrientes biológicos, diseñados para reincorporarse sin impacto ambiental negativo al ecosistema, contribuyendo de ese modo al crecimiento del capital natural. Por otra parte, nutrientes tecnológicos, diseñados para reincorporarse sin pérdida de valor al sistema industrial, contribuyendo al crecimiento del capital económico.
  • La energía para alimentar este ciclo debe ser renovable. De nuevo para reducir la dependencia de recursos e incrementar la resiliencia del sistema natural y del sistema económico.

Aplicación práctica: ejemplos inspiradores

Cada uno de nosotros, como ciudadanos, podemos contribuir a la economía circular. Por ejemplo, contratando energía verde, comprando productos eficientes energéticamente, comprando alimentos de temporada y proximidad y, en general, reduciendo nuestro consumo y desperdicios.

Sin embargo, y a pesar de que la fuerza de la demanda es poderosa, esta transición exige compromisos e inversiones que corren a cargo de las empresas. Las empresas y los emprendedores pueden contribuir a la economía circular utilizando diferentes modelos de negocio.

Encontramos algunos ejemplos inspiradores en firmas que proveen a la industria de recursos renovables, reciclables o biodegradables. Uno es BFT, una empresa canadiense que produce fibras textiles a partir de cultivos de lino y cáñamo. Los productos de BFT son compatibles con las tecnologías de la industria textil tradicional y tienen propiedades tan buenas como el algodón o las fibras sintéticas. Sin embargo, tienen un impacto ambiental mucho menor en términos de consumo de agua y no producen residuos insostenibles como los microplásticos.

Cada vez hay más empresas que buscan valor no solo en los productos finales, sino también en las corrientes de materiales que se utilizan en sus sistemas productivos. Un ejemplo es Procter & Gamble, que aspira a operar todas sus fábricas con el objetivo de cero residuos.

También hay empresas que contribuyen a la economía circular prolongando la vida útil de sus productos. A través de su negocio de reacondicionamiento, la tecnológica Dell recupera viejos equipos y los revende cuando es posible.

Igualmente contribuyen a la economía circular las empresas de plataformas de uso compartido. En lugar de desechar o infrautilizar productos que se encuentran inactivos, permiten que otras personas tengan coacceso o copropiedad. Como ejemplos se podrían mencionar Airbnb o BlaBlaCar.

Por último, también contribuyen las empresas que operan bajo el modelo de negocio de producto como servicio. Este no se centra en generar grandes volúmenes de producción, sino que se enfoca en las prestaciones y la capacidad de actualización que tienen sus productos. Desmaterializa así la entrega de valor para ofrecer siempre las últimas innovaciones. Encontramos otro ejemplo inspirador en la propuesta de “iluminación como servicio” de Philips. El cliente paga por los lúmenes de los que disfruta, y no por el equipamiento. De su diseño, operación, mantenimiento y renovación se encarga la compañía holandesa.

Una transición difícil pero urgente

En conclusión, la transición desde el actual sistema económico lineal hacia una economía circular permitiría compatibilizar el desarrollo y bienestar económico de la creciente población mundial con la capacidad natural del planeta para soportarlo.

Evidentemente, tal cambio representa un gran desafío a la inercia equivocada en la que se encuentra instalado nuestro sistema económico desde hace más de un siglo.

Pero esta transición también representa una gran oportunidad para países y empresas. Se estima que podría generar un valor próximo a 4,5 billones de dólares en 2030, al tiempo que abundantes oportunidades de empleo y una mayor innovación.

Este proceso puede ser largo, lento, costoso y tal vez frustrante en el corto plazo. Quizás no muchos países y empresas puedan permitirse liderar esta transición. Lo que parece evidente es que pocos podrán mantenerse al margen de ella.

Javier Carrillo Hermosilla, Catedrático de Universidad, Economía y Dirección de Empresas, Universidad de Alcalá.

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Nadia Calviño

Santiago González en si blog, 120720

Nadia era la gran esperanza blanca para los tiempos venideros. No pudo ser y la Presidencia del Eurogrupo será para el irlandés Paschal Donohoe. Muy pocos discutirían la capacitación de nuestra tercera vicepresidenta, baste compararla con los otros tres. Yo tampoco, que conste, aunque las raras excepciones que personas como ella suponen en las filas sanchistas ofrecen un punto de duda. ¿Qué necesidadtenía?¿Por que tuvo que abrazar una causa tan improbable como la que encabezan dos tuercebotas como Pedro y Pablo?

En vísperas del cónclave el doctor Sánchez recibía en La Moncloa al primer ministro italiano y. O tal fausto motivo concedía una entrevista al Corriere della Será. El periodismo preguntó: “¿Alguna vez ha pensado en una gran

coalición con el PP?” Y va el doctor, que a él a chulángano no le gana nadie y Respondió: “no. ¿Sabe por qué el PASOK casi ha desaparecido? Porque formó la gran coalición con la derecha”. Pudo adornarlo: “Cuando les invitó a la unidad les miento”.

Saben los lectores cuál es la diferencia principal del candidato irlandés con. Nadia? Ella tiene mejor currículum pero él es un partidario decidido de la gran coalición como forma de gobierno. Y Angela Merkel también. Ella accedió a la CAncillería  cuando el socialdemóctata Gerhard Schröder prefirió pactar con ella que con el socialdemócrata radicalizado Oskar Lafontaine. No sería extraño que el voto alemán, partidario en p4incipio de Calviño , hubiese basculado hacia el irlandés ante la insolvencia intelectual del presidente español.

El año en que Sanchez accedió por vez primera a la planta noble de Ferrán, 2014, fue también el año en que Pablo Iglesias irrumpió en la vida española con una chulería que aún no ha perdido. Él sacaba a relucir el PASOK  cuando lo suyo  con Dina Bousselham no pasaba de los malos pensamientos: “El PSOE tendrá que elegir entre hacer presidente a Rajoy o a mí. Si apoya a Rajoy será su perdición. Y si me apoya a mí también será su perdición. El PSOE se convertiría, eligiera lo que eligiera, en el PASOK”.

El análisis del doctor Sánchez parece algo simple al descartar motivos de más fundamento para explicar el hundimiento de la creación del viejo Papandreu el mismo año en que Felipe se hizo con la Secretaría General del PSOE. El PASOK sufrió el mismo meneo que todos los partidos socialistas europeos. Hubo màs   causas: la ruptura del joven Papandreu (Yorgos), la corrupción, el clientelismo, la hipocresía y el  crecimiento del déficit. ¿A que se habrá debido la caída del socialismo francés con  Benoit Hamon?

 Nadia es una mujer inteligente, pero tengo para mí que algo sobrevalorada al secundar a un líder como el suyo en las ocurrencias que le provee Ivan Redondo: el nuevo Plan Marshall, o lo que es lo mismo los nuevos Pactos de la Moncloa y lo que es peor, llevar a  Bruselas un proyecto presupuestario  tan    cuajado de mentiras. En fin, el Consejo de Europa hizo una recomendación a España el pasado 20 de mayo. ¿Qué querrían decir con lo de “lograr situaciones fiscales prudentes”? Si Sánchez no lo intuye se lo puede preguntar a su socio. O a Ernesto Ekaizer, que sabe de qué va esto y celebraba por adelantado el triunfo de Calviño.

 

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Master en LGTBIQ+[Universidad Complutense de Madrid]

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Del deber ser universitario a la perpleja realidad

Por casi todos debiera ser conocido que la Universidad proviene de las escuelas catedralicias y  monásticas, que continúan, ya como tal Universidad, a partir del siglo xXII,  dedicándose a la académica enseñanza superior y de investigación, otorgando meritorios  títulos académicos  o grados, en diferentes disciplinas. Su denominación proviene del latín universitās magistrōrum et scholārium, esto es, la ‘comunidad de Profesores y académicos.

Pero eso era antes. Ahora es, salvo excepciones, habitualmente anticlerical, populista, sin nada que investigar y muy poco que enseñar, concediendo unos diplomas que carecen de credibilidad y fiabilidad y ni tan siquiera suponen que el discente sepa leer y escribir correctamente.La voluntad comunitaria también ha desaparecido a manos del individualismo más arroz y el profesorado no quiere saber nada cuyo aprendizaje suponga un riesgo para el docente, es decir, todo aquello que resulte políticamente incorrecto.Y, por descontado, Por supuesto,  la disciplina se desconoce como instrucción moral y el mérito y la capacidad han pasado a cosa de esforzados bobos, aunque la subnormalidad haya desaparecido socialmente como por encanto.

Pero, como acabamos de ver la cosa no acaba ahí. Hemos vivido recientemente una pandemia histórica, el coronavirus, sobre el que la Universidad no ha tenido nada que decir. Silencio absoluto. Y si nos preguntamos a qué se ha dedicado mientras tanto, nos  podemos encontrar con materias que a muchos, todavía, nos helarán la sangre.

Veamos: el pasado mes de junio, el Ilmo. Sr. Rector de la Universidad de Madrid acaba de acordar, con el visto bueno del Consejo de Ministros, el Consejo de Universidades y la Comunidad Autónoma de Madrid , el carácter oficial del título de “MASTER UNIVERSITARIO EN ESTUDIOS LGBTIQ+”.

Así están las cosas. Tal gravísimo escándalo no ha ofrecido, hasta el momento,  la menor resistencia social o mediática, de modo  que esto no ha hecho más que proseguir rumbo al suicidio moral colectivo en cualquiera de sus modalidades.

Ahí lo dejo, pero, obviamente, sólo por el momento. Porque de éstas habrá muchas más, no les quepa ninguna duday no me extrañaría que Nadia Calviño ‘reviscole’ ofreciendo a Bruselas la consecución de tal Master.

EQM

PD. No se pierdan, ut supra, la imsagen del BOE con la Resolución de 8 de junio de 202, suscrita por Joaquín Goyache Goñi, a la sazón Rector de la Complutense…

 



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Ilustración de Emma Gascó [España, 1982]

Y en el caso del coronavirus, ¿dónde está la universidad, máxima expresión del saber? ¿o acaso está en su eviterna endogámica solución?

Blas en EQM, 050720

Quicio, traigo a colación lo que escribió nuestra siempre querida Paula, un 19 de enero de 2010, en EQM, sobre la universidad española:

“En virtud de la época de la terrible incultura por la que atraviesa este país. En vista de las abundantes existencias fraudulentas y falsificadas, la más de todas la universidad- en minúscula, la mayúscula le viene grande. Por cuanto sus profesores están afectados por el virus de la pedantería y la falta de reflexión. Ante el hecho de que cualquier pelagatos que ha estado unos meses en el extranjero, se convierta en catedrático y “nuevo rico” de la ciencia y la investigación.

En atención a: la total dejadez de manifestar su punto de vista propio en los grandes temas que afectan a este país, dejándolo en manos de los medios de comunicación, único “poder intelectual” y con grandes intereses económicos; la consideración de las cátedras universitarias como plataformas empresariales; el cargo vitalicio de los que desempeñan las mismas; las herencias familiares de los departamentos; la ausencia de una formación culta y profesional de sus estudiantes, en fin, y por no añadir, hoy, otros asuntillos, DISPONGO Y PROPONGO:

El cierre total de las universidades españolas, lo cual no exime de las responsabilidades penales de sus autoridades.

A ver si de una puñetera vez alguien está en su quicio.”

A lo largo de los años de “funcionamiento” de EQM, el tema universitario ha sido uno de mis predilectos.

Como escribía Ortega y Gasset,”Misión de la Universidad,” allá por los años 30 del siglo pasado:

“La pedantería y la falta de reflexión han sido grandes agentes de este vicio de “cientificismo” que la Universidad padece. En España comienzan ambas potencias deplorables a representar un gravísimo estorbo. Cualquier pelafustán que ha estado seis meses en un laboratorio o seminario alemán o norteamericano, cualquier sinsonte que ha hecho un descubrimiento científico, se repatria convertido en un “nuevo rico” de la ciencia, en un “parvenu” de la investigación. Y sin pensar un cuarto de hora en la misión de la Universidad, propone las reformas más ridículas y pedantes. En cambio, es incapaz de enseñar su “asignatura”, porque ni siquiera conoce íntegra la disciplina.

Porque uno de los males traídos por la confusión de ciencia y Universidad ha sido entregar las cátedras, según la manía del tiempo, a los investigadores, los cuales son casi siempre pésimos profesores, que sienten la enseñanza como un robo de horas hecho a su labor de laboratorio o de archivo. Así me ha acontecido durante mis años de estudio en Alemania: he convivido con muchos de los hombres de ciencia más altos de la época, pero no he topado con un solo buen maestro. ¡Para que venga nadie a contarme que la Universidad Alemana es, como institución, un modelo!”

O este artículo: La universidad corrupta. La enredadera de la endogamia. El Mundo, 13 de febrero de 2008.

Decía Jacques Necker, ministro de Luis XVI, que “los puestos de poder son como las cimas de las montañas rocosas. Sólo las águilas y los reptiles pueden alcanzarlas”. La Universidad, ese templo del saber libre de mácula, lugar idílico donde los haya, donde –libres- investigan y enseñan los sabios, parnaso de la aristocracia intelectual.

Aristocracia, que en griego significa “el gobierno de los mejores”. Algo hermoso –y sobre todo- lejano, porque la Universidad española está también regida por el gobierno de los mejores. “Pero de los mejores amigos. El otro día me llamó un profesor –no puedo decir nombres- para contarme que era el único de su sección que no tenía relación familiar con el jefe de departamento”.

Este testimonio de Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá, debería ser una excepción en esta presunta inmaculada institución. Pero para la mayoría de los profesores a los que se ha dirigido este diario “es normal”.

Las universidades funcionan como las antiguas cortes europeas. No se debe olvidar que la institución es de origen feudal. “Puede que este sea el origen de la endogamia. Y aquel que no traga, se le hace la vida imposible”, concluye Piñuel.

La máxima expresión de endogamia se encuentra en los concursos y tribunales para acceder a las plazas oficiales de docencia universitaria: profesor titular y catedrático. Siempre se coge al candidato de la casa” –el que ha trabajado como becario y asociado de un departamento del centro convocante.- Sus propias superiores le votan seguro. Y a los miembros del tribunal ajenos a dicha universidad se les exhorta a votar a al candidato bajo el lema “hoy por mí, mañana por ti”.

Está claro que es tan importante labrarse buenas relaciones como los méritos académicos.

Pero, ¿qué ocurre con los que se muestran en desacuerdo con este sistema? Se ven acosados por una checa académica que les impide proseguir con su tarea docente o de investigación. El caso de Mariano García Pechuán es muy ilustrativo.

Este profesor de la Universidad de Valencia denunció a una catedrática cuando ésta empezó a perjudicar su carrera, excluyéndole de decisiones, amenazándole. ¿Por qué? García Pechuán se había negado a presentarse a un concurso para una plaza de titular en el centro valenciano en el que concurría otro candidato que no era del agrado de la catedrática: “O te presentas para que ese canalla no entre, o atente a las consecuencias”.

Después comenzó el boicot, que quedó ejemplificado cuando García Pechuán fue informado de que la catedrática tenía su tesis encima de su mesa pero… para usarla de “pisapapeles”. Al final, García Pechuán retiró la demanda. El término endogamia no se refiere solo a los enchufes, sino también a las relaciones que rigen la Universidad.

Otro caso extremo de endogamia, esta vez en la Universidad de La Coruña. Hace unos años, una licenciada ganó el concurso de profesor titular de Física a tres doctores. ¿Los méritos?

Desde luego, no sexenios de investigación de Harvard o alguna patente de prestigio. Esta licenciada tenía como principal cualidad haber sido amamantada por el departamento desde su graduación.

SEXENIOS TREPANDO

Para explicar la endogamia habría que entender cómo se hace carrera en la Universidad. Si en EEUU, las más prestigiosas universidades se agrupan en la Liga de la Hiedra, los centros españoles deberían estar englobados en la Liga de Enredadera, por la necesidad de saber medrar en los enredos burocráticos y la importancia de saber trepar. El recorrido más típico es el siguiente.

Un profesor o catedrático de una materia se fija en un alumno. Éste es el primer hilo del viscoso entramado de relaciones que sustenta una carrera en la Universidad. Entonces le propone entrar como becario en su departamento. Así podrá investigar mientras hace la tesis doctoral, que el mismo profesor suele dirigir.

Posteriormente, puede acceder al puesto de profesor adjunto, cuya precariedad laboral y debilidad le hace totalmente dependiente del jefe de departamento. Y pobre del que se atreva a discutir los criterios -ya sean académicos o políticos- del titular que le haya captado.

El ex alumno logra su doctorado y, a partir de este enero, acreditación -antes habilitación- correspondiente; y cuando surge una plaza en el departamento se convoca un concurso en el que, antes de que dé comienzo, todos ya saben el nombre del ganador.

A partir de ahí, las relaciones se hacen más fuertes. Los jefes dirigen la producción de los departamentos. Reparten los fondos y controlan bien que los méritos individuales se reflejen siempre en la cabeza del departamento. Las envidias académicas entre el profesorado también son flacas y amarillas. Por lo tanto es importante no destacar para evitar despertar suspicacias y recelos.

Cada universidad es una institución napoleónica. La elección del rector depende en gran medida del profesorado, siempre merced de los departamentos. Así es cómo empiezan las relaciones de poder. El control es total y alcanza incluso el estamento estudiantil.

“El representante de los alumnos lleva ya siete años en la universidad. Y eso que le queda una asignatura” dice Piñuel.

NORMATIVA FALLIDA

¿Y qué ocurre con los disidentes? Uno de los casos más célebres fue el de Agapito Maestre, Expulsado en 2002 de su cátedra de la Universidad de Almería por un aparente descuido administrativo o, ¿fue por criticar la política universitaria andaluza? Sin embargo no habría que culpar al Gobierno socialista de la endogamia en la Universidad.

Tampoco el Partido Popular se atrevió a acabar con el caciquismo en los centros españoles. En 2002 -LOU mediante-, el Gobierno de Aznar trató de paliar -aunque no erradicar- la endogamia introduciendo las habilitaciones y creando la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad (Aneca). Aunque seguirían siendo las universidades quienes elegían a sus profesores en un segundo concurso en el propio centro; cuando lo lógico quizás debiera ser que las oposiciones mejor puntuadas hubieran podido elegir la universidad de destino como sucede en Francia. Uno de los motivos por el que los populares no se atrevieron a realizar esta reforma fue porque la autonomía universitaria está garantizada por la Constitución.

El pasado enero entró en vigor el sistema de acreditaciones. El problema de este método es, según el profesor Francisco Ramos, «que los currículos ofrecen una información cuantitativa. No cualitativa. No muestran las virtudes pedagógicas que ahora se requieren desde Bolonia –tampoco serviría para eliminar la endogamia porque da una mayor autonomía a las universidades.

Aunque en principio el Gobierno ha anunciado que vinculará la financiación de los resultados, lo que debería garantizar la elección de los mejores currículos. No obstante de momento, esos parámetros todavía están por definir y los objetivos pueden llegar a ser bastante subjetivos.

LEY ORGÁNICA DEL SILENCIO

Laura Morales es una investigadora de la Universidad de Manchester. Con tan sólo 30 años se ha visto recompensada con las más prestigiosas becas europeas y acaba de concedérsele una Ramón y Cajal, pero cree que no la aceptará: “¿Volver de España? ¿Para qué? ¿Para perder mi estatus profesional, cobrar la mitad y además pasar a depender de un jefe de departamento? Cuando me presenté a las habilitaciones sentí que tenía un buen currículo pero que había profesores más mayores que necesitaban el puesto más que yo. Así no creo que vayan a propiciar el tan anunciado retorno de los talentos porque lo único que ofrecen es paella, sol y familia. Tampoco se debe generalizar. En realidad tal y como son las cosas, la Universidad española no va tan mal como debería. Los investigadores están consiguiendo hacer verdaderos milagros”.

Morales también dice que cree que no vivirá para ver una reforma efectiva de la Universidad española. «Yo suprimiría el funcionariado. Pero ningún gobierno se va a atrever nunca. Los catedráticos son uno de los estamentos de poder de este país -no hay más que ver la que se organizó con la LOU-. Con frecuencia la gente en la Universidad tiene aspiraciones políticas y muchas veces logran llegar a puestos de responsabilidad.

Iñaki Piñuel coincide también en esta observación: “Cuando se crearon las nuevas universidades, los caciques autonómicos corrieron a colocar a sus afines. España es el único país donde no es un desprestigio vincular política y universidad”.

¿La última vez? Se acaba de abrir una comisión de investigación para investigar presuntas irregularidades en el nombramiento de la hermana de la Ministra de Fomento, María José Alvarez, en la dirección de la UNED de Málaga, tras la denuncia a los medios por parte de su predecesor Andrés Martínez Lorca. Este había dimitido ante las presiones de la presidenta del consorcio del centro asociado de UNED, Salomé Arroyo, asimismo presidenta del Área de Educación y Nuevas Tecnologías de la diputación de Málaga.

El profesor Martínez Lorca denuncia “ la frustración que produce que una persona que ni siquiera ha cursado el bachillerato controle un centro donde estudian no sólo personas que quieren licenciarse, sino doctores e investigadores”.

Tampoco quiere restar méritos a su sustituta, aunque es consciente de que complementa su formación académica -al igual que sucede con Gregorio Peces-Barba, rector de la Universidad Carlos III, “con ser quien es”, como añade Piñuel.

Los lectores habituales de CAMPUS se habrán fijado en los escasos entrecomillados incluidos en este texto. Este suplemento se ha puesto en contacto con muchos profesores pero ninguno quiere ser aludido. Porque la única normativa que garantiza el ascenso en la Universidad española es la Ley del silencio.

Continuaremos.

Blas

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María Jesús Montero, Nadia Calviño, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez,
Unai Sordo, Antonio Garamendi y Pepe Álvarez. (EFE)

El plan fallido de Botín e Isla para frenar a Iglesias

Nacho Cardero en El Confidencial, 110720

Los empresarios se han aproximado a la vicepresidenta por la misma razón que el Instituto liberal de Ayn Rand se vuelve keynesiano: por una mera cuestión de supervivencia

La derrota de Calviño es la derrota de todos. Lo es de la vicepresidenta, que exhibía el mejor currículo de los que habían dispuesto sobre el tapete; lo es de Angela Merkel y de grandes potencias como Francia e Italia, que apoyaron la candidatura de la española y perdieron como jamás antes en ninguna batalla diplomática; lo es de España, a la que hubiera venido como miel sobre hojuelas la presidencia del Eurogrupo para arrogarse un papel protagonista en el fondo de recuperación; lo es para el Gobierno, con su presidente a la cabeza, que infló las expectativas y negoció mal, y lo es para los grandes empresarios de nuestro país, desde Ana Botín a Pablo Isla, que pusieron todos los huevos en la cesta de Calviño en aras de la estabilidad económica y vieron como un irlandés les adelantaba en línea de meta.

Los empresarios se han aproximado a la vicepresidenta por la misma razón que el Instituto liberal de Ayn Rand se vuelve keynesiano: por una mera cuestión de supervivencia, porque no quieren que la política económica que se imponga finalmente sea la de Unidas Podemos, no quieren que se derogue la reforma laboral, ni que suban los impuestos indiscriminadamente. Apostaron por Calviño, básicamente, para frenar a Pablo Iglesias.

Los empresarios se han movilizado como espartanos para impulsar el ‘plan Calviño’. Empezando por el presidente de la patronal, Antonio Garamendi, siguiendo por la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, y terminando por el primer ejecutivo de Inditex, Pablo Isla, quien abandona los predios de Arteixo para dejarse ver como nunca en la capital del reino. Ahí está su activa participación en las macro-jornadas de la CEOE.

Pensaban que empoderando a la vicepresidenta y llevándola en volandas se garantizaban la ortodoxia bruselense en la política patria frente a las posturas maximalistas de la formación morada, pues resultaba una quimera pensar que, ostentando la presidencia del Eurogrupo, España pudiera dejarse llevar por la tentación de erigirse en el verso suelto de la UE.

“La inusitada actividad de Garamendi y la CEOE respondía a ese triple objetivo”, explican desde una gran consultora. “No les gusta Podemos, no les gusta que endurezcan la política fiscal en vez de rebajarla, ni les gusta que los fondos que van a venir de Europa estén gestionados por políticos sin experiencia y no por ejecutivos de grandes compañías, como sucede en el caso de Italia. Se agarraron a Calviño como clavo ardiendo”.

La derrota de España es también la derrota de los empresarios. Ahora bien, se equivocan aquellos análisis realizados a vuelapluma que apuntan a que el varapalo a Calviño supone una victoria para Pablo Iglesias. No lo es. Por varias razones.

Primero, por la condicionalidad que va a trazar el nuevo presidente del Eurogrupo, el irlandés Paschal Donohoe, para recibir ayudas europeas, que va a ser más estricta que las que presuntamente podría haber planteado Calviño y dejan menos margen de gasto a Unidas Podemos. Segundo, por el PNV, que se ha convertido en un socio clave para la mayoría exigua del Gobierno en el Congreso y, a día de hoy, no se muestra partidario de las medidas fiscales desgranadas por Iglesias. Tres, agencias de calificación como Standard and Poor’s y Moody’s ya han amenazado con rebajar el rating de España si, en la situación actual, el Ejecutivo tira para adelante con la derogación de la reforma laboral.

Son varias las almas económicas que conviven en el ecléctico Gobierno de coalición. Como mínimo tres y las tres adolecen de descoordinación por el hecho de sustentarse en teorías económicas dispares y perseguir objetivos temporales distintos.

La que más marida con los intereses de los empresarios es la gubernamental que representa Calviño, por su ortodoxia y por focalizarse en la búsqueda de soluciones para los asuntos de mayor urgencia. La segunda se encuentra en la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo, dirigida por Diego Rubio desde La Moncloa. La tercera alma es la que representa Yolanda Díaz, el baluarte económico de Unidas Podemos en el Ejecutivo. Todos ellas funcionan como reinos de taifas.

Esa es otra baza que ha jugado en contra de Calviño: son tantas las voces que se escuchan en Bruselas desde España, que uno ya no sabe con cuál quedarse.

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Sexo y dinero: Felipe VI conjura la perdición de los reyes borbones

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 110720

l Rey por el llamado “efecto de comparación descendente” sostiene su valoración tras haber roto con su padre, su hermana y renovado la institución. Pero sigue teniendo tarea

La Revolución Gloriosa de 1868 destronó a la reina Isabel II y la envió al exilio francés, iniciándose en España el sexenio democrático. El general Prim y el almirante Topete se sublevaron en Cádiz contra la monarquía horadada por un comportamiento frívolo y derrochador de la soberana y por su conducta que se juzgó “desordenada”. Los sublevados gritaron entonces “¡Viva España con honra!”. Sin embargo, y hasta más adelante, no se proclamó la I República.

Antes se intentó una regencia por el general Francisco Serrano hasta que en 1871 el Congreso eligió otro rey, Amadeo de Saboya, que ocupó el trono de España hasta 1873. Emilio Castelar, republicano federal, le advirtió en la primera sesión de las Cortes: “Visto el estado de la opinión, vuestra majestad debe irse, como se hubiera ido Leopoldo de Bélgica, no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano de México” (que fue fusilado en 1867). Y sí, se marchó.

La I República naufragó sin llegar a disponer de constitución federal. Sobrevino un caos que resolvieron el pronunciamiento monárquico del general Martínez Campos en 1874 restableciendo a Alfonso XII en el trono y el nuevo constitucionalismo de Cánovas del Castillo, un conservador borbónico que apadrinó la Carta Magna de 1876 bajo la que reinó el hijo de Isabel II y su nieto Alfonso XIII —un soberano con tendencia ludópata y mujeriego sin rebozo— y al amparo de cuyos mandatos se desarrolló el régimen de la Restauración que acabó con la proclamación de la II República en 1931.

Desde antes de Isabel II hasta Juan Carlos I se produce una anomalía: los reyes Borbones españoles, nacen en un país y mueren en otro

Desde antes de Isabel II hasta Juan Carlos I se produce una anomalía: los reyes Borbones españoles, nacen en un país y mueren en otro, o a la inversa. Le ocurrió a la destronada hija de Fernando VII que nació en Madrid (1830) y murió en París (1904). Alfonso XII falleció joven en Madrid en donde había nacido (1857-1885). Una excepción. Porque su hijo, Alfonso XIII, vio la luz en la capital de España (1886) pero murió, exiliado y abdicado, en Roma (1941). Juan de Borbón, no reinó, pero sí su hijo, Juan Carlos I, que nació en la capital de Italia en 1938.

Esa anomalía de los reyes Borbones es un canon que constata dos variables permanentes en la historia de España: la primera consiste en que nuestros monarcas reiteran comportamientos, más personales que institucionales, que irritan a la sociedad española, destrozando incluso sus mejores acciones como estadistas, y la segunda, que pese a la facilidad con la que exiliamos y repatriamos reyes, la monarquía es una forma de Estado idiosincrática de nuestro país. Porque en España habrá pocos monárquicos de firme militancia, pero es también seguro que son escasos los auténticos republicanos. Solo siete años de vigencia republicana en siglos de devenir histórico español ofrecen un dato esclarecedor al respecto.

A la mayoría “perturban” e “inquietan” las informaciones sobre los comportamientos de Juan Carlos I que están siendo escrutados por la Fiscalía del Tribunal Supremo. El rey emérito ha sido un gran estadista en momentos cruciales de nuestra historia. Una apreciación compatible con la constatación simultánea de que también a él se le cruzaron las peores pulsiones borbónicas, debilidades muy humanas que un monarca no puede permitirse porque su función es la ejemplaridad y su misión la utilidad. Y menos cuando la legitimidad que cuenta es la de desempeño o de ejercicio, no tanto la de origen, por legal que sea. Esa la ha perdido “a posteriori” según el detalle de las informaciones contrastadas por este diario y según las cuales entre 2008 y 2012 dispuso de forma opaca de parte de los fondos que, en supuesto modo de donación, recibió —también sin declararlos— de Arabia Saudí.

Sin embargo, no se puede inferir que el comportamiento tan irregular del rey abdicado “contagie” irremediablemente a la Corona y deteriore la reputación de su hijo, Felipe VI, aunque es evidente que no ha favorecido ni a la institución ni a su heredero. Juan Carlos I abdicó y asumió así su responsabilidad política. La que ahora se dilucida es la penal, si la hubiere, en función del alcance de la inviolabilidad constitucional que le protegió hasta el 19 de junio de 2014, cuya alteración —planteada por el presidente del Gobierno— requiere de una reforma de la Constitución con la imprescindible colaboración del PP.

Los sociólogos consultados para elaborar este análisis coinciden con ligeras variantes en que Felipe VI podría estar protegiéndose por el denominado “efecto de comparación descendente” formulado por León Festinger en 1954 según el cual se produce “un reforzamiento de la figura que se evalúa resultante de la comparación con la valoración predominante respecto del entorno que sirve de marco de referencia.” En otras palabras: Felipe VI estaría sosteniendo su valoración ciudadana en la medida en que su comportamiento, por comparación, es superior en probidad, seriedad y rigor, no solo al de su padre, sino respecto al de la clase dirigente. Por otra parte, resulta notorio que en lo temperamental y en lo característico, el rey está doblegando esos hábitos prepotentes de perdición histórica que desarbolaron a sus antecesores: el sexo y el dinero.

El Jefe del Estado –un gran desconocido en sus facetas más personales- está haciendo de la necesidad virtud. Y por eso, ha entendido la crisis que plantea su predecesor como una oportunidad para renovar la Corona: renuncia a una herencia contaminada, suspensión de la asignación presupuestaria a su padre, revocación del título ducal a su hermana, reducción del número de miembros de la familia real, incorporación de su Casa a los mandatos de la Ley de Transparencia, mantenimiento de una cuidada neutralidad política en una situación controvertida y perseverancia en una actitud de rigor que, por comparación, le consolida.

Pedro Sánchez sabe que añadir una diatriba sobre la forma de Estado es inasumible y así, mientras se distancia de Juan Carlos I, se acerca a Felipe VI. En todo caso y a la vista de la cíclica tendencia histórica a que la Corona padezca crisis de reputación sería adecuado plantear a medio plazo una actualización constitucional de la institución. Habría consenso para esa reforma —agravada y que exige disolución de las Cortes y referéndum— pero no para un vuelco republicano. Estado autonómico y monarquía parlamentaria, con el sistema de derechos y libertades, son factores esenciales del pacto constitucional de 1978.

Que Podemos e Iglesias pidan la renuncia de Felipe VI y un referéndum va de suyo. El verdadero peligro para la monarquía vendría de una nueva Agrupación al Servicio de la República integrada, como en los años que precedieron a la proclamación de la segunda, por miembros eminentes de la derecha liberal, intelectual e influyente, en conjunción con una izquierda de Estado que desista del pacto constitucional. Y, de momento, no es el caso. Entre otras razones porque Felipe VI está conjurando la ecuación (sexo-dinero) que llevó a la perdición a sus antecesores. Y lo está haciendo con frialdad y determinación. La historia es la mejor maestra.

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Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el El Mundo, 110720

Las consecuencias económicas de Podemos

Sábado, 11/Jul/2020 Luis Garicano El Mundo

Que la vicepresidenta económica del Gobierno de España, Nadia Calviño, perdiera el jueves la presidencia del Eurogrupo ha supuesto un mazazo político y moral para España. La reacción al golpe ha sido tan dura en gran parte porque el Gobierno daba por hecho el triunfo en la elección entre los 19 países que componen el Eurogrupo. Lo que ocurrió es que desencadenó expectativas que no fue capaz ni de negociar adecuadamente ni de, en consecuencia, cumplir.

Pedro Sánchez debería hacer autocrítica. El presidente del Gobierno tendría que preguntarse qué es lo que pasa, por qué no logra colocar a candidatas tan solventes como Nadia Calviño –van dos fracasos ya, para dirigir el Fondo Monetario Internacional y para presidir el Eurogrupo– y Arancha González Laya, para liderar la Organización Mundial del Comercio. Por currículo, claramente, no será, porque a ambas ministras les sobra.

ia.

Es preocupante que hayamos banalizado lo que conocemos de las distintas experiencias históricas de regímenes comunistas; es asombroso que lleguemos a quitar importancia a los testimonios o a frivolizar sobre la gravedad que tiene el hecho de que miembros de nuestro Gobierno se enorgullezcan tanto de esta ideología, que ha conseguido las cotas más elevadas de sufrimiento, hambre y muerte en las sociedades en las que se impuso.

Para entender cómo suena en Europa, les cuento una escena del debate del Parlamento Europeo en el que participé el miércoles pasado con la canciller Angela Merkel. Tanto el líder de los liberales europeos (mi grupo), el rumano Dacian Çiolos como el vicepresidente de la Comisión Maroš Šefcovic, socialdemócrata eslovaco, le recordaron en sus discursos a la canciller Merkel que compartían con ella la experiencia de crecer y vivir bajo el yugo de una dictadura comunista, y se refirieron a sus dramáticos pasados comunes. Dacian Ciolos, el líder de Renew Europe, lo resumió así: «Señora Merkel los dos hemos crecido en otra Europa, una Europa destrozada por decenios de dictadura comunista».

No estoy hablando sólo de un problema filosófico, ético y moral en los representantes políticos del Ejecutivo de una democracia. Estoy hablando de que tener un Gobierno no alineado con los de nuestro entorno, un Ejecutivo mal encajado en el sistema y los criterios mayoritarios de los gobiernos europeos, tiene costes. Sobre todo, a la hora de conseguir el respaldo de los socios y aliados para desempeñar responsabilidades supranacionales. Si Sánchez aseguró que él no podría dormir con tales socios (presidente, ya nos contará qué remedio ha encontrado para conciliar el sueño, que a los demás nos hace falta), no es extraño que nuestros socios tampoco puedan.

Esta semana escuché en Bruselas que Pedro Sánchez era un equilibrista, porque iba a tener en un mismo Gobierno al líder del Partido Comunista español y a la presidenta del Eurogrupo. La realidad ha sido más terca y ha demostrado que estos equilibrios no funcionan en la política internacional y, en especial, que no funcionan en nuestro ecosistema político, en la Unión Europea. Sánchez ha sentado en el Consejo de Ministros a personas que inspiran confianza, como Nadia Calviño, Arancha González Laya y José Luis Escrivá. Pero la realidad es que en el Consejo de Ministros se sienta también Podemos, y que eso no tiene equivalente en ningún otro Gobierno de nuestro entorno.

En circunstancias normales, la composición del Gobierno no importaría tanto. Podemos y sus socios se enfrascarían en las guerras culturales y las consecuencias serían políticas y de convivencia, pero, dado lo limitado de su mayoría, seguramente no existenciales.

El problema se complica en los momentos difíciles como el que vivimos. En los momentos en los que tenemos que negociar, justo cuando necesitamos inspirar confianza a los ciudadanos, a otros países y a los mercados. Y la realidad es que España, ahora mismo, aunque tiene buenas razones para inspirar esa confianza –como el perfil de la propia ministra Calviño–, no lo consigue. La falta de confianza, que es falta de credibilidad, que nos ha costado la presidencia del Eurogrupo es la misma que erosiona nuestras instituciones; es la misma que nos puede meter en otra gran crisis de deuda si los mercados no nos responden en los próximos meses.

Me temo que no hay suficiente conciencia de lo delicado que es este momento para España. La semana que viene, en el Consejo Europeo de los días 17 y 18, tenemos una de las negociaciones más importantes que haya habido en la historia de Europa en los últimos 30 años. Y en esa negociación es imprescindible que nos llevemos bien con los demás, que nos relacionemos con nuestros socios desde la confianza mutua. Debemos entenderles para que nos entiendan.

El peor desenlace de este fracaso del Eurogrupo y de la presidencia frustrada de Nadia Calviño sería quemar puentes con otros países por buscar traidores o excusas donde no hay ni los unos ni las otras. No tenemos más remedio que mirar hacia delante. Nuestro deber histórico es construir y no quedarnos en el pasado, y nunca va a ser tan importante como ahora el que España tenga una relación de confianza con los países europeos.

Presidente Sánchez, permítame que se lo diga desde Bruselas: para mejorar estas relaciones exteriores, para ganarse a los europeos, de verdad tiene que hacerse las preguntas que importan. Olvídese de las trincheras, de las banalidades de ida y vuelta, de las frases hechas para contentar a algunos o provocar a otros. No busque traidores en países que son nuestros amigos, aunque sean rivales en muchas ocasiones; no mire en la dirección opuesta a la realidad. España, su Gobierno, está ahora mismo en una fórmula política que contemplan con desconfianza buena parte de los europeos y cada vez más españoles.

Para salir de su debilidad, necesita salir de ese experimento. Necesita un pacto constitucional, una fórmula política como la que está al frente de las instituciones europeas y de la mayor parte de los países miembros, porque lo que le viene encima a esta sociedad es lo suficientemente grave, lo suficientemente importante como para que no lo aborde con las artimañas de la polarización y del enfrentamiento, sino con las políticas de la moderación, el pragmatismo y las reformas. Ahí es donde se encuentran la inmensa mayoría del pueblo español y de sus representantes políticos.

Luis Garicano es jefe de la delegación de Ciudadanos en el Parlamento Europeo. Y vicepresidente y portavoz económico de Renew Europe.

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969],para el texto

Elecciones en su bucle nacionalista

Sábado, 11/Jul/2020 Fernando Múgica El Mundo

Con su calendario democrático, mañana se celebrarán elecciones al Parlamento Vasco, 40 años después de las primeras, en 1980. La campaña electoral ha prestado especial atención a los efectos de la pandemia Covid-19, y tiene otros mensajes tradicionales que conocemos desde hace décadas y que apenas han cambiado. Para un visitante extraño que llegue desde lejos o de otro tiempo, además de la preocupación por la crisis en Euskadi suena una cacofonía que repite sin cesar el mantra de sus derechos históricos y el autogobierno, bálsamo milagroso de una sociedad narcotizada.

La inquietud común es recuperar la actividad y empleo destruidos en la crisis sanitaria, y evitar sus daños sosteniéndose entre todos. Para eso hace falta mucho dinero, tanto el propio como el que puedan sacar del resto de España por varias vías. Todos los partidos lo prometen, son prácticos y miran al futuro. El Gobierno Vasco tiene un Presupuesto de 11.700 millones de Euros para 2020, sin contar las tres Diputaciones Forales. No alcanzan para el mayor problema actual.

En su inicio, la campaña fue institucional por parte de casi todos. El Partido Nacionalista Vasco arrancó llamando a «sudar la camiseta de Euskadi» para salir de la crisis, y se presenta como abonado a la idea de «seguridad». El Partido Socialista de Euskadi proclama «soluciones» y habla de «autogobierno y cogobernanza». Euskal Herria Bildu recuerda su trayectoria que ya conocemos, y agrede. Elkarrekin Podemos IU dice que puede gobernar. El Partido Popular, coaligado con Ciudadanos, apela al constitucionalismo vasco.

Para votar en estas elecciones no hacen falta libros de historia. Los problemas sanitarios, sociales y financieros han dejado en segundo plano otras cuestiones sobre el pasado convulso del País Vasco, su identidad y lengua, sus relaciones con los demás. En la política vasca no tiene sentido añorar Euskadi como paraíso perdido, un oasis o una Atlántida bajo el mar. La crisis está aquí y es lo urgente y esencial.

La propaganda se ha personalizado en los candidatos a lehendakari. Todos hablan perfecto euskera. Los carteles han sido variados. Iñigo Urkullu (PNV) se anunció con la U de su apellido y los colores de la ikurriña, apostando que en Euskadi «saldremos» en pie. Idoia Mendia (PSE) propuso combatir el virus y recuperar la economía sin dejar atrás a nadie y resalta que Euskadi necesita un gobierno fuerte y estable. Maddalen Iriarte (EH Bildu) es la nueva cara del siniestro pasado de Herri Batasuna. Miren Gorrotxategi (Podemos) ha dicho que todo el poder es para lo público y que «el capitalismo es incompatible con la vida y el planeta». Carlos Iturgaiz (PP+Cs) renovó su imagen y ánimo constitucional, une las banderas de Euskadi y España, y tiene un plan para el futuro.

Sobre cuestiones de identidad vasca, Navarra aparece al fondo de la escena y tiene un Presupuesto foral de 4.500 millones de euros este año. Muchos quisieran su incorporación a Euskadi, y para eso hicieron los acuerdos de Gobierno entre PNV y PSE, y con PSN y EH Bildu. Con ese pacto, el PSOE se coloca fuera del sistema. Dicen que los nacionalistas desean no ya transferencias sino un nuevo Estatuto. Aunque acaso no sea el momento y de referéndums no se habló, los oculta la crisis. Se oponen PP+Cs.

Respecto de asuntos internos, el PNV dice que va todo bien y Mendia se muestra satisfecha. Los nacionalistas controlan hasta las últimas terminales y los otros van detrás esperando recoger las migajas. Hay denuncias de corrupción e ineficiencia. Gorrotxategi dijo que no hay que permitir a los de siempre hacer lo de siempre. Iturgaiz habló del enchufismo nacionalista y sugiere que se antepone la lengua al talento.

En cuanto a otras instituciones, los nacionalistas siguen erosionando lo que ven fuera de Euskadi, como la Constitución que dicen desfasada, la monarquía caduca, etcétera. Incluso a Felipe González. El PSE no lo afirma, pero lo elude con una actitud que parece no tener en cuenta su origen. PP+Cs sí dijeron que Euskadi está dentro de España.

Sobre Euskadi Ta Askatasuna (1959-2018) y su terrorismo que ya es historia, tanto el PNV como EH Bildu y Podemos practican lo descrito por George Orwell: «Si el líder dice de tal evento ‘esto no ocurrió’, pues no ocurrió». Urkullu habla de reencuentro entre vascos. Otegi viene a decir que no quisieran volver a hacerlo. Gorrotxategi señala que estamos en otro tiempo. PSE y PP mermaron mucho en los últimos 20 años por la conversión de sus votantes al nacionalismo. Y por algo más. Son partidos demediados. Mendia habla de convivencia y víctimas. Iturgaiz, más ácido, también. Ambos recuerdan que ocurrieron asesinatos y expulsiones, pero no lo han dicho mucho o en alto por si pareciera intempestivo. Y casi no les han puesto nombres aunque la voz de Gregorio Ordóñez puede escucharse en exposiciones virtuales. La violencia terminó. ¿Para qué memorizar que duró 52 años, que el primer asesinato de ETA fue en 1968 y el último en 2010, quedando aún 350 sin autores conocidos? ¿Y que al final, en 2011, había cerca de 1.000 cargos públicos escoltados en Euskadi? Todos deseamos un porvenir mejor. Si en las causas y efectos del terror nacionalista no hay consenso, ¿por qué hablar de ese pasado? ¿Y de su ingeniería social si fue un error? ¿Y de su hegemonía mal adquirida? El futuro interesa más.

Lo que ha omitido esta campaña electoral, pues de eso no hablan los nacionalistas y apenas los demás, es la situación demográfica del País Vasco y su perspectiva para los próximos años. En 1980, tenía 2.140.000 habitantes, el 5,7% de la población de España entonces. En 2020 son 2.182.000, el 4,6% de España hoy, un 18% menos. El hundimiento demográfico vasco ha sido el mayor de España desde 1976, por la peor combinación de descenso de la natalidad y aumento del envejecimiento. Sin olvidar a los expulsados del País Vasco a partir de entonces, principalmente por los crímenes y extorsiones nacionalistas que obligaron a marcharse a alrededor del 10% de su población adulta. Por otro lado, los datos del Instituto Vasco de Estadística indican que en 1998 nacieron en Euskadi un 2% de bebés de madres extranjeras, y hasta un 27,3% en 2019. La progresión es vertiginosa. La estrategia le está resultando mal a los nacionalistas. En los años siguientes veremos una acelerada disolución de la raza vasca y cabe dudar de la sustentación de su lengua. Euskarari dagokionez, zer geratuko zaigu? ¿Qué quedará? Tras 40 años de nacionalismo, Euskadi está deshecha desde adentro. Sin oídos fieles, gure egitatea, historia nork kontatuko?

Hacia la mitad de campaña afloraron las emociones. Las consecuencias de la Covid condicionaron los debates entre candidatos, aunque otro furor renació y la polémica se agrió. Urkullu dijo que no es español y solo se siente vasco. Otegi añadió que la independencia de Euskadi junto con Navarra será pronto gracias a su partido. Podemos no lo cuestiona. Mendia lo duda. Iturgaiz, foralista, afirma la unidad de España.

¿En el futuro se mantendrá la hegemonía nacionalista? ¿Solo por el concierto económico que permite a Euskadi sostener un 75% más de gasto social por habitante sobre el promedio de España? La seguridad de los nacionalistas parece la certeza en su autodestrucción. En la actual pirámide de población del País Vasco, los grupos quinquenales más numerosos corresponden a personas entre 45 y 59 años de edad. Y por cada nueve vascos de 40 a 49 solo hay cinco menores de 10 años. ¿Quién pagará las pensiones? El resto de los españoles cubre ya con sus cotizaciones sociales cerca del 40% de las pensiones vascas.

Al final de la campaña, los mensajes son ya ruido. La historia vuelve. Los candidatos discrepan sobre el reparto del dinero y no se entendieron ni en cuanto al pasado de las amenazas. «Nosotros somos quien somos», dicen todos por separado. Los partidos se acusan entre ellos y pocos guardan serenidad. Ni ante el coronavirus. Otra vez la desigualdad ante la crisis, en la salud y en la riqueza. «Nosotros somos mejores y más». Hubo autosuficiencia e irritación. Vascos contra españoles en la lengua («¿no hablas euskera, qué esperas?»), y en la frontera con ambiciones territoriales sobre Navarra y su caja («es nuestra»). Con impaciencia. Quizá estos son tiempos de cambio aunque solo a peor y hacia atrás. También en el País Vasco. La confianza es un bien muy escaso y apreciado.

La crisis Covid-19 será superada. No las otras cuestiones de fondo. Estas elecciones no lo arreglarán todo. Zein motakoa izango da iritsiko den garaia? El mundo seguirá girando.

Fernando Múgica es abogado.

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Ennio Morricone [† Italia, 1938-2020]

Tema de la banda sonora de ‘La Misión‘ [1986], de Roland Joffé., con música de Ennio Morricone. Premios 1987 a la mejor banda sonora, BAFTA, y  Globo de Oro.

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Lo resumiré en pocas palabras: el mejor compositor cinematográfico de todos los tiempos… ¿hay quien dé mas? El resto de datos, monumental,  lo tienen Vds. en esta entrada. O, al menos, eso espero…

EQM

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Ennio Morricone (Roma, 10 de noviembre de 1928-ib., 6 de julio de 2020)

Fue un compositor y director de orquesta italiano conocido por haber compuesto la banda sonora de más de quinientas películas y series de televisión. Recibió un Óscar honorífico en 2006 y ganó el Óscar a la mejor banda sonora en 2016 por la cinta The Hateful Eight. En 2020 le fue otorgado el Premio Princesa de Asturias de las Artes, compartido con el también compositor John Williams.

Sus composiciones se incluyen en más de veinte películas galardonadas, además de realizar también piezas sinfónicas y corales. Destacan, entre otros, sus trabajos en películas del spaghetti western, de la mano de su amigo Sergio Leone, como Por un puñado de dólares de 1964, La muerte tenía un precio de 1965, El bueno, el feo y el malo de 1966 o Hasta que llegó su hora de 1968. No obstante, su obra se extendió a multitud de géneros de composición, convirtiéndolo así en uno de los compositores más versátiles de la historia del cine y también de los más influyentes del siglo XX. Sus composiciones para Days of Heaven de 1978, La misión de 1986 o Cinema Paradiso de 1988 son catalogadas como auténticas obras maestras.

Nacido en Roma, Morricone comenzó a tocar la trompeta cuando era niño y a los seis años ya había compuesto su primera obra. Estudió en la Academia Nacional de Santa Cecilia a la edad de nueve años, donde su padre, Mario Morricone, que era músico, lo inscribió. Cuando tenía doce años entró en el conservatorio, inscribiéndose en un programa de armonía de cuatro años, que acabó en seis meses. Su diploma de trompeta lo recibió en 1946 y a partir de ese año comenzó a trabajar profesionalmente componiendo la música de Il Mattino (La mañana). Después de graduarse en 1954, empezó como escritor fantasma, componiendo música para películas, que se atribuían a famosos músicos de la época. Pronto ganó popularidad debido a la composición de música de fondo para programas de radio y poco después daría el salto a la gran pantalla.

En los años cincuenta recibió un diploma en instrumentación. También le fue otorgado por el también compositor Goffredo Petrassi un diploma en composición. En 1955, Morricone se dedicó a arreglar la música de otros compositores que ya estaban establecidos en el cine. Al poco tiempo, Sergio Leone, un amigo de la infancia de Morricone, lo requeriría para que fuese el compositor de las bandas sonoras de sus películas. Juntos crearon un punto de vista diferente del western tradicional con la película Por un puñado de dólares (1964), que fue más tarde conocido como el spaguetti western. En ese ámbito hicieron luego otra vez juntos varias películas más como El bueno, el feo y el malo (1966) y ¡Agáchate, maldito! (1971).

En los años 80 y 90, Morricone continuó componiendo para Leone en películas de otro estilo como en Érase una vez en América (1984), por lo que podría haber tenido un Óscar, si no hubiese sido descalificada su banda sonora para ser nominada por un tecnicismo de la academia al no ver el nombre de su compositor incluido en los créditos finales, una banda sonora que muchos también catalogan como la mejor banda sonora de la historia del cine.​ También compuso para otros directores como Roland Joffé en La misión (1986), Brian de Palma en Los intocables de Eliot Ness (1987) o Giuseppe Tornatore en Cinema Paradiso (1988). Otras composiciones más recientes de carácter notable son en las películas Malèna (2000), Campos de Esperanza En el 2005 compuso la banda de sonido de la película sobre el Papa Juan Pablo II “Karol” el hombre que se hizo Papa y su segunda parte “Karol” el Papa, el Hombre. (2005) o Baarìa (2009).

Morricone ha recibido dos premios Grammy, tres Globos de Oro, cinco BAFTA, diez David de Donatello, once Nastro d’argento y el Premio de Música Polar en 2010, considerado este último como el Nobel de la música. En la edición de los Premios Óscar 2006 recibió el Óscar honorífico «por sus magníficas y polifacéticas contribuciones en el arte de la música de cine». En 2016 recibió el Óscar en la categoría de Mejor banda sonora original por la película The Hateful Eight, después de haber sido nominado seis veces en esta categoría en ediciones anteriores, convirtiéndose así en el galardonado más longevo en dicha categoría en la historia de los Premios Óscar. A lo largo de su carrera, Morricone ha vendido más de 70 millones de discos.5

De acuerdo a medios italianos, el compositor falleció durante la madrugada del 6 de julio de 2020 en el policlínico del Campus Biomédico de la Universidad de Roma a los noventa y un años, a consecuencia de las complicaciones producidas por una fractura de fémur tras sufrir una caída en su casa varios días antes.

[Fuente: Wiki]

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Ennio Morricone “Mission” – Concerto di Natale 2012 – Assisi25/12/2012 – Oscar a la Mejor Banda Sonora 1986. Dalla Basilica Superiore di San Francesco Concerto di Natale da Assisi. Orchestra Sinfonica Nazionale della Rai, Direttore Ennio Morricone. Coro da Camera dell’Accademia dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia.

Premios Óscar

1978 Mejor Banda Sonora Days of Heaven Nominado
1986 Mejor Banda Sonora La misión Nominado
1987 Mejor Banda Sonora Los intocables de Eliott Ness Nominado
1991 Mejor Banda Sonora Bugsy Nominado
2000 Mejor Banda Sonora Malèna Nominado
2006 Óscar honorífico Ganador
2016 Mejor Banda Sonora The Hateful Eight Ganador

Globos de Oro


Butterfly [la marca de la mariposa, 1982. ]. Ennio Morricone.Globos de Oro: Mejor Canción Original, 1982

1982 Mejor Canción Original La marca de la mariposa Nominado
1985 Mejor Banda Sonora Érase una vez en América Nominado
1987 Mejor Banda Sonora La misión Ganador
1988 Mejor Banda Sonora Los intocables de Eliott Ness Nominado
1990 Mejor Banda Sonora Casualties of War (Corazones de hierro) Nominado
1992 Mejor Banda Sonora Bugsy Nominado
2000 Mejor Banda Sonora La leyenda del pianista en el océano Ganador
2001 Mejor Banda Sonora Malèna Nominado
2016 Mejor Banda Sonora The Hateful Eight Ganador

Premios BAFTA


Los intocables de Eliott NessEnnio Morricone. BAFTA a la mejor música original, 1988

1985 BAFTA a la mejor música original Érase una vez en América Ganador
1987 BAFTA a la mejor música original La misión Ganador
1988 BAFTA a la mejor música original Los intocables de Eliott Ness Ganador
1991 BAFTA a la mejor música original Cinema Paradiso Ganador
2016 BAFTA a la mejor música original The Hateful Eight Ganador

Premios Grammy


Lobo [títulos de crédito]. Ennio Morricone.Grammy a la Mejor Banda Sonora, 1995.

1988 Mejor Banda Sonora Los intocables de Eliott Ness Ganador
1995 Mejor Banda Sonora Lobo Nominado
1997 Mejor Banda Sonora L’uomo delle stelle Nominado
1999 Mejor Banda Sonora Bulworth Nominado
2014 Grammy Trustees Award Premio por la trayectoria en la música Ganador

David de Donatello

Rest in Peace (Cinema Paradiso, 1988). Ennio Morricone.  Apor Szüts [.pianista]y Zoltán Sándor’s [violinista] Donatello: Mejor Banda Sonora, 1989.

1981 Mejor Banda Sonora Bianco, rosso e Verdone Nominado
1981 Mejor Banda Sonora La storia vera della signora delle camelie Nominado
1988 Mejor Banda Sonora Gli occhiali d’oro Ganador
1989 Mejor Banda Sonora Cinema Paradiso Ganador
1990 Mejor Banda Sonora Mio caro dottor Gräsler Nominado
1991 Mejor Banda Sonora Stanno tutti bene Ganador
1993 Mejor Banda Sonora La scorta Nominado
1993 Mejor Banda Sonora Jona che visse nella balena Ganador
1996 Mejor Banda Sonora L’uomo delle stelle Nominado
1999 Mejor Banda Sonora La leyenda del pianista en el océano Ganador
2000 Mejor Banda Sonora Canone inverso Ganador
2001 Mejor Banda Sonora Malèna Nominado
2006 Mejor Banda Sonora 50 aniversario del David de Donatello Ganador
2007 Mejor Banda Sonora La desconocida Ganador
2010 Mejor Banda Sonora Baarìa Ganador
2013 Mejor Banda Sonora La mejor oferta Ganador

Nastro d’argento

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Por un puñado de dólares [1964].Nastro d’argento: Mejor Banda Sonora, 1965

1965 Mejor Banda Sonora Por un puñado de dólares Ganador
1967 Mejor Banda Sonora Pajaritos y pajarracos Nominado
1969 Mejor Banda Sonora C’era una volta il West Nominado
1970 Mejor Banda Sonora Metti, una sera a cena Ganador
1971 Mejor Banda Sonora Metello Nominado
1972 Mejor Banda Sonora Sacco y Vanzetti (película) Ganador
1985 Mejor Banda Sonora Érase una vez en América Ganador
1988 Mejor Banda Sonora Los intocables de Eliott Ness Ganador
1989 Mejor Banda Sonora Cinema Paradiso Nominado
1994 Mejor Banda Sonora Jona che visse nella balena Nominado
1999 Mejor Banda Sonora La leyenda del pianista en el océano Ganador
2000 Mejor Banda Sonora Canone inverso Ganador
2001 Mejor Banda Sonora Malèna Ganador
2004 Mejor Banda Sonora Al cuore si comanda Nominado
2007 Mejor Banda Sonora La desconocida Ganador
2008 Mejor Banda Sonora I demoni di San Pietroburgo Nominado
2010 Mejor Banda Sonora Baarìa Ganador
2013 Mejor Banda Sonora La mejor oferta Ganador

Otros premios [editar]

Documental de Canal + [2016]sobre el compositor italiano Ennio Morricone con motivo de la entrega del Oscar honorífico.[Traducida al español]. Documaníatv, 050716.

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Ennio Morricone. Entrevista a Morricone[traducida al español],en el programa “De película”, por Isabel Mestres. TVE, 1985.

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La música del paraíso

Jorge Bustos en El Mundo, 070720

UN MISIONERO atado a una cruz flota boca arriba sobre el agua oscura. Su condena parece tan inexorable como la corriente de un río. El crucificado zozobra unos segundos entre los rápidos del Iguazú antes de ser engullido por la gran catarata. Ni la piedad ni la fe tienen cabida en los dominios salvajes de un mundo donde la virginidad es la garantía misma del brutalismo. Pero el padre Gabriel toma su oboe y una biblia y se interna en la selva para averiguar si Dios quiere otro mártir o fundar su misión. Remonta el río, se sienta en una piedra y comienza a tocar.

La melodía fluye de él hacia la espesura e incluso los pájaros enmudecen. Indígenas armados de flechas no tardan en rodear al intruso que debería seguir a su precursor hasta el negro vientre de la catarata. Pero Gabriel no se inmuta, sigue tocando, se aferra a la música que puede salvarle. Dios expulsó a los hombres del edén y confundió sus lenguas, pero les dejó el idioma universal de la música para que supieran el camino de regreso al paraíso.

En La Misión la banda sonora no cumple un papel secundario. No es un complemento sonoro que sirve para subrayar las emociones de los personajes o para señalar los hitos narrativos de la trama: la música de Morricone es el argumento místico de la propia película. Es la gracia que civiliza la jungla, la absolución para la culpa que atormenta a De Niro, la convicción moral en los ojos de Jeremy Irons. Cuando el jefe guaraní parte en dos el oboe de Gabriel adivinamos que no habrá lugar estable para la belleza en este mundo.

Y sin embargo aquel jesuita convierte la tribu en comunidad, el animismo en antropología y el grito de guerra en aria sagrada. Cuando el nuncio del Vaticano acude a visitar con sus ojos escépticos la misión de San Carlos, la selva entera sale a recibirle coreando un majestuoso aleluya y la película alcanza un punto extático de comunión entre la naturaleza y la técnica, América y Europa, lo divino y lo humano.

La pureza del chamán se sienta en las gradas del concierto barroco. Retumban los tambores nativos, los violines preparan el crescendo que acompaña alegre el xilófono, el oboe avanza su voz clara hasta el fondo del corazón y las gargantas desnudas de unos ángeles indios insisten en su aleluya, como si fuera verdad que la tierra puede reflejar –aunque sea por un instante– lo que imaginamos en el cielo.

Morricone lo imaginó, puso notas a la idea inaccesible de la salvación y la vertió en forma de catarata sinfónica que va calando nuestros oídos hasta empaparlos por completo. Hasta lograr que musitemos una oración: así en la tierra como en el cielo. Descanse en paz.

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ilustración de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo, 080720.


Gallego & Rey en El Mundo,070720

 

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Ennio Morricone: 1. Once Upon a Time in the West “Final” feat. Edda dell’Orso / 2. The Ecstasy of Gold feat. Edda dell’Orso 04:09/ 3. The Good, the Bad and the Ugly 07:30 / 4. Cinema Paradiso 10:14 / 5. Secret of the Sahara “Part 3” 12:42 / 6. La Califfa 17:11/ 7. Once Upon a Time in the West feat. Edda dell’Orso 19:50 /8. A Fistful of Dollars “Main Theme” 23:01 / 9. Chi mai 25:58 / 10. Sicilia 29:25 / 11. The Sicilian Clan 32:10 / 12. Watch Chimes 36:10 / 13. Per le antiche scale “Preludio” 37:24/ 14. Rabbia e Tarantella 40:53 / 15. For a Few Dollars More 44:48 / 15. / 16. A Fistful of Dynamite feat. Edda dell’Orso 48:38 / 17. The Sundown 53:16/ 18. My Name is Nobody 54:34 / 19. The Wild Horde 57:45/ 20. Man with a Harmonica 01:00:28/ 21. A Fistful of Dollars “Prima” 01:03:56 / 22. The Trio 01:05:47/ 23. The Strong 01:13:02 /24. Farewell Cheyenne 01:15:25 / 25. Jill 01:18:02 / 26. This Kind of Love 01:19:49/ 27. Irene 01:22:26 / 28. Romanza quartiere 01:26:05 / 29. Il Principe del Deserto feat. Pina Magri 01:29:41/ 30. Love Theme for Nata 01:32:32 / 31. A Lidia “Version 2” 01:36:40 / 32. Love Scene “seq.1” 01:39:18 / 33. Romanzo 01:45:13 / 34. Canone inverso primo 01:49:23 / 35. Love Scene “seq.3” 01:51:51 / 36. My Fault? 01:54:56/ 37. Face to Face “Interlude” 01:59:44 / 38. L’arena 02:02:27 / 39. Chase – Inseguimento 02:07:13 / 40. Cavalcata 02:09:40 / 41. Final Duel 02:13:09 / 42. La donna e la campagna 02:16:43 / 43. Tema di Aziza 02:20:26< / 44. Chapel Shootout 02:23:47/ 45. Il pinguino 02:26:04 / 46. My Name is Nobody / “Version 2” 02:29:01 / 47. A Dimly Little Room 02:31:24 / 48. Guitar Nocturne 02:36:32/ 49. Giordano Bruno 02:39:23 / 50. Un uomo solo “Main Titles” 02:42:49

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Popular suicidio político-compulsivo

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EEUU-vs-China

La carrera entre EEUU y China y el futuro de las relaciones transatlánticas

Jueves, 09/Jul/2020 Andrés Ortega Klein Real Instituto Elcano

Resumen ejecutivo

La superioridad tecnológica es una dimensión crucial en la competición entre EEUU y China, la cual añade presión sobre unas ya de por sí tensas relaciones transatlánticas. Este documento analiza narrativa y realidad a partir del nexo entre las nuevas tecnologías, la defensa de valores compartidos, su reglamentación y las varias dimensiones geopolíticas. Los valores vienen captando una atención creciente en el debate transatlántico en torno a la tecnología, especialmente a raíz de la proliferación de sistemas de vigilancia basados en la inteligencia artificial (IA) y de otros aspectos exportables de tecno-autoritarismo, aunque también en términos de ideología y geopolítica. Tanto EEUU como Europa deben actualizar sus perspectivas de derechos humanos para la era digital y definir unos valores claros de cara a las nuevas tecnologías.

La nueva Comisión Europea en Bruselas, así como algunos Estados miembros de la UE, ven una prioridad estratégica en la competición entre potencias y una vía hacia la “soberanía tecnológica”. Identifican el punto de encuentro entre las agendas industrial y digital por un lado, y reglamentación por otro, como clave en este sentido. De esta manera, surgen tres áreas de competición y cooperación ente EEUU y Europa, todas ellas relacionadas con el potencial chino: la quinta generación de tecnologías de telefonía móvil (5G), la IA y los servicios web. Las diferencias en la legislación serán un escollo recurrente en las relaciones transatlánticas, si bien no es necesaria una perfecta armonización entre EEUU y la UE. Dicho esto, ambas partes deben impulsar la introducción de normas globales en ámbitos como la ética en torno a la IA, la ciberseguridad y la gobernanza de Internet, y así evitar que China u otros se anticipen en llenar el vacío. Este documento ofrece varias ideas relativas a China para la agenda transatlántica en tecnología. La segunda parte versa sobre otras cuestiones geopolíticas más allá del apartado tecnológico, vinculadas al impacto de la competición chino-estadounidense sobre las relaciones transatlánticas y la unidad europea.

La competición entre EEUU y China trasciende sobradamente la tecnología y la economía. Podríamos incluso decir que algunos aspectos concernientes a la pandemia del COVID-19 son una dimensión diferente y novedosa en el enfrentamiento entre China y EEUU. Además, ¿qué implicaciones tiene la pandemia para la UE y la relación transatlántica? Este análisis identifica y explora varias áreas donde la UE y EEUU pueden y deben encontrar terreno común, más allá de lo estrictamente tecnológico. En cualquier caso, el punto de partida ha de ser el reconocimiento de la necesidad de defender los valores occidentales, la inauguración de un extenso diálogo transatlántico sobre comercio y sobre las inversiones chinas, desarrollar un entendimiento conjunto acerca de los desafíos militares y de seguridad planteados por China y, finalmente, trabajar en aras de un cambio de comportamiento por parte de China hacia los intereses transatlánticos. A día de hoy, China plantea una serie de desafíos para EEUU y UE en áreas geográficas –así como en ámbitos funcionales e institucionales– de las que se encontraba ausente hasta hace relativamente poco. En tales cuestiones, numerosos factores posicionan a la UE mucho más cerca de EEUU que de China. Ulteriores disputas bilaterales entre Washington y sus socios y aliados europeos deben evitarse, mientras que un enfoque común hacia China debe abrirse camino.

Leer artículo completo en formato PDF.

Andrés Ortega Klein ha sido investigador visitante en el Programa Europeo del Center for Strategic and International Studies (CSIS) en Washington DC. Es investigador senior asociado para asuntos globales y transformaciones tecnológicas del Real Instituto Elcano en Madrid | @ortegak

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Ilustración de Javier Olivares [España, 1964] para el texto

Ideología contra equidad

Miércoles, 08/Jul/2020 José Ignacio Wert en El Mundo, 090720

La principal fortaleza estructural de nuestro sistema educativo es a mi juicio la existencia de una doble red de centros sostenidos con fondos públicos. Por un lado, están los centros de titularidad y gestión pública, en los que se han escolarizado este último curso algo más de dos terceras partes de todo el alumnado (excluido el universitario). Junto a ellos están los centros concertados, de titularidad y gestión privada, sometidos a reglas precisas y sostenidos con fondos públicos, que han escolarizado en 2020 al 25,5% de ese alumnado y a cerca del 30% en las etapas básicas y obligatorias (Primaria y ESO). En conjunto, algo más de dos millones de estudiantes.

Este sistema se configuró básicamente –y es oportuno recordarlo en estas circunstancias– bajo los gobiernos de Felipe González, a mediados de la década de los 80. No siempre ha sido pacífico y ha experimentado tensiones tanto económicas como relativas a la gobernanza. Pero es de justicia reconocer que, en conjunto, ha permitido un grado razonable de elección a los padres, que ha sido un mecanismo de garantía de la equidad para que la libertad que reconoce el artículo 27 de la Constitución no estuviera limitada por la capacidad económica y también que ha propiciado un nivel saludable de emulación positiva entre los dos componentes estructurales de esa doble red.

En una palabra, ha permitido combinar libertad y equidad, dos aspiraciones que a veces se presentan como antitéticas. El círculo virtuoso en la gobernanza educativa consiste en articularlas. Hoy vemos cómo sistemas diversos (notablemente, Estados Unidos a través de las chartered schools o el Reino Unido mediante las academies) están consolidando algo no muy distinto a lo que aquí tenemos con la doble red.

El propósito cada vez menos disimulado del Gobierno es que pronto conjuguemos en pasado ese tenemos. La estación intermedia consiste en debilitar a la enseñanza concertada, a través del acreditado procedimiento del cerco por hambre.

La situación de partida que las estadísticas oficiales de gasto educativo ponen de manifiesto es la de que el gasto público por alumno es inferior en un 30% en la educación concertada que en la pública. De hecho, el gasto público en la educación concertada supone sólo el 12,5% del gasto público educativo total, una proporción muy inferior a la del alumnado al que atiende. Objetivamente, se puede decir que la educación concertada está subsidiando a la educación impartida en centros públicos, liberando recursos que permiten mayor holgura económica a estos últimos.

Añadamos que en la nueva ley educativa en trámite (LOMLOE) se quiere suprimir la referencia a la «demanda social» que contiene la LOMCE a la hora de fijar criterios para la programación de la red de centros. Eso sí, el que avisa no es traidor. Y ya avisó en noviembre del pasado año Isabel Celaá (y eso que estaba en funciones) a los asistentes al Congreso de Escuelas Católicas que «de ninguna manera se puede decir que el derecho de los padres a elegir centro podrá ser parte (sic) de la libertad de enseñanza».

En esa lógica se inscribe el acuerdo entre los partidos del Gobierno para excluir a los centros concertados de cualquier perspectiva de futuro. Los puntos 18.1 y 18.2 del borrador de los partidos del Gobierno en el Grupo de Trabajo de Políticas Sociales y Sistemas de Cuidado de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica son totalmente cristalinos: «la totalidad del incremento de la inversión irá destinado a la educación pública de gestión directa» (18.1) y «las administraciones educativas promoverán un incremento progresivo de puestos escolares en la red de centros de titularidad pública al objeto de poder cubrir todas las necesidades de escolarización existentes» (18.2).

Así pues, de modo inmediato, los 2.000 millones de euros destinados a educación en las partidas de compensación por los costes extraordinarios motivados por la Covid-19 irán íntegramente a los centros públicos. En el futuro: oídos sordos a cualquier demanda de nueva educación concertada hasta la asfixia completa. En mi opinión estamos ante un ataque grave, directo y arbitrario a la justicia y a la equidad. Y también, en mi opinión, a la propia escuela pública.

Pongamos en primer lugar las cifras en perspectiva. Esos 2.000 millones representan un 4% del gasto público educativo, una proporción no desdeñable. Los costes económicos soportados por los centros tanto en la fase de contención (cierre) como en la de recuperación (final de curso y sobre todo curso próximo) son similares, si acaso algo superiores en los concertados por menores economías de escala. Por tanto, esta (primera) decisión supone privar arbitrariamente a los estudiantes de esos centros de un monto de recursos que van a beneficiar, sin que exista una razón objetiva para ello, a los estudiantes de los centros públicos que ya partían de un gasto público por estudiante muy superior al que se dirige al de los centros concertados.

Si esta decisión se adopta finalmente y se plasma en la correspondiente distribución de los recursos, creo que nos encontraríamos con una situación en la que los centros afectados y sus organizaciones corporativas podrían recurrir a la justicia contencioso-administrativa (es una medida arbitraria y de hecho en el citado borrador no se aporta más justificación que la necesidad de fortalecer la educación pública, como si la concertada no lo fuera) e incluso a la justicia constitucional, puesto que ataca –aunque a la señora Celaá no se lo parezca– al fundamento material de la libertad educativa del artículo 27 de la Constitución.

Pero al margen de ello, simplemente la enunciación de estos propósitos revela una voluntad deliberada de supeditar a las obsesiones ideológicas ni más ni menos que las oportunidades educativas de una cuarta parte de nuestros estudiantes, cuyo pecado original es el de tener unos padres que han ejercido, dentro de unos márgenes en los que hasta ahora habíamos estado de acuerdo, la libertad fundamental de elegir la enseñanza que querían para sus hijos. Y ello, para hacerlo aún más sangrante, sirviéndose de una situación crítica como la que ha atravesado el sistema educativo en su conjunto como consecuencia de la Covid-19. Porque, seamos claros, el resultado de esta decisión es desentenderse de la suerte educativa de dos millones de estudiantes, en su inmensa mayoría de las clases medias y trabajadoras, tan necesitados de esta asistencia como el alumnado de los centros públicos.

Y si el perjudicado directo son los estudiantes de los centros concertados y los propios centros, que verán erosionadas sus bases de sustentación económicas, creo que la escuela de titularidad y gestión pública también sale perjudicada. Pienso que la gran mayoría de sus agentes (directoras, profesoras y sus correspondientes homólogos masculinos, pero en este caso está bien que el lenguaje reconozca la realidad del abrumador predominio femenino) estarán en lo más íntimo incómodas con el exorbitante privilegio que se concede a sus centros, porque la gran mayoría de ellas y ellos reconoce las virtudes de la doble red y como buenos deportistas les gusta jugar en un campo nivelado y con un árbitro imparcial. Nivelación e imparcialidad que medidas como ésta comprometen seriamente.

Esto va mucho más allá de cómo se reparten 2.000 millones de euros y por qué se priva de su alícuota a dos millones de estudiantes, por importante que ello sea. Esto va de libertades y de equidad. Y por eso, este partido hay que jugarlo hasta el final. Si hace falta, con prórroga y penaltis.

José Ignacio Wert fue ministro de Educación entre 2011 y 2015. Es autor de La educación en España. Asignatura pendiente (Almuzara, 2019)

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Pablo y los periodistas

Del Blog de Santiago González, 090720

Tenía razón Pedro Sánchez al decir muy satisfecho que su Gobierno está fuerte. Lo considera tanto más fuerte cuanto su socio está más débil y en los cálculos de Iván se prevé un trasvase de votos podemitas hacia el sanchismo. Así, a ojo, es evidente que es una alianza consistente. No a pesar de sus diferencias, sino precisamente por la homogeneidad entre los dos líderes firmantes. Ambos padecen la misma falta de empatía, la absoluta carencia de valores y comparten un idéntico desprecio a la verdad. Son las cabezas visibles de un Gobierno con 23 miembros. De todo el Consejo, solo una persona acudió al funeral de la Almudena el lunes por las víctimas de la pandemia: la vicepresidenta primera del Gobierno, nominalmente hablando. Como si se la hubiesen quedado mirando todos a una para decirle: “Carmen, tú la llevas”.

Ayer tocaba señalamiento de periodistas. Y volvió a sus bestias negras desde hace años, Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, que han contribuido a desmontar todas sus trapacerías, desde las regalías de Maduro en el paraíso fiscal de las Granadinas: 272.000 dólares. Iglesias llevó a Inda a juicio con un resultado como el que presumiblemente tendrá su señor padre contra Cayetana Álvarez de Toledo por acusarlo de lo que su hijo citaba como elogio. Pablo y su tocayo, esa tristísima criatura que le hace de portavoz en el Congreso, han arremetido en los últimos días contra Vicente Vallés, a quien el propio Iglesias se ha referido como ‘presunto periodista’.

Iglesias señaló desde el poder a los periodistas desafectos y defendió la legitimidad del señalamiento, como antaño defendía la del escrache, “jarabe democrático de los de abajo”. Él puso su barrera moral con una cláusula muy suya: “¿le gusta a él que se digan algunas cosas de Vallés en las redes o que le llamen ‘cloaquín’?” Le llamemos, debió decir. No, a don Cloacón no le gusta esto, como no le gustaba que las presentadoras de los informativos que le pagaba Irán salieran en imagen cubiertas con ‘hiyab’. Lo que sí parecía gustarle era el apaleamiento de un policía por los suyos: “Me ha emocionado”. Es de suponer cómo se va a poner de tierno el día que su chusma le patee la cabeza a un periodista.

El vicepresidente segundo del Gobierno es un macarra. ¿Lidera un partido feminista? Sí, si feminista puede considerarse el serrallo que gobierna. Es femenino, porque son todas mujeres, eso sí. El caso Dina ha venido a subrayar el dudoso feminismo del macho alfalfa. “Le voy a romper la boca. Vais a ver lo que es un macho alfa cuando acosan a alguien de su grupo”, dijo en defensa de Dina, antes de ‘protegerla’ quedándose su tarjeta simm.

Señalaba justamente el gran Vallés lo gastado de la estrategia podemita: ellos contra el poder. Y lo dice desde el Gobierno del que forma parte, desde el poder. Alteridad se llama esa figura. En el caso Dina, él y Sánchez han envilecido a la Fiscalía. Pedro nombrando fiscal general a una ministra de Justicia tres veces reprobada en el Congreso y Pablo con una abogada que mantenía una relación digamos que estrecha con un fiscal del caso. ¿Volverá a votarles el buen pueblo español? No digo que no, Woody Allen se cargaba de razón al final de sus magníficas memorias: “ser misántropo tiene su lado bueno: la gente nunca te desilusiona”.

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Foto: El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, en un acto en Bilbao. (EFE)

Calviño, Dina y el 12-J: Iglesias, bajo asedio

Iglesias es un hombre contra sí mismo que solo ofrece conflicto y que no asume la responsabilidad de sus decisiones personales, que socializa en Podemos

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 090720

 

Aunque ruidoso y nada convencional, no es lo más importante que un vicepresidente del Gobierno ataque públicamente a medios y periodistas. Entre el poder político y la prensa siempre existe una pugna soterrada en la que se guardaban las formas incluso cuando se perpetraban desde la Moncloa o desde el Real Edificio de Correos de la Puerta del Sol injerencias intolerables sobre la nomenclatura directiva de periódicos, radios y televisiones. Lo nuevo es el descaro del ‘colega’ de Pedro Sánchez y de su ‘longa manu’, Pablo Echenique, un tipo de gatillo fácil en las redes sociales.

Lo sustancial del comportamiento de Pablo Iglesias, sin embargo, consiste en su reiterada tendencia a socializar sus responsabilidades en la masa crítica de Podemos. Lo hizo cuando adquirió el chalé en Galapagar, logrando en mayo de 2018 que un 68% de los inscritos del partido le aclamasen —también a Irene Montero—, dando por bueno que su secretario general viviera como no pensaba (un burgués) sin reparar en que acabaría pensando cómo vive (un poderoso). El ahora vicepresidente está rendido a su pulsión desordenada de poder, razón última por la que está destruyendo la organización que dirige y en la que se ha convertido en el ‘hombre providencial’ cuyos mandatos no caducan.

El caso Dina es tan privado —de distinta naturaleza, aunque más grave— como su decisión de instalarse en la sierra madrileña en una vivienda unifamiliar con jardín y piscina. Pablo Iglesias ha reconocido —y hasta ahí se puede aseverar— que retuvo varios meses la tarjeta SIM del móvil robado a la que fuera su asesora, Dina Bousselham, que denunció el hecho y la recuperó dañada. La explicación del vicepresidente del Gobierno sobre el reintegro tardío de la tarjeta del móvil a su propietaria es pueril (¿machista?): quería librar a su amiga Dina de la presión de conocer lo que ya conocía, esto es, el contenido digital de su teléfono: correos, fotografías, textos, en definitiva, datos amparados por el derecho a la privacidad de la titular del móvil. Quien entregó el aparato a Iglesias no actuó bien. Compadreó con el poder y el vicepresidente aceptó esa complacencia sin pestañear.

Iglesias ha hecho en el caso Dina, ‘mutatis mutandis’, lo mismo que con la adquisición de su chalé: una decisión suya, tan personal como extraña y sospechosa, la ha convertido en un ataque a Podemos y a la existencia de la propia coalición gubernamental. De nuevo, socializa en el partido la responsabilidad de un acto propio e intransferible y diluye así en la organización la eventual culpabilidad en la que haya podido incurrir. ¿Cuál? La determinarán los jueces, en lo penal, y los electores, en lo político.

Iglesias trata de resolver (mal) un problema con un alcance todavía por determinar, transformándolo en una cuestión de naturaleza política que no le concerniría a él como ciudadano, sino a su partido y a su persona como secretario general de Podemos, y ahora, además, como vicepresidente del Gobierno. En este intento, está solo. Su hombre, Echenique, se vino abajo; Carmen Calvo dijo exactamente lo que tenía que decir (marcó la pauta gubernamental), y Margarita Robles no se anduvo con rodeos y entró en rumbo de colisión con el vicepresidente. Pedro Sánchez se reservó. Él no suele bajar del monte Tabor.

Insisto en que el ruido ambiental por la arremetida contra periodistas y medios es tinta de calamar. Pura confusión. El núcleo del debate es otro: un comportamiento de Iglesias que está en evaluación y no precisamente positiva, sino sospechosamente escabrosa. No es Podemos el que está en tela de juicio, no son los ministros morados los que resultan en este asunto controvertidos, no es la coalición la que se cuestiona como tal por este episodio. Es la encarnadura ética y cívica del vicepresidente la que se debate, discute y refuta.

Le pone en duda el caso Dina (como, en mayo de 2018, su chalé de Galapagar, salvando las distancias) y le desafían en su coherencia política miembros del Gobierno que impugnan su esquema ideológico, especialmente en el área económica. Nadia Calviño es su contrapunto. La que desbarató el pacto con EH Bildu sobre la derogación “íntegra” de la reforma laboral; la que ha evitado concreciones fiscales exorbitantes en el acuerdo de los partidos del Gobierno en las conclusiones de la comisión de reconstrucción, y la que, con María Jesús Montero, va a marcar los Presupuestos Generales del Estado a los que el propio presidente y sus ministros más sensatos desean concurran el PNV y Ciudadanos.

Los ‘éxitos’ políticos de Iglesias en el Gobierno son de refilón (excepción hecha de los logros de Yolanda Díaz) y los capitalizan —por más que salga a propalarlos— los ministros socialistas, desde José Luis Escrivá (ingreso mínimo vital) hasta el fondo de 16.000 millones no reintegrable a las comunidades autónomas, gestionado por la titular de Hacienda. Como bien escribió en este diario el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, la presidencia del Eurogrupo por Nadia Calviño es como un “auto-boicot” a la coalición. Desde su lógica y desde la de Iglesias—, desde luego que lo es.

Por lo demás, la prueba de la lenta pero constante autodestrucción de Podemos se acreditará el domingo (12-J) en Galicia y en Euskadi. En la primera comunidad, se desplomará por completo en beneficio del BNG. En la segunda, perderá escaños (no pasará de nueve sobre los 11 de que hoy dispone en el Parlamento vasco), que engrosarán la bancada de la izquierda ‘abertzale’. Escribí el pasado 21 de marzo que “Pablo Iglesias se ahoga”. Así era entonces y así sigue sucediendo, aceleradamente, también ahora.

El vicepresidente está bajo asedio. Lo cercan sus propios errores (Dina), la falta de sintonía con sus colegas (Nadia Calviño, Carmen Calvo, María Jesús Montero, Margarita Robles), la reacción perpleja de miles de periodistas y decenas de medios de comunicación, y los previsibles pésimos resultados del domingo próximo en dos comunidades en las que en 2016 (generales) obtuvo Podemos un registro histórico: primera fuerza en el País Vasco, con más del 29% de los votos, y tercera en Galicia, con más del 22%, a décimas de los socialistas. Iglesias es, a fin de cuentas, un hombre contra sí mismo que solo ofrece conflicto y que no asume la responsabilidad de sus decisiones personales. Apunte esto el líder morado: “No se puede escapar de la responsabilidad del mañana evadiéndola hoy” (Abraham Lincoln).

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‘El coletas’ canta ”caminando por la vida’, de Melendi.

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De insultos democráticos y futuro profesional

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  • “Hay que naturalizar que cualquiera está sometido a la crítica y al insulto.”

Carlos E. Cué en El País, 080720

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Mastín Inglés dibujo impresión.: Amazon.es: Hogar

El mastín

Ignacio Camacho en ABC, 080720

  • Sánchez ha avalado el acoso a los medios al permitir que Iglesias lo legitime ejerciendo de vicepresidente del Gobierno

Ya es oficial: el acoso a los periodistas tiene el patrocinio del Gobierno. La oficialidad se la dio el vicepresidente segundo al dar su visto bueno al hostigamiento, insultos incluidos, desde la sala de comparecencias del Consejo. Tampoco es nada que no supiésemos pero el presidente ya no puede hacerse el fariseo: es su número tres, en la práctica el dos, quien ha dado carta de naturaleza a la caza de brujas contra la prensa. En la sede de la Presidencia. Sin que nadie lo contradijese o lo matizase siquiera. Y como el departamento de comunicación de Moncloa tiene la suficiente experiencia para no dejar esta clase de puntadas sueltas, el asunto sólo se puede interpretar como un aval del

Ejecutivo a la estrategia retadora de Iglesias.

Algunos analistas subrayan que el «caso Dina» ha debilitado el peso en el Gabinete del líder de Podemos. Que ahora depende de que Sánchez, a través de la Fiscalía, lo libre de comparecer ante el Supremo y que al meterse solo en un atolladero procesal ha perdido crédito de opinión pública y gran parte de su ascendiente interno. Eso es cierto, pero también lo es que sigue teniendo la llave del mandato y que todo el proyecto sanchista quedaría en precario sin el respaldo de sus 35 diputados. Sabe que es necesario para mantener la estabilidad del barco. Ambos dirigentes se necesitan y se detestan, aunque últimamente se hayan aproximado porque comparten un concepto similar del poder como ejercicio autoritario. La suya es una simbiosis de carácter meramente pragmático, basada en que ninguno de los dos puede ir muy lejos por separado y en el común interés de que la legislatura dure al menos tres años.

El presidente, cuyo pesimismo preelectoral sobre los problemas de la coalición se ha cumplido desde el principio, ha decidido utilizar a su socio como mastín político. Lo azuza contra el periodismo, contra los jueces y contra cualquier sector civil autónomo o crítico para que lo mantenga a raya mordiéndole los tobillos. Con él en el jardín monclovita se siente protegido y puede adoptar ese perfil de líder apolíneo que se siente por encima de avatares mezquinos. Iglesias, por su parte, se crece en el ruido y trata de escapar de los aprietos creando más conflictos. Algún día morderá también a su aliado para ser fiel a sí mismo, pero mientras tanto los une la necesidad de inventar enemigos. La clave esencial de los populismos.

Por eso Sánchez lo ampara en su hostilidad contra unos medios por los que él tampoco siente más que desconfianza y/o desprecio. Si lo interpelan se desmarca con un gesto de distancia o desapego pero le conviene que los matones de la ultraizquierda insistan en sus escraches y linchamientos. Ayer quedó claro que es su Gobierno el que legitima -como el de Trump o el de Bolsonaro, qué cosas- la cacería contra la independencia informativa. Bueno es saberlo: las cartas, boca arriba.

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Por qué Cayetana Álvarez de Toledo se ha convertido en "CAT": así ...

Mejor reinar en el periodismo que servir en el cielo

Cristian Campos en El Español,080720

Hace unos días hablé sobre Cayetana Álvarez de Toledo con la jefa de gabinete de un político español a raíz de las tensiones entre las dos almas del PP. El alma marianista-sorayista-feijóoista y el alma cayetanista.

La primera alma del PP está convencida de que el centro es el PSOE, esté el PSOE en Pinto, en Valdemoro o en la galaxia de Andrómeda. La segunda está convencida de que el centro es la Constitución del 78 y el régimen de libertades derivado de ella. Cuanto más se aleja el PSOE de la Constitución, más incompatibles son ambas almas.

En realidad, ni siquiera creo que exista un alma cayetanista. Cayetana es una librepensadora con la disciplina de partido de un gato callejero y a la que la idea de liderar una corriente interna debe de provocar sarpullidos por el componente gregario de la cosa, entre otras muchas molestias estéticas.

Mi jefa de gabinete, por su parte, no es la arquetípica asesora del político de turno, una de esas que ha llegado al puesto desde las juventudes del partido o gracias a su amistad con el jefe de filas. Esta es de las que ganan elecciones. Cuando eso es posible, claro.

Hay días en los que mi interlocutora me parece una Maquiavelo del siglo XXI con la piedad de una leona hambrienta frente a una gacela woke de la generación Z. Cuando tú todavía andas calculando las derivadas a dos semanas vista de tal o cual movimiento político, ella anda ya por las elecciones de 2023.

Donde yo veo propaganda e incluso maldad –soy un ateo de moral cristiana–, ella ve virus con los que infectar la mente del votante. Si el virus es bueno, zombificará al huésped y le hará ganar las elecciones. Si es malo, el virus morirá sin dejar rastro. ¿Dónde está la externalidad negativa?

Cuando le pedí que me ayudara a comprender cómo piensa Iván Redondo, me mandó a leer. Concretamente, el libro The Gatekeepers, de Chris Whipple. Otros me habrían recomendado House of Cards. Y algunos, ni siquiera eso: si consiguen que les entrevisten en La Sexta, ya han hecho el día. Esa es toda su ciencia.

–Redondo no es ningún genio –me dijo un día–. Lo que hace es sólo política. Y quien no entienda que a la política se juega con las reglas de política, es que no entiende nada.

–El fin justifica los medios, ¿eh? –le contesté yo.

–¿En política? Con que tengas claro el fin, basta. El fin no es algo etéreo, es algo concreto. El problema es que esto es baloncesto, y hay partidos políticos que se empeñan en darle al balón con el pie.

A veces me pone en la pista de tal o cual clave por la que otros periodistas darían su alma y le veo un aire al Al Pacino de El abogado del diablo. “La culpa es como un saco de ladrillos. Sólo hay que dejarlo caer al suelo”.

A veces sospecho que la gacela soy yo.

Mi interlocutora afirma que Cayetana es incontrolable. Inteligente, pero incontrolable. Y la política, dice, “también es equipo”. A fin de cuentas, los leones cazan en manada.

En la cosmovisión de mi interlocutora, alguien como Adriana Lastra, moradora de páramos intelectuales muy alejados de los de Cayetana, pero con una larga trayectoria viviendo de y en la política, es mucho más letal que un batallón entero de intelectuales declamando brillantes columnas de cartesiana lógica.

A mi interlocutora, en fin, la inteligencia no le parece una virtud preferible al sectarismo si no te hace ganar elecciones.

–El problema con Cayetana es que, siendo la política del PP más alejada de Vox y más cercana a Ciudadanos, es percibida por mucha gente como un halcón del PP –le dije yo.

–La política es percepción. Y eso es lo que no ha entendido Cayetana.

Las percepciones. Por supuesto.

En su artículo del pasado domingo, Arcadi Espada explica su comparecencia frente al juez tras ser denunciado por uno de sus artículos. La fiscal le pregunta a Espada si su intención era hacer daño. La pregunta es aberrante. Pero más lo es el hecho de que alguien haya podido llevar a un periodista frente a un juez por su percepción, personal e intransferible, de un artículo.

Si yo hubiera estado en el lugar de Espada, habría respondido: “Mi intención era hacer pensar, pero veo que hay gente a la que pensar le duele, así que su pregunta tiene difícil respuesta“.

[En realidad, no se me habría ocurrido algo tan ingenioso a botepronto. Por eso soy periodista de prensa escrita y no de radio o de TV: porque soy lento pensando].

Si algo he aprendido después de estos últimos años escribiendo de política es que las percepciones y los sentimientos son uno de los motores de voto más potentes que existen. La verdad apenas mueve ya a cuatro nostálgicos. Si los sentimientos y las percepciones no coinciden con la verdad, peor para la verdad.

Por lo que a un periodista respecta, las consecuencias son claras. Escribes algo y quedas a merced del capricho de la masa. A saber qué ha entendido. La incertidumbre es mortificadora. ¿Seguirás teniendo trabajo pasado mañana? Incluso el peor de los males, si es rutinario y previsible, es más soportable que navegar al pairo de los humores de la turba.

Salvajadas inhumanas pasan inadvertidas mientras banalidades sin mayor trascendencia provocan linchamientos inclementes. Todo se malinterpreta y la fuerza de la corriente arrastra reputaciones, carreras y seres humanos. Un solo imbécil tergiversando un tuit es capaz de mandar a la pira a una docena de inocentes.

Y luego llega mi interlocutora y lo pone todo en su sitio. Las percepciones, efectivamente, son el material que modelan con sus manos los políticos y sus sicarios mediáticos. Mi Pepito Grillo moral chilla: “¡Huye entonces de la política, cómprate una casa en el campo y cría gallinas!”. Mi Pepito Grillo inmoral susurra: “Le estás empezando a ver las tripas a la maquinaria del poder, ¿acaso no querrías saber más?“.

Al final de El abogado del diabloKeanu Reeves logra resistir la tentación de Satán y es premiado con un nuevo comienzo. Recupera a su esposa, vuelve a su antigua vida y se enfrenta al mismo dilema moral al que se enfrentó al principio de la película. Pero esta vez escoge el camino correcto.

No le sirve de nada. Porque Satán aparece de nuevo, camuflado. Aunque esta vez no le tienta con la manzana de una carrera fulgurante como abogado de éxito.

¿Saben con qué le tienta?

Con una exclusiva periodística. Hay que joderse.

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El trabajo perfecto según tus capacidades e intereses

Isabel Rodríguez en El Confidencial, 080720 [patrocinado por EC Brands y el Banco de Santander].

La inteligencia artificial sirve de base para que Singularity Expert sea capaz de predecir qué empleos de futuro son los más interesantes para cada persona¿

Medicina o derecho? ¿Periodismo o matemáticas? ¿Un grado medio o formación profesional? Estas y otras preguntas similares no son una mera ensoñación juvenil. De la respuesta individual dependerá, en buena medida, el futuro profesional de todo aquel que se enfrenta a la tarea de decidir qué estudiar o a qué dedicarse en el futuro. Pero ¿cómo acertar con la elección? La plataforma Singularity Experts ha encontrado en la inteligencia artificial a su mejor aliada para descifrar el ADN único de cada persona e identificar no solo los empleos con futuro que se le van a dar mejor, sino también la ruta formativa a seguir para prepararse.

“Lo que hacemos es evaluar a las personas: identificamos lo que pueden hacer por capacidades cognitivas, lo que saben hacer por competencias y lo que quieren hacer por intereses”, explica Elena Ibáñez, CEO de esta ‘startup’ surgida hace poco más de un año y que actúa como una plataforma de orientación basada en datos. Ese análisis holístico es uno de los valores que aporta su modelo de ‘profiling’: “No estamos mirando solo la personalidad, inteligencia o el interés que tiene”.

Hasta ocho inteligencias distintas son analizadas a través de las nueve pruebas que el usuario ha de realizar a través de la plataforma (pensamiento computacional, inteligencia emocional, valores…). “Se trata de dimensiones que son críticas a la hora de predecir el desempeño de una persona en un trabajo en concreto”, apunta Ibáñez y añade: “Sobre eso lo que hacemos mediante la inteligencia artificial es el ‘match’ con un mapeo propio de más de 3.000 empleos con futuro. Todos existen ya en la actualidad y todos tienen una alta empleabilidad garantizada. Esa es la clave: orientar a la gente hacia empleos con futuro que van a tener una alta demanda”.

Tres o cuatro horas son suficientes para recabar datos que se traducen en la elaboración de un completo informe. El mismo recoge tanto una recomendación con los 10 empleos de futuro que mejor se adaptan al perfil personal como las ‘soft skills’ (habilidades blandas) más recomendables a desarrollar en cada caso, un perfil holístico detallado y una completa ruta formativa. En este sentido, la plataforma apuesta por un itinerario “que va más allá de una única formación. Creemos mucho en la formación permanente y continua y por eso aportamos siempre esas rutas formativas técnico-humanistas que complementan el perfil de las personas”

Las reacciones avalan lo afinado del método. De hecho, quienes lo han probado no esconden su sorpresa. “Por un lado, se sienten identificados con el perfil que les aparece y, por otro lado, está la reacción del descubrimiento. Siempre hay cierto efecto ‘wow’ de ‘no sabía que este empleo existía, jamás pensé que a mí se me podría dar bien esto’”, confiesa la fundadora.

En un mundo laboral que se renueva constantemente, muchas profesiones tradicionales están abocadas a desaparecer. La robotización implica reinventarse y las nuevas posiciones demandan nuevas habilidades. En este contexto, la transversalidad no está reñida con la especialización y es, precisamente, en el equilibrio entre ambas dimensiones, donde reside buena parte del futuro del mercado del trabajo. “Cuanto más avance la tecnología más humanos tenemos que ser”, asegura Ibáñez. Terapeutas que aplican la realidad virtual para superar fobias o expertos lingüistas que han de traducir el lenguaje de las máquinas. El futuro abre un universo de posibilidades.

Sin embargo, explorarlas supone todo un reto para una sociedad en la que uno de cada tres jóvenes no terminan los estudios que inician, situando así la tasa de abandono en una de las más altas de Europa. Para la fundadora de Singularity Experts existen dos motivos principales: “Por un lado, el desconocimiento que tenemos en general de las formaciones y de los trabajos con futuro y, por otro, la interpretación errónea de los intereses de un estudiante o de un profesional adulto”.

“Cuanto más avance la tecnología más humanos tenemos que ser”

Las aplicaciones prácticas de la plataforma han auspiciado el rápido crecimiento de la propia ‘startup’. Hasta la fecha, Singularity Experts está presente en distintos colegios apoyando los servicios de orientación y aportando el conocimiento sobre las nuevas formaciones de futuro, trabajos con alta demanda y nuevos cursos que permitan a los estudiantes encaminar sus pasos. Pero hay más. La firma trabaja también en el sector empresarial donde sus principales aplicaciones pasan por detectar a empleados capaces de cubrir posiciones emergentes o, incluso, reclutar nuevos perfiles.

“Conocernos a nosotros mismos es fundamental para saber qué se nos va a dar bien, qué es lo que vamos a aprender con facilidad y, por tanto, qué es lo que nos va a gustar más y eso no está reñido con que no tenga salida o alta empleabilidad”, apunta Ibáñez. No en vano, esa es la esencia de la ‘startup’. “No siempre uno tiene que dedicarse a lo que no le gusta para tener alta empleabilidad sino más bien al contrario; hay cada vez más oportunidades”.

Singularity Expert, proyecto de nteligencia artificial capaz de predecir qué empleos de futuro son los más interesantes para cada persona

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El odio corroe la democracia

Francesc de Carreras en El País, 080720

Que el vicepresidente del Gobierno critique a la prensa con nombre y apellidos es algo propio de las democracias iliberales, es decir, con tendencia a la dictadura

Cuando un hincha del Barcelona prefiere que pierda el Real Madrid a que gane su equipo (o viceversa, claro), allí hay una relación de odio, de odio al otro, probablemente inofensivo, infantil si se quiere, pero peligroso porque puede aplicarse a otro tipo de relaciones. En la política española, como crece la hierba, casi sin percibirse, se está introduciendo peligrosamente el odio, un sentimiento contrario a la democracia, a la democracia liberal por supuesto, la única realmente existente.

Efectivamente, las bases de esta democracia las situamos en la tolerancia, el respeto al modo de pensar del otro, un principio moral que aparece en Europa con personajes tan insignes como Erasmo, Spinoza y Locke, entre otros. Después vinieron la Ilustración y el liberalismo: la tolerancia estuvo en el centro de estas corrientes políticas. Hoy esta idea de tolerancia se empieza a quebrar en España aunque para resolver la difícil encrucijada en la que estamos es imprescindible. Necesitamos acuerdos y consensos, algo imposible sin esa virtud política. Por el contrario se introduce en el discurso de los políticos, de los medios de comunicación y de las redes sociales, el odio. Quien insulta, odia; quien justifica el insulto, también.

El neurocientífico Ignacio Morgado, colaborador frecuente en estas páginas, incluye el odio como una de las emociones corrosivas, tanto en las relaciones personales como sociales. Muchas veces el odio nace de los prejuicios, del desconocimiento de la realidad: así la homofobia o el racismo. En política el odio proviene del fanatismo, de las creencias sin fundamento racional que presuponen la superioridad moral sobre el otro; también del victimismo, creerse siempre perjudicado por el otro para así no admitir culpas propias. El odio se autojustifica por la demonización del contrario: “Yo no quiero odiar a nadie, pero es tanto el mal que el otro nos provoca a todos, que no me queda más remedio que odiarle”.

Los odios provocan guerras. Carl Schmitt, un jurista antiliberal partidario de Hitler, fundamentó la política en el odio al otro: “La distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción amigo y enemigo”. Al enemigo se le odia, se le debe aniquilar porque es una condición necesaria para la propia supervivencia. Como en la guerra. Pues bien, si esta es la base de la actuación política de quienes se reclaman herederos intelectuales de Schmitt, caso de Podemos, el peligro se cierne sobre nosotros porque el odio corroe la convivencia pacífica. Que la prensa critique la actuación de los políticos es algo propio de las democracias liberales; que el vicepresidente del Gobierno critique a la prensa con nombre y apellidos es algo propio de las democracias iliberales, es decir, con tendencia a la dictadura.

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Mal sindical, bien económico

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  • Garamendi (CEOE) no ve «oportuno» que Vox cree un sindicato independiente

okdiario, 060720

Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, ha valorado la iniciativa Vox de crear un sindicato independiente que proteja a los trabajadores. A juicio del líder de los empresarios, «para buscar el voto obrero hay que hacer un planteamiento político, no crear un sindicato».

Garamendi ha recordado los múltiples acuerdos que se han firmado entre patronal y sindicatos a lo largo de los últimos 40 años y ha destacado cómo España se ha convertido en un paradigma del acuerdo en ese sentido. «España es un ejemplo de diálogo social; de hecho, en el resto de países europeos así nos lo dicen. Tenemos capacidad de sentarnos en una mesa y llegar a grandes acuerdos.

En otros lugares de Europa muy importantes no se llega. Yo creo que tenemos un buen modelo. Estamos en libertad, así que cada uno haga lo que considere, pero no lo sé. Respetando la iniciativa del que lo quiera organizar…yo no lo veo muy oportuno, no puedo decir otra cosa», decía en el programa AR.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, anunciaba este domingo que los españoles tendrán «en septiembre, muy pronto», un nuevo sindicato impulsado por su propia formación. Sin embargo, añadió  que este «no estará al servicio de ningún partido político ni a ningún tipo de causa ideológica».

sí lo explicaba durante un mitin celebrado en el centro de Ribeira (A Coruña), de cara a las elecciones gallegas del próximo 12 de julio. Abascal centró parte de su discurso en cargar contra las centrales sindicales que son «la ruina de los trabajadores».

Según sus palabras, son sindicatos «ideológicos», «corruptos» e «inútiles» dirigidos por unas «oligarquías» que «solo obedecen al poder». A ello ha sumado que están «entregados a las chaladuras ideológicas de la izquierda, como la de género, el supremacismo feminista o el ecologismo ultra que lleva al cierre de muchas empresas».

Frente a todos esos sindicatos «para dirigentes comunistas», Abascal explicó que el que impulsará su partido será una organización para trabajadores «anticomunistas» y debido «únicamente sus intereses». «No estará al servicio de ningún partido político ni a ningún tipo de causa ideológica», ha afirmado a continuación.

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Hong Kong, por dónde empezar a descubrir la ciudad mas visitada ...

Hong-Kong, últimas luces

Gabriel Albiac en ABC, 06/07/20.

La vista, varios metros por encima de las nubes, podía ser la de un plano cenital de Spielberg. Pero el cubo de cristal, abierto a la medianoche en lo más alto del más alto rascacielos, nada tenía del sincopado desbarajuste de la taberna de Star Wars.

Hong-Kong era el futuro sin la tiniebla: geometría. Y en aquel bar de noctámbulos se asentaba el infinito. A tus pies, la nubes. Refractada en su gasa, una red de hilos platino: la ciudad. Bellas mujeres y música de jazz casi intangible: Diana Krall quizá, o tal vez Renée Fleming jugando a ser Ella Fitzgerald. La ciudad es esta telaraña que refracta, en hilos azulados, el algodón platino de las nubes. A tus pies. Con la fosforescencia exacta de un dry-Martini muy frío.

Así pude ver Hong-Kong hace cinco años. Así habré de recordarla. No los claros prodigios de su afilada arquitectura, no sus calles a lo Metropolis de Lang, no las callejas en cuyo dédalo perviven los legendarios tenderetes de todas las literaturas. Recordaré el fosforescente algodón platino, en el cual un ojo atento podía metódicamente recomponer esquirlas del mapa, pestañeos lejanos que sabía rascacielos: todo, todo lo que importa. Lo cual, en una ciudad, es tan sólo su fantasma.

China había comenzado, por aquel entonces, a apretar la soga. Y era difícil creerse de verdad que la ciudad más libre del planeta fuera a acabar siendo absorbida por

las más hermética dictadura que hayan conocido los últimos dos siglos. Pero, en el aparente sosiego de sus galácticos bares, en la serenidad impoluta de sus fastuosas galerías comerciales como en el trajín animadísimo de los minúsculos restaurantes que podían llevar ahí desde antes de los británicos y que vieron crecer a su alrededor las maravillas de acero y vidrio que dan a la ciudad su hoy geometría diamantina, y que supieron convivir con ellos en una simbiosis que al visitante no puede sino hacérsele casi incomprensible; en todo eso, se dejaba ya percibir la sospecha al acecho: The End. China había comenzado a apretar la soga. Entonces. Hoy, esa soga atenaza el cuello de los hongkoneses. Y, en esa corajuda resistencia suya, abandonada por todas las potencias occidentales que tan honda deuda tienen con la vieja ciudad libre, uno sabe estar asistiendo al último destello de una galaxia que se apaga. El agujero negro China va a tragarla. Sin dejar memoria.

El 6 de abril pasado, con todo el universo encarcelado a domicilio por el virus chino, los jóvenes de Hong-Kong perpetuaron su anual homenaje a los héroes de Tien-An-Men. Lo quieren así desde hace 31 años. Esta vez era distinto. La nueva ley de orden público los convertía en delincuentes. Y permitía a la dictadura china deportarlos a cualquier cárcel de su territorio. Desde entonces, algunos de sus dirigentes han huido. Canadá y Gran Bretaña ofrecen un asilo que los dictadores de Pekín juzgan ofensivo. La tenaza se cierra sobre Hong-Kong. Igual que sobre Tien-An-Men hace ahora tres decenios. Y es igual nuestra cobardía.

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arrecifes coralinos - ecosistema

Movilizar el talento español en ecosistemas globales de conocimiento: guías para la acción

Martes, 07/Jul/2020 Ángel Alonso Arroba, Manuel Muñiz Villa en Real Instituto Elcano

Tema

Este análisis incide en la necesidad de conectar más y mejor el talento español expatriado que desarrolla su labor profesional en organizaciones internacionales y otros ecosistemas globales de conocimiento (empresas, centros de investigación, medios o think tanks).

Resumen

España tiene un creciente talento en el exterior, que participa de modo activo y destacado en muy distintos ecosistemas globales de conocimiento, ya sean de tipo institucional o en otros ámbitos como, por ejemplo, multinacionales, mundo académico internacional o prensa extranjera. Son profesionales que tienen una rica experiencia, especialización e influencia. Se trata de un activo en gran medida infrautilizado, que puede ser de mucha utilidad no sólo para la acción exterior española, sino también para afrontar nuestros propios retos domésticos. Movilizar este talento es una asignatura pendiente, en la que podemos aprender mucho de otros países, pero también de buenas prácticas e iniciativas que ya se están implementando aquí.

Construir una relación sólida entre España y sus expatriados es un ejercicio que supone beneficios mutuos y que incluso puede redundar en interés de las instituciones donde trabajan estos profesionales, por el potencial de alianzas que encontrarán con un Estado de la relevancia y vocación internacional que tiene el nuestro. En este análisis se hace una aproximación a la realidad actual y se plantean posibles ejes de actuación futura. Pasar del fomento de la presencia a la consolidación de redes de influencia, complementar el tradicional enfoque en las elites con una aproximación más amplia y centrada en la ciudadanía española global, y favorecer una acción más estratégica frente al tacticismo habitual pueden contribuir a aprovechar mejor la enorme oportunidad que ofrece este talento español global.

Análisis

El desafío de la movilización del talento español en el exterior

España dispone de un enorme talento en ecosistemas de conocimiento fuera de sus fronteras. En la actualidad, más de 2,6 millones de españoles residen en el extranjero, con una clara concentración en América y en Europa. Muchos de ellos son ciudadanos que desarrollan su actividad en instituciones públicas y privadas con gran peso en la definición de políticas globales.

Otros son profesionales que han acumulado una experiencia y conocimientos cuya especialización y singularidad escasean en nuestro país. Algunos son jóvenes profesionales. Otros ocupan cargos directivos avalados por una dilatada experiencia. Hay nombres reputados en sus respectivos sectores profesionales, pero también hay muchos españoles anónimos que desarrollan una labor e influencia menos conocidas, pero no por ello menos relevantes.

Figura 1. Españoles en el exterior, 2020

Destaca en este universo el caso especial de los organismos internacionales, instituciones de gran influencia en el debate y la formulación de políticas, y frecuentemente a la vanguardia de los grandes temas globales marcados por una creciente interdependencia. La presencia de españoles en estas instituciones es un activo que nuestro país debe explorar y capitalizar mejor. Cabe subrayar, por su singularidad e importancia para nuestro país, las instituciones europeas, en las que trabajan en la actualidad más de 4.000 españoles.1

En cualquier caso, los ecosistemas de conocimiento son mucho más amplios, y se extienden a think tanks y centros de pensamiento, universidades, institutos de investigación, medios de comunicación y, en ocasiones, a los propios gobiernos de otros países en los que también trabajan españoles y personas con estrechos vínculos profesionales y afectivos con nuestro país. Y, por supuesto, al sector privado, con destacados profesionales con enorme experiencia trabajando tanto en compañías españolas internacionalizadas, multinacionales y no, como en empresas extranjeras punteras y con presencia en los más diversos mercados.

El talento español no se agota en esta amplia nómina de instituciones y entes, y adquiere muy diversas formas y matices. De hecho, tampoco hay que olvidar a los españoles que retornan a nuestro país tras una rica experiencia internacional. Con independencia de que su actividad presente guarde o no relación directa con ello, muchos atesoran un conocimiento sobre temas, regiones y países de interés para España sobre los que a veces existe poca expertise nacional. Del mismo modo, también habría que englobar en esta categoría a muchos extranjeros residentes en nuestro país, que han vivido en él o que simplemente tienen fuertes vínculos afectivos con España, pese a no tener la nacionalidad.

El reto, en cualquier caso, estriba en primer lugar en identificar a todas estas personas. Pero va mucho más allá: el verdadero desafío consiste en activar a estos colectivos y conectarlos con nuestro país, además de hacerlo entre ellos. Carecemos de una estrategia que enlace con ellos y que explore todas las oportunidades que pueden derivarse de un diálogo y colaboración más estrechas. Hay que aprovechar más y mejor su enorme potencial como activo de la acción exterior española y como fuente de información y conocimiento experto sobre los temas que afectan y preocupan a nuestro país.

Realidad y ficción sobre nuestra conexión con el talento español global

Existe la percepción generalizada de que España no capitaliza adecuadamente este enorme capital humano. Es muy probable que ello sea cierto, ya que el propio hecho de que no se pueda responder con datos y evidencia factual a esta afirmación indica de partida una deficiencia en términos de análisis del estado de la cuestión. Calibrar si nuestro país y sus instituciones conectan bien con su talento global no es ciertamente una tarea fácil, pues no existe una metodología al respecto ni un claro benchmarking internacional. Cuando nos comparamos con otros países en este terreno, lo hacemos principalmente a partir de un cotejo poco sistematizado y más basado en lo anecdótico y superficial que en lo empírico y profundo.

La primera cuestión que se plantea, por lo tanto, es la verificación de la realidad percibida y confirmar si, efectivamente, España está tan retrasada como pensamos en la movilización de su talento exterior en ecosistemas globales de conocimiento. Para hacerlo, hay que trascender las habituales métricas sobre presencia, y ahondar tanto en el análisis cualitativo como en el nexo causal: no es lo mismo tener presencia e influencia internacional debido a la acción exterior española planificada y estratégica que como consecuencia del azar o de la propia iniciativa de los individuos, sin apoyo institucional.

Pero hay que ir más allá: habría que establecer criterios objetivos y marcadores que nos permitan valorar si el Gobierno y la Administración, así como el resto de las instituciones y actores del ecosistema nacional, están conectando y enriqueciéndose mutuamente con ese capital de conocimiento exterior, de manera eficiente y efectiva.

Ante este déficit analítico y ausencia de referencias objetivas, que habría que corregir, disponemos de dos indicadores básicos. El primero es la constatación del enorme capital humano español especializado y altamente formado que reside en el exterior. Si atendemos a los flujos absolutos de movilidad intraeuropea, España se sitúa junto a Italia a la cabeza de la UE en términos de la mal llamada “fuga de cerebros” durante la última década, en buena parte como consecuencia de la crisis económica. Según el Centre for European Policy Studies, entre 2007 y 2017 unos 87.000 trabajadores españoles de alta calificación (título universitario o grado superior) se fueron a otros países de la UE (véase la Figura 2).2 Casi la mitad de los trabajadores cualificados españoles, más propensos a la movilidad, salieron de nuestro país durante este período.

Si nos referimos a la fuga de cerebros como “mal llamado”, es porque el hecho de que este talento resida fuera de nuestras fronteras no implica que España no pueda aprovecharlo, si conecta de forma inteligente con él. Los “cerebros” no tienen por qué residir en España para contribuir al avance y progreso de nuestro país. Es más, a menudo se nutren de materia gris gracias a la exposición con otras realidades y culturas foráneas, participando de la investigación y el pensamiento puntero que tienen lugar en otros rincones del mundo. Es esa residencia en el exterior la que les da un especial valor añadido.

Figura 2. Fuga de cerebros en países europeos, 2007-2017 (de población altamente educada vs. % de ciudadanos móviles)

El segundo elemento básico de información del que disponemos es la constatación objetiva de que no existe hasta el momento una estrategia claramente definida para enlazar con este talento en el exterior. Hay varias iniciativas en curso, algunas muy prometedoras, que están intentando conectar más y mejor con los profesionales en el extranjero. Destacan, por ejemplo, Conexión España, impulsada por el Foro de Marcas Renombradas Españolas y la Cámara de España para establecer una red de directivos; también la Spanish Global Professionals Network de la Fundación Rafael del Pino, orientada a profesionales de los organismos internacionales.

Pero son proyectos que apuntan a colectivos específicos. Desde la Administración, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación lleva también desde hace años operando una Unidad de Funcionarios Internacionales que informa y asesora sobre oportunidades profesionales en organismos internacionales. Realiza una gran labor de promoción, pero su actividad se ciñe a aumentar la presencia de españoles en los organismos, no tanto a conectarla con las prioridades políticas de nuestro país.

Adolecemos, pues, de un marco omnicomprensivo de conexión articulada con nuestros nacionales en centros de pensamiento e instituciones. Profesionales que, con frecuencia, están a la vanguardia de los temas que marcan el presente de nuestras economías y sociedades, y definirán su futuro. Existen redes de españoles en el exterior, pero son por lo general o amplias y heterogéneas (como las comunidades españolas residentes en un país determinado), o específicas y limitadas a un determinado organismo o sector (como la Asociación de Españoles en Instituciones Europeas, AECIFE). A

lgunas están más formalizadas, como por ejemplo la Asociación de Científicos Españoles en Estados Unidos (ECUSA). Otras, por el contrario, tienen un carácter más informal. Lo que es cierto es que no están conectadas entre sí, y en muchas ocasiones tampoco con España, más allá de una interlocución puntual con la Embajada o REPER de turno, o con contactos esporádicos y circunstanciales con instituciones en nuestro país.

¿Qué podemos aprender de otros países?

Ante la falta de indicadores objetivos y de parámetro de evaluación, el principal referente que tenemos sobre cómo conectar más y mejor a nivel de país con el talento nacional en ecosistemas globales de conocimiento lo proporciona la experiencia de otros países. ¿Es cierta esa percepción de que movilizan mejor a su talento en el exterior? Si es así, ¿qué hacen ellos que no hagamos nosotros? ¿Qué hacen mejor? En definitiva: ¿qué podemos aprender de ellos?

Ningún país tiene una varita mágica ni recetas claramente definidas en este terreno. Existen, de hecho, más análisis de mejores prácticas en la movilización de la diáspora de los países en desarrollo que la de los países desarrollados, muy probablemente como consecuencia del mayor impacto económico directo que éstas tienen en sus países de origen vía remesas y efecto retorno.3 No obstante, hay países con una realidad más próxima a la nuestra que sí han desarrollado entidades e iniciativas concretas en este ámbito.

Es el caso de Advance Global en Australia y de Chile Global. Destacan también los casos de Irlanda y Nueva Zelanda, muy conectados con sus diásporas profesionales a través de la red de Ireland Funds y de Kea New Zealand.4 Francia, por ejemplo, lleva operando desde 1927 la Union des Français de l’Etranger (UFE), con más de 170 representaciones en todo el mundo para conectar a franceses, francófonos y francófilos.Todas son experiencias de las que podemos aprender mucho.

Aunque de manera más bien anecdótica, los funcionarios españoles de organismos internacionales suelen aludir también al mayor grado de organización de sus pares franceses, alemanes, británicos o estadounidenses en sus respectivas organizaciones. Mención aparte merecen países como Japón o Corea, con una cultura de conexión más estrecha con sus nacionales en posiciones directivas, y de apoyo mutuo.

Pero no hay que salir no hay que salir del ámbito español para encontrar ejemplos de buenas prácticas. Tenemos Embajadas y Representaciones Permanentes que hacen una excelente labor de conexión con el talento español de los lugares donde operan, funcionando como catalizadores de su actividad y facilitadores de la familiaridad con los intereses de nuestra acción exterior. Destaca, por ejemplo, la REPER en Bruselas, conectando a los españoles que trabajan en las instituciones comunitarias, así como el propio proyecto del Real Instituto Elcano sobre Ecosistema y Cultura de Influencia Española Europea. Algunas comunidades autónomas también han lanzado iniciativas innovadoras de conexión con su talento exterior de las que se pueden extraer lecciones útiles.

Existe, pues, una amplia gama de experiencias que pueden servir de referente para movilizar más y mejor nuestro talento en ecosistemas globales de conocimiento. Algunas de carácter nacional. Otras de naturaleza más localizada y doméstica. Todas aportan ideas y ofrecen un excelente punto de partida. El desafío estriba en diseñar, impulsar e implementar una estrategia bien articulada y omnicomprensiva, que conecte las iniciativas ya existentes, las complemente en los aspectos, ámbitos y lugares donde sea necesario, y permita una verdadera conexión de nuestro talento global con las prioridades estratégicas de España.

Guías para la acción

A partir de una primera aproximación al reto de aprovechar el enorme capital humano de España en el exterior, hemos identificado tres grandes ejes de acción: (1) incidir no sólo en la presencia, sino más en la influencia; (2) avanzar hacia un concepto amplio del talento, más centrado en la ciudadanía; y (3) pasar del tacticismo a un enfoque más estratégico. Esto ejes se derivan una delimitación más efectiva del objetivo perseguido, lo cual no siempre está del todo claro: reforzar y mejorar la relación de este talento con España, aumentando su conocimiento y sensibilización hacia las prioridades de nuestro país, de tal suerte que se aprovechen todas las oportunidades que pueda haber para un beneficio y enriquecimiento mutuos.

De la presencia a la influencia

Hasta la fecha, la prioridad de nuestra acción exterior en relación al talento español en ecosistemas globales de conocimiento se ha centrado principalmente en aumentar su presencia, tanto cuantitativa como cualitativamente. Incluso en este aspecto, y pese a importantes logros y no pocos esfuerzos, las actuaciones tienden a centrarse más en oportunidades concretas que en una verdadera estrategia global, continuada y duradera. No cabe duda de que la influencia pasa por la presencia y, como tal, será importante impulsar de manera más integral el avance de profesionales españoles en instituciones y centros de conocimiento globales. Es importante hacerlo a todos los niveles y sobre todas las temáticas, si bien incidiendo especialmente en puestos senior y en cuestiones de relevancia para nuestro país.

Pero la influencia no se agota en la presencia. Requiere hilar más fino, conectando y activando. Para hacerlo, habrá que articular verdaderas redes que vertebren la interacción y permitan compartir información, conocimiento y objetivos. Habrá que crear comunidad, y eso implica tiempo y recursos. Habrá que ser proactivos, no sólo reactivos, anticipando tendencias y contribuyendo a definirlas. Y habrá, además, que participar a lo largo de toda la cadena de reflexión y acción que tiene lugar en esos centros globales de conocimiento y toma de decisiones, desde las etapas más primigenias de conceptualización a las finales de comunicación y evaluación.

La influencia pasa también por amplificar el alcance de la acción en términos de actores: hay que entender los ecosistemas globales de conocimiento en sentido amplio, no limitándolos a organismos internacionales o al ámbito estrictamente institucional, sino (como ya se ha apuntado antes) reconociendo que el pensamiento y la política la configuran diversas entidades y agentes –universidades, centros de investigación, think tanks, ONG, medios de comunicación–, donde muchos españoles realizan una impresionante labor en el exterior.

Del mismo modo, pese al papel central de la conectividad con el Gobierno y la Administración General del Estado, el enfoque de la conexión con actores nacionales también tiene que ser más amplio, incluyendo al resto de Poderes del Estado, las administraciones y entes autonómicos y locales y, por supuesto, al amplio ecosistema profesional de nuestro país: empresas, agentes sociales (patronal, sindicatos), sociedad civil (organizaciones de consumidores, ONG, grupos de interés), universidades, think tanks, medios de comunicación… Hay que fomentar una mayor colaboración público-privada en este terreno, involucrando a todos los actores pertinentes.

Por último, para pasar de la mera presencia a la influencia será necesario fomentar una conectividad y complicidad con nuestro talento en el exterior que sólo es posible si de dota a la relación de un propósito y sentido, que deben ser simbióticos. Para España, como hemos señalado, es muy valioso tener acceso a este conocimiento experto, con frecuencia versado en el análisis de la comparativa internacional y la identificación de mejores prácticas, así como con acceso a decisores internacionales de gran peso.

Pero el interés debe ser mutuo, de tal suerte que una mayor conexión de estos profesionales con nuestro país les aporte también a ellos conocimiento e información, influencia adicional y conexiones útiles en el ejercicio de sus funciones, además de contactos que puedan ser atractivos para su propio futuro profesional, incluida la perspectiva de un eventual retorno a España que nunca es fácil cuando se desarrolla una carrera fuera de nuestras fronteras.

Del elitismo a la ciudadanía

El segundo eje de acción que proponemos es favorecer una aproximación más cercana y humana al talento español global, centrada en el concepto de ciudadanía. El propio término “talento” lleva asociada una connotación elitista que con frecuencia limita el reconocimiento de las múltiples y diversas formas que dicho talento adopta en la realidad, no necesariamente aparejado al éxito o la visibilidad. Son muchos los españoles que hacen una labor extraordinaria en las sociedades en las que residen, contribuyendo a la mejora de las mismas. Es una labor callada pero efectiva, alejada de los focos pero con gran impacto en la vida de muchas personas.

Una mayor y mejor conexión con todos estos españoles anónimos es fundamental. Pasa por el reconocimiento amplio de su actividad, dándole la visibilidad de la que actualmente carece. Ello implica conocerlos y familiarizarnos con lo que hacen, y a partir de ahí explorar conjuntamente las múltiples sinergias y el valor mutuo de una relación más estrecha. Ciertos colectivos requieren una atención especial: jóvenes que están iniciando sus carreras profesionales, doctorandos realizando investigaciones específicas, voluntarios y cooperantes que van acumulando una experiencia única en determinados sectores y países…

Tampoco hay que olvidarse de esa amplia clase media de profesionales y expertos que, sin estar en labores directivas, atesoran un amplio conocimiento que puede ser de gran interés para España. Conectar con ellos, apoyándoles precisamente cuando más lo necesitan y construyendo esa relación de confianza y soporte mutuo, es la mejor inversión que nuestro país puede hacer de cara a futuro.

La reciente creación de la figura del embajador en Misión Especial para la Ciudadanía Española Global, adscrito a la Secretaría de Estado de la España Global, aspira precisamente a hacer avanzar la conexión con este colectivo más amplio, reconociendo la riqueza de nuestra diáspora y la diversidad de formas en las que los españoles en el extranjero representan los valores de talante abierto, solidario y cosmopolita que caracterizan a nuestro país.

Del tacticismo a la estrategia

El tercer y último gran eje de acción que queremos destacar es la necesidad de pasar del tacticismo a un enfoque más estratégico y estructurado. Como se ha señalado, tenemos buenos ejemplos de acciones y proyectos que funcionan, pero suelen limitarse a la iniciativa concreta de determinados actores (por ejemplo, Embajadas que se toman más en serio conectar con los españoles presentes en su ámbito territorio) o a momentos muy puntuales (como la acción coordinada que tuvo lugar en 2019 con ocasión de la renovación de las instituciones europeas y los respectivos gabinetes).

En el ámbito estratégico se plantea la disyuntiva de optar por una estrategia más global y omnicomprensiva o, por el contrario, más granular y fragmentada, a modo de estrategias diferenciadas para cada institución o ecosistema. Muy probablemente, la realidad exija una combinación de ambas, capitalizando en los buenos ejemplos ya existentes (como el modelo de la REPER ante la UE y el intento de consolidar un ecosistema de influencia española en Bruselas) pero no limitándonos a la extrapolación de su modelo y herramientas a otros contextos, sino conectando todas estas iniciativas y facilitando una fertilización mutua entre ellas.

Por un lado, se perfila la necesidad de una cierta especialización tanto geográfica e institucional (por país, por institución) como temática y sectorial (por área de conocimiento, por actividad profesional). Por otra parte, el éxito radicará en articular y federar adecuadamente todas estas comunidades de conocimiento, en un proyecto común que enlace con nuestras prioridades como país.

La magnitud de este desafío aconseja hacer un balance serio de todos los mecanismos institucionales e iniciativas ya existentes, explorando las posibles sinergias entre las mismas y rellenando huecos allí donde fuera necesario, especialmente donde se identifiquen oportunidades concretas y se constaten carencias, ya sean de índole más estructural o coyuntural. A partir de ahí, se podrían ir destilando acciones concretas. Algunas serán más básicas y relativas a la mera identificación y mapeo del talento donde haga falta. Otras estarán más centradas en su activación y dinamización. Jugará un papel fundamental a este respecto la creación de plataformas digitales, que refuercen la conectividad, dinamicen los ecosistemas y permitan funcionar en redes cada vez más transnacionales.

Una última dimensión que no podemos dejar de lado en la transición del tacticismo a la estrategia es la conveniencia de abordar la escasa “cultura de la influencia” en España. A diferencia de otros países, tenemos un cierto y secular prejuicio a capitalizar en dicho talento, ya sea por limitada tradición y falta de práctica o por una cierta connotación negativa de lo que puede considerarse como lobbying. A veces, son los propios profesionales quienes pueden ser reacios a este tipo de dinámicas, por considerar erróneamente comprometida la independencia de su función por una mayor proximidad a su país de origen. Cabría analizar si esto es exactamente así y si es diferente en otros países, así como los mecanismos para superar esta posible barrera cultural.

Entre otras acciones, habría que incidir en explicar mejor el beneficio que una mayor y mejor conexión con nuestro país puede tener para la propia institución en la que trabaja el profesional. Por ejemplo, a los organismos internacionales les interesa que sus trabajadores conozcan bien las prioridades de su país de origen y la realidad socioeconómica y política del momento, para enriquecer su análisis y conectarlo mejor con las preocupaciones de las instituciones y la ciudadanía; también que desarrollen redes y conexiones interpersonales de utilidad para avanzar la influencia de la propia institución en nuestro país. Lo mismo cabe decirse del resto de sectores: expertos que ayuden a conectar comunidades epistémicas, científicos que pongan en contacto a grupos de investigación, analistas que identifiquen oportunidades de inversión en uno y otro sentido…

Conclusiones

 

 

 

Hacia una política estratégica, integrada y omnicomprensiva

Movilizar el talento español en ecosistema de conocimiento globales no es tarea fácil. Hay que superar prejuicios e inercias, lo que llevará tiempo, recursos y energías. Pero hay que ser conscientes de que la inversión merece la pena, en especial en una época de hiperconectividad e interdependencia en la que la complejidad de nuestras economías y sociedades demanda cada vez más experiencias y conocimientos curtidos en la diversidad. La pandemia del COVID-19 ha puesto en evidencia la importancia de contar con un conocimiento y know-how que España muchas veces tiene fuera de sus fronteras, en instituciones a la vanguardia de la investigación; también en lugares donde se toman decisiones con gran efecto para nuestro país.

España haría bien en conocer y activar a sus españoles en el exterior, muchos de los cuales desarrollan su labor profesional en centros punteros de conocimiento o instituciones con gran influencia en la gobernanza global. Son un enorme activo que debemos aprovechar más y mejor. Aunque queda mucho por hacer para entender mejor a este colectivo y las acciones que pueden ayudar a conectar mejor con él, una primera orientación práctica aconseja pasar de la presencia a la influencia, favorecer un enfoque amplio de ciudadanía y menos centrado en el elitismo, e incidir en la estrategia de largo plazo frente al tacticismo del corto.

Se trata, en el fondo, de instaurar una nueva cultura de la colaboración, que promueva una aproximación más estructural, integrada y organizada al talento español en los ecosistemas globales de conocimiento, conectándolo entre sí y con las preocupaciones de nuestro país. Si lo hacemos bien, España puede convertirse en un referente internacional en este ámbito.

Manuel Muñiz Villa, Secretario de Estado de la España Global | @manuelmunizv
Ángel Alonso Arroba, Embajador en Misión Especial para la Ciudadanía Española Global

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Un policía vigila la estatua de Colón en Barcelona

La reacción

La actual actividad vandálica que destruye estatuas tiene un poder simbólico singular. Seguramente esos bárbaros levantarían de nuevo estatuas a sus déspotas favoritos

Félix de Azua en El País, 070720

A finales del siglo XIX Rusia se vio sacudida por una efervescencia liberal. La exigencia de que acabara la esclavitud y la tiranía había encendido a las masas, pero apenas conmovió la pétrea voluntad de poder del zar Alejandro. Como todo movimiento revolucionario, los rebeldes buscaron un símbolo y lo encontraron en el proyecto de una estatua para Pushkin. La campaña se arrastraba desde 1860, pero en veinte años no había logrado apenas nada. Ahora era el momento.

Rusia no tenía un solo monumento que consagrara a un artista o a un hombre de letras. Sólo militares y políticos del zarismo habían merecido el honor de encarnar en piedra o bronce la fuerza y la sujeción del país. Pero hacía décadas que Goethe y Shakespeare representaban, en sus países, la grandeza espiritual de la nación. Ahora la insurgencia exigía que se honrara el alma del país y no su cuerpo acorazado. Turguénev y Dostoievski participaron en los actos de exaltación a Pushkin que agitaron a toda la nación. Enormes masas se concentraron en Moscú para asistir a la exposición de la estatua en junio de 1880. Lo cuenta Figes en Los europeos.

Durante siglos, las estatuas habían representado tan sólo los símbolos del poder físico. Es muy interesante que en el siglo XIX apareciera la necesidad de representar también la fuerza intelectual. Por eso la actual actividad vandálica que destruye estatuas tiene un poder simbólico singular. Seguramente esos bárbaros levantarían de nuevo estatuas a sus déspotas favoritos. Fue delirante el momento en que unos fanáticos quisieron quemar la estatua de Colón en Barcelona, pero otros fanáticos se lo impidieron porque, decían, Colón era catalán. Dieron la exacta medida de cómo son ahora los pretendidos izquierdistas.

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Pablo Iglesias y la libertad de prensa
Viñeta de JM Nieto [España, 1973] EN ABC, 070720

 

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Aversión, racismo y reciprocidad

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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 050720, en torno a la obra Vermont Lawyer‘ [1841] de Horace Bundy, [EEUU, ,1814-1883].

Cuando la nostalgia era un juego

Arcadi Espada en El Mundo, 050720

(Ayer) Al cumplir los 30 años Gaziel había vivido lo suficiente como para que su futuro fuera un recuerdo. La Gran Guerra había abortado su prometedora carrera académica y lo había convertido en periodista. Y le había dado el argumento de uno de los grandes libros del siglo XX español, Diario de un estudiante en París, en el que narra cómo la guerra va llegando a la pensión, madame Durieux, donde está alojado. Todo lo que pasó luego, hasta su muerte en 1954, fue peor. Cuando en 1995 entró en vigor el tratado de Schengen sus huesos merecieron celebrarlo. Entre los escombros del mundo de ayer que había destruido la Gran Guerra estaba la libre circulación de personas. Gaziel se lamentó muchas veces de que los europeos hubieran perdido esa libertad fundamental. Schengen era una gran noticia, pero también una meditación: a Europa le había costado casi ochenta años volver al mundo de ayer.

Estos días pienso en Gaziel a menudo. Y en Zweig, naturalmente, aunque no tenga con el austríaco esa relación de confidencialidad que hace tan seductora la literatura del ampurdanés. Yo vivía una vida donde no había un mundo de ayer, ni maldita la gracia. A partir de un cierto estrato generacional mis antepasados me parecían incluso un punto animalescos. La nostalgia era un juego, más o menos chic. Ahora se vislumbra como una exigencia. A la asqueante y esterilizadora corrección política, a la pesadilla de las políticas identitarias, a la irrelevancia de la verdad, a la puerilidad como horma, se suma el virus. El virus que está consolidando todo eso.

(Gel y mascarillas) Cada hora llega una nueva y fatigosa declaración de algún epidemiólogo, de algún responsable de Salud Pública, de algún modelo matemático que habla. Todos tratando de que les llegue la mejor parte del futuro reparto del dinero público. Pero ninguno de ellos ha sido capaz aún de dar dos explicaciones clave sobre la realidad. La primera, este paso de la transmisión táctil a la transmisión aérea. El jabón y el gel hidroalcohólico han perdido relevancia en beneficio de la mascarilla. De pronto parece mucho más peligroso respirar que tocar. En los días más duros del confinamiento, cuando más alta era la posibilidad de contagio, la gente coincidía en las tiendas o en el transporte a cara descubierta. El cuidado extremo se reservaba a lo que tocaran. Muchos llevaban en el bolsillo un frasquito de alcohol como detente bala. Se había filtrado un consenso generalizado sobre la improbabilidad de que el virus infectara a las personas por el aire. Y se celebraba con un hondo suspiro de alivio: con su alta capacidad infectiva y con el gran número de asintomáticos capaces de transmitirlo, la posibilidad de que la enfermedad se contagiara por el aire habría empeorado dramáticamente la situación. Así se razonaba entonces.

El jabón nunca faltó, pero hasta el alcohol desapareció de las farmacias; y, sin influencias, era imposible obtener una mascarilla. O sea que el consenso científico, al menos en España, se adaptó escrupulosamente a los recursos. Solo desde que regalan mascarillas, el virus se transmite por el aire. En consecuencia(s) el Gobierno ha hecho obligatorio su uso en circunstancias de proximidad física. Que yo sepa no hay aún un estudio que describa con precisión suficiente las vías de contagio. Todo siguen siendo cábalas. De acuerdo: las cábalas son esencia y potencia de la ciencia, como repite cada día un marisabidillo u otro. Sin añadir que hubo muchas cábalas sobre la posibilidad de que los aviones volaran, pero hoy vuelan.

Todo lo anterior no es más que la introducción pertinente del otro asunto, y el realmente grave, sobre el que tampoco hay explicaciones. Según buena parte de la opinión epidemiológica la circulación actual del virus es comparable a la de principios de marzo, cuando se decretó el estado de alarma. La pregunta obvia es por qué se han reducido tan drásticamente los niveles de contagio. La respuesta, aún más obvia que la pregunta, es que aún no lo saben. Cábalas. Pero muchos aventuran que la higiene de manos, el uso de mascarillas y la supresión de eventos masivos han sido fundamentales. Si esto es así, la pregunta que un gobernado ha de dirigir a sus gobernantes es esta: si hubiera habido mascarillas y geles a disposición de cualquiera, y una abrumadora campaña informativa hubiera trazado las normas del distanciamiento social, ¿podría haberse evitado el brutal confinamiento y la paralización de la actividad durante meses? La hipótesis de que hayamos ido a la ruina por no disponer masivamente de alcohol, mascarillas e información es insoportable. Teniéndola en cuenta nunca fue más cierto que hemos combatido esta peste con herramientas medievales. La única mejora cierta y creíble es que hoy no decapitarán al brujo. Aunque tal vez haya un punto medio entre respetarle la cabeza y vitorearlo en el porno de las revistas ilustradas.

(Declarando) España suma ya un 28% de parados, el Pib cae como en un mal sueño sin fondo, hay 37 hoteles abiertos en Barcelona y el tapón de los expedientes amenaza con convertir la Justicia en una lengua muerta. Pero llama un inspector y me comunica que el miércoles 1 de julio debo ir a declarar al juzgado. Y me informa, al mismo tiempo, de las consecuencias de no hacerlo. Unos fervorosos abogados de Valladolid han conseguido convencer a un juez de que hay indicios de que yo odio a los discapacitados. Hipótesis falsa donde las haya, porque yo no odio a nadie. Pero es que ni siquiera tengo opinión sobre los discapacitados. Sobre los discapacitados, como sobre los capacitados, los negros, los gays, los catalanes, los periodistas y los abogados de Valladolid, yo, según.

El abogado, Melero, me acompaña y respondo con la disciplina que puedo a sus preguntas. Ha traído sabia y útilmente a colación que una eminencia canónica del Derecho, el alemán Claus Roxin, también se preguntaba hace muchos años por la responsabilidad que debe contraer la sociedad en el caso de los niños que, con el asentimiento de sus padres, nazcan con graves malformaciones. Y así, entre los dos, vamos construyendo un breve relato para el juez. La fiscal interviene: su interés es si yo quería hacer daño. No es una pregunta difícil. Y hasta puedo entender lo que pretende, en el fondo, la fiscal. Pero el hecho de estar contestando ante la autoridad sobre mi presunta militancia en el odio me llena de desánimo.

(Tercer grado) Los presos nacionalistas han accedido al tercer grado. Es una expresión curiosa: tanto quiere decir un interrogatorio agobiante como un laxo régimen penitenciario que les permite pasar el día fuera de la prisión, adonde tienen que volver por la noche. Nunca he acabado de entender bien esto de la cárcel como motel. Me parecería más razonable que un preso tercerista trabajara en la cárcel, incluso teletrabajara, y al atardecer volviese a su casa a ducharse, a cenar y a ver series con las mascotas.

Divago. La concesión del tercer grado no deja de ser anécdota de un recorrido mucho más vasto. La cuestión es que la democracia española —a diferencia de lo que sucedió con los condenados del 23 de febrero— no ha sabido castigar al grupo organizado que intentó acabar con ella en aquel humillante octubre de 2017. Y, por lo tanto, la democracia española merece que se lo vuelvan a hacer.

(Hoy) El Estado de California suprime la expresión «El Estado no discriminará» de su Constitución. Lo que legaliza la discriminación, positiva por supuesto.

(Ganado el 4 de julio, a las 14.54, 65 lpm, 35,8º).

Ilustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971] para el texto de Arcadi Espada.

Nostalgia de nostalgia

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada,050720

Hoy plagiamos A Vermont Lawyer de Horace Bundy, pintor estadounidense encuadrado en el llamado folk art. El diarista escribe dando la espalda a la ventana por la que asoma el mundo de hoy: un cementerio sin paz.

(Hoy es anteayer) El diarista siente nostalgia en serio por la nostalgia en broma ¡Ay, aquella nostalgia de antaño! Fuera, un motorista fantasma brota de la tumba política en la que debería estar y se luce haciendo caballitos sobre los muertos. ¿Esto va a durar ochenta años? ¿No sería posible la vuelta al mundo (de ayer) en ochenta días? Mejor días. Ochenta meses todavía supone una mejora respecto a la marca anterior, pero ochenta meses es lo que nos queda de vida útil.

(Agua, azucarillos y aguardiente) Mientras la comunidad científica hace cábalas, el motorista fantasma ni eso. En cuanto se le plantea el dilema de declarar lo que conviene al gobierno o lo que realmente se sabe, echa mano de su amuleto: ¡detente, cábala! y vuelve a sus caballitos. Un vaso de leche con coñac y una aspirina, y a sudar.

(Declaración de amor) Junto al diarista y casi fuera de plano, una discapacitada sostiene en el halda un enorme corazón. El mundo de hoy es visceral o no es. Un mundo en el que los fiscales le preguntan al diarista si cree en el amor.
(¡Divago, doctor!) Es posible que se haya colado en la imagen un televisor de una línea temporal alternativa. Una en la que hubo un segundo 23F en los noventa que salió bien, o sea mal; una en la que Antonio Tejero, rehabilitado, es entrevistado en un programa de Telealcázar para toda España.
(Hoy como ayer) Toda discriminación conlleva una discriminación positiva. Y viceversa.

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lustración de Ulises Culebro ‘ULISES‘ [México, 1963],
para el texto

Casado y la boa de Pedro Sánchez

Domingo, 05/Jul/2020 Francisco Rosell El Mundo

Como miembro de los servicios secretos británicos hasta que el éxito de su tercera novela –El espía que surgió del frío– le permitió vivir de la literatura, la principal experiencia que extrajo John Le Carré fue que nada, absolutamente nada, era lo que parecía. Todos tenían una segunda intención, cuando no una tercera. Así, por boca de uno de sus personajes, el escritor estableció un sistema para discernir lo que se debía a la casualidad de aquello otro que era fruto de la causalidad. Una coincidencia –explicaba– puede ser casual, dos fundamentan la sospecha de que es causal y tres certifican ese barrunto.

Así, no es casualidad, sino causalidad que, para refutar las acusaciones de negligencia de la oposición, tanto Maduro en Venezuela como Obrador en México y Sánchez en España formulen la misma defensa atenido cada cual a su estilo. De esta guisa, todos ellos han empleado sintomáticamente el verbo derrocar, esto es, tratar de derrotarlos recurriendo a la violencia o a procedimientos ilegales, para satanizar a la oposición y sacudirse sus responsabilidades.

Si en Maduro ya no supone novedad siguiendo la estela golpista de Chávez en sus prédicas dominicales de Aló presidente y en López Obrador es hábito en sus diarias ruedas de prensa matutinas con los periodistas como figurantes, Sánchez lleva semanas en que no se le cae de la boca tal imputación, aunque a veces sorprenda –como el jueves en La Sexta– aseverando que «la oposición ve conspiraciones por todas partes» al inquirirle sobre la falta de independencia de la Fiscalía.

Ésto último ya lo dejó claro en vísperas de las elecciones de noviembre de 2019 con aquello «¿de quién depende? Del Gobierno. Pues ya está». Hecho al doble decir, Sánchez puede sostener una cosa y la contraria, dos opiniones contradictorias simultáneamente en la misma intervención, como ha venido corroborando en sus sabatinas televisivas durante los cien días de estado de alarma.

Así, en Venezuela, apoyándose de la noticia bomba de un periodista de The Wall Street Journal que halló una supuesta exclusiva mundial casi sin apearse del avión, como el mítico Helenio Herrera presumía de ganar los partidos de los equipos que entrenaba sin bajarse del autobús, el tirano Maduro denunciaba el enésimo complot de la oposición. Esta vez, no achacándoselo al socorrido Guaidó, sino a Leopoldo López desde la Embajada de España, donde vive acogido hace más de un año.

Tras anunciar a bombo y platillo la expulsión de la embajadora de la UE y de señalar la jefe de la legación española, Maduro apagó en horas el incendio que sirvió de hoguera de las vanidades para un periodista deseoso de emociones fuertes para entretener a desorientados lectores con patrañas recalentadas en el microondas. En anuncio de tentativas de golpe de Estado, Maduro ha superado al coronel Aureliano Buendía quien promovió 32 levantamientos y los perdió todos sin hacerle cambiar de opinión.

Por su parte, el populista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) apoyaba una supuesta conjura en un documento anónimo llegado al Palacio Nacional con el marchamo de Confidencial y bajo un sugerente título: «Rescatemos a México: Proyecto BOA (Bloque Opositor Amplio)». A pocos escapó que el acrónimo BOA buscaba establecer una analogía entre ese venenoso ofidio y la oposición para deslegitimarla y sugerir incluso la conveniencia de eliminarla.

Análogamente, buscando desembarazarse del juicio de residencia sobre una gestión del coronavirus que se ha cobrado casi 50.000 muertos sin imágenes de féretros en las televisiones y al que se comprometió cuando se levantase el estado de alarma, el presidente español lleva semanas atribuyendo a la oposición, singularmente al PP, su uso de la epidemia para «derrocar» al Gobierno. «¿En qué anda usted, señor Casado?», llegó a espetar la vicepresidenta Calvo al jefe de la oposición.

De hecho, cuando a Sánchez no le quedó otra que hacer una defensa de reglamento de González ante la investigación que quería montar su vicepresidente Iglesias al refundador del PSOE sobre los GAL, aprovechó el entuerto para remarcar que su salida del Gobierno se debió a un intento desestabilizador de la oposición, obviando la corrupción, el terrorismo de Estado o el desgaste de tres quinquenios en La Moncloa. Una respuesta pro domo sua en la senda de autócratas como el nuevo zar de todas las Rusias Putin o de democracias adulteradas como Venezuela o camino de ello como México.

A este respecto, clama al cielo y al sentido común que quien arribó a La Moncloa con menos escaños propios que nadie y merced a una sentencia falsa que auspició la moción de censura Frankenstein con quienes prometió que jamás pactaría y son sus aliados desde aquel junio de 2018, tilde de intento de derrocamiento el legítimo derecho de la oposición de fiscalizar y reemplazar a quien ostenta el poder.

Es una señal inequívoca de la deriva cesarista emprendida por quien, desde la asunción del Gobierno, abusa de los decretos-leyes y se arrogó poderes excepcionales aprovechando el estado de alarma (más bien de excepción) tras aplazar la adopción de medidas de emergencia contra la Covid-19 hasta celebrar el 8-M con claro menoscabando la salud de los españoles.

Mucho más tras haber dispuesto del voto favorable del PP en tres prórrogas del estado de alarma, junto al decreto-ley que regula la fase posterior, así como al ingreso mínimo vital y la candidatura de Calviño a la presidencia del Eurogrupo. Cuando el PSOE torpedeó en su día las aspiraciones europeas de los ex ministros Arias Cañete y Guindos. Después de superar en número y grado el respaldo de algunos de sus socios preferentes, el presidente del PP, Pablo Casado, podría tirar de humor y replicarle a Sánchez lo que Cantinflas, en la película Por mis pistolas.

Cuando el policía de aduanas, tirando de cuestionario oficial, le inquiere en el puesto fronterizo de Arizona, si alberga la pretensión de derrocar al Gobierno de EEUU, le suelta: «Ay, no sea payaso. Solamente que tuviera armas y esas las acaparan ustedes…». En definitiva, tres formas distintas y un mismo fin encaminado a desviar sus responsabilidades en línea con democracias iliberales de origen democrático que degeneran en regímenes autocráticos.

Pese a sus escuálidos 120 escaños, Sánchez goza, en efecto, de dos armas poderosísimas. De un lado, la configuración del Parlamento no permite auspiciar una moción de censura que lo desalojara de La Moncloa como él hizo con Rajoy; de otro, puede convocar elecciones anticipadas cuando le venga en gana, esto es, cuando considere que más le beneficia. Como ya auspició en noviembre con un plebiscito fallido que le llevó a formar el actual Gobierno de cohabitación socialcomunista.

No obstante, lo cual, su presente se complica viendo cómo bajan turbias las aguas de este Consejo de Ministros, pese a que Sánchez presuma de la unidad y solidez de un Gabinete que vive de taparse los escándalos mutuos. Al escándalo del ministro Marlaska, infligiendo el carácter de policía judicial de la Guardia Civil y poniendo a la Benemérita al servicio de la imagen del Gobierno mediante destituciones arbitrarias y promociones del mismo tenor que alteran el escalafón del cuerpo hasta convertir la obligada lealtad en domesticación partidista, se suma el del vicepresidente Pablo Iglesias. La instrucción judicial del robo y destrucción de la tarjeta telefónica robada a su asistente en su época de eurodiputado está patentizando que el dirigente podemita no era ningún perjudicado. De hecho, Iglesias arriesga ser imputado por el juez García Castellón.

Todo apunta a que la supuesta cloaca policial y mediática de la que se presentó como víctima no era tal, sino un montaje que amortiguara, como así fue, su caída en picado a raíz del escándalo de la adquisición de su casoplón de Galapagar.

Esta trama ha revelado una cloaca «transvaginal» –así la define sin pudor su propia abogada María Flor Núñez– con los fiscales del antaño caso Dina y hoy caso Iglesias. En parangón, por cierto, con la red vaginal para extorsionar a hombres públicosde la que se jactaba el ex comisario Villarejo ante la hoy Fiscal General del Estado en una francachela común grabada por éste y que llevaba a Dolores Delgado a festejarlo con un explicito «éxito asegurado».

Como en el chiste del paciente que acude aterrado a la consulta del dentista y, agarrando a éste por sus partes, le espeta mirándole a los ojos: «¿Verdad que no nos vamos a hacer daño, doctor?», la vulnerabilidad mutua de PSOE y Podemos asegura la soldadura de un Gabinete que no tiene inconveniente en comprometer para su defensa común a las instituciones del Estado.

Con una crisis sanitaria a pique de un repique con la posibilidad cierta de un rebrote y en medio de una emergencia económica, la gravedad del momento justificaría una avenencia entre los dos primeros partidos de España. Pero Sánchez ni busca ni trabaja por ello, sino por anular a la oposición mediante una estrategia que, por lo demás, le viene dando resultado. Todo ello ayudado por una componenda mediática a su servicio como jamás atesoró ningún otro inquilino de La Moncloa, ni siquiera con mayoría absoluta.

Por eso, la «geometría absoluta» que ahora arguye, en contraste con la «geometría variable» de Zapatero para aliarse con unos y con otros, pero nunca con el PP, tiene más de absoluta que de geometría al sustanciarse en acaparar todo el poder, no en llegar a acuerdos con todo el mundo. Pareciera buscar una oposición a la venezolana sometida a la amenaza de ser expropiada y encomendada su gestión a administradores designados por Maduro o bien asimilada a la boa de López Obrador con la que chantajea a sus detractores.

En una encrucijada en la que debe preservar el interés nacional sin renunciar a fiscalizar al Gobierno, Casado va a tener que desplegar la sagaz inteligencia de aquel privado al que su rey puso a prueba ordenándole lo imposible. Le entregó un carnero al que debía darle de comer todo lo que quisiera y que, al mes, debería devolvérselo flaco. Nunca creyó salir de aquel brete. Tras mucho cavilar, hizo construir dos jaulas que situó juntas introduciendo en una al carnero y en la otra a un lobo.

Al primero le daba su cumplida ración y al segundo lo tenía ayuno, de modo que sacaba su zarpa entre las rejas cada vez que el carnero se aproximaba a la comanda. Temeroso de la cercanía de su enemigo, la comida le hacía tan mal provecho que se quedó en los huesos. Aquel alcaide cumplió de este modo lo mandado por su monarca sin perder la gracia real.

Francisco Rosell, director de El Mundo.

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A detail of a painting entitled "Judith Beheading Holofernes" is pictured during its presentation in Paris
Judith decapitando a Holofernes‘, [s. 1605], de Caravaggio [Italia,1571-2610].

La izquierda fetiche

Jorge Bustos en El Mundo, 040720

El otro día Sánchez llamó fetiche a Pablo Iglesias delante de Ferreras. Apartó de su vista el rutilante impuesto morado a las grandes fortunas con un manotazo desdeñoso, casi colonialista: un explorador blanco soplando la llama de un chamán y encendiendo una linterna. En efecto, ese impuesto es un amuleto, quincalla reluciente para el collar de la propaganda, pero no sirve para recaudar y el Estado no come relato.

La diferencia entre Iglesias y Sánchez es que el primero ha traicionado su ideología sin dejar de profesarla, mientras que el segundo acredita una ideología transilvana que se refleja en los espejos tanto como en su tesis. Por eso gestionará la recesión según Bruselas le diga y después adaptará la estrategia a su glacial pragmatismo. Ahora bien, ¿qué hará durante la árida travesía la facción chamánica de su coalición?

Veamos. Podemos se fundó como hermandad contra la Casta, fetiche supremo que debía ser destruido para que de sus cenizas naciera la democracia popular. Como ya no está bien vista la guillotina de cuellos, se optó por la de bolsillos. El millonario como botín (y como Botín). Aquel cuento sacado de la polvorienta mitología complutense seducía no tanto por el brillo seudocientífico propio del marxismo como por su argumento tribal, donde no faltan villanos con gomina, héroes sin corbata y objetos mágicos como la renta básica y la justicia fiscal.

Para Marx, el fetiche de la mercancía oculta el valor del trabajo: el consumo es malo porque el precio aliena al obrero que produce la mercancía. Pero para Lacan, el fetiche es la condición del deseo del fetichista. El galapagareño Iglesias se ha acabado relacionando con el fetiche de la Casta no como un marxista sino como un freudiano: odiaba lo que más deseaba.

El opio religioso con que trafica Podemos ya estaba contraindicado para la economía mucho antes de la caída del Muro, aunque lo corta con fuertes sustancias identitarias como el constructivismo de género y la histeria penitencial del no racializado, ambas drogas de importación neopuritana yanqui. Pero hoy Podemos cogobierna la cuarta economía del euro, sistema regido por el limpio ateísmo de los números tras dolorosas experiencias de hechicería política. Ingresos, gastos, deuda, intereses, capital, redistribución: razones que alejan la poesía a medida que acercan la civilización.

Sánchez llamó fetichistas a sus socios y luego aseguró que la pandemia ha soldado la coalición. El soldado Iglesias, acorralado por un antiguo despecho sexual tanto como por el abrazo del oso socialista, sabe que lo que salva su actual cargo es lo mismo que mata sus viejas creencias. Y así, queridos niños, es como el mito da paso al logos, la ética de la convicción a la de la responsabilidad y la adolescencia a la madurez.

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La calma de Don Simón

 

Nota: La portada de EL PAÍS DEMANAL, corresponde a la
consiguiente entrevista.

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En lugar de tanta fotito y tanta risita, vete Simón

Eduardo Inda en ok diario, 060720

Entre risas, con ese cachondeíto ante la tragedia que a mí me revuelve las entrañas, reaccionó Fernando Simón en la enésima rueda de prensa cuando le interrogaron por la portada que le dedica hoy El País Semanal, en la que aparece vestido de motero para analizar su etapa al frente de la mayor crisis sanitaria que ha vivido nuestro país desde esa mal llamada Gripe Española de 1918 que dejó 300.000 fallecidos por estos lares.

Una imagen que es una burla a los cerca de 50.000 muertos, en gran parte por culpa de su nada graciosa incompetencia, a los 250.000 contagiados globales y a esos 50.000 sanitarios que vieron cómo en mayor o menor medida les sobrevino la enfermedad gracias a un Gobierno que les mandó a la batalla sin sistema de protección alguno.

Permitir un posado a lo Marlon Brando en Salvaje o a lo Schwarzenegger en Terminator con este balance a tus espaldas es un insulto a la inteligencia y, sobre todo y por encima de todo, una afrenta a las familias de los que se fueron sin tener que haberse ido tan pronto. A esa parentela que no pudo despedirse de sus deudos, a esos cientos de miles de españoles que ni siquiera saben si los restos que les devolvieron en una urna eran los de su ser querido. Estoy harto de los que se dedican a canonizar a este desahogado. A esta persona que, al contrario que el ministro Illa que ha destacado por su sobriedad y su seriedad, ha ido de gracioso —con cero gracia, obviamente— en una coyuntura que demandaba y demanda austeridad total en las formas.

No diagnostico al Fernando Simón ser humano, al cual no tengo el gusto o el disgusto de conocer. Desconozco si el antaño opusdeísta alumno de Montearagón y ahora fiel podemita es una buena, una mala o una mediopensionista persona. Lo que tengo claro es que en un país normal, en una democracia de calidad, un sujeto así estaría ya imputado, procesado o eventualmente condenado. Y destituido en la mismísima semana del confinamiento y de ese estado de alarma que tan cachondo pone a Sánchez. Es imposible hacerlo peor, fallar casi el 100% de las predicciones y los diagnósticos que ha formulado.

Me permito el lujo de darle unos consejitos a este individuo que nos ha situado, Pedro Sánchez mediante, como el país líder en todo lo peor. El que más número de víctimas mortales per cápita acumula, el segundo porcentualmente en contagiados tras EEUU y el líder en sanitarios infectados en términos absolutos —que tiene bemoles—. Allá van…

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, tendrías que explicarnos por qué el 28 de enero nos contaste una versión que te deja como un embustero de tomo y lomo: “España está preparada para hacer frente a esta situación”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, deberías pedir perdón por haber afirmado el 31 de enero, con el virus haciendo estragos en Wuhan, que “España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, deberías contarnos por qué seguías con ese tono tranquilizador cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) te había alertado de la gravedad de la pandemia el 23 de enero.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, sería bueno que nos justificases esas declaraciones del 9 de febrero, con ya un positivo en España, en las que jurabas y perjurabas que aquello “no implicaba ninguna situación de riesgo”. En fin, que la vida seguía siendo bella.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, no estaría de más que ahondases en esas aseveraciones tuyas de aquel mismo día en las que añadías que “este patógeno no requiere de medidas de aislamiento”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, nos tienes que confesar que eres un indocumentado. Porque, si no, no entiendo que el 12 de febrero nos soltases una frase que te perseguirá hasta el cielo o hasta el infierno, que ya no sé muy bien dónde acabarás: “La incidencia de la gripe es muy, muy superior a la que pueda tener el coronavirus. El riesgo es muy bajo. Lo cual no quiere decir que no pueda aparecer algún caso”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, sería menester que nos expliques dónde te regalaron el título. Una frase del 12 de febrero disparó las sospechas hasta el infinito: “Los nuevos casos están reduciéndose progresivamente”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, me puedes decir por qué te descongojabas por lo bajini el 13-F tras otra actuación para la historia de la idiocia: “En España no tenemos coronavirus de éste”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, no estaría de más que también aclarases por qué el 20-F nos arrojaste a la cara otra trola de marca mayor: “A nivel mundial el riesgo es moderado, en España, bajo”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, me encantaría que cuando te toque, que te tocará, le cuentes a su señoría por qué el 23-F diste un golpe a la salud de todos tus compatriotas al declarar que “el virus no está en España”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, me puedes traducir qué carajo significaba eso que salió de tu boca el 26-F y que hoy, visto lo visto, cuando tenemos que ir cubriendo nuestra boca hasta para ir a hacer nuestras cosejas al cuarto de baño, te deja nuevamente a la altura del betún: “NO ES NECESARIO QUE LA POBLACIÓN UTILICE MASCARILLAS”. ¿Por qué antes no, y ahora sí so pena de multazo de 100 euros? ¿Por qué en toda Asia este nuevo acompañante de todos nosotros era ya masivo y aquí tú nos disuadías de emplearlo?

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, algún día espero que nos ilumines a todos sobre esas afirmaciones del 28-F en las que subrayabas que “el escenario no plantea la supresión de actos públicos”. ¿Acaso te habían ordenado llegar como fuera al 8-M?

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, te agradeceríamos que nos desveles por qué seguías con ese tan optimista como trolero guión cuando el 25-F la OMS había lanzado una inequívoca alerta mundial sobre “una potencial pandemia”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, espero que también nos ilustres como experto por qué el 4 de marzo señalaste que “cerrar los colegios no reduciría el riesgo de transmisión” y seis jornadas más tarde decías “Diego” donde habías pronunciado ese contumaz “digo”.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, confío en que seas sincero y nos reveles si tienes problemas de conciencia tras haber alentado ese 8-M que disparó el número de contagios un 2.000% tras haber deseado que fuera “un éxito” y tras haber invitado a una concurrencia masiva asegurando que si tu hijo te preguntase si era conveniente ir o no, tú le responderías con un rotundo “sí”. Cuéntame también qué te parece moralmente el reguero de enfermos que provocó tu decisión: Carmen Calvo, Irene Montero, Carolina Darias, Begoña Gómez, su padre y la madre de Pedro Sánchez, entre otros muchos miles.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, me pregunto cuándo pedirás perdón a los españoles por haber aceptado la presión de tus jefes políticos olvidando las evidencias científicas para suspender esa bomba biológica que representaba y fue el 8-M.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, cruzo los dedos para que algún día admitas esa infamia que perpetraste el 7 de marzo cuando nos largaste un cuento chino que demuestra, bien que eres un científico de medio pelo, bien una mala persona: “La situación no cambia, sino que en algunos casos mejora”. Cinco días más tarde, anunciasteis el estado de alarma y nos preparasteis para un confinamiento que se ratificó públicamente el sábado 14. El resto de la historia es tan conocida como padecida por todos los españoles.

—En lugar de tanta fotito y tanta risita, Fernando Simón, sería bueno que te fueras de una vez si te queda algo de decencia. Maldigo la hora en que te pusieron a hacer frente a una tragedia que no supiste o no quisiste ver.

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El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias (i), junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d)

Hacer caridad o crear riqueza

Jesús Cacho enVozpópuli, 050720

Boris Johnson se destapó el martes con el anuncio en Dudley, una ciudad azotada por el paro en West Midlands, de un plan de inversión pública en infraestructuras que, por importe de 5.000 millones de libras, abordará la construcción y/o rehabilitación de hospitales, colegios y universidades, además de acometer obras públicas de envergadura como carreteras, cárceles o la alta velocidad entre Londres y el norte del país. “Build, Build, Build”, rezaba el lema del atril desde el que el premier británico lanzó su propuesta, en la que llegó a proclamarse heredero de Franklin D. Roosevelt, el presidente norteamericano cuyo “New Deal” sirvió en la década de 1930 para rescatar a la economía estadounidense de las garras de la Gran Depresión. Naturalmente no tardaron en aparecer en los medios los comentarios mordaces, algunos rozando lo cruel, a cuenta de la pretensión de un Boris que, muy tocado por la gestión de la pandemia, aspira a “enfrentar los grandes desafíos no resueltos de este país” con un programa de inversión de 5.000 millones de libras, una cifra importante, cierto, pero francamente modesta para tan altas pretensiones, cien veces inferior a la que, en dinero constante, puso en jaque en su día Roosevelt para rescatar a la economía yanqui.

En España, nuestro particular Boris también se ha echado en brazos de la hipérbole a la hora de vendernos una grandilocuente “comisión de reconstrucción”, la montaña que este viernes parió un ratón porque el asunto ha terminado como el rosario de la aurora. Nada con gaseosa. Inasequible al desaliento, Sánchez se sacó el viernes otro conejo de la chistera en forma de gran acuerdo con sindicatos y empresarios “por la reactivación económica y el empleo”, una cáscara vacía más, destinada a enviar a Bruselas un mensaje de unidad en un postrero intento por convencer a los líderes de los países del norte que se niegan a pagar las deudas de los del sur de que esta vez va en serio, ahora se van a hacer bien las cosas y deben por tanto soltarnos la pasta, porque si hasta los empresarios se muestran de acuerdo con su Gobierno eso es que la economía española está en buenas manos y tal vez merezca la pena pagar una nueva ronda en el bar de la solidaridad europea. “Tienes nuestro apoyo, presidente. Estamos aquí para sumar, por sentido de Estado”, dijo el viernes el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, a la hora de estampar su firma en el papelito. He ahí un tipo que se apunta a un bombardeo.

Dos líneas estratégicas. La destinada a dar gato por liebre a los líderes de los países “frugales” y a la propia CE con ese discurso de impostada unidad, y la verdadera estrategia del Gobierno de coalición que el jefe del Ejecutivo desveló esta semana cuando anunció subidas de impuestos para sostener el gasto público consustancial a todo Gobierno de izquierda radical. Pedro & Pablonecesitan el dinero del Fondo de Reconstrucción para salvar su Gobierno y, además, lo necesitan gratis total, sin ninguna condicionalidad. Subvención a palo seco. Y ni mentar la palabra “ajuste”. La realidad, sin embargo, es que en cuanto pasen las urgencias de una pandemia que nos ha obligado a endeudarnos no solo para salvar el tejido productivo sino para evitar que nadie se muera de hambre, la economía española está condenada a iniciar un proceso de consolidación fiscal, a pasar por la sala de máquinas de un ajuste, lo imponga o no Bruselas, entendiendo por tal un cambio sustancial de las políticas económicas que se han venido haciendo hasta la fecha.

Como aquí contaba José Luis Feito el viernes, para financiar los déficits y los vencimientos de deuda de 2021 en adelante será necesario contar con la ayuda de la UE y con la confianza de los mercados financieros, para lo cual resultará obligado enviar a esos mercados señales inequívocas de cambio en las políticas que se han venido haciendo, señales de disciplina fiscal, señales que muestren la voluntad de empezar a recortar paulatinamente el déficit y reducir la deuda en cuanto pase lo peor de la crisis, si no queremos que esos mercados nos den la espalda –suponer que el BCE va a servir de sempiterno coche escoba es pura ilusión– y la prima de riesgo se vaya por las nubes. De manera que en otoño el Gobierno, y sería magnífico que lo hiciera de acuerdo con la oposición, debería poner sobre la mesa una propuesta de reformas económicas y de política fiscal destinada a estabilizar primero y reducir progresivamente después la deuda pública a partir de 2021, ello en un paquete de medidas capaz de convencer a la vez a Bruselas y a los mercados financieros. Es el planteamiento que debería presidir el proyecto de PGE para el año próximo que la ministra Montero tiene en marcha, proyecto que incluirá las mencionadas ayudas de Bruselas, de donde se colige la importancia del Consejo Europeo especial a celebrar el 17 y 18 de julio, en el que deberían quedar perfiladas dichas ayudas.

Las intenciones del Gobierno de Pedro & Pablo naturalmente no van por ahí. Lo suyo pasa por acumular gasto, añadir el gasto que le impongan de Bruselas en forma de nuevos proyectos para poder recibir los fondos correspondientes al gasto público ya existente, imposible de financiar año tras año si no es acumulando deuda, incrementado además con toda suerte de pagas y paguitas a todo tipo de colectivos susceptibles de atraer al redil del voto cautivo, de manera que un dispendio se sumará a otro para traducirse en un aumento insoportable del gasto estructural, con el obligado recordatorio, además, de que los fondos de la UE se reciben una vez, pero el gasto incrementado se hace presente todos los ejercicios.

Eliminar el gasto superfluo

¿Qué es lo que debería hacer cualquier Gobierno respetuoso con el dinero del contribuyente? La fórmula la ha vuelto a dar el gobernador del Banco de España: suprimir de un plumazo el gasto superfluo. Lo contaba aquí Alejandra Olcese: “Resulta necesario establecer un mapa claro de prioridades, mejorar la eficiencia del gasto público en todas sus rúbricas y reducir aquellos usos de recursos que no revistan un carácter prioritario”, sostiene Pablo Hernández de Cos, quien en un párrafo resume el dilema existencial al que se enfrentará muy pronto España: “Este es un momento en el que no caben dudas: la política fiscal tiene que actuar de forma contundente para salvar empleos y empresas, y evitar así enormes costes sociales y económicos a medio y largo plazo. Pero una vez superada la crisis, nos encontraremos con el mayor nivel de deuda pública en muchas décadas. Tendremos entonces que embarcarnos en reformas presupuestarias profundas que reduzcan el endeudamiento y permitan afrontar posibles dificultades futuras”.

Llámenlo “ajustes”, esa palabra que produce urticaria en todo gobernante populista que se precie, inevitables a partir de 2021. Sánchez, sin embargo, ya ha explicado esta semana su receta: “Vamos a hacer una reforma fiscal, queremos tener un Estado de bienestar y vamos a hacer justicia fiscal”, anunció el jueves nuestro Demóstenes en el chiringuito de García Ferreras. Todo lo justifica ese mantra según el cual el Tesoro público recauda 7 puntos menos de PIB que la media de la zona euro, porcentaje que, calculado respecto al PIB de 2019, equivale a entre 80.000 y 90.000 millones de subida de impuestos de una tacada, dinero que la señora Montero quiere aflorar apretando las clavijas a las grandes empresas y a los tramos más altos del IRPF. “Que pague quien más tiene”, dice Sánchez apuntando a los ricos.

En el imaginario de la coalición social comunista late la tentación de financiar el socavón provocado por la pandemia con las subvenciones de Bruselas y mantener a flote el chiringuito del gasto público populista con la presión fiscal sobre unas amplísimas capas de clases medias condenadas a la pobreza, porque los ricos de verdad ya se habrán puesto a salvo. Al inicio de la tercera década del siglo XXI y en el marco de la UE, ese parece un intento destinado al fracaso que terminará en el momento en que Sánchez Pérez-Castejón, como le ocurriera a Rodríguez Zapatero el 5 de agosto de 2011, reciba una carta del Jean-Claude Trichet de turno, en este caso de Christine Lagarde y/o de Ursula von der Leyen, ordenándole acometer los recortes y las políticas económicas pertinentes a cambio de recibir la ayuda financiera suficiente para evitar la bancarrota de España, momento en el que al aventurero sin escrúpulos que nos preside no le quedará más remedio que agachar la cerviz y despedir a su compañero de bancada.España tiene viejas prioridades que abordar de una vez por todas, alguna tan simple y tan vieja como la de no seguir viviendo de prestado

Mientras ese momento llega, España seguirá cuan nave sin rumbo azotada por todas las tormentas. Es difícil imaginar el menor interés en abordar los problemas de fondo del país por parte de los socios parlamentarios que sostienen a este Gobierno y, si me apuran, por una parte importante del propio Gobierno, empeñado en imponer un modelo de sociedad incompatible con cualquier democracia liberal al uso. No pocas instituciones de la sociedad civil se afanan estos días, inasequibles a tan triste paisaje, en proponer grandes cambios para modernizar la economía española (FEDEA está produciendo papeles muy interesantes; el Círculo de Empresarios dio esta semana su propia receta), sin reparar en que eso de la economía “verde y digital” está muy bien como eslogan, pero España tiene viejas prioridades que abordar de una vez por todas, alguna tan simple y tan vieja como la de no seguir viviendo de prestado.

Matthew Lynn se lo decía anteayer a Johnson en The Telegraph: “Es cierto que ya no valen las mismas fórmulas, pero lo que necesitamos ahora no es un Roosevelt, sino un Reagan o una Thatcher. Alguien capaz de evitar la recesión y restaurar el pleno empleo mediante el recorte de impuestos, la desregulación y, lo más importante, el renacimiento de la confianza empresarial, la innovación y el emprendimiento”. La fórmula vale para una España que, por encima de todo, está obligada a llevar a cabo la definitiva consolidación de sus cuentas públicas -verdadera “reconstrucción”, más bien revolución, de nuestra economía-, reduciendo déficit y recortando deuda, liberalizando sectores, bajando impuestos a empresas y trabajadores, atrayendo inversión nacional y extranjera sobre la base de la seguridad jurídica, la ausencia de trabas burocráticas y la promoción de la competencia, en el convencimiento de que con ello se podrá crear más y mejor empleo y de que el dinero volverá a correr por las calles de España hasta entrar en las casas del último rincón del país. No hay otra forma de reducir la desigualdad que creando riquezaLo demás es caridad.

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Sísifo[1650], copia del original de José de Ribera 1591-1652,Museo del Prado].

Sísifos

Las memorias de Bolton son un documento riguroso que refleja los errores garrafales, la ignorancia suprema de la geografía política y las intempestivas y a menudo desconcertantes iniciativas de Trump

Jon Juaristi en ABC, 050720

Hay que imaginarse a Sísifo inmensamente feliz

Pocos meses después de publicar en español La luz que se apaga, el ensayo de Ivan Krastev y de Stephen Holmes sobre la extinción de Occidente, la misma editorial, Debate, saca a la luz los últimos pronósticos del politólogo búlgaro en un librito que no merece tanta esdrújula, pero que se deja leer más o menos a gusto (¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo).

Comienza afirmando Krastev que «de pronto, nos ha parecido estar viviendo una de esas distopías tan arraigadas en el imaginario popular» y cuenta haber recibido de un amigo, durante el confinamiento, un «divertido diagrama de Venn» que pretendía representar la situación de la pandemia mediante doce círculos superpuestos cada uno de los cuales aludía a una distopía popular, siendo la primera Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Hay que empezar recordando que Un mundo feliz es la traducción española, bastante arbitraria, del título inglés de la novela de Huxley, Brave new world, expresión que el autor tomó de La Tempestad, de Shakespeare (acto V, escena 1, verso 183) y cuya traducción literal sería «bravo nuevo mundo», tomando «bravo» como sinónimo de valiente, audaz e incluso de valentón (en nuestra literatura del Siglo de Oro el bravo venía a equivaler al arquetipo cómico del miles gloriosus, el soldado fanfarrón y camorrista), pero nunca de feliz. En 1971, el traductor de la novela al vasco, Xabier Amuriza, vertió el título original a un verso de un conocido zortziko de José María de Iparraguirre que cantaba el joven estudiante Unamuno, con el rostro arrasado por las lágimas, en el tren que lo llevaba de Bilbao a Madrid cada comienzo de curso.

Bai mundu berria, «nuevo mundo», es la segunda parte del verso «orai noa ikustera bai mundu berria» («Ahora, sí, marcho a ver el nuevo mundo»), con el que Iparraguirre se refería a América (como Shakespeare), y no a Madrid, donde había vivido, y que tenía más visto que el TBO (recuérdenme que algún día les hable del origen y sentido de esta última fórmula, hoy en desuso). Nuevo mundo fue, por cierto, el título que Unamuno dio a su primera tentativa novelesca, que narra las tribulaciones de un estudiante que vive de pensión.

Dentro de su laconismo eusquérico, el título de Amuriza/Iparraguirre es más fiel al sentido del de Huxley/Shakespeare que la versión española, pero hay que reconocer que esta ha tenido un éxito innegable en la imaginación popular (española e hispanoamericana). Se me ocurre que, abundando en el equívoco, quizá le habría quedado bien el título de Los esclavos felices, la ópera que Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826), el Mozart bilbaíno, compuso a sus catorce años.

Esclavo se opone totalmente a bravo, como bien sabía Espronceda («… cuando el yugo del esclavo/como un bravo/ sacudí»). Los esclavos, condenados a tareas repetitivas y degradantes, pueden ser tan felices como sus amos, o al menos eso piensan los amos. Los bravos dan por perdida la vida cuando sacuden el yugo del esclavo, afirma el Pirata de Espronceda. No es una condición envidiable. En cambio, el propio Camus sostenía que hay que imaginar a Sísifo feliz, arriba y abajo con el pedrusco toda la vida.

No sé qué puede tener la Nueva Normalidad en común con las distopías populares, pero, sin duda, hay gente que la vive ya como un mundo feliz. Sin ir más lejos, el presidente Sánchez Pérez-Castejón, el miércoles y con ocasión de la apertura de la frontera entre España y Portugal, declaró sentirse inmensamente feliz, lo que no es una novedad en el personaje, del que consta que ha sido inmensamente feliz desde que tuvo la fortuna inmensa de haberse conocido. A los demás ya se nos irá quedando cara de lo mismo, demos tiempo al tiempo.

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Ilustración de Fernando Vicente [España, 1963], para el texto

Casa de locos

Mario Vargas Llosa en El País, 050720

Aunque la Casa Blanca trató por todos los medios de impedir la publicación de las memorias de John Bolton, consejero del presidente Trump para la Seguridad Nacional entre abril de 2018 y septiembre de 2019, el libro, titulado The Room Where It Happened (El cuarto donde aquello sucedió), acaba de salir en Estados Unidos, luego de ser autorizado por los jueces.

Se trata de un grueso ensayo en el que Bolton cuenta con lujo de detalles su experiencia de trabajar un año y medio junto a Trump y lo critica con severidad, dando ejemplos abundantes de lo que todos ya sabíamos: que el presidente de Estados Unidos carece de la preparación más elemental para ocupar el cargo que tiene y los errores y contradicciones que por esa misma razón comete cada día, pese a la popularidad que obtuvo en los primeros años de su Gobierno y que parece haber perdido, hasta el extremo de que, según las últimas encuestas, lo derrotaría en las elecciones de noviembre el demócrata Joe Biden.

La expectativa que este libro ha despertado en Estados Unidos y en el mundo se debe, sobre todo, a que John Bolton es un conservador ultra, pero culto y bien informado, que colaboró en cargos importantes con los Gobiernos de Ronald Reagan y George Bush, del que fue embajador en las Naciones Unidas. Tanto en sus trabajos públicos como en sus comentarios en Fox News, Bolton ha defendido siempre las opciones más extremas —como, por ejemplo, en el caso de Israel, la capitalidad de Jerusalén para el Estado sionista, la ocupación militar de Cisjordania y, ahora, su anexión— y, desde que ganó las elecciones presidenciales, Donald Trump señaló que tendría un cargo importante en su Gobierno. En efecto, fue nombrado consejero para la Seguridad Nacional, encargado de orientar diariamente al presidente en cuestiones internacionales, acompañarlo en sus viajes, y, junto con el secretario de Estado, de coordinar y dar un sentido coherente a la política internacional de Estados Unidos.

Lo primero que descubrió Bolton en su nuevo trabajo fue que al presidente Trump le disgustaban los gruesos bigotes de morsa que él lleva y, lo segundo, lo despistado que suele estar en cosas tan elementales como la situación de Finlandia, de la que el mandatario norteamericano creía, ingenuamente, que no sólo no era un Estado independiente sino que formaba parte de Rusia. Aunque errores tan garrafales, que documentan una ignorancia suprema de la geografía política, aparecen a menudo en las memorias de Bolton, estas no tienen para nada el carácter chismográfico y delator que muchos lectores esperaban. Es, por el contrario, un documento riguroso, prácticamente día al día, de su experiencia de tener que informar, primero, y luego, manejar las intempestivas y a menudo desconcertantes iniciativas del presidente Trump (corregir sus errores, se diría) en las que suele incurrir y que han marcado su gestión gubernamental.

John Bolton pertenece a una familia obrera de Maryland y estudió Derecho en Yale gracias a becas y préstamos. Desde muy joven fue republicano y defendió las opciones más conservadoras y reaccionarias, con argumentos, es preciso decirlo, bastante más sólidos de los que suele usar aquel gremio político. Desde muy joven se declaró seguidor de las tesis del filósofo e historiador irlandés Edmund Burke y su primer libro, en el que explica sus convicciones políticas, Surrender Is Not an Option (La rendición no es una opción), fue un best seller. Este libro también lo será y quizás, lo más divertido del asunto, es que, por la oposición a Trump, la izquierda se haya apresurado a celebrarlo.

John Bolton llegaba a su oficina en la Casa Blanca a las seis de la mañana y allí tomaba desayuno con autoridades diplomáticas y militares; era la primera reunión de trabajo del día. En teoría, su labor consistía en trazar las grandes líneas de la política de Estados Unidos en el ámbito internacional; en verdad, su obligación era sobre todo tratar de entender lo que el presidente Trump quería en este dominio y tratar de poner orden y excusar y dar algún sentido coherente a las infinitas metidas de pata que el jefe del Estado cometía a diario en este campo.

Lo que cuenta es perfectamente explicable. Como generalmente no sabía dónde estaba parado, el presidente Trump desconfiaba de todo el mundo —salvo, quizás, de su hija Ivanka y de su yerno, un par de intrusos— y prestaba mucha más atención a la prensa, y, sobre todo, a la televisión, que a los grandes asuntos del día. Las reuniones con sus más estrechos colaboradores se caracterizaban, sobre todo, por la abundancia de feroces palabrotas que profería, y por el frenesí con que despedía y cambiaba a sus asesores. Que Bolton permaneciera a su lado más de un año y medio fue algo milagroso. Al final lo obligó a renunciar acusándolo de haber abusado de viajar demasiado utilizando los aviones militares, acusación disparatada cuando uno lee estas memorias, donde Bolton especifica con enfermiza pulcritud los viajes de trabajo que hizo y las condiciones en que viajó.

El libro desarrolla todos los temas internacionales importantes en los que Bolton intervino, de Libia a China, de Irán a Cuba, de Rusia a la Unión Europea, de Afganistán al Reino Unido, y, la verdad, el lector queda mareado con esa frenética actividad que, por lo demás, era poco valorada por Trump, cuando no brutalmente contradicha por sus salidas intempestivas ante la prensa, que, luego, los asesores, y sobre todo Bolton, debían enmendar cuidadosamente, sin que pareciera que desmentían a su jefe. El caos que documenta este libro sin humor, y en el que el mal humor fatalmente asoma, permite llamar a la Casa Blanca, sin exageración alguna, una verdadera casa de locos.

Por razones obvias, las cerca de cincuenta páginas que Bolton dedica a Venezuela tenían un interés especial para quien escribe esta columna. Uno advierte, desde el primer momento, que tanto Trump como sus principales colaboradores, se vieron sorprendidos con la enorme oposición a Maduro, que parecía apoyar a Guaidó, y, de inmediato, acordaron respaldarlo, pero, eso sí, descartando de entrada una acción militar contra el régimen chavista. Como se recordará, pese a este acuerdo, el presidente Trump amenazó una y otra vez con una acción armada a Maduro, sabiendo perfectamente que ésta estaba descartada de antemano y que sus bravatas carecían de toda consistencia. Por otra parte, en aquellas reuniones privadas y secretas, Trump mostraba cierto escepticismo con la figura de Guaidó, y, más bien, cierta simpatía secreta por Maduro, “ese duro”, la misma que, pese a todo, le merecía Putin, el nuevo zar de Rusia. Bolton analiza, con rigor, las difíciles relaciones que Trump ha mantenido con sus viejos aliados de Europa Occidental, y su inclinación sistemática por celebrar encuentros con dictadorzuelos medio locos, como el gordinflón que conduce Corea del Norte con mano de hierro o el nuevo amo de Rusia.

¿Qué sucederá ahora en Estados Unidos si una mayoría del pueblo estadounidense confirma en las elecciones de noviembre a Trump en el poder? Yo creo que sería una gran desgracia para Estados Unidos en particular y para el mundo libre en general. Por su ignorancia y por su arbitrariedad, Trump ha conseguido que su país se distancie de sus aliados tradicionales y se acerque, más bien, a sus enemigos, sin siquiera darse cuenta cabal de que así procedía. Este es el testimonio más importante de esta memoria de John Bolton. De ser así, por cuatro años más, aquellos ganarían todavía más terreno del que han conseguido ya en estos primeros cuatro años de su Gobierno. Vaya paradoja que un ultra reaccionario norteamericano como John Bolton haya mostrado cómo y por qué Trump debe ser derrotado en las elecciones de noviembre.

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2020. © Mario Vargas Llosa, 2020.

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PUTO VIRUS

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Necedades auditivas


[Viñeta dedicada a mi gran amigo Justo Coll, gracias al cual recuperé el precioso sentido del oido].

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Una copia de la declaración de independencia de Estados Unidos (1776).
Copia de la declaración de independencia de Estados Unidos (1776). Princeton University.

La Declaración de Independencia: bendición y maldición de Estados Unidos

Sábado, 04/Jul/2020 Juan Miró Sardá en El País

Más allá de proclamar el nacimiento de los Estados Unidos de América, la Declaración de Independencia supuso una auténtica declaración de intenciones que dejó claras las aspiraciones de la nueva nación. Desde su promulgación el 4 de julio de 1776, la elocuencia de su mensaje se convirtió en un poderoso mito fundacional, el origen de un destino común venerado por el pueblo estadounidense.

Hoy en día, la Declaración sigue siendo una referencia para aquellos que anhelan convertir a EE UU en el país más justo e inclusivo del mundo. Paradójicamente, la Declaración constituye también un obstáculo para conseguir ese objetivo.

Redactada y firmada por los llamados Padres Fundadores con Thomas Jefferson a la cabeza, en su segundo párrafo la Declaración afirmó como verdades “evidentes en sí mismas” que “todos los hombres son creados iguales” y que “la libertad y la búsqueda de la felicidad” son “derechos inalienables”.

La claridad y rotundidad de estas afirmaciones son innegables y su impacto ha marcado el devenir histórico del país. La Declaración es la base del “excepcionalismo americano” que ha ensalzado a EE UU como una nación única, bendecida en su creación por ideales democráticos y no limitada a vínculos ancestrales a un territorio.

Es una idea radical y extraordinariamente atractiva: una nación abierta a todos los que quieran unirse a ese ideal de libertad e igualdad. No en vano, en un país que orgullosamente se auto identifica como una nación de inmigrantes, la Declaración ha sido el motor del “sueño americano” que ha atraído capital humano de todo el mundo y ha impulsado los grandes logros de EE UU.

Existen sin duda buenas razones para celebrar la Declaración de Independencia, pero este año, los fuegos artificiales del 4 de julio suenan para muchos a grandilocuencia hueca. Desde hace varias semanas y empujado con furia por protestas ciudadanas denunciando la violencia policial contra la población negra, el país se ha mirado al espejo y ha reconocido con vergüenza un racismo sistémico enquistado.

Las protestas han puesto en el punto de mira la dolorosa dificultad del país para hacer honor a los pronunciamientos de la Declaración. Es una dificultad que acompaña al país desde su fundación. Uno se pregunta: ¿cómo es posible convivir con la esclavitud durante 89 años después de haber declarado solemnemente que “todos los hombres son creados iguales”? ¿cómo es posible que, en 1965, cien años después de abolir la esclavitud, el matrimonio interracial fuera todavía un crimen en casi la mitad de los Estados del país?

Para entender estas paradojas es necesaria una lectura más profunda de la Declaración. El contexto histórico arroja luz sobre lo que los Padres Fundadores quisieron decir, más allá de lo que textualmente dice la Declaración. Muchos de sus autores, incluido Jefferson, eran dueños de esclavos y, obviamente para ellos, el hombre negro, pudiendo ser su propiedad, no podía ser su igual. Los nativos americanos solo se mencionan en la Declaración como “indios salvajes” y quedaron también ajenos a los derechos descritos en la Declaración.

La Declaración estableció grandes aspiraciones para la nueva nación, pero también señaló implícitamente quién tenía derecho a reclamarla como suya: el pequeño círculo de terratenientes blancos y protestantes al que pertenecían sus autores. Los negros y los indígenas americanos, quedaron explícitamente apartados. Esta hipocresía ha sido llamada el pecado original de la fundación de EE UU. Una maldición que continúa lastrando su progreso.

La historia del país es en gran medida la ardua lucha por dar entrada a minorías de todo tipo, excluidas de ese pequeño círculo inicial y que precisamente han invocado una y otra vez el texto de la Declaración para justificar sus derechos.

Con el paso del tiempo, los descendientes de los autores de la Declaración (algunos con entusiasmo, otros a regañadientes y otros de tan mala gana que llegaron a provocar una guerra civil) ampliaron poco a poco el círculo, otorgando derechos a grupos “extraños”, no solo a negros e indígenas. Judíos, católicos, italianos, chinos, irlandeses, hispanos, etc. han sufrido discriminación por motivos religiosos o por ser percibidos como “culturalmente diferentes”. Algunos grupos como los de ascendencia italiana e irlandesa han entrado plenamente en el círculo de la América blanca. Otros grupos como los musulmanes o los hispanos continúan sufriendo hoy la discriminación y los ataques del nacionalismo xenófobo que Donald Trump sabe explotar con maestría.

La retórica racista Trump se basa en incitar miedos similares a los que azuzaron otros arrebatos racistas de la historia de EE UU. Por ejemplo, en la década de 1920 el país adoptó las ideas de jerarquía racial de la eugenesia. Promovidas por la formidable maquinaria universitaria americana liderada por Yale y Harvard, esas ideas justificaron el racismo, establecieron el supremacismo blanco, y produjeron políticas abiertamente racistas como el bloqueo a la inmigración de grupos étnicos “indeseables”, la segregación, la esterilización forzada y la criminalización del matrimonio interracial. El objetivo era aplacar el temor a lo que el presidente Theodore Roosevelt llamó “suicidio racial”, es decir, la disminución del dominio de la raza angloamericana o raza nórdica, considerada la raza maestra.

Consciente de que esos miedos viscerales no han desaparecido, Trump sabe presentarse como el defensor de la esencia del país contra enemigos o invasores indeseables (mexicanos, chinos, musulmanes, etc.). Su intolerancia atrae a los estadounidenses que, consciente o inconscientemente, anhelan al mando de su país una versión actualizada de los Padres Fundadores, ahora representada por White America.

“Primero fue la Declaración de Independencia, luego, la Constitución. Ahora es Tiempo para ponerse duro”. Así promocionaba Trump su libro, Time to get tough, que usó de lanzadera para la campaña electoral del 2016. Espoleado por un slogan nostálgico, Make America great again, su mensaje es de mano dura y de vuelta al glorioso pasado empezado por la Declaración. Además, manipulando los miedos de los blancos cristianos, promovió una calculada campaña contra Barak Obama, primer presidente negro, acusándolo falsamente de ser musulmán y un impostor que no había nacido en EE UU. Trump representa la vuelta a la normalidad, “es uno de los nuestros” claman sus seguidores.

La Declaración de Independencia, a pesar de su pecado original y la interpretación reaccionaria que la sigue persiguiendo, es todavía un foco de esperanza por el poder intrínseco de las palabras. En un sermón celebrado el 4 de julio de 1965, después de recitar el famoso segundo párrafo de la Declaración, Martin Luther King dijo: “Esto es un sueño. Un gran sueño… Nunca antes en la historia del mundo ha habido un documento sociopolítico que expresara de una manera tan profunda, elocuente e inequívoca la dignidad y el valor de la personalidad humana”. Poco después King fue asesinado pero las palabras que lo inspiraron nunca podrán ser silenciadas.

Juan Miró Sardá es profesor en la Universidad de Texas.

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La lengua vaciada

Las palabras que usamos dicen mucho de cómo somos, también dicen qué somos como sociedad

Viernes, 03/Jul/2020 Lola Pons Rodríguez en El País

Iban a la misa de tarde, se sentaban en la oscuridad fresquita de la iglesia: unos minutos de silencio, el murmullo de la plegaria en común, el esquema repetido de un rito. Al salir se encontraban con la calentura que brotaba del suelo de su pueblo de Andalucía, el alboroto de la casa o el abejeo de una preocupación en la cabeza. No puedo valorar si esa rutina de mis abuelas era sincera piedad ante lo sagrado o un rato merecido de autocuidado y de introspección, pero se parece a la llamada a la meditación y a la respiración consciente que hoy se denomina mindfulness.

Por algún lugar de la casa deben estar arrumbados, con los dobleces de la dejadez, los manteles de punto que ellas cosían con dibujos concéntricos cuyas ondas variaban desde el centro. Las puedo recordar embebidas en esa práctica, inventando o no sus formas perfectas, con el cálculo hecho a mano y la finura de la vieja labor. Hoy esos diagramas se llaman mandalas, les echamos encima una interpretación oriental que en general no entendemos y nos parecen entonces una práctica refrendada. La artesanía de la almazuela se ha popularizado como patchwork; la parte final, más artística y creativa, de los viejos cuadernillos de caligrafía es ahora la base de volúmenes caros de lettering y en YouTube los prescriptores nos enseñan a hacer diy —do it yourself, pronúncielo el lector di-ei-guay—, o sea, manualidades que son tan de dudoso gusto como las que ornaban los televisores de antes. Los ejemplos podrían seguir.

En la lengua los hablantes sentimos particular gusto por reemplazar las palabras que hemos heredado en favor de otras nuevas, las que hacemos propias de nuestra generación. Las vemos más exóticas, más originales, más exclusivas, menos manchadas de ranciedad o de adherencias de otro tiempo. La renovación léxica es propia de cualquier lengua y buen síntoma de que esta se mueve y está viva. No es raro que un mismo concepto cambie de nombre porque los hablantes rechazan la vieja palabra en favor de la nueva: el alfayate medieval fue llamado sastre a partir del siglo XVI y otros arabismos fueron reemplazados por la consciente acción de los hablantes. Tan común es este proceso como la crítica que suscita.

Ante cualquier caso de sustitución en el vocabulario, la renovación léxica suscitará la desaprobación del purista, el abrazo del amante de la novedad y la mirada desapasionada del estudioso de la lengua, que se limita a observar qué hace la sociedad para diagnosticar por dónde va transcurriendo el cambio lingüístico. No es nada nuevo ni sorprendente. Pasa en la lengua y pasa en otras áreas de la vida: en política, el que viene pretende limpiar el despacho que ocupa, cambiar las fotos y modificar las leyes; en los bares, el nuevo cocinero sustituye la carta del anterior aunque hubiera platos estupendos.

Pero no hablo del vocabulario, no me alarmo ante la palabra que postergamos por otra. Hablo de los versos de Ángel González: “Cuando un nombre no nombra, y se vacía, / desvanece también, destruye, mata / la realidad que intenta su designio”.

Con la palabra nueva estamos barriendo la validez de los hábitos de antes. Postergamos las palabras con que se nombraban muchas de las prácticas cotidianas de nuestros viejos para adoptar palabras nuevas a las que le conferimos una trascendencia ideológica de la que con toda simpleza hemos desposeído a las palabras de otro tiempo. No solo nos traemos a la palabra foránea, sino a toda una ideología que la rodea, una ideología que, curiosamente, contribuye a que consumamos y paguemos por aquello que, con otro nombre, hacían nuestros abuelos prácticamente sin abrir la cartera.

Esto no quiere ser un canto a luchar contra la novedad léxica. La palabra nueva prestigia y es humano que ello ocurra, pero es triste que sea a cambio de que lo viejo se desprestigie y que lo asociemos a algo más rancio y menos legítimo. Estamos orillando con desdén las prácticas de los mayores, vaciando la lengua de sus palabras: tu abuela haciendo punto es una carca, pero si tú te metes a knitter es que haces cosas por ti mismo para huir del capitalismo y buscar la sostenibilidad.

Las palabras que usamos dicen mucho de cómo somos, también dicen qué somos como sociedad. Somos la sociedad que huye volando de la vejez con la capa inventada del neologismo. Somos la sociedad que ha despreciado el huerto en que pasaban las mañanas los abuelos y luego se ha llenado la boca hablando de local food y de las lentejas veggies. Seguramente no es lo peor que le hemos hecho a nuestros viejos en este año de pena, pero antes de la pandemia ya les estábamos haciendo el vacío a sus palabras. Qué irrespetuosos podemos llegar a ser, qué adanistas, qué tontos, madre mía. Oh my God.

Lola Pons Rodríguez es catedrática de Historia de la Lengua en la Universidad de Sevilla. Recientemente ha publicado El árbol de la lengua (Arpa Editores).

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Venga, acérquese y opine

Sábado, 04/Jul/2020 Encarnación Roca Trías ABC

Han abierto los museos. Cuando el director del Prado presentó la nueva forma de mostrar sus cuadros, dijo que la muestra significaba la destilación del perfume del Prado, su quintaesencia. Viejos conocidos en un orden nuevo. Eso tan simple y tan cierto no es sencillo. Implica una toma de postura, una concreta respuesta, a diversas preguntas que los cuidadores del tesoro, los narradores de la historia se han formulado antes de aplicar un nuevo método de exhibición. Quizá sea presuntuoso por mi parte intentar explicarlo: no soy técnica en estas materias. Pero ¿por qué no permitir a un simple espectador dar su opinión después de emocionarse con una visita increíble, provocadora de sentimientos desconocidos ante la belleza conocida, pero redescubierta?

Un museo no deja de ser una acumulación de un determinado tipo de objetos, desde piedras en los de mineralogía, hasta cromos; es decir, una colección. Haciendo caso a los teóricos, el coleccionismo del que luego se va a beneficiar el museo, «tiene su base en actividades lúdicas, que se encuentran insertas en la propia naturaleza humana» y su acopio en un recinto, temático o no. ¿Para qué sirve entonces? ¿Para mostrar la vanidad de quiénes han acumulado estos tesoros a veces muy elementales, pero muy importantes para quien los colecciona? ¿Para hacer reflexionar sobre acontecimientos históricos relevantes? ¿Para mostrar una parte de la historia de un determinado sector del arte? ¿Para honrar a un autor, sea escultor, pintor, músico? ¿Para excitar a visitantes, la mayoría de las veces indiferentes, a un paseo entre cosas que apenas comprenden pero que les van a proporcionar tema de conversación y quizá les ayudarán a cambiar su percepción?

No voy a discutir este problema. Solo soy una usuaria más y lo que desearía intentar expresar aquí es qué función cumple para mi y para personas como yo la existencia de un museo. Por qué voy al museo. Puedo entender que no todo el mundo esté interesado en destapar el tarro de las esencias. No siempre puede entenderse en qué consiste y a veces marea. Un museo puede ser una simple acumulación de cosas y entre ellas alguna vez se descubre la perfección de un vaso griego o de un cuadro emocionante. Para que no sea esto, para que la acumulación tenga un sentido, es necesario que el museo nos cuente una historia. Y cada museo tiene la suya y al mismo tiempo, tiene su narrador, que no debe desvirtuarla, sino hacer que aparezca de una forma cristalina cuál es la esencia pura de aquel museo.

Para centrarme voy a intentar explicar en qué consiste al menos para mi, la esencia de un museo como el Prado. Es bien sabido y no voy a descubrir nada, que el Prado aloja un tesoro histórico: lo que resta, que es mucho, de la colección de pintura de los Reyes de la casa de Austria, a la que se añade la más reducida de la casa de Borbón y, sobre todo, Goya y otras adquisiciones posteriores. Esta es la historia. Una historia emocionante en sí misma considerada, porque el tesoro ha sobrevivido a muchas circunstancias adversas: incendios, guerras y saqueos, una guerra civil y ahora, una pandemia. Y la belleza sigue estando ahí intacta, emocionante. Pero ¿es suficiente la emoción para justificar la existencia de un museo? Algunos dirán que sí, pero hoy se exige algo más. Los sentimientos románticos no justifican las inversiones económicas cuantiosas, en estados que deben equilibrar gastos para afrontar necesidades sociales, gastos en la promoción de derechos fundamentales como la educación, el cuidado de la salud, el acceso a la cultura y otros importantes elementos que constituyen el núcleo de los derechos fundamentales que conforman el estado del bienestar. Por tanto, aparte de la historia, que es mucho, ¿qué justifica un museo?

Intencionadamente, voy a caer en un tópico: la investigación y la enseñanza. Es decir, la interpretación de lo que está colgado en sus paredes o exhibido en sus salas. Es un tópico, porque si se leen las actividades de los museos, de las grandes bibliotecas, todos dedican una parte importante de sus actividades a la enseñanza; hablan menos de la investigación, pero no hay enseñanza sin una investigación previa. Parece que con ello justifican su propia existencia. Pero es no solo es eso. Porque previamente hay una labor de interpretación de lo que allí existe.

Un director de museo, el narrador principal, puede decidir mantenerlo con las distribuciones tradicionales de las obras en sus salas: por autores; geográficamente; por la importancia que atribuyen a las obras los diversos críticos y estudiosos que se han dedicado al museo; por escuelas, suponiendo que las haya. Puede elegir mostrar unas cosas y otras no. Puede cambiar la distribución. Pero con cualquiera de estos métodos llegará a un único resultado: la emoción. O el hastío, porque los visitantes acabarán cansados de ver obras maravillosas, junto a otras que no lo son tanto, sin posibilidad de llegar a conclusiones por sí mismos sobre lo que significan, sobre por qué hay temas que se repiten. O bien puede ofrecer una interpretación traducida en una forma de distribuir las obras que haga pensar. Si se cuelgan los cuadros de Goya relacionados con la Guerra de la Independencia junto a la Familia de Carlos IV, se está incitando al visitante medianamente enterado a relacionar acontecimientos históricos que han ocurrido en la misma época y a los mismos protagonistas. O si se colocan juntos los dos cuadros de Rubens y Goya de Saturno devorando a sus propios hijos, se puede concluir que se trata de un tema mitológico, común entre pintores y que no hay copia por elegir el mismo tema, sino un diferente acercamiento a una historia común. O si se ponen los retratos de los bufones de Velázquez al lado de las Meninas, con sus propios bufones, concluiremos que eran personajes comunes en la Corte de la época. O podremos ver también cómo los pintores se miraban en épocas distintas y en la misma época, sin que eso comporte la denigrante imputación de copia.

La interpretación del narrador de la historia hace comprensible la propia historia. Aunque el método sea distinto. Vean así la nueva muestra del Prado, que no tiene el marchamo de exposición, pero sí lo es.

Encarnación Roca Trías es vicepresidenta del Tribunal Constitucional y Académica de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

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Universidad feminista, vascos, Simón y clase media

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Montero publica un manual de actividades para «educar en diversidad»: sopas lésbicas y círculo de abrazos

Raquel Tejero en ok diario, 030720

El Ministerio de Igualdad, dirigido por Irene Montero, ha publicado un documento en el que recoge decenas de actividades dirigidas a profesores y otros docentes para formarles en «diversidad sexual». Entre las variopintas iniciativas propuestas se incluyen un «círculo de los abrazos» y una «sopa lésbica».

La iniciativa ha partido desde la Subdirección General para la Igualdad de Trato y la no Discriminación, dependiente del Instituto de la Mujer de Beatriz Gimeno. La entidad pública parte de la premisa de la necesidad de educar a los que educan en la importancia del respeto a la diversidad. De esta manera sostienen que «las personas LGBTI+ y todas aquellas que cuestionan el sistema sexo/género continúan encontrándose en riesgo de exclusión, discriminación y, en casos extremos, de sufrir agresiones y diferentes formas de violencia». Por ello han decidido publicar este manual de más de 150 páginas en el que se proponen actividades de formación.

Una de las múltiples actividades recogidas y dirigidas a docentes es el denominado «círculo de los abrazos». Funcionan así: los asistentes deben formar un círculo de unas 10 personas y una de ellas debe colocarse en el centro con los ojos vendados con un pañuelo. A continuación, «acompañados de una música tranquila», el resto de los participantes abrazarán de uno en uno a la persona que se encuentra en el centro.

La finalidad de esta actividad, según el documento de Igualdad, es favorecer la expresión de la afectividad y propiciar el contacto emocional y analizar los estereotipos de género. Para cumplir con estos objetivos se pregunta a los participantes varias cuestiones: ¿Eran iguales unos abrazos a otros? ¿Qué los diferenciaba? ¿Cómo nos sentimos durante la experiencia? ¿Qué imágenes nos vinieron a la mente? ¿Qué emociones?

Otra de las actividades es una versión especial de la tradicional sopa de letras. En lugar de ello, proponen una «sopa lésbica». Se trata de encontrar términos como chicazo, bollera, tortillera, camionera, marimacho o sáfica. La idea es identificar las palabras una a una para después analizarlas «evidenciando cuáles y cuántas son despectivas o insultantes».

«De las 12 palabras, sólo hay una que no tiene connotaciones negativas e incluso se puede considerar un cultismo: sáfica”, comentan en las «líneas de análisis» propuestas.

Sin embargo, el documento sostiene que muchas de ellas como ‘machorra’ o ‘camionera’ se refieren a «la masculinidad femenina identificándola con la orientación sexual, creando así una confusión conceptual donde lo que se penaliza es la disidencia respecto a las normas de género».

En el caso de la palabra ‘tortillera’, sostienen que su origen no está claro, pero que es una palabra despectiva que «probablemente provenga de la palabra ‘torticera’ cuyo significado es irracional, ilegítima».

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Imagen de la calle Preciados desde la Puerta del Sol en Madrid.
Imagen de la calle Preciados desde la Puerta del Sol en Madrid.
Jesús Hellín / Europa Press

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Ilustración del Alberto Morales ‘AJUBEL’ [Cuba, 1956] para el texto

En Euskadi nada es lo que parece

El autor, en vísperas de las elecciones vascas, analiza la hegemonía nacionalista del PNV en una comunidad en los que la mayoría de sus habitantes, según las encuestas, se sitúan a la izquierda.

Joseba Arregi en El Mundo, 030720

SE PODRÍA decir que nos encontramos a medio camino: las elecciones tocaban en otoño, el lehendakari Urkullu las quiso en primavera, y las vamos a celebrar a comienzos del verano. En un tiempo que no sabemos todavía si es tiempo o no, puesto que los responsables políticos se han empeñado en llamarle nueva normalidad, no sabemos si somos viejos, si somos los de antes, si somos nuevos, ni en qué tiempo estamos. Puede haber incluso quien en esta nueva o vieja incertidumbre piense que ya está bien de juegos y que no merece participar en este juego que nos proponen los responsables políticos que atienden solo al tiempo de las encuestas que les son positivas.

Una comentarista política se refería recientemente, en un medio regional, a unas encuestas que daban como resultado, en resumen, que la mayoría de la población vasca se situaba en la izquierda o en el centroizquierda político. Los vascos son progresistas, son mayoritariamente de izquierda. Al mismo tiempo, sin embargo, casi todos los analistas afirman que el panorama político vasco goza de una enorme estabilidad, que van a ganar los de siempre, que la fórmula de gobierno será la misma y que, por lo tanto, no va cambiar gran cosa, más bien nada.

Y entonces uno se pregunta: ¿cómo es una sociedad de izquierda o de centroizquierda, una sociedad mayoritariamente progresista, que no quiere ni pretende que cambie nada? Hubo un tiempo en que el término izquierda significaba capacidad de crítica de lo existente, crítica del poder, crítica de la situación. Pero parece que esos tiempos pasaron. Más aún: parece que esos tiempos estaban equivocados. Lo progresista en Euskadi, ser de izquierdas en Euskadi, radica en no querer que la situación cambie, que las cosas sigan igual.

Claro que lo que dicen los vascos de sí mismos en las encuestas es que quieren parecerse a lo que está de moda: si la moda es parecer de izquierdas, parecer progresista, repetir los eslóganes que la corrección política dice que son progresistas y de izquierdas, entonces la sociedad vasca dice de sí misma que es mayoritariamente progresista y de izquierdas. Pero lo que simplemente está diciendo es que quiere salir guapo en la foto que se saca a sí misma, en el selfie que se hace en la encuesta. Guapo según la moda, siguiendo los cánones, nunca mejor dicho, de la opinión dominante. ¿Será que ser progresista y de izquierdas consiste en seguir la moda, en no poner en cuestión nada de lo que la opinión hegemónica dice y afirma?

A esta imagen que se hace la mayoría de la sociedad vasca, sorpresivamente, aporta mucho la imagen que desde fuera –y en Euskadi decir desde fuera significa casi siempre desde Madrid, aunque parezca mentira–, se traslada a Euskadi, los elogios que los periodistas parlamentarios han venido haciendo en los últimos largos años de los portavoces nacionalistas en el Congreso, de su sentido de Estado, de su pragmatismo, de su moderación. Los héroes políticos para una parte de la prensa madrileña son Urkullu, Aitor Esteban y Andoni Ortúzar.

Y parece que no es posible preguntarse cómo se puede ser hombre de Estado sin asumir de verdad la Constitución en la que se basa dicho Estado, cómo se puede ser moderado y pragmático negándose a que los parlamentarios del Parlamento vasco tengan que jurar o prometer la Constitución, cómo es posible que sea moderado pactar, ¡en el Parlamento vasco!, con Bildu el futuro político de la comunidad vasca en línea del fracasado pacto de Estella/Lizarra que excluía a la mitad de la población de ese futuro, en línea con el Plan Ibarretxe que jugaba con la misma exclusión.

Uno se pregunta cómo se puede ser moderado, progresista y de izquierdas jugando a representar en la institución del conjunto de la nación política que es España solo a una parte de los ciudadanos vascos y sus intereses particulares, nunca pensando en el bien común de los españoles, en el progreso en igualdad y libertad de todos los españoles, transformando la cámara de representación ciudadana en igualdad de derechos y libertades en cámara de representación de intereses particulares y particularistas, sin preocuparse por ninguna visión de conjunto.

Hace ya años, algún periodista, no sé si avispado o ingenuo, le preguntó al entonces portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados a qué iban ellos a Madrid. La respuesta fue muy clara: a trincar. ¿A ayudar en la gobernanza del Estado? Suspenso. ¿A consolidar la gobernabilidad del Estado? Suspenso. A apoyar al Gobierno más débil, al que mejor se pueda chantajear a cambio de los poquitos votos nacionalistas. A mirar solo lo que en su visión nacionalista es mejor para la sociedad vasca. Nunca con vistas al conjunto de ciudadanos españoles. Trincar es el verbo que mejor define, mucho mejor que cualquier análisis sociológico o politológico, el comportamiento electoral de los vascos. Éstos votan mayoritariamente la defensa de lo que afirman los líderes políticos y mediáticos, el diferencial en bienestar de la sociedad vasca.

Y el garante, el que trae ese diferencial de Madrid, es el nacionalismo. La única competencia que tiene el nacionalismo del PNV es el nacionalismo de Bildu/Sortu. Pero pueden intentar definir el futuro político de los vascos pensando solo en ellos, y no en el resto de vascos no nacionalistas. Es una competencia por el reparto del botín. Solo que unos saben que llevan una rémora que impide que su proyecto sea asumible como legítimo en democracia porque se asienta en la historia de terror de ETA, y los otros saben que tienen también su propia rémora, la conciencia de que la mitad de su electorado sólo piensa en ese diferencial y en nada más. Sobre todo, en ninguna veleidad radical nacionalista.

Los demás son comparsas. El PSE-EE encantado con estar en el gobierno y creer que con ello modera al nacionalismo. Los de Podemos –no sé si se llaman así en Euskadi– descubriendo que su función es mediar entre el nacionalismo radical y la izquierda, olvidando que eso fue lo que intentó ETA en su día, compaginar el imaginario nacionalista y el imaginario socialista-comunista. Pero sabiendo que, llegado el momento, no tienen fuerzas para negarse a hacer frente común en lo que se llama la defensa del autogobierno, la profundización del autogobierno, el aumento de la autonomía.

Todo ello basado en otra falsedad, el listado de competencias no transferidas desde tiempo inmemorial, confundiendo intencionadamente competencias propiamente dichas –prisiones y el régimen económico de la Seguridad Social–, con delegación de competencias exclusivas del Gobierno, con competencias de reglamentación etc., que en el fondo no son más que oportunidades de colocación por medio de la creación de nuevos entes administrativos o para-administrativos. Y así todos contentos, tratando de tener algún familiar, amigo o buen conocido que pueda abrir la puerta para acceder a los muchos, muchísimos puestos, que dependen de la buena voluntad de los que mandan, y mandan siempre.

SOLO tenemos un problema en Euskadi: como leemos y escuchamos tanto unas frases que poseen el mismo sentido –somos los primeros, somos pioneros, estamos por encima de la media, estamos por encima de la media de cualquier país europeo, hasta Alemania, país que inventó hace muchísimos años la formación profesional dual, tiene envidia de la formación profesional vasca, tenemos más ingenieros que cualquier país europeo, gastamos más que nadie en España en educación y en sanidad– hemos llegado a creer que no tenemos que mejorar nada. Nos ahogamos en nuestro triunfo y en nuestra satisfacción. No existe el más mínimo sentido de crítica.

Olvidamos lo que dijo hace ya más de cien años John Dewey, de la escuela pragmatista de Chicago y miembro influyente en el new deal de Roosevelt: «En estos momentos en que lo más necesario es la creatividad y la innovación, lo que más importa es la crítica, y en especial la autocrítica».Pero en Euskadi la crítica ha sido sustituida por el turiferario, el incensario, y la autocrítica por el botafumeiro. Y aquí seguimos inmersos en una nube de incienso que puede terminar ahogándonos. Pero incluso en ese momento gritaremos: «Somos los mejores».

Joseba Arregi es ex consejero del Gobierno Vasco, es ensayista.

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lustración, autorretrato,  de  Jesús Roldan [‘Roldanus’; España, 1970]
I

El ángel Simón

Cristian Canpos en El Español, 030720

i enhorabuena al genio de los simbolismos dobles que ha fotografiado a Fernando Simón para la portada de El País Semanal. Allí donde la izquierda verá a un seductor y relajado epidemiólogo con alma de motero, epítome del molonismo socialdemócrata, la derecha verá a un ángel de la muerte que ha vendido su alma al diablo sanchista a cambio de un puñado de caricias mediáticas en el lomo de su pantagruélica vanidad.

Si uno acerca la oreja a esa portada puede incluso oír ronronear a Simón.

Y eso que 45.000 muertos contemplan a este Fausto zaragozano desde la fosa común cavada por su descomunal incapacidad. Los falsos soberbios tenemos buen ojo detectando falsos modestos, y créanme cuando les digo que si existe hoy un ego en toda España capaz de rivalizar con el del presidente del Gobierno, ese es el de un Fernando Simón deslumbrado por su conversión en icono pop de la generación de los derribaestatuas.

La cosa tiene su lógica. A la generación más sumisa con el poder de los últimos cien años le corresponde un héroe cuyo único mérito conocido ha sido el de decir amén a todo lo que se le ha ordenado desde el poder.

Y es que no ha habido una sola orden política de Moncloa frente a la que nuestro Trofim Lysenko, el especialista en epidemias que no tenía el MIR, no haya genuflexionado. “No vamos a tener más allá de algún caso diagnosticado”. “No hay razón para alarmarse por el coronovirus“. “Esta enfermedad no nos está afectando demasiado”. “Si mi hijo me pregunta si puede ir a la manifestación, le voy a decir que haga lo que quiera”.

En Nueva Zelanda ha dimitido un ministro por saltarse la cuarentena y aquí tenemos a un epidemiólogo con mando en plaza que negó importancia a la epidemia cuando esta se extendía por el país. Que aconsejó o desaconsejó medidas de seguridad en función de los intereses propagandísticos del Gobierno y no de la salud de los españoles. Que dejó de contar fallecidos en cuanto al Consejo de Ministros le interesó desaparecer de los rankings internacionales. Y que se refirió a los 13.000 muertos que habían desaparecido de las estadísticas, los mismos que en toda la guerra de Kosovo, con la frase “nos quedan 13.000 muertos ahí”.

Simón sigue sin dar con ellos, pero sí ha encontrado tiempo para posar para El País como el Bruce Springsteen de los cementerios. Monedero está muerto de envidia. Ahora que sus raps estaban a punto de enviar al paro a Kanye West, le aparece un nuevo rival en el horizonte del estrellato mediático. Hay que joderse.

“Fernando Simón está recibiendo agradecimientos sin excepción por parte de todos los sectores del país, sin embargo, él da testimonio con gran desolación de lo vivido” ha dicho Iñaki Gabilondo en El País.

Atentos a las expresiones escogidas por Gabilondo: “Sin excepción”. “Todos los sectores”. “Da testimonio con gran desolación de lo vivido”. ¿Pero desde cuándo se dedican los periodistas socialdemócratas de referencia a copiar la retórica de los pies de foto del ¡Hola!? ¿Eso lo aprueba el libro de estilo de Álex Grijelmo?

El trabajo del periodismo es unir las líneas de puntos hasta que aparezca el dibujo oculto y entre las orejas “aerodinámicas” del presidente “más guapo de Europa” en La Vanguardia del pasado domingo y el Fernando Simón motero en El País del próximo domingo sólo cabe concluir que la prensa gubernamental, franqueadas ya cuatro de las cinco líneas rojas del periodismo –la militancia partidista, la complicidad con el incompetente, la sumisión al poder y la llamada a la yihad contra los críticos–, ha decidido asaltar la última fortaleza que le quedaba a su dignidad: la de la vergüenza ajena.

No van a quedar ni los cascotes.

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Hachazo a la clase media: usted paga

El Gobierno va a aumentar el IVA, los impuestos especiales y verdes, que pagamos todos los consumidores, va a subir el IRPF y más del 80% de la subida de impuestos recaerá sobre la clase media

Daniel Lacalle en La Razón, 030720

Pedro Sánchez repite constantemente dos mentiras. Que no subirá los impuestos a la clase media y que los aumentos impositivos son para sufragar el estado de bienestar.

La realidad es que va a aumentar el IVA, los impuestos especiales y verdes, que pagamos todos los consumidores, va a subir el IRPF y más del 80% de la subida de impuestos recaerá sobre la clase media. Ya en su plan anterior, que fue rechazado por Bruselas, la inmensa mayoría de las estimaciones de ingresos venían de impuestos al ahorro, los usuarios de tecnología y los mal llamados impuestos verdes, que paga toda la clase media.

Es también falso que esas subidas de impuestos vayan a sufragar el estado de bienestar. La recaudación adicional será ínfima, no cubre ni de lejos los 115.000 millones de euros mínimos de déficit solo en 2020, retrasará la recuperación al atacar al consumo y el empleo, y pondrá más escollos a familias y empresas.

Miente cuando dice que las grandes corporaciones van a pagar la subida. Sánchez sabe que los beneficios de las grandes corporaciones caerán en 2020 en barrena y que las estimaciones más optimistas asumen unos resultados empresariales en las grandes empresas un 21% inferior a los que publicaron en 2019. ¿Qué significa eso? Que Sánchez sabe que no puede acudir ni a la mentira de «los ricos», porque en España son solo 7.000 personas y no recaudaría ni 1.000 millones de euros adicionales subiendo los impuestos como anunció, ni tampoco a la falacia de las «grandes corporaciones» porque sabe que 700 empresas ya pagan el 50% del impuesto de sociedades, y que la recaudación del mismo y otros impuestos corporativos se va a desplomar en más de 12.000 millones de euros anuales por la destrucción de mas de 140.000 empresas en lo que va de año.

Sánchez ha hundido la economía con el cierre forzoso más incompetente de toda la OCDE, cierra 2020 con una de las mayores cifras de muertos por millón de habitantes y, encima, va a presentar el mayor déficit público de la Unión Europea en el gobierno más caro de la historia de España, con más ministros y altos cargos y habiendo inflado la administración pública con contrataciones a dedo. Las subidas de impuestos en crisis ya han demostrado ser un fracaso. En la anterior crisis, la errónea decisión de aumentar impuestos en medio de la recesión retrasó la recuperación dos años.

Esta subida de impuestos va estrictamente dirigida a la clase media porque Sánchez sabe que son ciudadanos cautivos y rehenes. Adicionalmente, su visión errada y extractiva de la economía le lleva a hacer lo que el PSOE ha hecho en todas las comunidades autónomas donde gobierna: aumentar la presión fiscal a familias y empresas.

La subida de impuestos indirectos esconde otra realidad. Es una de las exigencias de Bruselas si España quiere recibir ayudas. Y el gobierno intenta ganar tiempo para evitar lo que es totalmente inevitable. Un recorte del gasto público muy importante.

Sánchez sabe que con la batería de subidas de impuestos que va a poner no va a recaudar ni siquiera un 10% del déficit de 2020. Sabe, además, que ni siquiera va a recaudar suficiente para reducir el aumento de déficit estructural en el que incurrió en 2019. Sabe que esas subidas de impuestos ralentizarán la recuperación. Sabe perfectamente que las subidas de impuestos van a recaer principalmente en la clase media y las pymes, como siempre. No le importa. Mientras sirvan para mantener el despilfarro en gasto clientelar le vale. Usted paga.

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 030720

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