CAT: sí, miedo, caos y desvergüenza golpista

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Demonizaciones propias y ajenas

“La clave del terrorismo es que convierte en víctimas a todos los supervivientes. […] Entremezclados con sus fantasías por la acción de las migraciones, la geopolítica y el mestizaje de la multiculturalidad de la que tanto se alardea, están los ingredientes del desastre. Cataluña es con gran diferencia el lugar de España en el que el adoctrinamiento yihadista -y, como ahora se ve, su propia red logística- ha alcanzado mayor penetración. Los fantasmas que tanto perseguían a Heribert Barrera o Marta Ferrusola se han hecho ya corpóreos en su peor variedad: no son los charnegos, no son los sudacas, no son los negros que hablan inglés en vez de catalán… son los yihadistas, estúpidos. […]”.

De ’21 palabras de Puigdemont‘. Texto de PJ Ramírez en El Español, 200817.

Buen texto el de PJ, sí señor.

Aunque yo le matizaría el concepto de miedo: es connatural y necesario para defenderse de quien lo origina. Y para eso está el Estado, pero con nuestra colaboración activa, militante, como integrantes del mismo.

Porque el miedo peligroso es aquél que, falto de convicciones, nos empuja a la rendición y, en consecuencia, aparece ese colectivo silencio de los corderos que sólo considera víctima al conciudadano asesinado o malherido: nunca a sí mismo.

De modo que, como FS Dragó subrayaba ayer en El Mundo, ya es horas de dejarnos de lamentaciones de artificio:

“[…]. De él son remotos responsables el entreguismo de la Unión Europea, el relativismo de quienes aún creen en la posibilidad de una alianza de civilizaciones, el utopismo de quienes elevan a religión la democracia, el buenismo de quienes ofrecen la mejilla izquierda (va con segundas) a los que abofetean la derecha, el garantismo de quienes interpretan los derechos humanos como patentes de corso, el quintacolumnismo de las organizaciones que fomentan y amparan la inmigración, el maricomplejismo de los caporales de la res pública, el chapapote multiculturalista de la progredumbre, la felonía de lo que en Francia llaman la Gran Sustitución, la vanidad de cuantos de tanto hacer el bien, como decía Tagore, se olvidan de ser buenos, la vulnerabilidad de la globalización regida por internet y la supina ignorancia de quienes no han hojeado el Corán. […]”

Menos ‘no tenemos miedo‘ y más ‘vamos a por vosotros, terroristas‘.

EQM

Del caos mediático: cuando se cuenta lo que no se sabe o no se sabe lo que se cuenta.

Algo no casa en estas dos informaciones de El País: la de arriba [190817] y la de abajo [200817].

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¡Yo sí “tinc por”, yo sí tengo miedo!

Jesús Cacho en vozpòpuli, 200817.

Yo sí tengo miedo, y porque lo tengo pasé la tarde del jueves pegado al móvil hasta que logré contactar con mis hijas, vecinas de Barcelona, para asegurarme de que ellas y sus hijos, mis nietos, estaban a salvo de la barbarie terrorista que esa tarde asoló Las Ramblas. Miedo a la mentira de una información oficial que horas después de ocurrido el rally de la furgoneta asesina seguía insistiendo en la cantinela de “un muerto y decenas de heridos”, cuando los vídeos que ya circulaban por la Red daban muestra sobrada de la dimensión de la catástrofe.

Miedo y estupor escuchando a los líderes políticos locales –Junqueras y Puigdemont, con el Ada madrina en medio- contando en catalán y sólo en catalán la película de lo ocurrido a los españoles en Radio Televisión Española. Ni una mención a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Estado, ni a España, ni al Gobierno de la nación. Sectarismo a palo seco, y caritas de miedo en Ada y sus muñecos, acojono, pánico al verse sobrepasados en su pequeñez por lo ocurrido “in Spain” desde el minuto uno para la comunidad internacional.

Miedo e indignación al enterarnos de que la posibilidad de instalar bolardos en la Rambla y otros puntos emblemáticos de Barcelona para evitar un ataque terrorista como los ocurridos en Niza o Berlín fue descartada a finales de 2016 por la Generalidad, a pesar de la instrucción expresa en contrario enviada por el Ministerio del Interior en carta firmada el 20 de diciembre por el comisario general de la Policía.

La consellería de Interior consideró que lo oportuno era “incrementar la presencia policial durante toda la jornada”. Pero el terrorista no solo no encontró barrera alguna que le impidiera acceder a la Rambla desde la Plaza de Cataluña, sino que ningún Mosso estaba allí para impedirlo disparando a matar contra el conductor. ¿Dónde estaba esa “presencia policial” a las 5 de la tarde de un jueves de agosto, con la Rambla bullendo de turistas ociosos? ¿Alguien va a dar cuenta de este desafuero? ¿Alguien va a asumir su responsabilidad ante las 13 víctimas mortales?

Miedo y rabia por la irresponsable, tal vez cabría decir criminal, política que en materia de inmigración ha seguido un nacionalismo catalán que, poco satisfecho en el fondo con sus “rufianes”, ha querido cerrar el paso a la llegada de inmigrantes de habla española para sustituirlos por musulmanes con la idea puesta en que estos, tierra fértil para la semilla del odio a todo lo español, terminarían mostrándose más proclives al discurso secesionista. El resultado es demoledor. Cerca del 40% de la población musulmana que vive en España está radicada en Cataluña (con especial preponderancia en Gerona), comunidad que acoge a la mitad de las mezquitas salafistas radicales existentes en el país.

Los 12 terroristas que integraban la célula de Ripoll responsable de los ataques en Barcelona y Cambrils no estaban en la lista de sospechosos, y no pocos de ellos han nacido en Cataluña. Todos gozan de las ventajas del Estado español, todos viven plácidamente, todos chupan de la teta de nuestro Estado Providencia, todos reciben seguro de paro y subvenciones, y educación y sanidad gratuita. Todos gozan de ayudas preferentes de una administración catalana que les trata con mimo, mientras las niega a catalanes que las precisan. Y todos quieren destruirnos.

Miedo y monumental cabreo. Oigamos el saludo alborozado de la Ada madrina barcelonesa: “Frente a quienes construyen muros, alzan vallas e instalan concertinas, nosotros tenemos un mensaje: refugiados, refugiadas, sed bienvenidas”. O la admonición del estadista Pablo Iglesias: “Europa se ha gastado más dinero en elevar muros que en ayudar a los refugiados”. O la infantil algazara, entreverada de jolgorio, de Manuela Carmena, alcaldesa madrileña: “Yo aplaudía por aquellos que han saltado la valla desde Marruecos, porque sí, nosotros queremos que vengan con nosotros, y lo queremos de verdad, queridos amigos, porque son los mejores, los más valientes”. Welcome refugees.

La valiente muchachada de Ripoll trabajaba febrilmente en la preparación de un gran atentado con explosivos capaz de producir cientos de muertos, un nuevo 11-M con capacidad para superar ampliamente aquella carnicería. Miedo y alivio. Dentro de la tragedia, hemos tenido suerte, la suerte de que a los mal nacidos yihadistas asesinos se les cayera encima la casa de Alcanar (Tarragona) donde preparaban la matanza. Lo cual plantea algunas cuestiones elementales. ¿Por qué los fanáticos del islam radical eligen España para protagonizar sus mayores salvajadas? Porque lo tienen más fácil que en ningún otro país de la UE, más fácil incluso que en Bélgica.

Es el camino abonado por el cambio de destino colectivo que expresamente buscó, y logró, la tragedia del 11-M, unido a la debilidad institucional, el efecto disolvente de la corrupción, la ausencia de liderazgos, la inanidad ideológica de una derecha perruna que se avergüenza de su condición, y la tragedia de una izquierda que desde Pablo Iglesias (PSOE) a esta parte se abraza a la bandera rojigualda unos días, mientras otros se limpia el trasero con ella.

Es el país que Javier Benegas y Juan Manuel Blanco describían en este diario hace ya un par de años (“La imparable infantilización de Occidente”). “El creciente infantilismo fomenta la difusión de miedos, esos temores inventados o exagerados que generan los reflejos distorsionados de la calle en la oscuridad de la habitación. Surge una ‘sociedad del miedo’, tremendamente conservadora, que en el cambio ve peligros, no oportunidades. Una colectividad asustadiza, víctima fácil del terrorismo internacional.

Nunca fue el mundo tan seguro como en el presente; pero nunca el ciudadano medio vivió tan aterrado. Ni el intelectual tan temeroso de escribir lo que realmente ocurre. Una sociedad cobarde, insegura, que se asusta de su sombra, de lo que come o respira, que siente pánico ante noticias que, por definición, no son más que excepciones. Lo prueba la creciente atracción por el milenarismo: igual que en la Edad Media, los predicadores del Apocalipsis ejercen una singular fascinación, aunque sólo pretendan llenarse los bolsillos”. Una perita en dulce para el matonismo yihadista.

Basta ya de lamentos y mentiras piadosas. Basta de llantos. Hay que pasar al ataque. La sociedad europea está obligada a defenderse con la utilización de los medios legales que la democracia pone en manos del Estado (“el Estado como fuente exclusiva de legitimidad en el uso de la violencia”, según Weber), pero si Europa decidiera suicidarse a cámara lenta, los españoles de bien, que son mayoría, estarían obligados a exigir al Gobierno de la nación que declare la guerra al yihadismo con todas sus consecuencias, desde luego tomando las medidas pertinentes para expulsar del país a quienes nieguen el respeto debido a nuestra cultura y estilo de vida. Esta es una guerra en toda regla.

“El terror es el orden del día”, que dijo el jacobino Danton en el cénit de su influencia. Lo acabamos de ver en Finlandia, y también en la Rusia de Putin. No caben paños calientes. Se trata de una guerra distinta, más complicada de ganar, más llena de peligros en tanto en cuanto los bárbaros no están a las puertas, rodeando las murallas de la ciudad, que ya están dentro y tienen sus cómplices, partidos que se sientan en el Parlamento de la nación, y toda esa ideología de izquierda rancia que reclama la otra mejilla cuando ocurre un atentado y apela a la unidad, y recuerda que el islam no es violento, y apunta con el dedo e insulta a quien osa decir lo contrario, a quien sostiene que ya está bien de discursos buenistas, ya está bien de engañarnos con la corrección política, con el consenso, con la impostada unidad.

Ya está bien de intentar narcotizar al pueblo llano con el valor de esa mansedumbre con vistas al mar del suicidio colectivo de quien no sabe o renuncia a defenderse. Los únicos responsables del discurso del odio son los asesinos y no las víctimas cuyos cuerpos yacían el jueves al inicio de Las Ramblas. Ya basta. Es hora de pasar a la acción.

Defender con determinación y liderazgo, con coraje democrático, la vida de las personas frente a la barbarie que propone el islamismo radical. Los desafíos siguen siendo los mismos a través del tiempo. Viene a cuento el famoso discurso (“The Iron Curtain Speech”) pronunciado por Winston Churchill el 5 de marzo de 1946 en el que, apelando a la necesaria “constancy of mind, persistence of purpose, and the grand simplicity of decision shall rule and guide our conduct” apunta al corazón del desafío que la extinta URSS proponía al mundo libre:

“Por lo que he visto de nuestros amigos y aliados rusos durante la guerra, estoy convencido de que no hay nada que admiren más que la fuerza, y nada que les produzca menos respeto que la debilidad, especialmente la militar”.

No hay nada que envalentone más al yihadismo radical que la debilidad de nuestras narcotizadas sociedades occidentales. Se trata de proteger la vida y la libertad del hombre corriente que quiere vivir sin miedo. Protegerlas hacia afuera, pero también hacia adentro. Protegerlas de los enemigos exteriores, pero también de los interiores. Protegernos de quienes desde dentro intentan dinamitar la unidad de España y convertir este país de siglos en una serie de minúsculos reinos de Taifas para medro de las oligarquías locales.

Es la doble vertiente de esta guerra lo que explica que el Gobierno Rajoy no va a contar con ninguna ayuda del nacionalismo catalán a la hora de plantar cara, si es que se atreve, que esa es otra, a la amenaza yihadista. ¿Cómo defender el Estado, cabría mejor decir cómo defender España, con quien pretende acabar con el Estado y con España? ¿Cómo pedir unidad con esta tropa? No habían pasado ni 48 horas de la mascare de las Ramblas cuando Puigdemont se apresuró a ratificar que lo ocurrido “no variará un ápice la hoja de ruta independentista”. No esperábamos más ni menos de su xenófoba arrogancia.

La ridícula pretensión de ningunear, de silenciar el trabajo, antes y ahora, del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil, gente que lleva años deteniendo yihadistas en Cataluña y evitando baños de sangre similares al de este jueves, era ya todo un indicio de la miseria moral que caracteriza a quienes hoy controlan la Generalidad de Cataluña. Ayer mismo, el miserable Joaquin Forn (horno), nuevo conseller de Interior tras la reciente purga de los tibios, llegó al punto de separar a las víctimas mortales del atentado entre catalanas y españolas: “Hay 13 muertos (…) dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española”. Un vómito, por lo demás, esperable.

Leído ayer en Le Figaro: “Barcelona y Cataluña iban a ser la Suiza del Mediterráneo. Neutrales y amables, al abrigo de las sacudidas geopolíticas del mundo. El terrorismo yihadista ha echado por tierra esa ilusión”. Ellos, sin embargo, a lo suyo. De alguna manera los atentados de Barcelona son el entremés sangriento al desafío que para este otoño nos ha planteado el secesionismo catalán. Los muertos de la Ramblas quedarán en la sombra dentro de unos días. El recorrido vital de Alexandro Gulotta, 7 años, ya no será el mismo cuando sepa que su padre perdió la vida en la Rambla de Barcelona por salvar la suya.

Los supervivientes jamás volverán a vivir la vida que vivieron hasta que la barbarie de unos asesinos y la incuria de unos servidores públicos hicieron posible la tragedia. El resto lo olvidaremos pronto. Lo sepultaremos bajo una montaña de enfermizo buenismo, de palabrería hueca, de unidad impostada, de Adas Colaus prestas al llanto para intentar demostrar que son mejores que los demás, de mierda por arrobas, de bla, bla, bla… No podremos, sin embargo, dar la espalda a nuestro particular desafío, al envite que pretende terminar con un país rico que hace apenas unas décadas se comía los mocos de su proverbial pobreza, un país que apenas ha vivido 40 años en democracia tras siglos de capricho absolutista. Paz y prosperidad están en juego.

También la libertad. Miedo y valor. Coraje. Ahí te quiero ver, España.

Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 210817

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En directo, el caos

Arcadi Espada en El Mundo, 210817.

Mi liberada:

Desde las cinco pasadas, cuando leí en el móvil Atropello en las Ramblas, uno de esos laconismos que la experiencia ha convertido en icebergs de sangre, hasta que a las ocho tuve que ponerme a escribir, pasé la tarde del jueves viendo webs noticiosas y leyendo whatsapps. No es frecuente. Mis conversaciones digitales trato de moderarlas. Y desde hace ya más de un año apenas leo esas webs. Creo que prefieren otro público y yo soy un hombre sensible a los desaires.

Por supuesto, y como desde hace ya varios años, me abstuve de cualquier seguimiento directo de Twitter (aunque algunos ecos, sobre todo vídeos, me llegaban al móvil) y de Facebook, herramientas que fomentan la desinformación y la vanidad, aunque a ese último riesgo, como sabes, soy muy inmune. Durante las tres horas retomé los viejos hábitos y fui de uno a otro de lo que genéricamente, y con mucha inexactitud, se llaman periódicos digitales. Los diez o doce principales de España y algún extranjero entre horas.

Casi todas las webs noticiosas habían dispuesto un seguimiento del atentado de Barcelona bajo el epígrafe En Directo. La primera cuestión es preguntarse qué era lo que estaba contándose ‘en directo’. ¿El atentado, El atentado en directo, como precisaba algún titular? No, naturalmente. El atentado había sucedido ya. Lo que se estaba narrando en directo no era un partido de fútbol o una toma de posesión, o sea, un hecho nítido y pautado; sino dos procesos difusos, imprevisibles y refractarios a la publicidad: el cuidado de las víctimas y la persecución de los asesinos. Las webs empezaron a dar detalles de los dos procesos, sobre todo imágenes de los cuerpos caídos y también del vehículo, una furgoneta blanca, que se había utilizado como arma asesina.

Eran imágenes retrospectivas, que se habían tomado inmediatamente después de la tragedia, y cuya procedencia era a menudo desconocida. A pesar de esto último y de su carácter fragmentario, las webs incorporaban las imágenes que les parecían veraces y tolerables. Esta exhibición del crimen se prolongó hasta la llegada de las asistencias, el acordonamiento del lugar y la evacuación de heridos y muertos. El problema es que habían pasado pocos minutos y que por delante había muchos minutos en directo.

Empezaron a aparecer cifras: dos muertos, tres. Y detalles sobre los asesinos: si era un hombre solo, o dos, si habían huido. El periodismo es una certeza provisional, pero debe cumplir una condición drástica: la certeza puede ampliarse, pero no debe desmentirse. Si un periódico publica que hay un muerto puede luego corregirlo a dos; pero corregirlo a cero es un fracaso. ¡Era un fracaso!: el cambio que han traído las webs noticiosas y, en particular, su modo En directo es que creen que desmentir solo es un modo de ampliar. Y lo es, en efecto: pero de ampliar el caos de las mentiras y no el orden de la certeza.

Durante las tres horas que duró mi experiencia naufragué en cinco importantes lagunas de desinformación. 1. La participación de un Oukabir en el atentado. 2. La explosión de gas en Alcanar. 3. El coche que se saltó un control policial en la Diagonal y donde apareció un hombre apuñalado. 4. La toma de rehenes en un bar de Barcelona. 5. La inminencia de otros ataques en la ciudad. Decenas de informaciones contradictorias sobre esos cinco vertebrales asuntos fueron apareciendo sin pudor alguno en las webs.

Aclaro: en las webs gestionadas por compañías de noticias y no en la conversación multitudinaria organizada por compañías gestoras del entretenimiento, Facebook, Twitter, Instagram, etc. Entre las más celebradas diversiones sociales está el parloteo especulativo en torno de los sucesos importantes. El parloteo ha recorrido un enorme kilometraje desde la prehistórica ceremonia del despioje a la que fue sustituyendo conforme avanzaba la higiene y la limpieza. El mecanismo digital lo ha elevado ahora a lo sublime. Analiza este fragmento, uno entre mil, del parloteo. Alguien distribuye un vídeo percutiente, de estupenda factura ficcional, de un grupo de policías tomando posiciones en torno a un edificio de la Barcelona vieja. Nada concreto se sabe del tiempo, el lugar, la fuente, etcétera. ¡Cómo no va a dar que hablar ese vídeo en esa tarde!

Ahora bien: ¿debe dar que hablar ese vídeo en el apartado En directo de la web noticiosa, y vinculándolo directa o indirectamente con una -falsa- toma de rehenes? Sí, hay preguntas que ofenden. Escribo dos días después de la matanza. De esos asuntos -y sobre todo de los tres primeros, los que hoy importan- se ignoran aún detalles fundamentales. Es naturalísimo. Puede que el saber no ocupe lugar. Pero ocupa tiempo. La búsqueda de los criminales no se puede narrar en directo. Como tampoco se pueden instruir en directo sus acusaciones, a la manera escandalosa de aquel juez del pueblo cuyas conclusiones obtuvieron tanto éxito en Palma de Mallorca.

Comprendo la actitud de las compañías de noticias. ¿Si Twitter y Facebook les roban las noticias por qué no irían ellos a arrancarles parte del parloteo? Pero así han convertido al periodismo digital en un oxímoron. El atentado en directo nada tiene que ver con la información, sino con la ansiedad. Desde la necesidad de información, las tres horas descritas fueron una pérdida absoluta de energías: de los que escribían y de los que leían. Capaces, además, de producir un efecto de desinterés en la lectura de los diarios del día siguiente: las crónicas parecían usadas, hechas a retales.

Probablemente lo estaban, pero también incluían una aspiración al orden que el ansioso de ayer despreciaba. Si yo dejé de empapuzarme con la junk food digital fue para llegar limpio, seco y con hambre al periódico de la mañana. Otro cantar es lo que pasa entonces, pero no es ahora este cantar. Mejor no pensar, por último, en lo que el directo supone respecto a la posverdad. Si en aquel ecosistema informativo que diferenciaba claramente los periódicos de la barra del bar (¡a pesar de que en las redacciones se bebía!), la mayoría de los americanos seguía sin querer saber quién mató a Kennedy, ¿qué sucederá ahora que las compañías de noticias comercian por igual con lo real y lo falso, y lo peor, y lo que es la novedad auténtica de la posverdad, sin resignación y sin vergüenza y hasta con orgullo techie?

Te dije hace tiempo que el móvil había sustituido al tabaco y que en la compulsión de su uso se adivinaban los rasgos del antiguo adicto a la nicotina. Ahora, en la frecuentación compulsiva del rumor digital no solo veo el tabaco. Su adicción tiránica. Sus desagradables efectos sobre el olfato y el gusto. Veo también, exactamente, la metástasis del conocimiento.

Sigue ciega tu camino

A.

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Collage de Leonard Giovannini al texto de Arcadi, en el blog de éste, 210817, con fragmentos de dos obras de Max Beckmann. A la izquierda, ‘La noche‘ [1918-1919]; a la derecha ‘Retrato de familia‘ [1920]. Aquí, en grande.

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La noche en directo

Leonard Giovannini en el blog de Arcadi Espada, 210817, acompañando al texto del periodista, publicado en El Mundo.

Hoy plagiamos dos obras de Max Beckmann: Die Nacht (1919) y Familienbild (1920), La noche y Retrato de familia. Las hemos combinado. No es muy difícil ver dónde se unen los cuadros, porque la calidad de las reproducciones es muy diferente… ¡Ya nos habría gustado recortar los Beckmann originales! Tendrá que ser más adelante.

K es la lectora enfurruñada del extremo derecho, ejem. Hemos hecho un poco de trampa, porque en el original la mujer parece leer un periódico; pero estas cartas ¡se leen en un periódico! Tendría que valer.

Encontramos a la familia de K siguiendo los sucesos en riguroso directo; se diría que los crímenes tienen lugar en el saloncito, de puro directísimo. La paradoja es que las conversaciones en torno a la mesa camilla se confunden con las noticias; las redes sociales son una mesa camilla propulsada a velocidades superlumínicas por su brasero atómico… ¡Qué digo, atómico! ¡Brasero warp!

Aferradas al mantelito de hule, las comadres comentan El Caso a gritos, hasta que El Caso da noticia de los alaridos. Quieren tener la crudeza en el saloncito (¡quieren la realidad para evadirse!) pero el crimen del cuadro es solo un cuadro; lo mismo que su tertulia comadreja. Acaban formando parte de un indiferenciado trampantojo.

Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Confidencial, 120817

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Procés

Cómo salvar el proyecto secesionista en tiempos de terrorismo

Jon Juaristi en Abc, 200817.

Las declaraciones de Puigdemont tras los atentados del jueves merecen algún comentario. Comencemos por su insistencia en que tales hechos no cambiarán la idiosincrasia de los catalanes, pueblo pacífico donde los haya, cuya manera de ser ha sido forjada a lo largo de muchos siglos. No es cuestión de discutir ahora una tesis que la historia parece desmentir. La propia tradición catalanista ha visto en la oscilación entre seny y rauxa el algoritmo fundamental del devenir de la región, especialmente en la época contemporánea, pero no es eso lo que interesa en la presente situación.

Lo que hay que preguntarse es qué pinta el pueblo catalán en este asunto y qué importancia tiene que sea pacífico o camorrista. Los atentados de Barcelona y Cambrils han tenido lugar en Cataluña, eso es innegable, pero no han ido dirigidos contra ningún pueblo catalán poseedor de una supuesta personalidad colectiva. Los terroristas no pretendían matar catalanes, sino infieles. De igual modo, los atentados de Atocha en 2004 no se planearon para asesinar españoles, como hacía ETA. Ahora bien, se podría objetar, el terrorismo islámico no sólo mata infieles. También causa víctimas entre los musulmanes.

Efectivamente, pero eso es un argumento más contra la teoría de que el blanco de los atentados es una comunidad nacional o étnica concreta. Para los terroristas, cualquier lugar donde no se aplique la ley islámica es Casa de la Guerra y todo musulmán deberá combatirlo aunque sea su lugar de nacimiento. Por eso el Profeta luchó contra la Meca, aunque era de allí y allí vivían los suyos. El islam no es un territorio, ni una nación ni una etnia.

Y si un musulmán que reside en la Casa de la Guerra no lucha, se convierte en un renegado que merece morir. Los terroristas no atacaron el jueves a catalanes, sino a infieles y renegados. En cualquier caso, quienes se apresuraron a solidarizarse con «el pueblo catalán» no buscaban, como Puigdemont, la rentabilidad directa del victimismo, sino la ocasión de minar al gobierno de Rajoy . O sea, lo mismo que la izquierda hizo con el de Aznar tras los atentados de Atocha. Y no hay novedad en ello: son los mismos.

Puigdemont sabe muy bien que desligar la continuidad del procés de la situación creada por los atentados puede indignar a más gente de la que hasta ahora ha tenido en contra, porque es evidente que ni en los Mossos ni en la Guardia Urbana de Barcelona reside el factor fundamental de contención y persecución del terrorismo, papel que corresponde al Estado. Seguir adelante con el desafío secesionista supone debilitar al Estado e impugnar su monopolio de la violencia. Con independencia de que se vea con simpatía o antipatía el procés, nadie podrá negar que su continuidad tendrá ese efecto en el nuevo contexto de reactivación del terrorismo.

De ahí la ambigua apelación de Puigdemont al rechazo de los que buscan el enfrentamiento de civilizaciones. Podría interpretarse que se refiere a los terroristas, pero los terroristas islámicos no piensan en términos de enfrentamiento de civilizaciones. Para entender el sentido de esta alusión del president hay que recordar otra vez la reacción de la izquierda al 11-M de 2004. Fue Rodríguez Zapatero quien acusó al gobierno de Aznar de haberse guiado por la idea de civilizaciones enfrentadas y quien propuso, junto a su amigo Erdogan, aquel proyecto de Encuentro de Civilizaciones que tantos éxitos ha cosechado desde entonces.

Al invocar el enfrentamiento de civilizaciones, Puigdemont trata de reavivar la bronca de 2004 entre el PP y la izquierda y amortiguar así la reacción socialista a su anuncio de que nada frenará el procés. Nada tendría de sorprendente que lo consiguiera.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

Yo SÍ tengo miedo

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Miedo

El Pais abría ayer portada con un titular a 4 columnas: ‘No tenim por!’

No tenemos miedo

Titular que no se molesta en traducir a renglón seguido, seguramente porque, en su decadencia, cree que no hay español que no sepa qué significa.

Ese grito que se ha puesto de moda por los medios, es una soberana estupidez que delata la irracionalidad en la que estamos inmersos.

Ya se demoniza hasta el miedo. esa humana

‘angustia por un riesgo o daño real o imaginario’ [RAE].

Hay que ser muy imbécil para no sentir miedo -por ti o por tu familia-. Por muy convencido que estés -para lo que hay que ser muy idiota- de que la china siempre le va a tocar a otro/s.

Qué pena escuchar al balbucentante y torpe Zoido en su declaración de la célula maligna está totalmente extirpada, mientras los mossos de los golpistas le responden que eso ya lo veremos cuando lo diga la Generalidad…

Y a la Cifuentes divulgando que Madrit es una ciudad segura…, por Dios.

Y al Mariano felicitando a los Cuerpos de seguridad por su unidad y eficacia…

El peor drama ha sido evidenciar que los mossos van por su cuenta y, en consecuencia, el Mariano ni siquiera nos garantiza una única política de seguridad antiterrorista del Estado… en toda España…

Cuánta miseria.

EQM

Collage de Leonard Giovannini, sobre una obra o a Rocío Caballero. , realizada para el texto de Arcadi, en la edición del blog de éste, 190817.

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No tinc porc [EQM: no tengo puerco]

Arcadi Espada en El Mundo, 190817.

Este asunto del No tinc por me tiene el corazón robado. Entre otras cosas porque la ínfima posibilidad de morir en un atentado terrorista ahuyenta cualquier miedo que no sea el de la vida misma. Justo es reconocer que en estas circunstancias mis paisanos demuestran siempre un coraje incomparable. Pero como dice mi querido Savater luego de la machada van a pasar al No tinc porc. Para limar aristas.

Fernando Vicente [España, 1963] en El País, 200817

 

Sangre derramada

Los fanáticos nunca van a ganar la guerra. La matanza de inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán inmantando a la misma variopinta humanidad

Mario Vargas Llosa en El País, 200817.

El terrorismo fascinó siempre a Albert Camus y, además de una obra de teatro sobre el tema, dedicó buen número de páginas de su ensayo sobre el absurdo, El mito de Sísifo, a reflexionar sobre esa insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos o religiosos se resuelven los problemas. La verdad es que salvo casos excepcionales en que el exterminio de un sátrapa atenuó o puso fin a un régimen despótico –los dedos de una mano sobran para contarlos- esos crímenes suelen empeorar las cosas que quieren mejorar, multiplicando las represiones, persecuciones y abusos.

Pero es verdad que, en algunos rarísimos casos, como el de los narodniki rusos citados por Camus, que pagaban con su vida la muerte del que mataban por “la causa”, había, en algunos de los terroristas que se sacrificaban atentando contra un verdugo o un explotador, cierta grandeza moral.

No es el caso, ciertamente, de quienes, como acaba de ocurrir en Cambrils y en las Ramblas de Barcelona, embisten en el volante de una camioneta contra indefensos transeúntes –niños, ancianos, mendigos, jóvenes, turistas, vecinos- tratando de arrollar, herir y mutilar al mayor número de personas. ¿Qué quieren conseguir, demostrar, con semejantes operaciones de salvajismo puro, de inaudita crueldad, como hacer estallar una bomba en un concierto, un café o una sala de baile? Las víctimas suelen ser, en la mayoría de los casos, gentes del común, muchas de ellas con afanes económicos, problemas familiares, tragedias, o jóvenes desocupados, angustiados por un porvenir incierto en este mundo en que conseguir un puesto de trabajo se ha convertido en un privilegio.

¿Se trata de demostrar el desprecio que les merece una cultura que, desde su punto de vista, está moralmente envilecida porque es obscena, sensual y corrompe a las mujeres otorgándoles los mismos derechos que a los hombres? Pero esto no tiene sentido, porque la verdad es que el podrido Occidente atrae como la miel a las moscas a millones de musulmanes que están dispuestos a morir ahogados con tal de introducirse en este supuesto infierno.

Tampoco parece muy convincente que los terroristas del Estado islámico o Al-Qaeda sean hombres desesperados por la marginación y la discriminación que padecen en las ciudades europeas. Lo cierto es que buen número de los terroristas han nacido en ellas y recibido allí su educación, y se han integrado más o menos en las sociedades en las que sus padres o abuelos eligieron vivir. Su frustración no puede ser peor que la de los millones de hombres y mujeres que todavía viven en la pobreza (algunos en la miseria) y no se dedican por ello a despanzurrar a sus prójimos.

La explicación está pura y simplemente en el fanatismo, aquella forma de ceguera ideológica y depravación moral que ha hecho correr tanta sangre e injusticia a lo largo de la historia. Es verdad que ninguna religión ni ideología extremista se ha librado de esa forma extrema de obcecación que hace creer a ciertas personas que tienen derecho a matar a sus semejantes para imponerles sus propias costumbres, creencias y convicciones.

El terrorismo islamista es hoy día el peor enemigo de la civilización. Está detrás de los peores crímenes de los últimos años en Europa, esos que se cometen a ciegas, sin blancos específicos, a bulto, en los que se trata de herir y matar no a personas concretas sino al mayor número de gentes anónimas, pues, para aquella obnubilada y perversa mentalidad, todos los que no son los míos –esa pequeña tribu en la que me siento seguro y solidario- son culpables y deben ser aniquilados.

Nunca van a ganar la guerra que han declarado, por supuesto. La misma ceguera mental que delatan en sus actos los condena a ser una minoría que poco a poco –como todos los terrorismos de la historia- irá siendo derrotada por la civilización con la que quieren acabar. Pero desde luego que pueden hacer mucho daño todavía y que seguirán muriendo inocentes en toda Europa como los catorce cadáveres (y los ciento veinte heridos) de las Ramblas de Barcelona y sembrando el horror y la desesperación en incontables familias.

Acaso el peligro mayor de esos crímenes monstruosos sea que lo mejor que tiene Occidente –su democracia, su libertad, su legalidad, la igualdad de derechos para hombres y mujeres, su respeto por las minorías religiosas, políticas y sexuales- se vea de pronto empobrecido en el combate contra este enemigo sinuoso e innoble, que no da la cara, que está enquistado en la sociedad y, por supuesto, alimenta los prejuicios sociales, religiosos y raciales de todos, y lleva a los gobiernos democráticos, empujados por el miedo y la cólera que los presiona, a hacer concesiones cada vez más amplias en los derechos humanos en busca de la eficacia.

En América Latina ha ocurrido; la fiebre revolucionaria de los años sesenta y setenta fortaleció (y a veces creó) a las dictaduras militares, y, en vez de traer el paraíso a la tierra, parió al comandante Chávez y al socialismo del siglo XXI en la Venezuela de la muerte lenta de nuestros días.

Para mí, las Ramblas de Barcelona son un lugar mítico. En los cinco años que viví en esa querida ciudad, dos o tres veces por semana íbamos a pasear por ellas, a comprar Le Monde y libros prohibidos en sus quioscos abiertos hasta después de la medianoche, y, por ejemplo, los hermanos Goytisolo conocían mejor que nadie los secretos escabrosos del barrio chino, que estaba a sus orillas, y Jaime Gil de Biedma, luego de cenar en el Amaya, siempre conseguía escabullirse y desaparecer en alguno de esos callejones sombríos.

Pero, acaso, el mejor conocedor del mundo de las Ramblas barcelonesas era un madrileño que caía por esa ciudad con puntualidad astral: Juan García Hortelano, una de las personas más buenas que he conocido. Él me llevó una noche a ver en una vitrina que sólo se encendía al oscurecer una truculenta colección de preservativos con crestas de gallo, birretes académicos y tiaras pontificias. El más pintoresco de todos era Carlos Barral, editor, poeta y estilista, que, revolando su capa negra, su bastón medieval y con su eterno cigarrillo en los labios, recitaba a gritos, después de unos gins, al poeta Bocángel.

Esos años eran los de las últimas boqueadas de la dictadura franquista. Barcelona comenzó a liberarse de la censura y del régimen antes que el resto de España. Esa era la sensación que teníamos paseando por las Ramblas, que ya eso era Europa, porque allí reinaba la libertad de palabra, y también de obra, pues todos los amigos que estaban allí actuaban, hablaban y escribían como si ya España fuera un país libre y abierto, donde todas las lenguas y culturas estaban representadas en la disímil fauna que poblaba ese paseo por el que, a medida que uno bajaba, se olía (y a veces hasta se oía) la presencia del mar. Allí soñábamos: la liberación era inminente y la cultura sería la gran protagonista de la España nueva que estaba ya asomando en Barcelona.

¿Era precisamente ese símbolo el que los terroristas islámicos querían destruir derramando la sangre de esas decenas de inocentes al que aquella furgoneta apocalíptica –la nueva moda- fue dejando regados en las Ramblas? ¿Ese rincón de modernidad y libertad, de fraterna coexistencia de todas las razas, idiomas, creencias y costumbres, ese espacio donde nadie es extranjero porque todos lo son y donde los quioscos, cafés, tiendas, mercados y antros diversos tienen las mercancías y servicios para todos los gustos del mundo? Por supuesto que no lo conseguirán.

La matanza de los inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán imantando a la misma variopinta humanidad, como antaño y como hoy, cuando el aquelarre terrorista sea apenas una borrosa memoria de los viejos y las nuevas generaciones se pregunten de qué hablan, qué y cómo fue aquello.

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Notas.-

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CAT: Atentado, golpe y discurseos

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Pobres Ramblas

Ahora resultará que el terror ha convertido en asesino a la misma generación que el latrocinio ha usado para robar la cartera en Las Ramblas: esos menores que si no pasan de 14 se van de rositas y si pasan de 16 son rehabilitados por la solidaria y unida Europa en un plisplás.

Ese es el modo que nuestras democracias entienden que hay que respetar a quien se vale de nuestro abandono de la legítima defensa.

El bipartidismo no ha tenido tiempo de quitarle la gratuíta catana -la furgoneta asesina- a ese chaval yihadista de 16 años, asesino en serie, que, con la actual legilsación, será rehabilitado con apenas 5 años de peniotenciaría…

Es que ni siquiera se dan cuenta: Las Ramblas con bolardos y llenas de pajaritos comprensivos con los partidarios de la tolerancia para con el burka… no hay furgoneta que no pueda tener su día de gloria…

Pues no hay aceras en Barcelona para poner a circular furgonetas…

EQM

JM Nieto [España, 1973]  en ABC, 030817.

Sangre para los coquetos

Arcadi Espada en El Mundo, 180817.

Barcelona tiene tendencia a la coquetería. Hay mucha documentación. La mejor definición de la coquetería es un sí es no es. Dar señales sin mayor compromiso que darlas. El significante por el significante. Entre las coqueterías de Barcelona está la de la violencia. Por ejemplo, fue célebre la coquetería local con la heroica lucha del pueblo vasco. Un 10 de junio de hace 20 años 39.693 catalanes coquetos votaron a Herri Batasuna y nueve días después ETA agradeció el gesto dejando 21 cadáveres en Hipercor.

La coquetería ha cambiado de maneras en estos últimos años, en un largo viaje que ha ido desde la furia barrial del antisistema hasta la violencia moral ejercida, desde hace ya demasiado tiempo, por el gobierno de Cataluña y su ruptura con la ley que los tribunales han empezado a sentenciar. Barcelona, además, acaba de vivir repetidos episodios de violencia xenófoba contra turistas.

Puede decirse que el coqueteo ha llegado este verano a su mayor nivel, y que tal vez el pico más escarpado hayan sido las declaraciones del consejero de Interior Joaquim Forn, cuando aseguró que la policía autonómica incumpliría la ley y garantizaría la celebración del referéndum ilegal de autodeterminación. Hasta que poco después de las cinco de la tarde de ayer una furgoneta blanca irrumpió en Las Ramblas y mató e hirió gravemente a decenas de personas. Por lo tanto ahora hay que hacer el siguiente e imprescindible ejercicio.

A la vista de esos cuerpos vencidos, humillados, rotos, de esos cuerpos que el tuitero policía pide que no se difundan por la red por respeto a las víctimas, como si el respeto a las víctimas no consistiera precisamente en exponer con claridad lo que hicieron con ellas, y en no silenciar ni maquillar su extremo sufrimiento; a la vista de la ciudad de pronto interrumpida en un impresionante perímetro de su zona más querida y más vieja, y a la vista y al oído de los miles y miles de mensajes que en esta tarde cruel trataban de encontrar señales de los suyos -«¿Estáis bien, todos bien? ¿Habéis llegado ya a Barcelona?»-, ahora hay que acordarse de los coquetos.

¿Oukabir? Qué coño me importará a mí Oukabir, su cabeza podrida y su relato maligno. Ya lo he visto otras veces. En Niza, en Londres, en Bali, en Bagdad, en París, y he visto sus víctimas, todas iguales, indistinguibles, la férrea unidad de los muertos. A mí los que me importan ahora son los incalificables burgueses de Barcelona que llevan años supurando una grotesca fábula sobre la libertad. A mí me importan esos tipos y tipas de pueblo, toscos como sus mandíbulas, incultos como sus campos, cuya pasión nacionalista y xenófoba solo es una venganza personal sobre la Ciudad.

A mí me importan los últimos de la clase, los más guarros del pupitre, que se han alistado a la Revolución por la extrema facilidad y los rápidos beneficios que rinde su trapicheo. A mí me importan los más irresponsables de mis colegas, que traen al prime time la violenta novedad de un memo y la convierten en meme. Y a mí me importan, porque aún saludo a alguno, los cobardes. Toda esta gentecilla, entreverada de gentuza, lleva años coqueteando por activa o pasiva con la violencia: desobedeciendo, desacatando, chuleando la paz, que es la ley.

Si el Cuerpo Nacional de Policía lo permite, quiero compartir los 13 muertos y 80 heridos con todos y cada uno de esos intolerables coquetos, por si hay modo de que la sangre rinda a otro fin que la torva gloria de dios.

A partir de esta imagen he sacado este detente bala Je suis Barcelona, dice de Leonard Giovannini, explicando esta ilustración para el texto de Arcadi, en el blog de éste, 180817.

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Ramblas desgraciadas

Arcadi Espada en El Mundo, 180817.

Hace bien Enric González en traer hoy al periódico Las Ramblas de nuestra juventud, aunque así debiera llamarlas. Las únicas decentes están en la memoria. No creo que, tratándose de lugares tan cenitales, haya ejemplos de una degradación urbana comparable. Bastaría decir que ya no acaban en el mar, sino en una muralla de plástico encharcado.

Mejor que no sepa nadie lo que ha sido de sus viejos quioscos ilustrados. Ni conozca de aquel Hereu su herencia: los mostradores de grasa azucarada que sustituyeron a la pajarería. Nadie diga tampoco lo que el kilómetro largo de sus aceras proclama sobre el grave asunto del comer: únicamente descartada la infección por anisakis. Hasta la Boquería, catedral, debe evitarse severamente en los puestos más cercanos al paseo. Solo algunos viejos y nobles edificios resisten. Pero bien se percibe el estupor de la piedra.

La Rambla es una camiseta imperio sobre una panza.

Raquel Marín [España, 1980] en El País, 140817

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Muerte y mentira

Aunque Europa se engañe, estos crímenes tienen sentido

Herrmann Tertsch en ABC, 180817.

l atentado de Barcelona tiene poca historia por detrás. Una furgoneta y unos autores con voluntad de matar al mayor número posible de occidentales, de europeos, de blancos, de cristianos. Llámenlos como quieran. De eso se trataba. El atentado tiene una terrible e inmensa historia por delante. La estremecedora cifra de víctimas demuestra que los dos hombres con voluntad de hacer daño han sido inmensamente eficaces. Contrastan los medios con los efectos desoladores. De las muertes, las vidas segadas, los heridos, los familiares, el inmenso dolor que nunca se apagará del todo, las vidas rotas, cientos de vidas quebradas de una forma u otra en las Ramblas de Barcelona.

Esos son los destinos personales. De los colectivos, de las reacciones públicas, ya sabemos a estas alturas casi todo antes de que lleguen. El miedo subirá unos grados y la alarma antiterrorista cambiará de color. Y muchas palabras manidas. El islamismo no es el islam. No conseguirán nada. Son pocos y aislados. La comunidad musulmana está con la democracia, etc. Eso dura lo que dura en esa sociedad espástica en la que una frase manipulada de Trump sobre nazis hace olvidar la crisis nuclear con Corea del Norte. Y en España unos delincuentes separatistas coparán las portadas con sus chulerías en cuanto hayan sido enterradas las víctimas.

Si no se repite pronto se bajará la guardia y pronto nos dirán que ha habido más ahogados este verano que muertos por el yihadismo. Nadie dirá que este atentado cumple su papel a la perfección, que lo cumple. Porque el Daesh puede retroceder en Mosul o en Racqa pero nunca deja de avanzar por la geografía urbana de las ciudades europeas. Estos atentados son su bandera. No hacen falta muchos. Nos demuestra que están aquí y dispuestos a matar.

Esa es su superioridad. Son más fuertes mentalmente, son cada vez más y han venido a mandar. Ellos tienen fe, creen en su Dios y también en su destino. No son terroristas ni yihadistas la mayoría. Pero nunca estarán de parte de los infieles en ninguna guerra. Por mucho que se empeñe y engañe el necio mensaje de la corrección política socialdemócrata en Europa. Esa que combate implacablemente a los europeos que creen en la cohesión cultural y abre las fronteras a quienes quieren destruirla.

Ellos tienen muchos hijos, todos los que Alá les otorga. Un dios que cada vez tiene a más que le rezan en Europa. Mientras el dios que, con su figura del humano a su imagen y semejanza, hizo posible la sociedad libre, compasiva y próspera de Occidente ya no tiene quien le rece. El atentado de ayer es como el de Niza, Berlín y otros en ciudades con grandes comunidades musulmanas. También los hubo en Israel. Atentados, miren por dónde, celebrados por parte de mucha izquierda española. Ayer destacaba en sus solemnes condenas la soldadesca de la depravación política del nacionalismo catalán y la izquierda española. Como si Barcelona fuera un escenario equivocado. Como si cuando firmaron con ETA que no matara en Cataluña y solo en el resto de España, la yihad también hubiera firmado.

Porque esos filoterroristas que adoran a Otegi, hacen campaña para las FARC y cobran con Hizbullah, en Teherán o en la narcotiranía de Maduro, no soportan que les recuerden que los asesinos que ayer sembraron la muerte en las Ramblas de Barcelona son sus camaradas. Porque aunque rechacen horrorizados esta, la más brutal, global y asesina de las acciones de turismofobia, lo cierto es que comparten con los autores el odio a muerte a Occidente.

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Notas.-

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Atentado terrorista en Barcelona

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TELEFONOS DE ATENCIÓN

900 400 012

34 – 932 142 124

Ich bin ein Berliner и я тоже русский (Giovannini)

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Era esto

Arcadi Espada en El Mundo, 170817.

Después de tantos años el kilómetro sentimental era esto. Ir tragando decenas y decenas de vídeos, mirando que no esté en ninguno tu hija, habitual por aquellos lugares, que salió por la mañana y ha tardado en responder al teléfono.

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Notas.-

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El Barça independentista se da el golpe en Madrit

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Vuelta de la Supercopa de España: R Madrid 2 Barça 0 [total eliminatoria: 5-1]

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Antonio Machado

Tanto preocuparse por el golpe hasta que se lo han dado.

Los más listos han sido Luis Enrique primero y Neymar, después: se lo vieron venir y tomaron las de Villadiego.

Es lo que pasa cuando la gente del fútbol se dedica a apoyar un golpe: acaba KAO.

Y me da la impresión de que si no vuelven por donde solían acabarán jugando la Liga catalana pero no porque logren la independencia sino por la sencilla razón de que, ante un pamorama tan sombría y tan plagado de inseguridad deportiva y juridica, no les quedará más remedio que competir con un equipo de prejubilados que, inexorablemente, les conducirá a jugar en su liga regional.

De momento, con el ridículo fracaso de este fin de semana -esas cara desencajadas de futbolistas y entrenador- ya saben que en la Liga españolista los equipos de media tabla para abajo y sus aficiones les van a recibir como un simbolo de la decadencia más estrepitosa.

No les digo más: ya me he sentado ante el televisor para no perderme detalles de los griterío en favor de Antonio Machado

¿Por qué digo esto? Porque los golpistas, en su contrastado trastorno mental múltiple, ha intentado, en Sabadell. quitarle al gran Machado una plaza a su nombre porque era… ‘españolista’! Como lo leen. Finalmente han desistido dado el escándalo que se ha montado conta su Alcalde, Juli Fernández Olivares, independentista, por supuesto. Me imagino que el Banco de Sabadell habra contribuído a frenar en seco tal canallada, aunque sólo sea para evitar males mayores en su marca…

Ayer, comentaba José M. Albert de Paco en LD que el eurodiputado de Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Maria Terricabras, le confesaba recientemente que, en relación con el procés golpista, únicamente se congratulaba de que Cataluña estuviera en España. La razón, la tenía muy clara:

– “Francia” “ya nos habría aplastado”.

Gran verdad, vive Dios.

Al menos, a quienes mantenemos la lejana esperanza de que este país recupere algún día lo que antiguamente se entendía por ‘sentido común‘, nos cabe el momentáneo gozo de ver cómo es aplastado deportivamente un equipo que ha tenido la desvergüenza de declararse oficialmente independentista, arruinando, también, a la millonaria afición ‘españolista‘ que le aplaudía, abría peñas azulgranas y que, de un tiempo a esta parte, trata de concebir esa sinrazón.

Y no le cabe en la cabeza.

EQM

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Messi, ayer en el Bernabeu, temiéndose lo peor del día de mañana

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Machado y Cataluña

El poeta, lejos de ser anticatalanista, apreciaba su cultura. “Madrid es una capital y Barcelona es una ciudad de veras”, dijo

Ian Gibson en El País, 160817.

Me entero por EL PAÍS de que en Sabadell ejerce actualmente un “historiador local” independista y perdonavidas, Josep Abad, a quien el Ayuntamiento de dicha ciudad pidió hace poco un informe. Un informe que propone la exclusión del callejero sabadellense de los nombres de determinadas personas sospechosas de haber albergado sentimientos hostiles hacia Cataluña. Entre ellos, aunque parezca mentira, Antonio Machado, y, ¡cielos!, Goya, Quevedo, Larra, Góngora y Lope de Vega, acusados, estos, de poseer un perfil “franquista” (qué torpeza la mía, siempre creí que nos dejaron bastante antes de 1936 y la sublevación de los generales traidores).

Abad ha descubierto que en Machado, “bajo la aureola republicana y progresista con que se ha revestido [SIC]su figura, hay una trayectoria españolista y anticatalanista” y que él y el ya mencionado Quevedo son “hostiles a la lengua, cultura y nación catalanas.” Uno se queda boquiabierto… y dolorido. Ante el ruido mediático provocado, el alcalde de Sabadell, Maties Serracant, de la CUP, ha negado que se vaya a retirar el nombre de Machado de la plaza que hoy lo ostenta. ¡Si solo se trata de propuestas, de un informe externo no vinculante! “Machado queda -ha dicho a este diario-. Lo que es necesario eliminar del nomenclátor son los nombres de fascistas.”

Machado queda… pero también quedan las palabras del historiador local encargado del informe, persona, hay que suponerlo, muy grata a quienes dirigen el cabildo de la localidad.

Incumbe insistir en que Antonio Machado, lejos de ser enemigo de Cataluña, apreciaba grandemente su cultura. En 1928, poco después de la publicación de la segunda edición de sus Poesías completas, estuvo en Barcelona con su hermano Manuel para el estreno de su obra conjunta Las adelfas (protagonizada por Lola Membrives). Era la primera visita de Antonio a la capital catalana. Entrevistado por Jose Maria Planas en La noche, se expresó encantado.

“Es una ciudad magnífica -contestó-, la primera de España, sin ningún género de dudas.”

Y añadió:

“He notado también una cosa curiosa: que Barcelona se parece mucho más a Paris o a Sevilla que no a Madrid”. “Puede decirse que Madrid -concluyó- es una capital, mientras Barcelona es una ciudad de veras.”

Planas quería saber qué conocimiento tenía de los poetas catalanes. No negó su ignorancia de los actuales pero le aseguró que leía con fruición a Jacint Verdaguer, Joan Maragall, Joan Alcover, Josep Carner y Josep Maria López Picó. Cosa curiosa, al reproducir Abc parte de estas declaraciones, prescindió de los elogios de Barcelona prodigados por el poeta, quizás considerando que constituían una falta de respeto hacia La Villa y Corte.

Ocho años después, no muy lejos ya el final de la Guerra Civil, Machado es instalado por las autoridades republicanas con su madre y otros miembros de la familia en la Torre Castañer, casi en las afueras de Barcelona al pie del Tibidabo (paseo de Sant Gervasi, hoy números 9-11). Allí pasarán ocho meses antes de salir hacia la raya francesa. El poeta recibe algunas visitas, pocas. Se siente viejo, enfermo, está muy desmejorado.

En la torre prepara sus artículos para La Vanguardia -escritos enérgicos en los cuales arremete contra la abyección del Pacto de No Intervención y el cobarde y fatal intento de “apaciguamiento” de Hitler por Gran Bretaña y Francia-, colabora con la revista Hora de España (que, como él, se ha trasladado a la Ciudad Condal desde Valencia) y relee, entre otros, a Rubén Darío, Shakespeare, Maragall y Verdaguer sin olvidar, esta vez, a los poetas catalanes nuevos.

Hay también un recuerdo para el “gigantesco” mallorquín Ramon Llull y otro para Ausias March. ¿No conoce en profundidad el catalán? No, pero ello no empaña el disfrute que le proporcionan estas lecturas. Ha heredado el don de idiomas de su gente -sobre todo del abuelo gaditano- y además es catedrático de francés. “Como a través de un cristal, coloreado y no del todo transparente para mí -escribe-, la lengua catalana, donde yo creo sentir la montaña, la campiña y el mar, me deja ver algo de estas mentes iluminadas, de estos corazones ardientes de nuestra Iberia.” Hermoso tributo, me parece, al idioma que odian a muerte los franquistas.

El seis de enero de 1939 Machado publica en La Vanguardia el que va a ser su último artículo. Es la misma indignación de siempre, el desdén que le produce “la política filofascista de Inglaterra y Francia.”

Todo se va acabando. La caravana sale hacia Masnou en las primeras horas del 23 de enero. Desde allí sigue hasta alcanzar Malgrat de Mar y luego torcer hacia el interior. Tras muchas demoras llegan a Girona al amanecer. Está atestada de gente, de vehículos de todo tipo. Es la desbandada. Acompaña al poeta, entre otros, el filósofo figuerense Joaquim Xirau. Duermen, y luego se quedan cuatro días, en Can Santamaria, una masía de Raset.

Allí se juntan con ellos, entre otros, el escritor Carles Riba, que admira profundamente a Machado, Josep Pous i Pagés -presidente del Institut Català de Literatura- y el doctor Joaquim Trias i Pujol. Según Xirau, la contemplación del campo catalán era “el mayor placer” del poeta en aquellos momentos, “lo acariciaba con la mirada”. Una fotografía milagrosamente conservada recoge una de aquellas postreras conversaciones.

El 26 reciben, desconsolados, la noticia de la caída de Barcelona. La caravana se vuelve a poner en marcha. Pasan la última noche en otra masía, Mas Faixat, ubicada un poco más adelante. Allí, según el médico Enrique Rioja, catalanes y castellanos “comulgaban en el mismo y común dolor.”

Unos días después, tras el horror en la frontera, es el exilio en Collioure. Y, el 22 de febrero, la muerte del poeta. Nadie ha cantado aquella penosa y última odisea como el barcelonés Joan Manuel Serrat.

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Última foto de Antonio Machado, tomada en su exilio francés de Colliure.

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Basilio Martín Patino [España, 1930-2017], cineasta

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Esperanzas y cantares

A mí ‘Nueve cartas a Berta‘ [1966], me supuso una de las primeras ventanas abiertas a la esperanza democrática. Toda una huella, todavía en blanco y negro, claro está.

Nueve años después comenzaba la Transición española [1975].

Pronto cumpliremos 40 años constitucionales y estamos como estamos y no como estábamos, desde luego.

Pero ese es otro cantar, también nuestro, por supuesto.

EQM

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Filmografía [IMDb]

Queridisimos verdugos‘ [1977]. Documental [completo]. Dirigido por Basilio Martín Patino y con guión propio, de Daniel Sueiro y la colaboración de los verdugos de la época, Antonio López Sierra, Vicente López Copete y Bernardo Sánchez Bascuñana.

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Basiliio Martín Patino

Santiago González en El Mundo, 140817.

Basilio Martín Patino murió ayer a los 86 años. Era un cineasta fino al que habíamos conocido en los cineclubes de los primeros años setenta, en ‘Nueve cartas a Berta’, pero fue en aquel año mágico, 1977, en que votamos por vez primera cuando a la gente de mi edad se nos reveló con tres películas cuyo estreno se había demorado hasta aquel año. Vimos una trilogía, ‘Queridísimos verdugos’, ‘Caudillo’ y ‘Canciones para después de una guerra’, que lo acreditaron como un gran documentalista.

No había vuelto a ver ‘Queridísimos verdugos’ desde su estreno. Recuerdo que al verla, me llamó la atención una secuencia en la que uno de los verdugos, ‘ejecutores de sentencias’ prefieren autodenominarse ellos, cuenta como una circunstancia de esta vida que a la primera mujer que él agarrotó “era una prima mi señora”.

Esto ya lo habían previsto Luis Gª Berlanga y Rafael Azcona diez años antes en una gran secuencia de El verdugo, cuando Nino Manfredi llevó a casa de Pepe Isbert, el verdugo, los aperos de su oficio, que este se había dejado olvidados en el coche fúnebre de aquel. En el comedor, Isbert le enseña la foto de uno de sus clientes, que le había regalado su reloj. Manfresi se queda mirando con aprensión las fotos de unos personajes en la pared. “No”, le explica el verdugo Amadeo. “Esos son parientes”.

Véanlo si tienen tiempo.

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Caudillo‘ [1974]. Documental [completo]. Dirigido por Basilio Martín Patino y con guión propio y de José Luis García Sánchez.

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Sexismo, feminismo y discriminación

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Feminismo salvaje

No entiendo que después de siglos de maltratos y explotación despiadados, las mujeres sigan aguantándonos, queriéndonos y cuidándonos

Javier Cercas en El País Semanal, 130817.

DESENGAÑÉMONOS: los hombres de mi generación somos machistas por defecto. Los de mi generación y los de la anterior y los de la anterior a la anterior, y así hasta el infinito. La culpa la tienen por supuesto nuestras madres, cosa que yo sé muy bien porque soy el único varón en un hogar de cuatro hembras y mi madre nunca me dejó fregar un puñetero plato, mientras que mis hermanas la ayudaban en las faenas de la casa (¡un beso, mamá!).

No sé cómo serán los chicos de ahora: a juzgar por mi hijo, muchísimo mejores que nosotros; a juzgar por las estadísticas, iguales o peores. Por una vez seguro que tienen razón las estadísticas.

Pero la verdad de la verdad es que la culpa de todo no la tienen nuestras madres (¡otro beso, mamá!). Increíblemente, desde el principio de los tiempos los hombres hemos considerado a las mujeres como seres inferiores, poco más que animalitos domésticos creados para hacernos la vida agradable; y esto no sólo lo hemos hecho los hombres normales y corrientes, sino también los sabios más sabios que en el mundo han sido.

Claro que aquí también hay excepciones. La más notoria es un viejo veterano de Lepanto llamado Miguel de Cervantes, que vio a sus hermanas humilladas y ofendidas por los cabrones de turno y llenó sus libros de mujeres valerosas que no se cansan de denunciar los desafueros de los hombres ni de clamar por su dignidad y su libertad.

Y por cierto: mucho don Quijote mucho don Quijote, pero lo que nadie dice es que, si don Quijote estuviera vivo, santificando todos los caminos con el paso augusto de su heroicidad (como dice Rubén Darío), sin la más mínima duda se dedicaría en exclusiva a perseguir por tierra, mar y aire a esos hijos de mala madre que maltratan y asesinan mujeres y, una vez los hubiera pillado, sin fórmula de juicio les cortaría el rabo y los testículos, se los metería en la boca, les cosería los labios con hilo de bramante y los abandonaría en mitad de Los Monegros para que murieran al sol en medio de horribles tormentos.

Eso es lo que haría don Quijote, y don Quijote no se equivoca nunca. Hay cosas que no entiendo. No entiendo que, después de siglos y siglos de maltratos y explotación despiadados, las mujeres sigan aguantándonos, sigan queriéndonos y cuidándonos. No entiendo que, mientras unos cobardes de mierda matan mujeres indefensas a diario, no broten como hongos comandos de mujeres armadas que imiten a don Quijote y se tomen la justicia por su mano y se dediquen a cortar rabos y testículos y todo lo demás, incluido el sol de Los Monegros.

Pero lo que de ninguna manera puedo entender es que, después de haber sido gobernadas durante milenios por nosotros —en lo esencial una panda de descerebrados borrachos de testosterona y únicamente ocupados en beber cerveza y averiguar quién es más macho mientras provocamos catástrofes—, las mujeres no nos hayan prohibido de manera terminante el acceso al poder ni nos hayan castigado a fregar suelos de rodillas durante los tres próximos siglos.

En resumen: hay quien piensa que el feminismo se está volviendo de un tiempo a esta parte extremista y está yendo demasiado lejos; yo lo que pienso es que de momento, y hasta nueva orden, incluso la forma más extremista de feminismo es demasiado moderada. ¿Tiene solución nuestro milenario y vomitivo machismo por defecto? A corto plazo, lo dudo, al menos en lo que a mí respecta.

Pero he observado que algunas cosas pueden resultar útiles; por ejemplo, tener una hija adolescente. De hecho, un amigo mío la tiene y, aterrorizado ante los peligros que la acechan, ha creado una Asociación de Padres de Hijas cuyo símbolo es una podadera y cuyo lema el siguiente: “Capar, capar, capar”. Vamos por buen camino.

En fin. Todo lo anterior se me ocurrió leyendo una deliciosa novela gráfica titulada Más vale Lola que mal acompañada; la protagoniza un personaje llamado Lola Vendetta, que aparece en la portada con su espada tinta en sangre quijotesca; su lema es: “El feminismo no se sufre, se disfruta”. Como todos los héroes, Lola Vendetta no tiene edad; su autora, Raquel Riba, tiene 27 años. Que Dios las bendiga a las dos. Y a ti también, mamá.

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Barça 1 – R Madrid 3 [ni con penalty y expulsión ilegales]

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Ida de la Supercopa: Barça 1 – R Madrid 3 [ni regalándoles falso penalty e ilegal expulsión]

– Menos mal que el club independentista es la última Liga que juega contra el Madrid…, porque el año que viene, ya independizados, jugarán, entre otros equipos, con el de Vilanova y la Geltrú…, su Liga Nacional!

EQM

Tres minutos con Cris

Es necesario recordar hoy, en Cardiff y siempre que, cuando ya llevaba siete años en Madrid, a Ronaldo se le decía que no marcaba en partidos importantes

Manuel Jabois en El País, 140817.

La Supercopa de España es un título de agosto que combate contra todo, empezando por el mes en que se celebra. También contra la fórmula de doble partido, estúpida, y ayer lo hizo contra el colmo: plantar un Barcelona-Madrid con los dos de azul. Yo estoy a favor de todos los avances, también textiles, y a mi alcalde sólo le pido lo que le pedía un vecino cuando se lo encontró haciendo campaña: que no toque mucho los cojones.

Eso sí. Todos los ingredientes de los grandes clásicos, salvo Lionel Messi, se reunieron ayer en la segunda parte del Camp Nou, incluido Cristiano Ronaldo saliendo del banquillo para marcar un gol, enseñar su musculatura y recibir una roja marciana en tres minutos; no hay Barça-Madrid aburrido, ni siquiera cuando se lo proponen los dos equipos: siempre sale un árbitro dispuesto a hacer de este partido una especie de final de todos los tiempos.

El resultado de todo ello, a pesar de un penalti y una roja a favor, fue catastrófico para el Barça. No tanto porque no apareciese la mejor versión de su astro, pues lo hará, como que el Madrid le dijo varias cosas difíciles de olvidar, entre ellas restregarle al chico de las finales, Marco Asensio, que inventó primero una escuadra y luego colocó allí el balón cuando el Camp Nou estaba esperando un empate contra diez. A los tres goles del Madrid asistió Piqué en primera línea, uno de ellos rematándolo, y no hubo momento en que pareciese que además de orgullo el Barcelona pudiese exhibir control y juego.

No lo hizo porque no le dio la gana a Isco, que se quedó con el partido entero en la primera parte, ni tampoco cuando después del 0-1 empujó con todo contra la portería de Navas y armó varias ocasiones claras; también entonces, con el estadio levantado, la sensación de fragilidad en el centro del campo dejaba al Madrid frío y envenenado dispuesto a darle la puñalada final.

Que lo hiciese Cristiano Ronaldo al poco de salir del banquillo fue un elemento de tortura más, no sólo para los barcelonistas. Es necesario recordar hoy, en Cardiff y siempre que, cuando ya llevaba siete años en Madrid, a Ronaldo se le decía que no marcaba en partidos importantes, siendo “importantes” los partidos que al aficionado de turno le diese la gana. Hoy se revisan los números de Ronaldo en Barcelona y o bien ha marcado diez goles en dos años, o los clásicos entonces no eran “importantes” o simplemente lleva marcando allí, y decidiendo las victorias, desde que llegó.

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Notas.-

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Del sentido racial y del racismo

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Racismo . De raza1 e -ismo.

1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive.
2. m. Ideología o doctrina política basada en el racismo.

Real Academia Española [de la Lengua; RAE]

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Alemania y el actual espíritu europeo

Hablar de Alemania, nacida como imperio en 1871, generalizando sobre sus ciudadanos, siempre me ha resultado complicado tanto por la injusta caricaturización que ello supone, sobre todo a partir del establecimiento político y social del nazismo -responsabilidad que, obviamente, no concierne en absoluto a la actual ciudadanía- como porque parece que yo tenga una especial habilidad para detectar ese patológico orgullo y supremacía de/entre quienes parecen haberla mamado desde la infancia o, vayan vds a saber, forma parte de la influencia genética que muchos se han atribuido a a sí mismos en su enfermiza convicción de pueblo elegido.

Y porque en ésta época de exhibido analfabetismo supino ya es absolutamente habitual confundir el antropológico sentido racial, predominantemente defensivo, que todo étnico grupo social tiene en mayor o menor medida, con una radicalización del mismo, es decir, con un racismo que lo convierta en discriminador, segregador, perseguidor de los demás grupos sociales.

De entre los pueblos germanos o germánicos, los denominados alemanes ‘étnicos‘ son legítimamente conocidos como un pueblo muy trabajador, constante, serio, disciplinado y financiera e industrialmente muy eficaces. Incluso con singularidades muy destacadas en Filosofía, también en la del Derecho, tanto público como privado. , de las que tanto nos hemos beneficiado los europeos. Virtudes que, desde luego, han compartido en Alemania con un pueblo judío muy forzadamente endogámico -y tan alemán como el resto de alemanes- y también muy facilitador de grandes hombres a la cultura alemana y, en general, a la de la Humanidad.

Pero de entre los graves defectos del alemán germano pocos ponen en duda su carácter por lo general bañado en la arrogancia, excesivo en la inflexibilidad, cuadriculado y habitualmente inclinado a cierta displicencia y subestimación para con los ciudadanos de otras culturas, otros pueblos.

Tengo asentadas desagradables experiencias sobre esto último. Durante mis años de residencia en Canarias pude constatar cotidianamente cómo -y de qué modo- muchos, demasiados, ciudadanos de tal procedencia trataban a los isleños durante sus estancias turísticas: calificarlo de trato ‘colonial’ o desconsiderado sería extremadamente insuficiente. No me dolerían prendas en hablar de segregacionismo y xenofobia en tierra ajena.

Y, tan lejos del archipiélago como en Dubrovnik, cuando todavía formaba parte de la antigua Yugoeslavia, yo mismo fui expulsado de la zona de un camping, por un numeroso grupo de turistas germanos, en plena noche, a seco grito militar y golpe de linterna en los ojos, porque había tenido la osadía de asentar mi tienda en una superficie que ellos, en su violenta fantasía discriminatoria, consideraban exclusiva para ellos.

Por otra parte, en referencia al desarrollo del actual proyecto europeo, tengo que añadir que, con todo y eso, tampoco -y a pesar de figuras de la categoría de Konrad Adenauer– considero que el camino que han pretendido dar y están dando los alemanes a la Unión Europea [UE], como capitanes fácticos de la nave, me parece en absoluto estimable. Comenzaron con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero [CECA] acordada con el francés Robert Schuman [1950] y casi tres cuartos de siglo después seguimos preocupados exclusivamente por la economía. Todo lo demás no importa, es decir, no les importa.

Siquiera Ángela Merkel, con sus recientes y alocadas maniobras tanto en favor del ingreso de los turcos en la UE como en su apuesta por una suicida entrada masiva de falsos refugiados -auténticos inmigrantes económicos trasladados por las mafias-ha dado muestras de la cordura que precisa el proyecto europeo a esta alturas en las que su lamentable actuación sólo ha podido ser moderada gracias a la huida británica, el freno francés y la rotunda oposición de los antiguos paises satélites de la antigua URSS -fundamentalmente Polonia y Hungría– que, válgame Dios, son los únicos que parecen interesados en salvaguardar la cultura y raíces cristianas.

Y, acabando por la geopolítica,  tampoco conviene olvidar algunas realidades, muy presentes e históricamente recientes, después de dos Guerras Mundiales impulsadas germánicamente:

1) Finalizada la II Guerra Mundial, los países afectados por el ‘expansionismo alemán‘ y sus brutalidades sin cuento, expulsaron a la mayoría de los germanos residentes en su territorio, estimándose la cuantía en unos 14 millones de personas radicadas fundamentalmente en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Croacia, Eslovenia, Serbia, Rumania, Rusia, Lituania, Letonia y Estonia. Contando, por cierto, con el absoluto apoyo de EE. UU, Gran Bretaña y Rusia en la Conferencia de Potsdam [1945]. Precisamente porque consideraron un grave error no haberlo hecho antes, en la I Guerra Mundial, aprovechando el Tratado de Versalles [1919].

2) Con motivo de la II Guerra Mundial, Alemania perdió territorios germanos que no ha recuperado: por ejemplo, los situados al este de la Línea Óder-Neisse, que pasaron a manos de Polonia y la antigua URSS.

3) La actual Alemania reunificada tiene poco más de 27 años [1990].

4) Aunque el tiempo suavice fondo y formas, como no podría ser de otra manera, Alemania sigue siendo un país controlado como consecuencia de la II Guerra Mundial. Con una soberanía aún bajo vigilancia de aspectos significativos, que evidencian que el tiempo transcurrido no ha sido suficiente para restaurar la confianza absoluta [y no me estoy refiriendo a las lamentables escuchas de Obama sobre el teléfono móvil de Merkel].

La actual ‘Constitución‘ alemana de 1949 [Ley Fundamental para la República Federal de Alemania], que fue dictada por los Aliados, que ha sido reformada ya en 60 ocasiones, sin embargo, jamás ha sido sometida a referéndum. Alemania no puede declarar la guerra [art 26] y sólo puede defenderse de agresiones exteriores [art 155 y ss]. Sigue pagando, 62 años después, los gastos de ocupación y cargas resultantes de la guerra [art 120] y siguen vigentes las disposiciones jurídicas dictadas para la “liberación del pueblo alemán del nacionalsocialismo y del militarismo” [art 139].

Todo lo cual reflexiono en voz alta para poner en evidencia que el constatado esfuerzo alemán por la construcción europea no tendrá el menor futuro si no es moderado y reforzado por el trabajo colectivo de los demás Estados Miembros, aportando éstos al proyecto todo lo que Alemania no está en condiciones de hacer ni debería poder hacer sola.

EQM

 

Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España, 1957], para el texto.

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Misterio alemán, reconsiderado

Arcadi Espada en El Mundo, 130817.

Mi liberada:

Hace diez años Rosa Sala Rose publicó un ensayo de una rara elegancia y profundidad al que llamó El misterioso caso alemán (Alba, 2007) y que se ocupaba de los viejos y lacerantes pares, Goethe-Hitler, Weimar-Buchenwald, y de analizar cómo el nazismo se había dado precisamente allí. Al final del ensayo despuntaba el caso igualmente misterioso que se produjo en Alemania tras la destrucción nazi:

“El Arlequín -el sentido del humor- pudo regresar de su largo exilio, el realismo dejó de ser una mirada extraña para volverse un ingrediente indispensable y la política ya no fue un modo eficaz de ensuciarse las manos sino que se convertiría en una de las actividades favoritas de muchos de los nuevos escritores e intelectuales alemanes. El sentido crítico de los nuevos ciudadanos -tanto para con los demás como, en mucha mayor medida, para consigo mismos- se volvió tan acusado que Alemania, esa nación de la que tantas otras habían aprendido a desconfiar, se aplicó concienzudamente a asimilar su memoria histórica y a aprender de los errores del pasado con una consecuencia sin igual que ha suscitado justificadamente la admiración del resto del mundo”.

Hace dos meses que Rosa ha dejado Barcelona y se ha instalado en Berlín. Allí espera prosperar. Ella también opina como yo: Alemania es hoy el mejor país del mundo. Algunas de las razones, especialmente la del realismo, están en ese párrafo. Hablamos de países, claro está. No de pequeñas reservas nórdicas o tropicales, afortunadas y circunstanciales rémoras de los grandes peces que bogan incansables. Alemania es hoy un país unido. No solo en el sentido territorial. Un consenso ciudadano básico ha permitido que los dos grandes partidos gobiernen juntos y ese gobierno ha reforzado a su vez el consenso básico.

Las cuentas generales tienen el aspecto saludable de aquel que no gasta lo que no tiene, o lo que, razonablemente, puede tener. El tránsito a la economía postindustrial y a las nuevas formas de conocimiento se están pactando entre los dos sujetos implicados, que son el hombre de hoy y el del mañana: el tratamiento de la propiedad intelectual o el del diesel son ejemplos pertinentes. En dos años ha acogido un millón trescientos mil refugiados. Ayer mismo se anunció una donación de 50 millones a organizaciones internacionales para tratar de paliar la agónica situación libia. Hay una ética declamatoria y hay una ética del dinero: Alemania cumple con las dos. Y demuestra hasta qué punto es falaz hablar de ética sin pedir la cuenta.

En Alemania hay periódicos y en sus televisiones no se practica la pornografía política. Como en todas partes hoza el populismo; en todos los partidos y en partidos específicos; pero en Occidente no hay un lugar donde el discurso de la razón goce de tanto asentimiento y representatividad política. Y hay nacionalismo y melancolías, despreciables; pero ojalá siempre se encarnaran con la sofisticación intelectual de Rolf Peter Sieferle, cuyo libro póstumo Finis Germania, publicado a principios de 2017, pocos meses después de que se suicidara con 67 años, obtuvo un considerable éxito de público.

Cuando se trata de un vuelo de pájaro como este conviene cotejarlo con otros vuelos. Antes de empezar a escribirte le di cinco segundos a nuestra máxima anti luterana viva, la historiadora Elvira Roca, para que enumerara las razones por las que yo no debería escribir una apología de Alemania. Le sobró tiempo. 1/ Destrozó el primer proyecto europeísta, el de Carlos V y los españoles. 2/ Vinculó religión y nacionalismo creando iglesias nacionales. 3/ Desencadenó la logomaquia del idealismo alemán, padre de tantos monstruos. 4/ Unificada, Alemania ha llevado dos veces a Europa al desastre.

Pero todo eso era pasado y ajuste de cuentas. Cuando le rogué que lo pusiera en presente concretó dos asuntos. El primero: “Los torrenciales beneficios financieros que Alemania ha sacado, y sigue sacando, de esta crisis”. Y el segundo: “Solo hay que darles tiempo y confianza para saber qué van a hacer con la Unión Europea”. La primera objeción es conocida: la austeridad ¡de los otros! ha sido el sinuoso modo de financiar los bancos y el conjunto de la economía alemana. La segunda tal vez arranque de Tácito: “Pierden la cabeza cuando se sienten fuertes”. Pero esa objeción solo es un prejuicio que no puede admitir nadie civilizado. Y en cuanto a la primera… Lo que se dice es que Alemania es el mejor país de nuestro tiempo. No el más bondadoso. Como cualquiera ha defendido sus intereses. Como ningún otro ha ganado: con democracia y sin guerra.

Mi amigo Sergio Campos hace muchos años que escribe y trabaja en Berlín. Se notará que no considera un trabajo escribir. El subject del correo que me envió a petición era una agradable lección de ecuanimidad sobre el prejuicio: “Sobre estos que no paran de liarla parda”. Luego continuaba con calma:

“El país no me interesa, por la mitificación y por sus gentes. Esto sería larguísimo de explicar, pero lo resume Koestler en un libro fundamental, Escoria de la tierra, cuando un dominico le dice que hacer reír a los alemanes es fácil, pero hacerles sonreír, directamente imposible. Vivir aquí es duro, porque sus deportes nacionales son aleccionar y echar la bronca. Tienen cosas buenas, claro. Has de beber mucha cerveza para emborracharte, los punks son pro israelíes y la unidad alemana es incuestionable”.

El 24 de septiembre hay elecciones en Alemania. Entonces faltarán siete días para que en España un gobierno regional trate de dar su anunciado golpe xenófobo al Estado democrático. La comparación es instructiva para los españoles y su moral colectiva. Pero se queda, naturalmente, corta. Entre los candidatos con posibilidad de formar gobierno o de influir en él que se presentarán a las elecciones no hay ninguno que sea, exactamente, un impresentable. Algo que no ha sucedido ni sucede en Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Italia. Por no hablar de España donde la circunstancia es aproximadamente la inversa.

Tratando de ensanchar la herida, Sergio Campos citaba de nuevo a Koestler y Escoria:

“Sabemos que todo el problema consiste en controlar su libido política bajo una bandera más atractiva que la esvástica y que esa bandera solo puede ser la que contenga las barras y las estrellas de la Unión Europea. Hay que enseñarles a cantar ‘¡Europa, Europa, über alles’!”.

Y remacha Campos: “Solo podremos pensar en la utopía si logramos que griten esa consigna”.

Creo que mi amigo se equivoca. Lo sustancial es que los alemanes han dejado de gritar. Por eso la vida, modernamente considerada, es un juego de todos contra todos en el que siempre gana Alemania.

Y sigue ciega tu camino

A.

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Collage de Leonard Giovannini para el texto de Arcadi, en el blog de éste, 130817.
[Sobre ‘Familia que lee una carta‘ [1929], obra de Theodor Kleehaas (Alemania, 1854-1929). Aquí la imagen del collage, en grande]

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El alemán accidental

Texto de Leonard Giovannini en el blog de Arcadi Espada, 130817, acompañando al texto del periodista, publicado en El Mundo:

Hoy plagiamos a Theodor Kleehast, pintor alemán como corresponde. Nos encontramos en casa de K, que recibe.

Tratando de evitar la dosis dominical de jarabe de palo, K se había escondido en su vivienda de la Cataluña profunda, un recóndito lugar adonde no llega el correo. Pero Arcadi siempre tiene un cartero alemán en la recámara y le ha enviado la misiva con un bávaro.

Así, encontramos a K junto a su prima y su sobrina atendiendo al mensajero. Las muchachas leen la carta mientras observan con asombro y temor el pabellón erguido del teutón. La verdad es que el estandarte deja chicos a los banderines de la ANC que adornan la estancia.

(Es un gozo ver la Cataluña de hoy iluminada por las banderolas del sí, sobre todo por las rojas. El efecto Alemania años treinta está logradísimo, y es de agradecer ¡Se puede escupir más alto, pero no más denso!)

Sin duda, K podría extraer alguna moraleja de la animosa presencia de este cartero accidental, con su traje típico y su bandera europea. Pero probablemente es demasiado tarde: la sobrinita, en su inocencia, se dispone a despertar al perro rabioso con el que su familia convive desde hace tanto tiempo.

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Notas.-

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Glen Campbell [EEUU, 1936-2017] compositor, cantante y guitarrista

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 ‘Hey Little One‘ [1968]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Dorsey Burnette y Barry De Vorzon. Video-clip para su álbum ‘See You There‘ [2013]. Aquí en versión en directo, de 1980.

Gentle on My Mind‘ [1967]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por John Hartford. En versión en directo, de 1984. Aquí en versión posterior, en directo, con su virtuosismo a la guitarra.

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   ‘Wichita Lineman‘ [1968]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Jimmy Webb. En el programa de tv ‘The Smothers Brothers Comedy Hour‘, 1968. Aquí en versión remasterizada con vídeo de 1968.

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  ‘Rhinestone Cowboy‘ [1975]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Larry Weiss. En vivo, 1975. Aquí en versión de 1981.

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  ‘True Grit‘ [1969]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Don Black y Elmer Bernstein. En vivo, 1986, North Phoenix Baptist Church.

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  ‘Southern Nights‘ [1975]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Allen Toussaint. En directo y exteriores, para la NBC, 1997.

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  ‘These Days‘ [1967]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Jackson Browne. Video-clip para su álbum ‘Meet Glen Campbell‘ [2008].

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Adiós‘ [1989]. Interpretada por Glen Campbell. Compuesta por Jimmy Webb. En video-clip con la versión del último álbum de Campbell, ‘Adiós‘ [2017], grabado en estudio, 2012-2013, ya con avanzado Alzheimer.

 

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Glen Campbell en Concierto. Sioux Fall, 2001.  Con South Dakota Symphony.

Acompañado por Debby Campbell – vocals / Gary Bruzesse – vocals, drums / Jeff Dayton – vocals, acoustic guitar, electric guitar / Noel Kirkland – vocals, fiddle, banjo, acoustic guitar, keyboards / T.J. Kuenster – musical director, vocals, keyboards / Kenny Skaggs – vocals, acoustic guitar, steel guitar, dobro, mandolin / Russ Skaggs – vocals, bass guitar

Temas: “Wichita Lineman” (Jimmy Webb) / “Gentle on My Mind” (John Hartford) / “Dreams of the Everyday Housewife” (Chris Gantry) / “Highwayman” (Jimmy Webb) / “By The Time I Get To Phoenix” (Jimmy Webb) / “Classical Gas” (Mason Williams) / “It’s Only Make Believe” (Conway Twitty, Jack Nance) / “Little Green Apples” (Robert L. Russell) (duet with Debby Campbell) / “Southern Nights” (Allen Toussaint) / “Rhinestone Cowboy” (Larry Weiss) / “Galveston” (Jimmy Webb) / “Since I Fell for You” (Woodrow Johnson) / “The Moon Is a Harsh Mistress” (Jimmy Webb) / “William Tell Overture” (Gioachino Rossini, arr. by Glen Campbell, Dennis McCarthy) / “True Grit” (Don Black, Elmer Bernstein) / “Still Within the Sound of My Voice” (Jimmy Webb) / “Amazing Grace” (John Newton) / “Try a Little Kindness” (Bobby Austin, Thomas Sapaugh) / “Don’t Pull Your Love/Then You Can Tell Me Goodbye” (Lambert, Brian Potter) / “Time in a Bottle” (Jim Croce) / “Let It Be Me” (Gilbert Bécaud, Manny Kurtz, Pierce Leroyer) (duet with Debby Campbell) / “MacArthur Park” (Jimmy Webb)

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Glen Travis Campbell (Billstown, Arkansas, 2204 de 1936 – Nashville, Tennessee, 080817) fue un cantante, compositor, guitarrista, presentador de televisión y actor estadounidense.

Al cumplir los dieciocho años, como guitarrista ya formaba parte de “The Western Wranglers“. En 1958 emigró a Los Ángeles para convertirse en músico de sesión (estudio), siendo muy solicitado como tal por artistascomo Nat King Cole, Bobby Darin, Ricky Nelson, Nancy Sinatra, Merle Haggard, Ronnie Dove, Phil Spector, The Monkees, Elvis Presley, Frank Sinatra, Dean Martin, Jan and Dean y The Mamas & The Papas.

En mayo de 1961, dejó a The Champs quienes tuvieron un número uno en 1958 con “Tequila“. Su primer lanzamiento en solitario, “Turn Around, Look at Me“, de ese mismo año, tuvo un éxito moderado. Fue también miembro de los Beach Boys, al cubrir la ausencia de Brian Wilson en la gira de 1964 a 1965.

Intervino en la grabación de la anción de Frank Sinatra Strangers in the Night” (Extraños en la noche), donde ejecutó magistralmente las partituras de guitarra. También participó en la canción You’ve Lost That Lovin’ Feelin’” (Has perdido ese sentimiento) de The Righteous Brothers, y en “I’m a Believer” (Soy un creyente) de The Monkees. Formó parte del grupo de estudio “The Wrecking Crew” (La tripulación demoledora), durante la época del Rock and Roll y que también definieron -al ser descubiertos por Phil Spector– los inicios del “Muro de Sonido“, a principios de los años ’60.

Actuando como artista solitario, tuvo un éxito regional moderado con “Turn Around, Look at Me” y “To Late to Worry, Too Blue to Cry” , grabados con el grupo country The River Boys). El camino al su consagración se inició en 1967 con “Gentle on my Mind” [1967] y “By The Time I Get To Phoenix” -ambas Premios Grammy simultáneamente-; ya en 1968 “I Wanna Live” y “Wichita Lineman“. En 1969, Campbell apareció junto a John Wayne en la película Valor de Ley, en la que cantaba la canción “True Grit” (de Elmer Bernstein y Don Black), nominada al Globo de Oro y al Oscar de ese año.

Ese mismo 1969, Glen tuvo su propio programa televisivo musical en la CBS, The Glen Campbell Goodtime Hour, que duró ininterrupidamente hasta 1972, contando con artistas como Eric Clapton y Cream, David Gates y Bread, The Monkees, Neil Diamond, Linda Ronstadt, Johnny Cash, Merle Haggard, Willie Nelson, Waylon Jennings, Roger Miller, Anne Murray, Mel Tillis y Johnny Reed. Con el fin del programa Glen co-protagonizó el telefilm, “Strange Homecoming” con Robert Culp y Leif Garret. y otros programas como “Down Home, Down Under” con Olivia Newton-John.

A mediados de los 70′ cosechó dos grandes éxitos con “Rhinestone Cowboy” [1975], “Southern Nights” [1977] y “Sunflower“[1977]. Reversionó en tenco-pop la primera, en 2002, con Rikki & Daz.

Después unos años ya más grises, en el 2005 ingresó en al “Museo y Salón de la Fama del Country” y en el 2010 se retiró con el álbum ‘Ghost on the Canvas‘.

EQM [con fuentes de Wikipedia (español e inglés), IMDb y otras]

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ALGUNOS DUETOS DE CAMPBELL

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Glen Campbell & Roy Clark [1990, en directo]. ‘(Ghost) Riders in the Sky: A Cowboy Legend‘ [1948]. Compuesta por Stan Jones.

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Glen Campbell & Jerry Reed [1982, en directo]. ‘Guitar Man‘ [1967]. Compuesta por Jerry Reed Stan Jones.

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Glen CampbellWillie Nelson & Roger Miller [1982, en directo]. ‘Uncloudy Day‘ [1879]. Compuesta por Josiah Kelley Alwood.

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Glen Campbell & Carl Jackson [1973, en directo]. ‘Duelo de banjos [1955]. Compuesta por Arthur “Guitar Boogie” Smith, con arreglos posteriores -para la versión de la película Deliverance [1972], de John Boorman– de Eric Weissberg y Steve Mandell.

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Glen CampbellRay Charles [1970, en directo]. ‘I Got A Woman‘ [1954]. Compuesta por Ray Charles y Renald Richard.

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Glen Campbell & Johnny Cash [1969, en directo]. ‘Folsom Prison Blues‘ [1953]. Compuesta por Johnny Cash.

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