¿Y de la gripe estacional, ni pío?

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  • ¿Y ahora por qué no hablamos de la gripe [A; 2011]?

Asociación Española de Vacunología, 140111

El alarmismo del invierno pasado contrasta con el silencio de este aunque el brote es más intenso y dañino. El año pasado por estas fechas estábamos poniendo el grito en el cielo. Los diarios llenaban las portadas con noticias de una gripe que no parecía nada del otro jueves. Mientras tanto, los gobiernos enviaban mensajes confusos y la gente solo veía que se había malgastado un montón de millones en unas vacunas que no usaríamos nunca.

Unos meses después, la crisis de la gripe A parecía olvidada. Solo quedaba en la memoria colectiva un sentido de estafa que no se correspondía mucho con el peligro potencial que había habido, ni con todos los esfuerzos coordinados para prepararnos para el peor de los casos, que por suerte nunca llegó.

Se ha escrito mucho sobre este tema y se ha discutido hasta el agotamiento sobre quién tenía razón. No vale la pena seguir dándole vueltas: es más importante mirar hacia adelante y asegurarnos de que la próxima vez lo haremos todos mejor.

Se pueden aprender muchas lecciones de cómo se ha gestionado la respuesta a las últimas gripes. Quizá la más importante es que no podemos tomar decisiones de sanidad pública sin implicar al público.

Parece una obviedad, pero los hechos demuestran que aún no lo hemos resuelto. Si quienes mandan no son capaces de comunicar con claridad qué está pasando, sin los alarmismos del año pasado ni los silencios de este, solo conseguiremos generar desconfianza.

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  • ¿Y ahora por qué no hablamos de la gripe [estacional]?

El alarmismo del invierno pasado contrasta con el silencio de este aunque el brote es más intenso y dañino

EFE, 041220

Salvador Macip en El Periódico, 041220

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  • El silencio de los corderos

Todo es incongruente, irracional, y es este ocultismo, esta falta de transparencia y claridad en los datos que nos inoculan a todas horas, lo que nos hace dudar. ¿Qué ocurrirá en invierno, cuando por causa de la gripe estacional, se mueran miles de personas, como todos los años…?

Raquel U. Hernandez [hija y madre] en naiz, 250820

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Patrullas de Policía Local en las calles de Valladolid el domingo,...
Patrullas de Policía Local en las calles de Valladolid el domingo, durante el segundo día del toque de queda a las 20 horas Nacho Gallego EFE

20.00 horas, un cierre con base legal ya

El día 19 de enero de 2021 se ha publicado en el diario El Mundo, un artículo de Manuel Izquierdo Carrasco en el cual el autor opina sobre la polémica en torno a la posibilidad de que las Comunidades Autónomas adelanten la hora del toque de queda antes de las 22.00 horas.

Manuel Izquierdo Carrasco, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Córdoba, en Diario del Derecho, 190121

La lucha contra la propagación del Covid-19 está produciendo tal riada de normas y acuerdos que es prácticamente imposible estar al día. Además, esta situación se adereza con declaraciones públicas de nuestros gobernantes confusas, inexactas o deliberadamente falsas. Ante ese panorama, desde hace unos días ha surgido una polémica en torno a la posibilidad de que las Comunidades Autónomas adelanten la hora del toque de queda antes de las 22.00 horas.

El Boletín Oficial de Castilla y León del día 16 de enero ha concretado dicho debate, por cuanto ha publicado un acuerdo del presidente de la Junta de Castilla y León en el que se fija “como hora de comienzo de la limitación de la libertad de circulación de las personas en horario nocturno las 20:00 horas”, entrando dicha medida en vigor el mismo día de su publicación.

Para entender la polémica y la base jurídica que alega el Gobierno de Castilla y León hay que acudir al Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre, por el que se declara el segundo estado de alarma para contener la propagación de infecciones causadas por el SARS-CoV-2, y al Real Decreto 956/2020, de 3 de noviembre, por el que se prorroga ese estado de alarma hasta el 9 de mayo y se modifican algunas de sus condiciones.

En la redacción originaria del Real Decreto 926/2020, el artículo 5, que lleva por título “limitación de la libertad de circulación de las personas en horario nocturno” -lo que se conoce como toque de queda-, fijaba esa limitación entre las 23:00 y las 6:00, y permitía expresamente a las Comunidades Autónomas modificar esa hora de comienzo entre las 22:00 y las 00:00.

Sin embargo, el artículo 10, que atribuía a las Comunidades Autónomas competencias para “modular, flexibilizar y suspender” la aplicación de las medidas previstas en el Real Decreto, excluía de su ámbito al artículo 5. Esto es, la única modulación que en esta medida cabía era la prevista expresamente en el artículo 5, o sea, una hora más o menos sobre las 23 horas.

No obstante, la situación cambia radicalmente cuando se aprueba el Real Decreto 956/2020. Este real decreto, además de prorrogar la vigencia del estado de alarma, también cambia sus condiciones.

En lo que ahora interesa, modifica el mencionado artículo 10 con el objeto de incluir expresamente la medida del toque de queda entre aquellas en las que las Comunidades Autónomas tienen competencia para modular, flexibilizar o suspender. Una vez atribuida esta potestad genérica de modulación e incluso suspensión a las Comunidades Autónomas, lo más adecuado, en una depurada técnica normativa, hubiera sido eliminar la regla de flexibilización que hemos visto que recogía el propio artículo 5.

Era redundante y además podía originar, como de hecho ha ocurrido, interpretaciones jurídicas contradictorias. Aunque no se eliminó, no tiene mucho sentido interpretar, como parece que hace el Ministro de Sanidad, que la única modulación posible es la que ya contenía el artículo 5, pues eso estaba en la redacción originaria y haría inútil y carente de lógica la nueva redacción dada al artículo 10.

Por tanto, partiendo de la literalidad de la redacción vigente del real decreto que declara el segundo estado de alarma y de manera congruente con el cambio normativo que se ha explicado, entendemos que las Comunidades Autónomas son competentes para modular e incluso suspender los horarios del toque de queda, pero respetando ciertos límites o condiciones.

El primer límite es que esa modulación siempre deberá moverse en “horario nocturno”, pues así se deriva del propio real decreto del estado de alarma. Esto es, ningún impedimento hay en que la Comunidad Autónoma baje el toque de queda a las 20.00 horas, siempre que a las 20.00 horas sea de noche. Lo que no podría es bajar ese horario a las 16.00 horas, pues a esa hora el sol no se ha puesto todavía.

El segundo requisito es que la medida debe comunicarse al Ministerio de Sanidad -esta comunicación se menciona expresamente en el acuerdo adoptado por el presidente de la Junta de Castilla y León-.

El tercer requisito es que tendrán que respetarse los acuerdos de coordinación que al respecto haya podido adoptar el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, que es un órgano que, bajo la Presidencia del Ministro de Sanidad, reúne a los Consejeros de Sanidad de las distintas Comunidades Autónomas -a día de hoy, no consta ningún acuerdo al respecto-.

Y la última condición es que dicha decisión debe ser adoptada por el presidente o presidenta de la Comunidad Autónoma de que se trate, como autoridad competente delegada del estado de alarma.

odo ello se respeta en el adelanto a las 20.00 horas del toque de queda adoptado por el presidente de la Junta de Castilla y León, por lo que no apreciamos ninguna tacha de legalidad en tal decisión y, por tanto, consideramos muy acertada la decisión de la Delegación del Gobierno en Castilla y León de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado velarán por el cumplimiento de ese nuevo horario.

Además, debe tenerse en cuenta que esta medida tiene su base legal directamente en el real decreto por el que se declara el estado de alarma y, por tanto, no requiere la ratificación judicial a la que sí están sometidas otras medidas sanitarias restrictivas de derechos fundamentales adoptadas por las Comunidades Autónomas.

Lo que ahora queda por ver es si esta medida se extenderá a otras autonomías -¿la secundará, por ejemplo, Andalucía, cuyo presidente la ha defendido públicamente?- o si el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud adoptará algún acuerdo al respecto para intentar reconducir la cuestión.

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Illa y Fernando Simón, en Moncloa.

Pandemia y tercera ola: morir o vivir

El experto en Salud Pública desgrana siete puntos clave para atajar, a la tercera, los datos al alza de la pandemia de Covid-19

Juan Martínez en El Mundo, 190121

Eurípides, en Orestes, dice: «Moriré o viviré. Las cosas más grandes se expresan brevemente». Y de eso va exactamente la pandemia, de morir o vivir. En medio de la catástrofe sanitaria que soportamos, cuando un ministro de cualquier signo y país expresa satisfacción o convicción sobre estar en la senda correcta, con setenta mil muertos a sus espaldas, es el momento de dimitir, a solicitud de su Presidente o del clamor popular.

Igualmente, cuando el científico jefe afirma que esto ya sabían que iba a suceder, en relación a la tercera ola, y solo se le ocurre culpabilizar a las víctimas, es el momento del cese.

Señores, llevamos reclamando durante semanas una serie de medidas clave. Así, la primera sería la puesta en marcha de un confinamiento domiciliario estricto orientado a rebajar la incidencia de infección a niveles manejables por los servicios de vigilancia epidemiológica.

Junto a ello, otras medidas que parece se han olvidado en esta ola: refuerzo del rastreo de contactos con amplitud de miras. De nuevo se ha de poner en marcha con la implicación de todas las profesiones sanitarias como una auténtica prioridad nacional.

También, dentro de las acciones a realizar debemos hacer una revisión de los protocolos nefastos que redujeron cuarentenas [de 14 a 10 días, o incluso 7, en algunas ocasiones] en lugar de ampliarlas y no potenciaron las pruebas de PCR.

En consonancia con la anterior, hay que llevar a cabo el aislamiento obligatorio de los casos y cuarentena obligatoria de los contactos.

Además, no se debe olvidar nunca la consideración del SARS-CoV-2 como un agente del máximo riesgo en todos los protocolos.

Todos estos puntos deben encaminarse a la minimización de la dispersión del virus en los ecosistemas.

Como séptimo punto imprescindible, asumir el importante papel de la inmunización. Para ello, la intensificación de las vacunaciones desde Atención Primaria, único lugar adecuado para inmunizar masivamente.

Siete ingredientes que se necesitan para una misma receta. De lo contrario ya saben, vivir o morir

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Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el texto

Homenajear al poeta

El autor se muestra a favor de rendir tributo a Gil de Biedma, a quien algunos pretenden silenciar ahora por una escena de sus diarios en la que confesó un encuentro en un prostíbulo de Manila con un menor. ¿Debe acreditarse la irreprochable moral íntima y civil de un autor para merecer un homenaje público?

Andreu Jaume en El Mundo, 190121

EL PASADO 14 de enero EL MUNDO publicaba una crónica, firmada por Luis Alemany, que se titulaba La incómoda gloria de Gil de Biedma. ¿Puede homenajear el Instituto Cervantes a quien se ha jactado de pederastia? El artículo recogía declaraciones de distintos escritores y periodistas y se preguntaba si era lícito que una institución pública rindiera tributo a un poeta que en su diario de 1956 había referido un encuentro en un prostíbulo de Manila con un menor.

El debate es un ejemplo más de la deprimente y a veces hilarante puerilidad que, de un tiempo a esta parte, viene animando la impugnación, por lo demás bienvenida, de las inercias de nuestra cultura.

Más que preocuparse por la supuesta inmoralidad de Gil de Biedma, la provocación parecía pensada para contestar «al otro bando» y acusarlo con parecida chatura intelectual, para que así todos podamos chapotear sin complejos en la misma ciénaga, encantados de vernos reflejados en el espejo deformante del otro. El propio cronista sugería sin ambages que a Gil de Biedma había que aplicarle la «jurisprudencia moral» de 2021, que en lugar de ser recusada cobraba de pronto carta de naturaleza. Dura lex sed servanda.

Entre las declaraciones recogidas, destacaba la contundencia del ensayista Pau Luque, que afirmaba categóricamente: «Me parece una calamidad que las instituciones públicas lo homenajeen. Un homenaje no es sólo decidir si se publica un libro o no, es algo más que eso e involucra algunas consideraciones éticas inevitables, consideraciones que para una editorial tal vez no tengan carácter decisivo (aunque tampoco deberían ser irrelevantes), pero para las instituciones públicas desde luego que sí. Para mí no hay dilema: que se ahorren ese homenaje».

Dejando de lado esa capciosa referencia, casi un aviso, a la liberad de criterio de los editores, la afirmación inquisitorial sirve para hacerse una serie de reflexiones, por lo demás elementales: ¿Cuál es la razón que lleva a una institución pública a rendir homenaje a un escritor? ¿Debe acreditarse la irreprochable moral íntima y civil de un autor para merecer un homenaje público? ¿Es posible evaluarlo? ¿Qué es exactamente lo que la institución reconoce cuando aplaude a un escritor?

En su discurso de agradecimiento por la concesión del doctorado honoris causa en la Universidad de La Sapienza, publicado con el título de El rito y la cultura, Rafael Sánchez Ferlosio se interrogaba acerca de la ambigüedad del rito en lo que toca a la cultura. Para Ferlosio, el intento de ritualizar la cultura, por ejemplo mediante el homenaje, es una manera de reducir el pensamiento a un «no-más-allá-del-límite» y a la vez una prueba de que la cultura constituye, en el mejor de los casos, una de las pocas formas de desafiar al poder estatuido, que intenta domesticar al saber precisamente porque teme su capacidad de ir «más allá del límite» y denunciar lo que nadie más es capaz de ver.

Homenajear a un escritor no supone, por tanto, sancionar públicamente la ejemplaridad de su vida, por otra parte imposible de conocer y evaluar en términos absolutos, sino reconocer la ambición, la complejidad, el riesgo y el coraje que demostró en su obra a la hora de representar la condición humana y analizar la sociedad en la que vivió. Como dijo Faulkner en su discurso de aceptación del Nobel:

«Creo que este premio no se le concede a mi persona sino a mi obra, a la obra de toda una vida hecha en la agonía y el sudor del espíritu humano, no por la gloria ni mucho menos por el beneficio, sino para crear algo, a partir de la materia del espíritu humano, que antes no existía».

En el caso de Gil de Biedma, no es la primera vez que se manipula torticeramente esa escena de su diario, que realmente ha dado mucho rédito desde que se publicó, como si toda su obra se redujera a eso. Poco importa que él mismo diga que estuvo allí «cinco minutos» o que admita que «los chiquillos no me gustan», algo que bastaría para desmentir la burda acusación de pederastia que se le intenta endosar, gracias a esa nueva jurisprudencia moral de la que parece que ya nadie está a salvo.

Para el caso, daría lo mismo que la secuencia hubiera sido más larga y más cruda o que incluso el poeta hubiera reincidido en el estupro, puesto que Gil de Biedma, cuando consignó ese episodio, estaba llevando a cabo un acto moral, sobre todo frente a sí mismo, sin rodeos ni excusas ni aderezos, como suelen hacer tantos diaristas profesionales.

Como decía Canetti, en un diario uno habla consigo. Si imagina un auditorio, aunque sea después de su muerte, está falseando. Gil de Biedma no pudo publicar en vida esa sección por razones que vuelven a estar de moda. Confió su publicación y sí, su juicio a la posteridad, pero no lo escribió para ella.

Segregar, por otro lado, esa escena del conjunto, con fines propagandísticos, no solo es deshonesto sino críticamente empobrecedor. Los argumentos políticos para condenar a Gil de Biedma se multiplican si uno atiende a la experiencia colonial que se refleja en esa primera parte de su diario, como el propio poeta quiso dejar claro al disponer las tres partes que conforman Retrato del artista en 1956 y que constituyen una exploración radical de las distintas dimensiones de sí mismo en un año para él fundacional.

«En las islas de Circe» se ocupa, sobre todo, de la intimidad del sujeto, con una violenta y transgresora intensidad que se opone a la fría claridad ejecutiva del «Informe sobre la Compañía General de Tabacos de Filipinas» y aun al encierro campestre, en la última parte, del poeta enfermo de tuberculosis dedicado a recapitular su aprendizaje poético en su ensayo sobre Jorge Guillén.

Lo público, lo privado y lo intelectual se entrelazan en la consabida y desesperada búsqueda del sujeto moderno por encontrar su formulación en la intimidad, sabiendo que se trata de una tentativa imposible, constitutiva del género, pero más verdadera cuanto más ansia de veracidad contiene. Quizá, después de todo, no sea raro que la recepción, en conjunto, de los Diarios de Gil de Biedma haya sido tan pobre, teniendo en cuenta lo poco acostumbrados que están nuestros escritores a hablar consigo mismos.

En ese sentido, Gil de Biedma hizo un inmenso bien a la literatura española, llevando a cabo el trabajo que a veces suelen hacer en una tradición tres o cuatro escritores. Ya sea en verso o en prosa, a la hora de abordar una cuestión íntima o un problema crítico, su propuesta siempre es moral porque de ella pueden deducirse varias reflexiones secundarias y problemáticas. Eso es lo que hace que alguien alcance el rango de escritor susceptible de ser homenajeado.

NO DEJA de ser una bonita casualidad que la expedición de esta nueva jurisprudencia moral 2021 llegue en el año en que se conmemora el bicentenario de Baudelaire, poeta condenado en su día por inmoralidad con una virulencia que se nos vuelve a caer encima. Hablando de estas cosas, el propio Baudelaire, en un apunte de sus escritos autobiográficos recogidos en Mon coeur mis à nu, decía:

«Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoral, inmoralidad, moralidad en el arte y otras estupideces me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de cinco francos, que, acompañándome una vez al Louvre, donde nunca había estado, empezó a sonrojarse, a taparse la cara y, tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba, frente a las estatuas y los cuadros inmortales, cómo podía ser que se exhibieran públicamente esas indecencias».

No hay manera, por mucho que se intente, de encorsetar la mejor literatura, ni la de Gil de Biedma, ni la de Céline, ni la de Ezra Pound ni la de T. S. Eliot la lista de malditos es cada vez más larga y más prestigiosa, en los límites del periodismo sensacionalista o del ensayismo de vuelo gallináceo.

El grito que se oye en ella –y quizá ya sólo en ella– sigue siendo el de la decencia, que es siempre difícil: Ah Seigneur! donnez-moi la force et le courage / De contempler mon coeur et mon corps sans dégoût!

Andreu Jaume es editor, poeta, profesor, crítico literario y director djel Centro Libre. Arte y Cultura (CLAC),

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Cartel soviético en 1936.

Mi experiencia con el ‘progresismo’ comunista

Ex embajador en la URSS y en Bulgaria -cuando este país pertenecía a la órbita soviética-, el autor subraya que el comunismo, que ya no engaña a nadie, siempre se ha apoyado en el miedo y la mentira.

José Cuenca en El Mundo, 190121

HACE CUARENTA años que Maurice Duverger escribió, en uno de los artículos que habitualmente publicaba en Le Monde, lo que sigue: «Un cadáver separa al comunismo del proyecto socialista: el cadáver de la libertad».

Cuando leí tan contundente afirmación, estaba yo muy lejos de pensar que dos años después, por uno de los avatares caprichosos de esta carrera mía, el destino me iba a conducir a ser embajador en dos países comunistas: la Bulgaria de Jivkov y la URSS de Gorbachov. Y allí pude comprobar lo acertado de la frase del prestigioso politólogo francés, que ejerció su magisterio en las Universidades de Burdeos y La Sorbona.

En un libro que di a la estampa hace algún tiempo, destacaba yo los dos pilares en que se ha apoyado siempre el comunismo: el miedo y la mentira. Sobre el miedo se han escrito docenas de buenos libros, que relatan cómo Stalin manejó el arma del terror como herramienta para doblegar las resistencias de quienes intentaron oponerse a su diseño de ingeniería social, que sembró Rusia y Ucrania de fosas comunes y millones de cruces funerarias.

Dos monstruos le ayudaron en esta criminal tarea: Beria y Kaganovich. Recién incorporado a nuestra Embajada en Moscú, en enero de 1987, me ofrecieron la posibilidad de conocer a Kaganovich, que habitaba, ya nonagenario y ciego, en los pisos oficiales del Embarcadero. Rechacé el ofrecimiento. Me repugnaba la simple posibilidad de tener que estrechar la mano del llamado Lobo del Kremlin: un siniestro personaje al que, siendo judío, Stalin encargó el sangriento cometido de confinar, perseguir y exterminar a sus hermanos de religión. Cometido que él desempeñó con entusiasmo y probadas eficacias. No cabe mayor infamia.

Respecto a la mentira, solo voy a citar un par de infundios clamorosos que tuvo que tragar el sufrido pueblo ruso: la total opacidad impuesta sobre la existencia del pacto Molotov-Ribbentrop y la ocultación del genocidio de los bosques de Katyn.

El 23 de agosto de 1939, nazis y comunistas firmaban el vergonzoso Pacto de Amistad germano-soviético, en cuyos protocolos secretos Berlín y Moscú se repartían los territorios del nordeste europeo. Tras la invasión de la URSS por los panzers alemanes, a comienzos del verano de 1941, Stalin decretó que tal acuerdo nunca había existido. Y levantó un espeso muro de silencio, ordenando incluso que de las hemerotecas se arrancaran las páginas que, en agosto de 1939, habían publicado los periódicos moscovitas con elogios encendidos al Führer y a sus éxitos.

De esta forma, la mentira se mantuvo durante cincuenta años, con pena de la vida o el gulag para quien osara desvelar lo realmente sucedido en aquel agosto aciago.

A mi llegada a Moscú, procedí a realizar las habituales visitas de cortesía que los embajadores hacemos a nuestros colegas más cercanos. El representante de Austria, que había servido en Madrid y hablaba un español fluido, me aconsejó no mencionar públicamente el citado pacto, cuya existencia seguía siendo tabú. Y pasamos a su despacho personal la embajada había sido ocupada por el Reich en 1938, tras la invasión de Austria, para mostrarme algo.

«Mira me dijo ésta es la no-existente mesa, sobre la que se firmó el no-existente acuerdo del que da noticia esta no-existente fotografía». Y extrajo una carpeta con la foto en la que figuraban Molotov y Ribbentrop firmando el documento, en presencia de Stalin, que aparecía con su guerrera blanca y una leve sonrisa complacida bajo sus poblados bigotes de georgiano.

La otra gran mentira fue la ocultación de los crímenes de las fosas de Katyn, donde los soviéticos dieron sepultura a miles de polacos, sobre todo militares, fusilados por órdenes de Stalin. Los comunistas son expertos consumados en ese menester cubrieron la masacre con su habitual propaganda torticera, acusando a los «germano-fascistas» de tal atrocidad.

Cuando gracias a la Glásnost de Gorbachov se supo la verdad, una prestigiosa historiadora rusa publicó en la revista Novedades de Moscú, cuyo ejemplar conservo, estas palabras: «He llorado de vergüenza al conocer esa indignidad».

Lo más hilarante, sin embargo, es el esfuerzo del «progresismo» comunista para demostrar que ese partido siempre ha levantado la bandera feminista, defendiendo el papel de la mujer en la vida política y social de los países donde manda. Qué cosas. También en este punto puedo referir algunas experiencias personales. En enero de 1987, recién llegado a la URSS, pude comprobar que no existía ninguna mujer como miembro titular en el Politburó, órgano supremo del poder soviético. Ninguna.

Y podían contarse con los dedos de una sola mano las que formaban parte de un Consejo de Ministros de casi cien carteras: rara forma de entender la igualdad de género que el comunismo sigue predicando en otros países. Y algo más. Gorbachov hizo que Raísa desempeñase las funciones de primera dama, lo que no le perdonaron los ortodoxos del PCUS, que vieron en ese proceder una reprobable «práctica pro-occidental». Porque, hasta entonces, el papel de las esposas de todos los jerarcas había sido irrelevante. Y así debía continuar.

Una anécdota puede esclarecer lo que acabo de mentar. Es ésta. A la muerte de Yuri Andrópov, su cuerpo embalsamado fue expuesto en el Salón de Columnas, según era la costumbre, para recibir el homenaje del pueblo moscovita y de los emisarios extranjeros. Dos señoras enlutadas se acercaron y una de ellas trató de colocar un ramo de flores al pie del catafalco, siendo rechazada bruscamente.

«Soy Tatiana Filípovna Andrópova», dijo al miliciano. En efecto: era la segunda esposa del fallecido secretario general, que trataba de honrar a su marido con unos crisantemos. El guardia no la conocía. Es posible que ni quiera supiera si Andrópov estaba, o no, casado.

Han pasado los años. Las viejas consignas a favor del «comunismo progresista» ya no engañan a nadie. Desde luego, no a las instituciones europeas. Por eso, el Parlamento Europeo, sede de las libertades del Viejo Continente, ha fijado el 23 de agosto como Día del Recuerdo para rendir homenaje a los millones de víctimas causadas por las dos ideologías liberticidas del siglo XX: el nazismo de Hitler y el comunismo de Stalin.

Para que se conozca la verdad. Y para que las generaciones venideras no olviden jamás los horrores perpetrados por ambas formaciones.

José Cuenca es embajador de España.

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La tenacidad

La tenacidad

Antonio Garrigues Walker en ABC, 190121

ordi Nadal, en su buen libro «La invención de la bicicleta» resume así la biografía de Abraham Lincoln:

  • 7 años: tuvo que empezar a trabajar para ayudar a sostener a su familia después de que se vieran obligados a abandonar su casa.
  • 9 años: su madre murió.
  • 22 años: fracasó en sus negocios.
  • 23 años: fue derrotado en las elecciones a legislador y no consiguió entrar a la Facultad de Derecho.
  • 24 años: se declaró en bancarrota y pasó diecisiete años pagando deudas a sus amigos.
  • 25 años: fue derrotado nuevamente en las elecciones a legislador.
  • 26 años: cuando estaba a punto de casarse, su novia falleció, lo que le destrozó el corazón.
  • 27 años: tuvo una crisis nerviosa y pasó seis meses en cama.
  • 29 años: fue derrotado en las elecciones para representante del estado.
  • 31 años: no pudo formar parte del colegio electoral.
  • 34 años: fue derrotado en las elecciones al Congreso.
  • 37 años: fue nuevamente derrotado en las elecciones al Congreso.
  • 39 años: fue derrotado por tercera vez en las elecciones al Congreso.
  • 40 años: no fue aceptado para un trabajo como alto funcionario de estado.
  • 45 años: fue derrotado en las elecciones al Senado.
  • 47 años: fue derrotado en las elecciones del Partido Republicano para candidato a vicepresidente del país (obtuvo menos de cien votos).
  • 49 años: fue nuevamente derrotado en las elecciones al Senado.
  • 51 años: Abraham Lincoln es elegido presidente de los Estados Unidos de América

Un ejemplo perfecto de cómo la tenacidad en la lucha por conseguir un objetivo puede, antes o después, superar todos los obstáculos por insalvables que parezcan. Ese es el género de actitud que necesitamos en una España muy afectada por la pandemia y la crisis económica local y global.

Vamos a tener que poner en marcha todos los resortes morales que nos permitan actuar con firmeza, con audacia y con un profundo sentido de la solidaridad que siempre ha sido un factor clave en la sostenibilidad de los sistemas incluso en épocas de crecimiento intenso.

Lo que España no puede hacer ahora es quedarse sin fuerza, sin ánimo y sin objetivos dignos.

Hay que reclamar un liderazgo más firme, más comprometido y menos ambiguo, y sobre todo menos condicionado por la obsesión de mantener el poder que puede conducir a situaciones similares a las que se han vivido en los Estados Unidos, o las que podemos vivir en varios países europeos, y entre ellos, y de manera especial, en España, en donde la erótica del poder parece justificar y legitimar pactos entre partidos con ideologías dispares e incompatibles que van a limitar y entorpecer inevitablemente la capacidad de acción y podrán poner en riesgo la convivencia en democracia.

El estamento político tiene que asumir responsabilidades como cualquier otro estamento. La idea de utilizar el poder, no para transformar la sociedad, sino exclusivamente para mantenerse en el poder es inmoral desde todos los puntos de vista.

Es un «delito» democrático que la ciudadanía acabará castigando con sus votos o por otros medios que habrá que desarrollar, porque la ciudadanía está harta de tanta doble moral, de tanto cinismo, de tanto engaño. Va a dar un golpe en la mesa y va a decir ¡basta! No llega a ser categoría de amenaza, pero es algo más que una advertencia.

Todo tiene un límite y ya lo hemos superado con creces. O reaccionamos o merecemos lo que nos pasa. No hay otras opciones. Y la única válida es la de seguir luchando con la moral y la tenacidad de Abraham Lincoln hasta convertirnos en un país con la capacidad de acción y el protagonismo que nos merecemos.

Bastaría con convencernos de que España tiene un enorme potencial de desarrollo político, económico y sobre todo cultural que podría poner en marcha en cualquier momento, pero como buen país latino padece de inseguridad en sí misma y mantiene una alta capacidad autocrítica que frena ese potencial sin justificación alguna.

Es en este momento histórico, cuando nuestro país podría compartir el liderazgo en todos los problemas del mundo y liderar en solitario varios de ellos. Nuestra condición de país europeo y de país latino y la fuerza de nuestro idioma nos coloca en una situación privilegiada. Ningún otro país europeo tiene ese potencial.

¿A qué viene entonces tanta pobreza de acción en los problemas globales? ¿tanto complejo de inferioridad? ¿tanta pereza mental? Pongámonos a ello porque va a merecer la pena. Va a sacarnos de este letargo y va a generar una nueva sociedad con nuevos impulsos, nuevos personajes y nuevas perspectivas. ¿Se puede pedir más?

Sí. Se puede pedir que nuestra sociedad civil levante la voz y además de ejercer el derecho a la crítica se cuide también de ofrecer ideas y soluciones. Es ahí donde reside la diferencia, la enorme diferencia entre nuestra sociedad civil y la anglosajona.

Limitarse al ejercicio crítico es demasiado fácil. Ofrecer salidas y colaborar con las autoridades competentes es la verdadera obligación. Es así como se construye y se cimenta una vida democrática auténtica y como se gestan valores cívicos profundos que en España escasean. Pero podemos revertir la situación. Vivimos en sociedades complejas que afrontan problemas complejos y tenemos que estar dispuestos a renunciar al que «resuelvan ellos». Tenemos la suerte de que nos toca a nosotros.

Vamos a demostrar nuestra tenacidad. Vamos a recuperar la garra, la audacia, la mentalidad innovadora, la convicción de que es posible superar cualquier obstáculo, y vamos asimismo a denunciar las intolerables mentiras de los que detentan el poder a todos los niveles. En ningún país europeo quedarán inmunes las falsedades con las que se pretenden justificar actuaciones o informaciones realmente injustificables.

No podemos ser tan diferentes al resto de nuestros colegas. La mentira probada tiene que provocar la dimensión del mentiroso y abrir un proceso de posibles responsabilidades penales o civiles. En nuestro país hasta ahora ni siquiera se ponen colorados. Seamos tenaces en denunciar esta situación.

Antonio Garrigues Walker es jurista.

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Trece millones de españoles no se sienten representados por la actual ley electoral
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Trece millones de españoles no se sienten representados por la actual ley electoral

Victoria Rodríguez-Blanco The Conversation, 190121

Los catalanes están llamados a las urnas el 30 de mayo. Acudirán a votar una vez más sin una ley electoral propia. Llama la atención la pereza legislativa del Parlamento Catalán para no haberse provisto de una ley electoral como sí han hecho otras Comunidades Autónomas y que incluso andan ya en proceso de reformas.

Algunas de ellas, como la valenciana, tienen preparado un proyecto que mejora algunos elementos como la proporcionalidad entre territorios y ofrece un plus de elección a los votantes a través de una lista cerrada pero no bloqueada donde el elector pueda mostrar preferencias entre los candidatos de la lista del partido.

En el año 2015, el catedrático de Ciencia Política Joan Botella defendió en el Parlamento catalán una Iniciativa Legislativa Popular que mejoraba los mecanismos electorales,

Esta iniciativa legislativa contaba con el aval de 90 000 catalanes y su toma en consideración fue aprobada por unanimidad por el Parlament pero los avatares de la política catalana no han posibilitado culminar esta ley.

Los sistemas electorales son más relevantes de lo que se pueda pensar y son pieza esencial de los sistemas políticos. Tienen efectos sobre el sistema de partidos, sobre la fragmentación o no de los parlamentos, sobre el diseño de las campañas.

Tienen efectos sobre la relación entre el representante y elector, en la conformación de gobiernos estables o sobre los efectos psicológicos del elector, como afirmaba Duverger. También tienen efectos sobre la conformación de los grupos parlamentarios.

La ley necesita una revisión profunda

La LOREG que regula los procesos electorales en España es de 1985 y, aunque ha tenido algunas modificaciones menores, necesita una revisión profunda.

Después de casi 40 años de rendimiento electoral ya somos capaces de detectar sus desajustes e injusticias y es hora de que se abra el debate sobre una reforma electoral que corrija, entre otros extremos, la desproporción entre población y escaños existentes en algunas provincias o el distinto valor del voto de un ciudadano de Valencia o de Castellón, por ejemplo.

Entre los pensadores que a lo largo de la historia han abordado la reflexión sobre la democracia encontramos la radicalidad de Rousseau, quien defendía una democracia directa, llegando a considerarla incompatible con las instituciones representativas.

Sin embargo, las sociedades democráticas actuales son representativas. El electorado delega en unos cargos públicos la representación de nuestros intereses, de nuestra economía, de nuestros valores, pero ¿son los representantes públicos fieles defensores de los ciudadanos? Aquí es donde surge el dilema.

Si se concibe la representación como el instrumento que hace presente algo, que sin embargo, no está presente literalmente o de hecho (Pitkin, 1985), sería necesario que el representante hiciera lo que quisiera su principal, aquel al que representa. Debería venir obligado a obrar como si el representado fuera el que estuviera actuando.

No se entenderá como representación la actuación de aquel que hace lo contrario de lo que harían sus electores. Pero tampoco habrá representante si este no tiene ninguna capacidad decisoria.

Por tanto, se puede afirmar que entre lo que es y lo que no es en absoluto representación existen unos límites donde hay un espacio suficiente para una variedad de posibilidades sobre lo que debería hacer o no un buen representante.

En el sistema político español la representación se articula a través de listas cerradas de partidos, no de listas abiertas (salvo la elección del Senado) y se presupone que los partidos políticos deben ser instrumento fundamental de representación y que deben “representar a su electorado”, con ciertos márgenes de actuación al estar prohibido el mandato imperativo por la Constitución, pero esta discrecionalidad de sus actos no debe dar lugar a que sean irreconocibles desde la perspectiva del votante.

¿Un problema para los españoles?

Si los cargos públicos elegidos tras un proceso electoral fueran fieles representantes de los ciudadanos, cabe preguntarse por qué estos actores políticos suponen desde hace ya varios años un problema para los españoles, según nos confirma el CIS desde hace años.

En principio, parece razonable pensar que no están siendo un verdadero reflejo de la voluntad de los electores. En las últimas elecciones nacionales de noviembre de 2019 la abstención superó el 33% del censo, lo que supone que más de 12 millones de personas no fueron a votar. Además, entre los que acudieron a las urnas, 249 487 votaron nulo y 217 227 votaron en blanco. Más de 300 000 electores votaron a partidos políticos que no obtuvieron representación.

La plataforma Otra Ley Electoral (OLE) ha puesto en marcha la recogida de firmas para impulsar una reforma electoral y que se incorpore a la agenda política el debate sobre la modificación de esta normativa tan relevante para el sistema político.

Más de 13 millones de españolas y españoles que no se ven representados con la actual ley electoral lo merecen.

Victoria Rodríguez-Blanco, Profesora de Ciencia Política, Universidad Miguel Hernández.

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Tercera Edad en Acción [partido político]

[A pase de Blas, 180121]

Tercera Edad en Acción es un partido político de ámbito nacional, fundado por un grupo de profesionales, funcionarios, etc., la mayoría de nosotros jubilados y con muchos años de experiencia en una lucha ininterrumpida dedicada a levantar la economía de nuestro país desde los lejanos años 50, por lo que el esfuerzo, el tesón, el sacrificio y la generosidad hacia todos, han sido objetivos comunes y constantes en nuestras respectivas vidas.

DECLARACIÓN POLÍTICA

1.- RAZÓN DE SER: Este partido político nace como resultado del malestar de muchos españoles, no conformes con la situación de la clara deriva que ha tomado España a causa de sus últimos políticos y la ausencia de respuestas de una gran parte de la Sociedad Española y, con especial atención a las pensiones de todo tipo.

Tercera Edad en Acción -3e- ha sido fundado por un grupo de personas, todas ellas jubiladas, con procedencias profesionales y tendencias políticas diversas y con un claro objetivo: poner al servicio de toda la Sociedad Española, tanto su experiencia vital como profesional y laboral, fruto de una intensa vida de estudio y trabajo, de compromiso y dedicación.

Esta Declaración no es estática, muy al contrario, se irá enriqueciendo con las aportaciones y el saber de todos nuestros afiliados.

2.- ¿POR QUÉ TERCERA EDAD EN ACCIÓN?: Porque no somos sólo políticos, sino, sobre todo, gestores, ya que hemos gestionado nuestra actividad profesional y laboral, y nuestras familias durante toda una vida. Tenemos un doble objetivo:

2.1 – Por una parte, mantener, gestionar, mejorar, proteger y asegurar para el futuro, toda clase de pensiones, como las de jubilación, viudedad, incapacidad, orfandad, etc.; así como defender a los mayores de 50 años y cercanos a esta edad, para que se reconozca el valor de su profesionalidad y experiencia. También queremos representar a los abstencionistas y a los decepcionados por el rumbo que ha tomado la política actual.

2.2 – Ofrecer una nueva forma de hacer política, con ciudadanos unidos, de firmes principios éticos y morales, mirando al futuro y pensando en nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos. El objetivo es llegar al Congreso de los Diputados, para influir en las decisiones políticas que afectan a todos: Constitución, nueva Ley Electoral, unidad de España, Autonomías, Empleo, Inmigración, Educación, Sanidad, Justicia, Agricultura, Medio Ambiente, Energía, Plan Hidrológico, etc.

3.- ¿QUÉ QUEREMOS EN TERCERA EDAD EN ACCIÓN?: En 3e queremos llegar a toda la sociedad española y dignificar, no sólo al colectivo de la tercera edad y a los mayores de 50 años, cuya experiencia y profesionalidad se está olvidando, sino también a los jóvenes que necesitan confiar en que podrán elegir el puesto de trabajo que les motive y los lleve a ser la mejor versión de sí mismos.

Queremos acuñar el concepto de Sociedad del Bienestar, cuyo significado es el bienestar de la sociedad, y no Estado de Bienestar que, como se está viendo, se traduce en el bienestar del Estado. De este modo, elevar la conciencia de los ciudadanos, de forma que vuelvan a confiar en el futuro de este país, que, con tanto esfuerzo y dedicación, hemos creado los mayores. Y todo ello vamos a lograrlo desde la honestidad, la credibilidad, la eficiencia y la eficacia.

Queremos declarar que somos un partido sociológico y transversal, democrático y constitucional, sin una ideología política definida, ni de derechas ni de izquierdas, es decir, un partido de unión de todos los españoles, sin enfrentamientos, sin rencores ni rencillas, y donde la idea de una TERCERA ESPAÑA sea posible, tal y como la concebían grandes pensadores españoles, desde la Ilustración hasta nuestros días, como: Ortega, Marañón, Maeztu, Madariaga, etc. Una TERCERA ESPAÑA unida, capaz de unir a las dos Españas, hoy enfrentadas.

Somos conscientes del gran trabajo que tenemos por delante para llegar a ser elegidos como la primera opción política, pero creemos que, con nuestra inquebrantable voluntad, intensa dedicación, y dilatada experiencia y, sobre todo, con la adhesión y ayuda de todos vosotros, nuestros afiliados, será posible conseguirlo.

4.- ¿QUÉ OFRECEMOS?: 3e está muy preocupado por:

• La ruptura social que se observa en nuestra sociedad.

• Por los gastos inútiles de las diferentes Administraciones.

• Por nuestro futuro y el de nuestros hijos y nuestros nietos.

• Por el mundo empresarial, que es el que, en definitiva, genera riqueza.

• Y, sobre todo, por nuestro colectivo de mayores y el futuro de nuestras pensiones.

Para todo ello proponemos trabajar en los siguientes aspectos:

4.1 – Creación del Ministerio de la Tercera Edad: Con competencias sobre materia de pensiones, así como todo lo que afecte al colectivo de pensionistas y mayores.

4.2 – Creación de una Comisión Nacional: Órgano ejecutivo formado por ciudadanos de la sociedad civil, independiente del Gobierno y de cualquier partido político, que lleve a cabo el control y la alta inspección necesaria para la eliminación de la corrupción, el gasto público inútil, la independencia del poder Judicial y la duplicidad de cargos. Será también de su competencia la revisión de sueldos, prebendas y dietas de los políticos y sus asesores, así como de su número. Dicho órgano civil estudiará y autorizará el porcentaje y la idoneidad o no, del aumento del salario de todos los cargos políticos.

4.3 – Eliminación del sueldo vitalicio de los políticos: Todos deben tener derecho a la prestación por desempleo y a la jubilación en forma igualitaria con el resto de los ciudadanos.

4.4 – Pensiones: Revisión del Pacto de Toledo. Viabilidad del sistema, sostenibilidad y futuro de las pensiones, promoviendo el inmediato aumento de las pensiones contributivas irrisorias, así como las de viudedad y las de los autónomos. El estudio de la progresiva mejora del resto de pensiones, sean o no contributivas y, una vez realizado todo esto, la adaptación al I.P.C. será justa y podrán actualizarse de forma conjunta.

4.5 – Atención especial al colectivo de la tercera edad: Residencias especiales, dignas y más numerosas, con precios asequibles para todos los jubilados y discapacitados. Fomento de la relación entre personas que viven en soledad o en zonas aisladas. Fomento de las viviendas colaborativas con servicios comunes (cohousing)

4.6 – Reforma fiscal: Eliminación en el IRPF de las pensiones, pues la pensión no es un rendimiento del trabajo. Reducción del IBI de la vivienda habitual del pensionista. Supresión de los impuestos de patrimonio, herencia y donaciones, así como de la tributación del bien donado en el IRPF del donante, ya que la donación no incrementa el patrimonio del donante, (sino todo lo contrario). Revisión del resto de impuestos directos e indirectos, favoreciendo a los autónomos y pequeñas empresas, que crean empleo y a los colectivos más desfavorecidos. Protección al ahorro y a la inversión.

4.7 – Reforma laboral: Nuevas leyes laborales que permitan a los jubilados, prejubilados y subvencionados desarrollar trabajos remunerados o crear empresa, sin que por ello tengan que renunciar a la pensión o subvención, dado que son derechos adquiridos y anteriores a lo que decidan hacer después con su tiempo y sus conocimientos. Los impuestos y seguros sociales generados por ellos se destinarán al Fondo de Pensiones de la Seguridad Social. Esto crearía una imagen distinta para la 3ª edad, y se la respetaría mucho más.
Estudio del paro en los autónomos. Flexibilidad de horarios, paternidad y especial atención a familias monoparentales.

4.8 – Seguridad Social y Sanidad: Tarjeta Sanitaria única, con historial médico individual y accesible desde cualquier parte de España. Estudio de la posible implantación del cheque sanitario. Dignificación y reconocimiento de la labor y dedicación de los profesionales de la salud: Cotización según las horas reales trabajadas, eliminación de contratos temporales que se perpetúan en el tiempo, equilibrar los salarios en función de la responsabilidad y riesgos que asume cada profesional en el ejercicio de su especialidad médica o sanitaria. Control de hospitales, mejora de su gestión y del gasto sanitario. Ampliación en número de profesionales en hospitales y ambulatorios de modo que logremos un equilibrio entre la buena atención y el personal disponible. Revisión del concepto de Sanidad Universal.

4.9 – Defensa de la Unidad de España y respeto a todas las ideologías: En el marco de la democracia y el respeto a la Constitución, eligiendo nuestras soluciones con lo mejor de cada ideología.

4.10 – Políticas de Inmigración coherentes y con el debido control: Con el fin de evitar abusos y gastos innecesarios al Gobierno, así como evitar el lucro de organizaciones mafiosas indeseables.

4.11 – Justicia única y auténticamente independiente: Separación absoluta de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El Tribunal Supremo como última instancia judicial.

4.12 – Reforma de la Constitución. Revisión Autonomías: Devolución al Gobierno Central de la Sanidad, Educación y Justicia. Sistema Electoral con listas abiertas.

4.13 – Educación con una línea única y un modelo educativo común: Que sea duradero para toda España, utilizando del castellano o español como lengua vehicular. Dicho modelo debe ser fruto de un acuerdo entre todos los partidos con representación parlamentaria significativa para que, realmente, sea duradero y contenga las mejores ideas de cada uno de ellos. Libertad de elección de centro. Implantación del cheque escolar. Potenciación de una Formación Profesional de alto nivel y de la Formación Dual, estableciendo los convenios pertinentes entre empresa y Ministerio de Educación.

4.14 – Demografía: Necesidad de aumentar el índice de natalidad mediante la ayuda directa a las familias numerosas. Incentivos por cada hijo. Escuelas infantiles gratuitas. Consideración de familia numerosa a la familia monoparental con dos hijos a su cargo. Implantación de ayudas y alternativas eficaces a las futuras madres solteras como consecuencia de un embarazo no deseado. Estudio para una nueva legislación sobre adopción mixta (padres adoptivos – madre biológica).

4.15 – Sector Primario: Favorecer y estimular la compra del producto español por delante de las importaciones, mediante el estudio de los costes de producción, distribución y venta, así como los canales establecidos para la exportación.

4.16 – Vida y Valores: Cultura de protección a la vida desde su inicio hasta su final biológico. Lucha y denuncia contra la corrupción, el fraude y la promesa política no cumplida cuando no se ha argumentado ni justificado dicho incumplimiento a los ciudadanos, así como la defensa de la verdad y castigo ejemplar de la mentira política. Leyes penales que impidan las Fake News (noticias falsas). Control del abuso en redes sociales. Nueva ley de medios de comunicación que favorezcan la competencia, impidiendo el acceso de los partidos políticos a su control. Prohibición de la publicidad y la propaganda subliminal, a través de una Comisión Nacional de Redes de Comunicación con un tribunal de justicia adicional.

Teléfono: 639 770 153, 686 966 406 y 91 176 36 51

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

 

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Vídeos

Humor


Joaquim Aubert Puigarnau ‘Kim’, 2013 [España, 1941]

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Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo

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Indultos por independentismo de explosiva baja intensidad

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  • Sánchez ofrece a JxCAT un indulto a los golpistas tras las elecciones a cambio de rebajar la “tensión”

Carlos Cuesta en okdiario, 180121

  • Los CDR detenidos preparaban acciones terroristas contra las sedes de PP y PSOE en Cataluña

Teresa Gómez en okdiario, 170121

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Salvador Illa, sobre su gestión del Covid-19: "Lo he hecho lo mejor que he podido" | Salud

Lunes y tonnntos

Santiago González en su blog, 180121

Podemos ha colgado en su cuenta de twitter una melonada de ese portento navarro llamada Ione Belarra: Te están cobrando la patata a precio de aguacate, y la derecha quiere que hablemos de bajar el IVA a costa de recortarte servicios públicos, pero de que el frutero se está forrando estafándote, ni mu. Pregúntate por qué tertulias y telediarios hablan del IVA y no de la estafa.

El Capitán anotó en mi blog: Última hora: Sanidad calcula que para finales de mes todos los alcaldes socialistas estén vacunados.

Illa: El PSC, desde su fundación, defiende que Cataluña es una nación, desde el siglo pasado. Hace 40 años que defendemos lo mismo. Entiendo que para algunos pueda suponer una novedad, pero para los que conocen un poco nuestra trayectoria política y nuestra forma de pensar no lo debería de suponer. Por tanto, en este aspecto, si me lo permiten, esto no debería de suponer ninguna novedad.

Luego está lo de Illa, de quien hemos conocido una proclama de Cataluña como nación y una comparecencia surrealista con tres banderas: la española, la europea y la señera. No hay quién dé más.

Mónica López, la presentadora de ‘La Hora de la 1 también conocida como la Isóbara, no tuvo empacho en permitir a su invitado del día 15 de enero de 2021, Joan Tardà, en soltar su mitin separatista y pedir, una vez más, la amnistía para los golpistas encarcelados en prisiones de Cataluña.

Alba González Sanz, es la feminista a la que Irene Montero había destinado a la Dirección General de Igualdad de Trato y Diversidad Étnico Racial hasta que la marquesa reparó en que tenía una negra de verdad, activista de origen ecuatoguineano, que era sobrina de Enrique Gori, procurador en las Cortes de Franco. Había otra incompatibilidad onomástica: llamarse Alba para encargarse de la negritud. Pero sigue de asesora y ha tenido una frase luminosa:

«Vivimos en un país que tiene unos horarios completamente irracionales. Esto lo repite y lo explica muy bien la ministra Irene Montero. Si no reflexionamos sobre los usos del tiempo y sobre esa pobreza de tiempo que tenemos las mujeres, mal vamos».

Iván Redondo comparecía en entrevista con El Diario Vasco, que le dedicaba el siguiente titular: “En torno a mi persona hay más ficción que realidad”. Monsieur de Sans Foy cogió el punto al tema: “En torno a mi persona”. Un ególatra asesorando a otro. ¿Qué puede salir mal? También le vio Juan O., que comentó: “Y va el tío y suelta eso con una cola de ardilla pegada a la cabeza”.

El vicepresidente Iglesias vive. Ayer lo demostró en ‘Salvados’, qué gran acierto el título de este programa, con Gonzo haciendo de Herbert Matthews: Y dijo que el Rey emérito es un fugitivo y Puigdemont un exiliado como los de Franco, que se ha jodido su vida por sus ideas políticas. Por sus ideas, no por sus actos.

Gandumbas daba una noticia el sábado: “Ahora mismo en Antena-3: Una mujer de 61 años, detenida en un café de Florida por negarse a llevar mascarilla. Era seguidora de Donald Trump. Tal cual.”

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Perfiles Ideas en EL PAÍS

Desmontando el ‘efecto Illa’

Vicente Vallés en El Confidencial, 180121

Parecía la nueva jugada sobresaliente de la máquina-de-tácticas-políticas-ingeniosas-temerarias-e-infalibles-de-Moncloa. Consistía, como primera providencia, en sorprender y epatar. Y para sorprender y epatar, en ocasiones hay que mentir (segunda providencia). La sorpresa radicaba en elegir al ministro de Sanidad, Salvador Illa, como candidato a la presidencia de la Generalitat.

La mentira, en negar hasta el último minuto que tal cosa fuese a ocurrir. Illa fue seleccionado para tan alta labor por voluntad personal del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, en un nuevo ejemplo de que las elecciones primarias para escoger a los candidatos son otro episodio fallido en la supuesta aspiración de renovar la democracia interna de los partidos en España.

Golpes de efecto, provocar desconcierto, coger al adversario a contrapié… El tacticismo del próximo cuarto de hora domina la política de nuestro tiempo. Pero los perspicaces operarios de esa maquinaria –tan exitosos otras veces, pero ensoberbecidos en su admiración por sí mismos– tuvieron un par de inexcusables olvidos. El primero, la peligrosa evolución de la pandemia.

Se trata de un error de cálculo, porque no hay otro problema más grave. Y ese error de cálculo resulta aún menos comprensible si recordamos que el candidato es el ministro responsable de la gestión de esa pandemia que, según su propio testimonio, dispone de un inmejorable equipo de expertos capaces de prever con diligencia el discurrir del virus.

El segundo olvido es que no hay quien gane a los independentistas en el manejo de la trampa. Los Puigdemont, Junqueras, Aragonès o Rufián están inéditos en la gestión de las cosas, pero muestran un notable virtuosismo para el destrozo, así de Cataluña como de España como de las componendas electorales de quienes delinean planes en determinados despachos.

El diseño les parecía inmejorable: mantener a Illa al frente del ministerio hasta finales de enero, beneficiarse en ese tiempo de la esperanza provocada por la vacuna, y aterrizar en Cataluña como responsable del progresivo final de la calamidad sanitaria. Pero la calamidad sanitaria ha tomado sus propias decisiones desbocando la incidencia del virus. Y los independentistas también han tomado sus propias decisiones, aplazando la cita con las urnas hasta finales de mayo. Casi ‘sine die’.

El pretendido “efecto Illa” puede pasar de sólido a líquido, y de líquido a gaseoso en ese plazo tan largo, porque una sorpresa lo es hasta que deja de serlo. Todo tiene fecha de caducidad, así en la política como en la vida.

Los diseñadores del plan, extraviados ante la evidencia de que su idea genial ha sido un fiasco, han llegado a acusar a los independentistas de “suspender la democracia”. Y sus adversarios sospechan que Illa se ha negado hasta ahora a ordenar un nuevo confinamiento –en contra de la opinión de muchos expertos a los que antes se citaba como fuente de todas las decisiones del Ministerio de Sanidad– para no facilitar la excusa que justificara el aplazamiento de las elecciones catalanas, como ocurrió el año pasado con las vascas y las gallegas.

Y, en un nuevo barroquismo propio de nuestro peculiar hábitat político, el ministro que tiene que decidir sobre el confinamiento resulta ser candidato en esas elecciones.

Illa asegura que seguirá en su cargo “hasta que empiece la campaña y centrado al 101%” en su trabajo en Sanidad. Por tanto, le quedan cuatro largos meses en el Gobierno. A su vez, se retrasaría la segunda intentona de Pedro Sánchez de traer a Madrid a Miquel Iceta. En esta ocasión, como posible ministro de Política Territorial. Hace un par de años quiso que presidiera el Senado, pero sus ahora socios independentistas lo impidieron. Iceta no consigue coger el puente aéreo.

Ahora, a Moncloa le toca recalcular porque el pretendido golpe de efecto prescribe. Eso no implica necesariamente que las expectativas electorales de Illa tengan que ser revisadas a la baja. Pero la velocidad a la que circula la política hace que aquello que hoy es una buena idea mañana pueda ser contraproducente; y pasado mañana, quién sabe si un éxito o una catástrofe.

Los estrategas habían dibujado en su pizarra de Moncloa un gráfico consistente en que el PSC acogiera por un lado a votantes huérfanos de Ciudadanos y por otro a votantes nacionalistas que pudieran estar empachados con la sobreabundancia de independentismo de los últimos años. La pizarra, como el papel, lo aguanta todo. Y si tal cosa ocurría, el resultado de ese dibujo derivaría en una preeminencia electoral de los socialistas y provocaría más fisuras en el ya fisurado mundo independentista.

Quizá se pudiera reeditar el tripartito de izquierdas con la confluencia catalana de Podemos y con ERC; y así se reforzaría también el pacto Frankenstein que aseguraría el poder al ticket Sánchez-Iglesias hasta el infinito y más allá. Era el plan para el 14 de febrero. Lo que no se sabe es si servirá de igual manera para el 30 de mayo.

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Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto 

 

nseñanzas del asalto al Capitolio

El autor subraya que en las dinámicas populistas las mentiras arraigan: una parte de la sociedad en EEUU cree que ha habido un fraude electoral como muchos catalanes piensan que Europa les espera como un ‘pueblo elegido’

Nicolás Redondo Terreros en El Mundo, 180121

EL RECIENTE asalto violento a la sede de la representación democrática del pueblo estadounidense, alentado irreflexivamente en primera instancia por el propio presidente, ha hecho más evidente el peligro que corren los difíciles, antinaturales y contradictorios equilibrios en los que se asientan nuestras democracias.

Con la fuerza y la nitidez que poseen todos los sucesos y las imágenes que nos llegan de ese gran país, vimos durante unas horas cómo volvíamos al siglo pasado, a experiencias que creímos desechadas para siempre, derrotadas por los avances en todo aquello que depende de la experiencia y de la razón. Y sucedía justamente donde creímos que era imposible, en EEUU.

No fue, por mucho que quieran hacérnoslo creer, un acto aislado. El colorido pronunciamiento civil provenía de una dinámica impetuosa y profunda, que no quisieron ver cuando iniciaba su proceso destructivo. Tal vez la primera víctima fue el propio Partido Republicano. Trump, venciendo a todas las familias clásicas y a la clerecía de la formación, se apropió del gran partido que actualmente representa y es cauce de las expresiones de derechas y conservadoras, poniéndolo al servicio de su persona y de su contradictorio programa político.

Mientras en Europa nos entreteníamos en desmenuzar las razones de las crisis que afectaban a los partidos socialdemócratas, asistíamos, sin darle importancia, a la transmutación del gran partido americano. No nos dimos cuenta que la crisis afectaba por igual a los partidos políticos tradicionales, fueran de la izquierda o la derecha.

Por otro lado, la derrota de Hillary Clinton, asediada por el izquierdismo viejuno de Sanders, fue un toque de atención, igualmente desatendido, a los demócratas. La victoria de Trump, con la correspondiente derrota de una candidata que representaba la política tradicional del Partido Demócrata, abría el camino a la polarización de la sociedad americana, al atrincheramiento en pasiones políticas radicales y al enrocamiento en mundos ideológicos extremadamente cerrados y antagónicos, de los protagonistas de la política de la gran nación americana. Los extremos no sólo se tocan, se siguen y se necesitan.

El presidente, prescindiendo de los organismos intermedios que prestan consistencia a las democracias sólidas e integradas, estableció y mantuvo una relación directa, cesarista, plebiscitaria con su clientela.

Ha sido tan poderosa su apropiación del Partido Republicano, a través de esa relación populista con sus seguidores, que nadie se atrevió a oponerse a su arbitrariedad, exceptuando al senador John McCain, que ya había exhibido su grandeza personal y política en el enfrentamiento electoral con Barack Obama.

A esa realidad frustrante, los demócratas, pero también los medios de comunicación, añadieron a la legítima, inevitable e imprescindible crítica al inquilino de la Casa Blanca una gran carga de radicalidad política. Era evidente la necesidad de una alternativa sosegada, moderada, que ofreciera un discurso adaptado al siglo XXI.

Pero durante estos cuatro años últimos, esa necesidad se vio preterida por extremismos identitarios, envueltos en una confrontación sentimental, alejada de la crítica racional e inteligente y a la vez integradora.

Las muy legítimas protestas contra la desmesurada, frecuente y arbitraria violencia empleada por la policía de algunas ciudades contra ciudadanos de raza negra fueron aprovechadas por manifestantes extremistas que, instrumentalizando la honesta indignación popular, intentaron arrasar la propia historia de su país.

No tuvieron interés en contextualizar, como se dice ahora, la historia, sino que la pisotearon, olvidándose que en el pasado encontramos el imprescindible contraste que necesitamos no sólo para saber quiénes fuimos, sino para saber cabalmente quiénes somos. Esa radicalización iconoclasta e ignorante, que terminó arrasado símbolos históricos como diversas estatuas de Colón o de Fray Junípero Serra, no contó con el aplauso y el impulso del Partido Demócrata, pero sí obtuvo la simpatía de diversos dirigentes de ese partido.

La elección de Biden, en el que depositamos más esperanzas e ilusiones que certidumbres, es también una muestra de las dificultades del Partido Demócrata ante el avance del iliberalismo izquierdista. Sólo él podía ganar la primera e imprescindible batalla a Sanders, ejemplo genuino de la extemporaneidad de algunas ideas de la izquierda. De cualquier manera, la victoria de Biden, algunas intervenciones prudentes y los primeros nombramientos parecen indicar que van en la buena dirección.

De la misma forma que el uniforme comportamiento de los más diversos representantes institucionales de todo el país y de todos los ámbitos del espacio público ante la tensión poselectoral introducida por Trump, nos da motivo para la esperanza.

En estos momentos de máxima gravedad, se ha impuesto el peso de la dignidad institucional estadounidense, adquirido durante varios siglos y contrastado en graves crisis en el pasado. Pero los estados no deben olvidar que la división social continúa y que se agudizará notablemente en estos primeros momentos de la legislatura demócrata, impulsada por el discurso del presidente saliente sembrando dudas sobre la limpieza del proceso electoral.

En las dinámicas políticas dominadas por el populismo es muy frecuente que engaños y mentiras inverosímiles arraiguen en los espíritus fanatizados: allí una parte de la sociedad estadounidense cree que se ha producido un gran fraude electoral, muchos británicos asumieron que la UE literalmente les robaba y muchos catalanes siguen pensando que Europa les está esperando como se esperaría a un pueblo elegido.

Volviendo a EEUU, para remediar esa polarización son necesarios nombramientos acertados por parte de Biden y que las instituciones estadounidenses muestren su gran fortaleza y temple en estos difíciles tiempos. Sin embargo, estos requisitos son necesarios pero no son suficientes; los demócratas están obligados a elaborar un discurso que una al país.

No deben ser ajenos a la necesidad de rescatar al Partido Republicano de las garras del populismo trumpista. Los demócratas podrían ver todo lo sucedido como una oportunidad para un mandato prolongado, debilitando aún más a sus competidores, que se debatirán durante un tiempo entre la necesidad de refundarse y el control que todavía ejerce en sus filas el populismo de Trump.

En esta ocasión, el legítimo egoísmo partidario supondría una equivocación lamentable y el error sería de una profundidad histórica para el pueblo estadounidense y para los que de una u otra forma nos podemos considerar más que amigos de esa gran democracia. En la historia vemos periodos de avance, periodos de retroceso y de contención, los dirigentes sagaces saben distinguir en qué tiempo se mueven. Y a mí no me cabe duda que este momento es de contención, de restañar los daños causados, de recobrar lo perdido.

LOS DOS grandes partidos norteamericanos, que podríamos asimilar a las dos grandes opciones ideológicas moderadas que protagonizaron el pacto constitutivo de las democracias social liberales una vez concluida la II Guerra Mundial, tienen papeles diferentes, pero hoy en día también importantes tareas comunes. Evitar la división de las sociedades occidentales que provocan y necesitan los movimientos iliberales para sobrevivir y combatir la deslegitimación del sistema institucional democrático, basado en un reparto equilibrado del poder, son parte de la agenda común.

En la misma agenda debería constar tanto el rechazo a la banalización de la política como la limitación del poder de unas empresas multinacionales estratégicas, inclinadas con fuerza al control de sus respectivos sectores, algo que ya nos era conocido, pero mostrando ahora además una inclinación nociva a la emancipación del legítimo poder político del Estado, añadiendo una preocupante tendencia a convertirse en una especie de «superhéroes corporativos, ejerciendo la capacidad que tienen para limitar la libertad de expresión en la mediasfera» (Raffaelle Simone).

La revolución a la que estamos asistiendo y alguna de sus consecuencias no queridas nos obligan a pensar por encima de las siglas y de programas políticos que en poco tiempo han quedado viejunos.

Termino deseando que lo sucedido en EEUU haga el efecto de un espejo en el que los españoles veamos los muy graves peligros que corremos. Sinceramente, ¿alguien piensa que Otegi es un personaje más admirable que Trump? ¿Tienen Puigdemont o Junqueras más solidez democrática que Trump?

Nos hemos acostumbrado a ellos, son una calamitosa expresión de lo que somos los españoles, pero son también enemigos de las sociedades abiertas, que basan su convivencia pacífica y democrática en una armonía mínima, en el respeto a las leyes y a las resoluciones judiciales. La cercanía no debe atenuar la responsabilidad, las necesidades políticas inmediatas no puede abrir la puerta a la arbitrariedad, porque podría ser que mientras defendemos la democracia de Estados Unidos perdamos la nuestra.

Nicolás Redondo Terreros ha sido dirigente político vasco.

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Anatomía del ‘influencer’ virtual
Victor Llorente para The New York Times

Anatomía del ‘influencer’ virtual

Lunes, 18/Ene/2021 Jorge Carrión The New York Times, 180121

Lil Miquela es una célebre influencer no humana que, en sus cuatro años de vida exclusivamente digital, ha acumulado tres millones de seguidores en Instagram. Forma parte del catálogo de la agencia estadounidense Virtual Humans, tal vez la representante de seres de ficción creados para redes sociales más importante del mundo, cuya competencia directa es la japonesa Aww Inc, que domina el mercado asiático.

En plena pandemia ha nacido, generada por una inteligencia artificial, Mar.ia, la primera humana virtual mexicana. La tendencia es cada vez más global. Y más desafiante.

No cesa de aumentar el número de estudios de diseño que recurren a tecnologías de generación informática de imágenes, 3-D, realidad virtual y aprendizaje automático para alumbrar influencers no humanos. Es uno de los fenómenos que va a marcar la cultura, la mercadotecnia y quién sabe si también la política de esta tercera década del siglo. Nos obliga a considerar los derechos y las obligaciones de los avatares —de las criaturas virtuales— y de sus creadores o propietarios.

Su alteración del mercado laboral, de las industrias creativas y de la propia ontología del creador de contenidos digitales.

Se conoce como “turkers” a los trabajadores que realizan las tareas que no pueden hacer los algoritmos. A medida que aumente el número de influencers no humanos que publiquen contenidos, sumen seguidores y atraigan la inversión de las marcas, se irá revelando con mayor claridad la auténtica naturaleza de los youtubers e instagramers humanos. Son turkers.

Han sido figuras de transición. Un producto de las plataformas, de los mecanismos de la viralidad: la mano de obra gratuita o barata que ha llenado de fotos, vídeos, memes o textos la red, mientras los algoritmos y las marcas se preparaban para verter su propio contenido. Cada vez más, para lograrlo, serán innecesarios los intermediaros humanos.

La palabra “turker” fue acuñada en relación con Amazon Mechanical Turk, una web que pone en contacto a empresas con trabajadores autónomos, para que estos realicen, en condiciones laborales precarias, la moderación de contenidos violentos o las traducciones de textos que todavía no se pueden hacer de manera automatizada.

Para el nombre de la empresa, Jeff Bezos y sus subordinados se inspiraron en uno de los mitos fundacionales de la inteligencia artificial: la famosa máquina de jugar a ajedrez que inventó Wolfgang von Kempelen a finales del siglo XVIII. Por su turbante, al autómata, que derrotó a decenas de personas durante décadas, se le conocía como El Turco.

Era una estafa: para asegurar su éxito había que colocar a un jugador genial en el interior de la estructura. Desde la nueva lógica algorítmica y viral, los influencers humanos son turkers, los jugadores de ajedrez que han movido las piezas del entretenimiento y las tendencias mientras la inteligencia artificial todavía no estaba suficientemente desarrollada como para hacerlo ella misma.

Durante los próximos años, por tanto, los humanos virtuales irán ocupando espacios que hasta ahora eran exclusivos de creadores de contenidos humanos.

Los canales de Daniel Samper Ospina, Jaime Altozano o Ter —por citar tres ejemplos iberoamericanos— son extraordinarios y no están bajo amenaza. Los algoritmos tardarán décadas en poder competir en el campo de la sátira política o la crítica musical o arquitectónica.

Pero ya pueden hacerlo en muchísimos otros, como el de la creación musical. Lil Miquela tiene en Spotify medio millón de oyentes mensuales, que han podido escuchar su canción Hard feelings tanto en inglés como en portugués o ruso. Y buena parte de la música que ofrece la plataforma ha sido compuesta por empresas de inteligencia artificial.

Como nos recuerda Marcus du Sautoy en Programados para crear. Cómo está aprendiendo a escribir, pintar y pensar la inteligencia artificial, Spotify ha contratado como director de su Creator Technology Research Lab a François Pachet, uno de los pioneros de la música electrónica compuesta por redes neuronales: “¿Cuánto falta para que las canciones que escuchamos sean elaboradas a medida para nosotros por un algoritmo?”, se pregunta.

Si la música empieza a poder prescindir de compositores e intérpretes de nuestra especie, tiene sentido preguntarse en cuánto tiempo los deportes electrónicos, o e-sports, dejarán de necesitar a los jugadores humanos o los libros, de traductores de carne y hueso.

Pero la primera gran irrupción de talento digital muy probablemente se dé en la generación de los contenidos más simples, como las coreografías de TikTok, los tutoriales de maquillaje o la exhibición de ropa y artículos de lujo. En ese territorio los influencers virtuales muy pronto serán superiores a los humanos. Si no lo son ya.

Entre los youtubers que han conquistado la fama y se han vuelto millonarios —esa minoría que alienta el deseo del resto— es frecuente la ansiedad y la depresión. Las marcas están invirtiendo en influencers no humanos porque con ellos el control es absoluto, el riesgo se reduce a cero.

Si mi hipótesis es cierta y el nuevo sistema digital ha estimulado la autoexplotación de los youtubers, los instagramers o los tiktokeros mientras se diseñaban avatares que pudieran cumplir las mismas tareas, tal vez haya llegado el momento de la regulación sindical de las redes sociales, de exigir que sus trabajadores informales sean considerados como tales, de reclamar una redistribución de la enorme riqueza que han acumulado en un tiempo récord o de pedir, incluso, indemnizaciones o pensiones por jubilación anticipada. En paralelo, urge regular los derechos y los deberes de los humanos virtuales y las inteligencias artificiales, sus formas de ciudadanía, su dimensión legal y fiscal.

Pueden parecer debates de ciencia-ficción, pero son en realidad algunas las discusiones que exige nuestra época, para que esta realidad híbrida y pandémica donde vivimos no se acabe de hundir —definitivamente— en la distopía.

Jorge Carrión, colaborador regular de The New York Times, es escritor y director del máster en Creación Literaria de la UPF-BSM. Sus últimos libros publicados son Contra Amazon y Lo viral. Es el autor del pódcast Solaris, ensayos sonoros.

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Una facción de Ciudadanos se abre ya a una futura “reagrupación” con el PP

Se prevé que en el partido ‘naranja’ se produzca “una escisión entre los que quieren mantener el proyecto autónomo pese a todo” y los que se abrirán a una suerte de “alianza” con los de Casado

Ana Belén Ramos en El Independiente, 180121

Habrá tensiones”. Quedan muchos capítulos para que el debate sobre la viabilidad de Ciudadanos como proyecto con futuro político se oficialice en el partido y, en todo caso, dependerá de factores como los resultados en las próximas citas electorales autonómicas, con el foco puesto en las catalanas, entendidas en parte como un plebiscito entre las fuerzas de centroderecha una vez consolidado el giro al “centro, centro, centro” de Pablo Casado; o de la medida en que el partido naranja consiga taponar posibles nuevas fugas como la de Lorena Roldán hacia el PP, porque “no será la última”.

No obstante, una corriente empieza a crecer en las filas del partido liberal, cargos que creen que si se confirma una debacle en Cataluña los factores en contra para la continuidad política de un proyecto en solitario van a pesar demasiado y para los que el hecho de abrir la puerta a firmar una alianza con el PP, una «reagrupación» a futuros con los de Casado -eso sí, «con condiciones»- ha de ser un escenario plausible en los cálculos de la actual dirección naranja, una «salida» a estudiar ante la posibilidad de que el proyecto liberal se desangre si no consiguen remontar tras las catalanas.

Los precedentes no son buenos», comentan estas fuentes, procedentes especialmente de las vertientes territoriales del partido. «Se producirá una cierta escisión entre los que quieren mantener el proyecto autónomo pese a todo» y los que se abrirán a una suerte de «alianza» con los populares.

Aunque vaticinan que esa contienda interna -cuyos adalides son cargos de mayor o menor rango identificados especialmente con la corriente de Albert Rivera que mantienen aún el carné naranja– es poco probable que fructifique antes de las próximas elecciones generales, aunque un resultado catastrófico en las elecciones catalanas, ahora aplazadas hasta el 30 de mayo, aceleraría ese proceso.

Preguntados por este asunto, fuentes de la directiva liberal no niegan la existencia de recelos internos, aunque quitan hierro a la cuestión asumiendo que se trata de cargos que «no dan la cara» y que priorizan su «proyecto personal» por encima del «proyecto político» que constituye Ciudadanos, un partido que «no se vende a intereses individuales».

«Quien no está a gusto puede marcharse», subrayan, utilizando el mismo argumento que se ha empleado también en público para responder a la sorpresiva salida de su ex candidata a la presidencia de la Generalitat a las filas de Alejandro Fernández. «Hay hueco suficiente para un proyecto autónomo.

Y hay un espacio político que una eventual fusión con el PP no podría cubrir. Ese espacio electoral, por pequeño que sea, permanecería huérfano», responde otra fuente de la órbita de Inés Arrimadas, contraria a esa confluencia con los de Casado.

Y a Génova tampoco le interesa pisar, al menos de momento, el acelerador en su decidida estrategia de «absorción» del partido naranja. Las siguientes maniobras se cocinarán a fuego lento, a sabiendas de que intentar dar la puntilla antes de tiempo a los liberales es un movimiento que podría volvérseles en contra dado que, al menos de momento, es Ciudadanos quien sostiene prácticamente todo el poder territorial del PP.

La dirección mantiene en pausa el acercamiento a los antiguos popes naranjas, entre ellos José Manuel Villegas conscientes de que la entrada de dirigentes o ex dirigentes de la talla del ex número dos de Ciudadanos marcaría el camino y abriría la veda a que más cargos de la formación de Arrimadas decidan dar el paso y probar suerte en el proyecto de oposición «moderada» que encabeza Casado.

Alianzas territoriales

Casado y Arrimadas mantienen una relación cordial pese a las últimas tensiones, aunque ambas direcciones han abierto una guerra fría sin medias tintas tras la maniobra «de mal gusto» de Génova para intentar «borrar del mapa» el proyecto naranja a cuenta del fichaje de Lorena Roldán.

Sin embargo, ese enfrentamiento entre ambas direcciones no repercute en la relación de PP y Cs a nivel territorial, que fuentes conocedoras de este vínculo tachan de «excelente» en regiones como Andalucía, Castilla y León o Comunidad Valenciana.

Antes de abordar una refundición con las siglas populares y ante las citas autonómicas que restan antes de que se abran las urnas de unas elecciones generales generales, el paso que a muchos no les importaría dar es el de impulsar una alianza con PP allí donde haya comicios, como se intentó en Cataluña y que fracasó, entre otros motivos, por la intención de Ciudadanos de capitanear dicha candidatura al ser la fuerza mayoritaria del Parlament.

Una suerte de ‘Andalucía Suma’ o ‘Comunidad Valenciana Suma’ constituye una buena baza electoral para ciertos sectores territoriales de Ciudadanos, entendida como una oportunidad de supervivencia si persisten los malos pronósticos electorales. Uno de los que abrió públicamente la puerta a esta posibilidad fue el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín que, sin embargo, fue descartada por Arrimadas.

«No es una opción que contemplemos», dijo. «En la dirección están obsesionados con las baronías y quieren marcar una estrategia de confrontación con el PP. Y eso sólo nos perjudica», contradice un dirigente

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos

.El Quilombo / Elena Berberana: “El modelo de censura de las Big Tech [sector bancario grandes tecnologías] es la dictadura china”

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Margallo&Errejón en La Sexta: Entre el saber y el puro analfabetismo.

Humor


Carlos Killian, ‘Killian‘, 1983 [Argentina, 1947-2011]

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Viñeta de Idigoras y Pachi en El Mundo, 180121

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La pela pandémica

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  • La covid-19 recuerda que salud y economía están íntimamente ligados

Carlos Arganda en diariofarma, 171120

Uno de los predictores más relevantes de la salud es la economía. Esto que muchas veces se ha mantenido como origen de las diferencias en salud, se ha puesto encima de la mesa para valorar las relaciones entre la economía y la salud y las implicaciones que en ambas tendrá la manera en que se ha afrontado la crisis de la covid-19.

Analizar estas cuestiones en la ‘interfaz de la economía y la salud a propósito de la covid-19’ ha sido el objetivo de un libro impulsado por Novartis y desarrollado por desarrollado por el Centro de Investigación en Economía de la Salud (CRES) de la Universidad Pompeu Fabra, la Fundación Gaspar Casal, BioInnova Consulting.

La obra, que ha reunido a más de veinte expertos de ambos mundos ha sido presentada en un acto en que han participado varios de ellos debatiendo sobre las claves de esa interfaz.

El acto ha sido dirigido por el director del CRES, Guillem López Casasnovas, quien ha explicado que es muy importante que ahora “los mundos sanitario y económico empiezan a verse la cara”. El también director de la obra ha explicado que el objetivo de cada artículo fue dar respuesta a una serie de preguntas en relación con la gestión de la pandemia y la economía.

En el acto han participado Joaquín Almunia, comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios y vicepresidente de la Comisión entre 2010 y 2014; Daniel Lacalle, profesor de Economía Global y Finanzas; María Jesús Lamas, directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y Juan Abarca, presidente de HM Hospitales, que han ido respondiendo alas cuestiones planteadas por López Casasnovas.

Todos ellos han coincidido en asegurar que, además de la importancia que la economía tiene para la salud y que ya se conocía, la salud tiene una importancia vital para la economía. en palabras de Almunia, “la economía sufre las consecuencias de la pandemia pero la salud sufre con una economía en crisis, si no funciona bien, no crece ni genera valor añadido. Esta es una declaración de principios obvia desde mi punto de vista”.

Lacalle por su parte ha querido plantear el error que en muchos países se ha producido al plantear una disyuntiva entre salvar la economía y salvar la salud.

“Es una disyuntiva falsa”, ha asegurado ya que “no se trata de elegir entre salud o economía sino elegir salud y economía”, como explica que han hecho muchos países que, además de perder menos producto interior bruto “han gestionado con más éxito la pandemia”. Para él, cerrar la economía como se hizo en España y gran parte de los países occidentales es “matar moscas a cañonazos” y pensar que eso no tendrá consecuencias en la economía, el empleo y la salud a medio y largo plazo es algo “que solo se le puede ocurrir a un burócrata”.

La directora de la Agencia Española de Medicamentos también quiso llamar la atención sobre las consecuencias sanitarias que traerá la crisis económica que se aproxima. “La caída económica importante que vamos a vivir, con el empobrecimiento va a traer víctimas”, aseguró.

No obstante, para ella, desde su visión sanitaria en la que le “cuesta mucho ver que hay otro platillo” en la balanza, sí que reconoce que “ambos están muy unidos”. Por ello, consideró esencial “garantizar el control de la pandemia o no tendremos confianza para provocar un estímulo de la economía”.

El presidente de HM hospitales, planteó la situación desde un punto de vista diferente. Para él, no ha habido priorización de la salud ya que en el tiempo pasado se ha visto muy infrafinanciada. Además, se mostró convencido en que la única manera de hacer que la economía remonte el vuelo es crear “confianza”.

Algo muy difícil “si hay 500 muertos al día, ya que no se sale de casa y no hay economía”. A este respecto, Abarca puso encima de la mesa que una economía a medio gas no es posible ya que las empresas necesitan funcionar al 100% para no tener pérdidas. Por eso sí que se mostró a favor del cierre total en caso de transmisión descontrolada para generar confianza.

Aprendizajes

Almunia también puso el foco en la necesidad de que los aprendizajes de la pandemia se mantengan, aunque no fue optimista al respecto. En este sentido, recordó que ante la crisis económica de 2008 estaba claro en los años posteriores qué había que corregir. No obstante, “en cuanto desaparece la presión de los indicadores, la capacidad de los decisores políticos para mantener las medidas que hay que aplicar se va desvaneciendo”.

Lacalle, por su parte, incidió en el error de muchos países occidentales al pensar complacientemente que como se invierte mucho en Sanidad la pandemia no iba a causar los estragos que está produciendo. Para él, fue un error olvidar la prevención y para tratar de minimizar los problemas de errores en las decisiones abogó por una descentralización no territorial sino de pagadores y tipos de gestores.

“La sanidad y los servicios sanitarios no tienen que ser de pagador único. Una sanidad con distintos gestores tendría mejores capacidades de adaptación. No pueden ser los gobiernos la solución absoluta, ni tampoco culparles de todo”, planteó.

Por su parte, la directora de la Aemps también puso en valor la economía alrededor de la salud. “En España no hemos sido conscientes de que la salud genera economía del conocimiento”, explicó al tiempo que reclamó “alinear la estrategia farmacéutica con la industrial europea. “No es una vuelta atrás de la globalización, pero sí identificar qué es crítico para nuestra supervivencia y dejar de depender de terceros para esos productos”, señaló en relación con la dependencia europea de países asiáticos en materia de productos sanitarios y farmacéuticos.

Lamas también puso de manifiesto que había aspectos del modelo del Sistema Nacional de Salud español que ya “estaban agotados antes de la crisis de la covid-19” y, por tanto, ahora es necesario evolucionarlo. A este respecto, pidió repensar muchas cuestiones como por ejemplo si ante la excesiva presión asistencial del sistema necesitamos más médicos o si lo que necesitamos son menos consultas.

Abarca también abogó por la utilización de todos los recursos “públicos y privados” en la lucha contra la pandemia. Además, señaló la necesidad de la existencia de un comité de expertos que sea público ya que eso “da confianza la gente”. A este respecto, señaló que en la primera ola se alertó con dos semanas de retraso y eso generó todo el “caos en Madrid”, que la gestión sanitaria de la ola “no se pudo hacer mejor” y que ante la segunda ola hemos sufrido “una crisis burocrática” ya que el sistema no se “coordina con eficiencia”.

El presidente de HM hospitales, por otro lado, vio con buenos ojos el incremento de financiación de la sanidad pública que esperó “que haya venido para quedarse”. Eso sí, consideró necesario realizar “un plan con objetivos concretos” y reorganizar el sistema para ir hacia una “financiación por cápita, organizando bien y gastando bien”.

Apertura y clausura

Durante la apertura del acto, la directora corporativa de Relaciones institucionales de Novartis, Marta Moreno, mostró su deseo de que el libro que se presentaba “ayude a inspire y les traslade a reflexiones para construir, innovar para conseguir que España se vea afectada lo menos posible por esta crisis”.

El consejero de Sanidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero fue el encargado de inaugurar el acto. El consejero aseguró que “atravesamos uno de los momentos más complejos de nuestra experiencia reciente y procede recopilar experiencias, reflexionar y trasmitirlas a generaciones futuras”.

Ruiz Escudero también ha aprovechado el evento para explicar la manera de actuar, “conforme a criterios técnicos” que tienen en Madrid con el objetivo de afectar a la economía lo menos posible. “Hay que actuar donde está el problema”, ha asegurado.

La clausura del evento fue llevada a cabo por el presidente del Grupo Novartis, Jesús Ponce, y ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto.

La ministra aseguró que desde el Gobierno tuvieron “que actuar con decisión para afrontar la pandemia; la prioridad era salvar vidas, pero también ofrecer seguridad y certidumbre a los agentes económicos, porque el daño causado iba a ser considerable, ya que la contención de movimientos era la respuesta más apropiada en la fase inicial a costa de prácticamente paralizar la actividad de varios sectores de nuestra economía”.

Por su parte, Jesús Ponce, señaló respecto de las enseñanzas que se recogen en el libro, que “es importante que las compartamos, que asimilemos estos aprendizajes y, sobre todo, que los apliquemos en nuestro día a día, cada uno desde nuestra posición, para poder salir de esta crisis reforzados, con un nuevo talante colaborativo y con una visión esperanzadora de nuestro futuro como sociedad”.

Ponce puso de manifiesto que la importancia de la colaboración público-privada “antes, durante y después de la covid-19 es crítica para facilitar el acceso de los pacientes a los mejores tratamientos disponibles”.

Además, consideró necesario aprovechar las enseñanzas que la pandemia ha planteado y los caminos que se han abierto, como la transformación digital, “un camino inexcusable” gracias al cual hay que “reimaginar la medicina”, señaló.

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  • El dilema entre salud y economía por la covid-19, un debate estéril a la luz de la Ciencia y la Historia

Emilio Muñoz Ruiz et alter en theconversation.com, 271020

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Del Collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 221020, en torno a la obra ‘San Mateo‘ [entre 1664 y 1700] de  de Godfried Maes [Países Bajos, 1649-1700].

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lustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada.

Malos hombres

Arcadi Espada en El Mundo, 170121

(Àvols fembres) Pocas veces habrá tenido mayor sentido llamar a unos textos Obra Inèdita. Me refiero a los escritos de Gaziel que se publicaron hace un par de meses con ese título, editados por el máximo especialista en el autor, Manuel Llanas, y publicados por Abadia de Montserrat. ¿Acaso no diríais que es inédito, extraordinariamente inédito, que Gaziel vaya de putas y lo cuente? Pues aquí lo tenéis: «Pedimos que nos llevaran a una buena casa morisca de malas mujeres (àvols fembres, escribe en catalanesco, no sé si buscando indulgencia o cachondeándose).

Allí tumbados sobre unos cojines, y oyendo tocar unas guitarras y flautas extrañas, vimos bailar delante de nosotros, rozándonos, una serie de danzas lascivas por mujeres vestidas a la oriental, jóvenes, alguna casi desnuda y muy guapas. La cosa acabó, naturalmente, como ya estaba previsto: yo me fui con una de ellas (…) Las habitaciones eran un encanto. Había cojines inmensos, había perfumes y fino rumor de agua. Me pareció que penetraba en el cielo de Mahoma, guiado por una de sus huríes. Rápidamente fui al grano y había perdido completamente de vista este mundo cuando…». Lo que sigue es una anécdota bufa de burdel, sin mayor importancia.

El párrafo me dejó casi sin respiración. El maître à penser del catalanismo de hoy y de ayer, inseparable para mí de la pajarita noucentista con que lo retratan en la portada del libro, el culto, refinado y tan respetable burgués, retozando en los brazos de una fulana. Y ve a saber de qué edad. Y en Marruecos: a la explotación de la mujer consustancial a la práctica, el agravante colonial. Y aun la islamofobia. «Penetraba en el cielo de Mahoma», escribe el imprudente. Se te han acabado los homenajes, Calvet.

El librito es una maravilla. Destacan las Notes autobiogràfiques, de donde he sacado el párrafo de las huríes, y que en buena parte son descartes de su gran autobiografía Tots els camins duen a Roma. Estos fragmentos son, como suele suceder con este tipo de descartes, duros y veraces. La actividad sexual del joven Agustí Calvet (hasta años después no adoptaría el seudónimo platónico de Gaziel) sorprende vivamente, no solo por el episodio marroquí, sino también por el francés: «Dos noches después de llegar a París, ya no dormía solo en mi cama».

Impresionante eficacia. Y más adelante, y ya con el que fuera un gran amor de su vida: «Era enternecedora y cuando se ponía a hacer el amor, una cosa tremenda. Pasar con ella 8 o 10 horas en la cama, y dormir después otras tantas en sus brazos, era un sueño». La desenvoltura no acaba ahí: la descarnada evocación del padre —y en parte, también de la madre— áspero, extravagante y ausente está a la altura de los mejores fragmentos de las memorias publicadas y hace pensar en cuántas páginas grandiosas y necesarias de la literatura, planeadas o incluso ya escritas, ha liquidado el pudor.

La miscelánea incluye también notas de lectura que confirman la agudeza, la finura y el conocimiento del gran intelectual español. Su lectura de la correspondencia de Merimée es el descubrimiento de Merimée. Y sus objeciones al francés lo mejoran. Su último comentario sobre la degradación de la inteligencia europea que detecta Merimée es una terminante exhibición de optimismo ilustrado, que nuestra Tercera Cultura celebraría con entusiasmo.

Y es ejemplar cómo resuelve en él la insidiosa cuestión del progreso moral de la «peligrosa bestia» humana. A su juicio, ese progreso no lo dan las religiones ni ningún otro sistema moral: «Lo da solo el trabajo bien organizado, una buena economía y un espíritu de justicia humana (la más contraria a la naturaleza) para repartir las riquezas del mundo».

Como era de esperar, Gaziel también aborda en estas notas las relaciones entre Cataluña y el resto de España, que fue su cavilación principal. Lo hace ahora a partir del epistolario entre Maragall y Unamuno. Y escribe, glosando una carta del escritor vasco: «Castilla no podrá entender, ni entenderá nunca una España nueva, es decir, que no esté exclusivamente dominada por Castilla.

La única solución para el pobre que sin serlo esté ligado a Castilla es la sumisión o la separación. Y de aquí viene la tragedia sin remedio de Cataluña, que no puede vivir sometida ni puede irse —como lo hizo Portugal— por su lado». El párrafo resume con la habitual claridad y economía expresiva del autor la reivindicación del catalanismo político. Su lectura más de medio siglo después, a la vista del actual Estado español, es inequívoca: Castilla acabó entendiendo. Y la que falló, desleal, bronca y ridícula, ha sido Cataluña.

(Más putas) La serie sobre Dominique Strauss-Khan que emite Netflix tiene bastantes méritos. Uno importante es que el espectador la acaba sin saber si en la habitación 2806 del Sofitel de Nueva York hubo una relación sexual consentida. Otro mérito son las abundantes reflexiones sobre la exigencia ética de los personajes públicos. El propio Dsk las aborda. Cuando un periodista le pregunta qué problema tiene él con las mujeres responde que ninguno que no tenga el varón corriente, es decir, menos sexo del que necesita.

Pero todo esos méritos empalidecen ante la media hora final, que trata el caso de prostitución en la ciudad de Lille, por el que nuestro hombre fue juzgado y absuelto. La aparición de una señorita que al parecer tuvo tratos carnales con Dsk, voluntarios aunque molestos, es un auténtico tour de force de lo que podría llamarse la interpretación de la vida. Un ejemplo clásico de cómo las grandes ficciones acaban encarnándose. Es imposible, completamente imposible, que la señorita en cuestión no sea una gran lectora de Simenon y que no haya aprendido a posar —ambigua, coqueta y vigilante— imitando a tantos personajes femeninos de sus libros y, sobre todo, de los más corrientes de Maigret.

(Cancelar, depende) Recuerda mi amigo Roger Corcho con su habitual agudeza, en un comentario en mi página referido al protestado homenaje del Cervantes a Jaime Gil de Biedma, cómo Alan Turing fue acusado de pederasta: «Pero nadie se atreve a cancelar la cultura de los ordenadores y echarlos al fuego». Parece que la diferencia entre el científico y el hombre de letras (incluidos en estos últimos los científicos de letras, como Richard Dawkins o Steven Pinker) es la ejemplaridad.

La vida de un escritor, como la de un político, tiene un significado moral público. Es evidente, además, que la palabra del escritor puede ser performativa y facilitar hecatombes. Pero al final la diferencia en el trato a unos y a otros reproduce el abismo entre el arte y la ciencia. Entre escribir una obra maestra y descubrir una ley de la naturaleza.

(Fedra) Cuando llega la noticia —luego se sabrá que es falsa— de que su esposo Teseo ha muerto, Fedra escucha a su nodriza y confidente Enona, que le hace ver cómo cambia esa muerte el atormentado amor que siente por su hijastro Hipólito:

—Vivid, nada tenéis ya que reprocharos: vuestro amor se convierte en una pasión común. Al expirar, Teseo ha roto los lazos que hacían de vuestro ardor un horrendo crimen. Ya Hipólito es para vos menos temible; y podéis verle sin convertiros en culpable.

Racine subraya que no es lo mismo el incesto entre parientes consanguíneos que entre los que no lo son. Una obviedad, desde luego, arrasada por el uso sin matices de incesto y sus derivados, ahora en este caso del politólogo Olivier Duhamel, acusado de haber mantenido relaciones sexuales con uno de sus hijastros. Pero este matiz conceptual, ni siquiera blindado con la bella autoridad de Fedra, tiene posibilidad alguna de sobrevivir a la lujuria acusadora del dedo índice.

(Trompada) Estaba Illa subido a la escalera, encolando ufano su primer cartel electoral, cuando pasó un sedicioso y le gritó: «¡Agárrate a la brocha, tontaina, que me llevo un rato la escalera!».

(Ganado el 16 de enero, a las 12.04, 60 lpm, 34,6)

Newspaper

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 170121

Hoy plagiamos un San Mateo de Godfried Maes. Alguien se está llevando la escalera del candidato y los carteles electorales revolotean. Pero no dejemos que la cartelería volante, pura paja, desvíe nuestra atención de la escena principal: el diarista interrumpe su labor porque un efebo caído del cielo lo invita al uranismo con gesto digital. Los adolescentes, como se sabe, viven obsesionados por el sexo. Parecen adultos.

(Evil females) En los descartes de Gaziel vemos que el pudor lleva a ocultar la verdad. Nuestra condena es que el impudor lleva a la mentira.
(Oficio de ficción) El documental remata documentando un verdadero fingimiento, ergo el documental es fiel a la verdad.
(Suspenso en wokismo) Parece que incluso entre posverdadistas y canceladores queda un resto de respeto (¡de miedo!) por la verdad. Al menos por la verdad científica. Tiene su explicación: cualquier iletrado licenciado en letras puede simular que sabe leer, pero no podrá fingir que sabe leer fórmulas. Entrar en debates con la función de onda es muy fatigoso.
(Incesto limón) Arcadi mira al dedo, como es su costumbre, pero esta vez su mirar puede malinterpretarse ¡La lujuria del dedo, corazón!
(Trompismo) El arte de estrujar la rosa hasta hacerla brocha.

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Qué haría David Bowie en este momento

¿Qué haría David Bowie en este momento?

Simon Critchley en The New York Times, 170121

Todo se derrumbó después de que murió David Bowie.

La semana pasada se cumplieron cinco años desde que se anunció su fallecimiento. No enlistaré las catástrofes que han ocurrido desde ese enero frío y vacío de 2016. Todos las conocen demasiado bien. Resulta que el brexit era solo una banda telonera de poca monta en su primer concierto.

Tal parece que todo comenzó a desmoronarse tras la muerte de Bowie. Los acontecimientos mundiales fueron de mal en peor y, desde entonces, todo ha sido un eslalon descendente que ha rebasado los límites de la lógica (e incluso de la sátira) y ha formado una avalancha de esto: violencia llena de odio, caos político, insurrección y el agotador horror de la pandemia. Un millón de almas indefensas han muerto.

Sin embargo, antes de ahondar en eso, retrocedamos cinco años en el tiempo.

No está claro qué se puede considerar como una muerte buena, pero al menos Bowie nos dejó bajo sus propios términos. Lo único que se dio a conocer sobre su muerte fue la información más esencial en una publicación de Facebook. Y con justa razón. Falleció en absoluta privacidad con su dignidad intacta, libre de detalles y chismes de mal gusto.

En raras ocasiones eso es lo que sucede con nuestros héroes culturales. Solo pensemos en Prince, quien fue para los años ochenta lo que Bowie para los setenta (gemelos cósmicos que canalizaron el espíritu de Little Richard en los cincuenta). Con la mayoría de los grandes artistas, ocurre un declive gradual o un colapso total, la calidad de su trabajo se va apagando, y a menudo sus muertes se sienten inferiores a ellos: una última indignidad.

La muerte de Bowie fue distinta. Llegó justo después de Blackstar, su último álbum con nuevo material que se lanzó el 8 de enero de 2016, en su cumpleaños número 69. Un nacimiento y una muerte separados por 48 horas. Como Cristo, a la inversa.

Yo había estado escuchando Blackstar con una frecuencia obsesiva en los dos días posteriores a su lanzamiento y charlando al respecto con amigos. Pero tras la noticia de su muerte, escuchamos Blackstar de otra manera, una más cercana a su verdadera intención: era un mensaje de despedida para sus admiradores. La muerte de Bowie quedó plasmada en su arte, justo como él lo quería. “Ain’t that just like me?” [¿Acaso eso no es típico de mí?], canta al final de “Lazarus”, una canción que todavía me duele mucho cuando la escucho.

En el mejor de los casos, la música es capaz de invocar cualquier sentimiento, puede ser alegría, pero también puede ser la expresión de un miedo incipiente y oculto, tristeza o un profundo anhelo, que va mucho más allá de las facultades cognitivas, los conceptos o la consciencia. En el caso de Bowie, a menudo se viven todos estos sentimientos a la vez. De algún modo, la música puede contener esa emoción y envolvernos ahí por la duración del momento. Y nosotros somos la música, mientras siga sonando.

Ahora que veo el video de “Lazarus”, en el que aparece su personaje Button Eyes, con la cabeza vendada, que Bowie inventó junto con el artista Johan Renck, está claro lo que trataba de mostrarnos: su verdadero ser, al borde de la muerte pero con deseos de comunicarse con nosotros con una pasión estimulante que, de hecho, lo dejaba sin aliento.

Mi madre, Sheila, murió en Inglaterra un mes antes que Bowie, el 5 de diciembre de 2015. Hace cinco años. Yo sostenía su mano con fuerza cuando falleció. En los minutos, horas y semanas posteriores a su partida, sentí que el tiempo se había detenido. Detuvo su flujo, su marcha, sus rondas diurnas y nocturnas. De alguna manera, el tiempo estaba estancado en mí y no transcurría. Yo había perdido la capacidad de hacer que el tiempo avanzara.

Su muerte no tenía sentido para mí, era un mero hecho crudo. Solo podía hablar al respecto en términos banales y triviales. Sin embargo, la muerte de Bowie, unas cinco semanas después, de algún modo me hizo pensar en mi madre mientras hablaba sobre Bowie. Era adecuado, ya que ella fue quien me compró el vinilo de Starman en 1972 y fomentó mi admiración desde entonces.

Mi luto por el artista y el desahogo de hablar con amigos y desconocidos —algunos de esos desconocidos se volvieron mis amigos— me abrió a la posibilidad de darle un significado a la muerte de mi madre. El tiempo empezó a avanzar de nuevo. Aunque se sigue estancando y aferrando a mí cuando pienso en ella y escucho la música de él. Creo que no soy el único que tiene esta clase de experiencias.

Recuerdo la perfección con la que la ciudad de Nueva York vivió esos dolorosos días posteriores a la muerte de Bowie, con la misma angustia que él expresa en “Dollar Days”. Hubo vigilias y altares con flores cerca de su edificio en la calle Lafayette. Se pintaron murales y grafitis en honor a Ziggy Stardust y Aladdin Sane. De algún modo, la gente supo qué hacer sin que nadie se lo dijera.

Lo que más recuerdo es caminar por el East Village y en los alrededores de mi casa, en Brooklyn. Era hermoso. Todos los bares parecían tener sus puertas abiertas y la música de Bowie flotaba por las calles. Ahora me resulta extraño pensar en bares llenos de gente, escuchando música y pasándola bien, con tristeza pero también con la alegría de vivir un duelo colectivo.

Había escrito un pequeño libro para rendirle homenaje a Bowie en 2014 y algunas personas quisieron hablar conmigo. Personas de diferentes edades, lugares, géneros, con un amor compartido por la música de Bowie. De hecho, hablé con muchas personas al azar en el transcurso de esas semanas y meses. Francamente, hablaba con quien fuera. No podía cerrar la boca tras vivir un luto silencioso.

Debido a mi aprecio particular por la música pop y el hecho de que considero que es el medio principal por el que los jóvenes y no tan jóvenes se abren al mundo desde hace muchas décadas, me preocupaba que la música de Bowie sobreviviera y que formara parte de un canon de cultura distinto y profundo. Ahora ya no me cabe duda de que eso sucederá.

No importa si viste o no la interpretación de “Starman” que lo dio a conocer en el programa Top of the Pops de la BBC en julio de 1972 (yo la vi en televisión con mi mamá). Bowie seguirá vivo siempre que haya personas que sientan que no encajan en el mundo, que sientan como si solo hubieran caído a la Tierra.

Esas son las personas que R. D. Laing llamó “ontológicamente inseguras” en El yo dividido: Un estudio sobre la salud y la enfermedad (uno de los libros favoritos de Bowie), aquellos con mentes excéntricas, para quienes la autonomía no es un hecho, sino una pregunta, una búsqueda, un grito en la oscuridad, una lucha pura por sobrevivir. Ahora parece que estas personas son más numerosas que nunca. Y anhelan más que nunca la dulce y triste melancolía de la música, que nos conecta como gotas de agua a través de vastos desiertos digitales.

Cinco años. ¿Dónde estamos ahora?

La primera canción del álbum que Bowie lanzó en 1972 The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars se llama “Five Years”. Pinta una escena apocalíptica: se acaba de anunciar la noticia de que la Tierra está muriendo y que nos quedan cinco años para llorar. El narrador responde decantándose hacia una experiencia de sobrecarga sensorial, viendo y escuchando todo al mismo tiempo hasta que su “cerebro dolía como un almacén, no tenía más espacio” [“Brain hurt like a warehouse, it had no room to spare”]. Todos, los gordos, los flacos, los altos y los chaparros tenían que caber apiñados en su cabeza.

Luego las cosas empiezan a ponerse muy extrañas: una joven golpea a unos niños pequeños, un soldado con un brazo roto fija su mirada en las ruedas de un Cadillac, un policía se arrodilla y besa los pies de un sacerdote. Después esto:

De cierta manera, la inmediatez abrumadora de saber cuándo será el fin del mundo induce un sentimiento de irrealidad y aislamiento, la impresión de que el mundo es un plató de filmación y que uno mismo es un actor en una película. Es como si el exceso de realidad provocara una sensación de despersonalización, la percepción de estar viviendo una ilusión.

Para los fanáticos de Bowie, este escenario es familiar, pues apareció en incontables canciones en el medio siglo que separa a “Space Oddity” de “I Can’t Give Everything Away”, la última canción de Blackstar. Sin embargo, tal vez es más prominente en el álbum Diamond Dogs de 1974, que originalmente iba a ser un musical basado en la novela 1984, de George Orwell, otro de los libros favoritos de Bowie.

Diamond Dogs comienza con Bowie recitando “Future Legend”, en la que una ciudad muy parecida a Manhattan se ha convertido en Hunger City (la ciudad del hambre). El orden social se ha colapsado y multitudes como las que retrata William Burroughs en Los chicos salvajes vagan por un paisaje destruido donde…

Y luego, al llegar a la canción que le da título al álbum, Bowie grita: “This ain’t rock ’n’ roll. This is genocide!” [Esto no es rock ‘n roll. ¡Esto es genocidio!]. Comienza un solo de guitarra al estilo de The Rolling Stones y no hay vuelta atrás.

No obstante, la canción de Diamond Dogs que mejor refleja la situación en la que estamos ahora es “Candidate”, que de nuevo presenta un mundo destruido que se ha perdido en un espejismo cinematográfico:

En un mundo tan engañoso, en una ciudad irreal, un candidato aparece y dice: “I’ll make you a deal” [Te propongo un trato]. Cuando los ideales desaparecen, todo se convierte en un trato.

Cinco años después de la muerte de Bowie, el mundo distópico que describe su música parece más cercano que nunca. La absoluta sobrecarga sensorial del mundo, la presión intolerable de la realidad, nos induce un sentimiento de irrealidad, de farsa, de tratos y gangas. La aparente fragilidad de la identidad nos hace aislarnos del mundo, hacia un lugar solitario poblado únicamente por seres virtuales, avatares y caricaturas. Las conspiraciones compiten para llenar el vacío en la lógica.

La única manera de sobrevivir en este mundo es aislarnos en nuestros propios confinamientos privados y asomarnos con sospecha por ventanas y pantallas, sintiéndonos solos y anhelando ser amados. Se podría pensar que es un mundo en el que Bowie se habría sentido como en casa.

Sin embargo, Bowie no se habría sentido alegre ni reivindicado en absoluto. Al otro lado de la ilusión muerta, la realidad deteriorada y los “cuerpos viles” siempre está el contramovimiento de la imaginación, que va en contra de una realidad irreal. Está la inteligencia brillante y permisiva de Bowie que nos habla en nuestra soledad y toca nuestra viveza. Lo único que tenemos que hacer es escuchar y ofrecerle nuestras manos. Tal como dice en “Rock ’n’ Roll Suicide”: No estás solo. Eres maravilloso.

Simon Critchley es profesor de filosofía en The New School for Social Research y autor de varios libros; el más reciente es Bald: 35 Philosophical Short Cuts, una colección de sus artículos para The New York Times. Es moderador de The Stone.

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Ilustración de Ulises Culebro ‘ULISES‘ [México, 1963]

El Gobierno al que se tragó la nieve

En la mayor crisis sanitaria y económica en décadas, con el añadido de una nevada histórica, el Ejecutivo de cohabitación no sólo acredita su inoperante labor, sino que se enzarza en una guerra de guerrillas. Iglesias arrastra al PSOE a sus postulados y Sánchez no puede romper sin romperse.

Francisco Rosell enEl Mundo, 170121

En El Príncipe, aun habiéndolo escrito quinientos años atrás, Nicolás Maquiavelo prefigura, como si lo observara con los ojos del presente, la actual situación española y el singular avatar de quien preside el Gobierno de cohabitación socialcomunista en un momento crítico para su sistema constitucional y su integridad territorial.

Así, en su manual, el escritor florentino apunta que quienes conquistan el poder «gracias a la suerte y a las armas de otros» mismamente Sánchez en su moción de censura Frankenstein contra Rajoy les cuesta Dios y ayuda mantenerse ulteriormente.

Las dificultades que no halla en el camino se le agolpan al aposentarse en el sitial del poder. Mucho más, claro, si ese dominio se funda en mercenarios. Como Sánchez con neocomunistas sentados a su lado en el Consejo de Ministros y con secesionistas catalanes y vascos asistiéndole. En ese brete, el gran filósofo renacentista alerta que, flanqueado así, nunca podrá sentirse firme y seguro al ser milicias que, por su índole, son «ambiciosas, indisciplinadas y desleales», por lo que, ineluctable, «sufres su rapacidad» ineluctablemente.

A este respecto, sobra con contemplar cómo, en la mayor crisis sanitaria y económica en décadas, con el añadido de una nevada histórica que ha helado las esperanzas de que el año nuevo diga adiós a los desmanes del infausto 2020 y ha enterrado al Gobierno en la nevisca, el Ejecutivo de cohabitación no sólo acredita su inoperante labor, sino que se enzarza en una intestina guerra de guerrillas sin frentes definidos.

No sólo se registra fuego cruzado entre los dos partidos en liza, sino entre ministros del mismo bando que no se hablan para no insultarse, mientras sonríen para engañar a la cámara. Todos contra todos en una goyesca pelea a garrotazo limpio.

Entretanto, los jefes de cada tribu evaden sus responsabilidades y se muestran incapaces de superar la fase sonora de los problemas tras haber hecho negocio indignándose con los mismos y luego de proclamar que la voluntad política bastaba para bajar el recibo de la luz o prometer casi multiplicar los panes o los peces con un tuit. Como los magos de antaño gritaban «¡alehop!» al sacar el conejo de la chistera y mover al aplauso de la concurrencia.

De un lado, el presidente declina de su cometido a la hora de poner orden enajenándose de las calamidades, mientras se dota de atribuciones especiales para fortalecer sus planes y estrategia electorales. Al tiempo, se encumbra como el Gran Hermano del relato audiovisual de la productora de contenidos en que ha devenido La Moncloa con su despacho de plató en línea con la distopía orwelliana 1984. De otro, su vicepresidente y jerarca de Podemos, Pablo Iglesias, hiberna plácido en su dacha de Galapagar, divertido gozando de series de televisión que luego glosa en las redes sociales, pero sin dar un palo al agua en lo que toca a sus competencias ministeriales.

Al fin y al cabo, estima que, cuanto peor le vaya al país, mejor terminará por irle a él en alineamiento con los regímenes de su órbita de pensamiento que, a medida que los empobrecen, más dependientes y permeables hacen a sus habitantes. Tal postergación del interés general lo ha explicado la vicepresidenta Calvo. Al ser inquirida sobre si la coalición completará la legislatura, ha sentenciado inapelable: «Tenemos que culminar un trabajo que es bueno para la izquierda de este país». ¿Cabe una declaración de ese jaez en Gobierno europeo alguno?

Por fas o por nefas, Sánchez e Iglesias conforman la organización del desgobierno camino de un sistema anómico basta ver el berenjenal de la gestión de la covid soltada como un lastre a las autonomías para que allá se las averigüen en el que el Estado se pervierte en una fuente de inseguridad jurídica y de irregularidad administrativa.

A diferencia de Harold Macmillan, primer ministro británico de la década de 1960, que entendía que la parte más difícil de su función, era solventar los acontecimientos imprevistos «Los hechos, querido, los hechos», respondió a un reportero, Sánchez los desprecia para ponerse a salvo de sus consecuencias.

Asimismo, trata de borrar todas las acusaciones que, en ese sentido, endilgó a su antecesor Rajoy rematándolo con un rotundo «¡coño!» por no meterse en el barro de las inundaciones, mientras él las sobrevuela en avión o evita mancharse sus zapatos de tafilete en la nevada para fotografiarse de punta en blanco a la puerta del Ministerio del Interior. Al cambiar la dirección del viento, la boca se le llena con las plumas que arrancó a Rajoy.

Como la prioridad de este Gobierno no se cifró nunca en contender con los contratiempos, sino en preservar los apoyos parlamentarios, estos escollos no cejan de multiplicarse. Por lo general, se saldan con fiascos que se escamotean haciendo oposición a la oposición y acelerando la agenda destinada a preservar sus sustentos parlamentarios y el proceso en marcha para metamorfosear la Constitución en otra bien distinta sin seguir los procedimientos reglados para su reforma.

Por eso, Sánchez supedita la tarea de sus ministros a ese doble objetivo. De este modo, si el ministro Illa debía estar más pendiente de la interlocución de sus aliados independentistas y de ser ministro para Cataluña hasta destaparse como candidato del PSC, malamente podía afrontar una pandemia como la del coronavirus, si no estaba ni para ocuparse de una mala gripe; o si el ministro del Interior deambula más urgido en acercar presos etarras en pago al soporte parlamentario del brazo político de la banda terrorista, apenas puede estar vigilante de quien y con qué letal encargo entra de matute por las fronteras o de encarar una nevada histórica.

En definitiva, un largo suma y sigue que abarca a la totalidad de un Consejo de Ministros en el que reina la desconfianza, cuando no la abierta traición. Con Podemos cual caballo de Troya haciendo de oposición interna y refrendando lo experimentado por Orwell en Cataluña de que lo peor de los comunistas «era tenerlos en tu mismo bando».

La ministra de Defensa, Margarita Robles, a la que Podemos ha hecho cabeza de turco, como en semanas anteriores hizo con otros colegas socialistas, no debe andar lejos de esta apreciación al constatar como la secretaria de Estado («creo», dijo con malicia propia de Tierno Galván y de su discípulo en maldades Bono) de Agenda 2030, Ione Belarra, le acusara de «alinearse con la derecha y la ultraderecha» situándola en la antesala de ser tildada de «socialfascista».

Con esa facilidad comunista para denigrar así a quien difiera de ellos. No le falta razón a Robles con relación a Belarra y a un grupo como Podemos que parasita ministerios y coloniza instituciones, al tiempo que alborota a golpe de tuit para disimular su indolencia e incuria con las funciones por las que cobra del erario.

Con la acrisolada habilidad de Bono para navegar en cualquier rumbo, lo que llevó a Guerra a calificarle de «Bono convertible» cuando rompieron, el ex presidente de las Cortes y ex ministro de Defensa declara que Podemos «es un partido al servicio de un matrimonio» tras acercar primero a Iglesias al PSOE en las Navidades de 2014 y bendecir curil su pacto con Sánchez.

Claro que pasar de esa circunstancia incontrovertible en línea con diarquías como la venezolana o la nicaragüense, por no remontarse a la Rumanía de Ceaucescu a concluir que «no pintan nada en el Gobierno», parece que es mucho decir. Como es palmario que Bono no se engaña, engaña.

Por sus propios escaños y por los que representa de sus socios independentistas en el Consejo de Ministros, Podemos arrastra al PSOE a sus postulados y Sánchez no puede romper sin romperse. Cierto es que esa operación está trasvasando votos de los neocomunistas al PSOE que compensaría así sus pérdidas tras arrojarse en brazos de Podemos y patentizarse que nunca quiso comprometerse con Albert Rivera, sino acabar con él y apropiarse del ajuar.

Como ha experimentado en carne propia su sucesora en Ciudadanos, Inés Arrimadas, compuesta y sin acuerdo de Presupuestos a las puertas del altar de la democracia.

De la misma manera que, cuando la marea baja, se ve quien nada desnudo, cualquier contingencia exhibe la insolvencia de un Gobierno que, en la tesitura de Sánchez e Iglesias, tira del manual de resistencia sacando raudo al retortero asuntos que desvíen la atención y les permita avanzar en lo que les liga: molturar las reglas del juego y adueñarse del Poder Judicial, cuya toma aceleran ante el apremio que percibe la cáfila de Podemos. Sus prebostes, capitaneados por Iglesias, acumulan onerosas cuentas con la Justicia. En esa misión, la discordia se hace avenencia.

Al pretender alzarse con el santo y la limosna, les ha sucedido lo que a aquellos randas gaditanos que, según se cuenta, crearon una hermandad para edificar una capilla recabando donativos para tal menester. Bien aprovisionados de dádivas, se olvidaron de la devoción y huyeron con la colecta acuñándose el dicho.

Dado que este episodio data de principios del XIX, es probable que, en esta sociedad del espectáculo en la que no parece haber linde entre la verdad y la mentira, con una parte de la opinión publica adaptando los hechos a los prejuicios más si entretienen, es posible quedarse con el santo y la limosna.

Por eso, una vez que Pablo Casado ha cogido la pala para retratarse retirando nieve, no debiera arrumbarla hasta hacer callo con ella y no soltarla, como tampoco el pico, en lo que resta de legislatura para no rendirse ni ante la evidencia.

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El temporal encarece el precio de la luz en la cuesta de enero más dura.
El temporal encarece el precio de la luz en la cuesta de enero más dura. Europa Press

Filomena en el olvido

Jesús Cacho-Vozpópuli, 170121

Como las golondrinas en primavera, con las grandes nevadas llega a España inapelable la polémica sobre el precio que particulares y empresas pagan por la energía que consumen. Digamos de entrada que el sector energético es el resultado de la suma de decisiones equivocadas, arbitrarias e incluso absurdas tomadas por los sucesivos Gobiernos de la democracia, que lo han convertido en una jungla legislativa apta únicamente para grandes bufetes de abogados, de la que es casi imposible salir o siquiera dar marcha atrás.

Fue un Gobierno el que decidió que había que cerrar las centrales de fuel y gasoil para dar paso a las de ciclo combinado (gas), de modo que las empresas tuvieron que poner manos a la obra después de arrancar del Ejecutivo de turno la promesa de compensaciones por los cierres citados. Después llegó la moda de las energías renovables y otro Gobierno dijo que había que tirarse de cabeza a esa piscina, de forma que era obligado cerrar las nucleares y dejar las centrales de gas como aprovisionamiento residual, ante lo cual las empresas se pusieron de nuevo en marcha no sin antes negociar las debidas compensaciones que, huelga decirlo, siempre termina pagando el consumidor.

Pero las renovables, tan ensalzadas por todo tipo de prosa, arrastran algunos problemas no menores. Son tecnologías muy caras (problema de precio), que se ven afectadas por la circunstancia de que el sol no suele lucir por la noche y hay días que no aparece ni el sol ni el viento. De modo que era preciso primar la instalación de fuentes de energía renovable para atraer a los inversores, y ahí tenemos a Miguel Sebastián de road show con Rodríguez Zapatero intentando convencer a un capital extranjero que terminó acudiendo en masa al calor de unas primas que entre 2007 y 2011 llegaron a los 9.000 millones año.

Fue el propio Sebastián (“se nos fue la olla”) quien en 2010 pisó por primera vez el freno, aunque tuvo que ser el Gobierno Rajoy, llegado al poder a finales de 2011, quien, ante la dimensión de un déficit de tarifa que llegó a rozar los 30.000 millones, cortara por lo sano, de modo que al ministro Soria y al inefable Álvaro Nadal no se les ocurrió cosa mejor que meterle un tajo a las renovables reduciendo la prima a un tercio. Un cambio de las reglas de juego a mitad de partido. El resultado es que España aún no ha terminado de pagar las multas consecuencia de los pleitos planteados por inversores muy poderosos y perdidos ante el CIADI y todo tipo de tribunales internacionales. El recibo que paga el consumidor final sigue engordando.

En el guiso hay además asuntos viejos como el régimen especial para Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla (Sistemas Eléctricos Insulares y Extrapeninsulares), porque el Gobierno de turno decidió que era de justicia que la electricidad costara lo mismo en Tenerife que en Cuenca. Y todo con cargo al recibo.

Naturalmente, los sucesivos ministros de Hacienda descubrieron pronto el potencial recaudatorio del recibo de la luz, al que fueron añadiendo más y más impuestos (un IVA del 21% y un impuesto especial cercano al 5%). Una de las últimas novedades ha consistido en la llegada de un impuesto que grava las emisiones de CO2 (los derechos de emisión han subido en lo que va de enero hasta rozar los 35 euros tonelada), de gran poder recaudatorio (más de 1.000 millones año), que naturalmente pagan también los consumidores.

El final de esta película sucintamente descrita es un caos regulatorio extraordinariamente complejo sobre el que se ha ido acumulando decreto tras decreto, parche tras parche, lo que hace muy difícil salir del embrollo. Con el añadido de que en los últimos años el accionista nativo de las compañías energéticas ha sido sustituido por grandes fondos de inversión internacionales, muy sensibles al riesgo regulatorio que caracteriza al sector, y a quienes no puedes cambiar la retribución a medio partido so pena de que se marchen y/o te lleven a los tribunales.

El resultado de semejante atolladero legislativo es que los consumidores españoles (particulares y empresas) pagan una de las energías más caras de la UE, un asunto (el otro es el de los costes sociales) que afecta gravemente a la competitividad de nuestras empresas.

Un vecino tan notorio como Francia dispone de un aprovisionamiento bastante más barato en razón a su apuesta por la nuclear, una energía que importamos a través de los Pirineos y a la que la izquierda española, deshecha en lágrimas ante el espectáculo de la pobreza energética de los hogares más humildes, ha vetado de hoz y coz, siendo así que es la única que, de momento, podría reducir sensiblemente la factura de la luz (“los que más saben son los que menos se asustan con la energía nuclear”, Steven PinkerEn defensa de la ilustración, pág. 191).

Está de más decir, porque las comercializadoras de energía lo detallan con todo lujo en el recibo (algo que a tenor de los tuits que regurgitan en redes sociales desconocen los Echeniques y otras perlas podemitas), que la factura de la luz se descompone en tres partes groseramente simétricas: la electricidad realmente consumida (menos del 40%), los impuestos y los llamados peajes.

Con este panorama de precios, los españoles tienen el privilegio de disfrutar en primera fila todos los inviernos, o casi, del bonito espectáculo que lleva por título “escandalícese usted por la subida del precio de la luz causada por la última nevada y proponga soluciones a cual más imaginativa”. Ocurrió en diciembre de 2013, y volvió a suceder en enero de 2017 (los ejemplos más notables recientes).

Cuando sobreviene un accidente meteorológico como la reciente gran nevada, ocurre que ni solar ni eólica funcionan, lo que obliga a poner en marcha las centrales de carbón (algunas con problemas de funcionamiento) y, en los picos de demanda, a tirar de lo que en el argot se denominan “los mecheros”, las centrales de ciclo combinado (cuyo coste de funcionamiento ronda los 110 euros MWh) que funcionan por gas. Como ocurriera en enero de 2017, el precio del gas ha sido la madre del cordero de esta crisis. Argelia, nuestro principal suministrador, aprovecha regularmente estas vicisitudes para subir precios con disculpas peregrinas y muchos metaneros (buques GNL) con puerto de destino establecido cambian de rumbo para colocar su mercancía en un mercado asiático dispuesto a pagar más caro.

Iglesias y el poder

Si a ello se le añade que en el tótum revolútum algún avezado empresario eléctrico aprovecha la oportunidad para poner fuera de servicio centrales (hidráulicas) amortizadas para forzar la rápida entrada en servicio de los ciclos combinados (que suelen funcionar entre un 25% y un 30% a lo largo del año) tendremos completado el cuadro de un sistema de precios que marca, de acuerdo con el sistema marginalista, la última fuente de energía que entra en el sistema, que naturalmente es la más cara.

Y entonces entra Podemos en escena. Es verdad que nuestra extrema izquierda siempre ha estado lista para aportar sus soluciones simples a problemas complejos, lo que ocurre es que ahora está en el Gobierno y se notan mucho más sus recetas de abracadabra, resultan mucho más escandalosas, y ponen más en evidencia su falta de conocimientos y su nula capacidad de gestión (asistir a una sesión del Consejo de Ministros de este Gobierno y no digamos ya a una reunión de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos debe ser un festín para sibaritas del desatino).

Ellos, que cargaban duramente contra el Gobierno (de Rajoy) porque no bajaba la luz, ahora tampoco la bajan a pesar de estar en el Gobierno. Es la diferencia entre vivir extramuros del poder y asentar tu culo en la vicepresidencia del Ejecutivo, aunque ya nos ha anunciado su decepción al respecto (“Me he dado cuenta de que estar en el Gobierno no es estar en el poder”), que a él le gusta más el expeditivo “exprópiese” con que el chavismo resuelve los asuntos en Venezuela.

Proponer nacionalizaciones –primera receta en el prontuario ideológico de todo comunista que se precie- no es ninguna solución. Esto no va de crear una nueva eléctrica estatal.

El embrollo energético español es mucho más serio y complejo de lo que los Echeniques imaginan. La ministra Ribera, de Transición Ecológica, calla, porque ella sí que sabe, o al menos intuye, de qué va esta bola de nieve que no deja de crecer, y comprende que hay una legislación energética europea a la que hay que ceñirse, y asume que hay cosas que no se pueden hacer, que hay lobistas influyentes y fondos de inversión muy poderosos armados hasta los dientes con los mejores bufetes del mundo, y hay también un tipo peligroso, apellidado Sánchez Galán, que preside una empresa que capitaliza casi 76.000 millones (solo superada por Inditex) y con el que hay que “sintonizar”, y entiende, como cualquier persona sensata, que acabar con el riesgo regulatorio es esencial a la hora de atraer la inversión extranjera necesaria para hacer realidad esa energía verde.

Seguramente para atemperar las presiones de su socio comunista, el ministerio de la señora Ribera protagonizó a mediados de diciembre la última ‘ideuca’ legislativa para el sector: el anuncio de que las energéticas tendrán ahora que afrontar el pago de las subvenciones a las renovables, unos 7.000 millones año, para eliminar ese rubro de la cuenta que abonan particulares y empresas. El objetivo es “rebajar en un 13% la factura que pagan los consumidores”. Iberdrola y Endesa, encantadas de la vida; Repsol y Cepsa, francamente cabreadas: “El sector eléctrico no puede pretender que otros sectores paguen su fiesta”, Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol.

Tal propósito, encomiable en principio, se compadece mal con la labor obstruccionista desarrollada por el marido de la ministra, el socialista Mariano Bacigalupo, en el consejo de la CNMC durante los trabajos llevados a cabo por la Comisión a lo largo de 2019 (presidencia de Marín Quemada) para elaborar un nuevo método de cálculo (Circular del 10 de octubre de dicho año) con el que retribuir el transporte y distribución de gas y electricidad durante el periodo 2021-2026, que debía concretarse en un recorte del recibo de la luz del 7% y del 17,8% en el caso del gas.

Legislación sobre legislación que ha convertido el sector energético español en un laberinto en el que se acumulan los decretos producto de decisiones administrativas precipitadas o erróneamente adoptadas, resultado de voluntariosos (se supone) intentos de reducirle al consumidor la factura de la luz, que quedan en nada ante el vergonzante espectáculo de esos grandes líderes políticos que, llegados a la cesantía, aceptan sentarse en el consejo de las grandes energéticas sin que se les mueva el tupé.

Un país serio debería llegar a la conclusión de que ya está bien de parches de izquierdas y de derechas, y de que es imprescindible retirar la montaña de residuos legislativos acumulada a lo largo de los años para arrojar algo de luz, nunca mejor dicho, al problema y tratar de poner en marcha un sector lo menos intervenido posible y capaz de producir energía a precios competitivos.

Un objetivo, como tantos otros, como la Educación por ejemplo, que requeriría del más amplio de los consensos nacionales, algo del todo punto imposible aquí y ahora. De modo que resignémonos al furioso pataleo de nuestros Echeniques en Twitter y dejemos pasar esta tormenta, porque dentro de unos días ‘Filomena’ habrá quedado en el olvido. Y así hasta la próxima gran nevada.

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Salvador Illa y Miquel Iceta

Iceta, el compañero de viaje

No hay tal artefacto como una nación de naciones, como no pertenece al mundo real una bicicleta de bicicletas, una silla de sillas o un caballo de caballos.

Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli, 170121

Hay dos conceptos en política que guardan ciertas similitudes, pero que son en realidad muy distintos en su significación, sobre todo moral. Me refiero a las figuras del “tonto útil” y del “compañero de viaje”.

El primero es el ingenuo, de no demasiadas luces, que es instrumentalizado por aquellos que le superan en inteligencia y en maldad y a los que sirve de pantalla o testaferro para el logro de sus siniestros fines. Tontos útiles del separatismo catalán ha habido unos cuantos y alguno ha destacado a la cabeza de la más conocida organización empresarial de esa desdichada tierra.

El “compañero de viaje” es otro personaje muy distinto, que suele exhibir una notable astucia y capacidad de mimetizarse con el paisaje, que se disfraza arteramente de lo que no es, sin dejar por ello de enseñar la patita en los momentos claves para revelar entre brumas de ambigüedad calculada lo que de verdad desea y siente.

Como es notorio, el tonto útil acaba suscitando el desprecio general y desvaneciéndose patéticamente en la nada cuando ya ha servido a sus crueles amos. El compañero de viaje, en cambio, muestra una destacada habilidad para flotar en mares turbulentos, sumergiéndose cuando arrecia el peligro y reapareciendo airoso al regresar el viento favorable.

Un salto al vacío

Miquel Iceta ha declarado recientemente que no está dispuesto a renunciar a su idea de que “Cataluña es una nación” para ser ministro. Obviamente esta solemne afirmación de principio carece de sustancia si el que la enuncia revestido de la engolada actitud del hombre de convicciones profundas, no aclara qué entiende por “nación” y de qué tipo de nación habla. En el resto de la entrevista con la que le masajea el ego un solícito periodista afín, precisa más su grandilocuente profesión de fe catalanista. Dice el todavía primer secretario del PSC:

“El hecho de que Cataluña es una nación encaja con el marco legal vigente, pues la Constitución recoge que en España hay nacionalidades y regiones”. El rítmico primer secretario olvida que nuestra Ley de leyes no especifica cuáles son nacionalidad y cuáles son región entre las diversas Comunidades Autónomas y que el término “nacionalidad” no es ni en la terminología ni en el espíritu constituyente en absoluto sinónimo de nación. Por tanto, su interpretación del artículo 2 equivale en términos lógicos a un salto en el vacío, bellísimo cuando lo realizaba Nijinsky en el Espectro de la Rosa, pero torpe y tramposo si lo perpetra un exuberante apparatchik de partido.

Profundizando en su magma de confusiones, Iceta considera que “si nación es sinónimo de Estado, entonces el Estado es el español, que es el que garantiza la igualdad de derechos y deberes, pero si la nación es un sentimiento de identidad, ¿por qué no? Yo creo que España es una nación de naciones, lo he defendido siempre y lo seguiré haciendo”

Este juego equívoco entre la nación sentimental y la nación política es el eje en torno al cual gira el inmenso error que ha envenenado a la sociedad catalana desde la Transición hasta el desastre actual y que hace que millones de personas de buena fe se hayan transformado en seres irracionales, impregnados de odio y de fanatismo y dispuestos a destruir su propia Comunidad con tal de dar satisfacción a sus primarias pulsiones tribales.

Diversidad de la Nación

Lo que Iceta no comprende o no le interesa comprender es que una nación política es un espacio de soberanía indivisible cuyos ciudadanos gozan de derechos y libertades que los igualan y les prestan igual dignidad sin discriminaciones ni privilegios. El Estado es la estructura jurídica, institucional y administrativa de la que se dota la nación para poder existir como tal, es el caparazón que la sostiene y la protege -“la piel” en palabras de Ortega- y no hay más.

El subjetivismo sentimental asociado a unos hábitos, costumbres, vestigios forales, símbolos, folklore y lenguas distintas a la oficial del Estado, es muy respetable y debe poder ser disfrutado y exhibido como expresión de libertad enriqueciendo la diversidad de la nación política, pero jamás ha de erigirse en derecho de autodeterminación y de fragmentación de la matriz común.

En España sólo cabe una Nación política y la pretensión de que surjan otras equipadas asimismo con un Estado propio revela la voluntad deletérea de destrucción de la Nación española y los que han emprendido tan nefasto camino se han declarado enemigos del resto de los españoles, enemigos internos, pero no por ello menos hostiles y menos letales.

No hay tal artefacto como una nación de naciones, como no pertenece al mundo real una bicicleta de bicicletas, una silla de sillas o un caballo de caballos. La cacareada nación de naciones es un constructo absurdo porque si bien un todo puede estar formado de partes, un todo no puede ser un agregado de todos ni una parte una unión de partes.

Por supuesto, esperar de Miquel Iceta el rigor intelectual requerido para que deje de proferir sandeces es vano a la luz de su formación, de su carácter y de su biografía, pero los millones de catalanes que se disponen a votar en las próximas elecciones autonómicas con la intención de derrotar al separatismo han de ser plenamente conscientes de que los compañeros de viaje del Mal son tan o más repulsivos que el Mal mismo.

+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Humor


Ángel Menéndez Menéndez, ‘Kalikrates’, 1983 [España,1923-2012]

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 170121

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¿Conocimiento en ausencia de juicio crítico?

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El escándalo sin fin de UGT en Andalucía

La Justicia ha condenado a la federación andaluza de UGT por desviar subvenciones de la Junta de Andalucía.

Editorial de El Mundo, 150121

EN UNA senda siempre paralela a la de su partido hermano, el PSOE de Andalucía, el sindicato UGT ha protagonizado en las últimas décadas en esta comunidad tantos escándalos de corrupción que se antoja difícil creer que esta central pueda seguir teniendo credibilidad entre los trabajadores, más allá de los que están a sueldo de la misma.

Como ha adelantado EL MUNDO, el último caso es la condena del Tribunal Supremo a la federación andaluza de UGT por desviar subvenciones de la Junta de Andalucía, concedidas durante la etapa de los anteriores gobiernos del PSOE. La Justicia le obliga a devolver 136.442 euros desviados en abonar la indemnización de buena parte de los trabajadores que el sindicato despidió en el año 2012 con un ERE, que dejó en la calle a 159 empleados, lo que resulta especialmente sangrante.

No es el único caso de presunto fraude y de desvíos de subvenciones al que todavía habrá de hacer frente UGT-A en los tribunales. Como ha podido saber este diario, la Administración andaluza le reclama más de 40 millones de euros. En la etapa de Díaz, la Junta exigió la devolución de más de 15 millones de euros y el actual Gobierno de coalición del PP y Cs, presidido por Moreno Bonilla, solicitó en octubre de 2019 otros 18 millones más por cursos de formación no justificados de forma correcta.

El caso de las facturas falsas, el macrocaso de los ERE la mayor trama de corrupción en España en la etapa democrática y tantos otros afectan a una central sindical que ha desarrollado una inmensa maraña de redes clientelares al cobijo del régimen socialista que gobernó de forma ininterrumpida en Andalucía hasta enero de 2019.

Resulta verdaderamente desolador que una organización cuya finalidad es servir a los intereses de los trabajadores se haya demostrado tan eficiente en servirse a sí misma de forma ilegítima.

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

Descapitolio: destrucción icónica de la democracia

Los autores subrayan que los mitos en las sociedades modernas forman parte de la cultura de masas y son inseparables de su expresión visual. Y dicen que las ‘fake news’ también forman parte de la cultura de masas.

Carlos Elías y Concha Mateos, EN El Mundo, 150121

UN POLÉMICO cuadro del pintor surrealista René Magritte (1898-1967) se titula Ceci n´est pa una pipe. Ha pasado a la historia de la pintura, no por su belleza, sino porque el cuadro, que representa una pipa, se llama esto no es una pipa. Pertenece a la serie La traición de las imágenes donde su autor realiza toda una declaración de intenciones: la imagen de una pipa no es una pipa.

El cuadro no sólo ha pasado a la historia del arte, también a la del pensamiento: filósofos como Foucault han usado la obra para advertirnos de algo que parece una obviedad, pero no lo es en absoluto: representación no es realidad. Pero si algo define nuestra época es que las representaciones determinan realidades.

Estos días se ha repetido muchas veces que el asalto al Capitolio no es un golpe de estado. ¿El cuadro de Magritte es una pipa o no? El hecho es claro: un grupo de personas interrumpieron violentamente la sagrada ceremonia de certificación de los resultados de las elecciones democráticas del pasado noviembre. No es un golpe de Estado; es cierto: pero se le parece mucho. Es una traición a la democracia a través de las imágenes.

Vivimos en un régimen de la hipervisibilidad, instaurado por la cultura digital, donde el discurso se extiende instantáneamente a escala planetaria sin fronteras lingüísticas. Lo que significa que, antes de tener relato, tenemos ya el recuerdo. La memoria visual archiva sus registros antes de que escribamos el pie de foto. De algún modo, los relatos verbales siempre llegan tarde.

Antes de que pensemos los acontecimientos con palabras, sometiéndolos al orden racional de las frases y al alivio explicativo que nos proporciona la forma narrativa, las imágenes erigen una escenografía que procesamos a partir de la fisiología de los ojos, que tienen conexión directa con nuestro cerebro y que instala en nuestra mente un marco de sentido fundacional.

Todo lo que venga después, tendrá que vérselas con ese marco de sentido.

El periodismo, las actas, los libros de sesiones, la Historia… nada podrá obviar que una vez (no importa si fue durante un minuto o durante tres horas) el autobautizado Yellowstone Wolf, con su gorro de cuernos, su megáfono, su cara pintada y su voz de lobo ocupó un lugar sagrado políticamente: la presidencia del Senado de EEUU. Al margen del cruel apropiacionismo cultural de los símbolos de los nativos americanos, se ha apropiado del símbolo de la democracia a través de la imagen.

Ese marco de sentido de código visual que la imagen de Yellowstone Wolf ha creado podrá ser declarado ilegal, delictivo, terrorista o falsario. No importa. Como verdad icónica, ya ha fundado su imperio. Porque las imágenes, decía Barthes en su Mitologías, son más imperativas que la escritura, porque imponen su significado en bloque, no mediante una secuencia de significados fragmentarios, como hacen las frases.

Desacralizar los lugares, los objetos o los símbolos ha sido siempre un acto perseguido porque implica quitarles su sentido trascendente y, con ello, debilitar su eficacia como dispositivos de control social.

Rita Maestre, siendo portavoz del gobierno del Ayuntamiento de Madrid, tuvo que pasar ante el juez por haber participado en una protesta en la capilla de la facultad de Psicología de la Universidad Complutense en 2011. La película documental Rocío (1980), de Fernando Ruiz Vergara, que, entre otras escenas, mostraba la talla de una virgen mientras era desvestida, despojada de su manto, el escudo de su misterio, fue secuestrada judicialmente, censurada por orden del Tribunal Supremo del 3 de abril de 1984. Otra traición escenográfica.

Los mitos en las sociedades modernas forman parte de la cultura de masas y son inseparables de su expresión visual. Las fake news también forman parte de la cultura de masas, en particular de las masas que sostienen la popularidad del presidente en funciones Donald Trump.

Es poco probable que alguna de los millones de personas que tienen hoy clara memoria de la imagen del hombre disfrazado de lobo al frente de la presidencia del Senado de Estados Unidos tenga también clara memoria de las palabras que ese falso lobo pronunció, allí o en otro sitio. Esa puesta en escena no difundió un mensaje verbal. Pero consiguió la instalación de una escenografía que minaba el poder simbólico del Capitolio, el edificio mítico que, en los atentados de 2001, escapó de la destrucción de los aviones terroristas.

La traición escenográfica de la toma del Capitolio es plenamente coherente y funcional con el relato del presidente en funciones Donald Trump. Es kitsch, memética, estrafalaria y muchos otros adjetivos que cada cual querrá ponerle si la mira desde fuera. Pero es coherente y funcional para quien la observa desde dentro.

¿Desde dentro de qué? Desde dentro de esa bolsa de público que consume selectivamente solo mensajes de ratificación. Las redes sociales y la cultura digital han exacerbado los sesgos cognitivos. Existe una tradición filosófica e incluso religiosa proveniente del cristianismo que considera que el ser humano es una creación perfecta porque se asemeja a Dios. Y además se le considera racional frente a lo emocional porque, no hay que olvidarlo, lo emocional es primitivo porque también está presente en la mayoría de los vertebrados.

Pero el cerebro humano solo es racional si se le educa exhaustivamente para serlo, algo nada fácil. Solo la cultura y la educación lo liberan de la biología. Por tanto, sin cultura ni educación, el cerebro humano solo quiere consumir aquello que confirma sus creencias porque cuando lo hace segrega un neurotransmisor -la dopamina- que también se segrega en situaciones de placer.

Las redes sociales favorecen que los individuos solo accedan a información que les complacen y así se crea una realidad paralela que puede explicar que alguien pese a toda la evidencia siga creyendo que Trump ganó las elecciones de 2020 y no Biden.

UNO DE LOS fenómenos emergentes que algunos estamos analizando es el terraplanismo o los antivacunas. Si con toda la evidencia a favor de que la Tierra es esférica, cada vez hay más personas es un fenómeno creciente que considera que la Tierra es plana, cómo no van a creer información más compleja de desmontar como corrupción electoral donde tienes que depositar una creencia en que las instituciones humanas realizan bien su trabajo sin verlo directamente.

El fenómeno de las fake news o la desinformación no desaparecerá sin grandes dosis de cultura y educación porque los procesos de disonancia cognitiva desde el sesgo de confirmación, el partidista o el conspiranoico, entre otros cada vez tendrán más relevancia porque los humanos cada vez tenemos menos acceso a información que refute nuestras creencias. No porque no exista o nos prohíban acceder a ella.

Toda la información está al alcance la de que la Tierra es esférica y la de que es plana. No es un problema cultural o tecnológico; sino bioquímico: nos hemos vuelto adictos a los chutes de dopamina que nos da el leer, ver o escuchar información que confirme nuestras creencias previas.

Trump quería descertificar al Colegio Electoral. Presionaba a su vicepresidente para que lo hiciera. No consiguió el descertificado oficial, pero sí logro el icónico: el descapitolio, una traición escenográfica que mina el orden simbólico y democrático.

Lo relevante de este hecho es que el siglo XXI tendrá una imagen icónica: Yellowstone Wolf, con su apropiacionismo cultural de los nativos americanos ocupando por la fuerza el lugar asignado a los representantes elegidos democráticamente en el país que se propone a sí mismo como el primer exportador mundial de democracia.

Y esa imagen es imperativa, si la hemos visto, ya la creemos. Y si la creemos, ya no hay vuelta atrás. Porque, aunque Ceci n´est pa una pipe, nosotros vemos una pipa y siempre veremos una pipa.

Carlos Elías es catedrático de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid y Concha Mateos es profesora titular de Comunicación Audiovisual de la Universidad Rey Juan Carlos.

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Tres meses y medio

Santiago González en El Mundo, 150121

Lo de Cataluña tiene que deberse a un virus. Me refiero al hecho de que haya encuestas y encuestados que otorguen posibilidades a un candidato como Salvador Illa, que ni siquiera es capaz en tanto que ministro de Sanidad de llevar una contabilidad aproximada de los muertos, pero que el INE cifra ya en más de 80.000. El miércoles vimos otra rareza en la columna de Francesc de Carreras en El País.

Carreras había escrito la víspera una carta, comunicado o manifiesto, que firmaron con él todos los fundadores de Ciudadanos menos Félix Ovejero, en la que se invitaba a votar al partido naranja como la opción más útil para defender sus objetivos fundacionales. La extrañeza de uno es tanto mayor dado que es precisamente en Cataluña donde esos objetivos están mejor servidos por el PP que por Ciudadanos; 

Alejandro Fernández parece candidato más solvente que Carlos Carrizosa a la Generalidad. Por no hablar de Cayetana Álvarez de Toledo como cabeza de lista el Congreso cuando toque, si Casado y Teodoro no la fumigan también ahora.

Lo extraño es que Carreras hizo al día siguiente una semblanza de Illa que parecía un panegírico: no tenía dudas sobre su capacidad, su integridad personal, su talante, ya le gustaría que todos los candidatos fuesen como él. Esto debe de ser el exagerado prestigio del seny y tener el habla suavecita.

Ya lo decía Al Capone:

«Se puede llegar muy lejos con una palabra amable, pero se llega más lejos con una palabra amable y una pistola».

Solo al final cuestiona el voto al PSC por las necesidades de Pedro Sánchez y por sus alianzas non sanctas con los independentistas.

Carreras debió ponderar también el amor a la verdad del candidato, a quien se la traen al fresco, según dijo, las ventajas electorales que podría reportarle su doble condición de ministro y candidato: él dedica el 101% de sus esfuerzos a la pandemia. Razón de más para poner a otro, un gestor, al frente del ministerio de Sanidad, dirán ustedes con razón. Lo de la duplicidad tiene precedentes.

El zangolotino Errejón sostuvo en 2014 que cumplió con las obligaciones que le imponía un contrato con la Universidad de Málaga que le había dado el profesor Alberto Montero, subordinado suyo en Podemos. Lo más notable del asunto, aparte de incumplir el horario y la obligación presencial a que le obligaba la beca, es que aquellos meses estuvo absorbido por la responsabilidad política de organizar para su partido las elecciones europeas de 2014. Cosas que no pueden ser y además son imposibles.

Así las cosas y con la pandemia recrecida, Illa era el único candidato partidario de mantener la cita electoral para el 14-F, por las mismas razones que todos los demás querían atrasarlas: las cosas solo pueden ir a peor para él. El resto de los partidos propusieron y el Govern aprobó aplazarlas al 30 de mayo.

¡Tres meses y medio! Para entonces el fracaso del candidato será aún más evidente, aunque no sé si tanto para calar en los votantes, ni doblará el pico, ni conseguirá vacunar a los catalanes (ni a los españoles, claro) «con velocidad de crucero». La inmoralidad del candidato seguirá cabalgando sobre dos monturas. Es más que probable que fracase con ambas.

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Foto: Hemiciclo del Parlament de Cataluña. (EFE)

No todo vale contra Sánchez (cacicada en Cataluña)

  • Sánchez tiene lo que se merece: socios parásitos (ERC y Podemos) y unas derechas obtusas a las que ha maltratado. Pero las elecciones se aplazan para neutralizar a Illa y al PSC

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 160121

Decisión arbitraria –cacicada, una más– en Cataluña. La suspensión de las elecciones del 14 de febrero y el anuncio de que, según el nuevo decreto del Govern, se celebrarán el 30 de mayo responde a causas estrictamente políticas y en absoluto sanitarias.

Se trata de que el PSC con Salvador Illa al frente de sus listas no obtenga el muy buen resultado que le auguran las encuestas y que podría haber situado a la formación socialista como segundo grupo en el Parlamento catalán. Tal hipótesis era insoportable para los independentistas y, obtusamente, también, para las derechas de PP y Ciudadanos que prefieren a Aragonés en la Generalitat al actual ministro de Sanidad. Así les va.

Los precedentes gallegos y vascos no valen. Por las siguientes razones.

1) Los comicios en Galicia y en el País Vasco se convocaron para el 5 de abril. En esa fecha, además de estar vigente el estado de alarma, como ahora, regía una drástico confinamiento. No es el caso en Cataluña.

Allí están abiertas las escuelas, los servicios públicos de transportes, el comercio y la hostelería con restricciones, hay colas para las rebajas y, salvo los confinamientos perimetrales, los ciudadanos pueden salir y entrar cuando quieran de sus casas cumpliendo las normas sanitarias y respetando el toque de queda. Se da la circunstancia de que los datos de este viernes son sustancialmente iguales a los que en octubre consideró el Gobierno catalán para convocar los comicios.

2) Las elecciones vascas y gallegas fueron convocadas y desconvocadas, y nuevamente convocadas, por presidentes autonómicos investidos y cuando las dos legislaturas habían expirado. No así en Cataluña, donde Pere Aragonés es un presidente interino, no investido, que debió convocar por mandato estatutario sin que la legislatura hubiese expirado. Lo haría en diciembre de este año.

3) Tanto en el País Vasco como en Galicia la decisión del aplazamiento del 5 de abril al 12 de julio se hizo por consenso de todas las fuerzas políticas, disponiendo ambas comunidades de leyes electorales propias. Ninguna de las dos circunstancias concurren en Cataluña: ni ley electoral propia ni consenso porque el PSC (ahora con 17 escaños) se ha opuesto a la nueva fecha.

4) La Organización Mundial de la Salud ha emitido un amplio documento de seis folios con 30 recomendaciones en el caso de que se convoquen elecciones en tiempos de pandemia y prescribe tres criterios: evaluación de la situación general, mitigación de riesgos y adecuada comunicación a los ciudadanos.

Ni desaconseja, ni mucho menos prohíbe (no puede), procesos electorales. Ofrece un listado de medidas que cualquier país desarrollado puede implementar para asegurar la salud de los votantes y de los miembros de las mesas electorales. Con estas medidas es más seguro ir a votar que trasladarse cualquier día en el metro de Barcelona.

5) Portugal se ha confinado este viernes y el día 24 celebrará elecciones presidenciales. Los portugueses han tenido previsión: aumento del voto por correo y desplazamiento de las urnas a centros sanitarios y geriátricos. En noviembre se celebraron las elecciones presidenciales en Estados Unidos con una participación extraordinaria.

También han celebrado elecciones municipales en Francia a doble vuelta (junio); en Italia, con referéndum constitucional (en septiembre); en estados federados en Alemania (agosto); en Israel (marzo); en Corea del Sur (abril); y en Montenegro (agosto), entre otras.

Y Holanda confirmó este viernes que sus elecciones se celebrarán el próximo 17 de marzo. Según datos de International Democracy and Electoral Assitance (IDEA), han sido más los países que han celebrado los comicios cuando estaban previstos que los que los han aplazado.

El objetivo del aplazamiento de las elecciones catalanas no es otro que diluir el llamado “efecto Illa” que había relanzado las posibilidades del PSC; lo cual, le guste o no a las derechas de Ciudadanos y PP, y por supuesto disguste a los independentistas, era la opción menos mala de todas las posibles.

Mil veces mejor un hombre templado y con sentido institucional como el actual ministro de Sanidad, haya sido mal o pésimo gestor de la pandemia, que un mandado de Junqueras o de Puigdemont. No es extraño que los socios de Sánchez –ERC y Comunes– le sigan chuleando porque él se lo ha buscado, pero llama la atención que la patriótica derecha española no sea capaz de un acto de cierto sentido estadista. Por lo demás, que Ciudadanos se descrisme en Cataluña es responsabilidad de sus dirigentes pero no del PSC.

Esta situación no se habría producido si Pedro Sánchez se hubiese comportado con sensatez y en vez de mantener a Illa en el ministerio lo hubiese sustituido para que la igualdad de oportunidades electorales hubiera resultado nítida. El presidente del Gobierno se ha pasado de listo: creyó que la viralización de la imagen del ministro y la buena acogida de su figura en Cataluña le aseguraban el mejor resultado de los posibles. Pues no.

Y no será porque ERC y los demás independentistas no le hubieran avisado: ya consumaron otra cacicada de órdago, ahora impugnada ante el Constitucional, cuando en mayo pasado impidieron que Miquel Iceta accediese a la condición de senador autonómico, una decisión parlamentaria sin precedentes en la que participaron –también obtusamente– con su abstención tanto PP como Ciudadanos. Pero no vale todo en la contienda política, y mucho menos emplear estos ardides por más que los haya utilizado el que ahora los padece.

Se dirá –y será cierto– que Sánchez tiene lo que se merece: socios parásitos (ERC y Podemos) que se le han metido hasta la cocina de la Moncloa y unas derechas miopes a las que ha maltratado.

Pero dicho esto, para Cataluña y para España era mejor, desde todos los puntos de vista, que Salvador Illa y el PSC hubiesen obtenido un buen resultado.

Ahora, con el aplazamiento, el buen impacto de la candidatura del ministro se diluirá, tendrá que comparecer en el Congreso y se enfrentará a una fuerte erosión; además de permanecer al frente de un ministerio que, conforme al modelo escapista diseñado por Sánchez ante la segunda, tercera y, posiblemente, cuarta ola de la pandemia, le abrasará. Si la vacunación no le rescata.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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VÍDEOS
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El presidente de Vox, Santiago Abascal

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El Futuro del Patriotismo: Europa tras las elecciones de EE.UU. Giorgia Meloni, Presidenta Nacional de Fratelli d’Italia, y Santiago Abascal. 150121

  • Vox gira al Mediterráneo en busca de una alianza internacional

Abascal estrecha lazos con Fratelli d’Italia, su socio preferente, y hoy se reúne con su líder

Paloma Cervilla en ABC, 150121

La estrategia internacional de Vox, que ha estado marcada por el apoyo a gran parte de las políticas conservadoras de Donald Trump, está mirando ahora al Mediterráneo y concretamente a Italia. En el país alpino cuenta con un socio preferente, como es el partido Fratelli d’Italia, con cuyo líder, Giorgia Meloni, se reunirá hoy el presidente de Vox, Santiago Abascal.

El marco elegido es Barcelona, ciudad en la que el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), al que pertenecen los eurodiputados de Vox, celebrará hoy el primer evento del año. Una mesa redonda sobre «El futuro del patriotismo en Europa y Estados Unidos», en la que también participarán el presidente de Americans for Tax Reform y miembro del Partido Republicano, Grover Norquist; el miembro de la Fundación Heritage, Ted R. Bromund; el presidente del «think tank» Oikos, Matias Karlson, y el presidente del Partido Republicano de Chile, José Antonio Kast.

Este encuentro va a suponer un «impulso político» a ECR, según aseguró a ABC el eurodiputado Jorge Buxadé, al señalar que «este grupo político tenía una mirada muy intensa hacia el Reino Unido porque fueron los que lo crearon, al dejar el Partido Popular Europeo. Pero después del Brexit le ha dado un giro más mediterráneo».

Ruptura con Salvini

Esta mirada al Mediterráneo del grupo parlamentario europeo ha unido más si cabe a Vox con Fratelli d’Italia, el partido que está sustituyendo a Matteo Salvini y su Liga Norte en el liderazgo de la derecha italiana. La formación de Abascal, que mantuvo «relaciones normales como las que tenemos con todos los partidos de Europa que se quieran reunir con nosotros», afirmó Buxadé, considera «un desliz» el que «no entendiera el problema nacional» de España. El eurodiputado se refiere a la condescendencia con el independentismo catalán.

«Nuestros socios siempre han sido Fratelli d’Italia», subraya Buxadé, y pone en valor los resultados electorales conseguidos hasta ahora. «Han sido muy buenos. Es el partido en crecimiento total en Italia. Es un partido, muy serio, muy consolidado y son uno de nuestros socios preferentes en Europa».

Vox confirma que, «sin duda», el acto de hoy en Barcelona servirá para estrechar lazos con esta formación política conservadora. Una «alianza política que ya tenemos en el Parlamento Europeo, pero incluso más allá. Tenemos una coincidencia de necesidades, de intereses y de análisis político de la situación de Europa, del Mediterráneo y de cómo afrontar la crisis migratoria», insiste el eurodiputado de Vox.

Este reforzamiento de la alianza con países del Mediterráneo podría suponer un cambio de eje, tras la abrupta salida de Trump de la Presidencia de Estados Unidos. Buxadé afirma que Vox «mira para todo lados. Miramos mucho, no de reojo, sino de cara, a la Iberoesfera, lo que está sucediendo en América del Sur, América Central y para nosotros este concepto también incluye a Estados Unidos».

El hecho de que este acto tenga lugar en Barcelona no guarda relación con las elecciones catalanas, ya que estaba previsto con anterioridad a la convocatoria de los comicios. El ECR ya organizó un evento en Varsovia, el pasado mes de diciembre, el siguiente era España y se decidió Barcelona por vincularlo al Mediterráneo.

En esta mesa redonda se debatirán tres bloques temáticos: patriotismo frente a globalismo; el futuro del patriotismo en Europa y la crisis migratoria. Igualmente, se abordará «la censura a la que las redes sociales someten a los usuarios que no se ajustan al pensamiento único».

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HUMOR


Julio Cebrián Villagómez ‘Julio Cebrián’, 1972. `[España, 1929-2016]

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Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo, 160121

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Engaño por fidelidad comercial e íntimo testimonio pandémico

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Fuente del texto completo, español [pdf]: Naciones Unidas: Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional. Noviembre de 2013.

Para mayor información, sírvase dirigirse a:Secretaría de la CNUDMI, Centro Internacional de Viena, Apartado postal 500, 1400 Viena, Austria.

Teléfono: (+43-1) 26060-4060 / Telefax: (+43-1) 26060-5813 / Internet: http://www.uncitral.org / Telefax: (+43-1) 26060-5813 / Internet: http://www.uncitral.org / Correo electrónico: uncitral@uncitral.org

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Pedro Sánchez, durante la visita que realizó a la UME el pasado...
Pedro Sánchez, durante la visita que realizó a la UME el pasado martes. Fernando Calvo EFE

 

Cuando las mentiras cuestan vidas

Rosa Díez en El Mundo, 150121

Cuando las mentiras cuestan vidas, el riesgo que corre el mentiroso al ser descubierto va más allá que el descrédito personal y toca con el Código Penal.

Hace mucho tiempo que las mentiras del caudillo Sánchez y de todo su gabinete son competencia de los jueces porque todas ellas, encadenadas, han tenido consecuencias mortales para más de ochenta mil españoles.

El caudillo y los suyos mintieron cuando permitieron y/o impulsaron concentraciones humanas a sabiendas de que un peligroso virus estaba ya entre nosotros; mintieron cuando se negaron a hacer test masivos a la gente para conocer la situación epidemiológica y frenar la extensión de la pandemia y optaron por encerrarnos a todos en casa, como si esa fuera la forma más «segura» para combatir la Covid-19; mintieron cuando negaron la utilidad de las mascarillas; mintieron cuando afirmaron que si llegaba la pandemia («algunos pocos casos diagnosticados, a lo más») España estaba preparada y disponía de todo el material sanitario necesario; mintieron cuando anunciaron que las decisiones se tomaban «según las recomendaciones del un Comité de Expertos», que ni siquiera ha existido como tal; mintieron cuando anunciaron que los suministros de material estaban garantizados, a la vez que los centros sanitarios recibían remesas de material defectuoso comprado a través de las empresas de los amigos de los ministros.

Mintieron cuando dijeron que nadie se iba a quedar atrás, y cientos de miles de trabajadores afectados por un ERE o por un despido estuvieron meses sin cobrar lo que les era debido.

Mintieron cuando afirmaron que tenían un plan para la vacunación diseñado desde hace varios meses. Hemos podido comprobar que ni había ni hay plan nacional, ni hay garantía de suministro, ni hay transparencia en la distribución y en los plazos, ni hay certidumbre, ni hay organización…

Mintieron cuando alardearon de haber puesto en marcha el salario mínimo vital y a día de hoy a centenares de miles de ciudadanos que, tras haberlo solicitado, aún no han obtenido respuesta.

Mintieron cuando dijeron que todo estaba preparado para atender a la demanda, y a día de hoy no se conocen ni el número de solicitantes, ni el número de perceptores, ni el número de casos rechazados, ni las causas por las que se ha denegado, ni las familias a las que les ha afectado, ni la distribución territorial del subsidio…

Mintieron cuando en junio el caudillo nos mandó a la calle «a consumir» y a «disfrutar», porque ya habíamos «vencido al virus».

Mintieron cuando afirmaron que no podían bajar el IVA de las mascarillas porque las autoridades europeas no lo autorizaban.

Mienten cuando afirman que no se puede bajar el IVA del recibo de la luz porque «Europa no lo permite». No hay más que ver a cuánto asciende ese impuesto en otros países de la Unión Europea para echarles sus mentiras a la cara.

Mienten cuando presumen de proteger a los más débiles. Y sus actos basados en sus mentiras dejan tirados a los que más necesitan de la protección del Estado, porque hay millones de familias que se están muriendo, literalmente, de frío porque no pueden encender la calefacción después de que hayan subido un 27% el recibo de la luz.

En el asalto a la Justicia perpetrado por Sánchez y los suyos se unen la estrategia liquidar la democracia antes de que la democracia les desaloje del poder y la táctica, librarse del banquillo.

En estas dos claves debemos leer las decisiones del caudillo en relación con la Justicia. Porque el asalto al Poder Judicial perpetrado por Sánchez y todos sus secuaces desde sus socios bolivarianos de coalición, en perpetuo procesamiento por diversos actos delictivos, hasta los bildu etarras, los golpistas y resto de excrecencias con los que se mantiene en La Moncloa está íntimamente relacionado con la vertiente penal de sus mentiras, si bien no debemos menospreciar la motivación principal: el caudillo sabe que es imposible subvertir el orden constitucional mientras cada funcionario cumpla con su deber, si prima la ética profesional y si hay jueces y abogados que no están dispuestos a celebrar juicios farsa.

La democracia no se defiende sola, las instituciones necesitan de ciudadanos que las protejan. En mi nuevo libro La Demolición publicado con La Esfera de los Libros y que estará el día 27 en librerías dedico un capítulo a explicar como Sánchez ha organizado un golpe de mano contra la separación de poderes.

Un ingenuo diría que esto no puede pasar aquí; un patriota dirá que puede pasar, pero podemos evitarlo. Pues eso.

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Ilustración del Alberto Morales ‘AJUBEL’ [Cuba, 1956] para el texto

La cuestión de la culpa

El autor critica al populismo de izquierdas que arremete contra la Monarquía. Está a favor de una ley de la Corona si cuenta con consenso y es para apuntalar nuestro sistema, no para modificarlo. Pedro Sánchez debe darse cuenta de que apoyar y apoyarse en el Rey Felipe es lo mejor que puede hacer.

César Antonio Molina en El Mundo, 150121

EN ALEMANIA, después de la Segunda Guerra Mundial, se abrió un largo proceso de debate sobre la responsabilidad colectiva. Responsabilidad tras los acontecimientos sangrientos que tuvieron lugar durante los años del nacional socialismo. Habermas, cuyo padre había sido un destacado colaborador del régimen nazi, y él mismo un joven perteneciente a las juventudes hitlerianas que defendió la Línea Sigfrido, era partidario de que sí había habido una culpa colectiva. Una culpa que, al menos, tenía que solventarse con un reconocimiento público.

Habermas se apoyaba en La cuestión de la culpa (1946), de Karl Jaspers. En este libro, su autor estaba claramente posicionado contra la negación de una responsabilidad colectiva que facilitaba la evasión «a aquella mentira vital que hace creer que uno no ha obrado erróneamente en ningún momento en condición de individuo singular, es decir, de no haber sido autor sino víctima de la propaganda del terror». Para Jaspers, de la culpa política de un Estado criminal son colectivamente responsables todos los miembros de ese Estado.

Y añadía que «sin la conciencia de una responsabilidad colectiva no sería posible romper la continuidad fatal con el Estado en que fue posible el asesinato». Adorno también incidió en la culpa alemana, y Arendt justificaba la gran laboriosidad germánica tras la derrota como la mejor manera de olvido.

Habermas también participa de este sentimiento de culpa aunque lo justifica por el acomodamiento al nuevo régimen. Incluso llega a calificar a su padre de «víctima». El exiliado y Nobel de Literatura, Thomas Mann, en un discurso radiofónico de 1945, decía que era imposible exigir de los pueblos violados que distinguieran clara e inequívocamente entre el nazismo y el pueblo alemán.

Este duro y agrio debate llegó hasta nuestros días a través de las manifestaciones, a favor y en contra, de escritores sobresalientes como: Grass, Enzensberger, Walser, Christa Wolf y, por supuesto, el propio Habermas.

En nuestro país siempre se evitó esta reflexión. ¿Hubo una responsabilidad colectiva para la instauración de la dictadura militar y su mantenimiento durante 40 años? ¿Acaso fueron solo Franco y sus militares los culpables de semejante período sin libertades? ¿Acaso no colaboraron muchos de los abuelos y los padres de los que hoy redactan las normas de la Ley de la Memoria Histórica? ¿Ellos mismos harán confesión de los pecados de sus familiares? Hijos o nietos de militares franquistas, de la Guardia de Franco, de la policía política y de los cuerpos de la burocracia del Estado asesino, hoy son militantes o simpatizantes de Podemos y de los varios populismos e independentismos. Durante el franquismo, para poder trabajar, ¿no tuvieron que jurar los principios del Movimiento Nacional, haciéndose así cómplices?

¿Cómo una de nuestras más grandes actrices, amante del mayor hagiógrafo de Franco, director entre otros filmes de Franco ese hombre, puede decir que tiene nostalgia de aquellos tiempos y que iba encantada todos los años a la recepción de Franco al mundo del cine? Ella, que luego se declaró siempre de izquierdas. ¿Serán juzgados en esa ley los colaboracionistas, como lo fueron en Francia los petenistas?

Para evitar todos estos asuntos escabrosos que nos hubieran llevado a una batalla sin fin se aprobó la Constitución. Una Constitución que zanjó este dilema de la culpa y las responsabilidades civiles de todos los bandos. Una vez publicada la Carta Magna, ya no había franquistas, ni estalinistas, ni republicanos, ni monárquicos, ni exiliados; todos éramos españoles que queríamos mirar hacia el futuro y construir la España de hoy que, con sus grandes defectos y problemas ancestrales, es uno de los grandes países del mundo.

Por eso yo jamás eché en cara a un amigo que su padre hubiera sido militar franquista y que, por tanto, toda su alimentación y educación proviniera de ese hecho, aunque él hubiese pertenecido al PC. Ni siquiera reivindiqué que mi abuelo, en los años 60, no impidiera la expulsión de su cargo en la Administración a cambio de la amnistía que se otorgaba a todos aquellos que hicieran apostasía de sus ideas políticas firmando su adhesión al Caudillo y a su democracia orgánica.

La Constitución, entre otras muchas cosas, fue una carta, un certificado de perdón mutuo. Así como el reconocimiento de un mal que no se produjo colectivamente sino que se sufrió. Como en todos los pactos, unos perdimos más que otros, pero lo importante era que las futuras generaciones quedaran libres de toda culpa para avanzar juntas.

Volver sobre este asunto, fuera del ámbito de la Historia y de los historiadores, es un gran error. Los historiadores se pueden equivocar en sus juicios, para eso están otros, para corregirlos. Pero no mienten. Los políticos, por lo general, unos más que otros, sí. Su lenguaje es una mezcla de mentiras y verdades que, cada cual, debe destilar.

Y si la responsabilidad es algo fundamentalmente personal, tampoco al actual Rey se le puede exigir algo que no ha hecho. Y no solo no ha hecho sino que ha sido él quien más ha contribuido al esclarecimiento. Sí, Pablo Iglesias no es responsable de lo que hicieron su abuelo o su padre (sería muy ilustrativo analizar la genealogía de los políticos de las últimas décadas), pero tampoco nuestro actual Rey lo es.

Si las instituciones son inocentes, las personas no lo son. ¿Acaso la República francesa no tuvo que asumir los comportamientos descarriados de muchos de sus presidentes? Y en Italia lo mismo sucedió con el caso del socialista Craxi. Sí, el ser humano comete grandes pecados, grandes delitos, grandes torpezas, pero solo él es el culpable.

Nuestro Rey no es ni culpable ni cómplice de nada. Todas las infames acusaciones que se vierten sobre él son contra la Monarquía parlamentaria, contra la democracia y contra la Constitución. ¿Acaso las corrupciones de los partidos los han llevado a su destrucción? Solo quienes las han cometido deberán cumplir con la justicia.

Una ley de la Corona la juzgo buena si se lleva a cabo con el consenso de todos los grandes partidos y de la propia Casa Real. De esta manera también se vería reforzada la democracia. Pero no para modificar el régimen, sino para apuntalarlo más conforme a nuestros tiempos. Con todo, no debemos olvidarnos que hoy hay dos asuntos prioritarios: la pandemia y la economía. ¡Salvemos primero a los ciudadanos!

EL POPULISMO de izquierdas y los nacionalismos han encontrado una buena razón de ser en el mal fin del que fue nuestro gran Rey Juan Carlos. A nadie como a los que seguimos considerándonos republicanos y socialdemócratas nos puede haber afectado tanto. Pospusimos un ideal, una convicción, por puro pragmatismo.

Acertamos en gran parte, pues esos 40 años de grandeza nadie nos los puede arrebatar; pero de alguna manera, y quizá más al no ser monárquicos, nos hemos sentido traicionados por unas actuaciones que, si se prueban ya del todo, son indignas para la que fue la más alta representación de nuestro Estado.

 ¿Por qué alguien que lo había conseguido todo y, lo más importante, el afecto de sus conciudadanos, en un país tan ingrato como este, es capaz de tirarlo por la borda? A pesar de que la Historia del mundo está repleta de malos ejemplos semejantes, se nos hace muy triste y penoso asistir a este final.

Un día, la cautelosa Reina Sofía, a la que acompañaba yo en un viaje oficial, me dijo: «¿Usted cree que el Príncipe llegará a ser tan querido como su padre? Tienen caracteres tan distintos». Yo respondí: «Para los nuevos tiempos, mejor Felipe VI».

La intuición natural, la cordialidad, el buen humor y la simpatía arrolladora de Juan Carlos hoy han sido sustituidos por una formación extraordinaria y un carácter de rectitud extrema. Quienes hemos estado al lado de ambos lo podemos atestiguar. Y los últimos acontecimientos, terribles para él, lo engrandecerán.

El PSOE, o lo que queda de él, pero sobre todo Pedro Sánchez, debe darse cuenta de que apoyarlo y apoyarse en él es lo mejor que puede hacer, porque el 80% de la población estamos a su lado. El resto son quienes odian a su país y quieren destruirlo.

De no ser así, la jauría de podemitas e independentistas lo devorarán. No se puede amnistiar a quienes no solo no se han arrepentido de su villanía sino que prometen repetirla. No se puede ser cómplice de asesinos sin pésame. Sí, la Constitución y la Monarquía parlamentaria trajeron la concordia y la estabilidad.¡ No colaboremos en su destrucción!

César Antonio Molina es escritor y ex ministro. Autor de La caza de los intelectuales y Las democracias suicidas

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Jaque a la estrategia de vacunación

El autor aboga por que los hospitales y clínicas de la sanidad privada en nuestro país participen en la estrategia nacional de vacunación frente al coronavirus con el fin de aprovechar sinergias y recursos y alcanzar antes el objetivo de inmunización. Si la sanidad privada administra ya otras vacunas, carecería de todo sentido que no lo haga ahora para el coronavirus

Carlos Rus en El Mundo, 15012

FALTA POCO para que se cumpla el primer aniversario desde que se decretó la pandemia que ha puesto en jaque al conjunto de la sociedad y especialmente a nuestro sistema sanitario. Sin embargo, hace escasas semanas celebrábamos la ansiada noticia de la alta eficacia y la aprobación de las primeras vacunas contra el virus de la Covid-19.

Un nuevo logro científico que, aunque no debe hacernos bajar la guardia, sí nos permite iniciar 2021 con moderado optimismo. Ahora está en manos de los responsables de la administración de las vacunas estar a la altura de las circunstancias, como han hecho los científicos, y hacerlo de la manera más eficaz y con la más coherente de las estrategias.

La Estrategia de Vacunación Covid-19 en España que presentó el Gobierno central establece unos adecuados principios de equidad, aceptabilidad voluntaria y de coordinación nacional, pero no profundiza en un aspecto fundamental: los recursos y medios a disposición para la administración de la propia vacuna.

Algo que no ha tardado en generar desconcierto entre el colectivo sanitario del sistema público dada la situación de colapso e incremento de listas de espera que sufre la atención primaria en muchos de sus centros y por ser el eje principal implicado en la vacunación masiva.

Si algo nos ha enseñado esta crisis del coronavirus a los casi 270.000 profesionales de la sanidad privada española es que no debemos cansarnos de recordar, como parte del Sistema Nacional de Salud, que somos un recurso estratégico que ha de ser tenido en cuenta por las autoridades sanitarias.

Cuando se trata de proteger la salud del conjunto de la ciudadanía y de una batalla común que nos sitúa a todos en el mismo lado del tablero, de frente ha de estar únicamente el virus. Es una cuestión de mera responsabilidad ante la salud de los ciudadanos.

Una vez más, y pese a que la sanidad privada no ha sido convocada a participar en el Grupo de Trabajo Técnico de Vacunación Covid-19, la patronal ASPE no ha dudado en volver a tender la mano al Ministerio de Sanidad y recordar que los 460 hospitales y las miles de clínicas privadas en toda España son un recurso imprescindible y flexible para sumar medios técnicos y humanos a este importante desafío de salud pública. Al igual que lo hace en otras campañas como la de la gripe, la sanidad privada cuenta con los medios y la experiencia necesarios para contribuir a una vacunación que, creemos, ha de ser estratégica frente a esta pandemia.

No contar con los medios de la sanidad privada en esta ocasión tan decisiva sería prescindir de piezas de gran utilidad en el tablero y optar por una vacunación a medio gas. Nuestros recursos asistenciales pueden acelerar el acceso a la vacuna, tanto a los cuatro grupos prioritarios como al total de 18 grupos de población definidos en la estrategia anunciada por el Gobierno.

El alcance poblacional contemplado para el primer y segundo trimestre de 2021, según la orden de prioridad de los grupos establecidos, podría ampliarse en relación con el contexto de disponibilidad de vacunas y lograrse así una mayor agilidad en su administración. Además, tendríamos capacidad de incluir en las fases tempranas a colectivos no de riesgo para aumentar otro aspecto estratégico muy a tener en cuenta: la inmunidad-país.

Se trata de poner en marcha una operación de coordinación logística ya conocida en el Sistema Nacional de Salud, ya que la colaboración sanitaria público-privada está respaldada por la existencia de numerosos conciertos nacionales y autonómicos de contrastada eficacia a lo largo de los años. El control, distribución, trazabilidad, flujo de comunicación y asignación de responsabilidades en los procesos sanitarios no es algo nuevo ni que haya que implementar porque, insistimos, ya existen sólidos precedentes.

Mediante los sistemas de comunicación y protocolos habituales ya generados entre el sector público y el privado en el Sistema Nacional de Salud, y a través de las mesas de coordinación autonómicas, la sanidad privada podría reportar toda la información oportuna para el registro estatal de vacunación del Ministerio de Sanidad a través de las Comunidades Autónomas, como encargadas últimas de la administración de las vacunas y disposición de equipos, recursos y materiales.

Si más de 12 millones de españoles acuden de forma regular a nuestros centros para cuidar de su salud, es decir, si al menos uno de cada cuatro ciudadanos confía en la sanidad privada, ¿por qué no articular un plan de vacunación contra el coronavirus que haga un uso inteligente de todas las infraestructuras sanitarias del país? ¿No es precisamente esta situación de emergencia extraordinaria la que requeriría de un esfuerzo máximo de entendimiento y coordinación? En nuestra opinión, desde luego que sí.

La búsqueda de respuestas vuelve a obligarnos a mirar al espejo de otros países de nuestro entorno que en el seno de la Unión Europea gozan de buena reputación en materia de organización y gestión de recursos. Por ejemplo, el Gobierno alemán ha anunciado la participación de la sanidad privada en su campaña de vacunación al considerar que sus recursos permiten el acceso a un contingente imprescindible de profesionales sanitarios y de infraestructura técnica de gran valor para la sociedad.

Ya tenemos las primeras vacunas aprobadas para ser suministradas. Si el fin último, y que desde luego todos deseamos, es ganar la partida al virus, pongamos de una vez sobre el tablero todas las piezas disponibles para que, más allá de estrategias, la vacunación en España sea realmente efectiva y en el menor tiempo posible. Además, el reparto equilibrado de fuerzas nos ayudará a evitar un mayor desgaste de una pieza imprescindible: nuestro personal sanitario.

Si la sanidad privada participa ya en la administración de otras vacunas, carecería de todo sentido que no lo haga en esta ocasión, cuando es más necesaria que nunca una sólida política nacional de vacunación.

Carlos Rus es presidente de ASPE (Alianza de la Sanidad Privada Española).

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Lawrence Wright [EEUU, 1947 ], en 2015/ JEFF VESPA

Lawrence Wright: ”La sociedad ha fracasado con la pandemia”

Está considerado como uno de los grandes periodistas de EEUU. En abril publicó una novela… sobre una pandemia global. Todo lo que escribió ha sucedido. Desde Texas, este premio Pulitzer nos habla de ‘El día del fin del mundo’ y de las amenazas que nos presenta el futuro

Carlos Rus en El Mundo, 150121

 Me vacunan el viernes [hoy] a las 11 de la noche». Lawrence Wright, de 73 años, es uno de los afortunados. El día de esta entrevista ha recibido la notificación de su cita para el soñado pinchazo en un centro sanitario de Austin (Texas), ciudad donde reside.

Yo tendré que esperar muchos meses más le dice el redactor por videoconferencia.

¡Ése es tu castigo por ser joven, Jorge!

Wright suelta una gran carcajada. «Me toca por viejo».

Quien se vacuna hoy del Covid-19 es uno de los mejores periodistas del mundo y un escritor de todos los géneros. Alguien al que muchos han llamado en los últimos meses «profeta», aunque reniegue de ello. Lo suyo no es una baraja de tarot, sino la investigación. Sus reportajes para la revista The New Yorker lo demuestran.

Tiene un premio Pulitzer por La torre elevada: Al-Qaeda y los orígenes del 11-S (Ed. Debate), un libro sobre los fallos de los servicios de inteligencia de EEUU en los meses previos al ataque contra las Torres Gemelas. Y también una adaptación televisiva.

Sin embargo, el summum de su veta profética llegó el pasado mes de abril, cuando medio mundo estaba confinado en casa. Wright publicó The end of october (editado ayer por Ediciones B con el título El día del fin del mundo), una novela en la que cuenta, tras años de investigación, todo en lo que se ha convertido el mundo de hoy.

Se trata de un thriller médico que surgió inicialmente como un proyecto para el cine que iba a dirigir Ridley Scott hace más de una década y que no pasó del papel. Es la historia de un virus bautizado Kongoli que desencadena una pandemia global. En sus páginas, los políticos no escuchan a los científicos, se despiertan instintos racistas, faltan ventiladores y mascarillas, colapsan los hospitales… ¿Les suena?

Pues Wright lo contó y hoy cada vez que ve un informativo o abre el periódico se siente «raro». Como en Niebla de Unamuno, su personaje protagonista, el doctor Henry Parsons, se presenta ante él.

P. Su virus novelado es aún más peligroso que el Covid-19, ya que tiene una mayor tasa de mortalidad. ¿Hemos tenido suerte?

R. En cierta manera, sí. Hemos sufrido virus muy peligrosos como el ébola, la viruela… Con otro virus, la pandemia podría haber matado a mucha más gente.

P. Su pandemia nace en Indonesia y eso desata la islamofobia en el mundo. El presidente Trump se ha referido muchos veces al coronavirus como «el virus chino». ¿Cree que la chinofobia va a ir a más?

R. Me temo que sí. Hay que decir también que el comportamiento de China no ha sido ejemplar en esta crisis. Omitió información y no mandó muestras en los inicios de la pandemia cuando tenía la obligación de hacerlo. Eso ha generación mucha desconfianza. Una pandemia es algo así como un test de estrés social, ese estrés se traslada a las relaciones entre naciones y comunidades. EEUU ya tenía una relación difícil con China y esto la ha empeorado.

P. Es el peligro de nacionalizar enfermedades. A los españoles nos pasó con la gripe de 1918 cuando se denominó española siendo mentira.

R. Cierto. Eso fue por culpa de la censura durante la Primera Guerra Mundial y se atribuyó injustamente esa etiqueta a su país.

P. ¿Cuáles han sido los grandes errores políticos de esta crisis sanitaria?

R. Te puedo hablar de EEUU. Aquí no hubo un plan nacional, Bueno, matizo, la Administración Obama había diseñado un manual para afrontar epidemias, pero la Administración Trump lo guardó en un cajón. Esto ha hecho que hayamos tenido 50 epidemias distintas, una por estado, Todo sin coordinación alguna. Pasa igual con la vacuna, hay diferentes reglas en función del lugar donde vivas.

P. Hay países que sí lo han hecho bastante bien,

R. Hay dos tipos de éxito en la gestión. El autocrático, como es el chino, que permite tomar medidas drásticas sin protestas ciudadanas. Y luego está el democrático, mucho más complejo, pero que lo han experimentado países como Corea del Sur, Taiwán y Canadá. El fracaso de EEUU se debe a la falta de liderazgo, la falta de pruebas de diagnóstico al principio de la pandemia y al tema de las mascarillas, cuyo uso se convirtió en un debate político y no sanitario.

P. La politización de la ciencia siempre es catastrófica.

R. Estoy de acuerdo. Te pongo un ejemplo, hace un par de días hablé con una fuente de un CDC [Centros para el Control y Prevención de Enfermedades], que hasta hace poco eran instituciones ejemplares y apolíticas, pero esta persona fue controlada cuando la entrevisté. Alguien del Gobierno se encargó de que averiguara que eso sucedía. Estas instituciones de salud pública perdieron su libertad y es imprescindible que recuperen la independencia.

P. El periodista Bob Woodward desveló que la Casa Blanca era plenamente consciente del peligro del Covid-19 en enero del año pasado. Él guardó esta bomba informativa para publicarla en su libro Rabia (Roca Libros) meses después, a pesar de que el presidente públicamente minusvaloraba los riesgos para la salud. ¿Es éticamente reprochable?

R. Es una cuestión difícil de contestar. Woodward tenía una primicia, que era la clave promocional de su libro. No sé si quizás Trump le habría llamado para pedirle explicaciones o si la editorial le prohibió adelantar esa información. En mi opinión, creo que en este caso uno tiene la obligación de revelarla, aunque es imposible saber cómo habría afectado en el desarrollo de la pandemia.

P. Cuando acabe esto, ¿no cree que todos los gobiernos deberían dar explicaciones de su gestión?

R. Estoy totalmente a favor de que eso suceda. Tenemos que mirar atrás y saber qué errores hemos cometido. Una pandemia es como una radiografía de rayos X de una sociedad. Esta crisis nos ha dejado muchas heridas y brechas sociales. Ha sido una prueba de estrés que hemos suspendido, creo que nuestra sociedad ha fracasado, no ha respondido de forma competente, profesional y compasiva. Necesitamos aprender estas lecciones y replantear, por ejemplo, el tema de la atención médica en EEUU.

P. A pesar de todo lo malo, tenemos ya la vacuna. ¿Su descubrimiento y una campaña de vacunación global es el mayor éxito de la Historia de la humanidad?

R. Estamos ante una vacuna que va a cambiar las vacunas del futuro, más aun en una era de nuevas enfermedades. Esta investigación ha transformado por completo la velocidad de desarrollo y también los precios, además hay vacunas que tienen una eficacia del 95%, lo que es una cifra altísima viendo los plazos. Antes, la vacuna más rápida habría necesitado cuatro años de trabajo y la del Covid-19 se ha desarrollado en unos meses. He entrevistado a muchos científicos que han trabajado con ella y son mentes privilegiadas. Es asombroso lo que se ha hecho.

P. ¿Cree que el asalto al Capitolio supone el final del trumpismo o el Partido Republicano buscará aprovechar su legado en próximas elecciones?

R. Es muy difícil de saber. Lo cierto es que el Partido Republicano es un crucigrama sin resolver, está dividido y muy tensionado. Los republicanos saben que renegar del legado del trumpismo no les hará ser un partido electoralmente ganador, pero también que si lo asumen, tampoco tendrán posibilidades.

P. Viendo los efectos del Covid-19, ¿cree que el terrorismo biológico puede ser una amenaza real en el futuro?

R. Me preocupa mucho ese tema, sobre todo por su impacto tecnológico. Están los drones y el acceso a armas, que en EEUU están fuera de control. Hace unos años hablé con un especialista de los servicios de inteligencia, una especie de Q, el personaje de James Bond que trabaja con prototipos que parecen de ciencia ficción. A él le inquietaba no que cualquier joven de un instituto pudiera a día de hoy programar un virus informático, sino que, en breve, pueda diseñar un virus biológico.

P. ¿El terrorismo cambiará de cara a esta década que comienza?

R. Mi preocupación va más allá de lo que entendemos como terrorismo religioso. Un ejemplo: en el asalto al Capitolio, hubo gente corriente, turistas, pero también unos cuantos terroristas infiltrados. Tenemos la amenaza de los supremacistas blancos. En Europa hay grupos neonazis y, además, está la crisis de los refugiados. Piensa que, en Siria, desde que comenzó la Revolución en 2011, hay una generación de jóvenes que lo ha perdido todo, que no ha tenido acceso a la educación. Un caldo de cultivo ideal para los reclutadores del Estado Islámico. Estamos ante un problema muy serio al que tiene que hacer frente la comunidad internacional.

Menos mal que, con tanta amenaza, a Wright le queda la música. Se lo está pasando en grande escribiendo un musical dedicado a la política de Texas. «Ojalá lo hubiera hecho antes», dice. «¿Qué tal tiempo hace ahora en Madrid? En Texas curiosamente hemos tenido una gran nevada». Si le contáramos

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos

.’La Trama del Poder cubano; el populismo’.
Entrevista de Hilda Molina [Cuba, 1942], neurocirujana cubana, con Laura Di Marco.  En esta entrevista , Hilda cuenta anécdotas como que Fidel Castro le propuso matrimonio, y se puede ver cómo se construyó un relato en Cuba del cual hoy Hilda Molina dice que fue víctima. 2019.

.Profundo Testimonio de D. Francisco Miguel Casañ, médico católico y anestesiólogo valenciano del Hospital Dr. Peset, contagiado con Covid-19. 14 de enero de 2021.

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Humor

Jordi Labanda Mercedes, 2006 [Uruguay, 1970]

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 150121

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Disciminación terminal y crónicos

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  • Filomena contra la diálisis y la oncología

La tormenta de nieve impide que miles de pacientes renales y de cáncer reciban el tratamiento del que dependen para salvar su vida.

Alberto Rojas en El Mundo, 140121

Su timbre de voz quebradizo y cansado emerge por el auricular con una tos de interferencia.

«A mí me han salvado la vida. No valoramos a la gente que nos rodea. Creemos que la sociedad es egoísta y no es cierto. No tenían que hacer esto por nosotros y, sin embargo, lo hicieron».

Víctor, un hombre de 53 años que necesita tres largas sesiones de diálisis por semana para sobrevivir, se refiere emocionado al grupo de personas que, coordinadas en un grupo de Whatsapp por Protección Civil, pusieron sus vehículos 4×4 y su destreza para llevarlos a los centros de salud donde se encuentra su salvación: una máquina de hemodiálisis llena de cables del tamaño del robot galáctico R2D2.

Él viajó en el coche con dos personas. Víctor las recuerda entre lágrimas:

«Me ayudaron a bajar de casa y luego a subir para no caerme con la nieve. Somos vulnerables y fueron conscientes de ello».

Su conductor fue Luis Figaredo. Su copiloto, Adriana Mesonero-Romanos.

La diferencia temporal no es caprichosa. Un día más tarde puede significar la muerte. Con esa frontera presente, el festivo día de Reyes los pacientes renales no recibieron su tratamiento de diálisis. Tuvieron que esperar 24 horas más, desplazando a los pacientes del viernes al sábado, pero Filomena tenía otros planes.

La nevada del día 7 por la noche colapsó los accesos a los hospitales con 60 centímetros de nieve. En toda la Comunidad de Madrid, de 6.000 a 7.000 personas quedaron huérfanas de una máquina que hace el trabajo de sus riñones. Sin ese proceso, la persona muere.

«Estar sin riñones es incompatible con la vida. De ahí la emergencia que estamos sufriendo»,

dice Daniel Gallego, presidente de la Asociación de Pacientes Renales. Para hacernos una idea de los riesgos que una nevada así supone para la vida de un paciente renal,

«el cuerpo comienza a almacenar las toxinas que nuestros riñones filtran. Entonces comienzan los problemas cognitivos, las alucinaciones, los mareos, retención de líquidos, aumento de peso…

A los tres días, el riesgo de ataque al corazón se multiplica. No podemos depender de los militares de la UME o de la buena voluntad de conductores particulares. Por extrema que haya sido la nevada, debería existir un protocolo de actuación para garantizar que estos pacientes van a conseguir su tratamiento sin contratiempos»,

asegura Gallego.

Noelia Moya, de 26 años, fue una de las primeras pacientes en llegar y la última de su clínica que el sábado recibió las cuatro horas completas de sesión de hemodiálisis. A partir de ahí, el personal sanitario (que había dormido en el centro sin poder comer nada) empezó a acortar la duración del tratamiento a la mitad del tiempo por el número de pacientes que no la habían recibido ni jueves ni viernes y que, probablemente, tampoco podían recibirla el lunes.

Mejor filtrar la sangre dos horas que ninguna.

«Tuve suerte en poder recibir el tratamiento completo, pero ya vi que iba a haber problemas. De las 50 o 60 personas que se dializan en mi horario, sólo estábamos 10. El resto no consiguió llegar por la nieve».

¿Qué cambios sufre tu cuerpo cuando pasan más de 48 horas sin dializar?

«Cansancio físico, retención de todo el líquido que bebes, dolores musculares… El lunes por la mañana, cuando pasas todo el fin de semana sin dializar, el cuerpo te pide máquina»,

dice Noelia.

Una situación parecida han vivido los enfermos de cáncer que esperaban recibir un ciclo de quimioterapia y no pudieron hacerlo por la nieve y el hielo.

«Cuando sufres una intervención tan compleja como es la extirpación de un tumor, la medicación que necesitas es muy precisa y concentrada. Si no la puedes recibir de la forma adecuada, pierde su efectividad»,

afirma Óscar Prieto, vicepresidente del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac).

«Pensemos en que esta nevada para los pacientes oncológicos es una crisis sobrevenida sobre la crisis del coronavirus. Un enfermo de cáncer que está recibiendo una quimioterapia está agotado, le cuesta andar, deben ayudarle sus familiares… Pensemos en que hay médicos que caminaron horas para llegar a su puesto de trabajo en el hospital.

Eso es imposible para un paciente oncológico. En la Comunidad de Madrid son cientos de pacientes que unen su inquietud por la enfermedad a la de no saber cuándo pueden recibir su tratamiento de la manera en la que está prescrito».

Esa inquietud adopta muchas formas. A veces por no poder acceder al tratamiento y otras, al fármaco. Por ejemplo, Nerea se queja de que a su pareja le han detectado un cáncer hace dos meses y la solución no llega.

«El sábado tenía cita para realizar una prueba en un PEC-TAC, pero el domingo a última hora de la tarde nos llamaron para cancelar la cita, dado que para esa prueba se precisa de un radiofármaco que debido al temporal de nieve en Madrid no puede llegar.

Hemos hablado con el hospital y están haciendo todo lo posible. También hemos preguntado a otros especialistas y nos comentan que todas las pruebas de Medicina Nuclear en España están canceladas por falta de radiofármacos. Es indignante. Sin esta prueba de PEC-TAC no se puede realizar ningún tipo de tratamiento, y cada día que pasa el cáncer sigue matándolo sin control».

Pedro Pérez Segura, jefe de servicio de Oncología del Hospital Clínico de Madrid, explica que la nevada les ha obligado «a cambiar la agenda para el 50% de los pacientes que tenían que recibir su ciclo de quimioterapia. Los que no tenían urgencia les hemos retrasado el tratamiento tres o cuatro días sin que suponga consecuencias negativas para su salud.

Los que sí tenían que recibirlo sin demora han llegado bien por sus propios medios o bien gracias a los voluntarios que los han acercado en vehículos 4×4. Esta semana habilitaremos muchas más plazas en oncología para poder tratar a ambos, a los que ya están programados y a los que ha habido que mover», concluye Pérez Segura.

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

Evitar otro ‘procés’

El autor explica que el mundo independentista catalán mantiene intactos todos sus recursos y estructuras y que, en un escenario post pandemia propicio, antes o después volverá a la carga

Juan Pablo Cardenal en El Mundo, 140121

promovido por Òmnium Cultural que el Washington Post y 3 se prestaron a publicar como inserción publicitaria. En él, la entidad independentista reclama «el fin de la represión» en Cataluña, la «amnistía» para los condenados por el procés y «el derecho de Cataluña a decidir su futuro político». Reivindicaciones estas apoyadas en las mismas mentiras y tergiversaciones que, con el silencio imprudente del Gobierno de Rajoy y con la inestimable colaboración de la prensa internacional, calaron en la opinión pública extranjera durante los años del procés.

Se refiere el manifiesto a la voluntad de la mayoría del pueblo de Cataluña, a supuestas violaciones de derechos humanos cometidas por el Estado español, al derecho a votar como máxima expresión de la democracia y a la necesidad de diálogo.

Apuntes de brocha gorda fácilmente identificables por una audiencia extranjera mayormente ignorante de la realidad catalana, pero todos falsos en el contexto catalán. Nunca han sido mayoría, España es reconocida internacionalmente como una democracia plena, el respeto a la ley (y no la coartada del voto para incumplirla) es la piedra angular del sistema y su apelación al diálogo es otro engaño que en verdad persigue la claudicación del constitucionalismo.

Que la principal evidencia del manifiesto sea la raquítica opinión del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria (GTDA) de la ONU, que considera arbitraria la prisión de los condenados y reclama su libertad, demuestra que no andan sobrados de munición. No sólo es una opinión no vinculante y un despropósito jurídico, sino que ocultan que el procedimiento lo inició Ben Emmerson, que formó parte del equipo jurídico de los políticos catalanes, por encargo de Òmnium Cultural.

También que la Asamblea Nacional Catalana movió los hilos de la campaña y que la Generalitat financió al menos en dos ocasiones a la oficina de la ONU encargada de promover estos casos. Y, por supuesto, que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avala la actuación de la justicia española y ha dado un varapalo tras otro al independentismo.

Pero, para quienes no entran en el fondo de las cosas, el informe del GTDA, el manifiesto de Òmnium y, en general, toda la propaganda separatista desprenden una lírica y una melodía muy seductoras. Se entiende así que un nacionalismo supremacista e hispanófobo como el catalán siga teniendo en el extranjero su público, entre ellas las 50 personalidades que se adhirieron al manifiesto de Òmnium.

Nadie especialmente elocuente: abundan los militantes del izquierdismo más sectario y personajes que están para partido de homenaje. Más revelador es que son mayoría quienes nunca tuvieron un vínculo tan estrecho con España como para suponer que sus ofensivas diatribas estén basadas en una comprensión sólida de nuestro país.

Destacan, por el contrario, los firmantes que se sumaron a la causa luego de ser captados –con nuestro dinero– por el engranaje de agit-prop separatista, ya fuese Diplocat, Òmnium, la ANC o las embajadas catalanas. Entre ellos, el propio Ben Emmerson, activo en el frente de la ONU; o Jody Williams, activista y Nobel de la Paz, invitada a asistir al «juicio político» del Supremo, tras lo cual tildó a la Guardia Civil de «títeres» y acusó a la policía de «mentir». En Barcelona le hicieron el paseíllo: recepción con Torra y Colau, comparecencia en el Parlament y entrevista en Catalunya Ràdio.

También Colm Tóibín, escritor irlandés ganador del Premio Joan B. Cendrós de Òmnium, dotado con 3.000 euros, por publicar un único artículo tras la prohibición de los toros en Cataluña. En él afirmó que las corridas eran vistas allí como algo «oscuro, extranjero e ibérico» y como parte del «mundo impuesto por Franco». O el esloveno Ivo Vajgl, que fue por vez primera a Cataluña en 2017, presidió una plataforma de exaltación nacionalista en el Parlamento Europeo y desfiló por Lledoners y los medios públicos catalanes.

Es importante entender que es erróneo considerar a todos esos extranjeros que apoyaron el procés y que frivolizaron con la destrucción de España como meras víctimas de la intoxicación separatista. Con distintas motivaciones, muchos se dejaron seducir por la propaganda a sabiendas, no contrastaron la mercancía y suplieron su desconocimiento sobre España con todos los prejuicios de la leyenda negra antiespañola, con Franco a la cabeza, y con toda la hispanofobia inoculada por quienes se los habían trabajado.

Varios de los que entrevisté para La Telaraña ni siquiera eran conocedores del bochorno acontecido el 6 y el 7 de septiembre de 2017 en el Parlamento catalán, cuando abolieron la legalidad española. Ellos fueron responsables de difundir en sus países un relato mentiroso que convenció a parte de la opinión pública.

Lo mismo puede decirse de algunos de los principales medios de comunicación internacionales, empezando por los dos periódicos que no han tenido reparo en publicar el anuncio de Òmnium. En un ejemplo de deformación digno de estudio en las facultades de Periodismo, el Guardian relató los hechos de aquellos días de septiembre dando prioridad a la reacción «furiosa» de Madrid y no al atropello democrático independentista. El Washington Post despachó la afrenta al sacrosanto rule of law en un breve firmado por Reuters.

Y el New York Times, el más tendencioso en su cobertura del procés de entre los medios importantes, publicó una sola frase en un breve el día 7 y en una crónica del día después ni siquiera lo mencionó. Un olvido clamoroso. Pero mencionar a un dictador que murió en la cama en 1975 no se les olvidó nunca.

Tanto ese día como más adelante, birlaron a sus audiencias un episodio clave para que entendiera la crisis, o para dar contexto al 1-O. Se tragaron también sin anestesia, porque no lo verificaron, el dato de heridos dado ese día por la Generalitat. Pero, más relevante, es que fracasaron en su obligación de presentar los hechos con objetividad y distancia, para lo cual habría sido menester relatar con la misma rotundidad con la que difundieron el relato independentista la discriminación a los castellanohablantes en Cataluña, la persecución al español, la hispanofobia institucional o el adoctrinamiento en las aulas.

El procés no fue, como en definitiva se planteó en la prensa extranjera, una pelea de bar multitudinaria en la que poco importaba quién dio el primer puñetazo. Fue un conflict-by-design, un conflicto incubado durante décadas por las élites catalanas a partir de un proyecto de catalanización por la fuerza impulsado por Pujol llamado Plan 2000. Y esto está aún por escribir en la prensa internacional.

Lo que el panfleto de Òmnium pone de manifiesto es algo que ya sabemos, que es que el mundo independentista y la Cataluña oficial no han tirado la toalla y que volverán a intentarlo, consecuencia de un procés cerrado en falso por la aplicación pusilánime del 155 y tras una sentencia del Supremo que, con todo a favor, acabó en fiasco.

También nos dice que el independentismo mantiene intactos todos sus recursos y estructuras y que, en un escenario post pandemia propicio, antes o después volverá a la carga. Imaginen ahora que en las próximas elecciones catalanas el independentismo, pase lo que pase siempre movilizado, obtiene más del 50% de apoyo popular.

En ese contexto, con un Gobierno de España decidido a no intervenir para atajar las ofensas a España y mucho menos para neutralizar lo que está por venir, sólo un voto constitucionalista fuerte el 14-F puede frenar lo que hoy parece inevitable, ya sea un enjuague político por las buenas entre la izquierda y el nacionalismo o una nueva intentona golpista por las malas.

Es por ello que, por muy desencantado que esté y por muy traicionado que se sienta, es imperativo que el votante constitucionalista evite la tentación de abstenerse y mande con su movilización y voto masivos el mensaje, nítido, de que el constitucionalismo no pierde fuelle, que España nos importa, que no claudicamos y que vamos a plantar cara. El peligro es real y sólo puede pararse en las urnas.

Juan Pablo Cardenal es periodista y escritor, su último libro es La Telaraña: la trama exterior del procés (Ariel, 2020).  

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Olivier Duhamel

Índice

Arcadi Espada en su blog, 140121

Alain Finkielkraut no volverá a comentar la actualidad en el canal Lci de la televisión francesa. La dirección del canal —privado— ha considerado que sus declaraciones del lunes sobre el asunto Duhamel —un politólogo francés que en los años 80 mantuvo relaciones sexuales con su hijo adoptado de 14 años— merecen el despido. El filósofo empezó afirmando, en una entrevista, que los hechos que se atribuyen a Olivier Duhamel son «reprobables, graves e imperdonables».

A estos calificativos les siguió una serie de observaciones sobre el asunto que partieron de la obligación de evitar el linchamiento de Duhamel: «¿Hubo consentimiento? ¿A qué edad empezó? ¿Hubo alguna forma de reciprocidad o no?» El periodista le objetó que se trataba de un niño de 14 años. El filósofo replicó:

«Estamos hablando de un adolescente, no es lo mismo. E incluso para concretar el delito es necesario saber si hubo consentimiento o no».

La ley francesa —la actual: no la que regía en 1980— castiga la relación de un adulto con un menor de 15 años haya o no consentimiento. A eso aludía la objeción del periodista. Aunque Finkielkraut tenía razón al decir que el consentimiento no es indiferente para concretar el delito: de 5 años de cárcel se puede pasar a 20.

Ahora imaginemos este escenario alternativo. Un atentado con muertos. En Francia. En España también, y primerísimamente, por supuesto. Las manifestaciones de condena se suceden. Reprobable, grave, imperdonable. En cualquier esquina mediática siempre hay alguien que añade algo sobre las causas. Sociales, culturales, económicas y hasta psicológicas de los asesinos. Suficiente para que personas como yo citemos a Tolstoi: Sí, tout comprendre c’est tout pardonner.

Suficiente para clavarles una de Tolstoi, pero no para negarles su derecho a aludir a las causas y mucho menos para dejarles sin trabajo. ¡A cuánta gente se tendría que haber expulsado de España en marzo del 2004, después de que señalaran al presidente Aznar como el primer responsable de la matanza de Atocha!

La confrontación entre los dos escenarios es llamativa, pero en absoluto inédita. En todas las sociedades religiosas se han justificado, alentado y patrocinado los asesinatos en nombre de la fe, mientras se perseguían con saña los delitos o faltas cometidos en nombre del placer. La creciente incredulidad metafísica de los ciudadanos no es garantía de laicismo: una sociedad es religiosa no tanto por la relación que mantenga con la divinidad sino con los dogmas.

Y poco importa que un Estado exhiba su carácter laico, mientras la sociedad confiese. El nuevo caso Finkielkraut confirma no que se persigan determinadas opiniones sobre algunos asuntos sino que crecen los asuntos donde la opinión no está permitida.

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Margarita se crece

Santiago González en El Mundo, 140121

Uno tenía a su ministra de Defensa entre paréntesis desde los lejanos tiempos en que fue viceministra de Interior y aun antes, con aquel borrón que echó en su carrera judicial al condenar en 1991 a Ahmed Tommohui por varios delitos de violación, que en realidad había cometido Antonio García Carbonell, identificado por el ADN después de que Tommohui hubiera pasado en la cárcel 15 años.

También fue muy llamativa la perorata que lanzó ene la Pascua Militar contra los militares jubilados que habían expresado su inquietud por la marcha de las cosas en una carta al Rey. Era extemporánea, en parte porque ese discurso ya lo había formulado el 1 de diciembre en el Congreso, en parte porque a los militares en la reserva nadie les puede restringir sus derechos civiles.

Fue también sanchista de primera hora, pero a la hora de evaluarla habría que plantearse: comparada, ¿con quién? Y aquí, al compararla con Grande Marlasca, es donde se nos viene arriba la ministra Robles, así cualquiera. Fue muy significativa la ausencia de Robles en la toma de posesión del DAO de la Guardia Civil, Pablo Salas, el verano pasado, hecho significativo porque la Guardia Civil corresponde tanto a Interior como a Defensa.

El buen concepto que tuve en el pasado de Fernando Grande (por parte de padre) solo estaba justificado por un subjetivismo absurdo. ¿Cómo podía ser fiable un tipo que empieza por mentirse el apellido?

El caso es que Robles reaccionó inmediata y positivamente a la petición del alcalde de Madrid para el despliegue de la UME en la capital tras la nevada. A Marlasca le molestó la rapidez y el hecho de que el alcalde llamase directamente a la ministra de Defensa, en lugar de cursar la petición a Interior a través de la Comunidad.

Él sin embargo fue un modelo de rapidez al responder negativamente a Almeida sobre la posibilidad que estudiaba el Ayuntamiento de pedir la declaración de Madrid como zona catastrófica. Alcalá de Henares, Leganés y Alcorcón (también con gobiernos socialistas) lo harán en días sucesivos.

A la mera cábala del alcalde, Marlasca respondió que nones, que él no veía daños importantes “a bienes públicos ni privados”. Su actitud crítica duró 24 horas; el lunes ya no descartaba la declaración, aunque pidió no anticiparse, porque la prioridad es minimizar los estragos y garantizar los servicios públicos, petición curiosa que ya estaba implícita en las palabras de Almeida.

No es improbable que alguien con mando le hiciese ver que su negativa no era una estrategia muy inteligente para llegar a gobernar alguna vez Madrid. Fernando y Margarita no se llevan bien. En las dos comparecencias que han compartido ella añadió matices a preguntas que se le habían dirigido a él. Fuenlabrada, municipio gobernado por el PSOE va a presentar mañana una moción de urgencia en la que todos los partidos solicitan la declaración de zona catastrófica.

Pablo Casado ha elogiado a Margarita Robles por preferir la gestión a las banderías políticas y desplegar la UME tras la llamada de los populares. Ciudadanos también ha pedido la declaración de Madrid por boca de Begoña Villacís e Inés Arrimadas. Y Carrizosa que también la ha pedido desde Barcelona. No es un paso muy grande para la humanidad, pero para partidos españoles sí que lo parece.

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Una enfermera prepara una dosis de vacuna contra la covid-19 en Mallorca.
Una enfermera prepara una dosis de vacuna contra la covid-19 en Mallorca.Isaac Buj / Europa Press

Contraatacar en la tercera ola y prevenir

Dada la necesidad de acelerar la vacuna, todos los partidos deberían estar actuando al unísono

Rafael Bengoa El País, 140121

El cuerpo humano se defiende ante ataques como el actual con un contraataque a corto plazo y otro más a medio plazo. Es la respuesta inmunológica rápida por anticuerpos y otra más lenta que mantiene la protección.

En su evolución, el cuerpo ha aprendido que la primera respuesta inmunológica es insuficiente, por lo que sostiene en el tiempo su respuesta con unos anticuerpos diferentes de medio plazo. Son células que tienen memoria y se reinician ante un nuevo ataque o una nueva variante.

Lo mismo debe lograr la sociedad y el ámbito político para acabar de vencer al virus. Un contraataque rápido y otro de sostenimiento.

El cuerpo ha desarrollado una suerte de presolución. Actúa como un seguro tanto en su respuesta inmunológica rápida como en su actuación más sostenida en el tiempo porque reconoce la amenaza como permanente y está preparado para intervenir. La covid-19 nos está demostrando que tiende a ser permanente, por lo cual nuestra respuesta desde todos los ámbitos debe serlo también.

También actúa como un seguro el Sistema Nacional de Salud (SNS). Los trabajadores de la atención primaria, los hospitales y los servicios sociales han actuado como diques de contención y siguen haciéndolo en esta tercera ola. Su capacidad ha sido más que demostrada como respuesta rápida, pero la respuesta más a medio plazo depende del compromiso del ámbito político.

Hemos podido comprobar que concebir la sanidad y los servicios sociales como un gasto en lugar de una inversión nos ha costado muy caro. El impacto de ese razonamiento ha tenido consecuencias muy negativas tanto en escalada como en desescalada y se está repitiendo en la vacunación.

A partir de ahora, el SNS necesitará reforzarse para garantizar una respuesta sostenida en el tiempo. Sin embargo, no es suficiente la respuesta de nuestro cuerpo y del SNS. Tanto el cuerpo como el SNS necesitan ayuda. Ayuda de los ciudadanos y de los Gobiernos.

Los ciudadanos deben desarrollar sus propias presoluciones. De forma inmediata y a medio plazo. Esta crisis contribuye a que los procesos inmunes del cuerpo se fortalezcan, pero también debe contribuir a fortalecer la inmunidad social, nuestra inmunidad colectiva. Eso dependerá de nosotros mismos.

Hemos aprendido en esta crisis que estamos todos interconectados y somos mutuamente interdependientes, razón por la cual es importante vacunarse. Esa es la respuesta rápida de la sociedad, comprendiendo que este virus se apropia de las células y que, si uno se vacuna, el virus simplemente no puede entrar a piratearlas. De esta forma, se adquiere una inmunidad colectiva en una sociedad.

A medio plazo, para fortalecer aún más esa inmunidad colectiva, debemos como individuos asumir que nos dominan una serie de sesgos cognitivos, siendo el sesgo a la normalidad el más importante.

Este sesgo, para el que estamos programados psicológicamente y que nos habrá servido en otros tiempos, nos hace subestimar el riesgo y explica muchos de los comportamientos que se han visto durante esta pandemia. Es un sesgo que no nos permite evaluar bien los riesgos. En futuras adversidades deberemos saber contrarrestar estos sesgos innatos.

En última instancia, el impacto de la covid también viene determinado por la política. La última defensa es esa. De su comportamiento depende la eficacia final en el control de una crisis.

En las crisis, las decisiones están informadas por la ciencia, pero el resultado final es una decisión política, no una decisión científica y esa decisión política conviene que sea de unidad.

La conciencia de la gravedad de la situación por todos los políticos en el Reino Unido esta semana pasada ha logrado una “detente”, una suspensión de la utilización partidista de esta crisis por la oposición.

Gracias a eso el primer ministro, Boris Johnson, ha logrado unanimidad para aprobar la legislación necesaria para atajar la tercera ola. Así, se vuelve a confirmar la importancia del comportamiento de los partidos políticos para combatir las crisis.

Por muy buena que sea la ciencia en un país, si el liderazgo político no es colaborativo entre partidos no estarán participando en la solución a la pandemia. Serán más un obstáculo que una solución.

Dada la situación de esta tercera ola y la necesidad de acelerar la vacunación en España, en el corto plazo es evidente que todos los partidos deberían de estar actuando al unísono. Acelerar la vacunación no solo permitirá alcanzar la inmunidad de rebaño cuanto antes, sino que le resta tiempo al virus para mutar.

En general los virus se hacen menos virulentos al extenderse una epidemia. El que nos ataca ahora —el SARS-CoV-2— de momento está haciendo lo contrario. Es por lo que los partidos políticos deben acelerar juntos el proceso de vacunación.

El descubrimiento de la vacuna es un logro científico, pero la vacunación debe ser un logro de los Gobiernos. Una oposición política en cualquier parte de España solo lograría frenar la vacunación y eso otorga más tiempo al virus para que mute a peor.

Rafael Bengoa es codirector del Instituto de Salud y Estrategia. Fue director de Sistemas de Salud de la OMS.

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Por qué hablar de España

¿Por qué hablar de España?

Santiago Araúz de Robles en ABC, 140121

Hubo un tiempo en que el mundo conocido de oídas, el único posible pues, terminaba en las «columnas de Hércules» y en la mítica Atlántida. El resto, la estepa euro-asiática y el este del Bósforo, era «ajeno a la civilización», aunque tuviese la suya propia pero distinta y distante, parodiando a un político de la Transición.

De ahí el interés mundial por Iberia. En especial un interés ávido por parte de los pueblos teocráticos (los musulmanes) o los populistas. Lo que llamamos y ha sido Occidente habría desaparecido asfixiado si Iberia hubiese sido en algún momento la mano larga del califato de Bagdad o, en el siglo XX, del soviet ruso.

Una rigurosa memoria histórica no debería olvidar el hecho.

Los Reyes Católicos, con un soporte también teocrático (característico recuerda Berdiaeff del Renacimiento), sin duda, pero inventando el Estado moderno, hicieron posible a España, la «Hispania completa» de que habla el excelente historiador Luis Suárez, y evitaron que fuera imposible Europa. Coinciden Menéndez Pidal y Ortega y Gasset en que «la política de casamientos» de Isabel y Fernando y la idea imperial de Carlos V sembraron la semilla de Europa.

En lo interno, los Reyes Católicos dieron forma a una España ciertamente «realista», es decir monárquica, que era la única institución política que gobernaba pueblos, pero democrática: acabaron con el poder político de las aristocracias -habían sido útiles en la guerra frente al islam, pero eran un obstáculo para la paz compartida, es decir la paz popular- y confiaron los asuntos públicos domésticos a ciudades y pueblos, mediante fueros y cortes. Un logro verdaderamente histórico.

, de inmediato, «nos» ocurrió América. Frente a un indigenismo corto de mente, la presencia de Europa ultramar era inevitable: la técnica náutica era ya capaz de abordar el Atlántico, y la sed de nuevos horizontes es innata al hombre. Lo «desconocido» estaba, en 1492, al alcance y en el deseo de dos potencias marítimas: Iberia (España y Portugal) e Inglaterra. En esa teórica carrera, resultaba inevitable que una de las dos llegara antes. Y hay que jugar con los futuribles razonables: ¿qué habría ocurrido si un Mayflower precoz en el tiempo hubiera acertado con Guaharaní, y ya con todo un continente virgen al lado?

La respuesta es meridiana: América no sería un mundo mestizo (hasta diecisiete variantes de mestizaje le descubrió el italo-argentino Levéne), el «derecho de gentes», o universalidad de la ciudadanía, se habría retrasado por lo menos hasta la declaración de derechos del hombre y el ciudadano tres siglos después, y el mercantilismo sería la regla de convivencia, en lugar de esa barbarie tan humana que lleva a Neruda a concluir, en el capítulo de sus memorias que titula España en el corazón, que los «bárbaros conquistadores nos quitaron todo y nos dejaron todo», nos dejaron las piedrecitas preciosas de la palabra con sentido, a compartir en profundidad y en todas sus dimensiones. La palabra es, ciertamente, todo: progreso, cultura y derecho.

Si bien América ha sido, por otra parte, la anemia interior de España, y su «otra» -además de evitar el extrañamiento musulmán o soviético de Europa- justificación en la Historia.

Hicimos humanismo, pero -mientras se daba la riqueza de América a los «criollos y mestizos»: el colombiano David Morales acaba de escribir sobre ello-, se abandonaba en la Península la despensa y la escuela, como lamentó Joaquín Costa, y luego unánimemente las gentes del 98 (pero se comprenderá que era inevitable). Y el otro vector de fuerza de la civilización occidental, el pragmatismo sajón nos ha ido dando pasadas por la derecha y por la izquierda, durante siglos de ciencia e industrialización, dejándonos en el rezago.

Esa decadencia consolidada, y el humor desabrido de una sociedad insatisfecha -en todo- nos llevó irremediablemente a la atrocidad de la guerra civil, en que se exasperaron la gloria de la historia pasada (pero nunca muerta, el pasado es raíz, y tuvo sentido que permanece) y las miserias del presente, en la mitad del siglo XX.

Ninguna persona lúcida puede ignorar ya que, junto al tinte goyesco de la postguerra, de los años cincuenta hasta los setenta del siglo pasado el pueblo español empezó a vivir la «tecnocracia» que preconizaba Costa, y creó una burguesía intelectual y económica (despensa y escuela) que permitía pensar en común un futuro común.

Esa oportunidad la aprovecharon enseguida todos los sectores políticos y sociales para construir la arquitectura admirable que fue «la Transición», y de la que es pieza clave la unidad, de historia, ser y proyectos, de la nación española (artículo 2 de esa decantación de nuestro espíritu popular que es la Constitución de 1978). Y en ello estamos, y deberíamos estar felizmente. No caben desenganches del ser común.

No cabe, por ejemplo, ignorar que precisamente en Cataluña fue la monarquía la que hizo posible en los siglos XIV y XV el redreç: es decir, la liberación de sus propios demonios interiores que consistían en una plutocracia avasalladora de libertades, hundida en lo financiero (simbolizada en la quiebra de la Casa Gualbes el año 1391, de la que ha sido melliza en el tiempo la de Banca Catalana: es un dato para la reflexión), y un asfixiante nivel de deuda pública originada precisamente por las querellas interiores. Nihil novum sub sole.

Pero la historia real, y no adulterada, ha de ser maestra de vida y cimiento de la construcción colectiva. Sea dicho para tirios y troyanos.

Santiago Araúz de Robles es escritor.

 

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Twitter suspendió la cuenta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Credit Joshua Roberts/Reuters
Twitter suspendió la cuenta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Credit Joshua Roberts/Reuters

El odio debe ser erradicado de las redes sociales, pero no por Silicon Valley

David Jiménez en The New York Times, 140121

Una de las causas menos conocidas del genocidio de Ruanda, donde cerca de un millón de personas fueron masacradas a machetazos en 1994, fue la libertad de expresión mal entendida. Políticos, activistas y periodistas hutus prepararon el terreno e incitaron el exterminio de los tutsis a través de una campaña de odio que utilizó la emisora RTLM como altavoz.

Uno de los mensajes más repetidos describía a los miembros de la etnia rival como “cucarachas”. Y si no eran más que eso, insectos capaces de colarse en tu casa y extender la enfermedad, ¿acaso no estaba justificado aplastarlos?

Ruanda viene al caso ante el lamento de extremistas de todo el mundo porque finalmente, aunque con años de retraso y demasiado tarde, se estén tomando medidas para eliminar de las redes sociales el odio, la xenofobia, el fanatismo y la desinformación como arma para sabotear democracias.

La libertad de expresión tiene sus límites en el abuso de los derechos de los demás. Quién, cómo y cuándo se decide eliminar ese contenido es debatible; la conveniencia de hacerlo, no.

El asalto al Capitolio en Estados Unidos fue la culminación de un mandato en el que Donald Trump utilizó plataformas como Twitter para promover la mentira, la conspiración, el supremacismo y el autoritarismo.

La decisión de cancelar sus cuentas en redes sociales, sin embargo, tiene su punto débil en la misma arbitrariedad y falta de transparencia que le permitió operarlas sin control. Las líneas rojas son demasiado finas y complejas para que la decisión dependa de un puñado de directivos de Silicon Valley.

Pocos países conocen mejor que Alemania cómo un exceso de tolerancia hacia los intolerantes puede gangrenar una sociedad y conducirla al profundo pozo de la violencia sectaria. A veces, hasta llegar al genocidio. Por eso las leyes alemanas contra el odio en internet, vigentes desde 2018, están entre las más duras del mundo y obligan a las plataformas a suprimir contenido que fomente la violencia, la discriminación o el extremismo en menos de 24 horas, bajo amenaza de multas millonarias.

Y, sin embargo, la canciller Angela Merkel dijo esta semana que la cancelación de las cuentas de Donald Trump en las redes sociales era “problemática”, mostrándose a favor de un equilibrio entre la supervisión del contenido tóxico y la defensa de la libertad de expresión.

Lograr ese balance requerirá aceptar, como hizo Alemania, que la mayoría de las legislaciones que regulan ese derecho fundamental han quedado obsoletas. La monitorización necesitará de garantías, preferentemente ofrecidas por jueces formados en nuevas tecnologías, para evitar que tenga un sesgo ideológico, religioso o racial.

La reemergencia de los extremismos en el mundo, incluidos políticos que atacan la democracia desde dentro, hace que la adaptación sea urgente. Estados Unidos ha resistido el embate autoritario gracias a la fortaleza de sus instituciones, sistema judicial y prensa independiente.

Pero, ¿cuál habría sido el desenlace de un envite parecido en una democracia inmadura y con esos tres pilares debilitados, como es el caso de España? Solo hay que mirar qué fue de naciones que cayeron en las garras del populismo, como la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, para recordarnos que no podemos correr ningún riesgo.

La libertad de expresión está regulada en España bajo un marco anticuado que, sumado a medidas restrictivas recientes como la Ley Mordaza de 2015, que permite sancionar a periodistas bajo el ambiguo pretexto de alteración del orden, rebaja su significado. El resultado es que los jueces españoles están sentando en el banquillo a quienes la ejercen legítimamente, mientras manipuladores y propagadores del odio operan con impunidad en un momento de gran crispación. Esa combinación es garantía de tiempos oscuros en un país con una historia de enfrentamientos civiles como la nuestra.

La revista satírica Mongolia reflejaba las contradicciones del erróneo foco judicial en su última portada, un fondo negro con el que sus editores quisieron denunciar la censura. La publicación ha visto su futuro comprometido tras ser condenada a pagar 40.000 euros por ridiculizar en un cartel promocional al torero José Ortega Cano, quien en 2011 mató bajo los efectos del alcohol a otro conductor en un accidente de tráfico.

Importantes juristas han resaltado las incongruencias de la sentencia, que se suma a los procesos contra trabajos de ficción de raperos, humoristas o artistas. El presidente Pedro Sánchez, a pesar de las promesas hechas cuando estaba en la oposición, no ha tomado ninguna medida para corregir la deriva.

Una parte de la judicatura española no parece diferenciar la sátira de la realidad, pero aún más grave: tiene una concepción de la libertad de expresión y sus límites impropia de una democracia liberal. No son la ofensa, la burla o la crítica, incluso cuando resultan de mal gusto, las que debe ser perseguidas; sino la fabricación de noticias falsas, desinformación y propaganda con el objetivo de incitar a la violencia, discriminar minorías o suprimir las libertades de los demás.

Quienes abusan de la libertad de expresión, utilizando las nuevas tecnologías como herramienta, se justifican en la falta de espacio en los medios tradicionales y dicen que el límite de sus acciones solo puede establecerlos el sistema judicial, conscientes de que no está preparado para hacerlo.

Las víctimas rara vez tienen recursos para emprender acciones legales y quienes dan el paso se enfrentan a procesos que pueden durar años. Para entonces, el daño puede ser irreparable, como demuestra la orgía de violencia contra los rohinyás en Birmania, donde una noticia falsa sobre una violación difundida en Facebook desencadenó una limpieza étnica.

El genocidio de Ruanda se fraguó por medios tradicionales con una propaganda incesante que duró años y deshumanizó a las víctimas a ojos de sus verdugos. Las redes sociales han acortado los plazos del adoctrinamiento y ampliado la capacidad de generar odio.

Supervisadas por las leyes aprobadas por los parlamentos nacionales, las grandes corporaciones de Silicon Valley deben actuar de forma decisiva para suprimir los discursos que alientan la violencia, promueven el racismo o atentan contra la salud pública.

España, como tantos países, vive una propagación sin control de ese contenido. Hay suficiente en juego para movilizar los recursos del Estado, creando una comisión independiente del gobierno para estudiar medidas contundentes; reforzando y ampliando el ámbito de actuación de la Brigada Central de Investigación Tecnológica de la policía; enseñando desde la escuela a protegerse de la desinformación y poniendo en marcha juzgados específicos que puedan actuar con celeridad cuando el poder de internet es utilizado para atacar la convivencia y las libertades.

Los ciudadanos, por su parte, han adquirido nuevas responsabilidades en un ecosistema digital que ofrece a cualquiera la capacidad de difundir una información, dar una opinión públicamente o hacer un llamamiento. Se trata de una expansión de la libertad de expresión sin precedentes, pero no sin límites. La mentira, como herramienta para pisotear los derechos de los demás, no forma parte de ella.

David Jiménez es escritor y periodista. Su libro más reciente es El director.

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Urnas de votos frente a los logos de Facebook y Twitter.DADO RUVIC / Reuters
Urnas de votos frente a los logos de Facebook y Twitter. DADO RUVIC / Reuters

Cinco argumentos sobre la censura en las redes

Borja Adsuara Varela en El País, 140121

A raíz de la suspensión de las cuentas de Donald Trump en Facebook y Twitter se ha abierto un interesante, necesario y apasionado debate sobre lo que pueden y no pueden hacer las redes sociales en relación con los contenidos y las cuentas de sus usuarios. Lo que para unos es una adecuada “moderación de contenidos”, para otros es una intolerable “censura”.

Tan apasionado es el debate que, creo, se ve inevitablemente contaminado por el sesgo ideológico de cada cual o, incluso, por la simpatía o antipatía que suscita el personaje. Por lo que, para empezar, conviene aclarar que el análisis que se haga debe ser con independencia de quién sea el usuario, de su ideología y de si es más o menos famoso o anónimo, y más o menos simpático o antipático.

Al mismo tiempo, pero en parte como consecuencia de lo anterior, unos y otros ofrecen en este debate argumentos con los cuales intentan justificar su opinión, que no tienen un base legal y sólo sirven para intentar vestir el santo de un juicio pre-existente (es decir, de un pre-juicio). Vamos a intentar desgranar algunos de los más repetidos y aportar alguna luz sobre el marco regulatorio.

1. ¿Son empresas privadas y pueden hacer lo que quieran?

Es el argumento más repetido y sorprende que tenga tan amplia aceptación. Las empresas privadas no pueden hacer lo que quieran, ni poner las normas internas que quieran. En EE UU, en la Unión Europea y en España las empresas privadas tienen que cumplir las leyes, las Constituciones y los derechos fundamentales. No pueden aprobar normas ni realizar actos que sean ilegales.

¿Alguien imagina que una empresa privada pueda poner las normas que quiera, por ejemplo, en materia laboral, en contra del Estatuto de los Trabajadores? ¿Alguien imagina que una tienda, porque es una empresa privada, pueda decidir vender tabaco o alcohol a menores de edad? ¿O que un bar, amparándose en el derecho de admisión, pueda prohibir la entrada a gente de una raza concreta?

2. ¿Lo que han hecho es perfectamente legal?

Superado el primer argumento, surge el segundo: lo que hacen es legal, dicen. Pero quienes dicen esto no suelen conocer el régimen legal de responsabilidad de las redes sociales respecto a los contenidos de sus usuarios, ni en EE UU, ni en Europa, ni en España. Pero es verdad que han oído campanas de que los gobiernos llevan desde hace años impulsándolas a borrar algunos contenidos.

Lo que no tienen claro es que tanto la Ley de Decencia de las Comunicaciones de 1996, en EE UU, como la Directiva de comercio electrónico del año 2000, en la Unión Europea, y la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información de 2002, en España, sólo les permite —y obliga a— borrar contenidos claramente ilegales. (Aunque en EE UU tienen más manga ancha con otros contenidos objetables).

3. ¿Las redes sociales son como los periódicos?

Otro argumento muy usado, vinculado con el anterior, es que las redes sociales pueden decidir lo que publican —o no— como los periódicos o cualquier otro medio de comunicación (radios, televisiones, etcétera). Pero, justamente, ahí está la clave: las redes sociales no son medios de comunicación, ni tienen una línea editorial, sino que son unas plataformas digitales de comunicaciones entre sus usuarios.

Por eso, precisamente, se parte del principio de que no son responsables de los contenidos publicados por sus usuarios, salvo si tienen conocimiento efectivo de que son ilegales, en cuyo caso deben retirarlos diligentemente. Por eso, cuando realizan una labor de verificación o moderación de contenidos, que va más allá, se pide para ellos la misma responsabilidad que a los medios de comunicación.

4. ¿Pueden hacerlo porque aceptamos sus Términos de Uso?

Otro argumento es que pueden borrar los contenidos y suprimir las cuentas que quieran porque lo dicen sus Términos de Uso y Normas de Comunidad, que son como un contrato entre particulares y nosotros las aceptamos al darnos de alta. Pero ese contrato no es un contrato entre iguales, sino un contrato de adhesión (como los bancarios), y puede contener cláusulas abusivas, más allá de las leyes.

Al margen de que algún día se revisen por las autoridades, se impugnen ante los tribunales y se anulen algunas de ellas (como ya ha ocurrido con las bancarias), esas normas internas no están por encima de las leyes, las Constituciones y los derechos fundamentales, y quienes, en última instancia, deciden que es legal o ilegal no son las redes sociales y sus normas internas, sino las leyes y los jueces.

5. Conclusión

En un Estado de derecho, el único criterio admisible para que las redes sociales supriman contenidos es que sean claramente ilegales. Porque, en caso de duda, hay que aplicar siempre la interpretación que sea menos restrictiva para los derechos fundamentales y estar a favor de la libertad de expresión. Lo demás es censura.

Borja Adsuara Varela es experto en Derecho y Estrategia Digital.

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La cura y la palabra

La cura y la palabra

Debemos a Sexto Empírico la preservación de este bello pasaje de su antecesor en seiscientos años, Herófilo, médico calcedonio del siglo III a. de C., cuya obra, sobre la cual fundaban los griegos su canon anatómico, se ha perdido para nosotros: «La ciencia y el arte no tienen nada que enseñar, el ánimo es incapaz de esfuerzo, la riqueza inútil y la elocuencia ineficaz, si falta la salud».

La lectura del siempre cauteloso Sexto Empírico (o sea, «Sexto el Médico») me ha vuelto a la memoria, con el consuelo que da siempre la seca inteligencia en este cenagal de conspiratorias supersticiones que pugnan por abrirse paso en torno al único instrumento con el que contamos hoy para defender la salud humana frente a la pandemia: la universal campaña de vacunaciones.

Porque no, no es una inocente superstición cualquiera, esta de los anti-vacunadores. Es una de esas variedades, por desgracia muy frecuentes, en las que la superstición es vía directa al homicidio. Y que, en este caso, podría disparar cifras de muerte con escasos precedentes inmediatos, fuera de los tiempos de guerra.

He invertido dos horas y pico de mi tiempo en embaularme el documental «Hold-Up», esa Summa visual del negacionismo, y algo más en leer el Great Reseat, a cuyo fundamento se acoge. Son dos productos bien manufacturados: eso los hace letales para espíritus simples o sencillamente ansiosos de ser convencidos. Un brillante empaquetado que envuelve la misma nada sobre la cual alzan su firmeza todas las supersticiones:

«…demuéstreme que no hay conspiración, que las vacunas no matan, que no inoculan chips misteriosos que nos roboticen, que no hay una camarilla de todopoderosos malísimos que planifica esclavizar a la humanidad tras diezmarla…».

Y, como argumento supremo, la carta de Monseñor Viganò, un cardenal separado por el Vaticano de sus funciones en virtud de su más que notable extravagancia doctrinal, que advierte al presidente Trump

«en esta hora en la que el destino del mundo entero está amenazado por una conspiración global contra Dios y contra la humanidad».

Naturalmente, no hay respuesta a una pregunta majadera. Salvo la de llamar majadero a quien la formula. Y que la petición de demostrar una proposición negativa es una majadería, lo sabemos desde, por lo menos, los escritos lógicos de Aristóteles.

Aunque su forma definitiva pertenezca al Guillermo de Ockham que lo formula como ese principio de economía conceptual al cual Bertrand Russell, en homenaje al filósofo del siglo XIV, dará el brillante nombre de «navaja de afeitar de Ockham»: entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem, no hay que multiplicar los entes innecesariamente. No se demuestra una proposición negativa; ni se refuta, por tanto.

Sólo se puede operar -para lo uno como para lo otro- con proposiciones afirmativas. Es el fundamento de las ciencias empíricas; también lo es de la juridicidad moderna: la carga de la prueba recae sobre la afirmación; el «no culpable» se da como supuesto allá donde el hecho no ha sido probado; pero no se demuestra jamás una «no culpabilidad»: admitir lo contrario destruiría la racionalidad jurídica.

¿Son inocuas las vacunas? Esperemos que no; si es que esperamos que protejan. No hay medicamento inocuo. De serlo, no sería medicamento: sería magia. Lo mismo que cura, mata, enseñaban hace dos mil quinientos años los tratados hipocráticos. Según tenues matices en las dosis, que corresponde a la investigación farmacológica fijar: en esa tenue línea se juega la vida de los hombres.

Pero no existe tampoco palabra inocua. Ni, aún menos, retórica inofensiva. En el modo de hablar acerca de los fármacos se decide, tanto cuanto en los fármacos mismos, la frontera entre vida y muerte.

Pero la transmisión de los enunciados científicos se vehicula en el lenguaje común: una retórica en la cual lo persuasivo prima sobre lo riguroso, el deseo sobre el conocimiento. No es nuevo el dilema que enreda al médico en los laberintos y trampas del orador. En lo que yo conozco, es Platón quien le da primera formulación canónica.

Sócrates se presenta ante el supremo maestro de retórica, Gorgias, que acaba de llegar a Atenas para atesorar discípulos en torno a una promesa de aprendizaje: la del discurso como arma que todo lo puede. «No todo», objeta Sócrates. «Todo», replica Gorgias. Y lo ilustra con un ejemplo:

«Cada vez que he acompañado a mi hermano el médico a ver a un paciente.., he sido yo quien ha conseguido convencerlo de tratarse, con sólo la ayuda de la retórica».

Concluye, en buena lógica, que

«si un médico y un orador entablan combate en la asamblea sobre cuál de los dos ha de ser elegido como médico, yo te aseguro que no se hará ningún caso del médico y, si él lo quiere, saldrá elegido el orador».

En el mundo analfabetizado del siglo XXI, no hace falta ya siquiera orador, cualquier charlatán basta; o cualquier político. Televisores y redes se encargan de mostrar que es mediodía a medianoche.

En Francia, el presidente Macron ha anunciado la creación de un comité mixto de ciudadanos y expertos, cuya misión será controlar la administración de las vacunas. Es una sabia medida: retórica, si se quiere, pero sabia.

Porque permitirá oponer la palabra tasada de los técnicos a la verborrea complaciente de locutores, influencers y youtubers. Es de supervivencia que sean los criterios clínicos y no los deseos de ciudadanos en diversa medida ignorantes los que construyan la reflexión colectiva en este momento crítico.

Los que tienen mi edad no olvidarán jamás los destrozos irreversibles que la polio hizo en tantos de nuestros amigos de infancia. Ni olvidarán cómo unos pocos años de vacunación borraron casi su memoria. Nuestros hijos habrán de recordar un día el trance en el cual vieron borrar a toda una generación: la de sus abuelos. Esperemos que no deban odiar a quienes pusieron trabas para acabar con eso.

Y que vuelvan a saber evocar el fundamento del arte hipocrático: «La vida es corta y el arte es largo; la oportunidad, fugaz; el experimento, peligroso; el juicio, difícil. No obstante, debemos estar preparados, no sólo para cumplir con nuestro deber, sino también para que el paciente, los servidores y las circunstancias cooperen». Porque peligros y dificultades son necesaria condición de nuestra fugaz supervivencia.

Gabriel Albiac es filósofo.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Humor

 


Josep Maria Rius i Ortigosa, ‘El Xoma’, 2016 [España, 1954]

 

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Viñeta de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo, 140121

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Libre inmigración y terror

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Los yihadistas llegados a España en patera querían emular el atentado de Viena que dejó 4 muertos y 23 heridos

Dos de los tres yihadistas llegaron en patera a España entre noviembre y diciembre del pasado 2020.

Brais Cedeira en El Español, 120121

Antes de entrar en España, en vísperas de Navidad, el líder de la célula yihadista, un joven de tan solo 30 años de edad, había expresado su intención de cometer un atentado en Europa. Su paradigma, el modelo que pretendía seguir a la hora de llevar a cabo un nuevo ataque, era el de emular a ese lobo solitario de origen macedonio que provocó la masacre de Viena, Austria, a principios del pasado mes de noviembre.

El primer lunes de ese mes, el día 2, aquel hombre salió a la calle armado con un fusil de asalto y un machete y acabó con la vida de 4 personas. Dejó heridas a otras 23. Se había fijado en aquel atentado individual, tal y como adelantó este lunes EL ESPAÑOL, un golpe con los medios justos, con armas adquiridas en el mercado negro. Era ese el crimen que pretendía perpetrar junto a sus secuaces.

El cabecilla de esta célula, ya en prisión por orden de la Audiencia Nacional, ya lo había manifestado en mensajes que luego detectaron los investigadores. A raíz de esa información y de otras recibidas desde los servicios de información argelinos, y de las advertencias del FBI, los investigadores de la Policía Nacional supieron de la llegada a territorio nacional de ese yihadista “potencialmente peligroso” y de uno de sus adláteres, un joven de 26 años de edad, también radicalizado en el ideario propio de esta organización y con ganas de actuar.

Todos eran argelinos y viajaron hasta Barcelona con identidades falsas. Uno de ellos se infiltró como un individuo de nacionalidad libia. Llevaban a su vez documentación con la que se hacían pasar igualmente por ciudadanos marroquíes.

Objetivo Francia

Los tres yihadistas fueron detenidos este pasado fin de semana por la Comisaría General de Información (CGI) de la Policía Nacional. En una fecha indeterminada entre ese atentado en Viena y vísperas de Navidad, tanto él como uno de sus acólitos, el segundo de los detenidos, lograron acceder a territorio desembarcando en una patera que había cruzado las aguas del Estrecho de Gibraltar.

Los tres estaban habituados a departir sobre atentados recientes como ese de Viena, que ya habían tomado como objetivo a alcanzar, pero además se habían fijado en otros, como el perpetrado por el Estado Islámico en Niza en el verano de 2016. Hablaban de ataques, de armas blancas, y de que Francia podía ser finalmente su destino.

Según confirmaban este pasado lunes a EL ESPAÑOL fuentes de la Audiencia Nacional, ambos habrían desembarcado en Almería para después dirigirse a Barcelona. Allí les esperaba el tercero de los detenidos. Más mayor, 35 años, más experimentado y con conocimiento en el terreno, su encargo no era otro que el de encargarse de la logística de este presunto comando.

Fue él quien les instaló en un piso como okupas en la Ciudad Condal, compartiendo apartamento con otra persona que nada tenía que ver con los planes que este grupo había comenzado a maquinar pero que también contaba con identidad falsa y antecedentes policiales.

Todavía no les había dado tiempo a planear nada, pero los investigadores detectaron su presencia y se pusieron manos a la obra al recibir información de que se trataban de varios individuos de acreditada peligrosidad.

Combatiendo con Daesh

Fuentes de la investigación aseguraban este lunes a EL ESPAÑOL que ahora saben que el líder de la célula había estado combatiendo dos años en las filas del Estado Islámico en Iraq. Los agentes se encuentran ahora recorriendo el camino inverso: su objetivo es tirar del hilo para trazar el historial y la vida que habían llevado a lo largo de los últimos años todos los arrestados en la operación.

Por eso saben ahora que este individuo, en el año 2018, intentó entrar de manera clandestina en Europa a través de Turquía después de haber luchado junto al ISIS. Allí fue detectado, y Turquía lo expulsó a Senegal. Desde ese país fue moviéndose para retornar a su tierra natal. El hombre se ve obligado a transitar también por Mauritania, hasta alcanzar territorio argelino.

Tras ese periplo continuó su actividad pro-DAESH. Una vez regresó a Argelia el líder del grupo desmantelado en Barcelona se habría vinculado a la organización Al Katibet Ghoraba, la franquicia del mencionado grupo terrorista en el norte de África, contra la cual, apuntan fuentes policiales, se han realizado importantes operaciones precisamente a lo largo de los últimos días.

No les quitaron el ojo de encima, y vigilaron el piso de Barcelona desde Navidad hasta este pasado fin de semana cuando decidieron detenerles. Los yihadistas estaban siendo muy cuidadosos con con sus movimientos, y habían adoptado “fuertes medidas de seguridad” para que nadie pudiera detectarles.

Una persona más que había convivido con ellos sirvió de avanzadilla durante el período navideño. Viajó a Francia, y allí fue apresado por las autoridades del país después de que los investigadores españoles les avisaron de la llegada del terrorista. Ese detenido, menor de edad, también decía ser libio cuando en realidad procedía de Argelia, como todos los demás detenidos en territorio nacional.

Con la cercanía del temporal Filomena, que ha cubierto a España de nieve este pasado fin de semana, los agentes estimaron que se podía dificultar su localización permanente. Por eso decidieron proceder a su inmediata detención, neutralizando así “una amenaza para la seguridad pública”.

Los agentes no hallaron ningún arma tras registrar el inmueble. Tampoco elementos o dispositivos precursores que pudieran servir para fabricar explosivos con los que atentar. Apenas acababan de llegar y no les había dado tiempo a adquirir ninguno de esos elementos. Sí que se incautaron de diverso material electrónico, que todavía tiene que ser analizado por los especialistas en la lucha contra el terrorismo yihadista.

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El caos migratorio es una amenaza para la seguridad

Editorial de El Mundo, 130121

EL HECHO de que los tres presuntos yihadistas detenidos el pasado viernes llegaran a España en patera por Almería refleja la necesidad de extremar los controles en materia de inmigración. El juez de refuerzo de la Audiencia Nacional, Alejandro Abascal, les imputa un delito de integración de organización terrorista y ordenó su ingreso en prisión.

Como ha informado este periódico, los terroristas llegaron a España en patera procedentes de Argelia y atravesaron el país en coche hasta Barcelona. Integraban un comando terrorista y uno de ellos estaba incluido en la lista de ex combatientes que partieron a Siria para engrosar las listas del Estado Islámico.

Tal como revela hoy EL MUNDO, el CNI ya alertó en noviembre de la llegada de terroristas a través del Estrecho. A ello se suma que el FBI ya alertó de la peligrosidad de los arrestados. Todo ello pone de relieve la negligente gestión del Gobierno, especialmente del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, así como la urgente necesidad de poner coto al descontrol de la inmigración ilegal. E

spaña está en el centro de la diana de las mafias que operan en las rutas en el norte de África. La inmigración irregular puede derivar en una amenaza para la seguridad. De ahí que la regulación del flujo migratorio, desde un escrupuloso respeto a la ley, exija más determinación y menos demagogia.

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Marlaska vs. Margarita

Emilia Landaluce en El Mundo, 0130121

MADRID ESTÁ fatal, pero imaginen cómo estaría sin la intervención de la UME. Lo contó el propio alcalde, José Luis Martínez-Almeida. El pasado domingo llamó personalmente a Margarita Robles y la ministra accedió inmediatamente a que el Ejército ayudara en las labores de rescate en la capital, bloqueada por la nieve.

El periódico cuenta que la pronta decisión más bien, la colaboración con un alcalde de distinto signo molestó a Grande-Marlaska que, como ministro del Interior, debía coordinar el operativo. Al parecer, Marlaska no solo estaría dolido por la rápida respuesta de Robles, que salvó a Madrid del caos, sino que más bien se trataría de esos celos que nacen del encono personal.

Cuentan fuentes del Ejecutivo a Marisol Hernández que «la relación entre ellos es más que tensa», que ya «no se cortan un pelo en criticarse» y que el resquemor mutuo dataría de cuando los dos eran magistrados. El camino de ida a la política no debería tener vuelta porque los jueces estrella que prueban las mieles del poder suelen devenir en estrellados, como muestran las ambiciones frustradas de Garzón.

No es el caso de Robles, que apoyó a Sánchez en la derrota y la victoria y sigue siendo una de las ministras más valoradas de todo el espectro político pese a guardar las esencias del socialismo. Grande-Marlaska, por otro lado, ha sido una gran decepción para el consenso. No tanto por esa aparente condescendencia con EH Bildu (después de ser uno de los principales azotes de ETA) como porque siempre parece presto a servir de coartada a los desmanes más sectarios del Gobierno.

Lo prueba su actitud cicatera después de que una delegación de Ciudadanos encabezada por Arrimadas fuera expulsada (lanzamiento de heces y orines mediante) de la marcha del Orgullo Gay de 2019.

Por eso, a pocos debería extrañar que ¿el servil? Grande-Marlaska dudara en acudir en ayuda de Madrid, donde gobierna el PP. (Y eso que fue el partido que le nombró para el CGPJ.) Tampoco ha querido actuar en la Cañada Real, la pelota que quieren dejar en el tejado de Ayuso, pese a que se trata de un problema de orden público las plantaciones de marihuana están más calentitas que los cuatro que pagan la electricidad y, por lo tanto, competencia de Interior y del delegado del Gobierno.

Me gustaba mucho Marlaska, la verdad. La ola polar no debería polarizar.

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Tonnntos que no cesan

Santiago González en su blog, 120121

Félix ironizaba en Twitter contra los críticos al voluntariado de la nieve:

“Mientras Casado hacía el ridículo con la palita, Sánchez solucionaba los verdaderos problemas de la gente construyendo ataúdes”.

En esta línea se me ocurre, Federico, que los dos socios del. Gobierno se están ganando a pulso los apodos de los personajes principales de las novelas de Chester Himes: Grave Digger Jones y Coffin Ed Johnson (Sepulturero) y (Ataúd).

Mi admirada Tess criticaba en Twitter la simbología de las herramientas en la farsaº de la izquierda2:

“Los de la hoz y el martillo no han tocado en su triste vida una hoz ni un martillo, ni una pala, ni un pico, ni una azada, ni una escoba”.

nrique García empleaba en Twitter palabras mayores:

“Por cortesía del traidor y golpista Sánchez Castejón y de la marquesa de Galapagar, hoy, a las 17:00 horas, Pablo Iglesias firmará facturas de la luz en el Corte Inglés de Goya”.

Ayer era entrevistada en El País Carmen Calvo, la Ratita presumida, con su semblante de avinagrada cursilería, como la retrató adecuadamente Andrés Trapiello. Cayetana Alvarez de Toledo que nos hizo pasar mañanas inolvidables  con los repasos que daba a esta señora en el Congreso, se lo daba ayer en Twitter. Destacó que la doctora Derecho Constitucional confunde los límites de la legalidad y considera que como es legal que Illa no dimita hasta la campaña electoral es perfectamente legítimo que reparta su atención entre una pandemia como esta y su tarea de candidato a la Presidencia de la Generalidad. Y esta última:

P. ¿El Gobierno de coalición acabará la legislatura?

R. Sí. Tenemos que culminar un trabajo que es bueno para la izquierda de este país. Claro que terminaremos la legislatura.

Y glosa justamente Cayetana:

“No para España. No para los ciudadanos. Ni siquiera para la gente. “Para la izquierda de este país”.

Esta todo dicho, Federico. También la suerte electoral de esta pareja que la apeó de la portavocía.

Soraya Arnelas, cantante y ecologista:

“Os podrá parecer una gilipollez pero estos días, cuando he visto a los árboles caerse las ramas me daba muchísima pena. Os parecerá una locura, pero sentí como que estaban sufriendo mucho y me daba mucha pena”

En julio de 2009, esta criatura fue maestra de ceremonias en la fiesta del orgullo junto a Boris Izaguirre. Y allí en Chueca hizo una revelación sorprendente:

“Me gustaría pedir perdón por ser heterosexual, porque hoy me siento más gay que nunca”.

Sorprendente afirmación que Pablo Iglesias debería usar como ejemplo de lo que él entiende por cabalgar contradicciones. Pero ella quizá debería explicarse un poquito más. Por ejemplo:

“Me gustaría pediros perdón por ser heterosexual, pero es que disfruto con los tíos más que una tonta con un lápiz”.

O bien:

“Me gustaría pedir perdón por ser heterosexual, pero lo soy muy poquito, casi nada”.

O esta otra:

“Os pido perdón por haber sido heterosexual hasta anoche a la una de la madrugada, pero os prometo que a partir de hoy me voy a enmendar. Nunca mais”.

Premio cum laude al publicista de Metro Bilbao, responsable de unos carteles que me envía Louella Parsons, en los que se prohibe viajar a perros y gatos de más de ocho kilos. Así, a primera vista es llamativo, porque el gato europeo común llega a pesar de adulto entre 3 y 5 kilos. Un gato de ocho kilos es un tigre.

Pero hay algo aún más llamativo en los carteles. Los animalitos de marras están representados por sus onomatopeyas, guau y miau en el cartel en castellano. Pero el cartel en euskera, el ladrido del perro, ‘guau’, se traduce a ‘zaunk’, lo que llevaba a la tuitera  Anuskis a expresar su deseo para 2021: oír a un perro vasco-parlante ladrar: ‘zaunk’. El capitán, llevado por su afán investigador, ha buceado en el traductor de Google y este le dice que el ‘guau’ español en euskera se dice ‘Aupa!’ Para mí que este cartel se lo ha hecho Iván Redondo.

Y ya que estamos con Iván Redondo es justo y necesario destacar su última ocurrencia. Él debía de pensar que las calificaciones que el líder hacía de sí mismo y de su gestión no le hacían suficiente justicia, por no hablar de las encuestas independientes si las hubiere. Hoy mismo la de NC Report para la Razón suspende la gestión de Sánchez, además de sus alianzas non sanctas. Hasbía que tirar de encuesta amiga, no todo lo va a hacer Tezanos.

Así se organizó una para los lectores del Huffington Post, en que se les pedía que calificaran la gestión de Pedro Sánchez durante 2020: Sobresaliente, Notable, bien, Suficiente, Suspenso y Muy deficiente. El problema es que la encuesta se hizo viral, desbordando con mucho los suscriptores del periódico y el resultado no puede ser más desalentador: Sobresaliente, 6%; Notable, 4%; Bien, 2%, suficiente, 1%. En la república de los réprobos solo dos categorías: Suspenso, 8% y Muy deficiente, 79%. No digo más.

Dina Bousselham publicaba en su panfleto La Última hora una denuncia implacable contra OK Diario, el periódico digital dirigido por Eduardo Inda:

“OK diario no nació con una finalidad informativa, sino política. ¿Quieres saber cual? Muy pronto todos los detalles en LUH. Nuestros socios y socias lo recibirán en exclusiva”.

Impresionante, la chica que le prestó el móvil al macho alfalfa y a quien este recompensó con su panfleto, establece el canon informativo para los medios españoles. Bueno y el político, según decía Errejón:

“No hay manera. Se ha encaprichado de la morita y no hay manera. Lo único que no se dice morita. Se dice ‘magrebí’,

Bueno, como tiene una relación con la casa real marroquí, también valdría ‘alauí’.

Todos nuestros tonnntos se manifiestan con repiqueteo. O con estrambote, si se quiere. Dina, la magrebí, publicaba el lunes un llamamiento a alumnos de Francisco Marhuenda para que lo pusieran a parir. Con total discreción, naturalmente. Lo mismo que hacía el jefe en Facebook, cuando pedía a su chusma que le enviaran material contra Hermann Tertsch e Isabel San Sebastián.

Salvador Illa comparecía ayer para decir algunas cosas notables. Coincidió con la ratita presumida, Calvo, claro, en que no  había necesidad de dimitir como ministro hasta que empezara la campaña. Es legal, dijo la vicepandemias, Cuenta nuestra Ketty Garat que preguntado por la ventaja electoral que podría proporcionarle el ministerio, respondió:

“No se si esto genera o no genera algún tipo de ventaja. Me da igual”.

He aquí una mentira canónica. De catecismo del padre Ripalda, vamos. O él es tonto o nos toma por tontos a todos los demás.

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Ilustración de Javier Olivares [España, 1964] para el texto

Sobre el control político del Poder Judicial

El autor califica de patológico el empeño de los partidos políticos en influir en la cúpula de la judicatura y considera que, al perpetuar este sistema, se está debilitando el tercer poder del Estado

Salvador Viada Bardají en El Mundo, 0130121

EL PODER Judicial no está estructurado alrededor de ninguna idea política, puesto que lo que le caracteriza es la neutralidad de quien lo ejercita. Es un poder disperso, en el sentido de que se ejerce individualmente por jueces y magistrados independientes. Responde a la idea última de que en una democracia ha de haber contrapesos y un poder que garantice en caso de conflicto que la ley se aplica por igual para todos y que todos han de encontrar quien en última instancia vele por la protección de sus derechos.

Se exige así a los jueces neutralidad política, ya que su función ha de ejercitarse en todo caso con imparcialidad y, por ello, se veta el ejercicio para los jueces de ciertos derechos políticos como tributo a su obligada neutralidad partidista. Dada esa ausencia de estructuración política del Poder Judicial se habla del mismo como un poder neutro. Desde ese planteamiento, la penetración de los partidos políticos en el Poder Judicial es un fenómeno patológico. La manera de hacerlo es muy eficaz y orientada únicamente a influir en la cúpula de la judicatura, no en la generalidad de los jueces y magistrados.

Se ha instaurado un sistema en virtud del cual se controla políticamente el órgano de gobierno del Poder Judicial (CGPJ), creado precisamente para proteger a los jueces del Ministerio de Justicia, conformándolo por criterios de reparto partidista y contrariando así el espíritu constitucional (STC 108/1986). Lo empeora el hecho de que en el CGPJ ha de haber 12 jueces entre los 20 vocales de ese Consejo, de manera que se introduce el factor político entre los miembros de la carrera judicial. Para ser elegido como vocal hay que ser o parecer de una tendencia política concreta, y siendo eso así, el camino está trazado para que la ideológica política en la judicatura empiece a ser relevante.

Los jueces, hoy, ven como quienes les gobiernan administrativamente (es decir, quienes deciden su promoción profesional, quienes deciden si son o no sancionados, quienes establecen quienes y en qué circunstancias van destinados a ciertos destinos importantes), son compañeros suyos que son considerados afines por los partidos políticos. A su vez, los elegidos por los partidos actúan muchas veces agrupados en bloques ideológicos, de manera que las cosas trascendentes se deciden desde esos criterios. Eso lleva siendo así desde hace 35 años.

¡35 años de influencia política en la cúpula de la judicatura! La perversidad del sistema se extiende: los jueces no pueden ser afines a partido político alguno, pero sus asociaciones no tienen ese problema. Unas asociaciones muy concretas que, obviamente, no se puede decir que sean correas de transmisión de los partidos, pero que, llegado el momento, están ahí.

Y al tiempo que se deslizan por ese camino peligroso se les da la oportunidad de ser influyentes también en beneficio de sus asociados. Otras asociaciones diferentes se quejan de ello. Pero, poco a poco, de manera natural, se va cimentando el desastre: si se crean las condiciones para que el progreso profesional esté ligado a la ideología o a la afinidad política, ese aspecto cobra relevancia, y se va aceptando. «Sí, soy conservador o progresista, y por eso me nombran. ¿Y que?». Nada, es el modelo.

Como el mérito y la capacidad son los criterios legales para la promoción profesional, hay que encubrir el fundamento de los nombramientos (el TS habló en cierta ocasión de «motivaciones hipócritas»), pero las reglas las conocemos todos. Y así, ese conservador o progresista ocupa Presidencias de Audiencias, de Tribunales Superiores de Justicia, puestos en el CGPJ o en el Tribunal Supremo impulsado por los vocales elegidos por el partido político afín.

Y los demás compañeros, esos excelentes jueces que no han querido entrar en el juego de las afinidades, son ignorados en su progreso profesional. Si esa promoción profesional estuviera ligada únicamente a la formación científica, al estudio, a la celeridad en dictar resoluciones, a la competencia profesional, esos serían los factores que se cultivarían por quienes desean alcanzar las más altas cotas profesionales.

Esas asociaciones profesionales en una Justicia en la que, de raíz, la influencia política estuviera descartada, no tendrían ninguna necesidad de ser o parecer afines a ningún partido político ya que los partidos no podrían hacer nada ni por ellas ni por sus asociados.

Y todas las tensiones políticas sobre la Justicia, poco a poco, se orientarían a procurar su mayor eficacia, mayores garantías de los ciudadanos, y no a conseguir mayores posiciones de influencia. Pero ese camino se ha descartado para desgracia de los ciudadanos, con el reproche de las instituciones europeas, y cambiarlo ahora si fuera ello posible, que no lo es conllevaría el peaje de al menos un par de décadas para ir desarraigando tantos años de hábitos perversos.

¿Qué pretenden los partidos políticos mayoritarios con este sistema que han creado? Con el control partidista del órgano de gobierno del Poder Judicial, se aproximan a lo que pretenden. Dicen que lo hacen por conferir «legitimidad democrática» al CGPJ, como si hasta 1995 el modelo constitucional del CGPJ no hubiera tenido esa legitimidad. Recordemos que, hasta esa fecha, el CGPJ se componía de ocho vocales elegidos por el Parlamento, y de 12 elegidos por los jueces y magistrados, en un sistema compensado que copiaba el existente en otros países europeos.

Creo que no se sostiene que un poder del Estado, el legislativo o el ejecutivo, puedan atribuir «legitimidad democrática» a otro poder del Estado. Todos los poderes emanan del pueblo español, el cual aprobó la Constitución en la que se instituyen los tres poderes del Estado, configurados cada uno de acuerdo a su finalidad. La legitimidad democrática del órgano de gobierno del Poder Judicial proviene de la Constitución, expresión de la voluntad popular, no de la decisión de otros poderes del Estado.

PERO, ADEMÁS, no se ve al Parlamento, que integra el conjunto de diputados pertenecientes a todos los partidos, negociar nada sobre este tema. Son los dos partidos mayoritarios, a través de dos políticos ex jueces, quienes negocian el número de vocales que corresponde a cada uno, y el nombre de los afines a quienes impondrán el nombre de quien presidirá el CGPJ, y estos lo aceptarán, mostrando así otra vez quién manda en el órgano de gobierno del Poder Judicial.

Y, en este momento, además, vemos que un partido sostiene que en esa negociación puede vetar y veta la intervención de otros partidos. ¿Es ese el Parlamento que confiere «legitimidad democrática» al Poder Judicial?

La configuración actual del Gobierno del Poder Judicial en nuestro país obedece realmente a la búsqueda de influencia política en la Justicia, con la pretensión del establecimiento de dos Justicias, una para los ciudadanos y otra para ellos, mediante privilegios procesales como los aforamientos, con la potestad de colocar amigos ideológicos en los puestos claves de la judicatura independientes, pero amigos, o de quitar a otros incómodos mediante promociones o destacamentos internacionales.

La teoría de Carlos Lesmes del palo y la zanahoria para controlar a los jueces va en esa misma línea. Con esas influencias aspiran esos partidos a la posibilidad de obtener ventajas políticas o económicas. No siempre pueden, claro. Aquí se está jugando en un terreno en el que cualquier pequeño exceso del político puede chocar con la integridad profesional de un juez, pero en grado suficiente para que les compense mantener el sistema.

Así, cuando aquel político se vanagloriaba ante los suyos de que podría su partido controlar la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo por la puerta de atrás, él creía que había conseguido las piezas en el CGPJ para hacer lo que en realidad buscaba. Y eso que buscaba, eso que buscan esos partidos con la negociación, es el cáncer por el que se debilita el tercer poder del Estado en perjuicio de todos.

Salvador Viada Bardají es Fiscal del Tribunal Supremo

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Oficina de Twitter en San Francisco.
STEPHEN LAMREUTERS

Los disparatados habitantes de Internet

El autor reflexiona sobre el uso de las redes sociales y otras plataformas digitales y defiende que Internet se convierta en una asamblea libre tan amplia, ventilada y pública como sea posible

Enrique Rey en El Mundo, 0130121

ESTAMOS HARTOS DE neologismos y anglicismos: posverdad, fake news… y, ahora, donde no cabe una palabra extraña más, introduzco esta: oopartOopart es el acrónimo en inglés de «artefacto fuera de lugar» y quienes los rastrean sostienen, por ejemplo, que algunos jeroglíficos egipcios representan aviones o que se han encontrado mapas de Sudamérica anteriores a 1492.

or supuesto, todo lo relacionado con estas presuntas anomalías fuera de la historia ha proliferado en Internet, donde protagonizan una parte importante de la disparatada literatura de la conspiración.

Hoy se me ocurren pocas cosas tan fuera de lugar como esa banda de matones y bárbaros que asaltaron el Capitolio estadounidense. Algo en su aspecto y su actitud (los animales disecados, las botas sobre la mesa de Nancy Pelosi) provocaba, además de preocupación, un enorme desconcierto: la retransmisión en directo de este grave ataque contra la democracia más poderosa del mundo se parecía a una reposición navideña de Los visitantes, aquella comedia francesa en la que unos caballeros medievales viajan hasta nuestra época.

Pero, si la característica principal de los oopart es que aparecen en fechas imposibles, estos rústicos partidarios de Trump sí que son un producto de nuestro tiempo a pesar de las banderas confederadas, y lo que tienen en común con el fenómeno de la arqueología, digamos, alternativa, es que ambas desviaciones (de la ciencia ortodoxa y de la democracia) surgen y se refuerzan en los rincones menos iluminados de Internet. Es posible que algunos de los atacantes hayan sido siempre así.

Existen autores que se refieren a ellos como white trash (basura blanca) y convierten esta expresión, a priori despectiva, en una llamada de atención sobre la falta de oportunidades en la América rural. Allí escasean el futuro y el capital, y abundan los tipos tozudos y desesperados, como los que describe Faulkner o aparecen en Tiger King, un documental sobre la vida de un excéntrico domador de tigres. Tipos que no son responsables de las injusticias que padecen, aunque sí de sus comportamientos brutales.

Sin embargo, muchos de los que participaron en este episodio inverosímil se habían disfrazado para la ocasión. Muchos hacían gestos, repetían eslóganes y portaban símbolos relacionados con distintas comunidades extremistas organizadas a través de Twitter, de foros o de Telegram.

Muchos habrían pasado desapercibidos hasta entonces, trabajadores anónimos aficionados a discutir sobre política con desconocidos, a reforzar sus convicciones (las redes favorecen la confirmación frente a la confrontación) y a bromear entre colegas virtuales. Esto explica que todo tuviera el aspecto de una bufonada aunque cinco muertos no ríen y es que, en Internet, lo que termina por imponerse (ideas, estéticas), se vuelve viral cuando algunos pioneros (bienintencionados o no) lo reivindican irónicamente.

Así, la recuperación de un pasado falseado y postizo (con sus ideales de pureza racial y mitos fundacionales los búfalos) es en algunos foros (en Estados Unidos, 4chan; en España, Forocoches) una broma recurrente que se distribuye mediante memes y que termina por generar, entre quienes están expuestos a su bombardeo, una nostalgia tramposa.

Los viejos habitantes de Internet sabemos reconocer el aspecto grotesco que tienen nuestros disparates cuando desbordan las pantallas. Ya casi nadie se acuerda pero en 2010, durante una gala retransmitida por TVE, Anne Igartiburu sufrió un incidente de esta naturaleza. El rapero John Cobra, fuera de sí tras una actuación lamentable, gritaba obscenidades entre las que repetía «viva Roto2».

Era la contraseña con la que agradecía el apoyo irónico de Forocoches que lo había llevado hasta allí. Anne pasó un mal rato mientras yo me regocijaba al conocer la trastienda de aquel sinsentido. Lo que sucede en el mundo virtual configura la realidad y pertenece a ella tanto como lo que sucede en el mundo físico pero, cada vez más, cuando estos planos chocan se producen cortocircuitos que provocan incendios.

Y nos estamos abrasando tenemos un grave problema con lo que leemos y escribimos en Internet. El filósofo José Luis Pardo escribe que «lo humanamente distintivo es la palabra que se somete al significado públicamente acordado en libre asamblea (incluso para intentar cuestionarlo)».

Por otro lado, en 1917, Max Weber declaró, en una famosa conferencia que «la ciencia [el saber] es para aquellos capaces de convencerse de que su destino depende de si su interpretación de un determinado pasaje de un manuscrito es correcta». Son los dos focos de la elipse del conocimiento: el de Pardo (aristotélico) que defiende la discusión sometida a unas reglas (del Estado o la polis) como método para establecer la verdad o la justicia; el de Weber (platónico) que confía más en las conclusiones del trabajo y la razón individuales.

Perseverando en la metáfora geométrica, si los focos de una elipse coinciden, aparece una circunferencia con todas las posturas a la misma distancia: la indeseable homogeneidad del totalitarismo.

Pero Internet ha propiciado justo lo contrario: los focos se alejan, la distancia entre el debate público y el grupo aislado, dogmático y autosuficiente es cada vez mayor. La elipse se achata y termina por convertirse en una línea salpicada de comunidades estancas y ajenas. El abismo entre ideas resulta insalvable, por su contenido, pero también por la dificultad para transitar entre ellas.

Puesto que los algoritmos que regulan Facebook y Twitter son responsables de esta situación, no está claro que el cierre de las cuentas de Trump, que ha provocado un éxodo hacia Parler (una red similar) y ensanchado las grietas entre usuarios, sea la medida más apropiada o legítima.

Para evitar nuevos episodios grotescos (además de juzgar a sus instigadores) será necesario que Internet se convierta en una asamblea libre tan amplia, ventilada y pública como sea posible.

Seguirán apareciendo ideas descabelladas, extravagantes y confusas, pero habrá quienes logren disolverlas antes de que se transformen en rabia y se materialicen (como votos o como espectáculo circense y trágico). Al fin y al cabo, los buenos filósofos e intelectuales saben que su oficio consiste en establecer distinciones y deshacer confusiones, y no tienen miedo a la velocidad de las redes tampoco deberían temer al troglodita (menudo oopart) de Washington.

Ahora que vivimos amenazados por, al menos, dos males globales, es el momento también aquí de recordar al Doctor Rieux, protagonista de La Peste de Camus. Cuando le preguntan qué es la honestidad, responde: «No sé lo que es, en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que ejercer mi oficio».

Enrique Rey es escritor.

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Los presos etarras sólo accederán a beneficios si asumen el «grave quebranto» causado | El Correo

Beneficios a Etarras

Iñaki Arteta Orbea en Fundación para la libertad, 120121

Hay películas que justo al final se tuercen. Un segundo acto pleno de acción donde el bien se enfrenta al mal con toda su artillería pacífica conduce a un tercer acto que ineludiblemente tiene que dirigirse, tras algún “giro” sorprendente, hacia un final, pero… de tan inesperado, muchas veces ese giro nos proporciona un momento desazonador.

Mientras escribo esto, miles de personas se manifiestan como cada año en favor de los presos de ETA. Como la actual situación de pandemia impide realizar la manifestación que todos los años se hace en Bilbao, se harán concentraciones en cada pueblo, para reivindicar una vez más el regreso a casa de los presos vascos (de ETA), así como de los “exiliados”. Organiza SARE, grupo que se autodefine como “red ciudadana plural que trabaja fundamentalmente para reclamar el final de la dispersión de los presos vascos en las cárceles de toda la geografía española”. El lema para esta ocasión es “Bidea gara” (Somos el camino).

“El camino de regreso a casa de los presos y presas, exiliados y exiliadas vascos. El camino hacia la convivencia y la paz”, dice SARE. “Euskadi en marcha” dice Urkullu, “Nos mueve Euskadi”, son varios de los slogans empleados a lo largo de los años para dirigir al pueblo prometido siempre en clave dinámica.

El camino está marcado en esta ocasión. Un camino de salida en dos tiempos, primero hacia las cárceles de Euskadi donde esperarán tranquilamente a que el Gobierno Vasco formalice la transferencia de la gestión de las cárceles para en segunda fase ir mejorando rápidamente las condiciones de su internado para culminar con la llegada a sus pueblos en clamoroso homenaje público.

Luego ya se verá, desde luego tantos años de lucha no van a quedarse sin la mínima recompensa de tener un discreto puestecito de trabajo vinculado al mundo abertzale. Asesores en ayuntamientos, jefes de prensa y para los que se han aplicado y han terminado una, dos o tres carreras habrá alguna plaza en la universidad,… y algunos de ellos acabarán en la política. Solo son 218 personas, habrá trabajo para todos. ¿Qué hay de malo en ello? le gustaba decir al ex lehendakari Ibarretxe.

Otro lehendakari, Ardanza, valoraba en una reciente entrevista (17nov20) que la coalición EH Bildu se implique en la gobernabilidad (de España) y que “definitivamente entren en la senda que les marcaba el padre (PNV)”. “Es como ver a los hijos pródigos volver a casa”, añadía. Por fin sabemos de quién eran hijos los muchachotes de la ETA, entendemos eso de “la casa del padre” y aquello de “los chicos de la gasolina” que acuñó Arzallus.

Desde que el presidente Sánchez y su ministro Grande-Marlaska aceptaran la propuesta del PNV con el diseño del final de la dispersión y de todo lo que en consecuencia venga después, para apoyar la moción de censura contra Mariano Rajoy, el plan se ha ido cumpliendo: acercamientos de presos de ETA, progresiones a segundo grado y traspaso de competencias carcelarias al Gobierno vasco.

Mertxe Aizpurua, que perteneciendo a EH Bildu no tiene nada que ver con ETA, como todo el mundo sabe, ha visitado recientemente a varios presos de la banda: Un tal Aguirrebarrena que asesinó al periodista López de Lacalle, Aitor Cotano que puso una bomba en un cuartel, mató al guardia civil Juan Manuel Piñuel e hirió a otras 20 personas, Zigor Orbe que quemó un autobús con el conductor dentro, Jon Bienzobas que asesinó a un trabajador de Iberduero y a Tomás y Valiente y Manex Castro, asesino del empresario Ignacio Uría, entre otros.

Uno de ellos Henri Parot, condenado por 82 asesinatos, estaría entre los 10 primeros en el ranking mundial de asesinos en serie de la historia según Google. Asesinos múltiples todos ellos que según el Gobierno han aceptado la legalidad vigente y han pedido perdón por sus acciones mediante un sencillo formulario que firmaría cualquier otro sádico que tuviera la suerte de que se lo pusieran delante.

Mertxe les habrá dado buenas noticias para este año nuevo: el plan va muy bien. Hay que tener un poco más de paciencia y ya. El Gobierno español dice que esos acercamientos son estrictamente legales y el Gobierno Vasco adaptará la legalidad carcelaria a su medida para que todo siga fluyendo hacia la conveniencia, perdón, quería decir, convivencia, claro.

Supongo que para los que conocieron de cerca a víctimas de su propio partido alguna patadita les dará la conciencia al ver semejantes maniobras de acercamiento simpático al club de los asesinos.

Yo me pregunto si no sería también interesante para que el Gobierno culminara esta operación dejándola redonda, que a todos estos 218 terroristas que quedan por salir, más a los que ya han ido saliendo, se les preguntara por los más de 300 asesinatos cometidos por su “empresa” aún sin resolver. Quizás entre ellos, sus abogados y Otegi se podría completar esa laguna con informaciones interesantes que de justicia se les debe a las víctimas. Esto no parece estar en ningún plan.

La tendencia política del momento es la que se desprende de todas estas actuaciones. Tanta encuesta a ver si el Rey nos gusta o hay que moverle la silla un poco, pero en ninguna aparece la pregunta acerca de “¿qué le parece que asesinos de ETA se vean beneficiados por el Gobierno a cambio de acuerdos presupuestarios?”. No me atrevo a aventurar el resultado de tal pregunta, pero ¿no debería preguntarse algo así?

Son muchas contemplaciones para gente de tan poco fiar. Entiendo que, para muchos, la esperanza en que las cosas no vayan tan mal como fueron, es simplemente aspirar a que ya no se elimine físicamente al adversario, lo que justificaría desechar la necesaria cuestión del reconocimiento de ese inamovible pasado que, por fortuna, las hemerotecas custodiarán para siempre.

 Son una pena estos análisis de la realidad que la embarran en un lodo de auténtica basura mal oliente. La basura del pragmatismo o, en este caso, de una miseria moral que se camufla entre discursos buenistas.

Este año 21, con o sin pandemia, se escribirá en nuestra historia como el de la pasarela a la libertad de los últimos asesinos de la gran organización terrorista de nuestro país. Que no me hablen del relato, porque relato es lo que está quedando. Esta cosa es el relato.

De alguna manera tenía que acabar esta película. Mientras, la ciudadanía expectante, otorga con su silencio. “No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿Quién hablará?”, dijo otra víctima, Primo Levi.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Humor


Joan Josep Tharrats i Pascual ‘Joan Tharrats’, 2007[España, 1958]

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El RotoViñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 130121

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La solidaridad de nuestros ejércitos, pese a sus irracionales detractores

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  • El Govern bloquea la desinfección de 40 residencias por el Ejército.”

Ignasi Jorro en Crónica Global, 310320

  • El Govern vende la ‘fake news’ [falsa noticia] de que veta al Ejército en un hospital catalán

Ignasi Jorro en Crónica Global, 310320

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Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el texto

La perversa encrucijada del Partido Republicano

José Antonio Gurpegui en el Mundo, 120121

EN EL INVIERNO de 1833-1834 John Quincy Adams fundó el partido Whig en oposición a Andrew Jackson, entonces presidente y demócrata como él ocupó la Presidencia entre 1825-1829.

Cuatro candidatos de aquel partido lograron alcanzar la Presidencia en elecciones posteriores, pero el asunto de la esclavitud lo fraccionó entre los antiesclavistas del norte y los proesclavistas del sur. El resultado fue el nacimiento en 1850 del actual Partido Republicano de izquierdas y antiesclavista en oposición a los derechistas demócratas que tuvo en Abraham Lincoln su primer presidente.

La existencia del Partido Republicano, pese a no colocar un solo presidente en la Casa Blanca entre 1933-1953, ha transcurrido durante más de siglo y medio sin especiales sobresaltos, más allá de veleidades como la de Ross Perot en la década de los 90. Sin embargo, la historia del GOP Grand Old Party como es popularmente referido, puede estar a punto de cambiar por mor de un presidente que nunca fue ni se comportó como un auténtico republicano.

Durante sus cuatro años de mandato las continuas necedades del actual presidente suponían una reiterada confrontación con las políticas liberales tradicionales en el republicanismo impulsadas por Ronald Reagan. En cierta forma los acontecimientos del pasado 6 de enero en el Capitolio fueron la puesta en escena de la singular personalidad, en el mejor de los casos, de quien los provocó.

En estos momentos, los demócratas, con Nancy Pelosi a la cabeza, propugnan la destitución del presidente ya sea en aplicación de la Enmienda 25 de su Constitución o vía impeachment. Más allá de los últimos acontecimientos sobran motivos para que cualquier político de bien, sea de uno u otro partido, castiguen la ignominia de quien ha regido su país desde la prepotencia y en no pocas ocasiones bravuconería; de quien ha polarizado la sociedad norteamericana llevándola a unos niveles de enfrentamiento desconocidos desde la Guerra de Secesión.

El postrero comportamiento de Donald Trump bien merece, per se, tan vergonzante desenlace tras una legislatura más propia de un exaltado antisistema, despreciando elementales principios democráticos, que del hombre más poderoso del mundo. Durante su mandato, Trump ha dejado un reguero de cadáveres políticos que tuvo en Rex Tillerson la primera baja y ha colocado a Mike Pence al ser un cargo electo no puede destituirle , en su última diana; un buen número de influyentes políticos republicanos Mitt Romney, Mitch McConnell…, avergonzados por los acontecimientos, estigmatizan a su presidente; colaboradores y miembros del gabinete se distancian de su jefe condenando lo que él ha fomentado; y la maltratada y menospreciada prensa pida su cabeza en bandeja de plata.

Sin embargo, si los republicanos aceptan el caramelo envenenado que les ofrece Pelosi necesita sus votos para culminar con éxito la destitución cometerán un grave error. Tampoco resultaría beneficioso para Joe Biden, pese a las duras acusaciones lanzadas contra su antecesor en el cargo. Más allá de que una destitución ensombrecería su toma de posesión Trump ha anunciado que no asistirá en lo que es una nueva e inédita descortesía política, su apoyo a tal proceso daría al traste con el primero y más urgente de sus cometidos: cicatrizar el desgarro social.

Dudo que los republicanos secunden la moción propuesta. En caso de prestar su necesario apoyo correrían el peligro de, paradójicamente, convertir en víctima a quien ha sido peor presidente en la historia democrática de los Estados Unidos, y supondría el inicio de una nueva y prolongada travesía del desierto como la referida de los 30 y 40 del siglo pasado. En el peor escenario podrían estar cavando su propia tumba.

Más allá de los despropósitos, resulta innegable que durante sus cuatro años de mandato el Gobierno trumpista ha tenido sus aspectos positivos: los índices de desempleo se han reducido a porcentajes desconocidos y la pujanza económica ha llevado a Wall Street hasta máximos históricos. Trump obtuvo en las pasadas elecciones de 2020 un respaldo mayor que las celebradas en 2016 cifrado en 15.000.000 de votos más.

También se constata que en los momentos de menor popularidad, inferior al 40%, sus erráticas actuaciones continuaban siendo respaldadas y avaladas por el 90% de sus votantes. Decenas de millones de estadounidenses republicanos continúan apoyando fielmente a su presidente, y un 45% de simpatizantes republicanos no condenen el ya conocido como Asalto al Congreso. Estos fanatizados seguidores han comulgado con todos y cada uno de los dislates de su mesías, y la crucifixión que supondría su destitución lo convertiría en un mártir de la causa.

El hecho de que, tras haber sido evacuadas, las cámaras continuaran debatiendo la legalidad de los resultados electorales en cuatro Estados, es visto como una fortaleza democrática; pero el resultado refleja la influencia que Trump todavía tiene dentro de amplios segmentos del partido. Muchos congresistas republicanos son plenamente consencientes de que su reelección en las elecciones de mitad de mandato dentro de dos años depende, precisamente, de su posicionamiento pro o anti Trump en estos momentos tan críticos.

De distinta índole es la relación que Trump mantendrá en el futuro con su actual partido. A estas alturas una futurible candidatura de Trump o sus allegados resulta prácticamente imposible. Tal eventualidad supondría dentro del Partido Republicano una ruptura idéntica a la que el mismo protagonista ha propiciado en la sociedad norteamericana. El resultado sería similar a lo acontecido entre Hillary Clinton y Bernie Sanders entre los demócratas en 2016 con el resultado por todos conocido.

DESTACADOS republicanos solicitan la voluntaria dimisión de Trump en la misma línea de Nixon en 1974. Conociéndole, tal opción está más próxima a lo imposible que lo improbable, máxime si pretende crear su propio partido como ya se especula. No resulta aventurado afirmar que tal hipótesis se sustanciaría definitivamente en caso de prosperar su destitución.

Si así acontece los daños infringidos al partido serían de consideración, tanto por la sangría de votos que ello supondría, como por el desmantelamiento de estructuras en estados tradicionalmente conservadores. Gobernadores, senadores y representantes que deben su puesto al actual presidente se alistarían de inmediato en las filas de la nueva formación. En cualquier caso, esta opción tiene innegables visos de producirse sea cual fuere finalmente el desenlace.

Este es el dilema en el que se encuentra el partido, y la resolución se antoja harto complicada. Su complacencia, o cuando menos aquiescencia, con las decisiones en ocasiones estrafalarias y habitualmente polémicas e incomprensibles de su líder ha propiciado esta delicada situación que les ha llevado al escabroso punto en que se encuentran. Como diría un castizo, quien siembra vientos recoge tempestades, aunque otro consideraría más oportuno aquel de en el pecado llevan la penitencia.

Una candidatura encabezada por un Trump tendría escasas o nulas posibilidades de éxito en los próximos comicios presidenciales… eso mismo pensamos cuando el caprichoso magnate Donald Trump se postuló como candidato a las primarias en 2016.

Que un republicano Paul Ryan, Marco Rubio… vuelva a ocupar el Despacho Oval dentro de cuatro años dependerá, más allá de las actuaciones demócratas durante la legislatura a punto de comenzar, de su capacidad de reconducir al partido a los mismos principios liberales que forjaron su esencia ideológica y lo convirtieron en lo que siempre fue… y también del camino de salida que tomen en esta perversa encrucijada a la que ellos solos se han encaminado.

En caso contrario, pueden correr la misma suerte que finiquitó al partido Whig del que nacieron.

José Antonio Gurpegui es catedrático de Estudios Norteamericanos del Instituto Franklin-UAH.

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FISCALIDAD

Verdades y mentiras sobre fiscalidad

El autor analiza la utilidad de ciertos impuestos con efectos perversos para el ciudadano. Además, critica a aquellos partidos que sólo critican las desigualdades autonómicas a conveniencia

José Manuel Otero Novas en el Mundo, 120121

SI USTED GANA 100.000 euros al año, pagará unos 40.000 al Fisco por IRPF; 30.000 quizá los destine a sus gastos personales y familiares; y con los otros 30.000, tiene la opción de irse de juergas al Caribe o ahorrarlo.

Si ahorra 30.000 paga los años siguientes por las rentas reales o potenciales de ese ahorro. Lo cual es correcto, porque incrementa su capacidad tributaria.

Pero es que, además de pagar más impuestos por las rentas que le produzcan sus ahorros, con el Impuesto sobre el Patrimonio, va a pagar todos los años por esos 30.000 euros que no quiso dilapidar en el Caribe.

Aunque esos 30.000 son parte de los 100.000 que ganó anteriormente y por los que ya pagó 40.000 en el IRPF.

De modo que el Impuesto sobre el Patrimonio le hace pagar dos veces por la misma ganancia original. Y seguirá usted pagando Patrimonio sobre esos 30.000 todos los años de su vida, hasta que se agoten los 30.000 euros ahorrados.

Antes o después, el Fisco le habrá confiscado con el Impuesto sobre el Patrimonio el 100% de su ahorro. Y ello sin considerar que tenemos otros dos impuestos patrimoniales más, que recaen sobre su mismo ahorro, el de Sucesiones (cuyo tipo impositivo puede situarse sobre el 50%) y el IBI anual, con la cual la confiscación puede producirse mucho más rápidamente.

Así se viola la Justicia fiscal que según la Constitución (art. 31) prohíbe el efecto confiscatorio de los tributos.

Pero además de ello, por muy progresistas que se autodefinan los defensores del tributo, se va contra el progreso, pues se estimula el despilfarro de todos los ingresos evitando el ahorro que, directa o indirectamente, es el que permite la inversión creadora de empleo y prosperidad.

Y aun tiene este tributo otro efecto perverso, porque si el ciudadano que ahorró algo, por razón de enfermedad, paro, fracaso empresarial o por edad… deja de tener ingresos significativos, para pagar la cuota del Impuesto sobre el Patrimonio ha de ir vendiendo lo ahorrado, pues aunque en tales casos hay una discreta reducción del tributo, no se suprime.

Ni siquiera es verdad que grave a los ricos. Siendo así de evidentes las cosas, los defensores del tributo acuden a la demagogia diciendo que se trata de un impuesto que grava a los ricos. Late debajo de ese argumento un criterio que se une al de Nietzsche para descalificar la democracia, el de que «los menos ricos» como obviamente son más, pueden acordar repartirse los bienes de los más ricos, que siempre serán menos.

Aclaro que yo sostuve siempre la progresividad para que los pudientes no sólo paguen más sino a tipos impositivos superiores (con fundamento en la enseñanza evangélica del «óbolo de la viuda», traducida hoy como teoría de la utilidad marginal del dinero). Pero ello ya opera en las tarifas escalonadas del IRPF, e incluso en la tributación indirecta, mediante la existencia de exenciones y tipos reducidos para aquellos productos en los que se concentra principalmente el gasto de los menos favorecidos.

Pero la cita de ese argumento para justificar el tributo es un engaño para el pueblo. Porque al menos desde la Ley 22/1993, gobernando el PSOE, los grandes ricos de España, residan en Madrid, Barcelona, Galicia, Asturias… y también algunos empresarios medios, ya no pagan Impuesto sobre el Patrimonio (ni el de Sucesiones).

En mi libro de 1998 Defensa de la nación española (Págs. 611-618) celebré públicamente esa medida que consiguió el meritorio Instituto de la Empresa familiar, pero lamenté precisamente que ese logro no se extendiera a las clases medias que no llegan a tener una empresa propia sino sólo algunas acciones de empresas ajenas. Volvimos a la situación de tiempos premodernos, de privilegios fiscales a los poderosos.

Por ello me alegró que la Comunidad de Madrid liderada por Esperanza Aguirre, haciendo uso de la autonomía otorgada por el Estado, suprimiera en su territorio prácticamente los Impuestos sobre Patrimonio y Sucesiones, siguiendo la tendencia que se fue manifestando en otros países, (de los 27 de la UE, incluido UK, dos y España lo mantienen, nueve lo han eliminado y los otros quince nunca lo han tenido), otorgando así a las clases medias y bajas el privilegio que desde 1993 solo tenían los ricos.

Y aplaudí que otro Gobierno del PSOE, de Rodríguez Zapatero, dictara una Ley suprimiendo en toda España el Impuesto sobre el Patrimonio, reconociendo expresamente en la exposición de motivos del RD Ley 13/2011 que lo hizo, «entre otras razones, por haber disminuido su capacidad redistributiva al gravar principalmente patrimonios medios» tal y como yo había denunciado; supongo que entre esas «otras razones» de Zapatero estaba que los ricos, sin necesidad de fraude, tienen facilidad para residir 180 días al año en países próximos y se liberan de pagar este tributo.

Aunque luego, comenzando la crisis, lo rehabilitó el mismo PSOE con carácter provisional, provisionalidad que fue olvidada por los siguientes Gobiernos del PP.

En esta España constitucional, en la que han aflorado independentistas y también autonomistas a ultranza, hay no obstante un alto porcentaje de la población que quiere corregir y reducir algo la autonomía que se ha ido dando a las regiones.

Pero hasta ahora, ningún partido gobernante o partícipe en los gobiernos nacional o regionales ha propuesto nunca reducir los grados de autonomía del que gozan las Comunidades. Ni siquiera admiten sin condena que se hable de ello, como si el nivel de autonomía otorgado fuere algo sagrado.

Por ello me ha sorprendido que algunos de esos partidos gobernantes, ayudados por partidos independentistas, para combatir la exención patrimonial de Madrid se acuerdan ahora de que los ciudadanos no pagan los mismos impuestos en toda España. Para solucionar la disparidad podrían: volver a eliminar el tributo en toda España o sugerir a las comunidades que se quejan de la competencia que les hace Madrid que hagan uso de la facultad que se les ha conferido y que supriman el Impuesto en su territorio. Pero no lo hacen así; PSOE,

Podemos, ERC y alguna voz del PP lo único que pretenden es que la Comunidad de Madrid no tenga autonomía para hacer cosas diferentes a las de otras regiones.

Y por supuesto no se acuerdan de las ventajas fiscales de las que gozan los habitantes de otros territorios, no sólo los canarios y los de Ceuta y Melilla, sino especialmente los vascos y los navarros; ni de los bocados presupuestarios que cada poco se dan para Cataluña y para cualquier región de donde se obtengan votos para lograr la mayoría absoluta.

José Manuel Otero Novas, ex ministro de UCD, es abogado del Estado e inspector de los servicios del Ministerio de Hacienda.

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Un minuto de silencio en la escuela primaria de Tucson, Arizona, para conmemorar a Christina-Taylor Green, quien fue asesinada en un evento organizado por la oficina de la legisladora Gabrielle Giffords en enero de 2011. Credit John Moore/Getty Images
Un minuto de silencio en la escuela primaria de Tucson, Arizona, para conmemorar a Christina-Taylor Green, quien fue asesinada en un evento organizado por la oficina de la legisladora Gabrielle Giffords en enero de 2011. Credit John Moore/Getty

Hace diez años un hombre armado trató de silenciarme

MartGabrielle Giffords The New York Times, 120121

Hoy hace diez años me reuní con mis electores frente a una tienda de abarrotes en Tucson, Arizona. Era una joven congresista, que acababa de tomar protesta para mi tercer mandato; había sido una campaña larga y dura en un ambiente nacional tenso. Esa mañana, poco después de llegar al lugar, un hombre armado abrió fuego. Me disparó en la cabeza a corta distancia. Otras dieciocho personas resultaron heridas. Seis murieron.

¿Cómo se siente sobrevivir en un mundo que ha cambiado para siempre? ¿Cómo se lamenta una pérdida, pero se sigue adelante con determinación? ¿Cómo se lidia con el país de una manera nueva?

Estas son preguntas oportunas para los estadounidenses en estos días. Hemos sufrido mucho durante el último año y nuestros tiempos difíciles no han terminado. Hace dos días una turba furiosa asaltó el Capitolio de Estados Unidos, incitada por el presidente Trump. Me preocupé mientras esperaba saber si mi esposo, el senador Mark Kelly, y su personal estaban a salvo mientras se refugiaban en el lugar.

El miedo que sentí mientras esperaba fue un eco aterrador del miedo que él sintió hace exactamente una década esta semana. Era el eco del temor que millones de padres han experimentado al recibir informes de cierres de escuelas y tiroteos en el vecindario. Esta vez ese miedo lo vivieron las familias de tantos funcionarios electos y sus equipos, así como el personal del Capitolio mientras el mundo observaba cómo se traspasaban los muros del Congreso.

En el décimo aniversario de ese tiroteo en el que casi pierdo la vida, durante una semana en la que nuestro país reflexiona conmocionado, quiero compartir lo que he aprendido sobre la resiliencia y la determinación. No empieza conmigo, sino con Abraham Lincoln.

Toda mi vida, he estudiado al presidente Lincoln. En el verano de 1862, apenas unos meses después de un invierno frío y desesperado en tiempo de guerra cuando murió su joven hijo Willie y unas semanas antes de que pronunciara la Proclamación de Emancipación original, Lincoln escribió a un joven cadete vacilante, Quintin Campbell: “

”Apégate a tu propósito y pronto te sentirás tan bien como siempre. Al contrario, si vacilas y te rindes, perderás el poder de mantener cualquier resolución y te arrepentirás toda tu vida. Sigue el consejo de un amigo que, aunque nunca te haya visto, simpatiza profundamente contigo y apégate a tu propósito”.

El presidente acababa de experimentar una profunda pérdida, la incertidumbre de la guerra lo rodeaba. Y sin embargo su visión y propósito estaban claros: una nación unida, más libre y más justa, lograda a través de la resolución y determinación de sus compatriotas estadounidenses. Esa tenacidad le dio fuerza.

Nunca soñé que tendría algo en común con Lincoln. Pero ambos fuimos el blanco de la bala de un asesino. Pero, por la gracia, la suerte, la dedicación de los médicos y enfermeras, así como el apoyo de mis amigos y familia, yo sí sobreviví.

Esa mañana de enero, había estado esperando pasar tiempo con la gente que representaba para hablar de sus esperanzas y necesidades. Era la parte del trabajo que más me gustaba. Desde entonces, no he dejado de luchar un solo día para recuperar todo lo que perdí, desde caminar hasta hablar y poder servir a mi país.

He tenido que reexaminar mis propias esperanzas y expectativas. Es agotador. Pero me apego a mi propósito: quiero hacer del mundo un lugar mejor. Todo el sentido de posibilidad que sentía cuando llegué a ese estacionamiento hace diez años sigue conmigo.

Todos los días pienso en que mientras yo sobreviví, estadounidenses maravillosos murieron: el juez John Roll, un republicano que nunca dejó que nuestras diferencias políticas nos impidieran tener una conversación respetuosa y admiración mutua.

Una niña de tercer grado llamada Christina-Taylor Green, de apenas 9 años, que estaba allí ese día para conocerme porque estaba interesada en postularse a un cargo público algún día. Gabe Zimmerman, amigo y parte de mi equipo. Este aniversario no es solo mío, sino que pertenece a sus familias y a todos los que sobrevivieron también.

El último año ha sido muy duro para todos nosotros. La pandemia ha devastado nuestras familias y comunidades. Perdí a mi amigo Manny Alvarado a causa de la COVID-19. Se han perdido empleos. Los niños están tratando de aprender a través de una pantalla. Es desgarrador. La gente está asustada y enojada.

Estamos rodeados de rencor, ira y odio, lo que culmina en las escenas de esta semana en las que los estadounidenses intentan socavar su propia democracia. Va a pasar mucho tiempo antes de que nos sintamos fuertes de nuevo.

Y aun así sigo no solo determinada, sino optimista. Me baso en mis experiencias de esta última década. Trabajando con líderes y activistas locales, el movimiento de seguridad de las armas ha pasado de ser tentativo y disperso a apasionado, diverso y efectivo. Nos hemos enfrentado a la Asociación Nacional del Rifle y a los fabricantes de armas corporativos y hemos aprobado cientos de leyes a nivel local.

Aprobamos el control universal de antecedentes antes de la compra de armas de fuego en la Cámara de Representantes con 50 votos bipartidistas en 2019. Elegimos un presidente y líderes estatales dedicados y decididos a reducir la violencia con armas de fuego.

Los obstáculos son solo retrasos temporales. He trabajado todos los días para mover mi brazo y pierna derechos. He entrenado todos los días para recuperar mi capacidad de hablar. Este verano di el discurso más largo de mi vida, en apoyo al presidente electo Joe Biden y su visión de un Estados Unidos más seguro y fuerte.

No nos aguarda una recuperación mágica como nación. Tenemos un largo camino por recorrer. Estamos viviendo las consecuencias de años de discursos incendiarios y falsas acusaciones. Mediante el trabajo duro, la intención y el compromiso, nuestro país superará la rabia de aquellos que asaltaron el Capitolio con banderas confederadas y símbolos de odio. Sacamos fuerza de la valentía y la determinación de nuestros socorristas y trabajadores de primera línea. Ellos me inspiran.

Avanzaremos juntos como yo lo hice y lo sigo haciendo todos los días, paso a paso. Cuando una persona flaquea, otra interviene para levantar a los débiles y dar fuerza a los que dudan. La resolución y determinación de todos nosotros serán el motor de los años futuros.

Gabrielle Giffords fue representante demócrata por Arizona de 2007 a 2012. Es fundadora de Giffords, una organización dedicada a salvar vidas de la violencia con armas de fuego en Estados Unidos.

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Biden dice que habló con familia de hombre baleado por la policía en Wisconsin - La Nación

Biden, policía del mundo

Las memorias de los jefes de Estado no suelen formar parte de mi biblioteca: es un género literario pobre, escrito por negros para mayor gloria del autor, y nos enseñan menos que las obras de los historiadores. Así que abrí con cierta reticencia el primer volumen de las memorias de Obama, «Una tierra prometida». Sorpresa, el libro está muy bien escrito, por el propio Obama, y mezcla consideraciones personales y análisis geopolíticos. Y lo que es aún más asombroso, estas memorias no respetan las convenciones al uso, al trazar retratos muy irrespetuosos de algunos jefes de Estado.

Nos enteramos de que Nicolas Sarkozy usa tacones para compensar su baja estatura y de que su estrategia dominante era aparecer siempre en el centro de la foto. Sobre los líderes chinos, Obama confirma que siempre se tiñen el pelo de negro azabache para disimular su edad y que todos tienen cuentas fuera de China, del orden de varios miles de millones de dólares. Los líderes del mundo árabe actúan de la misma manera; Obama intentó también persuadir a Mubarak en Egipto y a Gadafi en Libia para que dejaran el poder y se exiliaran a lugares más tranquilos donde disfrutar de sus mal adquirida fortunas.

También nos enteramos, aunque lo sospechábamos, que nada es más aburrido que las reuniones de jefes de Estado del G-7 y el G-20, donde todo el mundo lee detenidamente declaraciones vacuas redactadas por tecnócratas. Obama aprovechaba para hojear novelas. Pero no es eso lo esencial. Más allá de estas anécdotas, el libro revela que el presidente de Estados Unidos es realmente el policía de las relaciones internacionales y que no se trata solo de una metáfora manida. En cualquier momento a lo largo del día, el presidente de Estados Unidos es informado del menor conflicto del planeta, de la necesidad y de la capacidad o no de los estadounidenses para intervenir. Y Obama, como sus antecesores, no dejará de intervenir para que el mundo siga girando, más o menos bien, garantizando al menos la libre circulación de hombres y mercancías y evitando que las guerras civiles y los conflictos locales degeneren en guerras generalizadas. A veces, una llamada telefónica, una amenaza o un cumplido son suficientes para calmar las cosas. A veces se impone la intervención militar, la solución última, para impedir, por ejemplo, que Gadafi masacre a la población.

Esta función de policía del mundo no requiere necesariamente el despliegue de tropas sobre el terreno: la inteligencia y los drones permiten centrarse en el objetivo de los líderes terroristas. Como en una película del Oeste, en la sala de operaciones de la Casa Blanca se exhiben los retratos de veinte líderes terroristas que deben ser abatidos. Después de cada eliminación, narrada o secreta, los retratos se sustituyen por los siguientes objetivos, de modo que siempre haya veinte.

A fuerza de centrarnos en las guerras interminables que el Ejército estadounidense libra sobre el terreno en Afganistán, Irak y Siria, olvidamos que el papel esencial del policía estadounidense es pasar inadvertido. Por ejemplo, nadie menciona nunca la VII Flota de Estados Unidos que, desde Japón hasta India, a lo largo de las costas de China y Vietnam, garantiza la seguridad de los convoyes comerciales que representan el 80 por ciento del comercio mundial. Al haber navegado como invitado en el portaaviones Franklin Roosevelt, soy testigo de que los oficiales estadounidenses pueden ver en una pantalla gigante hasta el más pequeño bote de remos sospechoso en un circuito de miles de kilómetros.

Esta función de policía la ejerce Estados Unidos, por defecto, desde 1945: entonces era la única potencia que quedaba en el mundo. Nadie ha logrado reemplazarlo, ni Rusia ni China, que tienen grandes ambiciones, aunque siguen siendo regionales. No podemos imaginar a los chinos interviniendo en el Sahel, como hacen en este momento los franceses y los estadounidenses, para evitar que los islamistas controlen el norte de África. ¿Podríamos imaginar un mundo sin policía? Desde luego, igual que se podrían concebir las autopistas sin señalización, pero sería imposible evitar los accidentes. ¿Podríamos imaginar un policía que no fuera estadounidense? La ONU es incapaz, como demuestra el fracaso de su intervención en el Congo durante cuarenta años.

La ventaja del policía estadounidense es que está bastante bien equipado y es relativamente predecible. Ahora solo le preocupa mantener el orden y ha renunciado a imponer la democracia y los derechos humanos excepto por medio de discursos generales. Cabe señalar que esta renuncia a imponer regímenes respetables data de la presidencia de Obama, como reacción al fracaso de George Bush en Oriente Próximo y porque la opinión pública estadounidense se inclina hacia el aislamiento. En este sentido, Donald Trump solo ha hecho suya la redefinición del papel de Estados Unidos, o para ser más exactos, ha dejado que sus subordinados lo hicieran a su gusto, porque él ha sido un presidente ausente de su oficina, sin contar su pasión «amorosa» por el dictador de Corea del Norte, por otra parte, sin resultado.

¿Podemos aventurarnos a hacer alguna predicción sobre la presidencia ahora adquirida de Joe Biden? Sí, porque está presente en las memorias de Obama. Mantendrá la función de policía mundial, con extrema prudencia y gran reticencia a cualquier compromiso militar. Sin embargo, parece más comprometido que Obama con la defensa de la democracia, lo que ya preocupa a rusos, chinos y saudíes. Sobre todo, tendrá que equipar mejor a sus policías contra las nuevas formas de agresión que pasaron inadvertidas bajo el régimen de Trump: el terrorismo cibernético por parte de rusos y chinos, que podría paralizar las redes estadounidenses.

Esta nueva forma de guerra es la principal amenaza para las sociedades occidentales en general; están mal preparadas, aunque nuestra supervivencia depende de ello. En cuanto al policía estadounidense, ya que se necesita un policía, es mejor que siga siendo estadounidense y que sea Biden. Y mejor Biden, informado y equilibrado, que Trump. Reconozcamos a Trump el gran mérito de no haber hecho nada durante cuatro años; es lo mejor que se podía esperar.

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Foto: Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, junto a Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

El Gobierno de España y el de Madrid, una relación insufrible

  • Ni Madrid debe ser un bastión de la oposición contra el Gobierno ni este comportarse con prepotencia. Pero es lo que está ocurriendo con la pandemia y, ahora, también con el temporal

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 120121

Sin pretensión alguna de equidistancia, hay que constatar que el Gobierno central y el de Madrid mantienen una relación patológica de confrontación política tóxica. Lo venimos comprobando durante la pandemia del coronavirus en la gestión ordinaria de la crisis sanitaria y en estas últimas semanas en la pugna por la lentitud en la ejecución del plan de vacunación.

En el colmo de la irresponsabilidad, también con el temporal Filomena, que ha asolado especialmente la ciudad de Madrid, los dos gobiernos han reproducido su colisión con acusaciones cruzadas utilizando argumentaciones tan estúpidas como esas que critican que Pedro Sánchez apareciese cuando acabó la nevada y las que descalifican a Pablo Casado por aparecer con una pala limpiando el acceso a un centro sanitario.

Ahora, esta batalla desconsiderada para con los ciudadanos se libra respecto de la aplicación para la capital de España de “zona afectada gravemente por una emergencia de protección civil”, una declaración que corresponde al Consejo de Ministros a propuesta de los ministerios de Hacienda y Administraciones Públicas e Interior, previo informe de la comunidad.

En esa declaración, el Gobierno debe valorar “que se hayan producido daños personales o materiales derivados de un siniestro que perturbe gravemente las condiciones de vida de la población en un área geográfica determinada o cuando se produzca la paralización, como consecuencia del mismo, de todos o algunos de los servicios públicos esenciales”, todo ello como establece el artículo 23 de la Ley 17/2015 de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil.

Las disputas sobre la declaración prevista en la ley no pueden superponerse en el debate público a la colaboración entre las dos administraciones para paliar las consecuencias del temporal ni al llamamiento a la colaboración de los ciudadanos. Si estos comprueban que los dirigentes políticos de ambas instancias —además de la municipal— no se coordinan con eficacia y pierden el tiempo y las energías en la continuación de una estéril confrontación, baja la moral colectiva, crece el desdén hacia los políticos y se resquebraja la confianza en la acción de los servicios públicos.

El deterioro del ambiente civil y político conduce directamente al sectarismo que se expresa, inicialmente, en las redes sociales

Y, de nuevo, se pone en valor a los sanitarios, a las Fuerzas Armadas, a los bomberos, a la Policía Municipal y a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, al 112 y a esa nueva expresión de civismo que están siendo los transportistas desinteresados de personas vulnerables en vehículos 4×4. Si todo ese esfuerzo profesional y ciudadano se conectase con una eficiente y discreta relación de colaboración entre administraciones, los problemas se resolverían antes y mejoraría el clima social.

El déficit de responsabilidad en los discursos de unos y de otros, la incomunicación personal prolongada, las displicencias mutuas y las polémicas tan inoportunas como improductivas comienzan a hacer mella en la gente, que con una enorme fatiga emocional y psicológica debe afrontar sucesivos acontecimientos adversos en un nuevo año que ha abierto sus puertas con una tercera ola de la pandemia y, en estos días, con la gravísima contrariedad de una nevada sin registros cercanos en el tiempo que ha vuelto a colapsar la vida y la economía de la capital de España.

El comportamiento de las autoridades de una y otra Administración, a veces con competencias exclusivas, pero frecuentemente concurrentes, no es discrecional: son obligadas la colaboración y la coordinación. Lo establece para casos como el que vivimos la ley antes citada, pero lo impone la propia Constitución como un principio de convivencia elemental y básico: solidaridad y cooperación.

El deterioro del ambiente civil y político conduce directamente al sectarismo que se expresa, inicialmente, en las redes sociales —desbocadas, por cierto— y luego en los medios de comunicación que, a veces, también con alineamientos arbitrarios, renuncian a conformar criterios colectivos más constructivos y alientan debates pseudo ideológicos que esconden batallas espurias de poder.

El Gobierno de la CAM no tiene un mandato para convertirse en un bastión de la oposición

Desde esta perspectiva, el Gobierno de la Comunidad de Madrid no tiene un mandato ni constitucional, ni estatutario, ni electoral para convertirse en un bastión de la oposición contra el Ejecutivo central, ni este, a través del presidente o de los ministros, debería mostrar, como lo hace en ocasiones, una suficiencia prepotente.

Los desacuerdos entre administraciones son normales, pero cuando se cronifican y cualquier circunstancia es buena para la agresión verbal, estamos ante un cuadro de preocupante confrontación que, a la postre, repercute sobre los derechos de los ciudadanos.

Discutan en privado y por los cauces discretos previstos en las leyes las medidas que el Consejo de Ministros debe adoptar para la ciudad de Madrid, pero prívesenos de un espectáculo que aproveche el temporal para continuar la disputa de la gestión de la pandemia y del plan de vacunación. Porque esta situación de crispación se está volviendo francamente insufrible y, en términos éticos, despreciable.

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

La banda de Sánchez e Iglesias

Jorge Vilches-Vozpópuli, 120121

Leo en el periódico global que el país tiene una oportunidad única, quizá la última, para transformar el sistema productivo gracias a los fondos europeos.

¿Cuál es el obstáculo? La oposición al Gobierno, la derecha, que no muestra ninguna “complicidad” con el impulso transformador de la “mayoría progresista”. Porque si uno quiere cómplices es mejor buscarlos en los escaños de Bildu o de ERC, ¿no?

El problema de España es que no tiene Gobierno, a pesar de contar con 23 ministerios. No lo tiene desde la moción de censura, allá por 2018. Realmente tiene un grupo al servicio de Pedro Sánchez que a trompicones va tejiendo una red que impida que el socialista caiga al suelo.

Un Gobierno es otra cosa, es la organización del mando, que obtiene la confianza social a través del ejercicio racional y útil de los poderes públicos para el bien común. La banda de Sánchez e Iglesias no se acerca a esta definición ni de lejos.

Un Gobierno de verdad hubiera asumido la responsabilidad de enfrentarse al peligro de la pandemia por la covid-19 en el mes de enero de 2020, o incluso en febrero, como hicieron sus homólogos europeos. No fue así.

Falló a la sociedad española, mintió, escondió la cifra de muertos y luego se presentó como el salvador. Solo pensó en acaparar los poderes con la declaración del estado de alarma, al objeto de excretar decretos-leyes con los que cimentar su hegemonía política. No actuó por el bien común, la salud, sino por el bien de sus dirigentes.

La banda de sanchistas y podemitas que ocupa el poder ejecutivo no utilizó los poderes públicos para enfrentarse al problema, a la pandemia, sino para inaugurar la “cogobernanza”; es decir, para lavarse las manos y que las autonomías asumieran la responsabilidad.

No hubo coordinación, ni una única legislación, ni un auxilio igual y programado. Fue un desastre bochornoso en el que el Gobierno nacional acusó a los ejecutivos autonómicos del partido de la oposición, y estos hacían lo que podían sin ayuda, cada uno por su cuenta, contra los ataques de la prensa orgánica y de los grupos izquierdistas locales. Los socialcomunistas hicieron política con la muerte. Quizá eso sea “transformar”, pero queda feo.

Otro tanto ha pasado con el temporal Filomena. Un grupo que se hace llamar “Gobierno” tiene que ser previsor, usar los poderes públicos, el presupuesto, el capital humano y los medios oficiales de comunicación para minimizar los daños.

Es más; si fueran inteligentes se podrían haber apuntado un éxito sin precedentes: carreteras limpias, aeropuertos despejados, vías férreas en funcionamiento, la UME preparada, accesos a hospitales y centros de salud, anuncio de un plan de ayudas a zonas catastróficas, y contención del precio de la electricidad bajando los impuestos. Es posible que sea mucho pedir para una banda preocupada por asegurar sus poltronas cambiando el régimen por la puerta de atrás.

Otro golpe de Estado en Cataluña

En un año este “Gobierno” se ha encontrado con dos catástrofes y ha sido incapaz de actuar como tal; es decir, como un órgano que genere confianza social en el uso de sus poderes. Y si tiene lugar una tercera desgracia, los dioses no lo quieran, se mostrara a la misma altura de inutilidad. Si antes del verano de 2021, tras el indulto a los políticos presos, tiene lugar otro golpe de Estado en Cataluña, ¿qué hará la banda de Sánchez e Iglesias? ¿Alguien duda de que hablarían de “diálogo”, de “no judicializar la política”, de “sentarse a hablar”?

En esta circunstancia, con la prueba fehaciente de que no es un Gobierno, que no se ajusta a su definición ni a la actuación de sus homólogos continentales, ni pasados ni presentes, ¿cómo va a gestionar los fondos europeos con eficacia? Lo más probable es que haga dos cosas: despilfarrar y comprar con privilegios a sus aliados nacionalistas en el Congreso de los Diputados.

Mientras, la economía se hundirá. No hay más que oír las soluciones de las izquierdas: ante un problema, subir los impuestos. Incluso se han quejado de que la gente saliera con un pala a quitar la nieve de sus portales.

Cuando un país sufre una crisis, lo que espera es que el grupo que asume el poder ejecutivo tenga el mando y que lo ejerza con responsabilidad. En España, los ministros socialcomunistas estuvieron escondidos cuando estalló la pandemia y han hecho lo mismo con el temporal Filomena. Sánchez ha tardado 48 horas en hacerse la foto saliendo de su coche y metiéndose en el ministerio del Interior, como si tuviera que ir a ese edificio para enterarse de lo que pasa o dar órdenes.

Peor ha sido el comportamiento del líder del “partido de la gente”, escondido en su casoplón para que nadie le pregunte por la subida de la electricidad un 27%. No olvidamos las veces que dijo en la oposición que metería mano a las compañías eléctricas para que no hubiera “pobreza energética”. Era mentira. Demagogia barata.

Mientras la nieve se acumulaba en las aceras y tejados, los ciudadanos han ido acumulando desconfianza hacia un banda que se borra cuando hay que trabajar, asumir responsabilidades, prever peligros y solucionarlos; esto es, cuando se trata de ser un Gobierno de verdad.

La clave es que mientras los socialcomunistas relajaban la presencia territorial del Gobierno de España para crear un “nuevo Estado más plural y democrático”, en palabras de Iglesias cuando se aprobaron los PGE, la naturaleza se puso en contra y dio la justa medida de esta banda: un desastre

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Humor


Joan Antoni Poch i Goicoechea ‘Jap’, 2017 [España. 1958]

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 120121

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Energía para la normalidad


[La ilustración de la viñeta es obra de Pablo Morales de lo Ríos (Canarias, 1979). Semblanza de ‘Dos Viejos intentando comer sopa‘ 1819-1823, de Goya. Fuente:Soy el Martín, twitter].

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  • La luz y la demagogia están por las nubes

Editorial de El Mundo, 110121

«LA POLÍTICA energética del Gobierno empobrece al país», denunciaba hace años Pedro Sánchez con cada subida de la luz. Esta, increpaba Pablo Iglesias, «no depende de que llueva o no, señor Rajoy, sino de que exista voluntad política». Y así de rotundo se expresaba el actual ministro de Consumo, Alberto Garzón: «Esta Navidad la luz tendrá un precio un 10% superior al del año pasado.

Ningún Gobierno decente debe tolerarlo». Estas declaraciones hay que buscarlas en la hemeroteca y corresponden a un tiempo, claro, en el que los tres estaban en la oposición. Porque hoy, con la factura de la luz en máximos, con los precios marcando los segundos registros más altos de la serie histórica, los demagogos que otrora acusaban al Gobierno de ser «cómplice de la codicia de las eléctricas» callan o echan balones fuera. También hay quienes como Echenique, portavoz de Podemos en el Congreso, siguen culpando al Ejecutivo, del que forma parte su partido; eso sí, sólo a la parte socialista.

Populismos a un lado, la luz vuelve a estar por las nubes. Y, además, en un momento de gran adversidad meteorológica. Las causas son de sobra conocidas. Los desequilibrios entre oferta y demanda, la dificultad para extraer energía a partir de fuentes renovables como la solar y la eólica, o el incremento de las cotizaciones del gas disparan el recibo final que millones de españoles demasiados sin recursos deben pagar.

Estos factores explican la subida de la factura, sí, pero no la justifican en absoluto. Porque, como mantenemos desde hace tiempo, el sistema necesita reformas. Demostrado ya que el actual no se ha mostrado como el ideal ni para la protección de los consumidores ni para mejorar la competitividad de nuestra economía, hay que buscar soluciones. Y no se olvide que en el recibo de la luz sólo el 30% se debe al consumo.

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Demagogia por dos

“Ser el farolillo rojo te pasa la factura, también el precio de la luz”

John Müller en El Mundo, 110121

La hemeroteca es cruel. Pero cuando formas un gobierno de coalición entre dos demagogos, la crueldad y el ridículo se multiplican por dos. «Disparar la factura de la luz un día como hoy sólo demuestra la codicia de las eléctricas. Si el Gobierno lo consiente, será cómplice», escribió Pablo Iglesias en Twitter el 18 de enero de 2017 a las 18.14 horas. Cuatro años antes, el 19 de diciembre de 2013, 

Pedro Sánchez había dicho en la misma red social: «La factura de la luz se elevará en enero un 11%. Otro golpe del Gobierno a las familias». El viernes, el precio de la electricidad en España marcó un récord en el mercado mayorista de 94,99 euros por megavatio hora y superó los máximos de 2013.

Los precios son señales, no indicadores morales. Pero esto, que es una verdad todo el tiempo, sólo lo es para los demagogos cuando llegan al poder. El año pasado, el precio de la electricidad se desplomó un 28% en relación con el año anterior y fue uno de los más baratos de la historia, pero nadie hizo titulares con ello.

Según los expertos, la fuerte subida del precio de la energía en estos días, que son los de mayor demanda por las circunstancias climatológicas, se debe a la subida del precio del gas y al elevado precio de cotización del CO2 que presenta un promedio de 33,87 euros por tonelada este año cuando en todo 2020 el promedio fue de 24,75 euros.

El gas se ha disparado porque Argelia, que era nuestro principal suministrador, tiene dificultades. No hay espacio en este artículo para explicar la dimensión geopolítica de este problema que se extiende hasta las aguas de la isla de La Cabrera en el archipiélago balear, pero hay un dato duro que destacar: en 2020, España compró más gas no argelino que argelino.

Pero en este momento, los barcos gaseros han encontrado destinos donde se paga más por su producto, y uno de ellos es Asia, donde el precio se ha cuadruplicado porque la economía se está recuperando a un ritmo que en España no concebimos. Este diferencial entre nuestra economía y el resto del mundo ser el farolillo rojo te pasa factura tarde o temprano, es un aviso de que podemos sufrir daños adicionales en otras áreas.

En cuanto a los derechos del CO2, los bajos precios registrados durante los años de la crisis económicaentre 4,5 y 8 euros por tonelada resultaron demasiado bajos para los deseos de algunos políticos interesados en una transición rápida a la economía descarbonizada.

Por eso, el mercado de derechos de CO2 está intervenido por la UE con un sistema de franjas de precios. Uno de los efectos de este alto precio puede ser que la UE cumpla en exceso los objetivos de los acuerdos de París.

Lo que sucede con el mercado del C02 es un resumen de las increíbles distorsiones que los políticos han introducido en el mercado de la energía. No hay forma de contar con un mercado de CO2 que nos indique genuinamente el esfuerzo que la población quiere hacer para avanzar hacia la economía descarbonizada.

Tampoco sabemos hasta dónde está dispuesta a pagar por el gas. Como los políticos son incapaces de convencernos con argumentos, prefieren engañarnos. Lo que pasa es que a veces se pillan los dedos.

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Dos versiones de la señorita Smila. Convendrán en que no hay color

La extraña percepción de la nieve

Santiago González en El Mundo, 110121

La gestión de las nevadas viene a ser un tú la llevas. Como casi todo en la política española, por otra parte. Están frescas aún las acusaciones de Sánchez a Rajoy por la subida de las tarifas eléctricas en un 8%, mientras su Gobierno ha hecho frente a la gélida Filomena con un 27% de subida, a pesar de que la marquesa de Galapagar había advertido a las eléctricas de cómo se las gastaba el marqués consorte: “Es que Pablo es superdrástico con la factura de la luz y los alquileres, tía”.

Total que las nevadas son una metáfora de España. Nieva y el Gobierno, da igual el que sea, gestiona mal las consecuencias. Siempre ha sido así. Por acotar los temporales de los últimos 16 años, cabe recordar la nevada que dejó a miles de conductores atrapados en la provincia de Burgos el 26 de diciembre de 2004. Rajoy criticó a Zapatero, incluso por lo que no tocaba, porque en aquella nevada tuvo el presidente una de sus mejores ocurrencias, la creación de la U.M.E.

Volvió a tocarle al PSOE otra gran nevada en 2009 y volvió el PP a criticar acerbamente al Gobierno, aunque en este caso con razón, porque la encargada de explicarlo todo fue la ministra de Fomento. Su gestión de las nevadas fue un suceso extraordinario. Maleni Álvarez y Carmen Calvo fueron dos consejeras que Manuel Chaves no sabía cómo quitarse de encima y se las colocó a Zapatero de ministras.

Ambas estuvieron fantásticas, aunque corrieron distinta suerte: mientras Álvarez fue condenada por prevaricación en el caso de los Eres a nueve años de inhabilitación, Calvo acabó de vicepresidenta del sanchismo. Se puede encontrar en Google el video de la comparecencia de la ministra el 9 de enero de aquel año.

Tartamudeaba para dar informaciones “que he visto en la tele”, dijo en repetidas ocasiones y culpó de lo sucedido a los errores de los servicios meteorológicos. También acusó a Iberia del cierre de Barajas, aunque esto sea humanamente comprensible por razones de competencia. Ella se acreditó como ‘Lady Aviaco’ durante su Ministerio.

Sin embargo, mostró voluntad de aprender y anunció que pensaba emprender un viaje a Siberia para empaparse de otras experiencias. ¿Cómo extrañarse de que Madrid parezca Moscú, como dice algún guasón en Twitter?

Yo, que tenía muy reciente la lectura de la más famosa novela de Peter Høeg, pensé en ella como ‘La señorita Smila y su extraña percepción de la nieve’. Luego vi la película, protagonizada por la luminosa Julia Ormond y pensé que no había color, claro.

Rajoy debutó en La Moncloa con otra gran nevada a finales de 2011 y tuvo otra en enero de 2018, cinco meses antes de la moción de censura que lo sacó del cargo. “Muchas familias han pasado la noche atrapadas en la carretera y allí siguen a esta hora”, acusaba en tuit  Sánchez, mientras el PSOE, Podemos y C’s se lanzaban a degüello contra el Gobierno.

El fin de semana nos dejaba Filomena la peor tormenta de nieve del último medio siglo y el presidente del Gobierno estuvo a la altura de la media de su gestión: tardó dos días en enterarse. Los partidos de uno y otro signo tienen, como la señorita Smila, una extraña percepción de la nieve. Y de todo lo demás.

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Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto 

Ciencia y cuentos chinos

La autora explica lo que se sabe sobre el origen y transmisión del Covid-19 y critica el ocultamiento de regímenes como el chino, así como la mala gestión y la tardanza en la toma de decisiones del Gobierno español.

Montserrat Gomendio en El Mundo, 110121

LA TRANSICIÓN a un nuevo año es un punto de inflexión simbólico que esta vez ha sido duro atravesar. A través del retrovisor se suceden escenas terribles asociadas al Covid-19 y el futuro se antoja más incierto de lo creíamos posible en todas las navidades vividas.

A partir de esta crisis se ha construido un relato oficial victorioso: era imposible prever esta pandemia que ha pillado desprevenidos a todos los países por igual pero el Gobierno ha declarado la guerra al coronavirus y ha vencido puesto que el retorno a la normalidad está a la vuelta de la esquina gracias al esfuerzo ingente y a la aprobación de varias vacunas recientemente. Lamentablemente, este relato tan ampliamente aceptado no es más que un cuento chino.

Es sabido que las películas de desastres comienzan con alguien ignorando a un científico. Este es un caso de libro. La enfermedad que conocemos como Covid-19 está producida por el virus SARS-CoV-2 que procede de los murciélagos. Aún no está claro si el virus dio el salto de éstos a humanos a través de una especie intermedia en un mercado de Wuhan (el pangolín parece descartado), o si se transmitió directamente a través del uso medicinal que se hace en China de las heces de murciélago (conocidas como oro negro).

Lo que sí sabíamos desde hace años es que los murciélagos son reservorios naturales de multitud de virus, que viven y se multiplican en este grupo sin causarles problemas, pero que cuando se transmiten a humanos pueden originar enfermedades. Los coronavirus de murciélago también fueron el origen de las epidemias de SARS y MERS; de hecho, se ha bautizado al nuevo virus como SARS-CoV-2 por su parentesco con SARS-CoV-1 que produce síndrome respiratorio agudo grave (SARS).

El SARS emergió en China en 2002, se expandió por 29 países y, con una tasa de letalidad del 10%, fallecieron 774 personas. Más tarde, en 2012, otro coronavirus saltó de los murciélagos a humanos en la península arábiga provocando el síndrome respiratorio de oriente medio (MERS). Se expandió a 27 países y, con una tasa de letalidad mucho más elevada (40%) pero una transmisión mucho más reducida, se registraron en total 866 fallecidos.

Con estos antecedentes, son muchos los grupos de investigación e instituciones que han alertado desde hace años del riesgo de una pandemia causada por un nuevo coronavirus transmitido por los murciélagos. De hecho, ya se habían encontrado parientes muy cercanos.

La viróloga China Shi Zhengli (conocida como Bat Woman) lleva años explorando cuevas de murciélagos, había identificado coronavirus muy parecidos genéticamente a SARS y demostrado que personas que vivían cerca de estas cuevas habían desarrollado anticuerpos (prueba de que habían sido infectados), por lo que advirtió que una nueva enfermedad respiratoria era probable y alertó del riesgo a nivel global.

Aunque parezca contradictorio, el hecho de que SARS-CoV-2 sea mucho menos letal que sus ancestros, le hace más peligroso. Un virus que infecta a un hospedador y le causa la muerte antes de que contagie a otros es un virus kamikaze que se extingue. Para el virus la persona infectada sólo es un vehículo temporal que le permite pasar a otras personas y expandirse en la población.

Hay varias características del SARS-CoV-2 que explican su crecimiento exponencial: se transmite días antes de que aparezcan los síntomas, hay un alto porcentaje de personas asintomáticas, la tasa de letalidad es baja y se concentra en personas mayores. Esta combinación, en apariencia inocente, es lo que ha causado un número de infectados y fallecidos mucho mayor que sus predecesores, porque personas sin síntomas contagian a muchos, con una expansión rápida.

La comunidad científica había conseguido comprender la gravedad de los coronavirus y había alertado del riesgo inminente de una nueva enfermedad. ¿Qué hicieron los gobiernos? Por decirlo pronto y mal, poco o nada. Ello podría explicarse por la dificultad de poner en marcha medidas preventivas sin saber con precisión qué coronavirus causaría una nueva enfermedad y cuándo.

Pero hay errores graves repetido una y otra vez. Tanto en el caso de SARS como en el de MERS, los países donde se originó la epidemia (China y Arabia Saudí respectivamente) ocultaron los casos de neumonía de origen desconocido, y censuraron a médicos y científicos.

¿Qué ocurrió cuando apareció el Covid-19 en Wuhan? El mismo patrón de ocultación y censura por parte de China. El primer caso se detectó a mediados de noviembre 2019, pero las autoridades no informaron a la OMS hasta el 31 de diciembre; se negó la transmisión de persona a persona hasta el 20 de enero y no se prohibió la movilidad hasta el 23 de enero, cuando se calcula que unos cinco millones de personas ya habían salido de Wuhan para celebrar el nuevo año lunar.

Todas las estimaciones apuntan a que estos retrasos permitieron la expansión descontrolada del virus y contribuyeron a convertirlo en pandemia. La ocultación de información y el retraso en la toma de decisiones se repitió en países como España, lo que desembocó en un efecto dominó que aceleraba la expansión del virus a medida que penetraba en nuevos países.

Durante la fase de ocultación, la ciencia abrió una rendija que resultó fundamental. Un laboratorio de Shanghai compartió con el resto del mundo la secuencia del SARS-CoV-2 a principios de enero, lo que le supuso el cierre. El acceso a esta secuencia desencadenó uno de los mayores esfuerzos de colaboración científica internacional de la historia, que ha tenido unos resultados mucho mejores de lo esperado con varias vacunas aprobadas antes de final de año

¿Cómo respondieron los gobiernos esta vez? De nuevo la respuesta ha sido decepcionante en demasiados países, incluido España, pues las campañas de vacunación se están desarrollando de forma mucho más lenta de lo esperado.

Y mientras… el coronavirus ha encontrado la forma de tomar la delantera. En el Reino Unido y en Sudáfrica se han encontrado nuevas variantes con un número elevado de mutaciones que aumentan en un 70% la transmisibilidad y que afecta en mayor medida a los más jóvenes. El primer caso se detectó el 20 septiembre en Londres y literalmente arrasó convirtiéndose en la causa de nuevas infecciones en el 90% de los casos hoy en día.

Esta variante se encuentra en muchos otros países, lo sepan o no, y han modificado el tablero por completo, dando lugar a un aumento tan rápido de infectados y fallecidos, que han conducido a confinamientos estrictos cuando ya se anunciaba por doquier que se veía la luz al final del túnel. También han generado un debate complejo sobre las estrategias más eficaces de vacunación, inexistente en España, y han abierto los ojos a la posibilidad de nuevas variantes que requieran cambios en las vacunas.

MIENTRAS la ciencia conseguía verdaderos hitos gracias a la colaboración internacional, los gobiernos no sólo han sido ineficaces, algunos han aprovechado la crisis para acumular poder e iniciar una oleada de autoritarismo. Frenar al Covid-19 ha requerido medidas extremas como los confinamientos y las restricciones a la movilidad que han impedido protestas callejeras y retrasado elecciones. Esta deriva autoritaria reiteradamente se ilustra con los ejemplos de Orban en Hungría y Duterte en Filipinas.

Nuestro Gobierno se ha centrado en enmarcar el relato de forma que tenga réditos políticos en lugar de gestionar la crisis sanitaria y económica de forma eficaz. Dentro de este marco se ha desarrollado un lenguaje bélico que le ha sido muy rentable, pues pretende anular a la oposición mediante el argumento de que en una guerra frente a un enemigo común cualquier elemento de crítica nos debilita, lo que le lleva a declarar cualquier voz discrepante un elemento peligroso para la cohesión social.

Así, el Gobierno ha convertido una crisis sanitaria en una oportunidad política para apropiarse de todos los resortes necesarios para mantener el control, evitar la rendición de cuentas y la transparencia, a la vez que ha renunciado a ejercer el liderazgo y la coordinación de las CCAA que le corresponde.

Montserrat Gomendio es profesora de Investigación del CSIC y ha sido secretaria de Estado de Educación.

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Nicolás Maduro, entrevistado por Ignacio Ramonet el 1 de enero de 2021 en Telesur.

Maduro quiere reconciliarse

Alberto Barrera Tyszka en The New York Times, 110121

Esta es la imagen: en un cuidado y elegante jardín, sentados a sana distancia, están Nicolás Maduro e Ignacio Ramonet. El gobernante venezolano viste de traje y corbata, y es ostensible que no está pasando hambre. El periodista francoespañol viste de manera más informal pero con mucha elegancia.

Es evidente que se tiñe el cabello y el bigote. Ambos se agradecen y celebran mutuamente la tradición de estar juntos. Todo parece una puesta en escena para un comercial esperanzador: 1 de enero de 2021. ¿Qué le ofrece Nicolás Maduro a Venezuela este año?

En rigor, no es una entrevista. Ramonet no pregunta: acaricia. Sus interrogantes están diseñadas para que Maduro se autoelogie. Es un espectáculo inocuo, predecible. Maduro habla bien de sí mismo y Ramonet asiente. Maduro se repite y Ramonet sonríe. Maduro no dice nada y Ramonet casi aplaude.

El gobernante, señalado por la Corte Penal Internacional de cometer crímenes de lesa humanidad, habla de la fortaleza de la “unión cívico-militar-policial” y dice que aspira a “la reconciliación de los venezolanos”. El periodista vuelve a asentir, sonríe de nuevo. Parece que, aun antes de que Maduro hable, Ramonet ya está de acuerdo. Más que una conversación, mantienen una complicidad.

Detrás de esta simple simulación, sin embargo, hay una historia difícil y trágica. Durante los últimos cinco años, con una gran violencia del Estado, se han ido agotando los posibles escenarios de salida de la crisis. Con la instalación de la nueva Asamblea Nacional (AN), realizada esta semana, se cierra un ciclo. El parlamento electo de manera democrática en diciembre de 2015 era el último espacio legítimo e independiente, el único ámbito institucional para el ejercicio de la democracia.

Al ser invadido y tomado por el chavismo, después de unas elecciones llenas de irregularidades, en las que no participó la oposición ni el 80 por ciento del electorado y que no fueron reconocidas por buena parte de la comunidad internacional, las posibilidades de un cambio en Venezuela son todavía más complicadas.

Para la mayoría de los venezolanos, golpeados duramente por la crisis, el futuro es ahora más incierto y más pobre: se acabaron las alternativas.

El chavismo insiste, inútilmente, en tratar imponer su simulacro. No renuncia a su proyecto totalitario, pero, encima, pretende maquillarlo, venderlo como si fuera una democracia ejemplar. Su cinismo ya no es indignante sino patético. Cuando el canciller Jorge Arreaza condena “la polarización política y el espiral de violencia” en Estados Unidos, ya no resulta irritante sino ridículo, rebaja la diplomacia al nivel del absurdo.

Cuando Jorge Rodríguez, como presidente de la nueva AN, celebra la diversidad y promete impulsar un proceso de diálogo nacional no logra ya ni siquiera molestar a sus adversarios más radicales. Su sarcasmo es un monólogo tedioso que no le interesa nadie. Destruir la política también tiene consecuencias para el propio chavismo: su simulacro es ahora más frágil. Queda todavía más desnudo.

El liderazgo opositor ha cometido errores pero —hay que repetirlo— estos errores no hacen que el chavismo sea más democrático. Durante estas dos décadas y más allá de sus adversarios y de las coyunturas —incluidas las sanciones económicas—, el chavismo ha ido construyendo su escalada autoritaria. En el congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de 2009, Chávez abiertamente trazaba líneas para el desmontaje del capitalismo y la eliminación del “Estado burgués”.

En ese proceso han terminado destruyendo casi todo. Han saqueado las riquezas nacionales y arrasado con el aparato productivo. La economía está dolarizada y el país está en quiebra. La corrupción es un trámite cotidiano, parte de la cultura de la supervivencia. La nación está sometida por una difícil mezcla de poderes donde conviven la fuerza militar y el crimen organizado. La oposición política ha sido aniquilada. El chavismo sigue avanzando hacia su verdadera utopía: el control absoluto, el fin de la democracia, un país sin política.

En ese camino, el próximo paso ya está en marcha: eliminar o controlar a los medios de comunicación y organizaciones sociales independientes que trabajan en el país. Esta semana, el chavismo ha incrementado desde distintos flancos la descalificación y ataques a oenegés y medios digitales que apoyan procesos de base, desarrollan reportajes de investigación, realizan denuncias y ofrecen una versión distinta de lo que ocurre, una versión del país que no aparece en las entrevistas de Nicolás Maduro.

Ya neutralizado el parlamento, ahora el chavismo arremete directamente contra el espacio cívico, contra la ciudadanía. El ataque a estos medios y a estas organizaciones es la primera promesa de futuro que ofrece el Estado chavista en 2021. La comunidad internacional debe estar atenta y tratar de detener esta brutal campaña de asedio.

Mientras Nicolás Maduro e Ignacio Ramonet, en su lujoso escenario, juegan su coqueto y tierno ping pong simbólico, muy cerca de ahí agoniza Salvador Franco, un indígena de la etnia Pemón, preso político desde 2019. Franco está desnutrido y enfermo. Desde el 21 de noviembre del año pasado, un tribunal ha ordenado su traslado a un centro de salud y, sin embargo, la orden nunca se ha cumplido. Muere el 3 de enero en la cárcel El Rodeo.

Maduro habla de la fortaleza de la “unión cívico-militar-policial” y dice que aspira a “la reconciliación de los venezolanos”. Ramonet sigue asintiendo. Esta es la imagen completa.

Alberto Barrera Tyszka es escritor. Su libro más reciente es la novela Mujeres que atan.

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La autonomía estratégica y el beneficio económico no son lo mismo

El debate del futuro de los Veintisiete no se puede dejar en manos de tecnócratas o de cabilderos. Lo que es bueno para Wolkswagen no tiene por qué serlo para la Unión.

Wolfang Münchau El País, 110121

Una técnica avanzada en ajedrez es el llamado “sacrificio posicional”. Se trata de una técnica utilizada por los grandes maestros en la que un jugador sacrifica una pieza simplemente por una ventaja en su posición. Es una estrategia más sutil que la de sacrificar un peón por un caballo del adversario.

Los estrategas militares, como Sun Tzu y Carl von Clausewitz, utilizaron nociones similares. La estrategia no consiste en hacer lo que uno quiere cuando uno quiere. Implica sacrificio a cambio de un objetivo superior, con caminos inciertos interpuestos.

Cuando hablamos de autonomía estratégica para la Unión Europea, a lo que, desde luego, no nos referimos es a escuchar a los cabilderos. O, parafraseando a Clausewitz, a continuar el mercantilismo por otros medios. Cuando Helmut Kohl viajaba, o Gerhard Schröder o Angela Merkel viajan a países asiáticos, solía o suelen llevarse con ellos a una muchedumbre de empresarios.

Una estrategia sería dejarlos en casa y decir a los socios comerciales que solo se cierran acuerdos de libre comercio preferenciales con países que cumplan unos criterios mínimos en materia de derechos humanos. El sacrificio no es un subproducto opcional de la estrategia. Es su esencia. Se obtiene algo que se quiere, y a cambio se renuncia a algo valioso para uno mismo.

Una estrategia no es objetivamente buena o mala. El interés europeo o el estadounidense no existen. La estrategia, tanto como su ausencia, son opciones políticas. Durante la Guerra Fría, el principal objetivo geoestratégico de Estados Unidos era contener y derrotar al comunismo, pero la diplomacia de connivencia con los dictadores fascistas de Henry Kissinger fue un precio polémico que Estados Unidos estuvo dispuesto a pagar por esa estrategia.

Ya empieza a quedar claro que la Unión Europea ‒al igual que Kissinger‒ tiene una tolerancia relativamente alta a los regímenes no democráticos, ya sea dentro o fuera de sus fronteras. Por eso, cuando digo que la UE debería convertirse en un actor estratégico, soy muy consciente de que podría acabar discrepando de la estrategia por la que opte.

La posición geoestratégica más importante para la Unión Europea en este momento es su relación con China. Hay diversos objetivos estratégicos alternativos verosímiles. La UE podría decidir dar prioridad al cambio climático e incorporar a China a una estrategia de neutralidad de carbono de aquí a 2050. Otra posibilidad sería que la Unión optase por priorizar los derechos humanos.

Los responsables de las políticas económicas saben desde tiempos inmemoriales que no se puede perseguir dos objetivos con un único instrumento normativo. Personalmente, yo daría prioridad a los derechos humanos basándome en que los regímenes que no respetan a las minorías ni las libertades democráticas tampoco son leales a los objetivos acordados internacionalmente. La no cooperación de China con la Organización Mundial de la Salud en estos momentos debería servir de advertencia.

Ahora bien, cualquiera que sea la estrategia por la que opte, la UE no debería pretender que una supuesta ventaja económica constituye un acto de autonomía estratégica.

Dicho esto, la Unión hizo bien en no consultar con el Gobierno entrante de Biden antes de tomar una decisión. La UE debería ser libre de llegar a sus propios acuerdos bilaterales exactamente igual que Estados Unidos. El vacío de poder en Washington fue, casi con total seguridad, una de las razones por las que Angela Merkel decidió seguir adelante con el acuerdo entre la Unión Europea y China.

Los grandes maestros del ajedrez lo habrían aprobado. Sin embargo, la afirmación contraria no es verdadera. No somos estratégicamente autónomos solo porque decidamos seguir nuestro propio camino. Precisamente, la idea que hay detrás de la Unión es que renunciamos a parte de nuestra soberanía nacional a cambio de un bien mayor, que es el ejercicio de la soberanía compartida. Una de las afirmaciones más cuestionables de la campaña a favor del Brexit fue la que sostenía que la soberanía nacional aumenta la autonomía estratégica.

Creo que Merkel ha sacado la conclusión correcta de las elecciones de Estados Unidos: si 75 millones de votantes apoyan a Donald Trump, no podemos proclamar que su ideología de “Estados Unidos primero” ha sido derrotada, con independencia de lo que le ocurra a él personalmente después de los acontecimientos de la última semana. Estados Unidos es un país profundamente dividido que muy bien podría inclinarse en sentido contrario en unas futuras elecciones. Sin lugar a dudas, la Unión Europea haría bien en empezar a depender menos de la buena voluntad estadounidense.

No obstante, una verdadera autonomía estratégica exigirá un debate mucho más amplio en la UE sobre los objetivos estratégicos. Este debate no se puede dejar en manos de tecnócratas o de cabilderos. Lo que es bueno para Volkswagen no tiene por qué serlo para la Unión. Si la perspectiva estratégica se reduce exclusivamente al comercio o a las inversiones, se está confundiendo la consecución del máximo bienestar con la estrategia. Las decisiones estratégicas no suelen ser las mejores desde un punto de vista económico.

Y si no, pregúntenles a los grandes maestros. Ellos les dirán que la autonomía estratégica exige un sacrificio posicional, en el que el quid pro quo no es ni inmediato ni objetivamente verdadero. Y, al igual que sucede con las estrategias en la vida real, los grandes maestros razonables también discrepan.

Wolfang Munchau es director de www.eurointelligence.com. Traducción de News Clips.

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Inicio de la vacunación en Canarias

 

La sociedad del cálculo

Al principio de la pandemia pareció que salvar vidas estaba por encima de la economía.

Pilar Fraile El País, 110121

El pasado invierno me vi obligada a llamar dos veces a la grúa por fallos en mi vehículo. Cuando llegó el momento de renovar la póliza del seguro recibí, para mi sorpresa, una carta de la compañía comunicándome que les era imposible ampliarla, vamos, que me echaban.

No salía de mi asombro porque en los últimos años no había tenido ni el más leve siniestro, ni una triste multa. Todo apuntaba a que sus máquinas de cálculo les habían informado de que no era rentable asegurar a alguien como yo, con un coche que, a pesar de que servía perfectamente a su propósito, no cuadraba con su análisis de riesgo-beneficio.

Hubo un momento, al principio de la pandemia, en que pareció que la lógica del cálculo de riesgo, propia de las sociedades postindustriales tal y como las define Ulrich Beck en su libro La sociedad del riesgo, pudiera ser sustituida por otro planteamiento. El hecho de que potencialmente cualquiera estuviese expuesto al contagio, parecía abrir esta posibilidad.

Así lo creyeron algunos de nuestros pensadores. Žizek, sin ir más lejos, en su artículo El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill, del pasado 27 de febrero, afirmaba triunfalmente que se inauguraba “una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”.

En marzo, Judith Butler, sin ser tan halagüeña, proponía que esta crisis podía ser el primer paso de una nueva era, en la que no toda decisión se basara en el posible beneficio económico. A finales del mismo mes, incluso Byung-Chul Han, quien defendía que el virus no iba a procurar el fin del capitalismo, y auguraba una posible deriva autoritaria de control de la población por medio del big data, se mostraba esperanzado de que la epidemia pudiera dar lugar a una revolución humana que restringiera el capitalismo destructivo.

Este espíritu se coló incluso en las declaraciones de los políticos quienes, en las primeras semanas de la enfermedad, solían pronunciar frases como que ”la salud estaba por encima de cualquier cálculo económico”. Pero esta retórica pronto fue sustituida por otra dominada por el mantra: “Para salvar vidas hay que salvar la economía”, que rápidamente se instaló primero en los discursos oficiales, y luego en los de la población.

La “mentalidad del riesgo” reapareció con fuerza. Y, muy contrariamente a lo que defendía Beck en su mencionado libro, los riesgos no están siendo asumidos por todos de igual manera. Si revisamos, por ejemplo, la distribución de la mortalidad y el grado de contagio por distritos en Madrid, los más afectados, Usera, Puente de Vallecas, Villaverde y Carabanchel, son aquellos con la media de ingresos más baja.

Esto no es una excepción, similares datos se han obtenido en Estados Unidos, donde la población negra ha sufrido y sufre una incidencia mucho más alta. Y lo mismo revela el último estudio de seroprevalencia en nuestro país: los trabajadores más precarios, mujeres que se dedican a cuidados o limpieza, son los que soportan las peores consecuencias del virus.

Quedaba una esperanza aún: que en la distribución de las vacunas, aunque solo fuera con el objetivo de erradicar la enfermedad y así beneficiar no solo a la población, sino también al crecimiento económico, imperara otra lógica. No está siendo así. Tal y como señala Peter S. Goodman en un artículo reciente en el New York Times, los países ricos han fallado en su propósito de asegurar la vacuna para los países pobres.

No solo eso, algunas naciones, como EE UU o Reino Unido, han bloqueado la posibilidad de que países en vías de desarrollo puedan sintetizar vacunas a bajo coste. Esto tendrá como consecuencia, tal y como apunta Goodman, que “el mundo pospandemia será más desigual, con los países pobres castigados por la enfermedad y obligados a gastar en ella sus recursos y con ello incrementar su deuda exterior”.

Hace unos días tuve una conversación con una amiga que no consigo quitarme de la cabeza. Mi amiga, que ocupa un puesto directivo en una compañía bancaria, me contaba que a los ejecutivos, que trabajan con las grandes cuentas, no se les ha dejado pisar las oficinas, pero sí acuden a sus puestos los cajeros, cuyos clientes son gente de a pie.

A estos trabajadores, me decía, se los expone al riesgo de contagio porque la compañía considera que son fácilmente sustituibles, o bien porque estima que los réditos de su trabajo no son suficientemente altos como para que haya que asegurar su vida.

Mucho me temo que, tras casi un año de pandemia, sigue imperando la misma lógica con la que se dirimían los asuntos antes de la enfermedad. Alguien está haciendo números, en esto no se equivocaba Byung-Chul Han, pero los algoritmos no se están usando para mantener a salvo a la población, sino para proteger los mismos intereses de siempre.

Parece que ya se sabe cuánto vale cada uno de nosotros y, para obtener esa cifra, se ha usado el mismo tipo de cálculo que la compañía aseguradora aplicó a mi perfectamente funcional, pero poco rentable vehículo.

Pilar Fraile es escritora. Su última novela es Días de euforia (Alianza).

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TRIBUNA/ En homenaje al centenario de la Legión (I)

Así nació la Legión

Luis María Cazorla Prieto n ABC, 110121

España, a pesar de sus inmensas colonias, nunca tuvo un ejército colonial propiamente dicho. Tampoco lo tenía cuando a principios del siglo XX posó sus ojos en Marruecos intentando no perder el tren de las potencias coloniales, aunque viajara en segunda clase.

Desde la atribución a España del protectorado de una zona del norte de Marruecos en 1912, el problema se agudizó. Pronto la sangre de soldados españoles empezó a regar las tierras marroquíes. La forma más efectiva de, al menos, paliarlo era organizar un ejército que pudiera nutrirse de soldados profesionales no españoles.

Pero, como escribió Stefan Zweig, los proyectos para cuajar necesitan «antropomorfizarse», encarnarse en una persona física.

El entonces teniente coronel Dámaso Berenguer antropomorfizó el proyecto de creación de las fuerzas regulares indígenas, embrión del tan necesitado ejército colonial. Así fue, el general y ministro de la Guerra Agustín Luque firmó el 30 de julio de 1911 la creación de esta unidad y confió su mando a Berenguer.

Sin embargo, los regulares tendrían inicialmente una vida lánguida e insuficiente para atender las guerras de Marruecos, y, sobre todo, se componían de nativos del lugar, con los perversos resultados que esto trajo consigo en la carnicería que arrancó en el altozano de Annual.

Los ministros de la Guerra se suceden desenfrenadamente sin dar más pasos significativos en pro de la fuerza colonial hasta que, después de ser subsecretario, Berenguer se sienta el 9 de noviembre de 1918 en el sillón ministerial del Palacio de Buenavista. Como buen conocedor de su necesidad, impulsó un proyecto en el que aparece ya una regulación específica de lo que acabaría siendo el Tercio.

Pero la ruleta ministerial empujada por la inestabilidad política siguió rodando hasta que el 20 de julio de 1920 llega un ministro clave para la implantación del ejército colonial. El general Antonio Tovar encomendó al Estado Mayor Central del Ejército encabezado por el veterano Valeriano Weyler estudiar la puesta en pie de un contingente militar de voluntarios retribuidos de origen no español, que, junto a los regulares, integrara el ejército colonial de África.

Pero Tovar, víctima de los cambalaches agonizantes del turno de partidos, no recibe este informe. Lo hace un general estudioso y bregado en Marruecos. En el informe que el nuevo ministro José Villalba encuentra sobre su mesa consta un contundente pronunciamiento en favor del modelo de la Legión francesa.

Mientras tanto el Tercio repiquetea en la puerta. Lo hace, además, encarnándose en quien antropomorfiza ya el anhelo legionario: el teniente coronel José Millán Terreros, más tarde Millán Astray. Con experiencia y alimentado con la filosofía japonesa del bushido de la que se empapó como joven teniente en la todavía española Filipinas, convence al todavía ministro Tovar de que lo comisione a Argelia para estudiar la Legión Extranjera.

El informe que emite de regreso a España contribuye poderosamente a que Villalba de una zancada crucial para que el Tercio se plasme en una norma. Con el Real Decreto de 28 de enero de 1920 la hoy Legión llega a la vida jurídica. Lo hace con un breve texto que suena más a ruido de banda militar que a disparo real de artillería pesada, al carecer de cobertura presupuestaria y orgánica.

Comienza entonces la pedregosa fase final del alumbramiento legionario. La traducción de lo que figuraba en la Gaceta de Madrid a la realidad va a toparse con duras resistencias procedentes de un sector del ejército, de lo presupuestario, de lo periodístico y hasta de la política internacional.

No todos los militares ven con buenos ojos que el Tercio adquiera cuerpo. Algunos jefes de regulares temen perder la primacía del ejército colonial que va cuajando. Las Juntas de Defensa acarician ideas distintas sobre cómo poner en marcha este último. El influyente general Silvestre pone trabas a que la nueva unidad arranque, a diferencia del general Álvarez del Manzano que desde Ceuta lo alienta tanto que recibe el nombre de «padrino de la Legión».

La Intervención Civil de Guerra y Marina y del Protectorado de Marruecos no se queda atrás y formula serios reparos que dañan mucho a la iniciativa legionaria. Cierta prensa no oculta tampoco su aversión a los planes de Millán Astray. Recojo una sola muestra de ello. «Un decreto monstruoso. Tropas extranjeras en España» es el título de un furibundo texto publicado en «El País» de 31 de enero de 1920, día en el que todavía está húmeda la letra de la Gaceta de Madrid. Hasta razones de política internacional se esgrimen para que el Tercio aborte.

Togores alude a este curioso frente opositor: «El agregado militar francés, coronel Tisseyre, planteó una queja ante las autoridades españolas. El Tratado de Versalles, que ponía fin a la Primera Guerra Mundial, obligaba al nuevo gobierno alemán a impedir que sus nacionales se alistaran en ejércitos de terceros países o de las naciones signatarias con la salvedad de la Legión extranjera francesa».

Pero Millán Astray y la fuerza de una necesidad clamorosa mientras pueblos y ciudades se anegan en lágrimas por la muerte de sus quintos que no cesa. A un civil, Luis de Marichalar, vizconde de Eza, corresponde el mérito de haber propinado el empujón final para que el Tercio diera sus primeros pasos efectivos. Asiste el 14 de mayo de 1920 a la conferencia «La Legión Extranjera en Argelia y el Tercio de Extranjeros español», que Millán Astray pronuncia en el Centro Cultural del Ejército y de la Armada de la entonces avenida del Conde de Peñalver y hoy Gran Vía madrileña.

Eza sale convencido de la briosa conferencia de Millán Astray. Consulta a Berenguer, que se pronuncia en favor del Tercio con Millán Astray a su cabeza. Arrumba todos los inconvenientes, y el 23 de agosto de 1920 eleva al Consejo de Ministros el que será Real Decreto de 23 de agosto de 1920, que arbitra las medidas iniciales, incluso económicas, para que la hoy Legión venza el papel inactivo al que estaba condenado desde enero de aquel año.

A partir de este momento los eslabones se engarzan con velocidad. El 3 de septiembre se confiere el mando de la fuerza legionaria a Millán Terreros. El tren de la actual Legión se embala y, para remachar el clavo, la Circular de 4 de septiembre de 1920 diseña su organización.

La Legión nació no precipitadamente y como fruto de una decisión momentánea. Nació en medio de un debate de muchas aristas. Así inició un camino en el que, como todo lo humano, coexisten episodios sombríos con otros luminosos, multiplicados éstos por su presencia en las numerosas operaciones de paz y seguridad en las que España participa y en las que acumula prestigio y respeto internacionales.

Un camino que hace pocos meses ha cumplido con sordina coronavírica el centenario. Un camino en el que, como ha escrito la ministra Margarita Robles, «ha sabido llegar a nuestros días a la vanguardia de las Fuerzas Armadas y como punta de lanza del Ejército de Tierra».

Luis María Cazorla Prieto es Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Humor


Juan López Fernández, ‘Jan’, 1973 [España, 1939-2020]

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El Roto
Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País, 110121

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El populismo trumpista y los demás

El trumpismo se pasó inexcusablemente pero queda lo bueno, que también lo hubo

Lo diré en dos palabras: Trump era un egocéntrico soberbio hasta decir basta pero realizó una autárquica política económica con espectaculares resultados. Le perdió la locura de tratar que los suyos asaltaran el Congreso en un intento de sedición muy semejante al podemita y al nacionalista catalán en España.

Desde el inicio de la legislatura, el linchamiento contra él fue bestial y constante, debido a los poderosos enemigos globalizadores y al capitalismo populista, que temía, con fundamento, que su proyecto plurinacional se hiciera trizas..

Lamentablemente, Trump se pasó delictivamentede frenada y aquellos harán todo lo posible por impedir su vuelta, Lo cual no quita que,detrás, quede su experiencia gubernativa, su modelo autárquico antibelicista -el unico Presidente sin guerras- y su patriotismo supremacista de todo Estado-Nación.

Ahora volvemos donde estábamos, gracias también a unos medios y redes sociales que no han dejado un solo día sin difamarle, con sus pretensiones aniquiladoras derivadas del poder económico y, de facto,con toda una suerte de búsqueda del Estado mundial basado en el dinero la tecnología, el consumismo y toda esa sarta de delirantes y populistas movimientos sublimadores de la verdad y a los que nada importó los factores de producción,  el bienestar ni los valores tradicionales de la ciudadanía.

Pero ya nada será igual y a su lucha le sobrarán sucesores que ahondarán en ese nuevo EEUU parttido en dos.

EQM

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  • Emigración venezolana durante la Revolución bolivariana

wikipedia

  • Situación en Venezuela

ACNUR, 2020

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Del collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 100121, en torno a la obra ‘San Mateo y el ángel‘[1664], de Rembrandt [P. Bajos, 1606-1669].

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Ilustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971], para el texto de Arcadi Espada.

Este es nuestro Congreso

(Capitulaciones previas) Una masa enfurecida retuiteó lo último de @realDonaldTrump, es decir, asaltó el Capitolio de los Estados Unidos de América. Todos iban ataviados con sus vistosos nicks. Una vez dentro se dedicaron a sus actividades corrientes: dar vivas, entonar himnos, corear insultos, patear lo que estorba, invocar la enfermedad y la muerte de sus enemigos y amenazarlos con propinárselas ellos mismos. Habitualmente son puros parásitos de los acontecimientos que organizan otros, en los periódicos o en la televisión, pero esta vez decidieron apoquinar y viajar hasta The Hill.

Su objetivo no era incendiar el Capitolio con sus habitantes ni siquiera saquearlo. Unos esputos, algún mazazo y un poco de mierda dispersa. Parece que alguno llevaba armas, pero en ciertos ambientes  americanos son las armas las que llevan al hombre. El plan de la masa era tuitear, instagramear y hacer tik tok y componer, así, una edición del calamitoso dazibao que cuelgan en los muros a diario.

Su plan quedó perfectamente exhibido en el tuit más replicado, que fue el de la muerte de Ashli Babbitt. Cuando cayó sangrando por el cuello hubo un momento de estupor entre la masa. Y es que había allí muy mala luz incluso para un tik tok. De ahí que en las imágenes se vea cómo uno de los nicks estampa la linterna de su móvil contra el rostro que agoniza de @Ashli_Babi, a punto de que el guion bajo y la arroba queden de sudario y de ser ya solo Ashli Babbitt muerta.

El presidente electo, Joe Biden, dijo que todo aquello rozaba la sedición. Ni de lejos. Una sedición necesita un proyecto, una alternativa, un orden que sustituya a otro. Las redes sociales son otra cosa: tú le tiras un plátano al mono, el mono se lo come, a veces sin pelarlo y dictamina. Pero pon al mono a hacer plátanos y espera atento. Ian Bremmer escribe que el modelo de negocio de las empresas de redes sociales es incompatible con una sociedad civil sana. Sin duda.

Twitter gana dinero no por las opiniones —esta misma— que Bremmer expresa allí. Lo gana con la gestión del odio, la vanidad y las mentiras. Pasiones humanas naturalísimas. Tiene poco sentido hablar de una sociedad civil sana. Es el tipo de objetivo que se marcan gigantes subidos a hombros de enanos. Lo que puede decirse con sentido sobre el sentido de la vida es que el hombre ha venido a reparar desperfectos locales. La tragedia del Capitolio plantea varios interesantes.

El papel de las empresas, al que se refiere Bremmer, por ejemplo. Su negocio no es el de organizar una sociedad sana. O sí, según se mire. Entendiendo que según se mire podrían también decirlo los dueños de prostíbulos y los fabricantes de máquinas tragaperras. Bastaría, como mayor sanidad alcanzable, que el impacto deslumbrante de la tecnología no ocultara al público a qué se dedican aquellas empresas.

Repito: odio, vanidad y mentiras. Buena gente Zuckerberg, quién podría dudarlo de un admirador de Pinker; pero su dinero lo gana con eso. Y por eso se resiste a introducir demasiado abruptamente el bien en su negocio. No me toquen el algoritmo. Aunque a veces tenga que tomar alguna decisión hipócrita y fantasiosa como la de su colega Jack Dorsey, que acaba de hacerle impeachment al presidente de los Estados Unidos, sin que lo vote el Senado. Dorsey tiene escrito:

«Nuestras reglas de interés público existen para permitir que la gente escuche directamente a los cargos electos y líderes mundiales.»

Esta es una cuestión seria. ¿Qué hace ahí la gente importante? El asalto al Capitolio solo es una extensión algo hiperbólica de las confianzas que la masa se toma, dada la sensación de engañosa cercanía con las personas importantes que las redes le ofrecen. Sin políticos que no fueran vulnerables al calor alcohólico de la masa y que no utilizaran las redes para hablar directamente con lo que llaman pueblo, evitando la lija del intermediario, del replicante, del aduanero, del periodista, dígase, T

witter tendría la actividad y el modelo de negocio de cualquier tugurio por el que nunca pasó más autoridad que la ocurrencia o, como máximo, la del ¡ole! en todo lo alto o por toda la escuadra. Y con periodistas dotados de un antiguo amor propio (el vanidoso petimetre cree también amor lo suyo igual que el mújol tiene sueños de esturión), que se negaran a llevar a sus periódicos los desechos de tienta de la conversación pública, inflándolos, otorgándoles nobleza de sangre y ampliando el ruido de la declaración, que ha sido siempre la principal enfermedad del periodismo,

Twitter sería para el periodismo lo que siempre fue una barra de bar en la jungla de asfalto: el lugar donde el incesante desfile de personas espantosas deja pistas a seguir para polis, huelebraguetas y gacetilleros. Pero el periodismo, en su ceguera y en su ruina, ha llevado a Twitter, sin filtro, al centro de la conversación, siguiendo el mismo proceso que una Nahema Marchal, investigadora en el Oxford Internet Institute, describía ayer en El País: «

En los últimos cuatro años conspiraciones relacionadas con QAnon [fantasmada de moda, entre Anonymous y los Sabios de Sion] han ido filtrándose desde los extremos hacia el centro, en parte porque eran aceptadas por tipos normales en Instagram y Facebook».

Exactamente lo que han hecho los tipos normales del periodismo, no solo llevando la masa enfurecida a los periódicos, sino guiándose por ella y sirviéndola.

El problema no son los locos o los ignaros. De una y otra especie los hay en la menor medida que ha conocido la Humanidad. El problema es la atención que les prestan los alfabetizados y los cuerdos. Evidentemente Zuckerberg no es el único que saca beneficios. El voto de la chusma vale igual que el de la élite.

Bueno, más, porque hay más chusma. En cuanto a los periodistas siempre hubo especializados en dar gusto a la chusma; pero ahora lo que exigen al chaval es que sea un periodista multimedia.

Y luego está la miel amarga de tus besos: ni políticos ni periodistas descubren que un tuitero es idiota hasta que deyecta un tuit crítico contra ellos. La conclusión es obvia: la presencia de la gente fina en la conversación logra convencer a los locos de su cordura y a los tontos de su agudeza. Desde ahí ya se accede fácil al Capitolio.

El asalto ha provocado un gran lloriqueo por lo que podría llamarse la dimensión sagrada del asunto. The Hill profanado por la turba y uno haciendo manspreading en el sillón de Nancy Pelosi, mientras le pide a un compinche que le saque una foto, orgulloso de hacer ahí lo que hace cada día en su casa, que es cagarse en lo más barrido. Estos lloriqueos me sacan de quicio. Llevan años desacralizando.

Diputados con la suciedad olfateable por streaming se sientan en sus escaños del Congreso y ni siquiera hace falta que sea en sesiones solemnes donde exteriorizar la roña fuese un mensaje revolucionario.

Semiafásicas suben a la solemne tribuna a balbucear hilachas de un tuit llamado Programa Político. Una, que no es perra precisamente de siete leches, se lleva a su bebé a una sesión constituyente y le da la teta en sagrado. Se habla de que ese jumento americano con pieles y cuernos ha escarnecido la democracia. Bien. Pero la milenaria ciudad de Barcelona la gobierna una sujeta de toda ignorancia que invade los mítines de sus adversarios envuelta en una capa de superhéroe y dando saltos epilépticos.

Por último, pero sobre todo, no me habléis de la Verdad, y menos que nadie vosotros, Pelosi y McGovern, que acabáis de registrar un documento proponiendo a la Cámara de Representantes que el sexo biológico no exista. La amenaza a la democracia va de dentro a fuera. El populismo no ha nacido en la calle.

¡Ni siquiera el populismo ha aportado el pueblo al mundo! La chusma desalmada fue al Capitolio solo porque tenía la ilusión de ver la ciudad brillante sobre la colina donde había sido con pecado concebida.

(Balance) Como cada año, desde que existen registros, el que acabó ha sido el mejor año de nuestras vidas.

(Ganado el 9 de enero, a las 12.15. 57 lpm, 35,0º)

El congreso, de los pájaros

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 291120

Hoy plagiamos San Mateo y el ángel, de Rembrandt. Plagiar a Rembrandt, a Rembrandt Harmenszoon van Rijn, a quién se le ocurre, cuando en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Rembrandt.

En nuestra versión el ángel es un pajarito azul, o pajarraco, similar al pájaro hecho de pájaros de la leyenda (por mucho que aumenten la imagen no lo van a apreciar, pero el maestro Giovannini se ha preocupado de dibujar una por una, en el interior de cada píxel, los centenares de miles de aves de diferentes especies que componen el Simourgh). Ahora bien, este es un Simourgh gilipollas. Encontraremos en él algunos inteligentísimos córvidos, cierto, pero en su mayoría lo forman pájaros bobos, buitres carroñeros, algún picozapato bocachancla; y predomina el híbrido pavo real-avestruz, animal que exhibe desafiante su enorme cola multicolor al tiempo que hunde la cabeza en el el suelo, avergonzado.

(Tuiterización previa) Este volátil estúpido es el que hoy rige los destinos del Mundo y de la Historia Universal. Helo ahí, graznando al oído del diarista, tratando de ganárselo con su canto de sirena ronca como hace con el resto de periodistas y con los políticos.

El problema no es el pajarraco sino quienes lo escuchan. Lo más fácil es culpar a la chusma -que es culpable. Lo segundo más fácil es culpar a los populistas vistosos -que son culpables. Pero culpable principalísima es la élite. Para que el mal triunfe basta con que los buenos hagan caso a Twitter.

(Ô balancê) Uma pandemia e sua vacina no mesmo ano? Eu quero dançar com você!

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No le echemos la culpa a la polarización

Sandra Caula en The New York Times, 100121

No me gusta la palabra polarización. Me molestó cuando se empezó a usar para describir la circunstancia de Venezuela, mi país de origen. Me parecía ocultar la destructividad de un gobierno que atropellaba de mil maneras a una población desarmada y le negaba mecanismos políticos e institucionales para defenderse.

¿Cómo no “polarizarnos” contra ello? En la Alemania de Hitler, ¿debía condenarse la polarización? Lo que vimos el miércoles en Estados Unidos, ¿no hubiera pasado evitándola?

Polarizarse, pienso, puede ser la forma más natural de cerrar filas ante un poder cuyas propuestas o acciones políticas son inaceptables.

Pero en España, un país con una vida política más orgánica, he tenido que aceptar que la polarización es un fenómeno político que afecta el funcionamiento democrático. Su manifestación más peligrosa puede ser esa turba que instigada por Donald Trump dejó al mundo estupefacto al irrumpir en el Congreso de Estados Unidos.

Polarización, en el primer caso, alude a la división de la opinión pública en dos posiciones opuestas, pero eso en sí mismo no es negativo. En el segundo, a que las voces mesuradas en la política pierdan poder e influencia, y quedemos a merced de partidos o figuras que azuzan conflictos, exageran o mienten y obstruyen mecanismos y acuerdos necesarios para gobernar.

Pero hay dos fenómenos en auge hoy tras las críticas a la polarización que requieren atención específica. Solo lamentar que una sociedad esté dividida puede llevar a desconocerlos. El subjetivismo es el primero y el fanatismo es el segundo.

En un artículo sobre las elecciones en Estados Unidos, Siri Hustvedt, decía: “Ha habido innumerables noticias y lamentos sobre la división y la polarización en Estados Unidos, como si ‘los dos bandos’ estuvieran igual de engañados, como si fuera posible encontrar ‘una perspectiva equilibrada’ entre los que sostienen que la Tierra es plana y los que dicen que es redonda”.

El equilibrio supondría aceptar que tenemos derecho a tomar como cierto un absurdo. Eso que ahora llamamos posverdad. Ese es un ejemplo de subjetivismo, la postura para la cual la verdad solo depende de la voluntad del sujeto o del grupo al que pertenece.

En esta época signada por enormes desplazamientos de personas, con culturas, creencias y costumbres muy distintas, que cambia a una velocidad difícil de asimilar y con una marcada desigualdad (también en el acceso a la educación), es seguro que se agudizaran choques muy similares. Y lo deseable sería evitarlos, pero no a cualquier costo.

En España, por ejemplo, hay quien piensa que el remedio para la polarización es desestimar viejos dolores. Se han abierto las heridas de la Guerra Civil, se dice, pero muchas de esas heridas nunca cerraron.

La democracia dejó intacta parte de la vieja estructura de poder, muchos crímenes quedaron sin castigo, muchos criminales libres y se mantuvieron privilegios originados en la dictadura. Sin memoria ni reparación, sin dar más oportunidades a los desdeñados, va a ser difícil que la polarización se supere.

Amos Oz, escritor y activista que analizó el fenómeno del sectarismo y el fanatismo en el contexto de la guerra entre Israel y Palestina, pidió realismo en una de sus últimas entrevistas: “Cuando un maldito y cruel conflicto dura más de cien años hay heridas en ambos bandos. Oscuras imágenes del otro. Hay gente sentimental en Europa que cree que todo puede arreglarse… que en el fondo todo es un malentendido”.

No siempre las sociedades están divididas por equívocos que pueden aclararse. No deberíamos olvidar que la tragedia, que hace imposibles relaciones y convivencias, es una posibilidad humana. Pasa, ha pasado a cada momento. Tolerarnos es lo deseable, pero no siempre es posible. Quizás antes se permitían formas más drásticas de desaparecer diferencias y conflictos que hoy son inaceptables.

Y eso lleva a pensar en si lo negativo son las ideas extremas en sí mismas. Muchas demandas antes inaceptables permitieron ampliar el campo de las consideraciones éticas y los derechos políticos, y nos empujaron a aliviar sufrimientos invisibles. Algunos viejos radicalismos lograron una justicia a la que hoy es imposible renunciar.

Es el caso de la abolición de la esclavitud, de los derechos de las minorías, de muchas reivindicaciones laborales, de las normativas que van limitando la explotación animal. Condenar la violencia para defender o imponer ideas no es lo mismo que condenar las ideas mismas.

Lo más peligroso del siglo XXI es el fanatismo, dijo Amos Oz en esa entrevista. Y en un artículo reciente del Times, Thomas B. Edsall se refiere al sectarismo político que crece en Estados Unidos como un problema que trasciende la polarización.

Un fanático es alguien que cree tener un saber muy simple que explica todo y que le da derecho a imponer su verdad a los demás, o al menos a apartar a los “equivocados” de su entorno. Es quien no puede contener sus sentimientos negativos cuando se topa con realidades que le chocan. Es quien piensa que el fin —su fin— justifica los medios, y la justicia —su justicia— es mas importante que el derecho de los demás.

El fanatismo es la actitud con la que muchos compensan hoy la pérdida de un piso firme, se resisten a los cambios, obvian el derecho de los otros, incluso a equivocarse.

Por eso, más que evitar la polarización y optar por una moderación inútil, hoy nos toca a los ciudadanos cuidarnos del subjetivismo, del sectarismo y del fanatismo, que nos tientan cada día.

Lo sucedido el 6 de enero en Estados Unidos muestra que prevenir estos fenómenos es una tarea ineludible para el propio sistema de instituciones democráticas y que es la mayor responsabilidad de la sociedad hoy.

El antídoto individual es un legado moderno: ser curiosos hasta con lo que nos desagrada e intentar ponernos en los zapatos del otro. Tratar de comprender por qué piensa lo que piensa y quiere lo que quiere.

Hacerlo con imaginación empática y con humor. En especial con humor, para no tomarnos tan en serio nuestras certezas y recordar qué precario es siempre lo humano. Creo que esas son las facultades que más necesita la democracia hoy.

Con ellas yo elijo qué y a quién respaldo, y lo más importante: hasta dónde lo hago. Y también decido cuándo me distancio de los que antes me parecieron “los míos”.

Sandra Caula es filósofa y editora.

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Foto: Foto: EFE

¿Descentralización o caos?

  • El Gobierno central ha decidido no intervenir –salvo las ruedas de prensa–, al contrario de lo que hizo en marzo de 2020 cuando asumió el mando único en la gestión de la pandemia

Vicente Vallés ebn El Confidencial, 100121

La pandemia y, ahora, el proceso de vacunación nos han demostrado que en España hay muchos dirigentes políticos que demuestran más pericia en buscar excusas que en encontrar soluciones, en organizar campañas propagandísticas que en gestionar los asuntos públicos.

El pasado 22 de noviembre, el presidente Pedro Sánchez nos dijo que “el sistema nacional de salud está preparado. Su capacidad para vacunar en un corto espacio de tiempo es sobresaliente”. Esta fue la primera de una docena de presentaciones trompeteras del Gobierno para explicar –ni un solo día sin un titular– el plan de vacunación. La realidad es que la compra de las vacunas la ha gestionado Bruselas y la administración de las vacunas se ha dejado en manos de las comunidades autónomas.

El Gobierno central ha decidido no intervenir –salvo las ruedas de prensa–, al contrario de lo que hizo en marzo de 2020, cuando decidió asumir el mando único en la gestión de la pandemia. Está en manos de Moncloa establecer cuánta responsabilidad quiere asumir y durante cuánto tiempo. Si asume el mando único es una decisión política. Si no asume ningún mando, también es una decisión política.

En paralelo, los presidentes autonómicos han puesto en marcha sus propios procesos propagandísticos –unos más que otros– para promocionarse. Pero al terminar la primera semana de vacunación, ninguna comunidad había administrado todas las dosis recibidas. Ninguna. La más eficiente había sido Asturias, con un 80%.

Las más perezosas, Cantabria y Madrid, cuyos responsables políticos llenaron sus bocas de pretextos y coartadas: que si la difícil movilidad de las personas mayores, que si los turnos de fin de semana, que si las fiestas… Hacía semanas que estaba prevista la llegada de las primeras dosis para finales de diciembre, ¿nadie reparó en que todos los años llega la Navidad en las mismas fechas? En la guerra también hay que defenderse de los bombardeos durante los fines de semana y los festivos. Y esta es nuestra guerra.

En la guerra también hay que defenderse de los bombardeos durante los fines de semana y los festivos. Y esta es nuestra guerra

Sobre la calamitosa gestión de nuestra calamitosa situación sanitaria hay tres ejemplos que no deberían ser tolerables en un país moderno. Primero: la Comunidad de Madrid, gobernada por PP y Ciudadanos, se queja de que el Gobierno central le da pocas dosis, cuando en Madrid terminaron la primera semana de vacunación habiendo administrado solo el 3% de las que tenían y en la segunda semana apenas han acelerado el ritmo. Quizá se hubiera podido hacer aún peor, pero no es fácil.

Segundo: el día de Reyes –con casi todas las comunidades anunciando nuevas restricciones, cerrando el comercio y la hostelería, y hasta pidiendo un confinamiento total– en Extremadura, Aragón, La Rioja, Baleares, Canarias y Galicia no se vacunó a nadie porque era festivo. Cinco comunidades gobernadas por el PSOE y una por el PP. Tercero: Salvador Illa es a la vez ministro de Sanidad y candidato en las elecciones catalanas. Cabría la posibilidad de que Illa pudiera hacer bien esas dos labores a un tiempo, o incluso muchas más si se esfuerza un poco. Pero ni siquiera se despeina cuando se le dice que acaso no sea lo más conveniente. Y Pedro Sánchez, tampoco.

La mala noticia es que el proceso de vacunación no podía empezar peor. Tenemos un modelo de Estado descentralizado. Y es un sistema adecuado, salvo que lo convirtamos en un caos. La buena noticia es que tenemos un enorme margen de mejora si, en lugar de que cada cual ocupe el día en observar detenidamente su propio ombligo y esté más preocupado de la propaganda que de gestionar los problemas, se ponen a funcionar todos los recursos disponibles.

No solo al personal sanitario que ya está en marcha, sino a la sanidad militar, a la sanidad privada, a sanitarios jubilados, a servicios médicos de empresas, a estudiantes de enfermería y medicina en cursos avanzados, a matronas, veterinarios o farmacéuticos. Puede haber colectivos sanitarios que necesiten alguna mínima formación específica. Pero, aunque esta vacuna sea un poco más complicada de aplicar que la de la gripe u otras, no deja de ser una vacuna: poner una inyección en un brazo. No es una operación a corazón abierto.

En 2010, el Gobierno socialista de Zapatero militarizó a los controladores aéreos que se pusieron en huelga. Lo hizo decretando el estado de alarma. Restableció el orden y el tráfico aéreo. Hizo lo que había que hacer. Y no estaba muriendo nadie, ni se llenaban los hospitales. Hoy, sí.

Volvemos a asistir al interesante pero no resuelto debate sobre cómo funciona la colaboración entre las administraciones central, autonómica y local

Este fin de semana asistimos a una nevada fuera de lo común. Por tanto, muy difícil de gestionar. Pero no ha llegado por sorpresa. Hacía una semana que los meteorólogos nos advertían de lo que iba a pasar. Sin embargo, los medios que se han utilizado no han sido suficientes, y volvemos a asistir al interesante pero no resuelto debate sobre cómo funciona la colaboración entre las administraciones central, autonómica y local.

En España sufrimos un mal que han definido bien las democracias anglosajonas, que tienen más experiencia que las demás: el mal de ocupar más esfuerzos en la ‘politics’ que en la ‘policy’. Son dos palabras muy parecidas, pero no significan lo mismo. Se entiende por ‘politics’ el trabajo dedicado a alcanzar el poder y mantenerse en él.

Mientras que ‘policy’ es la labor de gestionar y resolver los problemas de los ciudadanos. Es una lástima que dispongamos de verdaderos virtuosos en el arte de la propaganda política y del golpe de efecto. Y, sin embargo, sea tan difícil encontrar gestores eficientes.

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Washington, el día después de la tormenta

Domésticos

  • La democracia formal no cuenta con recintos sagrados, sino con espacios cívicos que los despotismos tratan de cancelar

Jon Juaristi en ABC, 100121

Durante la espectacular Jornada de Puertas Abiertas que se vivió en el Capitolio, el día de Reyes por la tarde, me asaltó (y nunca mejor dicho) el temor de que los miles de paletos sin mascarilla que, con el pretexto de saquear el mobiliario, se tomaban selfies en los pasillos tocados con las gorras arrebatadas a los guardias, descubrieran el edificio aledaño que aloja la innumerable Biblioteca del Congreso, repleta de objetos para todos ellos tan insólitos, cuyo manejo o manipulación imprudente podría derivar en su destrucción por el fuego y la devolución de la Humanidad en su conjunto a la Edad de Piedra de la que parecían haber emergido tanto el Lobo de Yellowstone como el resto de la peña.

Desengañémonos. Pese a las paridas acerca del «templo sagrado de la soberanía popular» que tuvimos que oír a antiguos y modernos corresponsales de medios españoles en Washington, lo único realmente sagrado en la capital federal es la Biblioteca del Congreso (que ni mencionaron). El Capitolio no tiene nada de sagrado, porque la democracia formal desacraliza todo lo que toca.

Si a algo se parecen las cámaras legislativas de los países democráticos no es al arquetipo del Templo, sino al del Teatro, un Teatro donde los Representantes del Pueblo representan ásperas deliberaciones que deberían terminar en catarsis cómicas más o menos conciliatorias, aunque casi nunca se logren a la perfección.

Lo que busca la democracia deliberativa no es que los enemigos políticos monten clubes del Cocodrilo, sino que no llegue la sangre al río, precisamente lo contrario de lo que pasó el miércoles en el Capitolio de Washington, cuando Trump mandó su claque a reventar la sesión final de la temporada.

La democracia formal no tiene templos sagrados, sino escenarios seculares. El principal de ellos es la calle, o sea, la plaza, el ágora, que ha desaparecido a causa del terror sanitario. En su origen, parlamento y ágora coincidían: eran el espacio de la parresía, de la deliberación cívica, que los atenienses no cerraban ni por la peste. C

omo bien sabían los griegos, las democracias morían a manos de los demagogos deseosos de convertirse en déspotas, cuando estos lanzaban las turbas a la ocupación violenta de los espacios públicos. Como Trump, vaya.

O, como cuando, en la reciente historia de nuestra agonizante democracia, Alfredo Pérez Rubalcaba, de manera semejante a Trump, azuzó a las bases (y a más de unos cuantos dirigentes) de su partido contra las sedes del PP, el 13 de marzo de 2004, inaugurando así la degeneración demagógica de la izquierda española, que ha proseguido hasta hoy, a través de ciertos hitos (2016, 2017, 2019) muy justamente recordados estos días por los partidos de la oposición (devenidos cómplices de Trump, según el mayoral por antonomasia onomástica del rebaño iraní o manada bolivariana de los terroristas domésticos españoles hoy en el poder).

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Un integrante de la UME desplazado a Madrid este sábado para hacer frente al temporal de nieve.

La gran nevada del empleo público

Jesús Cacho en Vozpópuli, 100121

Hay datos capaces de desenmascarar millones de discursos con la abrumadora realidad de lo que representan. Alejandra Olcese, responsable de la información macroeconómica en Vozpópuli, contaba este miércoles, 6 de enero, que el empleo público –funcionarios y personal laboral- creció en nuestro país un 6,2% durante 2020, hasta un total de 159.680 personas, ello según los datos de afiliación a la Seguridad Social divulgados el martes.

Una cifra que contrasta de forma brutal con los 519.785 puestos de trabajo que perdió el sector privado en el cómputo del año, sin contar a las 755.000 personas que están en ERTE, de lo que cabe concluir que el año de la pandemia fue pésimo para el empleo privado (en espera de conocer la verdadera dimensión de la catástrofe), pero muy bueno para el público. La gran nevada del empleo público.

La mencionada cifra de nuevos afiliados a la Seguridad Social en las Administraciones Públicas en 2020, escribía Olcese, “deja el número total de empleados públicos dados de alta en 2.727.047 trabajadores. Si a estos le sumamos los 984.867 mutualistas de la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (MUFACE), los 360.050 titulares de Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS) y los 58.253 de la Mutualidad General Judicial (MUGEJU), el número total de empleados públicos alcanza los 4 millones en España”.

Con la Comisión Europea (CE) y el propio BCE como grandes abanderados, las políticas fiscales expansivas se han convertido en un catecismo de casi obligado cumplimiento a la hora de combatir los efectos de la covid-19 en las economías de la eurozona, con la vista puesta en salvar el mayor número de empresas de la quiebra conteniendo en lo posible el crecimiento del paro. Ello junto a otras ayudas directas a familias en dificultades, en lo que podríamos calificar de auténtica “socialización” de la deuda.

Porque la contrapartida de estas políticas de gasto forzadas por las circunstancias es el crecimiento desmesurado de la deuda pública con todo lo que ello implica. Por eso, como ha advertido con reiteración el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, las susodichas políticas deben tener un horizonte temporal muy estricto, de forma que en cuanto el crecimiento vuelva a hacerse presente el Gobierno de turno estará en la obligación de poner en marcha un programa de consolidación fiscal que apunte a medio plazo al control del déficit y de la propia deuda.

Utilizar esas políticas de gasto público destinadas a preservar el empleo para contratar más empleados públicos es hacer un pan como unas tortas. Es enviar un pésimo mensaje a los agentes económicos, a los mercados de capitales y, en general, a la propia sociedad. Contratar más funcionarios no evita la suspensión de pagos de ninguna empresa ni protege el futuro de ningún pequeño negocio familiar. Cumple el vademécum, sí, de todos los populismos de izquierda que en el mundo han sido, empeñados en perfilar modelos de sociedad estatistas y apesebradas reñidos con la iniciativa privada.

El aumento citado podría tener una justificación si se tratara de la contratación de más personal sanitario, un déficit que la covid ha puesto de relieve para descrédito del “mejor sistema sanitario del mundo”, pero, dando por sentado que en parte haya sido así, resulta imposible saber cuántos de esas más de 159.000 nuevas incorporaciones son médicos, enfermeros y demás personal sanitario, porque cada Comunidad tiene sus datos e intentar un cómputo global es misión casi imposible.

Muy difícil también saber cuántos de los nuevos son funcionarios “por oposición” o pertenecen al llamado personal “eventual y laboral”, aunque presumiblemente se ubiquen en la segunda categoría en su gran  mayoría. El número de empleados públicos se ha duplicado en España en los últimos 20 años. La crisis de 2008 impuso dos años de recorte del empleo público, algo que fue apenas un paréntesis puesto que a partir de 2012 se produjo un rápido repunte hasta cifras similares a las de 2008.

Y no se trata de un problema de exceso de tamaño. Un informe del Instituto de Estudios Económicos efectuado en 2018 aseguraba que “el número de empleados públicos se sitúa en un lugar intermedio entre los países desarrollados, y por debajo de la media de la OCDE”. Lo preocupante del caso español es la tendencia fuertemente expansiva que se viene registrando en los últimos años, particularmente evidente en el caso de unas Comunidades Autónomas convertidas en la única gran “empresa” capaz de crear empleo, público por supuesto, en su respectivo territorio.

Corrupción de baja intensidad

La exaltación del amiguismo y del enchufe, básicamente familiar. Una corrupción de baja intensidad que, sin embargo, consume importantes recursos públicos que podrían utilizarse de forma más ventajosa para la colectividad. Y, de hecho, la mayor parte de las contrataciones que han tenido lugar en este 2020 se han producido en la administración autonómica, que ha incorporado a 141.512 personas, con aumento del 9,34%, mientras la administración central ha sumado 8.196 nuevos empleados (2,34%), y la administración local otros 9.970 (1,42%).

Una realidad que pone de nuevo en evidencia la necesidad de un reseteo profundo de nuestro Estado autonómico, con delimitación clara de competencias exclusivas del Estado central, en aras de la eficiencia y la mejor utilización de recursos siempre escasos. Una reforma, dicho sea de paso, que ahora mismo suena totalmente ilusoria, pero que la realidad de las cuentas públicas, básicamente la deuda, terminará por imponer de una u otra forma.

Ocurre que el empleo público, imprescindible por otro lado para el funcionamiento de las administraciones, se sufraga con impuestos y/o con deuda, y esa carrera disparada de nuevas incorporaciones (una realidad que corroboran los Presupuestos Generales del Estado para el año en curso, con su generosa Oferta Pública de Empleo) supone una amenaza cierta para el bolsillo del contribuyente y para la estabilidad de una deuda pública sometida a todas las tensiones por culpa de la pandemia.

Caminamos hacia un modelo de sociedad subsidiada muy del gusto de gobiernos dispuestos a asegurarse el voto cautivo de una parte importante de la población (los citados Presupuestos para 2021 contemplan un aumento de la inversión del 10,3% hasta un total de 239.765 millones, récord absoluto, cifra equivalente al 21,7% del PIB), que suben las pensiones que saben que no pueden subir en la actual coyuntura y que suben también el sueldo de los funcionarios aun con menor motivo, pero que a última hora frenan la subida del SMI para caer en una más de las contradicciones propias de un Ejecutivo técnicamente pobre e ideológicamente reñido con el verdadero progreso.

Como ya han apuntado no pocas voces, sería necesaria la realización de una auditoría integral del personal de las Administraciones públicas, a realizar por autoridad independiente, con evaluación de puestos y funciones para ajustar la retribución a la productividad (tan difícil de medir, sí) de cada uno. ¿Realmente necesitan las Comunidades Autónomas esas casi 160.000 nuevas incorporaciones efectuadas en año tan dramático como el pasado? ¿Con qué criterios de selección?

¿Qué necesidades cubren? Auditar para rediseñar un sector público más eficiente y productivo, como haría cualquier empresa privada. Y para acabar con no pocas incongruencias y rigideces. El bajo índice de cualificación relativa de los puestos de trabajo del sector público, por ejemplo. Los puestos para los que no se exige titulación superior en la AGE rondan el 70%, lo que no es obstáculo para que España tenga uno de los porcentajes más elevados de empleados públicos con titulación universitaria, un caso evidente de desperdicio de talento.

O que la retribución del segmento de personal menos cualificado sea comparativamente superior a las categorías de alta cualificación o los puestos de carácter directivo, desequilibrio que se acentuó con los recortes llevados a cabo durante la crisis. Urge, en fin, dotar a las Administraciones de una ley de directivos públicos que garantice la profesionalidad e idoneidad de los cargos de alta dirección y que evite la ocupación, y consiguiente politización, por los partidos políticos, alejando la provisión de estos cargos del ciclo electoral.

Por desgracia, nada se hará hasta que estemos con el agua al cuello. Mientras tanto, seguiremos creando empleo público al gusto de este Gobierno inane.

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Menudo cambio climático !!!

Nevada española de 1954

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Humor


Ramon Tosas i Fuentes ‘Ivá’, 1970 [España, 1941-1993]

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