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r arias em 170616Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 170616.

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¿Alguna vez vinieron?

El pasado mes de febrero Cameron consiguió de Bruselas que si lograba evitar el Brexit, los británicos gozarían de dos privilegios mas de los que ya tienen: no será vinculante para ellos el establecimiento de ‘una unión más estrecha entre los pueblos de Europa” -artículo 1 del Tratado fundacional– y podrán discriminar a los trabajadores inmigrantes según su nacionalidad.

El Brexit tiene muchas posibilidades de vencer, sencillamente porque los británicos no están por la labor de seguir en una burocrática UE aunque ésta no persiga un modelo de Estado ni siquiera confederal pero sí se dedique a sustraer a los Estados Miembros una soberanía que inutiliza a cambio de préstamos baratos para el consumo de sus decadentes naciones y debilite las fronteras nacionales.

Recordemos que ya en Maastricht [1992] el Reino Unido ya consiguió suprimir del Preámbulo del Tratado la referencia a ‘una unión de vocación federal’ y que ellos siguen con su libra. O sea, que esto no es nuevo y ellos se sienten merecedores de un trato especial porque también consideran excepcionales sus singularidades. Los británicos nunca han apostado por una Europa Política que ponga en riesgo sus insulares líneas defensivas frente a cuestiones tales como la libre circulación de personas, sus derechos sociales o cualquier perjuicio para su propia moneda.

Lo terrible de la UE es que, intencionadamente y también como consecuencia de la aceptación de tales condiciones, no ha creado patria, sentimiento patrio, porque nunca ha tenido la menor intención de fundar, de verdad, un Estado común sino de progresar en torno a los intereses económicos de las grandes corporaciones y, como mucho, de evitar guerras intraeuropeas. Se da, pues la contradicción de que los Estados-Nación están regalando soberanía, poder patrio, a una apátrida Bruselas.

Y en tal sentido, qué duda cabe de que la inseguridad derivada de la pérdida de afecto colectivo, sentido común, prolifera allí donde los sentimientos de tribu, las emociones patrias, los principios compartidos, son sustituídas por la puta pela; carencia que ha dado lugar a unos gobiernos nacionales cada vez más burocráticos y dedicados a contentar a las multinacionales, que es lo mismo que lleva haciendo Bruselas desde que en 1951 se creo la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, primer peldaño de la actual UE.

En mi opinión, pues, el actual sentimiento británico de acorralamiento engendra un cambio de actitud colectiva -en lo individual, a veces una locura- que no debería sorprendernos. También mucha gente del resto de la UE comienza ha sentirse amenazada, sobre todo por unos dirigentes que, habiendo perdido hace tiempo el norte, les muestran el precipicio como meta.

La actual deriva europea en el terreno de los principios comunes, el terrorismo como amenaza creciente y las avalanchas humanas, junto al canal, de inmigrantes económicos disfrazados de refugiados políticos y amparados por la Europa pobre-progresista, no han hecho sino acrecentar su lejanía, también emocional. La fuerte reaparición del populismo de uno u otro signo es el gran síntoma.

Y su salida será contagiosa si los que [nos] quedamos no nos decidimos a abordar de una vez por todas la creación de un Estado confederal o federal basado en el sustrato filosófico y moral común que aún nos une en torno a Grecia, Roma, el Cristianismo, el Renacimiento, la Escolástica, la Ilustración y demás factores cohesionantes.

De modo que hagámonos a la idea de que, tanto si se van como si se acaban quedando, con los británicos acabaremos manteniendo acuerdos confederales siempre que reorientemos la Unión Europea hacia un Estado político y, desde luego, emotivo.

Así que no hay mal que por bien no venga. El contínuo chantaje británico y su actual tour de force en torno a la salida nos obliga, de una vez, a replantearnos qué modelo político de Unión Europea queremos y, en consecuencia, a optar por una suerte de confederación que respete, en cierta medida, la soberanía de unos Estados Miembros formados por unas sociedades que -está quedando muy claro- no quierenperdr su condición de Estado-Nación.

Y no lo olviden: será una buena noticia que el Reino Unido no se vaya pero la verdad es que nunca estuvieron con nosotros sino que, como digo, gozaron de un trato de privilegio. El futuro pasa, sin duda, por lograr un Estado europeo donde todos los ciudadanos de todos los Estados miembros tengan los mismos derechos y obligaciones.

Como pretendemos los constitucionalistas españoles con Cataluña.

EQM

pd. Resulta oportuno, por cierto, refrescar la memoria en torno a este tipo de referéndums. Si se acaban yendo ya nunca será lo mismo para la UE pero si no lo consiguen, volverán a intentarlo siempre que puedan, es decir, demasiado a menudo. Es lo que tiene la discriminación positiva del independentismo [vease Cataluña].

Algo que no ocurre cuando se trata de refrendos unionistas. Si alguien mantiene alguna duda respecto a la situación actual de la UE, que se pregunte por qué cada vez que se ha planteado un reférendum sobre el proyecto político europeo, la ciudadanía recula. Cuando tu patria de origen no es sustituída por una nueva emoción colectiva, lo lógico es volver donde solías.

Cuando tu salida de la casa de los padres acaba en fiasco matrimonial, lo lógico es volver a la casa del padre.

eulogia merle ep 170616Ilustración de Eulogia Merle [Argentina, 1979] en El País, 170616.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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