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EQM_250616.

Separación, que no divorcio

  • Se ha puesto de moda la democracia directa, la de Sí o No, para asuntos complejos, llenos de pros y contras, con mil aristas, que mejor sería dejar en manos de una suerte de Senado Romano. Democracia parlamentaria, se llama. Aquí ocurre cuando los españoles delegamos en los parlamentarios nada menos que la elección de Presidente del Gobierno de España, el que toma decisiones.
  • David Cameron pasará a la Historia como el inglés que ha contribuído decisivamente a cargarse el Reino Unido: con el refrendo, esos refrendos populares que nadie le ha obligado a convocar, ha dividido en dos mitades, por el momento, a su soberana sociedad en su conjunto y, en particular, a ingleses, galeses, escoceses e irlandeses.
  • Inglaterra y Gales jamás han estado junto al proyecto político europeo y ahora tenían más motivos que nunca para mandarlo a paseo: la carísima burocracia de Bruselas y su nefasta administración de la soberanía recibida de los Estados Miembros -sobre todo en materia de inmigración– han colmado el vaso de la paciencia incluso a aquellos que ya gozan de un tratamiento privilegiado en materias como la monetaria -la libra esterlina y escocesa, ese símbolo identitario- o la libre circulación de personas.
  • Escocia e Irlanda del Norte pueden haber encontrado el pretexto oportuno para desvincularse del Reino Unido reingresando unilateralmente en la Unión Europea [UE]. Los escoceses, aprovechando la dinámica de refrendos propiciada por Cameron -que tienen la formidable ventaja de acabar siendo periódicos hasta conseguir lo deseado- y los irlandeses, tratando de unirse con la República de irlanda.
  • El pánico económico que se ha producido por el Brexit no tiene mayor fundamento que la sorpresa que ha deparado entre la propia ciudadanía, la ausencia de un auténtico plan salida por parte de Cameron, que ha dimitido, y unos mercados que huyen de cualquier incertidumbre que se salga, como ésta, de lo normal. Con la ayuda de la propia UE, tampoco partidaria de que marea se desborde, la situación se restablecerá en poco tiempo, sobre todo en favor de los Estados Miembros. Para el Reino Unido todo va a resultar mucho más incierto pero sin exagerar.
  • Las relaciones entre el Reino Unido y la UE no variarán sustancialmente, tanto mientras dura el largo plazo de un proceso de separación -que no divorcio- de compleja concreción, como cuando la meta se sustancie a través de un nuevo marco de relaciones bilaterales semejante al que, por ejemplo, se mantiene actualmente con Noruega, Estado perteneciente a la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), no miembro de la UE pero que, desde 1994, se encuentra en el Espacio Económico Europeo, es decir, forma parte del mercado interior de la Unión Europea y es parte del espacio de Schengen.

Dicho de otro modo: el Reino Unido ha confirmado, mediante referéndum, su histórica voluntad de participar lo menos posible en el proyecto de una Europa políticamente unida. Quiere estar en el negocio pero manteniendo su soberanía política como nación.

Y tal actitud clarificadora puede resultar para los europeístas un vital toque de atención hacia un proceso comunitario que huele, desde hace tiempo, a cadáver, si continúa como y por donde va. Demasiados intereses de las multinacionales y de la banca, demasiado prohibicionismo constriñendo la libertad del ciudadano, demasiada tolerancia para con los neonacionalismos regionales y de los populismos, etc. Y nada de políticas comunes sobre políticas de bienestar social, de fronteras, de inmigración, etc.

Se trata, pues, de una oportunidad de oro para evitar que se retrase la deseable conformación política de Europa, en torno a una cultura y unos principios -enraizados en el Cristianismo pero tambien en Grecia, Roma, la Escolástica,el Renacimiento, la Ilustración, etc.- que permitan un nuevo Estado, en principio quizás Confederal -pero que podría llegar a ser Federal– del que la adhesión del Reino Unido a la actual y caduca UE fuese su primera piedra.

EQM

El Reino Unido, dividido, escapa de una UE desnortada [EQM, 240616]

pd. De las interesante declaraciones del laborista ex Primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair, a El País -ayer mismo y que hoy se publican– entresaco algunas de sus afirmaciones:

“Este referéndum demuestra que los movimientos insurgentes de la política pueden tomar un país. Entramos en una era de una imprevisibilidad insólita y de gran ansiedad. […] El centro político en Europa […] debe encontrar soluciones a los problemas de la gente, incluida la inmigración […] y proporcionar un liderazgo que empuje a la marginalidad a las posiciones de extrema derecha e izquierda, porque son posiciones populistas que no responden a los problemas del país. […] Seamos claros: si hubiera referendos en otros países europeos el resultado no sería muy diferente. […] cualquier pega que pongas [a la celebración de un referéndum] te hace parecer antidemocrático. Pero la democracia parlamentaria es elegir un Gobierno para que tome decisiones.”

En España nos debería sonar: populismos y nacionalismos. Y mañana tenemos elecciones generales.

Viñeta de Idígoras & Pachi en El Mundo, 250616.

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Los británicos eligieron el limbo

Felipe Sahagún en El Mundo, 240616.

A los británicos les dieron a elegir ayer en referéndum entre el limbo (retirada de la Unión Europea) y el purgatorio (seguir en ella con el acuerdo alcanzado en febrero). Una mayoría suficiente, atraída por cantos de sirena que prometen el cielo sin ningún dato que los haga creíbles, eligió el limbo.

A primera hora el primer ministro británico, David Cameron, responsable principal de este desastre por convocar un referéndum sobre la compleja relación con Europa, imposible de resolver mediante un plebiscito, anunció su dimisión después del verano.

“No tenía otra opción”, comentó en la Deutsche Welle el ex embajador británico en Alemania y en España Peter Tory. “Cometió un terrible error y paga por ello”.

“Se equivocó y tenía que irse”, explicó Quentin Peel, de Chatham House. “Lo malo es que no veo a ningún sucesor mejor en el partido conservador. De Farage más vale no hablar. El ministro de Justicia, Michael Gove, es inteligente pero no reúne las condiciones. En cuanto a Boris Johnson, es un ególatra, bueno en televisión y divertido. Me inclinaría más por un candidato más centrado como Theresa May, actual ministra de Interior”.

“No es el resultado que queríamos”, declaró el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. “Es un momento histórico y hay que evitar histerias. Es imposible prever las consecuencias políticas, sobre todo para el Reino Unido, pero estamos preparados para mantener la unidad con la misma fuerza”.

“En nombre del Parlamento Europeo, expresamos nuestra tristeza por el resultado del referéndum británico, pero es la expresión soberana de su voluntad“, dijo el presidente de la institución, Martin Schulz. “Es un momento difícil para todos… Tomamos nota de la dimisión y de la declaración del primer ministro británico de hace unos minutos. La analizaremos cuidadosamente en la reunión que mantendremos a continuación los presidentes del Consejo, de la Comisión, del Parlamento y el presidente semestral. Necesitamos estabilidad en el Reino Unido y en los 27 socios“.

Las primeras palabras de Tusk y de Schultz siguen al pie de la letra el guión previsto en las reacciones, que podemos resumir en seis erres (R): lamentos (regret), respeto (respect), voluntad de seguir adelante (resolve),represalia o sanciones (reprisal), alivio (relief) y propósito de reformas para evitar el efecto contagio (reform).

Con la victoria del Brexit se confirman los peores temores, el Reino Unido queda completamente dividido y se abren interrogantes decisivos para el futuro de los británicos, de todos los europeos y de la sociedad internacional.

En su reconocimiento de la derrota, Cameron anunció que seguirá al frente del Gobierno hasta el congreso conservador de octubre, pero que el Reino Unido “necesita otro liderazgo que conduzca la nave al nuevo destino”.

A su sucesor al frente del partido y del Gobierno lo elegirían unos 150.000 miembros. ¿Con qué legitimidad puede un político así nombrado gestionar lo que se viene encima, un proceso más difícil que una descolonización o un proceso separatista? Lo más probable es que se convoquen elecciones anticipadas.

Cameron intentó tranquilizar a los mercados y se comprometió a respetar y a proteger los intereses de todos los británicos y de los extranjeros en Gran Bretaña. Imprescindibe para evitar acciones recíprocas contra los británicos en el extranjero. El martes, Cameron estará en el Consejo Europeo y los calendarios se irán precisando. El comisario británico y los más de mil funcionarios británicos de las instituciones comunitarias seguirán en sus puestos en espera de lo que se decida en el futuro.

“La mayoría de los norirlandeses y de los escoceses ha votado por Europa“, advirtió Ralf Stegner, el ‘número dos’ del partido socialdemócrata alemán, en referencia obligada al reforzamiento, con el Brexit, del separatismo escocés y al peligro de que se rompan los acuerdos de 1998 que pusieron fin a más de 30 años de terrorismo en el Ulster.

Por algo más de 1,2 millones de votos y casi cuatro puntos de diferencia, los británicos se han pronunciado contra las principales instituciones de su país y de sus aliados, lo que deslegitima y debilita a su Gobierno y a toda la UE, que deberán elegir, una vez definido el mecanismo de negociación, entre un divorcio total o una separación más amable. El proceso puede consumir de cinco a 10 años de trabajos.

La única dirigente con la fuerza política y moral para recomponer los cristales rotos y reordenar el complejísimo panorama que se ha abierto entre Londres y Bruselas es la canciller alemana, Angela Merkel.

No hay precedente ni modelos ideales, aunque se han citado todos: dese el noruego al suizo, pasando por el canadiense o el albanés. Para reducir daños, lo ideal sería que el Reino Unido, la segunda economía de la UE y la quinta del mundo, continuase dentro del mercado interior y sujeto a los 41 acuerdos comerciales vigentes entre la UE y unos 60 países y organizaciones.

Si se cumplen algunas de las amenazas de los dirigentes del Brexit, como prohibir de inmediato la entrada o restringir los derechos en el Reino Unido de inmigrantes comunitarios, estarían infringiendo la legislación de la UE. La reacción sería inevitable y entraríamos en la senda de las represalias, las sanciones y los tribunales.

Nada está escrito. Estamos ante un libro en blanco. Todo depende de quién dirija a partir de ahora el Reino Unido y de los difíciles compromisos políticos en Londres y en los 27 miembros de la UE, todos ellos con poder de veto y sometidos a fuerzas enfrentadas.

Antes hay que ponerse de acuerdo en la interpretación del artículo 50 del Tratado de Lisboa, que legaliza la salida de un miembro de la UE.

Según este artículo, “el Estado miembro que decide retirarse deberá notificar al Consejo Europeo su intención y, de acuerdo con las directrices del Consejo, la Unión negociará y concluirá un acuerdo con dicho Estado que recoja los términos de su retirada teniendo en cuenta el marco de su futura relación con la Unión”.

De acuerdo con el artículo 218 (3) del Tratado sobre el Funcionamiento de la UE, ese acuerdo lo deberá aprobar por mayoría cualificada (55% de los miembros y 65% de la población) el Consejo tras recibir el visto bueno o consentimiento del Parlamento Europeo.

Según el artículo 50 (3) del Tratado de Lisboa, la legislación vigente de la UE (centenares de miles de páginas incorporadas al llamado Estatuto británico), dejarán de aplicarse en el Reino Unido “a partir de la entrada en vigor del acuerdo de retirada o, de no existir ese acuerdo, dos años después de la notificación de retirada, a menos que el Consejo Europeo, de acuerdo con el Estado miembro que se va, decida por unanimidad ampliar ese plazo”.

Cameron adelantó antes de la votación que no dimitiría de inmediato, pero se ha jugado su futuro político, ha perdido y no tiene otra opción que dejar paso a otro antes del congreso de octubre de su partido.

“Hemos vencido a Bruselas, a las multinacionales, a la gran banca, a los grandes partidos… Y lo hemos hecho sin disparar una sola bala“, declaró el líder de Ukip, Nigel Farage, en su discurso de la victoria.

“Es un desastre”, señala el embajador Peter Tory. “Farage representa un retorno a la demagogia y al populismo de los años 30 del siglo XX. Dos tercios de los legisladores británicos están a favor de la UE”. Sin mayoría en Westminster, los vencedores del Brexit poco pueden hacer por el momento.

Vendieron el territorio desconocido en el que se adentran desde hoy el Reino Unido y la UE como un paraíso y algo más de la mitad del 72% de los 46,5 millones de votantes registrados que acudieron a las urnas les creyeron, aunque sus principales argumentos –Turquía va a entrar ya en la UE y nos va a inundar de inmigrantes o el Reino Unido aporta a la UE 350 millones de libras por semana– son mentiras flagrantes.

Si descontamos las devoluciones y las inversiones, no llegan a 120 millones. En cualquier caso, la UE tendrá que reajustar su presupuesto y Berlín ya ha dicho que no será de nuevo la pagana silente.

La libra, como estaba previsto, se hundió en los mercados apuntando hacia otro viernes negro, la ultraderecha de toda Europa se declaró legitimada para seguir el ejemplo británico y todas las cancillerías dirigieron su mirada hacia Berlín.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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